Con el Rey David comenzó la construcción del Templo de Jerusalem, su hijo, el Rey David lo terminó. Ya no hay santuarios portátiles y por tanto el carácter sacral queda alejado de lo profano. Un espacio especial que representa la divinidad, la sacralización del espacio tan importante para Israel.
Estas eran sus distintas ubicaciones conforme se accedía al Templodesde el resto del mundo hasta llegar a la cavidad del Sancta Sanctorum.
Era una concepción sacral del mundo que iba excluyendo a las personas de su acceso al espacio sacral. El día del Yom Kippur se producía el acceso del sacerdote al espacio (Sancta Sanctorum).
Existía una división del Reino en dos: Norte y Sur. La parte norte adopta el nombre de Israel, el Sur con sus dos tribus adopta el nombre de Judá con capital en Jerusalem.
Esto significa debilidad política, dos Estados.
El norte crea una religión adaptada al Estado que se llamará Samaria. El norte es invadido e incorporado a Asiria en el siglo VIII a.c y el sur cae en el siglo VI a.c por los Caldeos o Babilonios.
Comienza la deportación del sur. El norte se disuelve con otros pueblos. El sur es deportado a Babilonia, los judíos que llevan la legitimidad del pueblo de Israel. Nace el judaísmocomo tal.
A su vez, los persas ocupan Babilonia y el ReyCiro devuelve la libertad a los judíos que vuelven a su tierra a construir el Templodestruido.
En tiempos de Jesús había Temploy sacerdocio pero faltaba el Rey.
Existían cuatro categorías de grupos políticos religiosos: los saduceos, eran la aristocracia sacerdotal, los fariseos, los eseniosy los zelotas.
Los saduceoscontrolaban el Temploy el poder sacral. Eran familias que representaban el control del Templo como centro comercial y financiero.
Había que cambiar las monedas en el Temploal no estar permitidas por la Torá las monedas con representación humana.
Se sacrificaban los animales y se vendían. Era un monopolio de las familias sacerdotales. Con éste dinero compraban latifundios, colaboraban con el poder político.
Hubo épocas de gran represión por Alejandro Magno y el Imperio griego con tendencia uniformizadora en lo religioso.
El Imperio romano nunca se propuso destruir a los otros pueblos en sus creencias, muy al contrario, mantuvo sus creencias religiosas. No había una idea uniformizadora por Roma, por eso duró tanto.
Los saduceoseran colaboracionistas de los romanos. Roma sólo mantuvo la base de recaudar, es decir, la Hacienda y el poder militar.
El ataque de Jesús a los cambistas y a los que vendían fue un acto subversivo del orden político, económico y religioso. Eso basta para poder explicar la persecución y muerte de Jesús, su oposición a los saduceosy a los romanos.
Los fariseosno eran de la casta sacerdotal, eran laicos. Se ocupaban de la enseñanza de la Torá, eran maestros. El lugar de la enseñanza era la Sinagoga(Reunión).
También hubo una cierta oposición de Jesús porque la visión religiosa de los fariseosexcluía a muchas personas de su relación con Dios, los marginaba, no los consideraba dignos, les asignaba una participación menor de los bienes sociales, eran los gentiles, mujeres, colaboracionistas con Roma, publicanos, los que cobraban impuestos para Roma, los niños que no sabían leer, los enfermos etc…
Era una sociedad sacral y esto generaba unas exclusiones enormes y Jesús se acercaba a categorías excluidas.
El grupo de los eseniosse apartaban y hacían una vida aparte. Esperaban un Mesías, estaban fuera de las ciudades, vivían en cuevas donde se interpretaba la Biblia, eran una secta.
Los zelotaseran los que a través de la violencia querían expulsar a los romanos, eran descendientes de los macabeos.
Jesús hablaba de pacifismo y a la vez es proclamado por sus seguidores el Mesíaspero no muere como un héroe religioso sino como un rebelde político. Aquí surge el cristianismo.
