NOELIA (26 de marzo de 2026), VIVIR Y MORIR: Víctima de la Revolución de Colores española. Utilizada por la Política y destruida por la Justicia: una vida olvidada que merece ser recordada

NOELIA (26 MARZO 2026)

 

Noelia
Con 13 años, su mundo se derrumbó. Sin familia y sin hogar. Más de 500.000 desahucios, ilegales, como sabríamos todos a partir de 2014. Unas 2.500.000 de personas. Cientos de miles de menores. Como Noelia. Con la pérdida del hogar, la de la familia, o con ambas perdidas, como le pasó a Noelia, todo se desmoronó. Lo vemos hoy. Tiene una causa. Pero la cusa no la queremos ver. Porque nos duele nuestra responsabilidad. Porque todo pudo haberse evitado. Salvo porque no se pudo con la desinformación, el engaño y la codicia. Eso que recibimos con alborozo (¿nadie recuerda ya el 80% de apoyo al prepodemismo -fabricado por Rubalcaba, aquél infame Ministro del Interior constructor del «Nuevo Movimiento Nacional»-, al que llamaron 15M?). Quienes no estaban cancelados, lo fueron de inmediato. Una generación repleta de mérito y capacidad, adquiridos con gran esfuerzo, Cancelada masivamente por adolescentes mediatizados, carentes de cualquier mérito y, como resulta evidente, carente de capacidad, mera apariencia vacía de contenido. Una banda de niñatos narcisistas, tan ignorantes como codiciosos, bajo una impuesta dirección psicopática, ocupó los lugares que -como resulta hoy, décadas después, tan evidente como ya irrelevante, por consolidada y definitiva- debieron ocupar sus víctimas, primero canceladas, luego despojadas de sus Derechos y su personalidad para, después, ser destruidas. Verdugos de dos generaciones, la que les precedió, y la siguiente, la de Noelia. Y hasta hoy, siempre a peor. Noelia podía suicidarse por si misma. Pero prefirió avergonzarnos. Y lo consiguió. Gracias, Noelia. Tu vida son muchas vidas. Y tu muerte anticipa un poco la de todos.

 

La desaparición del padre

Por Roberto Giacomelli
2dipicche, 23 MARZO 2026
 
 

Para dominar el mundo, el capitalismo tuvo que eliminar a su adversario más peligroso: la familia, la única institución social que no se basa en el lucro sino en el don.

La forma más antigua de asociación humana, donde las emociones unen a las personas y aseguran la continuidad de la especie, se interpuso en el camino de la difusión del nuevo modelo social centrado en la producción y el consumo.

Para destruir la familia y aislar a sus miembros, convirtiéndolos en esclavos de las compras, los medicamentos y las drogas, era necesario atacar la piedra angular sobre la que se sustentaba esta institución primordial: el padre.

Se podría lograr una sociedad individualista y atomizada, compuesta por individuos aislados, aniquilando la figura que proporcionaba orden y protección.

Sin la figura paterna, la comunidad es directamente atacada y desmantelada, borrando la identidad construida sobre tradiciones, cultura y folclore.

Una forma sutil de aniquilar mentes rompiendo los lazos naturales y sustituyéndolos por superestructuras artificiales y vacías: hogares monoparentales construidos sobre la soledad y la alienación.

 

Símbolo de aislamiento

Una familia unipersonal no es una verdadera familia, sino un símbolo de aislamiento emocional y social, la negación de los lazos naturales sobre los que se ha desarrollado la civilización.

El fruto envenenado de la soledad es el invierno demográfico, el desplome de las tasas de natalidad y el fin del linaje, con la consiguiente pérdida de la familia y la memoria histórica del pueblo.

Arrancar a los hombres de los campos y convertirlos en esclavos de las máquinas industriales fue la primera fase del ataque contra la familia, que quedó indefensa y desprovista de guía espiritual.

Tras apropiarse del trabajo masculino, el gran capital explotó a mujeres y niños encadenados a los telares como esclavos por salarios de miseria, enriqueciendo desmesuradamente a los dueños de las hilanderías.

El egoísmo que impulsa el capitalismo ha creado una acumulación masiva de riqueza para unos pocos a expensas de todos los demás, un sentimiento arraigado en la envidia de los comerciantes burgueses que buscaban reemplazar a una nobleza decadente que había perdido todos sus valores.

 

El enemigo que debe ser eliminado

El padre era el enemigo que debía ser eliminado para crear un mundo nuevo sin patrias, sin sentimientos, sin familias; una sociedad donde los amigos no se abrazan, ni siquiera los fantasmas de las redes sociales se reconocen.

