LA GRAN APUESTA (The big short), Película de Adam McKay, 2015. «Subprimes para legos: La gran apuesta»

La gran apuesta

 

Luis de Guindos Jurado (Madrid, 1960) es un economista y político español, que acaba en estos días su mandato como Vicepresidente del Banco Central Europeo, miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobernadores, cargos a los que accedió tras haber sido miembro del consejo asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Una gran carrera: Primero quiebra Europa y a continuación lo colocan en el Banco Central Europeo. Castigado con un Premio.

 

Subprimes para legos: La gran apuesta

Por Pamela Biénzobas

Revista de cine Mabuse, 2026

La gran apuesta

 

¿Cómo pudo pasar sin que nadie se diera cuenta? Esa reacción generalizada de asombro ante el alcance y la profundidad de la crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos es el motor de La gran apuesta (The Big Short), una interesante pero coja semi-comedia de vulgarización sobre cómo explotó la burbuja inmobiliaria del país, provocando un descalabro internacional.

Hasta ahora habituado a las comedias ligeras con su socio Will Ferrell, Adam McKay (AnchormanPolicías de repuesto, Hermanastros…) adaptó el libro The Big Short, en que Michael Lewis explica cómo se llegó al punto sin retorno –en fin, para las víctimas; y al plan de rescate para los bancos– desde la perspectiva de los pocos que previeron el colapso… y lo aprovecharon para hacerse ricos.

Esa ambivalencia asumida, aún más que la tecnicidad del tema, es lo que otorga algo de complejidad a una película que juega entre la connivencia cínica y la denuncia escandalizada. Es la ambivalencia de los propios «héroes» del film («basado en hechos reales»), que también se escandalizan, y en algunos casos hasta llegan a formular cuestionamientos éticos –útiles para ganarse la simpatía del espectador–, pero que igual van a sacar el máximo beneficio especulando fortunas en la inminente caída de las obligaciones basadas en hipotecas insolventes. Al fin y al cabo, generar ganancias es la función que ocupan en el sistema, y lo que los choca, más que la inmoralidad de la situación, es descubrir las fallas garrafales de ese sistema en el que tanto creían.

La gran apuesta en ningún caso aspira a la sutileza de Margin Call (2011), el sólido debut de J.C. Chandor, ni al detalle del enorme (y por lo mismo abrumador) documental Inside Job (2010) de Charles Ferguson, a la hora de describir el hundimiento. Especialmente en sus primeros momentos, con su montaje frenético para resumir las décadas de los ochenta y noventa, o recursos como la narración en primera persona o el congelamiento de la imagen, parece aspirar más a un estilo El lobo de Wall Street, de Scorsese, estrenado justo un año antes.

El proyecto parece claro desde el comienzo: dirigirse al consumidor promedio, ése que va a ver blockbusters, se traga los discursos mediáticos sin mayor reflexión… y toma préstamos irresponsables porque el bendito sistema le hace creer que es normal comprar casas a créditos imposibles de pagar. «Despierta, que al final eres tú el que se queda en la calle», le grita con insistencia y dispositivos pesados, como los insertos con estrellas tipo Selena Gomez explicando conceptos técnicos para demostrar que no son incomprensibles. ¿Condescendencia? Sí, innegablemente. Pero el propósito didáctico parece sincero, y, en su ambición de masividad, La gran apuesta de seguro está llegando con su denuncia a un público mucho más amplio que Inside Job o programas de análisis como «Last Week Tonight».

En ese sentido, un afiche con Ryan Gosling, Christian Bale, Steve Carell y Brad Pitt (igualmente productor, como lo fue también de Moneyball, de Bennett Miller, también basado en un libro de Michael Lewis) es un eficaz gancho de marketing. Y sobre todo un acierto de casting, con excelentes actuaciones para personajes bastante caricaturales. Especialmente los de Bale, el genio asocial que primero se dio cuenta de lo que pasaba, y el energúmeno obsesivo interpretado por Carell. Otro acierto, en la idea de darle un tono más ligero a un tema denso, es justificar la comicidad situando toda la película bajo el signo del absurdo. La conciencia de que todo acabará horriblemente mal no hace más que acentuar ese sentimiento de absurdo, tanto de los personajes como del espectador.

