LOS QUE ODIAN EL ARTE, ¿COMO VAN A AMAR EL MUNDO?: «El odio a la cultura y el futuro vegetal», por Carlos Martínez Gorriarán.

El odio a la cultura

 

“Quizá lo que acabo de escribir sea recibido con una sonrisa por parte de aquellos que sólo aplican a la plebe los vicios inherentes a todos los mortales. Pero lo cierto es que la naturaleza es una y la misma en todos.

Sin embargo, nos dejamos engañar por el poder y la cultura, y de ahí que digamos a menudo, ante dos que hacen lo mismo, que éste lo puede hacer impunemente y aquél no; no porque sea distinta la acción, sino quien la ejecuta.

Lo característico de quienes mandan es la soberbia. Su arrogancia, no obstante, está revestida de fastuosidad, de lujo y de prodigalidad, de cierto encanto en los vicios, de cierta cultura en la necedad y de cierta elegancia en la indecencia.

De ahí que, aunque sus vicios resultan repugnantes y vergonzosos, cuando se los considera uno por uno, que es como más destacan, parecen dignos y hermosos a los inexpertos e ignorantes”.

LOS ENGAÑOS DEL PODER Y DE LA CULTURA, por Baruch de Spinoza

 

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LOS QUE ODIAN EL ARTE, ¿COMO VAN A AMAR EL MUNDO?

Los niñatos fascistas, los estúpidos nihilistas del fundamentalismo "WOKE", al servicio de los milmillonarios, no desobedecen, sino que son obedientes sicarios del dinero.

Prueba de ello es la CENSURA que las Redes Sociales, al servicio de la Desinformación y adalides del Nuevo Fascismo Woke, han decretado para CANCELAR a Thoreau y su obra más significativa, "El deber de la Desobediencia Civil". 

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UN ESTADO TOTALITARIO

Los Poderes públicos están constitucionalmente obligados (entre otros preceptos de la Constitución, resulta muy relevante en este punto el Art. 53, 3º) a velar por la efectividad de los Derechos Fundamentales (Derechos Humanos).

En lugar de ello, tenemos políticos -Autoridades Públicas- que contratan Censores Privados y "trolls" Desinformadores.

Es el fin del Estado de Derecho. Y el principio del Estado Totalitario.

Los Derechos Humanos son el antídoto más efectivo contra el totalitarismo.

El hecho de que sean las Autoridades Públicas quienes los agreden deja bien claro que no vivimos en un Estado de Derecho, sino en un Estado fallido, un Estado cuyo objetivo no es sino la Corrupción de todo lo público.

En beneficio del Poder Financiero, ese que sí paga traidores.

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CONFORME A LA MONOLÍTICA JURISPRUDENCIA INTERNACIONAL, EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL ESPAÑOL, REITERADA Y CONSTANTEMENTE, HA DECLARADO QUE EL DERECHO FUNDAMENTAL A LA LIBERTAD DE INFORMACIÓN, ES UN PILAR ESENCIAL DE UNA SOCIEDAD LIBRE Y PLURAL:

"Recordando la doctrina sobre este último derecho, señala el TC que constituye no solo un derecho fundamental de cada persona, sino también una garantía de la formación y existencia de la opinión pública libre que, al ser condición previa y necesaria para el ejercicio de otros derechos inherentes al funcionamiento de un sistema democrático, se eleva en uno de los pilares de una sociedad libre y plural. Como principio general, la libertad de información puede llegar a ser considerada prevalente sobre los derechos de la personalidad garantizados por el art. 18.1 CE, no con carácter absoluto sino caso por caso, en tanto la información se estime veraz y relevante para la formación de la opinión pública, sobre asuntos de interés general".

 

 

ATAQUES CONTRA OBRAS DE ARTE

Dicen que lo hacen para que se les escuche.

Pero es su discurso el que está siempre presente en todos los medios. Y es el discurso de los que se les oponen el "Cancelado", el invisible.

Pero no es suficiente. No hacemos lo que ellos quieren. Por mucha e intensa que sea -es- su Propaganda.

