El Proyecto Atómico Nazi (WUNDER WAFFEN, arma maravillosa): Partes 3 y 4 (Tunguska)

WUNDER WAFFEN, arma maravillosa

EL PROYECTO ATÓMICO NAZI («Wunder Waffen», arma maravillosa): Partes 1 y 2

 

 

Wunder Waffen (arma maravillosa): El Proyecto Atómico Nazi 

Wunder waffe (arma maravillosa): El Proyecto Atómico Nazi 
Réplica de un Cohete V2 en Usedom, Alemania.

 

Wunderwaffen (en alemán ‘arma maravillosa) fue un término asignado durante la Segunda Guerra Mundial por el Ministerio de propaganda de la Alemania nazi a cada una de las nuevas armas de guerra proyectadas para ser usadas por el ejército alemán.

Hipotéticamente, este armamento cambiaría el curso de la guerra y daría la victoria final a Alemania. En ocasiones han sido llamadas así las Vergeltungswaffen (‘armas de represalia‘), cuyo objetivo era el bombardeo estratégico de posiciones enemigas a gran distancia.

Después del colapso del régimen nazi al final de la guerra, los científicos alemanes especializados en las Armas maravillosas fueron llevados secretamente a Estados Unidos (Operación Paperclip) y la Unión Soviética (Operación Osoaviajim).​

 

Después del colapso del régimen nazi al final de la guerra, los científicos alemanes especializados en las Armas maravillosas fueron llevados secretamente a Estados Unidos (Operación Paperclip) y la Unión Soviética (Operación Osoaviajim).​

 

WUNDER WAFFEN, arma maravillosa

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Wunder Waffen: El Proyecto Atómico Nazi

En el ocaso de la guerra corrió el rumor de que los alemanes disponían de una mortífera arma que cambiaría el signo de la contienda. ¿A qué arma se referían?

Cada día, un mayor número de estudiosos consideran que el arma letal a la que se referían era nada menos que la bomba atómica. ¿Llegaron a construirla? Descubrimos algunas claves.

Por Arthur T. Wheeler

Una aproximación definitiva a la historia de la bomba atómica nazi, realizada gracias a documentos rusos, japoneses, de Alemania Oriental y estadounidenses recientemente desclasificados. Los nazis poseían la bomba en 1943, y las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron capturadas en Noruega por los aliados en mayo de 1945. La Unión Soviética de Stalin también sufrió una «prueba nuclear a distancia» en febrero pasado. Posteriormente, el dictador ruso se vio obligado a crear la «falsificación del meteorito de Tunguska de 1908», ocultando los hechos… Por fin, este libro ofrece una explicación racional de muchas leyendas pseudoesotéricas sobre ovnis de los últimos 60 años… (del prólogo del libro).

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Índice

Campo de concentración de Nordhausen (Fábrica de cohetes V-2), tras el bombardeo de abril de 1945. En el suelo, miles de prisioneros de guerra y soldados alemanes muertos. «Esto no debe volver a suceder». El Libro negro del horror fascista, Pilot Press junio 1945.

Parte I

La historia oficial.

Farm Hall: los científicos alemanes hablan.

Los recortados poderes de Speer.

Heisenberg, el «judío blanco».

Trabajo en paralelo: tres proyectos atómicos nazis.

General Kammler: las SS se quedan con los proyectos Wunderwaffe.

El brillante Baron von Ardenne.

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Parte II

Uranio enriquecido U-235: ¿quién llegó antes?

Una prueba antes de la ofensiva de Kursk.

«Zielvorschlag New York» (Objetivo Nueva York).

Hitler tranquiliza a Mussolini.

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Parte III

Test atómico en la Isla de Rügen.

Jonastal III C: La fortaleza subterránea de Turingia.

Un He177 preparado para la guerra atómica:

La misteriosa explosión de Tunguska.

La Hiroshima Siberiana.

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Parte IV

Stalin y la fabricación del mito de Tunguska.

¿Porqué atacar Tunguska?

Hitler promete la victoria final.

Hitler no usa la bomba.

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Parte V

El Submarino U-234.

Los Hechos Históricamente Comprobados.

La pista nuclear se confirma.

La Verdadera Carga.

560 kilos de uranio 235: El caso Carter Hydrick.

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Parte VI

Proyecto Manhattan, mayo de 1945: No hay bomba.

Los fusibles infrarrojos de von Ardenne y la bomba de plutonio.

60 kilos de U235 sobre Japón.

Oppenheimer, Churchill y el General Putt hablan.

Cruzar el atlántico en 17 minutos.

Preguntas sin contestar.

 

 

Parte III:

Test atómico en la Isla de Rügen. Jonastal III C: La fortaleza subterránea de Turingia. Un He177 preparado para la guerra atómica. La misteriosa explosión de Tunguska. La Hiroshima Siberiana.

The Junkers factory building the V2 and V3 was overrun by the Red Army in late April 1945; at that time, the V2 was 80% complete, and construction of the V3 had just begun. Wocke and his staff, along with the two incomplete prototypes, were taken to the Soviet Union. There, the third prototype (returned to its original Junkers in-house designation, EF 131) was eventually finished and flown on 23 May 1947, but by that time, jet development had already overtaken the Ju 287. A final much-enlarged derivative, the EF 140, was tested in prototype form in 1949 but soon abandoned.

PARTE III

 

Test atómico en la Isla de Rügen

A principios de Octubre de 1944 el periodista italiano Luigi Romersa, ya famoso por su reportaje sobre la liberación de Mussolini efectuada un año antes por tropas especiales alemanas, recibía del Duce una misión extremadamente importante: viajar a Alemania con objeto de informarle de los avances realizados en el Tercer Reich en el campo de las armas secretas.

