«Washington decía: «La honradez es siempre la mejor política; es una máxima que tengo por tan aplicable a los asuntos de las naciones como a los de los individuos. Creo, pues, que hay que cumplir en toda su extensión los compromisos que ya hemos contraído, pero juzgo inútil e imprudente contraer otros nuevos».
Con anterioridad había enunciado esta bella y justa idea: «La nación que se entrega a sentimientos habituales de amor o de odio hacia otra se convierte, en cierto modo, en esclava. En esclava de su odio o de su amor».
Jefferson aún fue más lejos e introdujo en la política de la Unión esta otra máxima: «Que los norteamericanos no debían jamás pedir privilegios a las naciones extranjeras, a fin de no verse obligados a concederlos a su vez».
La Constitución federal de los Estados Unidos establece la dirección permanente de los intereses exteriores de la nación en manos del presidente y del Senado, lo que hasta cierto punto coloca a la política general de la Unión fuera de la influencia directa y cotidiana del pueblo.
Así pues, no se puede decir de un modo absoluto que sea la democracia la que en América conduce los asuntos exteriores del Estado.»
La Constitución federal de los Estados Unidos establece la dirección permanente de los intereses exteriores de la nación en manos del presidente y del Senado, lo que hasta cierto punto coloca a la política general de la Unión fuera de la influencia directa y cotidiana del pueblo. Así pues, no se puede decir de un modo absoluto que sea la democracia la que en América conduce los asuntos exteriores del Estado.
EL TESTAMENTO POLÍTICO DE UN HOMBRE ADMIRABLE
Hay dos hombres que imprimieron a la política de los americanos una dirección que aún sigue en nuestros días; el primero es Washington, y Jefferson el segundo.
Washington decía en esa admirable carta dirigida a sus conciudadanos y que viene a constituir el testamento político de aquel gran hombre:
«Extender nuestras relaciones comerciales con los pueblos extranjeros y establecer con ellos tan pocos lazos políticos como sea posible debe ser la regla de nuestra política. Tenemos que cumplir con fidelidad los lazos ya contraídos, pero debemos de guardarnos de contraer otros.
«Europa tiene un cierto número de intereses que le son propios y que no tienen relación, o sólo una relación muy indirecta, con los nuestros; así pues, se encuentra frecuentemente enredada en querellas que nos son naturalmente extrañas. Ligarnos por lazos artificiales a las vicisitudes de su política, entrar en las distintas combinaciones de sus amistades y de sus odios y tomar parte en las luchas consiguientes sería obrar con gran imprudencia.
«Nuestro aislamiento y nuestra lejanía nos invitan a adoptar una conducta contraria y nos permiten seguirla. Si seguimos formando una sola nación regida por un gobierno fuerte, no estará lejos el día en que no tendremos que temer nada de nadie. Entonces podremos adoptar una actitud que haga respetar nuestra neutralidad; las naciones beligerantes, sintiendo la imposibilidad de obtener nada de nosotros, temerán provocarnos sin motivos, y nosotros estaremos en posición de escoger entre la paz o la guerra, sin más guía para nuestras acciones que nuestro interés y la justicia.
«¿Por qué habríamos de abandonar las ventajas que podemos sacar de una situación tan favorable? ¿Por qué dejar un terreno que es el nuestro para ir a establecernos en otro que nos es extraño? ¿Por qué, en fin, uniendo nuestro destino a una parte cualquiera de Europa, habríamos de exponer nuestra paz y nuestra prosperidad a la ambición, a las rivalidades, a los intereses o a los caprichos de los pueblos que la habitan?
«Nuestra verdadera política es la de no contraer alianzas permanentes con ninguna nación extranjera, al menos mientras seamos libres de no hacerlo, ya que estoy bien lejos de querer que se falte a los compromisos existentes. La honradez es siempre la mejor política; es una máxima que tengo por tan aplicable a los asuntos de las naciones como a los de los individuos.
«Creo, pues, que hay que cumplir en toda su extensión los compromisos que ya hemos contraído, pero juzgo inútil e imprudente contraer otros nuevos. Situémonos de manera que hagamos respetar nuestra posición, y las alianzas temporales bastarán para permitirnos hacer frente a todos los peligros».
Vintage illustration of George Washington watching Betsy Ross sew the American flag in 1777; screen print, 1920.
UNA JUSTA Y BELLA IDEA PARA INSPIRAR LAS RELACIONES INTERNACIONALES
Con anterioridad Washington había enunciado esta bella y justa idea: «La nación que se entrega a sentimientos habituales de amor o de odio hacia otra se convierte, en cierto modo, en esclava. En esclava de su odio o de su amor».
