EL PADRINO («The Godfather»), Película de Francis Ford Coppola, 1972

El Padrino

In memoriam.

Robert Selden Duvall, fallecido el 15 de febrero de 2026, a la edad de 95 años.

 

 

‘EL PADRINO’ Y ESOS 3 MINUTOS QUE TRANSFORMARON LA PELÍCULA DE FRANCIS FORD COPPOLA EN LA OBRA MÁS GRANDE JAMÁS FILMADA

La historia de cómo Robert Towne salvó la obra maestra protagonizada por Marlon Brando y Al Pacino

Por Guillermo de Haro

Espinoff, 29 OCT 2023

 

‘El Padrino’ (‘The Godfather’) es la película más grande de la historia del cine. No solamente artísticamente, a nivel de marketing supuso un cambio en la industria llenando los cines de nuevo en una época que se pensaba que la televisión daría la puntilla al séptimo arte.

El estreno en Nueva York, con colas bajo la nieve para conseguir una entrada, fue el momento en el que el productor, Al Ruddy, respiró. Posteriormente los premios de la Academia de Hollywood refrendaron con su reconocimiento la historia de la familia Corleone, relanzando la película a salas. Luego, una millonaria oferta para su primer pase en televisión abría el camino para el modelo de ventanas de explotación que ahora está en entredicho. «La película que salvó a Hollywood»la llamaron algunos.

Sin embargo, estuvo a punto de convertirse en uno de los mayores fiascos jamás rodados. No por los costes extra: aunque pensada inicialmente para ser un proyecto de bajo presupuesto Francis Ford Coppola necesitó que le concedieran más dinero de partida y durante el rodaje, por problemas como la semana de lluvias que retrasó el rodaje de la escena de la boda.

Tampoco por las amenazas de la Liga de derechos civiles Italoamericanos, que pretendía cancelar la producción, idea que abandonaron tras confirmarse que la productora contrataría miembros de dicha organización o que la palabra «mafia» no se utilizaría en ella.

Ni siquiera por los problemas internos: hablamos de un proyecto en el que Al Pacino entró contra la voluntad del productor y tras ser liberado de otro contrato con prácticas similares a las de la familia cinematográfica que pertenecía; Marlon Brando preocupaba por sus anteriores experiencias negativas en otros rodajes e incluso fue obligado a realizar un casting; e incluso un montador intentó convencer a los directivos de Paramount de que la obra era un caos para que echarán a Coppola y terminarla él.

Nada de esto era comparable al principal problema de la mejor película de la historia: no tenía alma. El guion, firmado por Coppola y Mario Puzzo, se había apartado del libro original bastante. A pesar de romper con la máxima de no contratar al autor para escribir el guión adaptado de su obra, Coppola insistió en que trabajaran juntos en la historia de una familia.

Tan sencillo y tan complicado. Coppola venía de ganar un Oscar al mejor guion por ‘Patton‘, y había sido elegido para rodar ‘El Padrino’ porque el jefe de Paramount, Robert Evansquería que la película “oliera a Spaguetti”. Puzo sin embargo no tenía experiencia como guionista de cine. Decidieron centrar la historia en Michael y Don Vito, dejando de lado la trama de Las Vegas y Johnny Fontanne, que se convierte la película en una historia lateral.

Pero a punto de finalizar, cuando lo más complicado ya parecía resuelto, se dieron cuenta. Las piezas no encajaban, la película no dejaba claras las motivaciones de los personajes y algo, no estaba claro qué, fallaba. En ese momento Coppola decidió pedir ayuda. Y llamó a Robert Towne.

Towne era guionista pero no era uno de los típicos “script doctors» de la industria, expertos en arreglar textos que hacían agua por alguna parte pero que eran todavía aprovechables, que era necesario mejorar en algún apartado o que por costes era necesario rescatar con la producción ya iniciada. Más recientemente, Quentin Tarantino, Josh Whedon, Aaron Sorkin o Carrie Fisher han tenido gloriosos momentos como «script doctors».

