A vueltas con Cataluña: la persistente resistencia pacífica de los ciudadanos

[1] Catalunya y el 155 virtual

Por GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ – Analista

La deriva totalitaria del Estado Español arranca con la implementación de la doctrina de la alternancia en el Poder del bipartidismo PP-PSOE como defensa y garante del citado establishment dominante, fruto del acuerdo tácito entre los partidos políticos tras el simulacro de golpe de mano de Tejero (23-F del 1981) y alcanzó su mayoría de edad con la llegada al poder del PSOE y el nombramiento como Presidente del Gobierno de Felipe González (1982), con quien asistimos al finiquito de la idílica Transición y al inicio de la deriva totalitaria del sistema mediante la implementación del llamado “terrorismo de Estado” o “guerra sucia” contra ETA y su entorno, del que serían paradigma los Grupos Armados de Liberación (GAL).

Un hito fundamental en la espiral involucionista del régimen del 78 sería la implantación por el Gobierno socialista de Felipe González de la Ley Antiterrorista de 1985, definida por José Manuel Bandrés en su artículo “La Ley antiterrorista: un estado de excepción encubierto”, publicado en el diario “El País”, como “la aplicación de facto del estado de excepción encubierto”. Dicha Ley Anti-terrorista (todavía vigente a pesar de la ausencia de actividad por parte de ETA), sería un anacronismo propio de la dictadura franquista, un limbo jurídico que habría convertido los sótanos de cuartelillos y comisarías en escenarios distópicos de naturaleza real (no ficitica) y en Guantánamos virtuales refractarios al control de jueces, fiscales y abogados.

La deriva regresiva tendría su continuación con la Ley Orgánica 7/2000 del Gobierno Aznar que incluyó como novedad la aparición del llamado “delito de exaltación del terrorismo” y prosiguió su escalada con la firma por Aznar y Zapatero del llamado “Pacto por la Justicia y las Libertades” de 2003 que instauraba de facto “la cadena perpetua estratosférica” al elevar la pena máxima de cárcel hasta cuarenta años, superando la “crueldad del régimen de Franco “ que contemplaba los 30 años de cárcel como pena máxima. En el paroxismo de la involución, hemos asistido a la reciente modificación del Código Penal para constriñir hasta su nimiedad los derechos de expresión (Ley Mordaza) y a la firma entre Rajoy y Sánchez del llamado “pacto antiyihadista” que bajo la falacia de combatir el terrorismo yihadista “convierte en delitos terroristas infracciones menores o conductas lícitas y supone un ataque a la línea de flotación del sistema constitucional” en palabras de Manuel Cancio Meliá.

Por otra parte, estamos asistiendo en Cataluña a la aparición de un nuevo individuo reafirmado en una sólida conciencia de pertenencia a la Nación Catalana, dispuesto a quebrantar las normas y las leyes impuestas por el Estado español y que no cejará en su empeño de logar la República Catalana a pesar de los intentos de la Audiencia Nacional de convertir la reacción ciudadana en asunto de terrorismo (léase Tsunami Democratic).En este contexto, el reciente Decreto Ley aprobado por el Gobierno en funciones de Pedro Sánchez para cortocircuitar la llamada “República Digital Catalana”, posibilita al Ejecutivo central sin necesidad de una orden judicial a “exigir a los operadores de telecomunicaciones la gestión directa o la intervención de las redes y servicios de comunicaciones electrónicas en determinados supuestos excepcionales”, con lo que en la práctica el Estado español se habría convertido en un Estado totalitario al implementar la censura digital en Internet mediante un 155 virtual.

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SUMARIO: 
 
 
 
 

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[2] El abogado general de la UE cree que Junqueras debe ser reconocido como eurodiputado

EL NACIONAL 

Barcelona, 12 de noviembre de 2019

 

EFE

 

El abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha considerado este martes que se debe reconocer como miembro del Parlamento Europeo al líder de ERC Oriol Junqueras desde la proclamación de los resultados electorales, independientemente de cuestiones formales. 

Las conclusiones del abogado general, el polaco Maciej Szpunar en este caso, no son vinculantes para el tribunal, pero en la mayoría de las ocasiones suele orientar las decisiones de la corte europea.

