EL DILEMA (The insider), película de Michael Mann (1999): «Suspensión de la incredulidad»: El principio del fin del ominoso poder de los «Siete Enanitos» de la industria tabaquera (basada en un caso real)
La película «El dilema» se basa en la historia real de Jeffrey Wigand, un científico de una compañía tabaquera que descubre prácticas poco éticas, como la adición de sustancias adictivas a los cigarrillos.
Sin embargo, una cláusula de confidencialidad le impide revelar esta información al público. El dilema se centra en si debe divulgar la verdad, arriesgando su vida y su carrera, o cumplir con el acuerdo de confidencialidad.
La película aborda temas como la falta de ética de las grandes corporaciones y la lucha por la verdad y la salud pública. Además, invita al espectador a reflexionar sobre dilemas éticos en su propia vida y a cuestionar la credulidad frente a la información.
Se destaca la importancia de la lucidez y la búsqueda de la verdad como antídotos contra las noticias falsas y se enfatiza la necesidad de tomar decisiones éticas en situaciones cotidianas.
Profesor de Filosofía. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
Jeffrey Wigandes un científico y directivo de la famosa tabacalera norteamericana Brown & Williamson.
Descubre el secreto que la industria tabacalera oculta celosamente:
introducen en los cigarrillos sustancias que crean adicción en los fumadores, en concreto cumarina, una sustancia moderadamente tóxica, cuyo uso ya fue prohibido en alimentos destinados al consumo humano.
Pero una cláusula de confidencialidad le impide divulgar las prácticas de la empresa tabacalera. De esta manera, ya tenemos el dilema en marcha:
¿debe comunicar Jeffrey Wigand la verdad de las prácticas de esta empresa tabacalera, que ponen en riesgo la salud de los consumidores, o callar y cumplir con lo firmado? ¿Qué debe hacer? ¿Seguir a su conciencia? ¿Cuidar su vida? ¿Cuidar la salud de los demás?
Si el dilema ya de por sí fuese pequeño, nos encontramos con que acude a Lowell Bergman, productor televisivo, el cual está dispuesto a arriesgar su carrera en un programa de televisión revelando la verdad a la opinión pública, y ello contra la decisión de la cadena de televisión (CBS), aliada empresarial de la tabacalera.
Tenemos, pues, grandes empresas tabacaleras y hombres, individuos, dispuestos, quizás, a arriesgarlo todo.
El dilema ha adquirido dimensiones descomunales:
la conciencia contra el dinero, David contra Goliat, la honestidad contra la mentira.
El 14 de abril de 1994, los directores ejecutivos de las siete mayores compañías tabacaleras de Estados Unidos testificaron bajo juramento ante el Congreso que la nicotina no creía adicción. Esta audiencia histórica expuso la contradicción entre las declaraciones públicas de los ejecutivos y la evidencia científica interna de la propia industria.
Bien podría ser esta la sinopsis de una película cualquiera, película de sobremesa o de una trepidante serie de televisión. Pero esta película… ¡es otra cosa! Es otra cosa, en primer lugar, porque es gran cine lo que tenemos entre manos.
No se trata de una de las grandes películas de la historia, ni mucho menos. No lo necesita. El dilema es una película para disfrutar, para entregarnos a ella, para sumergirnos en ese mundo que nos propone.
La dirección es magnífica. Michael Mann, director de grandes películas como El último mohicano o la muy alabada serie Corrupción en Miami, logra dar a la película un ritmo excelente que hace que el excesivo metraje no sea un lastre.
La fotografía es exquisita, cuidada; la música acompaña y nos lleva por los vericuetos de la trama. Y los dos actores protagonistas nos ofrecen prodigiosas interpretaciones. Probablemente la mejor interpretación de Russel Crowe. Al Pacino, soberbio. Buen cine, cine con mayúscula.
En segundo lugar, aunque el tema a nosotros, hombres y mujeres de la segunda década del siglo XXI, nos puede parecer ya visto −el mundo de la denuncia social, presiones, acosos, la batalla contra el poder, principios y consecuencias de nuestros actos, etc.−, es precisamente esta película, o un par más como ella, las que han convertido estos temas en tópicos.
