LO PEQUEÑO ES HERMOSO (Parte XIII: “¿Una máquina para predecir el futuro?“), por E. F. Schumacher

INDICE – LO PEQUEÑO ES HERMOSO, de E. F. Schumacher

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Es extraño decirlo, pero bajo la influencia de la ciencia de laboratorio, mucha gente parece hoy usar su libertad sólo con el propósito de negar su existencia. Hombres y mujeres de grandes dotes encuentran su más puro deleite en magnificar todo «mecanismo», toda «inevitabilidad», todo aquello donde la libertad humana no entra o parece no entrar. Se oye un gran grito de triunfo cada vez que alguien encuentra más pruebas (en fisiología, psicología, sociología, economía y política) en contra la libertad, de que la gente no puede dejar de ser lo que es ni dejar de hacer lo que hace, no importa lo inhumanas que sean sus acciones. La negación de la libertad, por supuesto, es una negación de la responsabilidad: las actuaciones no existen, sólo existen sucesos. Todas las cosas simplemente suceden, nadie es responsable. Y ésta es sin ninguna duda la principal causa de la confusión semántica (…). Es también la causa de la creencia de que pronto tendremos una máquina para predecir el futuro.

E.F. Schumacher 

 

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LO PEQUEÑO ES HERMOSO*(Parte XIII)

Por E. F. Schumacher

 

 

XV. ¿Una máquina para predecir el futuro? [1]

 

 

La razón de incluir unas consideraciones sobre predicción en este volumen se debe a que representa uno de los más importantes problemas metafísicos (y por lo tanto prácticos) con los que tenemos que enfrentarnos. Jamás ha habido tantos futurólogos, planificadores, pronosticadores y constructores de modelos científicos como hay ahora y el producto más intrigante del progreso tecnológico, la computadora, parece ofrecernos nuevas posibilidades de las que jamás se ha hablado antes. La gente habla acerca de las «máquinas que predicen el futuro». ¿Acaso no son ésas las máquinas que hemos estado esperando? Todos los hombres de todos los tiempos han deseado conocer el futuro.

Los antiguos chinos tenían la costumbre de consultar el I Ching, también llamado El libro de los cambios, que goza de la fama de ser el libro más viejo de la humanidad. Algunos de nuestros contemporáneos hacen lo mismo hoy día. El I Ching está basado en la convicción de que, mientras todas las cosas cambian continuamente, el cambio mismo es inmutable y se conforma a leyes metafísicas comprobables. «Todo tiene su tiempo –dice el Eclesiastés–, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… tiempo de destruir, y tiempo de edificar… tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntarlas», o diciéndolo de otra manera, un tiempo para la expansión y un tiempo para la consolidación. Y la tarea del sabio es entender los grandes ritmos del universo y adaptarse a ellos. Mientras los griegos (y supongo que la mayoría de las naciones) acudían a los oráculos vivientes, a sus pitonisas, casandras, profetas y videntes, los chinos, cosa notable, fueron a un libro que establece las pautas de los cambios universales y necesarios, las mismas Leyes del Cielo, a las que la naturaleza se conforma inevitablemente y a las que el hombre se conformará libremente como resultado del conocimiento obtenido, sea por la sabiduría o por el sufrimiento. El hombre moderno acude a la computadora.

«Los antiguos chinos tenían la costumbre de consultar el I Ching, también llamado El libro de los cambios, que goza de la fama de ser el libro más viejo de la humanidad. Algunos de nuestros contemporáneos hacen lo mismo hoy día. El I Ching está basado en la convicción de que, mientras todas las cosas cambian continuamente, el cambio mismo es inmutable y se conforma a leyes metafísicas comprobables. «Todo tiene su tiempo –dice el Eclesiastés–, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… tiempo de destruir, y tiempo de edificar… tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntarlas», o diciéndolo de otra manera, un tiempo para la expansión y un tiempo para la consolidación. Y la tarea del sabio es entender los grandes ritmos del universo y adaptarse a ellos. Mientras los griegos (y supongo que la mayoría de las naciones) acudían a los oráculos vivientes, a sus pitonisas, casandras, profetas y videntes, los chinos, cosa notable, fueron a un libro que establece las pautas de los cambios universales y necesarios, las mismas Leyes del Cielo, a las que la naturaleza se conforma inevitablemente y a las que el hombre se conformará libremente como resultado del conocimiento obtenido, sea por la sabiduría o por el sufrimiento. El hombre moderno acude a la computadora»

Resulta tentador comparar los antiguos oráculos con la moderna computadora, aunque sólo es posible una comparación por contraste. Aquéllos manejaban exclusivamente cualidades, ésta sólo cantidades. La inscripción sobre el templo de Delphos era: «Conócete a ti mismo», mientras que la inscripción sobre una computadora electrónica muy probablemente sea: «Conóceme», es decir, «Estudia las instrucciones de manejo antes de enchufarme». Se puede pensar que el I Ching y los oráculos son metafísicos, mientras que el modelo de la computadora es «real», pero el hecho es que la máquina para predecir el futuro está basada sobre presupuestos metafísicos de una clase muy definida. Está basada sobre el presupuesto implícito de que «el futuro ya está aquí», que ya existe en una forma determinada, por lo que requiere meramente buenos instrumentos y buenas técnicas para enfocarlo y hacerlo visible. El lector estará de acuerdo con que éste es un supuesto metafísico de largo alcance, en realidad, un supuesto extraordinario que parece ir en contra de toda experiencia personal directa. Implica que la libertad humana no existe o que no puede alterar el curso predeterminado de los hechos. No podemos cerrar nuestros ojos al hecho, sobre el cual he estado insistiendo a través de este libro, de que tal suposición, como toda tesis metafísica, sea explícita o implícita, tiene consecuencias prácticas decisivas. El interrogante es simple: ¿Es verdad o es mentira?

