Costa-Gavras rueda Sección especial, esta vez sí con guion de Jorge Semprún, con un elenco de grandes actores franceses de la talla de Jacques Perrin o Michael Lonsdale y con un cameo, claro, de Yves Montand.
La acción se desarrolla en la Francia ocupada por los nazis y narra un hecho real: un oficial germano es asesinado y los alemanes exigen la detención y ejecución de seis personas de la resistencia, de lo contrario ellos asesinarán a muchos más civiles en represalia.
Para darle un aspecto legal al hecho, el vergonzoso gobierno de Vichy se saca una ley de la manga donde se nombra a la Sección Especial del título, un conjunto de jueces del Tribunal Supremo capaces de resolver en tiempo récord la detención, procesamiento y ejecución de media docena de supuestos activistas -todos inocentes- con tal de satisfacer las exigencias de los teutones.
Costa-Gavras
Desarrollado de nuevo como un docudrama, el filme se divide en capítulos, cada uno de ellos de un día de duración. Costa-Gavras vuelve a utilizar el contraste entre las falsas acusaciones y la realidad mostrada a través de flashbacks, acaso lo mejor del largometraje: los supuestos delitos conspiratorios de cada acusado son nimiedades (incluso algunas expuestas con cierto humor para ver lo absurdo de la acusación), que no hubieran tenido ni siquiera pena de cárcel en cualquier otro contexto. De ahí la sorpresa de los reos al ver cómo el fiscal les pide para cada uno de ellos la pena de muerte.
Costa-Gavras, Jorge Semprún e Yves Montand
También son notables las secuencias del debate entre los jueces cuando intentan buscar, sin éxito, el delito para cada uno de los acusados; o la escena en la ópera donde el abogado defensor (Jacques Perrin) pasa por cada uno de los responsables del gobierno para pedir el indulto. Desde el mariscal Pétain (al que nunca se le ve el rostro) hasta el ministro del Interior, el vicepresidente, y de vuelta al principio, se van pasando la pelota unos a otros sin que ninguno se atreva a responder al letrado, conscientes de la indecente actuación de todos ellos.
En Sección Especial, el director griego sigue denunciando las ilegalidades cometidas por los gobiernos autoritarios (ya sea el uruguayo o el francés de Vichy) en contra de los derechos humanos. En este segundo caso, el realizador prefiere centrarse más en el gobierno francés que en el alemán; en los que no son nazis, pero se comportan como ellos, o peor.
Las peculiaridades de la Transición, pilotada por los sectores aperturistas del franquismo y pactada con la izquierda reformista, permitió que los magistrados y fiscales del TOP encontraran acomodo sin problemas en las nuevas instancias democráticas.
No sólo no sufrieron ninguna represalia del nuevo poder democrático, sino que la gran mayoría fue ascendido y acabó en el Tribunal Supremo o en la Audiencia Nacional.
El TOP se crea a finales de 1963 (el 2 de diciembre). La Ley de represión contra la Masonería y el Comunismo, de 1-II-1940; la Leyde 2-II-1943, el Decreto Leyde 18-IV-1947 y el Decreto de 21-IX-1960 atribuían a la jurisdicción militar la práctica totalidad de los delitos políticos bajo la genérica calificación de «Masonería«, «Comunismo«, «Bandidaje«, «Terrorismo«, «Sedición» (laboral), etc.
La creación del TOP supone la posibilidad de recurrir ante el TS, lo cual no quiere decir que sea un tribunal «ordinario«, pese a habérsele encuadrado en la jurisdicción ordinaria, pues una rápida visión a la ley que le da vida nos muestra su especial dependencia gubernativa en el nombramiento y cese de sus miembros y su especifica función de represión de los denominados delitos políticos, si bien aquella ley los clasifica, con gran catastrofismo, como de «tendencia en mayor o en menor gravedad a subvertir los principios básicos del Estado, perturbar el orden público o sembrar la zozobra en la conciencia nacional«.
(…)
Pero no solo es la fecha de creación del TOP la que guía la elección de ese periodo. Existen otros datos legislativos que contribuyen a tal decisión: La Ley de Orden Publico (LOP) es de julio de 1959, por lo que es alrededor del año 62-63 cuando llegan al TS los primeros recursos. La modificación importante del Código Penal (CP) se realiza en 1963. En el año 1964 se promulga la Ley de Asociaciones. En 1966 se dicta la Ley de Prensa (LP) y en 1967 la Ley Orgánica del Estado (LOE) y la de libertad religiosa. En 1969 entra en vigor, de nuevo, el Decreto-ley deBandidaje y Terrorismo. En 1971 y 1973 modificaciones parciales del CP., etc., etc.
