NACIONALCATOLICISMO. “La Dictadura de la Oligarquía Financiera; hoy como ayer”

[1] VÍDEO AÉREO DE LA GIGANTESCA MANIFESTACIÓN A FAVOR DE LOS PRESOS CATALANES

La magnitud de la protesta no es cuantificable. Hay que ver la manifestación en sus auténticas dimensiones

Articulo publicado el 16 de abril de 2018 en: 

http://canarias-semanal.org/not/22607/video-aereo-de-la-gigantesca-manifestacion-a-favor-de-los-presos-catalanes/

El domingo 15 de abril, tuvo lugar en Barcelona una gigantesca manifestación a favor de la libertad de los presos políticos catalanes. La magnitud de la protesta, y a la vez, gesto de solidaridad multitudinaria no se puede describir con números ni magnitudes. Hay que ver, desde la visualización que proporciona un video aéreo, que fue lo que ocurrió realmente este domingo en las calles de Barcelona.

La multitudinaria movilización en Barcelona a favor de la libertad, los derechos y la liberación de los presos políticos ya llenaba hasta los topes la plaza Espanya, la avenida del Paral·lel y las calles contiguas quince minutos antes de la convocatoria oficial, tal y como lo han mostrado las imágenes aéreas retransmitidas por TV3:

 

VEA LAS IMÁGENES AÉREAS DE LA MANIFESTACIÓN:

 

 

SUMARIO: 

[1] Vídeo aéreo de la gigantesca manifestación a favor de los presos catalanes, por Canarias Semanal

[2] De Franco todavía no hemos hablado bastante, por Cándido Marquesán Millán

[3] El desarrollo del movimiento nacional en Cataluña (Nuestra Bandera, 1964), por JL F

[4] Agustín Gómez Arcos: la necesidad de “contar los muertos de mi España y pasar la factura a los culpables”

 

[2] De Franco todavía no hemos hablado bastante

Por Cándido Marquesán Millán

Profesor de Secundaria. Zaragoza

Artículo publicado el 21 de abril de 2018 en
 
 

En la Transición no hubo consenso, sino imposición de determinados planteamientos de los moderados del régimen franquista a la oposición democrática

Todavía persiste en no pocos españoles, no sé cuántos, la idea de Franco, como ejemplo de patriotismo. Así lo expresó Juan Carlos I en su discurso de proclamación como Rey de 22 de noviembre de 1975: “Una figura excepcional entra en la Historia, con respeto y gratitud quiero recordar su figura. Es de pueblos grandes y nobles saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio”. De tal discurso el Monarca emérito nunca se ha retractado.

Tantos años de dictadura impusieron el discurso de que el régimen de Franco fue una dictadura benevolente o dictablanda que proporcionó a los españoles unos niveles considerables de riqueza y bienestar, por lo que deberíamos estar los españoles profundamente agradecidos. Los diferentes gobiernos de nuestra incompleta y averiada democracia tampoco han hecho mucho esfuerzo en corregirlo. Sirvan varios ejemplos contundentes.

La redacción de la entrada “Franco” del Diccionario Biográfico Español publicado en 2011 por la Real Academia de la Historia, y, por ello, financiado con fondos públicos. Como señala José Luis Ledesma, la biografía muestra un vergonzoso tono apologético, ya que omite su carácter extremadamente antidemocrático, los sangrientos orígenes de su régimen, y en un auténtico atentado a la verdad histórica no usa los términos de dictadura, dictador o represión.

O la autorización y financiación con fondos públicos de la Fundación Nacional Francisco Franco con el objetivo de difundir y promover el estudio y conocimiento sobre la vida, el pensamiento, el legado y la obra de Francisco Franco Bahamonde, en su dimensión humana, militar y política, así como sobre las realizaciones de los años de su mandato como Jefe del Estado Español, Capitán General y Generalísimo de los Ejércitos. E incluso organiza homenajes al Dictador.

Todavía permanece el monumento del Valle de los Caídos, con los restos del dictador, la única persona enterrada en el mausoleo que no murió a consecuencia de la guerra. Contiene los restos de más de treinta y tres mil víctimas de la guerra civil, pero la tumba de Franco en el centro de la basílica, en el altar, contradice la idea de que este monumento se erigiese como homenaje a los que murieron en la guerra. Todavía hoy está adornada con flores frescas, como la de José Antonio Primo de Rivera. Estas circunstancias dejan atónitos a muchos visitantes, especialmente extranjeros, y a las nuevas generaciones de españoles, que se cuestionan por qué se le proporciona  semejante homenaje y consideración.

