DE LA CRÍTICA DEL MARXISMO A LA PASTORAL. «Los orígenes teológico-políticos del Biopoder. Pastoral y genealogía del Estado», por Arnault Skornic (2015) PARTE 3 (final)

DE LA CRÍTICA DEL MARXISMO A LA PASTORAL

BIOPODER. «Los orígenes teológico-políticos del Biopoder. Pastoral y genealogía del Estado», por Arnault Skornic (2015) PARTE 1

BIOPOLÍTICA. «Los orígenes teológico-políticos del Biopoder. Pastoral y genealogía del Estado», por Arnault Skornic (2015) PARTE 2

 

«La Pastoral, hoy, consiste en un tipo con un cencerro asustando a las ovejas»

Ch.

 

Los orígenes teológico-políticos del Biopoder. Pastoral y genealogía del Estado

The Theological-Political Origins of the Bio-power. Pastoral and Genealogy of the State

En el transcurso de los años 1970, Michel Foucault llevó a cabo una genealogía amplia del Estado moderno, en la cual la dimensión religiosa ocupa un papel de primer orden.

Así, el concepto de biopolítica viene a unirse al de disciplina para comprender la estatalización de las relaciones de poder desde el Renacimiento: una atiende a la gestión global de las poblaciones y su vitalidad, la otra al control de los cuerpos individuales.

La dificultad de articular estas dos tecnologías políticas sostiene esta antinomia de la «razón política moderna», entre totalidad y singularidad (omnes et singulatim).

La idea de poder pastoral, elaborada en 1978, permite aclarar el origen de esta dualidad del poder político.

En primer lugar atenderemos a la originalidad metodológica de Foucault en el seno del debate teológico-político, para analizar después el concepto de poder pastoral a partir de las fuentes históricas y filosóficas, que le conducirán a reevaluar la importancia del cristianismo en la Antigüedad tardía en el advenimiento de la gubernamentalidad moderna.

Finalmente, el artículo destacará el horizonte político de su investigación, a saber, la crítica al marxismo y a la gubernamentalidad de partido.

PARTE 3 (final)

Por Arnault Skornicki, 20 de julio de 2015

Universidad Paris Ouest Nanterre (Francia)

Traducción de Salvador Cayuela Sánchez

Biopolítica

 

DE LA CRÍTICA DEL MARXISMO A LA PASTORAL

DE LA CRÍTICA DEL MARXISMO A LA PASTORAL

 

Si bien la investigación de Foucault sobre la gubernamentalidad moderna encuentra en el camino el liberalismo, y también el neoliberalismo (Foucault 2004b), su verdadero horizonte es otro. Ese horizonte no toma plenamente sentido que en relación a un proyecto más global, al tiempo científico y político.

Nuestra tesis es la siguiente:

el recurso a la historia del cristianismo antiguo responde a una estrategia de distinción y de combate en relación al marxismo en aquel momento hegemónico en el campo intelectual francés.

 

 

 

Para él se trata, en primer lugar, de desmarcarse del análisis del poder en términos económicos de modo de producción.

Tenemos aquí una homología con la sociología weberiana de las religiones:

Weber buscaba en la historia de las religiones uno de los orígenes del capitalismo: Foucault una de las condiciones del Estado moderno; en los dos casos, cada uno se desmarcaba del marxismo.

 

 

Esta andadura alternativa permitía a Foucault al mismo tiempo rendir cuentas de la modernidad política mejor que el marxismo había hecho, y de rendir cuentas del propio marxismo, como elemento y producto de la propia Modernidad.

El marxismo es aquí menos analizado como teoría que como dispositivo de saber/poder singular, a saber la gubernamentalidad de partido.

Proponiendo una historia no marxista del Estado, Foucault pensaba abrir la posibilidad de una genealogía de la gubernamentalidad soviética.

Esta empresa puede ser puesta en paralelo con aquella de Alain Besançon, cuya Los orígenes intelectuales del leninismo (1977) enraizaba el leninismo con la tradición gnóstica rusa.