Cuando Jesús muere proclamado Mesíaspor sus seguidores el Temploes destruido por los romanos en el año 70 y en el año 135 es arrasada Jerusalempara evitar las revueltas. Surgen dos religiones: judaísmo y cristianismo, aunque con un tronco común desde Abraham.
Para los judíos no es el Mesías.
Judaísmo y Cristianismo se definen por oposición.
Judaísmoes fariseoporque el Templodesaparece y con él, el partido saduceo, los eseniosson ejecutados y los zelotastambién.
Es una religión sin Templo, sólo queda el muro occidental (de las lamentaciones).
No quieren Templo, han sido una religión de la Sinagoga y de la Torá, no del Templo.
Jesús muere por enfrentarse a los cuatro grupos políticos más poderosos de su tiempo, saduceos, fariseos, esenios y zelotas. Jesús es un líder político ¿De donde le viene el poder?
Sin duda, de la transgresión de los tabúes, su atractivo consiste en no cumplir las reglas, de la tentación de retar a las leyes naturales, una aspiración reservada sólo a los dioses, ésta aspiración no se entiende desde la sociología.
La transgresión permanente es la prueba de su poder divino, ningún pensador justificaría estrategias basadas en la transgresión porque no hay teoría política que la sostenga, pero esto ocurre porque no había un concepto de organización del poder que encajara con un contrapoder tan extraño, el contrapoder era el enemigo en forma de ejercito o grupos definidos religiosa, política o económicamente pero nunca un individuo transgresor que arrastraba a las masas.
Cierto es que la transgresión de los tabúes era la forma de acceder al poder antes de la llegada del pensamiento político traído por los griegos pero cierto también es que a lo largo de la historia todos los cambios han venido producidos por una serie de causas inducidas por un liderazgo que lo ha sido por la transgresión de las normas establecidas y Jesús fue un transgresor de las normas de su época porque se enfrentó a los poderes desde una nueva forma de entender la revolución, que no es ni más ni menos que la ruptura con el orden establecido.
En ese sentido, Jesús es un líder político revolucionario porque fue un transgresor de las normas.
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TODOS SOMOS CULPABLES
«El fenómeno que más caracteriza nuestra época es una irrupción colectiva del mal en el hombre, como nunca ha acontecido en la historia universal.
Las diversas explicaciones (ideológicas, políticas, sociológicas, etc.) de nivel consciente que, como sabe la psicología profunda, nunca abarcan la causa real de un suceso; no pueden escamotear el hecho de que el mal ha logrado apoderarse de cientos de millones de seres humanos.
La antigua ética de la época judeocristiana se ha mostrado incapaz de dominar las fuerzas destructivas del hombre.
Está ligado al mal todo aquel que ha visto y no ha actuado; todo aquel que ha desviado la mirada porque no quiso ver; todo aquel no ha visto aunque lo hubiese podido hacer; pero también todo aquel cuyos ojos no han podido ver.
Todos somos culpables, todos los pueblos, todas las naciones, todas las religiones, todas las clases: la humanidad es la culpable.
Mientras el mal no amenaza la propia existencia, se lo cubre con toda clase de atrayentes disfraces, que sólo se quitan cuando aquél enseña los dientes, presto al ataque, contra la propia persona, la propia casa o el propio país.
No la lucha contra el mal -tal es la amarga verdad de nuestra experiencia- sino principalmente la lucha contra la destrucción por el mal es lo que pone en movimiento al hombre de hoy.
El hombre moderno, desde la irrupción de las tinieblas en su imagen del mundo, se ha hecho tan escéptico e inseguro en cuanto a los valores, que ya no puede sentirse como luchador contra el mal y en pro del bien.
Ha perdido la ingenuidad del luchador, y la secreta pregunta que torna su intimidad insegura es la siguiente: ¿quién lucha contra quién?; ¿qué, contra qué?»