Mas, todo tiene un porqué. Lo explican muy bien Paloma Aguilar y Leigh  A. Payne en un extraordinario libro, de enero de 2018, El resurgir del pasado en España. Los lamentables hechos expuestos en las líneas precedentes e injustificables en una democracia moderna, son sobre todo consecuencia de una Transición  basada, no en la justicia y la verdad, sino  en el olvido y en el silencio de la dictadura y la guerra civil.  Se impuso la retórica de que todos fuimos culpables, que en ambos lados se cometieron todo tipo de atrocidades. Este discurso está viciado en muchos aspectos. Uno de ellos, en fijarse solo en la guerra civil y no en la represión de los 40 años de dictadura. Igualmente se omite que uno de los bandos fue el responsable de haber derribado a través de un golpe un régimen elegido democráticamente, aunque tuviera defectos y debilidades como muchas democracias jóvenes. En cuanto a la represión de ambos lados no hay distinción, cuando si la hay tanto cuantitativamente como cualitativamente. Azaña expuso claramente la diferencia de la represión en ambos lados en 1937 en La Velada de Benicarló: “Con una diferencia importante. En esta zona, las atrocidades cometidas en represalia de la sublevación, o aprovechándola para venganzas innobles, ocurrían a pesar del Gobierno, inerme e impotente, como nadie ignora, a causa de la rebelión misma. En la España dominada por los rebeldes y los extranjeros, los crímenes, parte de un plan político de regeneración nacional, se cometían y se cometen con aprobación de las autoridades.” Ese plan, auténtico genocidio, lo expusieron y lo aplicaron sin concesiones Franco, Queipo de Llano, Mola en diferentes ocasiones. Se habla de “pacto de sangre”  ‘matanza fundacional del franquismo’. Según Stanley Payne, a Franco le pareció oportuno no sofocar la sed de venganza de sus seguidores, ya que ella suponía un factor unificador del movimiento rebelde. Además de eliminar a los enemigos del nuevo régimen y, al conseguir la participación de muchos nacionales en esta truculenta orgía, los unió de una manera irreversible. Payne incluso la calificaasociación de carniceros”.  Según Francisco Espinosa, la sangre derramada de la represión supuso la verdadera argamasa sobre la que se construyó la dictadura y también una de las principales causas de su larga duración. Había muchos verdugos con mucho que perder si el silencio se rompía. Y era tal la conciencia que se tenía de lo ocurrido que una de las primeras medidas que se tomaron fue la ley de punto final de 1977.

Se impuso, pues, una determinada versión del pasado, camuflada de consenso. La difundida idea de que el olvido era la única vía para avanzar sin violencia ni traumatismo hacia la democracia, bloqueó cualquier cuestionamiento de este relato. Sin voluntad política, España no condenó de una manera categórica la dictadura, ni denunció oficialmente todo el aparato represivo, ni el reconocimiento de las fechorías cometidas con las víctimas del franquismo.

En la Transición no hubo consenso, sino imposición de determinados planteamientos de los moderados del régimen franquista a la oposición democrática. Por ello, no se podían exigir responsabilidades penales a los victimarios franquistas. De ahí la Ley de Amnistía de 1977 y la inexistencia de una Comisión de la Verdad, como se ha hecho en otros procesos de transición de una dictadura a una democracia.  Lo que no quita que hubiera críticas al diseño de nuestra Transición, ya en 1981 José Vidal Beneyto afirmaba que “Todos sabemos que la democracia que nos gobierna ha sido edificada sobre la losa que sepulta nuestra memoria colectiva”. Losa que la generación de los nietos y las distintas Asociaciones de la Memoria Histórica a partir de mitad de los años 90 han comenzado con muchas dificultades a levantarla, sin que haya habido un compromiso por parte de los diferentes gobiernos.

La declaración del Parlamento de 2002, en el 25 aniversario de las primeras elecciones democráticas que acabó denunciando la represión franquista, pedía a toda la sociedad de nuevo evitar iniciativas que reavivasen viejas heridas o remover el rescoldo de la guerra civil. Supuso un avance en cuanto a cuestionamiento de ese pacto de olvido, la Ley de la Memoria Histórica de 2007, aunque se quedó corta en algunos aspectos. No atribuye al estado la obligación de esclarecer la verdad del pasado. La tienen que hacer los historiadores a nivel particular. Encomienda la búsqueda de los restos a las asociaciones de las víctimas, sin darles recursos suficientes. Con la llegada al gobierno del PP en 2011 las ayudas se congelaron totalmente. Además la ley declara ilegítimos e injustos los juicios políticos de la dictadura, pero no declara la anulación de las sentencias, lo que imposibilita la restitución de los bienes expoliados a las víctimas.

