Teoría Crítica versus Teoría de Sistemas (el debate entre Jürgen Habermas y Niklas Luhmann)
Tabla de contenidos
La confianza en la complejidad: una aproximación desde la Teoría de Sistemas de Niklas Luhmann
Los grandes procesos civilizadores de transición hacia la confianza en el sistema, dan a la humanidad una actitud estable hacia lo que es contingente en el mundo complejo, hace posible vivir con la consciencia de que todo podría ser de otra manera
Niklas Luhmann
Imagínense el siguiente caso:
“Supónganse que su auto ha estado haciendo ruidos extraños. Van a un mecánico, le explican el problema, dejan el auto y esperan el resultado.
Al día siguiente el auto está listo, el mecánico les dice que era necesario cambiar los amortiguadores y que hacerlo le demandó cinco horas, ustedes pagan y se van manejando su auto, ya sin aquellos ruidos.
Ustedes eligen el mecánico y pueden recompensarlo recurriendo nuevamente a él si están satisfechos con el resultado o castigarlo yendo a otro lugar si no lo están.
Pero hay cantidades de cosas que el mecánico sabe y ustedes no: si estaba dispuesto a hacer el mejor trabajo de que fuera capaz o lo menos posible para sacárselo de encima, si el auto requería una reparación mayor o tan sólo un pequeño ajuste, si de hecho hizo el trabajo en una hora o si le llevó cinco.
Ustedes lo contratan para que actúe en vuestro mejor interés pero ustedes saben que él tiene sus propios intereses. Ustedes pueden recompensarlo o castigarlo.
Pero tendrán que decidir cuál de las dos cosas hacer contando con información imperfecta, dado que él sabe cosas que ustedes no saben y hace cosas que ustedes no ven”
Con el ejemplo arriba mencionado podríamos sostener que la confianza es uno de los elementos claves para aceptar o rechazar aquellos compromisos sociales en las cuales nos desenvolvemos día a día.
El hecho de depositar la confianza en el mecánico también se ve reflejado cuando en nuestra cotidianeidad nos vinculamos con un médico, un funcionario o hasta con alguien que conocemos en nuestra vida amorosa.
Ella se nos muestra entonces como un hecho básico en nuestra vida social (Luhmann 1996) y sin ella, difícilmente, seríamos capaces de movernos de un punto a otro en el mundo de nuestra existencia.
Implicaría no poder reconocer que la confianza es uno de los prerrequisitos básicos para vincularnos los unos a los otros, pudiendo con ella construir expectativas acerca de la persistencia (Barber 1983), a pesar de las decepciones que podemos sufrir, de un orden social complejo.
En primer lugar, desde la perspectiva sistémica de Niklas Luhmann (1991; 2007), se deben dar cuatro condiciones en el operar de la confianza (hagan el ejercicio con el ejemplo arriba mencionado!).
Primero, debe haber un mutuo compromiso que debe ponerse a prueba en ambas partes, entre alter y ego. Si no se pone a prueba el compromiso, pues no operaría la posibilidad de aceptar o rechazar la apuesta.
Segundo, se debe conocer bien la situación exacta en la cual se va a poner a prueba tal compromiso. Las situaciones en la cual nos involucramos, tanto para alter como para ego se nos hacen conocidas y por ello, éstas se nos hacen familiares.
Tercero, la confianza sólo puede ser ofrecida más no exigida. No existe un orden del más allá que nos imponga la oferta de confianza puesto que ello implicaría una exigencia en la cual uno no puede tener la libertad de rechazar la oferta. Por ello, la confianza sólo es voluntaria pues no depende de previas prescripciones ni de algún fundamento moral.
Cuarto, la confianza se gana con el riesgo que ello implica, es decir, se debe esperar que una de las partes acepte la oferta de confianza.
