DE LAS ESTRELLAS NACIÓ LA FILOSOFÍA; Y LAS MATEMÁTICAS (Documentales).

DE LAS ESTRELLAS NACIÓ LA FILOSOFÍA

 

LAS ESTRELLAS, LAS PRIMERAS MAESTRAS DE FILOSOFÍA

REALMENTE EL HOMBRE APRENDIÓ A FILOSOFAR GRACIAS A LAS ESTRELLAS; Y EN ELLAS YACE EL MISTERIO DE LA SABIDURÍA MÁS ALTA
Por José Robles

Pijamasurf, 17 JULIO 2016

DE LAS ESTRELLAS NACIÓ LA FILOSOFÍA

 

«Omnia quia sunt, lumina sunt«, Juan Escoto Erígena

El acto fundamental del ser humano que busca conocer –asomarse y asombrarse ante el misterio– es mirar las estrellas en el cielo. Cuando una persona voltea a mirar al cielo y observa los pulsos luminosos –y se maravilla y se pregunta– se forma una resonancia que es una comunicación del lenguaje de la luz y una comunión con miles y millones de personas más que han extendido la interrogación de su mente al firmamento. No se debe despreciar la profundidad filosófica de esta canción de cuna que describe el asombro primordial:

Twinkle, twinkle, little star/ How I wonder what you are./ Up above the world so high,/ Like a diamond in the sky.

 

La filosofía, el amor a la sabiduría, nos dice Aristóteles en su Metafísica, nace del asombro, del admirarse, del maravillarse: 

Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración… el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. (Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos).

 

La palabra que utiliza Aristóteles y la cual tradicionalmente se ha considerado el origen del quehacer filosófico es thaumazein (traducida aquí como admiración; en ingles wonder) y que tiene su raíz en «ver o mirar«. Esto es, el encantamiento o el asombro de mirar, de contemplar algo desconocido y maravilloso, que engendra el deseo de saber, como las estrellas –y es que, aunque para la modernidad sobreestimulada los astros tal vez hayan perdido su encanto (¡y su visibilidad!), para casi cualquier hombre en la historia de la humanidad nada podría compararse en asombro con mirar la vastedad del espacio y las luces que insinuaban un lenguaje desconocido: esas sílabas luminosas que nos deletrean. 

El maestro de Aristóteles, Platón, es aún más claro (y verdaderamente cósmico) en esta noción de que la filosofía nace del asombro o de la admiración y particularmente de las analogías que surgen a partir del acto de observar los movimientos de los astros y de encontrar un significado en relación con nuestra vida en la tierra. «Este sentido de admiración es el sello de los Filósofos. La filosofía de hecho no tiene otro origen, y fue un buen genealogo quien hizo a Iris hija de Thaumas» (Teeteto 155).

Pero es en el Timeo donde Platón deja más clara esta relación entre la filosofía, el asombro y los astros:

Ya que si no hubiéramos visto las estrellas, el Sol y el cielo, ninguna de las palabras con las que hemos descrito el universo habrían sido dichas. La visión del día y la noche, los meses y las revoluciones de los años, han creado el número, y nos han dado un concepto del tiempo y el poder de investigar la naturaleza del universo; y de esta fuente hemos derivado la filosofía.

 

Aquí Platón hace eco de uno de sus maestros, Pitágoras, quien percibió que existía una armonía universal y que la música, las matemáticas y las estrellas eran tres aspectos de un mismo lenguaje o código universal, y por lo tanto cada una de ellas era traducible en la otra. Así, hay una cierta música que se susurra en mirar el firmamento y evidentemente hay cierto orden matemático que se logra percibir con la mirada desnuda que se acerca a la luz de las estrellas. Kepler, inspirado en esta idea de la música de las esferas, logró establecer las leyes de las órbitas planetarias, a las cuales veía como una gran sinfonía matemática.

