LA MEDITACIÓN, «Canto del Señor». Bhagavad-Gita (Mahabharata, 3.000 a. C.)

LA MEDITACIÓN

 

Bhagavad-Gita

Por Jorge Luis Borges

 

Podemos traducir la Bhagavad-Gita por el Canto del Dios o por el Canto del Bienaventurado. Data del segundo o del tercer siglo antes de nuestra era. El nombre del autor es desconocido; los hindúes atribuyen sus obras a una divinidad, a una secta, a un personaje de la fábula o simplemente al Tiempo, hipótesis que parece atendible pero que alarma a los eruditos.
 
El poema consta de setecientos versos y ha sido interpolado en el Mahabharata, que consta de doscientos doce mil. Se enfrentan dos ejércitos; Arjuna, el héroe, vacila antes de entrar en la batalla porque teme matar a sus parientes, a sus amigos y a sus maestros, que militan en el opuesto bando.
 
El auriga de su carro le insta a cumplir con el deber que su casta le impone. Declara que el universo es ilusorio y que la guerra también lo es. El alma es inmortal; transmigra a otros seres muerta la carne. La derrota o la victoria no importan; lo esencial es cumplir con su deber y lograr el Nirvana.
 
Se revela después como Krishna, que es uno de los mil nombres de Vishnu. Un pasaje de este poema que afirma la identidad de los contrarios ha sido imitado por Emerson y por Charles Baudelaire.
 
Es curioso que una apología de la guerra nos llegue de la India. En la Bhagavad-Gita confluyen las seis escuelas de la filosofía hindú.
 
 
(JORGE LUIS BORGES para la edición de Hyspamérica Ediciones, S. A., Ediciones Orbis, S. A., 1986)
 

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«Canto del Señor» (Bhagavad-Gita)

LA MEDITACIÓN
Krishna y Arjuna en la batalla de Kurukshetra. Pintura de una edición del Mahabharata, s. XVIII-XIX

 

El Mahabharata es un extenso poema hindú, que al parecer fue escrito hace 5.000 años (3.000 a. C.). La tradición atribuye su redacción a Vyasa, si bien alcanzaría su forma definitiva varios siglos después, bajo el reinado de los Gupta

Consta de más de 107.000 pares de versos. Su extensión es siete veces superior a las famosas obras «La Ilíada» y «La Odisea» juntas.

Parece tener un fuerte fundamento histórico, ya que en los Vedas hay referencias a personajes del Mahabharata, que supuestamente intervendrían en una guerra intertribal, ocurrida en el segundo milenio antes de Cristo, y en la que participó toda la India septentrional.

Este antiguo poema narra en lengua sánscrita la epopeya de las reyertas entre los «kurus» y «pandavas», clanes tribales que tenían como predecesor común a Bharata, hijo de Sakuntala.

La guerra entre las dos tribus hermanas había sido iniciada a consecuencia de que Pandu, el hijo menor del rey Hastinapura, había ascendido al trono debido a que su hermano mayor, Dhritarashtra, era ciego.

Por una ofensa inferida a los dioses, Pandu debió dejar el reino y junto con su esposa y sus cinco hijos se retiró a los bosques a hacer penitencias, donde moriría tiempo después.

Durante este tiempo en el que Pandit hacía sus penitencias, su hermano Dhritarashtra había ascendido al trono, teniendo una prole de cien hijos.

 

 

Duryodhana, el hijo mayor de Dhritarashtra, sentía celos y envidia de las buenas virtudes de los cinco hermanos pandavas, pues al morir Pandu, Dhritarashtra les había acogido y criado como a sus propios hijos.

Y por esta razón Duryodhana les tiende un atentado, en el que aparentemente perecieron.

Pero no fue así. Tiempo después, Duryodhana se entera de que los pandavas han emparentado con un poderoso monarca, por su casamiento con su hija Draupadi.

El padre de la princesa había organizado un torneo, cuyo ganador tendría como recompensa la mano de su hija.

Arjuna, uno de los hijos de Pandu, resulta victorioso, aunque por un extraño incidente familiar, debe compartir su esposa con sus hermanos.

Dhritarashtra, al  enterarse de la situación en que se encontraban los pandavas, y siguiendo el consejo de su tío Bhishma, les otorga la mitad de su reino.

Por este motivo, crece el odio de su hijo mayor (Duryodhana) hacia los pandavas, y, cegado por la envidia, reta a un fraudulento juego de dados a Yudhistriya, el mayor de los hijos de Pandu.

Este acepta y pierde sus posesiones, su libertad y la de sus hermanos. Pero Dhritarashtra interviene y les devuelve su libertad y sus posesiones.

