Wunderwaffen (en alemán ‘arma maravillosa‘) fue un término asignado durante la Segunda Guerra Mundial por el Ministerio de propaganda de la Alemania nazi a cada una de las nuevas armas de guerra proyectadas para ser usadas por el ejército alemán.
Hipotéticamente, este armamento cambiaría el curso de la guerra y daría la victoria final a Alemania. En ocasiones han sido llamadas así las Vergeltungswaffen (‘armas de represalia‘), cuyo objetivo era el bombardeo estratégico de posiciones enemigas a gran distancia.
Después del colapso del régimen nazi al final de la guerra, los científicos alemanes especializados en las Armas maravillosas fueron llevados secretamente a Estados Unidos (Operación Paperclip) y la Unión Soviética (Operación Osoaviajim).
Después del colapso del régimen nazi al final de la guerra, los científicos alemanes especializados en las Armas maravillosas fueron llevados secretamente a Estados Unidos (Operación Paperclip) y la Unión Soviética (Operación Osoaviajim).
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Wunder Waffen («Arma maravillosa»): El Proyecto Atómico Nazi
En el ocaso de la guerra corrió el rumor de que los alemanes disponían de una mortífera arma que cambiaría el signo de la contienda. ¿A qué arma se referían?
Cada día, un mayor número de estudiosos consideran que el arma letal a la que se referían era nada menos que la bomba atómica. ¿Llegaron a construirla? Descubrimos algunas claves.
Una aproximación definitiva a la historia de la bomba atómica nazi, realizada gracias a documentos rusos, japoneses, de Alemania Oriental y estadounidenses recientemente desclasificados. Los nazis poseían la bomba en 1943, y las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron capturadas en Noruega por los aliados en mayo de 1945. La Unión Soviética de Stalin también sufrió una «prueba nuclear a distancia» en febrero pasado. Posteriormente, el dictador ruso se vio obligado a crear la «falsificación del meteorito de Tunguska de 1908», ocultando los hechos… Por fin, este libro ofrece una explicación racional de muchas leyendas pseudoesotéricas sobre ovnis de los últimos 60 años… (del prólogo del libro).
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Índice
Campo de concentración de Nordhausen (Fábrica de cohetes V-2), tras el bombardeo de abril de 1945. En el suelo, miles de prisioneros de guerra y soldados alemanes muertos. «Esto no debe volver a suceder». El Libro negro del horror fascista, Pilot Press junio 1945.
Los fusibles infrarrojos de von Ardenne y la bomba de plutonio.
60 kilos de U235 sobre Japón.
Oppenheimer, Churchill y el General Putt hablan.
Cruzar el atlántico en 17 minutos.
Preguntas sin contestar.
Parte V
Parte V:
El Submarino U-234. Los Hechos Históricamente Comprobados. La pista nuclear se confirma. La Verdadera Carga. 560 kilos de uranio 235: El caso Carter Hydrick.
Submarino alemán U 234
El Submarino U-234
El día del 49 aniversario del ataque a Hiroshima, se estrenó una desconocida película que el crítico de El País consideró perteneciente al genero de la «política ficción«: El último submarino.
En esta coproducción de escaso presupuesto se desarrolla un curioso argumento. Un submarino alemán zarpa a mediados de abril de 1945 desde Kristiansand (Noruega) llevando a bordo un cargamento de armas secretas: cohetes, radares, aviones y sobre todo óxido de uranio.
El objetivo es alcanzar el Japón y construir allí el arma final para derrotar a los aliados. Esta arma es evidentemente la bomba atómica, que eventualmente instalada en un cohete, sería capaz de evitar la derrota del Eje en el último momento.
Este entretenido, pero aparentemente fantasioso argumento, produjo una película algo monótona que pasó por cierto completamente desapercibida. Incluso el crítico de El País (propietario de Canal que emitió la película) fue poco entusiasta.
Parece pues que la mejor alternativa sería olvidar esta insípida película. Pero no es esto lo que deben hacer nuestros lectores, puesto que la película se basa (malamente como veremos) en hechos rigurosamente históricos.
Es más, si la película tiene un defecto grave, es el de no saber reflejar todo lo que realmente sucedió.
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Los Hechos Históricamente Comprobados
Desde la posguerra fueron ya conocidos (sólo por los especialistas, claro) los siguientes hechos:
1) El 15 de Abril de 1945 partió desde el puerto noruego de Kristiansand un submarino alemán de transporte U-234, de la clase XB, rumbo a Japón, bajo ordenes expresas del Jefe de la Gestapo, Heinrich Müller, y del propio AdolfHitler.
El 13 de mayo del mismo año el submarino alemán decidió rendirse. Por la zona del Atlántico en que se encontraba debía entregarse a los canadienses.
2) Inexplicablemente, sin embargo, el capitán del navío decidió engañar a los canadienses dando sucesivas falsas posiciones, mientras se acercaba al puerto de Portsmouth (USA).