Así que han decidido dar un paso más: COACCIONARNOS. Despojarnos de la Libertad, de nuestro Libre Albedrío. 

Es psicopático: Si a ellos no les duele, es que no duele.

Esa mal llamada "Cancelación" no es más que la muerte civil del disidente. La negación de los Derechos Humanos -Civiles, Sociales y Culturales- a quienes no comulgan con las ruedas de molino de su secta fundamentalista.

Cuando cambie el signo político ¿de qué se podrán quejar? ¿De que les hagan lo que ellos nos han hecho? 

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Los Problemas ambientales existen. Y son gravísimos. Pero no son los que nos cuentan los pseudo-científicos infantiles, como la solicitadísima Greta. Ni los que a ellos les cuentan quienes -más que interesadamente- financian sus performances, herederos de inmensas fortunas obtenidas con la destrucción del mundo y de la humanidad, cuya reparación nos exigen a nosotros, sus víctimas, mediante sus sicarios juveniles. Los supuestos científicos del Panel del Cambio Climático de a ONU (como en el caso anterior, del Panel de expertos en Prevención y Control Integrado de la Contaminación - IPPC), son solo políticos. Los científicos se fueron -alarmados por el abandono del criterio científico y su sustitución por los fines Políticas- hace tiempo. Y que, conforme se iban, eran Cancelados y sustituidos por otros "expertos", pero expertos en corrupción, no en ciencia. Corruptos con títulos "Pret-a-porter", a quienes se les ha construido una biografía tan falsa como la pseudociencia que pregonan.

 

Los Problemas ambientales existen. Y son gravísimos. Pero no son los que nos cuentan los pseudo-científicos infantiles, como la solicitadísima Greta.

Ni los que a ellos les cuentan quienes -más que interesadamente- financian sus performances, herederos de inmensas fortunas obtenidas con la destrucción del mundo y de la humanidad, cuya reparación nos exigen a nosotros, sus víctimas, mediante sus sicarios juveniles.

Los supuestos científicos del Panel del Cambio Climático de a ONU (como en el caso anterior, el Panel de expertos en Prevención y Control Integrado de la Contaminación - IPPC), son solo políticos.

Los científicos se fueron -alarmados por el abandono del criterio científico y su sustitución por los fines Políticas- hace tiempo.

Científicos excepcionalmente valiosos que, conforme se iban, eran Cancelados y sustituidos por otros "expertos", pero expertos en corrupción, no en ciencia. Corruptos con títulos "Pret-a-porter", a quienes se les ha construido una biografía tan falsa como la pseudociencia que pregonan.

 

Desinformación

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Desinformación

Investigaciones anteriores indicaron que la información correctiva a veces puede provocar el llamado "efecto contraproducente" en el que los encuestados respaldaron con más fuerza una percepción errónea sobre un tema político o científico controvertido cuando se cuestionaron sus creencias o predisposiciones.

Muestro cómo la investigación posterior y la cobertura de los medios aprovecharon este hallazgo, distorsionando su generalidad y exagerando su papel en relación con otros factores para explicar la durabilidad de las percepciones políticas erróneas.

Por el contrario, un consenso de investigación emergente encuentra que la información correctiva suele ser al menos algo efectiva para aumentar la precisión de las creencias cuando la reciben los encuestados.

Sin embargo, la investigación que reviso sugiere que los efectos que aumentan la precisión de la información correctiva, como las verificaciones de hechos, a menudo no duran ni se acumulan; en su lugar, con frecuencia, parecen decaer o sentirse abrumados por las señales de las élites y los medios de comunicación que promueven afirmaciones más agradables pero menos precisas.

Como resultado, las percepciones erróneas generalmente persisten en la opinión pública durante años después de haber sido desacreditadas.

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Dadas estas realidades, el principal desafío para la comunicación científica no es prevenir los efectos contraproducentes, sino comprender cómo enfocar mejor la información correctiva y hacerla más efectiva.

Sin embargo, en última instancia, el mejor enfoque es interrumpir la formación de vínculos entre las identidades de grupo y las afirmaciones falsas y reducir el flujo de señales que refuerzan esas afirmaciones de las élites y los medios de comunicación.

