«LA FELICIDAD ES YA IMPOSIBLE PARA VOSOTROS», por Enrique Jardiel Poncela (1932)

LA FELICIDAD ES YA IMPOSIBLE PARA VOSOTROS

 

«De la libertad, sólo conservaron palabras engañosas y normas inútiles»

Spinoza

Aun estando Spinoza plenamente convencido de que la democracia era la mejor forma de estado, el pensador holandés consideraba que la irracionalidad de los hombres la hacía difícilmente practicable.

Spinoza consideraba que la democracia no era la única alternativa política legítima y que su aplicación quedaba condicionada a su factibilidad.

María José Villaverde

 

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LA FELICIDAD ES YA IMPOSIBLE PARA VOSOTROS

«Escuchadme bien. Vuestra conducta es absurda.

 Os di la Inteligencia para que vierais claro que la felicidad está en la sencillez de la vida y vosotros habéis utilizado la Inteligencia para aspirar a más, siempre a más, y con el nombre de Progreso habéis inventado máquinas, doctrinas, costumbres, teorías, sentimientos, ideas, objetos e instituciones que os sirven para envenenaros la existencia y hacerla agria, difícil, problemática, indomable. 

La felicidad es ya imposible para vosotros. 

Porque las condiciones de vida en que os habéis situado asfixian todo intento de felicidad, y, al mismo tiempo, vosotros ya no concebís la vida sino en las condiciones en que la tenéis.

Estáis, pues, expuestos a desgracia perenne».

Por Enrique Jardiel Poncela, 1932

Filosofía Digital, 2011

Enrique Jardiel Poncela

 

PROMESA

Dios continuó en esta forma:

«Leo en vuestros semblantes que esperáis mucho de mí y de mis palabras; leo que esperáis más que mucho; leo que esperáis demasiado.

«Vuestro principal defecto ha sido siempre esperar demasiado de mí, como si yo todavía tuviera que daros algo… Como si yo no os lo hubiera ya dado todo… (ESTUPOR EN LAS MULTITUDES).

 

HUMANIDAD SIN DIOS, obra del joven artista argentino Ignacio Malara, que se autodefine como no-ateo hasta la médula.

 

«Todo, sí; todo os lo di al permitir que fuerais parte del Universo. Yo os di la Vida y la Muerte, antítesis esplendorosa; yo os di la Conciencia, la Inteligencia, la Voluntad, el Entendimiento y la Memoria; yo os di la facultad sexual con su emocionante consecuencia de procreación; y os di los Sentidos; y os di el Dolor -bien supremo-; y, haciendo que el dolor no fuera continuo, sino intermitente, hice nacer el Placer (cesación del Dolor) y os lo di asimismo.

«Todo, pues, os lo di. Y hoy ni puedo ni quiero daros nada. (LARGO RUMOR DE DESENCANTO.)

 

PREGUNTAS

«Sé perfectamente lo que esperáis de mí y de mis palabras. Esperáis la felicidad, ¿no es cierto? (AHORA LAS MULTITUDES AFIRMAN CALLANDO.) ¿Y por qué esperáis de mí la felicidad? ¿Por qué me ofendéis suponiendo que yo haya podido estar miles de años sin daros una cosa que os pertenece?

 

¿Y por qué esperáis de mí la felicidad? ¿Por qué me ofendéis suponiendo que yo haya podido estar miles de años sin daros una cosa que os pertenece?

 

¿Qué clase de monstruo injusto creéis que soy yo para aceptar el que os dé a vosotros -precisamente a vosotros- la felicidad: lo que equivale a suponer que se la negué a los Hombres que os precedieron? ¿O es que imagináis que sólo vosotros habéis sido desgraciados? Pero, volviendo a lo que esperáis de mí: ¿por qué es precisamente la felicidad lo único que confiáis en que os caiga de arriba…?

 

LA FELICIDAD

«Escuchadme bien. Vuestra conducta es absurda. Todo os lo procuráis por el propio esfuerzo: el dinero, la casa, los alimentos, las comodidades, lo necesario y lo superfluo, el éxito, la gloria, el poder… Todo esto os lo procuráis sacándolo de vosotros mismos, y sólo la felicidad la esperáis de los demás.