Por eso conviene, al menos en esta ocasión, detenernos en este clásico, en el comienzo del tópico. Nuestro laboratorio ético y humano que es el cine nos pone en esta ocasión ante los ojos el inmenso poder de las grandes empresas tabacaleras y de las grandes empresas periodísticas.
Antes estos grandes poderes, las personas poco podemos hacer, al menos en principio.
Este inmenso poder juega despreocupado con la salud de las personas y también con la verdad de la información.
El 14 de abril de 1994, los directores ejecutivos de las siete mayores compañías tabacaleras de Estados Unidos testificaron bajo juramento ante el Congreso que la nicotina no creía adicción. Esta audiencia histórica expuso la contradicción entre las declaraciones públicas de los ejecutivos y la evidencia científica interna de la propia industria.
Antes estos grandes poderes, las personas poco podemos hacer, al menos en principio. Este inmenso poder juega despreocupado con la salud de las personas y también con la verdad de la información.
Ni “salud” ni “verdad” son valores capaces de frenar una ética movida exclusivamente por el poder, el dinero, el control y la manipulación.
Y aquí entra en juego la conciencia de nuestros protagonistas:
¿qué se debe hacer? ¿qué es lo correcto?
Pero hay un tercer motivo que hace que esta película sea digna de ver, o de volverse a ver. Es una película pensada y dirigida a nuestra inteligencia y a nuestra sensibilidad:
una película inteligente.
Está hecha para pensar, para sentir, para conmovernos. No para cómodos, ni para “estúpidos”.
Una película llena de datos, de mucha información, de argumentaciones densas; hecha con mucha inteligencia; busca entretener inteligentemente, busca que entendamos placenteramente. Se trata de un gran relato, una gran narración.
Y como toda gran narración, aunque sea ficción, y se mueva en el ámbito de la mentira, nos acerca a la verdad.
Quien debería decirnos la verdad, el periodista, nos engaña;
el fabulador y narrador, a través de la mentira o el cuento, nos dice la verdad.
No voy a comentar lo evidente:
el tratamiento de la información, la mentira, no decir la verdad, la falta de rigor, la trama legal o el thriller psicológico.
La falta de ética de las grandes empresas, donde no importan las personas, la labor del periodismo social a la hora de denunciar los engaños, o las inhumanas cláusulas de confidencialidad son magníficos temas que dan para debates y buenas reflexiones éticas.
Pero la película nos da pistas para ir más allá, para pensar de otra manera. Por ejemplo, vemos que los protagonistas, sobre todo Jeffrey Wigand, no pueden ser considerados buenas personas, quizás son indeseables, pero, a pesar de todo, la conciencia se pone en marcha.
Al ver la película podemos identificarnos con los personajes y sus grandes y poderosos conflictos/dilemas, y entrar en ese juego de ponernos en su lugar, y decirnos
¿qué haría yo?
Pero eso es lo fácil. La tarea de denunciar a una gran empresa, luchar por nuestros principios, dar nuestra vida por la verdad o la salud de las personas puede ser fácil, en teoría.
Pero no deja de ser un juego; me gustaría que el espectador no solo se sumergiera en la película, sino que también llevara la película a su vida, es decir, se plantease cómo la película puede iluminar sus pequeños problemas/dilemas.
Me interesa que nosotros, espectadores, detectemos que estos dilemas no nos son ajenos, quizás no estos −de semejantes proporciones−, pero sí otros que están a nuestro alcance:
qué hago yo, qué haría en esta situación concreta, etc. Esas pequeñas decisiones que vamos tomando nosotros, profesionales de la salud, educación, etc., o clientes/consumidores, son importantes.
Y también son una lucha en favor de la salud, de la conciencia, o una forma de enfrentarnos a las fake news.
¿Qué hago yo por la verdad? ¿por la salud? ¿A qué, o a quién, doy crédito? ¿Qué opción elegiríamos?