Linda Seger escribiría en los años 80 su tesis doctoral sobre cómo analizar y mejorar guiones, viviendo de la consultoría posteriormente. Sin embargo, en aquella época era más típico contratar a un Dalton Trumbo caído en desgracia por las listas negras anticomunistas para resolver el problema y poder terminar la obra.

Towne era amigo de Coppola y, aunque todavía no había firmado el guion de ‘Chinatown’ que le proporcionaría un Oscar (el único de las 11 candidaturas obtenidas por el film), tenía cierto renombre como guionista. Ante la llamada de su amigo se presentó inmediatamente en el lugar del rodaje. El director italiano le había expuesto el problema y le había pedido ayuda con la escena alrededor de la que giraba todo: al día siguiente se filmaba la conversación entre Don Vito y su hijo Michael en el jardín de su casa.

 

 

La escena que salvó ‘El padrino’

Towne disponía de apenas unas horas para hacer encajar todas las piezas de una película que ya llevaba horas de metraje, y en la que incluso el productor exigió a Coppola que se dejara de tonterías y que contará la historia en las casi tres horas necesarias, en lugar de en el poco tiempo que había montado para el primer visionado.

A partir de notas del guion original, y sabiendo lo importante que era mantener la coherencia con lo ya filmado, Robert Towne entregó a las 4 de la mañana el texto de que convertiría a ‘El Padrino’ en la obra más grande jamás filmada.

Tres minutos y medio de conversación entre los dos personajes principales. Menos de cuatro minutos de un total de casi tres horas, para hacer encajar todas las piezas, dejando el camino preparado para una secuela que, por primera vez, superó a su original y ganó también el Oscar a Mejor Película. Coppola, consciente, lo dejó claro en su discurso de aceptación por el Oscar a Mejor Guión Adaptado: «Esta fue la escena de Bob Towne».

En la famosa escena, previa a su muerte en el huerto, Vito Corleone, Don Vito, el Don de la familia más poderosa de Nueva York, charla con su hijo Michael sobre los siguientes pasos a dar, sobre el futuro y el control de La Familia.

Tras unas primeras frases introductorias Michael le pregunta qué le pasa, por qué se preocupa. «Yo dirijo. Te dije que lo haría y lo estoy haciendo«. Don Vito se acerca, el ‘Godfather Waltz’ compuesto por Nino Rota, que anuncia con su ritmo los grandes momentos de la película, comienza a sonar y la magia del cine nos envuelve. Don Vito le dice con tristeza que eso no es lo que deseaba para él.

“He trabajado toda mi vida por el bienestar de mi familia, y siempre me he negado a ser un muñeco movido por los hilos de los poderosos. Contigo tenía otros proyectos Michael. Pensaba que algún día podrías llegar a mover esos hilos. Senador Corleone, Gobernador Corleone, o más.”

 

Don Vito acababa de transmitirle, con toda la crudeza de un hombre en su despedida, la visión que tiene sobre el mundo, y la misión que tenía en su vida para con la Familia. La misma visión y misión que encontramos en cualquier empresa, las mismas que estudiamos en las escuelas de negocios. La visión que Don Vito tiene del mundo es clara: en un mundo dominado por los poderosos, que mueven los hilos, él no quería ser controlado por ellos. Así que se hizo mafioso para proteger a su familia de esos poderosos que acabaron con toda la suya anteriormente.

No pudo hacerlo por la vía legal, para sobrevivir tuvo que elegir y decidió, consciente y tras años de penurias. Pero lo hizo pensando en proteger a su familia primero y en que sus hijos sí fueran poderosos en el mundo legal a futuro. Por eso no se enfada con Michael, como hacen sus hermanos, por no querer involucrarse en los negocios de la familia. Porque su objetivo era que la familia volviera al mundo legal. Esa era su misión. Ese era su objetivo.

