MANIFIESTO FUTURISTA (Filippo Tommaso Marinetti, 1909). «Marinetti, el futurismo se llamaba fascismo»

MANIFIESTO FUTURISTA

 

Marinetti, el futurismo se llamaba fascismo

Se publica un estudio del adalid del movimiento futurista, Marinetti, creador de eslóganes para Mussolini, y defensor de la guerra y la velocidad del mundo moderno

Por Toni Montesinos

La Razón, 6 OCT 2021

MANIFIESTO FUTURISTA
Marinetti, padre del futurismo

 

«Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad», decía el punto 1 del «Manifiesto futurista» que Filippo Tommaso Marinetti publicó en «Le Figaro», el 20 de febrero de 1909.

Era el punto de partida para un movimiento vanguardista que al final se iba a considerar un precedente de otras iniciativas artísticas de gran originalidad, que también recurrieron a una suerte de decálogo para expresar sus intenciones, como en el caso del «Manifiesto surrealista».

Pero no todo ello iba a quedarse circunscrito en el entorno de las artes y las letras, pues el futurismo se relacionaría nada menos que con el fascismo, pues los futuristas apuntaban a ideas como la violencia extrema y un acentuado nacionalismo.

«El coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra poesía», decía el punto 2, y continuaba señalando cosas como estas: su pintura y arte resalta el movimiento agresivo, la bofetada y el puñetazo, el mundo moderno tiene una belleza nueva: la de la velocidad, la belleza a su vez cabe hallarla en la lucha, pues

«ninguna obra de arte sin carácter agresivo puede ser considerada una obra maestra».

 

Es más, los futuristas desearon

«glorificar la guerra –única higiene del mundo–, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer».

 

Y no contentos con eso, quisieron

«destruir y quemar los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias».

 

Marinetti, asimismo, decía en el periódico francés que era desde Italia donde lanzaría al mundo su manifiesto, lleno de «violencia atropelladora», apostando por los medios de transporte que hacían más rápida y tecnológica la vida cotidiana.

Pero este autor no había nacido en el país transalpino, sino en Alejandría, en 1876, y en la ciudad egipcia incluso cursó sus primeros estudios, para después continuarlos en París, graduándose en Leyes en la Universidad de Génova, si bien nunca ejerció la abogacía; decidió, en cambio, dedicarse por completo a la literatura.

Así, se trasladó a Milán para colaborar con la revista francófona «Antologie revue», que fue crucial para que entrara en contacto con las expresiones vanguardistas,

Se hizo conocer Marinetti en primer lugar mediante sus poemas, pero naturalmente su trascendencia pública llegó con el citado manifiesto, al que le siguió el «Manifiesto de la literatura futurista» (1910) y el «Manifiesto técnico del futurismo» (1912), donde 

insistió en exaltar lo que él pronosticaba, esto es, una nueva civilización que estaría gobernada por las máquinas y la velocidad, en que la violencia y la guerra serían algo necesario y hasta deseable, pues constituirían la forma para encontrar la identidad individual.

 

Algo que, en el plano literario, tendría un reflejo igualmente innovador y refulgente, dado que este nuevo mundo necesitaba una expresividad novedosa: se tenía que destruir la sintaxis, había que abolir el adjetivo, el adverbio y los signos de puntuación.

El objetivo con todo ello era mostrar cómo el lenguaje se adaptaba al modo en que los seres humanos captaban las sensaciones inmediatas de la vida contemporánea, al tiempo que así ganaban la atención del lector.

 

 

Un accidente al volante

Ahora, Maurizio Serra, nos ofrece este Marinetti en un libro, «Retrato de un revolucionario» (traducción de Ester Quirós), recordando un momento muy emblemático de su trayectoria: cuando, a las afueras de Milán, sufrió Marinetti un accidente al volante de su Fiat de cuatro cilindros, lo que quedó inmortalizado en una fotografía tomada tres meses antes de que el poeta, justamente, publicara el «Manifiesto futurista».

Este, como nos enseñará este biógrafo de otros escritores como Curzio Malaparte, Italo Svevo y Gabrielle D’Annunzio, será clave para que, apenas un año después, surgiera el «Manifiesto de los pintores futuristas» que firmaron Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo y Gino Severini.