Hay círculos de poder que damos por supuestos.
¿Cómo luchar y enfrentarnos con situaciones, cuando no somos héroes, y tampoco se nos presentan heroicidades ni tragedias?
Luchar contra las fake news, despertar a la verdad, es despertar la conciencia, dejar de ser indiferentes. Y ello implica más información, más perspectivas, más crítica, y así buscar “criterios” para poder juzgar.
Necesitamos “ir a los otros” −ver, leer, escuchar, mirar, hablar− y, luego, “volver a uno mismo”, a ese lugar llamado conciencia −reflexión−, percatarse y deliberar
Y para eso necesitamos “ir a los otros” −ver, leer, escuchar, mirar, hablar− y, luego, “volver a uno mismo”, a ese lugar llamado conciencia −reflexión−, percatarse y deliberar. La conciencia moral es ese lugar entre ir a los otros y volver a uno mismo.
Luchar contra las fake news, despertar a la verdad, es despertar la conciencia, dejar de ser indiferentes. Y ello implica más información, más perspectivas, más crítica, y así buscar “criterios” para poder juzgar
Para entrar en un relato, en una película, necesitamos practicar lo que se ha llamado “suspensión de incredulidad”, es decir, fiarnos y dar crédito a lo que se nos presenta.
Y suspendemos la incredulidad al abrir el libro, entrar en la sala de cine.
Pero ¿qué pasa cuando estamos permanentemente “empantallados”, envueltos en pantallas, en fuentes de información?
Hemos hecho de cierta “suspensión de incredulidad” nuestra normalidad, y el mundo se ha convertido en pantalla, en un dispositivo. Nos lo creemos todo por el solo hecho de estar allí y ser repetido una y otra vez; damos crédito, contra todo descrédito.
Quizás las grandes películas, como esta, las grandes obras de la cultura pueden ser el ritual para suspender la credulidad, y alcanzar poderosa y paradójicamente la verdad con la mentira, con las ficciones.
Y dejar así de ser crédulos, no para dejar de creer, sino para creer de otra forma, con lucidez; el único antídoto contra las fake news es la lucidez, la búsqueda de lucidez.
Y dejar así de ser crédulos, no para dejar de creer, sino para creer de otra forma, con lucidez; el único antídoto contra las fake news es la lucidez, la búsqueda de lucidez.
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EL DILEMA (The insider). Película de Michael Mann, con Al Pacino y Russell Crowe
Lowell Bergman, célebre periodista de investigación y productor del programa “60 Minutos”, recibe un informe enviado por un empleado anónimo de “Philip Morris”.
En él se describen los efectos nocivos de la nicotina y la dependencia que crea. Bergman contacta con Jeffrey Wigand, un científico que trabaja para “Brown y Williamson”, el tercer fabricante de cigarrillos de Estados Unidos. Juntos harán estallar uno de los escándalos más sonados de la historia del tabaco.
La película trataba sobre un famoso escándalo de una tabacalera americana, y de cómo incluían adictivos para fomentar el consumo de sus productos.
Podría parecer el estreno de Mann en el cine social, pero el director se cuida de ofrecer un mensaje poderoso y al mismo tiempo huir de los tópicos habituales del cine de denuncia. Y lo consigue a través de una estética excesiva y saturada, de colores apagados .
Una estética algo tenebrosa, donde se desarrolla ese duelo personal entre el arrepentido directivo de una tabacalera (Crowe) y un periodista ávido de informaciones, capaz de todo por conseguir una exclusiva (Pacino). Mann otorga a este enfrentamiento una aura épica, algo más propio de otras épocas del cine americano.
Convierte a Pacino y a Crowe en dos antihéroes rocosos, perfectamente esculpidos y que se quedan en la memoria del espectador. Una película que pese a su envoltorio totalmente contemporánea tiene las hechuras de una tragedia griega.
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Algo huele a podrido…
Los ominosos rasgos de los llamados «siete enanitos«, los cuasi omnipotentes presidentes de las siete empresas del tabaco más importantes del país (vale decir, obviamente, del mundo).
