Tiempos modernos (1936), película de Charlie Chaplin

Tiempos modernos (1936), de Charlie Chaplin

 

Una crítica al capitalismo en Modern Times de Charlie Chaplin

Por José Domingo Portero Lameiro

Universidad de Granada, 2021

Tiempos modernos (1936), de Charlie Chaplin

 

Resumen

Tiempos modernos (1936), de Charlie Chaplin, constituye uno de los documentos culturales más reveladores del sentido profundo de la organización capitalista del trabajo. No en vano, la ficción chapliniana permite desplegar una crítica sobre algunos rasgos fundamentales de la racionalidad capitalista.

En efecto, Chaplin llega a Estados Unidos en plena diseminación del taylorismo como modelo productivo y justo un año antes de la publicación, en ese país, del texto cumbre de Frederick Winslow Taylor, Principios de la administración científica (1911), que revolucionó los métodos de organización del trabajo (la división del trabajo con la consecuente especialización y el aumento de la productividad) y que propició la producción en serie (por obra de la cadena de montaje).

Así pues, Chaplin se transforma en obrero enloquecido de una fábrica fordista y, luego, en desempleado itinerante de un trabajo a otro durante la Gran Depresión, por lo que muestra, al mismo tiempo, el drama del incluido en el despótico mundo de la producción capitalista, así como el drama del excluido de ese mundo.

Probablemente, ese vínculo entre ficción y documental que Tiempos modernos parece presentarnos, a su vez, transmita una verdad que no tendría que ver con la realidad, sino que, más bien, tendría que ver con lo que la imaginación de nuestro alumnado puede hacer de ella.

Es decir, con la capacidad de producción de una imagen que no sólo consiste en la representación de la realidad sino en algo más.

En definitiva, una especie de desborde crítico que hace surgir, en nuestro estudiantado, algo nuevo, una especie de excedente crítico con respecto a la realidad y su amplificación naturalizada.

En fin, se trata de una especie de distorsión que, no obstante, logra incentivar la captación de ciertos contenidos de nuestras asignaturas del área de Historia Económica.

 

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Sinopsis

Desquiciado por la incesante cadena de montaje, un trabajador acaba ingresado en un hospital. Una vez recuperado abandona el centro sanitario y, sin saberlo, participa en una manifestación y es detenido. Pronto saldrá de la cárcel, pues (sin pretenderlo) ayuda a controlar un motín provocado por otros presos. Ya en libertad, conocerá a una joven huérfana con quien compartirá su vida. Y, de hecho, en la vida real, se casó con ella tras el rodaje de la película.

 

Introducción

 

Aunque la película Tiempos Modernos (1936) no sea un documental nos ofrece una ficción muy útil para la imaginación de nuestro alumnado. De hecho, alcanza una mayor eficacia que el propio realismo a la hora de captar su atención. Y, en cierto modo, ese rasgo justifica la inmortalidad de dicha obra.

Por medio de una brillante técnica persuasiva y, por supuesto, con unas excelentes habilidades cómicas, Chaplin pone el acento en uno de los hitos de la historia económica contemporánea: la tragedia que sufre buena parte del personal laboral. En este sentido, es decisivo que el desempleo se haya convertido en un rasgo estructural del capitalismo.

De hecho, en la película, el personaje de Charlot es caracterizado como una persona desempleada que, en el mejor de los casos, es itinerante y rota de un trabajo a otro en plena etapa de entreguerras y, más concretamente, durante la Gran Depresión generada por la crisis de 1929.

Es decir, pasa de ser un sujeto incluido en la desenfrenada actividad de las cadenas de producción en masa de una fábrica fordista, hasta convertirse en alguien totalmente prescindible, en un trabajador excluido y condenado al gran mundo del empleo eventual. Y esa dramática característica propia del sistema que, a su vez, genera una enorme marginalidad social, es recalcada, con elocuencia, por Chaplin.

A pesar del panorama sombrío y oscuro en el que se desarrolla la película, el autor consigue singularizar su obra frente a otras coetáneas. Y, desde luego, personalmente, he de reconocer que durante la última década la he utilizado en muchas ocasiones como recurso didáctico, dando pie a un análisis práctico y respetuoso con todas las interpretaciones posibles.

