EL PODER JUDICIAL SIN CONTROL CONSTITUYE EL PRINCIPIO DE CORRUPCIÓN, por Jesús Díaz Formoso

EL PODER JUDICIAL SIN CONTROL CONSTITUYE EL PRINCIPIO DE CORRUPCIÓN

 

EL PODER JUDICIAL SIN CONTROL CONSTITUYE EL PRINCIPIO DE CORRUPCIÓN

Por Jesús Díaz Formoso, 2009

EL PODER JUDICIAL SIN CONTROL CONSTITUYE EL PRINCIPIO DE CORRUPCIÓN
El que fue vocal del CGPJ, el ex juez Luis Pascual Estevill, condenado a 9 años de prisión por graves delitos de corrupción, figuró durante muchos años con 5,4 millones de euros, en los listados de morosos de la AEAT. "JUECES CORRUPTOS CONDENADOS; estos pájaros, incluso desde la prisión, siguen consolidando los beneficios de su carrera delictiva"

 

El que se ve violentado en su derecho tiene que defenderse.

Es un deber que tiene para consigo mismo ”.

Rudolf von Ihering (“ La lucha por el derecho ”)

 

“El Poder Jurisdiccional representa el Poder esencial del Estado. Es quien está llamado, en primer lugar, a corregir los excesos de los otros poderes. Su buen funcionamiento (solo posible sujetándolo al control ciudadano) es la garantía de la Virtud de la República y del Honor de la Monarquía. Como Poder sin control constituye el Principio de Corrupción. En España llevamos más de 30 años sin Jueces. Cierto que hay sujetos a quienes se llaman Jueces, pero no son nuestros Jueces: Ni los elegimos, ni los controlamos, ni los podemos remover de sus cargos. Son los Jueces quienes, mediante Juicios injustos e infames en los que los ciudadanos somos víctimas de la mayor Indefensión, nos obligan a el fruto de nuestro esfuerzo no al cuidado de nuestras familias, ciudades o servicios públicos, sino al servicio de la bastarda inmoralidad que encarnan Bancos y Grandes Corporaciones.”

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EL PODER JUDICIAL SIN CONTROL CONSTITUYE EL PRINCIPIO DE CORRUPCIÓN

"Cuando en un gobierno popular las leyes dejan de cumplirse, el Estado está ya perdido, puesto que esto sólo ocurre como consecuencia de la corrupción de la República" (L'Harpe)

Por Jesús Díaz Formoso

Filosofía Digital , 2009

Impunidad

 

En los primeros Libros de "El Espíritu de las Leyes", Montesquieu  se refería a la necesidad de someter a los Jueces a la posibilidad de remoción, en consideración al grado de satisfacción de los ciudadanos sometidos a su jurisdicción.

El Poder Jurisdiccional representa el Poder esencial del Estado. Es quien está llamado, en primer lugar, a corregir los excesos de los otros poderes. Su buen funcionamiento (solo posible sujetándolo al control ciudadano) es la garantía de la Virtud de la República y del Honor de la Monarquía.

Como Poder sin control constituye el Principio de Corrupción.

En España llevamos más de 30 años sin Jueces. Cierto que hay sujetos a quienes se llaman  Jueces, pero no son  nuestros  Jueces: Ni los elegimos, ni los controlamos, ni los podemos remover de sus cargos .

Y ello pese a que, en el seno del régimen franquista, nuestros Tribunales del Orden Contencioso Administrativo (que deciden los conflictos entre las Administraciones Públicas y, en especial, entre éstas y los Ciudadanos), aplicando la Ley de 1956 (derogada en 1998), representaron una jurisprudencia modélica, en Europa (muy cercana a la grandiosa jurisdicción administrativa francesa, emanada de su Consejo de Estado) y en el mundo.

Y aquellos Magistrados, que resplandecieron como fuente de control del Estado en el seno de la Dictadura, son los Abuelos y Padres de muchos de nuestros Jueces actuales, quienes, sin embargo, han pervertido absolutamente su legado, entregándonos “cautivos y desarmados” a la tiranía del Poder Político, del grupo de canales desalmados y perversos, mediante el que las Élites más codiciosas e indignas de que podemos guardar memoria, nos esclavizan.

Y es que no otra cosa significa la entrega absoluta de TODOS los Poderes del Estado al Poder Financiero.