El padre, además de ser una presencia física fundamental en la familia y en la sociedad, es un arquetipo del inconsciente colectivo, una figura simbólica que encarna la autoridad y la ley.

En el desarrollo del niño, se disuelve la relación simbiótica con la madre, convirtiéndolo en un individuo con identidad propia, una dinámica esencial para la formación del futuro adulto.

El padre protege, disciplina, castiga estableciendo reglas que deben seguirse, apoya y guía a sus hijos a lo largo de su vida.

La desaparición del padre conduce al narcisismo en los niños sobreprotegidos por sus madres: varones débiles dominados por las figuras femeninas a las que temen inconscientemente.

La ausencia de prohibiciones paternas conlleva una falta de normas morales y un sentimiento de culpa, que es la causa del trastorno de personalidad antisocial.

 

Sociedad caótica

La sociedad contemporánea es caótica debido a la ausencia de límites establecidos por los padres y los valores masculinos que transmiten; valores que son fundamentales no solo para la formación de la personalidad masculina, sino también para el desarrollo del Animus, el inconsciente femenino.

El arquetipo paterno es similar al del Guerrero; representa el coraje, la fuerza interior, la disciplina y la protección contra el miedo.

Y al igual que Senex, el anciano, que representa la sabiduría, la estabilidad y la experiencia, la fuente del equilibrio.

Como todo arquetipo, la figura paterna también tiene una naturaleza dual; en su aspecto negativo, la autoridad es reemplazada por la coerción y la violencia despótica del autoritarismo.

Los padres que son devaluados —hijos de hombres sin reglas— crían hijos frágiles; la ausencia total de la figura paterna causa el mayor daño a los niños pequeños que nunca llegarán a ser hombres.

Un Día del Padre comercial, que consiste en regalos y muestras empalagosas de afecto, no es suficiente; la figura paterna debe ser reevaluada en su totalidad.

Debemos devolver al padre al centro de la familia, del que ha sido expulsado y despojado de autoridad, debido a la diabólica estrategia de desmantelar esta institución y al proceso de culpar a los hombres blancos.

Una familia fuerte permite retomar los valores espirituales y defender la civilización contra la decadencia de la perversión contemporánea.

Salvemos a los padres menospreciados, marginados y olvidados; salvaremos a la familia y a la comunidad.

 

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Eutanasia: la guerra espiritual

Primero fue separada de sus padres, a quienes el Estado quitó la custodia.

Tras el divorcio perdieron la casa, atravesaron dificultades económicas y el Estado se “encargó” de ella ingresándola a los 13 años en un centro de menores tutelados.

Posteriormente, fue víctima de una violación grupal por esos seres de luz que el Estado ha traído a nuestras calles.

Noelia padecía una discapacidad por sus problemas mentales, pero tras la agresión sexual múltiple intentó suicidarse tirándose desde un quinto piso y quedó en silla de ruedas (es autónoma en el resto).

Por Irene González, 26 MARZO 2026

 

Como un reo inocente condenado a pena de muerte por inyección letal, Noelia, la chica de 25 años paralítica con serios problemas de salud mental, hoy será ejecutada por el Estado en un procedimiento eugenésico que llaman eutanasia. La muerte de Noelia parece ser el último paso de un camino de torturas del sistema.

Primero fue separada de sus padres, a quienes el Estado quitó la custodia. Tras el divorcio perdieron la casa, atravesaron dificultades económicas y el Estado se “encargó” de ella ingresándola a los 13 años en un centro de menores tutelados. Posteriormente, fue víctima de una violación grupal por esos seres de luz que el Estado ha traído a nuestras calles.

Noelia padecía una discapacidad por sus problemas mentales, pero tras la agresión sexual múltiple intentó suicidarse tirándose desde un quinto piso y quedó en silla de ruedas (es autónoma en el resto).

Noelia es una chica con trastorno límite de la personalidad, trastorno obsesivo compulsivo e ideas suicidas. Una chica vulnerable a la que el Estado separó de sus padres que la querían y no la protegió ni la amparó.

La eutanasia parece ser la ejecución, el último paso de un caso de secuestro y torturas, con la premura de un sistema que quiere borrar las huellas de lo que hace realmente el «Estado» en defensa de los vulnerables con lo que llaman “muerte digna”.  

 
Noelia Castillo en 2015
 
 

«Acabar con el sufrimiento»

Este caso representa cómo la sociedad liberal posmoderna crea una trampa de angustia y desesperación para el débil, nos deja indefensos ante el mundo de barbarie creado y el Estado generador del caos aparece como el salvador para hacerte el favor de quitarte la vida.