Hacerlo requerirá un cambio de una estrategia enfocada en brindar información al público a una que considere los roles de los intermediarios en la formación y mantenimiento de sistemas de creencias.

 

DESINFORMACIÓN: ¿Por qué el «Efecto Contraproducente» no explica la durabilidad de las percepciones políticas erróneas?

el mejor enfoque es interrumpir la formación de vínculos entre las identidades de grupo y las afirmaciones falsas y reducir el flujo de señales que refuerzan esas afirmaciones de las élites y los medios de comunicación

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«Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas”

Asterix

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El odio a la cultura y el futuro vegetal

Una nueva clase de activismo ha irrumpido en la vieja discusión para recordarnos qué es en verdad la cultura: aquello que odian los que reniegan de la condición humana.

La única legalidad cultural aconsejable y necesaria es la que deje trabajar a la cultura en paz, respetando su libertad y también el carácter sagrado del gran arte como testimonio de lo genuina e irreductiblemente humano: la capacidad de crear y de espiritualidad.

Por Carlos Martínez Gorriarán, 11 NOV 2022

El odio a la cultura
Lanzan sopa de tomate sobre 'Los Girasoles' de Van Gogh/ Europa Press

 

Definir qué es la cultura no es tan fácil como pueda parecer a primera vista; hay de hecho una buena colección de definiciones muy variadas, reverentes y corrosivas. En nuestro propio terruño, José Ortega y Gasset escribió en alguna parte de su vasta obra que es la natación que nos permite flotar sin hundirnos en la existencia, y Rafael Sánchez Ferlosio denunció la impostura de esos Gobiernos seudocultos que dicen "en cuanto oigo la palabra cultura extiendo un cheque en blanco al portador".

Pero una nueva clase de activismo ha irrumpido en la vieja discusión para recordarnos qué es en verdad la cultura: aquello que odian los que reniegan de la condición humana. Cierta izquierda sedicentemente ecologista ha metamorfoseado en tomatazo a las obras maestras de los museos el cheque en blanco socialista de Ferlosio. Después, y ante los medios debidamente convocados, los activistas se encolan a la pared o al marco de las Majas de Goya. Y todo para “salvar el planeta”.

 

 

Somos animales culturales, aunque unos más una cosa que otra. 

Los humanos somos si no los únicos animales culturales -hay modestas culturas primates, cetáceas y de otras especies- sí, con diferencia, los más culturales de todos. Gracias a la evolución natural, dependemos tanto de la cultura que sin ella moriríamos, pues la conciencia, inteligencia, memoria, aprendizaje y educación tienen más peso y trascendencia en nuestra vida que los instintos innatos de base genética.

Incluso ha cambiado nuestro físico: la necesidad de un gran cerebro capaz de alojar esa cultura indispensable prolongó la neotenia infantil porque la cabeza proporcional apenas pasa por el canal del parto a los nueve meses de edad, y el desarrollo cognitivo requiere de bastantes meses adicionales para que la criatura dependiente comience a caminar, hablar y desarrollar la conciencia y el pensamiento con todas sus complejidades. Así que somos animales culturales por naturaleza.

La libertad mental es la consecuencia y propiedad de la cultura, e incluye hasta la libertad de rebelarse contra la cultura misma o el odio a esa libertad. Es la opción de colectivos como Extiction Rebellion o Futuro Vegetal. Estos nuevos apóstoles del vandalismo anticultural han logrado notoriedad invadiendo museos donde, concertados con periodistas desesperados por el clickbait en internet, sus activistas atacan obras de arte y después se encolan a la pared o al marco.

Sin duda son típicos exponentes del radicalismo ideológico de los privilegiados (parece que cuentan con la financiación de vástagos de familias superricas y de los famosos 'woke' habituales) y han salido de la verborrea climática catastrofista de los Al Gore Greta Thunberg, pero la pregunta es qué ocupa su cabeza para renegar de la condición humana e identificarse más con calabazas, peras y alcornoques, sus estáticos referentes morales, que con la larga historia cultural que nos ha hecho tal y como somos, incluso a ellos: capaces de lo mejor y de lo peor. Y ellos han elegido vandalizar el arte, que simboliza la libertad de crear. 

