Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad? (Parte 13): CAPÍTULO IV: La propiedad es imposible, porque es madre de la Tiranía (Cuarta Parte)

Es madre de la Tiranía

 

Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad?

(Parte 13)

 

CAPÍTULO IV: LA PROPIEDAD ES IMPOSIBLE

Es madre de la Tiranía
Coubert. «Látelier du peintre». Baudelaire leyendo a la derecha

 

SEXTA PROPOSICIÓN: LA PROPIEDAD ES IMPOSIBLE, PORQUE ES MADRE DE LA TIRANÍA

¿Qué es el Gobierno? El Gobierno es la economía pública, la administración suprema de la actividad y de la riqueza de toda la nación.

Pero la nación es como una gran sociedad de la que todos los ciudadanos son accionistas. Cada uno tiene voz en la Asamblea, y si las acciones son iguales, debe poseer un voto.

Pero en el régimen de la propiedad, las participaciones de los accionistas son desiguales. Hay quien tiene derecho a varios centenares de votos, mientras otros sólo tienen uno.

Si yo, por ejemplo, disfruto de un millón de renta, es decir, si soy propietario de una fortuna de 30 ó 40 millones en bienes inmuebles, y esta fortuna equivale a 000.301 del capital nacional, es evidente que la superior administración de la fortuna equivale a 000.301 parte del Gobierno, y si la nación cuenta 34 millones de habitantes, yo solo valgo tanto como 1.133 poseedores de una sola acción.

 

 

Así, cuando M. Arago pide el sufragio para todos los guardias nacionales se ajusta a los buenos principios, porque a todo ciudadano corresponde, por lo menos, una acción nacional, la cual le da derecho a un voto. Pero el ilustre orador debería pedir, al mismo tiempo, que cada elector tuviera tantos sufragios como acciones, de la misma manera que se practica, según todos sabemos, en las sociedades mercantiles.

 

Debería pedir, al mismo tiempo, que cada elector tuviera tantos sufragios como acciones, de la misma manera que se practica, según todos sabemos, en las sociedades mercantiles

 

Porque lo contrario sería pretender que la nación tuviese derecho a disponer de los bienes de los particulares sin consultarlos, y esto es contrario al derecho de propiedad. En un país donde impera la propiedad, la igualdad de los derechos electorales es una violación de la propiedad.

 

Pretender que la nación tuviese derecho a disponer de los bienes de los particulares sin consultarlos, es contrario al derecho de propiedad.

En un país donde impera la propiedad, la igualdad de los derechos electorales es una violación de la propiedad

 

Vecinos irrumpen en una propiedad cercada (Richmond Park) durante el ritual de “Beating the Bounds”’, en 1751

 

Pero si la soberanía puede y debe atribuirse a cada ciudadano en razón de su propiedad, los pequeños accionistas están a merced de los más fuertes, quienes podrán, cuando quieran, hacer de aquéllos sus esclavos, casarlos a su voluntad, quitarles sus mujeres, castrar a sus hijos, prostituir a sus hijas, tirar al mar a los viejos, y a esto habrán de llegar forzosamente en la imposibilidad de sostener a todos sus servidores.

La propiedad es incompatible con la igualdad política y civil, luego la propiedad es imposible.

 

La propiedad es incompatible con la igualdad política y civil, luego la propiedad es imposible

 

 

Comentario histórico.

1º) Cuando fue decretado por los estados generales de 1789 el doblamiento del tercio fue perpetrada una gran violación de la propiedad. La nobleza y el clero poseían por sí solos los tres cuartos del suelo francés; la nobleza y el clero debían formar las tres cuartas partes de la representación nacional. El doblamiento del tercio era justo, se dice, porque el pueblo pagaba casi solo los impuestos. Esta razón sería buena, si no se hubiese tratado más que de votar sobre los impuestos; pero se hablaba de reformar el gobierno y la constitución; por eso el doblamiento del tercio era una usurpación y un ataque a la propiedad.

