DE ISIS Y OSIRIS, por Plutarco (46-120 d.c.). Los Misterios desvelados

DE  ISIS Y OSIRIS

 

ISIS Y OSIRIS: DEDICADA A CLEA

Mulierum virtutes aparece en el Catálogo de Lamprias con el nº 126 y recoge veintisiete relatos de carácter etiológico moralizante unidos por una conexión temática, la narración de hazañas dignas de elogio realizadas por mujeres en el mito y la historia.

Clea, sacerdotisa de Dioniso en Delfos y amiga de Plutarco, es la destinataria de la obra, ya que la conversación que motiva el tratado tiene lugar durante el entierro de Leóntide, la madre de ésta.

El hallazgo de tres inscripciones délficas que hacen referencia a Flavia Clea y Leóntide, y su posterior identificación con las mujeres mencionadas por el polígrafo, ha servido para datar la obra en los primeros años del siglo II d. C., y por tanto considerarla como una obra de madurez.

La finalidad de Mulierum virtutes es demostrar la igualdad del hombre y la mujer en lo que respecta a virtud.

El escritor de Queronea muestra 27 historias poco conocidas, cargadas de retórica y que narran proezas de mujeres, con el fin de que un receptor culto las compare ya con hazañas de hombres ya con otras hazañas de mujeres, y quede convencido de su tesis.

Los exempla que componen el tratado se estructuran en dos grandes bloques: hazañas realizadas por mujeres “en común”, y hazañas realizadas por mujeres “en singular”.

 

Plutarco

 

De Iside et Osiride, está dedicada a Clea. El autor la presenta como sacerdotisa de Dioniso en Delfos e iniciada en los cultos de Isis y Osiris. Esta figura no parece desconocida, ya que se han encontrados dos inscripciones délficas en las que aparece Flavia Clea; en la primera de ellas dedica la inscripción a su madre, Memia Eurídice. Su datación no está clara, pero se la sitúa a principios del siglo II d.C.

La segunda inscripción está dedicada a Matidia II, tía de Antonino Pío, por lo que se ubica entre el 138 y el 161 d.C. Ante esta situación los estudiosos se plantearon dos cuestiones: ¿se refieren ambas inscripciones a la misma persona?, y ¿podría ésta ser identificada con la Clea de Plutarco?

Jannory y Bowersock responden afirmativamente a ambas preguntas, mientras que Kapetanopoulos postula que cada inscripción presenta a una Flavia Clea distinta, de tal modo que una de ellas, la que podríamos identificar con la que aparece en los escritos de Plutarco, moriría en el 118 d.C., y podría ser la abuela paterna o materna de la Flavia Clea que se sitúa en época de Antonino Pío.

Sea de un modo u otro, lo cierto es que los datos sobre Flavia Clea indican que era una persona culta perteneciente a una familia de Delfos de clase alta. Plutarco debió tener una relación bastante estrecha con su familia, puesto que el Amatorius está dedicado a su abuelo, Tito Flavio Soclaro y los Praecepta coniugalia a sus padres, Lucio Flavio Poliano Aristio y Memia Eurídice. La muerte de la “excelenteLeóntide es la circunstancia que propicia la conversación filosófica entre Plutarco y Clea, que es continuada en nuestro tratado a petición de la propia sacerdotisa.

Sobre la figura de Leóntide el polígrafo apenas ofrece datos, sin embargo ésta ha sido identificada por Kapetanopoulos con la Leóntide que aparece en una inscripción délfica datada en el 85 d.C. Sabemos que Memia Eurídice es el nombre romano de Leóntide, mujer perteneciente a la citada familia aristocrática de Delfos y alumna de Plutarco. En su matrimonio tuvo dos hijos, Flavio Soclaro y Flavia Clea, a la que precedió como sacerdotisa de Delfos.

Decisiva ha sido la identificación de las figuras de Clea y Leóntide para proponer una fecha aproximada de composición, si bien los estudiosos anteriormente habían ofrecido dataciones basándose en referencias observadas en el tratado, tales como la Vida de Daifanto o la historia de Cama (Mulierum virtutes).