Mas, nuevamente, Duryodhana desafía a Yudhishtriya, concertando que si éste pierde en el juego, deberá retirarse junto con sus hermanos al bosque durante doce años.

Yudhishtriya pierde y los «pandavas» marchan al exilio.

Transcurrido el tiempo fijado de exilio, los «pandavas» vuelven y reclaman a Duryodhana su parte del reino, pero éste se niega.

Yudhishtriya entonces ofrece otra posibilidad de acuerdo pacífico, sugiriéndole que él y sus hermanos estarían satisfechos tan sólo con una ciudad cada uno.

Pero Duryodhana rechaza también esta segunda petición, haciéndose así inevitable la declaración de guerra por parte de los pandavas

Tanto Duryodhana como los pandavas solicitan la ayuda de Krishna y de sus huestes, los Vrishnis.

Krishna ofrece a unos su presencia en las filas, pero sin tomar parte activa en la batalla, y al otro bando le ofrece sus huestes.

La elección se lleva a cabo y Duryodhana elige las huestes, mientras que los pandavas se quedan con la presencia a su lado de Krishna (Arjuna elige).

El combate entre los dos bandos dura dieciocho días y finaliza con la muerte de Duryodhana y la victoria de Arjuna y los pandavas.

El Mahabharata termina relatando el peregrinaje de los pandavas al Himalaya y su ascensión a la morada de Dios.

 

 

El Bhagavad-Gita, «Canto del Señor», cuyo título completo es Srimadbhagavadgita-upanishad, («Enseñanzas impartidas en el Canto Supremo del Señor») se encuentra en el libro VI Bhismaparvan, sección 6 del Mahabharata.

Se trata de un Upanishad Enseñanza a los Pies del Maestro»). Es decir, es una revelación espiritual de una enseñanza secreta impartida por Krishna.

Hay quien afirma que, originalmente, no formaba parte de la gran epopeya india, sino que fue añadido posteriormente.

Los dieciocho breves capítulos del Gita versan sobre el diálogo que mantuvieron Krishna y Arjuna ante el desfallecimiento de este último, breves instantes antes de la batalla final, que decidiría la victoria de uno de los dos bandos.

Arjuna, el más diestro de los hijos de Pandu, siente flaquear su ánimo cuando ve a la mayoría de sus familiares y amigos entre las filas enemigas.

El cuerpo central de este bello poema filosófico-espiritual es la respuesta de Krishna ante el desaliento del valiente Arjuna, que se niega a luchar a muerte contra sus seres queridos.

Krishna le habla a Arjuna acerca del Universo, de quién es él y su condición en medio del Cosmos, además de la Misión que debe desarrollar el hombre en la tierra y de cómo han de comprenderse los misterios de la vida y de la muerte.

Esta obra, junto con el Shrimad Bhagavatam, constituye la piedra angular de todas las religiones y sectas religiosas hindúes de tendencia Bakti (devocional), centrándose el objeto de adoración en la personalidad divina de Krishna, aceptado como un Maestro Perfecto, una encarnación sobre la tierra de ese Poder omnipotente, omnipresente y omnisciente, que los  occidentales llamamos Dios.

Krishna vivió en la India hace unos 5.000 años y allí pasó su vida terrena, cuya duración fue de unos 125 años.

Julio Pardilla

http://www.sociedadbiosofica.org/libros/Gita/gita.pdf

 

LA MEDITACIÓN

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Fragmentos de la Bhagavad-Gita

Zribhagavad-Gita, Brahmavidya Yogazastram Zrikrischnarjunasmvadas 

Venerable poema sagrado, ciencia del Ser Supremo. Coloquio entre el venerable Krishna y Arjuna«)

Salvo el crepúsculo, 2015
 
 

CAPÍTULO II

El muy venerable (1) contestó:
 
[…] El apego a los objetos sensibles nace en el hombre mientras en ellos medita; del apego se origina el deseo; del deseo se engendra la pasión desordenada; la pasión desordenada es causa del error; el error perturba la memoria; perturbada la memoria, se destruye la razón; destruida la razón, perece el hombre.
 
Pero quien bien dispuesto, dominados los sentidos por la razón y exentos de amor y odio, se dirige a los objetos de los sentidos, logra la paz de su espíritu.
 
