‘Rebeldes con causa’, por Víctor Trimiño (Secretario General de las Juventudes Socialistas del País Vasco)

‘Rebeldes con causa’

Por Víctor Trimiño

Ego non, 29/12/2020

 

Cuando el escritor y filósofo francés Albert Camus se preguntaba qué era la rebeldía, explicaba que “rebelde es una persona que dice NO”. Tristemente hoy, en Euskadi, la reflexión del filósofo se vuelve fácil de evocar en una actualidad en la que se hace necesario defender un espíritu colectivo de rebeldía que se haga oír alto y claro para decir “NO” a una serie de dinámicas, ritos y lugares comunes que llevamos demasiado tiempo asumiendo con incomprensible normalidad.

Es cierto que convivir durante décadas con el terror, con asesinatos constantes en nuestras calles, convivir durante décadas con vecinos que amparaban y jaleaban el asesinato acaba por alterar la percepción de lo que una sociedad puede interpretar como normal y tolerable.

La inmensa mayoría de la sociedad vasca nunca aceptó como tolerable la violencia, pero desaparecida ésta -en su forma más cruda y cruel- de nuestras calles, se ha instalado en nuestro seno la cómoda idea de asumir como tolerable cualquier manifestación siempre y cuando no sea violenta.

 

¿Es tolerable que desde sectores de las propias instituciones se relativice el valor y la dignidad de una vida humana en determinadas circunstancias o bajo determinadas aspiraciones políticas?

 

Pero, aun sabiendo que nada de lo que sucede hoy día es equiparable al terrorismo, ¿son tolerables las expresiones no violentas de adhesión a un pasado violento? ¿Son tolerables los homenajes a los terroristas, aunque se expresen de manera totalmente pacífica? ¿Es tolerable que desde sectores de las propias instituciones se relativice el valor y la dignidad de una vida humana en determinadas circunstancias o bajo determinadas aspiraciones políticas? ¿Qué relación con su pasado inmediato guarda una sociedad que convierte a quienes son incapaces de condenar tantos y tantos crímenes en la segunda fuerza más votada en la Comunidad Autónoma Vasca?

En la Euskadi de hoy parece imponerse el deseo de no mirar atrás. En algunos casos, podríamos suponer, tanto sufrimiento empuja a olvidar, a desterrar de la memoria tantos dramas vividos para poder afrontar el presente sin amargura. En otros casos, seguramente, la mirada al pasado devuelve el recuerdo de actitudes y posicionamientos siniestros y crueles que, pasada la vorágine de la violencia, son difíciles de asumir. O puede que sea el recuerdo de los silencios, a veces cómplices, a veces simplemente cobardes, lo que se quiere esquivar.

Ante todo esto, se erigen los rebeldes. Rebeldes hoy muy lejos de la valentía heroica que mostraron quienes se interponían entre las balas y nuestra democracia, por supuesto, pero rebeldes con causa. El lector podrá interpretar, según su experiencia personal, qué peso dentro de la sociedad actual representan estos rebeldes, pero no podrá negar que para muchas capas de la sociedad son voces incómodas que no gusta escuchar. No es agradable sentirse forzado a mirar atrás cuando es difícil sentirse orgulloso del pasado desde el punto de vista tanto colectivo como individual. Algunos podrán decir que, además de ser desagradable, es innecesario. ¿Pero cómo puede ser innecesario reencontrarnos con nuestro pasado más reciente?

La realidad es que analizar el pasado es un obstáculo para quienes desde la búsqueda de la amnesia colectiva pretenden imponer un relato que no solo borre, sino que reescriba y resignifique lo que sucedió en este país. Apartar de la conversación pública la reflexión sobre lo que aquí sucedió es vital para quienes se niegan a deslegitimar su trayectoria violenta con el fin de poder arrogar a determinados proyectos políticos – asombrosamente- una cierta superioridad moral.

Por eso es importante decir “NO”. Aunque no sea fácil de decir ni cómodo de oír. No a la utilización impune de los espacios públicos para homenajear a terroristas. No a la normalización de discursos políticos incapaces de poner la vida humana por delante de las aspiraciones políticas.