Mas, la realidad en abril de 2018 es la que es. Más de 100.000 cuerpos asesinados por la dictadura reposan todavía, muchos en lugares desconocidos. ¿Y con esto podemos llamar democracia a nuestro sistema político actual? Y sin que se divise un cambio sustancial en el futuro más próximo, tal como refleja el siguiente dato, expuesto en el libro ya citado de Paloma Aguilar y Leigh  A. Payne. Jordi Evolé, en una entrevista al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, le preguntó: “¿Le parece de sentido común que en 2016 miles de españoles todavía no sepan dónde están enterrados sus abuelos?” La repuesta de Rajoy: “A mí me gustaría que todo el mundo supiera dónde están enterrados sus abuelos, pero no, no tengo claro que sea cierto eso que usted dice, ni que pueda hacer nada el Gobierno para arreglarlo”. Y añadió: “Lo que me parece más de sentido común es que intentemos que esas cosas no se vuelvan a repetir en el futuro y no estar dándole vueltas de una manera continuada al pasado”.

Retorno a la figura del Funeralísimo, que todos los españoles de bien deberíamos conocer, y si así fuera, es probable que la sociedad fuera más solidaria y receptiva ante la injusticia todavía no saldada, con muchas víctimas del franquismo. Saldar esta deuda a muchos españoles les resulta irrelevante. Para conocer la catadura moral de este personaje de nuestra historia, que envilece a la especia humana, es encomiable el trabajo de algunos historiadores comprometidos, entre otros, Julián Casanova, Paul Preston, Paloma Aguilar, Francisco Espinosa y Ángel Viñas. A algunos libros de este último me referiré a continuación.

En el 2015, Viñas, publicó La otra cara del caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco –libro del que ya hablé en un artículo anterior en este mismo periódico- donde desmitifica la idea del gran patriota, al señalar que entró en guerra sin un duro, pero al acabarla tenía una fortuna de 32 millones de pesetas, unos 388 millones de euros de hoy. En cuanto a su procedencia es variada: un regalo de 600 toneladas de café del dictador brasileño Getúlio Vargas para el pueblo español, vendido por un total de 7,5 millones de pesetas, acabó en su cuenta corriente; igualmente que donaciones realizadas a su bando, como una de 100.000 pesetas del 23 de octubre de 1936; y traspasos mensuales de 10.000 pesetas desde Telefónica. Todo esto lo consideró botín de guerra para cubrirse las espaldas ante un futuro incierto. Al acabar la guerra y sentirse seguro, empezó a invertir, cuando muchos españoles pasaban hambre. ¡Vaya patriota!

En 2016 otro libro de Viñas, de título muy explícito, Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco, donde destroza otro, uno más, de los mitos sobre Franco. A saber, que fue el único hombre de Estado que, virilmente, se atrevió a decir «No» al entonces dueño de Europa, Adolf Hitler. Que con ello demostró ser el clarividente hombre de Estado que nos salvó de participar en una nueva guerra, la II Guerra Mundial. Que fue un estratega genial, un «hombre providencial de hábil prudencia y sagacidad galaica», que, además –ironiza Viñas– «escapó al cerco internacional y, con no menos mano izquierda, consiguió el abrazo estadounidense, como centinela para la defensa de Occidente frente a la amenaza bolchevique». Aún hay hasta quien dice –como el profesor Luis Suárez Fernández– que Franco no se unió a Hitler porque un caudillo católico nunca haría migas con un führer neopagano. Lo que Viñas demuestra –gracias a que en 2013 Reino Unido desclasificó ciertos documentos– continuando con la investigación, es que, si Franco no cedió a entrar en guerra, fue porque Churchill y el banquero Juan March compraron a sus generales, entre otros, Kindelán, Orgaz, Aranda y a su hermano, Nicolás Franco. Los ingleses presionaron a España; desplegaron al servicio secreto de inteligencia y se lanzaron a sobre limpio sobre militares y políticos de confianza de Franco para influirle. Viñas dinamita tópicos. Como el encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya. Como cuando explica que los generales franquistas querían que Ramón Serrano Suñer «tuviera un accidente» porque apoyaba la alianza con Hitler. Hago un inciso, que a alguno le habrá pasado desapercibido que tal obra es fundamentalmente producto de que en 2013 Reino Unido desclasificase ciertos documentos. En cambio, aquí, en esta España nuestra, el Gobierno mantiene bloqueadas dos iniciativas relevantes para acabar con un oscurantismo impropio de un país democrático: la desclasificación de los 10.000 documentos de Defensa que Carme Chacón prometió desvelar al terminar su etapa como ministra del ramo y, más recientemente, a través del PP y con ayuda de Ciudadanos, la reforma de la ley de Secretos Oficiales planteada por el PNV en noviembre del 2016. Pero ese veto no solo afecta a Defensa, también a Asuntos Exteriores e Interior. No obstante, el pasado marzo, con la aprobación de los Presupuestos por parte del Gobierno como telón de fondo y con la necesidad de atraerse al PNV para sacarlos en el Congreso de los Diputados, el PP ha facilitado en la Mesa el desbloqueo de la reforma de la ley de secretos oficiales impulsada por el Grupo Vasco.