Una persona que ha sido oficialmente proclamada electa al Parlamento europeo por la autoridad competente del estado miembro en el que fue elegido adquiere «únicamente por ese hecho y desde ese momento» la condición de miembro de la Eurocámara, según el letrado.

Inmunidad desde el 2 de julio

Con todo, en su dictamen, el abogado añade que la inmunidad de que gozan los eurodiputados se activa con la apertura del primer periodo de sesiones del nuevo Parlamento electo, en este caso el pasado 2 de julio.

La defensa del líder independentista sostiene que Junqueras está protegido por la inmunidad que le corresponde a un eurodiputado desde que obtuvo un escaño en las elecciones de mayo al Parlamento europeo, pero tanto España, como las instituciones europeas, considera que no le asiste tal protección puesto que no pudo recoger el acta.

La decisión también puede incidir en la situación de los otros dos diputados electos a los que no se les ha permitido acceder a su escaño, Carles Puigdemont y Toni Comín.

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CONCLUSIONES  ABOGADO  GENERAL

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Foto: Mireia Comas

 

[4] Tsunami corta la AP-7 y la N-II en la Jonquera

Por Gemma Liñán

El Nacional.cat

 

La idea es mantener bloqueada la entrada en Catalunya por carretera. Y por eso mientras la policía francesa ha realizado el desalojo de la autopista en el kilómetro 0 del Pertús, Tsunami Democràtic ha convocado en un nuevo punto de corte.

Se están haciendo cortes en diferentes puntos de la N-II a su paso por la Jonquera.

El primero, a las 11 h, se ha cortado durante 40 minutos la AP-7 y la N-II a la altura de la Jonquera. Contenedores, vallas y mobiliario urbano han servido para hacer las barricadas mientras en el Pertús se trataba de restablecer la circulación.

Antidisturbios del CNP y la Guardia Civil han tomado posiciones y han desalojado las dos vías.

 

 

El corte ha durado unos 40 minutos. Los manifestantes se han apartado voluntariamente al grito de «sois vosotros quien cortáis la autopista». Los antidisturbios de los Mossos d’Esquadra han venido a reforzar también el operativo, que ha tenido momentos más cómicos que nada.

 

 

La policía ha encapsulado a los manifestantes, que se han acabado marchando por las calles dentro de la Jonquera con la intención de ir a cortar otro punto de la N-II.

Sin embargo, la carretera continúa cortada al menos por dos puntos.

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ENCUESTA FEEDBACK

[5] Un 66,4% de los catalanes aprueban un referéndum de independencia pactado con España

El Nacional

6 de noviembre de 2019

Dos de cada tres ciudadanos de Catalunya, en concreto, un 66,4%, son partidarios de que el gobierno de España acuerde con el de Catalunya un referéndum de independencia, tal como proponen los partidos independentistas integrantes del actual Ejecutivo catalán. Y si el pacto entre los dos gobiernos se llegara a llevar a cabo, aceptarían la celebración del referéndum hasta un 71,4% de los catalanes.

Así lo refleja la encuesta «La opinión pública española ante el conflicto catalán» elaborada por Feedback para ElNacional.cat entre el 24 y el 31 de octubre pasados, y que se basa en una muestra de 1.500 entrevistas telefónicas en todo el Estado.

A cuatro días de las elecciones generales del 10-N, y con la agenda de campaña electoral marcada por el conflicto Catalunya-Espanya, el referéndum pactado, denegado una y una otra vez por los gobiernos españoles del PP y el PSOE como salida al conflicto, sigue siendo una salida ampliamente mayoritaria en Catalunya. Así, entre los encuestados sólo en Catalunya dan apoyo un 66,3% y se muestran en contra un 29,3%, mientras que un 4,3% no lo sabe.

En cambio, el referéndum a la escocesa es rechazado por el 62,6% -también dos de cada 3 ciudadanos- entre los encuestados en el conjunto de España, mientras que lo aprueban un 33,3% y un 4,1% no lo sabe. Entre los encuestados residentes fuera de Catalunya y Euskadi, el rechazo sube a un 71,2% y el apoyo baja a un 24,7%, mientras el 4,1% no lo sabe.