El 16 de mayo de 1945 el destructor americano «USS Sutton» tomó el control del U-234 que sería entregado a las autoridades de Portsmouth el 19 de mayo de 1945.
3) La noticia recibió amplio eco en la prensa tanto local (Portsmouth Herald) como nacional e internacional.
4)Desde el principio se reconoció que el submarino transportaba sistemas de armas secretas muy importantes hasta Japón. Entre sus pasajeros figuraban incluso dos oficiales del ejército nipón y un general alemán. Los japoneses se suicidaron tan pronto como el capitán de U-234 les comunicó su deseo de rendirse.
5)A bordo iban los últimos y más sofisticados avances de la ciencia y tecnología alemanas: un Messerchsmitt 262 desmontado pieza por pieza, componentes vitales de misiles y cohetes, equipos electrónicos de comunicación, radares, las últimas espoletas de proximidad, revolucionarias granadas anticarro, medicamentos contra la malaria… y un sinfín de planos detallados de otros tantos sistemas y equipos de la más reciente tecnología bélica germana.
6) Pero lo más importante es que circulaban intensos rumores de que entre las 240 toneladas de carga había óxido de uranio o como mínimo algo conectado con la energía atómica. Estos rumores no llegaron a la prensa nacional americana ni a la internacional, pero sí aparecieron en los periódicos locales de Portsmouth.
¿Uranio alemán vía Hiroshima? Der Spiegel, agosto 1996, Página 148. En mayo de 1945, los estadounidenses incautaron 560 kilogramos de uranio de un submarino alemán rumbo a Japón. ¿Está allí? ¿Explotó uranio procedente de Alemania en el fiordo de Hiroshima? La declaración de un exoficial de inteligencia alimenta esta sospecha.
La pista nuclear se confirma.
En 1983 un equipo de investigadores de la CNN se puso a trabajar en este asunto ya lejano pero no olvidado. Tras un largo tira y afloja consiguieron que el United States Naval Archive desclasificase la lista de descarga del U-234.
La lista es ambigua en su redacción:
A) ¿Qué cantidad de óxido de uranio transportaba el submarino? ¿Diez contenedores con un total de 56 kg o 10 contenedores con 56 kg cada uno, es decir, un total de 560 kg?
B) ¿A qué tipo de óxido de uranio se refería la lista?
La pregunta «B» es absolutamente decisiva. El mineral de uranio es rico en el óxido U3O8. Es preciso entender que el U3O8 que se refina a partir del mineral uranífero natural es una sustancia relativamente inofensiva, especialmente en cantidades tan pequeñas como 560 kg.
Media tonelada de U3O8 sólo contienen apenas 4 kg del isótopo explosivo del uranio de peso atómico 235, conocido generalmente como U235.
Se necesitan de 50 a 60 kg de este isótopo para una bomba como la que destruyó Hiroshima. Extraer el isótopo explosivo U235 a partir del óxido natural U3O8 es un proceso muy complejo conocido como enriquecimiento.
El producto final del enriquecimiento es el UO2, un polvo metálico pardusco con una proporción de U235 que varía entre el 3% para los reactores nucleares a más del 90% para las bombas atómicas (560 kg de UO2 enriquecidos al 90% contendrían unos 450 kg de U235, es decir, suficiente material fisible para nueve o diez bombas).
560 kg de UO2 enriquecidos al 90% contendrían unos 450 kg de U235, es decir, suficiente material fisible para nueve o diez bombas
Truman tras lanzar las bombas atómicas: «no me arrepiento»
El equipo de la CNN, que era totalmente consciente de la necesidad de aclarar estas cuestiones, solicitó más información sobre el óxido de uranio que transportaba el submarino. Pero el gobierno americano invocó su legislación sobre secretos nucleares y se negó a facilitar ningún detalle más.
Los alemanes tuvieron durante la guerra cantidades ingentes de mineral rico en U3O8 a su disposición (más de 1.200 toneladas), algo que por otra parte nunca se ocultó después de 1945.
Los alemanes tuvieron durante la guerra cantidades ingentes de mineral rico en U3O8 a su disposición (más de 1.200 toneladas), algo que por otra parte nunca se ocultó después de 1945.
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Wolfgang Hirschfeld
El que fue jefe de radiocomunicaciones del submarino, Wolfgang Hirschfeld, es el autor de dos libros donde narra sus vivencias durante la guerra (“Feindfahrten” y “Das Letzte Boot”).
«Das Letzte Boot» significa «El último submarino«. Esto no es casual, obviamente, pues es precisamente esta la obra en la que se ha inspirado el guionista de la película que se mencionó al principio y que el crítico de El País tomó por pura ficción.
