TIERNO GALVÁN O LA FALSIFICACIÓN (POLÍTICA) DE UNA VIDA. «La Máscara de Tierno Galván», de César Alonso de los Ríos

Felipe González, testaferro del establishment

¿Quién está detrás del «Míster X» de Garzón? Si no fue González, sólo pudo ser Juan Carlos.

 

Alfredo Grimaldos, en su libro ‘La CIA en España’ (Editorial Debate),asegura que la llegada al poder del socialista Felipe González como presidente del Gobierno español en 1982 fue en realidad la alternativa “diseñada y controlada por la CIA para mantener la tutela sobre España”, estrategia diseñada en el Congreso de Suresnes tras el que asistimos al acta de defunción del camarada Isidoro y al nacimiento de un Felipe Gónzalez convertido ya en secretario general de un PSOE tutelado por la CIA.

La deriva totalitaria de la seudodemocracia española

La deriva totalitaria del Estado español arranca con la implementación de la doctrina de la alternancia en el poder del bipartidismo PP-PSOE como defensa y garante del citado establishment dominante, fruto del acuerdo tácito entre los partidos políticos tras el simulacro de golpe de mano de Tejero (23-F del 1981), y alcanzó su mayoría de edad con la llegada al poder del PSOE y el nombramiento como presidente del Gobierno de Felipe González (1982), Con González, asistimos al finiquito de la idílica Transición y al inicio de la deriva totalitaria del sistema mediante la implementación del llamado ‘terrorismo de Estado’ o ‘guerra sucia’ contra ETA y su entorno, del que serían paradigma los Grupos Armados de Liberación (GAL). Dicha trama se destapó gracias a las pesquisas de periodistas de ‘Deia’, ‘Diario16’ y de ‘El Mundo’ pero aunque uno de los implicados, el comisario Amedo afirmó que «los GAL fueron decisión de Felipe Gónzalez», nunca se pudo probar que el misterioso ‘Señor X’, que desde la sombra movió los hilos del GAL fuera el entonces presidente del Gobierno Felipe González.

Un hito fundamental en la espiral involucionista del régimen del 78 sería la implantación por el Gobierno socialista de Felipe González de la Ley Antiterrorista de 1985, definida por José Manuel Bandrés en su artículo “La Ley antiterrorista: un estado de excepción encubierto”, publicado en el diario “El País”, como “la aplicación de facto del estado de excepción encubierto”. Dicha Ley Anti-terrorista (todavía vigente a pesar de la ausencia de actividad por parte de ETA), sería un anacronismo propio de la dictadura franquista, un limbo jurídico que habría convertido los sótanos de cuartelillos y comisarías en escenarios distópicos de naturaleza real (no ficitica) y en Guantánamos virtuales refractarios al control de jueces, fiscales y abogados.

¿Es Felipe González el testaferro del establishment?

El establishment dominante del Estado español estaría formado por las élites financiera-empresarial,política, militar, jerarquía católica,universitaria y mass media del Estado español,herederos naturales del legado del General Franco que habrían fagocitado todas las esferas de decisión (según se desprende de la lectura del libro “Oligarquía financiera y poder político en España” escrito por el ex-banquero Manuel Puerto Ducet).

La posible investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno y la posterior formación de un Gobierno de Coalición “a la navarra” entre PSOE y Unidas Podemos habría desatado las alarmas en el establishment por lo que se habría iniciado una cruzada mediática para deslegitimar la “unión antinatura” de PSOE y Podemos encabezada por Felipe González, devenido en testaferro del Establishment.

Igualmente, se estaría trabajando entre bambalinas para presionar a Pablo Casado y convencerlo “en aras del interés general de España” de la necesidad imperiosa de un Gobierno de Salvación Nacional PSOE-PP, acuerdo que contaría con las bendiciones del establishment financiero y tendría como objetivo último el retorno del Bipartidismo PSOE-PP y la implementación del 155 en Cataluña en el supuesto de Declaración Unilateral de Independencia por el Parlament catalán. Asimismo, escenificará la metamorfosis del Régimen del 78 mediante una reforma edulcorada de la actual Constitución vigente para implementar un Estado monárquico, bonapartista y eurocéntrico, siguiendo la máxima del gatopardismo (“Cambiar todo para que nada cambie”).

 

 

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EL VIEJO PROFESOR 

Por César Alonso de los Ríos 

El Mundo Magazine

 

Mis primeras sospechas sobre la figura mítica de Enrique Tierno venían de lejos: de unas largas entrevistas en las que me habían inquietado ciertos silencios y algunas contradicciones que yo quise achacar a reservas políticas. Pero fueron mis viajes a los lugares en los que, según él, había pasado su infancia y algunos periodos en la posguerra, cuando tuve las primeras pruebas de sus invenciones. En cuanto comencé a contrastar testimonios personales y a frecuentar archivos se me vino abajo el falso edificio construido por el Profesor: desde el hermoso escenario rural con casas labradoras a los pisos de mediana burguesía ilustrada, una vez trasterrada la familia a la capital.

