EL ESTADO DE DERECHO CONTRA EL ESTADO DE CODICIA: Edmund Burke contra la Compañía Británica de las Indias Orientales (Parte 1)

EL ESTADO DE DERECHO CONTRA EL ESTADO DE CODICIA: EDMUND BURKE CONTRA LA COMPAÑÍA BRITÁNICA DE LAS INDIAS ORIENTALES (y Parte II)

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EL ESTADO DE DERECHO CONTRA EL ESTADO DE CODICIA: EDMUND BURKE CONTRA LA COMPAÑÍA BRITÁNICA DE LAS INDIAS ORIENTALES (Parte I)

The Rule of Law against the State of Greed: Edmund Burke against the East India Company

Jakob Fortunat Stagl*

Prudentia Iuris, 79 (2015)

ACADEMIA.EDU

Compañía de las Indias Orientales

“¿La justicia es una en Roma y otra en Sicilia?” (1)

[Cicerón, In Verrem II 46 (117)]

 

Hacia finales del siglo XVIII, Bengala cayó repentinamente bajo el gobierno de la Compañía Británica de las Indias Orientales. En un primer momento, esta última se convirtió en el soberano de un país del tamaño de Francia, para pasar, finalmente, a ser el de todo el subcontinente indio. La Compañía no estaba controlada por ningún Derecho Positivo, ni indio, ni británico, ni internacional. Como resultado, la codicia individual y corporativa de la Compañía reinó de manera suprema, con las consecuencias más nefastas que se puedan imaginar para la población nativa de la India. El problema de la India despertó el interés de Edmund Burke. Él vio en India una metáfora de su natal Irlanda y sospechó de la corrupción de los políticos británicos, a causa del dinero y la influencia que los hombres de la Compañía ganaron en India. Como consecuencia, hizo de la lucha contra la avaricia desmedida de la Compañía (mediante la promoción de un juicio político a Warren Hastings, el primer gobernador general de Bengala) el objetivo de su vida. Sin embargo, para conseguir que condenasen a Hastings, era necesario probar que él había infringido la ley. Pero ¿qué ley deberían aplicar los jueces? Para ello, Burke recurrió al Derecho Natural  y al Derecho Romano. De esta forma, blandió la máxima “Eundem negotiatorem et dominum”, que quiere decir, que aquel negocio que tiene por objetivo generar ganancias es irreconciliable con aquel que tiene por objetivo el bienestar de la población. A pesar de ello, luego de muchos años, Hastings fue absuelto. Empero, con este juicio, Burke contribuyó a civilizar el gobierno británico en India. Recientemente la escuela postcolonialista ha criticado la postura de Burke. Según esta escuela, Burke debería haber pedido a Gran Bretaña dejar India, en lugar de mejorar su gobierno y, como consecuencia, prolongar su existencia.

 

Robert Clive, 1r. Barón Clive of Plassey, se encuentra con Mir Jafar Ali Khan, uno de los comandantes del nawab de Bengala, luego de la batalla de Plassey (23 de junio de 1757).

 

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1.- Introducción: “Blondes have more fun

Una de las percepciones más comunes de nuestros tiempos reza así: “Las rubias se divierten más”. Pero cabe preguntarse, ¿es acaso eso cierto? Quizá, la respuesta la podamos encontrar en un dicho, hartamente repetido, según el cual “los hombres las prefieren rubias”. Pero de nuevo, ¿cómo es que esto es así?, ¿cómo podemos explicar dicha elección, y cuáles son las consecuencias de dicha preferencia? De hecho, la siguiente pintura nos puede dar una pista:

 

Compañía Británica de las Indias Orientales

 

EL ESTADO DE DERECHO CONTRA EL ESTADO DE CODICIA

En el centro de la pintura (2), podemos apreciar una escultural morena ofreciendo un recipiente repleto de joyas a una mujer blanca, quien, a su vez, sentada por encima de aquella, observa un collar de perlas que acaba de tomar del recipiente. Desde luego, ella está encantada, pero lo raro es que no le da nada a cambio a la morena. ¿Por qué la mujer morena debería obsequiar sus joyas a la mujer blanca? Bueno, en realidad, se dice que “los diamantes son los mejores amigos de las mujeres”.

Quizá el hombre que está al lado derecho de la pintura tenga algo que ver con esta generosidad inexplicable. Por su excéntrica vestimenta y el cetro curioso que porta, podemos decir que es Mercurio, el dios de los comerciantes y de los ladrones. Ciertamente, la última calificación nos da algún indicio. Justo debajo de la mujer blanca encontramos un león. El león es un depredador, y como tal, toma lo que desea sin dar las gracias. Aunque no muestra sus colmillos, intimida a la morena con su sola presencia. De todo esto podemos concluir que la morena es obligada a obsequiar sus joyas, o, lo que francamente es lo mismo, que ella está siendo robada por la mujer blanca, con la complicidad del león.

De esta forma, Mercurio se encuentra en una doble situación ganadora: puede pedir la mano de la mujer blanca, que acaba de recibir una hermosa dote, gracias  a la generosidad forzada de la morena; o, si mata al león y devuelve las joyas a la morena, podría pedir la mano de esta última, lo cual, dicho sea de paso, constituiría una verdadera caballerosidad de su parte y, valgan verdades, causaría una buena impresión en la mujer de color. Sin embargo, Mercurio obviamente está más interesado en la mujer blanca. ¿Por qué parece ser que él prefiere a las mujeres blancas, tal como la mayoría de los caballeros?, ¿es simplemente una cobardía de su parte, o existe alguna razón más profunda para la elección de Mercurio? Este es el problema principal de la presente investigación.

Las personas descritas en esta alegoría representan determinadas naciones. La mujer morena, por su color de piel y cabello, es de la India; mientras que las demás personas que llevan cargas obviamente son de diferentes regiones de Asia. La pequeña pieza de tela en el lomo del león muestra una parte de la bandera del Reino Unido, lo cual nos dice que él es el símbolo de la Gran Bretaña. Teniendo es- tos detalles en consideración, podemos concluir que la mujer morena representa a “India”, y que la mujer blanca es ella misma “Britania”. De hecho, el título de esta pintura es “El Oriente ofreciendo sus riquezas a Britania”. La Compañía Británica de las Indias Orientales encomendó dicha pintura al pintor Spiridione Roma (3). Esta se culminó en 1777, y desde entonces decoró su sede central, la East India House, en Londres (4).

 

Sir James Lancaster dirigió el primer viaje de la East India Company en 1601

 

I. La India colonial: De la red de extorsión al colegio obligatorio

La Compañía llegó a India alrededor del siglo XVI, junto a las compañías de comercio portuguesa y francesa. En un primer momento, la Compañía comercializaba especias, y, posteriormente, también seda y algodón. En la segunda mitad del siglo XVIII, se produjeron enormes ganancias exportando opio indio a China, e importando té chino a los mercados occidentales.

 

El Imperio Mogol en el Siglo XIII

 

En aquel entonces, el subcontinente indio estaba dividido en una infinidad de principados y feudos, más o menos independientes, así como en dos grandes estados, el Imperio Mogol, al norte, y la Confederación Maratha, al oeste. Bengala, que fue fundamental para el comercio chino, era un feudo de los Mogoles.

En 1757, las fuerzas bengalíes fueron derrotadas por las tropas de la Compañía en la batalla de Plassey (Pôlashir Juddho), luego de que las disputas sobre cuestiones fiscales entre la Compañía y el gobernante de Bengala desencadenaran en actos de violencia. Poco después, el emperador mogol concedió a la Compañía el derecho de recaudar tributos en Bengala, así como en Bihar y Orissa (Odhisha).  De esta forma, la Compañía se convirtió en el verdadero soberano de un territorio extremadamente rico, del tamaño de Francia, mientras tanto los ex gobernantes de Bengala se convertían en sus marionetas.

Para asegurar estas conquistas territoriales, la Compañía se involucró cada vez más en la política india y protegió sus posesiones con tantas guerras cuanto fuesen necesarias para deshacerse de todos sus rivales en India, especialmente de Francia y de la Confederación Maratha.

Durante el primer siglo después de Plassey, India fue gobernada directa o indirectamente por la Compañía, pero luego de la rebelión de 1857 (5), la corona se hizo cargo de manera oficial. La India británica, conocida comúnmente como el Raj (6), siguió siendo colonia británica hasta 1947 (7).

