LA PARADOJA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. «El último Kondratieff», por Andrés Muñoz Machado

La paradoja de la Inteligencia Artificial

 

La Revolución del otro 1% (también contra el 99%)

Cuando nuestros gobernantes se vuelven autistas

«De tanto tomarse a sí mismo demasiado en serio, Macron está fracasando estrepitosamente en su despedida. Y deja tras de sí un país al borde del abismo»

Por Laurence Debray

The Objective, 23 OCT 2026

Francia, con una población de 69.000.000 de personas, «revolucionada» por el 1% de su población.

 

Hace 10 años, Emmanuel Macron nos prometía devolver a Francia a la senda del crecimiento y las reformas.

Él, el joven y dinámico banquero, americanizado y, por tanto, «moderno», iba a mantenernos alejados de los extremismos, tanto de derecha como de izquierda, mediante la creación de un poderoso centro político completamente volcado en su persona.

Un movimiento que precipitaría la caída de los tradicionales partidos socialista y republicano. Tenía un destino personal que cumplir. Y lo haría a costa de nuestro destino colectivo.

La democracia se fundamenta en la paz, una clase media próspera y el compromiso. La guerra de Ucrania está a nuestras puertas y los jóvenes de hoy saben que vivirán peor que sus padres.
 
El funesto fin de semana del 17 y 18 de octubre acaba de asestar un golpe mortal a nuestro Estado.
 
 
 
Medio millón de personas salieron a la calle para defender el derecho a estudiar en condiciones dignas y protestar contra la inflación. A las movilizaciones estudiantiles, que se prolongaban desde hacía tres semanas, se sumó una protesta social.
 
La participación cuadruplicó las previsiones y duplicó la de los chalecos amarillos. Sin embargo, los manifestantes se vieron desbordados por unos alborotadores incontrolables.
 
Francia, entregada al vandalismo, se convirtió en cuestión de horas en un campo de ruinas.
 
¿Qué nos ha ocurrido? Tras la conmoción y la tristeza, ha llegado la hora de rendir cuentas.
 
Es cierto que los alemanes son capaces de hacer reformas. Los españoles prefieren insultarse en las Cortes o montar un campamento que acaba pareciendo un anuncio publicitario de las tiendas de campaña de Decathlon.
 
Los franceses, en cambio, elegimos las revoluciones. La Marsellesa es un himno de guerra. Pero ¿cómo pudieron los servicios de inteligencia subestimar tanto la movilización? ¿Fueron incapaces de infiltrarse entre los alborotadores? ¿Quiénes son los artífices de este caos?
 
El black bloc, los militantes de la ultraizquierda que atacan los símbolos de nuestra República y los delincuentes que saquean los pequeños comercios.
 
 
El Ayuntamiento de Limoges de Francia se incendia y derrumba durante protestas
 
 
¿Cómo consiguieron dispersarse por todas las ciudades de Francia? No creo que se trate de un movimiento espontáneo.

Fue una operación bien organizada, alimentada en las redes sociales y reproducida simultáneamente en el norte de Italia y en Albania.

Llamamientos a la insurrección amplificados por los algoritmos.

Y jamás condenados por la Francia Insumisa, que busca el caos. ¿Qué les ha llevado a semejante transgresión, a estas demostraciones de nihilismo?

Hemos caído en la anomia, ese estado en el que se derrumban la decencia, los valores y las normas de conducta. Hemos regresado al estado salvaje.

La «descivilización» está en marcha. ¿Es esta la consecuencia de las redes sociales?

El domingo por la noche, por una vez, Macron nos ahorró un largo discurso. Fue breve y no incluyó ninguna propuesta concreta.

Ni siquiera tuvo en cuenta las legítimas reivindicaciones de los estudiantes, después de casi un mes de movilizaciones.

¿Esperaba que las protestas perdieran fuerza con las vacaciones escolares? ¿No tenía tiempo en su agenda para recibir a sus representantes y tomar en consideración sus demandas?

 

 

Dos días antes, se había dejado ver en familia y junto a la señora Arnault, encarnación de la riqueza, en el concierto de Céline Dion.

Después de despreciar sistemáticamente los órganos intermedios —los sindicatos, los alcaldes, los directores de instituto— y de creerse Júpiter, como él mismo se ha descrito en contraposición a la presidencia «normal» de Hollande, ha terminado como el rey desnudo, enfrentado a las lanzas de su pueblo.