«De tal suerte que os entregáis al amor, por ejemplo, con la loca esperanza de que sea una mujer -o un hombre si sois mujeres- quien os haga feliz; y al daros cuenta de que no sois felices con el amor, os revolvéis furiosos contra él. De la misma manera esperáis la felicidad de vuestros padres, o de vuestros hijos, o de un tío que tenéis en el Extranjero y que no escribe hace once años; y ante el desmoronamiento de vuestros sueños, maldecís de los padres, de los hijos y del tío del Extranjero.

«O esperáis la felicidad de la Lotería Nacional, con el consecuente y lógico desencanto. O esperáis la felicidad de un nuevo Gobierno, lo que os arrastra a vivir en un perfecto deseo de crisis. O, en fin, esperáis la felicidad de un cambio de régimen político y ensangrentáis vuestras manos con el charco rojo de las revoluciones para caer luego en la pesadumbre de haber cometido crímenes inútiles.

«Ahora es de mí de quien esperáis la felicidad. ¿En qué lugar me catalogáis entonces? ¿Como tío del Extranjero o como Presidente de la República? ¿Como Lotería Nacional o como compadre de Stalin? (RISAS QUE SE PROLONGAN UN BUEN RATO.)

«La felicidad (CONTINÚA DIOS) os la di yo también cuando os di la Vida y la Muerte, la Conciencia, la Inteligencia, la Voluntad, el Entendimiento, la Memoria, la facultad sexual y la procreación; los Sentidos, el Dolor y el Placer, y todo lo creado. La felicidad está en eso.

«La felicidad brota espontánea de cualquiera de esas  partes y también de todo. La felicidad se consigue manejando discretamente cada uno de esos elementos, y también todos a la vez… Pero ¿tengo yo la culpa de que vosotros manejéis todos esos elementos, y el todo, de un modo idiota? No. Yo no tengo la culpa. La culpa es vuestra (GRANDES RUMORES.)

«Razonad conmigo unos instantes, aunque me consta que, ni aun así, os vais a convencer de que la culpa es vuestra… (SILENCIO EXPECTANTE.)

«Tomemos al azar uno de esos elementos que yo os he dado y que encierran la felicidad y examinémoslo. Tomemos el que más interés ha despertado en vosotros: la facultad sexual y su emocionante consecuencia, la Procreación. Yo os lo di para que fuerais felices con él. Yo ideé el separar las almas y los cuerpos, que es dolor, para que vosotros los unierais en el abrazo de los sexos, que es placer, placer extraordinario y maravilloso; y en el cumplimiento de mi idea hay una felicidad.

«¿Pero tengo yo la culpa de que vosotros practiquéis uniones disparatadas o estúpidas o extraviadas? ¿Tengo yo la culpa de que elijáis mal? ¿O que os hartéis mañana de lo que habéis elegido ayer? ¿O de que os unáis sin previa elección? (RUMORES TEMPESTUOSOS DE LAS MULTITUDES.)

 

LA FELICIDAD ES YA IMPOSIBLE PARA VOSOTROS
MI ERA, del joven pintor argentino Ignacio Malara.

 

«Yo ideé la Procreación, que es dolor, para lograr el exquisito resultado de que perpetuarais vuestro amor y vuestras vidas en el hijo: lo cual es placer, placer incomparable y felicidad como no hay otra. Pero ¿qué culpa tengo yo de que os pesen los hijos? ¿Qué culpa tengo yo de que hayáis complicado la vida de manera que los hijos resulten para vosotros una carga?

 

¿Qué culpa tengo yo, en fin, de que de una felicidad purísima hayáis hecho vosotros un amontonamiento asqueroso?

 

¿O qué culpa tengo yo de que os unáis sin desear el hijo? ¿Y de que hayáis hecho del amor una frivolidad? ¿Y de que evitéis los hijos con lavados post coitum, con pastillas ácidas, con ablaciones ováricas? ¿Qué culpa tengo yo, en fin, de que de una felicidad purísima hayáis hecho vosotros un amontonamiento asqueroso? (PROTESTAS HOSTILES EN ALGUNAS MASAS, AHOGADOS POR LOS SISEOS DE LAS MAYORÍAS.)

