CORDURA, UN CONCEPTO PROTEΑΝΟ: Hervey Cleckley, «La máscara de la cordura» (1941): Sobre los psicópatas. Parte 1

Hervey Cleckley ,»La máscara de la cordura»

CORDURA, UN CONCEPTO PROTEΑΝΟ: Hervey Cleckley, «La máscara de la cordura» (1941). Parte 2 (final)

 

La máscara de la cordura, de Hervey Cleckley

Pacotraver, 2016

Hervey Cleckley

 

La perversión es el negativo de la neurosis (Sigmund Freud). 

 

Mucho se habla hoy en todos los entornos, clínicos, psicológicos y periodísticos sobre los psicópatas. Yo mismo he hablado últimamente de los aspectos benéficos que subyacen en la personalidad psicopática.

Pero lo cierto es que cuanto más leo sobre psicópatas más me doy cuenta de que existe una enorme confusión entre esta palabra (que es un término clásico y no un diagnóstico DSM) por ejemplo la palabra «narcisismo» o la misma confusa etiqueta de «trastorno antisocial de la personalidad».

En mi opinión la confusión procede de un repudio. Del repudio de la palabra «perversión» que en si misma como se verá enseguida supone el ejercicio de un repudio, de un rechazo. Y en mi opinión es imposible entender qué es un psicópata si antes no hemos sido capaces de entender qué es perversión. Aunque naturalmente no todos los perversos son psicópatas.

Probablemente la palabra «perversión» ha sido excluida del discurso psiquiátrico y psicológico por mala conciencia. Está demasiado vinculada a lo sexual.

Y lo políticamente correcto hoy es considerar que todos somos en cierta forma pervertidos sexuales, en el sentido de que el sexo oral, los juegos sadomasoquistas o el fetichismo de la lencería están tan extendidos en nuestras pulcras sociedades que prácticamente todos estaríamos de acuerdo como dice Jesse Behring en que todos somos perversos, sin embargo lo que define la perversión no son las prácticas sexuales en concreto sino la manera en que volvemos la espalda a un significante concreto.

 

La mala semilla

 

Y si todos somos perversos lo mejor es liquidar esa palabra de los diagnósticos operativos. Será por eso que las perversiones sexuales han tomado el nombre criogénico de parafilias que le quita a las palabras «desviaciones o aberraciones sexuales» todo el hierro y toda la condena al infierno con que nos viene dada por la historia.

En realidad todos poseemos algunos rasgos perversos pero no todos somos perversos. Y no siempre sexuales. De manera que Behring se equivoca, todos somos, en cierta manera neuróticos con algunos rastros perversos colgando pero los perversos son en realidad una minoría. Y es una minoría porque ser perverso es bastante difícil y exige operaciones psíquicas muy sofisticadas y extravagantes.

La operación más sofisticada que hacen los perversos es lo que podemos llamar repudio o denegación. Pero lo importante, más allá del rechazo moral que algunos actos perversos tienen para nosotros, es la consideración freudiana de que perversión es algo así como «poner del revés» o «invertir».

La idea fundamental es que los perversos no son aquellos que cometen simples actos inmorales, pues lo perverso no es una conductaes una estructura psíquica.

Según Freud existen tres posiciones o estructuras psíquicas:

la neurótica, la psicótica y la perversa.

 

Cada una de ellas utiliza un mecanismo nuclear fundamental como defensa de los afectos, ideas, emociones o sentimientos que entran en conflicto con el Superyó:

los neuróticos utilizan la represión, es decir ese no saber que pregunta, que interroga y que plantea dilemas.

 

El psicótico utiliza el rechazo absoluto, lo que Lacan ha llamado la forclusión, una especie de obturación del agujero psíquico que se agranda con cada embestida libidinal y el perverso que utiliza el «repudio» que Freud llamaba «verleugnung», que es un saber que ya sabe y que por tanto no pregunta ni inquiere.

El perverso sabe que sus actos son inmorales, abyectos, irresponsables o ignominiosos pero no le importa pues se comporta como un hombre hueco, una conciencia vacía, a cambio mantiene la apariencia, la máscara de normalidad, incluso su capacidad de dar una buena impresión a los demás, pues conoce perfectamente las leyes que gobiernan entre las personas.

Las estructuras psíquicas son diferentes maneras de decir «no».

Lo importante es comprender que la máscara del psicópata esconde un vacío, una oquedad y que a veces puede ser compensado con una gran hiperempatía, una empatía fría que se ocupa de saber cómo piensan los demás, en esa dinámica depredador-presa que se establece entre él y sus «víctimas».

Como en esa perversión sexual que llamamos «adicción al sexo» y que más que una adicción es una manera de llenar ese vacío interior, ese despoblamiento de objetos interiores que es el background del narcisismo, de la psicopatía y claro está de la perversión.

 

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La máscara de la cordura: Un intento de aclarar algunos aspectos de la llamada personalidad psicopática: Análisis de la obra y su influencia

 

La máscara de la cordura: Un intento de aclarar algunos aspectos de la llamada personalidad psicopática es un libro escrito por el psiquiatra estadounidense Hervey M. Cleckley, publicado por primera vez en 1941, que describe las entrevistas clínicas que Cleckley realizó a pacientes en una institución cerrada.

El texto se considera una obra fundamental y la descripción clínica más influyente de la psicopatía en el siglo XXLos elementos básicos de la psicopatía esbozados por Cleckley han influido en el debate y el diagnóstico posteriores.

El título hace referencia a la «máscara» normal que oculta el trastorno mental de la persona psicópata en la conceptualización de Cleckley

Cleckley describe a la persona psicópata como un imitador perfecto, externamente, de una persona que funciona normalmente, capaz de enmascarar o disimular la falta fundamental de estructura interna de la personalidad, un caos interno que resulta en un comportamiento destructivo intencional y repetido, a menudo más autodestructivo que destructivo para los demás.

 

A pesar de la presentación externa aparentemente sincera, inteligente e incluso encantadora, internamente la persona psicópata no tiene la capacidad de experimentar emociones genuinas

 

A pesar de la presentación externa aparentemente sincera, inteligente e incluso encantadora, internamente la persona psicópata no tiene la capacidad de experimentar emociones genuinas. Cleckley cuestiona si esta máscara de cordura se asume voluntariamente para ocultar intencionalmente la falta de estructura interna, pero concluye que oculta un defecto neuropsiquiátrico semántico grave, aunque imprecisamente no identificado.

Se produjeron seis ediciones del libro en total, la última poco después de su muerte. Una quinta edición ampliada del libro se publicó en 1976 y fue reeditada por sus herederos en 1988 para uso educativo sin fines de lucro.

En el siglo XIX, Philippe Pinel utilizó por primera vez el término francés manie sans delire («manía sin delirio») para designar a aquellos individuos que presentaban conductas desviadas pero que no mostraban signos de un trastorno cognitivo como alucinaciones o delirios.

Si bien el significado del término ha cambiado a lo largo del tiempo a través de numerosos escritos sobre el tema, la obra de Cleckley y su uso del término «psicópata» en La máscara de la cordura popularizaron el término. 

La primera edición se publicó en 1941, con el subtítulo «Un intento de reinterpretar» en lugar de «aclarar», como se publicó posteriormente.

En el prefacio, Cleckley afirma que el libro

«surgió de una antigua convicción que se afianzó durante varios años mientras asistía a reuniones de personal en un gran hospital neuropsiquiátrico».

Añadió que, tras comenzar a impartir clases a tiempo completo, descubrió que pacientes similares eran igual de frecuentes en hospitales generales, clínicas ambulatorias y en la comunidad.

En ediciones posteriores, explica que los conceptos básicos presentados en 1941 se basaban principalmente en «psicópatas varones adultos hospitalizados en una institución cerrada» durante varios años.

Cleckley había trabajado durante varios años en un hospital de la Administración de Veteranos de los Estados Unidos (militar), antes de asumir la docencia a tiempo completo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Georgia.

La segunda edición, publicada en 1950, fue descrita por Cleckley como un «libro nuevo y mucho más extenso», basado en observaciones clínicas más diversas, comentarios y revisiones bibliográficas. La tercera edición, de 1955, presentaba menos cambios y añadidos, pero sí importantes aclaraciones sobre conceptos clave, como la hipótesis de un déficit semántico central. La cuarta edición se publicó en 1964.

Una quinta edición se publicó en 1976 y generalmente se considera la culminación definitiva del trabajo de Cleckley. El prefacio no especifica los cambios realizados. A diferencia de la primera edición, afirma:

«El Dr. Corbett H. Thigpen, mi colega médico durante muchos años, ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo y la revisión de esta obra».