En segundo lugar, debemos también reconocer que una precondición para la confianza tiene que ver con lo familiar, como aquello que se nos hace objetivamente conocido en el campo de la experiencia con mi otro yo (Heidegger 1997), y ello es condición de posibilidad de poder confiar en un mundo en la que las situaciones son contingentes.
Imagínese si salimos y dejamos el auto en el restaurante y no en el mecánico o si nos dirigimos a la estación de metro para tomar el avión. Cómo podríamos llegar a nuestra casa si en vez de esperar el bus en la calle lo hacemos en una sala de espera de un hospital.
Todo ello resulta al menos inverosímil, porque a diferencia de la confianza que soluciona problema específicos de riesgo, lo familiar es un hecho inevitable en nuestras vidas como aquello que hace sentido en el mundo de nuestras experiencias (Luhmann 2000).
Son condiciones que conocemos en nuestra cotidianeidad y que damos por pre-establecidas.
Pero hoy en día en una sociedad compleja resulta poco probable que podamos vivir únicamente en un mundo meramente familiar.
Las relaciones que involucran expectativas y vínculos interpersonales se hacen cada vez más improbables, ellas no resultan ser suficientes para poder invertir en aquella empresa riesgosa como lo es la confianza.
Como logro evolutivo de la sociedad moderna se requieren entonces de nuevos procesos y/o mecanismos cada vez más diferenciados e impersonales como los sistemas funcionalmente diferenciados.
Así, como lo indica Niklas Luhmann (2000), la confianza interpersonal es sustituida por la confianza sistémica, es decir, confianza en los distintos sistemas sociales de la sociedad como lo sistemas interaccionales, organizacionales y funcionales.
Vale decir, si la confianza en los sistemas interaccionales dependen de las expectativas que se construyen en la mutua percepción de las personas en tiempo real (Nassehi 2011), la confianza también opera cuando
«se aprecia la diferenciación de las organizaciones desde el alero de los sistemas parciales como el político, económico, religioso, educacional o jurídico, cuando se re-especifican problemas funcionales como el poder, la escasez, la trascendencia, la selección o la legitimidad, hasta hacerlos operables por unidades especializadas de decisión» (Arnold 2012: 18) organizacional.
Para la perspectiva sistémica la confianza no es entonces por naturaleza el principio de todas las cosas, como aquel motor inmóvil o causa primera producida por algún poder divino (Aristóteles 1996).
Tampoco es un concepto que cae bajo algún fundamento moral: no denota un imperativo normativo que opere como prerrequisito para las interacciones (Durkheim 1987 en Luhmann 2013).
La pregunta por cómo es posible la confianza social no depende de un deber perfecto que indique en qué situaciones (y en cuáles no) se debe confiar o desconfiar (Luhmann 1996).
No se coloca una certeza apriorística de la solidaridad moral como condición para una relación armoniosa en la sociedad.
Así, para la teoría de sistemas la confianza es un mecanismo de reducción de complejidad ante las decisiones riesgosas que tomamos cada día al participar de los distintos sistemas sociales.
En la actual sociedad compleja la confianza implica riesgo siendo sólo posible comunicarla como decisión (Luhmann 1996, 2006, 2011; Javala 2006; Paulus 2006).
Ella es la que nos puede garantizar cierta seguridad que oriente el aceptar el riesgo de confiar en el otro, sabiendo que siempre podemos sufrir decepciones en las decisiones que tomamos, más en un futuro que no conocemos.
Summa summarum, la confianza permite probabilizar que aquel futuro que no conocemos se haga presente y que éste último pueda durar a lo mejor para futuras decisiones.