EL Conde Ciano, yerno de Mussolini, con Francisco Franco.
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Por una cuestión biológica ya no están en las instituciones actuales. Pero como mínimo 10 de los 16 jueces que tuvieron plaza titular en el TOP el 63% del total fueron en democracia magistrados del Supremo o de la Audiencia Nacional. Y todos mantuvieron la Cruz de San Raimundo de Peñafort, la medalla al mérito jurídico instituida en 1944 en el periodo más duro y filonazi del régimen, que también sobrevivió a la democracia. Destacados miembros del tribunal tuvieron conexión con el PP.
El éxito profesional de los ex fiscales del TOP durante la democracia fue muy parecido al de los magistrados. Y los pocos ex que optaron por un camino distinto también tuvieron una carrera exitosa, como Diego Córdoba, que pasó de juez de Instrucción del TOP a abogado de El País, donde recalaron varios periodistas condenados por el infausto tribunal.
La evolución de los miembros del primer TOP, el que arrancó en 1964 con el juicio de Buendía, es ilustrativo: los esfuerzos por hacer cumplir la ley franquista de su presidente, Enrique Amat, fueron recompensados con el ascenso al Supremo ya por el franquismo, en 1971. Los otros dos magistrados de aquel momento también fueron promocionados: José F. Mateu, asesinado por ETA en 1979, estuvo el TOP durante toda su existencia diez años como presidente y saltó al Supremo en 1977. Y Antonio Torres-Dulce se jubiló en 1986 como presidente de la Audiencia de Madrid.
Por su parte, el juez de instrucción, José Garralda, llegó al Supremo en 1980, en sustitución de Amat, que se jubilaba. Y también al Supremo llegaron los dos fiscales del TOP de 1964: Antonio González y Félix Hernández.
De hecho, los tres presidentes que tuvo el TOP acabaron en el Supremo. A los ya citados Amat y Mateu, hay que añadir José de Hijas, que se jubiló en 1986 como presidente de la Sala Segunda del TS.
Algunos de estos magistrados fueron muy cercanos a dirigentes que luego militarían en el PP, como Manuel Fraga y Margarita Mariscal de Gante. Fraga dedicó a Amat ‘cálidos elogios’ cuando fue nombrado, según el Abc del día siguiente. Y ya en democracia, cuando el ex TOP Luis Poyatos se vio envuelto en una polémica por haber contribuido, en tanto que fiscal de la Audiencia, a poner en libertad a un mafioso que acabó huyendo, Fraga salió raudo en defensa de ‘la justicia’.
Una década después, Mariscal de Gante, ministra de José María Aznar, intentó aupar a Poyatos como fiscal jefe de la Audiencia. No lo logró. Pero quedó claro que Mariscal compartía la devoción de su padre, el juez Jaime Mariscal de Gante, por Poyatos, con quien había coincidido en el TOP. Como su amigo, Jaime Mariscal de Gante también vio recompensada su labor en el TOP con una plaza en la Audiencia Nacional (Pere Rusiñol, Público, 2010).
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SECCIÓN ESPECIAL (película de Costa Gavras)
Basado en un hecho real, este film narra un juicio realizado contra todas las normas del derecho en la Francia de Pétain para satisfacer a los ocupantes nazis. El apasionante problema jurídico que plantea se ve desbordado por las pretensiones de desarrollar un discurso político más amplio y ambicioso, que se queda a medio camino. Esta limitación no impide que se trate de una obra de gran solidez.
Agosto de 1941. El gobierno de Vichy ha creado una Sección Especial que tiene como objetivo ejecutar chivos expiatorios para apaciguar la ira de los nazis cuando algún oficial alemán es asesinado por la Resistencia.
Las víctimas, cuatro comunistas y dos judíos elegidos aleatoriamente, serán juzgados por un tribunal corrompido. Mientras que un joven magistrado intenta hacer valer sus influencias políticas para conseguir el indulto, uno de los procesados, periodista de L’Humanitè, denuncia públicamente al tribunal por su sumisión a las fuerzas de ocupación.
Reparto: Louis Seigner, Roland Bertin, Michael Lonsdale, Ivo Garrani, François Maistre, Jacques Spiesser, Jacques Perrin, Henri Serre, Heinz Bennent, Hans Richter, Pierre Dux, Jacques François, Claudio Gora, Michel Galabru, Claude Piéplu, Hubert Gignoux, Jacques Ouvrier, Alain Nobis, Jean Bouise, Yves Montand.