Son los Jueces quienes, mediante Juicios injustos e infames en los que los ciudadanos somos víctimas de la mayor Indefensión , nos obligan a entregar el fruto de nuestro esfuerzo, no al cuidado de nuestras familias, ciudades o servicios públicos, sino al servicio de la bastarda inmoralidad que encarnan Bancos y Grandes Corporaciones.

Si hoy estuviese vivo,  Montesquieu  tendría que establecer una cuarta categoría de Gobierno, no por sus Principios, sino por su Naturaleza. Uno que engloba lo peor del Gobierno Aristocrático (sin honor ni virtud) y el más infame Gobierno Despótico (no utilizaré referencias al tipo Monárquico, porque llamar así a la “cosa" Borbónica a la que alimentamos, parecería un mal chiste).

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MONARQUÍA SIN HONOR; PARLAMENTO SIN VIRTUD

 

“… el derecho no adquiere realidad por alguna idealidad estable, sino finalmente por aquellas operaciones que producen y reproducen el sentido específico del derecho…

Niklas Luhmann

 

En suma, conforme a la tesis de Luhmann, el derecho ya no se fundamenta en metavalores como la moral o el derecho natural, sino que el derecho se fundamenta en el propio derecho, en una dinámica autorreferencial, siendo las constituciones la última referencia: será el modo y manera en como lo vayamos operando el derecho, el que vaya determinando su configuración. Por tanto acción, acción, acción. Si nos detenemos a quejarnos en términos de moralidad serán otros los que lo operen y configuren.

En definitiva, si la acción es la que configura el Derecho, precisamente por esa convicción, no puedo admitir la inmoralidad en la acción del Derecho.

El Derecho, de todas formas, no configura la realidad. Al margen de la acción, de esa “lucha por el Derecho”, mi realidad se configura por mis acciones. Y éstas se basan -al menos es lo que intento- en mi conciencia.

Otra cosa es la definición que, del término “moralidad”, pueda poseer cada uno. La mía, aunque siempre mutable y sujeta a otra mejor opinión, me permite, no obstante lo anterior, pensar que también puedo compartir la conveniencia de las acciones a que se refiere.

Pero esa es otra cuestión.

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En la espléndida Edición de “El Espíritu de las Leyes” de 1845, se contienen ANOTACIONES de Dupin, Crevier, Voltaire, Mably, L'Harpe, Servan y otros exquisitos pensadores.  Quisiera citar aquí una de esas anotaciones, firmada por L'Harpe, obrante al Capítulo III (“Del Principio de la Democracia”) del Libro III de dicha obra:

 

“Se ha reconvenido siempre a Montesquieu como si hubiera dicho, que no había virtud más que en las repúblicas, y honor más que en las monarquías, y que no había más que virtud en aquellos ni más que honor en estas.

Montesquieu no dijo nunca ni lo uno ni lo otro, y es muy extraño que se le haya supuesto capaz de semejante absurdo; pero la emulación nada respeta.

El autor se ha concretado siempre a la palabra ya la idea de principio general de gobierno; y sin entrar en discusión, me contentaré con indicar un argumento hijo de la experiencia que es decisivo a favor suyo; a saber, que  “lo que sirve para fundar los estados rige también para su conservación”.

Es un hecho demostrado que la fundación de las repúblicas, así en los tiempos pasados ​​como en los presentes, se ha debido en todas partes a un momento de virtud.

Así sucedió a los romanos en tiempo de Bruto, a los suizos en el de Guillermo Tell, a los holandeses en el de Nassau y a los americanos en el de Washington.

Estos han sido los momentos, en que los hombres han aparecido más grandes, y así es como se han hecho merecedores de llamarse libres.

En esta lucha gloriosa de la libertad natural y legal, contra el abuso real del poder absoluto, ha sido, cuando han brillado esos prodigios de valor, paciencia, moderación, desinterés y fidelidad, en una palabra, de todo cuanto admiramos en la historia, y que hace a un pueblo respetable a ojos de la posteridad.

No hay excepción alguna de esta regla fundada, que se encuentra por otra parte, sobre la naturaleza de las cosas y sobre la constante uniformidad de los sucesos.

Todo gobierno es un orden, y ningún orden se establece sino sobre la moral.

Y como el gobierno republicano depende principalmente del genio, y del carácter del mayor número, así como el gobierno real depende eminentemente del carácter de uno solo; es decir del rey, o del ministro que reina, si el carácter general no es bueno, la administración pública será mala; como sucederá en el reino, si el carácter del príncipe es malo; sin que haya en uno y otro caso mas diferencia que la de que los vicios del príncipe mueren con él, y pueden compensarse con un sucesor mejor, y los de la república son permanentes y nadie puede contener el curso de su corrupción”.

