El 17 de noviembre de 2002 pasará como una fecha histórica en Italia. Ese día, el tribunal de Perugia condenó a 24 años de cárcel a Giulio Andreotti, el político que mejor resume la historia de la Primera República italiana (desde la posguerra al estallido del escándalo de corrupción llamado Tangentópoli en 1992), considerándole instigador del asesinato del periodista Mino Pecorelli, ocurrido hace 23 años. Para entender el significado de esta sentencia basta un párrafo del libro Cosecha Roja publicado hace siete años por otro periodista de izquierdas, Enrico Deaglio, en vísperas del juicio de Palermo en el que el veterano político era acusado de colusión con la Mafia. «Andreotti ha representado el símbolo de un mundo, de un método de gobierno, de un modo de pensar con el que se han identificado millones de ciudadanos italianos. Por otra parte, el anciano imputado se declara inocente y, hasta ahora, ninguna de las pruebas ha alcanzado la masa crítica de la prueba decisiva. Las acusaciones contra él son tales que han hecho necesario su procesamiento, pero no son suficientes como para condenar al imputado. El proceso es un proceso político pero se basa en hechos políticos probados. Es nuestro Núremberg, sólo que no hay ni vencedores ni vencidos».
Las palabras de Deaglio son igualmente válidas para el reciente proceso de Perugia. Y es que Andreotti, que a los 83 años de edad conserva intacta una mirada entre maliciosa y astuta, representa un pedazo fundamental de la historia de la Primera República italiana. Un periodo turbulento en el que la Democracia Cristiana, el partido creado por Alcide de Gasperi con el apoyo del Vaticano, controló el poder con mano férrea a través de efímeros Gobiernos presididos en siete ocasiones por Andreotti, que en ese medio siglo de historia no abandonó jamás la sala de mandos de la política italiana. Su condena equivale, por tanto, a una condena colectiva a la DC.
Son los setenta los años de guerras políticas intestinas entre las diferentes corrientes democristianas y del «compromiso histórico» que lleva al poderoso Partido Comunista Italiano (PCI) a sostener primero y a colaborar directamente después, en 1978, con un Gobierno democristiano. Un tiempo de misterios en el que se suceden las muertes enigmáticas y los escándalos financieros, muchas veces en estrecha conexión. Por ejemplo, el de la bancarrota fraudulenta del Banco Ambrosiano que salpica al Vaticano, engullirá al banquero Roberto Calvi, encontrado ahorcado bajo un puente de Londres en 1982, y costará la vida después al banquero mafioso Michele Sindona. Sindona, un personaje singular ligado a la Mafia, al Vaticano -del que sería consultor financiero mucho tiempo- y a la Democracia Cristiana, está en estrecha relación también con la logia masónica Propaganda-2, que ha llegado a los ganglios del poder político y militar italiano y cuyo máximo personaje, Licio Gelli, mil veces inculpado, es uno de los pocos testigos vivos de aquellas turbulentas aventuras.
Sobre la Democracia Cristiana, y en concreto sobre Andreotti, un personaje lo bastante importante como para disponer de su propia corriente, pesan las sospechas de una demasiado fluida relación con la Mafia. En Sicilia, todos lo saben, no es posible triunfar en las urnas sin el apoyo de Cosa Nostra. Los andreottianos se apuntan un éxito tras otro en la isla, donde el astuto político no desdeña el apoyo de un capo conocido, Vito Ciancimino -muerto la semana pasada en Roma, que llegará a ser en 1970 alcalde de Palermo en las listas democristianas-, para afianzar su poder. Desde 1968, la corriente andreottiana cuenta con un político clave, Salvo Lima, cuyas conexiones mafiosas son un secreto a voces.
El equilibrio de fuerzas saltaría por los aires en 1992. Ese año, clave en la historia italiana porque se destapa el escándalo de Tangentópoli que barre del poder a democristianos y socialistas, representa un punto de inflexión en la brillante carrera de Andreotti, que en esos momentos es primer ministro del país. Lima es asesinado en Sicilia, lo que puede considerarse un aviso de que la suerte del siete veces primer ministro ha cambiado. El 23 de mayo, en la carretera que une el aeropuerto de Punta Raisi con Palermo, salta por los aires el coche que traslada al juez Giovanni Falcone y a su esposa, y entonces un arrepentido de la Mafia, Tommaso Buscetta, que durante casi un decenio ha colaborado con el magistrado, se decide a revelar la identidad del político de referencia de Cosa Nostra en las altas esferas del poder romano. «Es Andreotti», dirá.
De Buscetta parten los problemas judiciales de Andreotti que truncan su carrera política (su aspiración de ocupar la presidencia de la República se verá frustrada para siempre). Porque a su testimonio se suman los de Balduccio di Maggio y Francesco Maninno Manoia, entre otros mafiosos arrepentidos, que aseguran haber sido testigos de las visitas del senador democristiano al padrino de Cosa Nostra, Totó Riina. La fiscalía de Palermo se pone en marcha en 1993, mientras la de Perugia aborda otro filón de la declaración de Buscetta, el que relaciona a Andreotti con la muerte del periodista Mino Pecorelli, asesinado en Roma, el 20 de marzo de 1979. Las absoluciones que recibió el senador vitalicio en primera instancia en 1999 se han revelado transitorias, al menos en el juicio de Perugia.
Las connivencias de la Democracia Cristiana con Cosa Nostra no son, con todo, el único episodio tormentoso del pasado del gran partido, atomizado ahora en media docena de grupos menores. El largo reinado DC engloba los turbulentos años de plomo, años del terrorismo de izquierda y de derecha, que entre 1969 y 1988 deja una estela de casi 500 muertos. En el corazón de este trágico periodo estalla el caso Moro, un suceso todavía hoy misterioso y oscuro, un equivalente a la italiana del asesinato de John Fitzgerald Kennedy.