Más duro me resultó aceptar la verdad de Tierno en guerra. Se desplomaba la ficción del joven libertario que trabajó en el Socorro Rojo, que acompañó a Hemingway y a Dos Passos por los frentes de Madrid y que, con 20 años, trató a un desnortado Besteiro, a un derrumbado Azaña, a… todos los jefes republicanos. Si las fantasías familiares podían haber tenido cierto interés literario, las invenciones de la guerra y la del imaginario campo de concentración eran de un oportunismo político muy duro de asimilar. El archivo de Alcalá no deja títere con cabeza del antifranquismo precoz del Profesor ni los hechos reales permiten la tesis de un Tierno Galván enfrentado a la dictadura nada menos que en una sesión solemne como es la inauguración de un curso en el Instituto de Estudios Políticos con la presencia de jerarcas y figuras como Moscardó y Pilar Primo de Rivera.

El primer documento oficial, relacionado con la vida del Profesor, fue el acta de nacimiento. En medio de tantas dudas fue un consuelo tener en la mano un dato cierto: la fecha del acta -8 de febrero de 1918- coincidía con la que aparecía en las biografías. No dejaba de ser curioso que el único dato cierto hubiera sido precisamente el que siempre se había puesto en duda en los propios medios tiernistas. La razón era el prematuro envejecimiento del Profesor. Cuando llegó a la cátedra de Salamanca con 35 años parecía que tenía 50. Por eso Raúl Morodo, el primero de sus colaboradores, lo llamó Viejo Profesor.

¿Cómo fue posible que el Profesor pudiera ocultar su pasado? Hay dos razones: su carácter hermético unido a la distancia insalvable que había, en aquella época, entre catedrático y alumnos. En segundo lugar, el pasado era un tema tabú en la posguerra.

 

Se desplomaba la ficción del joven libertario que trabajó en el Socorro Rojo, que acompañó a Hemingway al frente

 

Pero si la partida de nacimiento me había proporcionado un dato cierto, descorría también el velo de la verdad familiar: ni había nacido en tierras de Soria ni era descendiente de labradores. Era madrileño y nunca llegó a abandonar la ciudad totalmente. Las cátedras de Murcia y Salamanca le obligarían a desplazamientos de dos o tres días por semana, y las clases en Princeton o en Puerto Rico a alejamientos de meses. Ateneísta, ratón de biblioteca, paseante por el Madrid galdosiano del barrio de Pozas y de Argüelles… fue un empedernido madrileño. La casita en la que nació lleva una placa que mandó colocar Juan Barranco a la que nadie dio importancia porque siempre se tuvo la idea de que el alcalde de Madrid había nacido por casualidad en la capital. Según las versiones del Profesor los padres se trasladaron para que la madre tuviera los cuidados que no podía tener en el pueblo. También según el Profesor, su padre dejó la labranza y se trasladó como rentista a Madrid poco antes de la proclamación de la II República. Tierno diseñó la figura paterna como un ser callado, casi taciturno, cauteloso en sus juicios y quizá conservador. Un arquetipo de hombre castellano del que él sería un trasunto ilustrado. Este retrato lo había completado con la pertenencia de unas casas labradoras en Valdeavellano y Almazán en las que veraneaba la familia a no ser que alquilaran una casa en la sierra madrileña como la de Robledo de Chavela justo en el verano del 36. El cuadro no dejaba de tener ese atractivo de lo rural profundo, de la propiedad y el enraizamiento en la historia. Del mismo modo, el Profesor había hecho un canto de la vida soriana, tan alejada de las modas, tan cuajada de todas esas virtudes de sinceridad, honradez, coherencia que contrastan con la vorágine del mundo moderno.

Familia trashumante. La verdad había sido más dura y más prosaica: los antepasados del Profesor habían desaparecido de Valdeavellano a mediados del XIX para alistarse en el Ejército y siguieron la trashumancia de los regimientos, de plaza en plaza, incluidas las de ultramar. Su abuelo paterno se había retirado como capitán de Tudela donde se casó con una chica navarra, en segunda nupcias. A esos familiares «vascos», con los que apenas tuvo trato, se refería Tierno cuando hablaba de las raíces de su sensibilidad para la cuestión vasca. Los hijos de Julián Tierno siguieron la tradición militar. Alfredo, padre del Profesor, estuvo en la guerra de Cuba. En Almazán conoció a Julia, hija del sobrestante de carreteras, jefe de peones camineros para entendernos, con la que se casó.