Para la profesora de la UCM, Mirta Núñez Díaz-Balart, «La situación es tremenda». Y se admira por la agilidad con que Estados Unidos desclasifica información delicada «relativamente reciente». Su ejemplo para España, lo que llama «los muertos providenciales»: los generales Sanjurjo y Mola, más Ramón Franco, los tres, muertos en accidentes aéreos. «¿Es casualidad que desaparecieran así los principales competidores de Franco? No podemos investigarlo, no podemos saberlo».

Gracias al libro de Sobornos, podemos saber hoy más (o quizá solo algo) sobre el origen de muchas fortunas ilustres de España, lo que me sirve para sospechar que la hostilidad contra la Memoria, quizá no tenga tanto que ver con los innumerables asesinatos de Franco, como de sus robos y expolios. Como dice, Antonio Cazorla, catedrático de Historia Contemporánea de Europa en la Universidad de Trent de Canadá, y autor de otro libro Franco, biografía del mito: «Pues ya se sabe que los hombres pasan y las piedras, erigidas con billetes robados, quedan. A lo mejor también, cuando algunos nos dicen que miremos a Paracuellos del Jarama y nos callemos, lo único que buscan es que nuestros ojos no se fijen demasiado en sus rascacielos de la Castellana o en las fincas de caza en Extremadura». O en la fortuna del turolense Demetrio Carceller.

De 2018 otro más de Viñas, El primer asesinato de Franco. La muerte del general Balmes y el inicio de la sublevación, donde junto con dos reputados expertos, uno en anatomía patológica, Miguel Ull, y otro en aeronáutica, Cecilio Yusta, demuestra que el general Balmes, comandante militar de Las Palmas, no murió de accidente, como sostiene la versión oficial, sino asesinado por orden de Franco –entonces comandante general de Canarias– el 16 de julio de 1936, en vísperas de la sublevación militar.

 

 

Franco junto algunos de sus Ministros tecnócratas

[3] El desarrollo del movimiento nacional en Cataluña (Nuestra Bandera, 1964)

Artículo publicado el 21 de abril de 2018 en:
 
En 1964 el Partido Comunista de España tenía todavía muy claro que una verdadera democracia en España ha de ir acompañada del reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos, y que en la lucha contra la dictadura los movimientos nacionalistas eran importantes aliados de los objetivos de los comunistas. No obstante, ya Lenin en 1914 clarificó cuales eran la doble tarea del proletariado en relación a la cuestión nacional y el PCE por aquel entonces aún no se había alejado del marxismo-leninismo: 

Los comunistas catalanes impulsan la lucha de su pueblo por las libertades nacionales catalanas y orientan el movimiento de masas a comprender que sólo la democracia en toda España puede garantizar una Cataluña nacionalmente libre. El problema nacional catalán, como el vasco y el gallego, sólo pueden encontrar solución en la lucha por un poder democrático que reconozca el derecho a la autodeterminación de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Por eso el movimiento nacional es un aliado importante en la lucha que están librando todos los antifranquistas contra la dictadura en toda España“.

Así lo expresaban los comunistas españoles en Nuestra Bandera, de abril de 1964, sin haber olvidado por aquel entonces, como parece que ha sucedido en las últimas décadas, como el PCE fue en II República vanguardia de la defensa de la autodeterminación de los pueblos, especialmente con José Díaz como Secretario General.

En el esclarecedor artículo de los comunistas españoles de antaño se aprecia como, casi medio siglo después, y debido a la ausencia de una ruptura real con el franquismo tras la muerte de Franco, a la continuidad del sistema casi intacto sin haberse hecho ni siquiera amago de justicia por haberse transformado el país en una gran fosa común durante cuatro décadas de dictadura fascista, parece que lo que se nos cuenta en Nuestra Bandera de aquel aparentemente lejano 1964 sea la actualidad misma, en la que el movimiento nacional en Cataluña sigue luchando por la autodeterminación de todos los pueblos del estado español y, por ende, por la democracia y contra los abundantes restos del pasado que se perpetúan como gusanos sobre las tumbas de sus miles de víctimas en la gran farsa democracia española  (aunque esta vez el PCE parece estar alineado con los necrófagos).