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ANOTACIONES SOBRE EL TEXTO DE L'HARPE

Por Jesús Nava

 

La anotación de L'Harpe , resulta muy acertada, pues yo mismo tampoco entiendo que se haga decir a Montesquieu que la virtud sólo existía en las repúblicas y el honor en las monarquías, como no sea porque estamos atacados del mal del siglo -como diría nuestro Amiel del suyo-, y que nosotros podríamos decir con más razón de nuestro, a saber: el vicio de opinar, juzgar y hasta condenar a un autor oa un hombre sin siquiera haberle leído u oído; en cualquier caso, sin haberle entendido .

Porque, Montesquieu sólo afirmaba que la virtud, como principio de gobierno, era más necesaria en una democracia que en una monarquía, tan necesario que sin la virtud de todos los ciudadanos una república se corrompería rápidamente . Y por principio, o recurso , de un sistema de gobierno entendía  “las pasiones humanas que lo ponen en movimiento” ; precisando, además, que los sentimientos que podían sostener una democracia, es decir, la virtud republicana o democrática por excelencia, consistía en el amor a la patria ya la igualdad.

En efecto, añadía por otra parte, en una monarquía no es que la virtud sea prescindible, sino menos necesaria, pues quien hace las leyes está por encima de ellas, y en una democracia, es el pueblo mismo quien legisla y quien deberá cumplir las leyes que se dé, lo que exige ciudadanos virtuosos . Por eso,  “cuando en un gobierno popular las leyes dejan de cumplirse, el Estado está ya perdido, puesto que esto sólo ocurre como consecuencia de la corrupción de la República”.

 

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EL PRINCIPIO DEL PALO Y LA ZANAHORIA, SUMADO A LOS EFECTOS DE LA PERMANENTE SOBRECARGA DE TRABAJO (PROGRAMADA), HACE COLAPSAR EL PODER JUDICIAL

La situación inicial del Poder Judicial español, tras la aprobación ¿y vigencia? de la Constitución de 1978 era la que cabía esperar tras el fin de una Dictadura en la que el Dictador murió en su cama de palacio.

Pero Franco no era el franquismo. Era sólo su sostén, el que aseguraba, mediante la sumisión absoluta del ejército y la sumisión aparente de los demás "hombres de Estado" que dominaron España guarnecidos por la Dictadura, que utilizaba el cuerpo moribundo de " su " Generalísimo para enseñarlo desde el balcón. de la Plaza de Oriente una vez al año. Y nada más. El viejecito -al que vestían de Dictador para su actuación anual, cantando el "Españoles todos..."- hacía mucho que no tenía las riendas del estado a su alcance. Sólo conservaba al final de su vida, la facultad destituyente. Y poco.

Las camarillas de la Corte fascista eran los verdaderos dueños del estado. Y, para seguir siéndolo tras morir el viejo, inventaron la "Transición", instrumento clásico del adagio imperial "Cambiarlo todo, para que todo siga igual".

Es muy peligroso escribir acerca de todo esto. Porque no es el pasado; es el presente.

Y en el presente, 40 años después de la muerte de Franco, el franquismo sigue dominándolo todo.

Pero "Dominarlo todo" no equivale a serlo todo. Se domina desde el piramidón. Es desde el vértice de la altura del poder donde todo se ve. Desde arriba, se ven los movimientos tan pronto como comienzan. Y se actúa para aplastar a los disidentes.

Pero si el Régimen es Corrupción, ¿qué pasa con los Jueces?

Entre ellos hay una división primaria: " Jueces comunes (honestos) " Vs " Jueces abyectos (colocados por el poder) ".

Los primeros son pocos. Pese a ello, las jerarquías judiciales están repletas de esta vil categoría de delincuentes. Los demás -la inmensa mayoría, los jueces honestos- son Carne de Cañón judicial.

Amenazados con sanciones, que podrán ser arbitrariamente impuestas por el Comisariado Político judicial que okupa el Gobierno de los Jueces (CGPJ), ahogados en montañas de escritos, cuya continua acumulación, día a día, los convierte en aparejos del olvido, al resultar imposibles de mirada lasciva; incluso de contar, dado su gigantesco número, que se incrementa cada día. Con ello, convierte en sancionable a cualquier Juez, sin culpa objetiva. 