David Fideler en su libro Restoring the Soul of the World nos permite apreciar la elegante belleza de la observación que hace Platón en el Timeo:

Platón lo resumió perfectamente: A través de sus movimientos en ciclos regulares, las estrellas y los planetas pulsan patrones y ritmos. Estos ritmos nos enseñan el número, lo que luego desarrolla las matemáticas. Las matemáticas nos permiten indagar el orden de la naturaleza, dando a luz a la ciencia y a la filosofía en el proceso. Así, entonces, las estrellas nos enseñan filosofía, y nos despiertan a las regularidades subyacentes del patrón cósmico en el cual estamos imbricados.

Un punto importante que hace Fideler es que la ciencia y la filosofía tienen el mismo origen y eran una en el principio (y serán una en el final: la división es ilusoria). Einstein lo sabía: «Sostengo que un sentimiento de religiosidad cósmica es el más fuerte y noble motivo para realizar investigación científica«. ¿Qué es ese sentimiento de religiosidad cósmica mas que un deseo de re-ligarnos a las estrellas, descubrir nuestro origen en común y entender las razones de la luz?

Hay otro punto importante que hacer: la relación de identidad entre la luz y la inteligencia. Platón también en el Timeo nos dice que el cosmos es un «único animal de luz» y que su naturaleza es inteligible. Reconocemos un eco de esta idea en una línea del poeta Lezama Lima: «La luz es el primer animal visible de lo invisible«. La luz es un animal, es decir un ánima, un alma –el alma del mundo– y es aquello que primero brota del mar de lo indiferenciado en el proceso o en el plan de hacer conocida a la Unidad o aquello absoluto insondable que yace oculto.

Los sacerdotes de civilizaciones como la babilónica o la aria de la India eran también astrónomos –y los templos eran también observatorios y estaban hechos bajo un esquema de correspondencias y analogías con el cosmos para encarnar una filosofía de la naturaleza. La filosofía astrológica clásica (ejemplificada por el sistema de Ptolomeo) consideraba por su parte que las estrellas fijas, más allá de las esferas planetarias, eran la esfera de las inteligencias angélicas. Las metáforas en la historia de la poesía y del misticismo que equiparan a los ángeles con las estrellas son innumerables, baste recordar el Libro de Job, citado por Borges, para hacer justamente este punto de que los ángeles son las estrellas: «cuando me cantaron juntamente estrellas de aurora y se regocijaron todos los hijos de Dios«. El «coro de ángeles» es la constelación universal de los astros, que son mensajes y medios de comunicación de la luz inteligible de Dios. Entre los cabalistas es usual mencionar que los ángeles instruyeron a Adán en el paraíso, revelándole las letras y los números en la claridad del día. Manly P. Hall sugiere que ese jardín primordial es el espacio mismo, el verdadero maestro de la humanidad y que de hecho la gran fraternidad universal de los iniciados de todas las eras no es más que el espacio en toda su vastedad. 

De manera más literal aún, se ha sugerido que la luz misma es conciencia, es res cogitans. Dice Jung:

Ya que la conciencia siempre ha sido descrita en términos derivados del comportamiento de la luz, en mi perspectiva no es exagerado pensar que estas múltiples luminosidades corresponden a diminutos fenómenos conscientes. Esta luz es la «lumen naturae» que ilumina la conciencia.

 

La  lumen naturae o «luz de la naturaleza» es el término que utiliza el gran médico y filósofo hermético Paracelso para describir una forma especial y superna de conocimiento que solamente podemos sugerir con el término intuición. Para Paracelso era posible tener un conocimiento directo, no analítico de las cosas, a través de un puente de identidad, simpatía o conexión, es decir, es la luz misma en las cosas la que se comunica, se dice a sí misma. Esta luz de la naturaleza es la gran maestra del médico y del hombre de fe, revelándole remedios y medicinas para el cuerpo y para el alma. (En el budismo tibetano, que coquetea tanto con el chamanismo, se habla de los dralas, que son también  las luces de los elementos de la naturaleza que revelan la realidad tal como es, más allá de interpretaciones: percepciones que son iluminaciones).

En uno de los Prajnaparamitas, los Sutras de la Sabiduría Perfecta, centrales al budismo mahayana, el Buda señala:

La mente carece de mente;

la naturaleza de la mente es la luz clara.