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 El desarrollo del movimiento nacional en Cataluña

El proceso de descomposición de la dictadura franquista y la extensión de la oposición, ganando progresivamente a nuevos sectores de la sociedad española, convergen en un fenómeno característico de la actual situación política en España: todos los problemas pendientes de solución durante estos 25 años afloran a la superficie y aparecen al descubierto como una exigencia de cambios ya inaplazables.
 
Entre ellos se cuentan los problemas nacionales de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Esas naciones hispánicas, oprimidas por la dictadura de la oligarquía financiera, se ponen en movimiento para lograr que sus derechos nacionales sean reconocidos y aparecen como una fuerza más que presiona hacia la liquidación del poder de Franco.
 

 
El proceso de activización del movimiento nacional cobra sus rasgos más aparentes en Cataluña, donde la notable expansión de la cultura catalana en estos últimos años, el movimiento de oposición intelectual y estudiantil, la agitación de las capas pequeño y medio burguesas y la presión del movimiento obrero, motor de todo el proceso, convergen en un marco político intensamente teñido por la aparición resuelta de las reivindicaciones nacionales del pueblo catalán.
 
El proceso es tanto más aparente por cuanto en los últimos meses ha experimentado un salto en su desarrollo que obliga a que sea tenido en cuenta incluso por quienes se empeñan en cerrar los ojos. El movimiento nacional catalán se ha convertido ya en una fuerza que mueve a masas cada vez más extensas fuera de los reducidos límites de las reivindicaciones exclusivamente culturales, dentro de las que se movía hace sólo muy pocos años.
 
Creemos que tiene interés un breve resumen de los acontecimientos que se han desarrollado en este frente en los últimos meses:
 
El pasado mes de noviembre, las declaraciones de Dom Aureli Mª Escarré, Abad de Montserrat, después de denunciar el régimen franquista y de reivindicar las libertades democráticas [46] para toda España, abordaban el problema nacional catalán en estos términos: «Los catalanes en gran mayoría, no somos separatistas. Cataluña es una nación entre las nacionalidades españolas. Tenemos derecho como cualquier otra minoría, a nuestra cultura, a nuestra historia, a nuestras costumbres que tienen su propia personalidad dentro de España. Somos españoles, no castellanos.» El PSU de Cataluña declaraba en el número de noviembre de su portavoz, Treball: «El PSU de Cataluña, vanguardia dirigente de la clase obrera de Cataluña, comparte plenamente estas opiniones del Abad de Montserrat. Los comunistas catalanes consideramos que el pueblo de Cataluña, igual como los otros pueblos de España, tiene, además de los derechos señalados por el Abad, los de determinar por sí mismo el régimen político en que quiere vivir y de elegir sus propios gobernantes.»
 
El franquismo contestó a la valerosa toma de posición del Abad de Montserrat con diversos artículos insultantes insertados en su prensa, entre los que destacaban unas manifestaciones del funcionario falangista Fray Justo Pérez de Urbel, Abad del Valle de los Caídos. Pero la reacción del pueblo catalán fue inmediata. Quizá nunca las declaraciones de una personalidad habían adquirido tanta difusión en Cataluña, desde hace 25 años, como en esta ocasión las de Dom Aureli Mª Escarré. El Abad ha recibido más de 5.000 adhesiones personales por escrito, entre las que destaca la carta firmada por 407 sacerdotes catalanes que se hacen totalmente solidarios de su toma de posición.
 
Paralelamente se ha desarrollado la campaña de petición de libertad para la lengua catalana (escuelas, prensa, radio, televisión, &c.). Más de 6.000 instancias individuales han sido ya reunidas para ser entregadas al Gobierno. La respuesta del régimen fue la clausura de los locales del Omnium Cultural, entidad que centralizaba la recogida de las instancias.
 
Este episodio, sucedido en diciembre, merece cierta atención. El Omnium Cultural era una sociedad civil fundada por un grupo de capitalistas catalanes sin ningún propósito subversivo. Promoviendo y financiando diversas actividades culturales en catalán y apoyando la petición de libertad para la lengua, sus fundadores se proponían ponerse al frente del movimiento nacional catalán y convertirlo en punto de apoyo para ejercer una influencia entre las masas con el fin de instaurar un régimen conveniente para sus intereses de clase, el día que desaparezca la dictadura del general Franco. Por ese camino ya habían logrado ejercer un cierto control sobre el «Institut d’Estudis Catalans», la «Agrupació Dramática de Barcelona», el Secretariado de los Premios de las Letras Catalanas, el movimiento de Coros y Orfeones de Cataluña, que agrupa a 60.000 personas, &c.
 
Pese a las intenciones de sus dirigentes, limitadas estrechamente por sus intereses de clase, el Omnium, protegiendo y fomentando una serie de actividades culturales catalanas, aparecía objetivamente enfrentado con la dictadura de Franco que ha pretendido arrasar esa cultura y liquidar las bases de la nación catalana.
 
