MITOS Y LEYENDAS SOBRE EL EFECTO INVERNADERO
LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (Parte 1)
Tabla de contenidos
- 1 LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (Y PARTE II): REALIDADES, MITOS Y LEYENDAS SOBRE EL EFECTO INVERNADERO
- 1.1 Nota del autor
- 1.2 Introducción
- 1.3 La bestia negra del Calentamiento Global: El Efecto Invernadero
- 1.4 La discutible Estadística
- 1.5 Imágenes fraudulentas sobre el Calentamiento Global
- 1.6 ¿Está el Planeta en peligro?
- 1.7 El imparable ascenso del nivel del mar y la fiabilidad de los modelos estadísticos de proyección climática
- 1.8 Conclusiones
- 1.9 Agradecimientos
- 1.10 Bibliografía
- 2 LA GEOLOGÍA VS. EL DOGMA CLIMÁTICO. EPÍLOGO
- 3 LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (SECUELA)
- 4 DOGMA CLIMÁTICO, SILOGISMOS Y LA REGLA DE TRES
- 5 Enrique Ortega Gironés
- 6 RELACIONADOS:
LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (Y PARTE II): REALIDADES, MITOS Y LEYENDAS SOBRE EL EFECTO INVERNADERO
Por Enrique Ortega Gironés
Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG), 26 DIC 2022
Nota del autor
Desde el otoño de 2021, se vienen publicando en esta revista una serie de artículos dedicados a divulgar, con un lenguaje asequible a los no especialistas, diferentes temas de interés, con especial atención a cuestiones geológicas de actualidad como el calentamiento global y el cambio climático.
Hace unos meses, el Colegio Oficial de Geólogos de España se mostró interesado en dichos artículos y solicitó una síntesis de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada, revisada y publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre.
Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis de muchos investigadores que defienden el origen antrópico del calentamiento global, han molestado a diferentes colectivos, dando lugar a la publicación de diversas informaciones en diversos periódicos digitales, regionales y nacionales, donde se ha calificado el artículo como poco científico, asignándole además (de forma gratuita) connotaciones políticas inexistentes.
Además, se ha instado al Colegio Oficial de Geólogos para que se retirase el artículo y que no se publicase la segunda parte. Atendiendo al interés de muchas personas por conocer el contenido completo del artículo, se adjunta a continuación su texto íntegro, tal y como fue remitido a la revista Tierra y Tecnología. Por ello, su formato y su longitud son diferentes de las entradas anteriormente publicadas en ENTREVISTTAS.
Introducción
En la primera parte de esta publicación, se han descrito las informaciones climáticas que han quedado registradas en las rocas, en los sedimentos, en los fósiles y en el hielo, que permiten afirmar que a lo largo de miles de millones de años de historia de nuestro planeta, se han registrado múltiples cambios climáticos, similares o incluso más extremos que el calentamiento actual.
También, se han detallado los procesos (actividad volcánica, evolución de las manchas solares, radiación cósmica y cambios cíclicos en la órbita terrestre) que controlan la iluminación recibida del sol y su incidencia en la temperatura terrestre, concluyendo que dichos procesos, espontáneos y naturales, están fuera del control antrópico. Debe deducirse por lo tanto que el calentamiento global no es un cambio climático desencadenado por las actividades humanas, ni tampoco el Hombre tiene la capacidad para revertirlo.
Sin embargo, a pesar de estas evidencias, en los medios de comunicación se difunden frecuentemente informaciones que indican lo contrario, afirmando que existe un consenso unánime entre los científicos sobre el origen antrópico de los cambios climáticos actuales. Quizá convenga recordar aquí que la Ciencia no suele regirse por criterios democráticos y el hecho de que exista una mayoría de publicaciones a favor de una hipótesis, no implica necesariamente que esa sea la interpretación correcta.
Citando de nuevo las palabras del profesor Richet, ya mencionadas en la primera parte de este artículo:
En realidad, la noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma.
Y tampoco debe olvidarse que el ese supuesto consenso sobre el origen humano del calentamiento global, como indica Hugo Rubio (2021), tiene más de 31.000 disidentes, lo que representa una cantidad nada desdeñable.
Antes de continuar, es necesario aclarar (no hay duda al respecto y está fuera de discusión) que es absolutamente necesario controlar, no sólo las emisiones atmosféricas, sino también los vertidos tóxicos, el abuso en la utilización de fertilizantes, el uso y vertido incontrolado de plásticos y un largo etcétera, una extensa lista de productos que, incorrectamente utilizados, están ensuciando la naturaleza.
Es absolutamente necesario controlar, no sólo las emisiones atmosféricas, sino también los vertidos tóxicos, el abuso en la utilización de fertilizantes, el uso y vertido incontrolado de plásticos y un largo etcétera, una extensa lista de productos que, incorrectamente utilizados, están ensuciando la naturaleza.
Pero la necesidad de poner freno a la contaminación que nos rodea, no debe impedir la búsqueda de las verdaderas causas del calentamiento global, comprobando si su principal responsable es realmente el dióxido de carbono.
Pero la necesidad de poner freno a la contaminación que nos rodea, no debe impedir la búsqueda de las verdaderas causas del calentamiento global, comprobando si su principal responsable es realmente el dióxido de carbono.
La bestia negra del Calentamiento Global: El Efecto Invernadero
El efecto invernadero es un fenómeno natural, ocasionado por determinados gases presentes en la atmósfera, que tienen la capacidad de retener parte de la radiación térmica recibida del sol y reflejada por la superficie terrestre, evitando que se escape hacia el espacio exterior.
El efecto invernadero es un fenómeno natural, ocasionado por determinados gases presentes en la atmósfera, que tienen la capacidad de retener parte de la radiación térmica recibida del sol y reflejada por la superficie terrestre, evitando que se escape hacia el espacio exterior
El vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el ozono (O3) y otros gases se encargan de producir ese efecto de retención. Este proceso, que siempre había sido considerado beneficioso, ya que gracias a él la temperatura del planeta se mantiene a un nivel adecuado para el desarrollo de la vida, ha pasado en poco tiempo de héroe a villano. Y dentro de la lista de gases y vapores mencionados, el dióxido de carbono se ha convertido en el culpable principal de potenciar en exceso la capa protectora de nuestra atmósfera por haber alcanzado valores demasiado altos, y a él se le atribuye la responsabilidad principal del calentamiento global.
Por ello, se está procediendo a la firma, en diferentes conferencias y cumbres climáticas internacionales, de convenios y acuerdos para conseguir la reducción de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Está fuera de toda duda que la actividad humana está contribuyendo al aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera.
Pero, la información disponible muestra que los actuales valores atmosféricos de dióxido de carbono no representan ninguna anomalía en la historia del planeta. Puede conocerse cuál fue el comportamiento relativo del CO2 respecto de la temperatura en épocas pasadas, mediante la información proporcionada por los sondeos realizados en el casquete glaciar de Groenlandia, ya mencionados en la primera parte de este artículo.
Extrayendo y analizando el aire ocluido entre los cristales de hielo, se ha podido obtener una valiosísima información sobre la evolución en la composición de la atmósfera terrestre en tiempos pasados, no sólo del isótopo O18 que nos proporciona una estimación indirecta de la temperatura, sino también de su contenido en dióxido de carbono.

La Figura 1, basada en los datos de Jouzel et al (2007), representa la evolución de ambos parámetros durante los últimos 400.000 años y muestra el enorme paralelismo que existe entre ellos, aumentando y disminuyendo de forma aparentemente simultánea.
La concordancia entre las dos gráficas de la Figura 1 sugiere que existe una estrecha relación entre ellos y por eso, en 2006, Al Gore utilizó una gráfica muy similar en su famoso video sobre el calentamiento global, que llevaba por título Una verdad incómoda. En aquel documental, que ha tenido una enorme influencia en la opinión pública, se afirmaba taxativamente que era el aumento de CO2 el que estaba provocando la elevación de la temperatura, profetizando que el cambio climático causaría millones de muertos.
Sin embargo, estudiando los datos con mayor detalle, la Figura 1 está indicando todo lo contrario, ya que es la temperatura (línea roja) quien tiende a preceder en el tiempo al aumento del CO2.
Esta situación, no es muy evidente por la escala temporal del gráfico en la Figura 1, ya que las dos líneas se superponen en gran parte de su trazado. Sin embargo, es mucho más evidente si realizamos una ampliación, como se puede apreciar con mucha mayor claridad en la Figura 2, correspondiente al periodo comprendido dentro de los últimos 150 000 años.

El desfase entre dióxido de carbono y temperatura resulta aún más evidente con una nueva ampliación, por ejemplo, para el periodo comprendido entre los 235.000 y 245.000 años (Figura 3), donde se aprecia como el pico del valor máximo de la temperatura se alcanza 800 años antes que el máximo de C02.