(Astasahasrika, Prajnaparamita

 

Algunos maestros budistas –incluyendo al mismo Dalái Lama— consideran que en estas dos líneas yace la totalidad de las enseñanzas, de los sutras y los tantras. Curiosamente estas palabras no fueron enunciadas por el Buda en vida, sino a través de una comunicación en una dimensión luminosa accesible sólo a bodhisattvas. Es la luz misma la que revela que la mente es sólo luz, una luz más sutil que la luz que percibimos (esa luz a la que hace referencia Platón cuando dice que todos vemos el cuerpo del Sol pero nadie ve su alma). Esta luz clara (osel) es también el vehículo para atravesar los mundos intermedios y superar la existencia cíclica del samsara, según explica el Bardo Thödol. En el más alto yoga de la tradición del budismo tántrico, el dzogchen, el culmen de la práctica es alcanzar el cuerpo arco iris o el cuerpo de luz, con el cual el cuerpo físico literalmente se derrite en la luz y se fusiona con el cuerpo de la totalidad (dharmakaya). Esta bella imagen nos hace pensar en una noción fundamental a las diferentes tradiciones místicas: que para conocer algo uno debe primero hacerse como aquello que es conocido. Según Goethe: «Si el ojo no fuera como el Sol, nunca podría percibir el Sol». «Emplea tu propia luz y vuelve a la fuente de luz. A esto se le llama practicar la eternidad«, dice el misterioso Lao-Tse, quien conoció el Tao, no de otro hombre sino de observar el cielo y la tierra. Así, en la última frontera, donde se disuelve la dualidad, nuestra conciencia se hace una con la luz, conoce y es conocida. ¡El filósofo se transforma en filosofía!

 

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ENTREVISTA A CARLES LALUEZA-FOX

El español que descifró el gen neandertal te explica por qué la desigualdad machaca a los hombres

Es uno de los mayores expertos en paleogenética del mundo y ahora analiza en un libro las huellas genéticas dejadas por la desigualdad en los humanos en la Historia

Por Paula Corroto
El Confidencial, 11 ENERO 2023
 
El biólogo experto en el estudio del ADN antiguo Carles Lalueza-Fox.
 
 

Carles Lalueza-Fox es uno de los científicos líderes en Europa en paleogenética (la recuperación y análisis de genomas antiguos) y ha participado en investigaciones tan importantes como el proyecto Genoma Neandertal y el desciframiento del ADN de nuestro primo evolutivo. En su último libro, Desigualdad (Crítica), analiza las huellas genéticas dejadas por la desigualdad en los humanos a lo largo de su historia: poderosos contra humildes, hombres contra mujeres y poblaciones tecnológicamente avanzadas contra sociedades tradicionales. Las conclusiones en lo que respecta al género, por ejemplo, son tan asombrosas como inquietantes. El cromosoma Y desaparece por completo de algunos linajes masculinos y convierte otros en absolutamente dominantes mientras que los femeninos se mantendrían estables. La desigualdad machaca a los hombres pero también los ensalza. Perdedores y ganadores, exterminados y exterminadores. Ante los ojos de ellas.

 A la manera de los ensayos anglosajones —por ejemplo, como el Sapiens de Harari— Lalueza-Fox va desentrañando lo que nos dicen nuestras sociedades más antiguas e incluso la puesta en marcha de algunas utopías —fracasadas— para poder escapar de una camisa de fuerza que, asegura el científico, tiene prácticamente todo de herencia social y cultural y casi nada de biológica: no es ni la altura ni el color de los ojos lo que nos hace estar en el vagón de cola o en el delantero sino las relaciones sociales, culturales y económicas. A lo largo de los siglos. Y alerta de una problemática: al contrario de las hipótesis de optimistas como Steve Pinker, la desigualdad está creciendo en el planeta y alcanzando cifras «que no se habían visto antes en la humanidad».

 
 
‘Desigualdad’, de Carlos Lalueza-Fox.
 
 

PREGUNTA. Leído el libro, tengo esta sensación: a medida que progresamos, aumenta la desigualdad. Por eso le pregunto: ¿el progreso trae consigo más desigualdades? ¿Es, como dice en algún momento del ensayo, el peaje que hemos de pagar por vivir en una sociedad más desarrollada?

