LA FUERZA Y EL PRESTIGIO DE LA LIBERTAD, por Albert Camus

LA FUERZA Y EL PRESTIGIO DE LA LIBERTAD

 

DEMOCRACIA COMPLETA: LIBERTAD, INICIATIVA, COOPERACIÓN Y ESPONTANEIDAD

Por Erich Fromm

No podemos, sin sufrir grave perjuicio, aceptar la pérdida de ninguna de las conquistas fundamentales de la democracia moderna, ya se trate del gobierno representativo –esto es, el gobierno elegido por el pueblo y responsable frente a él-, o de cualquiera de los derechos garantizados a todo ciudadano por la Declaración de los derechos del Hombre.

Ni podemos hacer concesiones con respecto al nuevo principio democrático, según el cual nadie debe ser abandonado al hambre –pues la sociedad es responsable por todos sus miembros-, ni al miedo y la sumisión, o bien condenado a perderse el respeto a sí mismo a causa del temor al paro y a la pobreza. Estas conquistas fundamentales no solamente han de ser conservadas, sino que también deben ser desarrolladas y fortalecidas.

 

LA DEMOCRACIA COMPLETA AÚN NO HA SIDO PUESTA EN PRÁCTICA

A pesar de haber alcanzado este grado de democracia (que, sin embargo, estamos aún muy lejos de haber puesto en práctica de manera completa), debe reconocerse que el mismo no es todavía suficiente.

El progreso de la democracia consiste en acrecentar realmente la libertad, iniciativa y espontaneidad del individuo, no sólo en determinadas cuestiones privadas y espirituales, sino esencialmente en la actividad fundamental de la existencia humana: su trabajo.

Podríamos llamar a este nuevo orden socialismo democrático, pero, en verdad, el nombre no interesa; todo lo que cuenta es el establecimiento de un sistema económico racional que esté al servicio de los fines de la comunidad.

Debemos reemplazar la manipulación de los hombres por la cooperación activa e inteligente, y extender el principio del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, desde la esfera política formal a la económica.

 

LA REALIZACIÓN DE LA LIBERTAD RADICA EN LA PARTICIPACIÓN

El único criterio acerca de la realización de la libertad es la de la participación activa del individuo en la determinación de su propia vida y en la de la sociedad, entendiéndose que tal participación no se reduce al acto formal de votar, sino que incluye su actividad diaria, su trabajo y sus relaciones con los demás. Si la democracia moderna se limita a la mera esfera política, no podrá contrarrestar adecuadamente los efectos de la insignificancia económica del hombre común.

Pero tampoco son suficientes los remedios puramente económicos, como el de la socialización de los medios de producción. No me estoy refiriendo ahora al empleo engañoso de la palabra socialismo, tal como ha sido aplicada –por razones de conveniencia táctica- en el nazismo. Me refiero a Rusia, donde el socialismo se ha vuelto un término ilusorio, pues aunque se ha realizado la socialización de los medios de producción, de hecho una poderosa burocracia maneja la vasta masa de la población.

Esto necesariamente impide el desarrollo de la libertad y del individualismo, aun cuando la fiscalización gubernamental pueda salvaguardar efectivamente los intereses económicos de la mayoría del pueblo.

 

LA DEMOCRACIA Y EL FASCISMO, MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS

Nunca se ha abusado más que ahora de las palabras para ocultar la verdad. A la traición de los aliados se la llama apaciguamiento; a la agresión militar, defensa contra los ataques; la conquista de naciones pequeñas es tildada de pacto de amistad, y la supresión brutal de poblaciones enteras se efectúa en nombre del nacionalsocialismo.

También las palabras democracia, libertad e individualismo llegan ser objeto de tal abuso. Hay una sola manera de definir el verdadero significado de la diferencia entre fascismo y democracia. Ésta constituye un sistema que crea condiciones políticas, económicas y culturales dirigidas al desarrollo pleno del individuo. El fascismo, por el contrario, es un sistema que, no importa cuál sea el nombre que adopte, subordina el individuo a propósitos que le son extraños y debilita el desarrollo de la genuina personalidad.

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ERICH FROMMEl miedo a la libertad. Paidós, 1982. Filosofía Digital, 2006

 

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LA FUERZA Y EL PRESTIGIO DE LA LIBERTAD

“Una democracia no puede, sin contradecirse, reducir una doctrina por medio de los tribunales, sino únicamente combatirla sin debilidad, al mismo tiempo que le asegura la libertad de expresión. Una policía, a menos de generalizar el terror, jamás ha podido resolver los problemas planteados por la oposición. La democracia, si es consecuente, no puede disfrutar las ventajas del totalitarismo. Todo lo que puede hacer es esforzarse en oponer a la injusticia apoyada en la fuerza, la fuerza fundada sobre la justicia.”