Como el Mal se disfraza de palabras de bien para engañarnos y llevarnos al verdadero sufrimiento, se vale de la soberbia de los hombres que quieren sentirse superiores al resto desde un pedestal de falso buenismo para que defiendan encolerizados la ejecución de los débiles en nombre de la ley, la “libertad” y de “acabar con el sufrimiento”.

Dos pilares sobre los que se ha construido la sociedad vacía de la modernidad que son pura falsedad. La eutanasia es una expresión de ese ídolo desvirtuado de las sociedades abiertas, liberales y avanzadas, la «voluntad», pero no podemos hablar de libertad cuando no hay salud mental.

Al principio la propaganda de la eutanasia utilizaba casos extremos terminales para que el emotivismo abriese las puertas de la eutanasia a un número ilimitado de «beneficiarios».

Si es un acto de sensibilidad y respeto a la voluntad de otro, ¿por qué limitarlo a situaciones excepcionales cuando otros que sufren pueden gozar de tantas bondades? En Holanda existe una ley hace dos décadas que permite «el derecho a una muerte asistida cuando la persona experimente un sufrimiento insoportable sin perspectivas de mejora».

Bajo este supuesto se ha autorizado a recibir la eutanasia psiquiátrica a jóvenes con problemas de salud mental. En 2018 ya se concedió a Aurelia Brouwers, una joven de 29 años diagnosticada de «depresión crónica» porque no funcionaba ningún tratamiento farmacológico, sin que el Estado cuestionase su capacidad de consentimiento y, por tanto, su verdadera voluntad.

No fue un caso aislado. La clínica privada holandesa tiene lista de espera. El caso de Noelia es aún peor. El Estado en España no está obligado a ofrecer un tratamiento psicológico para autorizar la eutanasia. ¿Dónde está la “voluntad” cuando la víctima tiene un trastorno mental?

Esto no es libertad, ni compasión es la crueldad del abandono, de la pobreza de una casa humilde sin que el Estado generoso en ayudar a los de fuera ofrezca a la pobre Noelia algo más que una inyección letal.

Resulta siniestro que en el mundo posmoderno donde la depresión se expande entre jóvenes, se presente la eutanasia como una solución, como una opción del mundo de libertades de la modernidad.

En Canadá el 5% de las muertes son por eutanasia y Suiza es el país de la industria del turismo de la muerte. Asociaciones como “Dignitas” venden sus servicios con eslóganes como “piensa en tu familia”. La propaganda emotivista presenta la eutanasia como una salvación al sufrimiento.

Se desprecia la vejez, se condena la enfermedad y la depresión es algo indigno de ser sufrido. Se busca acabar con el dolor y el sufrimiento porque muchos han hallado en él la verdadera Salvación. No son pocos casos los que postrados en una cama de hospital han hallado la plenitud de la vida al encontrarse con el amor de Dios, porque no todos los dolores se calman con una pastilla. 

La eutanasia es un acto peligroso y criminal de deshumanización presentado como un acto de “humanidad”, de compasión. Es un lenguaje que pretende sustituir conceptos cristianos, pero para subvertirlos en el horror, alejados de la misericordia.

 

Noelia Castillo en 2015

A sangre fría

El caso de Noelia es una ejecución a sangre fría cuyos verdugos lejos de ser perseguidos son elogiados socialmente como dioses que han concedido un acto de bondad al sacrificarla en el altar de una ideología que nos vacía de humanidad. Ser hijos amados de Dios nos da la dignidad, la fortaleza y la alegría para ser verdaderamente libres en una vida aunque en ella halla dolor. 

La sociedad del triunfo posmoderno de la voluntad ofrece todas las facilidades para que una persona se deshaga de sí misma en su peor momento en lugar de ayudarla y guiarla o simplemente acompañarla. Una sociedad que deshumaniza al más débil para poder deshacerse de quien no sea funcional ni productivo es una sociedad miserable.

Nos separaron de Dios, de nuestra comunidad, a los hombres de las mujeres y finalmente de nosotros mismos y nuestra humanidad, para convertirnos en esclavos del consumo y la producción para el nuevo dios de la modernidad, el Estado y el dinero.

El trastorno de Noelia no le permitió percibir que a un padre que luchó por ella contra un Estado y un sistema que acabó con su vida. La eutanasia es claro ejemplo existencial de cómo el Estado busca matar la figura del padre. Es la guerra espiritual. Recemos por Noelia.