Y en los dos minutos finales de la escena transmite ambas a Michael para que continúe su obra: enfrentarse a la sociedad a la vez que intenta que su familia vuelva a ella en una posición de privilegio. Con tristeza, porque no esperaba que las cosas transcurrieran de este modo. No quería a Michael al frente de la familia, le quería limpio. El menor, el idealista, el héroe de guerra Michael.

Don Vito ama a su hijo, pero Michael ama todavía más a su padre, y renuncia a sus ideales para hacer algo que nunca quiso hacer. No sólo entrar en la familia sino incluso dirigirla. Pese a su comentario a su pareja durante la boda de su hermana: “esta es mi familia Kay, pero yo no soy así”, Michael se sacrifica al ver a su padre a punto de morir en el hospital, punto de inflexión e inicio de su viaje a su infierno personal.

Durante el rodaje tenían claro que uno de los puntos más complejos estructural y emocionalmente era este momento, el traspaso del liderazgo de padre a hijo. Se buscaba que la escena transmitiese el amor mutuo y el sincero respeto que sienten el uno por el otro, pero sin decirlo abiertamente. Brando proporcionó la clave emocional. «Por una vez me gustaría ver a un hombre que no es incapaz de expresarse».

Robert Towne explicaba lo que quería transmitir: «Escribí una escena sobre la sucesión de poder, y a través de esto era obvio que los dos hombres sentían un gran afecto el uno por el otro. A través de la ansiedad de Don Vito sobre lo que podría ocurrirle a su hijo, y su propia ansiedad respecto a cederle el poder, por sus ambivalentes sentimientos acerca de forzar a su hijo a asumir su papel».

Con el traspaso de poder, el padre traspasa también a su hijo su visión y una misión. Y de repente, mágicamente, todo encaja. La película entera cobra sentido. Todo lo que ocurre en ella se puede entender de manera clara, sencilla e inapelable.

Nos gusta Don Vito porque, a pesar de ser mafioso y matar gente, tiene valores y protege a su familia, porque se enfrenta a los poderosos y equilibra la balanza con su poder. No es un asesino, hace justicia a los suyos. Transmite confianza en sus decisiones y tiene una visión clara de lo que ocurre.

¿Por qué no entra en el negocio de la droga? Ahora sabemos que, si Don Vito acepta la propuesta de Solozzo, ante la que una negativa supone el detonante de la primera guerra de la película, del ataque al Padrino y de la subsiguiente involucración de Michael, se alejaría radicalmente de su objetivo. Reintegrar a la Familia, el apellido Corleone, en la sociedad legal, hubiera sido prácticamente imposible.

Por eso se niega a entrar en un jugoso negocio, con amplios márgenes e importantes perspectivas de crecimiento. O lo que podía ser peor: no aprovechar la oportunidad de entrar en un negocio que iba a permitir al resto de familias aventajar en poder económico a los Corleone, cuestionando su hegemonía.

Tomar una decisión así sin una motivación muy sólida detrás sería irresponsable, tal y como piensa Solozzo («Tu padre piensa a la antigua»). Una motivación lo bastante sólida como para mantenerla aún después del atentado contra su vida, incluso tras la muerte de su primogénito.

 

Robert Towne

 

Liderazgo, amor y respeto en la familia Corleone

No era una decisión cualquiera, incluso la supervivencia de la Familia estaba en juego, tal y como Tom Hagen le explica: «si no entramos en el negocio de la droga podemos desaparecer; no ahora pero sí en diez años». Si las demás familias entran y ellos no, con el dinero que ganarán podrán comprar más jueves y policías que los Corleone, dejándoles fuera.

Pero las decisiones del Padrino se mantienen coherentes con la visión que tiene del mundo y con la misión y el objetivo que tiene para su familia. Don Vito decide jugar con sus propias reglas para alcanzar la misión de devolver el apellido Corleone limpio al mundo legal, pero siendo uno ellos parte de los poderosos que mueven los hilos.