Por Albert Camus

LA FUERZA Y EL PRESTIGIO DE LA LIBERTAD

 

Unas semanas o unos meses de arresto en un castillo hubiesen bastado para sancionar una seria infracción a esa ley militar que Henri Martin aceptaba plenamente al enrolarse en la Marina. Sería preferible decir, si es que va a continuar en prisión, que se le tiene preso porque es comunista.

Quedaría únicamente justificar esta decisión y después construir, a falta de los alojamientos que estamos necesitando, los miles de prisiones necesarias para encerrar en ellas a los millones de electores comunistas.

Personalmente, aunque firmemente opuesto a la doctrina y a la práctica del comunismo estalinista, yo creo que esta justificación es imposible y que es preciso, por el contrario, hacer que se beneficien los comunistas de las libertades democráticas en toda la medida en que se benefician los demás ciudadanos.

Por supuesto, no me hago ilusión alguna sobre el gusto de los dirigentes comunistas por las libertades democráticas en el momento en que se trate de sus adversarios. Pienso únicamente que los incesantes procesos estalinistas, por ejemplo, y esas repugnantes sesiones en que una mujer y su hijo vienen a pedir los peores castigos para su marido o su padre, constituyen la mayor debilidad de los regímenes llamados “populares”.

Y creo que los verdaderos liberales no ganarán nada en abdicar de su mayor fuerza, aquella que ha hecho ya retroceder en Occidente, en individuos y colectividades, a las empresas de colonización estalinista: la fuerza de la equidad y el prestigio de la libertad.

En todo caso, una democracia no puede, sin contradecirse, reducir una doctrina por medio de los tribunales, sino únicamente combatirla sin debilidad, al mismo tiempo que le asegura la libertad de expresión.

Una policía, a menos de generalizar el terror, jamás ha podido resolver los problemas planteados por la oposición. No es con la represión como se contestará a las cuestiones planteadas por los pueblos colonizados, por la política de tugurios y la injusticia social.

La democracia, si es consecuente, no puede disfrutar las ventajas del totalitarismo. Todo lo que puede hacer es esforzarse en oponer a la injusticia apoyada en la fuerza, la fuerza fundada sobre la justicia.

Debe, pues, o bien aceptar su desventaja, reconocer sus considerables taras y emprender entonces las reformas que constituirán su verdadera fuerza, o bien renunciar a sí misma para convertirse en totalitaria (y, en ese caso, ¿en nombre de qué combatiría el totalitarismo?).

 

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ALBERT CAMUSDefensa de la libertad, 1952. Obras completas, Aguilar, 1968. 

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Imagen Portada

LA CALUMNIA DE APELES – Sandro Botticelli (1.495): APELES fue el pintor favorito de Alejandro Magno. “A la derecha está sentado un hombre con largas orejas, casi como las de Midas, desde lejos tiende  su mano a la Calumnia que avanza. Cerca de él, dos mujeres, probablemente la Ignorancia y la Sospecha. Por el lado opuesto se aproxima la Calumnia bajo la forma de una mujer extremadamente bella, pero con la cara inflamada, muy excitada, como bajo el influjo de la ira y el furor; en su mano izquierda lleva una antorcha encendida, y en la otra arrastra de los cabellos a un joven que levanta los brazos al cielo y toma a los dioses como testigos. Su guía es un hombre pálido, feo, de mirada penetrante, que parece extenuado por una larga enfermedad. Se puede admitir que es la Envidia personificada. Otras dos mujeres además acompañan a la Calumnia, la animan, le arreglan sus vestidos y su cabello; a decir del guía que me guiaba, una era la Acechanza y la otra la Perfidia. Tras de ellas marcha una mujer con ropa de gran duelo, los vestidos negros y en jirones: es, se me recuerda, el Arrepentimiento; al menos vuelve la cabeza llorando, levantando los ojos con extrema confusión hacia la Verdad que se acerca». Texto de Luciano de Samósata “De Calumnia” – Joaquín Yarza (Fuentes para la Historia del Arte I, Madrid, 1997, pp. 99-100), sobre la obra original –perdida- de Apeles (352 a 308 a.c.).

 

 

 


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