 

Cleckley también afirma que no podría haberse escrito sin la ayuda y las contribuciones de la esposa de Thigpen y la suya propia (la primera), ambas llamadas Louise. Una sexta edición se publicó poco después de la muerte de Cleckley en 1984, pero otros la describen como con cambios sustanciales mínimos.

Varios años después de la muerte de Cleckley, se publicó otra quinta edición fue publicado para uso educativo sin fines de lucro por Emily S. Cleckley, su segunda esposa, nombrándola a ella también como Hervey M. Cleckley y registrando los derechos de autor de 1988 a su nombre en lugar de a Mosby como en todos los lanzamientos iniciales anteriores (que se han publicado repetidamente en diferentes años). 

La quinta edición de La máscara de la cordura presenta teorías clínicas, así como estudios de casos, escritos en forma de descripciones dramáticas y novelísticas de 13 individuos, una amalgama de aquellos que él había observado.

La máscara de la cordura comienza en la primera sección, «Un esbozo del problema», considerando el concepto de cordura, que Cleckley describe como proteico.

Las primeras palabras del libro son una anécdota posiblemente falsa que termina con la frase, en mayúsculas y centrada en letra grande:

«¿QUIÉN ESTÁ LOCO AHORA?».

 

Cleckley sugiere que todos «se comportan a veces con algo menos que racionalidad y buen juicio».

Señala que muchos tipos de personas sostienen creencias que él y gran parte de la sociedad considerarían irracionales, como el misticismola pseudociencia, la alabanza de obras ininteligibles o inmorales (por ejemplo, el reconocimiento a la novela Finnegans Wake, que contiene solo «galimatías erudito», o a los escritos de André Gide sobre la pederastia), y la fe religiosa.

Argumenta, sin embargo, que estas son libertades personales y que dichos grupos suelen ser capaces de llevar vidas útiles en armonía con los demás. Esto, dice, la distingue de la psicosis una vez que está completamente desarrollada y de la psicopatía.

Cleckley también aborda las confusas tradiciones de clasificación en el ámbito de la psicopatía, un término que admite que resulta confuso y que no se utiliza de acuerdo con su significado etimológico(«enfermedad mental»), aunque lo adopta por ser el más familiar y aparentemente perdurable.

Analiza los términos personalidad sociopática y personalidad antisocial, tal como aparecen en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales; su relación con la categoría general de trastorno de la personalidad; y el concepto, anteriormente extendido, de «inferioridad psicopática constitucional», cuestionando sus supuestos hereditarios.

Afirma que el objetivo principal del libro es presentar algunos casos a otros psiquiatras y, además, aumentar la visibilidad pública del tema para facilitar un mejor manejo de los psicópatas.

Critica la «doctrina de la permisividad» y lamenta la escasa relevancia de la psicopatía en los manuales de psiquiatría.

Cleckley argumenta en una subsección titulada «No como espías solitarios, sino en batallones» (una frase que aparece en Hamlet), que si bien es difícil obtener estadísticas fiables, existen varias razones para sospechar que las tasas de ingreso tanto psiquiátrico como penitenciario están subestimadas, y la incidencia de la condición es, en su opinión, «excesivamente alta«.

Presenta algunas estadísticas de una encuesta en la que él y otros nueve psiquiatras diagnosticaron a 1/8 de los pacientes con personalidad psicopática sin ningún otro trastorno mental que pudiera explicar la condición, y considera que muchos otros clasificados como alcohólicos o drogadictos también habrían calificado.

Su encuesta se detalla más en el apéndice del libro, donde Cleckley aclara que tuvo lugar entre 1937 y 1939 en un hospital federal de la Administración de Veteranos, ubicado en la costa sureste, para el cuidado de excombatientes, principalmente de la Primera Guerra Mundial.

Critica la «política benevolente» del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés) de no diagnosticar más trastornos de la personalidad psicopática, al conceder el beneficio de la duda a problemas como la neurasteniala histeriala psicastenialas neurosis postraumáticas o el traumatismo cerebral por lesiones craneales y conmociones cerebrales.

Concluye que tienen «un historial de la mayor insensatez, miseria e inactividad a lo largo de muchos años» y que, si se considera el número de personas en cada comunidad que están protegidas por familiares, «la prevalencia de este trastorno resulta espantosa«.

Por ejemplo, el psicópata suele contar historias vívidas, realistas y verosímiles que son completamente falsas, sin mostrar ningún rastro de delirio. Cuando se le confronta con una mentira, el psicópata se muestra imperturbable y a menudo la hace pasar fácilmente por una broma.

En otro caso típico, el psicópata es hospitalizado para recibir tratamiento psiquiátrico, pero debido a sus constantes disturbios, que provocan un gran alboroto en las salas, el hospital se ve obligado a entregarlo a la policía. Finalmente, la policía se harta tanto de sus repetidas payasadas que intenta hospitalizarlo de nuevo.

Diferenciación

En la Sección Tres, «Catalogación del material», Cleckley continúa el esquema conceptual iniciado en la Sección Uno, ahora denominada «Orientación».

Critica los principios de la psicología de las facultades (ahora conocida como modularidad de la mente), argumentando que cosas como la inteligencia, la moralidad y las emociones no son partes separadas del cerebro, sino conceptos separados que aplicamos.

Cree que los psicópatas habrían estado incluidos en los conceptos decimonónicos de «manía sin locura» de Philippe Pinella locura moral de Prichard, pero rechaza su base en las facultades.

Señala el significado literal y el uso práctico, confusamente amplios, de los términos personalidad psicopática o trastorno de la personalidad, dando como ejemplo el libro de texto más autorizado del segundo cuarto de siglo, Personalidades psicopáticas, del psiquiatra alemán Eugen Kahn.

Critica duramente al antihéroe de la contracultura y cita como ejemplo al novelista Alan Harrington por sugerir un papel socialmente necesario para la psicopatía en los tiempos modernos, calificando la idea de «perversa y degenerada».

También critica las ideas de inspiración freudiana sobre la culpa inconsciente como causa de los actos antisociales.

Asimismo, discrepa de las teorías sobre problemas neuróticos, emocionales o paranoides en los subtipos de psicopatía, ya que, según su concepto, siempre existe una ausencia relativa o total de estos.

Afirma que el nuevo DSM, «trastorno de la personalidad, tipo antisocial», ofrece un término equivalente y preciso a la psicopatía, que, en su opinión, seguirá vigente durante mucho tiempo. 

Psicosis

Cleckley analiza a continuación cómo la esquizofrenia se diferencia de la psicopatía, al tener un defecto en el razonamiento teórico. Señala que los trastornos esquizoides pueden parecer más similares y que, por lo tanto, sería más preciso denominarlos «esquizofrenia enmascarada«, la cual, según indica, a veces puede ser difícil de diferenciar de la psicopatía.

También menciona otros «disfraces» de trastornos graves de la personalidad, como la «depresión críptica«, la «esquizofrenia pseudoneurótica» o la «esquizofrenia pseudopsicopática«. Considera que el diagnóstico de «psicosis con personalidad psicopática» es innecesariamente confuso. Declara:

«No tiene mucho sentido dedicar espacio a descripciones detalladas de personalidades paranoides ciclotímicas«.

 

En la primera edición, Cleckley describió a sus pacientes psicópatas como «francamente e indudablemente psicóticos», pero modificó esta descripción en ediciones posteriores.

En la quinta edición, describe haber cambiado de opinión hace mucho tiempo y estar de acuerdo con el psiquiatra Richard L. Jenkins en que esto extendería demasiado la definición de psicosis.

Sin embargo, en otros puntos se sugiere que, a pesar de la clasificación «tradicional», la magnitud de la anormalidad interna y la disfunción asociada en la psicopatía es tal que podría considerarse una psicosis en muchos aspectos. 

Criminalidad

Cleckley establece distinciones importantes entre el psicópata y el criminal no psicópata

Afirma que el psicópata rara vez se beneficia de alguna ventaja, tiene un propósito oscuro o inconsistente, suele ponerse innecesariamente en una posición vergonzosa además de causar problemas a los demás; y generalmente no comete los crímenes más graves o violentos, pero suele acabar perjudicándose a sí mismo.

Sin embargo, a pesar de la imagen general de un comportamiento antisocial débil e inconsistente, también afirma, al menos en ediciones posteriores, que algunos pueden desarrollar impulsos hacia los crímenes más graves o sádicos. Sugiere que se trata de una patología adicional algo distinta, pero no explica por qué ni cómo.