Foucault conocía el trabajo de Besançon: se apoya sobre El Tsarévitch inmolado para demarcar el cristianismo occidental de su forma rusa, que mezcla de un modo completamente distinto lo espiritual y lo temporal en la figura zarista de la soberanía (Foucault, 2004: 159) (3).

 

 

La desmonetización del marxismo estaba ya impresa a mediados de los años 1970: Foucault estuvo muy impresionado por la lectura de El archipiélago gulag de Soljenitsyne, aparecido en Francia en 1974 (Foucault 2004a: 204), llegando incluso a titular «El archipiélago carcelario» uno de los capítulos de Vigilar y castigar.

Volverá a ello un poco después, suprimiendo este título en las reediciones siguientes de la obra, llegando incluso a afirmar que se trata de una gran revelación de la verdadera naturaleza del régimen soviético (Eribon 2011: 423-424).

J. L. Moreno Pestaña ha mostrado al tiempo la sensibilidad de Foucault a las oscilaciones del campo político, y su constante anti-marxista (Moreno Pestaña 2011a y 2011b). Su expresión ha sido liberada con la inversión de la coyuntura intelectual que constituye el reflujo del marxismo hacia 1978-1979, pasando del gaullismo a la Segunda Izquierda.

 

 

Remarcaremos una neta evolución del filósofo en el espacio de seis o siete años: el inicio del decenio estuvo marcado por diversas declaraciones fuertemente tintadas de marxismo, de referencias a la lucha de clases, o incluso por el curso La sociedad punitiva, diálogo muy cómplice con Marx y un cierto marxismo (Althusser, Thompson).

Algunos años más tarde, Foucault se aproximará claramente al Nouvel Observateur y al sindicato SFDT: sin prestar lealtad a la Segunda Izquierda, se estacionó claramente en posiciones de hostilidad en el encuentro de la alianza entre el Partido Socialista y el Partido Comunista, al sovietismo, y a los grandes motivos ideológicos del marxismo, como indica la desaparición del tema de la lucha de clases en su obra.

Foucault, sin embargo, negocia la sublimación de su anticomunismo en una perspectiva de análisis del marxismo como cuestión de poder/saber

Seguiremos por tanto a Philippe Chevallier y a J. L. Moreno Pestaña en este punto:

su genealogía de la pastoral lo es también del comunismo, es decir de la gubernamentalidad del partido único.

 

DE LA CRÍTICA DEL MARXISMO A LA PASTORAL

 

El partido, en efecto, se ocupa de los militantes tanto en su globalidad como en su singularidad, en virtud de un modo de producción de una subjetividad comunista centrada (idealmente) sobre la devoción, la obediencia y la confesión.

 

El partido, en efecto, se ocupa de los militantes tanto en su globalidad como en su singularidad, en virtud de un modo de producción de una subjetividad comunista centrada (idealmente) sobre la devoción, la obediencia y la confesión.

Foucault señala que, incluso tratándose de una

«metáfora usada, la organización del PC hace pensar invariablemente a un orden monástico» (Foucault, 1978c: 613).

 

Los Masones en el monasterio medieval

 

Desde luego, Foucault está lejos de ser un especialista de la URSS y del comunismo en general, y las observaciones que aquí consagra, aunque significativas, permanecen incidentes y superficiales comparadas con sus largos análisis de la policía y el liberalismo.

El régimen soviético, para hablar solo de él, no se reduce enteramente al control social y al terror, y menos si no aparece fijado en el tiempo (es suficiente preguntarse por la zanja que separa el periodo estalinista de los periodos siguientes en la historia soviética).

Sin embargo un buen número de estudios sociológicos de la militancia comunista, empapados en la doble influencia de Bourdieu y Foucault, confirman su común intuición respecto a la voluntad de empresa eclesiástica de la institución y sus miembros.

