TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS, por Ludwig von Bertalanffy (1968)

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«Todos salen de la vida igual que si acabasen de entrar en ella»

Epicuro

 

Teoría General de los Sistemas de Ludwig von Bertalanffy

La Teoría General de los Sistemas de Ludwig von Bertalanffy supuso un cambio de paradigma fundamental, que sustituye el enfoque analítico tradicional por una visión holística e interdisciplinaria. Examina la realidad a través de isomorfismos y principios comunes que rigen tanto en las ciencias naturales como en las sociales.

En el Prefacio -publicado en esta entrada- el propio autor desglosa la materia en tres dimensiones esenciales: la ciencia de los sistemas, que busca leyes aplicables a diversas entidades; la tecnología de los sistemas, centrada en la complejidad de la sociedad moderna; y la filosofía de los sistemas, que reorienta nuestra visión del mundo.

Para comprender cualquier fenómeno es crucial estudiar las interrelaciones y la organización de sus componentes en lugar de aislarlos.

Destaca su enfoque humanista, que evita la mecanización del hombre, integrando valores y símbolos dentro de un orden jerárquico cósmico.

Para Bertalanffy, la ontología de sistemas es una de las tres partes en las que se divide la filosofía de los sistemas. Esta rama se ocupa de definir qué se entiende por «sistema» y de investigar cómo están plasmados estos sistemas en los distintos niveles del mundo que observamos
 
Dentro de esta ontología, el autor establece distinciones fundamentales entre diversos tipos de sistemas:

Sistemas reales: Son entidades que existen independientemente del observador y que son percibidas o inferidas a través de la observación, como es el caso de un átomo, una célula, un perro o una galaxia.

Sistemas conceptuales: Se refieren a construcciones simbólicas, como ocurre con la lógica, las matemáticas o incluso la música.

Sistemas abstraídos: Son una subclase de los sistemas conceptuales que guardan una correspondencia directa con la realidad, como los modelos utilizados en la ciencia.

 
Sin embargo, Bertalanffy advierte que la distinción entre sistemas reales y conceptuales no es nítida ni absoluta. Por ejemplo, los ecosistemas o los sistemas sociales son «reales» en el sentido de que sus perturbaciones afectan nuestra vida, pero al mismo tiempo son construcciones conceptuales.
 
Incluso los objetos de nuestra vida cotidiana no son meras percepciones sensoriales directas, sino que están condicionados por factores mentales, culturales y lingüísticos que determinan lo que percibimos como realidad.
 
 
El cambio del paradigma científico, según Bertalanffy, se describe como un «alto de nivel lógico» en el pensamiento y en la forma de mirar la realidad. Este tránsito se define fundamentalmente por el paso de una visión mecanicista y analítica a una visión organísmica y holística.
 
Los principales cambios identificados son:

De los elementos a las relaciones: Mientras que la ciencia clásica se esforzaba por aislar los elementos del universo (como compuestos químicos, células o individuos) con la esperanza de que, al juntarlos de nuevo, el todo fuera inteligible, el nuevo paradigma sostiene que para comprender la realidad no basta con conocer los elementos, sino que son indispensables las relaciones e interacciones entre ellos.

Superación del mecanicismo: El texto contrapone el paradigma analítico y mecanicista de la ciencia clásica -basado en una causalidad unidireccional y lineal- con un enfoque que ve el mundo como una «gran organización».

Nuevas categorías científicas: El paradigma de sistemas introduce conceptos que antes se consideraban nociones metafísicas ajenas a la ciencia, como la organización, la teleología (finalidad), la interacción y la transacción.

Giro epistemológico (Perspectivismo): Se abandona la idea del conocimiento como una «teoría de la cámara» (una reflexión pasiva de cosas reales) y se propone una filosofía perspectivista. En esta visión, el conocimiento es una interacción entre el conocedor y lo conocido, influenciada por factores biológicos, culturales y lingüísticos.