Así, Bowersock y Jannory postulan que la obra fue compuesta en los últimos años de vida de Plutarco. Stadter concreta un poco más y apunta a los diez últimos años. Kapetanopoulos, por su parte, utilizando a Leóntide, expone que el 110 d.C. es el año exacto de composición, pues ésta es la datación de la muerte de dicha mujer, momento que parece coincidir con la fecha que da el propio Plutarco al principio de su obra.

Mulierum virtutes es por tanto una obra de madurez, posiblemente una de las últimas de la producción plutarquea, perteneciente a los primeros años del siglo II d.C.

Persuadirnos de que: “una y la misma es la virtud del hombre y de la mujer” es la finalidad de la obra. Frente a la opinión de Tucídides, Plutarco prefiere la de Gorgias quien exhorta a que:

“no la belleza sino la fama de la mujer sea conocida por muchos”.

 

Plutarco intenta convencernos de esta tesis con una demostración llevada a cabo mediante una colección de veintisiete exempla, si bien no debemos olvidar que en el prólogo introduce una breve justificación argumentada mediante preguntas retóricas.

Estos ejemplos siguen el ideal clásico de “instruir deleitando” o docere et delectare:

“el discurso no huye de la gracia que acompaña a la demostración ni se avergüenza de mezclar a las Gracias con las Musas, bellísima pareja”.

 

En efecto, no rehúye de la retórica para adornar ni construir el discurso, aunque siempre ella queda subordinada a la intención moral perseguida por el autor.

 

«MULIERUM VIRTUTES» DE PLUTARCO: ASPECTOS DE ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN DE LA OBRA

Consuelo Ruiz Montero – Ana María Jiménez

Universidad de Murcia

 

Mito de Osiris

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DE ISIS Y OSIRIS

(Secciones I a XI)

Por Plutarco (Plutarco de Queronea)

Gran Sacerdote del Templo de APOLO en Delfos (46 -120 D.C)

DE ISIS Y OSIRIS

 

-I-

¡Oh, Clea! Es del todo preciso que los espíritus sensatos demanden para sí todos los bienes a los dioses y, especialmente, el conocimiento de la naturaleza de éstos, aplicando en ello toda la capacidad que humanamente es posible. Nada hay más grande para el hombre que la obtención de la verdad, pues es lo más noble que un dios puede conceder. El hombre obtiene todo cuanto necesita para satisfacer sus necesidades de dios, no obstante, concediéndoles la sabiduría y la inteligencia, les otorga un bien que le es propio a la divinidad y del que hace constante uso. Ni la plata ni el oro constituyen la felicidad divina; su poder no se basa en el rayo ni en el trueno, sino en la ciencia y en la sabiduría. Lo más hermoso que Homero pronunció sobre los dioses, de entre lo mucho que dijo, fue: tanto uno como el otro tienen en común un mismo origen, mas Zeus nació antes, por cuanto su ciencia es mayor. Este autor nos muestra y nos da a conocer que la noble preeminencia de Zeus proviene exclusivamente de que, siendo él mismo anterior, su sabiduría es también anterior y más venerable. Asimismo, yo también creo que la felicidad de la eterna existencia, que es don de dios, radica en el conocimiento de que nada de cuanto existe puede escapar de su conocimiento. Si fuera privado de abastar todo el conocimiento, su eterna existencia dejaría de ser vida para ser mera duración de tiempo.

 

Edición de las Vidas paralelas de Plutarco de Ulrich Han, 1470.

 

-II-

Por eso, la aspiración al conocimiento de la verdad, es la aspiración a la divinidad, sobre todo cuando la verdad es referida a la verdad divina. Es ésta una aspiración que es, sin duda, implícitamente sacra, puesto que nos guía y dirige inexorablemente hacia la acción santa, más incluso que la sacerdotal o la purificadora, acción que es especialmente grata a ojos de la diosa amante de la sabiduría, a la que tanta estima guardas. Verdaderamente, su propio nombre parece indicarnos que nada hay más afín a ella que el conocimiento y la sabiduría.