 

Edmund Burke
Imperio Maratha y Bengala

 

Una colonia es básicamente una red de extorsión a escala internacional (8). Edmund Burke (1729-1797) (9) nos da la siguiente descripción de este sistema en India:

“La invasión [de India] por los tártaros [mogoles] fue perjudicial; sin embargo, nuestra protección es la que destruye India. Aquella era su enemistad, pero ahora es nuestra amistad. Nuestro gobierno allí [en Bengala], luego de veinte años, es tan duro como el primer día. Los nativos apenas saben lo que es ver la cabeza encanecida de un inglés. Hombres jóvenes (casi niños) gobiernan, sin sociedad, y sin simpatía por los nativos. Como si aún viviesen en Inglaterra, ellos no mantienen comunicación con la gente. De hecho, tampoco mantienen ningún tipo de relación, sólo la necesaria para hacerse de una rápida fortuna, con miras hacia una remota colonización. Motivados por toda la codicia de la época actual, y toda la impetuosidad de la juventud, ellos llegaron uno tras otro; ola tras ola; y ante los ojos de los nativos no hay más que proyectos desesperados, y un sinfín de nuevos vuelos y travesías de aves rapaces con hambre, que se renueva permanentemente, por comida que se desperdicia de manera continua. Cada rupia que es producida por un inglés, es una pérdida eterna para la India”.

A pesar de todo, este sistema de extorsión podría haberse justificado si los británicos hubiesen beneficiado de algún modo a India, por ejemplo, si ellos hubiesen recaudado impuestos no para enriquecerse ellos mismos, sino para enriquecer el país que ellos estaban gobernando. Pero no fue así, como bien se puede apreciar cuando Burke continúa:

“Entre nosotros no existen creencias retributivas, en virtud de las cuales una fundación de caridad compense a los pobres, a través del tiempo, por la rapiña e injusticia del día. Entre nosotros ningún orgullo erige monumentos majestuosos con los cuales reparar los perjuicios que ha causado el orgullo, y con los cuales honrar un país a costa de sus propios botines. Inglaterra no ha erigido iglesias, hospitales, palacios, ni escuelas; Inglaterra no ha construido puentes, ni carreteras; no ha construido navíos, ni represas. Cualquier otro conquistador, sea un estado o beneficencia, de cualquier otro tipo, ha dejado algún monumento detrás de él. Si el día de hoy fuésemos expulsados de India, no quedaría nada que nos diera a entender que ella fue poseída, durante el infame período de nuestra dominación, por algo mejor que el orangután o el tigre” (10).

La situación así descrita por Burke no podría durar por siempre. Por un lado, los británicos se fueron involucrando poco a poco en los problemas de la India, y cuanto más se involucraban, la estafa resultaba siendo menos rentable (11). Por el otro, sus corazones se ablandaron; como dice el dicho: “de la tercera generación nacen los caballeros”. De esta forma, el hombre blanco se preguntó a sí mismo si la codicia era realmente una justificación para explotar otra nación por el simple hecho de que esta última pertenecía a una raza distinta. Y la respuesta fue que su gobierno sobre el “negro” (12) no podía justificarse como un plan de explotación, sino sólo como una recompensa por otorgar al negro los beneficios de la cultura y civilización del hombre blanco, justo como Burke resaltó (13).

 

Edmund Burke
Edmund Burke (1729-1797)

 

De la noche a la mañana –el proceso ocurrió en un “momento de distracción” (14) – el juego cambió; la red de extorsión se convirtió en algo similar a un colegio obligatorio (15), con una emperatriz como directora (16), un virrey como rector, y un pueblo viejo y civilizado como alumnos que pagan cuotas altas (17). La metáfora del colegio obligatorio se justifica si uno piensa en el discurso más influyente de Thomas Babington Macaulay (1800-1859), “Minute on Education”. Precisamente, su objetivo manifiesto era crear una clase de indios “en cuerpo y mente”, que, no obstante, debiesen ser “ingleses en el gusto, moral e intelecto” (18).

Sin embargo, los beneficios de este nuevo sistema fueron menos conocidos por el “Ministro de hacienda” que por el “Ministro de trabajo” (19). El enorme colegio obligatorio necesitó de un inmenso personal de maestros y sacristanes (20). Aunque uno no se hará rico siendo maestro o sacristán, podrá ganar mucho prestigio y dar sentido a su vida. Además, existe un beneficio adicional, uno de tipo espiritual: el racismo (21). El miembro más modesto o más humilde de los maestros se encontraba –en términos racistas– por encima del más alto dignatario de los estudiantes nativos (22).

Por dar un ejemplo, en los clubes británicos que se encontraban por todo el subcontinente, los “nativos”, incluso si eran príncipes indios, no eran admitidos, con la única excepción del club Calcuta. Este club fue fundado en 1905, con la iniciativa del Virrey Lord Minto, a quien le había sido imposible invitar a cenar a un importante indio industrialista en el Club Bengala, ubicado en Calcuta (Kolkata) (23).

Esta oportunidad de menospreciar a alguien, simplemente por ser más bajo u oscuro que uno, disminuyó la gran tensión en la población altamente estratificada de los maestros (24). Finalmente, este idílico colegio también se volvió intolerable, y no tanto por su inhumanidad, sino porque se volvió muy difícil de justificar. La población de maestros había educado a tantos alumnos, que la población de alumnos adquirió todas las habilidades programadas en el plan de estudios (25).

Por lo tanto, ¿por qué la cabeza y el estómago del cuerpo político deberían seguir siendo blancos y los sudorosos miembros superiores negros? La única explicación posible era que el hombre negro era de una naturaleza inferior −en palabras del poeta laureado del Raj, Rudyard Kipling (1865-1936) (26), de una “raza inferior”. En aquel momento, el racismo perdió su carácter de efecto secundario confortable, y se convirtió en un elemento esencial para legitimar la totalidad de la empresa.

Mientras ganaba mayor importancia, mayor era su inflexibilidad y malignidad (27), como recuerda precisamente el incidente de Gandhi en los vagones del tren (28). James Fitzjames Stephen (1829-1894), un importante administrador colonial y teórico, en una carta abierta publicada en The Times, analizó el problema de si los magistrados indios deberían tener el poder de conocer no sólo materias de los indios nativos, sino también de europeos:

El gobierno de las Indias Británicas es esencialmente un gobierno absolutista, fundado, no en el acuerdo, sino en la conquista. Este no representa los principios de vida o gobierno de los nativos, y, mientras represente al paganismo y el barbarismo, jamás podrá hacerlo. Este representa una civilización beligerante, y ninguna anomalía puede ser tan chocante o peligrosa como su administración por hombres que, estando a la cabeza del gobierno fundado en la conquista, presuponga siempre la superioridad de la raza conquistadora, de sus ideas, sus instituciones, sus opiniones, y sus principios, sin dar más justificación por su existencia que su superioridad, evitando la abierta, intransigente y sencilla afirmación de esta, tratando de excusar su propia posición, y rechazando, por cualquier causa, defenderla y fundamentarla” (29).

La misma línea de pensamiento fue expresada perfectamente por Kipling, con aquel toque de romanticismo y mal gusto, que también formaba parte del Raj:

Tomad la carga del Hombre Blanco.

Enviad a los mejores de nuestros hijos;

vamos, atad a vuestros hijos al exilio

para saciar las necesidades de vuestros cautivos;

para servir bajo un yugo pesado,

a naciones hostiles y salvajes;

vuestro pueblo resentido y recién conquistado.

Mitad demonios y mitad niños” (30).

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II. Llevando a la codicia ante la justicia: el “impeachment” de Warren Hastings

 

EDMUND BURKE

 

No obstante, nuestra mayor preocupación no es este estado final del colonialismo, sino el comienzo del mismo. Esto es, el período en el cual, el régimen colonial pasó de ser una red de extorsión al colegio obligatorio.

En India, esta transición está marcada por las personalidades de los tres primeros gobernadores de Bengala. El primero de ellos fue Robert Clive (1725–1774), el conquistador de Bengala y padre fundador del Raj (31). Clive fue un hombre de acción, impulsado por una codicia personal insaciable, favorecido por una constitución robusta y la total ausencia de escrúpulos. Fue tan efectivo que cuando regresó a Gran Bretaña lo hizo como uno de los hombres más ricos de su tiempo. Warren Hastings (1732-–1818) (32), el segundo en la lista, fue más sofisticado y culto, específicamente como un orientalista (33).

Su codicia fue menos personal que empresarial. Con la astucia de Maquiavelo y, si era necesario, con una despreocupada crueldad, succionó todas las riquezas que pudo tomar de los territorios a su mando (34). El tercero, Lord Charles Cornwallis (1738-1805), fue un soldado moderado y un administrador honesto, inspirado en las virtudes anti- guas más que en la codicia moderna (35). Él fue el primer gobernante respetable de los muchos que tuvo el Raj, y fue llamado el “Justiniano de la India” (36).

El cambio de Hastings a Cornwallis, de estafa criminalidad organizada a honorabilidad, coincide con el famoso juicio

Warren Hastings

político [impeachment] de Hastings (37). Un impeachment es un proceso judicial en el cual ministros y otras personas poderosas son acusados por la Cámara de los Comunes, y juzgadas por altos crímenes y delitos menores cometidos en el ejercicio de sus funciones (38), por la Cámara de los Lores. El mayor oponente de Hastings fue el anteriormente mencionado, Edmund Burke. Él fue responsable de la decisión de la Cámara de los Comunes de procesar a Hastings, y posteriormente se convirtió en uno de los comisionados [managers] encargados de su enjuiciamiento ante la Cámara de los Lores.