Un ejemplo que explica muy bien el eco que tuvo el mensaje de un Marinetti que, por cierto, se casó con la pintora Benedetta Cappa y que, tradicionalmente, ha sido vinculado al fascismo de Benito Mussolini, pues no en vano se convirtió en su ideólogo y propagandista.

Serra, nacido en Londres en 1955, diplomático y escritor italiano, en su día embajador de Italia ante la Unesco y reciente miembro de la Académie Française, empieza contextualizando en su libro el ambiente intelectual de la época, y se concentra en mostrar las equidistancias y desencuentros que Marinetti tuvo con otros intelectuales de la época como

D’Annunzio, Benedetto Croce, Ernst Jünger, Wyndham Lewis, Thomas Mann, Charles Maurras, Ezra Pound, Raymond Roussel y Oscar Spengler.

 

El trabajo, además, cuenta con un prólogo de Juan Bonilla, que reconoce que Marinetti no fue un gran escritor y se pregunta qué ha quedado de él.

«Sin duda, sus gestos, su actitud, su capacidad de promotor. La acción también es trabajo intelectual y en una nómina de intelectuales de acción no cabe duda de que Marinetti tendría que figurar en los primeros renglones», se contesta.

 

EL EJÉRCITO SOÑADO

Maurizio Serra habla de cómo estaba presente el concepto del desfile bélico en Marinetti, de esta manera:
 
“Sueño con un ejército verdaderamente futurista que lleve consigo todo lo necesario para reconstruir rápidamente las ciudades destruidas de una manera completamente distinta. (…)
El Ejército debería portar consigo una entera población de mujeres niños viejos emboscados cocottes artistas viveurs para poblar la nueva ciudad y darnos una vida rica y despreocupada sobre todo si la nueva ciudad renace entre alturas que todavía resisten al enemigo y a los bombardeos. 
Vigor frescura esplendor geometría luminosa de una ciudad nueva bajo el cañoneo”.
 
Es una ciudad idealizada en que prima el éxtasis de las armas, que saca provecho de los sufrimientos, y en que se ve cómo Marinetti prefería evitar las comas a la hora de escribir, pues también quiso modificar las maneras expresivas del lenguaje

 

Futuristas y dandys: Luigi Russolo, Carlo Carrà, Filippo Tommaso Marinetti, Umberto Boccioni y Gino Severini en París (1912).

 

Otra cosa diferente fueron sus obras literarias, hoy olvidadas. Hoy, Marinetti, es el futurista que se hizo acérrimo partidario de la dictadura fascista de Mussolini, durante la cual ocupó importantes cargos oficiales, y en torno a la cual escribió textos como «Democrazia futurista» (1919) y «Futurismo e fascismo» (1924).

Bonilla recuerda alguna de sus frases más significativas, como que había que asesinar a los claros de luna, y que un coche de carreras era más hermoso que la Victoria de Samotracia, y acaba calificando esas ocurrencias de «chistes pasados de rosca», de ahí, dice, que no se le haya tomado demasiado en serio.

Sin embargo, sigue apuntando, Serra sí se toma en serio a Marinetti, pues no en balde su punto de vista también dice mucho del siglo XX, de una etapa muy concreta y cambiante.

De hecho, el futurismo, como apunta el ensayista,

«ha sido considerado como el primer movimiento cultural italiano de resonancia europea, mejor dicho, mundial después del siglo XVII y la crisis del Barroco».

 

“Profilo continuo” (desarrollo del perfil de Mussolini) (Renato Bertelli, 1933).

 

El valor de la guerra

El autor tituló otro de sus libros, también publicado por la editorial Fórcola, «La antivida de Italo Svevo», y tal vez podría catalogarse así la existencia de Marinetti, pues ese «anti» marcó su pensamiento literario y político, de carácter nihilista y decadente.

Así las cosas, su objetivo fue «liberar a Occidente de la decadencia y la técnica». Una obsesión subversiva que tenía justamente este centro:

«La guerra es un valor en sí misma, una forma privilegiada de la técnica; extirpa el equívoco pacifista, el idilio de la naturaleza, la aceptación del orden establecido, que es la aceptación del estancamiento y la muerte. Bienvenida sea la destrucción de todo propósito pasadista de copiar la naturaleza para domesticarla», escribe Serra.