En esta paz está la ruina de todas sus desgracias, porque el entendimiento de aquel cuya razón está tranquila, pronto se adhiere firmemente a un solo objeto (2). […]

CAPÍTULO IX

El muy venerable prosiguió:
 
[…] Yo soy el poder del sacrificio, el mismo sacrificio, la ofrenda que se ofrece a los manes, la medicina, el himno, la manteca del sacrificio, el fuego, el incienso, el padre, la madre, el sostenedor y el abuelo de este mundo, la ciencia espiritual, el objeto que purifica, la sílaba ¡Om! (3), el Rig (4), el Sama (5) y el Yajur-Veda (6), el camino, el sostenedor, el señor, el testigo, la habitación, el refugio, el amigo, el origen, la disolución, el lugar, el receptáculo y la semilla indestructible.
 
Yo doy el calor al mundo; yo contengo y esparzo la lluvia; soy la muerte y la inmortalidad, el ser y el no ser, oh Arjuna. Los que conocen los tres Vedas, los que beben el soma (7), los que purgan sus pecados honrándome con sacrificios, imploran de mí la consecución del paraíso. […]
 

CAPÍTULO XII

El muy venerable contestó:
 
[…] La ciencia es mejor que la asiduidad; la contemplación vale más que la ciencia; el desinterés en el fruto de la acción es superior a la contemplación; el resultado inmediato del desinterés es la emancipación final.
 
Quien, exento de odio, amante y compasivo con todas las criaturas, humilde, desinteresado, de ánimo constante en el placer y el dolor, sufrido, contento, siempre devoto, teniendo dominio sobre sí y resuelto, ha depositado en mí su corazón y su pensamiento y me adora, es amado por mí. […]
 
 
Traducción de José Alemany Bolufe
 
 
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Notas

(1) Krishna. Literalmente, el negro. El más conocido y popular de los dioses de la India. Se le considera como el 8º avatar de Vishnú. Es uno de los protagonistas del poema.
 
(2) El Ser Supremo.
 
(3) Om o Aum. Palabra sagrada hindú. Se compone de tres caracteres: A, U, M (el signo sánscrito transcrito en los idiomas occidentales por AU está compuesto por la letra A modificada por el signo de la O). Su rico simbolismo no es fácil de resumir, por lo que nos limitamos a indicar que se utiliza ampliamente como invocación, ayuda a la meditación, o para encabezar mantrams y oraciones.
 
(4) Rig-Veda. Veda de las estrofas. Es el más antiguo de los cuatro vedas y el más importante de los samhitas o recopilaciones de mantrams. Está formado por 1.028 himnos, que comprenden unos 10.417 versos.
 
(5) Sama-Veda. Tercero de los Vedas, formado de cantos solemnes destinados a acompañar el ritual sacrificial del Soma. Es totalmente métrico y comprende 1.549 versos. Los dioses que celebra son principalmente Soma, Agni e Indra.
 
(6) Veda. Literalmente, conocimiento divino. Escrituras sagradas que se considera contienen el fundamento del hinduísmo. Los Vedas contienen himnos escritos en una forma muy antigua del sánscrito, son: Rig-Veda, Yajur-Veda, Sama-Veda y Atharva- Veda. Su conjunto forma el Veda.
 
(7) El soma es el narcótico divino de la antigua India. Diferente a la mayoría de los alucinógenos, considerados mediadores con lo divino, el soma fue reconocido como un dios por sí mismo. En este aspecto, el soma es similar a la ambrosía griega: es lo que los dioses beben, y es lo que los hace dioses. Se desconoce de dónde procede esta droga, pero podría ser de especies como la asclepia ácida, el cáñamo, la efedra o algún hongo psicodélico como la amanita muscaria.
 
 

Bhagavad-Gita

CAPITULO 6.°

LA MEDITACIÓN

KRISHNA:

1. Aquél que realiza sus deberes sin apego a su fruto, es un renunciante al tiempo que un auténtico sirviente. Mas no se puede decir lo mismo de aquél que no enciende el fuego sagrado o no realiza sus obras ofreciéndolas como santo sacrificio.

2. Porque el Sanyasi renunciante es al tiempo el Yogi de la acción pura. Y a menos que se entregue la voluntad terrena, nadie podrá jamás ser un Yogui.

3. Cuando un sabio alcanza los estados más altos del Yoga, sabe que el camino a seguir es el de la acción. Mas cuando ya llega a su destino, llega a la tierra del reposo y la paz. Entonces ya renuncia a la acción.

4. Sólo cuando él ha entregado su voluntad alcanza las alturas del Yoga. Desapegado así de la actividad de sus sentidos, libre se encuentra ya de la atadura a sus acciones mundanas.