El Profesor se examinó de ingreso de Bachillerato en el Instituto Cisneros, a los 12 años, como alumno libre. Él ha dicho que asistió a clases en el Cervantes pero no es cierto. A los 14 años la familia se trasladó al barrio de la Prosperidad y se matriculó en el Ateneo Politécnico, un colegio laico y modesto concertado con el Instituto Cervantes. El Profesor hizo dos cursos de Derecho antes de la guerra pero no de Filosofía y Letras. El matiz tiene su importancia. Ratón de biblioteca, lo fue también hasta el año 1937 cuando le llamaron a filas. Se colocó entonces en la Oficina de Reclutamiento a la que acudía por las mañanas mientras por las tardes se empozaba en las bibliotecas. Ha contabilizado, entre los sufrimientos de su vida, el frío de las bibliotecas durante la guerra. Nunca quiso hablar, ni siquiera en sus memorias Cabos sueltos, de la detención de su padre, sospechoso de quintacolumnista como militar retirado, acogido, como su hermano, a la ley Azaña. Tampoco ha aludido al proceso que sufrió su hermano Alberto, una vez terminada la guerra, y del que salió bien librado ya que pudo incorporarse al cuerpo de Veterinaria, recuperando empleo y sueldo. Se retiró de capitán para dedicarse a la avicultura.

 

Ni había nacido en Soria ni era descendiente de labradores

 

El Profesor Tierno no estuvo en campo de concentración alguno como ha dicho y escrito. Se matriculó recién terminada la guerra y pudo examinarse en la convocatoria de junio de 1939 a tercero de Derecho. Santiago Montero Díaz le animó a hacer Filosofía y Letras en la Facultad de Murcia de la que él era decano. Así hizo la carrera en dos convocatorias. Lee la tesis doctoral de Derecho en 1942 bajo la dirección de Francisco Elías de Tejada, un fundamentalista del tradicionalismo. En 1944, ganó la plaza de jefe de negociado del Ministerio de Educación Nacional. Esto le permitió casarse con Encarna Pérez Relaño, una chica culta, buena traductora, cuatro años mayor que él, y abandonar las clases particulares en colegios de segunda enseñanza. Comenzó a dar sus famosas clases para ingreso en la carrera diplomática. Se ha hablado, sin razón, de las dificultades económicas del joven Tierno, de la pobreza incluso. Enrique Tierno era funcionario público en Madrid a los 26 años con la categoría de jefe de negociado. Ayudante en la cátedra de Carlos Ollero, comienza a publicar en La Revista de Estudios Políticos que sin duda se abriría ideológicamente en los últimos años 50 pero muy lejos de ser un refugio de liberales. A los treinta gana la cátedra de Derecho Político, junto a Manuel Fraga. Una carrera realmente brillante, concluiría Aranguren. Ya durante sus años como catedrático de Murcia comienza a tener contactos políticos con democristianos y monárquicos, algunos de ellos militares que empiezan a tomar distancias con el régimen. Él data su contestación al franquismo con motivo de la inauguración del curso del Instituto de Estudios Políticos. El relato no se sostiene. Es patético. Por entonces sus tesis tenían mucho que ver con concepciones elitistas de la sociedad. De ellas pasaría a un regeneracionismo costista y a una vocación europeísta, aséptica desde el punto de vista político. El acto público de gran repercusión en el que participó Tierno de modo protagonístico fue en la cena del hotel Menfis, junto a Joaquín Satrústegui y Jaime Miralles, en la que se lanzó el nombre de don Juan y donde Tierno defendió la monarquía como «salida».

A partir de entonces la vida pública de Tierno Galván es más conocida aunque las claves de muchos de sus actos están en estos primeros años. Él pensó que el régimen era muy fuerte, más que Franco, y que nunca permitiría la legalización de los partidos republicanos. De ahí que fuera necesario montar un partido socialista y una central sindical distinta al PSOE y a UGT o bien dotar a estas organizaciones de caras que no tuvieran nada que ver con la guerra. Tierno hizo dos obras importantes. Montó un colectivo de personas en su entorno, una escuela, siempre de gentes muy valiosas e inequívocamente antifranquistas. Por otra, su obra intelectual tiene momentos de alto interés como los ensayos sobre Costa, el barroco o la picaresca. Por fin y por encima de fingimientos, invenciones e imposturas, llegó a convertirse en la principal figura socialista de oposición al régimen. Le terminó costando la cátedra aunque en esta apuesta hubiera, como es lógico en un político, una parte de cálculo.

Debo decir una palabra sobre algunas reacciones a mi investigación sobre Tierno. Prefieren los mitos a la verdad. Por otra parte tenemos una tradición anticientífica. A partir de la guerra se hizo un pacto de silencio, gracias al cual nuestra historia parece más un rosario de milagros que un comportamiento colectivo contradictorio y lógico a la vez. Se ha llegado a tales grados de complicidad en el ocultamiento de la realidad que quien se atreve a romperla se convierte en un aguafiestas cuando no en un inquisidor. Qué se va a hacer. Son riesgos del oficio.