Vito argumenta en la reunión del consejo, en la que negocia para terminar con la guerra y traer de vuelta a Michael para que dirija la familia, que sus contactos, policías y jueces, podrían abandonar a los Corleone si entran en la droga. Miente. Solozzo, un recién llegado, es capaz de comprar a un comisario como McCluskey. Con ayuda, pero no de alguien más poderoso que Don Vito Corleone.

Pero es que el Don no puede decir abiertamente a los miembros del consejo que quiere volver al mundo legal, igual que Michael no podrá en la tercera película, dando lugar a uno de los diálogos más recordados de la trilogía: «Justo cuando pensaba que estaba fuera, vuelven a involucrarme». Para mayor frustración de un Michael, que nunca quiso estar dentro, pero que lo hizo por su padre.

Los Corleone siguen teniendo un problema sobre la mesa. En un mercado creciente, basado en servicios y oligopólico (repartido entre 5 familias), la presión ante la aparición de un nuevo entrante, un producto con alto margen como la droga, supone un problema estratégico. Michael, como su padre, acepta momentáneamente apoyar el negocio proporcionando protección, pero no quiere entrar en él realmente.

La decisión supone más margen para sus competidores («Inviertes 3.000 o 4.000 dólares y puedes obtener 50.000 distribuyéndolo«), con el peligro a medio plazo para su negocio, su familia e incluso su vida. Debe buscar una solución para alcanzar su misión sin abandonar los valores de la Familia Corleone. La alternativa elegida es perfecta. El mundo de las apuestas, los casinos, el espectáculo. Una industria en crecimiento en aquel momento. Los negocios son legales o ilegales porque lo dice la ley.

Las leyes son ventajas competitivas puras. Controlar a quién hace las leyes y las aplica es por lo tanto de vital importancia. Jueces y policías. Atlantic City o Nevada están limitados por fronteras que, si cruzamos apenas un metro, provocarían que terminemos en la cárcel en el caso de ponernos a jugar una partida de cartas apostando dinero. Un paso a la izquierda, el juego es legal; uno a la derecha, el juego es ilegal.

Michael busca un nuevo negocio creciente, con altos márgenes y que le permite acercarse el mundo legal sin abandonar el mundo ilegal inicialmente. Una industria dónde las ventajas competitivas de los Corleone, es decir contactos con jueces y policía, control de los sindicatos y contactos en la industria del entretenimiento, son poderosas.

Pero todo este análisis cobra sentido gracias a esa única escena. De repente la sucesión en la empresa familiar, el análisis competitivo de la industria y todas las herramientas de gestión empresarial explican clara y rotundamente lo que ha pasado, y lo que probablemente va a pasar. Bienvenidos a la Corleone Business School. Un nuevo visionado a la saga, entendido ahora el valor de la escena del jardín y después de analizar su impacto en el negocio y en el devenir de la película, permite valorar en su justa medida la importancia que tiene la visión y misión de Don Vito en muchos de los hechos clave de la película.

Podemos comprobar también cómo a lo largo de la segunda entrega, y sobre todo en la tercera película de la saga de Michael Corleone, lo que ocurre en esos tres minutos y medio vuelve a nuestra mente de manera recurrente, pone de manifiesto claramente la importancia vital de la misión y visión original, explicando y condicionando muchos de los acontecimientos a los que se enfrentan los Corleone.

Un ejemplo claro de que cómo la visión de Don Vito es adoptada por Michael lo tenemos en el inicio de la segunda película. Kay le dice a su marido: “Han pasado siete años y la Familia aún no tiene una posición legal”. Toda la tercera entrega estuvo dedicada a limpiar el nombre de la familia Corleone y a luchar contra su pasado para conseguirlo.

La película se estrenó con un metraje de mayor duración que la original planteada por Coppola. El presupuesto final de más de 6 millones de dólares, que superaba ampliamente los 2,5 millones originalmente pensados para la mismo, se recuperó sobradamente con una taquilla de casi 250 millones. Éxito de crítica y público, ícono cultural y según Stanley Kubrick la mejor película nunca rodada, cambió la industria del cine por completo, incluyendo el marketing y merchandising, las ventanas de explotación, el formato de estrenos e incluso cómo se comportaban los mafiosos, que adoptaron símbolos y ritos que no existían anteriormente.