Tan griega es la palabra Isis como la palabra Tifón, su enemigo más acérrimo, puesto que en él está el humo de la ignorancia, y su única pretensión radica en estropear y borrar la palabra sagrada. No obstante, es prerrogativa de Isis el reunir dicha palabra en su total integridad, y transmitida a los iniciados en sus ritos. A estos iniciados, mediante un régimen basado en la moderación, en la continencia ante los manjares y los placeres de Afrodita, los acostumbra a sobrellevar la austeridad de sus prácticas santas, cuyo último fin es el conocimiento del Ser primero, aquel que tan sólo es accesible a la inteligencia del Ser que la diosa Isis nos exhorta a indagar, pues se halla en su proximidad. El nombre del templo, además, nos lleva a pensar que encierra el conocimiento y la ciencia de dicho Ser. Su nombre es Iseión, que significa que es la casa en la que obtener la ciencia del Ser si entramos en ella piadosa y atentamente.

 

Osiris

-III-

Son muchas las autoridades, asimismo, que declaran que Isis era hija de Hermes, mientras otras muchas aseguran que era hija de Prometeo. Los unos se sustentan diciendo que Prometeo fue el creador de la sabiduría y de la previsión, mientras los otros atestiguan que Hermes descubrió la escritura y la música. Por lo dicho, en Heliópolis, dan el nombre de Isis a la primera de las musas, a la par que Justicia, puesto que tiene en sí el conocimiento, y lo otorga a aquellos que merecen ser llamados Higróforos y Hieróstulos. Los primeros eran los que, teniendo el conocimiento de las doctrinas sagradas que referían a los dioses, las guardaban impolutas y fuera del alcance de las supersticiones y la curiosidad; así pues, las portaban como una arqueta en sus almas.

Los segundos, los Hieróstulos, a fin de dar a entender que la doctrina era a veces clara y brillante, y otras veces oscura y envuelta en sombras, revestían a las estatuas de ropajes que mostraban esta doble cara. Revisten también los cuerpos de los sacerdotes de Isis fallecidos, con ropas parecidas a aquéllas, con lo que dan a entender que nada llevan consigo en el camino hacia el otro mundo más que la palabra santa. Pues has de saber, Clea, que ni poseer una gran barba, ni cubrir el cuerpo con un manto viejo hace al filósofo, ni tampoco el vestir con lino o afeitarse la cabeza convierte a nadie en sacerdote de Isis. El verdadero Isíaco es aquel que, después de haber recibido por tradición legítima todo aquello que se enseña y se practica en relación a estas divinidades, examina y medita profundamente a través de la razón y de la filosofía toda la verdad que en ello hay.

 

 

-IV-

Es más, muchos son los hombres que ignoran el motivo por el que los sacerdotes de Isis se rasuran la cabeza y portan ropas de lino, que en verdad son las prácticas más corrientes. Los hay que simplemente no se cuestionan los motivos, y los hay que opinan que es por el respeto que les tienen a las ovejas, por cuanto no comen de su carne ni se visten con su lana. A esto añaden que se afeitan la cabeza en muestra de luto y que la razón por la que visten de lino, es por el color de la flor que crece en dicha planta, que es azul como el cielo que nos envuelve.

Pero ahora diré el motivo, que es uno y único. Como dice Platón, no está permitido que lo puro roce lo impuro. El desperdicio sobrante de los alimentos es lo que hace crecer las lanas, los cabellos y las uñas, por tanto, sería una absurdidad que los sacerdotes de Isis, después de purificar su cuerpo, rasurando su cabeza para alcanzar una mayor purificación, se cubriesen después con la lana de la oveja. Dice Hesíodo:

“Durante el tiempo de las comidas de los dioses, no cortarás con hierro brillante lo seco de lo verde del árbol de cinco ramas”

 

Vemos aquí una advertencia que nos insta a guardar la máxima pureza durante la celebración de las fiestas, y no servirnos del tiempo de tales fiestas para purificarnos y deshacernos de las manchas producidas por las secreciones superfluas. Por lo que al lino se refiere, es una planta que crece en tierra inmortal, produciendo un fruto que es perfectamente comestible, y unas vestiduras sencillas y pulcras, que se pueden utilizar en cualquier época del año, y que, según se dice, jamás cría gusano alguno, mas éste es tema para otro tratado, que no éste.