Esta secuencia puede explicarse por el particular comportamiento que tiene el CO2 disuelto en el agua, cuyo producto de solubilidad disminuye al aumentar la temperatura. Teniendo en cuenta que el agua de los océanos es la principal fuente de emisión de dióxido de carbono, al ir ascendiendo la temperatura de los mares, crecen las emisiones desde el agua hacia la atmósfera, pero siempre con un cierto retardo respecto del aumento de la temperatura, porque la enorme profundidad de algunas zonas, hacen que se necesite mucho tiempo para calentar la enorme masa de agua de todo el planeta.
Desde esta perspectiva, puede afirmarse que realmente sí existe una relación causa – efecto entre el aumento del dióxido de carbono y el calentamiento global, al menos cuando se observa su evolución durante periodos de tiempo muy largos, pero esta relación se produciría en sentido opuesto al postulado por Al Gore. Es decir, que en realidad, como consecuencia de los procesos que controlan la radiación solar que llega al planeta, al calentarse las aguas de los océanos, aumentaría el nivel de CO2 en la atmósfera, y no al revés.
En realidad, como consecuencia de los procesos que controlan la radiación solar que llega al planeta, al calentarse las aguas de los océanos, aumentaría el nivel de CO2 en la atmósfera, y no al revés
Por otra parte, existen informaciones correspondiente a épocas más recientes, atestiguando que cuando se observan estos mismos procesos durante periodos de tiempo más cortos, no existe una relación directa entre la evolución de la temperatura y la variación del contenido atmosférico de dióxido de carbono.
La gráfica de la Figura 4, basada en informaciones proporcionadas por la NASA, muestra como durante el intervalo comprendido entre 1945 y 1975, a pesar de tratarse del momento en que se generalizó el uso del automóvil y se produjo un considerable aumento de las emisiones antrópicas de dióxido de carbono a la atmósfera (línea azul), la temperatura (línea roja), no creció paralelamente, sino que incluso descendió de una manera significativa.

Las figuras anteriores evidencian que las relaciones entre la evolución del dióxido de carbono en la atmósfera y la temperatura, tienen un aspecto muy diferente según el intervalo temporal que se tome en consideración. Durante los últimos 400.000 años (Figura 1) la correlación es perfecta.
Si se selecciona un periodo de 150.000 años, se visualiza más claramente el retardo entre ambos parámetros, que se hace aún más evidente para los 10.000 años de la Figura 3. Y finalmente, en la Figura 4 pueden observarse tendencias opuestas para un periodo de unas tres décadas.
La misma falta de correlación se observa si comparamos la evolución de temperatura y el valor de las emisiones antrópicas de CO2 (no el contenido atmosférico), como se representa en la Figura 5, según datos obtenidos en https://ourworldindata.org. para el intervalo comprendido desde 1850 hasta la actualidad.

En la gráfica, la línea negra representa los valores de las emisiones, la línea roja el promedio de la anomalía térmica global y la línea azul a trazos representa la tendencia general de la evolución térmica. Desde 1970 hasta la actualidad, las emisiones de dióxido de carbono y las anomalías térmicas ascienden con tendencias similares a medida que avanza el tiempo, mientras que en el periodo comprendido entre 1850 y 1970, la temperatura sufre bruscas oscilaciones, completamente independientes del ritmo de las emisiones de CO2.
La disconformidad entre ambas curvas entre 1850 y 1970, indicaría que los cambios de temperatura están controlados por parámetros ajenos al efecto invernadero.
Por otra parte, los datos representados en la Figura 6, basados en observaciones efectuadas en la Antártida por diversas agrupaciones científicas (incluyendo la NASA) entre los años 1890 y 2000, aclaran que es la radiación solar quien controla esas discrepancias.
En el gráfico de la derecha, se observa una estrecha correlación entre la evolución de la temperatura (línea roja) y la radiación solar (línea negra, expresada en watios por metro cuadrado), que a lo largo de toda la gráfica mantienen tendencias prácticamente idénticas.
En cambio, en la gráfica de la izquierda, donde la línea azul corresponde a la variación del CO2 en la atmósfera (expresada en partes por millón), la temperatura y el CO2, se muestran como parámetros independientes en la mayor parte de su trazado.
Teniendo en cuenta que el intervalo temporal representado en la Figura 6 coincide con la mayoría del periodo de la Figura 6, puede afirmarse que la disarmonía observada entre CO2 y temperatura queda plenamente justificada por la evolución de la radiación solar.

Ateniendo a lo que puede observarse en las figuras 4, 5 y 6, debe recordarse que cuando existe una correlación causa – efecto entre dos fenómenos, su interrelación debe verificarse en todo momento y no sólo en determinados intervalos temporales. Existen además otras evidencias que también deben ser tenidas en cuenta para analizar el comportamiento del CO2 en la atmósfera.
La Figura 7, elaborada a partir de datos publicados en https://ourworldindata.org, permite comparar las emisiones antrópicas de CO2 (línea negra) con la evolución de los contenidos de ese mismo gas en la atmósfera (línea roja), medidos anualmente en la estación de Mauna Loa, en el archipiélago de Hawái, durante el intervalo comprendido entre 1960 y la actualidad.

Aunque es evidente la tendencia creciente de ambas gráficas, es llamativo que, durante un periodo de 60 años, el contenido de CO2 en la atmósfera haya ido aumentando a un ritmo prácticamente constante (la línea roja es prácticamente una recta), a razón aproximadamente de 1,6 ppm cada año, sin acusar los aumentos en las emisiones, que han ido creciendo a lo largo de ese mismo intervalo temporal.
Esta falta de respuesta al aumento de las emisiones, indicaría que la variación del contenido de CO2 en la atmósfera sigue un ritmo que no está controlado por las emisiones antrópicas, siguiendo probablemente (entre otros procesos) el dictado del aumento en la temperatura del agua de los océanos, como se ha sugerido anteriormente.
Tampoco deben olvidarse los mecanismos autorreguladores de la propia naturaleza para controlar la composición de la atmósfera, como los procesos de meteorización de los silicatos, que contribuye a la extracción de CO2 de la atmósfera (Arnscheidt & Rhotman, 2022), y muy especialmente el mundo vegetal.
Con frecuencia, suele olvidarse que el aumento de la temperatura del agua del mar implica un crecimiento muy importante del fitoplancton, que tiene una enorme capacidad de actuar como sumidero de CO2, mayor aún que la selva amazónica, lo que permitiría explicar por qué los valores de CO2 en la atmósfera no están acusando el aumento de las emisiones.
La discutible Estadística
A pesar de los datos y evidencias mencionados, se suele transmitir a la opinión pública, que las emisiones antrópicas de dióxido de carbono son las responsables directas y exclusivas del calentamiento global, con el apoyo de abundantes datos estadísticos. Durante las últimas décadas, la estadística se ha ganado el dudoso prestigio de ser una ciencia donde los resultados pueden ser elásticamente estirados y adaptados, a pesar del rigor matemático de sus cálculos.
Con sentido del humor, suele decirse que existen tres tipos de verdades: las verdades en sentido estricto, las verdades a medias y las verdades estadísticas. Los usuarios de esta disciplina (de alguna manera, todos lo somos y sufrimos las consecuencias de sus veredictos), conocemos bien su indudable utilidad, pero también los peligros potenciales que encierra si no se utiliza correctamente.
Para caricaturizar los procedimientos poco ortodoxos, aquellos que tratan de forzar los resultados de una investigación hacia conclusiones preconcebidas, es bien conocida la Constante de Skinner, que puede definirse como el número, entero o fraccionario, real o imaginario, que sumado, restado, dividido o multiplicado por el valor obtenido, proporciona el resultado que se deseaba obtener.
Esta capacidad potencial para la manipulación, por las posibilidades que ofrece tanto para la presentación sesgada de los datos como para su interpretación, ha sido considerada una cuestión lo suficientemente seria como para que un señor llamado Darrell Huff, se tomase el trabajo de publicar un libro titulado Cómo mentir con estadísticas (2015), que se convirtió en el manual sobre esta ciencia más vendido en la segunda mitad del siglo XX.
La manera más efectiva de dirigir los análisis estadísticos hacia los objetivos deseados, es seleccionar los datos a utilizar para que, sin manipulaciones, se alcancen los resultados esperados. Un claro ejemplo de cómo se pueden obtener conclusiones diametralmente opuestas en función del intervalo temporal seleccionado, lo podemos encontrar en las series estadísticas del cambio climático.
La Figura 8, basada en Pedraza (1996), ya publicada en la primera parte de este artículo, muestra la evolución estimativa de la temperatura media del planeta a lo largo del tiempo. En la gráfica, la línea negra horizontal representa la temperatura actual y la línea en zigzag la variación de la temperatura a lo largo del tiempo, evidenciando que durante los últimos 2.800 millones de años, la temperatura de la Tierra ha sufrido variaciones constantes, alcanzando valores mucho más extremos, más fríos y más cálidos, que los actuales.

Observando la posición de la línea negra horizontal, es evidente que en el momento actual nos encontramos en una situación intermedia, lejos de los periodos muchísimo más fríos o muchísimo más cálidos que ha experimentado el planeta en épocas pasada. Incluso, si centramos nuestra atención en el tramo más reciente de la gráfica, el extremo derecho de la línea en zigzag, se aprecia que la línea es descendente, hacia el enfriamiento, a pesar del innegable calentamiento que está sufriendo el planeta en el momento actual.
Esta aparente contradicción, se debe simplemente a la escala de observación, ya que esa es realmente la tendencia que se observa cuando se contempla la evolución térmica de la Tierra con la perspectiva de miles de millones de años.

En la Figura 9, donde se ha realizado una ampliación del tramo final de la figura anterior, correspondiente a los últimos 65 millones de años, la evolución de la temperatura muestra un acusado perfil en diente de sierra, una alternancia de alrededor de 400 máximos y mínimos, correspondientes a los ciclos de Milankovitch ya mencionados en la primera parte de este artículo.
A pesar de los vaivenes y oscilaciones registradas, la tendencia general coincide con la gráfica anterior, es decir, que a largo plazo, la tendencia actual es hacia el enfriamiento. Si continuamos haciendo ampliaciones y centramos ahora nuestra atención en lo ocurrido durante los últimos 400.000 años, en la Figura 10 se aprecian con mayor detalle las últimas oscilaciones térmicas experimentadas por el planeta, donde la línea azul discontínua, representa la tendencia general.