 R. Esto es algo que me han comentado otras personas y yo no me había dado cuenta. Pero tiene razón, hay una correlación. Si miras a los cazadores-recolectores, la agricultura y la edad de los metales, hay cada vez más desigualdad y al mismo tiempo una serie de aspectos que asociamos con el progreso, como el arte. Así que podría ser que la desigualdad fuera un motor de progreso cultural y técnico de la misma manera que la industria armamentística es un motor del progreso científico. Por la propia naturaleza de la acumulación de recursos, probablemente. Pero es una observación en la que no había pensado en detalle y me parece interesante.

P. En el libro sí explica que los cazadores-recolectores tenían una vida más igualitaria que los primeros agricultores. Ahí surgen las diferencias sociales y unos quedan por encima de los otros. Pero, por otro lado, los descubrimientos muestran que en la era del cazador-recolector también había violencia que puede estar fomentada por desigualdades. ¿Decae entonces el mito del buen salvaje de Rousseau?

R. Sí, este es un tema extraordinariamente controvertido por lo que he visto en el mundo académico donde siguen existiendo dos bandos muy enfrentados: los neoroussonianos y los que han mirado al registro fósil y han empezado a encontrar estas señales de violencia interpersonal que a veces se habían pasado por alto, incluyendo en Atapuerca donde hay muchísimos ejemplos. Yo esto lo utilizo para argumentar que la agresividad o la desigualdad no son exclusiva de las sociedades agrícolas sino que tenemos todas estas evidencias desde el Pleistoceno Medio. Algunas son muy remarcables. Tenemos un yacimiento en África, en Turkana (Kenia), donde existen unas evidencias de violencia terribles con una serie de gente que fue asesinada de formas muy distintas antes de la llegada de la agricultura.

 

Carles Lalueza-Fox.

 

P. Steven Pinker afirma que la sociedad es cada vez más igualitaria. Que, por ejemplo, cada vez muere menos gente en las guerras o de hambre. Usted, sin embargo, lo rebate, pero los datos de Pinker son ciertos: hay muchas sociedades que están ahora mejor que antes. Nosotros, por ejemplo: menos mortalidad infantil, la gente ya no se muere de hambre como hace 60 años…

R. Pinker lo que hace es mirar a nivel global. Y a nivel planetario sí que es cierto que la desigualdad ha disminuido porque básicamente regiones que hace 50 o 100 años tenían niveles de pobreza extraordinarios ahora no los tienen y se ha creado una clase media, por ejemplo en China, La India o África. Es decir, a nivel global la pobreza ha mejorado. Pero cuando miras al interior de las sociedades la diferencia entre los más ricos y los más pobres sí que ha aumentado. Ahora tenemos cosas que en la antigüedad eran impensables. El creador de Amazon, Jeff Bezos, creo que tiene una riqueza de 500.000 millones de dólares. Son cifras que ni siquiera podemos imaginar. Elon Musk ha perdido en los últimos meses 200.000 millones de dólares. Estas cifras nunca se habían dado en la humanidad. En la Antigüedad había gente muy poderosa que podía decidir cortarte la cabeza por placer, pero las cifras de desigualdad dentro de las sociedades han llegado a un nivel que no tienen precedentes. Y eso es lo que es nuevo y lo que constituye una preocupación a nivel político. Y los primeros que deben estar preocupados son los ricos porque históricamente las desigualdades han desencadenado graves problemas sociales.

 

«Bezos tiene una riqueza de 500.000 millones de dólares. Son cifras que no podemos imaginar y nunca se habían dado en la humanidad»

 

P. Después de la II Guerra Mundial, se redujeron bastante las desigualdades. Es decir, las guerras, junto con las epidemias y las revoluciones, igualan las sociedades. Son medidas indudablemente drásticas.