En Euskadi, en cambio, el apoyo al referéndum pactado es incluso ligeramente superior que en Catalunya, con un 66,6%, aunque también el porcentaje de contrarios es más alto: un 30,2%, con un 3,3% que no lo sabe.

 

Por recuerdo de voto en las anteriores elecciones generales, en Catalunya es significativa la división casi a partes iguales entre el electorado del PSC, con muy ligera ventaja para el no: un 48,4% frente a un 46,6% que sí que aprueba el referéndum pactado. El 100% de los electores de JxCat y el 98,6% de los de ERC están a favor. En el conjunto del Estado, están a favor un 30,4% de los electores del PSOE y una clara mayoría de los de Unidas Podemos: un 68%.

Aceptación de un referéndum acordado

El sondeo de Feedback también ha preguntado por el nivel de aceptación que tendría el referéndum de independencia si finalmente fuera acordado entre ambos gobiernos. Entre los encuestados en Catalunya, lo aceptarían un 71,4%, es decir, un 5% más de los que, de entrada, están a favor que se realice, mientras que el rechazo es del 22,0%, es decir, 7,3 puntos menos.

También se reduce la oposición en toda España si el referéndum finalmente fuera pactado: 11,9 puntos menos. No obstante, sigue mostrándose en contra el 50,7% de los encuestados en el conjunto del Estado, mientras que un 43,3% lo aceptarían (10 puntos más). El resultado entre los encuestados residentes fuera de Catalunya y el País Vasco también reduce la oposición y aumenta la aceptación, pero en menor grado: lo asumiría un 35,9% (11,2% más que de entrada) y lo continuaría rechazando un 57,9% (13,3 puntos menos).

Por recuerdo de voto en las pasadas elecciones generales, los favorables casi igualarían a los contrarios entre los votantes socialistas en todo el Estado con respecto a la aceptación o no del hipotético referéndum de independencia acordado: un 46,5% en contra y un 46,2% a favor. En Catalunya, lo aceptarían claramente el 57,0% de los electores del PSC y lo seguiría rechazando un 27,8%, mientras que el 15,2 no lo sabe.

técnica:

  • Ámbito: España.
  • Universo: Población más mayor de 18 años con derecho al voto en las elecciones generales del día 10 de noviembre de 2019.
  • Método: Encuesta telefónica con combinación de números de teléfono fijo y móvil
  • Muestra: 1.500 encuestas.
  • Cuotas: Proporcionales a como se distribuye la población a España según cuatro variables: (1) estructura por grupos de edad, (2) género , (3) CCAA y (4) tamaño del hábitat de residencia.
  • Condiciones estadísticas: Margen de error total posible de +2,58%, para una población infinita (censo de 36.898.883 personas), con un nivel de confianza del 95,5%, donde K=2, y el supuesto de máxima indeterminación (p=q=50/50).
  • Trabajo de campo: las encuestas se han realizado entre el 24 y el 31 de octubre de 2019.

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[6] La pornografía de los disturbios

 

Disturbios en Barcelona tras las manifestaciones de protesta por las condenas a los líderes independentistas.

 

Por Miguel Ramos

LA MAREA.COM

 

Muchos de los periodistas que hemos estado pendientes de los hechos de Catalunya esta semana tan solo hemos podido vivirlos a través de las pantallas. Confieso que ha sido un atrape, como se suele decir, enganchados a nuestros móviles y a la pantalla del ordenador con la televisión en marcha de fondo. Desde la distancia, sin estar a pie de barricada ni tras la línea policial, nuestros juicios o nuestras informaciones no tienen el mismo valor que aquellas relatadas bajo la lluvia de piedras o esquivando porrazos y balas de goma. Pero quizás nos ha permitido poder abstraernos por unos momentos, analizar en frío sin el olor a plástico quemado y sin el sonido de las sirenas. Y, sobre todo, tantear a la gente de nuestro entorno que no está allí, a nuestros vecinos, familiares y amigos que lo han visto todo por televisión y tratan de entender qué está pasando.