Cleckely considera que el concepto de delincuencia tiene mucho en común con su concepto de psicopatía, y argumenta que podría considerarse una versión leve de la psicopatía si se prolonga en el tiempo y se generaliza.

Señala que muchos ciudadanos respetables, maduros y productivos pueden recordar breves períodos de mala conducta social no provocada, incluyendo actos como daños a la propiedad, racismobestialidadvoyeurismo, rebeldía y promiscuidad.

Por otro lado, menciona un trastorno de conducta prolongado pero diagnosticado en el caso de una mujer que permaneció durante un tiempo «irracionalmente promiscua y bisexual«, pero que tenía razones psicológicas plausibles para su comportamiento y, por lo demás, era funcional en su trabajo y en su vida.

También señala que ya no considera que la homosexualidad deba clasificarse como psicopatía sexual, dado que muchos homosexuales parecen ser capaces de llevar vidas productivas en la sociedad.

Considera que los fetiches sexuales no son particularmente compatibles con los psicópatas, ya que estos últimos tienden a tener impulsos débiles.

A continuación, afirma que la psicopatía puede estar asociada con impulsos sádicos particulares y, a menudo, ser responsable de los delitos sexuales más graves.

Otras condiciones

Él distingue a los psicópatas de los alcohólicos no psicópatas, quienes, por el contrario, beben con un propósito, como el de evadir la realidad, y pueden desear y tratar de cambiar, mientras que el psicópata parece beber simplemente para comportarse de forma escandalosa y meterse en problemas.

También distingue a los psiconeuróticos (aunque acepta que a veces puede haber superposición) de los «deficientes mentales» (quienes, a diferencia del psicópata, obtienen malos resultados en las pruebas de inteligencia teórica, así como en su comportamiento en la vida).

El psicópata no sufre ningún trastorno mental evidente, pero al final parece buscar deliberadamente el fracaso y el desastre sin razón aparente y a pesar de su inteligencia, en lo que Cleckley denomina un suicidio social y espiritual.

Cleckley considera entonces si la psicopatía podría ser una forma de genialidad errática. Al analizar algunas obras literarias destacadas que encarnan lo que él describe como «actitudes perversas y malignas«, como las de Paul VerlaineDostoievskiel Marqués de SadeBaudelaire Swinburne (algunas asociadas al movimiento decadentista), sugiere que podría tratarse de una forma de psicopatía y que podría atraer a personas con trastornos similares o a «nuevos cultos de derrotistas intelectuales y desviados«, como ciertos grupos de vanguardia.

Sin embargo, concluye que tales obras de arte y desviaciones sexuales se deben más probablemente a un trastorno esquizoide con misantropía y perversión vital, mientras que

el «verdadero psicópata» no se esforzaría por producir arte que exalte actitudes patológicas o perversas; por el contrario, tendería a proclamar superficialmente su creencia en una vida normal y moral.

 

No obstante, Cleckley sugiere que el potencial inicial para la grandeza y la profundidad emocional puede causar problemas, como una mayor afectación por los problemas de la vida, lo que luego conduce a la psicopatía.

Ficción e historia antigua

Cleckley examina entonces numerosos personajes de obras de ficción que considera representaciones de la psicopatía. Concluye abordando figuras históricas, excluyendo a Adolf Hitler y otros de su definición, pero destacando a Alcibíadesgeneral militar y político de la Antigua Grecia.

Describe una fascinación por él que surgió de una antigua convicción sobre la naturaleza «paradójica» de su vida, desde que la conoció en la escuela secundaria.

Concluye que Alcibíades «poseía el don de todos los talentos excepto el de usarlos de manera coherente para lograr algún objetivo sensato o en favor de alguna causa discernible» y que «pudo haber sido un ejemplo espectacular de… el psicópata«, ese «patrón aún inexplicable de la vida humana«. 

Perfil

Cleckley luego resume el material y proporciona un «perfil clínico«, describiendo 16 características conductuales de un psicópata (reducidas de 21 en la primera edición)

Encanto superficial y buena inteligencia

Ausencia de delirios y otros signos de pensamiento irracional.

Ausencia de nerviosismo o manifestaciones psiconeuróticas.

Falta de fiabilidad

Falsedad e insinceridad

Falta de remordimiento y vergüenza

Comportamiento antisocial con motivación insuficiente

Mal juicio y falta de aprendizaje por experiencia.

Egocentrismo patológico e incapacidad para amar.

Pobreza generalizada en las principales reacciones afectivas

Pérdida específica de la comprensión

Falta de respuesta en las relaciones interpersonales en general

Comportamiento fantástico y poco acogedor con y a veces sin bebida.

Las amenazas de suicidio rara vez se llevan a cabo.

La vida sexual es impersonal, trivial y está mal integrada.

Incumplimiento de cualquier plan de vida.

 

Algunos de los criterios tienen implicaciones psicodinámicas obvias, como la falta de remordimiento, el juicio deficiente, la incapacidad para aprender de la experiencia, el egocentrismo patológico, la falta de capacidad para amar, una pobreza general en las reacciones afectivas mayores y la falta de comprensión de su propia condición. 

A partir de 1972, las ediciones más recientes del libro reflejaron una alianza más estrecha con el nivel límite de organización de la personalidad de Kernberg (1984), definiendo específicamente los criterios estructurales de la integración de la identidadlas operaciones defensivas y la prueba de realidad del psicópata .  

Patología y causas

En la Sección Cuatro, «Algunas preguntas aún sin respuesta», Cleckley analiza su concepto de demencia «semántica» (término que hoy se usa para referirse a un trastorno médico sin relación con el significado que le dio Cleckley) o, en ediciones posteriores, trastorno o déficit semántico.

Se refería a una condición neurológica hipotética que constituiría la patología subyacente que vincularía y explicaría todas las diferentes personalidades clasificadas como psicopatía por Cleckley.

Por semántica entendía la capacidad de experimentar o comprender emocionalmente «el significado de la vida tal como la viven las personas comunes».

Reconoció que no había pruebas ni evidencia de que esta fuera la condición subyacente, pero creía que ayudaba a explicar los rasgos y comportamientos que observaba.

Como ejemplo para explicar la distinción que establecía entre la capacidad de parecer superficialmente normal a pesar de un déficit central en el significado, hizo una analogía con un trastorno neurológico del lenguaje conocido como afasia semántica

Cleckley concluye, a partir de su experiencia clínica, que la causa del trastorno de psicopatía probablemente no sea, en general, demostrablemente psicodinámica ni siquiera psicógena, aunque las influencias de la vida pueden desempeñar un papel en algunos casos.

Señala que la progresión del trastorno puede parecer una especie de suicidio social y espiritual (pero no real), o «semisuicidio«.

Sugiere, en cambio, que un defecto sutil pero profundo a nivel biológico fundamental, probablemente congénito en cierto sentido pero no hereditario (pone como ejemplo la agenesia del embrión ), podría ser la causa principalAdmite:

«Esto también sigue siendo un concepto especulativo y no está respaldado por evidencia demostrable».

 

Tras denominarlo defecto, señala que sería «uno que afecta a mecanismos complejos de integración de manera sutil y abstrusa«, y como tal, podría ser a veces un rasgo o habilidad positiva que, sin embargo, podría acabar provocando problemas personales en la sociedad. 

Tratamiento o control

Cleckley escribe en la quinta edición que, desde antes de la primera, sigue profundamente impactado tanto por la falta de respuesta al tratamiento de aquellos a quienes clasifica como psicópatas, como por la dificultad legal de intentar internarlos en un hospital.

Si bien reconoce la cuestión de la protección de la libertad, argumenta que deben encontrarse mejores maneras de lograrla para su propio bien y el de la sociedad, basándose principalmente en la discapacidad y la necesidad demostradas, tal vez dentro de unidades psiquiátricas pero segregados de otros pacientes.

Señala que ni la terapia psicológica ni los métodos físicos, como la terapia de choque o la lobotomía, parecen ser una solución real al problema, pero sugiere que una mayor oportunidad de controlar y dirigir a la persona podría ayudar a los psiquiatras a tratarla a largo plazo

También considera la cuestión de las audiencias de competencia y la defensa por demencia cuando se cometen delitos.

Expresa su preocupación de que su anterior equiparación de psicopatía con psicosis no pretendiera implicar que los psicópatas deban ser declarados automáticamente inocentes.

Sin embargo, también expresa su descontento con el envío de psicópatas a prisión, ya que cree que inevitablemente no logrará corregir su comportamiento debido a la anormalidad subyacente o la «locura» enmascarada.