Cuando el Señor creó el mundo y a la gente que vive en él (una empresa que, de acuerdo con la ciencia moderna, consumió mucho tiempo) yo podría muy bien imaginar que Él razonó consigo mismo de la siguiente manera: «Si hago todas las cosas predecibles, estos seres humanos, a quienes he dotado con cerebros bastante buenos, aprenderán sin ninguna duda a predecir todas las cosas y no tendrán ningún motivo para hacer nada, porque reconocerán que el futuro está totalmente determinado y no puede ser influenciado por ninguna acción humana. Por otro lado, si hago todas las cosas impredecibles, ellos descubrirán gradualmente que no hay ninguna base racional para ninguna decisión y, lo mismo que en el primer caso, no tendrán ningún motivo para hacer nada en absoluto. Ninguno de los esquemas parecería ser una solución inteligente. Debo por lo tanto crear una mezcla de los dos. Hagamos algunas cosas predecibles y otras impredecibles. Entonces tendrán entre muchas otras cosas la muy importante tarea de buscar cuál es cuál».

Y ésta, verdaderamente, es una tarea muy importante, particularmente hoy, cuando la gente trata de inventar máquinas para predecir el futuro. Antes de que alguien haga una predicción, debería estar en condiciones de dar una razón convincente sobre por qué el factor al cual esta predicción se refiere es inherentemente predecible.

Los planificadores, por supuesto, proceden sobre la suposición de que el futuro no está «todavía aquí», que no están tratando con un sistema predeterminado y por lo tanto predecible, que pueden determinar las cosas por su propia y libre voluntad y que sus planes harán el futuro diferente de lo que hubiera sido si no hubiera habido ningún plan. Y aun así es a los planificadores a quienes les gustaría, más que a ningún otro, poseer una máquina que anticipe el futuro. ¿Se preguntarán si es posible que la máquina pueda predecir sus propios planes antes de que éstos hayan sido concebidos? 

La necesidad de una semántica

De cualquier forma, es evidente que el problema de la predicción no sólo es importante sino también complicado. Hablamos alegremente acerca de estimaciones, planificación, pronóstico, presupuestos, acerca de informes, programas, objetivos, etc.; y tendemos a usar estos términos como si fueran libremente intercambiables y como si todo el mundo supiera automáticamente cuál es su significado. El resultado es una gran confusión, porque en realidad es necesario hacer un número de distinciones fundamentales. Los términos que nosotros usamos pueden referirse al pasado o al futuro, se pueden referir a actuaciones o a sucesos, y pueden significar seguridad o inseguridad. El número de combinaciones posibles donde hay tres pares de esta clase es 23, o sea, ocho, y nosotros deberíamos tener ocho términos diferentes para estar bien seguros de lo que estamos hablando. Nuestro lenguaje, sin embargo, no es tan perfecto. La distinción más importante generalmente es la que existe entre las actuaciones y los sucesos. Los ocho casos posibles pueden ser por lo tanto ordenados de la siguiente manera:

1 Actuación                  3 Actuación

Pasada                          Pasada

Segura                           Incierta

2 Actuación                   4 Actuación

Futura                            Futura

Segura                            Incierta 

5 Suceso                         7 Suceso            

Pasado                           Pasado

Seguro                            Incierto

6 Suceso                        8 Suceso

Futuro                           Futuro

 Seguro                          Incierto

La distinción entre actuaciones y sucesos es tan básica como la que existe entre activo y pasivo o entre «dentro de mi control» y «fuera de mi control». Aplicar la palabra «planificación» a asuntos que están fuera del control del planificador es algo absurdo. Los acontecimientos, en lo que respecta al planificador, simplemente suceden. El planificador puede estar en condiciones de pronosticarlos y esto bien puede influenciar su plan, pero los sucesos no pueden de ninguna manera ser parte del plan.

«La distinción entre actuaciones y sucesos es tan básica como la que existe entre activo y pasivo o entre «dentro de mi control» y «fuera de mi control». Aplicar la palabra «planificación» a asuntos que están fuera del control del planificador es algo absurdo. Los acontecimientos, en lo que respecta al planificador, simplemente suceden. El planificador puede estar en condiciones de pronosticarlos y esto bien puede influenciar su plan, pero los sucesos no pueden de ninguna manera ser parte del plan»

La distinción entre el pasado y el futuro ha demostrado que es necesaria para nuestro propósito, porque de hecho palabras como «plan» o «estimación» están siendo usadas para referirse tanto al uno como al otro. Si digo: «No voy a visitar París sin un plan»[2], esto puede significar: «Me proveeré con un plano de calles para orientarme»; y se referiría entonces al caso 5. O puede significar: «Voy a proveerme con un plan que me marque con anticipación adónde voy a ir y de qué manera voy a gastar mi tiempo y dinero» (casos 2 ó 4). Si alguien sostiene que «es indispensable tener un plan», no deja de tener interés el averiguar si se refiere al primero o al último. Los dos son esencialmente distintos.