 

César Alonso de los Ríos es autor de «La máscara de Tierno Galván». 

Anaya/Mario Muchnik (1997).

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Al loro con el “viejo profesor”

Perfil de Enrique Tierno Galván (1918-1986), el último socialista que la ciudad de Madrid eligió como alcalde.

Por Emmanuel Rodríguez
 
Fiori

 

“Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… y al loro”. Lo arrojaba con desparpajo en uno de sus famosos pregones, hacia 1984. Con esa imagen de francachela y cercanía ha pasado a la historia el viejo profesor, el alcalde de la Movida, don Enrique Tierno Galván.

Para la izquierda madrileña, Tier­no representa sus años buenos, cuando Madrid tenía un alcalde digno, propio, populista, irresistible. Las izquierdas ganaron las primeras elecciones municipales de 1979 por un arrasador 57% frente a un reformismo franquista en desbandada, casi un 40% para el PSOE, un 15% para el PCE y una minoritaria ORT que rozó representación. Sin embargo, merece la pena considerar tanto la historia del personaje como el rápido desgaste de la izquierda en el gobierno municipal. Al menos si no se quiere ­seguir echando cal viva sobre un periodo crucial para el presente.

Tierno era Tierno, qué duda cabe. Podía haber sido casi todo y de hecho estuvo a punto de serlo. Monárquico de joven, profesor rebelde, expulsado de la universidad por los disturbios de 1965 y ya para entonces socialista. Impartió clases en Princeton, conspiró y formó su propio partido. Fue además un portento del trabajo intelectual. Escribió sobre las cuestiones más variadas: Galdós, la revolución francesa, Costa, el regeneracionismo, la izquierda, el socialismo. La lista de títulos pasa la treintena. También fue traductor de figuras tan principales como Wittgen­stein, Burke o Spinoza, y de una forma tan original y creativa que ninguna de sus traducciones se usa hoy para el estudio.

Pero la pasión de Tierno fue la política. Para quien siempre despreció toda ‘mariconez’ y presumió de lo que hoy llamaríamos homofobia, la política era un ejercicio superior, noble, varonil. Desde los años 60 vivió con una única obsesión: ser monarca del socialismo español. Consciente de que no lo sería por la vía convencional, que implicaba una larga travesía por el lánguido aparato de Llopis en el exilio, decidió formar el Partido Socialista del Interior. Obvio: “interior” recalcaba que el otro, el del “exterior”, tendría que hacer cuentas con ellos. Fue quizás el mayor error de su larga vida política. Se le adelantaron unos jovencitos de Sevilla, que echaron a Llopis y se hicieron con las siglas históricas del PSOE.

Sea como fuera, Tierno llegó a la Transición en muy buena posición. Concurría con su propia banda –el Partido Socialista Popular– , había estado en las pomadas de Carrillo y la Junta Democrática y tenía buen crédito entre profesionales y profesores de universidad. No se hizo con el PSOE pero sí con casi el 5% de los votos en 1977. Pero por aquello de la ley d’Hondt y de las circunscripciones provinciales con las que la izquierda tragó en aquel año y ya para siempre, su 5% quedó reducido a una nada en número de diputados.

Marginado de la redacción constitucional, endeudado y ya derrotado, en su particular noche de Moctezuma habló con González y favoreció la absorción de su querido PSP. Era abril de 1978, sabía de sobra que no sería aquello para lo que se creía destinado. Aun así los “muchachos” de Sevilla le ofrecieron la presidencia honorífica del partido y la alcaldía de Madrid. Ahí empieza el Tierno alcalde y la apoteosis del personaje. Y se dice “personaje” sin ironía ni despecho. Especialista en el teatro clásico español y en novela picaresca, Tierno fue un maestro en hacer teatro de todo lo que tuviera que ver con él. De él, decía Guerra, que su arte para hacer una máscara de su vida pública resultó tan insuperable que llegó a un punto en el que resultaba imposible separar al personaje y a la persona. Elogio mayor de quien fuera otro gran dramaturgo de la Transición.

Tierno en el papel de alcalde

Sus célebres pregones, sus locuciones siempre entre populares y cultas, su sonrisa en la frontera imposible de lo franco y lo irónico, sencillamente su estar en el mundo, fueron una genial comedia de figurón que llevó hasta el final de sus días.  En cuanto a sus éxitos como regidor: luces y sombras. La alcaldía social-comunista duró poco, casi un destello, si se compara con la de los gobiernos multidécadas de CiU en Cataluña, el PSOE en Andalucía o AP-PP en Galicia; o incluso con el municipalato socialista de Barcelona, mucho más parco y menos sonado que el de Madrid. En 1983, los comunistas prácticamente se habían extinguido, reducidos a poco más del 6% en las municipales. Ganó entonces el PSOE de Tierno y lo hizo por goleada: un 48% que nunca más se repetiría para los socialistas.