Todo ello es un buen ejemplo del papel que juega objetivamente el movimiento nacional catalán en la lucha por la democracia, independientemente de las intenciones de quienes [47] pretenden apoyarse en él. Unos días después del cierre del local del Omnium, la concesión de los Premios de las Letras Catalanas, en medio de una concurrencia más numerosa que nunca, se vio caracterizada por el sentido progresista de muchas de las obras premiadas y por la institución de un nuevo premio para obras dedicadas al estudio de los movimientos sociales en Cataluña, bajo el nombre de «Premio Rafael Campalans » en memoria de un antiguo dirigente socialista, bien conocido.
 
El día 22 de diciembre, la Casa de Montserrat en Barcelona, sede de diversas organizaciones juveniles católicas, de carácter catalán, fue incendiada por una banda de forajidos falangistas. En sus paredes inscribieron una frase que resume el odio de todos los reaccionarios españoles a la nación catalana: «España, una bandera, una patria, una lengua.» Los incendiarios se han dado a conocer posteriormente, mediante cartas con amenazas dirigidas a diversas personas, como «Movimiento Jonsista» (JOES, Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas). Esas cartas ostentaban cabeceras de tipo terrorista que recuerdan procedimientos de la OAS francesa: «Grupo Psicológico», «Sección de Lucha Interior Poblaciones».
 
Claro que no sólo no han logrado asustar a nadie, sino que han ayudado a poner de relieve qué clase de «paz» es la del franquismo. Una paz con incendiarios que distribuyen amenazas de muerte, bajo la protección de la policía franquista y con el silencio cómplice de la prensa del régimen que ha intentado ocultar el origen del incendio y hacerlo pasar por un hecho casual.
 
Pero la respuesta popular fue inmediata. El día siguiente, 23 de diciembre, tuvo lugar una concentración frente a la Casa de Montserrat y de ahí arrancó una manifestación que recorrió el centro de la ciudad. Los manifestantes gritaban: «¡Viva Cataluña!, ¡Viva la libertad! ¡Viva la paz!». Los centenares de personas que tomaron parte en este acto se dispersaron pacíficamente sin que la policía armada, presente en torno a la manifestación, interviniera en ningún momento.
 
La misma actitud «prudente» ha manifestado la policía en las diversas detenciones practicadas posteriormente, en relación con la campaña por la lengua catalana y contra el Delegado de información y Turismo Delgado, en quien muchos catalanes ven la cabeza visible que dirige la represión contra su lengua, las multas impuestas a conferenciantes por expresarse en catalán y la prohibición de coloquios, ciclos de conferencias y publicaciones en lengua catalana. Todos los detenidos han sido puestos en libertad pocas horas después de su ingreso en la Jefatura de Policía.
 
En Barcelona, la politización de las masas contra la actitud represiva del régimen ha tenido ocasión de manifestarse con motivo de la celebración del 25 aniversario de la «Liberación» de Barcelona por Franco. Y ello pese a que las autoridades hicieron un esfuerzo para dar un cierto color «catalanista» a los actos oficiales, montando una vergonzosa mascarada a base de barretinas, sardanas y coros en torno a las manifestaciones franquistas. Esta provocación dio lugar a la destrucción total de los carteles fijados en las paredes de la ciudad con la consigna «25 años de paz». Ha sido el pueblo, en un movimiento colectivo, [47] quien hizo desaparecer en pocas horas varios millares de carteles franquistas, sin dejar apenas uno.
 
Los comunistas catalanes impulsan la lucha de su pueblo por las libertades nacionales catalanas y orientan el movimiento de masas a comprender que sólo la democracia en toda España puede garantizar una Cataluña nacionalmente libre. El problema nacional catalán, como el vasco y el gallego, sólo pueden encontrar solución en la lucha por un poder democrático que reconozca el derecho a la autodeterminación de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Por eso el movimiento nacional es un aliado importante en la lucha que están librando todos los antifranquistas contra la dictadura en toda España.
 
En Cataluña, la convergencia de la lucha de la clase obrera y de las otras capas y clases sociales lesionadas por el franquismo, se funde estrechamente con las reivindicaciones nacionales, constituyendo –como dice la Declaración del Comité Ejecutivo del PSU, de marzo de 1964– «el movimiento nacional catalán contemporáneo, que es al mismo tiempo cultural, social y político, profundamente antifranquista y auténticamente democrático».
 