 

 

Se trataba de ir en contra de la noción pretérita del arte, y al tiempo de adaptar Italia a una nueva manera de vida, pues lo bélico transformaría el continente para siempre, devolviéndole al hombre «el instinto de combate».

Había que ir en contra de la opresión enemiga y de la tradición funesta, explica Serra; había que educar a todo el país en lo violento, había que castigar con la ley marcial a los pacifistas y a los considerados por Marinetti como traidores, y así ir, nada menos, en palabras literales suyas,

contra la Historia, siempre «falsaria», «miserable coleccionista de sellos, de medallas y de monedas falsificadas».

 

Luigi Russolo y Ugo Piatti con sus máquinas de ruido en 1914. El ‘ruido blanco’, como sin-sentido, era considerado el grado extremo del intervalo significante, la variación absoluta de realidades simbólicas, y así, la máxima expresión de la posibilidad artística.

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GABRIELLE D’ANNUNZIO, LA OTRA VOZ DE MUSSOLINI

No sólo Marinetti fue el portavoz de las ideas fascistas de Mussolini, sino que este incluso llegó a imitar a otro autor que resultó clave durante aquella época en Italia: Gabrielle d’Annunzio. 
 
El escritor había entrado en política en el año 1897 como diputado y posteriormente se haría tremendamente célebre por los vehementes discursos que pronunciaba, al mismo tiempo que se convertiría en piloto durante la Gran Guerra, un acontecimiento esencial para Europa y de la cual salió como un héroe por participar en arriesgas misiones bélicas.
 
Por entonces, el sentimiento nacionalista estaba en auge en la mayor parte del Viejo Continente. Luego, ya retirado, apunta la traductora Amelia Pérez de Villar, «aunque tuvo una enorme influencia sobre la ideología de Benito Mussolini, nunca participó activamente en los gobiernos fascistas italianos».
 
Al contrario que en el caso de Marinetti, sí que de él se ha conservado la literatura de D’Annunzio, pues la política pasa, pero la creación artística, como todos conocen, queda.
 
Y de ella hay ediciones al alcance de aquel que apodaron «Il Vate», o sea, «el profeta».

 

Manifesto interventista, Carlo Carrà, 1914.

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MANIFIESTO FUTURISTA

Filippo Tommaso Marinetti

 

1.- Queremos cantar el amor al peligro, al hábito de la energía ya la temeridad.

2.- El coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3.- La pintura y el arte han magnificado hasta hoy la inmovilidad del pensamiento, el éxtasis y el sueño, nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, la carrera, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.

4.- Afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5.- Queremos alabar al hombre que tiene el volante, cuya lanza ideal atraviesa la Tierra, lanzada ella misma por el circuito de su órbita.

6.- Hace falta que el poeta se prodigue con ardor, fausto y esplendor para aumentar el entusiástico fervor de los elementos primordiales.

7.- No hay belleza sino en la lucha. Ninguna obra de arte sin carácter agresivo puede ser considerada una obra maestra. La pintura ha de ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para reducirlas a postrarse delante del hombre.

8.- ¡Estamos sobre el promontorio más elevado de los siglos! ¿Por qué deberíamos protegernos si pretendemos derribar las misteriosas puertas del Imposible? El Tiempo y el Espacio morirán mañana. Vivimos ya en lo absoluto porque ya hemos creado la eterna velocidad omnipresente.

9.- Queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las ideas por las cuales se muere y el desprecio por la mujer.

10.- Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías oportunistas y utilitarias.

11.- Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o por la revuelta: cantaremos a las mareas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al febril fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; a las estaciones ávidas devoradoras de serpientes que humean, en las fábricas colgadas en las nubes por los hilos de sus humaredas; en los puentes parecidos a gimnastas gigantes que salvan los ríos brillando al sol como cuchillos centelleantes; en los barcos de vapor.

