«REBELIóN A BORDO», película dirigida por Frank Lloyd (1935)

El motín de la Bounty (1789)

 

 

Misión que consistía en recoger árboles en Tahití, y que llevaría a cabo el joven teniente William Bligh.

Historia

En 1787 el Almirantazgo británico encargó al joven teniente William Bligh una misión de prueba que consistía en recoger en Tahití árboles del pan para ser transplantados en sus colonias del Caribe. Trataban de conseguir un alimento económico para el mantenimiento de los esclavos de las islas. El teniente Bligh poseía experiencia en la navegación por el Pacífico ya que había servido bajo las órdenes de James Cook (1728-1779).

El HMS Bounty, un pequeño buque de la armada inglesa, hizo un duro y largo viaje no muy diferente a las penosas travesías de aquella época. El trato recibido durante año y medio pareció a la tripulación demasiado duro para poder seguir soportándolo.

HMS Bounty (28 de abril de 1789)

Tras una larga y relajada estancia en Tahití, el 4 de abril el barco partió rumbo a las Indias Occidentales con las bodegas llenas de plantas vivas. La mañana del 28 de abril de 1789, cerca de la isla de Tonga, nueve miembros de la tripulación, al mando del contramaestre, Fletcher Christian, se amotinaron y se apoderaron del navío. El capitán Bligh y 18 hombres de su confianza fueron abandonados en un bote de 23 pies. Los oficiales Hayward, Hallett y Fryer fueron los primeros elegidos para acompañar a Bligh. Les siguieron Purcell, Millward, Muspratt y Birket. Los amotinados permitieron que Heywood y Steward, ajenos al motín, permanecieran en la Bounty. Fletcher Christian consintió en proveer a los abandonados de dos mástiles con sus velas, algunos clavos, una sierra, un pequeño pedazo de lona, cuatro pequeños envases que contenían unos ciento veinticinco litros de agua, ciento cincuenta libras de galleta, treinta y dos libras de carne de cerdo salada, seis botellas de vino, seis botellas de ron y la caja de licores del capitán. Al carpintero Purcell se le permitió llevar consigo sus herramientas. Las propias tablas náuticas y el sextante de Fletcher, les fueron entregadas a Bligh, dándole la oportunidad de poder salvar a sus compañeros. Tras una deriva de 3.600 millas durante 7 semanas llegaron a Timor. Lograron salvarse, regresar de forma muy accidentada a Inglaterra, y salir en una persecución sin éxito de los amotinados.

La isla de Pitcairn

Christian y su tripulación llegaron a Tubai, en las islas australes, y poco después, haciéndose acompañar de 19 polinesios -algunos a la fuerza-, se refugiaron en la isla de Pitcairn. Esta pequeña isla volcánica está situada a 5.000 millas de Australia y 1.350 de Tahití. Fue vista por primera vez por Robert Pitcairn el 2 de julio de 1767.

El capitán de la Armada Carteret había acompañado al capitán Wallis en una expedición conjunta ordenada por el Almirantazgo hasta que una fuerte tormenta los separó tras cruzar el estrecho de Magallanes. Carteret cometió el error cartográfico de situarla en el mapa con un error de 200 millas. Debido a este error los perseguidores británicos no lograron encontrar a los amotinados tras una búsqueda de tres meses.

El 23 de enero de 1790 desembarcaron los nueve amotinados de habla inglesa, doce mujeres tahitianas, seis hombres originarios de Tahití, Raiata y Tupuai, y una niña de Tahití. Cuando en 1808 un ballenero arribó a Pitcairn, comprobó que ocho de los nueve británicos habían perecido por asesinatos o suicidios. En 1825, un buque británico ofreció el perdón al superviviente Adams y en 1838 Pitcairn (junto con las desiertas islas de Henderson, Ducie, y Oeno) fueron incorporadas al imperio británico.