Recepción y legado

La obra de Cleckley se considera a menudo una contribución fundamental a la definición psiquiátrica de la psicopatía y sigue siendo un pilar fundamental para las líneas de investigación y la práctica clínica posteriores.

El término «psicópata», tal como lo empleó Cleckley, también ha sido adoptado por la cultura popular y se aplica con frecuencia a asesinos en serie y otros delincuentes violentos, independientemente de si cumplen o no con los criterios; por esta razón, se ha deplorado su uso popular impreciso.

Por lo tanto, aunque el término es común en la cultura popular, su uso tiene poca relevancia técnica para la criminología, la psicología forense o la psiquiatría

Sin embargo, Robert D. Hare, psicólogo especializado en criminología, desarrolló una influyente Lista de Verificación de Psicopatía basada en el constructo de psicopatía desarrollado por Cleckley.

Posteriormente, se eliminaron dos ítems de la lista para representar con mayor claridad la estructura de un análisis de dos factores.La grandiosidadla impulsividad y la delincuencia juvenil no figuraban en los criterios de Cleckley, pero sí en los de Hare, quien omitió el criterio central de Cleckley de ausencia de pensamiento irracional o ansiedad significativos. 

Hare ha escrito que La Máscara de la Cordura contiene descripciones y especulaciones tan detalladas y complejas que puede dar lugar a diversas interpretaciones. Sugiere que es necesario interpretarla con evidencia que la respalde, aunque señala que prácticamente carece de datos empíricos que lo permitan

Ha habido un desacuerdo continuo sobre hasta qué punto el concepto de psicopatía de Cleckley es antisocial o criminal. Algunos señalan que Cleckley no describió la personalidad central como particularmente hostil o agresiva, a diferencia del concepto posterior de Hare.

Otros señalan que el comportamiento antisocial persistente se consideraba característico, y

«Sin excepción, todos los individuos representados en sus historiales clínicos cometen repetidas violaciones de la ley, incluyendo absentismo escolar, vandalismo, robo, fraude, falsificación, incendio provocado, embriaguez y alteración del orden público, agresión, conducción temeraria, delitos de drogas, prostitución y fuga». 

 

Algunos investigadores han concluido, a partir de la convergencia de hallazgos, que el concepto de Cleckley probablemente no sea una entidad clínica distinta, aunque podría representar una dimensión importante del trastorno de la personalidad, y que no ha logrado esclarecer el campo como él esperaba.

Entre las críticas se incluyen que su trabajo fue científicamente limitado, sesgado por juicios de valor social, que no se ha distinguido el déficit emocional hipotetizado del asociado con otros trastornos, ni se ha evidenciado su supuesta naturaleza semántica o base neurológica, ni se ha contextualizado dentro de ninguna teoría de la motivación

Un crítico psicoanalítico de la época describió el punto de vista de Cleckley como una paradoja, ya que sus «agudas observaciones clínicas» no se integraban en un modelo psicológico coherente. Cleckley cuestiona la utilidad de los enfoques psicoanalíticos, al tiempo que utiliza algunos conceptos explicativos de esta disciplina. El rico detalle clínico no se desarrolla en una teoría psicológica sistemática

Perri y Lichtenwald han argumentado que Cleckley estaba cegado por mitos culturales sobre la agresión masculina y la inocencia femenina, y por lo tanto tendía a pasar por alto o minimizar los comportamientos psicopáticos en las mujeres. 

El comité del DSM-III de 1980, al intentar desarrollar una base para el diagnóstico del trastorno de personalidad antisocial, se esforzó por combinar el trabajo de los criterios de Lee Robins de 1966 (en realidad de Eli Robins) sobre actos conductuales, con ítems orientados a rasgos basados ​​en el trabajo de Cleckley

El compromiso fue enumerar las conductas como los criterios diagnósticos reales, pero cubrir los rasgos centrales de Cleckley en la descripción textual de «características asociadas«.

De manera algo paradójica, Cleckley consideraba la categoría del DSM como equivalente a su concepto de psicopatía, mientras que Hare considera que su concepto, que se basó en el de Cleckley, es diferente del DSM desde la tercera versión y más similar a la categoría continua de «Trastorno de Personalidad Disocial» de la CIE.

En el DSM-V, este es ahora un «especificador de psicopatía«, para personas con trastorno antisocial que carecen particularmente de ansiedad y que tienen un estilo audaz.

Wikipedia

 

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ROBERT HARE: PROTEGERSE DE LOS PSICÓPATAS (VIDEO ENTREVISTA)

Punto Crítico, 2017

 

Psicópatas – Robert Hare (Redes)

 

Protegerse de los psicópatas (Redes)

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Y estas señales seguirán a los que creen; en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán en lenguas nuevas; ellos deberán… coged serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño»

Marcos 16:17-18

La máscara de la cordura: Un intento de aclarar algunos aspectos de la llamada personalidad psicopática

 

La máscara de la cordura: Un intento de aclarar algunos aspectos de la llamada personalidad psicopática es un libro escrito por el psiquiatra estadounidense Hervey M. Cleckley, publicado por primera vez en 1941, que describe las entrevistas clínicas que Cleckley realizó a pacientes en una institución cerrada.

El texto se considera una obra fundamental y la descripción clínica más influyente de la psicopatía en el siglo XX.

Los elementos básicos de la psicopatía esbozados por Cleckley han influido en el debate y el diagnóstico posteriores.

El título hace referencia a la «máscara» normal que oculta el trastorno mental de la persona psicópata en la conceptualización de Cleckley.

Cleckley describe a la persona psicópata como un imitador perfecto, externamente, de una persona que funciona normalmente, capaz de enmascarar o disimular la falta fundamental de estructura interna de la personalidad, un caos interno que resulta en un comportamiento destructivo intencional y repetido, a menudo más autodestructivo que destructivo para los demás.

A pesar de la presentación externa aparentemente sincera, inteligente e incluso encantadora, internamente la persona psicópata no tiene la capacidad de experimentar emociones genuinas.

Cleckley cuestiona si esta máscara de cordura se asume voluntariamente para ocultar intencionalmente la falta de estructura interna, pero concluye que oculta un defecto neuropsiquiátrico semántico grave, aunque imprecisamente no identificado.

Se produjeron seis ediciones del libro en total, la última poco después de su muerte. Una quinta edición ampliada del libro se publicó en 1976 y fue reeditada por sus herederos en 1988 para uso educativo sin fines de lucro.

 

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CORDURA: UN CONCEPTO PROTEΑΝΟ

Hervey Cleckley, «La máscara de la cordura» (1941), Sección Uno, Capítulo 1 

De la forma del caos, el Bios crece.
En hueso Y víscera anida el Id.

Por Hervey Cleckley

 

¿Y quién puede decir de dónde viene

Eros? ¿O trazar su camino

problemático? Ni el sabio barbudo, ni la ciencia, han mostrado

aún cómo la verdad o el amor, cuando se

encuentran, se conocen directamente; Algunas

frases que cantan hoy en nuestro polvo Han

desafiado la lógica a través de la Odisea del

hombre: Sin embargo, extrañamente, el hombre a

veces encontrará la suya propia.

E incluso el hombre ha sentido el flujo arcano

De donde rebosa inmutable el mismísimo vino

del Ático, Donde vive ese resplandor mudo y

eclipsante de la muerte Que mantuvo la línea de

batalla de los lacedemonios: Y esto, creo, puede

hacer que el hombre elija El destino de la alegría

que conoce. pero puede perder.

 

Un millonario notable por su excentricidad tenía un hermano mayor y más equilibrado que, en numerosas ocasiones oportunas, ejerció una fuerte persuasión para que lo pusieran bajo cuidado psiquiátrico.

Al recibir noticia de que este hermano mayor había sido abandonado inmediatamente después de la noche nupcial por una famosa dama de teatro (a la que acababa de asentar una gran fortuna) y que la novia, además, había permanecido obstinadamente durante el breve episodio pseudoconnubial envuelto en mallas, el más joven se apresuró a enviar este telegrama sucinto e incontestable:

¿QUIÉN ES LOCO AHORA?

 

SER CUERDO EN UNA SOCIEDAD DEMENTE

 

Esta, en todo caso, es la historia. No me ofrezco a responder por su autenticidad. Sin embargo, puede tomarse no precisamente como un ejemplo, sino al menos como un comentario un tanto frívolo y llamativo sobre la confusión que todavía existe con respecto a la cordura.

