ORIGEN DE LA PROPIEDAD. Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad? (Parte 18): CAPÍTULO V: De las causas de nuestros errores (Segunda Parte, I)

ORIGEN DE LA PROPIEDAD

 

 

Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad?

(Parte 18)

 

CAPÍTULO V: EXPOSICIÓN PSICOLÓGICA DE LA IDEA DE LO JUSTO E INJUSTO Y DETERMINACIÓN DEL PRINCIPIO DE LA AUTORIDAD Y DEL DERECHO

 

SEGUNDA PARTE: 

I. – DE LAS CAUSAS DE NUESTROS ERRORES: ORIGEN DE LA PROPIEDAD

La determinación de la verdadera forma de la sociedad humana exige la previa solución de la cuestión siguiente: no siendo la propiedad nuestra condición natural, ¿cómo ha llegado a establecerse? ¿Cómo el instinto de sociedad, tan seguro entre los animales, se ha extraviado en el hombre? ¿Cómo habiendo nacido el hombre para la sociedad, no está todavía asociado?

 

La determinación de la verdadera forma de la sociedad humana exige la previa solución de la cuestión siguiente: no siendo la propiedad nuestra condición natural, ¿cómo ha llegado a establecerse?

 

He afirmado que el hombre está asociado de modo compuesto, y aun cuando esta expresión no sea del todo exacta, no por ello será menos cierto el hecho que con ella quiero significar, a saber:

La mutua dependencia y relación de los talentos y de las capacidades.

 

 

Mas ¿quién no ve que esos talentos y esas capacidades son a su vez, por su infinita variedad, causas de una variedad infinita en las voluntades; que su influjo altera inevitablemente el carácter, las inclinaciones y la forma del yo, por decirlo así, de tal suerte que en la esfera de la libertad, lo mismo que en el orden de la inteligencia, existen tantos tipos como individuos, cuyas aficiones, caracteres, ideas, modificadas por opuestos conceptos, son forzosamente irreductibles?

En las sociedades de animales, todos los individuos hacen exactamente las mismas cosas. Diríase que un mismo genio los dirige, que una misma voluntad los anima. Una sociedad de bestias es una agrupación de átomos redondos, cúbicos o triangulares, pero siempre perfectamente idénticos; su personalidad es uniforme; parece como que un solo yo impulsa a todos ellos.

 

Una sociedad de bestias es una agrupación de átomos redondos, cúbicos o triangulares, pero siempre perfectamente idénticos; su personalidad es uniforme; parece como que un solo yo impulsa a todos ellos.

 

Los trabajos que realizan los animales, bien aislados, bien en sociedad, reproducen rasgo por rasgo su carácter. Así como un enjambre de abejas se compone de unidades abejas de la misma naturaleza e igual valor, así el panal se forma de la unidad alvéolo, constante e invariablemente repetida.

 

«LA FÁBULA DE LAS ABEJAS», de Bernard de Mandeville: «Los vicios privados hacen la prosperidad pública».

 

Pero la inteligencia del hombre, formada para atender a la vez el destino social y a las necesidades individuales, es de diferente factura, y a esto se debe que la voluntad humana sea infinitamente varia.

En la abeja, la voluntad es constante y uniforme, porque el instinto que la guía es inflexible, y ese instinto único constituye la vida, la felicidad y todo el ser del animal.

 

En el hombre, el talento varía, la razón es indecisa, y por tanto, la voluntad múltiple e indeterminada. Busca la sociedad, pero rehúye la violencia y la monotonía; gusta de la imitación, pero no abdica de sus ideas y siente afán por sus propias obras.

 

En el hombre, el talento varía, la razón es indecisa, y por tanto, la voluntad múltiple e indeterminada. Busca la sociedad, pero rehúye la violencia y la monotonía; gusta de la imitación, pero no abdica de sus ideas y siente afán por sus propias obras.

 

 

Si como la abeja, tuviera todo hombre al nacer un talento igual, conocimientos especiales perfectos de las funciones que debía realizar, y estuviese privado de la facultad de reflexionar y de razonar, la sociedad se organizaría por sí misma

 

Si como la abeja, tuviera todo hombre al nacer un talento igual, conocimientos especiales perfectos de las funciones que debía realizar, y estuviese privado de la facultad de reflexionar y de razonar, la sociedad se organizaría por sí misma. Veríase a un hombre labrar el campo, a otro construir casas, a éste forjar metales, a aquél confeccionar vestidos y a algunos almacenar los productos y dirigir su distribución.

