PERIODISMO CORRUPTO: «Los periódicos y las mentiras del día».

PERIODISMO CORRUPTO

LOS PERIÓDICOS Y LAS MENTIRAS DEL DÍA

Por Thomas Jefferson

Hoy en día no puede creerse nada de lo que publican los periódicos. La verdad misma se hace sospechosa cuando aparece en ese vehículo contaminado. Sólo quienes están en situación de confrontar los hechos que conocen con las mentiras del día pueden saber hasta dónde llega ese estado de desinformación. Un hombre que jamás mire un periódico estará mejor informado que quienes los leen, por lo mismo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que quien tiene la mente repleta de falsedades y errores. La difamación se está convirtiendo en algo necesario para la vida, hasta el punto de que no puede digerirse una taza de té por la mañana o por la noche sin este estimulante. Hasta aquellos que no creen esas abominaciones las leen complacidos a sus oyentes, mostrando, en lugar del horror y la indignación que deberían abrumar a una mente virtuosa, un placer secreto por la posibilidad de que alguien llegara a creerlas, aunque ellos no las crean. Parece que no se percatan de que el verdadero autor no es el que imprime, sino el que paga”.

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A vuestra solicitud de  mi opinión sobre la forma en que debe llevarse un periódico para que sea más útil, respondería que “restringiéndolo a los verdaderos hechos y a los sanos principios”. Pero me temo que un periódico así tendría pocos suscriptores. La triste verdad es que la supresión de la prensa no podría privar a la nación de sus beneficios más de lo que ya la priva su sumisión prostituida a la falsedad.

Hoy en día no puede creerse nada de lo que publican los periódicos. La verdad misma se hace sospechosa cuando aparece en ese vehículo contaminado. Sólo quienes están en situación de confrontar los hechos que conocen con las mentiras del día pueden saber hasta dónde llega ese estado de desinformación.

En verdad compadezco a la gran mayoría de mis conciudadanos, lectores de periódicos que viven y morirán creyendo que han sabido algo de lo que ha acontecido en el mundo contemporáneo, cuando las relaciones que han leído en los periódicos lo mismo podrían referirse a otros períodos de la historia mundial que al presente, con la salvedad de que las fábulas se introducen los nombres reales de hoy.

De esas fábulas pueden, desde luego, colegirse algunos hechos de carácter general, como que Europa está actualmente en guerra, que Bonaparte ha tenido éxito como guerrero, que ha sometido a su voluntad a gran parte de Europa, etc., etc.; pero uno no puede fiarse de los detalles.

Añadiré que un hombre que jamás mire un periódico estará mejor informado que quienes los leen, por lo mismo que quien no sabe nada está más cerca de la verdad que quien tiene la mente repleta de falsedades y errores. Quien no lea nada se enterará de todos modos de los hechos generales, y los detalles son todos falsos.

La supresión de la prensa no podría privar a la nación de sus beneficios más de lo que ya la priva su sumisión prostituida a la falsedad. (Obra: Hombre leyendo el periódico, por Cézanne).

Si su director quisiera hacer una reforma quizá podría empezar así. Divídase el periódico en cuatro capítulos, titulados: 1º Verdades. 2º Probabilidades. 3º Posibilidades. 4º Mentiras. El primer capítulo sería muy corto, porque contendría poco más que documentos auténticos, e información procedente de fuentes de cuya certeza el director esté dispuesto a responder poniendo en juego su reputación. El segundo contendría aquello que éste, tras madura consideración de todas las circunstancias, juzgue como probablemente cierto. De todas formas, convendría que contuviera más bien demasiado poco que mucho. El tercero y el cuarto serían expresamente para los lectores que prefieren gastarse el dinero en mentiras en vez de en el papel en blanco que de otra forma ocuparían.

Un director así tendría que guardarse de la práctica desmoralizadora de alimentar habitualmente a la mente pública con calumnias, y de la depravación del gusto que este alimento nauseabundo induce. La difamación se está convirtiendo en algo necesario para la vida, hasta el punto de que no puede digerirse una taza de té por la mañana o por la noche sin este estimulante.

Hasta aquellos que no creen esas abominaciones las leen complacidos a sus oyentes, mostrando, en lugar del horror y la indignación que deberían abrumar a una mente virtuosa, un placer secreto por la posibilidad de que alguien llegara a creerlas, aunque ellos no las crean. Parece que no se percatan de que el verdadero autor no es el que imprime, sino el que paga. […]

 

Carta a John Norwell, residente en Danville, Virginia, que había escrito a Jefferson sobre un proyecto de creación de un periódico. Washington, 11 de junio de 1807.