 

Es desde Italia donde lanzaremos al mundo este manifiesto nuestro de violencia atropelladora y aventureros que huelen el horizonte, en las locomotoras de pecho ancho que pisan los raíles como enormes caballos de acero embridados de tubos y al vuelo resbaladizo de los aviones cuya hélice cruje al viento como una bandera y parece que aplauda como una loca demasiado entusiasta, incendiaria, con el cual fundamos hoy el “futurismo”, porque queremos liberar este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.

Ya durante demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de reliquias. Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren todos los innumerables cementerios.

 

“Manifiesto del Futurismo”,
Le Fígaro, 1909

 

A.Gauro Ambrosi, Aeroritratto di Benito Mussolini aviatore

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GABRIELE D’ANNUNZIO: FUTURISMO Y DEPRAVACIÓN

Por Joaquín Sanz Gavín

Cualia.es, 28 MAYO 2021

D’Annunzio rodeado de “arditi” en Fiume. Algunos de ellos tienen el cabello largo, se trataba de un gesto diferencial (“con el pelo largo de los aqueos”)

 

Gabriele D’Annunzio (1863-1938) fue una mezcla explosiva. De forma indisoluble, era poeta y político a la vez. Como todos los poetas, utilizó el lenguaje para crear nuevos significados y metáforas no descubiertas ‒creo que las metáforas no se inventan, se descubren‒, y como ahora veremos, también lo empleó para proyectar una utopía de hierro y violencia.

Lucy Hughes-Hallet publicó en 2013 una exhaustiva biografía del vate italiano, El gran depredador (Ariel, 2015, trad. de Amelia Pérez de Villar). Como se advierte en ese libro, la vida de D’Annunzio giró alrededor de un evento: el experimento social que desarrolló en Fiume desde septiembre de 1919 hasta diciembre de 1920.

D’Annunzio era un furibundo nacionalista italiano, escritor reconocido y famoso, soldado y aviador en la Primera Guerra Mundial. La ocupación de Fiume tenía como finalidad reivindicar la italianidad de la Dalmacia.

 

 

Fiume fue ocupada por los seguidores de D’Annunzio, a los que llamaban arditi, como los soldados de asalto del ejército italiano. Se convirtió en una república donde, durante poco más de un año, reinaron la anarquía, las drogas, el libertinaje y la violencia.

Según el propio D’Annunzio, se trataba de un experimento estético: crear una nueva sociedad que se adaptara a los “nuevos tiempos”. Era la “despiadada nueva era de la máquina” anunciada por Filippo Tomaso Marinetti en el Manifiesto futurista publicado en Le Figaro el 20 de febrero de 1909.

 

‘Formas únicas de continuidad del espacio’ (1912). Esta escultura de Boccioni representa el perfecto héroe futurista: aquel que resulta destruido por la velocidad en su volición espacial pero de donde renace, convertido en el nuevo hombre que el mundo ansiaba.

 

En el manifiesto se proclamaba la “belleza de la velocidad” y se calificaba la guerra como la única higiene posible para el mundo.

A pesar de que D’Annunzio siempre defendió que Marinetti no tenía nada que ver con su movimiento, la realidad es que ambos, de una forma u otra, inspiraron la estética fascista.

Los gritos, “Eia, eia, Alalá” (creados por D’Annunzio con presunto origen griego), las camisas negras de los arditi, el saludo romano, configurado por el brazo en alto con un puñal (que siempre portaban los arditi), y la parafernalia escénica de los desfiles militares fueron utilizados por Mussolini en el proceso creativo de la imagen del fascismo.

En La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), Walter Benjamin indicó que D’Annunzio había colaborado en el fenómeno de estetización del ejercicio político que surge con el fascismo. Su aportación habría consistido en la incorporación de la decadencia a la política.

 

“Profilo continuo” (desarrollo del perfil de Mussolini) (Renato Bertelli, 1933).

 

Los futuristas, a través del propio Marinetti, permanecieron muy próximos al régimen fascista. Proporcionaron a éste una imagen de furiosa modernidad. El fascismo italiano, al contrario que el nazismo, se asoció a una estética moderna, racionalista.

La pintura, la escultura y la arquitectura que se realizaron en ese período se podían integrar en las vanguardias sin problema alguno. Tal vez el ejemplo perfecto sea la Casa del Fascio (1932-1936), construida en Como por Giuseppe Terragni.