Cada cual, sin indagar la razón de su trabajo, sin preocuparse de si hacía más o menos del debido, aportaría su producto, recibiría su salario, descansaría las horas necesarias, todo ello sin envidiar a nadie, sin proferir queja alguna contra el repartidor, que, por su parte, no cometería jamás una injusticia.

Los reyes gobernarían y no reinarían, porque reinar es ser propietario en grande escala, como decía Bonaparte; y no teniendo nada que mandar, puesto que cada uno estaría en su puesto, servirían más bien de centros unitarios que de autoridades. Habría en tal caso una comunidad, pero no una sociedad libremente aceptada.

Pero el hombre no es hábil sino por la observación y la experiencia. Por consiguiente, el hombre reflexiona, puesto que observar y experimentar es reflexionar; razona, porque no puede dejar de razonar.

 

Por consiguiente, el hombre reflexiona, puesto que observar y experimentar es reflexionar; razona, porque no puede dejar de razonar.

 

 

Pero al reflexionar, es víctima muchas veces de la ilusión, y al razonar suele equivocarse, y creyendo tener razón se obstina en su error, se aferra a su criterio y rechaza el de los demás.

Entonces se aísla, porque no podría someterse a la mayoría sino sacrificando su voluntad y su razón, es decir, negándose a sí mismo, lo cual es imposible.

 

Pero al reflexionar, es víctima muchas veces de la ilusión, y al razonar suele equivocarse, y creyendo tener razón se obstina en su error, se aferra a su criterio y rechaza el de los demás. Entonces se aísla, porque no podría someterse a la mayoría sino sacrificando su voluntad y su razón, es decir, negándose a sí mismo, lo cual es imposible.

Y este aislamiento, este egoísmo racional, este individualismo de opinión, subsisten en el hombre mientras la observación y la experiencia no le demuestran la verdad y rectifican el error.

Un ejemplo aclarará todos estos hechos.

Si al instinto ciego, pero convergente y armónico, de un enjambre de abejas se uniesen de repente la reflexión y el razonamiento, la pequeña sociedad no podría subsistir.

Las abejas ensayarían en seguida algún nuevo procedimiento industrial para construir, por ejemplo, las celdas del panal redondas o cuadradas en sustitución de su antigua forma hexagonal.

Sucederíanse los sistemas y los inventos hasta que una larga práctica, auxiliada por la geometría, les demostrase que la figura hexagonal primitiva es la más ventajosa. Además, no faltarían insurrecciones.

Se obligaría a los zánganos a procurarse su sustento y a las reinas a trabajar; se despertaría la envidia entre las obreras; no faltarían discordias continuas; cada cual querría producir por su propia cuenta, y finalmente, el panal sería abandonado y las abejas perecerían.

El mal se introduciría en esa república por lo mismo que debiera hacerla feliz, por el razonamiento y la razón.

 

 

El mal moral, o sea, en la cuestión que tratamos, el desorden de la sociedad, se explica naturalmente por nuestra facultad de reflexión

 

Así, el mal moral, o sea, en la cuestión que tratamos, el desorden de la sociedad, se explica naturalmente por nuestra facultad de reflexión. El pauperismo, los crímenes, las revoluciones, las guerras han tenido por madre la desigualdad de condiciones, que es hija de la propiedad, la cual nació del egoísmo, fue engendrada por el interés privado y desciende en línea recta de la autocracia de la razón.

 

El pauperismo, los crímenes, las revoluciones, las guerras han tenido por madre la desigualdad de condiciones, que es hija de la propiedad, la cual nació del egoísmo, fue engendrada por el interés privado y desciende en línea recta de la autocracia de la razón

 

El hombre no empezó siendo criminal, ni salvaje, sino cándido, ignorante, inexperto. Dotado de instintos impetuosos, aunque templados por la razón, reflexionó poco y razonó mal en un principio. Después, a fuerza de observar sus errores, rectificó sus ideas y perfeccionó su razón.