 

Principales argumentos/escenas

 

Tal vez, se decidiera comenzar la película con la imagen de un reloj pretendiendo sugerir que el tiempo es una incuestionable magnitud de valor. En definitiva, no se puede perder el tiempo. De hecho, las sombras que las manecillas en movimiento proyectan sobre la esfera del reloj despiertan la atención. En fin, dicho instrumento para la medición del tiempo ocupa un lugar fundamental. No en vano, el reloj facilitará la sincronización de tareas.

Es reseñable que el autor, en la primera escena, haya planteado la siguiente yuxtaposición de imágenes. De un lado, un rebaño de ovejas caminando rápidamente, incluso, chocando entre sí. Y, de otro lado, subyace un multitudinario grupo de trabajadores que, con cierta prisa, salen de la boca del metro y se dirigen a un complejo industrial con chimeneas en funcionamiento.

Claramente, en ambos casos, existe un marcado carácter de aglomeración. A continuación, los hombres se posicionan ante los relojes fichadores para registrar su hora de entrada en la fábrica. En definitiva, se trata del comienzo de una jornada laboral…

La cámara enfoca al protagonista en su puesto de trabajo, donde tan solo debe apretar un par de tuercas, pero de forma excesivamente repetitiva. Charlot intenta adaptarse al vertiginoso ritmo de la cadena de montaje, pero no lo logra. Bajo la teoría de la división del trabajo, la tarea asignada es muy específica, es lo que el propio Marx denominaba “labor de detalle” (Marx, 1973, p. 290).

La cadena de montaje, le acerca las tuercas al obrero y, también, se las quita para, acto seguido, presentarle otras nuevas y así sucesivamente. Por consiguiente, el sujeto no perderá tiempo en desplazarse hacia el objeto. Claro que, de este modo, es imprescindible que el empleado realice la acción asignada sin retraso, pues de lo contrario perjudicará las tareas de los siguientes obreros.

En definitiva, la cadena de montaje exige del sujeto una atención permanente, que demanda una respuesta inmediata, una acción exenta de demora.

Desafortunadamente, aunque con humor, Charlot pierde el imprescindible ritmo de adaptación a la máquina, por culpa de una mosca que se le posa en la cara y la fábrica entra en riesgo de colapso. Como hemos visto, su tarea es muy concreta y repetitiva, pero los tiempos asignados no perdonan.

Renombrados autores de la escuela pesimista, entre los que se encuentran Marx y Engels consideraron que la denominada “organización científica del trabajo” (propia del taylorismo y coetánea del fordismo) convertía al trabajador en un “apéndice de la máquina” fruto de la incesante actividad de la cadena de montaje (Marx y Engels, 1976, p. 117).

 

Contextualización de la película en la historia económica

 

El británico Charles Chaplin (1889-1977) llega a EEUU en 1910, es decir, en plena efervescencia del taylorismo como modelo de organización de la producción. De hecho, un año después se publicó, en ese mismo país, el texto cumbre de Frederick Winslow Taylor, Principios de la administración científica (1911), que supuso una auténtica revolución de los métodos de organización del trabajo y que, a su vez, dio paso a la producción en serie que logró aumentar la productividad hasta niveles previamente impensables.

En efecto, el ingeniero Frederick Winslow Taylor introdujo, a finales del siglo XIX y principios del XX, en EEUU, lo que suele denominarse, indistintamente, sistema de Taylor, taylorismo o administración científica del trabajo. Se trata, en síntesis, de un conjunto de estrategias, cuya aplicación empresarial pronto se generalizaría en las economías desarrolladas. Indiscutiblemente, el objetivo es maximizar la productividad, pues ello redundará en mayores cotas de beneficio.

A tal efecto, Taylor ideó un método basado en la exhaustiva observación de los empleados de un taller. A mayor abundamiento, analizó los movimientos en que se divide la tarea encomendada a cada trabajador y, además, cronometró los tiempos que precisa cada operario para rematar su labor. El objetivo era detectar los movimientos superfluos o inútiles para suprimirlos y lograr una mayor eficiencia.