 

Sacrificios Humanos en el antiguo Egipto

 

-V-

Tal es la aversión que los sacerdotes de Isis sienten por cuanto es secretado, que incluso se abstienen de muchas de las legumbres, de carne de cordero y de cerdo, porque provocan muchas secreciones, y lo que es más, durante el tiempo de las fiestas se prohíbe el consumo de sal. Dicen, entre sus motivos para no permitir el empleo de sal en los alimentos, que, dado que la sal estimula el apetito, provoca un exceso en comidas y bebidas.

La razón que dio Aristágoras para dicho tema de la sal, fue que, al cristalizar, encierra en su interior una gran cantidad de animalillos pequeñísimos, matándolos a todos. No obstante, esta última argumentación debe tenerse por una mera tontería. También se dice que apartan del Nilo al buey Apis para darle de beber en un pozo aparte. Esto no se hace porque crean, como algunos hacen, que dicho cocodrilo causa impureza en las aguas, puesto que ningún animal es tan venerado como éste entre los egipcios, sino porque opinan que el agua engorda y produce gran obesidad, la cual cosa no la desean ni para el buey Apis ni para ellos mismos.

En su decir, lo más deseable es la ligereza y gracilidad, puesto que no desean que la parte divina que en ellos hay se vea superada y ahogada por la parte perecedera.

 

Números – Egipto

 

-VI-

Los sacerdotes que sirven en el templo de Heliópolis no llevan jamás vino al templo, pues sería una verdadera inconveniencia el beberlo durante el día, es decir, mientras su señor y rey está observando. Los demás sacerdotes pueden beberlo, pero en cantidades menudas. Durante los tiempos de las purificaciones, que se dan en gran número y es cuando se dedican al estudio, a aprender y a enseñar las doctrinas de los dioses, está prohibido terminantemente el empleo del vino.

Tal y como relata Hecateo, los propios reyes bebían una cantidad de vino limitada por las santas escrituras, pues tenían la consideración de sacerdotes a todos los efectos. Comenzaron a beberlo a partir de Psammético, y no antes, pues, lejos de considerarlo como algo del gusto de los dioses, entendían que era la sangre de los que en tiempos lejanos tomaron las armas contra los propios dioses, y que la vid era producto de la mezcla de sus fracasados cadáveres con la tierra. Por tanto, y según este discurso, tenían la opinión de que si la ingesta de vino los embriagaba, se debía a que entraba en ellos la sangre de sus antepasados. En decir de Eudoxo en su obra intitulada Itinerario, todo cuanto he dicho lo relataron los propios sacerdotes.

 

 

-VII-

Los distintos habitantes de Egipto tienen vedadas unas clases u otras de peces. Así, aquellos que habitan en Oxirrinco, jamás comen peces que hayan sido pescados con anzuelo, pues tienen una gran veneración por el pez llamado oxirrinco, y 6 temen que por casualidad un anzuelo enganchara a uno de estos por error, perdiendo así la pureza.

Los habitantes de la tierra de Siena no se alimentan nunca con el pez llamado pagro. Al parecer, la aparición de este pez siempre precede a la subida del Nilo, por cuanto avisa a los pueblos de la inminente buena nueva. Esta cualidad le convierte en mensajero, por lo que es intocable. Los sacerdotes no ingieren ningún pez, sino que renuncian a todos ellos, de forma que, llegado el día nono del mes primero, todos los egipcios se sientan a las puertas de sus casas a comer pez asado, según manda la tradición, mas no así los sacerdotes, que se privan, y quedan viendo cómo sus peces se consumen y queman al fuego ante sus casas. Los sacerdotes tienen dos buenas razones para comportarse de esta forma, la primera por cuestiones sagradas entre Isis y Tifón, cuestión que más adelante relataremos ampliamente. La segunda razón es de una obviedad palpable: el pescado no es ni imprescindible ni insubstituible.