 

El hombre es, en primer término, el salvaje que todo lo sacrifica por una bagatela y después se arrepiente y llora

 

Es, en primer término, el salvaje que todo lo sacrifica por una bagatela y después se arrepiente y lloraEs Esaú cediendo su derecho de primogenitura por un plato de lentejas, y luego deseoso de anular la venta. Es el obrero civilizado, trabajando a título precario y pidiendo constantemente un aumento de salario, sin comprender, ni él ni su patrono, que fuera de la igualdad el salario, por grande que sea, siempre es insuficiente.

Después es Valot, muriendo por defender su hacienda; Catón, desgarrando sus entrañas para no ser esclavo; Sócrates, defendiendo la libertad del pensamiento hasta apurar la copa fatal; es el tercer estado de 1789, reivindicando la libertad; será muy pronto el pueblo reclamando la igualdad en los medios de producción y en los salarios.

 

 

El hombre es sociable por naturaleza, busca en todas sus relaciones la igualdad y la justicia; pero ama también la independencia y el elogio.

La dificultad de satisfacer a un mismo tiempo estas diversas necesidades es la primera causa del despotismo de la voluntad y de la apropiación, que es su consecuencia.

 

El hombre es sociable por naturaleza, busca en todas sus relaciones la igualdad y la justicia; pero ama también la independencia y el elogio. La dificultad de satisfacer a un mismo tiempo estas diversas necesidades es la primera causa del despotismo de la voluntad y de la apropiación, que es su consecuencia.

Por otra parte, el hombre tiene constantemente precisión de cambiar sus productos. Incapaz de justipreciar los valores de las diferentes mercancías, se contenta con fijarlos por aproximación, según su pasión y su capricho, y se entrega a un comercio traidor, cuyo resultado es siempre la opulencia y la miseria.

 

Los mayores males de la humanidad provienen, pues, del mal ejercicio de la sociabilidad del hombre, de esa misma justicia de que tanto se enorgullece y aplica con tan lamentable ignorancia

 

Los mayores males de la humanidad provienen, pues, del mal ejercicio de la sociabilidad del hombre, de esa misma justicia de que tanto se enorgullece y aplica con tan lamentable ignorancia. La práctica de lo justo es una ciencia cuyo conocimiento acabará pronto o tarde con el desorden social, poniendo en evidencia cuáles son nuestros derechos y nuestros deberes.

 

La práctica de lo justo es una ciencia cuyo conocimiento acabará pronto o tarde con el desorden social, poniendo en evidencia cuáles son nuestros derechos y nuestros deberes

 

 

 

Esta educación progresiva y dolorosa de nuestro instinto, la lenta e insensible transformación de nuestras percepciones espontáneas en conocimientos reflejos no se observa entre los animales, cuyo instinto permanece siempre igual y nunca se esclarece.

Según Federico Cuvier, que tan sabiamente ha sabido distinguir el instinto de la inteligencia, el

«instinto es una fuerza primitiva y propia, como la sensibilidad, la irritabilidad o la inteligencia.

El lobo y el zorro, que advierten los lazos que se les preparan y los rehúyen; el perro y el caballo, que conocen la significación de muchas palabras nuestras y nos obedecen, hacen esto por inteligencia.

El perro, que oculta los restos de su comida; la abeja, que construye su celda; el pájaro, que teje su nido, sólo obran por instinto.

Hay instinto hasta en el hombre; sólo por instinto mama el recién nacido.

Pero en el hombre casi todo se hace por inteligencia, y la inteligencia suple en él al instinto.

Lo contrario ocurre a los animales; tienen el instinto para suplir su falta de inteligencia«.

(Flourens, Resumen analítico de las observaciones de F. Couvier).

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«No es posible dar una idea clara del instinto sino admitiendo que los animales tienen en su sensorium imágenes o sensaciones innatas y constantes que los mueven a obrar del mismo modo que las sensaciones ordinarias y accidentales.

Es una especie de alucinación o de visión que los persigue siempre; y en todo lo que hace relación a su instinto se los puede considerar como sonámbulos.«

(F. Cuvier, Introducción al reino animal).