Pero nos engañaríamos si dijéramos que las cosas fueron bien. No sólo Madrid caminaba entonces por el filo de una crisis urbana que además de contar con 300.000 parados, hizo de 50.000 de sus jóvenes adictos a una liquidación, sin paliativos municipales, llamada heroína. Pasados un par de años del primer gobierno se dio a conocer el primer gran escándalo de corrupción socialista tras los “40 años de honradez”. Fue denunciado dentro del partido por el teniente alcalde de Tierno, Alonso Puerta. Y Puerta fue puesto de patitas en la calle acompañado por otros dos concejales.

Eran los años de la doctrina Guerra de “quien se mueve no sale en la foto”. Si Tierno hizo algo en contra, que lo cuenten sus allegados, porque nosotros no lo sabemos. Tam­bién debemos a Tierno que en Madrid los concejales de distrito no fueran los más votados en cada circunscripción, sino los que impusiera el gobierno municipal, para eso está el gobierno, ¿no?

Quizás por todo esto, en 1987, ya muerto Tierno, PSOE e IU sumaron menos que AP y CDS. Desde entonces, ya se sabe: el PP casi siempre con más y mayores votos que Tierno, por mediocres que fueran sus candidatos. Por eso a la hora de valorar la efímera mayoría de la izquierda madrileña, habría que considerar también el papelón de su mejor representante. Alguien que desde que tenía treinta años decidió plantarse en la vida con traje gris cruzado y gruesas gafas de pasta para firmar todo lo que hacía con dos letritas V. P., viejo profesor.

 

 

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La otra cara de ‘El viejo profesor’

Madrid levantará un monumento en su honor

La Gaceta

 

 

Por unanimidad. De una forma tan desusada ha decidido el Ayuntamiento de Madrid erigir una estatua al exalcalde socialista Enrique Tierno Galván (1818-1986), fallecido hace 30 años. El lugar: un sitio aún sin determinar de la plaza de la Cibeles, toda vez que la primera ubicación sopesada se descartó. Pretendían los socialistas madrileños que la efigie del alcalde madrileño sustituyera nada menos que a la estatua de don Álvaro de Bazán, a quien ha salvado su condición de Bien de Interés Cultural de la Comunidad de Madrid más que su histórica –«la más alta ocasión que vieron los siglos» a decir de su soldado Cervantes– victoria en Lepanto sobre los islamizados turcos.

Los componentes del Mito de la Cultura han vuelto a favorecer al Marqués de Santa Cruz, pues en su momento, Ana Botella, en su condición de alcaldesa heredera de Alberto Ruiz-Gallardón, trató de moverle el pedestal al almirante esculpido por Benlliure para sustituirlo por la figura de Felipe II. Tranquilo de nuevo don Álvaro, Madrid contará con una nueva figura de bulto del indiscutido don Enrique, quien ya cuenta con un parque, tres esculturas, dos placas, dos plazas, un monumento, un centro de mayores, un instituto y veintiún bustos… Los méritos para acceder a tal omnipresencia conmemorativa fueron encarecidos no sólo por las llamadas fuerzas de izquierdas, sino incluso por una Begoña Villacís que afirmó que el Viejo Profesor: «Nos ayudó a salir de la oscuridad, a vivir de una forma vibrante, y a él mismo le cambió Madrid, sufrió una metamorfosis, supo que tenía que dejar la izquierda radical para acercarse a posturas europeístas». Maniqueísmo y europeísmo se daban de este modo la mano.

Tres décadas después del multitudinario entierro organizado por Pilar Miró, ceremonia que unió el colorismo de la Movida con la sombría estampa de la carroza Imperial de pompas fúnebres de Barcelona, el prestigio de don Enrique parece intacto al menos para aquellos que no han ahondado en su verdadera biografía, que deberá comenzar con un desmentido: don Enrique no era soriano ni campesino, muy al contrario, estaba entroncado en una familia militar. Su padre, el sargento Alfredo Tierno, combatiente en Cuba, como su abuelo, el capitán Julián Tierno Gómez, muerto por paludismo en la misma isla en 1896, nada tuvieron que ver con las hoces y sí con los fusiles.

Hará bien el interesado en alejarse de esa autobiografía titulada Cabos sueltos, pues el hoy celebrado icono del socialismo, transitó por muy otras vías antes de encontrar acomodo en el PSOE que, bien nutrido de marcos alemanes, pilotaron González y Guerra, los jóvenes turcos, tras la caída en desgracia del exiliado Llopis, socialista viejo sobre el cuyos hombros pesaba como plomo el aroma masónico y un anticomunismo radical que supieron manejar mejor los sevillanos chicos de la tortilla, conscientes de que el PCE de Carrillo era mucho menos fiero de lo que se pintaba.