Por otra parte, en la historia británica no han existido muchos juicios políticos y el de Hastings es considerado como uno de los mayores eventos políticos del siglo XVIII. Esta importancia es debida al alto rango de las personas involucradas, los asuntos en juego y las implicaciones escandalosas de los cargos.

A decir verdad, Hastings había sido uno de los administradores coloniales más eficientes. Si no se hubiese visto opacado por su proceso político, sus logros, defendiendo la posición de la Compañía frente a los Marathas y los franceses, le habrían hecho merecedor de un título de nobleza y un puesto alto en el gobierno. Por su parte, Burke fue un político destacado en su tiempo y uno de los más importantes pensadores políticos. Se ha observado correctamente que existieron mayores estadistas que Burke, los cuales jamás fueron puestos a prueba en el cargo; que existieron filósofos cuya sistematicidad y originalidad era mayor; e incluso –por sus defectos al hablar– mejores oradores. Sin embargo, sus discursos escritos son considerados como la cúspide de la oratoria a lo largo de los siglos XIX y XX (39).

 

 

A pesar de todo lo observado, probablemente, jamás hubo un estadista capaz de entender los problemas políticos prácticos, desde sus raíces hasta sus ramificaciones, con tal grado de intuición filosófica, perspicacia política y vigor moral, como Burke (40). En la mente de Burke, se fusionan la más alta teoría, la mejor política moral y los mayores fines prácticos y exigencias de la época. Su logro más conocido –su postura contraria a la Revolución Francesa– puede ser visto como el resultado de su oposición al dominio británico en Irlanda e India. Cuando toda Europa sucumbió ante las dádivas de la ideología revolucionaria, Burke rechazó, sin el respaldo de nadie, el dogma revolucionario de que la humanidad podría ser salvada por aquello que Burke llamó “doctrina armada”. Él tenía en mente una doctrina política que, no obstante el fruto de las deliberaciones teóricas, no reconocía mayor derecho que la voluntad de aquellos que estaban en el poder. Él sabía perfectamente que ellos utilizarían su poder para sus propios fines. Esto lo hizo el padre fundador del conservdurismo en la opinión pública (41), una afirmación que sólo es justificada parcialmente. El conservadurismo tout court es simplemente un principio formal –existen, incluso, comunistas conservadores. Sin embargo, Burke no defendió la conservación de todo status quo, sino sólo el de un diferente conjunto de reglas morales: el Derecho Natural (42). En este, como en muchos otros aspectos, Burke se mostró a sí mismo como un verdadero discípulo de Cicerón (43). Después de todo, fue principalmente Cicerón quien importó el Derecho Natural de Atenas a Roma (44).

Sobre todo a partir de los trabajos de Russel Kirk (45), Stanlis (46) y Canavan (47),  pero también Leo Strauss (48), es opinión común hoy que el fundamento de la filosofía política de Burke habría sido el Derecho Natural clásico tomista (49). Esta visión había sido puesta en cuestión por largo tiempo, dado que Burke, sobre todo en las “Reflexiones sobre la Revolución en Francia”, polemiza en muchos pasajes contra los “Natural Rights” (Derechos Naturales), a partir de lo cual surgió la creencia de que Burke no sería un teórico del Derecho Natural. Sin embargo, en Burke lo que hay es un desmarcarse de aquellos teóricos que, siguiendo a Rousseau, atribuían derechos al hombre con independencia del tiempo y del lugar, de la tradición en la cual él se inserta. De este modo, dice: “[…] el fundamento del gobierno se encuentra [...] no en derechos imaginarios del hombre (lo cual, en el mejor de los casos, es una confusión de principios judiciales con principios civiles), sino en la conveniencia política y en la naturaleza humana; sea en cuanto la naturaleza humana es universal, sea en cuanto es modificada por hábitos locales y aptitudes sociales” (50). Podría formularse esta diferenciación del siguiente modo: Burke piensa de un modo realistasituacional, y no de un modo irreal-orientado utópicamente al futuro. Es un hombre práctico, no un visionario que quiera cambiar el mundo: “[T]odas las leyes humanas son, propiamente, sólo declaratorias, pueden alterar el modo y la aplicación pero no tienen poder sobre la sustancia de la justicia original” (51).

La visión de Burke del Derecho Natural se encuentra muy influenciada por el Common Law, lo cual él también expresa:

Siempre ha sido el método de los juristas del Derecho Público el extraer gran parte de las analogías a partir de las cuales forman el derecho de las naciones, desde los principios del Derecho que prevalecen en la comunidad política. Las leyes civiles no son todas ellas meramente positivas. Aquellas que son más bien conclusiones de la razón jurídica que asuntos de determinación legislativa, pertenecen a la equidad universal, y son universalmente aplicables” (52). Tal como los romanos establecieron en el mundo su ius commune purificado como ius gentium (53), lo mismo hicieron los británicos, al menos en la época de Burke (54).

Al hacer tal, no actuaron de modo desacertado, dado que el Common Law siempre había sido influenciado por las doctrinas del Derecho Natural (55), tal como prueba la siguiente cita de Bracton, que se anticipa en gran medida a los tratamientos posteriores de Burke: “[…] el rey no se debe encontrar bajo el hombre sino bajo Dios y bajo la ley, dado que la ley hace al rey [...] pues no hay rey donde rige la voluntad y no la ley” (56).

2. El Derecho Natural contra “la moralidad geográfica”.

 

 

Desde la Antigüedad, muchos filósofos, juristas y padres de la iglesia han sostenido la opinión de que existe un cuerpo de normas jurídicas vigentes sin nuestro consentimiento, y que son inmodificables por nuestra voluntad (57). Los principales exponentes de esta doctrina son Platón, Aristóteles, Cicerón (58) y Tomás de Aquino (59). Este cuerpo normativo deriva de la naturaleza, hacia toda la humanidad, gracias a la razón. El concepto subyacente de “naturaleza” no es meramente materialista, sino más bien es visto como una naturaleza impregnada de razón, en especial las “cuatro causas” de Aristóteles, entre ellas, la más importante: la causa final (telos).

De esta forma, el Derecho Natural no es simplemente un derecho divino y, como consecuencia, no está ligado a una religión determinada, en este caso, el cristianismo. Su fuerza vinculante y la posibilidad de su percepción no están vinculadas a ninguna creencia religiosa en particular. Es más, de entre los diez mandamientos, los primeros tres no pertenecen al Derecho Natural (60). Estos mandamientos son vinculantes sólo para el pueblo de Israel y, más tarde, para la Iglesia. Sin embargo, los mandamientos cuatro al diez constituyen el verdadero núcleo del Derecho Natural y son vinculantes para todos (61). Estas reglas constituyen la base para el desarrollo más detallado y explícito de las normas para situaciones específicas en circunstancias cambiantes.

De acuerdo con el Derecho Natural, la felicidad de la humanidad está ligada al cumplimiento de estas reglas. De estos principios resulta el precepto del Derecho Natural de que no existe un orden de preferencia entre las razas humanas; una ley universal no puede hacer excepciones en beneficio de una raza o del daño que esta causa a un grupo de personas (62). Siguiendo estos postulados, la esclavitud vulnera el Derecho Natural porque ésta otorga al hombre un poder absoluto sobre el hombre (63). Igualmente, el poder absoluto viola el Derecho Natural: “[…] el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe totalmente”, dice el historiador Dalberg-Acton (64). Esta corrupción lleva necesariamente a la violación de los mandamientos cuatro al diez (65). Así, el caso de la esclavitud puede mostrarnos una percepción de  la naturaleza viciosa de una institución, la cual puede durar cierto tiempo, y cuya abolición aún más, pero al final el Derecho Natural prevalecerá (66).

De manera que el Derecho Natural es el verdadero núcleo de la política filosófica de Burke, quien usa este pensamiento en contra de Hastings. Este último, por su parte, afirmaba que obrar mal en Gran Bretaña no tiene el mismo significado en India. Veamos qué dice Burke al respecto:

[S]u señoría, sepa que estos caballeros [que pertenecen a la Compañía] han elaborado un plan de moralidad geográfica, en virtud del cual, los deberes del hombre, en situaciones públicas y privadas, no se encuentran gobernados por su relación al gobernador del universo, o por su relación con la humanidad, sino por climas, grados de longitud, paralelos, no de vida, sino de latitudes. Como si, cuando se cruza el equinoccio, todas las virtudes murieran […] Reprochamos esta moralidad geográfica; Mr. Hastings, no se protegerá tras ella […]” (67).