 

Frédéric Cuvier (1773-1838) fue un paleontólogo, zoólogo y botánico francés. Era hermano menor de Georges Cuvier. Elegido miembro de la Royal Society en 1835. Fue cuidador jefe de la casa de fieras del Museo Nacional de Historia Natural de Francia en París, de 1804 a 1838. En 1837, crea la función de «Fisiología comparativa» en el Museo.

 

Siendo, pues, comunes al hombre y a los animales la inteligencia y el instinto, aunque en grados diversos, ¿qué es lo que distingue a aquél? Según F. Cuvier, la reflexión, o sea la facultad de considerar intelectualmente, volviendo sobre nosotros mismos, nuestras propias modificaciones.

 

Siendo, pues, comunes al hombre y a los animales la inteligencia y el instinto, ¿qué es lo que distingue a aquél?

La reflexión, o sea la facultad de considerar intelectualmente, volviendo sobre nosotros mismos, nuestras propias modificaciones.

 

Conviene explicar esto con mayor claridad.

Si se concede que los animales tienen inteligencia, será preciso concederles también la reflexión en un grado cualquiera; porque la primera no existe sin la segunda, y Cuvier mismo lo ha demostrado en un sinnúmero de ejemplos.

Pero recordemos que el ilustre observador definió la especie de reflexión que nos distingue de los animales como facultad de apreciar nuestras propias modificaciones. Esto es lo que procuraré dar a entender, supliendo de buen grado el laconismo del filósofo naturalista.

 

F. Cuvier definió la especie de reflexión que nos distingue de los animales como facultad de apreciar nuestras propias modificaciones

 

 

La inteligencia adquirida de los animales jamás les hace alterar las operaciones que realizan por instinto. Solamente la emplean con objeto de proveer a los accidentes imprevistos que puedan dificultar esas operaciones.

En el hombre, por el contrario, la acción instintiva se transforma continuamente en acción refleja. Así, el hombre es sociable por instinto, y cada día lo es más y más por razonamiento y por voluntad. Inventó en su origen la palabra instintivamente (6) y fue poeta por inspiración.

 

El hombre es sociable por instinto, y cada día lo es más y más por razonamiento y por voluntad.

Inventó en su origen la palabra instintivamente y fue poeta por inspiración. Hoy hace de la gramática una ciencia y de la poesía un arte.

 

Hoy hace de la gramática una ciencia y de la poesía un arte. Cree en Dios y en la vida futura por una noción espontánea, que yo me atrevo a llamar instintiva; y esta noción ha sido siempre expresada por él bajo formas monstruosas, extravagantes, elevadas, consoladoras o terribles.

Todos estos cultos diversos, de los que se ha burlado con frívola impiedad el siglo XVIII, son la expresión del sentimiento religioso. El hombre se explicará algún día qué es ese Dios a quien busca su pensamiento y qué es lo que puede esperar en ese otro mundo al que aspira su alma.

 

El hombre se explicará algún día qué es ese Dios a quien busca su pensamiento y qué es lo que puede esperar en ese otro mundo al que aspira su alma

 

 

No hace el hombre caso alguno, antes bien, lo desprecia, de todo cuanto realiza por instinto.

El hombre sólo aprecia los productos de la reflexión y el raciocinio.

 

No hace el hombre caso alguno, antes bien, lo desprecia, de todo cuanto realiza por instinto. Si lo admira alguna vez, lo hace, no como cosa suya, sino como obra de la Naturaleza. De ahí el misterio que oculta los nombres de los primeros inventores, de ahí nuestra indiferencia por la religión y el ridículo en que han caído sus prácticas.

El hombre sólo aprecia los productos de la reflexión y el raciocinio. Las obras admirables del instinto no son, a sus ojos, más que felices hallazgos; en cambio, califica de descubrimientos y creaciones a las obras de la inteligencia. El instinto es la causa de las pasiones y del entusiasmo; la inteligencia hace el crimen y la virtud.

 

El instinto es la causa de las pasiones y del entusiasmo; la inteligencia hace el crimen y la virtud

 

Para desarrollar su inteligencia, el hombre utiliza, no sólo sus propias observaciones, sino también las de los demás; acumula las experiencias, conserva memoria de las mismas; de modo que el progreso de la inteligencia existe en las personas y en la especie.

