EL PRÍNCIPE Parte 7 (Capítulos XVI y XVII), de Nicolás Maquiavelo

EL PRÍNCIPE Parte 7

 

El Príncipe

Nicolás Maquiavelo

El Principe es una de las primeras manifestaciones para la estructuración de la política como saber científico. Entre sus páginas. se encuentran acercamientos a la moralidad y a la ética en el poder: la disciplina de los ciudadanos ante el peligro y, por último, un llamado desesperado para la liberación de Italia de las fuerzas extranjeras.

 

ÍNDICE

Presentación

Nicolás Maquiavelo al Magnífico Lorenzo De Médecis

Capítulo I

De las distintas clases de principados y de la forma en que se adquieren

Capítulo II

De los principados hereditarios

Capítulo III

De los principados mixtos

Capítulo IV

Por qué el reino de Darío, ocupado por Alejandro, no se sublevó contra los sucesores de éste tras su muerte

Capítulo V

De qué manera hay que gobernar las ciudades o los principados que se regían por sus propias leyes, antes de ser ocupados

Capítulo VI

De los principados nuevos adquiridos por las armas propias y el talento personal

Capítulo VII

De los principados nuevos que se adquieren con las armas y las fortunas de otros

Capítulo VIII

De los que llegaron al principado mediante crímenes

Capítulo IX

Del principado civil

Capítulo X

Cómo deben medirse las fuerzas de todos los principados

Capítulo XI

De los principados eclesiásticos

Capítulo XII

De las distintas clases de milicias y de los soldados mercenarios

Capítulo XIII

De los soldados auxiliares, mixtos y mercenarios

Capítulo XIV

De los deberes del príncipe en lo concerniente al arte de la guerra

Capítulo XV

De aquellas cosas por las cuales los hombres, y especialmente los príncipes, son alabados o censurados

Capítulo XVI

De la prodigalidad y de la avaricia

Capítulo XVII

De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser temido que amado

Capítulo XVIII

De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas

Capítulo XIX

El príncipe debe evitar ser aborrecido y odiado

Capítulo XX

Si las fortalezas que los príncipes hacen con frecuencia, son útiles o no

Capítulo XXI

Cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado

Capítulo XXII

De los secretarios del príncipe

Capítulo XXIII

Cómo huir de los aduladores

Capítulo XXIV

Por qué los príncipes de Italia perdieron sus Estados

Capítulo XXV

Del poder de la fortuna de las cosas humanas y de los medios para oponérsele

Capítulo XXVI

Exhortación a liberar a Italia de los bárbaros

 

La dama del armiño (c. 1490), famoso óleo sobre tabla de Leonardo da Vinci que retrata a Cecilia Gallerani, amante de Ludovico Sforza, duque de Milán. Destaca por su composición dinámica, el uso del esfumado y el simbolismo del armiño, que representa pureza y al propio duque. Se encuentra en el Museo Nacional de Cracovia.

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EL PRÍNCIPE (Parte 7, Capítulos XVI y XVII)

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De la liberalidad y la mezquindad (De la prodigalidad y de la avaricia)

Por empezar por la primera de las arriba llamadas cualidades, reconozco que estaría bien ser considerado liberal.

No obstante, una liberalidad ejercida de manera que os traiga la reputación correspondiente os perjudica

porque ejercerla con honestidad y como debiera ser practicada no evita ser tachado de lo contrario.

 

LOS GOLIARDOS, LA RUPTURA DEL ORDEN SOCIAL EN EL SIGLO XII

 

Así pues, todo el que desee mantener entre los hombres el nombre de liberal se ve obligado a no rehuir ninguno de los atributos de la magnificencia;

un príncipe con tal inclinación consumirá en esto todo su patrimonio y, al final, se verá obligado a oprimir injustamente a su pueblo e imponerle cargas, y a hacer todo lo que pueda para obtener dinero si quiere conservar su fama de liberal.

 

EL PRÍNCIPE Parte 7
«Un príncipe nunca falta a su palabra cuando esto le puede perjudicar» (Nicolás Maquiavelo)

 

Esto no tardará en hacerle odioso para sus súbditos, y al empobrecerse será poco valorado por todos; con su liberalidad, al haber ofendido a muchos y recompensado a pocos, se verá afectado por el primer problema que surja y correrá riesgos ante el primer peligro.

Si lo reconoce él mismo y pretende impedirlo, de inmediato será tachado de mezquino.