 

Thomas Jefferson

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THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos. Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia. Filosofía Digital, 2008.

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PERIODISMO CORRUPTO

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PERIODISMO CORRUPTO

Por Francisco Rubiales

 

El periodismo español está en crisis y el hundimiento de su prestigio e imagen solo es comparable al de los políticos, todavía más intenso. Los miles de periodistas españoles que han renunciado a la independencia crítica y abandonado el servicio a la verdad para tomar partido han dejado de ser periodistas y se han convertido en comisarios políticos y en miembros de la odiosa “policía del pensamiento”.

 

QUEDAN POCOS PERIODISTAS VERDADEROS EN ESPAÑA; LA MAYORÍA HA DESERTADO DE LA VERDAD Y DE LA INDEPENDENCIA, Y HA TOMADO PARTIDO POR EL PODER DOMINANTE

 

Por desgracia, quedan pocos periodistas verdaderos en este país, donde la mayoría ha desertado de la verdad y de la independencia y ha tomado partido por el poder dominante. Conscientes de lo bajo que han caído, deberían irse voluntariamente de las asociaciones de la prensa y crear nuevas asociaciones gremiales de “propagandistas”, “publicistas” o “agitadores”, porque en el periodismo democrático ya no tienen sitio.

El periodismo atraviesa momentos muy difíciles en España y reclama una revolución que le devuelva la dignidad. Los profesionales debemos asumir que, cuando alguien abandona la independencia y se alinea con alguno de los poderes dominantes, también abandona voluntariamente una profesión que nació vinculada a la verdad.

Desgraciadamente, el grueso del periodismo español, consciente o inconscientemente, ya ha tomado partido y sirve hoy a alguno de esos partidos políticos que pugnan más por la conquista del poder que por servir a la ciudadanía. A cambio de su sumisión al poder, reciben dinero, protección y privilegios, o al menos esperan recibirlo.

El análisis es duro pero impecable: aquellos periodistas “sobre-cogedores” que recibían dinero de sus fuentes, erradicados en los primeros años de la democracia, vuelven ahora a nutrir las asociaciones de la prensa españolas y crecen cada día en las redacciones. El “sobre” no suele ser ahora un vulgar fajo de billetes, sino que adquiere la forma de cargos destacados, puestos en tertulias de radio o televisión, asesorías bien pagadas, presencia en consejos de administración, encargos bien remunerados por el partido o el gobierno, etc. Pero el resultado es el mismo que cuando recibían el antiguo sobre corrupto: traición a la independencia y a la verdad, corrupción en definitiva.

La independencia y la verdad son irrenunciables para un periodista y aquel que haya tomado partido y trabaje para el gobierno o para un partido político, entregando a cambio su independencia y libre pensamiento, debería ser expulsado de las asociaciones de la prensa. Cuando un periodista abandona el servicio a la verdad y se entrega al poder dominante, a cambio de privilegios y de recompensas, además de convertirse en basura, traiciona la democracia.

 

TODOS DEBERÍAMOS EJERCER EL DERECHO A SER REBELDES, RECOBRAR LA VALENTÍA, Y RETORNAR AL SERVICIO IRRENUNCIABLE A LA VERDAD, SIN EL CUAL LA DEMOCRACIA ES IMPOSIBLE

 

Edmund Burke definió el periodismo como el cuarto poder, “opuesto al Estado y a sus grupos de interés”; la escritora india Vandana Shiva celebra “la insurrección del saber subyugado” contra “el saber dominante” del poder; Bertrand Russell decía que un hombre honrado “debe estar siempre contra el gobierno”; Vargas Llosa afirma que el periodismo es el mayor garante de la libertad; Nosotros agregamos que el auténtico periodista es siempre un opositor inveterado del poder dominante y no su parásito servil. que los medios de comunicación deben ser “la voz del pueblo”, no “el comercio de la autoridad”.