La conducta política de Washington siempre se atuvo a estas máximas. Logró mantener a su país en paz cuando el resto del universo estaba en guerra y estableció como punto de doctrina que el interés bien entendido de los norteamericanos consistía en no tomar nunca partido en las querellas interiores de Europa.
Jefferson aún fue más lejos e introdujo en la política de la Unión esta otra máxima:
«Que los norteamericanos no debían jamás pedir privilegios a las naciones extranjeras, a fin de no verse obligados a concederlos a su vez».
Jefferson, Washington y Paine
Estos dos principios, cuya evidente precisión los puso fácilmente al alcance de las masas, han simplificado enormemente la política exterior de los Estados Unidos.
Al no mezclarse la Unión en los asuntos de Europa no tiene, por así decirlo, intereses exteriores que debatir, ya que aún carece de vecinos poderosos en América. Situada tanto por su posición como por su voluntad fuera de las pasiones del Viejo Mundo, no tiene que preservarse de ellas ni que compartirlas. En cuanto a las del Nuevo Mundo, todavía están ocultas en el futuro.
La Unión está libre de compromisos anteriores; se aprovecha, pues, de la experiencia de los viejos pueblos de Europa sin verse obligada, como ellos, a sacar partido del pasado y acomodarlo al presente; a diferencia de ellos, no tiene que aceptar forzosamente una inmensa herencia legada por sus padres, mezcla de gloria y miseria, de amistades y odios nacionales. La política exterior de los Estados Unidos es eminentemente expectante; consiste más en abstenerse que en hacer.
Así, es muy difícil saber en el momento presente qué habilidad desarrollará la democracia norteamericana en la dirección de los asuntos exteriores del Estado. Sobre este punto, tanto sus adversarios como sus amigos deben dejar el juicio en suspenso.
En cuanto a mí, no tengo inconveniente en decirlo: en la dirección de los asuntos exteriores de la sociedad es en lo que los gobiernos democráticos me parecen decididamente inferiores a los otros. La experiencia, las costumbres y la instrucción acaban casi siempre por crear en la democracia esa especie de sabiduría práctica de todos los días y esa ciencia de los pequeños sucesos de la vida que llamamos buen sentido.
En cuanto a mí, no tengo inconveniente en decirlo: en la dirección de los asuntos exteriores de la sociedad es en lo que los gobiernos democráticos me parecen decididamente inferiores a los otros
NO ES LA DEMOCRACIA LA QUE RIGE LA POLÍTICA EXTERIOR AMERICANA
El buen sentido basta para la marcha ordinaria de la sociedad; y en un pueblo cuya educación ya está hecha, la libertad aplicada a los asuntos interiores del estado produce más bienes que males pudieran acarrear los errores del gobierno democrático. Pero no siempre es así en las relaciones entre un pueblo y otro.
La política exterior no exige el uso de casi ninguna de las cualidades propias de la democracia, y sí, por el contrario, el despliegue de casi todas aquellas de las que carece. La democracia favorece el aumento de los recursos interiores del estado, reparte el bienestar, desarrolla el espíritu público, fortalece el respeto a la ley en todas las clase sociales -cosas todas ellas que sólo tienen una influencia indirecta sobre la posición de un pueblo respecto a otro-.
Pero la democracia difícilmente podría coordinar los detalles de una gran empresa, trazarse un plan y seguirlo obstinadamente a través de todos los obstáculos. Es poco capaz de maquinar medidas secretamente y esperar pacientemente su resultado. Son éstas cualidades que pertenecen más particularmente a un hombre o a una aristocracia. Ahora bien, son precisamente estas cualidades las que, a la larga, hacen a un pueblo, lo mismo que a un individuo, apto para dominar. […]
La tendencia que impele a la democracia a obedecer, en política, al sentimiento más que a la razón, y a abandonar un designio largamente madurado por satisfacer una pasión momentánea, se observó claramente en América cuando estalló la Revolución Francesa. Las más simples luces de la razón bastaban entonces, como hoy, para hacer ver a los norteamericanos que su interés no estaba en comprometerse en una lucha que iba a ensangrentar a Europa y de la que los Estados Unidos no podían sufrir ningún perjuicio.
George Washington era el hombre más rico de América
La tendencia que impele a la democracia a obedecer, en política, al sentimiento más que a la razón, y a abandonar un designio largamente madurado por satisfacer una pasión momentánea, se observó claramente en América cuando estalló la Revolución Francesa
Las simpatías del pueblo en favor de Francia se manifestaron, no obstante, con tanta violencia que se requirieron nada menos que el carácter inflexible de Washington y la inmensa popularidad de que gozaba para impedir que se declarara la guerra a Inglaterra. Así y todo, los esfuerzos realizados por la austera razón de ese gran hombre para luchar contra las pasiones generosas, pero irreflexivas, de sus conciudadanos estuvieron a punto de arrebatarle la única recompensa a que había aspirado: el amor de su país. La mayoría se pronunció contra su política; ahora el pueblo entero la aprueba.