Para comprender la ira de Burke en contra de Hastings y de la Compañía Británica de las Indias Orientales, es necesario saber algunos datos biográficos. En primer lugar, Burke era irlandés de nacimiento, su madre y hermana fueron católicas. Lo más probable es que el propio Burke fuera criptocatólico durante su vida; al menos quiso ser recibido por la Iglesia en su lecho de muerte (68). Como un irlandés con raíces católicas, sabía exactamente lo que era la opresión de un poder extranjero. De hecho, atacando a Hastings, Burke atacaba seguramente el arquetipo del inglés sangre fría y expedito, quien durante siglos había destruido, saqueado y devastado Irlanda. Por lo tanto, se puede concluir que India fue para él, en cierta forma, una metáfora de Irlanda (69).

3. Los cargos en contra de Hastings.

 

El trabajo en la Compañía Británica de las Indias Orientales

 

Durante muchos años, Burke había recolectado evidencia para acusar por veintidós cargos a Hastings. Sin embargo, la Cámara de los Comunes aceptó sólo cuatro como fundamento de su enjuiciamiento ante la Cámara de los Lores (70). Estos cargos fueron (71):

1.- Benarés: El principado de Benarés (Varanasi) pertenecía, de alguna forma u otra, a Bengala. Luego de tomar el control de Bengala, la Compañía hizo un acuerdo financiero con el gobernador de Benarés. De acuerdo con el proceso, Hastings había realizado demandas injustificadas al gobernador para cubrir las necesidades financieras de la Compañía durante el tiempo de guerra, y a causa de ello el gobernador se sublevó. Hastings se defendió afirmando que este gobernador era un canalla y que, de cualquier forma, la Compañía tenía un poder absoluto sobre él (72).

2.- Las begums (señoras) de Oudh (Awad): En aquel entonces Oudh no se encontraba dentro del dominio de la Compañía, sino dentro del dominio del emperador mogol. De esta forma, la Compañía llegó a un acuerdo, en virtud del cual la Compañía colocaría sus tropas en su territorio, servicio por el que Oudh tenía que pagar. Oudh era considerado como un estado colchón para Bengala, de manera que ambos bandos decidieron beneficiarse con este acuerdo. El caso del enjuiciamiento fue que Hastings había cobrado, a favor de la Compañía, las deudas del gobernador, tras robar a su madre y abuela (las famosas begums de Oudh), de manera brutal: el zenana (los aposentos de las señoras) fue asaltado por las tropas británicas (73) y los eunucos de las begums fueron interrogados con tortura. La defensa de Hastings fue similar a la del caso de Benarés. Él afirmó que las begums habían respaldado las rebeliones en Oudh y de otros lugares, y sus dotes eran responsables por las deudas del gobernador (74).

3.- Obsequios: A los funcionarios de la Compañía no se les permitía recibir “obsequios” (sobornos) de parte de indios, por la sencilla razón de que la Administración pública no debería estar a la venta. Sin embargo, el enjuiciamiento trató de probar que Hastings había aceptado sobornos a favor de la Compañía, y que inclusive se embolsilló algo de dinero para sí mismo. Esta acusación tocó la verdadera esencia del gobierno inglés en India. En la práctica, aparentemente, la Compañía vendía todo al mejor postor: reinos, cargos importantes, y el derecho de recaudar impuestos. Luego de haber adquirido el derecho de recaudar impuestos en Bengala, la Compañía vendió dicho derecho a nivel distrital al mejor “recaudador de impuestos”. Luego de que surgieran rumores acerca de la producción de serios disturbios en el distrito de Rangpur, a la Compañía se le encargó elaborar un informe. Precisamente, Burke usó dicho informe para describir las repercusiones de este sistema:

Y aquí, su señoría, comenzó tal clase de crueldades y torturas, que creo que jamás ninguna historia ha presentado a la indignación del mundo […] ellos comenzaron atando los dedos de los infelices terratenientes [campesinos libres] de dichas provincias, hasta que quedaron tan juntos, que parecía como si estuviesen unidos el uno al otro. Posteriormente, y pasando por alto los gritos de sufrimiento, clavaron cuñas de hierro entre ellos, hasta que los aplastaron en pedazos e hirieron aquellas laboriosas, inocentes, honestas y pobres manos, que nunca antes habían llevado a sus bocas tal mezquina y escaza proporción de los frutos de su propia tierra; pero aquellos frutos [p. ej., el opio] (que se niega a las necesidades de sus hijos) han suministrado por más de quince años la inversión de nuestro comercio con China, y fueron enviados anualmente, sin remuneración, a adquirir para nosotros aquel fino alimento con el cual su señoría, todo este auditorio, y todo este país, ha iniciado cada día de estos quince años, a costa suya [p. ej., el té]. Para esas manos benéficas que laboran en nuestro beneficio, la respuesta del gobierno británico ha sido sogas, martillos y cuñas” (75).

 

Juicio de Warren Hastings (Westminster Hall)

 

Burke, quien no había estado nunca en India, no fue testigo ocular de dichas escenas. Sin embargo, él reunió toda esta de los informes que le brindaron los adversarios de Hastings en la Compañía. Por consiguiente, la descripción de Burke sobre la “tax britannica” (un antiguo juego de palabras con inglés tax = impuestos, y latín, pax = paz) pudo haber sido un poco, aunque no demasiado, exagerada. Por otra parte, su siguiente exhortación profética no habría sido del agrado de la Corte:

Pero existe un lugar en donde estas heridas e incapacitadas manos actuarán con un poder insuperable. ¿Es que acaso ellas no nos aplastarán, cuando se levanten al cielo en contra de sus opresores? Entonces, ¿podremos resistir a dichas manos?, ¿lo podrá hacer el poder que las oprime y destruye? Poderosa en la plegaria, déjennos al menos lamentarnos [tratar de evitar el mal mediante la oración] y así protegernos de la venganza con la cual estas estrujadas e incapacitadas manos podrían eliminarnos. Sus señorías, esta es una terrible reflexión: pensemos en ella”.

Al parecer, este cargo estaría bien fundamentado, ya que la situación legal ha sido bastante clara desde el Regulating Act de 1773, el cual prohibía la aceptación de obsequios. No obstante, a pesar de que Hastings no contradijo la acusación de haber recibido presentes, negó, sin embargo, que se trataran de sobornos (76).

4. Contratos: Este cargo estaba referido a los contratos que la Compañía había celebrado, con comerciantes y personal, en condiciones extremas. Estos eran excesivamente poco rentables para la Compañía, así como inútiles, y constituían un desperdicio para la creación de puestos de trabajos en la Compañía misma. De esta forma, estos dos tipos de corrupción trataron de incrementar el poder de Hastings en la Compañía.

Aquí todo dependía de la evidencia, por lo que a Hastings le fue muy fácil defenderse afirmando que todo lo que él había hecho era perfectamente correcto y conforme con el interés de la Compañía (77).

Por su parte, el compromiso de Burke estaba inspirado por el razonamiento político, moral y jurídico: denunció la opresión de los indios porque, para él, todos los hombres tenían los mismos derechos naturales; se oponía al gobierno arbitrario en India, porque este conducía inevitablemente a la opresión y finalmente, a la rebelión, con todas sus terribles consecuencias, tanto para los indios, como para los británicos. Asimismo, puso en evidencia la corrupción de los políticos británicos que se habían enriquecido injustificadamente cuando ocupaban cargos en la Compañía, los denominados “nababs”.

Esta motivación, obviamente, deriva de la historia romana, la cual es una importante inspiración para Burke. Durante la era republicana, la relación de las provincias y la ciudad de Roma fue el principal problema constitucional. Así, la carrera de alguien como el César mostró claramente lo que podría pasar si los administradores provinciales que tenían un éxito sobresaliente participaban en la política metropolitana con la ayuda de su oro y de la lealtad de los que habían sido sus subordinados (78).

4. El Derecho Natural frente al “poder arbitrario”.

 

Moneda emitida por la Compañía Británica de las Indias Orientales

 

Durante el proceso político, se le restó importancia a dos cuestiones jurídicas: la intrincada cuestión de la prueba, y la aún más difícil cuestión del derecho aplicable (79). La Cámara de los Lores había establecido los principios de juzgamiento sobre las cuestiones probatorias, aplicando los estrictos estándares del Common law (80). De modo que era una tarea casi imposible probar cualquier fechoría de Hastings con dichos estándares.

Hastings había tenido todos los medios, oportunidades y tiempo del mundo para manipular los hechos –basta con considerar que a un buque le tomaba medio año navegar de Gran Bretaña a Bombay (Mumbai). Aparte de ello, muchas cuestiones prejudiciales del Derecho indio eran enormemente controversiales. Obviamente, quien mejor conocía el sistema indio era el propio Hastings, pues había hecho sus negocios en India por más de treinta y cinco años.