El poeta Homero, una vez más, nos da muestra de lo dicho afirmando que tanto los afeminados feacios, como los habitantes de Itaca, pueblo de isla, se abstenían del pescado; incluso relata cómo los hombres de Ulises, salvo en las situaciones de hambruna más desesperantes, nunca comían pescado mientras viajaban por alta mar. En definitiva, según el parecer de los egipcios, el mar era una secreción ígnea, y que nada tiene que ver con el resto de la tierra, sino que es una especie de residuo superfluo, impuro y pernicioso.

 

 

-VIII-

Pese y la opinión de algunos, no hay en este pueblo ningún principio que no se halle basado en la razón por lo que a sus ceremonias se refiere; no hay fábulas ni supersticiones banales, todo tiene su fundamento y razón. Unas cosas se basan en motivos morales o de utilidad, mientras otras se basan en una ingeniosa memoria histórica o natural. Pongamos a modo de ejemplo la repulsión que sienten por la cebolla. Según narra su tradición, Dictys, hijo de leche de Isis, cayó al río muriendo en él por motivo de querer coger una cebolla, cosa que parece verdaderamente inconcebible. Pero lo que sí es cierto es que la repulsión que sienten los sacerdotes por este bulbo, se basa en que es el único que crece y se desarrolla durante el curso lunar. Asimismo, es del todo inconveniente para quienes hacen abstinencia y para quienes celebran las fiestas, en el primer caso porque su ingestión provoca sed, y en el segundo, porque hace llorar, que es del todo impropio.

También siente este pueblo una gran aversión por el cerdo, por los siguientes motivos: el primero es que se aparean durante el transcurso del cuarto menguante de la luna y, el segundo, porque la ingestión de su leche provoca lepra y otras muchas enfermedades cutáneas. Una sola vez al año come este pueblo carne de cerdo, y es durante la luna llena, con la explicación de que Tifón, persiguiendo uno de estos animales durante una luna llena, dio con un arcón de madera en el que se hallaba encerrado el cuerpo de Osiris. No obstante, hay muchos que creen que ésta es una tradición mal interpretada por la falsedad, como otras muchas.

También se cuenta que los antiguos egipcios estaban privados de toda comodidad, fasto y vida deleitosa, de tal forma que en el templo a Isis erigido en la ciudad de Tebas, había una columna repleta de imprecaciones contra el rey Minas. Según se dice, éste fue el primer rey que hizo abandonar a los egipcios un modo de vida austero, sin riquezas ni pompas.

Asimismo, según se cuenta, Tenactis, padre de Bocoris, estando en campaña contra los árabes, quedó avanzado a su bagaje, donde portaba su alimento. De esta forma, tomó de lo que halló y así comió mucho y a gusto. Entonces, quedó sumido en un profundo sueño sobre un montón de hojas. En aquel momento cambió su modo de vida, tomando la vida frugal como mejor, y a partir de entonces pronunció algunos improperios contra Minos, que mandó se grabasen en dicha columna.

 

Minos

 

-IX-

Este pueblo escogía a sus reyes entre la clase guerrera o entre la clase sacerdotal. La primera gozaba de gran estima por su valor, mientras la segunda era querida por su saber sapiencial. No obstante, cuando un rey era escogido de entre la clase guerrera, pasaba a entrar en la sacerdotal, donde era iniciado en la filosofía y los misterios velados, pues estos misterios están ocultos entre oscuros pasajes mitológicos y extrañas fórmulas que ocultan la verdad.

Indudablemente, no pretendían otra cosa cuando erigían esfinges en las entradas de sus templos, sino dar a entender que la verdad de la doctrina sacra y la filosofía se hallaba oculta entre enigmas. Véase así el templo alzado en Sais a Atenea, que, según algunos, es la misma Isis, en cuyo frontón podía leerse: Yo soy cuanto ha sido, es, y será; y ningún mortal jamás ha podido alzar mi peplo.

También hay muchos que creen que Amón (que nosotros los griegos pronunciamos Ammón), es el mismo Zeus en lengua egipcia. En decir de Manetón el Sebenita, dicho vocablo significaría cosa oculta o acción de ocultar algo.

Según Hecateo de Abdera, los egipcios hacían uso de este vocablo con la función de llamar a alguien, es decir, interpelativa. Así, por tanto, al dirigirse al Dios primero, que según su decir está en el Universo, siendo oculto e invisible, le instan, llamándolo Amón, a aparecer ante ellos, a manifestarse. Podéis ver con esto, cuán juiciosos eran en lo referente a las cosas divinas.