Aldo Moro es el presidente de la DC cuando un comando de las Brigadas Rojas lo secuestra en Roma, el 16 de marzo de 1978, después de matar a los cinco escoltas que le acompañan. El cadáver de Moro será encontrado 55 días después, dentro del maletero de un coche aparcado en una céntrica calle de Roma entre las sedes de la DC y del PCI, con un tiro en la nuca. Pero durante su largo cautiverio -mientras los secuestradores intentan negociar su rescate a cambio de la libertad de 13 brigadistas detenidos y el Gobierno (presidido por Andreotti) se divide sobre qué actitud tomar-, el líder democristiano es sometido a un minucioso interrogatorio recogido por escrito en un largo memorial. Documento que se ha convertido ahora en el elemento clave de la condena de Andreotti, como si los muertos del pasado clamaran venganza contra el político que ocupó durante medio siglo la cima del poder.
EL MEMORIAL ALDO MORO
Aldo Moro, que ve desesperado cómo el Gobierno opta por la línea dura de no pactar con sus secuestradores, cuenta a los brigadistas todos los secretos que conoce de la Democracia Cristiana y no ahorra acusaciones a sus colegas de partido («Mi sangre caerá sobre todos vosotros», escribe). El memorial que recoge sus declaraciones es un insondable misterio. Del documento no se ha encontrado nunca el original, sino dos copias desiguales, lo que ha dado origen a numerosas teorías conspirativas. Una de ellas asegura que el general de carabineros Carlo Alberto dalla Chiesa, uno de los primeros en investigar el asesinato de Moro, encontró el documento, enormemente comprometedor para la DC y para su hombre fuerte, Giulio Andreotti, y confió su contenido al periodista Mino Pecorelli. Sería ése el móvil que indujo a Andreotti a solicitar a la Mafia un pequeño favor, la eliminación de Pecorelli, según los jueces que le han condenado ahora. Las hipótesis son tan numerosas como indemostrables porque los principales protagonistas de la historia -con la excepción de Andreotti- están muertos. Después de los asesinatos de Moro y de Pecorelli le llegó el turno a Dalla Chiesa, asesinado en 1982 junto a su esposa en una calle de Palermo por la Mafia.
[2] PELÍCULA «EXCELLENT CADAVERS» (FALCONE: un juez contra la mafia)
Dirigida por Ricky Tognazzi
Giovanni Falcone, es el juez que decidió enfrentarse a la mafia italiana. Luchó con todos sus medios y con la ayuda de su compañero Paolo Borsellino y del ex capo, convertido en confidente Tommassi Buscetta. Puso en peligro su propia vida y la de su familia desafiando a la Cosa Nostra, hasta lograr en un juicio histórico dictar sentencia contra 344 mafiosos que acabaron condenados. La respuesta de la sociedad provocó la mayor redada antimafia que se ha llevado a cabo en la historia de Italia. Alexander Stille decidió escribir una novela acerca de la historia del juez Falcone, que tituló ‘Excellent cadavers’, el nombre que dan los mafiosos a los cargos públicos asesinados. Como tributo a Falcone, que pagó con su vida la dedicación a la justicia, se filmaba en Roma y Palermo, localizaciones reales, bajo la dirección de Ricky Tognazzi la adaptación al cine de dicha novela. En el reparto destacan Chazz Palmintieri como Falcone, al que normalmente hemos visto hacer de gangster, F. Murray Abraham o la actriz Anna Galiena.
Sinopsis
Italia, 1984. Los insobornables jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino constituyen una amenaza para la mafia siciliana. Gracias a sus investigaciones han sido encarcelados centenares de sicarios de la organización criminal. Lo difícil es llegar hasta los capos, ya que los detenidos cumplen estrictamente la ley del silencio (l’omertà). El juez Falcone sospecha que los políticos de las altas esferas están implicados en los turbios negocios de la mafia, pero carece de pruebas que lo demuestren. Todo cambia tras la detención de Tommasso Buscetta, un mafioso arrepentido y decidido a romper la Omertà. Falcone, consigue por fin las pruebas que necesita. Buscetta y Falcone trabajarán juntos para detener a los principales mafiosos. Pero la Mafia no se queda de brazos cruzados: Falcone, Borsellino y Buscetta tienen los días contados (filmaffinity)
La película sobre el Juez Falcone recomendada por Punto Crítico, debido a su mayor rigor histórico, pese a la mejorable calidad de la copia
Sinopsis
Es la historia del conjunto de jueces antimafia que en los años 80 trabajaron en la Audiencia de Palermo, en Sicilia. Uno de ellos, Giovanni Falcone (víctima de un atentado con bomba), un hombre íntegro y valiente, pagó caro el haber descubierto las relaciones entre la Mafia y los políticos. (FILMAFFINITY)
El juez Giovanni Falcone tenía que morir. Había conseguido la condena de casi 500 mafiosos a 2.665 años de cárcel en el maxiproceso de Palermo, que se celebró desde 1986 hasta el 1992. La cúpula de Cosa Nostra estaba enfadada porque, por primera vez, las sentencias no se habían “arreglado” en apelación. Falcone tenía que pagar. Por aquel entonces, el juez ya había cambiado el tribunal de Palermo por el Ministerio de Justicia de Roma, donde estaba trabajando en la creación de una Audiencia Nacional Antimafia.
“Les volaremos los huevos”. Ese fue el mensaje que recogió una llamada interceptada pocos días antes del atentado. El sábado 23 de mayo de 1992 el juez llegó a Palermo en un vuelo de Estado. A las 17.56 horas el convoy de tres coches blindado se acercó a la línea que marcaba el kilómetro cinco de la autovía de Capaci. Era la señal para los encargados de activar los 572 kilos de explosivos escondidos en un túnel bajo la carretera.