Ante esto cabe hacer las siguientes preguntas: ¿la India no era más que una víctima de la administración de la Compañía y de la codicia personal de Hastings, así como la presa lo es del león? ¿La compañía y Hastings (como su director ejecutivo) estaban regidos por normas jurídicas? Si la Compañía estaba regida por el Derecho, ¿de qué Derecho estamos hablando?

A decir verdad, no existía ningún Derecho Positivo que regulara las relaciones de la Compañía con la población india, así como con los estados indios. El Common law sólo se aplicaba a los miembros de la comunidad británica en la India. Por su parte, el Derecho nativo, esto es el musulmán o hindú, sólo estaba referido a las relaciones de la Compañía con los indios, pero definitivamente no estaba referido a los estados indios, como el Imperio Mogol o el Principiado de Oudh. Respecto a estas relaciones, la única posibilidad era el Derecho Internacional, como había sido establecido por la clásica obra de Vattel, Le droit des gens, 1758 (81). Pero ¿este era aplicable?

A pesar de ello, lo decisivo para Burke no era qué derecho debería aplicarse, ya que, como un verdadero creyente del Derecho Natural, estaba convencido de que el robo (82) era considerado un crimen por cualquier derecho:

Mr. Hastings no podrá encontrar protección allí. Dejad que corra de Derecho en Derecho; dejad que escape del Common law, y de las sagradas instituciones del país que lo vio nacer; dejad que escape de los actos del parlamento […] pues incluso el Derecho Islámico lo condenará […] dejad que escape hacia donde él quiera –de Derecho en Derecho– pues gracias a Dios, el Derecho lo encontrará donde sea. El poder arbitrario no puede protegerlo frente al Derecho; y tan pronto lo tenga en mis manos, yo lo procesaré, sea en base al Corán, o en base a cualquier otro sistema jurídico oriental, así como en base al Common law de este reino” (83).

Por su parte, Hastings sostuvo que había mantenido un “poder arbitrario” como Gobernador general de Bengala; que sus acciones no son juzgadas por ningún derecho, sea el Derecho Natural, indio o cualquier otro. Asimismo, sostuvo la teoría de que en Bengala, el Imperio Mogol le había otorgado su propio poder arbitrario sobre la Compañía (84).

Valgan verdades, la arbitrariedad del gobierno asiático constituye uno de los prejuicios más antiguos y arraigados respecto al oriente, y fue una justificación para el Raj (85). Sintetizamos brevemente este argumento así: los asiáticos eran inferiores a los europeos porque el individuo valía menos en el oriente que en el occidente.   Un gobernador en Asia podía hacer lo que él quisiera porque el individuo no valía nada (“despotismo oriental”). Por naturaleza, todos los asiáticos son sirvientes, y los europeos sus dueños.

Sin embargo, en el siguiente pasaje, Burke refuta ampliamente este punto de vista. En primer lugar, advierte que “abusus non tollit usum”, el abuso no quita el uso, es decir, este no es un argumento en contra del uso correcto:

¿Han escuchado alguna vez que los derechos de la humanidad se postran al servicio de la práctica del gobierno? Su señoría, será su deber y gozo, su orgullo y triunfo, enseñar a los hombres que ellos tienen que adecuar su proceder a principios, y no derivar sus principios de la práctica horrorosa, corrupta y abominable de un hombre cualquiera. ¿Acaso existe algún hombre que se haya atrevido a indicar el obrar de los villanos, de todos los infames predadores, como su justificación? ¿Hay alguien que se atreva a recoger y poner todo esto en un código, y llamarlo el deber de un gobernador británico? Creo que una cosa tan osada nunca antes fue intentada por un hombre” (86).

Habiendo dicho esto, Burke analiza la idea del poder arbitrario considerado en sí mismo. Dentro del Derecho Natural, algo como el poder arbitrario no puede existir, la propia idea es una aberración.

¿Él [es decir, W. Hastings] tiene un poder arbitrario?  Su señoría, la Compañía  Británica de las Indias Orientales, no tienen ningún poder arbitrario para conceder. El rey no tiene ningún poder arbitrario para conceder. Tampoco su señoría, ni los Comunes, ni toda la legislatura tienen ningún poder arbitrario para conceder. El poder arbitrario es algo que ningún hombre puede conceder. Su señoría, ningún hombre puede gobernarse a sí mismo según su propia voluntad; mucho menos puede ser gobernado por la voluntad ajena. Todos nosotros, tanto los de clase alta como los de la baja, tanto los gobernantes como los gobernados, hemos nacido sujetos a una gran ley, inmutable y preexistente, anterior a todos nuestros planes y conspiraciones, fundamental para nuestros sentimientos, por la cual estamos vinculados en el marco eterno del universo, y fuera del cual no podemos existir. Esta gran ley no surge de nuestros convenios o pactos; por el contrario, esta les otorga toda la sanción que deben tener. Todos los bienes y obsequios son de Dios: todo el poder es de Dios; y él, quien ha dado el poder, y de quien exclusivamente este se origina, nunca se corromperá. Por lo tanto, su señoría, si esto es cierto, si este gran obsequio de gobierno es el más grande y el mejor que jamás fue otorgado por dios a la humanidad, ¿este sufrirá siendo un juguete del hombre, quien colocará su propia voluntad endeble y ridícula en el trono de la justicia divina?”.

 

Una vista del juicio de Warren Hastings (1732-1818) ante el Tribunal de Pares en Westminster Hall. Acusación entregada en el Colegio de Abogados de la Cámara de los Lores, por los Comunes de Gran Bretaña, en el Parlamento

 

Así, la lucha en contra del poder arbitrario, sea en Irlanda, Francia o, como ocurre en este caso, en India, es el verdadero núcleo del esfuerzo político de Burke. Al hombre se le otorga poder para que haga que otros hombres cumplan los preceptos del Derecho Natural, no para usarlos como marionetas de su capricho. Por consiguiente, el poder nunca podrá ser arbitrario si éste es limitado por los preceptos del Derecho Natural, tal como prescribe el décimo mandamiento: “No codicies la casa de tu prójimo: no codicies su mujer, ni su esclavo o su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que le pertenezca” (Ex. 20, 17).

Pero ¿qué ocurre si un hombre declara que él preferiría ser gobernado por alguien más, cuyo poder no es limitado por el Derecho Natural, y que por el contrario tiene un poder arbitrario? Esta es la respuesta de Burke:

Entonces, si toda dominación del hombre sobre el hombre es el efecto de la disposición divina, esta está limitada por las leyes eternas de quien las otorga, que no pueden ser abolidas por ninguna autoridad humana; tampoco aquel que las ejerce, ni siquiera aquellos que están sometidos a ella; y si ellos estuvieran lo suficientemente dementes como para celebrar un pacto expreso, por el cual sus magistrados deban ser relevados de su deber, y declarar sus vidas, libertades y patrimonios, dependientes, no de reglas y leyes, sino de su mera voluntad caprichosa, dicho pacto debería ser nulo. Este poder arbitrario no puede ser obtenido mediante la conquista. Tampoco ningún soberano puede obtenerla por sucesión [como la Compañía del emperador mogol]; porque nadie puede tener éxito con el fraude, rapiña y violencia. Aquellos que otorgan y aquellos que reciben el poder arbitrario son criminales; y no hay hombre que no esté obligado a resistirse a lo mejor de su poder, dondequiera que muestre su cara al mundo. El derecho y el poder arbitrario son enemigos eternos”.

Todo contrato que confiera un poder arbitrario a alguien, o todo acto que trate de transferirlo, debería ser nulo por ser contrario al Derecho Natural. No obstante, existe un argumento más práctico en contra del poder arbitrario. ¿Cómo utilizarán dicho poder aquellos que lo ostentan?, ¿en beneficio propio o ajeno? Para nosotros, que hemos visto las consecuencias del poder arbitrario en el siglo pasado, la respuesta de Burke podría ser un poco trivial, pero esta debió haber sido bastante audaz cuando él la pronunció por primera vez: el Estado de “Voluntad” conduce inevitablemente al Estado de “Codicia”. El orden del Derecho Natural será destruido si la voluntad del individuo se hace suprema:

En realidad, un sistema arbitrario siempre será un sistema corrupto. Sus señorías, jamás existió un hombre que pensase que no tuvo más ley que su propia voluntad, ni que afirmase que no tuvo otro fin que su propio beneficio. La corrupción y el poder arbitrario pertenecen indudablemente a la misma generación natural, se producen necesariamente una a la otra” (87).

¿Qué debería haber hecho la Compañía en la perspectiva de Burke? Para un comerciante, la ganancia es la esencia de su profesión, y lo mismo era válido para la Compañía. Esta era una sociedad comercial y como tal estaba dedicada a la obtención de ganancias para sus accionistas. El interés que ostenta una sociedad comercial es una contradicción en términos políticos, porque uno no puede mezclar la dedicación a la obtención de ganancias del comerciante, con la dedicación del soberano a la obtención del bienestar de sus integrantes. Y, de acuerdo con el Derecho Natural, el bien común es el fin último de la sociedad (88).

