Suelta mi manso, mayoral extraño, pues otro tienes de tu igual decoro, deja la prenda que en alma adoro perdida por tu bien y por mi daño.
Ponle su esquila de labrado estaño y no le engañen tus collares de oro, toma en albricias este blanco toro que a las primeras yerbas cumple un año.
Si pides señas, tiene el vellocino pardo encrespado, y los ojuelos tiene como durmiendo en regalado sueño.
Si piensas que no soy su dueño, Alcino, suelta y verasle si a mi choza viene, que aun tienen sal las manos de su dueño.
MANSO, del latín mansus, así se llama a manu, porque acepta comer en la misma mano de su dueño.
Si Lope no fuese el amo, y si «el manso» no fuese Elena, ni el «mayoral extraño» Perrenot, en «nuestro» soneto, ¿quiénes podrían ser el amo, el manso y el nuevo Pastor?
*******
Fascismo negro, fascismo rojo
Un problema se está agudizando en la España actual: la eliminación del disidente, el silenciamiento del hereje
Por José Lázaro
Profesor de Humanidades Médicas, Departamento de Psiquiatría, Universidad Autónoma de Madrid
A mediados de los años setenta, varios amigos que acabábamos (más o menos) de superar la adolescencia descubrimos los irresistibles títulos que Wilhelm Reich colocaba a sus libros: La lucha sexual de los jóvenes, La función del orgasmo, La revolución sexual, Psicología de masas del fascismo…
Los que tengan suficiente edad para ello, recordarán que el hoy bastante olvidado Reich -como muchos otros intelectuales que al madurar fueron capaces de ascender desde la condición de creyentes a la de pensantes- tuvo una evolución análoga a la de Octavio Paz, que certeramente sintetiza Ricardo Cayuela en el artículo Lecciones de la Guerra Civil publicado en este diario.
Reich pasó una primera etapa de entrega fervorosa al freudomarxismo, del que fue en los años treinta un temprano y destacado propagandista. Pero en cuanto empezó a pensar de forma libre y crítica, se vio obligado a salir, y no amistosamente, del Partido Comunista y de la Asociación Psicoanalítica.
Convertido en un lobo estepario, desarrolló por su cuenta y riesgo una idea fundamental: el fascismo no es una ideología, sino una estructura del carácter.
Quienes están formados sobre esa estructura profunda de la mente —que Adorno llamó en 1950 «la personalidad autoritaria»— pueden, con cierta facilidad, abandonar un sistema de creencias para entregarse con la misma fe al siguiente, pero es difícil que dejen de creer ciegamente en algo.
Un caso paradigmático fue el de Roger Garaudy que, si no recuerdo mal, pasó con idéntico fervor del cristianismo al comunismo, después al islamismo y terminó negando la realidad del Holocausto identificado con un extremo sionismo.
Yo le perdonaría al viejo Reich sus fervores juveniles y sus delirios orgónicos seniles, en agradecimiento por la sana educación sexual básica que nos dio en nuestra postadolescencia y, sobre todo, por habernos ayudado a entender que, en el fondo, son exactamente iguales los gallos negros y los gallos rojos.
Gallo de Estrasburgo
*******
Gallo rojo gallo negro, de Chicho Sánchez Ferlosio
José Antonio Julio Onésimo Sánchez-Mazas Ferlosio, más conocido como Chicho Sánchez Ferlosio
José Antonio Julio Onésimo Sánchez-Mazas Ferlosio, más conocido como Chicho Sánchez Ferlosio (Madrid, 8 de abril de 1940-Madrid, 1 de julio de 2003), fue un cantautor español, autor de una gran cantidad de canciones que, muchas veces, no llegó a grabar él mismo (aunque sí lo hicieron otros intérpretes, como Rolando Alarcón, Soledad Bravo, Víctor Jara, Quilapayún o Joaquín Sabina).
Algunos de estos temas han pasado a formar parte de la tradición popular, como Gallo rojo, gallo negro, La hierba de los caminos, La Quinta Brigada o A la huelga.
Era hijo del escritor falangista Rafael Sánchez Mazas y hermano del escritor Rafael Sánchez Ferlosio, así como del matemático y filósofo Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio y de Gabriela Sánchez Ferlosio.