Nada de todo esto hubiera sido posible sin esos 3 minutos y medio que dieron sentido a los otros 174. Porque al final, en el cine como en los negocios, todo consiste en contar una buena historia. En este caso la de un padre y un hijo que se quieren.

 

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El Padrino

 

 

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Ficha Técnica

Título Original: The Godfather.

Dirección: Francis Ford Coppola.

Producción: Albert S. Ruddy (Paramount Pictures, Alfran Productions).

Guion: Mario Puzo y Francis Ford Coppola, basado en la novela de Puzo.

Música: Nino Rota.

Fotografía: Gordon Willis.

Duración: 175 – 177 minutos.

Año: 1972.

País: Estados Unidos.

Género: Drama, Crimen.

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Reparto Principal

Marlon Brando: Don Vito Corleone.

Al Pacino: Michael Corleone.

Robert Duvall: Tom Hagen.

James Caan: Santino «Sonny» Corleone.

Diane Keaton: Kay Adams.

John Cazale: Fredo Corleone.

Talia Shire: Connie Corleone.

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Premios y Reconocimientos

Óscars 1972: Mejor Película, Mejor Actor (Marlon Brando), Mejor Guion Adaptado.

Globos de Oro 1972: Mejor Película (Drama), Director, Actor, Guion y BSO.

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Especificaciones Técnicas

Formato: Color (Technicolor).

Relación de aspecto: 1.85 : 1.

Sonido: Mono (original release), Dolby Digital.

Presupuesto: $6,000,000 USD.

 

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‘EL PADRINO’: 50 AÑOS DE UNA DE LAS MEJORES PELÍCULAS DE LA HISTORIA, DE COPPOLA, BASADA EN LA NOVELA DE MARIO PUZO

 La historia de Vito Corleone, interpretado por un extraordinario Marlon Brando, y la mafia italiana con su aliento shakespereano es una de las películas más influyentes de todos los tiempos. Reseña de la novela y su gran adaptación cinematográfica

WMagazin,

El Padrino 1

 

Un  doble éxito instantáneo en solo tres años. Esa es la vida de El Padrino: en marzo de 1969 Mario Puzo publicó la novela y se convirtió en best seller, y en marzo de 1972, Francis Ford Coppola estrenó la película y se convirtió en un clásico. Es uno de los mejores ejemplos en el que la adaptación cinematográfica va más allá de las páginas y crea un mundo propio donde unas pocas acciones, actuaciones, diálogos y atmósferas se han convertido en referencia. Novela y película cuentan la vida de don Vito Corleone, el capo más respetado de Nueva York, de todas sus estrategias y los caminos del hijo que lo sucederá, de quien heredará su imperio, con ecos shakespereanos.

En este clásico del cine, y uno de los grandes best sellers del siglo XX, nos detenemos esta vez en nuestro Cine club literario WMagazín que este verano habla de libros cuyas buenas adaptaciones cinematográficas celebran efemérides importantes en 2022. El padrino, de Copppola, cumple 50 años y llega a nuestro ciclo especial dedicado al centenario de Nosferatu, el vampiro, de Friedrich Wilhelm Murnau, inspirada en la novela Drácula, de Bram Stoker; los 80 años del clásico Casablanca, de Michael Curtiz, basada en la obra de teatro sin estrenar Everybody Comes to Rick’s, de Murray Burnett y Joan Alison; los sesenta años del estreno de Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, basada en la novela homónima de Harper Lee; los sesenta años de Lolita, de Stanley Kubrick, basada el clásico homónimo de Vladimir Nabokov; y los sesenta años de Lawrence de Arabia, de David Lean, basada en las memorias de T. E. Lawrence.

Te invitamos a revivir El padrino, de Francis Ford Coppola, y a conocer detalles de cómo Mario Puzo escribió la novela, cómo participó en el guion de la película y cómo su director la convirtió en un clásico.