5. Así pues, ¡levántate Arjuna! y, beneficiándote de la ayuda de tu Espíritu, ¡eleva tu alma! No seas un alma caída pues al igual que tu alma puede ser tu amigo, igualmente puede ser tu enemigo.

6. El alma es fiel amiga del hombre, sólo cuando ha sido conquistada por el Espíritu. Para un hombre carente de voluntad que aún no ha conquistado su alma, ésta puede convertirse en su propio enemigo.

7.  Sólo cuando el alma encuentre la paz, él estará en paz: entonces su alma se ha unido a Dios. Tanto si hace frío como calor, en el placer tanto como en el dolor, tanto en la gloria como en la desgracia, él siempre permanece unido a Él.

8. Aquél que halla su felicidad en la visión interior del Conocimiento, tiene sujetos sus sentidos y gozoso el corazón, debido a la experiencia de su propia vida interior. Sólo entonces puede reconocérsele como un Yogui en armonía. Una vez alcanzado este estado, para él, el oro no tiene más valor que las piedras de la tierra.

9.  Él ha escalado las alturas de su alma y con ecuanimidad contempla a sus parientes, amigos y compañeros, al igual que a los desconocidos, los que te muestran indiferencia, e incluso a aquéllos que le odian. Él ve a todos iguales desde ese estado de paz interior.

10. El Yogui debe dedicarse con anhelo al recogimiento espiritual, viviendo aislado en su solitario retiro interior, en su lugar secreto. Teniendo su mente bajo control, ni espera nada ni desea nada.

11. Ha de encontrar un lugar puro y calmo, procurándose un asiento cómodo, ni muy alto ni muy bajo, teniendo como firme de apoyo un terreno con yerba, o bien una piel, o si no, algún tipo de tejido para poner debajo.

12. Una vez preparado así el asiento, en total reposo ha de practicar el Yoga, para la purificación de su alma, uniendo su mente con la fuerza vital que habita en su cuerpo hasta poner su mente en paz. En este silencio, el alma se encuentra en presencia del Uno.

13. Con el cuerpo recto, al igual que el cuello y la cabeza, relajado y quieto, sin moverse; reposando la vista interior, que vaga en varias direcciones, y reposándola con calma y concentración en medio de las cejas.

14. Con ánimo sereno y libre de temor, con firme determinación en su voto de entrega a la santidad, dejando a un lado todo pensamiento, ha de descansar su alma en Mí, su Dios Supremo.

15. El Yogui que tiene su mente bajo control y vive de esta suerte, dueño de su inteligencia y constantemente unido a su yo superior, obtiene la paz del supremo Nirvana que reside en Mí.

16. Pero la práctica del Yoga, oh Arjuna, es armonía; no da sus frutos a aquéllos que comen con exceso o ayunan en demasía, ni tampoco a los que apenas duermen, ni a los que duermen demasiado.

17. Esta armonía ha de encontrarse tanto en la comida como en el descanso, en el sueño tanto como en la vigilia. La conciencia de perfección ha de empapar todos nuestros actos. De este modo, el Yoga se convierte en un bálsamo que nos trae la paz, en medio de cualquier tipo de sufrimiento.

18. Cuando la mente del Yogui está en silencio, descansándola en reposo adentro, en comunión con el Espíritu, éste queda inmediatamente libre de los insaciables deseos. Sólo entonces se goza de la unión con Dios.

19. El Yogui que, recogido en sí mismo, se haya absorto en la contemplación de la Luz interior, ha hecho de su alma una lámpara cuya luz, al abrigo del viento, permanece inalterable sin la mínima oscilación.

20. Cuando la mente descansa con sosiego en la inalterable contemplación del Yoga, cuando por la gracia del Señor del Espíritu, obtiene la visión del Espíritu: entonces experimenta dicha plena.

21. De este modo conoce el auténtico buscador la dicha de la eternidad que está fuera del alcance de los sentidos. Ahí se queda y ya jamás se aparta de la Verdad. Esta visión interior está más allá de la razón.

22. De este modo se experimenta la dicha y la Verdad, como una visión suprema. No hay nada más valioso que esto, y firme y constante él permanece, tal que ni aún el dolor más intenso podría hacerlo vacilar.

23. La libertad se consigue en esta unión del Yoga: Libertad de la esclavitud al sufrimiento. Para tener éxito en la práctica de este Yoga, hace falta tener fe, y una fuerte y entusiástica determinación en el corazón.

24. Después de rechazar con determinación todo anhelo y deseo engendrado por la fantasía, y controlar con firme estado de ánimo todos los sentidos y los órganos de la acción, libre de sus múltiples atracciones, así recogido.