Es interesante destacar que el gobierno de los Estados Unidos no se ha pronunciado oficialmente sobre la naturaleza exacta del uranio que transportaba elsubmarino U-234. Pero esto no ha impedido que ciertos medios de comunicación hayan puesto en circulación una versión oficiosa según la cual el submarino sólo transportaba óxido de uranio U3O8 no enriquecido y nada más.
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La Verdadera Carga
En esta carta así como en los dos libros citados, el exoficial de comunicaciones del U-234, Sr. Hirschfeld, explica lo siguiente:
a)La misión del U-234 era ultrasecreta, pero en la base de Kiel (que es donde el submarino recibió originalmente su carga) todo el mundo sabía al menos una cosa: El destino del navío era Japón.
El motivo de esto era sencillo, pues existían dos oficiales japoneses pateando la base a sus anchas, que siempre estaban atentos junto al submarino cuando una nueva carga era introducida en éste.
b) Un día de enero de 1945 Hirschfeld observó como se habían depositado un montón de pequeños paquetes sobre la proa del buque. Los paquetes eran como cubos de unos 25 cm de arista. Estaban envueltos en algo que parecía papel y era de color marrón.
c)Junto a los paquetes se encontraban los dos oficiales japoneses. Uno de ellos escribía sobre cada paquete «U235» en gruesa tinta negra y a continuación dos marinos alemanes introducían el paquete con visible esfuerzo en un departamento de carga delantero del submarino.
d)Hirschfeld, extrañado por la escena y por el aparentemente estúpido error de los japoneses (¡¡Por qué poner «U235» en unos paquetes que transportaba el submarino U-234?!!) les preguntó el motivo que tenían para escribir aquello. Uno de los japoneses le contestó que era una carga que debía haber ido al Japón con el submarino U-235, pero que éste ya no haría semejante viaje.
El oficial de comunicaciones creía recordar que el U-235 era un submarino de la clase VIIC incapaz de alcanzar el Japón. Aún así lo comprobó en la 5ª; Flotilla; y en efecto, el U-235 jamás tuvo nada que ver con la isla nipona.
e) Extrañado le comentó todo el incidente al comandante del navío, el cual le dijo: «¡Por el amor de Dios oficial de comunicaciones, le tengo que ordenar que mantenga usted el más absoluto silencio sobre este incidente y que tampoco vuelva a comentar nada sobre él con los japoneses. Ya se lo aclararé todo en Tokio!«.
f) Los marinos del U-234 que ayudaron a cargar los paquetes comentaron que estos eran muy pesados. Su expresión exacta fue: «Eran pesados como el plomo«.
Von Ribbentrop y Mólotov se dan la mano tras la firma del Tratado de no Agresión el 23 de agosto de 1939.
Se le pregunto a Hirschfeld personalmente por teléfono su opinión sobre la lista oficial de descarga que han desclasificado los americanos. Dijo lo siguiente:
Hablar de cajas («cases«) era absurdo. Los cubos que el vio eran pequeños y sólo se pueden calificar de paquetes.
Tampoco la cifra del número de paquetes era correcta. El no los contó, pero había patentemente más de diez.
No supo, ni sabe ahora, que contenían los paquetes. Sólo sabe que eran pesados como el plomo y que los japoneses escribieron sobre ellos «U235«.
A los pocos días de llegar a Portsmouth aún no se habían abierto los departamentos de carga delanteros, porque los americanos temían que hubiese «bombas-trampas» escondidas en ellos.
Poco después llegaron unos norteamericanos con unos aparatos. Los aparatos parecían dar lecturas positivas al enfocarlos hacia la parte delantera del submarino.
Como todo el mundo estaba muy excitado, Hirschfeld preguntó lo que pasaba. Un oficial de inteligencia americano le dijo que los individuos con los aparatos eran científicos con contadores Geiger, que estos contadores indicaban radiación cuando estaban cerca de los departamentos de carga delanteros y que el submarino transportaba uranio.
El oficial americano no dio más explicaciones y pidió la cooperación del personal competente alemán para abrir los tubos que contenían el uranio.
Esta fue la primera vez que Hirschfeld oyó la palabra «uranio» en conexión con la carga del U-234.
El oficial alemán que ayudó a sacar los paquetes fue premiado con su liberación y su inmediata vuelta a Alemania.
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560 kilos de uranio 235: El caso Carter Hydrick
En el año 1998 un ejecutivo de la multinacional informática Compaq, llamado Carter Hydrick, decide hacer público un interesante libro que al parecer aún seguía escribiendo entonces, titulado «Critical Mass«, y lo publica parcialmente en Internet en un dominio de su propiedad, con la dirección www.u234.com.
Carter Hydrick no es un historiador profesional, pero desde siempre estuvo intrigado con la historia del submarino U234. Tras varios años investigando por su cuenta y 20.000 dólares gastados, Carter Hydrick encuentra numerosa documentación, aparentemente intrascendente, desclasificada por el gobierno de los estados unidos, relativa al asunto del misterioso submarino alemán.