De la misma manera, la palabra «estimación», que denota incertidumbre, puede aplicarse al pasado o al futuro. En un mundo ideal no sería necesario hacer estimaciones acerca de las cosas que ya han sucedido. Pero en el mundo actual, hay mucha incertidumbre aún acerca de cosas que, en principio, podrían ser totalmente comprobables. Los casos 3,4, 7 y 8 representan cuatro tipos distintos de estimaciones. El caso 3 se refiere a algo que yo he hecho en el pasado; el caso 7, a algo que ha sucedido en el pasado. El caso 4 se refiere a algo que yo planeo hacer en el futuro, mientras que el caso 8 se refiere a algo que yo espero que suceda en el futuro. El caso 8, en realidad, es un pronóstico en el propio sentido del término y no tiene absolutamente nada que ver con la «planificación». ¡Qué frecuentemente, sin embargo, los pronósticos se presentan como si fueran planes y viceversa! El «Plan Nacional» británico de 1965 nos proporciona un ejemplo excelente y no debe sorprendernos que quedara en agua de borrajas.

¿Podemos en realidad hablar de actuaciones o sucesos futuros como cosas seguras (casos 2 y 6)? Si he hecho un plan con total conocimiento de todos los hechos importantes, y estoy inflexiblemente resuelto a llevarlo adelante (caso 2), yo puedo, en este contexto, considerar mis futuras acciones como seguras. De forma similar, en la ciencia de laboratorio, trabajando con sistemas deterministas cuidadosamente aislados, los sucesos futuros pueden ser descritos como seguros. El mundo real, sin embargo, no es un sistema determinista; podemos estar en condiciones de hablar con seguridad acerca de actuaciones o sucesos del pasado (casos 1 ó 5), pero cuando hablamos acerca de acontecimientos futuros sólo podemos hacerlo en base a suposiciones. En otras palabras, podemos formular declaraciones condicionales acerca del futuro tales como: «Si tales y cuales tendencias de sucesos continuaran durante X años, éstas serían las consecuencias». Esto no es un pronóstico, una predicción, que en el mundo real siempre son inciertos, sino un cálculo exploratorio, que, siendo condicional, tiene la virtud de la certeza matemática.

Nos encontramos en estos días en medio de un enredo semántico cuyo resultado es una confusión interminable. Como mencionábamos antes, se proponen «planes» que al ser examinados muestran estar relacionados con sucesos totalmente fuera del control del planificador. Se ofrecen «pronósticos» que al ser inspeccionados resultan ser frases condicionales, en otras palabras, cálculos exploratorios. Estos últimos son mal interpretados, como si fueran pronósticos o predicciones. Se confeccionan «estimaciones» que al ser examinadas resultan ser planes, y como éstos, muchos otros ejemplos. Nuestros docentes académicos realizarían una tarea realmente eficaz y muy necesaria si enseñaran a sus estudiantes cómo hacerlas distinciones que acabamos de discutir y desarrollar una terminología que las plasme en palabras. 

«Nos encontramos en estos días en medio de un enredo semántico cuyo resultado es una confusión interminable. Como mencionábamos antes, se proponen «planes» que al ser examinados muestran estar relacionados con sucesos totalmente fuera del control del planificador. Se ofrecen «pronósticos» que al ser inspeccionados resultan ser frases condicionales, en otras palabras, cálculos exploratorios. Estos últimos son mal interpretados, como si fueran pronósticos o predicciones. Se confeccionan «estimaciones» que al ser examinadas resultan ser planes, y como éstos, muchos otros ejemplos. Nuestros docentes académicos realizarían una tarea realmente eficaz y muy necesaria si enseñaran a sus estudiantes cómo hacerlas distinciones que acabamos de discutir y desarrollar una terminología que las plasme en palabras» 

La capacidad de predicción

Retornemos ahora a nuestro tema principal: la capacidad de predicción. ¿Es predecir o pronosticar (los dos términos parecen ser intercambiables) realmente posible? El futuro no existe; ¿cómo podría haber conocimiento acerca de algo que no existe? Esta pregunta está demasiado bien justificada. En el estricto sentido de la palabra, el conocimiento puede estar referido sólo al pasado. El futuro está siempre haciéndose, pero se está haciendo principalmente con material existente, el cual puede conocerse bastante bien. El futuro, por lo tanto, es principalmente predecible, si tenemos un sólido y extenso conocimiento del pasado. Principalmente, pero de ninguna manera totalmente, porque dentro de la construcción del futuro entra ese factor misterioso e incontrolable llamado libertad humana. Es la libertad de un ser del cual se ha dicho que fue hecho a imagen del Dios Creador: la libertad de la creatividad.