La bomba arrolló al primer coche; lo lanzó a cinco metros de distancia. El segundo vehículo, donde viajaba Falcone, fue investido por los escombros. El juez murió pocas horas después en el Hospital Cívico de Palermo. El attentatuni (el gran atentado en siciliano) se llevó la vida de Giovanni Falcone, de su mujer, de la magistrada Francesca Morvillo y de tres agentes de su escolta.
El atentado se produjo cerca de la localidad de Capaci. LUIS SEVILLANO
Palermo como Beirut, Italia como Colombia
Palermo como Beirut, Italia como Colombia, escribían los periódicos de entonces. La violencia de la mafia despertó por un momento la adormilada política italiana, que llevaba un mes retrasando la elección del Presidente de la República.
No duró mucho. Menos de dos meses después, el 19 de julio, la mafia volvió matar. Un coche bomba de nuevo. Otro juez. El considerado heredero de Falcone, Paolo Borsellino. El más preparado para liderar la recién nacida Audiencia Nacional Antimafia. Murió mientras visitaba la casa de su madre.
El 15 de enero de 1993, los Carabinieri detuvieron a Totò Riina, el capo dei capi, el jefe de Cosa Nostra. La mafia respondió con una serie de atentados contra el patrimonio artístico: los Uffizi de Florencia, la basílica de San Juan de Letrán en Roma, el Pabellón de Arte Contemporánea de Milán.
Atentados y negociación
“Después de la muerte de Falcone Italia fue obligada a reaccionar”. Antonio Nicaso es profesor de Historia de la mafia en la Queens University de Toronto y conoció a Falcone en los años ochenta. Cuenta que después de la muerte del juez, Italia estaba a punto de dar el golpe final a Cosa Nostra. Sin embargo, de repente, todo se paró. “Hoy sabemos que ha habido una negociación entre sectores del Estado y la cúpula mafiosa. Una relación que se sigue investigando: muchos se sorprenden, pero la historia de la mafia es una historia de diálogo y complicidad, no sólo de violencia”, dice Nicaso. A cambio de la paz, el nuevo capo dei capi, Bernardo Provenzano pedía que se retiraran las duras leyes aprobadas por el parlamento para combatir Cosa Nostra.
Después de veinticinco años todavía no se conoce la verdad. Sobre la matanza de Capaci se han celebrado dos procesos. Sobre la muerte de Borsellino, cuatro. El juicio sobre la “negociación” todavía no se ha cerrado. Rosi Bindi, Presidenta de la Comisión Antimafia del Parlamento italiano, admite que es difícil encontrar nuevos elementos de prueba después de tanto tiempo. “La relación entre mafia y política ha cambiado. Hoy la política es más débil y la mafia prefiere establecer vínculos directamente con el poder económico”, dice esta exponente del Partido Democrático. “La internacionalización de la mafia prescinde de los apoyos políticos. Estrecha relaciones directamente con emprendedores, financieros y banqueros porque sabe que la política cuenta menos”, dice Bindi. Pero el objetivo es siempre el mismo: dinero y poder.
La crisis del ‘anti-mafia’
Juez Falcone
La muerte de Falcone y Borsellino provocó una gran indignación en la sociedad italiana. Nacieron las primeras asociaciones anti-mafia. Entre ellas, Addio Pizzo, que luchó para que los pequeños comerciantes dejaran de pagar para obtener la protección. O Libera, que gestiona con fines sociales los bienes secuestrados a Cosa Nostra. Según don Ciotti, sacerdote y fundador de Libera, la mafia ha entendido la globalización y ha sabido aprovecharse de ella. Ha conseguido infiltrarse incluso en las mismas organizaciones que habían nacido para combatirla. “Hoy se mira a la palabra anti-mafia con sospechas porque ha sido utilizada como paraguas para negocios ilícitos”.
El mismo Ciotti ha tenido que expulsar de la red asociativa a personas y estructuras que ya no tenían los requisitos para formar parte de Libera. “La mafia no mata tanto, pero el número de personas a las que quita la esperanza de un futuro digno sigue aumentando”, afirma el sacerdote. Según Nicaso la mafia mata menos porque no necesita hacerlo. “La política responde sólo cuando hay alarma social”. Italia, por ejemplo, no ha conseguido extender a todo el territorio europeo el reato de asociación mafiosa, que permitió a Falcone llevar a cabo el maxiproceso.
La mafia en España
Una contradicción que choca con la expansión internacional de la criminalidad mafiosa. Para la Presidenta Bindi, España ocupa un lugar central en esta red por ser el lugar donde se produce el intercambio de la cocaína de América del Sur y del hachís de Marruecos. Es sobretodo la ‘Ndrangheta, la rama mafiosa que procede de Calabria, que ha instalado sus intereses en la península. Reconoce que la colaboración, a la hora de detener mafiosos, es excelente. Pero dice haber vuelto preocupada de los encuentros con jueces, fiscales y políticos españoles: “No quieren admitir que sólo gracias a una extendida complicidad local la criminalidad organizada ha podido expandirse en España”. Una negación que no le sorprende porque durante mucho tiempo se negó que la mafia existiera en la misma Sicilia.
Combatir la mafia será cada vez más difícil si los medios y el cine siguen transformando a los criminales en personajes shakesperianos. Nicasio ha dedicado un libro a este tema y cree que se están contando sólo desde “la perspectiva del mal, transformando los que la combaten en caballeros solitarios destinados a la derrota y a la muerte”, apunta. De Narcos a Crematorio, la violencia criminal está de moda. “Habría que contar las mafias como son, muchos menos novelescas. Se les otorga una supuesta potencia absoluta como si fueran fenómenos irrecuperables”, afirma. Una opinión que Giovanni Falcone probablemente compartiría: la mafia es un hecho humano, escribió en su libro Cosas de Cosa Nostra, y como todo hecho humano, se acabará”.