La ausencia de medios para juzgar convierte a los Jueces en víctimas del Estado. Que la ciudadanía percibe, a su vez, como corruptos. Esta revictimización del juez honesto se percibe en la entrevista que publicamos a continuación, cuya lectura recomendamos vivamente.

 

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El juez que dijo basta por la sobrecarga en los tribunales: “Si no hay tiempo para estudiar el caso, sacas la sentencia y ya está”

“La ausencia de jueces y fiscales se traduce en jornadas laborales maratonianas y en retrasos en la tramitación de los señalamientos”

Cinco días , 5 DE FEBRERO DE 2024

Tomás Sánchez Puente, juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Ávila

 

Los jueces no dan abasto. Los juzgados están hasta arriba y la elevada carga de trabajo obliga a los magistrados a priorizar la cantidad antes que la calidad. Según los datos del Poder Judicial, los asuntos pendientes de resolución crecieron un 18,5% en el tercer trimestre de 2023. Tomás Sánchez Puente, juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Ávila, está cansado de la situación. Hace unos días, Sánchez estalló en Twitter y puso sobre la mesa la sobrecarga a la que está sometida por la plantilla limitada que tiene el Ministerio de Justicia. En una charla con  Cinco Días , el juez se sincera y afirma que la redacción de sus sentencias es muy pobre porque no da para más. “En mi trabajo me puntúo entre un 2,5 y un 3 sobre 10. Si tienes una carga del 250% te ves obligado a dedicar la mitad del tiempo para cada asunto”, admite, sincero, a este diario.

 

 

Pregunta (P). Según el Poder Judicial, hay casi cuatro millones de asuntos pendientes de resolver ¿La sobrecarga de trabajo afecta a todos los juzgados por igual?

Respuesta (R). La carga de trabajo no es ni mucho menos excepcional. Actualmente los jueces estamos, en la práctica, con productividades superiores al 200%. Por poner ejemplos, conozco a otra compañera que trabaja en Madrid que ha sacado una productividad del 320% y otro compañero que ha alcanzado una carga del 300%. Estamos con jornadas de 50 horas netas de trabajo a la semana y no nos queda más remedio que dilatar los señalamientos. Prácticamente todos los jueces de España estamos por encima del 100% y la gran mayoría por encima del 200%. No parece razonable cargar con señalamientos que uno no puede asumir.

 

He tenido que recortar horas de estudio de la jurisprudencia, vital para unificar criterios, para lidiar con la sobrecarga

 

P. ¿De qué modo afecta la carga de trabajo a la calidad de sus sentencias?

R. En cuanto a tiempo de trabajo, atención al ciudadano, tiempo de estudio y posibilidad de acierto en la decisión, me puntúo entre un 2,5 y un 3 sobre 10. Porque claro, tienes que dedicar tiempo a consultar la jurisprudencia anterior, a evaluar la prueba documental, a atender las dudas ya hacer una justicia cercana al ciudadano, que es muy importante. Entonces, si tienes una carga de trabajo del 250% te ves obligado a dedicar la mitad del tiempo del que está previsto para cada asunto. El estudio de la jurisprudencia, que es vital para unificar criterios, he tenido que reducirlo muchísimo para poder hacer frente a todos los casos, pero si no tienes tiempo para estudiar el asunto, sacas la sentencia y ya está. Por mucho esfuerzo que le dediquemos a cada caso que nos llega, la calidad se ve afectada de un modo u otro.

P. Es un juez que, entre otras materias, toca la violencia de género ¿cómo es trabajar un tema tan delicado con apenas tiempo para abordar el asunto?

R. Siempre intento dar prioridad a estos asuntos y es complicado porque son dramas personales fuertes. Es decir, no vale con un atestado, necesitas tiempo para que la persona perjudicada pueda contar todo lo que ha ocurrido y no vale con cinco minutos. Una buena parte de los asuntos de violencia llevan posteriormente un juicio de divorcio o medidas para saber que hacer después con los hijos. Para eso necesitamos los equipos psicotécnicos para poder hacer un análisis en profundidad de la unidad familiar. El problema está en que estos equipos también están hasta arriba y tenemos que ir eligiendo con cuentasgotas cuáles son las unidades familiares víctimas de violencia de género que se tienen que beneficiario de un equipo de psicólogos para tratar mejor el caso, cuando todos los juicios deben contar. con este análisis psicosocial sin tener que discriminar qué casos deben tenerlo y cuáles no. Al final esperas que te hayan un estudio del caso en dos o tres meses, pero si también están saturados y se van a los ocho o nueve meses pues esto genera un perjuicio para las víctimas.