Integración humanística: A diferencia de las posturas mecanicistas que pueden llevar a una sociedad tecnocrática, este nuevo paradigma busca integrar el mundo de los símbolos y valores en un orden cósmico de jerarquías, intentando salvar la brecha entre las ciencias naturales y las humanidades.

 

En resumen, el cambio consiste en pasar de ver el mundo como un «montón de partículas físicas gobernadas por el azar» a entenderlo como una jerarquía de totalidades organizadas.

 

Teoría General de los Sistemas

La obra «Teoría General de los Sistemas» (TGS), publicada en su forma definitiva en 1968 por el biólogo austríaco Ludwig von Bertalanffy, marcó un cambio de paradigma en la ciencia moderna. Su objetivo principal fue superar el enfoque reduccionista tradicional, proponiendo que los fenómenos no deben estudiarse por partes aisladas, sino como un todo integrado. 

Conceptos Clave de la Obra

Definición de Sistema: Un conjunto de elementos que interactúan entre sí, donde el comportamiento del conjunto es más que la simple suma de sus partes (Holismo). 

Sistemas Abiertos vs. Cerrados:

Sistemas Abiertos: Intercambian materia, energía e información con su entorno (como los seres vivos o las organizaciones).

Sistemas Cerrados: Están aislados de influencias externas, alcanzando un estado de equilibrio estático. 

Equifinalidad: Un sistema puede alcanzar el mismo estado final partiendo de condiciones diferentes y por distintos caminos. 

Isomorfismo: La existencia de principios o leyes similares que se aplican a sistemas de naturalezas muy distintas (biológicos, sociales, mecánicos).

Impacto e Interdisciplinariedad

Bertalanffy concibió la TGS como una metateoría o «teoría de teorías«. Su impacto se extiende a múltiples campos

Biología: Visión organicista del ser vivo.

Psicología: Análisis de la familia y grupos humanos como sistemas abiertos.

Administración: Gestión de organizaciones considerando el entorno y la interdependencia de departamentos.

Cibernética y Computación: Base para el estudio de la retroalimentación y la comunicación.

 

El biólogo austríaco Ludwig von Bertalanffy.

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Los 10 capítulos de La Teoría General de los Sistemas de Ludwig von Bertalanffy  (edición de 1968):

 

1.- Introducción: Plantea la necesidad de una teoría que unifique las ciencias. Critica el reduccionismo (dividir todo en partes pequeñas) y propone el holismo para entender la complejidad del mundo moderno.

2.- Sobre la Teoría General de los Sistemas: Define la TGS como una ciencia de la «totalidad«. Explica que existen leyes aplicables a cualquier sistema, sin importar si es físico, biológico o social.

3.- Algunos conceptos y aplicaciones de la física matemática: Introduce el lenguaje matemático necesario para describir sistemas. Explica que la estabilidad de un sistema depende de las interacciones dinámicas de sus componentes.

4.- Progresos en la Teoría General de los Sistemas: Repasa cómo la teoría se ha expandido a la ingeniería y la psicología. Introduce la idea de que los sistemas tienden a una jerarquía (sistemas dentro de sistemas).

5.- El organismo considerado como sistema físico: Se enfoca en la biología. Explica que los seres vivos no están en equilibrio estático, sino en un estado constante de flujo (estado uniforme).

6.- El modelo del sistema abierto: Es el núcleo teórico del libro. Diferencia los sistemas que intercambian materia con el exterior (abiertos) de los que no (cerrados), y cómo los abiertos desafían la entropía.

7.- Algunos aspectos de la teoría de los sistemas en biología: Aplica los conceptos al crecimiento biológico y la evolución, argumentando que la vida no es un accidente físico, sino una organización compleja y dirigida.

8.- El sistema en las ciencias humanas: Traslada la teoría a la sociología y la historia. Critica la visión del hombre como un simple «robot» que reacciona a estímulos, defendiendo la actividad intrínseca humana.