La nueva película protagonizada por Al Pacino plantea el no por viejo menos interesante asunto de la denuncia del poderoso, sobre todo cuando ese poderoso está obteniendo pingües beneficios a base de esquilmar la salud de una gran parte de la ciudadanía.
Basado en un hecho real, en el que un ex ejecutivo de una de las más importantes tabacaleras de Estados Unidos accedió a ser entrevistado (y a «largar» en él lo que no hay en los escritos) por el programa informativo de más audiencia de la época (hablamos del primer quinquenio de los años noventa), el film de Michael Mann se inscribe de pleno derecho en ese tipo de cine yanqui, de amplia tradición liberal, que se dedica a meter el dedo en el ojo al potentado de turno,
en este caso con los ominosos rasgos de los llamados «siete enanitos«, los cuasi omnipotentes presidentes de las siete empresas del tabaco más importantes del país (vale decir, obviamente, del mundo).
El hecho de que un científico, ex directivo de la empresa, pusiera en jaque su propia vida, la estabilidad de su familia, la salud de sus hijas, y que un productor televisivo se jugara su futuro profesional en aras de esta denuncia es muy americano, muy «mira qué demócratas somos que nos ponemos verdes a nosotros mismos«.
Pero no se entienda esto como una crítica hacia el cine liberal norteamericano, porque no lo es; obviamente, se prefiere mil veces este cine que hurga en la podredumbre de su sociedad antes que en el propagandismo triunfalista de un país que tiene a gente como al Charlton Heston más ultramontano como paradigma de sus héroes.
Quizá demasiado larga, El dilema confirma sin embargo el buen hacer de Michael Mann, curtido en series televisivas como Corrupción en Miami, y que en cine ha demostrado buen ojo para el género aventurero y romántico (El último mohicano) y el policíaco moderno (Heat), para afrontar ahora esta denuncia que no debe dejar indiferente.
Algo huele a podrido en las grandes empresas tabacaleras de allende (y aquende, me temo) los mares.
La solución es simple: no fumar; hay otros muchos placeres infinitamente más gozosos y menos perjudiciales. Se me ocurren algunos… ¿a ti no?
Jeffrey Wigand es jefe del departamento de investigación y desarrollo de Brown & Williamson, una importante empresa tabaquera. Como resultado de sus estudios entrega un informe que demuestra que la nicotina produce adicción.
A partir de ese momento el informe desaparece de la empresa, y cuando Jeffreyrevela su contenido a Lowell Bergman, célebre periodista del programa televisivo 60 minutes, su vida se convierte en un infierno, donde no faltan las amenazas.
El caso acaba enfrentando al estado de Mississippi con Brown & Williamson.
Esta película lleva a la pantalla hechos reales que aparecieron narrados con talento en un apasionante artículo de Marie Brenner en Vanity Fair bajo el título ‘El hombre que sabía demasiado‘.
El film muestra unos villanos distintos a aquéllos a que nos tiene acostumbrados el cine:
las grandes multinacionales, que tienen detras a personajes poco conocidos por el gran público, pero que acumulan toneladas de poder, ejercido a veces de un modo, ¿cómo diríamos?… poco ortodoxo.
Se ha procurado ser muy fiel a los hechos auténticos. El Fiscal del Estado de MississippiMichael Moore, que llevó el caso, creyó revivir los acontecimientos al ver el detalle con que se habían reproducido los escenarios. El propio Fiscal se permitió un cameo en el film, interpretándose a sí mismo.
De todos modos se advierte que el personaje de la esposa de Jeffrey es algo esquemático, con lo que sus problemas familiares pierden peso dramático.
No es la primera vez que Al Pacino trabaja con el meticuloso director Michael Mann. Ambos coincidieron en el emocionante thriller Heat, donde había un duelo interpretativo de primera magnitud entre Pacino (el policía) y RobertDe Niro (el ladrón).
Pacinocomenta que Mann es de esos
“directores en los que adivinas su trabajo antes de verlo, porque sabes que están haciendo, de verdad, una película”.