Otro arquitecto, Gio Ponti, que fue fundador en 1928, de la revista Domus (sobre decoración de interiores), se encargó de remodelar el cuarto de baño de D’Annunzio, en mármol y lapislázuli, en el Vittoriale degli italiani, situado en Gardona Riviera (lago de Garda). Ponti, más tarde, fue el autor de la Torre Pirelli (Milán, 1956-1960).

D’Annunzio, desde 1921 a 1938, siguió remodelando el Vittoriale incesantemente, convirtiéndolo en una especie de memorial estético y mausoleo personal.

El escritor estuvo muy ligado a Venecia. En esta ciudad, sus benefactores lo acogían en el ambiente de lujo y opulencia decadente que siempre fue su pasión. Es precisamente allí, en 1934, donde Mussolini recibe a Hitler.

En la BiennaleHitler muestra su rechazo al “degenerado arte modernista”. Mussolini opinó (según Hughes-Hallet) que parecía “un fontanero con gabardina”. Al parecer no tenía la prestancia física y la presunta elegancia del Duce.

El fascismo italiano que había nacido en la violencia prefigurada por Fiume terminó en otra orgía de violencia, la República de Saló (1943-1945).

A ello se refirió Pier Paolo Pasolini, en 1975, en su atroz película Saló o los 120 días de SodomaLa cinta asociaba el fascismo a Donatien Alphonse François de Sade y conseguía otra maldita metáfora de la violencia.

 

El fascismo italiano que había nacido en la violencia prefigurada por Fiume terminó en otra orgía de violencia, la República de Saló (1943-1945).

 

Copyright del artículo © Joaquín Sanz Gavín. Reservados todos los derechos.

 
Benito Mussolini y Gabriele D’Annunzio

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FILIPPO T. MARINETTI: EL HOMBRE MÁS MODERNO DEL MUNDO

El hombre que creó el futurismo

Por Miguel Ángel Ferreiro

El reto histórico, 27 JULIO 2025

Filippo Tommaso Marinetti, autor de manifiesto futurista.

 

«Cantaremos los motores, las multitudes, la vibración nocturna de los arsenales, las fábricas, los puentes, los vapores aventureros, las locomotoras, el vuelo de los aeroplanos… Queremos traducir en la literatura la vida del motor, esa nueva bestia cuyos instintos generales nos serán familiares cuando lleguemos a conocer los instintos de las diferentes fuerzas que lo componen…»

 

Filippo Tommaso Marinetti

 

Así maquinaba la mente de Filippo Tommaso Marinetti; apasionado de las tecnologías, los motores de combustión y la velocidad. Un hombre que veía en el ronroneo de las máquinas el futuro, el hombre más moderno del mundo (y sin necesidad de gafas de pasta, aunque sí moustache).

¿Quién era Marinetti?

Nació en Alejandría en 1876 y estudió allí hasta los 17 años; posteriormente se mudó a París y acabó graduándose en Derecho en la Universidad de Génova. Añadimos así, a su versión de hombre más moderno del mundo, la de traveller.

Fructífero poeta, que ya en plena efervescencia juvenil, tuvo la creatividad suficiente como para publicar su primer libro de poemas de verso libre: “Les Vieux Marins”. Siguió así, su trayectoria literaria publicando en 1909 lo que sería una marca clave en el movimiento vanguardista de la época: “El Manifiesto Futurista.

 

El “Manifiesto Futurista” fue publicado por vez primera en “Le Figaro” en 1909.

 

Nacimiento del “Futurismo”

Dicho texto, sería el chispazo generador del movimiento futurista, influyendo en las artes y creando una corriente en la que se exaltaba el amor al peligro, el liderazgo y, especialmente, la agresividad

Marinetti, que no se conformó con las artes, acabó combinando su visión del mundo con las crecientes ideas nacionalistas que surgían en la Italia de principios del siglo XX, contribuyendo así con su pensamiento al auge del fascismo.

Durante la década de 1910, el Manifiesto se recitaba de forma apasionada en teatros y veladas, eventos de afluencia multitudinaria que se celebraban por toda Italia y en las grandes ciudades de Rusia y Europa.