2º) Si los representantes actuales de la oposición radical llegaban al poder, harían una reforma por la cual todo guardia nacional sería elector, y todo elector elegible: ataque a la propiedad.

Convertirían la renta: ataque a la propiedad. Harían, en el interés general, leyes sobre la exportación de ganados y de trigos: ataque a la propiedad. Cambiarían gratuitamente la instrucción entre el pueblo: conjuración contra la propiedad.

Organizarían el trabajo, es decir, asegurarían el trabajo al obrero y le harían participar en los beneficios: abolición de la propiedad.

Ahora bien, esos mismos radicales son defensores celosos de la propiedad, prueba radical de que no saben ni lo que hacen ni lo que quieren.

3º) Puesto que la propiedad es la gran causa del privilegio y del despotismo, la fórmula del juramento republicano debe ser cambiada. En lugar de: Juro odio a la realeza, en lo sucesivo el recipiendario de una sociedad secreta debe decir: Juro odio a la propiedad.

 

Puesto que la propiedad es la gran causa del privilegio y del despotismo, la fórmula del juramento republicano debe ser cambiada

 

*******

SÉPTIMA PROPOSICIÓN: LA PROPIEDAD ES IMPOSIBLE PORQUE AL CONSUMIR LO QUE RECIBE, LO PIERDE; AL AHORRARLO, LO ANULA Y AL CAPITALIZARLO, LO EMPLEA CONTRA LA PRODUCCIÓN

Si consideramos, como los economistas, al trabajador cual una máquina viviente, el salario que recibe vendrá a representar el gasto necesario para la conservación y reparación de su máquina. Un industrial que pague a sus empleados y obreros 3, 5, 10 y 15 francos por día y que se adjudique a sí mismo 20 francos por su dirección, no cree perdidos sus desembolsos, porque sabe que reingresarán en su caja en forma de productos.

Así, trabajo y consumo reproductivo son una misma cosa.

 

 

¿Qué es el propietario? Una máquina que no funciona, o que, si funciona por gusto y según capricho, no produce nada.

¿Qué es consumir propietariamente? Es consumir sin trabajar, consumir sin producir. Porque aun lo que el propietario consume como trabajador, ni siquiera es consumo productivo; pero nunca da su trabajo a cambio de su propiedad, ya que en ese caso dejaría de ser propietario.

 

Aun lo que el propietario consume como trabajador, ni siquiera es consumo productivo; pero nunca da su trabajo a cambio de su propiedad, ya que en ese caso dejaría de ser propietario

 

Si consume como trabajador el propietario gana, o por lo menos no pierde nada, porque recobra lo gastado; si consume propietariamente, se empobrece. Para disfrutar la propiedad, es necesario destruirla. Para ser efectivamente propietario, es preciso dejar de serlo.

 

Para disfrutar la propiedad, es necesario destruirla. Para ser efectivamente propietario, es preciso dejar de serlo

 

 

El trabajador que consume su salario es una máquina que produce; el propietario que consume su albarranía es un abismo sin fondo, un arenal que se riega, una roca en la que se siembra.

Todo esto es tan cierto, que el propietario, no queriendo o no sabiendo producir, y conociendo que a medida que usa de la propiedad la destruye irreparablemente, ha tomado el partido de obligar a otros a producir en su lugar.

Esto es lo que la economía política llama producir por su capital, producir por su instrumento. Y esto es lo que hay que llamar producir por un esclavo, producir como ladrón y como tirano. ¡Producir el propietario!También el ratero bien puede decir: –Yo produzco.

El consumo del propietario se denomina lujo, en oposición al consumo útil. Por lo dicho se comprende que puede haber gran lujo en una nación, sin que por ello sea más rica, y que, por el contrario, será tanto más pobre cuanto más lujo haya.

 

Puede haber gran lujo en una nación, sin que por ello sea más rica, y que, por el contrario, será tanto más pobre cuanto más lujo haya

 

Los economistas (preciso es hacerles justicia) han inspirado tal horror al lujo que, al presente, gran número de propietarios, por no decir casi todos, avergonzados de su ociosidad, trabajan, ahorran, capitalizan. Esto es acrecentar el daño.

