ES NECESARIO BUSCAR CON EL CORAZÓN, por Antoine de Saint-Exupéry

 

ES NECESARIO BUSCAR CON EL CORAZÓN, por Antoine de Saint-Exupéry

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Es necesario buscar con el corazón.”

BUSCAR CON EL CORAZÓN

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Todas las personas mayores han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan.

Cuando el misterio es demasiado impresionante, no es posible desobedecer.

Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

Es triste olvidar a un amigo.

¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol…

Jamás renunciaba a una pregunta, una vez que la había formulado.

No sabía bien qué decir. Me sentía muy torpe. No sabía bien cómo llegar a él, dónde encontrarlo… ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas…!

Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras.

Es preciso que soporte dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas.

Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.

Para los vanidosos, los otros hombres son admiradores. Los vanidosos no oyen sino las alabanzas.

Cuando se quiere ser ingenioso ocurre que se miente un poco.

¿Los hombres? No se sabe nunca donde encontrarlos. El viento los lleva. No tienen raíces. Les molesta mucho no tenerlas.

¿Qué significa “domesticar”? Es una cosa demasiado olvidada. Significa “crear lazos”.

Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos.

Los ritos son necesarios. ¿Qué es un rito? Es también algo demasiado olvidado. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas.

He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.

Sólo los niños saben lo que buscan.

Si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suavemente hacia una fuente.

Lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en cualquier parte.

Los hombres cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín… Y no encuentran lo que buscan… Y, sin embargo, lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua…

Los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón.

Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco.

Siempre se encuentra consuelo.

¿Sabes?… mi flor… soy responsable. ¡Y es tan débil! ¡Y es tan ingenua! Tiene cuatro espinas insignificantes para protegerse contra el mundo… ¡Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que tenga tanta importancia!

 

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ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, 1900-1944, El principito, Alianza Emecé. [FD, 07/07/2006]

 

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La historia de amor (y desamores) que inspiró ‘El principito’, la gran obra de Antoine Saint-Exupéry

Esta semana se han publicado en Francia una parte de la correspondencia que intercambaron Saint-Exupéry y su esposa Consuelo Suncín-Sandoval. Algo que ha permitido recordar la importancia que tuvo ella en la construcción de El Principito. Y es que, la rosa que este cuida y ama, no era otra que Consuelo. ¿Pero qué había tras esta relación?

Antoine y Consuelo (portada del libro ‘Un amour de légende)
 
Se conocieron en Buenos Aires, cuando Antoine trabajaba como piloto comercial para una empresa de mensajería, en septiembre de 1930. Ella tenía 29 años, uno menos que él. Era salvadoreña, escribía, hacía esculturas y pintaba, y había tenido tiempo en el pasado de casarse, divorciarse, casarse de nuevo y enviudar. Su carácter, alegre y magnético, además de su atractivo físico, encandilaron al aviador, que quedó tan prendando que quiso casarse al poco de conocerla y celebrar la boda en la misma capital argentina. No fue así, y al final, su enlace se realizó en tierras francesas, en 1932, después de que el lugar en el que él trabajaba quebrara y decidieran establecer su casa en Europa.

En los casi catorce años que estuvieron juntos, la pareja vivió una pasión y un amor que a veces hizo que se sintieran plenos, y otras, infelices. Por sus peleas, sus altibajos, sus choques y las ausencias que el oficio de aviador de Antoine les imponía. Pero, también, por su vida bohemia y sus infidelidades. Circunstancias todas que iban a correr en paralelo a la gestación de “El Principito”, la obra más famosa de la literatura infantil. Y todo pese a que, en su trasfondo, lo que el escritor estaba expresando, de forma velada, eran sus sentimientos ante la tormentosa relación matrimonial en que vivía. Y, si se lee con esta idea, allí veremos  sus dudas, sus pensamientos, y también, como señala una de las principales investigadoras de Saint-Exupéry, su búsqueda del perdón de Consuelo, a la que plasma como la rosa del libro, que el principito cuida y ama, y protege bajo una campana de cristal, pero que le provoca esos sentimientos encontrados.

Al final, la historia del “El Principito” se publicó en 1943. Y aunque al principio vendió bien, Saint-Exupéry no tuvo la oportunidad de conocer el impresionante éxito que iba a cosechar. Porque un día de julio de 1944 desapareció, para siempre, mientras sobrevolaba el Mediterráneo. Y lo que vino luego no fue nada agradable para su recuerdo. Pues su esposa y la familia de Saint-Exupéry iniciaron litigios por su herencia y por los derechos del libro. Hasta que, al final, a la muerte de Consuelo, en 1979, llegó el olvido para quien había sido la rosa del Principito. Solo la aparición de un manuscrito que ella había escrito en torno a su relación con su esposo, y que decidió publicarse , pero en el año 2000 con el nombre de “La memoria de la rosa”, permitió que se recuperara su papel en la historia de la gran obra de Saint-Exupéry.