5. “Eundem negotiatiorem et dominum”.

 

Sede en Londres de la Compañía Británica de las Indias Orientales

 

En palabras de San Agustín (89), aquella situación en donde una compañía esté dedicada a la obtención de ganancias, y que ostente el poder de un soberano, estará destinada a convertirse en un “gran latrocinio”. Burke manifestó esta idea con la forma de una máxima jurídica del Derecho Romano:

La Compañía Británica de las Indias Orientales llegó a ser un gran Imperio, llevando a cabo, de manera subsidiaria, un gran comercio: esta se convirtió en aquello que el Derecho Romano creía irreconciliable con la razón y la propiedad ‘eundem negotiatorem et dominum’: el mismo poder se convirtió en el comerciante general, el mismo poder se convirtió en el señor supremo”(90).

Esta cita necesita ser explicada, ya que la representación no existía en el Derecho Romano. Por dicha razón, los romanos adinerados tenían sus propios comerciantes (negotiatores) en importantes puertos, como Alejandría. Por lo general, estos comerciantes eran esclavos (91). Como resultado, los términos usados por Burke tenían un sentido literal, según el cual nadie puede ser amo (dominus) y siervo (negotiator) a la vez. En sentido figurado, esto quiere decir que uno no puede realizar al mismo tiempo dos cosas incompatibles, en específico, gobernar y hacer negocios. Desgraciadamente, no ha sido posible encontrar el origen de esta máxima en ninguna fuente conocida del Derecho Romano hasta el momento (92). No obstante, existe un aforismo del Common law que podría ser una fuente de nuestra máxima: “Nemo potest esse tenes et dominus” (93).

Sin embargo, en mi opinión, la máxima es una summa extraída de Cicerón, precisamente de sus Verrinas (94). En sus discursos, en muchas ocasiones, Burke se refiere a Hastings como un Verres, el gobernador codicioso y corrupto de Sicilia: “Todos nosotros hemos leído las Verrinas en nuestra educación inicial […] en ellas, uno encontrará casi todos los ejemplos de rapacidad y malversación que hemos imputado a Mr. Hastings” (95).

Así, “Eundem negotiatorem et dominum” constituye la verdadera esencia del criticismo de Burke hacia la Compañía Británica de las Indias Orientales y al gobierno de Hastings. Un gobierno que tenga por objetivo la obtención de ganancias es contrario al buen gobierno y constituye la esencia de la tiranía. Como resultado, de acuerdo con esta máxima, Burke consideraba necesario la aplicación de estándares británicos de justicia y moral en Bengala, en lugar de actuar de conformidad a una “moral y justicia geográfica”, tal como lo había hecho Hastings.

Estos eran los principios que fundamentaban el juicio político de Hastings. Sin embargo, luego de casi diez años de juicio, la Cámara de los Lores absolvió a Hastings en 1795. Desde entonces se ha debatido si esta absolución fue justificada o no. A decir verdad, Hastings fue absuelto por haber ganado India para Gran Bretaña, y no porque fuera inocente de los cuatro cargos que se le imputaban. Incluso, él hizo un comentario que probaría su culpabilidad: “La exigencia primordial de la Compañía entra en contradicción con el interés del pueblo indio, quienes están sometidos a su autoridad” (96). Esta afirmación podría ser admitida sólo si aceptamos que los indios no tienen derechos, y que por dicha razón deben ser tratados como tales.

6. ¿Domar o matar a la bestia?

 

 

Probablemente, la absolución de Hastings era inevitable por razones políticas, pero esto no perjudicó mucho el logro de Burke, por lo menos no desde su propio punto de vista. De esta forma, algún tiempo después él escribiría:

Pero, a decir verdad, estos servicios por los que estoy llamado a dar cuenta no son de los que me pueda sentir más orgulloso. Si tuviese que pedir una recompensa (lo cual nunca he hecho), debería ser por aquellos en los que por catorce años, sin interrupción, mostré el mayor trabajo y obtuve el menor éxito: me refiero a los problemas de la India. Son aquellos por los que me siento más orgulloso; por la importancia, por el trabajo, por el criterio, por la constancia y perseverancia en la labor. Otros podrán valorarlos más por la intención. En ello, ciertamente, no están errados” (97).

Gracias a Burke, la codicia necia y cruda, tal como es representada en “El Oriente ofreciendo sus riquezas a Britania”, se tornó inconcebible en la administración de la India. Él aclaró que la codicia no justificaba nada:

Los acontecimientos de la India deben ser restablecidos a su orden natural. La prosperidad de los nativos [indios] debe ser previamente asegurada, antes que cualquier beneficio que se les quiera procurar. Durante el tiempo en que un sistema prevalece, considerando como su fin principal la transferencia de las grandes riquezas a este país, a favor tanto de la Compañía como del Estado, será imposible que aquellos quienes son los instrumentos de dicho esquema no actúen con el mismo espíritu, para sus propios fines. Lo que es peor, ellos mantendrán los daños causados a los nativos para sus fines egoístas, mediante la producción de nuevos daños, en favor de aquellos ante quienes tienen que dar cuentas. No es razonable esperar que una rapacidad pública e impróvida deba ser realizada por cualquiera de sus subordinados con desinterés o precaución” (98).

Luego de Burke, el Raj se convirtió en un colegio obligatorio, la Compañía dejó de ser una banda de ladrones, y finalmente, pasó a ser un consejo de profesores.

Sin embargo, que el modelo del colegio obligatorio finalmente se tornara intolerable no influye en el carácter progresivo que tenía al momento de su inicio. Para ejemplificar esta proposición, bastará con comparar la alegoría anteriormente mencionada, “El Oriente ofreciendo sus riquezas a Britania”, con un importante detalle presente en la alegoría del contemporáneo Tiepolo (1696-1770). Nos referimos a la alegoría de los cuatro continentes (1750-1753), obra que se encuentra situada en la escalera de la residencia del obispo de Würzburg (99) (Würzburg fue uno de los más importantes obispados católicos del Sacro Imperio Romano):

 

 

La primera es una alegoría de la extorsión; la última, del comercio: El europeo está sujetando una bolsa en su mano para pagar el collar de perlas que le ofrece el comerciante asiático. De esta forma, la yuxtaposición de estas dos alegorías muestra hacia dónde conducirá las relaciones interraciales de conformidad con el Derecho Natural –tal como Burke y el obispo de Würzburg creían– y hacia dónde conducirá la ideología farisaica de la supremacía europea, profesada por la Compañía. En el primero de los casos, hacia el comercio; en el segundo, hacia la explotación (100).

Finalmente, la insistencia de Burke sobre la separación entre comercio y gobierno fue exitosa en India: el Estado de “Derecho” reemplazó el Estado de “Codicia”. Asimismo, colaboró a establecer lo que él mismo denominó “una Carta Magna de Indostán” (101). John Morley (1838-1923), secretario de estado de India desde 1905 hasta 1910, distinguido teórico político y escritor, observó en su biografía de Burke:

Si él no hubiese inculpado al hombre [Hastings], este último habría volcado un sistema, y estampado sus principios con censura duradera y deshonra […] La lección de su pro- ceso político nos ha dejado la gran lección de que los asiáticos tienen derechos, y que los europeos, obligaciones” (102).

 

 

 


NOTAS

* Profesor de Derecho Romano y de Derecho Comparado en la Universidad Bernardo O’Higgins, Santiago de Chile y Docente en la Rheinische Friedrich Wilhelms-Universität Bonn (Alemania).

1 An aliud Romae aequum est, aliud in Sicilia? 

2  Sobre la iconografía juridíca v., por lo general, Panofsky, E. (1932). “Zum Problem der Beschrei- bung und Inhaltsdeutung von Werken der bildenden Kunst”. En Logos 21, 103-119 y, en particular, Frie- drich, P. (2015). Betrachtungen eines unpolitischen Bildprogramms – Die Darstellung der Volksgesetzgebung Karls des Großen im Plenarsaal des Oberlandesgerichts Düsseldorf. Köln-Weimar-Wien.

3. Bowen, H. V. (2006). The Business of Empire. The East India Company and Imperial Britain 1756–1833. Cambridge; Lawson, Ph. (1993). The East India Company. Londres; Mukherjee, R. (1958). The Rise and Fall of the East India Company. Berlín.

4. Archer, M. (1965). “The East India Company and British Art”. En Apollo 82, 406.

5.Desde la perspectiva india, la “Primera Guerra de Independencia”. Reinhard, W. (1988). Geschi- chte der europäischen Expansion, vol. 3, Stuttgart, 17 y ss., se muestra crítico respecto a esta expresión patriótica, porque en aquel entonces, India carecía de un programa nacional.