El periodismo democrático se forja en el siglo XVIII en la lucha contra el absolutismo y el “Antiguo Régimen”, al que ayuda a derrotar, y nace orgulloso, independiente, libre y unido a la verdad, alumbrando una nueva era, con la triple misión de informar, formar y fiscalizar y controlar a los grandes poderes con la información veraz y la denuncia. Cuando los periodistas no cumplen esas misiones, intrínsecamente unidas a la profesión y vitales para la democracia, deja de existir la democracia y ellos pierden el derecho a llamarse periodistas y a caminar con la frente alta.

Hay tres niveles de traición mentirosa a la verdad, al periodismo y a la democracia: la peor es la de los que mienten porque ya han tomado partido y aceptado libremente poner su pluma y su inteligencia al servicio de uno de los bandos que compiten por el poder; el segundo nivel es el de los que mienten porque reciben o esperan recibir privilegios y premios de los poderes a los que sirven; el tercero, el único que tiene perdón, aunque no justificación, es el de los pendejos que mienten porque son engañados, porque ni siquiera perciben que lo que difunden son mentiras y engaños elaborados en los laboratorios del poder.

 

PERIODISMO CORRUPTO

 

El mundo está plagado de periodistas servidores de la mentira, como aquellos que justificaron la agresión al pueblo de Irak afirmando que poseían armas de exterminio masivo que amenazaban a Occidente, o aquellos que silencian en España que el Estatuto de Cataluña es un atentado contra la Constitución, la igualdad, la solidaridad y la decencia de nuestra democracia, o los que silencian las indecencias que el poder dominante llegó a fraguar para arruinar a ENDESA y entregarla al capital extranjero, o los periodistas norteamericanos que siguen defendiendo todavía la invasión de Irak o Vietnam, o los que se mantuvieron callados en la posguerra, mientras el senador McCarthy violaba la Constitución de Estados Unidos en busca de comunistas, o los muchos miles de periodistas comunistas que no sólo silenciaron los crímenes del fascismo rojo estalinista, sino que babeaban en torno al poder para recibir ciertos privilegios de la “nomenklatura”. También sirven a la mentira los muchos periodistas dedicados a fabricar argumentos para el poder en los muchos think tanks subvencionados, o los que tergiversan la verdad cada día en los medios controlados por el poder dominante, o los que inventaron terroristas suicidas en los atentados del 11M, o los que diariamente, frente a sus cámaras, micrófonos, periódicos, revistas y blogs, son incapaces de criticar a ambos bandos, tomando ciegamente partido por uno de ellos, alimentando así la hoguera del odio que enfrenta a la derecha con la izquierda y a unos españoles con otros.

Muchos periodistas, para justificar su traición a la verdad y a la profesión, alegan que la vida es difícil, que tienen hijos y esposa que mantener o que lejos del poder el frío es insoportable. Otros alegan que el poder acosa y castiga a los que se niegan a servirle. Pero todos deberíamos ejercer el derecho a ser rebeldes, recobrar la valentía, recuperar con urgencia el control de la información y retornar al irrenunciable servicio a la verdad, sin el cual la democracia es imposible.

Mientras nos decidimos a ser dignos y rebeldes, aunque sea desde la pocilga, quizás nos convenga pensar en aquella frase que repetía Martín Luther King: “Nadie se nos montará encima si antes no doblamos la espalda”.

 

FRANCISCO RUBIALES, Voto en Blanco, 2008.

 

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“Me pagan 150 dólares semanales para que no publique mi honrada opinión en el periódico en el cual he trabajado tantos años. El trabajo de periodista de Nueva York consiste en destruir la verdad, mentir claramente, pervertir, envilecer (..) Vosotros lo sabéis, y yo lo sé; así pues ¿a qué viene esa locura de brindar a la salud de una prensa independiente?”

John Swinton

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¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍDERES QUE NOS DIGAN LA VERDAD?

“Hoy más que nunca, los medios de comunicación NO están interesados en informar de los hechos. Estos reflejan una realidad que por momentos toma tintes muy preocupantes y desagradables, y nadie quiere responsabilidades. Al contrario, nos escondemos de la realidad con mentiras. Pero llegará el momento en que esta actitud será insostenible y entonces quizás sea demasiado tarde. En esta crisis, nadie sabe a lo que nos enfrentamos. Quizás sean los primeros redobles de una batalla sin precedentes en la historia de la humanidad. Pero la actitud de entretenernos en juegos pueriles resulta no sólo irresponsable, sino cobarde. ¿Donde están los líderes que nos digan la verdad por dura que sea?”

Comentario en Filosofía Digital

 

 


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