Paradójicamente, si el guión logra simplificar las explicaciones del mecanismo financiero, se complica en su construcción narrativa y el tratamiento de los distintos personajes. Hesitando en el nivel de profundidad de los retratos, el hilo se enmaraña en escenas prescindibles que buscan darles mayor densidad a protagonistas a los que, dada la historia y el tono, les bastaría un desarrollo mínimo y funcional. Mal articulado por un montaje torpe y poco fluido, con quiebres como la interpelación al espectador (en la narración en off y también los comentarios mirando a cámara) o los ya mencionados insertos de estrellas, el resultado global es pesado, repetitivo y estirado.

La gran apuesta se sostiene por su discurso subyacente de exposición de un mecanismo tan perverso como absurdo, por el interés fundamental de la historia contada, y por un elenco loable que valoriza los diálogos, que son el punto más fuerte de la escritura. Si con eso logra espabilar a unos cuantos ciudadanos crédulos, sobre todo con las sombrías perspectivas del epílogo, vale la pena.

 

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La gran apuesta («The big short», 2015)

Por Beatriz

Kinefilia, 22 enero 2016

 

La gran apuesta es una de las películas del año ya que parte como favorita para los próximos Premios Oscar con cinco nominaciones (mejor película, guion adaptado, director, mejor montaje y mejor actor secundario para Christian Bale). Está basada en la exitosa novela de igual título de Michael Lewis, publicada en 2010, y está producida por Brad Pitt que se ha reservado un papel al igual que ya hiciera en 12 años de esclavitud, otra cinta que produjo y ganó el Oscar en 2013.

 

 

La trama sigue a varias personas que si detectaron la burbuja inmobiliaria que se produjo en 2008. Por un lado Michael Burry (Christian Bale), un médico excéntrico y con problemas para relacionarse que ahora dirige un fondo de cobertura. Burry ha estudiado las hipotecas que conforman los bonos con los que negocian los bancos y está seguro que el sistema se colapsará en 2007 por lo que decide invertir gran cantidad de dinero en contra del mercado inmobiliario, mediante un seguro de impago de deuda (CDS en inglés). Por otro lado tenemos a Jared Vennett (Ryan Gosling), un comerciante que trabaja para Deutsche Bank, que oye hablar de la jugada de Burry, se pone a investigar y se da cuenta que sus predicciones son ciertas, por lo que decide invertir también en contra del mercado inmobiliario.

 

 

Una llamada de teléfono equivocada le pone en contacto con Marcos Baum (Steve Carell) un tipo pesimista por naturaleza que dirige otra agencia de fondos alternativos y lleva tiempo diciendo que el mercado se desmoronará tarde o temprano. Conscientes de lo se juegan y de que si se cumplen sus previsiones se puede colapsar la economía mundial, Baum y Vennett trabajaran juntos para beneficiarse de la situación a costa de los bancos. Por último tenemos a dos jóvenes inversores Charlie Geller (John Magaro) y Jamie Shipley (Finn Wittrock) que han hecho algo de dinero con sus inversiones pero todavia no tienen prestigio para ser tenidos en cuenta en Wall Street. También por casualidad descubren un documento de Vennett sobre las hipotecas sobrevaloradas y deciden sacar provecho de la situación, para lo que contaran con la ayuda de un banquero jubilado llamado Ben Rickert (Brad Pitt) al que Geller conoció paseando al perro por el vecindario.

 

 

Desgraciadamente el final de la historia lo conocemos todos pues lo hemos sufrido en nuestras carnes, la burbuja inmobiliaria estalló, la economía mundial se colapsó, muchas personas perdieron su trabajo, su casa y terminaron arruinadas. Eso en Estados Unidos, pues en países como el nuestro todavía estamos sufriendo las consecuencias. La película también se ocupa de cuestiones morales, los bancos se aprovecharon del sueño de muchos trabajadores de tener una casa propia y dieron prestamos sin control, sabiendo que el Gobierno no dejaría que se hundieran y los rescataría a costa del contribuyente, como terminó pasando. Por su parte, nuestros protagonistas son conscientes de lo que supondrá la crisis para el ciudadano medio y, aunque ellos se aprovechan de la avaricia de los bancos, no dejan de ser unos hipócritas al beneficiarse de lo que están criticando, aunque en el tramo final les veremos sufrir una catarsis personal y una ligera redención moral.