El mar de sangre en que se ha anegado Europa y en que amenaza sumirse el mundo entero, es la consecuencia de la incapacidad humana para dominar su alma.
El problema del mal es uno de los más entrañables del hombre moderno. No hay apelación a antiguos valores e imágenes rectoras que nos protejan contra la comprobación de que vivimos en un mundo donde el mal en el hombre, surgiendo de la profundidad hasta sumir dimensiones gigantescas, nos pone a todos, sin excepción, frente al problema de cómo dominarlo.
LA ANTIGUA ÉTICA JUDEOCRISTIANA SE HA MOSTRADO INCAPAZ DE DOMINAR LAS FUERZAS DESTRUCTIVAS DEL HOMBRE
Moderna es esta época de la humanidad en que la ciencia y la técnica demuestran indudablemente la aptitud de la conciencia para dominar la naturaleza física y para extender este dominio, por lo menos en mayor medida que en cualquiera de las épocas anteriores de la humanidad. Pero es también la época en la que, más que nunca, se manifiesta la incapacidad para dominar la naturaleza psíquica, o sea, el alma humana.
El mar de sangre en que se ha anegado Europa y en que amenaza sumirse el mundo entero -pues las guerras mundiales son sólo uno de los síntomas de tal estado- es la consecuencia de esa incapacidad.
El fenómeno que más caracteriza nuestra época es una irrupción colectiva de lo malo en el hombre, como nunca ha acontecido en la historia universal. Las diversas explicaciones ideológicas, políticas, sociológicas, etc. de nivel consciente, las que, por otra parte, como sabe la psicología profunda, nunca abarcan la causa real de un suceso, no pueden escamotear el hecho de que el mal ha logrado apoderarse de cientos de millones de seres humanos. La antigua ética de la época judeocristiana se ha mostrado incapaz de dominar las fuerzas destructivas del hombre.
La decadencia de lo que llamamos «antigua ética» es, como puede comprobarse, un fenómeno necesario en la historia humana. Pero ello nos plantea la cuestión de si se dan ya direcciones y lineamientos para una nueva ética, pues la humanidad se halla en peligro de resultar aniquilada por la moral insana que se ha apoderado de ella, como síntoma de un estado de transición carente de moralidad.
En la presente lucha de la humanidad, la delimitación clara de los frentes es sólo aparente. La guerra contra el mal es incuestionablemente otra cosa que el mal mismo, pero el dominio del mal sobre los hombres trasciende las fronteras políticas y militares para abarcarnos a todos, dondequiera que estemos ubicados. No sólo los criminales, sino también las víctimas son culpables.
EL MAL QUE IRRUMPIÓ CON LOS NAZIS ES EL MISMO QUE PROCURA ANULAR LA UNIDAD ESENCIAL DE TODOS LOS HOMBRES
Está ligado al mal todo aquel que ha visto y no ha actuado; todo aquel que ha desviado la mirada porque no quiso ver; todo aquel no ha visto aunque lo hubiese podido hacer; pero también todo aquel cuyos ojos no han podido ver. Todos somos culpables, todos los pueblos, todas las naciones, todas las religiones, todas las clases: la humanidad es la culpable.
El mal que irrumpió con la conquista del poder por los nazis es el mismo mal que ha impedido hasta hoy la solución de la cuestión social y la autodeterminación de los pueblos de color dentro del mundo civilizado, y procura con todas sus fuerzas anular la real unidad esencial de todos los hombres, así como destruir la conciencia de una determinación unitaria humana y cultural.
El hombre de nuestro tiempo se halla en la funesta situación de no poder casi oponer a la consciente destrucción de los valores por obra del mal sino una ética que ha perdido ya su eficacia anímica. La seguridad interna del individuo que apela a los valores de la antigua ética judeocristiana, pero que íntimamente no le encuentra ya validez y la siente ineficaz en su experiencia cotidiana, lo que le hace fácil víctima de la infección por el mal.