 

«La política se ha convertido en una gestión cortoplacista de las crisis, sin visión de futuro»

 

Ningún partido tiene propuestas verdaderas para la juventud. Ni frente a la inteligencia artificial, las noticias falsas y el dominio de Meta sobre las redes sociales, ni frente al calentamiento global.

Como revela el panorama político español, los partidos se enfrentan unos a otros en su empeño por conservar o conquistar una parcela de poder.

Pero ¿qué país proponen para el siglo XXI? ¿Qué soluciones plantean ante la revolución tecnológica y el calentamiento global?

Los extremistas tienen al menos el mérito de la claridad, mientras que el centro se define únicamente por su rechazo a los extremos. Un programa bastante pobre.

La política se ha convertido en una gestión cortoplacista de las crisis, sin visión de futuro.

 

 

Como en Francia la mayoría de los votantes tiene más de 50 años, vivimos ya bajo una gerontocracia.

En 1975, el 7% del PIB se destinaba a educación y otro 7% a las pensiones. Hoy, la educación sigue recibiendo el 7% del PIB, pero las pensiones absorben el 14%, en un contexto de crecimiento nulo.

Los mayores están protegidos a costa de una juventud abandonada. Y la violencia actual ha terminado eclipsando sus reivindicaciones.

Tras su discurso, Macron se marchó discretamente para emprender una gira sorpresa por Oriente Próximo, con la excusa de «garantizar el suministro energético de Francia». En otras palabras, resolver la crisis del estrecho de Ormuz.

Él, que se ve a sí mismo como un líder en tiempos de guerra en la escena internacional, encarnación de una masculinidad algo rancia, salpicada de guiños incómodos que dirige a su audiencia, tiene ahora su propia guerra en casa y ha huido de ella.

Cuanto más cree Macron en su omnipotencia, más relegada queda Francia a la tercera categoría. ¿O está preparando ya la siguiente etapa de su carrera?

Había comenzado en España su gira de despedida, rodeado de una patética corte de desarrapados en busca de sus últimos privilegios o de medallas inútiles.

¿Se cree De Gaulle que, durante los acontecimientos de mayo del 68, se marchó en secreto a reflexionar a Baden-Baden, al cuartel general de las Fuerzas Francesas en Alemania Occidental?

A su regreso, el general sorprendió al país y anunció la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones legislativas.

Así rompió la dinámica insurreccional del movimiento estudiantil y obtuvo una mayoría absoluta.

 

 

De Gaulle, que dominaba el sentido del momentum —como demostró a lo largo de toda su carrera—, supo darle la vuelta a la situación cuando muchos lo consideraban agotado tras diez años en el poder.

Su primer ministro, Georges Pompidou, declaró entonces que aquella victoria «impone deberes, el primero de los cuales es no abusar de ella».

Los dirigentes autistas, encerrados en su propia omnipotencia, deberían tener fecha de caducidad. ¿Son dos mandatos demasiados?

De tanto tomarse a sí mismo demasiado en serio, Macron está fracasando estrepitosamente en su despedida. Y deja tras de sí un país al borde del abismo, arruinado y desorientado. Después de él, el diluvio. Es decir, la hora de los populismos que se extienden por todas partes.

Maquiavelo planteó la célebre pregunta:

«¿Es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado?».

 

Macron ha elegido:

considera más seguro ser temido que amado.

 

Los próximos seis meses que nos separan de las elecciones van a ser muy, muy largos. Y el desenlace entraña riesgos enormes. Gracias, señor Macron.

 

Emmanuel Macron quiere la guerra. Tiene un apoyo electoral escaso. La opción de la guerra, que podrá ser atómica, es su opción para seguir como Presidente de Francia. En Alemania o España, pasa lo mismo. Nos llevan a la guerra, a la destrucción y a la muerte para conservar el poder (ellos no irán a morir; ellos serán enriquecidos por la guerra a la que llevan al mundo. Criminales y Corruptos gobernando estúpidos.

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La paradoja de la Inteligencia Artificial

Se han creado grandes plataformas con las que se negocia la elaboración de los «datos en bruto».

Esta elaboración tiene una primera etapa poco conocida y quizás la más delicada, consistente en la clasificación, etiquetado y depuración de los datos

Robot’s Hand Holding an Artificial Intelligence Computer Processor Unit. 3d illustration

 

En los años recientes se ha acumulado una inmensa cantidad de información. Se estima que la Humanidad genera 2,5 trillones de bytes al día. La electrónica digital ha hecho posible almacenar grandes cantidades de datos.