9.- Relatividad de las categorías: Analiza cómo nuestra percepción del mundo está condicionada por el sistema biológico y cultural en el que vivimos. El conocimiento es también un sistema.

10.- El significado de la Teoría General de los Sistemas: Concluye que la TGS es una herramienta para la unificación de la ciencia y una respuesta a la crisis de la especialización excesiva.

 

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TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS

 Ludwig von Bertalanffy

(1968)

La Teoría General de los Sistemas fue concebida por Ludwig von Bertalanffy en la década de 1940 con el fin de proporcionar un marco teórico y práctico a las ciencias naturales y  sociales.

La teoría de Bertalanffy supuso un salto de nivel lógico en el pensamiento y en la forma de mirar la realidad que influyó en la psicología y en la construcción de la nueva teoría sobre la comunicación humana.

Rosaura Mena

Ciencias de la Comunicación – Teoría organizacional

Punto Critico, 2020

TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS
Karl Ludwig von Bertalanffy (Viena, 19 de septiembre de 1901-Búfalo (Nueva York), 12 de junio de 1972), biólogo y filósofo austríaco

 

 En los pocos años transcurridos desde que fue publicado este libro por vez primera, se han dado grandes adelantos en la teoría general de los sistemas. Me es grata, pues, la oportunidad ofrecida por esta edición revisada para presentar algunos comentarios desde el punto que hoy por hoy hemos alcanzado.

Hace unos treinta años que postulé y nombré la teoría general de los sistemas. A partir de entonces, esta teoría -a veces con nombres parecidos-se ha convertido en una disciplina reconocida, objeto de cursos universitarios, textos, compilaciones, revistas, reuniones, grupos de trabajo, centros y demás accountements de un campo de enseñanza e investigación universitarias. O sea que se ha vuelto realidad mi postulado de una «ciencia nueva».

Todo esto se fundó en desarrollos múltiples, que serán repasados en el presente libro. El punto de vista de los sistemas ha penetrado en muy diversos campos científicos y tecnológicos, en los que incluso se ha tornado indispensable.

Este hecho, y el de que represente un nuevo «paradigma» (por usar la expresión de Thomas Kuhn) en el pensamiento científico, tiene por consecuencia que el concepto de sistema pueda ser definido y ahondado de diferentes modos, según lo requieran los objetivos de la investigación, que reflejan distintos aspectos de la noción central.

En tales circunstancias, hay dos maneras de introducirse en este campo. Es posible aceptar uno de los modelos y definiciones disponibles de sistema y derivar rigurosamente la teoría consiguiente. Por fortuna se dispone de presentaciones así, y algunas serán citadas a continuación.

El otro recurso -que será el seguido en este libro- es partir de los problemas, tal como han surgido en las varias ciencias, mostrar la necesidad del punto de vista de los sistemas y desarrollarlo, con mayor o menor detalle, merced a una selección de ejemplos ilustrativos.

Semejante procedimiento no presenta una exposición rigurosa de la teoría, y los ejemplos dados serán reemplazables; es decir, a modo de ilustración servirían otros, y acaso mejores.

No obstante, de acuerdo con la experiencia del autor -y con la de otros también, a juzgar por la gran aceptación alcanzada por este libro-, tal visión panorámica sirve al que estudia de introducción apropiada a un nuevo modo de pensar, aceptado con interés y hasta entusiasmo, y al ya enterado como punto de partida para mayores trabajos. Testimonio de esto último son las numerosas investigaciones que se inspiraron en la presente obra.

 

 

Un crítico competente (Robert Rosen en Science, 164, 1969, p. 681) halló «sorprendentemente pocos anacronismos que requirieran corrección» en el presente libro, con todo y que contiene algunos capítulos que se remontan a 30 años atrás. Es éste un gran elogio, si se considera que hoy por hoy las monografías científicas propenden a «requerir corrección» aun en el momento de aparecer.