Entre los animales no se da ninguna transmisión de conocimientos; los recuerdos de cada individuo mueren con él. No bastaría decir por tanto que lo que nos distingue de los animales es la reflexión, si no entendiésemos por ésta la tendencia constante de nuestro instinto a convertirse en inteligencia.

 

No bastaría decir por tanto que lo que nos distingue de los animales es la reflexión, si no entendiésemos por ésta la tendencia constante de nuestro instinto a convertirse en inteligencia.

 

 

Mientras el hombre está sometido al instinto no tiene la menor conciencia de sus actos; no se equivocaría nunca, ni existiría para él el error, ni el mal, ni el desorden, si como los animales, fuera el instinto el único móvil de sus acciones.

 

Mientras el hombre está sometido al instinto no tiene la menor conciencia de sus actos; no se equivocaría nunca, ni existiría para él el error, ni el mal, ni el desorden, si como los animales, fuera el instinto el único móvil de sus acciones.

 

Pero el Creador nos ha dotado de reflexión a fin de que nuestro instinto se convierta en inteligencia, y como esta reflexión y el conocimiento que de ella resulta tienen varios grados, ocurre que en su origen nuestro instinto es contrariado más bien que guiado por la reflexión, y por consiguiente, nuestra facultad de pensar nos hace obrar en oposición a nuestra naturaleza y a nuestro fin.

 

Como esta reflexión y el conocimiento que de ella resulta tienen varios grados, ocurre que en su origen nuestro instinto es contrariado más bien que guiado por la reflexión

 

Al equivocarnos, realizamos un mal y somos nuestras propias víctimas, hasta que el instinto que nos conduce al bien y la reflexión que nos hace caer en el mal son reemplazados por la ciencia del bien y del mal, que nos permite con certeza buscar el uno y evitar el otro.

 

 

Al equivocarnos, realizamos un mal y somos nuestras propias víctimas, hasta que el instinto que nos conduce al bien y la reflexión que nos hace caer en el mal son reemplazados por la ciencia del bien y del mal, que nos permite con certeza buscar el uno y evitar el otro.

 

Así el mal, es decir, el error y sus consecuencias, es el primer hijo de la unión de dos facultades antagónicas, el instinto y la reflexión, y el bien o la verdad debe ser su segundo e inevitable frutoSosteniendo el símil, puede decirse que el mal es producto de un incesto entre dos potencias contrarias, y el bien es el hijo legítimo de su santa y misteriosa unión.

 

El mal, es decir, el error y sus consecuencias, es el primer hijo de la unión de dos facultades antagónicas, el instinto y la reflexión, y el bien o la verdad debe ser su segundo e inevitable fruto.

 

La propiedad, nacida de la facultad de razonar, se fortifica por las comparaciones. Pero así como la reflexión y el razonamiento son posteriores a la espontaneidad, la observación a la sensación y la experiencia al instinto, la propiedad es posterior a la comunidad.

 

Así como la reflexión y el razonamiento son posteriores a la espontaneidad, la observación a la sensación y la experiencia al instinto, la propiedad es posterior a la comunidad

 

 

La comunidad, o asociación simple, es el fin necesario, el primer grado de la sociabilidad, el movimiento espontáneo por el cual se manifiesta

 

La comunidad, o asociación simple, es el fin necesario, el primer grado de la sociabilidad, el movimiento espontáneo por el cual se manifiesta. Para el hombre es, pues, la primera fase de civilización.

En este estado de sociedad, que los jurisconsultos han llamado comunidad negativa, el hombre se acerca al hombre, parte con él los frutos de la tierra, la leche y la carne de los animales. Poco a poco esta comunidad, de negativa que es, en cuanto el hombre nada produce, tiende a convertirse en positiva, adaptándose al desarrollo del trabajo y de la industria.

 

Entonces es cuando la autonomía del pensamiento y la temible facultad de razonar sobre lo mejor y lo peor enseñan al hombre que si la igualdad es la condición necesaria de la sociedad, la comunidad es la primera clase de servidumbre.