 

No tengo ninguna duda de que los vándalos pronto serán invitados a Kassel o Basilea y exhibidos en los circuitos más exclusivos, mientras sus latas usadas de tomate alcanzarán precios extravagantes

 

Elegir los museos para el activismo descerebrado no es solo una elección mediática justificada por el impacto publicitario. En nuestra cultura secularizada, los museos son las nuevas catedrales y templos, sedes de lo que consideramos sagrado para todos y, por tanto, intocable, pues lo que define realmente la sacralidad de algo es el tabú de tocarlo o de consumirlo sin ciertas normas y actitudes. Es lo que pasa con las obras de arte consideradas maestras, es decir, modelos llenos de enseñanzas.

 

 

Pero el arte, unido al mercado cultural, tiene una capacidad casi ilimitada de asimilar cualquier cosa, anti arte y burla del arte incluidas. ¿Ocurrirá lo mismo con la última vandalización?: no tengo ninguna duda de que los vándalos pronto serán invitados a Kassel o Basilea y exhibidos en los circuitos más exclusivos, mientras sus latas usadas de tomate alcanzarán precios extravagantes como reliquias de la nueva religión climática, al estilo de las latas de caca de Piero Manzoni. Eso integrará la protesta en la cultura que detestan, pero no su significación moral.

Verter tomate sobre un Van Gogh es un ataque al orden moderno de lo sagrado y público, inaugurado con las acrópolis y santuarios de la Grecia clásica y continuado en los siglos posteriores. Pretende demostrar que nada hay sagrado fuera del planeta que llaman a salvar con trompeta apocalíptica. Es pura megalomanía: aunque la humanidad se extinguiera como especie, para lo que tantas facilidades damos, ni el planeta ni la vida desaparecerían, solo acabaría nuestra antropización, que todo lo humaniza, aunque se deshumanice a sí misma.

Ninguna de estas acciones vandálicas salvará nada, ni mejorará la consciencia pública sobre los riesgos medioambientales y climáticos. Lo que sí consiguen es animar el negacionismo y desprestigiar la investigación científica de los cambios climáticos peligrosos y de las medidas urgentes para afrontarlos, casi tanto como las lujosas reuniones mundiales de cargohabientes para divagar sobre el tema a un coste medioambiental exagerado. 

 

Lo que sí consiguen es animar el negacionismo y desprestigiar la investigación científica de los cambios climáticos peligrosos y de las medidas urgentes para afrontarlos

 

También consiguen profundizar en la pérdida de sentido del concepto de cultura al presentarla como un peligro para el planeta. El caso es que el cambio climático no acabará con la Tierra, pero acabar con la cultura con la excusa de salvarla sí puede acabar con nosotros.

La mejor defensa de la cultura es dejarla en paz. 

La cultura no necesita leyes de derecho a la cultura, como la presentada por Más Madrid, que promueve este objetivo vacío: “asegurar la independencia cultural y el enfoque transversal de la cultura” (sic). En rigor, es como presentar una Ley del Derecho a Respirar, que es algo vital, pero no es un derecho, sino el requisito de la existencia. Y nadie va a ser más culto porque una ley lo diga, sino por cultivarse.

Uno sospecha que la conversión de la cultura en otro derecho regulado es otro modo de limitar nuestra libertad cultural para que sean Estados y Gobiernos quienes decidan la cultura que nos conviene y cómo debemos usarla, como la salud en tiempos de pandemia y confinamiento. La única legalidad cultural aconsejable y necesaria es la que deje trabajar a la cultura en paz, respetando su libertad y también el carácter sagrado del gran arte como testimonio de lo genuina e irreductiblemente humano: la capacidad de crear y de espiritualidad.

 

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Carlos Martínez Gorriarán es Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (1990) y licenciado en Historia por la Universidad de Deusto (1981), es profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad del País Vasco (UPV) desde 1992

 

Tonta del Bote en acción

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