Los ingresos derivados de las drogas procedentes de Estados Unidos permitieron instalar grifos de oro en las modestas viviendas campesinas, financiaron la construcción de bloques de pisos y villas junto al mar, vaciaron las estanterías de las florecientes boutiques de lujo de Palermo, y se reinvirtieron en empresas legales e ilegales en Italia y el resto de Europa. Los dólares de la heroína también se filtraron al sistema financiero local (en la década de 1970 hubo toda una serie de bancos privados y entidades de ahorro cooperativas locales que duplicaron su parte en el mercado siciliano de inversiones), y fueron absorbidos por las estructuras dominantes del sistema bancario italiano, donde se mezclaron con los beneficios de la corrupción política. Siguiendo el camino del dinero, los mafiosos llegaron más alto que nunca en el escalafón social. Giovanni Falcone llegó al Palacio de Justicia de Palermo en 1978.
En el plazo de dos años, el denominado «método Falcone» produjo resultados espectaculares en un caso que afectaba al propio corazón del negocio de drogas transatlántico de la Cosa Nostra, y en el que estaban implicados el capo de Passo di Rigano, Salvatore Inzerillo; los llamados «Gambino de Cherry Hill», en Brooklyn; el magnate de la construcción y principal contribuyente de Sicilia, Rosario Spatola, y el antiguo miembro del triunvirato mafioso Stefano Bontate; todos ellos formaban parte de una extensa red de alianzas matrimoniales. Falcone colaboraba asimismo con varios jueces de Milán en relación con un caso de fraude y asesinato que amenazaba con revelar lo peor de la sociedad italiana en forma de corrupción, influencia mafiosa y conspiraciones antidemocráticas en los más altos niveles de las instituciones políticas y financieras. El caso se centraba en el banquero Michele Sindona. A principios de la década de 1970 Sindona era el personaje financiero más influyente de Italia. Dirigía uno de los mayores bancos de Estados Unidos, controlaba las inversiones extranjeras del Vaticano y era uno de los principales contribuyentes a la financiación de la Democracia Cristiana.
Banquero Michele Sindona
Aparte de eso, existían firmes sospechas de que blanqueaba dinero de la Cosa Nostra. Pero en 1974 su imperio financiero se derrumbó en medio de una serie de acusaciones de fraude, y él huyó a Estados Unidos. Desde allí, en 1979, en cargó a un mafioso que matara a tiros al abogado en cargado de liquidar sus negocios en Italia. Al verse acorralado por las autoridades de ambas orillas del Atlántico, Sindona pidió ayuda a los mismos mafiosos implicados en el círculo de tráfico de heroína Inzerillo Gambino-Spatola-Bontate para que organizaran su falso secuestro a manos de un inexistente grupo terrorista de izquierdas llamado «Comité Proletario Subversivo por una Vida Mejor». Pasó casi tres meses en Sicilia en manos de los «terroristas», después de los cuales hizo que le anestesiaran y le dispararan en el muslo izquierdo como evidencia de que habían intentado matarle. El verdadero objetivo del secuestro era enviar notas amenazadoras apenas veladas a los antiguos aliados políticos de Sindona con la esperanza de que estos todavía pudieran arreglárselas para salvar sus bancos, y, en con secuencia, el dinero de la Cosa Nostra. Pero la conspiración fracasó. Sindona fue «liberado» por sus captores y luego se entregó al FBI. Moriría en la cárcel, en 1986, después de haber tomado café en el que alguien había echado cianuro. En el verano de 1982 otro deshonesto banquero italiano, Roberto Calvi, fue encontrado colgado bajo el puente de Blackfriars, en Londres.
Roberto Calvi
La carrera de Calvi parece calcada a la de Sindona: rápido ascenso, estrechos vínculos con el Vaticano, financiación de los partidos políticos gobernantes y colapso financiero, seguido de un desesperado intento de salvarse haciendo chantaje a diversos políticos. Habría que esperara abril de 2002 para que se confirmara —al menos en la mente de las autoridades italianas— que Calvino se había quitado la vida como inicialmente se había creído, sino que en realidad «le suicidaron», como suele decirse en estos casos convirtiendo el verbo «suicidar» en transitivo. En el momento de escribir estas líneas parece bastante probable que se juzgue a un capo mafioso cercano a los Corleonesi por haber ordenado presuntamente su muerte. La tesis de la acusación, basada en las declaraciones de un pentito de la Mafia, es que Calvi blanqueaba dinero de las drogas para los Corleonesi del mismo modo que Sindona lo hacía para el grupo Inzerillo-Gambino-Spatola Bontate, y que fue asesinado porque también él había resultado poco fiable. Se prevé que el hombre de honor en cuestión negará los cargos. Ambos «banqueros de Dios» eran miembros de una logia masónica conocida como «Propaganda 2», o «P2». En marzo de 1981 los jueces de Milán que investigaban el falso secuestro de Sindona descubrieron una lista de 962 miembros de P2 en el despacho de su gran maestre, Licio Gelli.
Gran Maestre de la logia Masonica P2 Licio Gelli
Entre quien se habían realizado el juramento se encontraban todos los jefes de los servicios secretos, cuarenta y cuatro miembros del Parlamento y un montón de destacados empresarios, figuras militares, policías, funcionarios públicos y periodistas. La investigación parlamentaria sobre la P2 concluyó que el objetivo de la logia había sido contaminar la vida pública y socavar la democracia, si bien no todos sus miembros eran conscientes de ese propósito no declarado, ya que, casi con toda certeza, el gran maestre había estado guardando documentos secretos sobre diversos miembros con el fin de hacerles chantaje. Todavía hoy no está claro cuál fue el alcance ex acto de la influencia de la logia P2. Más fácil de definir resulta la relación entre la Mafia y otros grupos masónicos. A partir de la década de 1970, algunos destacados hombres de honor se afiliaron a diversas logias como medio de entrar en contacto con empresarios, burócratas y políticos. Tal como explicaba un pentito, «Gracias a los francmasones puedes establecer un amplio contacto con empresarios, con las instituciones, con los hombres que ejercen un tipo de poder distinto del poder punitivo que tiene la Cosa Nostra».