Para que en determinados lugares de nuestro país siga justificándose a día de hoy el terrorismo, pero sobre todo, para que se continúe homenajeando a quienes asesinaron, ha de darse una conjunción de múltiples factores. Por un lado, la fascinación que la violencia ha ejercido entre ciertos sectores -minoritarios- de nuestra sociedad. Por otro, la necesidad de un determinado entorno social y político de reescribir lo que representó y significó la acción de estas personas, hasta el punto de que puedan hacer dudar a más de uno de si son éstos los que han contraído una deuda moral con la sociedad o viceversa. Así, los llamados ‘ongietorri’ no son simples reencuentros familiares, son auténticas performances políticas con una clara intención de construir relato y de construir imaginario, es decir, todo un ritual plagado de símbolos.

También aparece otra necesidad, la de camuflar la derrota militar, el colapso de una estrategia que tantas vidas destrozó -también entre los suyos, aunque por diferentes razones- entre el griterío y las proclamas autorreferenciales. Cerrando así el paso a cualquier reflexión sobre el sinsentido de esas vidas arruinadas para producir mucho dolor y ninguna victoria.

Pero hace falta, también, una cierta complicidad pasiva de quienes nunca renegaron del todo del recurso a la violencia, y la renuncia, así mismo, de esa gran mayoría social que considera siniestra toda esta parafernalia a expulsarla de nuestro espacio público.

Hay un combate por librar en Euskadi para que no se confunda la libertad de expresión con el escarnio y la humillación a las víctimas. Hay un combate por librar, también, para que todos nos sintamos interpelados antes estas ceremonias, para que asumamos que, lo que está en juego, no es solo la dignidad o la memoria de unos pocos, sino los cimientos éticos de nuestra propia sociedad.

Pero en esta batalla por el relato, por el lenguaje, por construir unos u otros marcos, no basta con decir “NO”. Se hace vital poder orientar esta lucha, sobre todo, de una manera constructiva.

Cuando un ciudadano, ya sea de manera anónima o dentro de un determinado colectivo, se rebela contra determinadas conductas, lo hace por respeto a quienes padecieron la actividad terrorista. Lo hace por defender su dignidad y por hacer justicia con aquellas personas a las que hoy debemos nuestra libertad, pero no solo. Es fundamental acoplar a esa mirada al pasado una visión de presente y de futuro.

De presente para decir que sí, que efectivamente, el terrorismo de ETA alteró el mapa político, cultural y social vasco de manera irreversible. Que no se explica lo que es hoy Euskadi desde estas tres perspectivas sin ponderar el efecto intimidatorio, de coacción y de directa eliminación física que tuvo el intento violento de imponer un determinado proyecto político. Y que ese miedo, esa ausencia de libertad de expresión, perjudicó mucho más a unas culturas políticas que a otras, por decirlo de manera suave.

 

no se explica lo que es hoy Euskadi desde estas tres perspectivas sin ponderar el efecto intimidatorio, de coacción y de directa eliminación física que tuvo el intento violento de imponer un determinado proyecto político

 

Pero no podemos renunciar a incorporar a nuestro imaginario colectivo como sociedad dos realidades innegables. Por un lado, la clara derrota de los terroristas a manos de nuestro Estado de Derecho. Por otro lado, el recuerdo y el reconocimiento de tantas personas que sacrificaron los más valioso que tenían, su vida, para defender los derechos y las libertades de todos. Repetiremos cuantas veces sea necesario que en este país, sí, hubo quien decidió matar para obligarnos a sentir y a ver el mundo de una determinada manera, sí, quienes los jalearon y quienes callaron. Pero que hubo también quienes cada día lo arriesgaban todo para defender, no solo su propia visión del mundo, sino el derecho de todos los ciudadanos a tener y a expresar la suya propia. Estos dos elementos, la victoria de la democracia y el papel de nuestros héroes se erigen como imprescindibles pilares sobre los que asentar nuestra convivencia democrática.

Por último, la visión de futuro. El recuerdo de las víctimas, la denuncia de los asesinos y quienes impunemente les posibilitaron causar tanto mal, son mucho más que un imprescindible ejercicio de memoria o de justicia.