R. En el caso de la guerra, la clave son los impuestos que tienen que pagar los ricos. En la II Guerra Mundial en EEUU, supuso el 90% de su riqueza para contribuir al esfuerzo bélico. Y hay otros ejemplos como la pandemia de la peste negra en el siglo XIV que provocó la muerte de casi la mitad de la población europea. Eso también conllevó una disminución de la desigualdad. Probablemente se trata del mecanismo que lleva a la emergencia de las sociedades urbanas y las clases medias. Y fueron traumáticos, claro. Porque más que formas de acabar con la desigualdad, son colapsos no planificados. Nos hallamos en un momento en que deberíamos ser capaces de formular soluciones sin esperar a algo catastrófico.

P. Hay ideologías que lo han intentado. Las utopías. Desde el socialismo utópico al comunismo… Y, sin embargo, por las experiencias que ha habido, tampoco han funcionado.

R. Sí, empecé a leer las utopías y me resultó curioso. Es interesante porque se nota que una planificación racional de la sociedad tampoco es una solución, sino que todas estas utopías, cuando se han hecho prácticas, han fracasado de una forma estrepitosa, ya que conllevan toda una serie de aspectos oscuros relacionados con la libertad individual. Las más antiguas tienen toda una serie de cosas sobre el control reproductivo, a las mujeres se las reparten entre todos los hombres etc. De las utopías puede extraerse que la presunta planificación racional y objetiva de la sociedad es todavía peor. Es eso de Goya: el sueño de la Razón produce monstruos.

 

«De las utopías puede extraerse que la presunta planificación racional y objetiva de la sociedad es todavía peor»

 

P. Igualdad, libertad… Son conceptos que se manosean mucho. ¿Qué está más cerca de acabar con la desigualdad, las ideologías de izquierda o de derecha?

R. No he pensado mucho en esto [tarda en responder]. Sí que hay estudios sobre la implantación del comunismo que en el fondo lo que representa es una sustitución de élites aparte de una mortalidad increíble. Nuevamente estamos en esta problemática de hacer una planificación. Yo soy más partidario de intentar hacer cambios dentro de los parámetros de una sociedad democrática.

P. Los gobiernos democráticos es obvio que lo intentan, o al menos eso queremos cuando les votamos, pero persiste… ¿Hay razones biológicas detrás?

R. Yo no creo que la desigualdad sea biológica. Tengo más la sensación de que las desigualdades actualmente responden a cuestiones culturales y sociales. Cuando se miran diferencias de sueldo en sociedades como Europa se observa que las mujeres cobran un 16% menos en promedio que los hombres. Alguien podría decir que es debido a diferencias biológicas, pero yo creo que se debe a mecanismos sociales. Cuando se mira la estatura observamos que las personas altas cobran más que las bajas. Las personas con ojos azules y piel clara cobran más que los de ojos oscuros y piel más oscura…

P. Precisamente, le quería preguntar por eso, porque hay estudios que demuestran que las personas de rasgos canónicos atractivos ganan más y tienen mejores puestos de trabajo. Eso ya es nacer con un privilegio de base.

R. Pero aquí la cosa es saber si eso es por cuestiones genéticas o sociales y yo creo que es por sociales y no genéticas. Lo cual es una buena noticia porque las cuestiones sociales y culturales se pueden modificar.

P. ¿Y la inteligencia se transmite?

R. Es un tema muy controvertido. Habría que estudiarlo mejor porque no estoy seguro de que la forma que tenemos de describir la inteligencia sea una forma objetiva. Se utilizan estos test, pero lo que miden es la capacidad de responder al test. Y puedes entrenarte por el tipo de preguntas, y cuanto más te entrenas mejor respondes al test, pero eso no significa que te estés volviendo más inteligente. A mí entender no hay ahora una forma objetiva de medirla.

 

«No creo que la desigualdad sea biológica. Tengo más la sensación de que las desigualdades responden a cuestiones culturales y sociales»

 

P. Otro tema que toca en el libro tiene que ver con las desigualdades de género. ¿Pueden ayudarnos nuestros ancestros a entender, precisamente, la llamada violencia de género? ¿Es posible que las razones por la que este tipo de violencia siga existiendo, por muchos mecanismos legales que se usen, tengan detrás cuestiones que tienen que ver con la desigualdad?