 

 

La película: ‘El padrino’, un clásico

El guion de El padrino lo escribieron Francis Ford Coppola y el propio Mario Puzo. “Hay que entender que, como cineasta, no sabía realmente cómo hacer El padrino. Aprendí a hacer El padrino haciéndola”, reconoció el director en una entrevista este año a The New York Times.

Pero Coppola llegó a la dirección luego de que, al menos, seis directores rechazaran el proyecto, entre ellos Elia Kazan y Sergio Leone. Cuando lo llamaron, Coppola tenía 31 años, y 32 cuando rodó la película, con una muy corta experiencia de largometrajes, pero un premio Oscar por coescribir el guion de Patton.

Al director, la lectura de la novela no le había entusiasmado mucho, pero descubrió, como reconoció, que “detrás de todo, había una gran historia, casi clásica en su naturaleza; la de un rey con tres hijos, cada uno de los cuales había heredado un aspecto de su personalidad. Me entusiasmé con extraer eso de la historia y plasmarlo en la película”.

Fue así como «se apropio del libro de una parte de la esencia del mundo puziano, en una mirada más shakespereana, si se quiere: intentó capturar lo que habitaba en los corazones de sus personajes, buscó en las sombras de ellos. En la novela la gente solo ve lo que hacen, lo que son capaces de hacer y los estragos que generan sus acciones mafiosas; pero Coppola fue más allá, se detuvo en los individuos, en sus motivaciones, en sus humanidades. Buscó una especie de épica en el horror, en las personas asomadas en el peligro que generan corrupción y muerte», escribió Winston Manrique Sabogal en el artículo que analiza el medio siglo de la película, en WMagazín.

Coppola levantó un nuevo mundo casi desde sus cimientos: «Del colorido, vertiginosidad y ruido de la novela, se pasó en el cine a las sombras, tanto en imagen como en la construcción y acción de sus personajes; ellos y su historia en un tempo sin prisas que, al igual que el efecto que suscita una lectura, permite al espectador involucrarse en la vida que acontece en la pantalla, lo invita a completarla en su cabeza, a preguntarse y relacionarse con esas criaturas en quienes se despligan los matices oscuros de la condición humana a partir de: la familia como pilar y los afectos de amistades defendidos con muertes y crímenes.», señala WMagazín.

El padrino es una película redonda en todos sus aspectos técnicos, con una música inolvidable a cargo de Nino Rota. Las actuaciones de sus actores son memorables: empezando por Marlon Brando (que no fue la primera opción, pues antes estuvieron nombres como Laurence Olivier y Ernest Borgnine), como Vito Corleone, y seguido por Al Pacino, el hijo que heredará el imperio y su arco de transformación; James Caan, como Sonny, el hijo mayor que no heredó el lugar de su padre al ser asesinado, y Robert Duvall, como Tom Hagen.

La película fue muy aclamada por crítica y público. Al año siguiente obtuvo tres premios Oscar: Mejor película, Mejor actor para Marlon Brando y Mejor Guion para Puzo y Coppola. Es una de las películas más influyentes del cine. Es considerada la segunda mejor película estadounidense, detrás de Ciudadano Kane, de Orson Welles.

Dos años después, Coppola estrenó El padrino II, para muchos mejor que la primera (aquí se incorporó al elenco a Robert De Niro como Vito Corleone de joven). Obtuvo tres premios Oscar: Película, Director y Guion Adaptado. Y, en 1990, cerró la historia de los Corleone con El padrino III.

 

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La novela

Mario Puzo (Nueva York, 1920-1999), hijo de inmigrantes napolitanos en Estados Unidos, publicó, el 10 de marzo de 1969, El padrino. Se trataba de un libro sin mayores aspiraciones que convertirse en un best seller. «Para lograrlo, contenía los elementos que podrían asegurar esa posición: con una escritura eficaz se adentró en el mundo de la mafia y sus actividades delictivas de negocios, crímenes, violencia, círculos extrarradiales y otras actividades paralelas como las relacionadas con el sexo y demás», señala WMagazín.