Ayer mi padre decidió apagar la televisión. Su cabreo monumental con la cobertura mediática se mezclaba con cierta tristeza y con mucha preocupación por lo que podría suponer esta escalada de violencia. ¿Qué está pasando? Me preguntó. Y llevaba toda la semana viéndolo en los informativos. ¿No lo había visto? Sí, pero nadie había explicado nada. Como el resto de ciudadanos que no están en Catalunya estos días, vio los acontecimientos por televisión como si se trataran de un espectáculo, una película distópica en directo o un concierto de death metal de cinco días seguidos. Estaba agotado y seguía sin entender nada.

No es casual que los principales programas de información de una de las cadenas que ha estado retransmitiendo en directo los hechos se llamen “Al Rojo Vivo”, “Liarla Pardo” y ya en plan sarcástico, “Más Vale Tarde”. Hace años que la información se subordinó al espectáculo. Que una persecución policial en Oklahoma tenga prioridad en los informativos a una gran campaña de los vecinos de Benimaclet para plantar huertos urbanos en un solar abandonado en medio de la ciudad de València. Dos ejemplos al azar, pero podríamos relatar miles.

La información ya no trata de explicarte el porqué de las cosas. Tan solo te muestra hechos. Cuanto más, adornado con opiniones de la calle seleccionadas para reforzar su relato, o con tertulianos que tan solo hablan de lo que dice uno u otro líder político. O, aún peor, que ofrecen análisis simples y a veces hasta conspiranoicos que se repiten cada vez que hay disturbios. En España, claro, porque cuando arden Caracas o Hong Kong, salvando las distancias, todo tiene una explicación. Aquí, sin embargo, siempre están presentes las hordas anarquistas italianas o los “perfectamente coordinados y preparados” alborotadores que, al parecer, llevaban meses viajando a Grecia o vete tú a saber dónde a aprender tácticas de guerrilla urbana. Te lo dicen periodistas y analistas que lo más cerca que han estado de un movimiento social ha sido en la comisión de fiestas de su pueblo o en las reuniones de la escalera.

La información como entretenimiento y, en este caso, lo que algunos llamamos Porno Riot (la pornografía de los disturbios*), se ha enquistado en el menú de los medios de comunicación, sobre todo audiovisuales. Esto, cualquier analista sabe que está lejos del papel que deberían ejercer los medios, que es el de informar para entender, no para entretener. Sin obviar el alineamiento de la mayoría de ellos con el relato del poder, que, aunque suene a tópico, ciertamente cuesta encontrar fisuras en las informaciones de ámbito estatal que rompan con el marco que reproducen los principales representantes del statu quoestén en el gobierno o en la oposición.

Cualquiera que conozca mínimamente los movimientos sociales o que haya vivido determinado contexto político donde haya estallado la violencia, ya sea en la Transición, en los movimientos antiglobalización o en el 15-M, sabe que todo es mucho más espontáneo de lo que parece. Y sabe que a la gente que está a pie de barricada le importa tres pimientos quiénes sean y lo que digan los supuestos líderes políticos y estrellas mediáticas, que, por supuesto, ni están ni se les espera allí. Existe una brecha enorme entre el análisis que hace el político o el periodista de turno y lo que motiva a alguien a estar a pie de calle lanzando piedras a la policía o simplemente resistiendo pacíficamente. Y entre estos los motivos son múltiples. A veces incluso ni siquiera ideológicos.

También es cierto que la espectacularidad de las informaciones suele motivar más que sofocar los disturbios. El Porno Riotes eso. Apela a la emoción. Unos se creen que España está al borde del apocalipsis y apelan a suspender cualquier derecho fundamental para reestablecer el orden. Otros se indignan al ver la violencia policial y el relato de los medios, y acaban uniéndose a las protestas. Pero todos siguen sin recibir una interpretación razonada. Tan solo estímulos. Y, además, muy pocas veces, hablan los protagonistas de los hechos.

Hace unos días, el compañero Hibai Arbide publicaba un artículo en El Salto donde precisamente denunciaba esta falta de información. Conoce bien Catalunya y lo que son los disturbios pues lleva años viviendo en Grecia, donde los cócteles molotov son más que habituales en muchas manifestaciones. Lo que hemos visto estos días en la mayoría de medios justifica sobradamente el título de su artículo: ‘Vivir en otro mundo’.