Es extraño decirlo, pero bajo la influencia de la ciencia de laboratorio, mucha gente parece hoy usar su libertad sólo con el propósito de negar su existencia. Hombres y mujeres de grandes dotes encuentran su más puro deleite en magnificar todo «mecanismo», toda «inevitabilidad», todo aquello donde la libertad humana no entra o parece no entrar. Se oye un gran grito de triunfo cada vez que alguien encuentra más pruebas (en fisiología, psicología, sociología, economía y política) en contra la libertad, de que la gente no puede dejar de ser lo que es ni dejar de hacer lo que hace, no importa lo inhumanas que sean sus acciones. La negación de la libertad, por supuesto, es una negación de la responsabilidad: las actuaciones no existen, sólo existen sucesos. Todas las cosas simplemente suceden, nadie es responsable. Y ésta es sin ninguna duda la principal causa de la confusión semántica a la cual me he referido anteriormente. Es también la causa de la creencia de que pronto tendremos una máquina para predecir el futuro.

Si todas las cosas simplemente sucediesen, si no hubiera ningún elemento de libertad, elección, creatividad y responsabilidad humanas, todas las cosas serían perfectamente predecibles, sólo sujetas a limitaciones accidentales y temporales del conocimiento. La ausencia de libertad haría que los asuntos humanos fueran apropiados para ser estudiados por las ciencias naturales, o por lo menos con sus métodos, y sin ninguna duda obtendríamos resultados confiables dela sistemática observación de los hechos. El profesor Phelps Brown, en su discurso presidencial a la Real Sociedad Económica, parece adoptar precisamente este punto de vista cuando habla acerca de «El subdesarrollo de la economía». «Nuestra propia ciencia», dice, «apenas ha alcanzado su siglo XVII». Creyendo que la economía es metafísicamente lo mismo que la física, cita a otro economista, el profesor Morgenstern, en forma aprobatoria, cuando dice:

«El avance decisivo de la física en el siglo XVII, específicamente en el campo de la mecánica, sólo fue posible por los desarrollos previos en la astronomía. Estaba apoyada por varios milenios de observación astronómica sistemática, científica. Nada comparable a esto ha ocurrido en la ciencia económica. Hubiera sido absurdo en la física haber esperado a un Kepler y a un Newton sin un Tycho, y no hay ninguna razón para esperar un desarrollo más fácil en la economía».

El profesor Phelps Brown concluye que necesitamos muchos más años de observaciones de la conducta. «Hasta entonces, nuestra matematización es prematura».

Es la introducción de la libertad y responsabilidad humanas lo que hace a la economía metafísicamente distinta de la física y a los asuntos humanos básicamente impredecibles. Podemos predecir, por supuesto, cuando estamos actuando de acuerdo a un plan. Pero esto es así precisamente porque un plan es el resultado de un ejercicio en la libertad de elección: la elección se ha hecho; todas las alternativas han sido eliminadas. Si la gente se atiene a su plan, su conducta es predecible porque han elegido someter su libertad para actuar tal como prescribe el plan.

En principio, toda cosa inmune a la intrusión de la libertad humana, como los movimientos de las estrellas, es predecible, y toda cosa sujeta a esta intrusión es impredecible. ¿Significa eso que todas las acciones humanas son impredecibles? No, porque la mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, no hace uso de su libertad y actúa puramente en forma mecánica. La experiencia muestra que cuando estamos tratando con un gran número de personas, muchos aspectos de su conducta son realmente predecibles, porque en un número grande, en cualquier momento, sólo una pequeña minoría está usando su poder de libertad, y a menudo ellos no afectan significativamente al resultado total. No obstante, todas las innovaciones y los cambios realmente importantes normalmente comienzan a partir de una pequeña minoría de gente que sí que hace uso de su libertad creativa.

Es verdad que los fenómenos sociales adquieren una cierta estabilidad y predictibilidad, debido a la ausencia de uso de la libertad, lo que significa que la inmensa mayoría de la gente responde a una situación dada de una manera que no se altera grandemente en el tiempo, salvo que haya nuevas causas realmente poderosas. Podemos entonces distinguir lo siguiente:

(a) la predicción total (en principio) existe sólo en ausencia de la libertad humana, es decir, en la naturaleza «subhumana». Las limitaciones de la predicción son puramente limitaciones de conocimiento y técnica.

(b) la predicción relativa existe con relación a los modelos de conducta de números muy grandes de personas haciendo cosas «normales» (rutina).

(c) la predicción relativamente total existe con relación a las acciones humanas controladas por un plan que elimina la libertad, v. g., el horario del ferrocarril.

(d) las decisiones individuales de las personas son en principio imprevisibles. 

Pronósticos a corto plazo

En la práctica toda predicción es una simple extrapolación, modificada por «planes conocidos». Pero ¿cómo extrapolamos? ¿Cuántos años vamos hacia atrás? Suponiendo que hay un historial del crecimiento, ¿qué es lo que exactamente extrapolamos, la tasa promedia de crecimiento, el incremento en la tasa de crecimiento o el incremento anual en términos absolutos? Digamos de paso que no hay reglas[3]: es tan sólo una cuestión de criterio o «sentimiento».