 

 

P. El Supremo condenó al Poder Judicial a regular la carga de trabajo de los jueces, ¿se está cumpliendo?

R. Todo lo contrario. Los jueces tenemos unos módulos de trabajo semestrales donde se establece la carga de trabajo que debe tener cada uno. A pesar de contar con estos módulos, nos vamos a una productividad muy superior a la que está fijada. No hay ningún plan aprobado que limite la carga máxima de trabajo, no existe.

P. La plantilla de Justicia cuenta actualmente con 5.700 jueces y 2.500 fiscales, ¿son insuficientes?

R. Por supuesto, la Comisión Europea para la Eficiencia de Justicia (Cepej) dice que para estar en los medios europeos tendría que haber 8.800 jueces en España. Los fiscales, otros que tal bailan: ahora mismo tendría que haber 5.300. Al final esta ausencia de jueces y fiscales se traduce en jornadas laborales maratonianas y en retrasos en la tramitación de los asuntos. Por ejemplo, en temas de instancia civil, la media de Europa para fijar los señalamientos está en torno a los 350 días, y en España se va hasta los 690. Si ves el desfase de plantilla que hay en Justicia, para mí es blanco y en botella.

 

En cinco años pedimos 820 plazas y solo han creado 303; Vamos a rebufo de Europa con un servicio público resentido.

 

P. Con la actual demora en los señalamientos y la ausencia de jueces, ¿cómo se espera desatascar este retraso?

R. Pidiendo recursos humanos, voy a lo fácil. El problema es que el Consejo General del Poder Judicial no tiene autonomía presupuestaria y dependemos del Ministerio de Justicia y de la asignación de los Presupuestos Generales del Estado. Por lo que veo, Pedro Sánchez y como hizo Mariano Rajoy, está estrangulando presupuestariamente la Administración de Justicia. El Consejo pidió en cinco años 820 nuevas plazas judiciales que, a mi juicio, ya es una petición muy modesta. Con Sánchez, desde 2019, solo se han creado 303. ¿Y qué ocurre? Acumulas retrasos y siempre estamos a rebufo de Europa con un servicio público resentido. Tenemos un retraso con respecto a nuestros vecinos del 40%. Y eso para mí es una barbaridad.

 

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EL CREADOR Y SU OBRA

Por Miki Bassa

 

Una y otra vez, el creador ha tenido la impresión de que su vida, en cierto sentido, comenzaba con su obra. El genio nace con una idea, una intuición, un orden que necesita expresar o comunicar y su vida, por lo común, no suele ser otra cosa que una odisea hacia esa meta, una prueba de fuego de esa idea. Lo que tampoco tiene nada de extraordinario. ¿Acaso no encierra toda vida sus propias pruebas de fuego? Su obra, a la postre, podrá suponer un fracaso de esa idea en reacción con la vida o su triunfo, colmada de esa vida de la que se ha empapado. Pero gran parte de lo que suele meterse en el mismo saco que el arte o la filosofía no suele ser otra cosa que una artesanía cuyo logro es el acierto en la expresión de una emoción convencional. Pero si por algo se distingue el verdadero artista y el auténtico pensador es por alcanzar estratos que escapan al llamado sentido común. Y no porque odie el sentido común en sí mismo, sino porque para él el auténtico sentido común nunca radicará en las convenciones sociales (o en una idea meramente moral o política), sino en el espíritu. De ahí que también, quiérase o no, el hombre de genio haya sido siempre el prototipo de rebelde, el rebelde por antonomasia. El fuego que lo devora arde en una esfera mucho más profunda que aquélla en la que se asienta la falsa seguridad del espíritu tímido y pusilánime. Lo que Lucifer es al cristiano lo es el genio para el espíritu cobarde. Nada importará cuánto cambien nuestras sociedades mientras su espíritu no se mueva un sólo dedo. El espíritu tímido seguirá sintiéndose amenazado y buscará cualquier tipo de rearme frente a la posibilidad de que su status quo mental pueda verse sacudido. Con suerte es posible que al creador sólo “le escupan a la cara”: no hay nada extraordinario en el hecho de que al Bosco lo cocinaran a la brasa. Y tampoco las muertes de Sócrates o Cristo parece que tuvieran mucho que ver con su mera “bondad”, sino con su genialidad, su carácter “demónico”, cuyo sentido de la bondad desborda y hasta contradice lo que el sentido común puede tener por “bondad”. (Tampoco he descubierto a nadie queriendo cargarse a mi tía Conchi, por cierto, que es una santa.) ¿Y qué es todo esto, a fin de cuentas? ¿A qué asistimos, una y otra vez, sino al mismo pavor del hombre a expandir su conciencia y a desembarazarse de las fronteras que él mismo se ha impuesto? ¿Qué es sino una muestra más del mismo empeño por pisotear la libertad del hombre?