Sinopsis:
Agosto de 1941. El gobierno de Vichy ha creado una Sección Especial cuyo objetivo es la ejecución de chivos expiatorios para aplacar la ira de los nazis cuando algún oficial alemán es asesinado por la Resistencia.
Las víctimas, cuatro comunistas y dos judíos elegidos aleatoriamente, serán juzgados por un tribunal corrompido.
Mientras que un joven magistrado intenta hacer valer sus influencias políticas para conseguir el indulto, uno de los procesados, periodista de L’Humanitè, denuncia públicamente al tribunal por su sumisión a las fuerzas de ocupación.
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Sección Especial: Crítica
En lo que se dio en llamar Estado Francés, conocido popularmente como Francia de Vichy, se produjo un hecho vergonzante que sigue siendo poco conocido.
La resistencia empezaba a operar, y el gobierno de Pétain, no tanto para evitar la muerte de rehenes a manos de los alemanes como para ejercer de «simpático» y buen aliado, de «compañero de viaje» de los nazis al que tener en cuenta cuando el nuevo orden mundial imperara, creó una Sección Especial, un tribunal encargado de realizar juicios sumarísimos, rápidos y en su mayoría mortales a esos resistentes, recalcando ante los alemanes cómo los franceses sabían castigar a los «terroristas«.
Esta película, de un director tan combativo como Costa-Gavras y con guion de él mismo y de un Jorge Semprún en plena forma, es la historia de la creación de esta sección especial.
Para empezar, Costa-Gavras no nos ahorra, con cuatro imágenes bien seleccionadas y rodadas con la habitual maestría del director, ponernos en situación respecto a lo títere que era el gobierno de Vichy.
Si la película se abre en una representación de ópera, cuando nos trasladamos a la sede de gobierno, en un balneario, y vemos a las esposas de los ministros criando gallinas en los pasillos no nos hacemos ilusiones: el gobierno de Vichyes uno de opereta. Pero hasta un gobierno de opereta tiene una capacidad destructiva enorme, si se empeña en ello.
Cuando después de un atentado contra un oficial de la marina alemana en París, este mismo gobierno se compromete a tener dispuestas seis sentencias de muerte en un plazo rápido, es evidente que se va a cometer un crimen de estado, con todas sus letras.
Costa-Gavras, como ya he dicho, es un gran director. Hay una escena en la que el oficial de enlace jurídico alemán contempla con estupefacción no exenta de cierta sorna, a los franceses anunciándole que se va a crear esa sección especial, que se va a juzgar y condenar a esos «culpables«. Y que, como no se ha realizado ningún arresto, se juzgará a gentes que ya están en prisión, aplicándoles una ley sumaria y retroactiva. El oficial alemán no da crédito.
Lo que sigue es el relato de una historia de infamia, como es el primer juicio de esa sección especial, en el que incluso uno de los miembros del tribunal, seleccionado precisamente por militar en Action Française y tener visiones políticas afines a los petainistas, escandalizado por el despedazamiento de la Justicia que supone semejante farsa, se niega a votar las condenas a muerte.
Una película, política, sí, pero rodada en gran cine, con una historia tensa, trágica que merece ser contada y más aún conocida. Y hay que decir, para terminar, que esa sección especial siguió funcionando durante toda la ocupación, y que después de la guerra no se hizo apenas nada para castigar a aquellos que pervirtieron de tal manera el sentido de las leyes que las dejaron en nada.
Fuente: Lecturas errantes
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Sección especial (1975)
Por José María Aresté
Razón de estado
Muestra del comprometido cine social y político de Costa-Gavras, que firma el guión con el español Jorge Semprún a partir de un libro de Hervé Villeré. Reconstruye hechos históricos acontecidos en la Francia ocupada por Alemania en los años de la Segunda Guerra Mundial, alrededor del régimen galo con sede en Vichy, títere de los nazis, presidido por el anciano mariscal Pétain, héroe de la anterior guerra.