En dicha documentación encuentra referencias a que el uranio transportado por los nazis no era el prácticamente inofensivo oxido de uranio 238, tal y como rezaban los comunicados oficiales americanos sobre el caso del submarino atrapado, sino que se trataba de 560 kilos puros del isótopo fisionable U235, suficientes para construir de forma inmediata 10 bombas atómicas idénticas a la lanzada sobre Hiroshima.
El uranio se encontraba celosamente envasado en 70 tubos cilíndricos con el interior de los mismos chapado en oro, con objeto de evitar la oxidación de un material tan valioso como el U235.
Pero el fabuloso libro de Carter Hydricknunca salió de imprenta. Su página Web no es accesible desde el 25 de noviembre de 1999, y aunque parece seguir ejerciendo su cargo ejecutivo en una filial de Compaqen Huston, Texas, cualquier rastro de sus investigaciones y apariciones públicas ha desaparecido por completo.
Tan solo Carter Hydrick es mencionado en una nota de prensa del diario local de Lake Tahoe, con fecha 23 de mayo del 2000, relativa a los actos funerales en memoria de John Gabriel Hydrick, hermano de Carter. También figura en dicha nota de prensa una breve biografía del fallecido:
Un eficaz agente que trabajó durante años procesando información secreta al servicio de la CIA, el FBI y la NSA.
Al parecer, Carter Hydrick en sus investigaciones pudo tener acceso a documentación de primera mano.
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Dresde tras el bombardeo vista desde lo alto de la torre del ayuntamiento. Famosa foto de Richard Peter (15 de febrero de 1945)
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Parte VI
Mineral de Uranio
Parte VI:
Proyecto Manhattan, mayo de 1945: No hay bomba. Los fusibles infrarrojos de von Ardenne y la bomba de plutonio. 60 kilos de U235 sobre Japón. Oppenheimer, Churchill y el General Putt hablan. Cruzar el atlántico en 17 minutos. Preguntas sin contestar.
La prueba Trinity, desarrollada en el marco del Proyecto Manhattan, fue la primera detonación de un arma nuclear de la historia.
Proyecto Manhattan, mayo de 1945: No hay bomba
El 3 de Marzo de 1945 el senadorJames F. Byrnes escribió un memorandum dirigido al presidente de los estados unidos en el que le detallaba los resultados del proyecto Manhattan, así como el abusivo coste de dos billones de dólares gastados en el proyecto.
Además solicitaba la suspensión de las investigaciones, dado el rumbo de la guerra y del éxito de los bombardeos convencionales.
En mayo la desesperación en el proyecto Manhattan es total: hace tiempo que se ha renunciado a la construcción de una bomba operativa de uranio 235, y aunque se ha producido cantidad suficiente de plutonio 239 (unos 15 kilogramos) no se ha encontrado aún el método de hacer implotar la bomba de plutonio.
Como resultado en Junio de 1945 son muchos los políticos americanos que claman por una finalización inmediata de los gastos disparatados de la investigación atómica, ya que estimaban que la guerra estaba prácticamente ganada y que los brutales bombardeos de los B-29 contra Japón eran presión suficiente para terminar la guerra.
Pero al parecer la bomba atómica se había convertido también en un «arma diplomática» para el presidente Truman:
su uso impune forzaría una rendición instantánea del Japón y sería un serio aviso contra el peligroso expansionismo soviético.
Harry S. Truman fue el trigésimo tercer presidente de los Estados Unidos desde 1945 hasta 1953. Miembro del Partido Demócrata, se desempeñó como trigésimo cuarto vicepresidente durante el breve cuarto mandato de Franklin Roosevelt entre enero y abril de 1945 y como senador de los Estados Unidos por Misuri desde 1935 hasta 1945. Conocido entre otros acontecimientos, por ordenar el primer y único ataque nuclear contra otro país, los bombardeos atómicos a Japón.
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Los fusibles infrarrojos de Von Ardenne y la bomba de plutonio
Cuando el submarino U-234se rinde en el puerto de Portsmouth, un supuesto comandante del ejercito americano llamado Álvarez habla con la tripulación alemana del navío, y posteriormente se hace acompañar por el oficial Schlike, al parecer un experto en sistemas de detonación por infrarrojos que también viajaba en el enorme submarino.
Además el «comandante» Álvarez se lleva del buque unos 1200 fusibles de infrarrojos inventados por el científico alemán Von Ardenne, listos para ser usados.
El destino de ambos, Álvarez y Schlike, es el laboratorio de Los Álamos en Nuevo México, donde se desarrolla el grueso de los trabajos del ultra secretoproyecto Manhattan.
El equipo de investigadores de Los Álamos tiene un serio problema:
aparentemente han conseguido fabricar suficiente plutonio para terminar una bomba atómica, pero no consiguen hacerla explotar.