25. El buscador, usando su fuerza de voluntad con firmeza, llegará poco a poco a la paz de espíritu, disolviendo todos sus pensamientos en el silencio interior.

26. Y cada vez que la mente, en su continua divagación se aparte del Espíritu, una y otra vez tráela de vuelta y repósala sobre el Espíritu.

27. Sólo de este modo llega el Yogui al gozo supremo que habita en su corazón cuando éste está en calma, en paz y carente de pasiones, limpio de pecado y en unión absoluta con Brahman, Dios.

28. De este modo, consagrándose sin pausa a la unión interior con Dios, el Yogui obtiene con toda seguridad el infinito goce de la comunión con Dios.

29. Él reconoce en su corazón que su esencia es común a la de todas las criaturas, y que la vida que mora en todas las criaturas habita también en su corazón. Ésta es la consciencia en la que vive el Yogui iluminado: una visión de total unidad.

30. Y cuando él Me ve en todo y ve todo en Mí, Yo ya nunca le abandono y él nunca Me abandona a Mí.

31. Aquél que en su amor universal, logra amarme en todo lo que ve, donde quiera que este hombre viva, este hombre vive en Mí constantemente, sea cual fuere la condición de su vida.

32. Quien, reconociendo la unidad universal del Ser, ve con imparcialidad la misma esencia en todo los seres, solidarizándose con ellos tanto en lo placentero como en lo doloroso; en verdad, éste es el más grande de los yoguis.

 

 

ARJUNA:

33. Siendo la mente tan voluble e incontenible, debido a su actividad sin descanso, yo no puedo encontrar paz. Tú me has hablado del Yoga, de la constante Unidad, pero Krishna, la mente es inconstante.

34. ¡Oh Krishna!, la mente nunca se para, impetuosa, autodecidida, difícil de domar. Tomar control sobre mi mente me parece tan difícil como apaciguar los poderosos vientos.

KRISHNA:

35. ¡Oh, Arjuna! Con certeza la mente es inagotable, es difícil de contener. Pero mediante tu práctica constante te puedes liberar de las pasiones, después de lo cual, con toda certeza la mente puede ser controlada.

36. Mientras la mente no está en armonía, esta comunión divina es muy difícil de alcanzar. Pero aquel hombre que ha recibido el Conocimiento y lo practica con regularidad y determinación, logra controlar su mente y alcanzar la Unidad.

ARJUNA:

37. ¡Oh Krishna! Y si un hombre lo intenta firmemente y no logra alcanzar la meta del Yoga, debido a que no recibió el Conocimiento, pero, no obstante, este hombre tiene fe, ¿qué final le esperaría a un hombre tal?

38. Privado del cielo y de la tierra, vagabundo en medio de los vientos sin rumbo, ¿se perdería acaso, igual que una nube se disipa en el aire, por no haber encontrado el camino de Dios?

39. Aclara mi mente confusa, oh Krishna, apartando con tu luz la oscuridad de mi ignorancia. Se Tú mi Guía ¿Quién si no podría resolver mi duda?

 

KRISHNA:

40. Ni en este mundo, ni en el que haya de venir, puede perderse un hombre tal. Pues un hombre que obra el bien, oh hijo mío, nunca ha de conocer el sendero de la muerte.

41. Irá al cielo en donde moran los que hacen el bien, y allí vivirá por muchos años. Después de lo cual, este hombre que no obtuvo el Conocimiento del Espíritu, ha de nacer de nuevo en un hogar venturoso en el que habite el bien.

42. Incluso puede nacer en una familia de Yoguis, donde ya brille la sabiduría del Yoga. Pero nacer en una familia tal es algo muy raro en este mundo.

43. Y comienza su nueva vida, recobrando entonces el mismo nivel de sabiduría que él había adquirido en su vida anterior, y desde ese nivel continúa esforzándose, mas siempre yendo hacia adelante, apuntando a la perfección.

44. Porque su antiguo anhelo y su búsqueda vehemente le empujan siempre hacia adelante: aquél que en verdad desea  conocer el Yoga va más allá de las palabras de los libros.

45. Y de este modo, el Yogui, esforzándose sin prisa pero sin pausa, con su alma limpia de pecado, después de muchas vidas alcanza la perfección, el Fin Supremo.

46. ¡Oh, Arjuna, sé tú un Yogui! Porque el auténtico Yogui va más allá que aquéllos que sólo siguen el sendero de la austeridad, o de la mera sabiduría o de la mera acción.

47. Y el más grande de todos los Yoguis es aquél que tiene una fe total e incondicional y que con toda su alma me ama a Mí.