Un ejemplo demuestra lo insidiosa que puede resultar la influencia de estas redes. La investigación parlamentaria sobre el caso Sindona descubrió que el cirujano plástico que había anestesiado y herido al banquero durante su falso secuestro era, según su propia definición, un «masón internacional sentimental», con estrechos vínculos tanto con los mafiosos como con el gran maestre de la P2. Durante diecinueve años fue también el médico residente del cuartel de la policía de Palermo, y es posible que tuviera amigos en el gobierno estadounidense. Sería un error suponer que los masones «de cuello blanco» eran quienes llevaban la iniciativa en esta especie de baile corrupto con los matones de la Cosa Nostra. Para empezar, para cualquiera que fuera miembro de las dos sociedades secretas no existía conflicto alguno de lealtades. Tal como explicaba un pentito, los intereses de la Cosa Nostra siempre van primero: «El juramento [masónico] es una ficción puesto que nosotros solo hemos hecho un juramento que respetamos: el que hacemos a la Cosa Nostra».
Se sabe que los dos hombres más ricos de Sicilia en las décadas de 1960 y 1970 habían hecho ambos juramentos, el masónico y el mafioso. Eran los primos Salvo, Nino e Ignazio. Nino Salvo era un tosco y sociable hombre de honor de la «familia» de Salemi, en la provincia de Trapani. En 1955 se casó con una mujer cuyo padre regentaba una de las pequeñas empresas que recaudaban los impuestos en representación del gobierno, ya que en Sicilia tanto los impuestos directos como los indirectos se pagaban a través de empresas privadas, en un sistema que el principal historiador de Palermo ha calificado de «una infernal máquina devoradora de dinero». Junto con su suegro y su más refinado primo Ignazio, Nino pasaría a constituir un cártel que en 1959 conseguiría el derecho a recaudar el 40 por ciento de todos los impuestos de Sicilia. En 1962, con la ayuda del «joven turco» Salvo Lima, la empresa de los primos Salvo se adjudicó el contrato para recaudar los impuestos de Palermo, un negocio que por sí solo generaba una cifra equivalente a más de dos millones de dólares anuales (de la década de 1960) en beneficios. Su control sobre los sistemas de recaudación de impuestos crecería aún más a mediados de la década, y duraría hasta principios de la de 1980. Mientras que en otras partes de Italia los negocios similares generalmente obtenían un beneficio aproximado del 3 por ciento de lo que recaudaban, los Salvo sacaban un constante 10 por ciento. Además, los primos complementaban sus ingresos monopolizando subvenciones de la Unión Europea y el gobierno italiano destinadas a las necesidades de la industria agraria, que venían a añadirse al botín que sacaban de la recaudación de impuestos.
Antonino Salvo
Ignazio Salvo
Lógicamente este nivel de robo no podría haberse mantenido sin contar con un amplio y sólido respaldo político, especialmente en la Asamblea Regional Siciliana. De hecho, el cortocircuito de corrupción existente entre los Salvo, la Mafia y diversos sectores de la DC envenenaba todo el sistema político italiano. Ya era bastante malo que los fondos de los Salvo fueran a parar a los políticos a cambio de su respaldo cuando había que renovar los con tratos para recaudar impuestos o rechazar los periódicos intentos de poner este valioso servicio bajo control público. Pero aún había algo más que eso. En la Asamblea Regional, como en los ayuntamientos de toda la isla, muchos políticos eran en realidad reclutados y elegidos por la Mafia de acuerdo con los principales gerifaltes de la DC. En 1982 el juez Falcone sometió los negocios de los primos Salvo a una auditoría, lo que constituía un gesto inaudito de «lesa majestad». Su frontal confrontación con la Cosa Nostra, no obstante, apenas estaba empezando. Pero para entonces el boom delos narcóticos había empezado ya a sumergir a la Mafia siciliana en un charco de sangre más profundo que nunca.
Se hizo célebre al provocar el mayor escándalo de la historia de la República Italiana: la P2 salió a la luz pública con las declaraciones del mafioso Michele Sindona durante el escándalo del banco Ambrosiano, donde el Instituto para las Obras de Religión y la ciudad de Milán tenían intereses económicos. Entre 1965 y 1981, condicionó el proceso político italiano mediante la inclusión de personas de confianza de la P2 dentro de la Magistratura, el Parlamento, las Fuerzas Armadas y la Prensa.
En 1966 el Gran Maestro de la logia Grande Oriente d’Italia (GOI) Giordano Gamberini y el Gran Maestro adjunto Roberto Ascarelli, bajo órdenes de Frank Gigliotti y Richard Helms (de 1966 a 1973 Director de la CIA), poderosos masones a escala internacional, elevaron a grado de Maestro a Licio Gelli y lo introdujeron dentro del Propaganda Due1, la cual Gelli alcanzaría a presidirla a partir de 1970, cuando fue elevado al grado de Gran Maestro2.