Los hombres que decidieron permanecer en Tahití fueron finalmente apresados y trasladados a Inglaterra donde fueron juzgados. Tres de ellos fueron colgados y otros siete fueron perdonados. El capitán Bligh reconoció que las relaciones afectivas con las nativas de Tahití fueron determinantes en la rebelión. Era muy estricto y buen marino y logró ascender completando una buena carrera en la Marina. Este episodio ha sido fuente de inspiración para literatos y cineastas. Lord Byron escribió un poema titulado The Island, donde narra los acontecimientos ocurridos en la isla. El motín es bien conocido por las adaptaciones que han sido llevadas al cine.

La lengua Norfolk

Para solucionar el problema de comunicación de los amotinados y sus mujeres, ya que ninguno hablaba la lengua del otro, tuvieron que recurrir a inventarse una lengua propia. Ésta ha llegado hasta nuestros días y se conoce actualmente con el nombre de «Norfolk». En 1856, los descendientes del Bounty fueron trasladados a Norfolk, aunque algunas familias no tardaron en regresar a Pitcairn, constituyendo la base de la actual población.

A los cinco años de estancia en Pitcairn, todos los hombres, a excepción de cuatro polinesios, dos ingleses, un escocés y un marino nacido en las Indias Occidentales habían fallecido de muerte violenta, como resultado de los celos y las disputas. El guardamarina Edward Young, casado con Teraura, se hizo cargo de la comunidad, emprendiendo la educación de los niños y el servicio religioso. Muerto Young, John Adams -que hablaba con acento cockney- se convirtió en el patriarca de aquella microsociedad, compuesta por 10 mujeres polinesias y 23 niños nacidos en Pitcairn, y siguió la labor educativa y religiosa de Young. No es de extrañar que, cuando la marina británica descubrió en 1814 a los supervivientes de Pitcairn, se vieran sorprendidos por la gran religiosidad de la colonia y la peculiaridad de su lengua -un inglés fluído pero con una gramática deficiente y un curioso acento.

Hoy en día se considera el habla de Pitcairn como una reserva de máximo interés para los sociolingüistas, un auténtico laboratorio sobre la formación de un dialecto criollo. La distorsión de la lengua, sometida a largos períodos de confinamiento y a la influencia de las lenguas polinésicas, se puede ver en la nomenclatura, adaptada a la fonética de los habitantes de la isla.

EcuRed.cu

 

 

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«REBELIóN A BORDO» (1935)

Dirigida por Frank Lloyd 

 

REBELIóN A BORDO

 

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FICHA: 

Título original: Mutiny on the Bounty aka

Año: 1935

Duración: 132 min.

País:   Estados Unidos

Metro Goldwin Mayer

Dirección: Frank Lloyd

Guion: Talbot Jennings, Jules Furthman, Carey Wilson (Libro: Charles Nordhoff, James Norman Hall)

Música: Herbert Stothart

Fotografía: Arthur Edeson (B&W)

Reparto: Charles Laughton, Clark Gable, Franchot Tone, Herbert Mundin, Eddie Quillan, Dudley Digges, Donald Crisp, Henry Stephenson, Francis Lister, Spring Byington, Movita, Mamo Clark, Byron Russell, Percy Waram, David Torrence, John Harrington, Douglas Walton, Ian Wolfe, DeWitt Jennings, Ivan Simpson, Vernon Downing, Bill Bambridge, Marion Clayton Anderson, David Niven

Premios:

1935: Oscar: Mejor película. 8 nominaciones

1935: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor actor (Charles Laughton)

1935: National Board of Review (NBR): 10 mejores films

FILMAFFINITY

 

 

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La Bounty, dos siglos después

Cuaderno de Cultura Científica

 

 

En 1787 la Marina Real de la Gran Bretaña envió el HMAV Bounty a Tahití para recolectar especímenes del árbol del pan y llevarlos al Caribe. El objetivo era cultivar esos árboles para alimentar con el fruto del pan a los esclavos que trabajaban en las plantaciones de azúcar de las Antillas. La historia ha sido narrada en cinco películas de cine, la primera, muda, de 1916 y la última de 1984. El teniente William Bligh fue designado para capitanear el navío pero, como es sabido, no pudo cumplir su misión porque en abril de 1789, 23 días después de partir de la isla, la tripulación se amotinó y tiró por la borda los más de mil ejemplares que habían recogido. El teniente fue abandonado en la lancha de la Bounty junto con otros 18 hombres que se mantuvieron leales. A pesar de lo ocurrido, Bligh, ya con rango de capitán, fue enviado de nuevo a Tahití poco tiempo después con idéntico propósito, y en 1792 embarcó dos mil ejemplares del árbol del pan y los transportó a Jamaica, donde 678 dieron fruto. Desde entonces es un cultivo importante en el Caribe aunque, quizás por el sabor y textura de la variedad cultivada en esa zona, no goce de especial predilección por parte de los antillanos.