Lo preocupante es que los periodistas han sido también víctimas estos días. Algunos increpados al grito de “prensa española, manipuladora” por aquellos a los que llevan años llamando borregos, golpistas y violentos, mientras llaman “constitucionalistas” o “ciudadanos con banderas de España” a neonazis que gritan Sieg Heil y franquistas con la bandera del águila de San Juan. Otros, sobre todo fotoperiodistas, agredidos (e incluso detenidos, como Albert Garcia de El País) por policías que se incomodan cuando los retratan excediéndose en sus funciones.

Son decenas de periodistas los que han denunciado estos excesos, y de muy diversos medios. Hasta 58 periodistas agredidos ha contado el Grup de Periodistes Ramón Barnils. Pero las agresiones a la prensa que solemos ver por televisión son las de manifestantes increpando a reporteros. De los excesos policiales contra la prensa vemos poco, y lo sabéis.

Normalizar estos excesos, ya no contra la prensa, sino contra cualquiera, por las “situaciones de estrés” o la “tensión” a la que sin duda están sometidos los agentes, es más preocupante de lo que parece. A nadie le gusta que un político cometa irregularidades en su gestión, que un empresario no cumpla los protocolos de riesgos laborales o que un trabajador ponga en riesgo su seguridad o la seguridad de nadie. Pero a la policía se le permite saltarse sus propios protocolos con una asombrosa condescendencia. Los agentes se supone que están entrenados para afrontar este tipo de situaciones. La responsabilidad que tienen es enorme, pues tienen el monopolio de la violencia y representan al Estado. Y aquí no deberían valer excusas. Y menos aún cuando muchas de las actuaciones que hemos visto estos días no son fruto de ninguna situación límite en la que el agente está acorralado, sino de una rabia acumulada y una ira desatada que se siente impune y que roza la crueldad de una manera preocupante. Aún más, cuando esta agresividad se exhibe desde sus propias redes sociales, como una declaración de guerra hacia los manifestantes, como se ve en el vídeo que colgaron en la cuenta de Twitter “Antidisturbios”, donde aparece un agente de la Policía Nacional mostrando una bala de goma en la que habían escrito “La republica no existe, idiota. En recuerdo del pelotazo que te di”.

Pero también hay que preocuparse por entender el porqué de todo esto. Y aquí es cuando debemos cuestionar sin miedo a nuestros medios, a quienes eligen los titulares, los contenidos y los relatos, quienes construyen una realidad y un ambiente que puede ser explosivo a pie de calle. Y, por supuesto, a nuestros políticos. A los que saben jugar bien al espectáculo al que se han subordinado los medios y actúan como pirómanos, creyéndose dioses, sin ninguna empatía hacia la ciudadanía, vendiendo un relato calculado para su público y sin ninguna intención de resolver nada. Aunque aquí, de nuevo, la correlación de fuerzas no puede ser obviada. El Estado tiene la obligación de resolver un conflicto político con política, no con la fuerza ni tratándolo como un problema de orden público, como viene haciéndolo desde el 1 de octubre de 2017. Y, por otra parte, quienes se erigen como portavoces de un movimiento que ya ha pasado por encima de ellos hace tiempo, mientras envían a su propia policía contra “sus” manifestantes.

Finalmente, más allá de los medios y de los políticos existe la gente. La que sigue sin entender qué está pasando. La que ha visto su calle en llamas, la que ha recibido un porrazo sin estar haciendo nada, o la que desde su casa hace zapping y pasa de los disturbios a un concurso de cocina. El Porno Riot entretiene pero no informa. Y cuando se apagan las llamas cambias de canal. Condenar a la sociedad a ser mera espectadora sin darle herramientas para que razone y saque sus propias conclusiones tiene repercusiones irreparables. Aleja al ciudadano de la razón y lo subordina a la emoción. Y esto no ayuda en nada a que estos hechos no se vuelvan a repetir. Es más, contribuye a que los problemas se enquisten. Mientras, políticos y medios siguen interpretando su sainete, ajenos y bien lejos del chico que ha perdido un ojo por una bala de goma, del que ha terminado en prisión, del policía herido y del vecino al que le han quemado el coche.