Jóvenes comunistas no aceptan la situación del país en 1941, y entre las acciones de resistencia están los atentados contra militares alemanes, aun con la conciencia de que sus víctimas podrían no ser simpatizantes de los nazis, la guerra es la guerra. Tras una acción en que muere un oficial alemán, se ponen en marcha los tribunales especiales promovidos por el ministro del interior Pierre Pucheu, que deben desalentar este tipo de acciones. Para ello los magistrados deben escoger a seis prisioneros condenados por otros crímenes, y que nada tienen que ver con el atentado, y aplicarles la nueva legislación retroactivamente, para convertirlos en chivos expiatorios y aplicarles la pena de muerte. Se trata de una presión salvaje y arbitraria para pasar por encima de la más elemental justicia y de la propia conciencia.
Costa-Gavras reconstruye con minuciosidad los hechos, y sin cargar la mano innecesariamente, muestras los distintos comportamientos, en que la razón de estado parece justificar cualquier arbitrariedad, arrinconando así cualquier atisbo de dignidad o de escuchar a la conciencia para hacer, estrictamente, justicia. Con un ajustado reparto coral, con grandes intérpretes del cine francés como Roland Bertin y Michael Lonsdale, se dibujan diversos personajes y actitudes, donde caben los idealistas, los pobres diablos, los cínicos, los arribistas, los que saben estar a la altura, etcétera, en una situación en que caben las victorias pírricas, y en que sólo el miedo al futuro, una hipotética victoria de los aliados, entonces nada clara, puede dar pie a vacilaciones, ante posibles futuras represalias.
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Sección especial: Ciclo de películas políticas de Costa-Gavras
Sección Especial forma parte del ciclo de películas políticas de Costa-Gavras: Z (1969), La confesión (1970), Estado de sitio (1972), así como la película de Henri Verneuil, Yo… como Ícaro (1979), las cuatro con Yves Montand en el papel principal, mientras que aquí esta última aparece solo fugazmente. Estas películas tienen como hilo conductor la relación entre el mundo de la política y la justicia, y Sección Especial no es una excepción.
Sin embargo, a diferencia de sus predecesoras, Sección Especial no es una ficción a medias basada en hechos reales, sino una reconstrucción meticulosa de acontecimientos históricos, basada esencialmente en la obra de Hervé Villeré, que no se basó en los archivos judiciales franceses —a los que se le negó el acceso— sino en los archivos alemanes.
El asunto de las secciones especiales jugó un papel importante en la condena a muerte de Pierre Pucheu en Argel en marzo de 1944. Fue un punto de partida para una discusión histórica sobre la política de colaboración: los colaboradores la vieron como una forma de limitar las represalias de los alemanes y, sobre todo, de dirigirlos hacia los franceses «de menor calidad«.
Los partidarios de De Gaulle le reprochaban no sólo haber sometido la justicia francesa al ocupante, sino sobre todo haber hecho distinciones odiosas entre los franceses. Este caso pone de relieve el papel personal desempeñado por Pétain. En esta ocasión, no fue sometido a ninguna presión directa por parte de los alemanes, a diferencia de los acontecimientos del 13 de diciembre de 1940, por ejemplo.
Costa-Gavras «representa» a Pétain al no mostrarlo: oímos su voz, vemos sus manos y sus mangas (tachonadas de estrellas), pero nunca vemos su rostro.
Costa-Gavras representa la atmósfera tan especial de Vichy en 1941. Se destacan tres aspectos: el carácter casi ridículo de la aglomeración de un gobierno en una pequeña ciudad de provincias, la importancia capital, para la población de las dos zonas, de las decisiones tomadas en un contexto tan inadecuado, y la cuasi deificación de Pétain, que parece flotar por encima de los acontecimientos.
Mientras que el tema de la película es más bien «dirigido«, prácticamente todas las «personalidades» del régimen de Vichy aparecen en la pantalla, incluido Fernand de Brinon (de quien se dice que restauró su castillo en La Chassagne – Felletin, en Creuse – gracias a fondos secretos), Jean-Pierre Ingrand y Georges Dayras para la zona ocupada. Incluso el embajador de Estados Unidos, el almirante William Leahy, aparece en la película.
Los papeles más importantes no fueron otorgados a los actores más conocidos: celebridades como Michel Galabru, Yves Robert, Pierre Dux, Bruno Crémer y Jacques Perrin interpretaron solo papeles secundarios.
Jorge Semprún fue ministro de Cultura con Felipe González, entre 1988 y 1991, en un gobierno del PSOE. A pesar de no ser militante del PSOE, fue propuesto por el gobierno de González y durante su mandato impulsó iniciativas culturales importantes, pero también pasó por momentos complejos que llevaron a su dimisión. Tras su muerte, González ha elogiado su figura y han participado juntos en actos.
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