Dicha gráfica, denominada coloquialmente como el palo de hockey (su largo tramo rectilíneo, con un una brusca elevación final, casi en ángulo recto, recuerda a la forma de esa herramienta deportiva), ha sido elaborada integrando medidas termométricas con estimaciones de temperatura a partir de datos con orígenes diversos como anillos de crecimientos de árboles, corales e isótopos de oxígeno en sondeos de hielo.
Debe recordarse que no hay medidas obtenidas mediante termómetros antes del siglo XIX y para corregir la heterogeneidad de los datos (es decir, hacer corresponder por ejemplo las características el anillo de crecimiento de un árbol con una determinada temperatura), se han aplicado técnicas estadísticas. Y, precisamente, sobre los métodos estadísticos aplicados cayeron graves críticas.
La publicación de la primera versión del palo de hockey a finales del siglo XX, proclamando que el planeta está experimentando un calentamiento drástico y sin precedentes, causó un gran revuelo y una enorme alarma social. El sobresalto provocado es totalmente comprensible, ya que el tramo corto del palo de hockey, ese brusco cambio de tendencia, coincide con el inicio de la época industrial, lo que permitía establecer una clara correlación entre la actividad humana y el calentamiento global, obviando que la evolución térmica de los dos últimos milenios no puede considerarse anómala en el conjunto de la historia del planeta.
Investigaciones posteriores indicaron que dicha gráfica fue elaborada aplicando metodologías inadecuadas, atribuyendo mayor peso en la ponderación a determinados parámetros para dirigir los cálculos hacia los resultados que se deseaba obtener, tal y como pusieron de manifiesto Mcintyre y Mckitrick (2005).
Por si esto no fuera suficiente, en 2009, un pirata informático filtró a la prensa una serie de correos electrónicos entre miembros del IPCC que dejaban en evidencia la manipulación de datos, la destrucción de pruebas y la realización de fuertes presiones para acallar a los científicos escépticos, el denominado Climagate al que ya se ha hecho referencia en la primera parte de este artículo. Existen además otros criterios que introducen serias dudas sobre la representatividad de la Figura 11.
Las informaciones obtenidas mediante sondeos en el hielo de Groenlandia, indican la existencia de un periodo muy cálido (con temperaturas muy similares a las actuales) al principio del último milenio, seguido de un periodo muy frío iniciado al principio de la Edad Moderna. Dichos datos son perfectamente coherentes con informaciones históricas (ver Figura 12, extraída de Gomez Ortíz, 2006).
Las cálidas temperaturas durante los primeros años del milenio, el Óptimo Medieval, permitieron a los vikingos colonizar un extenso territorio, en buena parte libre de hielo, que fue bautizado como Greenland, es decir, país verde, la actual Groenlandia. Su presencia allí está certificada por restos arqueológicos y también documentación conservada en los archivos vaticanos. Pero sólo aguantaron allí unos pocos siglos, cuando comenzaron a descender las temperaturas y la agricultura resultó imposible, se vieron obligados a abandonar aquel territorio.
Durante el periodo frío que siguió, la Pequeña Edad de Hielo, son abundantes las informaciones sobre temperaturas extremadamente bajas que llegaron a congelar el río Támesis en Londres e incluso los canales de Holanda y Venecia. No deja de ser llamativo que oscilaciones térmicas tan significativas pasen totalmente desapercibidas en el palo de hockey de la Figura 11.

Teniendo en cuenta estos datos, no parece descabellado afirmar que la Figura 11 no refleja fidedignamente todos los conocimientos actuales sobre la evolución climática del planeta, ya que con la información correspondiente a tan sólo dos milenios, no se puedan obtener conclusiones representativas de lo que realmente está ocurriendo. Entonces, cabe preguntarse: ¿Por qué el trabajo del IPCC se ha centrado tan sólo en un intervalo de tiempo tan breve? ¿Por qué en la Figura 11 se hace referencia a periodos de 2.000 y de 100.000 años, ignorando toda la historia anterior, registrada en las figuras 8, 9 y 10?
Se podría obtener una visión más completa, objetiva y equilibrada del problema, si la visión se ampliase y se tomase en consideración el conjunto de la historia de la evolución climática del planeta. Pero es evidente que si comparásemos el ciclo de calentamiento actual con los experimentados por el planeta en etapas anteriores de su historia, las responsabilidades de la Humanidad en el cambio climático, quedarían diluidas.
Imágenes fraudulentas sobre el Calentamiento Global

Para validar las estadísticas que se publican, los medios de comunicación difunden con frecuencia imágenes impactantes sobre las consecuencias detectables del calentamiento global. Es innegable que la temperatura media del planeta está aumentando, hay evidencias de sobra que apoyan esa realidad y el hielo de los glaciares está retrocediendo. Es también irrebatible que hay regiones de la Tierra que están sometidas a un proceso de desertización. Pero no es menos cierto que, con frecuencia, las imágenes que acompañan a las noticias sobre estos fenómenos y que proporcionan los medios de comunicación, están muy lejos de ser representativas de lo que está ocurriendo en realidad.
Es evidente que el retroceso del hielo en los polos lleva asociado un aumento de aridez en algunos lugares, pero la desertización no debe vincularse tan sólo con un aumento de temperatura, si no con un descenso de humedad y de precipitaciones, que no siempre está relacionado con la elevación térmica ni tampoco con las actividades antrópicas. La desertización del Sahara es muy reciente, se inició hace tan sólo unos pocos miles de años, muchísimo antes del inicio de la era industrial, como parte de la secuencia de calentamiento global que viene experimentando el planeta desde hace miles de años.
Es también evidente que ese proceso está afectando a la climatología de la Europa meridional, como consecuencia del aumento de temperatura, el retroceso de los hielos polares y la disminución de la pluviosidad. Pero esa tendencia no implica que se esté produciendo una desertización generalizada del planeta, como en muchas ocasiones, de manera explícita o implícita, se nos transmite.
La aparición de una zona desértica depende de complejos factores meteorológicos, de las barreras montañosas y de las complicadas leyes que gobiernan las corrientes marinas y los vientos dominantes. Por lo tanto, no se trata de una simple zonación Norte – Sur, no se trata simplemente de que las zonas áridas están avanzando hacia los polos.


Tampoco suele ser muy correcta ni completa la información que se difunde sobre los lagos que están actualmente en proceso de desecación, y a los cuales se hace mención con frecuencia. El de mayores dimensiones y el más conocido de todos es el mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, que actualmente tan sólo conserva un 5% de su extensión original.
Aunque la razón primordial de su pérdida de agua no ha sido la desertización ni el calentamiento global, sino la actividad humana, ya que durante buena parte del siglo XX, los dos ríos principales que le habían nutrido de agua durante miles de años, el Amu Darya y el Syr Darya, fueron desviados y canalizados hacia zonas agrícolas para favorecer cultivos intensivos.
Esta modificación de la red hidrográfica dio lugar a que el lago perdiese el 80 % del caudal que le alimentaba, tal y como se puede apreciar en la secuencia de imágenes de la Figura 15, obtenidas por el espectro – radiómetro MODIS del Earth Observatory de la NASA. Además, como consecuencia, sus aguas han aumentado drásticamente el contenido en sales y contaminantes, aunque sin olvidar (tampoco suele mencionarse) que se trataba originalmente de un lago de agua salada.

¿Está el Planeta en peligro?
Así pues, gran parte de las informaciones climáticas que se difunden en los medios de comunicación, no son representativas del conjunto de conocimientos que actualmente disponemos sobre la evolución climática. Esa tendencia informativa, iniciada hace décadas, se ha reforzado últimamente subiendo peldaños en el nivel de alarma y en el lenguaje utilizado.
Del cambio climático se ha pasado a la emergencia climática, y en la reciente cumbre de Egipto en 2022, se ha llegado a mencionar el riesgo de un genocidio climático, introduciendo la idea de que el planeta está en peligro
Del cambio climático se ha pasado a la emergencia climática, y en la reciente cumbre de Egipto en 2022, se ha llegado a mencionar el riesgo de un genocidio climático, introduciendo la idea de que el planeta está en peligro. Sin embargo, el registro geológico de lo ocurrido en las etapas durante las cuales la Tierra se recalentó hasta alcanzar temperaturas muy superiores a las de ahora, no sustenta esas alarmas. Durante esas etapas no ocurrió ninguna catástrofe, y la evolución continuó con el ritmo impuesto por los ciclos naturales.
Es conveniente recordar aquí que los pronósticos sobre la evolución climática están basados en modelos estadísticos de proyección hacia el futuro, simulaciones obtenidas por ordenador basadas en cálculos estadísticos, aunque con frecuencia son presentados como si se tratase de hechos probados y contrastados. En este contexto muy interesante la gráfica elaborada por el Profesor John Christy, físico atmosférico de la Universidad de Alabama (Figura 16).