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[7] Los 2.000 jóvenes que tratan de sembrar el caos cada noche en Barcelona

La policía detecta un incremento de “violencia organizada” a manos del independentismo revolucionario, ácratas y estudiantes indignados

Por Rebeca Carranco

Se les puede ver en la primera línea, buscando el cuerpo a cuerpo con la policía. Van tapados, algunos usan casco y coderas, se comunican por radio y no se arredran ante casi nada. Son los 500 antisistema, que la policía divide entre militantes del independentismo revolucionario y ácratas, la mayoría jóvenes, que están al frente de los disturbios que desde el lunes tienen su epicentro en Barcelona. Este núcleo cuenta con un refuerzo de otros 1.500 que se suman a los altercados.

“Nunca habíamos vivido semejante violencia contra nosotros”, aseguran fuentes policiales. El viernes mantuvieron una batalla campal contra la policía que duró más de siete horas, hasta que se usó la tanqueta de agua de los Mossos, a modo de camión que abría camino derribando las barricadas, para desalojarlos. Han lanzado a los agentes cócteles molotov, bolas de acero, botellas con ácido, canicas con tirachinas y pirotecnia diversa, también contra el helicóptero. También han quemado un millar de contenedores. No tienen miedo a las pelotas de gomaespuma (foam) que tiran los Mossos, menos lesivas que las de la policía (de goma), que tampoco les dispersan. Es la peor crisis de seguridad que han vivido nunca los Mossos y ha sobrepasado las previsiones de todos los cuerpos policiales, igualmente sorprendidos por tan alta agresividad.

Exhaustos, los antidisturbios se relevaban el viernes en la primera línea de la plaza de Urquinaona, con contenedores ardiendo en forma de barricada entre ellos y los alborotadores. El material se iba agotando y los agentes gritaban entre ellos desesperados. Ni los botes de gases lacrimógenos les detenían. “Iban a matarnos”, afirman fuentes policiales, que recibieron una lluvia de adoquines y de bolas de acero que les golpearon los cascos y les rompieron escudos. En la plaza tomada se podía a ver grupos de personas con reparto de tareas: uno con un martillo reventaba la acera, pasaba los adoquines a otro que los troceaba, y un tercero los tiraba. “Violencia organizada”, repitió el sábado el consejero de Interior, Miquel Buch.

“Están entrenados”, insisten fuentes policiales. Intentan pinchar las ruedas de las furgonetas e incluso acorralarlas y abrirlas. El viernes ocurrió con un vehículo de Mossos que quedó sitiado: intentaron forzar la puerta trasera con una barra y agujerearon el depósito de gasolina con una piqueta y trataron de prenderle fuego, según fuentes policiales. También complican la planificación policial cambiando de escenario desde que empezaron las protestas: el lunes, el aeropuerto; el martes, la Delegación del Gobierno; el miércoles, el Departamento del Interior; el jueves, dos marchas enfrentadas; el viernes y el sábado, la plaza de Urquinaona y el Tribunal Superior de Justicia (TSJC).

Algunas personas pertenecen a grupos de ácratas, ajenos hasta ahora a la causa independentista. Muchos son españoles y otros, italianos y griegos afincados desde hace años en Cataluña. La policía teme que el conflicto se convierta en un polo de atracción internacional y asegura que ya ha detectado a anarquistas alemanes dispuestos a sumarse.

El colchón estudiantil

La virulencia de la protesta está impidiendo a los policías detener a los más violentos. “Son muchos y si metemos a policías de información [de paisano] podrían lincharlos”, dicen fuentes policiales. La mayoría de los arrestados (171) forman parte de lo que definen como “musculatura” que sirve de colchón: los 1.500 jóvenes, muchos estudiantes, algunos de fuera de Barcelona, que se suman a los disturbios con menor planificación. No tienen antecedentes policiales ni judiciales y actúan movidos por la frustración, según indican esas mismas fuentes. Cuando les detienen, no llevan el DNI, sino tan solo el teléfono de su abogado apuntado en el brazo.

En esa masa se mezclan también perfiles sin una motivación clara, como el caso de cuatro menores tutelados detenidos en Girona. O de una persona de 38 años detenida en Lleida, con diversos antecedentes policiales años atrás, entre ellos atentado a la autoridad.