Es bueno saber acerca de las diferentes posibilidades de usar las mismas series temporales para extrapolaciones con muy distintos resultados. Tal conocimiento nos impedirá tener una fe indebida en la extrapolación. Al mismo tiempo, y por la misma regla, el desarrollo de (lo que intentan ser) mejores técnicas de pronóstico puede convertirse en un vicio. En el pronóstico a corto plazo, digamos, para el próximo año, una técnica refinada raramente produce distintos resultados a los producidos por una técnica elemental. Al cabo de un año de crecimiento, ¿qué se puede predecir?

(a) que hemos alcanzado un techo (temporal);

(b) que el crecimiento continuará con un ritmo igual, más lento o más rápido;

(c) que habrá una disminución.

Ahora bien, parece claro que la elección entre estas tres predicciones alternativas básicas no puede hacerse por la «técnica de pronóstico», sino sólo por un juicio informado. Depende, por supuesto, de aquello con lo que estamos tratando. Cuando de lo que se trata es de algo que normalmente crece muy rápidamente, como el consumo de electricidad, la elección triple es entre la misma tasa de crecimiento, una más rápida o una más lenta.

No son tanto las técnicas de pronóstico como una comprensión total de la situación lo que puede ayudarnos en la formación de un juicio sólido sobre el futuro. Si se sabe que el presente nivel de rendimiento (o tasa de crecimiento) está influenciado por factores bastante anormales, los cuales es difícil que se produzcan en el próximo año, es necesario que los tomemos en cuenta. El pronóstico, «lo mismo que el año pasado», puede implicar un crecimiento «real» o una disminución «real», debido a factores excepcionales que estuvieron presentes este año y esto, por supuesto, debe hacerse explícito por el pronosticador.

«No son tanto las técnicas de pronóstico como una comprensión total de la situación lo que puede ayudarnos en la formación de un juicio sólido sobre el futuro. Si se sabe que el presente nivel de rendimiento (o tasa de crecimiento) está influenciado por factores bastante anormales, los cuales es difícil que se produzcan en el próximo año, es necesario que los tomemos en cuenta. El pronóstico, «lo mismo que el año pasado», puede implicar un crecimiento «real» o una disminución «real», debido a factores excepcionales que estuvieron presentes este año y esto, por supuesto, debe hacerse explícito por el pronosticador»

Creo, por lo tanto, que todo el esfuerzo necesita aplicarse al entendimiento de la situación para identificar y, si es necesario, eliminar del cuadro los factores «anormales» y no repetibles. Habiendo hecho esto, el método de pronóstico puede ser muy elemental. Ningún refinamiento ayudará a que uno llegue al juicio fundamental: ¿El año próximo será igual que el año pasado, mejor o peor?

A esta altura se puede objetar que debería haber grandes posibilidades de pronóstico a corto plazo con la ayuda de computadoras electrónicas, porque pueden manejar un gran volumen de información muy fácil y rápidamente, adjudicándole algún tipo de expresión matemática. Por medio del «feedback», la expresión matemática puede mantenerse al día casi instantáneamente y, una vez que se tiene un ajuste matemático realmente bueno, la máquina puede predecir el futuro.

Una vez más, necesitamos echar una mirada a la base metafísica de tales afirmaciones. ¿Cuál es el significado de un «buen ajuste matemático»? Simplemente que una secuencia de cambios cuantitativos en el pasado ha sido elegantemente descrita en un preciso lenguaje matemático. Pero el hecho de que yo (o la máquina) haya sido capaz de describir esta secuencia tan exactamente, de ninguna manera confirma la presunción de que tal modelo ha de continuar. Podría continuar sólo si: (a) no existiese la libertad humana y (b) no hubiese ninguna posibilidad de cambio en las causas que dieron lugar al modelo observado.

Yo acepto la afirmación de que un modelo (sea de estabilidad, crecimiento o disminución) establecido de forma muy clara y marcada puede llegar a continuar por un poco más de tiempo, salvo que haya un conocimiento definido sobre nuevos factores que puedan cambiarlo. Pero sugiero que para la elaboración de tales modelos claros, definidos y persistentes, el cerebro humano no electrónico es normalmente más barato, más rápido y más seguro que su rival electrónico. O para decirlo de otra manera, si es realmente necesario aplicar métodos tan altamente refinados de análisis matemático para la confección de un modelo, hasta el punto de que se necesita una computadora electrónica, tal modelo es demasiado impreciso y oscuro como para ser una base adecuada para la extrapolación en la vida real.

Los métodos ordinarios de pronóstico, después de que el cuadro haya sido corregido de sus anomalías, no es probable que conduzcan a los errores de una verosimilitud espuria ni aun detallismo espurio, los dos más grandes vicios del estadístico. Una vez que se tiene una fórmula y una computadora electrónica, hay una terrible tentación de exprimir el limón hasta secarlo y presentar un cuadro del futuro que convenza a través de su precisión y verosimilitud. Sin embargo, a un hombre que use un mapa imaginario pensando que es verdadero es probable que le vaya peor que a alguien sin mapa alguno, porque el primero dejará de preguntar dónde ir, de observar todo detalle de su camino y de buscar continuamente con todos sus sentidos y toda su inteligencia las indicaciones que le muestren dónde ir.