La opinión de los expertos
The Journal of the American Medical Association (JAMA), prestigiosa publicación médica americana, publicó el 19 de julio de 1995 una serie de artículos elaborados a partir de los documentos de la empresa Brown & Williamson. Entre sus conclusiones se puede leer:
“A lo largo de un período de 22 años (de 1962 a 1984), empleados de B&W y BAT llevaron a cabo tareas de investigación sobre la farmacología de la nicotina. Con acierto consideraban la nicotina como el agente farmacológico que explica el hábito del tabaco.
En la etapa inicial del período de estudio, analistas de las empresas escribieron explícitamente acerca de la la adicción a la nicotina. La inhalación del humor del cigarrillo por el fumador se reconocía entonces como necesaria para un uso correcto del cigarrillo”.
Los jefes de siete grandes compañías tabacaleras («los siete enanitos»), testificando, bajo juramento, que la nicotina no crea adicción.
Ellos y el tabaco
Al Pacino
“[Mi relación con el tabaco] es una historia humana muy interesante. De acuerdo que soy un fumador. He fumado toda mi vida. Afortunadamente ya no lo hago. Llevo 10 años sin fumar, aunque de vez en cuando me enciendo un cigarrillo, para no olvidar”
Russell Crowe
“Claro que fumo, desde hace mucho. Nunca he intentado dejar de fumar. Nunca”
“Michael me llamó y me dijo, ‘¿Por qué no te coges un avión, te acercas a mi oficina y lo hablamos?’ (…) Me encontré con él, hablamos una tarde entera, nos fumamos millones de cigarros y me convenció”
Plantación de tabaco en Kentucky
Referencia obligada
El dilema es como una lección magistral de periodismo de investigación. El periodista que recibe una información sorprendente, un testigo amenazado, poderosos en el banquillo, corrupción… son los elementos que componen la trama.
El detalle con que se narra todo (verificación de la fiabilidad de las fuentes informativas, consulta con los grandes jefes del canal de televisión, etc) recuerdan a otro clásico del mundo del periodismo: Todos los hombres del presidente, que narraba con acierto los pormenores del escándalo Watergate.
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25 años de Al Pacino y Russell Crowe liderando un concienzudo thriller basado en hechos reales que puedes ver en streaming
Un gran ejercicio de paranoia que incluye periodismo, laberintos legales y una encrucijada por contar la verdad
Tirar de la manta es una fantasía que terminan teniendo todos los que han trabajado o se han aproximado a una posición de poder. Desvelar secretos que deberían ser de conocimiento público es algo que sólo terminan haciendo quienes no tienen nada que perder, porque aquellos que sí pueden ver su vida asediada precisamente por hacer lo correcto.
Nunca es fácil tampoco poseer la información crucial de un escándalo extraordinario y tener con quien compartirla, porque los medios también tienen sus propias limitaciones.
Algo que se reflejaba bien en ‘Spotlight’, mostrando cómo puede llegarse a la inacción cuando no se considera que es el momento, pero que va aún más lejos en la también fenomenal ‘El dilema’.
El humo que tapa la verdad
Una de las películas más contundentes y reivindicables de Michael Mann, protagonizada por unos sensacionales Al Pacino, Russell Crowe y Christopher Plummer como el popular presentador Mike Wallace. Un thriller periodístico, legal y paranoico con una historia real de por medio que cumple 25 años de su estreno.
Lowell Bergman es productor del aclamado programa de investigación 60 Minutos, tratando de tocar los temas más relevantes e incómodos para que la población este informada.
Un día recibe un soplo de la mano de Jeffrey Wigand, un científico que trabajaba para la industria del tabaco y que quiere revelar información crucial sobre las sustancias adictivas que incluyen en los cigarrillos. Pero el proceso de revelar la verdad desmoronará su vida y pondrá también en una encrucijada al periodista.