He de repetir lo que ya he dicho, aun a riesgo de ser pesado.

 

Edmund Burke (izquierda) y Thomas Paine, caricaturizados por Gillray y Cruickshank respectivamente

 

El propietario que cree justificar sus rentas trabajando y percibe remuneración por su trabajo es un funcionario que cobra dos veces. He aquí toda la diferencia que existe entre el propietario ocioso y el propietario que trabaja. Por su trabajo, el propietario sólo gana su salario, pero no sus rentas. Y como su condición económica le ofrece una ventaja inmensa para dedicarse a las funciones más lucrativas, puede afirmarse que el trabajo del propietario es más perjudicial que útil a la sociedad.

Haga lo que haga el propietario, el consumo de sus rentas es una pérdida real que sus funciones retribuidas no reparan ni justifican, y que destruiría la propiedad si no fuese necesariamente compensada con una producción ajena.

 

Haga lo que haga el propietario, el consumo de sus rentas es una pérdida real que sus funciones retribuidas no reparan ni justifican, y que destruiría la propiedad si no fuese necesariamente compensada con una producción ajena.

 

El propietario que consume, aniquila, por tanto, el producto.

Pero todavía es peor que se dedique al ahorro. Las monedas que guardan sus arcas pasan a otro mundo; no se las vuelve a ver jamás. Si hubiera comunicación con la luna y los propietarios se dedicasen a llevar allí sus ahorros, al cabo de algún tiempo nuestro planeta sería transportado por ellos a dicho satélite.

 

Si hubiera comunicación con la luna y los propietarios se dedicasen a llevar allí sus ahorros, al cabo de algún tiempo nuestro planeta sería transportado por ellos a dicho satélite.

El propietario que economiza impide gozar a los demás, sin lograr disfrute para sí mismo.

 

El propietario que economiza impide gozar a los demás, sin lograr disfrute para sí mismo. Para él ni posesión ni propiedad.

Como el avaro, guarda su tesoro y no lo usa. Por mucho que lo mire y remire, lo vigile y lo acompañe, las monedas no parirán más monedas. No hay propiedad completa sin disfrute, ni disfrute sin consumo, ni consumo sin pérdida de la propiedad. Tal es la inflexible necesidad a que por voluntad de Dios tiene que someterse el propietario. ¡Maldita sea la propiedad!

 

Contraste entre las concepciones de libertad de Gran Bretaña y la revolución francesa, grabado de Rowlandson (1793, pub. by S.W. Fores, London)

 

El propietario que capitaliza su renta, en vez de consumirla, la emplea contra la producción, y por esto hace imposible el ejercicio de su derecho. Cuanto más aumente el importe de los intereses que ha de recibir, más tiene que disminuir los salarios, y cuanto más disminuya los salarios (lo que equivale a aminorar la conservación y reparación de las máquinas humanas), más disminuye la cantidad de trabajo, y con la cantidad de trabajo la cantidad del producto, y con ésta la fuente misma de sus rentas.

 

Cuanto más aumente el importe de los intereses que ha de recibir, más tiene que disminuir los salarios, y cuanto más disminuya los salarios, más disminuye la cantidad de trabajo, y con la cantidad de trabajo la cantidad del producto, y con ésta la fuente misma de sus rentas

 

El siguiente ejemplo demostrará la verdad de esta afirmación.

Supongamos que una gran posesión de tierras laborables, viñedos, casa de labor, etc., vale, con todo el material de explotación, 100.000 francos, valorada al 3 por 100 de sus rentas. Si en vez de consumir éstas el propietario las aplica, no al aumento de su posesión, sino a su embellecimiento, ¿podrá exigir de su colono 90 francos más cada año por los 3.000 que capitalizarían en otro caso?

 

Evidentemente, no; porque en semejantes condiciones el colono no producirá lo bastante y se verá muy pronto obligado a trabajar por nada; ¿qué digo por nada?, a dar dinero encima para cumplir el contrato.