Esto pasa principalmente por la habilidad de su promoción en el seno de una jerarquía implacable, pero también por el uso, convertido en general en el movimiento comunista internacional, de los cuestionarios biográficos, de la autocrítica y de la confesión (Pudal & Pennetier 2002: cap. 1).

 

 

Esta voluntad de saber hasta la singularidad de cada uno de los militantes, reenvía a una dimensión más general de la construcción de los Estados burocráticos modernos, dimensión en la cual el concepto de pastoral ha rodeado pertinentemente la naturaleza:

tanto la historia del Estado como la de la identificación de los individuos.

 

En el mismo periodo, en efecto, Pierre Bourdieu consagró un profundo estudio al campo religioso (Bourdieu 1971), pero esbozó igualmente un análisis del Partido Comunista como forma de institución total.

Esta noción, prestada del sociólogo Erving Goffman, fue inicialmente forjada para analizar la institución asilar, que tiende a ejercer un control sobre todas las dimensiones de la existencia de los individuos que encuadra (el paciente o el «loco» estaban igualmente desprovistos del control de sus vidas).

 

La «Institución Total» tiende a ejercer un control sobre todas las dimensiones de la existencia de los individuos que encuadra.

 

 

En este punto, la noción de «Institución Total« parece igualmente adaptada para describir el funcionamiento de una Iglesia, como también de un partido como el Partido Comunista francés,

«hija añeja de la Iglesia (comunista)», con sus «oblatas cuya existencia social pasa enteramente por el aparato y, de este modo, aparecen completamente dedicadas al partido», como explicaba Bourdieu (Bourdieu 2002: 169) y, en la línea derecha de sus perspectivas, Jeannine Verdès-Leroux (Verdės-Leroux 1981: 33-63).

 

Bourdieu y Foucault

 

Bourdieu, como Foucault, pertenecen a una generación de intelectuales que vivieron en la posguerra el apogeo del PCF.

Su potente polarización de la vida política e intelectual les marcó permanentemente tanto al uno como al otro:

Foucault, que fue brevemente miembro aunque fuera educado en la ENS;

Bourdieu, por su parte, no se adherira jamás aunque tratará la cuestión sociológicamente, observando una gran distancia en relación al Partido y a sus intelectuales (los althusserianos incluidos), mostrando también una extrema prudencia en relación a la espontaneidad izquierdista de los años 60-70 (Pudal 2005).

 

 

«Disidencia», término del que dice  «preferiría hacerme arrancar la lengua que emplearlo» (Foucault 2004a: 204),

 

La homología de sus relaciones respecto a la política durante este periodo (final de los años 1970 y principios de 1980) aparece con todo reseñable:

hostilidad en relación al PCF y al sovietismo, acercamiento con el CFDT y la tendencia rocardiana del PS, compromisos comunes sobre el caso Klaus Croissant y sobre Polonia.

 

Comprendemos mejor, desde entonces, la atención que Foucault presta a la «disidencia», término del que dice por omisión que «(…) preferiría hacerme arrancar la lengua que emplearla» (Foucault 2004a: 204), y que utiliza inmediatamente en un amplio desarrollo sobre las contestaciones del poder pastoral dominante que puntuaban la historia político-religiosa europea desde la Edad Media

los Cátaros, Jean Hus, Wyclif, la Revolución inglesa, y bien entendido Lutero.

 

 

Su prudencia no le permite ni tender un trazo de unión entre todos estos movimientos ni heroizar a sus actores sobre el noble vocablo de «disidentes»:

propone finalmente el término más genérico de «contra-conducta».

 

Sin embargo, la gubernamentalidad soviética le parece igualmente proceder de la pastoralización del poder:

el partido único conduce a los individuos en su cotidianidad por un «juego de obediencia generalizada».

 

 

Foucault toma prestado de Norman Cohn (4) la expresión de «disidentes» de las revueltas religiosas de la Edad Media: pero es Foucault que los acerca a los disidentes del bloque comunista (Chevallier 2011: 72-78). 