Bombas atómicas: Su energía explosiva depende de la fisión de núcleos de uranio-235 o plutonio-239 en un proceso de reacción en cadena. La fisión ocurre cuando uno de los núcleos absorbe un neutrón y estos núcleos al ser desintegrados liberan uno o más neutrones que provocan sucesivas fisiones estableciendo una reacción nuclear. Para evitar una fuga excesiva de neutrones es preciso que la cantidad de material fisionable se mantenga por encima de un valor determinado al que se llama masa crítica. En una explosión atómica se producen diversos tipos de radiaciones: radiación térmica, radiación nuclear, y diferentes radiaciones producidas por los rayos gamma, partículas beta, algunas partículas alfa y las de los neutrones. Los peligros de la radiación nuclear son menores si la explosión se efectúa a gran altura siendo más desastrosos los efectos mecánicos que producen las ondas de choque y los térmicos causados por la bola de fuego. A 600 mts. de altura (bomba de Hiroshima) la energía liberada se estima en una presión 100.000 superior a la atmosférica, con temperaturas superiores a un millón de grados C°. En el momento inmediato el aire se calienta hasta la incandescencia apareciendo la conocida bola de fuego que alcanza en menos de un segundo los trescientos metros de diámetro, formando una burbuja de gases y materiales hechos vapor que se eleva hasta que cerca de la estratósfera se extiende en varios kilómetros, formando el hongo característico. Después de la explosión queda en el aire sobre toda la zona una pequeña cantidad de partículas atómicas que caen más tarde en forma de nieve o lluvia.
Para ello necesitan que una pequeña esfera formada por 32 porciones de explosivo juntadas de una forma similar a un balón de fútbol exploten simultáneamente en una fracción de segundo.
Dicha explosión provocaría la implosión de una bola de plutonio, forzándola a alcanzar la densidad y masa crítica necesarias para provocar la deflagración atómica.
Durante mucho tiempo han estado ensayando métodos electrónicos de detonación, pero leves diferencias de velocidad en la activación de los fusibles de detonación hacen que los explosivos no exploten simultáneamente, y por tanto la implosión del plutonio no tiene lugar.
El oficial alemán capturado Schlike les da la solución:
usando los fusibles infrarrojos inventados por Manfred Baron von Ardenne para el régimen nazi, se consigue que los 64 fusibles que envuelven a los 32 segmentos de explosivo convencional detonen a la velocidad de la luz, simultáneamente y provocando la implosión necesaria del plutonio.
Prof. Manfred von Ardenne, 1933. Manfred von Ardenne (Hamburgo, 20 de enero de 1907–Dresde, 26 de mayo de 1997) fue un físico, investigador e inventor alemán. Obtuvo aproximadamente 600 patentes en campos como la microscopía electrónica, tecnología médica, tecnología nuclear, física del plasma y tecnología de la radio y la televisión. Desde 1928 a 1945, dirigió su laboratorio de investigación privada Forschungslaboratorium für Elektronenphysik. Durante diez años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, trabajó en la Unión Soviética en el programa nuclear de la Unión Soviética y fue galardonado dos veces con el premio Stalin (1947 y 1953). A su regreso a Alemania, comenzó otro laboratorio privado, el Forschungsinstitut Manfred von Ardenne.
Es el propio Schlike quien instala los fusibles de la bomba de la prueba de Trinity, que se hace estallar el 16 de Julio de 1945 en el desierto de Nuevo México. Es, según la versión oficial de los vencedores, la primera explosión nuclear de la historia.
Cuando el artefacto explota a la primera, todos se sorprenden de la potencia de la deflagración. Todos menos Schlinke. Tras la guerra el oficial alemán seguiría trabajando en el proyecto nuclear americano, beneficiado por el programa Paperclip de reclutamiento masivo de científicos e ingenieros nazis.
¿Y el comandante Álvarez? No existió nunca tal comandante. El responsable del sistema de detonación del plutonio delproyecto Manhattan, el Dr. Álvarez, se había disfrazado de militar americano con objeto de ganarse más fácilmente la confianza de los militares nazis.
Más tarde Álvarez pasaría a la historia como el hombre que había resuelto el problema de la implosión del plutonio en el último minuto.
También se haría famoso por su teoría de la desaparición de los dinosaurios a consecuencia del impacto de un meteorito, y ganaría finalmente el Nóbel de física por sus descubrimientos en el campo de la tecnología de infrarrojos.
El 16 de Julio los científicos del proyecto Manhattan hacen explotar su primera bomba en Alamogordo, una bomba de plutonio. No hubo más pruebas, la bomba de plutonio funcionaba.
Sin embargo, lo que cayó sobre Hiroshimael 6 de agosto de 1945 no fue una segunda bomba de plutonio. Era una bomba conteniendo 60 kilos de uranio 235. Una bomba que jamás había sido probada y de la que se desconocían los efectos de su explosión.