*******
Teoría Crítica versus Teoría de Sistemas: Una revisión al debate entre Jürgen Habermas y Niklas Luhmann
Sistemas Sociales, Revista Electrónica de Difusión Científica,

En los anexos puede advertirse el juicio doctrinal que merecen las posturas de los dos autores.
De ellos [Luhmann y Habermas], el menos peligroso es Habermas, dada su defensa del humanismo y de la participación efectiva en la construcción del orden social, su tan denostada ´utopía`.
Ésta representa en cierto modo una reedición del utopismo marxista, pero también remite a la concepción cristiana de la historia y de la sociedad.
Index del Opus Dei
La controversia entre Jürgen Habermas y Niklas Luhmann estuvo vigente durante aproximadamente cuatro décadas. El punto de inicio fue una obra conjunta publicada en 1971 llamada Theorie der Gesellschaft oder Sozialtechnologie (Teoría de la sociedad o tecnología social), el desenlace: el fallecimiento de Luhmann en 1998.
Durante este periodo, la obra de ambos autores se mantuvo en constante diálogo, adquiriendo la relevancia de debates tan recurridos como el efectuado entre Jean Paul Sartre y Louis Althusser, o entre Karl Popper y Theodor Adorno.
En esta discusión se confrontan dos tradiciones de pensamiento que, antes del debate, habían permanecido en mutua indiferencia:
la teoría crítica y la teoría de sistemas.
Teoría Crítica versus Teoría de Sistemas

La teoría crítica o escuela de Frankfurt es una corriente de pensamiento orientada en redirigir el proyecto emancipador de la ilustración, iniciado a finales del siglo XVIII, y supuestamente distorsionado o desviado en las primeras décadas del siglo XX (Jay, 1989).
Es posible reconocer dos etapas del pensamiento temprano de la escuela de Frankfurt.
En la primera, se declara la necesidad de reconstituir el proyecto originario de la razón objetiva ilustrada mediante un aparato interdisciplinario de investigación empírica
en la segunda, se revela el carácter autodestructivo de la razón, presente no como desviación sino como elemento originario
El impulso inicial de la obra de Habermas es superar las aporías de esta segunda etapa, para luego poder retornar a la primera.
Podemos reconocer dos vertientes de la teoría de sistemas:
la teoría general de sistemas y la teoría social de sistemas.

La primera recoge los aportes de Ludwig Von Bertalanffy (1979) -ser vivo como totalidad-, Wiener (1981), Maruyama (1963) y Ashby (1957) -principio de la circularidad de la cibernética-, Heinz von Foerster (1991) -sistemas auto-organizadores- y por último Humberto Maturana y Francisco Varela (1998; 2003) –teoría de la autopoiesis-.

La segunda corresponde a la teoría de los sistemas de acción de Talcott Parsons (1968; 2005).
El impulso preliminar de la obra de Luhmann es superar las dificultades de la obra de Parsons mediante la incorporación de los avances de la teoría general de sistemas (Rodríguez & Arnold, 1991; Izuzquiza, 1990).
Si consideramos la controversia entre Habermas y Luhmann teniendo en cuenta las principales obras de ambos autores (y no solamente las referencias directas), podemos distinguir tres aspectos del debate:
Teórico [I], Empírico [II] y Normativo [III].