Mann se arriesga a contar un suceso tan impactante como el escándalo de las tabacaleras tras haber pasado tan sólo un corto espacio de tiempo. Algo que es más habitual ahora, hacer la película al poco de que un evento real descoloque a la gente, en el momento de ‘El dilema’ era más extraordinario, especialmente porque el director consigue llevarla por completo a su terreno.
‘El dilema’: el deber de hacer lo correcto
En la película encontramos los clásicos conflictos del director, desde profesionales divididos entre cumplir con su deber o preservar su familia y su integridad emocional, hasta las improbables alianzas masculinas generadas en el desempeño de una labor crucial y potencialmente peligrosa.
Todo mientras desarrolla un nuevo nivel de tensión, pero también de melodrama operístico que retoma con cierto gusto en ‘Ferrari’.
Aquí vuelve a sacar lo máximo de un reparto extraordinario, desde Al Pacino tardío hasta un Plummer estremecedor como figura importante pero comprometida, y un Crowe espléndido como actor de carácter.
Luego tenemos también secundarios de oro como Bruce McGill que hacen estallar todo en la única escena que disponen, y consiguen uno de eso raros momentos de sobreactuación que no sólo son pertinentes, sino que potencian la intensidad del cuadro general.
No negare que pienso muy a menudo en esa escena donde me replanteo muchas cosas sobre que “una buena actuación”. Pero ‘El dilema’ tiene también mucho más que ofrecer.
The Insider (El dilema en España, El informante en Hispanoamérica) es una película estadounidense de 1999 dirigida por Michael Mann. El argumento versa acerca del mercado del tabaco, que mueve sumas multimillonarias, y acerca de las polémicas estrategias y artimañas utilizadas por las empresas tabaqueras a la hora de comercializar los cigarrillos.
La película está basada en un caso real en el que Brown & Williamson, una de las principales tabacaleras del mundo, fue condenada por la justicia estadounidense por añadir sustancias adictivas al tabaco que incrementaban el poder adictivo del mismo.
El centro del argumento se refiere a la decisión de esa compañía tabacalera de añadir a los cigarrillos cumarina, una sustancia que incrementa la adicción del consumidor a los cigarrillos.
La cumarina es moderadamente tóxica para el hígado y los riñones, con una dosis letal 50 (LD50) de 275 mg/kg. La Occupational Safety and Health Administration considera a la cumarinacomo un compuesto carcinogénico específico del pulmón.
El compuesto fue prohibido en cigarrillos en 1997 y está listado en EE.UU. por la FDA entre las sustancias cuya adición directa para uso en alimentos con destino al consumo por humanos está prohibida.
En la película, Al Pacino da vida a Lowell Bergman, un periodista y director del programa60 Minutos del canal CBS, que destapa el tema gracias a un confidente y antiguo bioquímico de la tabacalera Brown & Williamson, JeffreyWigand, al que da vida Russell Crowe, quien recibió una nominación al Oscar como mejor actor por este papel.
Christopher Plummer interpretó al periodista Mike Wallace, presentador del programa 60 minutos desde 1968.
También indaga tanto en el inmenso poder de las tabacaleras, como en el funcionamiento y las políticas de empresa de los medios televisivos, en la que se muestra también la confrontación entre la línea editorial de un medio y sus propios intereses financieros, lo que llevó en la película a un enfrentamiento grave entre ambos a causa de la codicia del segundo.
La cumarina, en humanos, es moderadamente tóxica por el hígado y riñones, pero en cambio es muy tóxica para ratas y ratones que al metabolizarla les causa hemorragias internas fuertes y la muerte. Según el Instituto Alemán de Riesgos, la ingesta diaria admisible de cumarina es de 0,1 mg por kg de peso corporal.
Argumento
El químico Dr. Jeffrey Wigand trabaja para la empresa tabacalera estadounidense Brown & Williamson como jefe de su departamento de investigación científica. Tiene un buen sueldo y una familia.
Un día después de que expresó su preocupación por el uso de aditivos adictivos en el tabaco a sus superiores, él fue despedido, por lo que está enfurecido.
Lowell Bergman es el productor de la respetada y conocida revista televisiva 60 Minutos, cuyo presentador es Mike Wallace.