Antes, mucho antes, Tierno, maestro del funambulismo político e ideológico, ya se había integrado en el donjuanismo –Don Juan Tercero Izquierda llamaban con malicia al regio residente de Estoril– dirigido por Joaquín Satrústegui: la Unión Española, organización monárquica y anticomunista que celebró su puesta de largo en una célebre cena que tuvo lugar en el Hotel Menfis el 26 de enero de 1959. Labrábase por entonces don Enrique una carrera como profesor universitario en Salamanca, donde a los 36 años recibiría el apodo con el que aún se le conoce. Su fino olfato, no obstante, le permitiría percibir la presencia de nuevas oportunidades. A principios de los 60, el Congreso por la Libertad de la Cultura desembarcó en España provisto de dólares con los cuales estimuló las actividades de un conjunto de gentes del régimen que comenzaban a mostrar, la Guerra Civil que polarizó las distintas corrientes ideológicas en dos bando iba quedando lejos, ciertas objeciones con respecto a la realidad política española en cuyo vértice se situaba Franco. Tierno fue uno de los que, no sin un cierto recelo inicial, se integraron en una estructura que fomentaba la publicación de libros, las becas de viajes y la celebración de reuniones en las cuales se sentaban las bases ideológicas de la España que hoy algunos, todos ellos cultivadores del mito de Tierno, pretender convertir oficialmente en plurinacional.

Atento a cualquier movimiento, máxime si se tiene en cuenta que esta facción, encabezada políticamente por el letrista del Cara al SolDionisio Ridruejo, se escoraba hacia la socialdemocracia, Tierno no tardará en intentar hacerse con el espacio que dejaba el histórico PSOE en España, toda vez que la vieja guardia tenía su sede en Toulouse. En este contexto, fundará el Partido Socialista Popular, de estructura federal, al que perteneció, entre otros, José Bono. El otrora analítico, presentado ahora como marxista, el Viejo Profesor, tan aficionado a la expresión «comunidades diferenciadas», llegará a aceptar el derecho de autodeterminación del llamado «pueblo vasco». Las urnas revelarían, no obstante, el verdadero alcance de su proyecto. Fracasado en las primeras elecciones, aflorará una importante deuda que el PSOE asumiría integrando a Tierno en sus filas. Madrid, su Madrid, sería el techo de sus ambiciones y el teatro donde podría lucir sus variadas máscaras, algunas de las cuales se conservan en su archivo conservado en Barcelona tras la donación de su hijo a la Gran Logia Simbólica de España.

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César Alonso de los Ríos : LA VERDAD SOBRE TIERNO GALVÁN 

Por Luis MARlA SANDOVAL

Fundación Speiro

 

Para distraerme me gusta leer novelas de política ficción. Esta vez he obtenido mucha más diversión  leyendo  este  libro acerca de un político de ficción. No es una biografía, sino la desmitifi­cación de una autobiografía ficticia, construida con cuidadisimas vaguedades, hechas propalar indirectamente la mayoría…

De la persona civil de Enrique Tierno Galván apenas el nom­bre y apellidos eran verdaderos: ni nació -o se crió- en tierras sorianas, ni sus padres eran agricultores, sino militares de cucha­ra abuelo, padre y t1o, como sería veterinario militar su hermano. Tampoco concuerdan sus «recuerdos» sobre domicilios y hábitos militares.

En nuestra guerra no luchó en el Ejército Rojo, sólo sirvió en él, cubriendo un puesto de retaguardia que le permitió pasar muchas tardes encerrado en las bibliotecas madrileñas. Su padre fue detenido brevemente por presunto quintacolumnista, y su hermano fue reintegrado al Ejército como oficial un año después de depurado por servir en zona roja: sucesos que siempre ocultó . Nunca estuvo en un campo de concentración, ni de clasifi­cación», como dijo: en junio de 1939 se estaba presentando a los exámenes patrióticos» en la Universidad.

Profesionalmente, lo seguro es que ganó dos oposiciones, a Jefe de Negociado y a Catedrático de Universidad – nada menos que de Derecho Político- a los cinco y diez años de acabada la guerra respectivamente (por cierto que cobró ambos sueldos al tiempo a pesar de presumir de lo contrario hasta que fueron incompatibles). En cambio, no está probado que le suspendieran por motivos políticos alguna oposición – dos, tres, cuatro, según las fuentes- como decía.