No se debió esto  -como insinuaba el mencionado reseñador-  a retoques atinados (en realidad el retoque no pasó de un mínimo de mejoramiento estilístico), sino a que, según todas las señales, el autor tenía «razón», en el sentido de haber sentado un cimiento certero y de haber predicho correctamente adelantos venideros.

Léanse, por ejemplo, los problemas de sistemas que figuran en el párrafo sobre el isomorfismo en la ciencia del presente libro; hoy en día, estos problemas (y otros) los están resolviendo la teoría dinámica de los sistemas y la teoría del control.

El isomorfismo entre leyes es presentado en este libro mediante ejemplos elegidos con ilustraciones intencionalmente sencillas, pero  otro tanto es aplicable a casos más enrevesados, que andan lejos de ser matemáticamente triviales.

Es, así, un hecho notable que sistemas biológicos tan diversos como el sistema nervioso central y la trama de regulación bioquímica en la célula resulten estrictamente análogos, lo cual se hace aun más significativo cuando se aprecia que esta analogía entre diferentes sistemas en diferentes niveles de organización biológica no es sino un miembro de una vasta clase de analogías. (Rosen, 1967).

En un nivel de mayor generalidad, más de una vez se señaló en este volumen el «paralelismo entre principios cognoscitivos generales en diferentes campos».

No se previó, con todo, que la teoría general de los sistemas habría de desempeñar un importante papel en las orientaciones modernas de la geografía, o de ser paralela al estructuralismo francés (p. ej. Piaget, Lévi-Strauss) y ejercer considerable influencia sobre el funcionalismo sociológico estadounidense.

Con la expansión creciente de la actitud de sistemas y los estudios al respecto, la definición de la teoría general de los sistemas ha sido objeto de renovado escudriñamiento, de modo que quizá no esté de más alguna indicación tocante a su sentido y alcance. La expresión «teoría general de los sistemas» la introdujo el presente autor deliberadamente, en un sentido amplio.

Por supuesto, es posible restringirse al sentido «técnico», desde el punto de vista matemático, como tantas veces se hace, pero esto no parece del todo recomendable, en vista de que abundan los problemas de «sistemas» que requieren una teoría no disponible al presente, todavía, en términos matemáticos.

De suerte que aquí el nombre de «teoría general de los sistemas» es empleado ampliamente, como se usa la expresión «teoría de la evolución», que viene a significar casi todo lo que cae entre desenterrar fósiles, hacer anatomía o desarrollar la teoría matemática de la selección, o como se habla de «teoría del comportamiento», que va de la observación de pájaros a teorías neurofisiológicas rebuscadas. Lo que cuenta es la llegada de un nuevo paradigma.

 

 

A rasgos generales pueden indicarse tres aspectos principales, no separables en cuanto a contenido pero distinguibles en intención.

El primero es circunscribible como «ciencia de los sistemas» , o sea la exploración y la explicación científicas de los «sistemas» de las varias ciencias (física, biología, psicología, ciencias sociales … ), con la teoría general de los sistemas como doctrina de principios aplicables a todos los sistemas (o a subclases definidas de ellos).

Están ingresando en la esfera del pensamiento científico entidades de naturaleza esencialmente nueva. En sus diversas disciplinas -ya fueran la química, la biología, la psicología o las ciencias sociales-, la ciencia clásica procuraba aislar los elementos del universo observado -compuestos químicos, enzimas, células, sensaciones elementales, individuos en libre competencia y tantas cosas más-, con la esperanza de que volviéndolos a adjuntar, conceptual o experimentalmente, resultaría el sistema o totalidad -célula, mente, sociedad-, y sería inteligible.

Ahora hemos aprendido que para comprender no se requieren sólo los elementos sino las relaciones entre ellos (digamos, la interacción enzimática en una célula, el juego de muchos procesos mentales conscientes e inconscientes, la estructura y dinámica de los sistemas sociales, etc). Esto requiere la exploración de los numerosos sistemas de nuestro universo observado, por derecho propio y con sus especificidades.