Las simpatías del pueblo en favor de Francia se manifestaron, no obstante, con tanta violencia que se requirieron nada menos que el carácter inflexible de Washington y la inmensa popularidad de que gozaba para impedir que se declarara la guerra a Inglaterra
Si la Constitución y el favor público no hubieran dado a Washington la dirección de los asuntos exteriores del Estado, es indudable que la nación habría hecho entonces lo que hoy condena.
Casi todos los pueblos que han influido grandemente en la historia del mundo, los que han concebido, seguido y ejecutado grandes proyectos, desde los romanos hasta los ingleses, fueron dirigidos por una aristocracia. ¿Cómo asombrarse de ello?
Nada hay en el mundo tan firme en sus propósitos como una aristocracia. La masa del pueblo puede ser seducida por su ignorancia o sus pasiones; se puede sorprender el ánimo de un rey y hacerle vacilar en sus proyectos; y, por otra parte, un rey no es inmortal. Pero un cuerpo aristocrático es demasiado numeroso para ser captado y demasiado reducido para ceder fácilmente a la embriaguez de pasiones irreflexivas. Un cuerpo aristocrático es un hombre firme y lúcido que nunca muere.
La masa del pueblo puede ser seducida por su ignorancia o sus pasiones
* * *
ALEXIS DE TOCQUEVILLE, La democracia en América I, segunda parte, capítulo 5. Alianza Editorial, 2006. [FD, 12/04/2007]
LA LIBRE ACCIÓN DEL PODER COLECTIVO, por Alexis de Tocqueville
*******
EL NEGOCIO DE LOS CARGOS PÚBLICOS
«No diré ahora que esta persecución universal e inmoderada de las funciones públicas constituya un gran mal social; que aniquila en cada ciudadano el espíritu de independencia y que difunde por toda la nación un genio venal y servil.
Tampoco haré hincapié en que una ocupación de esa especie resulta improductiva y agita el país sin fertilizarlo; todo esto se comprende fácilmente.
Pero sí quiero subrayar que el gobierno que favorece semejante tendencia arriesga su tranquilidad e incluso pone su vida en gran peligro.
Hay que convencerse de que de todos los pueblos del mundo, el más difícil de contener y dirigir es un pueblo de solicitantes.
Por muchos esfuerzos que hagan sus jefes, nunca podrán satisfacerles, y siempre habrán de temer que derriben la constitución del país y cambien la fachada del Estado con el único objeto de promover plazas vacantes».
En los Estados Unidos, en cuanto un ciudadano tiene ciertos conocimientos y algunos recursos, trata de enriquecerse con el comercio y la industria, o bien compra un terreno sin roturar y se hace pionero. Sólo pide al Estado que no interrumpa su trabajo y que le permita recoger su fruto.
EL AMERICANO CAPAZ SE HACE COMERCIANTE, INDUSTRIAL O PIONERO; EL EUROPEO, FUNCIONARIO
En la mayoría de los pueblos europeos, tan pronto como un hombre se siente capaz y sus deseos aumentan, la primera idea que le viene a la mente es la de obtener un empleo público. Estos distintos efectos de una sola causa merecen que nos detengamos un momento para considerarlos.
Cuando las funciones públicas son pocas, están mal retribuidas y son inestables, y, por otra parte, las empresas industriales son numerosas y productivas, es hacia la industria y no hacia la administración adonde se dirigen los nuevos e impacientes deseos que a diario origina la igualdad.
Pero si, al mismo tiempo que se igualan las clases, la instrucción no es completa o los espíritus son tímidos, o el comercio y la industria, obstaculizados en su desarrollo, no ofrecen sino medios difíciles y lentos de hacer fortuna, los ciudadanos, desesperados al verse incapaces de mejorar su suerte por sí mismos recurren tumultuosamente al Jefe del Estado para solicitar su ayuda.
Aumentar su bienestar a expensas del tesoro público les parece, si no el único camino, al menos el más fácil y cómodo para salir de una situación que no les satisface; la búsqueda de plazas en la administración se convierte en la ocupación que cuenta con mayor número de seguidores.
Aumentar su bienestar a expensas del tesoro público les parece, si no el único camino, al menos el más fácil y cómodo para salir de una situación que no les satisface; la búsqueda de plazas en la administración se convierte en la ocupación que cuenta con mayor número de seguidores.
Así sucede, sobre todo, en las grandes monarquías centralizadas, donde el número de las funciones retribuidas es inmenso y la existencia de los funcionarios está casi asegurada, por lo que nadie desespera de obtener un empleo público y gozar de él tranquilamente como de un patrimonio.