R. Es probable que en estos casos haya varios mecanismos de tipo biológico operando y que han operado en el pasado. Uno es el control reproductivo, que no es exclusivo de los humanos. Hay machos dominantes que controlan grupos de hembras. Eso claramente ha pasado en sociedades humanas en el pasado. Se sabe de hombres que han tenido hijos con centenares de mujeres. Una cosa fundamental de cualquier sociedad desigual es el control de la reproducción y eso es controlar a las mujeres. También lo vemos en las utopías. Cualquier utopía destina una sección al control reproductivo. Y la otra cuestión es que el hombre es un 20% más alto y más fuerte que la mujer en promedio. Esto relacionado con toda la explicación de agresividad innata y control reproductivo ayuda a entender esta larga historia de dominación masculina sobre las mujeres.

P. Ya estaba en nuestros ancestros.

R. Sí, lo podemos ver ahora arqueológicamente. Hay muchos yacimientos en el neolítico y la Edad del Bronce en la que los hombres están enterrados con sus padres, hijos y hermanos. Es decir, han sido enterrados en el grupo en el que han nacido y, sin embargo, las mujeres vienen de fuera, y eso significa que en el mismo yacimiento no tienen ni los padres ni hermanos ni hermanas. Este tipo de mecanismos, que era muy prevalente en el pasado, implica sociedades patriarcales y que la mujer no tenga ningún entorno social propio en el sitio donde vive.

 

Restos fósiles del neandertal de la Cova Foradada de Oliva, uno de los más completos hallados en la Península. (EFE/ Biel Aliño)

 

P. Hay un dato del libro que me ha llamado la atención: la movilidad social (el ascensor social) está a niveles de la era preindustrial. ¡Estamos casi en una sociedad estamental!

R. Eso se relaciona con una serie de estudios recientes que se han publicado a nivel de los apellidos. Por ejemplo, cuando miras la universidad de Eton, que es la más elitista de Inglaterra, todavía actualmente la mayoría de los apellidos de los alumnos son los de los conquistadores normandos mil años atrás. O estudios en Suecia y Dinamarca, donde cuando miras a quienes tienen apellidos de nobles de hace 200-300 años siguen cobrando más que la media de la población. Eso significa que hay algunos mecanismos de mantenimiento de la desigualdad que siguen operando en sociedades aparentemente meritocráticas. ¿Cuáles son esos mecanismos? Eso ya es más difícil de desentrañar. Yo soy partidario de pensar que son redes sociales. La gente tiene la idea de que en las sociedades actuales puedes encontrar a tu media naranja donde sea y eso no es cierto. Claramente tú te relacionas y te acabas reproduciendo con gente que responde a una serie de parámetros que son parecidos a los tuyos y estos incluyen el nivel educacional, la cultura etc. Y uno de los parámetros que funciona también es el nivel económico, que hace que se mantengan estas diferencias dentro de sociedades donde aparentemente no deberían existir.

 

«La gente tiene la idea de que en las sociedades actuales puedes encontrar a tu media naranja donde sea y eso no es cierto»

 

P. ¿Cómo se puede salir de este traje de fuerzas desigual?

R. Se puede sacar algo positivo: somos los descendientes de desigualdades extremas en el pasado y al mismo tiempo tenemos los genes de la gente que ha practicado esta desigualdad, pero al mismo tiempo estamos en disposición de conocerlo y después de discutirlo y transformarlo por mecanismos sociales. En conjunto esto no se había dado antes. Claro, la desigualdad que tenemos en nuestros genomas europeos la vemos con una distancia temporal, pero la sociedad americana se formó a base de fuertes desigualdades en los últimos 500 años y quizá es una herencia que todavía es problemática. Por ejemplo, la sociedad afroamericana tiene en promedio un 24% de genes europeos que claramente provienen de una historia de dominación social relacionada con el esclavismo. Cómo contempla esta gente su cuarto de genoma europeo sería interesante de conocer.

P. Al hilo de lo que dice, me surge esta pregunta: ¿qué opinión tiene de estos test genéticos que a veces la gente pide hacerse para saber si tienen ancestros, qué se yo, de África o Asia? ¿No cree que incluso pueden alimentar algunos mensajes racistas en pos de la pureza o algo así?