 

Entonces es cuando la autonomía del pensamiento y la temible facultad de razonar sobre lo mejor y lo peor enseñan al hombre que si la igualdad es la condición necesaria de la sociedad, la comunidad es la primera clase de servidumbre.

Para decir todo esto con una fórmula hegeliana, diré: La comunidad, primer modo, primera determinación de la sociabilidad, es el primer término del desenvolvimiento social, la tesis; la propiedad, expresión contradictoria de la comunidad, constituye el segundo término, la antítesis.

 

La comunidad, primer modo, primera determinación de la sociabilidad, es el primer término del desenvolvimiento social, la tesis.

La propiedad, expresión contradictoria de la comunidad, constituye el segundo término, la antítesis.

Queda por descubrir el tercer término, la síntesis, y tendremos la solución pedida.

 

Queda por descubrir el tercer término, la síntesis, y tendremos la solución pedida. Ahora bien, esa síntesis resulta necesariamente de la corrección de la tesis por la antítesis; por tanto es preciso, por un último examen de sus caracteres, eliminar lo que encierran de hostil a la sociabilidad; los dos restos formarán al reunirlos el verdadero modo de asociación humanitaria.

 

Esa síntesis resulta necesariamente de la corrección de la tesis por la antítesis; por tanto es preciso, por un último examen de sus caracteres, eliminar lo que encierran de hostil a la sociabilidad; los dos restos formarán al reunirlos el verdadero modo de asociación humanitaria.

 

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¿Qué es la propiedad?, de Pierre Joseph Proudhon: INDICE

Prólogo de George Woodcook

Capítulo I

Parte 1: Método seguido en esta obra.

Parte 2:  Esbozo de una Revolución.

Capítulo II
De la propiedad considerada como derecho natural. – De la ocupación y de la ley civil como causas eficientes del derecho de propiedad. Definiciones.

I. De la propiedad como derecho natural.

II. De la ocupación como fundamento de la propiedad.

III. De la ley civil como fundamento y sanción de la propiedad.

Capítulo III
Del trabajo como causa eficiente del derecho de propiedad.

I. La tierra no puede ser apropiada.

II. El consentimiento universal no justifica la propiedad.

III. La propiedad no puede adquirirse por prescripción.

IV. Del trabajo. – El trabajo no tiene por si mismo ninguna facultad de apropiación sobre las cosas de la naturaleza.

V. El trabajo conduce a la igualdad en la propiedad.

VI. Que en la sociedad todos los salarios son iguales.

VII. La desigualdad de facultades es la condición necesaria de la igualdad de fortunas.

VIII. Que en el orden de la justicia, el trabajo destruye la propiedad.

Capítulo IV
La propiedad es imposible.

La propiedad es física y materialmente imposible.

Primera proposición
La propiedad es imposible porque de nada exige algo.

Segunda proposición
La propiedad es imposible porque donde es admitida, la producción cuesta más de lo que vale.

Tercera proposición
La propiedad es imposible, porque sobre un capital dado, la producción está en razón del trabajo, no en razón de la propiedad.

Cuarta proposición
La propiedad es imposible, porque es homicida.

Quinta proposición
La propiedad es imposible, porque la sociedad se devora con ella.

Apéndice a la quinta proposición.

Sexta proposición
La propiedad es imposible, porque es madre de la tiranía.

Séptima proposición
La propiedad es imposible, porque al consumir lo que recibe, lo pierde; al ahorrarlo, lo anula, y al capitalizarlo, lo emplea contra la producción.

Octava proposición
La propiedad es imposible, porque siendo infinito su poder de acumulación, sólo actúa sobre cantidades limitadas.

Novena proposición
La propiedad es imposible, porque es impotente contra la propiedad.

Décima proposición
La propiedad es imposible, porque es la negación de la igualdad.

Capítulo V
Exposición psicológica de la idea de lo justo e injusto y determinación del principio de la autoridad y del derecho.

Primera parte
I. Del sentido moral en los hombres y en los animales.

II. Del primero y del segundo grado de sociabilidad.

III. Del tercer grado de sociabilidad.

Segunda parte
I. De las causas de nuestros errores: origen de la propiedad.

II. Caracteres de la comunidad y de la propiedad.

III. Determinación de la tercera forma social. – Conclusiones.

 

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