 

Son parte de una batalla por construir la sociedad vasca del futuro sobre unos cimientos claramente democráticos y respetuosos con las libertades y los derechos humanos

 

Son parte de una batalla por construir la sociedad vasca del futuro sobre unos cimientos claramente democráticos y respetuosos con las libertades y los derechos humanos. Porque de la manera en que el relato de nuestro pasado moldee nuestro imaginario colectivo, de la manera en que nos contemos a nosotros mismos lo que aquí pasó, depende la forma en la que configuraremos la sociedad del futuro. Si lo haremos dando preminencia a esos elementos prepolíticos y predemocráticos a lo que llamamos valores éticos, o si dejaremos la puerta abierta a que un determinado colectivo se sienta llamado por la historia a erigirse en depositarios de la voluntad de todos, y a colocar sus objetivos por encima de la vida de las personas.

Por eso hoy, en Euskadi, debemos ser rebeldes. Para decir no a tanta miseria moral, pero también porque cuanto más pequeño hagamos ese reducto de miseria más espacio habrá para construir una sociedad sustentada en valores éticos y democráticos.

Debemos esta lucha a quienes tanto arriesgaron en el pasado, pero también se la debemos a quienes vendrán después.

 

Funeral de Miguel Ángel Blanco

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Víctor Trimiño es Secretario General de las Juventudes Socialistas de Euskadi y concejal del PSE-EE en Galdácano.

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Ego Non es una asociación de ciudadanos vascos cuya principal finalidad es mostrar que la única opción ante el homenaje sistemático a ETA y a quienes fueron parte de la banda terrorista no es ni la complicidad ni la indiferencia. A pesar de que desde hace demasiados años la negación ha sido convertida en algo excepcional, creemos que no sólo es la única opción digna, sino que hay que ejercitarla. Hay que ejercitar el ‘No’ ante la normalidad de los homenajes a etarras, ante la manipulación de la historia y ante el olvido institucional. Como sabemos, la virtud no es sólo una cuestión intelectual; es necesario la práctica para adquirirla. Y en el País Vasco esa práctica comienza por abandonar las pequeñas cesiones que hemos convertido en costumbre. Primero, individualmente. Porque todo acto de resistencia debe comenzar con un acto de rebelión individual. Y segundo, colectivamente. Porque ante la multitud que pretende seguir coaccionando y ante la mayoría que pretende reescribir o borrar la historia debemos mostrar que hay personas con ideas distintas pero que comparten un mínimo ético: la denuncia de lo que ha sido ETA. Sin eufemismos y sin movernos un milímetro de ese suelo ético.

Esto es lo que somos y éste es nuestro único objetivo. Decir ‘Yo no’, aunque la norma sea el silencio. Yo no justifico los asesinatos, yo no enaltezco a los asesinos, yo no apartaré la mirada sobre nuestra historia. Y yo no permaneceré indiferente mientras el culto a los asesinos siga siendo normal en nuestra tierra.

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El líder díscolo de las Juventudes Socialistas vascas solo cobra dietas como concejal porque trabaja fuera de la política

Víctor Trimiño ha recibido un toque de atención desde Ferraz por criticar los pactos con EH Bildu
 
Por María Albalat

Sueldos Públicos, 1 de octubre de 2020

 

 

Por fin una ‘buena’ noticia. Un cargo público electo joven que cobra una nómina fuera de la política. Tiene 28 años, estudios universitarios y un trabajo en la empresa privada. Es concejal, pero no vive de la política. Se ha estrenado como líder de la sección juvenil de un partido político y ya ha sido noticia por salirse del discurso de Ferraz.

La semana pasada, Victor Trimiño se convirtió en el secretario general de las Juventudes Socialistas del País Vasco (JSE-Egaz). Es un cargo orgánico que compagina con una concejalía en el municipio vasco de Galdakao, con más de 29.000 habitantes. El joven fue noticia, no por cobrar un abultado sueldo público, sino por su primer discurso tras ser nombrado en el que dejó en evidencia algunas fracturas con la decisión del PSOE de dialogar y pactar con EH-Bildu.