La renta no puede aumentar sino por el aumento del fondo productivo: de nada serviría cerrarlo con tapias de mármol ni labrarlo con arados de oro. Pero como no siempre es posible adquirir sin cesar, añadir unas fincas a otras, y el propietario puede capitalizar en todo caso, resulta que el ejercicio de su derecho llega a ser, en último término, fatalmente imposible.

A pesar de esta imposibilidad, la propiedad capitaliza, y al capitalizar multiplica sus intereses; y sin detenerme a exponer los numerosos ejemplos particulares que ofrece el comercio, la industria manufacturera y la banca, citaré un hecho más grave y que afecta a todos los ciudadanos:

me refiero al aumento indefinido del presupuesto del Estado.

 

El impuesto es mayor cada año. Sería difícil decir con exactitud en qué parte de las cargas públicas se hace ese recargo, porque ¿quién se puede alabar de conocer al detalle un presupuesto? Todos los días vemos en desacuerdo a los más hábiles financistas. ¿Qué creer de la ciencia de gobernar, cuando los maestros de ella no pueden entenderse?

Cualesquiera que sean las causas inmediatas de esta progresión del presupuesto, lo cierto es que los impuestos siguen aumentando de modo desesperante. Todo el mundo lo ve, todo el mundo lo dice, pero nadie advierte cuál es la causa primera (5).

Yo afirmo que lo que ocurre no puede ser de otra manera y que es necesario e inevitable.

Una nación es como la finca de un gran propietario que se llama Gobierno, al cual se abona, por la explotación del suelo, un canon conocido con el nombre de impuesto. Cada vez que el Gobierno sostiene una guerra, pierde o gana una batalla, cambia el material del ejército, eleva un monumento, construye un canal, abre un camino o tiende una línea férrea, contrae un nuevo préstamo, cuyos intereses pagan los contribuyentes. Es decir, que el Gobierno, sin acrecentar el fondo de producción, aumenta su capital activo. En una palabra, capitaliza exactamente igual que el propietario a quien antes me he referido.

 

El Gobierno, sin acrecentar el fondo de producción, aumenta su capital activo.

En una palabra, capitaliza exactamente igual que el propietario a quien antes me he referido

 

Un caso de privatización de bienes comunales: el mapa de cercamiento de Snaith Marsh (http://www.howdenshirehistory.co.uk/snaith-marsh-history.html)

 

Una vez contratado el empréstito y conocido el interés, no hay forma de eliminar esa carga del presupuesto:

Para ello sería necesario que los prestamistas hiciesen dimisión de sus intereses, lo cual no es admisible sin abandono de la propiedad;

o que el Gobierno se declarase en quiebra, lo que supondría una negación fraudulenta del principio político;

o que satisficiese la deuda, lo que no podría hacer sino mediante otro préstamo;

o que hiciera economías, reduciendo los gastos, cosa también imposible, porque si se contrajo el préstamo fue por ser insuficientes los ingresos ordinarios;

o que el dinero gastado por el Gobierno fuese reproductivo, lo cual sólo puede ocurrir acrecentando el fondo de producción, acrecentamiento opuesto a nuestra hipótesis;

o, finalmente, sería preciso que los contribuyentes sufragasen un nuevo impuesto para reintegrar el préstamo, cosa imposible, porque si la distribución de este impuesto alcanza a todos los ciudadanos, la mitad de ellos, por lo menos, no podrían pagarlo, y si sólo se exigiese a los ricos, sería una exacción forzosa, un atentado a la propiedad.

 

Hace ya mucho tiempo que la práctica financiera ha demostrado que el procedimiento de los empréstitos, aunque excesivamente dañoso, es todavía el más cómodo, el más seguro y el menos costoso. Se acude, pues, a él; es decir, se capitaliza sin cesar, se aumenta el presupuesto. Por consiguiente, lejos de reducirse el presupuesto, cada vez será mayor: éste es un hecho tan sencillo, tan notorio, que es extraño que los economistas, a pesar de todo su talento, no lo hayan advertido.

