LA CAUSA DE MUCHOS Y GRANDES ERRORES, por Baruch de Spinoza (1632-1677). «La filosofía se hace sin palabras porque el entendimiento no las necesita para comprender»
En Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski, el protagonista, Raskólnikov, escucha a dos hombres jóvenes, un estudiante y un oficial, en una cantina, discutir acerca de una vieja usurera a la que, coincidentemente, acababa de conocer. El estudiante le dice al oficial que
«sería capaz de matar y robar a esa maldita vieja sin el menor escrúpulo de conciencia» (Dostoiesvki 1996: 138).
Por supuesto que lo dice en broma, aclara el estudiante, mas no deja de considerar la situación de la siguiente forma: con todo el dinero de la «vieja estúpida, insensata, mísera, malvada y enferma», que maltrata hasta a su propia hermana y «le hace daño a todo el mundo», podrían salvarse muchas «vidas jóvenes y sanas cuyas fuerzas se pierden por falta de apoyo» (Dostoiesvki 1996: 139). Él no sería capaz, pero le parece justo hacerlo.
El oficial le responde: «si tú no te decides a hacerlo, no hay justicia que valga» (Dostoiesvki 1996: 140). Si la conciencia del estudiante no se lo permite, al punto que ni siquiera lo considera realmente, entonces es porque su razonamiento no es válido. Hay algo que se lo impide.
Me pregunto, entonces, ¿qué es ese algo?
¿Por qué no matar a la vieja?
Ese algo es, por supuesto, la moral.
Desde un punto de vista subjetivista, según el cual afirmar «matar a la vieja está mal» en realidad no es más que mostrar desaprobación respecto de la acción, la expresión de una actitud o sentimiento, la moralidad deja de existir. Por supuesto que seguirían existiendo buenas costumbres, pero la cuestión se limitaría a si el agente aprueba o no el asesinato de la vieja para ayudar a otras tantas personas.
La mayoría la desaprobará, pero es perfectamente válido pensar que alguien —digamos, Raskólnikov— podría aprobar el crimen al punto de llegar a realizarlo. En otras palabras, a ese alguien, a Raskólnikov, el crimen le estaría permitido.
De la misma forma, desde una perspectiva utilitarista, tal crimen sería igualmente permisible, en tanto origina una mayor felicidad; pero tal utilitarismo sería uno burdo y poco atractivo. El utilitarismo de reglas lo prohibiría sin ambigüedad, puesto que una sociedad que permitiese ese tipo de crímenes terminaría generando una incertidumbre y desconfianza generalizadas, y en consecuencia, más dolor que felicidad.
No obstante, podría pensarse —como efectivamente razona Raskólnikov— que existan ciertas personas, muy pocas sin duda, que sean extraordinarias, y que tengan una suerte de
«derecho propio, de saltar por encima de ciertos obstáculos, y aun eso tan sólo en el caso de que así lo exija la realización de una idea suya, en ocasiones salvadora, quizá, para toda la humanidad» (Dostoiesvki 1996: 363).
Estos individuos podrían permitirse, «en su fuero interno y según su conciencia», pasar por encima de «un cadáver o de un charco de sangre» (Dostoiesvki 1996: 365)
No sería preciso decir que para semejante persona no existiría la moralidad. Sí existiría, sólo que sería distinta, mejor, al punto de aniquilar, en caso de conflicto, la moralidad de aquellos otros seres ordinarios.
¿Cómo contrarrestar un razonamiento tal?
En realidad, en contraposición al juicio de la razón ordinaria, sólo un filósofo —como señala Kantcon no poca ironía—
«puede fácilmente enmarañar su juicio con un cúmulo de consideraciones extrañas al asunto en cuestión y dejarse desviar del rumbo correcto» (2002: 80).
De tal modo que si ha de discutirse filosóficamente problemas de esta índole, no se puede ser ambiguo en cuestiones que el entendimiento moral común, sin ayuda de filosofía alguna, tiene suficientemente claro (a pesar que se desdiga ocasionalmente en refinados razonamientos como es el caso del estudiante, que, no obstante, carecen de validez práctica).