Más tarde, ante las sospechas que provocó la falta de pruebas previas realizadas con la bomba de uranio, los responsables del proyecto Manhattan argumentaron que se trataba de una bomba mucho más simple que la de plutonio, que al igual que en un fusil se activaba disparando una carga subcrítica de uranio sobre otra masa subcrítica.
Afirmaban que estaban tan seguros de la explosión que estimaban que no era necesaria una prueba previa. Se desconocía si la bomba de 60 kilos de uranio era más potente que la bomba de 15 kilos de plutonio probada el 16 de Julio. No se sabía tampoco si podía provocar la temida reacción en cadena atmosférica, extendiendo su efecto a todo el planeta.
A pesar de todas estas importantísimas cuestiones la bomba es dejada caer sobre la ciudad japonesa antes que la ya probada de plutonio.
Existía otro grave riesgo: para provocar el máximo daño con la explosión, el mecanismo de disparo de la bomba debía detonar a unos 600 metros del suelo, lo que se conoce como «ground zero«. Para ello la bomba llevaba un delicado sistema de presión atmosférica controlado por un circuito electrónico muy sensible.
La bomba debía ser montada y armada en vuelo, pocos minutos antes de ser lanzada, con objeto de que la radiación emitida por el hiper-activo uranio 235 no dañara los circuitos de disparo y provocara el ingenio no explotase en el momento adecuado, o lo que es aún peor, que diera lugar a una explosión precipitada en vuelo.
A eso hay que añadir el riesgo estadístico: casi un diez por ciento de las bombas convencionales lanzadas durante la segunda guerra mundial no explotaron.
Además la bomba llevaba un pequeño paracaídas que frenaba su descenso, con objeto de evitar que una variación de presión por la velocidad de caída la hiciera explotar en una cota inadecuada. Eso significaba también que la bomba, de no explotar, caería intacta en el bando japonés.
El hecho de que la bomba de uranio pudiera caer sin explotar en manos enemigas podría acarrear consecuencias gravísimas e imprevisibles: los japoneses tendrían a su disposición 60 kilos de uranio 235 puro, que podrían usar rápidamente en un ataque de respuesta contra los estados unidos.
El grado de avance del programa nuclear japonés estaba lo suficientemente desarrollado como para entender la mecánica de la bomba de Hiroshima.
De hecho, al finalizar la guerra fueron incautados a los japoneses dos ciclotrones y al menos cinco reactores nuclearesen construcción en Japón y Corea, aunque el estado de desarrollo de dichos reactores es todavía un misterio no desclasificado por el gobierno de los estados unidos.
También se requisaron a los japoneses varios cazas y cohetes operativos idénticos a los usados por los alemanes.
Es fácil encontrar documentación sobre el proyecto de la bomba de plutonio. Cada una de las fases de su desarrollo esta suficientemente explicada en miles de artículos y declaraciones efectuadas por los artífices del proyecto Manhattan.
Sin embargo, es mucho más difícil encontrar documentación desclasificada de la bomba de uranio lanzada sobre Hiroshima.
Dicha bomba y su uso sigue provocando entre historiadores y expertos agrias discusiones acerca de su verdadera naturaleza.
Pero la contestación definitiva a todas las cuestiones suscitadas puede ser resuelta con una sencilla explicación: la bomba de uranio de Hiroshimaya había sido probada con anterioridad por los alemanes en un remoto bosque siberiano.
Hiroshima. La imagen en blanco y negro es una toma icónica que muestra la devastación total de la ciudad, con ruinas y escombros extendiéndose hasta el horizonte. Se trata de una foto histórica que a menudo se asocia con el fotógrafo Wayne Miller o Carl Mydans, que documentaron la destrucción semanas después del ataque.
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Oppenheimer, Churchill y el General Putt hablan
9 de agosto de 1945. Los japoneses se rinden, la guerra ha acabado y el estado de euforia general entre los aliados hace que se baje la guardia ante la prensa, desapareciendo temporalmente el severo secretismo practicado en el bando vencedor.
Incluso los científicos implicados en el proyecto Manhattan hacen declaraciones a la prensa, entre ellos uno de los principales responsables del mismo: Oppenheimer afirma en una inocente entrevista sobre los apuros y prisas que la bomba de plutonio había ocasionado a su equipo de trabajo.
Al ser preguntado por la bomba de Hiroshima la respuesta rápida: era una bomba que lo alemanes ya habían probado, no había nada que investigar, solo usarla. Pero Oppenheimer no fue el único en ser generoso con sus respuestas.
El día 26 de agosto de 1945 apareció en todos los diarios del mundo, incluido «The Times» y el «New York Times» una intrigante nota de prensa emitida simultáneamente por el gobierno ingles y por el ejercito norteamericano, en base a los resultados de la investigaciones efectuadas por el grupo CIOS de inteligencia aliada:
el comunicado habla del avanzado estado de la investigación nuclear alemana, de la importancia del material incautado a los nazis y de sus repercusiones en la victoria sobre Japón.