R. Cuando se hacen a nivel individual es parecido a la afición por la genealogía. Pero es curioso porque la probabilidad de que tengamos una parte significativa de nuestro antepasado al cabo de pocas generaciones, ya no digamos al cabo de 500 años, es muy baja. Sencillamente porque no solo en cada generación tenemos que dividir por la mitad los genes que recibimos de cada uno de nuestros antepasados, sino que este porcentaje fluctúa hasta el punto de que a partir de los abuelos y cada uno debería contribuir con el 25% no es así. Al fluctuar, hay abuelos que habrán contribuido con el 18% y otros con el 30% de nuestro genoma. Y eso significa que a veces nos parecemos más a un abuelo que a otro. Y a medida que vamos retrocediendo esta fluctuación hace que en unas seis generaciones hay ya algún antepasado que no nos ha dado nada de su genoma. Por lo que sentirse orgulloso de que tengas un antepasado famoso de hace 500 años me resulta chocante, ya que probablemente podría ser que no tuvieras nada suyo. Por eso, eso de que Isabel II de Inglaterra, que desciende de Guillermo El Conquistador, tenga algo de él en su genoma es algo con una probabilidad muy baja.

 

«La sociedad americana se formó a base de fuertes desigualdades en los últimos 500 años y quizás es una herencia que aún es problemática»

 

P. Y, sin embargo, ahora mismo están subiendo partidos populistas que hablan de la pureza del pueblo americano, el pueblo francés, el pueblo español, el pueblo italiano, el pueblo húngaro…

R. No sé si esta tendencia está relacionada con una percepción de pureza o más bien como de identidad cultural, que no es exactamente lo mismo. En nuestros estudios paleogenéticos ponemos de manifiesto que lo que no hay es una población pura sino que una serie de migraciones que se han ido superponiendo unas encimas de otras formando capas de ancestralidad como las capas de un pastel. Sí que hay diferencias entre el grosor de las capas de una población y otra que conformaría un pastel distinto. Pero es muy difícil argumentar que una población pueda ser genéticamente superior a otra cuando tiene toda esa media docena de capas distintas conformando la genómica actual.

P. Pero, y esto lo cuenta al principio del ensayo, lo que sí parece más claro es que todos procedemos de los más poderosos (y los que más han ejercido la desigualdad) porque han sido siempre, hasta fechas muy recientes, los que han tenido más hijos. No sé si eso refrenda el darwinismo social…

R. Bueno, eso es más una especulación… porque es difícil de detectar aunque se podría modelar teóricamente. Pero creo que es lógico si pensamos en que Gengis Khan tuvo centenares de concubinas y de hijos y si sus hijos y nietos y bisnietos siguen teniendo centenares de mujeres e hijos… La cuestión es que, al menos en esa región de Asia Central la probabilidad de que ellos sean sus antepasados genéticos es altísima hasta el punto de que el cromosoma Y de Gengis Kahn es el prevalente en estas regiones. Por cierto, el cromosoma Y, el paterno, es el marcador genético más afectado por la desigualdad, es decir, es el que fluctúa más. Hay muchos linajes de cromosoma Y donde prácticamente desaparecen y otros en los que se expanden hasta el punto de que el 80% de los varones tienen el mismo linaje.

P. Qué curioso. Y también propone otra idea: las causantes de una mayor diversidad son las mujeres.

R. Las mujeres han contribuido probablemente más que los hombres a la diversidad genética de las poblaciones actuales. Cada vez que un varón ha tenido 100 descendientes, ha habido muchos varones que no han podido tener ninguno.

 

 

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HISTORIA GENERAL DE LA CIENCIA I. GRADO EN FILOSOFÍA. UNED. LA ASTRONOMÍA GRIEGA.

 

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¿Cuándo nació la Astronomía?. ¿Cómo fueron sus primeros cálculos? ¿Cómo ayudó a desarrollar las Ciencias? En esta primera charla, en base a un contenido matemático de Ciencias de bachillerato, nuestro compañero Fernando Hijar trata de responder a estas preguntas recorriendo la historia de la Astronomía desde los antiguos griegos hasta Copérnico.

 

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