6.Esta es una palabra indostaní que originalmente significa “rey” o “autoridad”; cf. Merriam Webs- ter, Dictionary i.v.

7. Para la historia india, véase Oxford History of India (1981), 4ª ed. Percival Spear. Oxford; Wolpert, St.(1989). A New History of India, 3º ed. Oxford; Doniger, W. (2009). The Hindus. An alternative History. New York.

8. Gründer, H. (1987). “Kolonialismus”. En Staatslexikon, ed. por the Görres Gesellschaft, Freiburg.

9. [Burke, Ed.], (1886–1889), The Works the right honourable Edmund Burke (Bohn’s Standard Library), vol. I–VI, plus Supplement, vol. I–II. Londres. Biografías: O’Brien, C. C. (1992). The Great Melody. Londres; Kirk, R. (1997). “Edmund Burke. A genius reconsidered”. Wilmington. Langford. En Oxford DNB i.v.; Works: ed. London 1886–1889.

10. Speech on Mr. Fox’s East India Bill, en: Burke. The Works. Ob. cit., Vol. II (1886), 194 y ss.
11 Reinhard, W. (2000). Geschichte der Staatsgewalt, 2ª ed. Munich, 485-490
12.De manera general, los indios nativos eran denominados “negros”.
13. Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. En The New Cambridge History of India, ed. by Gordon Johnson. Cambridge, 2-5, remarca el hecho de que esta ideología fue desarrollada originalmente con respecto a los católicos –es decir bárbaros– de Irlanda; cf. también Osterhammel, J. (2011). Die Verwandlung der Welt. Munich, C. H. Beck, 647 y ss.
14. Allusion a Seeley, R. (1897). The Expansion of England. Londres, Macmillan, 10: “Parece que, por decirlo así, hemos conquistado y poblado medio mundo en un momento de distracción”.
15. Es digno de destacar que el General Dyer, responsable por la masacre de Jallianwalla Bagh en Amritsar, se veía a sí mismo como una especie de profesor de colegio; Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 229.
16.En 1876, a la reina Victoria se le otorgó el título de “Emperatriz de la India”. Esta fue una vistosa y romántica idea de Disraeli.
17. Sobre materia fiscal véase Reinhard, W. (1988). Geschichte der europäischen Expansion. Ob. cit., 12. 
18 Sobre el Minute on Education véase Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 34, 39. 
19 Este cargo en el Gabinete fue creado recién en 1916, por lo que el estilo es un poco anacrónico.
20. Osterhammel, J. (2011). Die Verwandlung der Welt. Ob. cit., 655-661; Reinhard, W. (1988). Geschi- chte der europäischen Expansion. Ob. cit., 12.
21. Sobre esto véase Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 80-81, 92-94 (con referencia al género), y Reinhard, W. (1988). Geschichte der europäischen Expansion. Ob. cit., 17 y ss.
22. Esta verdad es analizada con la mayor sutileza por Scott (1966-1975), en un trabajo de un genio litera- rio y de profunda visión histórica. véase además Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj” (Ob. cit., 160 y ss.

23. Véase http://www.calcuttaclub.in/history.html (6 de junio de 2011). Este incidente está referido en varias ocasiones en Scott, P. (1966–1975). Raj Quartet. Londres

24. Basta con recordar el dictamen de Sartre, J. P. (1946). Réflexions sur la question juive. París. Paul Morihien, 30, según el cual el antisemitismo es la “forma de esnobismo del pobre” (snobisme du pauvre). El archicolonialista Cecil Rhodes era consciente de esto; véase la referencia en Gehlen, A. (1986). Moral und Hypermoral, 5ª ed. Wiesbaden, Aula, 107 y ss.

25. Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 160 y ss., 208 y ss

26. Una frase muy ambigua y famosa del poema de Rudyard Kipling, “Recessional” (1895). Algunos dicen que por “razas menores” él no quería referirse a las personas de las colonias, sino más bien a los ale- manes a.k.a. “Hunos”.

27. Osterhammel, J. (2011). Die Verwandlung der Welt. Ob. cit., 1214 y ss.; Metcalf, Th. R. (1994). “Ideolo- gies of the Raj”. Ob. cit., 199–214; Reinhard, W. (1988), Geschichte der europäischen Expansion. Ob. cit., 9 y ss.

28. Judith M. “Brown, Gandhi, Mohandas Karamchand”. En: Oxford DNB, 372 y ss.

29 Carta al The Times, del 1º de marzo de 1883; citado por Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 210. Esto nos hace pensar en uno de los famosos versos de Friedrich von Schiller (1800), Wallenstein/ Die Piccolomini. Stuttgart, Cotta, V 1: “[…] el curso de una mala acción inevitablemente tiene que producir nuevas malas acciones” (Das eben ist der Fluch der bösen Tat,/Daß sie, fortzeugend, immer Böses muß gebären). 

30 “The White Man’s Burden”. En Kipling, R. (1895). If. Londres, Doubleday, Page & Company . Sobre

la compleja actitud de Kipling hacia el Raj véase Orwell, G. (1946). A Collection of Essays. Londres, Secker & Warburg, 116-131, y Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 161-163.

31. Huw Vaughan Bowen, en: Oxford DNB i.v.; Marshall, P. J. (1988). “Bengal: The British Bridge- head”. En The New Cambridge History of India, ed. por Gordon Johnson, Cambridge, 1988, 70-136.

 32. Peter James Marshall, en: Oxford DNB i.v.

 33. Brockington, J. L. (1989). “Warren Hastings and Orientalism”. En The Impeachment of Warren Hastings. Ed. By Geoffrey Carnall y Colin Nicholson. Edinburgh, 91-108.

34.Véase O’Brien, C. C. (1989). “Warren Hastings in Burke’s Great Melody”. En The Impeachment of Warren Hastings. ed. by Geoffrey Carnall y Colin Nicholson, Edinburgo, Ob. cit., 58-75.

 35. Alsager Richard Vian, en Oxford DNB i.v.

 36. Al respecto véase Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 17.

37. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Oxford, OUP; Whelan, F. G. (1996). Edmund Burke and India. Political Morality and Empire. Pittsburgh, University of Pittsburgh Press. Sobre esta materia, es clásico, desde luego, Macaulay, Th. B. (1841). Warren Hastings. Londres, Edinburgh Review. Sobre esta pieza maestra de la literatura y sobre el resto de su vida véase Edwards, O. D. (1989). En: The Impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 109-144.

38. Arnold-Baker, Ch. (2008). The Companion to British History, 3ª ed. Durham, Loncross Denholm Press, 684 y ss., y Loewenstein, K. (1967). Staatsrecht und Staatspraxis von Großbritannien, vol. 2., Viena. New York, Springer, 14 y ss. De manera general, respecto a la historia y al juicio político, véase Bradley, A. W. (1989). “Personal responsibility and government – a role for impeachment?” En The Impeachment of Warren Hastings, 164-185.

39. Un análisis retórico es dado por Samet, E. D. (2001). “A Prosecutor and a Gentleman: Edmund Burke’s Idiom for Impeachment”. En English Literary  History  68, 397-418. Pero, desde  luego, es  una idea maliciosa reducir la postura de Burke a oratoria, para convertirlo en un posmodernista, avant la lettre.

40. Esta evaluación se encuentra en el artículo sobre Burke, Edmund, by the Viscount Morley of Blankham (J. Morley). En Encyclopaedia Britannica, 11ª edición. New York, 1910–11, i.v.

41. Kirk, R. (1995). The conservative Mind: From Burke to Elliot, 7ª ed. Washington D.C., Regnery. 

42 Ibídem, 8, 16 y ss., 30 y ss. et passim.

43. Carnall, G. (1989). “Burke as modern Cicero”. En: The Impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 76-90; Browning, R. (1984). “The Origin of Burke’s Ideas Revisited. En Eighteenth-Century Studies, 18, 57-71; Strauss, L. (1953). Natural Right and History. Chicago, 295

44. Kaser, M. (1993). Ius gentium. Cologne, Böhlau, 54 y ss

45. Kirk, R. (1951). “Burke and Natural Rights”. En The Review of Politics, 13, 441-456

46. Stanlis, P. J. (1958). Edmund Burke and the Natural Law. Ann Arbor, Transcaction, 113. “[…] faith in [...] Natural Law is Burke’s ultimate political principle”.

47. Canavan, F. P. (1960). The political reason of Edmund Burke. Duke, Duke University Press. 

48 Strauss, L. (1953). Natural Right and History. Ob. cit., 294 y ss.

49. Al respecto véase Whelan, F. G. (1996). Edmund Burke and India. Political Morality and Empire. Ob. cit., 275-291. Para más referencias, véase Guroian, V. (1981). “Natural Law and Historicity: Burke and Niebuhr”. En Modern Age, 25, 162-172; Rycenga, J. A. (1958). “Review: Edmund Burke and The Natural Law”. En Marquette Law Review, 42, 147-150; Cliteur, P. (1988). “The American Conservatives, Edmund Burke and Natural Law”. En Archiv für Rechts- und Sozialfphilosophie, 74, 452, 456 y ss. Hamburger (1959). “Review: Edmund Burke and The Natural Law by Peter J. Stanlis”. En The Yale Law Journal, 68, 831-838.