 

Lejos de reducirse el presupuesto, cada vez será mayor: éste es un hecho tan sencillo, tan notorio, que es extraño que los economistas, a pesar de todo su talento, no lo hayan advertido

 

Y si lo han notado, ¿por qué no lo han denunciado?

 

 

Comentario histórico. –

Hay mucha preocupación hoy por una operación de las finanzas de la que se espera un gran resultado para el desgravamiento del presupuesto; se trata de la conversión de la renta del 5 por 100. Dejando de lado la cuestión político-legal para no ver más que la cuestión financiera, ¿no es verdad que, cuando se haya convertido el 5 por 100 en 4 por ciento, habrá más tarde, y por las mismas razones y las mismas necesidades, que convertir el 4 en 3, después el 3 en 2, luego el 2 en 1, y después, al fin, abolir toda especie de renta?

Pero eso equivaldría, de hecho, a decretar la igualdad de las condiciones y la abolición de la propiedad; ahora bien, me parecería digno de una nación inteligente adelantarse a una revolución inevitable, más bien que dejarse arrastrar por el carro de la inflexible necesidad.

 

Equivaldría, de hecho, a decretar la igualdad de las condiciones y la abolición de la propiedad; ahora bien, me parecería digno de una nación inteligente adelantarse a una revolución inevitable, más bien que dejarse arrastrar por el carro de la inflexible necesidad

 

*******

OCTAVA PROPOSICIÓN: LA PROPIEDAD ES IMPOSIBLE, PORQUE SIENDO INFINITO SU PODER DE ACUMULACIÓN, SÓLO ACTÚA SOBRE CANTIDADES LIMITADAS.

Si los hombres, constituidos en estado de igualdad, hubiesen concedido a uno de ellos el derecho exclusivo de propiedad, y este único propietario impusiera sobre la humanidad, a interés compuesto, una suma de 100 francos, pagadera a sus descendientes de la veinticuatro generación, al cabo de 600 años ese préstamo de 100 francos, al 5 por ciento de réditos, importaría 107.854.010.777.600 francos, cantidad 2.696 1/3 veces mayor que el capital de Francia, calculando este capital en 40.000 millones, y veinte veces mayor que el valor de todo el globo terráqueo.

Con arreglo a nuestras leyes civiles, si un hombre en el reinado de San Luis hubiera recibido a préstamo la misma cantidad de 100 francos, negándose él, y luego sus herederos, a devolverla, suponiendo que todos éstos la poseyesen indebidamente (para poder exigirles el interés legal del préstamo) y que la prescripción se hubiera interrumpido oportunamente, resultaría que el último heredero de este propietario podría ser condenado a devolver los 100 francos más sus intereses y los intereses de estos intereses no satisfechos; todo lo cual ascendería aproximadamente a 108.000 millones.

 

Todos los días se están viendo fortunas cuya progresión es incomparablemente más rápida

 

Todos los días se están viendo fortunas cuya progresión es incomparablemente más rápida. El ejemplo precedente supone un beneficio igual a la vigésima parte del capital, y es corriente en el orden de los negocios y que se eleve a la décima, a la quinta parte, a la mitad del capital y aun al capital mismo.

 

El ejemplo precedente supone un beneficio igual a la vigésima parte del capital, y es corriente en el orden de los negocios y que se eleve a la décima, a la quinta parte, a la mitad del capital y aun al capital mismo

 

La tragedia la privatización: grabado de Francesco Bartolozzi basado en una pintura de Francis Wheatley. y utilizado en la edición de 1800 del poema de Goldsmith The Deserted Village, sobre el éxodo de campesinos tras los cercamientos (imagen: Wikimedia Commons)

 

No quiero extenderme más en esos cálculos, que cada cual puede hacer por sí hasta el infinito, y sobre los que sería pueril insistir más. Me limito a preguntar con arreglo a qué ley declaran los jueces en su fallo el pago de los intereses. Y tomando la cuestión de más alto, pregunto:

el legislador, al proclamar el principio de propiedad, ¿ha previsto todas sus consecuencias? ¿Ha tenido en cuenta la ley de lo posible? Si la ha conocido, ¿por qué el Código no habla de ella?