Aunque la mayoría de los pacientes que padecen uno de los tipos clasificados de trastorno mental son rápidamente reconocidos por el psiquiatra, siendo muchos de ellos incluso para el profano claramente trastornados, queda un gran número de personas que, como todo el mundo admitirá, no están preparadas para la vida normal en la comunidad y que, sin embargo, no tienen una posición oficial en las filas de los dementes.

La palabra loco, por supuesto, no es un término médico. Se emplea aquí porque para muchas personas transmite un significado más práctico que el término médico psicótico.

Aunque el término médico, con su mayor vaguedad, presenta una idea más justa de la concepción actual de trastorno mental grave, el término legal implica mejor los criterios por los cuales las personalidades en discusión son juzgadas en los tribunales.

Muchas de estas personas, juzgadas legalmente como competentes, son más peligrosas para sí mismas y para los demás que algunos pacientes cuya discapacidad psiquiátrica les obligará a pasar toda su vida en el hospital estatal.

Aunque las definiciones verbales de la ley y la medicina certifican automáticamente su cordura, su comportamiento demuestra una irracionalidad e incompetencia que son groseras y obvias. 

 

Aunque las definiciones verbales de la ley y la medicina certifican automáticamente su cordura, su comportamiento demuestra una irracionalidad e incompetencia que son groseras y obvias. 

 

En el prefacio, Cleckley afirma que el libro «surgió de una antigua convicción que se afianzó durante varios años mientras asistía a reuniones de personal en un gran hospital neuropsiquiátrico».

MATERIAL PARA DISTINGUIR DE NUESTRO TEMA

Estas personas sobre las que quiero llamar específicamente la atención, no son los casos límite en los que las características de algún trastorno mental familiar están parcialmente desarrollados y la imagen en su conjunto sigue siendo cuestionable. Existen muchos casos de este tipo, por supuesto, y a veces son desconcertantes incluso para el psiquiatra experimentado.

Ciertas personas, como todo el mundo sabe, pueden mostrar durante muchos años, en cierto grado, reacciones de esquizofrenia (dementia praecox), de psicosis maníaco-depresiva, o de una paranoia sin estar suficientemente discapacitados o tan generalmente irracionales como para ser reconocidos como psicóticos.

Muchos pacientes que padecen trastornos incipientes de este tipo o demencia paralítica, arterioesclerosis cerebral y otras afecciones orgánicas pasan por una fase preliminar durante la cual su pensamiento y comportamiento son hasta cierto punto característicos de la psicosis, mientras que por el momento siguen siendo capaces de funcionar satisfactoriamente en la comunidad.

Algunas personas en la etapa temprana de estos trastornos clínicos familiares se comportan, en general, con lo que se considera una competencia mental, mientras muestran, de vez en cuando, síntomas típicos de la psicosis hacia la cual están progresando.

Después de que la discapacidad finalmente se ha manifestado abiertamente, a menudo se pueden notar en retrospectiva suficientes episodios de conducta desviada para que el observador se pregunte por qué el sujeto no fue reconocido como psicótico hace mucho tiempo.

Sin embargo, a veces sería no solo difícil sino injusto declarar a una persona totalmente discapacitada mientras la mayor parte de su conducta sigue siendo aceptable. ¿No tenemos, de hecho, que admitir que todos nosotros nos comportamos a veces con algo menos que una completa racionalidad y buen juicio?

 

A veces sería no solo difícil sino injusto declarar a una persona totalmente discapacitada mientras la mayor parte de su conducta sigue siendo aceptable.

 

***

Recuerdo a un hombre de negocios muy respetado que, después de años de gran éxito comercial, comenzó a enviar telegramas a la Casa Blanca ordenando al presidente que enviara la Flota Atlántica a Madagascar y que ejecutara a los católicos romanos. En este momento no había dudas, por supuesto, sobre su discapacidad.

Un estudio cuidadoso reveló que, durante varios años, ocasionalmente había hecho declaraciones fantásticas, mostrado un comportamiento extraordinario (por ejemplo, una vez puso el extremo encendido de un cigarro en el cuello de su taquígrafo a modo de saludo) y despilfarró miles de dólares comprando colecciones de sellos, desvanes llenos de muebles viejos y juegos de enciclopedias por docenas. Ninguna de estas compras le había dado un uso particular.

Cuando finalmente se descubrió que era incompetente debido a una enfermedad, una investigación de su estado mostró que había tirado la mayor parte de un millón de dólares. Durante meses había estado manteniendo 138 perros de caza esparcidos por el campo, cuarenta y dos caballos y catorce mujeres, a ninguna de las cuales recurría para los diversos tipos de placer en los que a veces desempeñan un papel esos dependientes.

 

Uno encuentra en toda la nación, y probablemente en todo el mundo, una horda de ciudadanos que mantienen con firmeza creencias consideradas absurdas y contrarias a los hechos por la sociedad en su conjunto.

 

Aparte de las personas en las primeras etapas de la enfermedad progresiva, uno encuentra en toda la nación, y probablemente en todo el mundo, una horda de ciudadanos que mantienen con firmeza creencias consideradas absurdas y contrarias a los hechos por la sociedad en su conjunto. A menudo, estas personas se entregan a una conducta que a los demás les parece incuestionablemente irracional.

 

A menudo, estas personas se entregan a una conducta que a los demás les parece incuestionablemente irracional.

 

Por ejemplo, los diarios continúan informando sobre reuniones actuales en muchos estados donde cientos de personas manipulan serpientes venenosas, insistiendo fervientemente en que están llevando a cabo la voluntad de DiosY estas señales seguirán a los que creen; en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán en lenguas nuevas; ellos deberán… coged serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño», Marcos 16:17-18).

La muerte por mordedura de serpiente entre estos fervientes adoradores aparentemente no apaga su ardor. Los niños pequeños, demasiado jóvenes para llegar espontáneamente a conclusiones similares acerca de las relaciones entre la fe y el veneno, no son librados por sus padres de este contacto íntimo con la cascabel y la cabeza de cobre.

Quizá no sea sorprendente que los profetas predigan continuamente el fin del mundo, dando detalles precisos y autorizados de lo que hasta ahora ha resultado no menos fantasioso que los delirios de los pacientes confinados en hospitales psiquiátricos.

Que decenas y, a veces, cientos o incluso miles de seguidores acepten estas profecías podría dar a los reflexivos más motivos para preguntarse. Recortes de periódicos y artículos de revistas ante el escritor en este momento describen numerosos ejemplos de tal comportamiento.

En un pequeño pueblo de Georgia, veinte discípulos fervientes se sientan con una dama piadosa que los ha convencido de que la medianoche traerá el milenio.

Un anciano clérigo de California, cuyos seguidores más numerosos también se sienten decepcionados cuando el momento señalado transcurre sin incidentes, explica que no hay falla en su visión divina, sino solo algún pequeño error de cálculo que surgió de las diferencias entre el calendario bíblico y el moderno.

Durante el siglo pasado, un líder aún más vehemente tenía a miles de personas, en Nueva Inglaterra y en otros estados, en las laderas esperando ser arrebatados a la gloria al amanecer.

De hecho, la convicción era tan grande que al amanecer muchos saltaron desde acantilados, techos y silos, un fanático se había atado alas de pavo a los brazos para proporcionar mejor vuelo. Aquellos que esperaban ascender encontraron la gravedad sin cambios, la tierra aún sólida y el inevitable contacto discordante

Pocos de los que profetizan sobre la base de una intuición mística o una revelación especial, si es que alguno, llegan a conclusiones más extraordinarias que las alcanzadas por algunos que profesan, y a menudo creen firmemente, que están trabajando dentro de los métodos de la ciencia.

 

Pocos de los que profetizan sobre la base de una intuición mística o una revelación especial, si es que alguno, llegan a conclusiones más extraordinarias que las alcanzadas por algunos que profesan, y a menudo creen firmemente, que están trabajando dentro de los métodos de la ciencia.

 

Wilhelm Reich: sexo, marxismo y platillos volantes

 

Un ejemplo notable lo proporciona Wilhelm Reich, que figura en American Men of Science y cuyo trabajo anterior en psicopatología es considerado por muchos como valioso. Libros de texto de gran prestigio científico todavía hacen referencia a sus descubrimientos en este campo

De hecho, es sorprendente cuando una persona como esta anuncia el descubrimiento del «orgón«, una sustancia que, según se afirma, tiene mucho que ver con el orgasmo sexual (así como con el azul del cielo) y que se puede acumular en cajas forradas con metal. Se dice que aquellos que se sientan dentro de las cajas se benefician de muchas maneras maravillosas.