Hay investigadores, sin embargo, que creen que el fruto del pan puede alimentar a millones de personas, y muy especialmente a las que viven en países de clima tropical, donde no son raras la escasez e inseguridad alimentarias. El árbol del pan, Artocarpus altilis, procede de las islas Molucas y las Filipinas, y fue llevado por los maoríes en sus expediciones a lo largo del Pacífico hasta zonas tan alejadas como las islas Hawai. En cada uno de los enclaves a los que llegó se desarrolló una variedad adaptada a sus condiciones. Por esa razón hay excelentes perspectivas de generar variedades ad hoc para zonas del planeta diferentes.

Los árboles del pan producen unos 320 kg de fruta por árbol y año. Para hacernos una idea, un fruto de 3 kg proporciona los carbohidratos que consume cada día una familia de cinco miembros. Tiene alto contenido en minerales y vitaminas, y es una buena fuente de carbohidratos sin gluten. Además, sus proteínas tienen una alta proporción de aminoácidos esenciales. La limitación más importante para su cultivo es que los inviernos han de ser muy suaves.

Seguramente, su introducción en zonas nuevas no será fácil. Por una parte, hay dificultades técnicas relativas al modo de propagación, aunque se están resolviendo poco a poco gracias a la investigación realizada durante más de una década, investigación que ha permitido contar con plantones de 48 variedades obtenidos mediante cultivos de tejido. Y por otro lado, la incorporación de nuevos alimentos a la dieta necesita tiempo, y para ello es importante buscar las variedades que mejor se acomoden al gusto de la gente de los lugares en los que se pretenda cultivar.

El fruto del pan ha tenido un curioso -y no muy lucido- destino hasta la fecha. En el siglo XVIII hubo quien pensó que podría llegar a convertirse en uno de los principales alimentos de la humanidad, pero su cultivo no se extendió más allá de algunos lugares en el Caribe. Doscientos años después, un interés renovado ha hecho del árbol del pan objeto de un ambicioso programa de investigación. Pero bien podría ocurrir que, a la postre, ese programa se convierta en la versión contemporánea de los afanes del capitán Bligh, sólo que sin las posibilidades cinematográficas de tan famoso motín.

 

 

* Este artículo fue publicado el 20/7/14 en la sección con_ciencia del diario Deia

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología

y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

 

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La isla Pitcairn y el motín de la ‘Bounty’

CUADERNO DE CULTURA CIENTÍFICA

 

HMS Bounty II with full sails on Lake Michigan near the Port of Chicago for the 2010 Great Lake Tall Ship Challenge.

Bounty = Generosidad

 

El 26 de octubre de 1788, el barco Bounty de Su Majestad llegó a Tahití. El capitán era el Teniente de la Armada Real William Bligh, experimentado y capaz de terminar con éxito las misiones que le encomendaban. Era de los mandos que había acompañado a James Cook en su tercera expedición. La Bounty había partido del puerto de Spithead, en Inglaterra, frente a Southampton, el 23 de diciembre de 1787. Tenía 215 toneladas, construido en 1784, con 28 metros de largo y 7.6 metros de ancho. La tripulación la componían 46 hombres. Era un barco de carga que compró la Armada Real para el viaje a Tahití en una expedición, promovida por la Royal Society, con el objetivo de recoger plantones del árbol del pan en Tahití y llevarlos al Caribe para replantarlos, iniciar su cultivo y cosechar un alimento barato para los miles de esclavos que se traían de África a las plantaciones de las Antillas. Contaré esta historia con la ayuda del extraordinario relato periodístico, titulado “Los amotinados de la Bounty”, que Julio Verne publicó en 1879.