La Figura 16 establece la comparación entre las temperaturas reales medidas y las predicciones realizadas por modelos estadísticos, durante el periodo comprendido entre 1975 y 2015. El valor “cero” en el eje de ordenadas representa el dato de referencia para contabilizar las variaciones de temperatura. La línea señalada por cuadrados azules corresponde al promedio de observaciones realizadas mediante satélites, la línea de círculos verdes al promedio de medidas obtenidas mediante globos sonda meteorológicos y la línea de rombos rosados al promedio de todos estos datos homogeneizados y reanalizados.
Por otro lado, la línea roja representa el promedio de las predicciones obtenidas a partir de más de un centenar de modelos informatizados de predicción climática, entre ellos, los utilizados por el I.P.C.C. en sus previsiones. La tozuda realidad indica, a partir de las medidas realizadas, que durante los últimos 40 años (1975 a 2015) la temperatura ha aumentado tan sólo 0,3ºC.
No debe olvidarse que todos estos modelos están basados en datos correspondientes a un intervalo temporal cortísimo, ignorando los ciclos planetarios y cósmicos. Desde el punto de vista geológico, que contempla la historia de nuestro planeta con la perspectiva de miles de millones de años, no es concebible que se intente analizar la situación climática actual utilizando tan sólo datos de unos pocos siglos, por muy precisos que estos sean.
Si se pretende analizar el clima actual teniendo en cuenta sólo los dos últimos milenios, es como si un periodista intentase evaluar y analizar la situación actual de la Humanidad, considerando tan sólo las noticias de la prensa publicadas durante los últimos cinco meses, sin tener en cuenta nada de lo ocurrido anteriormente desde que se inició la Historia, hace unos 6000 años.
Esta comparación puede parecer exagerada, pero los modelos de predicción climática, respecto de los 3.500 millones de años de historia de la atmósfera del planeta, están considerando los datos de un periodo que representa tan sólo el 0,00007 % del total.
Por otra parte, observando la cronología de en las gráficas de la Figura 16, no deja de ser significativo que los modelos de evolución climática sean más o menos concordantes con las observaciones realizadas durante las dos últimas décadas del siglo XX y que la divergencia se inicie alrededor de la fecha de creación del IPCC, donde los pronósticos tienden sistemáticamente a exagerar el calentamiento. Como se puede apreciar en la gráfica, ninguna de estas predicciones se ha cumplido hasta la fecha.
Pero incluso aceptando que estos vaticinios fuesen ciertos, ¿representa ese aumento de temperatura un problema real para el planeta? Si queremos saber qué es lo que realmente puede ocurrir cuando aumente la temperatura, deberíamos prestar atención a lo que sabemos, a lo que conocemos que ya ocurrió en el pasado.
El último informe del IPCC advierte que, si las emisiones continúan produciéndose al mismo ritmo que hasta ahora, el calentamiento medio llegaría a finales de siglo a los 4,4 grados por encima de las temperaturas preindustriales, lo que tendría unas consecuencias desastrosas. Hace ahora entre 20 y 60 millones de años, durante uno de los periodos más cálidos de la historia de la Tierra, las temperaturas alcanzaron valores de seis grados por encima de la temperatura preindustrial.

La Figura 17, basada en las investigaciones de Jaramillo et al. (2006), permite comparar la evolución de la temperatura y la biodiversidad durante ese mismo periodo. En dicha figura, la línea fina de color gris representa la evolución de la temperatura media del planeta, con su característico perfil en diente de sierra, mientras, que la línea roja gruesa expresa la tendencia general de dichas oscilaciones.
En la gráfica inferior, la línea en color azul representa el número de especies vegetales nuevas que van surgiendo, tal y como atestigua el estudio de las esporas fósiles que van apareciendo en los sucesivos estratos. La correlación entre ambas gráficas evidencia que, a lo largo del tiempo, existe un estrecho paralelismo entre la diversidad vegetal (aparición de nuevas especies) y la temperatura del planeta, aumentando ambas conjuntamente.
Por lo tanto, la similitud y el paralelismo de las tendencias en las curvas roja y azul, sugieren que el aumento de temperatura no representa ningún obstáculo para el desarrollo de la vida, sino más bien todo lo contrario. Lógicamente, esa evolución no se restringe al mundo vegetal.
El aumento de temperatura favoreció el desarrollo de frondosos bosques tropicales, cuyos restos dejaron extensos yacimientos de carbón, como los que se están explotando actualmente en la zona de La Guajira, a ambos lados de la frontera entre Venezuela y Colombia. Dicho hábitat representó un terreno muy favorable para el desarrollo del mundo animal, como lo demuestran los espectaculares restos fósiles, reptiles de gran tamaño, cuya presencia demuestra que la vegetación tropical no desaparece como consecuencia del calentamiento, ni se produce una desertización al aumentar la temperatura media del planeta.
Así pues, los datos geológicos indican que un aumento de seis grados en la temperatura del planeta, en lugar de una emergencia climática, representa una eclosión de vida, un aumento de la biodiversidad, ya que el calentamiento parece potenciar la evolución y facilitar la aparición de nuevas especies, cada vez más adaptadas al medio.
Por otra parte, también suele olvidarse que, si observamos la evolución térmica del planeta en su conjunto, la aparición del Hombre sobre la Tierra coincidió con un periodo relativamente frío. Con anterioridad al cuaternario, predominaron durante mucho tiempo los climas cálidos, la glaciación precedente al periodo actual tuvo lugar hace unos 25 millones de años y fue unipolar, con un sólo polo cubierto de hielo, localizado en el hemisferio Sur.
Para encontrar una situación comparable a la actual, con dos polos cubiertos por hielo, debemos remontarnos al final del Paleozoico, hace más de 260 Ma. Debemos tener en cuenta que, aquello que desde nuestra perspectiva representa la normalidad (así nos lo parece porque es lo que ha existido desde los albores del ser humano sobre la Tierra), las épocas glaciares similares a la actual han sido realmente una rareza, abarcando poco más del 10% del total de la historia de la Tierra. Algo similar puede decirse del actual contenido atmosférico de CO2, ya que los valores actuales pueden considerarse muy bajos en comparación con los que han existido en tiempos pasados.
La Figura 18 (Berner & Kothavala, 2001) representa la evolución del contenido del CO2 en la atmósfera desde el inicio del Paleozoico (hace aproximadamente 550 millones de años), hasta la actualidad. Los valores del eje de ordenadas se corresponden con el factor multiplicativo de la masa de CO2 en la atmósfera respecto de los valores actuales.

Es decir, que durante el Cámbrico, hace unos 520 millones de años, el contenido atmosférico en dióxido de carbono, llegó a ser más de veinticinco veces el actual (unas 10.000 ppm). Por el contrario, el presente contenido de CO2 en la atmósfera (unas 400 ppm) no ha tenido equivalente en ningún momento de la historia geológica del planeta, salvo en el período comprendido entre los 350 y los 250 millones de años antes del presente, durante los períodos Carbonífero y Pérmico.
A la luz de estos datos, es difícil defender que las concentraciones actuales de CO2 sean peligrosas para la salud del planeta y la vida sobre la Tierra.
A la luz de estos datos, es difícil defender que las concentraciones actuales de CO2 sean peligrosas para la salud del planeta y la vida sobre la Tierra.

El imparable ascenso del nivel del mar y la fiabilidad de los modelos estadísticos de proyección climática
Uno de los temores que más ha calado en la población es el miedo a que el mar invada la tierra firme, lo cual no es de extrañar si se tienen en cuenta las apocalípticas informaciones que se difunden al respecto, profetizando un Mediterráneo sin playas. En 2001, el IPCC anunció que el nivel medio mundial del mar se elevaría 0,14 metros entre 1990–2025, a un ritmo de 4 milímetros al año, pero que ese ritmo se aceleraría hasta los 5,3 milímetros al año, si se consideraba un ciclo más largo, entre 1990 y 2050.
En 2021 el IPCC ha actualizado sus previsiones, acelerando el ascenso a 5,5 milímetros al año hasta 2100. Pero no todo el mundo coincide con estas previsiones, y hay otros datos que registran una velocidad de elevación sensiblemente menor. Así por ejemplo, el informe CLIVAR (Vargas-Yáñez et al. 2010), basado en medidas de mareógrafos en las costas españolas del Atlántico, indica aumentos sostenidos del orden de 2 mm/año en la segunda mitad del siglo XX.
Es absolutamente lógico que informaciones de este tipo alarmen y preocupen a la población, sobre todo si no están integradas en el contexto sobre la historia de las variaciones del nivel del mar, lo que permitiría disponer de una visión equilibrada y menos catastrófica del fenómeno que hoy estamos presenciando.
En la Figura 19, la línea azul en la mitad inferior, representa las variaciones del nivel medio del mar registradas durante los últimos 400.000 años, de acuerdo con los datos publicados por Hansen et al. (2001). En la gráfica, el valor “cero” y la línea negra discontinua horizontal corresponden al nivel actual del mar.
En la misma figura, la línea roja en la mitad superior, muestra la variación de la temperatura media del planeta durante el mismo periodo, obtenida a partir de los valores del isótopo de oxígeno O18 en los sondeos del hielo glaciar de Groenlandia.

La comparación entre ambas gráficas pone de manifiesto que existe un estrecho paralelismo entre la evolución de la temperatura y la variación del nivel del mar. Dicha correlación es totalmente lógica y fácilmente comprensible, si tenemos en cuenta que la causa primordial del ascenso del nivel del mar está relacionada con la fusión de los hielos glaciares.
Al calentarse el planeta, los hielos se funden y el agua procedente de esa fusión hace que la línea de costa avance tierra adentro. Además, al aumentar la temperatura del agua, ésta sufre una dilatación, aumentando su volumen, contribuyendo también a la elevación del nivel del mar. Por el contrario, al enfriarse el planeta, ocurren los procesos opuestos.
El registro de la evolución de la temperatura del planeta, muestra que tan sólo durante los últimos 60 millones de años (ver Figura 10), han existido cientos de ciclos de calentamiento y enfriamiento, similares a los reflejados en la Figura 19, y cada uno de ellos estuvo asociado al correspondiente ascenso y descenso del nivel del mar. Así pues, la lenta elevación de las aguas que la humanidad está observando hoy, no representa una situación excepcional creada por el hombre, sino tan sólo uno más de los ciclos naturales que vienen sucediéndose desde hace millones de años. En otras palabras, que el nivel del mar nunca ha estado estable, ni puede estarlo.
Si centramos nuestra atención en la parte más reciente de la Figura 19, comprobaremos que el momento más frío del último ciclo (máximo glaciar) tuvo lugar hace 20.000 años. Los datos geológicos indican que, en ese momento, el nivel de las aguas estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces ha estado elevándose de forma incesante.
Existen muchos lugares donde las variaciones del nivel del mar han dejado huellas muy evidentes en las costas, como por ejemplo la gruta de Cosquer en Francia, con magníficas pinturas rupestres, cuya entrada se encuentra hoy a 36 metros de profundidad bajo las aguas del Mediterráneo (ver Figuras 20 y 21).