 

 

El mérito del director Adam McKay ha sido que los que no tenemos ni idea de finanzas, no perdamos el hilo de lo que está pasando en pantalla con toda esa jerga financiera y las complejas prácticas económicas, si me enteré yo que la vi en VOS, puede entenderlo cualquiera. Para ello se vale de varias tretas como que Ryan Gosling mire directamente a cámara para explicarnos que está pasando (la historia está contada por él), al igual que otros personajes para recordarnos que lo que estamos viendo es una recreación y no sucedió exactamente así, o que el por el contrario sucedió exactamente como lo estamos viendo. Aunque la mejor parte es cuando utiliza otros recursos como el clásico juego Jenga o personajes famosos como la cantante Selena Gomez, el televisivo chef Anthony Boourdain, el economista Richard Thaler o a Margot Robbie en una bañera llena de espuma, bebiendo champán mientras explica algo sobre títulos hipotecarios, una escena muy gratuita pero también muy divertida y didáctica, para los que realmente escuchen lo que Margot está diciendo.

 

 

La película tiene muchos momentos cómicos, ingeniosos y divertidos con diálogos agudos y mordaces que dejan al descubierto lo corrupto del sistema. Destacar el estilo deliberadamente falso, rallando en lo ridículo de vestimentas y pelucas, supongo que para hacer hincapié en el fraude que es el sistema en sí. Muy buena la ambientación, el montaje resulta descarado y hace que el ritmo de la narración sea muy rápido a pesar de lo denso del tema tratado, a lo que también ayuda la banda sonora intensa y feroz con temas de Metallica, Led Zeppelin, Dylan o Neil Young. Realmente tiene muchas semejanzas con El lobo de Wall Street, es cierto, pero resulta lo suficientemente atrevida para tener entidad propia.

 
 

En cuanto a los actores que decir de Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt que no se haya dicho ya, los cuatro derrochan talento a pesar de que sus personajes no tienen mucho recorrido, exceptuando Bale y Carell que si sabemos algo más de sus vidas, en el fondo son un mero vehículo y están al servicio de la historia. Es más que probable que Christian Bale gane su segundo Oscar, Steve Carell no está nominado pero también lo merece, en cuanto a Ryan Gosling y Brad Pitt esta vez no salen excesivamente guapos por lo que su trabajo luce más y mejor. Alrededor de ellos un grupo de secundarios de primera fila como las «oscarizadas» Marisa Tomei y Melissa Leo y otros actores más o menos conocidos como Karen Gillan (Doctor Who) o Max Greenfield (New girl).

Una película inteligente, contada con ingenio y claridad que despertará vuestra indignación y os costará quitaros de la cabeza. Además nos permite disfrutar de un grupo de actores a los que les sobra talento.

 

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LA GRAN APUESTA (The big short), Película de Adam McKay, 2015

 

 

Cuando cuatro individuos ajenos al sistema ven lo que los grandes bancos, los medios de comunicación y las agencias gubernamentales de regulación se niegan a admitir «el inminente desplome de la economía mundial», se les ocurre una idea: «La gran apuesta». Su arriesgada inversión los lleva hasta los oscuros entresijos del sistema bancario actual, donde habrán de cuestionarlo todo y a todos. La Gran Apuesta está basada en la historia real recogida en el libro superventas escrito por Michael Lewis («The Blind Side (Un sueño posible)»«Moneyball: Rompiendo las reglas»), dirigida por Adam McKay («El reportero: la leyenda de Ron Burgundy»«Hermanos por pelotas») y protagonizada por Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt. 

En 2005, el excéntrico gestor financiero de San José y entusiasta del heavy-metal MICHAEL BURRY (Christian Bale) estudia miles de préstamos individuales agrupados en bonos hipotecarios de calificación elevada y realiza un alarmante descubrimiento: los productos financieros están cargados de préstamos hipotecarios morosos que quedarán con toda certeza impagados en los próximos años. Aunque los banqueros de Wall Street y las agencias gubernamentales de regulación ignoran esta bomba de relojería a punto de estallar, Burry inventa un instrumento financiero denominado «seguro de impago de deuda» a fin de «vender al descubierto» en el mercado inmobiliario en auge, para consternación de los dueños e inversores de su fondo de gestión alternativa. 

Cuando el joven y avispado banquero de Wall Street JARED VENNETT (Ryan Gosling) se entera de la estrategia de Burry, utiliza una torre de bloques de Jenga que se viene abajo para convencer al irascible gestor de fondos de gestión alternativa MARK BAUM (Steve Carell) de que él también debería invertir millones en seguros de impago de deuda. Baum y su discutidor equipo de analistas jóvenes y sarcásticos (Jeremy Strong, Hamish Linklater y Rafe Spall) se muestran inicialmente escépticos y realizan su propia investigación. Al estudiar el mercado inmobiliario de Florida, entrevistan a agentes hipotecarios con mucha labia que consiguen continuamente créditos para compradores que claramente no están cualificados y una bailarina de striptease que ha comprado varias propiedades sin haber pagado entrada alguna por ninguna de ellas. 