 

Cuando un príncipe no es capaz de ejercer la virtud de la liberalidad de tal forma que sea reconocida, salvo pagando un precio, si es sabio no debería temer la acusación de mezquindad

 

 

Cuando un príncipe no es capaz de ejercer la virtud de la liberalidad de tal forma que sea reconocida, salvo pagando un precio, si es sabio no debería temer la acusación de mezquindad

 

Cuando un príncipe no es capaz de ejercer la virtud de la liberalidad de tal forma que sea reconocida, salvo pagando un precio, si es sabio no debería temer la acusación de mezquindad, ya que con el tiempo acabará siendo mejor considerado que si fuese liberal, al ver que con su economía sus ingresos son suficientes, que puede defenderse de todos los ataques y está en condiciones de abordar empresas sin que supongan una carga para su pueblo;

así, ocurre que ejerce de liberal con todos aquellos a los que no quita nada, que son innumerables, y de mezquino con aquellos a quienes no da nada, que son pocos.

 

«Los hombres son tan simples y se sujetan a la necesidad en tanto grado, que el que engaña con arte halla siempre gente que se deja engañar» (Nicolás Maquiavelo)

 

En nuestro tiempo no hemos presenciado grandes hechos, excepto los realizados por quienes han sido considerados mezquinos; el resto ha fracasado.

El papa Julio II alcanzó el papado por su liberalidad, pero no se esforzó por mantener esa reputación cuando entró en guerra con el rey de Francia;

y libró muchas guerras sin aplicar impuestos extraordinarios a sus ciudadanos, ya que cubría sus gastos extraordinarios gracias a sus largamente acumulados ahorros.

 

Retrato de Julio II por Rafael Sanzio (1511, National Gallery de Londres).

 

El actual rey de España no hubiera podido asumir y ganar tantas empresas si hubiera tenido fama de liberal.

Un príncipe, pues, siempre que no tenga que robar a sus súbditos, que se pueda defender, que no caiga en la pobreza y la abyección, que no se vea obligado a la rapacidad, debería prestar poca atención a la fama de mezquino,

ya que es uno de esos vicios que le capacitarán para gobernar.

 

Y si alguien dijera:

«César ganó un imperio mediante la liberalidad, y muchos otros han alcanzado los más altos honores por ser así considerados»,

 

respondería:

«O sois ya un príncipe o vais camino de serlo».

 

«Si es mejor ser amado que ser temido: lo mejor sería una cosa y la otra a un mismo tiempo, pero que al ser difíciles de conciliar, mucho más seguro ser temido que ser amado cuando haya que prescindir de una de las dos» (El Príncipe)

 

En el primer caso, esta liberalidad es peligrosa; en el segundo, es muy necesario ser considerado liberal.

César era uno de los que deseaban sobresalir en Roma, pero si hubiera sobrevivido tras serlo y no hubiera moderado sus gastos, habría destruido su propio gobierno.

Y si alguien replicara:

«Muchos han sido los príncipes que han hecho grandes cosas con sus ejércitos, que han sido considerados muy liberales«,

 

mi respuesta sería:

«O bien un príncipe gasta lo que es de su propiedad o de sus súbditos, o gasta lo de otros. En el primer caso, deberá ser ahorrativo; en el segundo, no debería desperdiciar ninguna oportunidad de mostrarse liberal«.

 

«No juzgues a los hombres por sus palabras, sino por lo que ganan con ellas. El poder no entiende de moral, moral, solo de resultados» (Nicolás Maquiavelo)

 

Y para el príncipe que se pone en marcha con su ejército, sustentándolo por medio del pillaje, el saqueo y la extorsión, y usando aquello que pertenece a otros, esta liberalidad es necesaria, ya que de lo contrario sus soldados no le seguirían.

Se puede donar generosamente aquello que no es ni vuestro ni de vuestros súbditos, como hicieron Ciro, César y Alejandro;

despilfarrar lo ajeno no quita reputación, sino que la aumenta; solo el despilfarro de lo propio perjudica.

 

 

Y no hay nada que se gaste más rápidamente que la liberalidad, porque al ejercerla se pierde el poder de hacerlo y se cae en la pobreza o es uno despreciado; o, por el contrario, intentando no caer en la pobreza, se vuelve avaro y odiado.

Ante todo, un príncipe debería guardarse de ser despreciado y odiado, y la liberalidad conduce a ambas cosas.

Así pues, es más sabio tener fama de mezquino, lo que trae consigo el reproche sin odio, que verse obligado por la búsqueda de una reputación de liberalidad a incurrir en la rapacidad, que acarrea el reproche junto al odio.

 

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De la crueldad y la clemencia, y si es mejor ser amado que temido

Al llegar ahora a las otras cualidades arriba mencionadas, afirmo que todo príncipe debe desear que se le considere clemente y no cruel.