Según el Journal of the American Medical Association, Reich y sus seguidores promueven la acumulación de este (para otros) material inexistente como un método para curar el cáncer

Un informe del Consejo de la Asociación Médica Estadounidense enumera el acumulador de orgón con varias panaceas de charlatanería bajo «Fraudes y fábulas«.

La presencia de cualquier material como «orgón» impresiona al médico como no menos imaginario que sus supuestos efectos terapéuticos. La naturaleza de tales conclusiones y los métodos para llegar a ellas son apenas más sorprendentes que la credulidad de personas intelectuales y altamente educadas que, según se informa, las consideran seriamente. 

 

La naturaleza de tales conclusiones y los métodos para llegar a ellas son apenas más sorprendentes que la credulidad de personas intelectuales y altamente educadas que, según se informa, las consideran seriamente.

 

Dr. Hervey Cleckley
Dr. Hervey Cleckley

 

Durante la década de 1940, multitudes que se estimaban en veinticinco mil o más personas, algunas de las cuales habían atravesado la mitad de los Estados Unidos, se pararon bajo la lluvia noche tras noche para ver a un niño de 9 años en la ciudad de Nueva York que decía han visto una visión que él describió como «la cabeza de un ángel con alas de mariposa«.

Un clérigo de la Iglesia de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial confirmó como un presagio sobrenatural de bien la supuesta aparición de una cruz luminosa en el cielo cerca de Ipswich.

En nuestra propia generación, hombres de profundo conocimiento han expresado su creencia literal en la brujería y han aprobado los esfuerzos de aquellos que, siguiendo el mandato bíblico, dieron muerte a miles por esta actividad. 

Estos titulares de un diario merecen consideración:

AHORA EN UN HOSPITAL MENTAL, ACUSADO DE TRAICIÓN, MANTENIDO INSANE, EZRA POUND OTORGADO EL PRIMER PREMIO DE POESÍA

 

Cuando en 1943 Mussolini se declaró presidente de la nueva República de Saló, Pound desempeñó un papel significativo en las actividades culturales del régimen. El 2 de mayo de 1945 fue arrestado por los partisanos italianos. Después sería trasladado a Washington, donde fue acusado por traición e injurias a Estados Unidos. A pesar de que este delito estaba condenado con pena de muerte, se salvó de ella gracias a que la comunidad literaria a la que se había prestado testificó que estaba loco. El juez asumió estos testimonios, y en lugar de morir fusilado, pasó doce años internado en el hospital mental de St. Elizabeth (1946-1958).

 

Mi interés en esta noticia no indica que considere imposible que una persona con un trastorno psiquiátrico grave a veces escriba buena poesía o logre otros logros que valgan la pena.

No obstante, los titulares reflejan un desconcertante conflicto de evaluación en el que algunos de los elementos paradójicos sugieren fuertemente lo absurdo. También recuerdan lo que a veces parece ser una predilección embelesada de pequeños pero influyentes cultos de intelectuales o estetas por lo que generalmente se considera perverso, desanimado o desagradablemente ininteligible. 

La concesión del Premio Nobel de literatura a André Gide, quien en su obra fervientemente e insiste abiertamente en que la pederastia es la forma de vida superior y preferible para los muchachos adolescentes, proporciona un ejemplo memorable de tales juicios. 

Críticos renombrados y algunos profesores en nuestras mejores universidades aclaman con reverencia como la expresión superlativa de Finnegan’s Wake del genio James Joyce, una colección de 628 páginas de galimatías eruditas indistinguibles para la mayoría de la gente de la palabra familiar ensalada producida por pacientes hebefrénicos en las salas traseras de cualquier hospital estatal.

Ilustremos brevemente con la página inicial de este notable volumen

Riverun, pasando Eva y Adán, de curva ribereña a codo de bahía, nos trae por un comodioso vicus de recirculación de vuelta a Howth Castle y Environs.

Sir Tristram, violer d’amores, f’roata del corto mar, había pasaún rearribado de Norte Armórica en este lado del descarnado istmo de Europa Menor para la empuñarriña de su guerra penisolada: ni las rocas del topsawyer junto a la corriente del Oconee se habían exa-gerado ellasotras a los gorgios de Laurens County mientras iban duoblinando su malamparo todo el tiempo: no era voice del afuego que fuellucía mishe mishe al tauftauf duartepeadrick: no aún, mas venisún después, había un cadete cabrón butendido a un blando y viejo isaac: no aún, aunque todo fuese feria en vanesía, estaban las sosías soresteres furiosas con duouno natmanojo. Rota pizca de la malta de pa habían Jhem o Shen malteado al arcoaluz y rórido al fin del regio embrollo iría a verse asomado al ring del aquafaz.

La caída (¡bababa dalgaragtaarronnkonn bronntruenoontuoonn-truenntrovarrhounawns kantoohoohoohoohoor denettrrtturnuk!) de un por entonces murestricto viejo salmonete se retahíla temprano en cama y más tarde en la vida bajando a través de toda la juglaría cristiana. La gran caída de extramuros implicó con tan poca antelación la pufojetechuta de Finnegan, erse hombre sólido, que la humpitiloma cabeza del musmo prumpatamente manda a un inencueste bien hacia el oeste en busca de sus tampiti tantos dedos empié: y su pico de puntaplaza bocarriba está knock out en el par-que donde las naranjas se han echado a perder sobre el green desde que el primero de devlín se enamoró de livvy.

 

 

El lector aventurero encontrará, lo prometo, cualquiera de las otras 627 páginas igualmente esclarecedoras.

No me corresponde decir dogmáticamente que Finnegan’s Wake es un volumen sin significado. Tampoco podría con certeza hacer tal pronunciamiento sobre las caóticas producciones verbales del paciente en la sala trasera de un antiguo hospital estatal.

La continua eminencia de Ezra Pound como poeta y la admiración casi reverencial con la que algunos eruditos aclaman Finnegan’s Wake es probable que provoquen asombro en el hombre de gustos y reacciones ordinarios si considera seriamente estos asuntos.

 

La continua eminencia de Ezra Pound como poeta y la admiración casi reverencial con la que algunos eruditos aclaman Finnegan’s Wake es probable que provoquen asombro en el hombre de gustos y reacciones ordinarios si considera seriamente estos asuntos.

 

Graduados de nuestras universidades y empresarios exitosos se unen a otros para contribuir con testimonios que anuncien la prevención de la hidrofobia y la curación del cáncer, la difteria, la tuberculosis, el wens y las piernas rotas, así como como el alquiler de habitaciones y el aumento de salarios, por grupos que supuestamente trabajan a través de «la sustancia de Dios omnipresente y sin forma» y por otros métodos metafísicos.

Un grupo publica varias revistas que se leen con entusiasmo en casi todos los pueblos de los Estados Unidos. Se enumeran casi doscientos centros donde se recomiendan «ejercicios bancarios de prosperidad» y rituales respiratorios.

Los líderes escriben solemnemente, «el cuerpo físico irradia una energía que a veces puede verse como una luz o un aura que rodea lo físico, especialmente en las cabezas de aquellos que piensan mucho en el Espíritu«. 

 

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA Por Carlo M. Cipolla

 

Las siguientes son cartas testimoniales típicas, y estas son solo tres entre muchos cientos

Le escribí hace algo más de una semana pidiendo sus oraciones. Mi problema era la apendicitis, y parecía que una operación era inevitable. Sin embargo, tuve fe en el Cristo que mora en nosotros y que sana y decidí ponerme en contacto contigo.

Bueno, como era de esperar, la curación que ha tenido lugar bordea lo llamado milagroso. Pasé una hora cada día a solas con Dios y reclamé mi legítima herencia como hijo de Dios. Naturalmente, la condición adversa debía desaparecer con el advenimiento del poderoso flujo de Cristo-Vida conscientemente dirigido hacia esta enfermedad.

***

Le interesará saber que justo en el momento en que terminó mi período de banco de prosperidad, comencé a trabajar en un nuevo puesto, que no solo paga un salario sustancialmente más alto, sino que… [etc.]. Probablemente no hubiera tenido suficiente fe y valor para confiar en Él si no hubiera sido por la literatura de la Verdad.

***

Gracias por su hermoso y eficaz ministerio. He tenido cinco grandes demostraciones de prosperidad desde que tuve este banco de prosperidad en particular. La semana pasada trajo la liquidación final de una deuda que me debía desde hace unos siete años.

 

 

No pocos ciudadanos de nuestro país leen, aparentemente con convicción, material como el publicado por el director del Instituto de Física Mental, a quien se anuncia como la reencarnación de un Lama tibetano. Este líder informa, además, que ha visto a un sabio oriental crecer un naranjo de su palma y, en otra ocasión, morir y resucitar en un nuevo cuerpo, dejando atrás el anterior.