Mientras tanto, los gestores financieros de veintitantos años JAMIE SHIPLEY (Finn Wittrock) y CHARLIE GELLER (John Magaro) también se topan la burbuja inmobiliaria. Con la esperanza de ingresar en la primera división financiera, descubren con pesar que su fondo de 30 millones de dólares se queda corto casi por 1500 millones de dólares de lo exigido para poder sentarse en la mesa de los mayores. Así que reclutan al banquero convertido en agorero ecologista BEN RICKERT (Brad Pitt), que utiliza sus contactos para ayudarlos a realizar su propia apuesta contra Wall Street. 

Para cuando el mercado acaba desmoronándose al fin en 2008, estos inversores inconformistas habrán ganado miles de millones de dólares, pero su experiencia los habrá cambiado para siempre. Pero, mientras las instituciones financieras cuya temeraria conducta provocó el problema son rescatadas por los contribuyentes estadounidenses, millones de norteamericanos pierden sus hogares, sus trabajos y sus ahorros para la jubilación en una catástrofe económica cuyos efectos aún se siguen sintiendo en la actualidad.

La Higuera.net

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Ficha Técnica

 

Título original: The big short.
Dirección: Adam McKay.
País: EE.UU.
Año: 2015.
Duración: 130 min.
Género: Drama.
Intérpretes: Christian Bale, Ryan Gosling, Steve Carell, Brad Pitt, John Magaro, Finn Wittrock, Marisa Tomei, Melissa Leo, Jeremy Strong, Hamish Linklater, Rafe Spall, Karen Gillan, Tracy Letts, Jeffry Griffin, Byron Mann, Adepero Oduye, Billy Magnussen, Max Greenfield, Selena Gomez, Margot Robbie.
Guion: Adam MacKay y Charles Randolph, basado en el libro La gran apuesta de Michael Lewis.
Música: Nicholas Britell.
Fotografía: Barry Ackroyd.
Distribuidora: Paramount Pictures Spain.

 

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La gran apuesta

Por Matias Colantti

Cine Divergente

 

La  gran apuesta es el primer gran estreno del año, y se posiciona firmemente en la carrera por conseguir la estatuilla dorada en los próximos Oscar. Adam McKay compone una obra visceral que narra, con una velocidad voraz, los sucesos previos al derrumbe financiero que protagoniza el mundo de los negocios en 2008. El director pone en tela de juicio y desenmascara a los arquitectos de la última crisis mundial, y que desencadenaron una escalada de crímenes económicos que se encuadraron en lo que se llamó “la explosión de la burbuja hipotecaria”. El film recorre la adaptación del libro de Michael Lewis que plantea la experiencia de un grupo de inversores outsider que descubre años antes el posible quiebre del mercado de vivienda y decide apostar en contra, esperando a que los bancos se derrumben.

Ya se han realizado unos cuantos films que se centran en ofrecer una perspectiva sobre los acontecimientos previos y posteriores a la última crisis global: El precio de la codicia (Margin Call, J.C Chandor, 2011), Malas noticias (Too Big to Fail, Curtis Hanson, 2011) y el aclamado documental Trabajo Confidencial (Inside Job, Charles Ferguson, 2010), entre otras que han generado distintas posturas sobre lo acontecido en las profundidades del oscuro mundo de Wall Street.

Sin embargo, La gran apuesta sobresale por su imperiosa forma narrativa de presentar el conflicto a través de los recursos de la comicidad, el humor negro y una puntillosa pedagogía.Estos tres elementos son fundamentales a la hora de condensar una historia que puede aburrir por sus complejidades varias, pero que sobrevive gracias a la brillantez aplicada del director en colocar actrices como Margot Robbie (guiño a El lobo de Wall Street – The Wolf of Wall Street, Martin Scorsese, 2013) y Selena Gomez que hacen uso de la ruptura de la cuarta pared e interpelan al espectador, brindándoles explicaciones claras de la semántica y la enredada terminología financiera, que puede resultar inentendible para aquellos analfabetos económicos como yo.

 

 

Por supuesto que esta plataforma cómica y de acidez critica esta sostenida por dos columnas vertebrales: Un reparto de lujo, en donde se destacan Ryan Gosling, Steve Carrel y Chrisitian Bale, y en segundo lugar un arriesgado plano visual que juega a enfoque/desenfoque, ruptura de la cuarta pared, convulsivos movimientos de cámara y una estética de videoclip que ejemplifica un momento particular del uso de la imagen en la posmodernidad (ya llegaré a ese punto).