El árbol del pan, de nombre científico Artocarpus altilis, procede de antepasados del mismo género de Filipinas y las islas Molucas, al sur de Filipinas y que, ahora, pertenecen a Indonesia. Su origen está en el oeste del Pacífico. Las migraciones humanas, de oeste a este, por las islas del Pacífico, llevaron el árbol del pan a Oceanía y evolucionaron, por cultivo y selección, en la especie, Artocarpus altilis, que conocemos ahora. A partir del siglo XVII, los navegantes europeos lo llevaron a todas las zonas tropicales del planeta y, especialmente, a las Antillas.

 

Hojas y fruto del árbol del pan. Foto: Wikimedia Commons

 

Seis meses permaneció la Bounty en la isla de Matavai, en el grupo de Tahití, mientras recolectaban los plantones del árbol del pan. Allí, la tripulación encontró amigos y parejas entre los tahitianos. Cargaron 1015 ejemplares del árbol del pan hasta llenar la bodega.

Cuando Bligh ordenó partir para llevar la carga al Caribe, la tripulación no quería hacerlo, estaban a gusto en Tahití. Pero partieron, y el 28 de abril de 1789, con la Bounty en el mar, camino al Caribe, estalló el motín a bordo. Fletcher Christian, segundo de a bordo, junto a 18 miembros de la tripulación, se amotinó contra el capitán Bligh. Abandonaron al capitán y a los que no se amotinaron en una barca y, después de 47 días de viaje y 6500 kilómetros, llegaron a Timor, fueron rescatados y regresaron a Inglaterra.

 

Isla Pitcairn. Foto: Wikimedia Commons

 

Los amotinados eran 29 que, bajo el mando de Fletcher Christian, partieron en la Bounty y regresaron a Tahiti. Pronto empezaron los problemas entre los amotinados. Unos querían quedarse en Tahití y otros huir y esconderse en alguna isla del Pacífico. Christian, con nueve amotinados, seis tahitianos y 13 tahitianas más una niña, cargaron el barco con plantas y animales necesarios para instalarse en otra isla y marcharon de noche de Tahití. Los tahitianos fueron invitados a una fiesta en el barco que zarpó durante la noche, y los amotinados los raptaron. Su intención era llegar a la isla Pitcairn y refugiarse en ella.

Al llegar a la isla, el 15 de enero de 1790, quemaron el barco para borrar su rastro y que no les encontrase la vengativa y justiciera Armada Real. Todavía se ven los restos de la Bounty en la costa de la isla y los isleños celebran cada 23 de enero el aniversario quemando una maqueta de pequeño tamaño del barco.

 

Bounty Bay, en la isla Pitcairn, a donde llegó la Bounty y fue quemada.

 

Para 1794 quedaban cuatro de los amotinados. Habían continuado las peleas entre ellos, sobre todo por las mujeres de Tahití que les acompañaban. Incluso Christian fue acuchillado por un tahitiano en una pelea. Fueron años de alcohol, violaciones y asesinatos, y para 1800 solo quedaban dos amotinados, Young y Adams, y el primero murió de una ataque de asma. En la isla sobrevivió Adams como único hombre, con seis mujeres tahitianas y unos veinte niños que llevaban los apellidos de los amotinados. Todavía los utilizan los habitantes actuales de la Isla Pitcairn que descienden de aquellos marineros amotinados .

John Adams recuperó una Biblia de los libros que iban en la Bounty, volvió a la religión y a las buenas costumbres, llegó la paz, la isla prosperó y la población creció. Unos años más tarde, la Armada Real los encontró.

Era 1814, décadas después del motín, cuando dos barcos de guerra ingleses, el Briton y el Tagus, a las órdenes del capitán Thomas Staines, navegando por el centro del Pacífico Sur, encontraron una pequeña isla volcánica, con 9.6 kilómetros de circunferencia, unos 4 kilómetros de longitud, 4.35 kilómetros cuadrados de superficie y un cono volcánico que, en su punto más alto, alcanzaba los 300 metros. La había descrito años atrás el explorador Philip Cateret, que había descubierto la isla el 3 de julio de 1767. Fue bautizada como Pitcairn en recuerdo de uno de los marineros que primero habían desembarcado en ella. Era una isla montañosa, pequeña, volcánica y con unas costas escarpadas, casi sin playas ni puertos accesibles. Ahora es el último Territorio Británico de Ultramar en el Pacífico. Por cierto, había una copia de los diarios de viaje de Cateret en la Bounty y sirvió de guía a Fletcher Christian para encontrar la isla y refugiarse en ella.