Muchas otras hazañas igualmente improbables de la taumaturgia se describen en relatos de testigos oculares

Se sabe que el observador casual descarta lo que muchos llaman superstición como fruto de la ignorancia. Sin embargo, las creencias y prácticas de este tipo están lejos de ser raras entre los más eruditos de todas las generaciones.

Un embajador bastante reciente en los Estados Unidos, generalmente reconocido como un distinguido erudito, murió (según la prensa) bajo el cuidado de un practicante de la Ciencia Cristiana.

Incluso un doctor en medicina ha escrito un libro en el que da fe de la curación de enfermedades inflamatorias agudas y otros trastornos por métodos similares. Pero que hable directamente: 

En otra ocasión examiné a una niña a la que había operado de mastoiditis recurrente. En el momento de mi examen, mostraba signos definidos de otro ataque. Los tratamientos ausentes detuvieron su problema en dos días. Para alguien que nunca antes había visto algo así, la rapidez con la que desapareció la inflamación le habría parecido casi una pieza de magia.

 

Las brujas (Hans Baldung Grien, 1510). Varias brujas realizan toda una serie de actividades que son asociadas a pactos con el demonio. Durante mucho tiempo, en la ciudad se ha seguido creyendo que Tituba fue la única culpable de los maleficios del lugar por que al ser una persona racializada debía conocer la magia negra que aparece representada en esta ilustración.

***

Un tercer caso es el de una mujer que llevaba años con un mal del corazón. Hace aproximadamente un año experimentó un ataque agudo acompañado de dolor, náuseas y distensión abdominal a causa de los gases.

Su hija telefoneó a un practicante de sanación espiritual y le explicó el problema. La respuesta fue que se le daría un tratamiento inmediato. En diez minutos el problema desapareció y no ha vuelto a ocurrir desde entonces

Cuanto más uno considera tales convicciones y el tipo de personas que las tienen, más impresionante se vuelve el viejo dicho atribuido a Artemus Ward e indicando que nuestros problemas surgen no tanto de la ignorancia como de saber tanto que no es así.

 

Cientos de otros ejemplos como los mencionados están disponibles para demostrar que muchas personas de gran capacidad y educación superior abrigan sinceramente creencias que parecen tener poco más apoyo real de hecho o razón que la ilusión de los libros de texto ordinarios.

Tales creencias son mantenidas tan persistentemente por personas respetadas y grupos influyentes, a pesar de la evidencia en contrario, como por pacientes psicóticos que son segregados en hospitales.

 

 

Cientos de otros ejemplos como los mencionados están disponibles para demostrar que muchas personas de gran capacidad y educación superior abrigan sinceramente creencias que parecen tener poco más apoyo real de hecho o razón que la ilusión de los libros de texto ordinarios.

Tales creencias son mantenidas tan persistentemente por personas respetadas y grupos influyentes, a pesar de la evidencia en contrario, como por pacientes psicóticos que son segregados en hospitales.

Que se entienda que no estoy presentando una opinión de que aquellos que son persuadidos por los profetas de que el mundo terminará el próximo jueves o que aquellos que apelan a los curanderos para proteger a un niño de los efectos de la meningitis deben ser declarados clínicamente psicóticos y forzosamente comprometidos con los hospitales.

A pesar de la similitud entre la forma en que se adoptan tales creencias y la forma en que un paciente esquizoide o paranoico llega a sus delirios, y a pesar de la falta similar de evidencia para considerar que cualquiera de las dos es verdadera, las personas como las que ahora se discuten suelen ser capaces de llevar una vida útil en armonía con la comunidad y, a veces, de beneficio para la sociedad.

 

A pesar de la similitud entre la forma en que se adoptan tales creencias y la forma en que un paciente esquizoide o paranoico llega a sus delirios, y a pesar de la falta similar de evidencia para considerar que cualquiera de las dos es verdadera, las personas como las que ahora se discuten suelen ser capaces de llevar una vida útil en armonía con la comunidad y, a veces, de beneficio para la sociedad.

 

ENTETANIMIENTO [Tittytainment]: La propaganda del Siglo XXI

 

Pocas cosas, en mi opinión, son más básicas que la necesidad de que los hombres se permitan unos a otros la libertad de creer o no creer, por muy sagrados o falsos que sean, los diferentes credos pueden ser sostenidos por diferentes grupos.

Convicciones de que el mundo es plano, que uno no debe comenzar un trabajo en Viernes, o que el Sr. Arthur Bell de Mankind United es omnipotente son aparentemente sostenidos por algunos en una identidad reverente con las actitudes religiosas más profundas de las que son capaces.

En este sentido básico, la religión de cada hombre, en contraste con el dogma o la ilusión en que puede enmarcarla, su actitud básica y respuesta emocional a cualquier significado y propósito que haya podido encontrar en su vida, merece respeto y consideración.

 

En este sentido básico, la religión de cada hombre, en contraste con el dogma o la ilusión en que puede enmarcarla, su actitud básica y respuesta emocional a cualquier significado y propósito que haya podido encontrar en su vida, merece respeto y consideración

 

El metodista, el mormón y el católico, así como el hombre que no puede aceptar ningún credo literal como declaración final de estos temas, puede honrar y valorar, en un sentido fundamentalmente religioso, la reverencia válida y los fines subjetivos últimos de un buen mahometano.

Esto es posible sin la capacidad de compartir sus agradables convicciones sobre la probabilidad de que haya huríes en el paraíso.

 

El metodista, el mormón y el católico, así como el hombre que no puede aceptar ningún credo literal como declaración final de estos temas, puede honrar y valorar, en un sentido fundamentalmente religioso, la reverencia válida y los fines subjetivos últimos de un buen mahometano.

 

La máscara de la cordura
Hervey-Cleckley, 1933
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Breve glosario de los principales términos psiquiátricos y psicológicos relacionados

 

1. Manuales y Clasificaciones Oficiales

  • Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM): Sistema de clasificación de trastornos mentales publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) que proporciona criterios estandarizados para el diagnóstico clínico.

  • DSM-III de 1980: Tercera edición de dicho manual. Marcó un hito radical en la psiquiatría al eliminar el enfoque psicoanalítico (como el término «neurosis«), introducir criterios diagnósticos objetivos y basados en síntomas observables, y establecer un sistema de evaluación multiaxial.

2. Conceptos Históricos de la Psicopatología

  • «Inferioridad psicopática constitucional»: Término del siglo XIX (acuñado por J.L.A. Koch) para describir anomalías de la personalidad y la conducta que se consideraban innatas o biológicas, sin llegar a ser psicosis o deficiencia intelectual.

  • Neurastenia: Diagnóstico decimonónico caracterizado por fatiga crónica extrema, debilidad física y mental, dolores de cabeza y susceptibilidad emocional, atribuido entonces al «agotamiento del sistema nervioso».

  • Histeria: Concepto histórico (famoso por los estudios de Charcot y Freud) que refería a una variedad de síntomas físicos (parálisis, ceguera, convulsiones) sin causa orgánica aparente, originados por conflictos psicológicos inconscientes. Hoy se clasifica en trastornos de conversión o somatomorfos.

  • Psicastenia: Término introducido por Pierre Janet para definir un tipo de neurosis caracterizada por la pérdida de la tensión psicológica, lo que se traducía en fobias, obsesiones, ansiedad, dudas constantes y falta de voluntad (abulia).

  • Psiconeuróticos: Término antiguo para referirse a los pacientes que padecían psiconeurosis (neurosis de origen marcadamente psicológico, como la histeria o la neurosis obsesiva), en contraposición a las neurosis con supuesta base biológica.

  • «Deficientes mentales»: Expresión histórica y hoy en desuso (reemplazada por «discapacidad intelectual») para referirse a personas con un funcionamiento intelectual y habilidades adaptativas significativamente inferiores al promedio.

3. Grandes Categorías Clínicas: Neurosis y Psicosis

  • Neurosis: Categoría clásica que agrupa trastornos mentales donde el paciente sufre una intensa ansiedad y conflictos emocionales, pero mantiene el contacto con la realidad y la conciencia de su enfermedad (ej. fobias, obsesiones).

  • Psicosis: Trastorno mental grave caracterizado por una ruptura con la realidad. Incluye síntomas como alucinaciones (percibir cosas que no están), delirios (creencias falsas e inquebrantables) y una profunda desorganización del pensamiento.

  • Neurosis postraumáticas: Término histórico y precursor del actual Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). Describía las secuelas psicológicas (ansiedad, pesadillas, evitación) que sufrían las personas tras vivir eventos altamente traumáticos, como los soldados en la guerra.