La trama inicia con una breve explicación de que ser banquero en los 70 era absolutamente aburrido, hasta que el mundo de la bolsa de valores descubre a Lewis Ranieri, el ideólogo de la exponencial fiesta financiera que haría estragos años más tarde con la mentira del éxito del mercado de vivienda. A partir de ahí, Adam McKay hace uso del lenguaje narrativo de Scorsese (voz en off e interpelación al público) para describir como un grupo de pequeños inversores descubren la estafa sideral que se estaba cocinando en los grandes bancos mundiales. En esa adopción instrumental de la técnica scorsiana el film permite visibilizar, con gran crudeza, cuales son los engranajes y pasadizos secretos del neoliberalismo y la especulación financiera.

Por momentos, la película se concentra en analizar la atmosfera cotidiana de los bussines-men y corredores de bolsas cuando de repente aparecen ciertas trasgresiones visuales esporádicas que exhiben los más populares momentos televisivos y los videos de YouTube más famosos de la última década. En esta magistral instalación del videoclip se devela un concepto fundamental del relato: La convergencia entre la industria mediática y el sector financiero, como los máximos exponentes de lo que yo llamo EL PODER REAL: Aquellos que son los verdaderos dueños de los gobiernos y utilizan el poder político como una marioneta para reemplazar al Estado por el Mercado. En esta simple intervención visual, se logra comprender como los medios hegemónicos, desde el último siglo, funcionaron como un constante blindaje de los intereses de algunos pocos y son cómplices de los desastres económicos, buscando siempre reproducir la ideología capitalista. Marx, en su teoría critica, anticipaba que el modo de producción capitalista necesita de ciertas estructuras superiores que lo justifiquen y lo sostengan, haciendo así posible el proceso de reproducción social (el plano de lo material y el plano de lo simbólico – ideológico). Las épocas históricas fueron configurando diferentes estructuras como El Estado Democratico-Burgues, la Iglesia Catolica, las Fuerzas Armadas (grupos de coaccion) y el aparato de comunicación, que desde la revolución digital se ha levantado como el eje fundamental del capitalismo.

 

 

 

En este contexto, donde se vislumbran los centros de poder real, La gran apuesta elige un particular punto de vista para contar la crisis…

… Adam McKay coloca la cámara en la cotidianeidad de vida bancaria, sus trampas y su corrupción (corredores, vendedores de bienes raíces, accionistas e inversores precoces), subordinando la aparición sufrida de aquellos que pagaron los platos rotos del frenesí financiero. La progresiva hemorragia interna de los bancos y la inevitable eclosión de la burbuja hipotecaria apunta a una sola imagen general: Pasillos llenos de trabajadores con sus pertenencias y los responsables del crimen salvaje huyen del país, protegidos por el dinero que ganaron a costa de miles. La crisis es evidente y el crimen colectivo tiene culpables que parecen ser inmunes a fallos de una Justicia servicial a los intereses bancarios y que permite dilucidar una triste conclusión: Las condenas son sociales, y las sufre el pueblo. Los de traje sobreviven al purgatorio.

Hay esporádicas apariciones del golpe social donde la comunidad sufre la perdida de sus casas y parece no entender la gran estafa a la que fueron sometidos. Sin embargo, esta táctica de orientar el punto de vista e invisibilización a un sector refuerza aún más el protagonismo de las víctimas directas. Mark (el personaje de Steve Carrel) sintetiza este aspecto reflexivo en un dialogo particular: “Las personas normales son las que pagan por lo que hacemos nosotros. Siempre lo hacen”.

Por último, en esta red de complicidades se suma la subliminal presencia del poder político representado en un gobierno norteamericano, que fiel a su ideología de proteger el patrimonio financiero, realiza el salvataje más grandioso de la historia restituyendo el tesoro bancario que parece ser el bastión de una nación más preocupada por rescatar a los referentes del poder real, que atender las necesidades de su pueblo.

La gran apuesta es una orden moral y cívica que es necesario ver para descubrir los rostros oscuros del capitalismo y como se reivindica más que nunca esa idea que profesa el dialogo con el que empieza este artículo: Llegamos a un punto en donde la tolerancia social adopta la convivencia de ciertos crímenes y el narcotráfico parece ser más aceptado que la actividad bancaria. Sobre todo porque el mundo financiero siempre ha funcionado como una maquinaria perversa y nosotros, el pueblo, no perdonamos ser las naranjas que son exprimidas hasta la última gota.