Así sucede, sobre todo, en las grandes monarquías centralizadas, donde el número de las funciones retribuidas es inmenso y la existencia de los funcionarios está casi asegurada, por lo que nadie desespera de obtener un empleo público y gozar de él tranquilamente como de un patrimonio
No diré ahora que esta persecución universal e inmoderada de las funciones públicas constituya un gran mal social; que aniquila en cada ciudadano el espíritu de independencia y que difunde por toda la nación un genio venal y servil; que asfixia las virtudes viriles; tampoco haré hincapié en que una ocupación de esa especie resulta improductiva y agita el país sin fertilizarlo; todo esto se comprende fácilmente.
ES MÁS SEGURO Y HONRADO PARA LA DEMOCRACIA ENSEÑAR AL CIUDADANO EL ARTE DE BASTARSE A SÍ MISMO
Ya sé que en una época como la nuestra, en la que se van apagando poco a poco el afecto y el respeto que en otro tiempo se guardaban al poder, puede parecer necesario a los gobernantes sujetar más estrechamente a cada hombre por su interés, y conveniente servirse de sus mismas pasiones para mantenerle en el orden y en el silencio
Pero sí quiero subrayar que el gobierno que favorece semejante tendencia arriesga su tranquilidad e incluso pone su vida en gran peligro.
Ya sé que en una época como la nuestra, en la que se van apagando poco a poco el afecto y el respeto que en otro tiempo se guardaban al poder, puede parecer necesario a los gobernantes sujetar más estrechamente a cada hombre por su interés, y conveniente servirse de sus mismas pasiones para mantenerle en el orden y en el silencio; pero ello no puede lograrse por mucho tiempo, y lo que durante un cierto período puede parecer una causa de poderío, a la larga se convierte indefectiblemente en un motivo de perturbación y debilidad.
En los pueblos democráticos, como en todos los demás, el número de empleos públicos tiene un límite; pero en esos mismos pueblos el número de ambiciosos es ilimitado; crece incesantemente, con un movimiento gradual e irresistible, a medida que se igualan las condiciones sociales; sólo se limitan cuando los hombres faltan.
En los pueblos democráticos, como en todos los demás, el número de empleos públicos tiene un límite; pero en esos mismos pueblos el número de ambiciosos es ilimitado
Así pues, cuando la ambición no tiene más campo que el de la administración, el gobierno acaba necesariamente por encontrar una oposición permanente; pues su tarea consiste en satisfacer, con medios limitados, unos deseos que multiplican sin límite.
La tarea del Gobierno consiste en satisfacer, con medios limitados, unos deseos que se multiplican sin límite
Hay que convencerse de que de todos los pueblos del mundo, el más difícil de contener y dirigir es un pueblo de solicitantes. Por muchos esfuerzos que hagan sus jefes, nunca podrán satisfacerles, y siempre habrán de temer que derriben la constitución del país y cambien la fachada del Estado con el único objeto de promover plazas vacantes.
Los Gobiernos siempre habrán de temer que derriben la constitución del país y cambien la fachada del Estado con el único objeto de promover plazas vacantes
Los príncipes de nuestro tiempo, que se esfuerzan en satisfacer y centralizar sólo en ellos mismos los nuevos deseos que suscita la igualdad, acabarán, si no me equivoco, por arrepentirse; descubrirán un día que han arriesgado su poder al hacerlo tan necesario, y que habría sido más honrado y seguro enseñar a cada uno de sus súbditos el arte de bastarse a sí mismo.
Los príncipes de nuestro tiempo descubrirán un día que han arriesgado su poder al hacerlo tan necesario, y que habría sido más honrado y seguro enseñar a cada uno de sus súbditos el arte de bastarse a sí mismo.
* * *
ALEXIS DE TOCQUEVILLE, La democracia en América II, tercera parte, capítulo XX. Alianza Editorial, 2006. FD, 30/04/2007.
Tabla de contenidos1 CONSIDERACIONES POLITICAS SOBRE ALEXIS DE TOCQUEVILLE. «Coincidencias entre el pensamiento político de Ortega y Alexis de Tocqueville», por Juan Cavas Miralles2 3 4 Tocqueville, ciudadano de honor de los Estados Unidos5 Por […]
LA DEMOCRACIA NO PUEDE SUBSISTIR SIN «PODERES INTERMEDIOS» Todo parece estar donde no está. Todo parece ser lo que no es: Las Organizaciones PRO Gubernamentales Por Jesús Díaz Formoso AUSAJ Todo parece estar donde […]
EGOÍSMO Y SOLEDAD Estúpidos, Cobardes y Malvados «LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA», de Carlo M. Cipolla En unos meses, nuestro Boletín Informativo, «Punto Crítico, Derechos Humanos», cumplirá 10 años. Habéis leído […]
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.