Don Cheadle & Brendan Gleeson en ‘El irlandés’ (The Guard, 2011)
A lo largo de un curso cinematográfico son numerosas las cintas que pasan de puntillas por la cartelera. Muchas ni siquiera llegan a estrenarse en España, o directamente sufren el ninguneo de unas distribuidoras y unos espectadores desinformados que buscan en la pirotecnia del mainstream un refugio confortable y libre de diseños más sinuosos. Aún así, muchas acaban convirtiéndose en películas de culto.
Ocurrió con Escondidos en Brujas, una producción británica que contaba la historia de dos sicarios enviados a esa ciudad de cuento de hadas situada al norte de Bélgica, después de que uno de ellos matara –sin querer– a un niño flanqueado por imágenes religiosas, en el reconfortante templo de Dios.
Ante una premisa tan dura y violenta, la sospecha de estar contemplando un panfleto turístico (que también) se desvanecía al instante: se evidenciaba un comportamiento frío y sarcástico de los asesinos que esperaban la señal del boss, un gánster psicótico que, paradójicamente, guarda un ápice de humanidad (ya sea por arrogancia o simple narcisismo) para tener la (in)decencia de matar en la distancia luego de nutrir a su víctima en aquellas catedrales góticas y canales que sortean cíclicamente un subsuelo opaco.
Y ése es el pistoletazo de salida a una sucesión de escenas brillantes. Todo ello acompañado de unas voces y unos rostros creíbles, solventes, camuflados bajo una atmósfera llena de matices, ironía, humor negro, ritmo y pausa para enfatizar el tempo de los inflamables diálogos que pueblan el guión de Martin McDonagh, quien también ocupó la silla de director.
Esos actores son caras conocidas en Hollywood y, por tanto, muy útiles para representar un determinado estilo que choca de bruces contra su entorno, valiéndose de hombres como Ralph Fiennes, Colin Farrell y Brendan Gleeson. O sea, palabras mayores.
Brendan Gleeson es un defensor de la ley muy extravagante en ‘El irlandés’
Tomando como referencia ese modelo de cine inspirado en las producciones de la BBC y su mordaz humor, el debutante John Michael McDonagh (hermano de Martin) nos presenta un filme titulado El irlandés, que versa sobre un policía heterodoxo, putero y bebedor, cuyo afilado lenguaje y modus operandi de irlandés autóctono no puede si no estropear una operación antidrogas con un agente del FBI (Don Cheadle) de por medio.
Arranca la peli con un accidente de tráfico en el que mueren varios jóvenes, y ese guardia interpretado modélicamente por Brendan Gleeson (un auténtico irlandés) se acerca a los cadáveres, les roba una bolsa llena de pastillas de éxtasis y se toma una, para a continuación señalar que es un día “jodidamente hermoso”.
La presentación del personaje, demoledora y políticamente incorrecta, acaso un presagio de lo que está por venir, es toda una declaración de intenciones: estamos ante una comedia de tintes policíacos que, a pesar de su trazo de cine independiente, funciona –en parte por su genial protagonista– como el mejor cine.
La realización se sustenta con pocos movimientos de cámara, ya que la fuerza del guión reside en el sarcasmo de unos diálogos cruelmente divertidos y groseros. Porque a ese rubio no le importa decir en mitad de una reunión que él creía que los únicos que traficaban con drogas eran negros y mexicanos, o que no sabía que los negros esquiaran y nadaran, para acabar justificando su verborrea con un patriótico:
“Todos los irlandeses somos racistas, forma parte de nuestra cultura”.
Así, El irlandés se erige como una película solvente, con momentos de acción notables y una carga cómica irreverente. Su esencia de producto típico (como no duda en retratarse ella misma) nos enseña que la sencillez formal, cuando es inteligente, no precisa de técnicas más ambiciosas.
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THE GUARD (Película)
Gerry Boyle es un excéntrico, grosero y subversivo policía irlandés que debe colaborar con un más que aburrido agente del FBI para detener a un grupo de traficantes de drogas que están amenazando la tranquilidad del condado de Galway.
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Ficha Técnica
Título Original: The Guard
Año: 2011
Duración: 96 min.
Director: John Michael McDonagh
Guión: John Michael McDonagh
País: Irlanda
Reparto: Reparto: Brendan Gleeson, Don Cheadle, Liam Cunningham, David Wilmot, Fionnula Flanagan.
Localización principal: County Galway (Irlanda).
Música: Calexico.
Fotografía: Larry Smith.
Montaje: Chris Gill.
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Crítica El irlandés (2011)
Un excéntrico, grosero y subversivo policía irlandés (papel que interpreta Brendan Gleeson) debe colaborar con un más que aburrido agente del FBI (Don Cheadle) para detener a un grupo de traficantes de drogas que están amenazando la tranquilidad del condado de Galway.
Brendan Gleeson, interpreta a Gerry Boyle un excéntrico, grosero y subversivo policía irlandés.
El poli tranquilo
El británico John Michael McDonagh, hermano de Martin McDonagh (Escondidos en Brujas), se declaró decepcionado tras la experiencia de trabajar como guionista en Ned Kelly, filmada por el australiano Gregor Jordan, que realizó numerosos cambios. Por esta razón, decidió que su nuevo libreto lo llevaría él mismo a la pantalla, en su debut como realizador de largometrajes.
El sargento Gerry Boyle, un tipo sin pelos en la lengua, gaélico de pura cepa, misógino, poco escrupuloso a la hora de recurrir a prostitutas, sirve como policía en un pueblecito irlandés. Sólo su anciana madre enferma parece tocar su corazón, pues habitualmente es un tipo al que le encanta ser hiriente con el prójimo.
A pesar de sus prejuicios racistas, el poco ortodoxo oficial se ve obligado a formar tándem con el agente del FBI negro Wendell Everett, que ha llegado de Estados Unidos para parar los pies a una banda de narcotraficantes, que han asesinado al compañero de Boyle.
Toda una sorpresa. McDonagh logra una enorme frescura mezclando variopintos elementos, como el thriller, el spaghetti-western (la escena final recuerda sobremanera al cine de Sergio Leone), las ‘buddy movies’ ochenteras de parejas de policías incompatibles en la línea de Arma letal, el humor estilo Quentin Tarantino, las comedias de la productora británica Ealing, y el western con personajes realistas y las películas de temática irlandesa de John Ford.
No resulta extraño que con un guión tan atractivo, de trama central un tanto sencilla, pero lleno de hallazgos, el cineasta haya logrado reclutar a un reparto de primera fila, que cuenta con una estrella estadounidense, Don Cheadle, excelente para encarnar al policía extranjero, un Mark Strong que vuelve a brillar como villano, y sobre todo un Brendan Gleeson pletórico, que sorprende una vez más componiendo a un personaje que en principio parece una especie de Torrente irlandés, pero con un corazón de oro y sólidas convicciones morales.
El film comienza con un tono disparatado, pero sin embargo, adquiere progresivamente tintes dramáticos. Además, aportan bastante fondo sus reflexiones sobre la corrupción y la capacidad de redención del ser humano.
La falta de presupuesto queda muy disimulada gracias a una factura técnica de primera, en la que sobresale la fotografía de Larry Smith, veterano profesional que ha ejercido diversos cargos en películas de Stanley Kubrick como Barry Lyndon y El resplandor.
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