Se han perfeccionado las comunicaciones y la DARPA de EEUU, en lo que es quizás la colaboración más provechosa de la historia entre una institución con objetivos militares y el mundo civil, diseñó y puso en funcionamiento Internet, posibilitando el acceso a la información o la puesta en operación de cualquier fábrica desde cualquier punto del planeta.

Las distancias han muerto, este es posiblemente uno de los hechos más sustanciales de nuestros días. La logística (diseño y control de los flujos de información y mercancías) se ha convertido en una de las ramas más importantes de la ingeniería.

El COVID-19 hizo necesario el trabajo a domicilio que, tras la desaparición de la pandemia, permanecería como práctica generalmente aceptada.

Hoy, unos 5.400 millones de personas (67 % de la población mundial) usan internet, y unas 4.760 millones pertenecen a redes sociales.

 

La paradoja de la Inteligencia Artificial

 

La Inteligencia Artificial (IA), una combinación de Informática y Estadística, es una de las tecnologías más destacadas del siglo XXI. Está detrás de casi todo tipo de tareas, desde hacer funcionar robots para el trabajo del hogar, a redactar informes y traducciones.

Su operación se basa en el almacenamiento, transmisión y manipulación de millones y millones de datos de todo tipo. El 21,1 % de las empresas españolas con 10 empleados o más la utilizó en 2025, igualando la media de la UE-27 y por encima de Francia e Italia.

El uso creciente de la IA está dando lugar a modificaciones importantes en los puestos de trabajo, a la necesidad de emplear en las organizaciones la gestión del cambio. Según la OIT se verán afectados un 40 % o 60 % de los empleos.

 

Su uso provoca inquietud en los trabajadores acerca de la veracidad de las respuestas que proporciona a sus preguntas

 

A la vez, su uso provoca inquietud en los trabajadores acerca de la veracidad de las respuestas que proporciona a sus preguntas (denominadas «prompts» en el argot de esta tecnología).

Es posible repreguntar a la IA y hacer que se desdiga, cuando se la acusa de cometer un error. Cuando lo hace suele pedir disculpas.

En ocasiones, los informes que proporciona son tan largos y prolijos que los posibles beneficiarios rechazan como inútil una buena parte de su contenido.

Se ha llegado a afirmar que los trabajadores emplean hasta un 40 % de su tiempo comprobando si la información que proporciona la IA es fiable o como adaptar a sus necesidades reales lo que la IA les proporciona.

Incluso a algunos estudiantes les recomiendan en sus Centros Educativos que no se fíen de lo que les contesta la IA si no conocen la fuente del dato.

 

Se han creado grandes plataformas con las que se negocia la elaboración de los «datos en bruto».

Esta elaboración tiene una primera etapa poco conocida y quizás la más delicada, consistente en la clasificación, etiquetado y depuración de los datos.

 

Los procesos mediante los que se elaboran los datos para utilizar en la IA han sido objeto de Informes de organizaciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial, la European Agency for Safety and Health at Work, lo que ha permitido conocer detalles importantes acerca de los mismos.

Se han creado grandes plataformas con las que se negocia la elaboración de los «datos en bruto».

Esta elaboración tiene una primera etapa poco conocida y quizás la más delicada, consistente en la clasificación, etiquetado y depuración de los datos.

 

Se han creado grandes plataformas con las que se negocia la elaboración de los «datos en bruto».

 

Intervienen en ella las «microplataformas», las «microtareas», el «crowdworking», que realizan miles y miles de trabajadores autónomos, llamados «data workers» o «trabajadores del click»,

clasificando y etiquetando imágenes, corrigiendo textos, transcribiendo audios, señalando errores en traducciones automáticas y, en suma, depurando el océano de información que alimenta los algoritmos.

 

Estos análisis han de hacerse en un tiempo corto, examinando imágenes de todo tipo, entre ellas muchas duras e impactantes. Su trabajo, que revitaliza lo que desde antiguo se denominaba «análisis de contenidos», es extraordinariamente importante.

Sin los «trabajadores del click» la IA no funcionaría, no podría contestar a las preguntas («prompts»). El «análisis de contenidos» demuestra la necesidad de la intervención humana experta en la operación de la IA.