Sin embargo, ha de procurar no utilizar mal su clemencia.

 

«Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen» (Nicolás Maquiavelo)

 

César Borgia era considerado cruel; no obstante, su crueldad reconcilió la Romaña, la unificó y restauró la paz y la lealtad.

 

César Borgiaera considerado cruel; no obstante, su crueldad reconcilió la Romaña, la unificó y restauró la paz y la lealtad.

Y si se analiza debidamente, se verá que fue mucho más misericordioso que el pueblo florentino, que, por evitar ser tachado de cruel, permitió la destrucción de Pistoia (durante los disturbios entre las facciones de los Cancellieri y los Panciatichi en 1502 y 1503).

 

Pistoia, Baptisterio de San Giovanni in Corte, diseñado por Andrea Pisano de planta octogonal y completado en el siglo XIV. Su fachada también revestida de mármol blanco y verde,conserva una fuente bautismal románica que data del 1200.

 

Siempre que mantenga a sus ciudadanos unidos y leales, un príncipe no debería temer el reproche de ser cruel;

porque con unos pocos castigos ejemplares se mostrará más compasivo que aquellos que, en un exceso de clemencia, permiten que se produzcan desórdenes, a los que siguen asesinatos y robos;

porque estos dañan inevitablemente a todo el pueblo, mientras que las ejecuciones ordenadas por un príncipe ofenden solo al individuo.

 

Cualquier hombre que intente ser bueno todo el tiempo terminará yendo a la ruina entre la gran cantidad de hombres que no lo son. Por lo tanto, un príncipe que quiera conservar su autoridad deberá aprender a no ser bueno y usar ese conocimiento, o prescindir de su uso, según las necesidades que se presenten».
EL PRINCIPE, Nicolás Maquiavelo, 1469-1527

 

Y de todos los príncipes, al nuevo le es imposible evitar la imputación de crueldad, dado que los Estados nuevos están llenos de peligros. Virgilio, por boca de Dido, excusa la inhumanidad de su reinado por ser nuevo, diciendo:

Res dura, el regni novitas me talia cogunt Moliri, et late fines custode tueri. 

(«La dureza del Estado y la novedad del reino, a estos modos me fuerzan y, recelando de todos, he de custodiar las fronteras»)

 

Maquiavelo y César Borgia.

 

No obstante, debe ser cauteloso en el creer y actuar, no tener miedo de sí mismo, sino conducirse de un modo templado, con prudencia y humanidad, para que un exceso de confianza no le coja desprevenido y un exceso de desconfianza le haga intolerable.

Sobre esto surge una pregunta:

¿es mejor ser amado que temido o temido que amado?

 

Se puede responder que ambas cosas, pero es difícil unirlas en una sola persona; cuando ha de ser desechada una de las dos opciones, es mucho más seguro ser temido que amado.

 

Cuando ha de ser desechada una de las dos opciones, es mucho más seguro ser temido que amado.

 

 

Porque, en general, se puede decir de los hombres que son desagradecidos, veleidosos, falsos, cobardes, envidiosos; y mientras tengáis éxito, estarán a vuestra completa disposición.

 

Los hombres que son desagradecidos, veleidosos, falsos, cobardes, envidiosos, mientras tengáis éxito, estarán a vuestra completa disposición.

 

Como se ha mencionado antes, os ofrecerán su sangre, sus propiedades, su vida y sus hijos si ven la necesidad muy distante; pero cuando esta se presenta se vuelven contra vos.

 

 

Y aquel príncipe que, confiando por entero en sus promesas, descuida otras precauciones está perdido; porque las amistades que se obtienen mediante pago, y no por la grandeza o nobleza de espíritu, no están aseguradas y en tiempos de necesidad no es posible confiar en ellas.

 

Las amistades que se obtienen mediante pago, y no por la grandeza o nobleza de espíritu, no están aseguradas y en tiempos de necesidad no es posible confiar en ellas.

 

Los hombres tienen menos escrúpulos en ofender a quien es amado que a quien es temido, ya que el amor es preservado por el vínculo de la obligación que, debido a la bajeza del hombre, se rompe a la menor ocasión en que les resulte ventajoso hacerlo; pero el temor os preserva por miedo al castigo, que nunca falla.

 

 

No obstante, un príncipe debe inspirar temor de tal forma que, si no le granjea amor, evite el odio; puede soportar muy bien ser temido siempre que no sea odiado, lo que ocurrirá en tanto se abstenga de apoderarse de las propiedades de sus ciudadanos y súbditos, y de sus mujeres.