La novela es el resultado de un escritor que naufragaba porque, aunque algunas de sus novelas habían tenido cierta acogida, las ventas eran muy regulares, y su economía iba al desastre. Sus editores le propusieron que escribiera una historia sobre mafia, gánsters. Desde entonces es un long seller.

 

Mario Puzo

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Frases célebres de la película

 

Michael: «¿Dónde dice que no se puede matar a un policía?».

Vito Corleone:  «Juro, por las almas de mis nietos, que no seré yo quien quebrante la paz que hemos acordado hoy aquí».

Michael: «Fredo, eres mi hermano mayor y te quiero. Pero nunca vuelvas a tomar partido en contra de la familia. Nunca».

Sollozzo: «Don Corleone. Necesito un hombre con amigos poderosos. Necesito un millón de dólares en efectivo. Necesito, Don Corleone, a esos políticos que usted carga en el bolsillo como si fueran centavos».

Sonny a Michael: «¿Qué vas a hacer? El buen muchacho universitario no quería verse mezclado en los negocios familiares, ¿no? Ahora quieres bajar de un tiro a un capitán de la policía».

Michael: «Algunas personas pagarían mucho por esa información; pero entonces, su hija perdería un padre en lugar de ganar un marido».

Vito Corleone a Bonasera: «Algún día, que quizá nunca llegue, te pediré que hagas algo por mí. Pero hasta ese día, considera esto como un recuerdo de la boda de mi hija».

Vito Corleone a Sonny: «Nunca vuelvas a decir lo que piensas a alguien que no sea de la Familia».

Michael Corleone: «Cada vez que me enfermo me hago más sabio, cuando muera seré un genio».

Vito Corleone a Johnny Fontane: «Le haré una oferta que no podrá rechazar».

Michael Corleone: «No es personal, Tom, solo negocios»

Michael: «Mi padre no es diferente de ningún otro hombre poderoso… como un senador o un presidente»

 

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El padrino, fragmento

Por Mario Puzo

 

Amerigo Bonasera estaba sentado en la Sala 3 de lo Criminal de la Corte de Nueva York. Esperaba justicia. Quería que los hombres que tan cruelmente habían herido a su hija, y que, además, habían tratado de deshonrarla, pagaran sus culpas.

El juez, un hombre de formidable aspecto físico, se recogió las mangas de la toga, como si se dispusiera a castigar físicamente a los dos jóvenes que permanecían de pie delante del tribunal. Su expresión era fría y majestuosa. Sin embargo, Amerigo Bonasera tenía la sensación de que en todo aquello había algo de falso, aunque no podía precisar el qué.

—Actuaron ustedes como unos completos degenerados —dijo el juez, severamente.

Eso, eso, pensó Amerigo Bonasera. Animales. Animales. Los dos jóvenes, con el cabello bien cortado y peinado, y el rostro claro y limpio, eran la viva imagen de la contrición. Al oír las palabras del juez, bajaron humildemente la cabeza.

—Actuaron ustedes como bestias salvajes —prosiguió el juez—; y menos mal que no agredieron sexualmente a aquella pobre chica, pues ello les hubiera costado una pena de veinte años.

El representante de la justicia hizo una pausa. Sus ojos, enmarcados por unas cejas sumamente pobladas, miraron disimuladamente al pálido Amerigo Bonasera, para luego detenerse en un montón de documentos relacionados con el caso que tenía delante. Frunció el ceño, como si lo que iba a decir a continuación estuviera en desacuerdo con su punto de vista.

—Pero teniendo en cuenta su edad, su limpio historial, la buena reputación de sus familias… y porque la ley, en su majestad, no busca venganzas de tipo alguno, les condeno a tres años de prisión. La sentencia queda en suspenso.

El padrino. Mario Puzo (Ediciones B).

 

Mario Puzo