Las conexiones del mafioso Roberto Calvi con el Gran MaestreLicio Gelli concitaron la atención de la prensa y la policía, originando que la logia (anteriormente secreta) fuera descubierta. La policía encontró una lista de adherentes en la casa del Gran Maestre Gelli, en Arezzo en marzo de 1981, con más de 900 nombres, con importantes funcionarios estatales, destacados políticos (dos antiguos primeros ministros, 62 senadores, 44 diputados) y oficiales del Ejército, muchos de ellos enrolados en el SISMI (Servicio Secreto Italiano) y altos miembros del crimen organizado. Otro famoso miembro era Victor Emmanuel, Príncipe de Nápoles, cabeza de la Casa de Saboya. También fue hallado un documento en posesión de Licio Gelli titulado «Piano di Rinascita Democratica» (Plan para el Resurgimiento Democrático) que contenía una declaración de la Logia para formar una nueva élite política y económica para liderar a Italia hacia un mayor autoritarismo en la democracia, una coalición de carácter centrista y anticomunista. «El objetivo de la división de los sindicatos debe ser una prioridad», indicaba el Plan, «para así lograr la reunificación con los gremios autónomos de sus confederaciones, seguidores del Plan».6
El primer ministro Arnaldo Forlani fue forzado a dimitir por maniobras del partido, causando la caída del gobierno italiano. Giovanni Spadolini, del Partido Republicano Italiano (PRI) fue votado para presidir una coalición de centro-izquierda. Spadolini fue el primer jefe de gobierno italiano no proveniente de la Democracia Cristiana. Todos los funcionarios de los servicios secretos de Italia, con su jefe Vito Miceli, fueron obligados a renunciar a sus cargos.
La Logia fue posteriormente investigada por una comisión especial del Parlamento Italiano dirigida por Tina Anselmi, de la Democracia Cristiana, llamada Comisión Parlamentaria Italiana sobre la P2. La conclusión de esta comisión fue que era una organización criminal sin reconocimiento legal, aunque no se hubieran encontrado pruebas de crímenes específicos encomendados. Conjunciones de subrepticias relaciones internacionales, principalmente con Argentina, (el Gran Maestre Gelli repetía sugeréntemente que él era estrecho amigo de Juan Perón), y contactos sospechosos con la Agencia Central de Inteligencia estadounidense fueron confirmadas.
La logia masónica P2 y la ‘Ndrangheta calabresa fueron objeto de máxima atención cuando Roberto Calvi quebró el Banco Ambrosiano, uno de los principales bancos italianos, propiedad en parte del Banco Vaticano y la ciudad de Milán, y la sospechosa muerte en 1982 de su presidente Roberto Calvi en Londres, inicialmente presentada como un suicidio pero más tarde registrada como asesinato. En 1947 Canesi había traído a Roberto Calvi al Ambrosiano. En 1971 Calvi llegó a ser el director general, y en 1975 fue designado presidente. Calvi amplió los intereses del Ambrosiano, que incluían crear un número de compañías extranjeras en las Bahamas y Sudamérica, fundando además una filial llamada Banco Ambrosiano Andino, con sede en Lima (Perú) para facilitar sus ilícitos negocios. Tenía además intereses en la Banca Católica de Veneto, Credito Varessino y Banca de Gottardo; y sus fondos para la casa editorial Rizzoli para financiar el periódico Corriere della Sera. Calvi también incluyó al Banco del Vaticano, el Istituto per le Opere di Religione (IOR) y el Gran Oriente Italiano en sus repartos, y estaba cerca del obispo Paul Marcinkus, presidente del Banco Vaticano. El Ambrosiano, a través del Banco Ambrosiano Andino, proporcionó los fondos para los partidos políticos en Italia, para la dictadura de Somoza en Nicaragua y para su oposición Sandinista. Hay también rumores de que proporcionó fondos para el movimiento Solidaridad en Polonia (se ha alegado extensamente que la solidaridad fue financiada por el Banco del Vaticano).
Calvi utilizó su compleja red de bancos y sociedades secretas de ultramar para mover dinero desde Italia para inflar precios y también para asegurar préstamos sin garantía. Para evitar las normas dictadas por el Banco de Italia sobre control de cambios, que restringían severamente las transferencias de fondos a filiales en el exterior de bancos italianos, se transferían importantes cantidades de dinero al Instituto Iberoamericano para la Educación en Derechos Humanos y en Democracia, a la Gran Logia del Perú y al Banco de la Nación del Perú, agente financiero del Estado peruano, que se contabilizaban indebidamente como préstamos y que el Banco de la Nación a su vez depositaba en operaciones «back to back» en el Banco Ambrosiano Andino. En 1978, el Banco de Italia elaboró un informe sobre el banco Ambrosiano que predecía su desastre futuro y condujo a investigaciones criminales. Sin embargo, al poco tiempo un grupo anarquista mató al magistrado de Milán que investigaba el caso, Emilio Alessandrini, mientras que Mario Sarcinelli, funcionario del banco y superintendente de la inspección, fue encontrado culpable y encarcelado.
El 10 de junio de 1982, Calvi desapareció de su apartamento en Roma, después de haber huido del país con un pasaporte falso a nombre de Gian Roberto Calvini. Se había afeitado el bigote y huyó inicialmente a Venecia, y desde allí al parecer contrató un avión privado para ir a Londres. A las 7:30 de la mañana del viernes 18 de junio de 1982, un cartero encontró su cuerpo colgado de un andamio debajo del puente Blackfriars en el borde del distrito financiero de Londres. Los bolsillos de Calvi estaba relleno de ladrillos, y llevaba alrededor de $ 15,000 en efectivo en tres divisas diferentes.
La muerte de Calvi fue objeto de indagaciones dos forenses en el Reino Unido. La primera registró un veredicto de suicidio en julio de 1982.
La familia de Calvi entonces aseguró los servicios de George Carman y con su ayuda la segunda investigación, en julio de 1983, el jurado registró un veredicto abierto, lo que indica que el tribunal no había podido determinar la causa exacta de la muerte. La familia de Calvi mantiene que su muerte había sido un homicidio, y después de su exhumación en diciembre de 1998, un informe forense independiente publicado en octubre de 2002 llegó a la conclusión de que en realidad había sido asesinado, ya que las lesiones en el cuello eran incompatibles con la horca, y él no había tocado los ladrillos encontrados en sus bolsillos. Además, no había ni rastro de óxido y pintura en los zapatos de los andamios sobre los que habría tenido que subir para ahorcarse. Cuando el cuerpo de Calvi fue encontrado, el nivel del Támesis había retrocedido con la marea, demostrando la escena de un suicidio por ahorcamiento, pero en el momento exacto de su muerte, el lugar en el andamio donde estaban la cuerda atada pudiera haber sido alcanzado por una persona de pie en un barco.