-I-
La obra de Habermas se sustenta un concepto amplio de racionalidad, que posee cuatro dimensiones (y no solamente dos, la verdad y la eficacia, como generalmente se había pensado) que se manifiestan en cuatro tipos de acciones con cuatro respectivas pretensiones de validez:
a) acción instrumental, que relaciona a un sujeto con el mundo objetivo (validez: eficacia);
b) acción regulada por normas, que relaciona a un sujeto con el mundo social (validez: rectitud);
c) acción dramatúrgica, que relaciona a un sujeto con el mundo subjetivo (validez: autenticidad), y;
d) acción comunicativa, en donde los sujetos intentan entenderse sobre una situación para poder coordinar sus planes de acción y se refieren de forma simultánea al mundo objetivo, al mundo social y al mundo subjetivo.
En cada caso, la racionalidad posee dos criterios:
primero, la simetría (la equidad de todos los participantes del discurso);
segundo, la no coerción (la libertad frente a los imperativos impuestos por la tradición)
Para Luhmann, en cambio, no es posible revelar ninguna postura frente a la racionalidad o la comunicación si, como Habermas, se parte de los conceptos de sujetos y acción (Luhmann, 1998).
La obra de Luhmann no se refiere a objetos, acciones o sujetos, sino a un tipo particular de forma (a un suceso del mundo que opera determinando una marca entre dos partes, lo que hace imposible transitar de una parte a la otra sin atravesar la marca), a saber,
la forma sistema/entorno, en donde una parte de la forma (el sistema), puede observar la forma misma, la unidad de la diferencia, y distinguir la propia distinción sistema/entorno que le es constitutiva (Luhmann 2007:145-316).
En la sociedad, el medium (elementos acoplados débilmente que permiten la impresión de una forma) para el surgimiento de los sistemas sociales es el sentido. Las operaciones de los sistemas sociales son las comunicaciones (no las acciones). De los sistemas psíquicos, los pensamientos. El medium para ambas operaciones es el lenguaje.
Las operaciones de los sistemas sociales son las comunicaciones (no las acciones).
De los sistemas psíquicos, los pensamientos.
El medium para ambas operaciones es el lenguaje.
Así, mientras Habermas describe la sociedad partiendo de los conceptos de acción y sujeto, Luhmann inicia con la idea de la forma sistema/entorno, para luego deducir el significado de estos conceptos.
Así, mientras Habermas describe la sociedad partiendo de los conceptos de acción y sujeto, Luhmann inicia con la idea de la forma sistema/entorno, para luego deducir el significado de estos conceptos.

-II-
En el campo empírico, en el diagnóstico de la modernidad, la principal diferencia entre ambos autores es que, mientras Habermas estudia el proceso dual del conflicto entre los sistemas sociales, por un lado, y el mundo racionalizado de la vida, por otro, Luhmann considera solamente la diferenciación funcional de los sistemas sociales.
En el campo empírico, en el diagnóstico de la modernidad, la principal diferencia entre ambos autores es que, mientras Habermas estudia el proceso dual del conflicto entre los sistemas sociales, por un lado, y el mundo racionalizado de la vida, por otro, Luhmann considera solamente la diferenciación funcional de los sistemas sociales.
Para Habermas, el mundo de la vida corresponde al fondo aproblemático de la acción, que en cada situación opera como plexo de remisiones que abandona la trivialidad y su solidez incuestionada.
En la modernidad, este fondo aproblemático se diferencia entre tres componentes – cultura (el saber acumulado en forma de interpretaciones), sociedad (las organizaciones socialmente legítimas) y personalidad (las competencias que transforman a un sujeto en capaz de lenguaje y acción) – constituyéndose en el contexto de la acción comunicativa.
Pero, paradójicamente, este mismo proceso de diferenciación es el que impulsa el surgimiento de los sistemas sociales a los Luhmann se refiere.
La modernidad posee entonces dos etapas:
primero, el desacoplamiento entre el mundo de la vida (integración social) y los subsistemas de acción (integración sistémica);
segundo, la colonización del primero por parte de estos últimos
Para Luhmann, en cambio, el tránsito desde la sociedad estratificada europea a la sociedad moderna consiste en la reduplicación de la diferencia sistema/entorno al interior de la misma sociedad, proceso que concluye con la estructuración de sistemas parciales (Luhmann, 2007:471-676).
El autor no considera la posibilidad de que el mundo de la vida se tematice o en forma de acción comunicativa o en forma de operación de sistemas sociales, como Habermas, sino que tiene en cuenta solamente esta segunda opción, debido a que la idea la integración social impulsada por la acción comunicativa y el consenso parten erróneamente de los conceptos de sujeto y acción.