*******
*******
Elite funcionarial y degradación del Estado
Hace mucho tiempo que la mala política arrinconó a los cuerpos superiores de la Administración que hacían que el país funcionara
SÁNCHEZ Y SU AMIGO IGNACIO CARNICERO, AL QUE COLOCÓ EN VARIOS PUESTOS
Sostiene Juan José Muñoz Armagnac, ingeniero civil especialista en cimentaciones especiales, que si sus compañeros de carrera, esa elite que antaño salía de la Escuela de Caminos de Madrid y (en mucha menor medida) de la de Santander, hubiera seguido manteniendo el mismo nivel de influencia, la misma capacidad de gestión, el mismo poder a la hora de avaluar la gran obra civil, que tenían en la Subdirección General de Transportes Ferroviarios, con toda seguridad el accidente de Adamuz que ha costado la vida a 46 personas no se hubiera producido, y muy probablemente tampoco el de Angrois.
Porque entonces nuestros ingenieros, entre los mejores de Europa, mandaban en Renfe, sabían lo que había que hacer y lo que no se podía permitir. Muñoz Armagnac, Manuel Melis Maynar, toda una autoridad en ingeniería de proyectos, y tantos otros, han venido advirtiendo desde hace tiempo que la superestructura del AVE Madrid-Sevilla tendría que haber sido completamente renovada hace por lo menos 15 años, y han puesto por escrito en la Revista de Obras Públicas que la línea de alta velocidad Madrid-Zaragoza-Barcelona es un desastre necesitado de reparaciones urgentes, empezando por el cambio a vía en placa.
Nada se hace porque de Renfe y Adif se han apoderado los políticos, los cargos elegidos a dedo entre la militancia del partido, gente que, en general, no tiene la menor idea de la materia con la que trata. Hace mucho tiempo que la política, la mala política, derrotó a la técnica, arrinconó a la elite funcionarial, esos cuerpos superiores de la Administración que hacían que el país funcionara, los transportes, la justicia, la salud, la educación…
La consecuencia es el deterioro galopante de los servicios que el Estado presta al ciudadano que paga impuestos. El resultado son las listas de espera, la ventanilla que no contesta, el cercanías que no funciona. El vuelva usted mañana. El corolario es el cabreo de la ciudadanía. Y, a veces, la muerte.
Hace tiempo que los “funcionarios de carrera”, esa élite (Abogados del Estado, Técnicos Comerciales y Economistas (TECOS), Inspectores de Hacienda, de Trabajo, Interventores, Diplomáticos, TACs… los cuerpos A1 de la Administración General del Estado (AGE), además de jueces y fiscales, notarios, registradores, letrados de Cortes) que accedía vocacionalmente al servicio público tras superar muy arduas oposiciones, viene siendo sustituida por los “funcionarios de confianza”.
Hasta el año 2004, el alto funcionario podía aspirar a ocupar una Dirección General, asumiendo que las Secretarías deEstado y las Subsecretarías entraban en el rango de los “puestos de designación política” y eran nombrados por el ministro de turno (además de una miríada de consejeros de todo pelaje y condición).
Pero a partir de aquel año aciago todo quedó subvertido a los intereses del partido en el Gobierno: el funcionario de carrera quedó arrasado, más que contaminado, por la llegada a la Administración de miles de paracaidistas con carné del partido a los que había que recompensar por “los servicios prestados” colocándolos en las instituciones o en las empresas públicas.
Nunca hasta entonces la política se había impuesto de forma tan obscena a la técnica. Desde entonces el político decide de acuerdo con las órdenes que vienen de arriba. El objetivo ya no es el servicio público, sino la sumisión a los intereses del Gobierno.
Se trata de ayudar al Ejecutivo a “ganar el relato”, es decir, a seguir en el poder. ¿Qué puede hacer el alto funcionario ante esta situación? Ponerse al servicio del mandamás de turno o, si es honrado, verse arrinconado en espera de tiempos mejores.
“Si dejamos pasar el momento nos van a ganar el relato» (Álvaro García Ortiz, exFiscal General del Estado).
Por el camino del abandono y la sumisión de los técnicos a los políticos hemos llegado al espectáculo de nuestros días:
una Administración compuesta por 22 ministerios centrales, un enjambre de consejerías en los 17 Estaditos que componen nuestro diseño territorial y multitud de Ayuntamientos (amén de Diputaciones), cada centro de poder con su Príncipe, su voluntad de apalancarse en el cargo, y su cohorte de servants.
El Roto
Cada uno de ellos cuenta al menos con tres secretarias y multitud de escoltas, bedeles, chóferes, consultores
The Century of the Self 1 – Happiness Machines – Adam Curtis The Century of the Self 2 -The Engineering of Consent – Adam Curtis The Century of the Self parte 4 – «Eight people sipping […]
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.