El Briton y el Tagus fueron recibidos por una pequeña embarcación con dos hombres que se presentaron como descendientes de los amotinados de la Bounty. Para 1856 los descendientes de los amotinados eran 196 y el gobierno británico consideró que la isla no tenía suficientes recursos para mantenerlos y los trasladó a la isla Norfolk, más cercana a Nueva Zelanda y Australia y a unos 6000 kilómetros al oeste de la isla Pitcairn. Quedó deshabitada pero, un par de años más tarde, 16 de los trasladados regresaron y, en otros cinco años, lo hicieron 27 más. En la actualidad, en la isla Norfolk hay 1600 residentes permanentes y, según el censo de 2006, la mitad descienden de los amotinados que no volvieron a Pitcairn.

Los que quedaron en Norfolk, años después, en 2015, sirvieron a Miles Benton y su grupo, de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Australia, para estudiar su ADN. Lo analizaron en las mitocondrias, heredado por vía materna, y en el cromosoma Y del núcleo, que solo se encuentra en los hombres.

 

Habitantes de la isla Pitcairn en 1916

 

Los resultados confirman lo que había supuesto Miles Benton, según la historia que conocía de los habitantes de la isla Pitcairn: el ADN mitocondrial es de linaje polinésico, de las únicas mujeres que llegaron a la isla, las tahitianas que secuestraron Fletcher Christian y sus hombres; y el cromosoma Y tiene su origen en Europa ya que viene de los marineros europeos amotinados en la Bounty. Dos siglos después y once generaciones más tarde, el ADN confirma el origen genético de los descendientes de la Bounty. Más de siglo y medio después, en los primeros años del siglo XXI, en la isla Pitcairn, en 2014, quedan 56 habitantes.

El motín de la Bounty y los hechos y aventuras que le siguieron son populares y han aparecido, según Maria Amoamo, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, en unos 1200 libros, más de 3200 artículos en periódicos y revistas, en documentales e, incluso y lo que más difusión le ha dado, en tres superproducciones de Hollywood con mucho presupuesto y grande estrellas como protagonistas. Es Maria Amoamo la mayor especialista sobre la población actual de la isla Pitcairn. Vivió en la isla entre 2008 y 2013, más o menos dos años y medio, acompañando a su marido, médico de profesión y contratado por el gobierno británico para cubrir el servicio sanitario en la isla. Durante su estancia, Maria Amoamo contactó con la población, aprendió de su modo de vida y tomó numerosas notas y fotografías de las actividades cotidianas en la isla. Con ello completó su proyecto postdoctoral en la Universidad de Otago.

El futuro de la isla y de sus habitantes se basa, en la actualidad, en el turismo y en los cruceros que llegan para visitarla. Para atraer visitantes tiene su historia, tan conocida y propagada, sobre todo por Hollywood, una historia que crea morbo y lleva a los turistas a Pitcairn a conocer a sus habitantes, descendientes de los amotinados de la Bounty, y, también, tiene la naturaleza, aun poco conocida y todavía menos publicitada. Como ejemplo sirve el estudio de Alan Friedlander y su grupo, de la Sociedad Geográfica Nacional de Estados Unidos, en las cuatro islas del grupo Pitcairn: Ducie, Henderson, Oeno y Pitcairn. Han recogido animales y algas en 97 lugares de las costas de estas islas entre 5 y 30 metros de profundidad, y han explorado con cámaras de video 21 puntos entre 78 y 1585 metros.

Los resultados son espectaculares, con nuevas citas de especies conocidas de otras zonas del Pacífico y algunas especies nuevas todavía sin describir. Los autores proponen que, por su gran biodiversidad y la rareza de las especies encontradas, deben protegerse las costas de la todas las islas del grupo.