Por añadidura, aparecen aspectos, correspondencias e isomorfismos generales comunes a los «sistemas». Tal es el dominio de la teoría general de los sistemas; de hecho, tales paralelismos o isomorfismos aparecen -a veces inesperadamente- en «sistemas» del todo distintos por lo demás.

De modo que la teoría general de los sistemas es la exploración científica de «todos» y «totalidades» que no hace tanto se consideraban nociones metafísicas que salían de las lindes de la ciencia.

Para vérselas con ello han surgido novedosas concepciones, modelos y campos matemáticos, como la teoría dinámica de los sistemas, la cibernética, la teoría de los autómatas, el análisis de sistemas merced a las teorías de los conjuntos, las redes y· las gráficas, y así sucesivamente.

 

El matemático e ingeniero John von Neumman en 1944, desarrolla la idea de programa interno y describe el fundamento teórico de construcción de una computadora electrónica denominada modelo de Von Neumann.

 

El segundo territorio es el de la «tecnología de los sistemas», o sea el de los problemas que surgen en la tecnología y la sociedad modernas y que comprenden tanto el hardware de computadoras, automación, maquinaria autorregulada, etc., como el software de los nuevos adelantos y disciplinas teóricos.

La tecnología y la sociedad modernas se han vuelto tan complejas que los caminos y medios tradicionales no son ya suficientes, y se imponen actitudes de naturaleza holista, o de sistemas, y generalista, o interdisciplinaria. Esto es cierto en muchos sentidos.

Sistemas en múltiples niveles piden control científico: ecosistemas, cuya perturbación lleva a problemas apremiantes como el de la contaminación; organizaciones formales, como la burocracia, las instituciones educativas o el ejército; los graves problemas que se presentan en sistemas socioeconómicos, en relaciones internacionales, política y represalias.

Sin importar hasta dónde sea posible la comprensión científica (en contraste con la: admisión de la irracionalidad de los acontecimientos culturales e históricos), y en qué grado sea factible, o aun deseable, el control científico; es indiscutible que son en verdad problemas «de sistemas», o sea problemas de interrelaciones entre gran número de «variables». Lo mismo se aplica a objetivos más limitados en la industria, el comercio y el armamento.

Los requerimientos tecnológicos han conducido a nuevos conceptos y disciplinas, en parte muy originales y que implantan nuevas nociones básicas, como las de las teorías del control y la información,  de los juegos y de la decisión, de los circuitos y de las colas, etc.

La característica general, una vez más, es que éstas descienden de problemas específicos y concretos en tecnología, pero los modelos, conceptualizaciones y principios -así los de información, retroalimentación, control, estabilidad, circuito, etc.- han ido mucho más allá de las fronteras de las especialidades, tienen naturaleza interdisciplinaria y resultaron independientes de sus concreciones especiales, según lo ilustran modelos isomorfos de retroalimentación en sistemas mecánicos, hidrodinámicos, eléctricos, biológicos, etc.

Análogamente, convergen adelantos originados en ciencia pura y aplicada, como en la teoría dinámica de los sistemas y la teoría del control.

Una vez más se extiende todo un espectro desde la teoría matemática muy afinada, pasando por la simulación con computadora, en la cual pueden tratarse variables cuantitativamente, en ausencia de soluciones analíticas, hasta la discusión más o menos informal de problemas que tienen que ver con sistemas.

En tercer lugar está la «filosofía de los sistemas», a saber,  la reorientación del pensamiento y la visión del mundo resultante de la introducción del «sistema» como nuevo paradigma científico  (en contraste con el paradigma analítico, mecanicista, unidireccionalmente causal, de la ciencia clásica).

Al igual que toda teoría científica de gran alcance, la teoría general de los sistemas tiene sus aspectos «metacientíficos» o filosóficos. E

l concepto de «sistema» constituye un nuevo «paradigma», por hablar como Thomas Kuhn, o una «nueva filosofía de la naturaleza», según dijo quien esto escribe (1967), contrastando las «leyes ciegas de la naturaleza» de la visión mecanicista del mundo y el devenir del mundo como argumento shakespeariano contado por un idiota, con una visión organísmica de «el mundo como una gran organización» .