Se ha argumentado que uno de los factores de la muerte de Calvi fue su relación con el Banco del Vaticano, el accionista principal de Banco Ambrosiano, que estaba controlado por la mafia, el pudo haber utilizado el Banco Ambrosiano para el lavado de dinero y a la logia masónica Propaganda Due (P2) como herramienta política y social. Muchos sospecharon de los miembros de la P2, por ser Calvi el custodio de sus fondos. Según Mannoia el asesino era Francesco Di Carlo, un mafioso que vivía en Londres, en la época, y la orden de matar a Calvi había venido del jefe de la mafia Giuseppe Calò y del Gran Maestre Licio Gelli. Cuando Di Carlo se convirtió en un informante en junio de 1996, negó que él era el asesino, pero admitió que había sido contactado por Calò para hacer el trabajo. Sin embargo, Di Carlo no pudo llegar a tiempo, y cuando más tarde lo llamó Calò, éste le dijo que todo estaba bajo control. Según Di Carlo, los asesinos eran Vincenzo Casillo y Sergio Vaccari, que pertenecía a la Camorra de Nápoles y han sido asesinados desde entonces. En julio de 2003, los fiscales italianos concluyeron de que la mafia no actuó solamente según sus propios intereses, sino también para asegurarse de que Calvi no pueda chantajear a las figuras representantes de la masonería y a sus instituciones políticas como la Logia P2, y el Instituto de Obras Religiosas en el cual la mafia había invertido importantes sumas de dinero.
Se ha repetido que la logia P2 se involucró en el asesinato del Primer Ministro Aldo Moro, después que los Servicios Italianos de Seguridad rechazaron dar un golpe contra sus secuestradores, aunque no hay pruebas concretas de que esto fuese cierto. Este proyecto preocupaba tanto a los Estados Unidos, por el peligro comunista, como a la propia Unión Soviética, en cuanto que la propuesta de Aldo Moro consistía en una democratización del proyecto comunista. También se sospecha que la P2 estuvo involucrada en la masacre de Bolonia de 1980, como parte de la estrategia de la tensión inducida por la clandestina estructura secreta Gladio (OTAN), investigada en los años 1990 por la Cámara de diputados de Italia.
El escándalo subsiguiente llevó a la clausura de la logia P2, en Italia y el encarcelamiento domiciliario del Gran Maestre Licio Gelli. En 2007 Gelli seguía siendo miembro de la MEAPRMM, Masonería Egipcia de Memphis Misraim, junto con otros masones de alto grado, como el Gran Maestre Frank Ripel, fundador del rito de York.
Lista del Gran Maestre Licio Gelli, sobre miembros de la logia P2, encontrada en 1981:
Contiene 962 nombres; aunque hay al menos 1.000 más, aún secretos. Incluye 30 generales, 38 miembros del parlamento, cuatro ministros, anteriores primeros ministros, jefes del espionaje, editores de prensa, ejecutivos de TV, 83 hombres de negocio, banqueros, 19 jueces, y 58 profesores universitarios.7
Roberto Calvi, banquero italiano apodado «el banquero de Dios» por su estrecha relación con la Santa Sede, fue el presidente del Banco Ambrosiano(donde el Instituto para las Obras de Religión del Vaticano era accionista mayoritario) cuya quiebra en 1982 dejó a la luz uno de los mayores escándalos de corrupción en Italia. Un día después de su quiebra, Calvi fue encontrado ahorcado del puente de Blackfriars («Frailes negros») en Londres. En un comienzo aceptado como suicidio, años después la causa se reabrió y se ha formulado como homicidio, posiblemente por órdenes de gente del Vaticano y la P2 para evitar posibles chantajes por parte de Calvi8
Carmine (Mino) Pecorelli, Roma, fue un periodista y fundador de la agencia de noticias OP – Osservatore Politico(Observador Político). El 12 de septiembre de 1978, durante los días del breve pontificado de Juan Pablo I (quien había ordenado e iniciado una investigación sobre los fondos del Vaticano, a través del Instituto para las Obras de Religión, y las relaciones ilícitas bancarias de miembros del Propaganda Due, por lo que moriría envenenado al cumplirse 33 días de iniciado su papado), la revista del OP difundió una pequeña lista de 121 personas, en su mayoría clérigos de lugar destacado en el mundo católico y algunos cardenales, pertenecientes a la masonería. Cinco meses después, Pecorelli sería asesinado el de 20 de marzo de 1979 por un sicario a las afueras de las oficinas de redacción.
General Vito Miceli, jefe del SIOS(Servicio de contraespionaje) del Ejército Italiano de 1969 a 1970 y luego jefe de la SID (Servicio de información de defensa) desde el 18 de octubre de 1970 a 1974. Arrestado en 1975 con los cargos de «conspiración contra el Estado» por las investigaciones acerca de la Rosa dei venti, un grupo paraestatal infiltrado que promovía la estrategia de la tensión, provocando atentados para culpar a la izquierda (como un ataque de falsa bandera). Luego tres veces electo diputado (1976 a 1982) por la ultraderechaMSI (Movimiento Social Italiano).
Raúl Alberto Lastiri, Peronista, fue secretario privado del Director General de Radiodifusión durante el gobierno de facto del general Edelmiro Farrell, luego secretario del Administrador Nacional de Correos y Telégrafos y luego del Ministro de Comunicaciones durante el primery el segundo gobierno de Perón y luego presidente interino en 1973 entre Cámpora y Perón.
Carlos Alberto Corti, Buenos Aires, Almirante de Argentina, capitán de Navío.