 

¿Por qué se permite al propietario esa terrible latitud en el aumento de su propiedad y en la reclamación de los intereses; al juez, en la declaración y determinación del derecho de propiedad; al Estado, en la facultad de establecer incesantemente nuevos impuestos? ¿Cuándo tiene el pueblo derecho a no pagar el impuesto, el colono la renta y el industrial los intereses de su capital? ¿Hasta qué punto puede explotar el ocioso al trabajador? ¿Dónde empieza el derecho de expoliación y dónde acaba? ¿Cuándo puede decir el productor al propietario: «Nada te debo«? ¿Cuándo está la propiedad satisfecha? ¿Cuándo no le es lícito robar más?…

 

¿Cuándo tiene el pueblo derecho a no pagar el impuesto, el colono la renta y el industrial los intereses de su capital? ¿Hasta qué punto puede explotar el ocioso al trabajador? ¿Dónde empieza el derecho de expoliación y dónde acaba? ¿Cuándo puede decir el productor al propietario: «Nada te debo«? ¿Cuándo está la propiedad satisfecha? ¿Cuándo no le es lícito robar más?

 

Si el legislador ha conocido la ley de lo posible y no la ha tenido presente, ¿a qué ha quedado reducida su justicia? Si no la ha conocido, ¿dónde está su sabiduría? Inicuo o imprevisor, ¿cómo hemos de reconocer su autoridad?

Si nuestras constituciones y códigos sólo tienen por principio una hipótesis absurda, ¿qué se enseña en las escuelas de Derecho? ¿Qué valor tiene una sentencia del Tribunal Supremo? ¿Sobre qué discuten y deliberan nuestros parlamentarios? ¿Qué es la política? ¿A qué llamamos hombre de Estado? ¿Qué significa jurisprudencia? ¿No deberíamos mejor decir jurisignorancia?

 

¿Qué valor tiene una sentencia del Tribunal Supremo? ¿Sobre qué discuten y deliberan nuestros parlamentarios? ¿Qué es la política? ¿A qué llamamos hombre de Estado? ¿Qué significa jurisprudencia? ¿No deberíamos mejor decir jurisignorancia?

 

Si todas nuestras instituciones tienen por principio un error de cálculo, ¿no se deduce que estas instituciones son otras tantas mentiras? Y si todo el edificio social está vinculado en esta imposibilidad absoluta de la propiedad, ¿no es evidente que el gobierno que nos rige es una quimera y la actual sociedad una utopía?

 

Y si todo el edificio social está vinculado en esta imposibilidad absoluta de la propiedad, ¿no es evidente que el gobierno que nos rige es una quimera y la actual sociedad una utopía?

 

*******

¿Qué es la propiedad?, de Pierre Joseph Proudhon: INDICE

Prólogo de George Woodcook

Capítulo I

Parte 1: Método seguido en esta obra.

Parte 2:  Esbozo de una Revolución.

Capítulo II
De la propiedad considerada como derecho natural. – De la ocupación y de la ley civil como causas eficientes del derecho de propiedad. Definiciones.

I. De la propiedad como derecho natural.

II. De la ocupación como fundamento de la propiedad.

III. De la ley civil como fundamento y sanción de la propiedad.

Capítulo III
Del trabajo como causa eficiente del derecho de propiedad.

I. La tierra no puede ser apropiada.

II. El consentimiento universal no justifica la propiedad.

III. La propiedad no puede adquirirse por prescripción.

IV. Del trabajo. – El trabajo no tiene por si mismo ninguna facultad de apropiación sobre las cosas de la naturaleza.

V. El trabajo conduce a la igualdad en la propiedad.

VI. Que en la sociedad todos los salarios son iguales.

VII. La desigualdad de facultades es la condición necesaria de la igualdad de fortunas.

VIII. Que en el orden de la justicia, el trabajo destruye la propiedad.

Capítulo IV
La propiedad es imposible.

La propiedad es física y materialmente imposible.