También se podrían citar los muelles del puerto antiguo de Alejandría, hoy sumergidos, pero quizás el ejemplo más ilustrativo se encuentre en el Banco de Dogger, que con una extensión 17.000 Km2, representa la porción más elevada de un enorme territorio antiguamente emergido, Doggerland y que actualmente está situado bajo las aguas, a una profundidad de unos 16 metros, entre Gran Bretaña y Dinamarca (Coles, 1998).

En la Figura 22 se muestra la disposición de las tierras emergidas en el entorno de lo que hoy es el Mar del Norte, durante los últimos 16.000 años. Se trata de un extenso dominio que representó en su mayor parte tierra firme, hasta que el progresivo aumento del nivel del agua durante la actual época interglaciar, produjo la inmersión de Doggerland, y la separación de las Islas Británicas respecto del continente.
Existen evidencias de que hace unos 6.500 años, el Estrecho de Calais aún estaba en seco y el Banco de Dogger estaba todavía emergido, y representaba un hábitat adecuado para los asentamientos humanos, probablemente similar a las condiciones actuales de la tundra, como lo demuestran los abundantes restos fósiles (principalmente huesos y dientes de mamuts) y herramientas prehistóricas que han encontrado los pescadores atrapados en sus redes de arrastre, como se muestra en la fotografía de la Figura 23.

Aunque el ascenso del nivel del mar durante los últimos miles de años no ha tenido lugar a un ritmo uniforme, ya que del mismo modo que ocurre con la temperatura, se producen pequeñas oscilaciones y cambios de tendencia, un sencillo calculo, dividiendo el aumento de cota (120 metros) por el tiempo transcurrido (20.000 años), permite obtener un valor promedio de 6 milímetros al año.
Es decir, que la elevación del nivel del mar durante los últimos 20 milenios, como promedio, se ha producido a un ritmo más rápido que los 5,5 mm/año preconizados por el IPCC como dramática consecuencia del calentamiento global generado por las actividades humanas. Entonces, ¿por qué considerar anómalo y catastrófico un ritmo de ascenso que encaja perfectamente dentro de los ritmos establecidos y mantenidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
Este dato, además, permite introducir nuevas dudas sobre la fiabilidad de los modelos estadísticos sobre cambio climático. Si consideramos que el ascenso del nivel del mar se debe a la fusión de los hielos glaciares, si dicha fusión está motivada por el aumento de temperatura del planeta, y si el ritmo de elevación del nivel marino que está midiéndose actualmente es inferior a los registrados durante los últimos 20.000 años, ¿por qué se afirma que el calentamiento que está experimentando la Tierra es anómalo y está generado por las actividades antrópicas?
¿Dónde está la correlación entre el aumento de emisiones de dióxido de carbono y la aceleración en el ascenso del nivel de las aguas? Si realmente estuviese sucediendo un calentamiento extraordinario y fuera del rango de los ritmos naturales, ¿no debería verse reflejado en un aumento anómalo de la elevación del nivel del mar?
A pesar de estas evidencias, el IPCC ha aclarado que su previsión de aumento del nivel del mar a una velocidad de 5,5 mm al año, es sólo una especie de mal menor, el mínimo exigible que sólo se podrá alcanzar si la humanidad cumple los acuerdos suscritos en la Cumbre del Clima celebrada hace unos años en París. En caso contrario, la velocidad de elevación podría triplicarse hasta el año 2100, llegando a los 16,5 mm al año. O incluso aún más (20 milímetros hasta el año 2300), si el planeta se sigue calentando y se produce el deshielo total de los polos.
Es verdaderamente difícil encontrar justificación a una aceleración tan brusca cuando, después de casi dos siglos de actividad industrial, el nivel del mar está ahora ascendiendo a velocidades inferiores al promedio de las registradas durante los últimos milenios.

Conclusiones
Hay indicios suficientes para pensar que la estrategia de lucha contra el cambio climático que se están proponiendo no apunta en el camino correcto. Se está procediendo como si la correlación entre emisiones antrópicas de CO2 y calentamiento global fuese una verdad absoluta, demostrada e irrebatible, como si detener el cambio climático estuviese en nuestras manos y dependiese sólo de nosotros.
Se hace necesaria una seria reflexión sobre la aplicabilidad y consecuencias de las medidas adoptadas, que debe incluir también un análisis económico de la relación entre costes y beneficios de los enormes sacrificios y de las inversiones astronómicas que suponen, cuyos impactos climáticos pueden ser insignificantes.
En este contexto, cabe recordar la información hecha pública recientemente por la Organización Meteorológica Mundial y Copernicus (noviembre de 2022), indicando que las temperaturas en Europa han aumentado más del doble de la media mundial en los últimos 30 años, a pesar de que las emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido en el territorio europeo un 31% entre 1990 y 2020.
Además, la ofensiva que se está desarrollando contra los gases invernadero está dejando de lado otras tareas urgentes, a las que no se les está prestando la atención que merecen. Es absolutamente evidente que la actividad antrópica está afectando la salud ambiental del planeta. Se están talando selvas, se está vertiendo a lagos, ríos y mares productos tóxicos, los plásticos están invadiendo los océanos, se está abusando de herbicidas y pesticidas, se está permitiendo la obsolescencia programada de electrodomésticos para aumentar artificialmente la demanda y la producción, etc.
Pero toda la atención está focalizada de forma prácticamente exclusiva sobre el cambio climático y las emisiones de CO2. Mientras que la reversión del calentamiento global y del ascenso del nivel del mar es utópica (la temperatura del planeta seguirá cambiando, hagamos lo que hagamos, atendiendo al ritmo de los ciclos planetarios, solares y cósmicos que llevan en funcionamiento desde hace millones de años), el freno a la contaminación depende exclusivamente de nosotros, y bastaría poner en marcha las medidas necesarias, con esos mismos esfuerzos que se están dilapidando en la lucha contra el cambio climático.
Por otra parte, los modelos climáticos están ofreciendo predicciones exageradas y alejadas de la realidad, dificultando la puesta en práctica de estrategias de actuación eficientes para corregir, mitigar y prevenir los efectos del previsible aumento de temperatura y de la elevación del nivel del mar que continuará a lo largo de los próximos decenios. Nuestros antepasados cromañones que habitaban en Doggerland o decoraban las paredes de la cueva de Cosquer, ignoraban que con el paso del tiempo su entorno se vería cubierto por la aguas.
Pero nosotros sí lo sabemos, y nuestra actitud hacia el cambio climático y el ascenso del nivel del mar, debiera ser similar a la que tenemos hacia procesos naturales como los terremotos o las erupciones volcánicas. Es decir, fenómenos sobre los que en cierto modo podemos predecir su nivel de riesgo, y aunque no sabemos exactamente cuándo se producirán, sí podemos tomar las medidas preventivas adecuadas para cuando hagan acto de presencia.
Es decir, que nuestros esfuerzos debieran encaminarse hacia la adaptación de nuestro hábitat a los cambios que se avecinan, como han hecho, por ejemplo, los holandeses para defender su terreno frente a la invasión del mar. Y también, con visión realista a medio y largo plazo, planificar adecuadamente el uso del suelo, especialmente en la proximidad de la línea de costa.
Con la misma mentalidad con la que preparamos nuestra casa o nuestras ropas cuando vemos que se acerca el verano, sabiendo que no podemos hacer nada por evitar su llegada. Sin pausa, con visión de futuro, pero también sin las prisas con que nos azuzan unos modelos climáticos basados en premisas insuficientes.

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Agradecimientos
El texto del presente trabajo ha sido extraído y refundido a partir de una serie de artículos sobre cambio climático y calentamiento global publicados entre 2021 y 2022 en la revista digital www.Entrevisttas.com. Mi agradecimiento a Carmen Nikol, promotora y directora de la misma, por su apoyo para la edición de las publicaciones mencionadas y también por las facilidades prestadas para la publicación del presente artículo.
También, mi más sincero agradecimiento para mis colegas (y sin embargo amigos) Miguel Arbizu Senosiáin, Fernado Bastida Ibáñez y Jose Antonio Sáenz de Santa María Benedet por sus aportaciones y sus comentarios constructivos para mejorar la claridad y el contenido de este artículo.

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La geología versus el dogma climático (2ª parte): realidades, mitos y leyendas sobre el efecto invernadero
Por Enrique Ortega Gironés
Continuación de: La geología versus al cambio climático (1ª parte): buscando respuestas a preguntas esenciales, publicado por el Colegio de Geólogos.