 

Minos-Zeus

 

-X-

Eminencias griegas de la talla de Solón, Tales, Platón, Eudoxo, Pitágoras y, según dicen, Licurgo, también dieron testimonio de esto. Todos ellos estuvieron en Egipto, gozando de una buena relación con los sacerdotes. Se dice que Eudoxo asistió a las lecciones que impartía Conufis de Menfis; que Solón escuchó las del saíta Sonchis; Pitágoras las de Enufis de Heliópolis. Según parece, tan admirado quedó este último, que adoptó para su propia filosofía el lenguaje simbólico y sus enseñanzas enigmáticas.

Verdaderamente se hallan grandes similitudes entre los jeroglíficos egipcios y la doctrina pitagórica, como por ejemplo: No comer sobre un carro. No sentarse encima de una fanega. No plantar palmeras. No avivar el fuego en casa mediante una espada. Creo firmemente que, cuando los pitagóricos denominan a Apolo como la mónada, a Artémis la díada, a Atenea la septenaria, y a Poseidón el primer cubo, dieron en imitar cuanto hay construido sobre las sacras edificaciones egipcias y, ¡por Zeus!, cuanto en ellas se practica.

Hacen la representación de Osiris mediante un ojo y un cetro, aunque no falta quien afirma que dicho nombre significa aquel que posee muchos ojos, pues en el idioma egipcio, os, significa muchos, e iri significa ojo.

También hacen representación del cielo, que nunca envejece debido a su eternidad, como un corazón bajo el cual se halla un brasero, cuyo calor mantiene el ardor de dicho corazón. Se hallaban en la ciudad de Tebas unas estatuas que representaban a unos jueces sin manos y a su superior sin ojos, con lo que se quería dar a entender que la justicia no puede aceptar presentes ni ser obnubilada.

Los soldados portaban la efigie de un escarabajo en sus anillos, de modo que recordaba que no existe el escarabajo hembra, sólo macho. Estos animales se reproducen dejando su virtud seminal en una materia a la que dan forma de esfera, cuya función era más la de crear descendencia que la de alimentarse.

 

Isis y Osiris

 

-XI-

Tomando cuanto se ha dicho más arriba a modo de ejemplo, cada vez que escuches la mitología egipcia y cuanto a sus dioses se refiere, como sus vagabundeos errantes, sus desmembramientos, y sus muchas penalidades, deberás recordar que no significa que las cosas hubieran pasado de la forma dicha. Así, cuando denominan a Hermes el perro, no lo entienden en un sentido literal, sino que se tiene en cuenta de este animal el sentido de la vigilancia, su guardia, la sagacidad que posee para distinguir a amigos de enemigos, reconociendo a unos y desconociendo a los otros, tal y como dice Platón, y así lo relacionan con el más sagaz de los dioses.

Tampoco tienen la creencia de que el Sol, como si de un recién nacido se tratase, surgiera de la flor de loto, sino que es la forma de representar la salida de dicho astro, indicando que su acción proviene de la humedad. Asimismo, a Ocho, el más temible de los reyes persas por su crueldad, que después de matar infinidad de hombres, dio muerte al buey Apis y se comió su cuerpo en compañía de sus amigos, fue llamado Espada, y aún hoy se le nombra con tal apelativo en las listas de los reyes. Con este apelativo no quisieron manifestar la esencia propia de su ser, sino que quisieron comparar su inhumanidad y crueldad con dicha arma.

Por tanto, si tomas y aceptas lo que se dice de los dioses proveniente de la interpretación que de ellos hacen quienes saben ver lo reverente y lo filosófico, si das cumplimiento a las ordenanzas sacerdotales cumpliendo todos los ritos, y con la creencia cierta de que nada podría ser de más agrado a los dioses que cumplir sus ritos desde el conocimiento verdadero, podrás evitar un mal que es incluso peor que el ateísmo: la superstición.

 

PLUTARCO: DE ISIS Y OSIRIS

SECCIONES I a LXXX