"Debemos estar enfrente de cualquier intento por normalizar o por blanquear a una fuerza política que sigue siendo incapaz de condenar más de 850 asesinatos y que sigue ensalzando a los terroristas que los cometieron”, afirmó el joven socialista. La respuesta desde Ferraz no tardó en llegar. Desde la sede del PSOE se mandó un aviso a Trimiño para que en un futuro evitase realizar públicamente “desahogos” o incluir “opiniones personales” en sus intervenciones públicas, según recogió en El Correo.

El pequeño Ayuntamiento destina 238.204 euros al pago de las retribuciones básicas de altos cargos y 178.004 al del personal eventual de gabinete, según el Presupuesto de 2020. Además, se prevé tener unos ingresos de 37,5 millones de euros. Sin embargo, estos fueron realizados en febrero, por lo que no se contó con las consecuencias económicas provocadas por la pandemia de la Covid-19.

Pese a sus diferencias con Bildu, el pasado mes de julio firmó un acuerdo con el partido para afrontar la crisis del coronavirus. Él mismo afirma que están “para resolver los problemas de la gente” y que, ante el aumento de la pobreza y el paro, no pueden ponerse de perfil, “independientemente de quién gobierna”, según dijo en una entrevista en El Generacional.

Transparencia

Según fuentes consultadas por este medio, en el Ayuntamiento solo hay tres concejales con una retribución asignada. Trimiño no se encuentra entre ellos, por lo tanto, solo percibe unos ingresos públicos de las indemnizaciones por asistencia al Pleno. En este mandato ha asistido, de momento, a siete plenos en 2019 y a nueve en 2020. Esto suponen 3.840 euros en total (240 por sesión): 1.680 en el primer año y 2.160 el segundo. En las actas disponibles en la web no consta ninguna asistencia del socialista a las tres Comisiones Informativas de las que forma parte (Ciudadanía-Alcaldía, Políticas Sociales y, Juventud, Cultura, Deporte y Euskera).  

Sin embargo, este no es la principal fuente de ingresos del político, ya que trabaja en una empresa internacional de servicios profesionales de consultoría, ingeniería y arquitectura. Una actividad que compagina con su cargo público y la Secretaría General de las Juventudes.

El alcalde de Galdakao, de EH Bildu, Iñigo Hernando, tiene una retribución asignada de 52.817 euros brutos al año. Los concejales que perciben la asignación son dos de Auzoak, Francisco Javier Ibarreche y María Paz Losada, y una de Bildu, Nerea Ozorko. Según el anuncio publicado en el Boletín Oficial de Bizkaia, su salario es de 47.535 euros.

En el Portal de Transparencia del Ayuntamiento no está disponible ninguna declaración de bienes y actividades de ninguno de los cargos públicos del Consistorio pese a que ya haya pasado un año desde el inicio de la actividad del Pleno. Desde Sueldos Públicos hemos intentado contactar con el PSE para saber si Trimiño recibe alguna retribución como secretario general de las Juventudes Socialista, pero no hemos obtenido respuesta.

Seguidor de Patxi López

Victor Trimiño Vegas nació en Burgos en 1992. Es licenciado en Física por la Universidad del País Vasco. Pese haber estudiado una carrera que nada tiene que ver con la política, él defiende que “hay cierto paralelismo”.

Inspirado por Patxi López, que infló su currículum hace años, decidió afiliarse al PSE. Por ello, muchos lo asocian con una postura crítica hacia el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Actualmente, reside en Bilbao. La página web del Ayuntamiento no cuenta con una ficha del concejal y su único perfil en redes sociales, es el de Twitter y el acceso a sus publicaciones está restringido.

La actual secretaria general del PSE y recién nombrada vicepresidenta del País Vasco es Idoia Mendia. Tiene asignado un salario de 99.371 euros al año, 14 pagas de 7.097 euros. El pasado mes de septiembre el PSE formó gobierno con el PNV tras las elecciones autonómicas tras obtener 10 escaños en el Parlamento Vasco, 11 menos que EH Bildu. 

 

 

 

 

 

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