En las protestas se repite la misma escena: una primera línea de más de 2.000 personas en una actitud muy violenta y enquistada, que atacan a la policía. El viernes incluso serraban señales de tráfico. Les sigue una segunda línea, que se calcula que puede llegar a las 10.000 personas, casi todos estudiantes, que charlan y se toman algo sin inmutarse ante los altercados que pasan a 300 metros. Las cargas en esa situación pueden provocar estampidas muy peligrosas. Cuando por fin logran disolver el foco principal de disturbios, la protesta se atomiza y se dispersa por el centro de la ciudad. Los 500 resistentes desgastan hasta la madrugada a la policía.

“No saben dónde se meten”

“Algunos son críos que no saben dónde se meten”, lamentan fuentes policiales. Y ponen como ejemplo la detención de un joven, que una vez arrestado, admitió haber tirado piedras a los agentes. “¡Pero eran pequeñas y nos os dieron!”, alegó en su defensa. Otros se revuelven con violencia, como un detenido el martes ante la Delegación del Gobierno en Barcelona. Ya en el suelo intentó quitarle la porra a un antidisturbios y de camino al furgón policial trató de zafarse de los policías y se agarró al techo del vehículo.

Los policías ven una escalada en la violencia, que ha obligado a atender sanitariamente a 576 personas (19 hospitalizadas). Los mandos de los cuerpos policiales que intervienen en Cataluña no son optimistas, aunque algunos esperan que a partir de mañana baje la intensidad de los altercados, que mantienen tensionados a los antidisturbios a diario, con una capacidad de reacción limitada. La sensación es que los disturbios seguirán hasta que quienes los provocan se cansen, algo que nadie se atreve a predecir cuándo pasará.

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[8] Galería de Tweets (Dale click)

 

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[9] La ley es un burro

Por John Carlin

LA VANGUARDIA.COM

Algunos políticos españoles quieren creer que Barcelona se ha convertido en Beirut y que lo que hay que hacer ahora es enviar los tanques. (Reciba un aplauso, Albert Rivera, que compite en cinismo –si no en inteligencia– con Boris Johnson). Casualmente recibí un mensaje el lunes desde Beirut, el día en que el Tribunal Supremo español condenó a nueve líderes independentistas catalanes a cien años de cárcel. Un amigo que vive en la capital libanesa me mandó un extracto del discurso de un líder independentista irlandés en 1915, cuando Irlanda aún pertenecía al Estado británico, durante el funeral de un mártir de la causa.

“Los defensores de este reino han trabajado bien, tanto en secreto como en público. Creen haber pacificado Irlanda. Creen haber comprado a la mitad de nosotros y haber intimidado a la otra mitad. Creen haber previsto todo, creen estar preparados para todo; pero ¡necios, necios, necios! Nos han dado nuestros fenianos muertos”.

Los defensores del Reino de España no han regalado ningún muerto a los fenianos catalanes aún, pero se empeñan en entregarles mártires. A las grotescamente desproporcionadas sentencias para los nueve por “sedición” (término apropiadamente medieval), se suma la incluso más escandalosa decisión de los jueces, si cabe, de haberles mantenido un par de años en prisión antes de condenarlos. Eso es lo que Amnistía Internacional llama “cárcel sin juicio”.

Y ahora se escandalizan de que haya violencia en las calles de Barcelona. Como el jefe de policía en la película Casablanca cuando le informan de que la gente juega en el casino por dinero. “I’m shocked, sho­cked!”, exclama el capitán Renault, burlón e hipócrita a la vez.

La violencia genera violencia, señores y señoras, y si encarcelar a los líderes independentistas con y sin juicio no es violencia, habrá que reinterpretar el significado de la palabra. Los chicos de Barcelona ponen las cerillas, pero los adultos de Madrid suministran la gasolina.

La única sorpresa es que no haya habido más violencia. Lo cual no significa justificar la delincuencia de un pequeño sector de los manifestantes catalanes, sino poseer un conocimiento elemental de cómo se comporta el animal humano. Los jueces y políticos en Madrid llevan una década provocando, periodo en el que –oh, sorpresa– el voto independentista se ha triplicado. Si Mariano Rajoy y sus señorías no existieran, los secesionistas catalanes tendrían que inventarlos.