Leslie Groves (izda.) y Julius Robert Oppenheimer (dcha.) en Los Álamos, Nuevo México, trabajando en el Proyecto Manhattan.
También se hacia mención a los cohetes intercontinentales alemanes ya desarrollados y a los sistemas de antirradar implementados en los aviones y submarinos nazis al final de la guerra.
Son dignas de señalar las declaraciones efectuadas por el teniente coronelJohn A. Keck, jefe de inteligencia e investigación de armas enemigas del SHAEF, le comunicó a Clark Kinnaird:
«..los alemanes no estaban satisfechos con los horribles efectos devastadores de las V-2. Sin embargo ellos desarrollaron un sistema para lanzar las V-2 desde submarinos inmersos y estuvieron trabajando en un cohete llamado A-10 con una alcance de 3000 millas, cuando llego el día de la victoria en Europa.
Tenían planes para un «ingenio de la muerte«, que mataba cualquier cosa en su enorme radio de acción: cualquier cuerpo con agua era convertido al instante en vapor, cualquier bosque arrasado por el fuego, cualquier ciudad desintegrada».
Una sesión de la Conferencia de Potsdam. Los fotografiados incluyen a Clement Attlee, Ernest Bevin, Vyacheslav Molotov, Iósif Stalin, William D. Leahy, James F. Byrnes, y Harry S. Truman.
Clark Kinnaird publicaría dicha información en la página 78 de su libro «The Black Book Of Fascist Horror» publicado por Pilot Press en Junio de 1945. De dicho libro se distribuyeron sólo dos mil ejemplares antes de su retirada por el gobierno americano. La bomba atómica era secreto: aún no había sido lanzada sobre Hiroshima.
La primera frase pronunciada por un autocomplaciente Reichmarsall y jefe de la LuftwaffeHerman Goering al ser detenido fue:
«…han tenido mucha, mucha suerte de que la guerra no haya durado unos meses más..».
Tras cincuenta años de sequía informativa provocada por los vencedores, hemos ido conociendo paulatinamente la realidad de los programas de cohetes y de aviones a reacción nazis, los planes sobre armas químicas y bacteriológicas o los nuevos submarinos, y su influencia capital en el desarrollo de todo tipo de armas tras el fin de la guerra mundial y en el programa espacial de ambas superpotencias.
Sin embargo no es pública todavía la documentación incautada referente al sofisticado programa atómico alemán.
El primer ministroWinston Churchill y el generalPutt, al mando del grupo de ejércitos americanos en Europa, declararon públicamente y sin ambigüedades en Agosto de 1945, ya terminada la guerra contra Japón que
los alemanes disponían de dos bombas atómicas totalmente operativas al finalizar el conflicto, así como ingentes cantidades de armas nuevas a punto de entrar en combate.
Físicos en un coloquio patrocinado por el Distrito Manhattan en el Laboratorio de Los Álamos en abril de 1946. En la primera fila están Norris Bradbury, John Manley, Enrico Fermi y J. M. B. Kellogg. Robert Oppenheimer, con abrigo oscuro, está detrás de Manley; a la izquierda de Oppenheimer está Richard Feynman. El oficial del ejército a la izquierda es el coronel Oliver Haywood.
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Cruzar el atlántico en 17 minutos
Gracias en gran parte a la caída del muro y a la reunificación alemana, que ha traído aparejada la liberación de muchos documentos que estaban en manos de los países que se alineaban hasta hace poco con el bloque soviético, hemos podido certificar la realidad de las afirmaciones expresadas en el «New York Times» y el ingles «Times» del día 26 de Agosto de 1945.
Uno de los aspectos más llamativos de dicho comunicado era la supuesta existencia de cohetes intercontinentales, capaces de bombardear objetivos situados al otro lado del atlántico y alcanzarlos en apenas un cuarto de hora.
Ya no es ningún secreto los planos, diseños e incluso fotografías mostrando misiles operativos nazis, como el Rheinbotte de cuatro fases, la espectacular lanzadera espacial tripulada A-4b, el Waserfall anti-aéreo o el descomunal A-9/A-10 de dos fases, en sus versiones de bombardero tripulado y misil balístico.
Pero aún más intrigante es el proyecto de bombardero antipodal Sänger, que lanzado desde una plataforma de tres kilómetros de longitud era capaz de bombardear desde el espacio cualquier objetivo terrestre en menos de media hora, volviendo a continuación a su base de origen, mediante un ingenioso sistema de reentrada por rebotes en la atmósfera.
Un buen ejemplo de la importancia dada a dichos descubrimientos nazis estriba en un suceso ocurrido en Paris en el año 1956: un comando ruso secuestra al matrimonio Sänger en Francia, con objeto de que estos desarrollaran para Stalin el proyecto de bombardero antipodal «Silverbird» .