 
Francisco Franco con los hoy Reyes eméritos y sus hijos en el Pazo de Meirás

[4] Agustín Gómez Arcos: la necesidad de “contar los muertos de mi España y pasar la factura a los culpables”

Articulo publicado el 16 de abril de 2018 en:

http://cuestionatelotodo.blogspot.com.es/2018/04/agustin-gomez-arcos-la-necesidad-de.html

 
Agustín Gómez Arcos, escritor excluido de la historia de la cultura oficial española, a pesar de ser uno delos escritores más exitosos en Francia, sufrió una doble censura: la censura explícita ejercida por la dictadura franquista, y la censura durante la transición, al fin y al cabo continuación maquillada de aquella. El Franquismo prohibió su obra y la deforme “democracia” que aquel parió la ignoró por completo, al no aceptar su autor la traición a la República, a las víctimas del fascismo, a los que lucharon durante decenios contra la dictadura, que está última representó. 

 

Gómez Arcos jamás perdonó a los ideólogos y artífices de la falsa “reconciliación nacional”, un concepto que esconde poco más que la aceptación de la victoria del fascismo y de la impunidad de sus criminales. La mayoría de los personajes creados por él tienen como motor el odio de clase, la indignación y el ansia de justicia imprescindibles para que pueda existir algún día una verdadera democracia. Toda su obra, pues, es compromiso político.

 
Guiado por sus inquebrantables principios, algo excepcional en una España de mercenarios ideológicos y prostitución literaria, y siguiendo a Celaya y su aquel verso, “la poesia es un arma cargada de futuro”, afirmó y defendió que“los políticos olvidan, los escritores no”, y subrayando la imprescindible necesidad de “contar los muertos de mi España y pasar la factura al Culpable”, algo que todavía no se ha llevado a cabo.

Gómez Arcos nace en Enix (Almería) en 1933, en el seno de una familia que sufrirá duramente la represión y el aislamiento social por su condición de “rojos”. De esa experiencia infantil nace su libro “El niño pan”, en el que nos narra con contundente realismo la tragedia de los vencidos. Cursa el bachillerato en la ciudad de Almería, disfrutando de una predilecta relación con su profesora Celia Viñas, poeta y escritora. Es ella quien le transmite la afición por la creación literaria en un ambiente de profundo espíritu de libertad, herencia de los ideales de la Institución Libre de Enseñanza.

En Barcelona inicia estudios de Derecho, para pronto abandonarlos. Posteriormente, se traslada a Madrid concentrándose en la producción dramática. Abordará todos los géneros literarios, publicando en 1956 su primer libro de poemas, “Ocasión de paganismo”, pero es en el teatro donde encuentra el vehículo de expresión de su contestación social y rebeldía hacia el Régimen que atenaza España. Comparte posiciones comprometidas, con autores como Alfonso Sastre o José Bergamín, para quienes la literatura es ante todo un hecho social y por lo tanto, al escritor se le exige igualmente responsabilidad social

En 1960 consigue el primer premio en el Festival Nacional de Teatro Nuevo con su farsa“Elecciones generales”. La censura le retira el premio y prohíbe su representación. En 1962 se le otorga el premio Lope de Vega por la obra “Diálogos de la herejía” premio que es anulado posteriormente y censurada la puesta en escena. Nuevamente en 1966 con la pieza teatral “Queridos míos es preciso contaros ciertas cosas” recibe el segundo premio Lope de Vega tras declararse, sospechosamente, desierto el primero. Al no recibir ninguno de los galardones y anularse consecutivamente los estrenos de sus obras y, junto al ambiente asfixiante en el que vivió por aquellos años en Madrid, decide autoexiliarse en primer lugar a Londres y finalmente a París.

Instalado en París desde 1968, se rebela de una forma particular contra su madre patria, aquella que se había convertido en un gran campo de concentración: abandonar el castellano y empezar a escribir, exclusivamente, en francés. Sin embargo, los temas seguirán saliendo del manantial de la realidad española, y sus obras comprometidas con la memoria, la justicia y la lucha por la libertad.

 
En Francia, tendría un éxito rotundo, algo que contrasta con su olvido por motivos políticos en España. Sería dos veces finalista del acreditado premio “Goncourt” una de ellas en 1978 por “Escena de caza furtiva”, novela violenta, en la que se ponen minuciosamente al desnudo los mecanismos represivos de la Dictadura, la tortura, la clandestinidad, la corrupción… Un tema habitual de sus novelas, como de su pensamiento, es la de la necesidad de la venganza, única forma de justicia posible. Por ejemplo, en la novela citada, la esperanza surge a través de un personaje, un francotirador, el hijo de las víctimas, que con fusil en mano disparará al Jefe de Policía dos balas en el bajo vientre, “…que desgarran de inmediato carne y sexo….dos balas misioneras…”.