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LA GEOLOGÍA VS. EL DOGMA CLIMÁTICO. EPÍLOGO
Como muchos de los lectores habituales de Entrevisttas conocen, el pasado 30 de Noviembre apareció en Tierra y Tecnología, la revista del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España, la primera parte del artículo titulado La Geología versus el Dogma Climático, cuyo contenido aporta datos y opiniones contrarias al origen antrópico del calentamiento global. Es necesario mencionar aquí, para poner la situación en contexto, que el artículo le fue solicitado al autor por el Colegio de Geólogos, y que fue dividido en dos partes, a petición del propio Colegio, para no exceder la longitud habitual.
Su publicación provocó la inmediata reacción de un grupo de 130 investigadores, que suscribieron una declaración calificando al artículo como carente de fundamentos científicos, afirmando que utilizaba la Geología como herramienta para alimentar un decadente negacionismo a la responsabilidad humana en el actual cambio climático, y añadiendo que su publicación podría considerarse como un acto de irresponsabilidad profesional al realizarse desde un cuerpo colegiado.
A lo largo del pasado mes de Diciembre, la prensa se hizo eco de dicha declaración con llamativos titulares, como por ejemplo Un artículo negacionista difundido por el Colegio de Geólogos escandaliza a la comunidad científica (La Vanguardia, 13 de Diciembre), o Geólogos salmantinos estallan contra su Colegio por una artículo negacionista (La Gaceta de Salamanca, 20 de Diciembre).
La avalancha de críticas hizo que el Colegio de Geólogos publicase en su página web un Comunicado Oficial, donde aclaraba que (como no puede ser de otra manera) el contenido del artículo representa única y exclusivamente la opinión del autor, aunque sin manifestarse sobre la publicación de la segunda parte del artículo y expresando su pesar por la confusión generada.
Ante esta situación, otro colectivo integrado por 193 geólogos y otros profesionales con dilatada trayectoria profesional, suscribieron una carta dirigida al Colegio de Geólogos, manifestando su conformidad con el contenido de La Geología versus el Dogma Climático, afirmando que el artículo estaba escrito con rigor, razonadamente y suscita un sano debate de interés en relación con el tema del Cambio Climático. Por ello, se requería al Colegio la publicación de la segunda parte, ya que su contenido había seguido los cauces de control de calidad, rigor y debate para su difusión en la revista, añadiendo además que la correlación entre el cambio climático y las actividades antrópicas no cuenta con el consenso de toda la comunidad científica.
La correlación entre el cambio climático y las actividades antrópicas no cuenta con el consenso de toda la comunidad científica
El pasado 30 de Enero, el Presidente del Colegio de Geólogos respondió a dicha carta, comunicando a quienes la habían suscrito que la Junta de Gobierno nunca tomó la decisión de no publicar la 2ª parte, ya que es el comité editorial de la revista el que toma las decisiones de publicar o no los manuscritos recibidos. En el caso de esta segunda parte del artículo, resulta que ha sido publicada en la página web Entrevisttas, y, según las normas de la revista Tierra y Tecnología, ésta tan solo publica artículos originales, por lo que no podemos publicar este artículo, que, según me indica la editora, el autor retiró antes de que éste siguiera los cauces habituales de edición y por lo tanto no se envió a revisión.
Como se menciona en la respuesta aquí citada textualmente, es correcto que la revista sólo acepte artículos originales, y es lógico que de las publicaciones se ocupe el comité editorial y no la Junta Directiva. Es cierto también que, en la fecha en que fue redactada dicha respuesta, la segunda parte del artículo había aparecido ya en la web de Entrevisttas. Sin embargo, hay otras afirmaciones que no se ajustan a la verdad:
- En primer lugar, no es cierto que el artículo no siguiera los cauces habituales de edición y por lo tanto no se envió a revisión. Las dos partes del artículo ya habían sido revisadas y aceptadas cuando la primera parte fue publicada, ya que ambas fueron remitidas simultáneamente por el autor, y también simultáneamente evaluadas y aceptadas.
- En segundo lugar, el autor nunca retiró de Tierra y Tecnología la segunda parte del artículo, manifestando reiteradamente su interés en que allí fuese publicada. Así se afirma en el email enviado a la revista por el autor el 18 de Diciembre, donde se dice que (cita textual): lo mejor sería publicar la segunda parte del artículo en Tierra y Tecnología, porque indicaría que el Colegio no cede a las presiones.
- En tercer lugar, cuando fue tomada la decisión de cancelar la publicación de la segunda parte del artículo, ésta aún no había aparecido en Entrevisttas. Las reticencias hacia su publicación se debieron al malestar generado por la aparición de los artículos de prensa anteriormente mencionados, como se deduce del texto del email recibido por el autor el mismo 18 de Diciembre, como respuesta a su mensaje anterior, donde (también, cita textual) se le informa de que la revista no se plantea publicar la segunda parte, para no alimentar polémicas que no podemos controlar.
Quedan claros, pues, cuáles fueron los motivos por los que se decidió no publicar el artículo.
Ante esta situación, el autor propuso a Entrevisttas.com su inmediata publicación. La propuesta fue aceptada y el artículo apareció el 22 de Diciembre, es decir, cuatro días después de la notificación de cancelación recibida de Tierra y Tecnología. También es importante reseñar que, incluso después de la aparición de la segunda parte del artículo en Entrevisttas.com, el autor siguió insistiendo para que fuese publicado en Tierra y Tecnología, considerando que la audiencia y la difusión de ambas revistas eran totalmente diferentes y por lo tanto, compatibles.
Además de estas puntualizaciones, habría sido deseable que el Colegio de Geólogos hubiese dado un trato equitativo y equilibrado a los dos escritos que le fueron remitidos. Mientras que la carta enviada por los 130 investigadores, ampliamente difundida por la prensa, fue contestada mediante un comunicado oficial expuesto públicamente en la página web del Colegio, la respuesta a los 193 profesionales que apoyaron el artículo se ha limitado a un mensaje dirigido al primer firmante. Quizás, si esta segunda carta y su respuesta hubiesen tenido una mayor difusión, se habría permitido a los interesados que acceden habitualmente a la web del Colegio, conocer que una parte significativa del colectivo de geólogos y también de otras especialidades, no están de acuerdo con el manifiesto firmado por 130 investigadores.
Mientras que la carta enviada por los 130 investigadores, ampliamente difundida por la prensa, fue contestada mediante un comunicado oficial expuesto públicamente en la página web del Colegio, la respuesta a los 193 profesionales que apoyaron el artículo se ha limitado a un mensaje dirigido al primer firmante
A toro pasado, en el epílogo de los hechos relatados, no tiene sentido lamentarse. La historia ya está escrita y queda registrada de forma poco airosa para el autor del artículo, que ha sido descalificado por ir en contra de un supuesto consenso científico y de las publicaciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de la ONU, poseedores in facto de la verdad única. En uno de los artículos aparecidos en prensa (La Voz de Galicia, 13 de Diciembre de 2022), se dice textualmente que
cuesta creer que en el año 2022 todavía se cuestione que el cambio climático se debe a la actividad humana. El consenso científico en torno al origen antropogénico asciende al 99 %, el mismo que sostiene la Gravitación Universal formulada por el físico inglés Isaac Newton. Rechazar que la temperatura global sube por el aumento de los gases de efecto invernadero sería lo mismo que negar que los objetos caen hacia el suelo debido a una fuerza invisible que se llama Gravedad.
Probablemente, el periodista que redactó esta brillante frase, ignore que la ley de la gravedad, tal y como fue concebida por Newton, fue modificada posteriormente por Einstein. Y que los enunciados de Einstein, de amplio consenso científico, aún están siendo debatidos, ya que no se ajustan bien a los procesos cuánticos.
Viene al caso citar a Jose Pardo Tomás, que en las conclusiones de su libro Ciencia y Censura (La Inquisición Española y los libros científicos en los siglos XVI y XVII) precisa que
las prohibiciones directas de obras científicas fueron una parte menor… La existencia de una censura preventiva por parte del Santo Oficio, plasmada en las prohibiciones totales dirigidas contra los autores condenados determinó un impacto especialmente graves, y supuso mucho más que las prohibiciones directamente dirigidas a las obras científicas… Una parte muy considerable de la literatura científica europea quedó implícitamente prohibida. Más adelante, el autor cita textualmente las palabras de uno de los censores de la Inquisición: es menos inconveniente carecer de algunas curiosidades (no es sola la curiosidad utilidad) que traen algunos de estos libros, que no de ponernos a peligro de que entre el veneno de la fe con paliación de curiosidad.
Sin duda, gracias a la tecnología, los métodos que hoy se utilizan son muy diferente, pero las bases conceptuales permanecen intactas. Así, por ejemplo, la la periodista Angels Barceló, en un programa radiofónico, ha declarado recientemente que los que niegan las evidencias del cambio climático deberían ser excluidos del debate público, ya que no se trata de un intercambio de opiniones ni de diferentes puntos de vista. Ante el cambio climático ya no hay debate, y ante la provocación de los que lo alimentan, la respuesta debería ser la indiferencia… No se puede dar pábulo o altavoz a los que lo niegan. Es imposible ser más claro y más explícito.
Como ya ha mencionado el autor en un artículo anterior (Cambio Climático, Geología y Redes Sociales, Reflexiones Heterodoxas de un Geólogo Suspicaz), no es este el foro adecuado para analizar y discutir las diferentes posiciones y argumentos involucrados en esta controversia científica. Pero sí es imprescindible destacar un detalle importante que no ha sido mencionado, ni ha quedado claro, en ninguno de los documentos que, por una u otra vía, se han hecho públicos. En el controvertido artículo, no se pone en duda que el planeta se está calentando. No se niega, al contrario, que las actividades humanas están causando un deterioro en el medio ambiente del planeta y que es urgente remediarlo. Ni tampoco se discute que las actividades humanas pueden estar contribuyendo a dicho calentamiento.
Las dudas que plantea La Geología versus el Dogma Climático se refieren al porcentaje en que las actividades humanas están contribuyendo a dicho calentamiento, y si éste es o no significativo. Los datos geológicos demuestran de forma incontestable que no es el hombre quien ha originado el calentamiento actual, uno más de una larga serie de los que han ocurrido a lo largo de miles de millones de años, mucho antes de la aparición de la sociedad industrial. Hoy no está ocurriendo nada diferente de lo que ya ha ocurrido muchas veces con anterioridad, y los mecanismos que han controlado la evolución climática, a lo largo de miles de millones de años, siguen activos. Dichos mecanismos, que dependen de la mecánica celeste y de fenómenos siderales cuyo origen está situado a millones de kilómetros de nuestro planeta, no pueden ser detenidos ni revertidos por la mano del hombre. Sin embargo, la información que se transmite sistemáticamente a la sociedad por los medios de comunicación dice que el calentamiento global tiene un origen exclusivamente antrópico y que de nosotros depende frenarlo y revertirlo. Y, toda información divergente de este pensamiento único debe ser silenciada.
Hoy no está ocurriendo nada diferente de lo que ya ha ocurrido muchas veces con anterioridad, y los mecanismos que han controlado la evolución climática, a lo largo de miles de millones de años, siguen activos
Hay que reconocerlo: lo han conseguido. Porque en lugar de que la segunda parte del artículo apareciese en la publicación del órgano oficial de los geólogos de España, su publicación ha quedado limitada a una revista digital, muy digna, independiente y entusiasta, pero de menor alcance. No obstante, las lecturas que se pueden hacer de lo sucedido no son totalmente negativas. Ha quedado constancia de que existe una parte significativa de profesionales que disiente del origen exclusivamente antrópico del cambio climático, aunque sus opiniones estén minimizadas por el férreo control sobre de los medios de comunicación. Y sobre todo, al autor le queda la íntima satisfacción del apoyo recibido por un buen puñado de colegas y profesionales, algunos de ellos viejos conocidos y que estas circunstancias me han permitido volver a contactar con ellos. Y otros, que me eran totalmente desconocidos, gracias a estos avatares, puedo presumir de conocerles ahora. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento, porque su apoyo me permite tener los ánimos suficientes para seguir intentándolo.
La geología vs. el dogma climático. Epílogo.
Por Enrique Ortega Gironés