Políticamente … el Tierno Galván que es recordado sólo exis­tió desde 1965. Participó en el Instituto de Estudios Políticos hasta 1954, donde sí defraudó, porque se esperaba mucho  de  él;  sería porque no se le conocía esa filiación marxista de la que luego presumiría. Además, hubiera sido raro que un republicano  de corazón hubiera puesto toda su ambición en  participar en la educación ideológica del Régimen. Hay que pensar que no fue sino un intelectual reconvertido más de  los  criados  en el Régimen.

Sus primeras armas de opositor se hicieron en tomo a don Juan, sin que se pueda demostrar que nunca se indinara por la república. Él apostó siempre por una transición monárquica a la muerte de un régimen que veía más fuerte que la personalidad de Franco en sí.

Durante los años cuarenta había hecho una reconstrucción de su pasado al gusto imperante en la época . Posteriormente, por ser uno de los descontentos del Régimen que había estado en la zona roja, se jactó de haber combatido con los republicanos y estar en la oposición desde el interior y no desde el exilio, haciendo de ello sus grandes bazas.

Sus partidos –el mismo rebautizado- fueron muy personalistas . Empezó proclamándose «funcionalista» y opuesto a las ideologías, mantuvo relaciones con democristianos y juanistas, siempre opositores del interior, nuevos, y nunca relacionados con la república o el exilio, cosa que consideraba fundamental para estar bien situado en el momento de la sucesión del poder.

Después de Munich, contubernio al que no fue ·invitado, ingresó en el PSOE, pero su permanencia en él, que silenció luego , fue tormentosa y duró dos años -1964-1966). Al fracasar en imponer sus tesis, funda el Partido Socialista del Interior, luego PSP, y se manifiesta marxista y radical, cerrando así el paso a las acusaciones del exilio de hacer un socialismo a la medida del régimen. Es cuando se lanza a la política, es expulsado de la cátedra, casi buscándolo, y llega al cénit como figura del socia­lismo español.

Su radicalismo era tan exagerado como inverosímil, inconsecuente, y poco creído: en 1964, en una entrevista, se declaró par­tidario de ir a la socialización  de los  medios  de producción,  como el periodista le preguntara si eso no induciría al  pánico  y  resul­taría perjudicial, contestó a renglón seguido «que una cosa es defender  «la medida  y otra  llevarla  a  la práctica…» . De hecho, su partido era un club de amigos ele clase media, sin base obrera ni organización, que había contado con pactos y repartos de poder, y que fue derrotado desde el mismo momento en que debió con­currir a las elecciones sin el apoyo de la Internacional Socialista. Menos de un año después el PSP sería absorbido por el PSOE y Tierno Galván recibiría como premio de consolación la alcaldía de Madrid, donde se situó por encima de la gestión, y su hábito de representarse alcanza el histrionismo.

Esta es la semblanza que con la pluma ágil y acerada, y al parecer habiéndose molestado en investigar el personaje con detenimiento, traza  el periodista César Alonso de los  Ríos,  del que no tengo mayores referencias. Lo cual sería útil para com prender el móvil de esta despiadada desmitificación: ¿sólo la irri­tación por las entrevistas falaces de 1975?,  ¿o  el  deseo  de  evitar que el Régimen de Franco aparezca como menos represivo si se admite La mitología de un Tierno rojo, pero tolerado, cuestión recurrente varias veces en el libro? ¿Por qué  dejar  pasar diez años del fallecimiento del «Viejo Profesor»? ¿Porque gobernaron los socialistas?

También es cierto que los familiares recibieron el libro sin desmentir su contenido, sólo quejándose de que se removieran estos asuntos al cabo de tantos años.

El libro proporciona atisbos, útiles por lo sintéticos, de las -rencillas y debilidades de La  oposición  a Franco,  cuyo Régimen se reconoce siempre más fuerte de lo que pueda haber hecho parecer la presente inversión de la historia. Tiene juicios certeros, como cuando recuerda que  en España  se  recogía  la  rebelión  del 68 contra «el sistema «, cuando lo que se reclamaba era el sistema liberal burgués .

Pero su utilidad para la formación en el Derecho Público Cristiano es una  sola pero importante:

Quienes quedan en evidencia son todos los que aceptaron acríticamente la elevación a santo laico de Tierno Galván, cuya honestidad estaba por encima de toda duda. Que la propaganda izquierdista lo promoviera tiene su explicación, pero que las derechas y los eclesiásticos cayeran en esa trampa por no atreverse a discutir lo que se pregona dogmáticamente como superior a toda duda es injustificable.

A base de pedir perdón por las más nimias faltas de los cató­licos y de aceptar la bondad indiscutible de los izquierdistas simuladores y oportunistas, se introduce en las conciencias la idea de que la verdad y la gracia deben ser irrelevantes, puesto que los cristianos, con una y otra, son peores que esos agnósti­cos, respetabilísimos moral e intelectualmente.