Esto bien puede dividirse en tres partes. Tenemos, primero, que dar con la «naturaleza del animal». Se trata de la ontología de sistemas -qué se entiende por «sistema» y cómo están plasmados los sistemas en los distintos niveles del mundo de la observación.

 

 

Qué haya de definirse y de describirse como sistema no es cosa que tenga respuesta evidente o trivial. Se convendrá en que una galaxia. un perro, una célula:

y un átomo son sistemas reales, esto es, entidades percibidas en la observación o inferidas de ésta, y que existen independientemente del observador.

Por otro lado están los sistemas conceptuales, como la lógica (las matemáticas pero incluyendo, p. ej., también la música), que son ante todo construcciones simbólicas, con sistemas abstraídos (ciencia) como subclase de las últimas, es decir, sistemas conceptuales correspondientes a la realidad.

 

Con todo, la distinción no es, ni mucho menos, tan nítida y clara como pudiera creerse. Un ecosistema o un sistema social -es bien «real» , según apreciarnos en carne propia cuando, digamos, el ecosistema es perturbado por la contaminación, o la sociedad nos pone enfrente tantos problemas insolutos. Mas no se trata de objetos de’ percepción u observación directa; son construcciones conceptuales.

Lo mismo pasa hasta con los objetos de nuestro mundo cotidiano, que en modo alguno son sencillamente «datos» como datos sensoriales o simples percepciones, sino que en realidad están construidos con innumerables factores «mentales» que van de la dinámica gestaltista y los procesos de aprendizaje a los factores culturales y lingüísticos que determinan en gran medida lo que de· hecho «Vemos» o percibimos.

Así, la distinción entre objetos y sistemas «reales» dados en la observación, y construcciones y sistemas «conceptuales», es imposible de establecer sin más que sentido común. Se trata de hondos problemas que aquí apenas podemos señalar.

Esto nos lleva a la epistemología de sistemas. De lo anterior se desprende cuánto difiere de la epistemología del positivismo o empirismo lógico, con todo y que comparta su actitud científica.

La epistemología (y metafísica) del positivismo lógico está determinada por las ideas de fisicalismo, atomismo y la «teoría de la cámara» para el conocimiento. Todo esto está anticuado a la luz de los conocimientos de hoy.

Frente al fisicalismo y el reduccionismo, los problemas y modos de pensamiento de las ciencias biológicas, sociales y del comportamiento requieren igual consideración, y la simple «reducción»  a las partículas elementales y las leyes ordinarias de la física no parece ser factible.

En comparación con el proceder ·analítico de la ciencia clásica, con resolución en elementos componentes y causalidad lineal o unidireccional como categoría básica, la investigación de totalidades organizadas de muchas variables requiere nuevas categorías de interacción, transacción, organización, teleología, etc., con lo cual surgen muchos problemas para la epistemología y los modelos y técnicas matemáticos.

Además la percepción no es una reflexión de «cosas reales» (cualquiera que sea su condición metafísica), ni el conocimiento una mera aproximación a la «verdad»  o la «realidad». Es una interacción entre conocedor y conocido, dependiente de múltiples factores de naturaleza biológica, psicológica, cultural, lingüística, etc.

La propia física nos enseña que no hay entidades últimas tales como corpúsculos u ondas, que existan independientemente del observador.

Esto conduce a una filosofía «perspectivista» para la cual la física, sin dejar de reconocerle logros en su campo y en otros, no representa el monopolio del conocimiento.

Frente al reduccionismo y las teorías que declaran que la realidad no es «nada sino» (un montón de partículas físicas, genes, reflejos, pulsiones o lo que sea), vemos la ciencia como una de las «perspectivas» que el hombre, con su dotación y servidumbre biológica, cultural y lingüística, ha creado para vérselas con el universo al cual está «arrojado» o, más bien, al que está adaptado merced a la evolución y la historia.