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LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (SECUELA)
Como los lectores habituales de Entrevisttas.com conocen por publicaciones anteriores, en noviembre de 2022 apareció en TIERRA Y TECNOLOGÍA (T&T), la revista del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos de España, la primera parte de un artículo titulado La geología versus el dogma climático, cuya preparación me había sido requerida por el propio Colegio. En efecto, a la vista del éxito que habían suscitado mis artículos publicados en esta revista digital, el Colegio consideró de interés que se hiciera un resumen de los mismos.
Dada la extensión del artículo, T&T decidió su publicación en dos partes. La publicación de la primera parte, desencadenó la enérgica oposición de un grupo de 130 investigadores que firmaron una declaración, calificando al artículo como carente de fundamentos científicos, solicitando la retirada del mismo y que la segunda parte nunca fuese publicada.
Posteriormente, en sentido opuesto, hubo una reacción a favor del contenido del artículo por parte de otro colectivo, integrado por 193 geólogos y otros profesionales. Estos, suscribieron una carta dirigida al Colegio, manifestando su conformidad con el contenido del mencionado artículo, defendiendo la libertad de expresión científica del autor y requiriendo la publicación de la segunda parte
Finalmente, como fue solicitado por los firmantes del manifiesto, TIERRA Y TECNOLOGÍA se negó a publicar esa segunda parte, aduciendo excusas que no se ajustaban a la realidad. Por ello, se recurrió a este mismo medio, Entrevisttas.com, para publicarla en Enero de 2023.
Recientemente, en Mayo de 2023, ha aparecido en TIERRA Y TECNOLOGÍA un nuevo artículo, titulado Cambio climático natural versus calentamiento antrópico, firmado por José G. Sánchez Cabañero, focalizado en criticar el contenido y rebatir las conclusiones de las dos partes del artículo precedente. En mi opinión, los argumentos y datos utilizados por el Sr. Sánchez Cabañero, no invalidan las conclusiones postuladas en La geología versus el dogma climático ya que, como suele ocurrir con la mayor parte de las hipótesis y modelos sobre cambio climático, están basadas casi exclusivamente en informes del IPCC, cuyos datos abarcan intervalos temporales muy limitados e insuficientes, y cuyo tratamiento estadístico ha sido muy criticado, o incluso acusado de manipulación. En este contexto, y desde mi punto de vista, carece de sentido iniciar aquí un análisis pormenorizado y detallado, punto por punto, de los argumentos utilizados.
Creo que, mejor que iniciar un debate largo y farragoso, es preferible que el propio lector pueda juzgar por sí mismo la validez de las explicaciones, razonamientos, argumentos y datos utilizados, accediendo directamente y sin intermediarios a los textos originales, para que cada cual pueda extraer sus propias conclusiones:
- LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (1ª PARTE).
- La geología versus el dogma climático (2ª parte): realidades, mitos y leyendas sobre el efecto invernadero
- CAMBIO CLIMÁTICO NATURAL VERSUS CALENTAMIENTO ANTRÓPICO.

En cualquier caso, y desde un punto de vista muy general, sí me gustaría recordar y reiterar algunos postulados que están en el fondo de todos mis artículos publicados, individualmente o en compañía de otros autores:
- El fenómeno de calentamiento global que se está produciendo en la Tierra se inició muchísimo antes, miles de años antes, del inicio de las actividades industriales humanas de los últimos 150 años.
- No puede considerarse como demostrado que ese calentamiento sea provocado por la acumulación de gases de efecto invernadero, especialmente el CO2, en la atmósfera, ya que sus respectivas evoluciones no guardan las relaciones causa-efecto que debieran observarse si estuviesen realmente relacionados.
- El hecho de que exista un calentamiento global no implica que el clima terrestre esté evolucionando hacia una situación catastrófica, calificada como emergencia climática. Para ello, sería necesario detectar que actualmente está ocurriendo algo que nunca ha pasado antes, y los datos geológicos indican todo lo contrario.
- En el futuro inmediato, el nivel del mar seguirá subiendo a un ritmo de 2-3 mm/año, hasta que se inicie el próximo ciclo de enfriamiento, tal y como se ha venido registrando a lo largo de los últimos 5.000 años. Esa velocidad, lejos de ser anómala y preocupante, es muy lenta en comparación con los aumentos registrados al final de la última glaciación, que sin contribución humana, llegaron a ser del orden de 10 mm/año.
- Las medidas que se están adoptando para restringir las emisiones de CO2, son estériles para modificar significativamente la evolución de la temperatura media del planeta, controlada por factores y parámetros que escapan al control humano. No debe olvidarse que la contribución antropogénica al contenido del CO2 atmosférico es menor del 3-4% del total, y que la capacidad de absorción de ese pequeño porcentaje, está saturada casi al 100%. Es decir, que su contribución al efecto invernadero sería tan insignificante, como volver a pintar de negro una placa negra que ya absorbe la luz al 100%.
- Es imposible reclamar o pretender alcanzar una temperatura media global de 14ºC, o un nivel del mar estable en su posición actual, porque es algo que no ha existido nunca, ni podrá existir, ya que la evolución climática forma parte de la naturaleza de nuestro Planeta. Hemos de mirar la Tierra como un ente dinámico y aceptar que (así lo demuestra la historia geológica), lo que está ocurriendo actualmente con el clima, forma parte de la más estricta normalidad. Y, del mismo modo que hicieron nuestros ancestros desde la aparición del Homo sapiens, hemos de aprender a adaptarnos a esos cambios.
Hemos de mirar la Tierra como un ente dinámico y aceptar que (así lo demuestra la historia geológica) lo que está ocurriendo actualmente con el clima forma parte de la más estricta normalidad. Y, del mismo modo que hicieron nuestros ancestros desde la aparición del Homo sapiens, hemos de aprender a adaptarnos a esos cambios.
Por último, creo que no es científicamente válido recurrir constantemente como argumento a la abrumadora unanimidad del consenso que, además de no ser tan aplastante como se suele decir, carece en sí mismo de valor demostrativo y no es en ningún caso garantía de validez científica. Por ello, y atendiendo también a las formas y al lenguaje utilizado en Cambio climático natural versus calentamiento antrópico, viene muy al caso recordar una vez más las palabras de Pascal Richet, ya mencionadas en la primera parte del artículo:
la noción de consenso no es pertinente aquí, porque la historia de la ciencia no es más que un largo paseo por el cementerio donde descansan en paz las ideas aceptadas sin discusión durante mucho tiempo. Más bien, sirve de justificación para desterrar del debate cualquier idea heterodoxa que cuestione el dogma. Como ha experimentado el autor de estas líneas, el rasgo más inquietante del debate sobre el clima es el deseo de descalificar de entrada al adversario arrastrándolo a otros campos no relacionados con el problema, en lugar de ofrecerle comentarios críticos a los que podría responder científicamente. Sorprendentemente, el libre debate en que se ha basado el progreso científico en la Historia ha sido sustituido por acciones propias del totalitarismo como la difamación, el intento de silenciamiento y la persecución del disidente bajo amenaza de ostracismo. Quizá Aristóteles, con su lógica, pensaría que esta violencia y esta imposición son en sí mismas un indicio de en qué lado del debate se encuentra la verdad.
Hay un aspecto, no obstante, en el que me gustaría darle la razón al Sr. Sánchez Cabañero, ya que muy acertadamente, puntualiza que en el contenido de mi artículo se hurta el análisis de las implicaciones éticas que se derivan del carácter social de este asunto que, de forma necesaria, es su trasfondo. Siempre he creído que la Ciencia debe centrarse en comprender e interpretar el comportamiento de la naturaleza, y que las consecuencias éticas, sociales o políticas que se deriven de los fenómenos naturales no deben interferir en su interpretación, aún el caso de que las conclusiones alcanzadas no sean políticamente correctas.
Siempre he creído que la Ciencia debe centrarse en comprender e interpretar el comportamiento de la naturaleza, y que las consecuencias éticas, sociales o políticas que se deriven de los fenómenos naturales no deben interferir en su interpretación, aún el caso de que las conclusiones alcanzadas no sean políticamente correctas.
Por último, no quiero dejar de agradecer al Colegio de Geólogos y a la revista TIERRA Y TECNOLOGÍA su imparcialidad y ecuanimidad, al permitir la publicación de invectivas contra el contenido de un artículo cuya preparación fue solicitada por ellos mismos, que fue revisado y aceptado en su integridad y al que, finalmente, le fue negada la publicación de la segunda parte.
La geología versus el dogma climático (secuela)
Por Enrique Ortega Gironés

