EL ORIGEN DEL MAL, por León Tolstoi

EL ORIGEN DEL MAL

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS (EXPECTING THE BARBARIANS)

EL ORIGEN DEL MAL
Contantín Kavafis

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

¿Qué es lo que esperamos, reunidos en la plaza pública? 

Los bárbaros llegarán hoy.

¿Por qué tal inacción en el Senado?
¿Por qué están sentados los senadores sin pasar leyes?

Porque los bárbaros llegarán hoy.
¿Qué nuevas leyes podrían los senadores pasar?
Cuando los bárbaros lleguen, ellos harán las leyes.

¿Por qué se levantó nuestro emperador tan temprano,
y está sentado en la puerta principal de la ciudad,
sobre el trono, agitado, llevando su corona?

Porque los bárbaros llegarán hoy.
Y el emperador los espera para recibir
a su jefe. De hecho se ha preparado
para entregarle un pergamino. En él están escritos
muchos títulos y nombres de honor.

¿Por qué han salido nuestros dos cónsules y los pretores
llevando hoy sus rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes salpicados de amatistas,
y anillos de brillantes esmeraldas que refulgen;
por qué portan costosos bastones,
tallados magníficamente con plata y oro?

Porque los bárbaros llegarán hoy,
y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

¿Por qué no vienen los dignos oradores como de costumbre
a hacer sus discursos, a decir lo suyo?

Porque los bárbaros llegarán hoy;
y ellos se aburren con la elocuencia y las disertaciones.

¿Por qué esta súbita inquietud y confusión?
(Cuán solemnes se han vuelto sus caras.)
¿Por qué se vacían rápidamente las calles y plazas,
y vuelven todos a sus casas, tan pensativos?

Porque la noche está aquí pero los bárbaros no han llegado.
Algunas personas llegaron desde las fronteras,
y dijeron que ya no quedan bárbaros.

¿Y qué será de nosotros ahora sin los bárbaros?
Esa gente era una especie de solución.

 

Constantín Kavafis

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EL ORIGEN DEL MAL
León Tolstoi

 

En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.

En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.

-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella "¿Habrá comido?", nos preguntamos. "¿Tendrá bastante abrigo?" Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.

-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

El ciervo no fue de este parecer.

-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:

-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.

FIN

 

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León Tolstoi

 

 

Leon Tolstoi nació el 9 de septiembre de 1828 Yásnaia Poliana (sur de Moscú). Fue el cuarto de los cinco hijos del conde Nikolai Ilyich Tolstoy y la condesa Mariya Tvolkonskaya. Su primera infancia transcurrió en Yásnaia Poliana.

En 1830 falleció su padre y cuando tenía nueve años, murió su madre. Los hermanos Tolstoi fueron confiados a la tutela de dos tías paternas y en 1841 pasó a vivir con una de ellas en la ciudad de Kazán. Recibió educación de tutores franceses y alemanes y a los 16 años entra en la Universidad Kazán, donde cursó estudios de lenguas y leyes.

En el año 1851 se incorporó al ejército y entró en contacto con los cosacos, que se convertirían en los protagonistas de una de sus mejores novelas cortas, Los cosacos (1863 Desde su juventud se esforzó por contribuir de manera práctica a la instrucción pública. La idea que inspiró su primer libro "Las cuatro épocas del desarrollo" es profundamente simbólica. En dicha obra se propuso describir el proceso de formación del carácter del hombre, desde los primeros años, cuando comienza la vida espiritual, hasta la juventud, cuando esa vida ha adquirido su forma definitiva. Concluyó una obra autobiográfica, Infancia en 1852, a la que siguieron otras dos, Adolescencia (1854) y Juventud (1856). Realizó viajes por el extranjero (en 1857 y 1861), visitando escuelas alemanas y francesas y, más adelante, en Yásnaia Poliana creó para sus campesinos escuelas y centros de trabajo.

En 1862, se casó con Sofía Andréievna Bers, miembro de una culta familia de Moscú. Tuvo 15 hijos Escribió sus dos novelas principales, Guerra y Paz (1865-1869) y Ana Karenina (1875-1877).

Alrededor de 1877 se convirtió al cristianismo. En Confesión (1882), se culpó de llevar una existencia vacía y autocomplaciente y emprendió una larga búsqueda de valores morales y sociales.

Escribió los ensayos Amo y criado (1894). Narró cuentos de carácter edificante, reunidos en el volumen Historias para el pueblo (1884-1885) y obras destinadas a lectores cultos, en las que se permitió un mayor espacio para desarrollar su poderosa inventiva. La más conocida de estas obras es "La muerte de Iván Ilich" (1886).

Sus obras dejaron una huella imborrable en la historia de la literatura universal. El 20 de noviembre de 1910, falleció en una estación de ferrocarril en Astápovo (hoy Lev Tolstói), provincia de Lípetsk. Fue enterrado sin ninguna ceremonia religiosa en una pequeña loma cercana a Yásnaia Poliana, el día 22 de noviembre de 1910.

En el año 2001, un biznieto de Tolstói solicitó a la iglesia ortodoxa rusa la revocación de la excomunión pronunciada contra el escritor ruso. Fue excomulgado en 1901 por la visión del cristianismo que daba en sus obras.

Sabías que... Mala letra: Para desesperación de los editores, la letra de Tolstoi era indescifrable. Afortunadamente su esposa reescribió casi todos sus trabajos principales. A menudo usaba una lupa para descifrar los garabatos de Tolstoi en cada espacio de la página, incluidos los márgenes.

Obras:

Infancia (1852)

Adolescencia (1854)

Juventud (1856)

Relatos de Sebastópol (1855-56)

De las memorias del príncipe D. Nejliúdov (1857)

Felicidad conyugal (1858)

Tres muertes (1858)

Albert (1858)

Los Cosacos (1863)

Polikushka (1863)

Dos húsares (1866)

Guerra y Paz (1865-1869)

Nuevo abecedario (1872-1875)

Anna Karénina (1875-1877)

Confesión (1882)

La Muerte de Iván Ilich (1886)

La Sonata a Kreutzer (1889)

Iglesia y Estado (1891)

El Reino de Dios está en Vosotros (1894)

El Padre Sergio (1898)

Resurrección (1899)

El diablo (1911)

Hadji Murat (1912)

Otras obras: No Puedo Callarme. Cuentos Populares. ¿Qué es el Arte? Cantando por mi vida. La escuela de Yásnaia Poliana. El origen del mal.

Alicia Camiletti

 

CONTRA AQUELLOS QUE NOS GOBIERNAN

 

 


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