4. El Espectro de la Esquizofrenia y Variantes Históricas

  • Esquizofrenia: Trastorno psiquiátrico grave y crónico caracterizado por alteraciones en la percepción, el pensamiento, las emociones y la conducta (incluye síntomas psicóticos como delirios y alucinaciones, y apatía o aislamiento).

  • Trastornos esquizoides: Patrón de comportamiento caracterizado por el desapego absoluto de las relaciones sociales y una gama muy limitada de expresión emocional en situaciones interpersonales.

  • «Esquizofrenia pseudoneurótica»: Concepto histórico para describir a pacientes que presentaban síntomas típicamente neuróticos (ansiedad severa, fobias múltiples) pero que ocultaban una estructura u organización de fondo de tipo esquizofrénico.

  • «Esquizofrenia pseudopsicopática»: Concepto histórico para pacientes cuya sintomatología externa consistía en conductas antisociales, delictivas o perversas, pero cuyo trastorno de base era la esquizofrenia.

5. Personalidad y sus Trastornos

  • Personalidad psicopática: Término clásico para describir personalidades caracterizadas por la falta de empatía, remordimiento y culpa, junto a una tendencia a la manipulación y la violación de normas sociales.

  • Trastorno de la personalidad: Patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del individuo, teniendo su inicio en la adolescencia o edad adulta temprana y causando malestar o deterioro.

  • Personalidades paranoides o ciclotímicas: Estilos o trastornos de la personalidad históricos o actuales. La paranoide se caracteriza por una desconfianza y suspicacia generalizada hacia los demás. La ciclotímica implica una inestabilidad persistente del estado de ánimo, con oscilaciones entre la euforia (hipomanía) y la tristeza, sin llegar a la gravedad de un trastorno bipolar.

  • Trastorno de personalidad antisocial: Diagnóstico moderno del DSM para individuos que muestran un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, irresponsabilidad y falta de remordimientos.

  • «Trastorno de Personalidad Disocial»: Término equivalente al trastorno antisocial de la personalidad, utilizado habitualmente en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la OMS.

  • Nivel límite de organización de la personalidad de Kernberg: Concepto psicoanalítico de Otto Kernberg. Describe una estructura mental intermedia entre la neurosis y la psicosis, caracterizada por el uso de mecanismos de defensa primitivos (como la escisión), una identidad difusa, pero con la prueba de realidad conservada (aunque frágil).

6. Lenguaje, Cognición y Otras Manifestaciones

  • «Depresión críptica»: Depresión «enmascarada» u oculta, donde el paciente no expresa verbalmente tristeza o abatimiento, sino que el malestar se manifiesta a través de quejas físicas (somatizaciones) o cambios de conducta.

  • Impulsos sádicos: Deseos o conductas urgentes orientadas a obtener placer (con frecuencia sexual o de dominación) mediante la infracción de dolor físico o psicológico a otra persona.

  • Misantropía: Actitud social y psicológica de rechazo, desconfianza, antipatía o desdén generalizado hacia la especie humana y la vida en sociedad.

  • Perversión vital: Concepto clásico que refiere a una alteración profunda de los instintos o impulsos básicos de supervivencia, autocuidado y desarrollo biológico del individuo.

  • Trastorno o déficit semántico: Alteración en la capacidad para comprender o utilizar el significado de las palabras, los símbolos y los conceptos.

  • Trastorno neurológico del lenguaje: Cualquier afectación de la producción, comprensión o uso del lenguaje causada por una lesión o anomalía medible en el sistema nervioso central.

  • Afasia semántica: Tipo específico de afasia (pérdida del lenguaje por lesión cerebral) en la que el paciente puede articular palabras perfectamente, pero ha perdido la capacidad de comprender el significado de las palabras o las relaciones conceptuales entre ellas.

7. Intervenciones Somáticas Históricas

  • Terapia de choque: Conjunto de tratamientos médicos drásticos utilizados a mediados del siglo XX que buscaban inducir convulsiones o comas terapéuticos para tratar enfermedades mentales graves (ej. el choque insulínico, el choque por cardiazol o la terapia electroconvulsiva, siendo esta última la única que evolucionó de forma segura y se sigue usando hoy bajo anestesia).

  • Lobotomía: Intervención neuroquirúrgica radical, popularizada a mediados del siglo XX, que consistía en cortar las conexiones nerviosas de los lóbulos frontales del cerebro. Dejó de utilizarse debido a los severos daños cognitivos y de personalidad que causaba, además de la aparición de los primeros fármacos antipsicóticos.

 

 

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Glosario esencial

  • Psicopatía: Trastorno de la personalidad cuyo estudio clínico moderno fue iniciado por Cleckley. Se refiere a un individuo que muestra un comportamiento destructivo, amoral, carente de empatía y culpa, pero que no presenta signos evidentes de psicosis o neurosis.

  • Máscara de la cordura (Mask of Sanity): Concepto central del libro que describe cómo el psicópata proyecta una fachada convincente de normalidad, encanto superficial y buena salud mental, la cual oculta un grave trastorno de la personalidad subyacente.

  • Demencia semántica / Disergasia: Términos utilizados por Cleckley para describir la deficiencia central del psicópata. Se refiere a la incapacidad profunda de comprender el sustrato emocional y el significado real de las vivencias, produciendo una separación entre la palabra (lo que dice) y la acción (lo que hace).

  • Sociopatía: Término histórico que surgió para describir la misma condición desde una perspectiva que enfatiza los orígenes sociológicos o ambientales del trastorno, o bien como una etiqueta que se percibía como menos estigmatizante que la psicopatía.

  • Trastorno de Personalidad Antisocial (TPA): Diagnóstico psiquiátrico oficial (presente en manuales como el DSM) que describe un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás. A menudo se superpone con la psicopatía, aunque esta última abarca más rasgos afectivos e interpersonales.

  • Psicosis: Trastorno mental grave caracterizado por delirios, alucinaciones y desconexión de la realidad (ej. esquizofrenia). Cleckley estableció como criterio fundamental que el psicópata se caracteriza precisamente por la ausencia de psicosis y de pensamiento irracional.

  • Psiconeurosis / Nerviosismo: Manifestaciones clínicas de ansiedad, angustia o preocupación excesiva. Según los criterios de Cleckley, los psicópatas muestran una inmunidad casi total ante el nerviosismo o la ansiedad neurótica.

  • Pobreza afectiva / Afectividad reducida: Disminución o ausencia de reacciones emocionales genuinas ante las experiencias de la vida. Se traduce en frialdad emocional, falta de empatía y de remordimientos.

  • Egocentrismo patológico: Autocentramiento extremo y desmesurado, que va de la mano con la total incapacidad para amar y establecer vínculos estables con otras personas.

  • Pérdida de «insight» (intuición o comprensión interna): Deficiencia específica del psicópata para auto-evaluarse de forma realista, percibir la gravedad de su situación o verse a sí mismo como lo ven los demás.

 

Autorretrato, de Gustave Courbet
 
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CORDURA, UN CONCEPTO PROTEΑΝΟ: Hervey Cleckley, «La máscara de la cordura» (1941). Parte 2 (final)
 
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RELACIONADOS:

HERVEY CLECKLEY (1903–1984), el psiquiatra que «Desenmascaró» la Psicopatía («La máscara de la cordura»)

LA SOCIEDAD NARCISISTA DE NUESTRO TIEMPO Y EL ESTADO TOTAL

SER CUERDO EN UNA SOCIEDAD DEMENTE: «De la disidencia a la locura: proyecciones de los psicópatas» (The Corbett Report): «La psicopatía política y empresarial»

NARCISISMO y PSICOPATÍA

LA PSICOPATÍA EN EL CINE: La mala semilla (Película,1956)

Psicópatas en el poder

«LA CORPORACIÓN: CORPORACIONES ¿INSTITUCIONES O PSICÓPATAS?», Documental, 2003. («The Corporation»)

SOCIOPATÍA Y PSICOPATÍA EN POLÍTICA: «Los políticos suelen aferrarse al poder como psicópatas»

CONJURA DE PSICÓPATAS. «Naturaleza, deseo y fracaso de las ideologías», por Jesús Ferrero (2025)

ENTETANIMIENTO [Tittytainment]: La propaganda del Siglo XXI

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA, por Carlo M. Cipolla

«TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ», de Dietrich Bonhoeffer. «La persona estúpida será capaz de cualquier mal y al mismo tiempo incapaz de ver que es el mal». 

 

 

 

De lo que no se puede hablar hay que callar