 

Un príncipe puede soportar muy bien ser temido siempre que no sea odiado, lo que ocurrirá en tanto se abstenga de apoderarse de las propiedades de sus ciudadanos y súbditos, y de sus mujeres.

Por encima de todo ha de mantener sus manos alejadas de la propiedad ajena, porque los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

 

Si es preciso atentar contra la vida de alguien, ha de hacerlo con una adecuada justificación y causa manifiesta, pero por encima de todo ha de mantener sus manos alejadas de la propiedad ajena, porque los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

 

Noveno Círculo: Los traidores: «Tenían todas estas sombras las caras vueltas hacia abajo y con el batir de sus dientes de sus bocas manifestaban el frío que sentían, como sus ojos la tristeza de sus corazones» (La Divina Comedia, canto XXXII)

 

Además, nunca faltan pretextos para arrebatar propiedades;

quien haya empezado a vivir del robo siempre hallará excusas para apoderarse de lo que pertenece a otros;

por el contrario, las razones para quitar la vida son más difíciles de encontrar y se desvanecen más deprisa.

 

Pero cuando un príncipe está al frente de su ejército y ha de controlar a una multitud de soldados, es muy necesario que ignore la fama de cruel, ya que sin ella jamás podría mantener a su ejército unido o dispuesto a cumplir con sus deberes.

 

Gustave Courbet, Autorretrato. LA PROPIEDAD ES UN ROBO. Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la Propiedad? (Parte 2), Capítulo 1 (Primera Parte)

 

Entre los maravillosos logros de Aníbal enumeraré el siguiente:

que tras encabezar un inmenso ejército, compuesto por hombres de varias razas, para combatir en tierras extranjeras, no surgiera disensión alguna ni entre ellos ni contra el príncipe, tanto en sus momentos de buena como de mala fortuna.

 

Esto se debía exclusivamente a su crueldad inhumana, que, junto a su valor sin límites, hacía que fuera reverenciado y temido por sus soldados, pero sin esa crueldad sus otras virtudes no eran capaces de producir este efecto.

Los escritores de visión corta admiran sus hechos desde un punto de vista y desde otro condenan la principal causa de estos.

 

Busto probablemente de Escipión el Africano (anteriormente atribuido a Sila), encontrado originalmente cerca de la tumba de su familia. Cónsul de la República romana con Publio Licinio Craso (205 a. C.-204 a. C.)

 

La certidumbre de que sus otras virtudes no le habrían bastado puede demostrarse recurriendo al caso de Escipión, ese hombre sobresaliente en su propia época y en la memoria de la humanidad, contra el cual, no obstante, se rebeló su ejército en España;

Se debió únicamente a un exceso de tolerancia por su parte, que otorgó a sus soldados mayor licencia que la correspondiente a la disciplina militar.

 

Por esto fue denostado en el Senado por Fabio Máximo y llamado corruptor de las milicias romanas.

Los locrios fueron arrasados por un legatario de Escipión, pero no fueron vengados por él, ni fue castigada la insolencia del Senado, debido exclusivamente a su naturaleza sosegada.

Hasta el punto de que alguien del Senado, en su deseo de excusarle, dijo que había muchos hombres que sabían mucho mejor cómo errar que cómo corregir los errores de otros.

 

En el año 205 a. C., tras recuperar la ciudad de Locros (sur de Italia) durante la Segunda Guerra Púnica, Escipión el Africano dejó al frente de la guarnición a su legado Quinto Pleminio. Pleminio y sus tropas sometieron a la población a un brutal saqueo, cometiendo asesinatos y profanando el templo sagrado de Perséfone.

 

Esta disposición, de haber continuado al mando, habría destruido con el tiempo la fama y la gloria de Escipión;

pero en él, dado que estaba bajo el control del Senado, esta característica injuriosa no solo quedó oculta, sino que contribuyó a su gloria.

 

Regresando a la pregunta de si ser temido o amado, llego a la conclusión de que, dado que el hombre ama según su voluntad y teme de acuerdo con la del príncipe, un príncipe sabio debería establecerse en un lugar sometido a su propio control y no al de otros; solo ha de esforzarse por evitar el odio, como se ha señalado.

 

Regresando a la pregunta de si ser temido o amado, llego a la conclusión de que, dado que el hombre ama según su voluntad y teme de acuerdo con la del príncipe, un príncipe sabio debería establecerse en un lugar sometido a su propio control y no al de otros;

Solo ha de esforzarse por evitar el odio.

 

EL MAL SE HACE TODO JUNTO Y EL BIEN SE ADMINISTRA DE A POCO. (MAQUIAVELO)
 
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De lo que no se puede hablar hay que callar