La persona que hace los pronósticos puede con todo tener una correcta apreciación de los supuestos en los cuales están basados. Pero la persona que usa los pronósticos podría no tener absolutamente ninguna idea de que el edificio, como a menudo ocurre, se sostiene o se cae con una simple e inverificable suposición. Se impresiona por la meticulosidad del trabajo efectuado, por el hecho de que todo parece «cuadrar», etc. Si los pronósticos se presentaran en forma tosca, como escritos en el dorso de un sobre, tendría una oportunidad mucho mejor de apreciar su falta de rigor y el hecho de que, haya o no pronósticos, alguien tiene que tomar una decisión acerca del futuro desconocido.

La planificación

Ya he insistido en que un plan es algo esencialmente distinto a un pronóstico. Es una declaración de intención de lo que los planificadores (o sus líderes) intentan hacer. La planificación es inseparable del poder. Es natural y deseable que todo el mundo que tenga alguna clase de poder tenga también algún tipo de plan, es decir, que use el poder deliberada y conscientemente, mirando cierta distancia adelante en el tiempo. Al hacerlo, debe considerar lo que otra gente es probable que haga; en otras palabras, no se puede planear sin hacer un cierto número de pronósticos. Esto es bastante directo en tanto en cuanto lo que tiene que pronosticarse es, en realidad, «pronosticable», y se relaciona con asuntos en los que la libertad humana no entra, con las acciones de rutina de un número muy grande de individuos o con los planes establecidos de otra gente que detenta poder. Lamentablemente, los asuntos a pronosticar muy a menudo no pertenecen a ninguna de estas categorías, sino que dependen de las decisiones individuales de personas o pequeños grupos de personas. En tales casos los pronósticos son poco más que «conjeturas inspiradas» y ningún grado de perfeccionamiento en la técnica de pronóstico puede ayudar. Por supuesto, algunas personas pueden hacer mejores conjeturas que otras, pero esto no se deberá a que posean una mejor técnica de pronóstico o mejor equipo mecánico para ayudarles en sus cálculos.

¿Cuál, entonces, podría ser el significado de un «plan nacional» en una sociedad libre? No puede significar la concentración de todo el poder en un punto, porque eso implicaría el fin de la libertad: la planificación genuina va acompañada de poder. Me parece que el único significado inteligible de las palabras «un plan nacional» en una sociedad libre sería la declaración de intenciones más completa posible de toda la gente que posee poder económico básico, siendo tales declaraciones recogidas y recopiladas por alguna agencia central. Las mismas inconsistencias de tal «plan» podrían ser valiosos indicadores.

Pronósticos a largo plazo y estudios de viabilidad

Consideremos ahora los pronósticos a largo plazo, entendiendo por esto las estimaciones para cinco o más años. Debe quedar claro que siendo el cambio una función del tiempo, el futuro a largo plazo es aún menos predecible que el de corto alcance. En realidad, todo pronóstico de largo alcance es de alguna manera presuntuoso y absurdo, salvo que sea de una naturaleza tan general que sólo diga lo que es obvio. De cualquier manera, a menudo existe la necesidad práctica de «echar una mirada» al futuro, ya que hay que tomar decisiones y concertar compromisos a largo plazo. ¿No hay nada que pueda ayudar?

Me gustaría subrayar aquí otra vez la distinción entre los pronósticos por un lado y «los cálculos exploratorios» o «estudios de viabilidad» por otro. En un caso estimo que ésta o aquélla será la posición en, digamos, un periodo de veinte años. En el otro caso meramente exploro los efectos de largo alcance de ciertas tendencias. Es lamentablemente cierto que en macroeconomía los estudios de viabilidad son muy raramente llevados más allá de sus comienzos rudimentarios. La gente se contenta con confiar en los pronósticos generales, que muy raramente tienen el valor del papel en el que se encuentran escritos.

Podría ser interesante dar algunos ejemplos. Está muy de moda en estos días hablar acerca del desarrollo de los países subdesarrollados e innumerables «planes» se hacen con este fin. Si nos dejamos llevar por las expectativas que surgen en todas partes del mundo tendríamos que suponer que dentro de unas pocas décadas la mayoría de la gente habrá de estar en condiciones de vivir más o menos como los europeos occidentales viven hoy. Ahora bien, me parece que sería muy instructivo si alguien asumiese la responsabilidad de hacer un estudio detallado de viabilidad para este proyecto. Esa persona podría elegir el año 2000 como una fecha término y trabajar hacia atrás desde allí. ¿Cuál sería la producción requerida de comestibles, combustibles, metales, fibras textiles, etc.? ¿Cuál sería el stock de capital industrial? Naturalmente, tendría que introducir muchas nuevas suposiciones a medida que fuese adelante. Cada suposición podría convertirse en objeto de un nuevo estudio de viabilidad. Podría encontrar que no es posible resolver sus ecuaciones salvo introduciendo supuestos que trascenderían todos los límites de la probabilidad razonable. Esto puede ser muy instructivo. Podría conducir a la conclusión de que mientras de manera muy cierta debiera haber un desarrollo sustancial en los países donde las grandes masas de gente viven en una miseria abyecta, hay ciertas elecciones entre patrones alternativos de desarrollo que podrían hacerse y que ciertos tipos de desarrollo parecen más factibles que otros.