No cabe duda, la organización científica del trabajo influyó en la transformación de los procesos productivos. Asimismo, la implementación del taylorismo en muchas organizaciones suponía un extraordinario incremento de la división del trabajo, es decir, propiciaba una especialización cada vez mayor. Por ende, impulsó el aumento de la producción y de la productividad, reduciendo costes variables.

Buen ejemplo de ello, es su puesta en práctica, desarrollo y perfeccionamiento a través del fabricante de automóviles Henry Ford. En cierto modo, el fordismo constituye una clara profundización en los postulados propios del taylorismo. Para más concreción, en 1918 nace el primer coche producido en serie, precisamente, el modelo T de Ford.

 

Conclusiones

 

 

Es innegable que la puesta en escena que Chaplin nos ofrece en su película critica el progreso. Además, siguiendo su autobiografía y en sus propias palabras, “(…) proporciona abundancia, pero nos ha dejado en la indigencia” (Chaplin, 1989, p. 442). Es decir, ocasionalmente, propicia la acumulación de capitales, al tiempo que genera algunos excluidos.

Es usual entender Tiempos Modernos (al igual que otras películas de Chaplin) como una mezcla de comedia y drama. Incluso, en su autobiografía, él mismo definía sus composiciones cinematográficas como una “combinación de lo trágico y lo cómico” (Chaplin, 1989, p. 40).

Si bien es cierto, aparte de comedia y drama, en este caso también cabría añadir el carácter de romance, pues conoce a una joven huérfana (encarnada por Paulette Goddard) con quien compartirá su vida. De hecho, en la vida real, tras el rodaje, se casó con dicha actriz. También, tras el estreno de Tiempos Modernos en EEUU, Chaplin fue acusado de comunista y eligió Suiza para su exilio (Chaplin, 1989, p. 483).

Por último, quisiera recalcar la vigencia de la obra, pues aunque en la actualidad las principales economías se hayan terciarizado y la tecnología se haya digitalizado, Tiempos Modernos continua ofreciéndonos un testimonio que no ha pasado de moda. Cierto es que han aparecido nuevos empleos, nuevas figuras laborales e infinidad de cambios.

En cualquier caso, parece que la mordaz crítica del capitalismo elaborada por el cómico londinense continuará recordándose por las nuevas generaciones de estudiantes que nos acompañen.

 

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Referencias bibliográficas

Arendt, H. (2010). “Charlie Chaplin: el sospechoso”. En S. Eisenstein, Charlie Chaplin (pp. 53-58). (George Steinbach, trad.). Madrid: Ed. Casimiro.

Chaplin, C. (1936). Modern Times. Estados Unidos: Prod. United Artists.

Chaplin, C. (1989). Mi autobiografía. (Julio Gómez de la Serna, trad.). Madrid: Ed. Debate.

Marx, K. (1973). El capital. Crítica de la economía política. Vol. I. (Wenceslao Roces, trad.). México: Fondo de Cultura Económica.

Marx, K. y Engels, F. (1976). “Manifiesto del Partido Comunista”. En K. Marx y F. Engels, Obras escogidas. Tomo I (pp. 99-140). Moscú: Progreso».

 

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Tiempos modernos (1936), Película de Charlie Chaplin

 

 

Tiempos modernos (Modern Times en inglés) es un largometraje de 1936 escrito y dirigido por Charles Chaplin, que fue también el actor principal.

Esta película es un reflejo de las condiciones desesperadas de las cuales era víctima un empleado de la clase obrera en la época de la Gran depresión, en la visión dada por la película, por la eficiencia de la industrialización y la producción en cadena.

En la película también intervienen Paulette Goddard, Henry Bergman, Stanley Sandford y Chester Conklin

Tiempos modernos muestra escenas de corte futurista de la fábrica en la que trabaja Charlot que podrían tener influencia de la película de Fritz Lang Metrópolis y de la famosa ilustración Mechanophobia de John Vassos, aparecida en 1931.​

Es la primera película de Charles Chaplin en la que a este se le puede escuchar su voz mientras canta en el bar

 

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EL GRAN DICTADOR (Película de Charles Chaplin, 1940)