Así responde el autor a ese “autoperdon” que el Régimen se había dado a sí mismo, pisoteando a la justicia de sus víctimas, pues, según Gómez Arcos, tal democracia era una democracia creada por franquistas, los mas inteligentes y flexibles de la derecha. Iniciada la Transición Gómez Arcos regresó ocasionalmente a España, de donde nunca perdió la nacionalidad, aquí encontró una completa incomprensión; siendo ignorado por la critica literaria y rechazado por los editores. De forma prematura, murió en 1998 como escritor prestigioso en Francia y como tal, fue enterrado en su país de acogida en el cementerio de Montmartre, reservado a las grandes personalidades, junto a Emilio Zola, Dumas, Héctor Berlioz y Nijinski. 

 
Entre sus novelas destaca “María República”, su obra más autobiográfica, como él mismo definió. María, la huérfana de padres fusilados, enterrados en fosas comunes, “…cadáveres que lleva en la tumba de su cabeza…”, mujer caída, con conciencia de su clase y de quienes son sus enemigos, perseguida y metida a puta para sobrevivir. En ella está presente también la imprescindible venganza: contatida de sífilis, María, víctima inocente de la Victoria, se servirá de su enfermedad como subversión al Régimen: contagiar a toda la burguesía de la ciudad es su objetivo; su obra destructora es que los criminales engendren hijos enfermos, castigados, torturados como sus víctimas.
 
Gerentes del futuro de la Patria, concesionarios de patentes extranjeras, promotores inmobiliarios, militares, comisarios de policía, obispos y demás, arrastrándose penosamente hacia lo más alto de la escala social al grito de ¡Viva Franco!. Todos contagiados por mi sífilis. Todos deformes. Una gusanera que irá invadiendo el país hasta emponzoñarlo por completo…”
 
Otras de sus obras más conocidas son la novela “El cordero carnívoro”, que fue ganadora del “Prix Hermès” 1975, galardón que concede Francia a la obra más destacada de la literatura marginal, y“Ana no”, su obra más internacional, traducida en su momento a dieciséis idiomas, y llevada al cine en 1985, con la que ganó el “Prix du Livre Inter” 1977, concedido por los lectores a la mejor novela del año, y galardonada con los prestigiosos premios literarios “Thyde Monnier” y “Roland Dorgelès”. Presenta a una mujer, Ana No, a quien el exilio no le permitió tener una identidad; la guerra y la dictadura fascista, despojándola de todo, la ha convertido en una negación absoluta. A sus 75 años, emprenderá un viaje andando, siguiendo el duro y hostil camino de la vía del tren, para antes de morir, abrazar lo único que le queda, un hijo preso en una cárcel del norte de España, acusado de pertenecer al Partido Comunista. Travesía en la que solo le acompañarán el recuerdo de sus muertos: un marido y dos hijos fusilados. 

Agustín Gómez Arcos fue un escritor digno, un raro especimen en la España del todo se vende y todo se compra, empezando por los propios principios, y cuya máxima expresión es la gran traición a las víctimas del fascismo que supuso la Transición, y la sociedad prostituida que dio lugar. Gómez Arcos jamás lo aceptó, y continuo exigiendo que se hiciera justicia, y por eso fue censurado y olvidado en su país. Escupió el brebaje de la farsa democrática que le dieron a beber, y jamás aceptó la imposiciòn de la monarquía contra la que tantos españoles dieron su vida y por la que miles siguen olvidados en fosas comunes; una monarquía que hoy sigue arrastrando el testigo del fascismo en la figura de Fernado VI de Franco.

Para terminar, compartimos un poema de Agustín Gómez Marcos que define bien su pensamiento y explica porque jamás triunfó ni triunfara en la España de la dictadura sincera ni en la de la democracia simulada:

 
Imagina tus manos
y mis manos,
y las manos de todos,
su multitud de dedos
para contar los muertos de mi España
y pasar la factura al Culpable.

Imagina mi boca
con tu boca
y las bocas de todos
su multitud de lenguas
para gritar venganza, no justicia,
que justicia no calma
los vencidos.

Imagina tus ojos
Y mis ojos
Y los ojos de todos
su multitud de horas
para buscar la culpa al Asesino
y mirarle la muerte
sin descanso.

Imagina la culpa
de su culpa,
su multitud de culpas,
la vejez
enterrada en el Valle de las Culpas
Valle de los Caídos
por mal nombre.

Imagina mi rabia
con tu rabia
y la rabia de todos
la multitud de rabias
para cargar fusiles y fusiles
y cargar corazones
y futuros.

                                                                                                   Gómez Arcos Agustín

 
 
 
 
 
Las últimas palabras de Franco a Juan-Carlos I, Lo único que le pido es que preserve la unidad de España
 
 
 
 

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