El pensamiento a largo plazo, apoyado por estudios conscientes de viabilidad, parece ser particularmente deseable en relación con la materia prima no renovable de disponibilidad imitada, es decir, principalmente, los combustibles fósiles y los metales. Actualmente, por ejemplo, se está produciendo la sustitución del carbón por el petróleo. Alguna gente parece suponer que el carbón está en vías de agotarse. Un estudio de viabilidad cuidadoso, haciendo uso de todos los datos disponibles sobre reservas de carbón, petróleo y gas natural, cuya existencia haya sido probada, no sólo supuesta, sería extremadamente instructivo.

Hasta ahora hemos tenido informes bastante aproximados a estudios de viabilidad en los temas de incremento de población y oferta de alimentos, provenientes principalmente de las organizaciones de las Naciones Unidas. Estos estudios podrían ser profundizados, no sólo citando los totales de la producción de alimentos a obtener en el año 1980 ó 2000, sino también indicando, en forma mucho más detallada de lo que hasta ahora se ha hecho, un programa que muestre los pasos específicos que deben darse en un futuro cercano para alcanzar estas metas.

En todo esto, la necesidad más esencial es puramente intelectual: una clara apreciación de la diferencia entre un pronóstico y un estudio de viabilidad. Confundirlos sería seguramente un signo de analfabetismo estadístico. Un pronóstico a largo plazo, como he dicho, es presuntuoso, pero un estudio de viabilidad a largo plazo es un trabajo humilde y sin pretensiones…

De nuevo surge la pregunta de si este trabajo podría ser facilitado con más ayudas mecánicas, tales como computadoras electrónicas. Personalmente me siento inclinado a dudarlo. Me parece que una interminable multiplicación de ayudas mecánicas en campos en los que se requiere criterio más que ninguna otra cosa es una de las fuerzas impulsoras de la ley de Parkinson. Obviamente, una computadora electrónica puede resolver un gran número de permutaciones, empleando suposiciones variables en sólo unos cuantos segundos o minutos, mientras que el mismo trabajo le llevaría al cerebro no electrónico la misma cantidad en meses. Sin embargo, lo esencial es que el cerebro no electrónico no necesita ni siquiera intentar hacer tal trabajo. Porque usando el poder del criterio se puede concentrar  en algunos parámetros decisivos que son más que suficientes como para describir los alcances de una probabilidad razonable. Alguna gente imagina que sería posible fabricar una máquina para pronósticos a largo plazo. Las «noticias» corrientes podrían alimentar constantemente a la máquina que, en respuesta, produciría revisiones constantes de algunos pronósticos a largo plazo. Sin ninguna duda, esto sería posible, pero ¿serviría de ayuda? Cada capítulo de «noticias» ha de ser juzgado por su importancia a largo plazo y generalmente no es posible obtener de inmediato un juicio sólido. Tampoco puedo ver ningún valor en la revisión continua de los pronósticos a largo plazo hecha de una manera mecánica y rutinaria. Sólo se necesita un pronóstico cuando una decisión a largo plazo tiene que tomarse o revisarse, lo cual es, comparativamente hablando, un suceso raro, aun en el más grande de los negocios; en este caso vale la pena reunir la mejor información de forma deliberada y consciente para juzgar cada concepto a la luz de la experiencia acumulada y finalmente llegar a una conclusión que parezca razonable en la opinión de los mejores cerebros disponibles. Es sólo un asunto de autoengaño el creer que un proceso laborioso e incierto como es éste pudiera acortarse usando un aparato mecánico.

«Obviamente, una computadora electrónica puede resolver un gran número de permutaciones, empleando suposiciones variables en sólo unos cuantos segundos o minutos, mientras que el mismo trabajo le llevaría al cerebro no electrónico la misma cantidad en meses. Sin embargo, lo esencial es que el cerebro no electrónico no necesita ni siquiera intentar hacer tal trabajo. Porque usando el poder del criterio se puede concentrar  en algunos parámetros decisivos que son más que suficientes como para describir los alcances de una probabilidad razonable. Alguna gente imagina que sería posible fabricar una máquina para pronósticos a largo plazo. Las «noticias» corrientes podrían alimentar constantemente a la máquina que, en respuesta, produciría revisiones constantes de algunos pronósticos a largo plazo. Sin ninguna duda, esto sería posible, pero ¿serviría de ayuda? Cada capítulo de «noticias» ha de ser juzgado por su importancia a largo plazo y generalmente no es posible obtener de inmediato un juicio sólido. Tampoco puedo ver ningún valor en la revisión continua de los pronósticos a largo plazo hecha de una manera mecánica y rutinaria. Sólo se necesita un pronóstico cuando una decisión a largo plazo tiene que tomarse o revisarse, lo cual es, comparativamente hablando, un suceso raro, aun en el más grande de los negocios; en este caso vale la pena reunir la mejor información de forma deliberada y consciente para juzgar cada concepto a la luz de la experiencia acumulada y finalmente llegar a una conclusión que parezca razonable en la opinión de los mejores cerebros disponibles. Es sólo un asunto de autoengaño el creer que un proceso laborioso e incierto como es éste pudiera acortarse usando un aparato mecánico»