Pero ya en 1995, T.G. Benton, de la Universidad de Cambridge, comparó la basura de las playas de las islas Ducie y Oeno, del grupo Pitcairn y deshabitadas, con la basura de la playa Inch Straud, en el sudoeste de Irlanda. Y, sorprendentemente, no encontró mucha diferencia. En el Pacífico hay botellas de cristal y de plástico, y boyas de pesca, y en Irlanda abundan los envoltorios de chucherías y las bolsas de plástico. Como ejemplo, de las 130 botellas de vidrio encontradas en las playas de la isla Ducie, 41 venían de Japón, 11 de Escocia y 9 de Gran Bretaña, y la mayoría eran de whisky.

 

Basura en Pitcairn

 

Y 20 años más tarde, como veíamos hace unas semanas, es evidente que la contaminación en nuestro planeta ya es un problema global, sin límites geográficos, y llega a lugares tan apartados como estas solitarias islas del centro del Pacífico. Fueron Jennifer Lavers y Alexander Bond, quienes visitaron la isla Henderson del grupo Pitcairn, deshabitada y conocida como un paraíso para las aves. Pero, cuantificaron los plásticos de sus playas y se encontraron que era uno de los lugares con más plásticos de todos los mares del planeta. En las playas, había de 20 a 670 fragmentos de plástico por metro cuadrado, y en los fondos frente a la costa, el número era de 53 a 4500 fragmentos por metro cuadrado.

Cada día llegan a la isla, arrastrados por las corrientes oceánicas, entre 17 y 268 nuevos fragmentos. Y, no hay que olvidar, que es una isla deshabitada, es decir, todo el plástico viene del exterior y, además, de lugares muy lejanos, algunos a miles de kilómetros. Los autores detectan que los restos de plástico relacionados con la pesca llegan desde China. Japón y Chile.

Para terminar, años más tarde del famoso motín, el entonces Vicealmirante William Bligh, al mando del Assisstance, partió de nuevo hacia el Pacífico para llevar el árbol del pan a las Antillas, y lo consiguió. En la actualidad, el árbol del pan es un alimento barato y popular en el Caribe.

 

 

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Referencias:

Amoamo, M. 2016. Pitcairn Island: Heritage of Bounty descendants. Australian Folklore 31: 155-171.

Amoamo, M. 2016. Pitcairn and the Bounty story. En “Tourist Pacific Cultures”, p. 73-87. Ed. por K. Alexeyeff & J. Taylor. ANU Press. Canberra, Australia.

Amoamo, M. 2017. Re-imaging Pitcairn Island. Shima 11: 80-101.

Benton, M.C. et al. 2015. “Mutiny on the Bounty”: the genetic history of Norfolk Island reveals extreme gender biased admixture. Investigative Genetics DOI: 10.1186/s13323-015-0028-9

Benton, T.G. 1995. From castaways to throwaways: marine litter in the Pitcairn Islands. Biological Journal of the Linnean Society 56: 415-422.

Bligh, W. 2015 (1838). El motín de la Bounty (Diarios del capitán Bligh). ePub r1.3. Titivillus. 13.04.15.

Diamond, J. 2006. Colapso. Random House Mondadori. Barcelona. 457 pp.

Friedlander, A.M. et al. 2014. The real Bounty: Marine diversity in the Pitcairn Islands. PLOS ONE 9: e100142

Gibbs, M. & D. Roe. 2016. Do you bring your gods with you or Do you find them there waiting? Reconsidering the 1790 Polynesian colonization of Pitcairn Island. Australian Folklore 31: 173-191.

González, D. 2011. Pitcairn, la isla de la endogamia. Blog Fronteras. 17 octubre.

Lavers, J.L. & A.L. Bond. 2017. Exceptional and rapid accumulation of anthropogenic debris in the one of the world’s most remote and pristine islands. Proceedings of the National Academy of Sciences USA DOI: 10.1073/pnas1619818114

Verne, J. 2006 (1879). Los amotinados de la Bounty. Biblioteca Virtual Universal. Ed. del Cardo. 14 pp.

Wikipedia. 2017. Pitcairn Island. 5 December.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

 

 

 

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