Todos hemos visto que ninguna mano, así pertenezca a un cuerpo directamente amenazado, se mueve en pro del «bien». Pero esto significa que no es el bien lo que determina al hombre o al pueblo, aun cuando el pueblo o el hombre se sirvan luego de la ideología del bien, sino sólo el instinto de autoconservación activado por el peligro.
Mientras el mal no amenaza la propia existencia, se lo cubre con toda clase de atrayentes disfraces, que sólo se quitan cuando aquél enseña los dientes, presto al ataque, contra la propia persona, la propia casa o el propio país. No la lucha contra el mal -tal es la amarga verdad de nuestra experiencia- sino principalmente la lucha contra la destrucción por el mal es lo que pone en movimiento al hombre de hoy.
EN LA LUCHA, EL HOMBRE VA A CIEGAS PORQUE LAS FUERZAS DIRIGENTES QUE CAUSAN EL CONFLICTO ESTÁN DISIMULADAS
Uno se inclina admitir que esta reacción es generalmente humana, constituyendo desde siempre la actitud fundamental del hombre. Pero ello significa pasar por alto que ha habido incuestionablemente épocas en que la iniciativa del hombre en la lucha contra el «mal», era eficaz y espontánea, y hasta conducía a movimientos de masa. Un análisis de esta iniciativa, así como de tales movimientos, podría no sólo revelar interferencia de fuerzas opuestas, sino comprobar siempre la existencia de fuerzas que utilizaban sólo para disimularse la máscara del bien. Pero indudablemente, para la conciencia de esos hombres, el mal era malo y la lucha contra ese mal, una «guerra santa».
Mientras regía la validez de la antigua ética, sus valores tenían una eficacia dinámica, pero el hombre moderno, desde la irrupción de las tinieblas en su imagen del mundo, se ha hecho tan escéptico e inseguro en cuanto a los valores, que ya no puede sentirse como luchador contra el mal y en pro del bien. Ha perdido la ingenuidad del luchador, y la secreta pregunta que torna su intimidad insegura es la siguiente: ¿quién lucha contra quién?; ¿qué, contra qué?
Mientras la orientación religiosa constituía el fundamento de la orientación ética, se sabía que era Jehová u Ormuz o Cristo o Alá quien ordenaba la lucha y, por lo tanto, la posición valorativa. Pero la cuestión de si la «industria», la «nación» o la «raza» constituyen el fundamento del conflicto; de si, en esa lucha, el individuo va a ciegas o engañado porque las fuerzas dirigentes que motivan el conflicto se encuentran disimuladas; de si lucha, sin saberlo, por aquello de que tales luchas son realmente síntoma; tales cuestiones, al parecer insolubles y respondidas de mil maneras diferentes, se agitan en la conciencia de cada uno de los que luchan como expresión de la caótica situación de nuestra época.
El carácter absoluto con que cada una de las ideologías mutuamente en pugna se ofrece como solución, «ayuda» ciertamente a la conciencia del individuo que logra dejarse poseer por alguna de ellas. Pero la ley psicológica según la cual todo fanatismo en lo consciente se compensa por una duda tanto más vigorosa en lo inconsciente, explica por qué tales ideologías tanto han contribuido de hecho a la confusión de nuestra época y tan poco a su reorientación.
La «antigua» ética, en su cuño judeocristiano, ha determinado la estructura de la humanidad occidental. El haberse tornado inefectiva es causa, consecuencia y expresión de una catástrofe en que se hacen visibles las fuerzas adversas interceptadas por la antigua ética.
Empero, ahora se manifiestan por doquier los principios de una nueva ética como expresión de una mutación en la constelación anímica del hombre moderno.
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ERICH NEUMANN, Psicología profunda y nueva ética, 1945. Alianza editorial, 2007. Traducción de José Pérez Ruiz. FD, 07/07/2008.
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