Corrían estos tiempos, cuando Filippo ejerció una doble profesión: la de corresponsal de guerra en la zona de los Balcanes y la de comisario de exposiciones futuristas en París,  Berlín o Londres.

Estas exposiciones provocaron especial interés entre los artistas locales, influenciando en el desarrollo de otros movimientos de vanguardia como el Vorticismo (considerado como una revolución en el campo de las artes gráficas, mucho antes de Bauhaus).

 

Portada de la revista “Blast”, editada por Wyndham Lewis (1915)

 

Orgulloso de su influyente código artístico, decidió escribir un nuevo manifiesto, esta vez orientado a la prosa y la literatura, “Manifesto tecnico della Letteratura Futurista.

A fin de dotar de cualidades pictóricas expresivas a las palabras, instaba a los escritores a abolir los signos de puntuación o suprimir los adverbios y adjetivos. Este nuevo manifiesto, y la consideración de las palabras como forma de arte, generó una nueva línea artística dentro del futurismo.

Ejemplos claros son los caligramas” de Apollinaire, así como los collages realizados por el artista Carlo Carrà, considerado máximo exponente de la pintura futurista.

El número de seguidores de nuestro moderno hombre solo iba in crescendo, a nivel cuantitativo y  cualitativo: artistas de la talla de Apollinaire o del polifacético Pierre Albert-Birot, se convirtieron en acérrimos devotos de Marinetti.

 

Guillaume Apollinaire, Calligramme

 

El futurismo en la estética artística general

No contento con sus dos anteriores publicaciones futuristas, decidió atacar y reinterpretar a  su manera la estética de las diferentes artes, ya que consideraba que el cine, la música, el teatro e incluso la danza se encontraban en un estado “decadente y degenerado”.

 

Cada manifestación de nuestra vida va acompañada del ruido. El ruido es, por tanto, familiar a nuestro oído y tiene el poder de reclamarnos inmediatamente a la vida misma .- Manifiesto musical del Futurismo

 

Miembro del Battaglione Lombardo (Primera Guerra Mundial)

Marinetti y la guerra

Fervoroso defensor de la guerra, no dudó en justificar la entrada en la Primera Guerra Mundial de Italia en el año 1914, alistándose meses después en el batallón de ciclistas Lombard, dónde resultaría herido en combate.

En 1918, tuvo la genial idea de meterse en política, fundando el Partido Futurista, una formación muy próxima a las ideas fascistas: anticlerical, antimonárquico y de corte nacionalista Italiano.

Este partido sería un fuerte apoyo para que  Mussolini lograra su ascenso al poder en 1922.

 

Filippo Tommaso Marinetti con uniforme (1915)

 

Fue nombrado miembro de la Reale Accademia d`Italia en 1929, escaño desde el cual generaría de nuevo una multitud de publicaciones, todas de carácter futurista.

Antes de esto, publicó  el “Manifiesto du tactilisme” que se adelantaría a las teorías del Dadaísmo sobre los “poemas-objeto”,  generando un nuevo vórtice en el futurismo que se conocería como “Aeropintura”.

 

A.Gauro Ambrosi, Aeroritratto di Benito Mussolini aviatore

 

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, muy inspiradora para él, publicaría un libro de poemas para el Ejército Italiano: “Poesía Armata. Poco después,  se enrolaría como voluntario para luchar en el frente ruso, aunque pronto cayó enfermo y fue evacuado a Italia. 

Murió de un ataque al corazón el 02 de diciembre de 1944, mientras escribía poemas épicos sobre los comandos de buceadores de combates de la Regia Marina, los Flottiglia Decima MAS.

El hombre más moderno del mundo quiso crear una vanguardia dentro de las mismas vanguardias

No quiso que fuera una corriente artística más,  quería un movimiento humano que implicara a las personas, que cambiara totalmente la percepción de todas las cosas y dotara de una gran vitalidad todos los aspectos de la vida. Quizás pecara de agresiva, pero el ronroneo de los motores obnubilaba su mente.

 

“Vive la France” .- Filippo Tommaso Marinetti (1915)

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CURZIO MALAPARTE: «TÉCNICA DEL GOLPE DE ESTADO» (1931): «Prólogo».