Las conductas religiosas místicas de estos outsiders se revelan incompatibles con la institución eclesiástica, como los disidentes con el Partido Comunista.

 

Las conductas religiosas místicas de estos outsiders se revelan incompatibles con la institución eclesiástica, como los disidentes con el Partido Comunista.

 

Santo Domingo y los Albigenses

 

Por otra parte, al margen de la cuestión comunista, Foucault tenía en la cabeza el conjunto de «totalitarismos del siglo XX-nazismo, estalinismo y fascismo, todos reunidos» (pero no plegados los unos sobre los otros) bajo el denominador común de gubernamentalidad de partido.

 

Al margen de la cuestión comunista, Foucault tenía en la cabeza el conjunto de «totalitarismos del siglo XX-nazismo, estalinismo y fascismo, todos reunidos» bajo el denominador común de gubernamentalidad de partido.

 

Los totalitarismos no marcan por tanto la triunfal supremacía del Leviatán, sino su capitulación ante el modo partidista de organización, compuesto de «juego de obediencia generalizada» y de producción de devoción militante.

 

Los totalitarismos no marcan por tanto la triunfal supremacía del Leviatán, sino su capitulación ante el modo partidista de organización, compuesto de «juego de obediencia generalizada» y de producción de devoción militante.

 

 

En este sentido, Foucault, que había abierto su Genealogía de los totalitarismos sobre el terreno del nacionalismo y del racismo en Hay que defender la sociedad, prosigue su investigación hacia nuevas direcciones:

no ya la guerra civil y la lucha de razas, sino la conducta pastoral de los otros.

El concepto de biopolítica, reforzado en el concepto ambiguo de poder pastoral, hace así ver lo que puede ser: no un concepto borroso, pegadizo y usado hasta el extremo, sino un potente recurso para las ciencias sociales.

 

 

El concepto de Biopolítica, reforzado en el concepto  ambiguo de poder pastoral, hace así ver lo que puede ser: no un concepto borroso, pegadizo y usado hasta el extremo, sino un potente recurso para las ciencias sociales.

De una parte, la huella Pastoral del Biopoder permite comprender que el Estado no está construido contra los individuos, sino en la articulación estratégica entre las técnicas individualización y los procedimientos totalizadores:

el concepto de Biopolítica abre así sobre una historia de la producción política de subjetivaciones.

 

 

De otra parte, la polisemia del concepto traduce menos la confusión de Foucault que la pluralidad de recorridos de estatalización que el estudia: bien soberanía frágil a hombros de los dispositivos policiales, bien burocracia liberal y Estado de Derecho bienhechor, bien partido-Estado con tono totalitario, la política moderna se acompaña de una extraña variedad de pastorales: en otros términos, de estrategias para solicitar el asentimiento de todos y de cada uno no por la conquista, sino por nuestra salvación.

 

Foucault estudia la pluralidad de recorridos de estatalización: bien soberanía frágil a hombros de los dispositivos policiales, bien burocracia liberal y Estado de Derecho bienhechor, bien partido-Estado con tono totalitario, la política moderna se acompaña de una extraña variedad de pastorales.

En otros términos, de estrategias para solicitar el asentimiento de todos y de cada uno no por la conquista, sino por nuestra salvación.

 

 

El autor

Arnault Skornicki es Maître de conférences en ciencias políticas en la Universidad de Paris Ouest Nanterre, investigador del ISP (Instituto de Ciencias Sociales de la Política). Ha publicado principalmente: L’économiste, la cour et la patrie. L’économie politique dans la France des Lumières (CNRS Éditions, 2011); y, con Jérôme Tournadre, La nouvelle Histoire des idées politiques (La Découverte, 2015). Actualmente se encuentra concluyendo una obra sobre Foucault y la teoría del Estado. 

 

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Notas

(3) Se trata del Tsarévitch immolé. La symbolique de la loi dans la culture russe. Paris. Plon, 1967.

(4) The Pursuit on Millinium. Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages.

 

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