Irene Bredt y Eugen Sänger.
Existen indicios suficientes para demostrar que todos estos proyectos fantásticos estaban siendo desarrollados en las profundidades de las factorías subterráneas de Turingia, y la abundante documentación fotográfica muestra que muchos de esos ingenios fueron algo más que prototipos experimentales.
Irene Sänger-Bred, en 1974
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Preguntas sin contestar
Según se relata en las memorias de Winston Churchill, durante la conferencia de Postdam a finales de Julio de 1945, él y Truman decidieron contarle a Stalin que habían probado con éxito una bomba de gran poder destructivo en Nuevo México. Para sorpresa de ambos, el dictador ruso contestó con total indiferencia:
«¿…también han conseguido una bomba atómica?, que suerte! Esa bomba es tremenda. Tírensela a los Japoneses«.
«Project Paperclip. German Scientists and the Cold War», por CLARENCE G. LASBY.
No hubo más preguntas por parte de Stalin.
En mayo de 1945 Heinrich Himmler mostraba una inaudita autoconfianza en su futuro inmediato. Según se puede leer en la autobiografía de Speer, el ReichführerHimmler tenia cartas que jugar con los vencedores, cartas que le permitirían ayudar a vencer a los japoneses en el pacifico y a los rusos en el inminente conflicto mundial que muchos creían inevitable entre occidente y el bloque soviético.
Pero se adelantaron sus dos hombres de confianza, el jefe de la GestapoMüller, entregando el submarino U-234 a los americanos a cambio de una nueva vida, y también el General Kammler, poniendo a disposición de los soviéticos los ingenieros y los secretos de los programas espacial y nuclear nazis.
El oficial de las SS, HANS KAMMLER en 1945
Al comprobar Himmler que su jugada ya no era útil a ninguno de los dos bandos aliados, cometió suicidio mediante la ingestión de una cápsula de cianuro el 23 de Mayo de 1945.
El 21 de Junio de 1946, durante el juicio de Nüremberg, el fiscal Jackson pregunta a Speer acerca de la explosión de un artefacto nuclear en las cercanías de Auschwitz, explosión aparentemente realizada con objeto de desintegrar a 20.000 judíos atrapados en el interior de una pequeña aldea construida para el evento.
Speer negó tal posibilidad, argumentando que, por lo que él conocía, no había programa atómico alemán alguno para fabricar una bomba.
Esta misma pregunta le fue realizada a otros jefes del tercer Reich, pero sus contestaciones, así como muchas otras declaraciones efectuadas en el juicio, permanecen clasificadas y desconocidas para el público.
El 26 de Febrero del año 2001 la organización Simón Wiesenthal reclama a la CIA un esclarecimiento del destino sufrido por el Jefe supremo de la Gestapo, Heinrich Müller.
Al parecer es detectable su presencia no solo en algunos documentos desclasificados relativos a campos de concentración americanos en 1945, sino en fotografías de la época que le muestran en el puerto de Portsmouth el 19 de Mayo de 1945, recibiendo al submarino U-234.
Oficialmente Heinrich Müller cometió suicido el 28 de Abril de 1945, pero en 1973 el gobierno alemán, a petición de la familia de Müller, autorizó la exhumación de sus restos.
Lo que se encontró en la tumba eran los cadáveres de tres soldados anónimos. Ninguno correspondía a Müller.
Como jefe de la Gestapo, fue el propio Heinrich Müller quien controló y planificó la carga y salida del U-234, según las ordenes recibidas por Hitler. Existe la sospecha fundada de que la CIA dio una nueva identidad al jefe de la Gestapo a cambio de la captura del submarino U-234 y los secretos atómicos nazis que transportaba.
Existe la sospecha fundada de que la CIA dio una nueva identidad al jefe de la Gestapo a cambio de la captura del submarino U-234 y los secretos atómicos nazis que transportaba.
Ya comenzado el siglo XXI, más de 300 millones de documentos sobre la Alemania Nazi permanecen retenidos en los archivos secretos de los Estados Unidos. En base al Acta de Libertad de Información, todo documento secreto debe ser hecho público antes de transcurrir treinta años desde su clasificación.
El 16 de Febrero de 1999, el Departamento de Defensa americano declaraba en una carta publica, en su sección 13 -A2, que la desclasificación de todos esos documentos«…sería causa de un grave daño a la seguridad nacional«.
Casi sesenta años después de los hechos, muchos se preguntan cual es el contenido tan secreto y dañino de los papeles concernientes al Tercer Reich, cual es el peligro y por qué siguen clasificados y negados a la opinión pública y a la Historia de la Humanidad.
Casi sesenta años después de los hechos, muchos se preguntan cual es el contenido tan secreto y dañino de los papeles concernientes al Tercer Reich, cual es el peligro y por qué siguen clasificados y negados a la opinión pública y a la Historia de la Humanidad.
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