Otro tanto podría decirse del amor, de la aplastante desesperanza del amor… Quien no aprende sus lecciones está condenado a repetir, una y otra vez, las mismas pruebas, los mismos dolores, las mismas decepciones. En uno y otro caso, la esperanza es siempre la misma y otro tanto sucede con la desilusión. Se cree estar oliendo las brisas del paraíso porque lo que está en juego es el conocimiento de uno mismo, la revelación, el reflejo de nuestro verdadero Yo y su auténtica germinación. Pero mientras una sola molécula nuestra siga esperando encontrar la clave fuera de nosotros mismos, la vida nunca dejará de ser un infierno o un prolongado purgatorio. O peor aún: una pantomima perpetua. Y, sin embargo, ninguna creación es limitativa. Al contrario. Cualquiera de ellas no sólo libera, sino que llama a la participación a aquella parte de nosotros que ha sido conmovida. Un libro no es nada sin su lector y toda la majestuosidad de los mares se queda en nada sin un alma que la adore. Según las esferas en las que se manifieste un espíritu creador, nuestro corazón, nuestra alma o nuestro pensamiento se verá sacudido e impelido, a su vez, a manifestarse. Pero seguiremos fracasando siempre que nos empeñemos en seguir siendo esclavos, aferrados a los innumerables miedos que nos dividen de los otros y de nosotros mismos. La obra misma fracasa allí donde simplemente es asimilada, aprendida, imitada; allí donde se pretende enseñar un pensamiento y no a pensar, el pensamiento ya ha fracasado traicionándose a sí mismo; allí donde la creación está mediatizada, ni libera ni conmueve y ya ha fracasado; y allí donde la religión reprime, divide y enturbia la visión del hombre, y ni libera, ni redime, ni une a los hombres, la religión hace tiempo que sucumbió y fracasó.


Pero la creación es algo vivo. Es un continuo. Todo está conectado. Todos participamos y actuamos en una misma red. Nada está acabado ni finiquitado. Todo se entrelaza para una auténtica unión y liberación, cuya prueba de fuego parece ser la confusión, la división y la destrucción en todos los planos del mundo conocido. Un mundo conocido que, con todo, no deja de comportarse como parte o miembro de otra Creación en la que cada ser no es sólo lector de la obra, completándola con su lectura, sino otro creador que aporta, que renueva, que escribe -en el sentido más pleno de la palabra- e incluso que destruye y rehace. Cuanto más la pienso más burda me parece la idea de un Dios que se echa a descansar el séptimo día, como si hubiera acabado su parte y a nosotros no nos quedara otra cosa que aplaudirlo. Cuanto más creativa es una persona, sea en la esfera que sea, más patente es su impresión de estar participando en algo que le supera y en algo, además, que en modo alguno es estático o inmóvil. Y lo curioso del asunto es que casi ningún creador ha logrado eludir el sentimiento de fracaso al final de sus vidas, como si no hubieran logrado agotar el pozo y se les hubiera quedado en el tintero, precisamente, lo más importante, aquello por lo que irrumpió su impulso creador; y a veces, incluso, como si el logro de su propia obra hubiera supuesto el motivo de su fracaso. Pero lo cierto es que el libro sigue siempre escribiéndose y al final seremos nosotros los que tendremos que acabarlo. Cuando el creador ha alcanzado el nadir no ha hecho otra cosa que vivir el futuro concentrado en su presente, lo que tampoco significa que el futuro ya esté liquidado. Pero es siempre un aviso, una claraboya que certifica el rumbo que llevamos. Y si fracasamos, no habremos fracasado sólo nosotros, sino la Creación y lo Creador con nosotros, porque todos, como pequeños creadores que somos, somos partícipes de la misma Creación y del mismo espíritu.

Saludos.

 

 

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