 50. “Appeal from the New Whigs to the Old”. En The Works… Ob. cit., Vol. III, 109. 

51 “Tracts on the Popery Laws”. En The Works… Ob. cit., Vol. VI, 22.

52. “Letters on a Regicide Peace”. En The Works… Ob. cit., Vol. V, 218.

53. Stagl, J. F. (2011). “Eine Flucht nach Rom – Der geistige Weg Ernst Rabels”. En Tijdschrift voor Rechtsgeschiedenis, 79, 533, 542 y ss.

54. Stanlis, P. J. (1953). “Edmund Burke and the Law of Nations”. En The American Journal of Inter- national Law, 47, 397, 409 y ss. V. también: O’Sullivan, R. (1945). “Problems of Public and Private Interna- tional Law”. En Transactions of the Grotius Society, 31, 117-138.

55.Alschuler, A. W. (2009). “From Blackstone to Holmes: The Revolt Against Natural Law”. En Pep- perdine Law Review, 36, 4-20; Wu, J. (1954) “The Natural Law and our Common Law”. En Fordham Law Review, 23, 13-48.

56.O’Sullivan, R. (1945). “Problems...”. Ob. cit., 125 

57. Messner, J. (1984). Das Naturrecht, 7ª ed. Berlín; Waldstein, W. (2001). Teoria generale del diritto, dall’antichità ad oggi. Roma.

58. Brandt, R. (1984), “Naturrecht, Altertum”. En Historisches Wörterbuch der Philosophie, ed. por Joachim Ritter et al., Basel, vol. 6, coll. 563-571; Waldstein, W. (1976). “Entscheidungsgrundlagen der kla- ssischen römischen Juristen”. En Aufstieg und Niedergang der römischen Welt, vol. XIV, ed. por Hildegard Temporini, Berlín, New York, 1 y ss.

59. Specht, R. (1984). “Naturrecht, Mittelalter und frühe Neuzeit”. En Historisches Wörterbuch der Philosophie. Ob. cit., coll. 571 y ss.

60. “Yo soy el señor tu Dios; No tendrás otros dioses a parte de mí. No invocarás mi nombre en vano.

Recuerda el Sabbath y santifícalo”

.61. “Honra a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio en perjuicio de tu prójimo. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer”

.62. Messner, J. (1984). Das Naturrecht. Ob. cit., 559-563.

63. Messner, J. (1984). Das Naturrecht. Ob. cit., 230, 232, 336 y ss. El debate en torno a la esclavitud es mucho más complejo, porque la esclavitud estaba presente como una institución social en el evangelio, en el Derecho y sociedad romanas, y hasta hace no mucho en todo el mundo.

64. Dalberg-Acton, J. E. E. (1907). Historical essays and studies, ed. por J. N. Figgis and R.V. Laurence.

Londres, 504

65. Messner, J. (1984), Das Naturrecht. Ob. cit., 701.

66. Flaig, E. (2011). Weltgeschichte der Sklaverei, 2ª ed. Munich, C.H. Beck

67. “Opening Speech in the Impeachment of Warren Hastings”. En Burke, The Works… Ob. cit. Vol. I, 93 y ss.

68. O’Brien, C. C. (1992). The Great Melody. Ob. cit., 589 y ss. 

69 Ibídem, 459-592

70. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., XIV y ss.

71. Respecto a algunos de los problemas jurídicos implicados véase Khan, K. U. R. (1989). “The impea- chment: certain issues of international law”. En The Impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 145-163.

72. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 88-108. 

73 Desde luego, esta es una acusación de violación sexual.

74. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 109-129.

75. “Speech on the Impeachment of Warren Hastings, Fifth Day”. En Burke (1889). The Works… Ob. cit., Supp. Vol. I, 187.

76. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 130-162. 

77 Ibídem, 162-179.

78 Rainer, J. M. (2006). Römisches Staatsrecht: Republik und Prinzipat. Darmstadt, WBG, 162-185. 

79 Mukherjee, M. (2005)., “Justice, War, and the Imperium: India and Britain in Edmund Burke’s Prosecutorial Speeches in the Impeachment Trial of Warren Hastings”. En Law and History Review 23, 589-630.

80. Marshall, P. J. (1965). The impeachment of Warren Hastings. Ob. cit., 69 y ss.

81.“Natural Law and International Law in Edmund Burke”. En Davidson Source, J. F. (1959). The Review of Politics, Vol. 21, Nº 3, 483-494

82. “Robo” podría considerarse una palabra fuerte –en realidad, en tiempos de Burke, también lo era. Nosotros usamos esta palabra en aras de autenticidad, en tanto que el propio Burke la emplea: “Su señoría, los comisionados (managers) de la Cámara de los Comunes, no han utilizado ningún lenguaje inapropiado. De hecho, nosotros hemos utilizado, y utilizaremos de nuevo, dichas expresiones como apropiadas para retratar la culpa. Luego de describir la magnitud del crimen, describimos la magnitud del criminal. Nosotros hemos declarado que él no sólo es un ladrón público, sino el centro de un sistema de robo, el capitán general de la banda, el jefe bajo las órdenes del cual toda una banda depredadora está organizada, disciplinada, y pagada”. “Speech in the Impeachment of Warren Hastings/First day of reply”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. II, 153.

83. “Opening Speech in the Impeachment of Warren Hastings”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I, 118 Stanlis, P. J. (1953). “Edmund Burke and the Law of Nations”. En The American Journal of Internatio- nal Law, 47, 397-41.

84. De acuerdo con Khan, K. U. R. (1989). “The impeachment: certain issues of international law”. Ob. cit., 148 y ss., esto no habría sido posible en el Derecho musulmán.

85. Metcalf, Th. R. (1994). “Ideologies of the Raj”. Ob. cit., 6-15

86“Opening Speech in the Impeachment of Warren Hastings”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I, 98-101

87. “Speech in the Impeachment of Warren Hastings, Fith Day”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I, 127.

88 Tomás de Aquino. Summa Teologica, I 2 q. 90 a 2.

89 Cf. San Agustín, De civ. Dei 4, 4: “Si la justicia desaparece, ¿qué serán los reinos, sino grandes latrocinios?” (Remota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?).

“Opening Speech in the Impeachment of Warren Hastings”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I,22-23

 91. Kaser, M. (1971). Das Römische Privatrecht, vol. 1, 2ª ed. Munich, C.H. Beck, 260 y ss.

 92 Esto no era usual en Burke; cf. Carnall, G. (1989). Burke as modern Cicero. Ob. cit., 86. 

93 Gilbert, G. (1796). The Law of Tenures, 4ª ed. Londres, Watkins, 154.

94 Por esto debo agradecer a J. M. Rainer. Véase también Canter, H. S. (1914). “The Impeachments of Verres and Hastings: Cicero and Burke”. En The Classical Journal 9, 199-211.

95. “Speech in Reply, Ninth Day”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. II, 407. Véase además “Speech on the Impeachment of Warren Hastings, Fifth Day”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I, 237, y “Opening Speech in the Impeachment of Warren Hastings”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. I, 119, donde Burke cita el conocido juego de palabras de Cicerón: “At sphingem habebas domi”: Uno de los acusados en el juicio de Verres dijo a Cicerón que él había sido sorprendido por todas estas preguntas. A lo cual Cicerón respondió: “Pero si usted tiene una esfinge en casa”, la cual trató de robar bajo la tutela de Verres en Sicilia.

 96. Gleig, G. R. (1841). Memoirs of the Life of the Right. Hon. Warren Hastings, First Governor-General of Bengal, vol. I. Londres, Richard Bentley, 184.

97. “Letter to a Noble Lord”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. V, 124. Vale la pena indicar que Burke dedicó cerca de una tercera parte de sus trabajos al problema de la India.

98“Ninth Report from the Select Committee appointed to take into consideration the state of administration of justice in the provinces of Bengal, Bahar, Orissa, etc.”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. IV, 29.

 99.Büttner, F. (1980). G. B. Tiepolo: Die Fresken der Residenz zu Würzburg. Würzburg, G. Popp.

100.Sobre la muy diferente actitud, de largo alcance, del Catolicismo y del Protestantismo hacia el racismo y el colonialismo, véase Stark, W. (1967). Sociology of Religion, vol. 3: The Universal Church. Lon- dres, Routledge, 194-244.

101. “Speech on Mr. Fox’s East India Bill”. En Burke. The Works… Ob. cit., Vol. II, 179.

102. Morley, J. (1879). Burke. New York, Harper,125.

 

Shivaji, fundador de la nación maratha

 

 

 


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