-III-
Este diagnóstico disímil del proceso de la modernidad sustenta dos posiciones normativas distintas.
Mientras Habermas plantea la necesidad de una ética procedimental (basada en el proceso del discurso), cognitiva (que permite fundamentar normas morales) y universal (que posee validez en todos los contextos del discurso), sustentada en la idea de una comunidad ideal (simétrica, no coercitiva) de comunicación (Habermas, 1985), Luhmann, si bien no niega la persistencia de la comunicación moral en la sociedad moderna, afirma que las operaciones de los sistemas diferenciados funcionalmente son indiferentes a la moral, por lo que la posibilidad de cualquier ética se difumina (Luhmann, 1989).
Mientras Habermas plantea la necesidad de una ética procedimental (basada en el proceso del discurso), cognitiva (que permite fundamentar normas morales) y universal (que posee validez en todos los contextos del discurso), sustentada en la idea de una comunidad ideal (simétrica, no coercitiva) de comunicación, Luhmann afirma que las operaciones de los sistemas diferenciados funcionalmente son indiferentes a la moral, por lo que la posibilidad de cualquier ética se difumina.
Luhmann propone una reflexión ética autorreferencial que contemple la unidad de la diferencia de la distinción bueno/malo que le es constitutiva, y que, por un lado, se considere no un saber moralmente superior sino una distinción entre distinciones, y que, por otro, pueda distinguir cuándo es pertinente y cuándo no hacer uso de las distinciones de la moral.
Habermas plantea una ética encaminada a promover la expansión de la integración social por sobre la integración sistémica.
Luhmann intenta describir la sociedad. Habermas procura enseñarle.
Si consideramos la obra de ambos autores como parte de la historia universal de las ideas, nos encontramos con que Habermas y Luhmann representan las dos principales tendencias de la auto-observación moderna:
humanismo y anti-humanismo (o humanismo negativo), unidad y diferencia, trascendencia e inmanencia.
El humanismo de Habermas es explícito (Habermas, 2008), pero el anti-humanismo de Luhmann no; por esta razón Miranda, citando una frase de Mascareño, habla del negativamente humanista anti-humanismo teórico de Luhmann (Miranda, 2012).
El enfrentamiento entre ambos autores no es entonces casualidad:
constituye un nuevo episodio de un conflicto iniciado ya con la confrontación entre la ilustración francesa y el romanticismo alemán.
Teniendo en cuenta esta situación, las posturas que distingan y trasciendan estas dos tradiciones resultan pertinentes: quizás Peter Sloterdijk, con la propuesta de la repetición de los hombres por obra de los hombres (Sloterdijk, 1993) y Paul Ricoeur, con la idea la desproporción humana entre infinitud y finitud (Ricoeur, 1982) tengan algo que aportar a esta controversia.

Niklas Luhmann (1927-1998)
Niklas Luhmann fue profesor de sociología en la Universidad de Bielefeld, Alemania. Su obra consiste en la elaboración de una teoría con pretensiones de universalidad y que demanda su aplicación para todo fenómeno social.
La teoría resultante ofrece una variedad conceptual que permite dar cuenta de los fenómenos sociales de una manera novedosa, lo cual facilita el diálogo interdisciplinario al incluir elementos de otras áreas del saber, como la cibernética, la biología o las matemáticas, por mencionar algunas.
Luhmann retoma la crítica al funcionalismo y a la teoría parsoniana, pero desde una óptica totalmente diferente.
Luhmann considera que es posible armar un entramado teórico, capaz de preguntarse por la función de la construcción de un sistema dado.
Esta función consiste en la comprensión y la reducción de la complejidad. La complejidad, en la perspectiva luhmanniana no es vista como un obstáculo ni una dificultad para la construcción de un sistema (Arriaga Álvarez, 2003, págs. 277, 278).

*******
El sociólogo alemán Niklas Luhmann fue uno de los grandes pensadores del siglo XX.
Dedicó su vida a la elaboración de una teoría general de la sociedad, conocida sobre todo por su teoría de sistemas.
El video analiza el pensamiento de Luhmann de forma simplificada.

*******
RELACIONADOS:
TEORIA GENERAL DE SISTEMAS, por Ludwig von Bertalanffy (1968)
WITTGENSTEIN Y LA FILOSOFÍA DE LA MATEMÁTICA, por Silvio Pinto
FREGE Y KANT: LOS FUNDAMENTOS DE LA ARITMÉTICA, de Gottlob Frege (y Parte 2)