(DIOS CONTINÚA ASÍ:)

«Todo, todo, absolutamente todo cuanto os di y puse dentro de vosotros  y alrededor de vosotros, lo puse para que de ello extrajeseis la felicidad, y vosotros habéis sido tan torpes que habéis extraído de todo la desgracia. (NUEVOS RUMORES RUIDOSÍSIMOS.) 

 

Os di la Inteligencia para que vierais claro que la felicidad está en la sencillez de la vida y vosotros habéis utilizado la Inteligencia para aspirar a más, siempre a más

 

Os di la Inteligencia para que vierais claro que la felicidad está en la sencillez de la vida y vosotros habéis utilizado la Inteligencia para aspirar a más, siempre a más, y con el nombre de Progreso habéis inventado máquinas, doctrinas, costumbres, teorías, sentimientos, ideas, objetos e instituciones que os sirven para envenenaros la existencia y hacerla agria, difícil, problemática, indomable.

«Os di el Campo como recreo de vuestra vista y como elemento vital, y vosotros lo habéis llenado de letreros anunciando marcas de automóviles… Y estropeáis con presas y canales la salvaje belleza de los ríos; echáis abajo los árboles para construir canales cursis; y matáis preciosos pájaros para que se engalanen con sus plumajes media docena de prostitutas en los cuadros finales de las Revistas. Yo os di una Naturaleza feliz y habéis hecho de ella una cosa triste y utilitaria.

«Yo os di los Sentidos para que gozarais de ellos y vosotros extraviáis vuestros sentidos. Yo os di la Voluntad para que lograrais la dicha del trabajo y vosotros la habéis empleado en lograr la desgracia del vicio. Todo cuanto os di para ser bien usado lo habéis usado mal y, en lugar de felicidad encontráis amargura

¿A quién podréis culpar, más que a vosotros mismos, de todo esto? ¿A quién podéis culpar, disponiendo -por ejemplo- de esa preciosa facultad del alma que es la Memoria, si en lugar de utilizarla para recordar las tristezas del pasado, lo cual os haría feliz el presente, la utilizáis para recordar el pasado venturoso, lo cual hace vuestro presente desdichado y tristísimo?

«Y ahora yo os digo: no esperéis de mí la felicidad. No la esperéis de nadie. Para vosotros la felicidad es ya imposible. (ESTALLAN PROTESTAS TUMULTUOSAS QUE OBLIGAN A CALLAR A DIOS LARGUÍSIMO RATO. EL SEÑOR APROVECHA PARA BEBER UN NUEVO SORBO DE AGUA SIN QUE NI EN SU ROSTRO NI EN SU ACTITUD SE ADVIERTA EL MENOR SIGNO DE SORPRESA Y DE ALTERACIÓN.)

 

CONDENA

Cuando el tumulto cesó por completo, Dios prosiguió de esta manera:

«Sí. La felicidad es ya imposible para vosotros. (NUEVAMENTE ESTALLAN LAS PROTESTAS.) Es ya imposible, porque las condiciones de vida en que os habéis situado asfixian todo intento de felicidad, y, al mismo tiempo, vosotros ya no concebís la vida sino en las condiciones en que la tenéis.

«Estáis, pues, expuestos a desgracia perenne. (TUMULTO MAYOR QUE LOS ANTERIORES.)

«Y mi Palabra es ésta: ¡aguantaos, pues obra vuestra es todo…!» (ESCÁNDALO INDESCRIPTIBLE. LA GUARDIA CIVIL SE VE OBLIGADA A PRACTICAR ALGUNAS DETENCIONES, CON LO CUAL EL ESCÁNDALO ARRECIA.)

 

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ENRIQUE JARDIEL PONCELA, fragmento de La «tournée» de Dios, 1932. Plaza Janés, 1985. Datos biográficos de Jardiel Poncela. [FD, 22 de abril de 2007]

 

 

DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS – Benjamin Constant