La tercera parte de la filosofía de los sistemas se ocupará de las relaciones entre hombre y mundo o de lo que se llaman «Valores» en el habla filosófica.

Si la realidad es una jerarquía de totalidades organizadas, la imagen del hombre diferirá de la que le otorgue un mundo de partículas físicas gobernadas por el azar, como realidad última y sola «Verdadera».

Antes bien, el mundo de los símbolos, valores, entidades sociales y culturas es algo muy «real», y  su inclusión en un orden cósmico de jerarquías pudiera salvar la oposición entre las «dos culturas» de C. P. Snow, la ciencia y las humanidades, la tecnología y la historia, las ciencias naturales y sociales, o como se quiera formular la antítesis.

 

 

Este cuidado humanístico de la teoría general de los sistemas, tal como la entiendo, la distingue de los teóricos de los sistemas, orientados de modo mecanicista, que sólo hablan en términos de matemáticas, retroalimentación y tecnología, despertando el temor de que la teoría de los sistemas sea en realidad el paso final hacia la mecanización y la devaluación del hombre y hacia la sociedad tecnocrática.

Aunque comprendo y subrayo el aspecto matemático, científico puro y aplicado, no me parece que sea posible evadir estos aspectos humanísticos, si es que la teoría general de los sistemas no ha de limitarse a una visión restringida y fraccionaria.

He aquí acaso otra razón para usar este libro como introducción al campo. Una exposición como de libro de texto debe seguir el camino derecho y estrecho de la rectitud matemática y científica.

No hay que insistir en la necesidad de semejante exposición «técnica». Pero hay otros muchos problemas que abarca la teoría general de los sistemas y a los que este libro servirá de guía.

Aparte de una bibliografía muy amplia, que indica las fuentes citadas en el texto, se da una lista de lecturas recomendadas que sin duda serán de provecho para el estudiante.

Más específicamente, las siguientes publicaciones recientes servirán de valiosa ampliación en torno a temas expuestos en este libro. Se discuten los distintos enfoques de la teoría general de los sistemas en Trends in General Systems Theory (G. Klir, ed.) y en Unity through Diversity (Festschrift in Honor of L. von Bertalanffy, W. Gray y N. Rizzo, eds.), en especial los libros 11 y IV.

La teoría dinámica de los sistemas es expuesta en Dynamical System Theory por Robert Rosen. La Biophysik de W. Beier (de la que seguramente habrá pronto traducción inglesa) contiene una excelente presentación de la teoría dinámica de los sistemas y de la teoría de los sistemas abiertos, siguiendo los lineamientos del presente autor.

Una elaboración axiomática es An Approach to General Systems Theory, de G. J. Klir. Por lo que respecta a la teoria de los sistemas desarrollada desde el punto de vista de la tecnología del control, sugerimos Einführung in die moderne Systemtheorie, de H. Schwarz.

Acerca de la teoria de los sistemas en las ciencias del hombre son importantes los  siguientes libros: General Systems Theory and Psychiatry (W. Gray, F. D. Duhl y N. D. Rizzo, eds.); Modern Systems Research for the Behavioral Scientist (W. Buckley, ed.); System, Change  and Conjlict (N. J. Demerath y R. A. Peterson, eds.). La filosofia de los sistemas es desarrollada en Introduction to Systems Philusophy, de Laszlo.

Salvo por la corrección de alguna errata, conservamos el texto de la edición original, añadiéndole este prefacio, el apéndice «Notas sobre adelantos en la teoría matemática de los sistemas» y un suplemento bibliográfico al final.

Esperamos que este libro siga sirviendo como introducción para los estudiantes y de estímulo a quienes se ocupan de la teoría general de los sistemas.

PREFACIO A LA EDICIÓN REVISADA 

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