Una teoría ética que otorgue valor absoluto a todas las personas, esto es, dignidad, afirmando que, en consecuencia, sus vidas no son intercambiables, como si fueren cosas, y en ese sentido, salvando incluso a la más despreciable de las viejas de una muerte cruel, parecería ir por buen camino (Kant2002: 123-124).
Esto queda comprobado, eventualmente, por la conciencia moral del mismo Raskólnikov, a pesar de que pudo oscurecerla temporalmente con refinados razonamientos y teoría.
Crimen y castigo. Traducción de Isabel Vicente. Madrid: Cátedra, 1996.
KANT, Immanuel
Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Traducción de Roberto Rodríguez Aramayo. Madrid: Alianza Editorial, 2002.
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LA CAUSA DE MUCHOS Y GRANDES ERRORES, por Baruch de Spinoza
«Dado que las palabras forman parte de la imaginación, es decir, que, como formamos muchos conceptos conforme al orden vago con que las palabras se asocian en la memoria a partir de cierta disposición del cuerpo, no cabe duda de que también las palabras, lo mismo que la imaginación, pueden ser causa de muchos y grandes errores, si no los evitamos con esmero»
LA CAUSA DE MUCHOS Y GRANDES ERRORES. La filosofía se hace sin palabras porque el entendimiento no las necesita para comprender.
La filosofía se hace sin palabras porque el entendimiento no las necesita para comprender.
En la medida en que fue posible, hemos adquirido cierto conocimiento de nuestro entendimiento y una norma tal de la idea verdadera, que ya no tememos confundir lo verdadero con lo falso o con lo ficticio.
NO DIFERENCIAR LA IMAGINACIÓN DEL ENTENDIMIENTO NOS LLEVA A CONFUNDIR LOS VERDADERO CON LO FALSO
Por eso, tampoco nos sorprenderá que entendamos ciertas cosas que no caen, en modo alguno, bajo la imaginación, y que haya en la imaginación otras que contradicen totalmente al entendimiento; y otras, finalmente, que concuerdan con éste.
Hemos constatado, en efecto, que aquellas operaciones, de donde surgen las imaginaciones, se realizan según unas leyes totalmente diferentes de las leyes del entendimiento; y que la mente, respecto a la imaginación, sólo reviste un carácter pasivo.
EL MATERIALISMO ES UN GRAN ERROR QUE CONTRADICE TOTALMENTE A LA VERDAD
De donde resulta también cuán fácilmente pueden caer en grandes errores quienes no han distinguido con esmero entre imaginación e intelección.
Citemos entre otros, que la extensión o materia debe estar en un lugar; que debe ser finita y que sus partes se distinguen realmente entre sí; que ella es el primer y único fundamento de todas las cosas; y que en un momento ocupa mayor espacio que en otro; y otras muchas cosas por el estilo, todas las cuales contradicen totalmente a la verdad, como mostraremos en su lugar.
LAS PALABRAS Y LA IMAGINACIÓN SON LA CAUSA DE MUCHOS Y GRAVES ERRORES
Además, dado que las palabras forman parte de la imaginación, es decir, que, como formamos muchos conceptos conforme al orden vago con que las palabras se asocian en la memoria a partir de cierta disposición del cuerpo, no cabe duda de que también las palabras, lo mismo que la imaginación, pueden ser la causa de muchos y grandes errores, si no los evitamos con esmero.
«Spinoza no fue ateo ni panteísta ni monista. Tampoco fue materialista. Aunque debe haber una docena de variantes del materialismo, básicamente todos comparten la creencia de que la materia es «el primer y único fundamento de todas las cosas». Opinión que Spinoza incluye entre el cúmulo de «grandes errores» filosóficos, que «contradicen totalmente a la verdad». Así que, dijeran lo que dijeran Feuerbach y los marxistas, Spinoza, de materialista nada«. (Oliver)
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BARUCH DE SPINOZA (1632-1677). “Tratado de la reforma del entendimiento”. Alianza Editorial, 1988. Traducción de Atilano Domínguez. [La causa de muchos y graves errores, FD, 31/08/2006]
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