En lo que respecta a los estudios de viabilidad, a diferencia de los pronósticos, ocasionalmente puede ser útil el tener aparatos que puedan analizar rápidamente el efecto de las variaciones de nuestras suposiciones. Pero todavía tienen que convencerme de que una regla de cálculo y un juego de tablas de interés compuesto no son suficientes para este fin.

 Impredicción y libertad

Si tengo una opinión bastante negativa acerca de la utilidad de la «automatización» en materia de pronóstico económico, etc., no por eso subestimo el valor de las computadoras electrónicas y aparatos similares para otras tareas, como resolver problemas matemáticos o programar procesos de producción. Estas últimas pertenecen a las ciencias exactas o a sus aplicaciones. Su objeto de estudio no es humano; tal vez debería decir que es subhumano. Su misma exactitud es un signo de la ausencia de libertad humana, la ausencia de elección, responsabilidad y dignidad. Tan pronto como la libertad humana se hace presente, estamos en un mundo totalmente diferente donde existe un gran peligro en la proliferación de inventos mecánicos. Las tendencias que intentan borrar tal distinción deberían resistirse con la más firme determinación. El grave daño ocasionado a la dignidad humana ha resultado del extravío de las ciencias sociales al tratar de adoptar e imitar los métodos de las ciencias naturales. La economía, y aún más la economía aplicada, no es una ciencia exacta; es de hecho, o debiera serlo, algo mucho más grande: una rama de la sabiduría. Colin Clark declaró una vez que «los largos periodos mundiales de equilibrios económicos se desarrollan de su propia y peculiar manera, enteramente independientes de los cambios políticos y sociales». Al amparo de esta herejía metafísica escribió un libro, en 1941, titulado The Economics of 1960 (La economía de 1960)[4]. Sería injusto decir que el cuadro que pintó no tiene ningún parecido con lo que realmente sucedió. Existe la clase de parecido que emerge del hecho de que el hombre usa su libertad dentro de un entorno constante de leyes físicas de la naturaleza. Pero la lección que se desprende del libro del señor Clark es que su presupuesto metafísico es un engaño, que, de hecho, los equilibrios del mundo económico, aun a largo plazo, son muy dependientes de los cambios políticos y sociales, y que los métodos sofisticados e ingeniosos de pronóstico empleados por el señor Clark le sirvieron solamente para producir un trabajo de verosimilitud espuria.

 Conclusión

De esta manera llego a la conclusión optimista de que todavía vale la pena vivir la vida, incluyendo la vida económica, porque es suficientemente impredecible como para ser interesante. Ni el economista ni el estadístico llegarán a tenerla «registrada». Dentro de los límites de las leyes físicas de la naturaleza, todavía somos los responsables de nuestro destino individual y colectivo, para bien o para mal.

Pero el conocimiento técnico del economista, del estadístico, del científico, del ingeniero y aun del filósofo genuino pueden ayudarnos a esclarecer los límites dentro de los cuales se encuentra nuestro destino. El futuro no se puede pronosticar, pero sí puede ser explorado. Los estudios de viabilidad pueden mostrarnos el fin del camino que hemos tomado y esto es hoy más importante que nunca, dado que el «crecimiento» se ha convertido en la nota dominante de la economía en todo el mundo.

En su urgente intento de obtener conocimiento fiable acerca de su futuro esencialmente indeterminado, el hombre de acción contemporáneo puede rodearse de ejércitos de pronosticadores que crecen constantemente en número, por crecientes montañas de datos digeridos por cada vez más sorprendentes inventos mecánicos. Me temo que el resultado es poco más que un inmenso juego de prestidigitación y una cada vez más meridiana vindicación de la ley de Parkinson. Las mejores decisiones seguirán estando basadas en los juicios de cerebros maduros no electrónicos cuyos dueños son hombres que han seguido observando la situación con firmeza y calma y la han visto en su totalidad. «Deténgase, mire y escuche» es un lema preferible a «consúltelo en los pronósticos».

 


NOTAS

(*) Título original: Small is Beautiful Ernst Friedrich Schumacher, 1973 Traducción: Óscar Margenet, 1978

[1] Disertación efectuada ante la Primera Conferencia Británica sobre los Efectos Sociales y Económicos de la Automatización, Harrogate, junio de 1961. 

[2] N. del T.: en inglés, plan y plano se expresan con la misma palabra. 

[3] Cuando hay pautas estacionales o cíclicas, por supuesto, es necesario examinar por lo menos un año o un ciclo, pero la decisión de cuántos años o ciclos se consideran es una cuestión de criterio. 

[4] The Economics of 1960, por C. Clark (1940). 

 

 

 

 

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