Cortesía de Jesse Allen (2016), utilizando datos de Suomi NPP OMPS proporcionados por cortesía de Colin Seftor (SSAI) y datos de Aura OMI proporcionados por cortesía del equipo científico de Aura OMI. Suomi NPP es el resultado de una asociación entre la NASA, NOAA y el Departamento de Defensa.
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DOGMA CLIMÁTICO, SILOGISMOS Y LA REGLA DE TRES
Como bien saben mis lectores habituales de Entrevisttas.com, desde el otoño de 2021, se vienen publicando en esta revista digital una serie de artículos dedicados a divulgar, con un lenguaje asequible a los no especialistas, diferentes temas de interés, con especial atención a cuestiones geológicas de actualidad como el calentamiento global y el cambio climático. Los artículos, basados en datos previamente publicados por otros autores, y que constituyen un resumen de lo ya publicado en Entrevisttas, trataban de hacer llegar al lector opiniones diferentes a las informaciones y afirmaciones que habitualmente aparecen en los medios de comunicación sobre estos temas.
Hace unos meses, el Colegio Oficial de Geólogos de España se mostró interesado en dichos artículos y me solicitó una síntesis de los mismos para ser publicados en su revista de divulgación geológica, Tierra y Tecnología. Dicha síntesis, titulada La Geología versus el Dogma Climático, dividida en dos partes para evitar una longitud excesiva, fue evaluada y revisada y, considerando que se ajustaba a las normas editoriales de la revista, fue publicada en su primera parte el pasado 30 de Noviembre.
Sus conclusiones, muy diferentes a las hipótesis de muchos investigadores que defienden el origen antrópico del calentamiento global, han molestado a diferentes colectivos, dando lugar a la publicación de diversas informaciones en diversos periódicos digitales y físicos, regionales y nacionales, donde se ha calificado el artículo como poco científico, asignándole además (de forma gratuita) connotaciones políticas inexistentes. Normalmente, los artículos científicos de cualquier temática, suelen debatirse en el mismo foro donde habían sido publicados, o en otra revista especializada, mediante otro artículo, presentando nuevos datos o gráficas que se contrapongan a las conclusiones cuestionadas.
Pero en este caso, simplemente se han realizado descalificaciones (que no réplicas) mediante una campaña de prensa, con manifiestos y comunicados desde los que se ha instado al Colegio Oficial de Geólogos para que se retirase el artículo y que no se publicase la segunda parte. Según comunicación recibida, en efecto, la segunda parte no será publicada.
Como a todo autor, a quien escribió ese artículo (que tan solo pretende divulgar hechos geológicos y circunstancias que se contraponen con muchas de las informaciones que circulan sobre el cambio climático), le resulta imposible ser objetivo en la evaluación de sus propios escritos, y por lo tanto prefiere que sea el lector quien juzgue por sí mismo, accediendo al texto publicado que, a pesar de todas las presiones, ha sido mantenido online por el Colegio Oficial de Geólogos.
Por otra parte, el autor es también consciente de que resulta muy complicado transmitir, de una forma sencilla y asequible, problemas que son muy complejos, donde las hipótesis que elaboran los especialistas se enmascaran frecuentemente detrás de complejas gráficas y enmarañados datos, no siempre comprensibles para el lector no especialista.
Para que la Ciencia progrese, es indispensable el debate y la discusión, por lo que es habitual que no exista consenso entre los investigadores. Y el cambio climático, no es una excepción, a pesar de las informaciones que con frecuencia se difunden al respecto. Por eso quisiera, en esta breve nota, sintetizar mis críticas a los modelos climáticos con que se atemoriza a la población, de una manera muy simple, con un silogismo y una regla de tres. Porque hay veces en que un breve razonamiento y un sencillo cálculo pueden rebatir sofisticados cálculos estadísticos.
Para que la Ciencia progrese, es indispensable el debate y la discusión, por lo que es habitual que no exista consenso entre los investigadores. Y el cambio climático, no es una excepción, a pesar de las informaciones que con frecuencia se difunden al respecto
No hay ninguna duda de que la temperatura media del planeta está elevándose, y nadie discute que ese aumento está produciendo la fusión de los hielos, lo que a su vez está dando lugar a la elevación del nivel del mar. Por otro lado, se postula que las actividades antrópicas (sobre todo las emisiones de CO2 y el efecto invernadero) están acelerando dicho aumento de forma anormalmente rápida, hasta alcanzar la emergencia climática (tragedia climática, infierno climático u otras exageraciones frecuentes) en la que nos encontramos ahora. Sobre la base de estos postulados, podemos formular el siguiente silogismo:
Si el aumento de la temperatura produce una elevación del nivel del mar y las actividades antrópicas están generando una elevación anormalmente rápida de las temperaturas, el ascenso del nivel del mar debe estar produciéndose a una velocidad anormalmente rápida.
El International Panel on Climatic Change (IPCC), organismo promovido por la ONU y cuyas predicciones sirven de fundamento para la inmensa mayoría de informaciones sobre cambio climático que se difunden en los medios de comunicación, ha anunciado en su último informe que la elevación del nivel medio mundial del mar está creciendo a un ritmo de 4 milímetros al año entre 1990–2025, pero que se acelerará hasta los 5,5 milímetros al año hasta 2100.
La información geológica disponible, gracias a múltiples evidencias en muchas zonas costeras del mundo, indica que en el momento más frío del último periodo glaciar, hace aproximadamente 20.000 años, el nivel del mar estaba situado unos 120 metros por debajo del actual, y que desde entonces, aunque con altibajos y con un ritmo discontinuo, ha estado elevándose de forma incesante. Las gráficas e informaciones que apoyan estas conclusiones están incluidas en los artículos ya publicados en Entrevisttas.com y también en la segunda parte de La Geología versus el Dogma Climático (que publicamos más arriba, en esta misma entrada de Punto Crítico).
Podemos intentar contrastar estos datos con el silogismo anterior, mediante una sencilla regla de tres, para calcular cuál ha sido el promedio anual de elevación del agua desde el último máximo glaciar. Es decir, si a lo largo 20.000 años, el nivel del mar ha ascendido 120 metros, o 120.000 milímetros, ¿cuánto ha ascendido en un año? Si lo formulamos tal y como aprendimos en la escuela:
20.000 —————-120.000
1 —————- X
X= 120.000/20.000 = 6 milímetros/año.
Es decir, que la elevación del nivel del mar durante los últimos 20 milenios, como promedio, se ha producido a un ritmo más rápido que el actual (4 mm/año). Y no sólo eso, hace milenios, también ascendía mas deprisa que los 5,5 mm/año preconizados por el IPCC hasta final de siglo, como consecuencia de la emergencia climática causada por las actividades antrópicas. Entonces, ¿por qué se empeñan algunos en considerar anómalos y catastróficos los ritmos establecidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
¿Por qué se empeñan algunos en considerar anómalos y catastróficos los ritmos establecidos espontáneamente por la naturaleza desde mucho antes de la aparición de la sociedad industrial?
Los lectores de edad avanzada, sexagenaria o superior, recordarán aquella mítica publicación humorística llamada La Codorniz, que se autoproclamaba como la revista más audaz para el lector más inteligente. Porque, en aquellos años en que existía la censura (no como ahora, aunque parece que a algunos les gustaría reinstaurarla), dicha publicación se había especializado en esquivar la minuciosidad de los censores, aunque en más de una ocasión no lograsen su empeño y la edición completa fuese secuestrada de los quioscos.
Uno de los casos más sonados tuvo lugar en 1964, cuando después de uno de aquellos secuestros, en la siguiente edición, en la portada aparecía una regla de tres que se hizo muy famosa y que puede venir al caso: Bombín es a bombón como cojín es a X; y me importa 3 X que me cierren la edición.
La segunda parte de La Geología versus el Dogma Climático será publicada en Entrevisttas.compasada esta Navidad, manteniendo el texto íntegro que fue originalmente remitido a Tierra y Tecnología.
Dogma climático, silogismos y la regla de tres
por Enrique Ortega Gironés

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Enrique Ortega Gironés
Geólogo y consultor independiente en numerosos países de Asia, África y América, cooperando con diversos organismos internacionales
Geólogo desde hace más de 45 años, ejerció como docente e investigador en el Departamento de Geotectónica de la Universidad de Oviedo. Asimismo, trabajó en las minas de Almadén (Ciudad Real), donde llegó a ocupar la jefatura del Departamento de Geología.
Desde 1996 trabaja como consultor para organismos internacionales como la Agencia Internacional de la Energía Atómica, la Unión Europea, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial, habiendo visitado más de 50 países.
Es vocal del Grupo Español de Materias Primas Estratégicas/Críticas (G.E.M.P.E./c.) perteneciente al Comité de Energía y Recursos Naturales del Instituto de Ingeniería de España (I.I.E.).
Ha publicado 5 libros y ha pronunciado numerosas conferencias sobre temas geológicos con implicaciones medioambientales. Enrique nos da los punto de análisis de un geólogo suspicaz.

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LA GEOLOGÍA VERSUS EL DOGMA CLIMÁTICO (Parte 1), por Enrique Ortega Gironés
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