Franco Di Bella, periodista y ensayista italiano que llegó a ser director del Corriere della Seradesde 1977 a 1981, año en que se descubrió la lista de miembros del P2 dónde aparecía como miembro, tras lo que decidió renunciar a la dirección tras años en que su diario fuese utilizado como partido propagandista del P2 para encubrir crímenes relacionados a la logia, como fue el atentado de Piazza Fontana10
Angelo Rizzoli, Milán, hijo de Andrea Rizzoli(quien en 1974 compró la editorial del diario Corriere della Sera), en 1978 hereda la dirección del diario, pero un cúmulo de deudas lo lleva a ceder el control delGrupo Rizzoli-Corriere della Sera al Banco Ambrosiano propiedad de Roberto Calvi, Licio Gelli y otros de sus compañeros del P2,. En 1983, fue arrestado por bancarrota fraudulenta junto a su hermano Alberto y Tassan Din (entonces gerente general del Corriere della Sera, miembro de la P2). Tiempo después, se dedicó a producir diversas películas y series, razón por la que en 2013 fue nuevamente arrestado por bancarrota fraudulenta de cuatro de sus productoras audiovisuales por un valor a 30 millones de euros11
Giancarlo Elia Valori, el único miembro de P2 que figuraba en la lista como expulsado para 1981 (posiblemente porque trató de tener un papel más grande que Licio Gelli), hombre de negocios ligado a diversas empresas y negociados internacionales.
Pietro Musumeci, general italiano condenado a prisión ocho años y cinco meses por asociación criminal y por aportar pistas falsas en la investigación de la Masacre de Bolonia(1980) cuando pertenecía al SISMI (Servicio de información y seguridad militar). En enero de 1981 se le relacionó en un atentado con bomba en el tren Tarento-Milán que no llegó a explotar.
Giovanni Allavena, Roma, general de Carabinieri, colaborador de Giovanni de Lorenzo(quien fue jefe del Ejército Italiano y jefe del SIFAR, Servicio de información de las fuerzas armadas). En 1967, a su ingreso en la P2, traspasó información de los Archivos SIFAR a Licio Gelli.12
Manlio del Gaudio, Roma, teniente coronel italiano.
Giuseppe Santovito, Roma, general italiano ex director del SISMI(Servicio de información y seguridad militar) entre 1978 y 1981, y previamente parte del servicio de inteligencia italiano SID (Servicio de información de defensa).
Giuseppe Renato Croce, Roma, juez italiano, que aún ocupa cargos públicos dentro del gobierno de Italia, recientemente relacionado en casos de corrupción en el transporte público13
Duilio Poggiolini, Roma, ex director del servicio farmacéutico del Ministerio de Salud italiano, implicado en los 90s en la investigación de Mani Pulite(manos limpias) sobre el escándalo de «Tangentopoli» (tangente es soborno en italiano), condenado en 2012 a pagar 5.164.569 euros al Estado por delitos de corrupción y sobornos a razón de que «en los años 1982 a 1992 en el servicio público había recibido sumas de numerosas empresas farmacéuticas, lo que resultó en una pérdida de ingresos derivada del aumento injustificado en el gasto farmacéutico en general»14 y aún sigue en curso el juicio en su contra por el Caso de hemoderivados infectados acusado de haber comercializado sangre infectada con VIH y haber provocado la infección y la muerte de cientos de ciudadanos15 (para más información véase Escándalo de los productos para hemofílicos)
Claudio Pica(nombre artístico «Claudio Villa»), Roma, fue un famoso actor y cantante italiano
Silvio Berlusconi, Milán, político y empresario italiano, imputado en el proceso judicial de Mani Pulite(manos limpias), fundador del partido de centroderecha Forza Italia, ex Primer Ministro del Gobierno italiano
Massimo De Carolis, Milán, político italiano, en los 70s fue fundador y formó parte del movimiento de extremaderecha Maggioranza silenziosa(mayoría silenciosa), luego fue diputado por la Democracia Cristiana (1976-1983) y luego en los 90s adhirió al partido de centroderecha Forza Italia (de su compañero del P2 Berlusconi) con el que obtendría la presidencia del Consejo Municipal de Milán
Mario Tedeschi, Roma, fue un periodista y político italiano, miembro de la 10º Flotilla MAS, director general en el diario de derecha Il Borghesedesde 1957 hasta su muerte en 1993, en los 70s fue elegido senador dos veces (1972-1979) por el partido de ultraderechaMSI (Movimiento Social Italiano)
Saverio Porcari Li Destri, Cuba, fue un político italiano, que se desempeñó como embajador en Cuba, y luego fue dos veces legislador italiano (1994 al 2001) por el partido de derecha Alleanza Nazionaley el partido de centroderecha Forza Italia de su compañero del P2 Berlusconi
Federico Umberto D’Amato, Roma, fue un funcionario italiano, director de la oficina de Asuntos Confidenciales(servicios de inteligencia) del Ministerio del Interior italiano, que trabajó además agente de inteligencia angloamericano bajo el mando de James Angleton, jefe del servicio secreto de los EEUU, la entonces Oficina de Servicios Estratégicos (precursora de la CIA), culpado de haber ocultado pruebas y haber dejado escapar a los responsables de la Masacre de Piazza della Loggia16, atentado en 1974 en una manifestación contra el terrorismo fascista en el que una bomba mató a 8 persona y 102 resultaron heridas, por lo que en 2015, décadas después, fueron condenados cómo algunos de los responsables del atentado el agente secreto italiano Carlo Digilio y Maurizio Tramonte, dos fascistas del entonces Ordine Nuovo («órden nuevo»)17
Nicola Falde, Roma, fue un general, periodista y ensayista italiano, también ex agente del servicio de inteligencia italiano SID(Servicio de información de defensa), cómo periodista colaboró con la agencia de noticias OP – Osservatore Politico (Observador Político), de la que también fue director suplente temporal del fundador Mino Pecorelli del 1 de diciembre de 1973 al 28 de febrero de 1974
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