 

Son las contestaciones que esta mano humana experta elige las que acabaran tomándose, por los usuarios, como totalmente ciertas

 

Además, que son las contestaciones que esta mano humana experta elige las que acabaran tomándose, por los usuarios, como totalmente ciertas, lo que puede dar lugar a situaciones difícilmente imaginables.

No todas las tareas pueden automatizarse.

 

Sin los «trabajadores del click» la IA no funcionaría, no podría contestar a las preguntas («prompts»). El «análisis de contenidos» demuestra la necesidad de la intervención humana experta en la operación de la IA.

 

En los medios técnicos va denominándose «paradoja de la última milla de los sistemas automáticos», al hecho de que los ordenadores, los automatismos no bastan para operar cualquier sistema en todas sus etapas, necesitándose siempre para su buen funcionamiento una intervención humana de mayor o menor intensidad.

Dicho de otra manera, por el momento, y parece que en el futuro, la IA no podrá sustituir a los humanos de modo total, siempre necesitará la «ayuda» de los humanos.

 

While New York’s thousands rush to crowded restaurants and congested lunch counters for their noon day lunch, these intrepid steel workers atop the 70 story RCA building in Rockefeller Center get all the air and freedom they want by lunching on a steel beam with a sheer drop of over 800 feet to the street level (original caption). Image taken 9/20/32.

El Banco Mundial ha estimado que, entre el 4,4 % y el 12,5 % de la fuerza laboral mundial, trabaja en este tipo de plataformas de «análisis de contenidos» situadas en buena parte en países de renta baja del hemisferio sur.

 

El «análisis de contenidos» parece que se realiza en buena parte en países de renta baja del hemisferio sur.

Las condiciones de los trabajadores que los realizan parecen bastante precarias, resultando afectados por las imágenes que tienen que contemplar. El Banco Mundial ha estimado que, entre el 4,4 % y el 12,5 % de la fuerza laboral mundial, trabaja en este tipo de plataformas.

A lo anterior puede añadirse el gasto en energía, agua, su demanda inducida de metales raros y la generación de chatarra electrónica que acompaña a la IA

La IA comporta adelantos tecnológicos extraordinariamente notables pero es una tecnología en desarrollo, de la que los datos anteriores parecen mostrar que las muchas llamadas a la prudencia en su uso parecen más que justificadas.

 
Andrés Muñoz Machado es Doctor Ingeniero Industrial

 

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El último Kondratieff

Parece como si los gestores hayan incorporado a su trabajo y prácticas mucho de lo aprendido con los grandes ciclos económicos y que ello ha ocurrido mucho menos entre los representantes de la vida política.

Por Andrés Muñoz Machado

 

La economía sufre ciclos que traen consigo abundancia o escasez, empleo o paro. No se ha conseguido evitar los ciclos, aunque cada vez se sabe más sobre sus orígenes y manifestaciones. Suponen siempre un reto para el emprendimiento y la creación.

Se han identificado diversas causas de los ciclos, haciéndose corresponder, a cada uno, una explicación más o menos diferente.

De todas ellas, quizás una de las más curiosas es su relación con las manchas solares. Su aparición, se decía, influía sobre el clima de la Tierra, éste sobre la agricultura y la agricultura sobre la alimentación, sobre el bienestar.

Los denominados ciclos de Kondratieff fueron descritos por el economista ruso Nikolai Kondratieff, y se refieren a la marcha de la economía a largo plazo (50 años).

Explicó sus oscilaciones por motivos distintos a las contradicciones internas del capitalismo, lo que parece fue una de las acusaciones por las que fue ejecutado durante el régimen dictatorial de Stalin, ya que semejante hipótesis iba en contra de la ideología imperante.

 

Nikolái Dmítrievich Kondrátiev (4 de marzo de 1892-17 de septiembre de 1938) fue un economista ruso. Su fama se debe a ser quien formuló la teoría del ciclo económico largo, cuya duración fluctúa entre 48 y 60 años. Nació en una familia campesina, en la provincia de Kostromá, al noroeste de Moscú.

 

Kondratieff formuló la tesis de que la economía sufre ciclos que se corresponden con la aparición de una tecnología, que se desarrolla y juega un papel preponderante durante unos cincuenta años. Después es sustituida por otra con comportamiento similar.