Su trabajo también consiste en conseguir que hablen personas importantes o con conocimientos importantes en la revista para que su existencia y popularidad sean posibles.
Un día ambos se encuentran por casualidad y Bergmanse da cuenta de que quiere hablar sobre la empresa mientras que es acosado por la industria tabacalera, a veces incluso de forma criminal, a que no hable, ya que entonces saldrían sus actuaciones sucias.
A pesar del acuerdo de silencio que tuvo que hacer para tener una compensación económica e incluso las amenazas de muerte hacia él, él consigue hablar legalmente con 60 Minutos sobre su investigación sobre los aditivos dentro de los cigarrillos al conseguir que pueda antes declarar públicamente sobre lo que quiere hablar en el estado de Misisipi, que está investigando a las empresas tabaqueras por sus acciones.
De esa manera él puede luego revelar a 60 Minutosque la empresa agrega conscientemente cumarina y amoníaco a la producción de cigarrillos para aumentar el efecto adictivo de la nicotina, que también sabe que es adictivo.
También revela que el jefe de la empresa, Sandefur, cometió perjurio ante el Congreso de los Estados Unidos al decir que los cigarrillos no son adictivos
revelando también así que todos los dirigentes de las demás tabacaleras que también tuvieron que declarar ante el Congreso al respecto debieron haber cometido perjurio igual que él.
Su vida, antes bastante contemplativa, se pone entonces patas arriba, ya que las tabacaleras quieren acabar con él por ello mientras que su familia se hace añicos.
Mientras tanto el trabajo periodístico de Bergmanen la CBS también se desvía por el material explosivo revelado, ya que el temor a posibles demandas de la industria tabaquera, si se publica la entrevista ya hecha, podrían peligrar la planeada venta de CBS a Westinghouse con gran ganancia.
Eso lleva a que la administración de CBS, que ganaría también con la venta, ejerza una presión masiva sobre la revista de televisión para que no la publique ante la audiencia nacional.
Bergmansolo logra publicar la historia con la ayuda de sus numerosos contactos en la industria de los medios y tirando de los hilos hábilmente.
También se encarga que Wigand, que ahora trabaja como profesor de una escuela, pueda continuar con su vida acabando con la campaña difamatoria contra él.
Sin embargo también dimite luego como productor por lo ocurrido para proteger así su integridad profesional que fue comprometida por las acciones de la administración de CBS que se volvieron públicas.
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Ficha Técnica
Título original: The Insider
Año: 1999
Duración: 151 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Michael Mann
Guion: Eric Roth, Michael Mann. Artículo: Marie Brenner
Reparto
Al Pacino – Lowell Bergman
Russell Crowe – Dr. Jeffrey Wigand
Christopher Plummer – Mike Wallace
Diane Venora – Liane Wigand
Philip Baker Hall – Don Hewitt
Lindsay Crouse – Sharon Tiller
Debi Mazar – Debbie De Luca
Stephen Tobolowsky – Eric Kluster
Colm Feore – Richard Scruggs
Bruce McGill – Ron Motley
Gina Gershon – Helen Caperelli
***
Música: Lisa Gerrard, Pieter Bourke
Fotografía: Dante Spinotti
Compañías: Touchstone Pictures, Forward Pass, Blue Lion Entertainment, Digital Image Associates, Kaitz Productions, Mann/Roth Productions, Spyglass Entertainment
Género: Intriga. Drama | Periodismo. Drama judicial / Abogados/as. Basado en hechos reales
Sinopsis
Jeffrey Wigand, científico y directivo de la famosa tabacalera norteamericana Brown & Williamson, descubre el secreto que la industria del tabaco oculta celosamente: las sustancias que crean adicción en los fumadores.
Lowell Bergman, un productor televisivo, arriesga su carrera al invitar a su programa a Wigand, que ve cómo su vida se desmorona tras revelar la verdad a la opinión pública; pero nadie saldrá indemne de esta batalla contra las tabacaleras. (FILMAFFINITY)
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