Los chicos de Barcelona ponen las cerillas, pero los adultos de Madrid suministran la gasolina

Hoy lo único que se sabe es que el lío catalán va a más. Que lejos de haberse previsto todo y resuelto todo, lo único que se ha logrado al haber abandonado la política por la ley, el diálogo por la trasnochada judicatura española, es fomentar el conflicto y calentar el ardor del sentimiento independentista.

Océanos de tinta han fluido sobre el porqué de todo esto, pero la respuesta se puede reducir a una palabra: referéndum. A diferencia del desmadre del Brexit, un invento de la cúpula de un partido político inglés, en Catalunya ha habido un clamor mayoritario tanto entre independentistas como entre españolistas por celebrar un referéndum que resuelva de una vez y por todas (o al menos por una generación) la cuestión soberana. Si se hubiera hecho hace siete, seis, cinco años, incluso quizá hace un par de semanas, cualquiera con un mínimo conocimiento de la política catalana sabe que hubiera ganado el voto remain , el de quedarse dentro de España. Hoy no habría disturbios, no habría políticos presos, la imagen internacional de la joven democracia española no estaría por los suelos.

Condenar el trato a los encarcelados no significa desear que Catalunya se separe de España. A la mayor parte de la gente de fuera de España horrorizada por las condenas le importa un pepino si Catalunya es in­dependiente o no. El error es imaginarse que el que opina que meter a esas personas en prisión es una salvajada debe estar a favor de sus ideas políticas. Yo, por ejemplo, detesto a los líderes nacionalistas ingleses que han impulsado el Brexit, pero si me­tieran a uno de ellos en la cárcel sin juicio me manifestaría en las calles a favor de su liberación.

 

(Oriol Malet)

 

En cuanto a Catalunya, mi segundo hogar, preferiría que se quedase dentro de España, tanto por motivos prácticos como sentimentales. Pero lo de los presos no es una cuestión ideológica. No está abierta al debate. Es una cuestión de derechos humanos. Y si la ley española exige que se encarcele por doce o más años a individuos que no mataron, ni predicaron la violencia, ni hicieron daño material a nadie –a políticos cuyo mayor pecado es la ineptitud, la irresponsabilidad y vivir en un mundo de fantasía–, entonces, como dice un personaje de Dickens en la novela Oliver Twist , la ley es un burro.

¿Por qué tanto empeño en complicar un problema que hasta hace no mucho hubiera sido de fácil resolución? Porque la prioridad de los que han mandado en la política española no ha sido acabar con el problema más grande que asola a su país. La prioridad, como bien me comentó hace unas semanas un político socialista andaluz, es “conseguir votos en Teruel”, o sea en el resto de España. Y se ganan más votos en España dando hostias a los independentistas catalanes, y a los catalanes en general, que dialogando con ellos.

Me enternecen mis amigos catalanes que no han querido detectar la inquina generalizada que hay en el resto de España hacia los suyos. Los catalanes son para el resto de España como los argentinos para el resto de América Latina. Mario Vargas Llosa lo retrató con delicioso humor en su novela La tía Julia y el escribidor . El protagonista boliviano, Pedro Camacho, siente lo que el narrador llama un “odio a los argentinos… más vehemente que el de las gentes normales”. Para el disparatado Camacho existe “una abundancia proliferante” en la orilla sur del Río de la Plata “de oligofrénicos, acromegálicos, y otras subvariedades de cretinos”.

Se ganan más votos en España dando hostias a los catalanes que dialogando con ellos

En los casos de ciertos políticos catalanes, la descripción no se aleja tanto de la verdad, pero sería una leve exageración decir que el boliviano ficticio ofrece un reflejo de cómo los demás españoles ven a los catalanes, con la posible excepción de los fieles de Vox. Sin embargo, sí existe aquí el germen de cómo piensan muchas gentes normales , lo que ha abierto una vena electoral que demasiados políticos españoles no han querido desaprovechar.

¿Cuándo se resolverá el lío catalán? Cuando llegue al poder en España un gobierno, probablemente de izquierdas, con una mayoría lo suficientemente holgada como para permitirse el lujo de anteponer los problemas nacionales a los vaivenes electorales. Esperemos mientras tanto que los necios que tanto pululan en los mundos políticos y judiciales se resistan a inventarse más mártires.

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