Se han identificado ciclos de Kondratieff desde principios del siglo XIX, haciéndolos corresponder con

la utilización de la máquina de vapor; la expansión del transporte ferroviario y la necesidad de fabricar sus componentes de acero; el automóvil; los electrodomésticos; las tecnologías de la información (el último de ellos), de las que la inteligencia artificial es una prolongación.

 

Cada vez que se cree que el mundo está en uno, surgen nuevas opiniones sobre el nacimiento del siguiente y su tecnología asociada. En cada ciclo se sucede la prosperidad, la recesión, la depresión y el auge.

El crecimiento inicial de la economía en los ciclos de Kondratieff suele recibir una explicación bastante sencilla.

Un mundo vacío de automóviles experimentó una fortísima demanda de los mismos cuando los hubo, las fábricas se llenaron de pedidos, hubo un auge, hubo empleo. Cuando el mundo se llenó de automóviles, la demanda cayó y la actividad económica decreció.

La nueva tecnología fueron los electrodomésticos, con los que ocurrió algo parecido, y así sucesivamente.

 

«Oro líquido», fotografía de Dan Brown

 

Es especialmente importante reseñar que, en cada ciclo, han avanzado de modo paralelo a la tecnología dominante y de manera notable, las técnicas de organización empresarial, de gestión, de las que surgieron y surgen nuevos modelos que se han ido divulgando.

Todas ellas suelen fundarse en los mejores conocimientos adquiridos acerca del comportamiento humano en el seno de la empresa.

Cuando en alguna publicación se habla del automóvil como de «la máquina que cambió el mundo» se está haciendo alusión a las amplias aportaciones que la ingeniería de organización tuvo ocasión de desarrollar con motivo de su fabricación.

Fue la combinación de ambas (automóvil+ organización) lo que apoyó el auge del ciclo.

 

 

Estas técnicas han ido penetrando en los demás sectores industriales y de servicios, en las administraciones públicas y contándose entre las causas más importantes de los grandes crecimientos de la productividad.

Los modelos de gestión más aceptados actualmente son modelos basados en la integración y colaboración del trabajador en la empresa, y en la satisfacción de todas las «partes interesadas».

Están alejados tanto del fomento del más puro individualismo como del enfrentamiento entre los ocupantes de los distintos niveles organizativos.

Un conocido directivo norteamericano, perteneciente a la American Business Round Table, vino a resumirlo diciendo:

«Los grandes empleadores están invirtiendo en sus trabajadores y sus comunidades porque saben que es el único camino que los llevará al éxito a largo plazo. Estos principios modernizados reflejan el compromiso inquebrantable de la comunidad empresarial de continuar impulsando una economía que satisfaga a todos …».

 

 

Juicios como éste abundan en todos los países y sistemas. Son manifestaciones del deseo de que en los objetivos de todo tipo de organizaciones estén embebidos propósitos como:

entregar valor a los clientes; invertir en la formación de los empleados; negociar con limpieza con los proveedores; asistir a las comunidades en las que reside nuestro negocio; generar valor a largo plazo para los partícipes, ya que en ellos reside el capital que permite a las organizaciones invertir, crecer e innovar.

 

Esta filosofía básica de gestión es la de modelos como la Responsabilidad Social Corporativa, la Excelencia, el ESG. Son las grandes lecciones que se han aprendido al responder a retos como los de los ciclos de Kondratieff.

 

Los ciclos largos de Kondratieff

 

Los modelos de gestión han de corresponderse con el modelo socio-político-económico en las que las organizaciones se insertan. Ambos deben incorporar prácticas y valores compatibles.

La pregunta en nuestros días es hasta qué punto los esquemas socio-políticos han evolucionado de modo tan intenso como lo han hecho los modelos de gestión, hasta que punto predican también la participación en las tareas, el compromiso, la colaboración que se busca en los modelos de gestión empresarial o por el contrario siguen anclados en ideologías y tesis que no han sabido incorporar las experiencias de los últimos doscientos años.

Hasta qué punto lo que quieren ser valores y prácticas adecuados en la gestión empresarial se contraponen con los modelos socio-políticos que se defienden en su entorno.

Una explicación de la diferencia de productividad entre países es la mayor o menor armonía entre el modelo político-social y el modelo de gestión de organizaciones, es la inexistencia de un capital social que armonice el uno con el otro.

Parece como si los gestores hayan incorporado a su trabajo y prácticas mucho de lo aprendido con los grandes ciclos económicos y que ello ha ocurrido mucho menos entre los representantes de la vida política.