Que  tuviera  de ambas cosas Tierno Galván lo  pone en solfa en este párrafo de nuestro libro:

«En nombre de la Federación de ciudades deberá viajar con frecuencia. Siempre pide entrevistas con jefes de Estado. Habla siempre con intérprete. Es decir, son­ríe, asiente, levanta los brazos, se extraña … se hace la foto . Lo que importa es la foto. El contenido es nulo. Uno de los descu­brimientos de sus colaboradores es que el profesor no sabe idiomas, él que ha traducido tanto a Wittgenstein, a Burke, a Hume. Una vez más hay que buscar la mujer… En este caso a la propia, traductora anónima».

 

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Alonso de los Ríos, César: La verdad sobre Tierno Galván,

Ed. Anaya, Madrid 1997, 294 págs.

Por encargo del Psoe, una directora de cine obtuvo de empresas de «atrezzo» teatral una impresionante carroza y seis caballos para transportar el cadáver de Tierno. Fue un espectáculo de humor negro, una caricatura del boato socialista real. Los publicitarios del partido cantaron los loores de su intelectual orgánico. Al cabo de once años y caído el muro de Berlín, nadie cita ni una idea de quien se decía «marxista» y «materialista histórico». Sólo queda el recuerdo de aquel entierro de cinemascope funambulesco. Ahora, el periodista Alonso de los Ríos acomete la empresa de mostrar algunas de las falsedades con que Tierno se fabricó un personaje y que trasladó, entre calculadas ambigüedades, a sus memorias publicadas en 1981.

Es mentira que Tiemo fuera soriano pues nació en Madrid. Jamás vivió en Valdeavellano de Tera, pueblo al que solía referirse y que abandonó su padre Alfredo en 1894 para ir como soldado voluntario a Cuba donde ascendió a sargento. Es falso que se tratara de una familia hidalga: su abuelo Julián ingresó en el ejército como cabo segundo. Su abuelo materno, Lucas Galván era capataz de peones camioneros.

También es falso que el ambiente familiar fuera izquierdista. En el Madrid rojo, el padre de Tierno fue detenido, y un amigo anarquista del hijo le salvó de la checa y del fusilamiento. Terminada la guerra civil, el padre de Tierno fue declarado adherido al Movimiento Nacional el 29 de agosto de 1939. El profesor fue movilizado con su quinta en el Ejército Rojo; pero jamás disparó un tiro y estuvo siempre en oficinas de retaguardia. Es igualmente falso que fuera perseguido por los vencedores. Obtuvo brillantes notas y el premio extraordinario en la licenciatura de Derecho. Se doctoró a los veinticuatro años. Apoyado por figuras destacadas del régimen, como Carlos Ollero, obtuvo una plaza de jefe de negociado en el Ministerio de Educación y cobró ese sueldo hasta que en 1955 fue declarado incompatible por una disposición general (desde sus cátedras de Murcia y Salamanca percibía ese otro sueldo en Madrid). Colaboró en el Instituto de Estudios Políticos y en su revista desde el primer número (enero de 1941). Sin que nadie le reprochara antecedentes oposicionistas de los que carecía, ganó una cátedra de Derecho Político en la Universidad de Murcia en 1948, antes de cumplir treinta años y habiendo publicado sólo algunas recensiones de libros.

Alonso de los Ríos concluye: «se inventó una personalidad soriana rural; una familia labradora imaginaria; una actividad militante en la guerra civil; una persecución política en la postguerra en contradicción con la brillantez de su carrera académica; una ideología marxista cuando aún estaba en una época que podríamos definir tecnocrática y regeneracionista; un supuesto republicanismo frente a su real monarquismo…» (p. 20).

Cuando se practica una «ética» situacionista e intrascendental, como es habitual en el socialismo real, se suele caer o en la corrupción o en el cinismo. Lenin preconizaba la mentira como método. El dramaturgo orgánico del marxismo, Bertoldo Brecht, era un embaucador y un miserable. La máscara hipócrita que ahora descubre Alonso de los Ríos no puede sorprender a quien conozca algo del marxismo. En esta ocasión, el autor se limita a lo anecdótico y externo, aunque, en una ocasión, afirma, con razón, que Tierno no sabía idiomas y que sus numerosas «traducciones» eran obra de su mujer, generalmente indirectas a través del francés. En su día, un crítico denunció errores en todos los vocablos latinos que citaba Tierno. Cuando el autor penetre en el fondo de la obra impresa de Tierno encontrará plagios, retoricismo y dislates. Ejemplos de esto último en su libro Acotaciones a la Historia ( 1964).

Así era el intelectual orgánico del socialismo español. Los cien años de cultura han sido como los cien años de honradez. Un mito.

Ángel Maestro

 

 

 
 
 

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