Primera proposición
La propiedad es imposible porque de nada exige algo.

Segunda proposición
La propiedad es imposible porque donde es admitida, la producción cuesta más de lo que vale.

Tercera proposición
La propiedad es imposible, porque sobre un capital dado, la producción está en razón del trabajo, no en razón de la propiedad.

Cuarta proposición
La propiedad es imposible, porque es homicida.

Quinta proposición
La propiedad es imposible, porque la sociedad se devora con ella.

Apéndice a la quinta proposición.

Sexta proposición
La propiedad es imposible, porque es madre de la tiranía.

Séptima proposición
La propiedad es imposible, porque al consumir lo que recibe, lo pierde; al ahorrarlo, lo anula, y al capitalizarlo, lo emplea contra la producción.

Octava proposición
La propiedad es imposible, porque siendo infinito su poder de acumulación, sólo actúa sobre cantidades limitadas.

Novena proposición
La propiedad es imposible, porque es impotente contra la propiedad.

Décima proposición
La propiedad es imposible, porque es la negación de la igualdad.

Capítulo V
Exposición psicológica de la idea de lo justo e injusto y determinación del principio de la autoridad y del derecho.

Primera parte
I. Del sentido moral en los hombres y en los animales.

II. Del primero y del segundo grado de sociabilidad.

III. Del tercer grado de sociabilidad.

Segunda parte
I. De las causas de nuestros errores: origen de la propiedad.

II. Caracteres de la comunidad y de la propiedad.

III. Determinación de la tercera forma social. – Conclusiones.

 

*******

RELACIONADOS:

PIERRE JOSEPH PROUDHON: «¿QUÉ ES LA PROPIEDAD?: Investigaciones sobre el principio del derecho y del gobierno» (Parte 1: Presentación y Prólogo)

LA PROPIEDAD ES UN ROBO. Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad? (Parte 2), Capítulo 1 (Primera Parte)

PIERRE JOSEPH PROUDHON: ¿QUÉ ES LA PROPIEDAD? (Parte 3), Capítulo 1 (y Segunda Parte): «¡ La propiedad es un robo !»

LA REVOLUCIÓN CONSERVADORA ALEMANA (1919-1932):»EL NIHILISMO ALEMÁN» (Leo Strauss). La guerra de los Woke: «Situación del campo de batalla (2023-2024)», por Jorge Sánchez de Castro

HERBERT READ: LA FILOSOFÍA DEL ANARQUISMO.«Para crear hay que destruir; y un agente de destrucción en la sociedad es el poeta».

CARTA DE JOSEPH DÉJACQUE A PIERRE-JOSEPH PROUDHON (¿Se puede ser Anarquista sin ser Feminista?). «¿Qué es el hombre? Nada. ¿Qué es la mujer? Nada. ¿Qué es el ser humano? Todo».

DOS CARTAS DE KROPOTKIN. Introducción y traducción por Alain Vieillard-Baron (Parte 1: Biografía de Piotr Kropotkin)

«William Godwin; los iluminados; Robert Owen y William Thompson; Fourier y algunos fourieristas», por Max Nettlau

LA AMNISTÍA, por Joseph Déjacque

ABAJO LOS JEFES (La Autoridad – La Dictadura), por Joseph Dèjacque (1859)

EL ECO DE LA REVOLUCIÓN (Apéndice a «La reacción y la revolución»), por Francesc Pi y Margall

MAX STIRNER y el Stirnerismo (El Anarquismo Individualista, Epílogo)

«EL APOYO MUTUO. Un factor de la evolución», por Piotr Kropotkin. Presentación

«LIBERTAD Y ANARQUÍA: sus más antiguas manifestaciones y las concepciones libertarias hasta 1789», por Max Nettlau

LA SOCIEDAD ACTUAL, por Emile Armand («El Anarquismo Individualista»)

«La máscara de la Anarquía», por Percy Bysshe Shelley

EL BANQUERO ANARQUISTA, por Fernando Pessoa. «¿Para quién quiere el anarquista la libertad? Para la humanidad entera».