A partir de ahora podremos conocer un poco mejor la relación de Consuelo y Antoine, pues esta semana se ha publicado en Francia parte de la correspondencia que se dedicaron en sus ausencias. Cartas que, en su momento, lograron recorrer la distancia que les separaba en sus viajes. Cartas que fueron, en muchos momentos, la única forma de encontrarse y plasmar sus sentimientos y todo lo que necesitaban y añoraban. Cartas que corroboran esa relación de contrastes, de distintos mundos y pareceres, pero que también reflejan su amor real. “Amo tus inquietudes y tus enfados. Me gusta todo aquello de ti que está solo a medias domesticado”, le dice él en una de las primeras misivas que le envía. Y ella dice poco después: “Por largos días vivirás lejos de mí. ¿Quién te va a despertar cada mañana? ¿Quién te abrazará? El viento, la luna, la noche no te regalarán caricias tan suaves y cálidas como las que te da tu mujercita”. Aunque, a veces, el amor que sienten les resulte hiriente: “Consuelo, cariño, no sabes hasta qué punto me haces sufrir”, dice Antoine. “Lloro de emoción, tengo tanto miedo de exiliarme de tu corazón…”, es una de las respuestas de ella.

Dicen algunos investigadores que es un error considerar “El Principito” como una obra infantil. Y, efectivamente, no lo es. Pero todo depende también de la perspectiva. Porque esa obra que nació de ese amor, el perdón y el recuerdo, ha volado, libre, ajena a todo lo demás, para acercarse al corazón de sus lectores. A los niños que la descubrieron y descubrirán, y a los adultos que quieren recordarse siendo niños. Quizá Saint-Exupéry no la concibió así, pero el legado que ha dejado ha hecho que su texto haya acabado perteneciendo a todos.

 

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ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry (Lyon, 29 de junio de 1900 – Mar Mediterráneo, cerca de Marsella, 31 de julio de 1944), conocido como Antoine de Saint-Exupéry, fue un aviador y escritor francés, autor de la famosa obra El principito.

El 29 de junio de 1900 nació el novelista y aviador francés, Antoine de Saint-exupéry. Quedó huérfano de padre a la temprana edad de 4 años y se crio en el entorno femenino de una familia aristocrática de la ciudad de Lyon (donde su madre trabajaba como enfermera). Terminó el bachillerato en 1917, en el colegio marianista Villa Saint-Jean de Friburgo (Suiza) y, tras ser rechazado en la escuela naval, se hizo piloto cuando estaba cumpliendo el servicio militar en 1921, en Estrasburgo.

No tardó en integrarse en la escuadrilla de pilotos que cubrían los tramos de «la Línea» que transportaba el correo entre Toulouse, Barcelona, Málaga, Tetuán, Sahara español, hasta las antiguas colonias francesas, en lo que luego sería Senegal. A finales de 1927 fue destinado como jefe de escala a Cabo Juby, entonces bajo administración española, donde inició con cierta constancia su vocación literaria. En 1928 se trasladó a Sudamérica. En 1929 se publicó Courrier sud y a finales de 1930 Vol de nuit, que le supuso un gran éxito al obtener el premio Femina; ambas giran en torno a sus experiencias como aviador.

Vivió en Concordia, Argentina, pero en Buenos Aires conoció a quien sería su esposa, la millonaria salvadoreña Consuelo Suncín, fue nombrado director de la empresa Aeroposta Argentina, filial de la Aéropostale, donde tuvo la misión de organizar la red de América. A partir de 1931, la progresiva bancarrota de la Aéropostale puso término a uno de los capítulos más épicos de los pioneros de la aviación, aunque todavía se extenderían sus hazañas hasta la revolución aeronáutica provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1932, Saint-Exupéry se consagró al periodismo y la escritura. Hace reportajes sobre la Indochina Francesa (hoy Vietnam) en 1934, sobre Moscú en 1935, y sobre España en 1936, previos al inicio de la Guerra Civil. Sin embargo, no dejó de volar como piloto de pruebas, participando en algunos «raids» o intentos de récords, que en ocasiones se saldaron con graves accidentes, como el ocurrido en la zona del Sahara vecina a Egipto en 1935.

Sus reflexiones sobre el humanismo las recogió en Terre des hommes, publicado en 1939. Ese mismo año, fue movilizado por el Ejército del Aire, como piloto de una escuadrilla de reconocimiento aéreo, caracterizada por misiones suicidas y estratégicamente absurdas, en pleno arrollador avance alemán. Tras el armisticio forzado por la ocupación alemana de Francia, abandonó Francia, y a través de sus agentes literarios se instaló en Nueva York llegando a participar en alguna de las campañas orquestadas para que los estadounidenses entraran en la guerra.

Descontento con su participación pasiva en el conflicto y habiendo sido rechazado sistemáticamente como piloto, por fin, en la primavera de 1944, fue destinado a Cerdeña y luego a Córcega en una unidad de reconocimiento fotográfico del frente alemán en los prolegómenos del desembarco aliado en Provenza. El 31 de julio de 1944, a las 8:45 horas, Saint-Exupéry despegó a bordo de un Lightning P-38 para una misión de reconocimiento sin armamento de una base aérea en Córcega, con una autonomía de vuelo de seis horas, sobre los movimientos de las tropas alemanas en el valle del Ródano poco antes de la invasión aliada del sur de Francia. No regresó jamás.

Wikipedia

 

 


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