El periodista fue llevado a visitar las instalaciones subterráneas de Turingia, las rampas de lanzamiento de las todavía desconocidas V-2, y lo que seria más importante: una prueba de la bomba atómica alemana totalmente operativa.

En varios artículos escritos desde 1947 en prestigiosas revistas militares europeas, el periodista Luigi Romersa declaró ser testigo de una prueba nuclear alemana el 12 de octubre de 1944 a las 11:45 AM en la isla de Rügen, en el mar báltico y próxima a la base de Peenemunde, donde se realizaron la mayor parte de las investigaciones sobre cohetes.

La magnitud de la explosión atómica fue captada fotográficamente desde varios lugares de la costa báltica, y la onda sísmica provocada por la detonación fue detectada en la distante Estocolmo.

Dos meses después, el 16 de Diciembre de 1944 un entusiasmado Mussolini pronunciaría su ultimo discurso publico ante miles de fascistas en el teatro lírico de Milán, anunciándoles el inminente ataque germano contra las principales ciudades aliadas, un ataque definitivo con bombas y cohetes de potencia extraordinaria, bombas con capacidad de destruir ciudades enteras en un instante.

El 20 de Abril de 1945 Mussolini volvería a hablar de las bombas atómicas alemanas. Llama al periodista G.G. Cabella, antiguo amigo y director del periódico «il popolo d´Alessandria«, y le dicta el que seria después considerado como «testamento político» del Duce. Mussolini afirma con rotundidad en la entrevista que los alemanes tenían ya tres bombas terminadas, y que su uso puede suponer un vuelco de la situación.

Al menos un documento oficial desclasificado hace referencia a la prueba de Rügen: El 24 de enero de 1946, un piloto de la Flak antiaérea alemana llamado Ziesser es interrogado por el capitán Helenes T. Freiberger de la inteligencia americana. Dicho piloto hace una descripción detallada del lugar y momento del test nuclear, que coincide exactamente con el informe de Romersa.

 


Nota 

Si quieres saber más acerca del Test atómico en Rügen, te recomiendo que leas el siguiente artículo: Las “ARMAS SECRETAS” de Hitler, algo más que fantasía, que fue extraído de la revista española Defensa, en el número de agosto-septiembre de 1984, un artículo donde relata la gira que realizó Luigi Romersa en el otoño de 1944 por los principales centros alemanes productores de armas secretas, como enviado especial del propio Benito Mussolini.

 

Jonastal III C: La fortaleza subterránea de Turingia

La sospecha de que los alemanes estaban consiguiendo resultados en la investigación nuclear provocó, a finales de 1944, un incremento exponencial de los ataques de la aviación aliada, con objeto de desbaratar la maquinaria bélica alemana.

Pero los aliados desconocían donde estaban las famosa factorías secretas, así que procedieron a un bombardeo sistemático de todo el territorio alemán, incluyendo cualquier objetivo militar y también civil.

Pero la industria secreta nazi estaba fuera del alcance de las bombas aliadas: se encontraba a muchos metros de profundidad en la montañosa región de Turingia donde interminables túneles alimentaban el trabajo de cientos de miles de obreros encargados de dar forma a los sueños más arriesgados de Hitler.

Solo en la gigantesca instalación Jonastal S III trabajaban y malvivían más de treinta mil obreros en una ciudad subterránea de veinticinco kilómetros de longitud.

Más tarde los rusos ocuparían esas ciudades subterráneas, ubicadas precisamente sobre los ricos yacimientos de uranio del sudeste de Alemania, y crearían desde 1946 la compañía rusa WISMUT, que durante los 40 años siguientes llegaría a fabricar más de 200.000 kilos de uranio enriquecido U235 destinados a equipar el arsenal soviético de bombas atómicas.

Posteriormente las minas y ciudades subterráneas serian dinamitadas, y aun hoy el acceso a la zona sigue estando terminantemente prohibido por las autoridades de la reunificada Alemania.

 

Un He177 preparado para la guerra atómica

En las factorías Skoda en Praga, Chekoslovaquia, se preparó oficialmente un misterioso avión, el Heinkel He 177-A5 Greif prototipo V38 dotado de un sistema de bombardeo a gran altitud, inusual en la Luftwaffe, y equipado también con un complejo sistema externo de enganche de bombas, protección anti-radiación, un sofisticado equipamiento electrónico y una estructura de operación muy similar a la que equipaba al americano B-29 Enola Gay, que en Agosto de 1945 lanzó la bomba atómica de Hiroshima.

Dicho He177 modificado ha levantado siempre dudas respecto al alcance del programa nuclear alemán entre los historiadores y los aficionados a la historia de la aviación. El alcance de vuelo de dicha versión modificada del He 177 era superior a los 6500 kilómetros, con una carga útil de cinco toneladas en bombas.

Suficientes prestaciones para llegar a Nueva York, ciudad situada a una distancia prácticamente equidistante, desde el centro de Europa, a la remota y deshabitada región siberiana de Tunguska. En el último plan de vuelo de aquel He177 figuraba un viaje al aeropuerto militar de Kristiansand, en Noruega.

 

La misteriosa explosión de Tunguska

El 30 de Junio de 1908 un gran meteorito cruzaba los cielos de Siberia central. Su impacto fue visible en muchos kilómetros a la redonda, y aparentemente sus efectos provocaron extraños sucesos luminosos en todos los cielos del mundo y quedo también registrado en los sismógrafos de Londres.

Aunque hay quien asigna el fenómeno de la luminosidad a la explosión del volcán peleano de Colima en México, ocurrida también en 1908. Ese año fue especialmente activo, con numerosas erupciones volcánicas y grandes terremotos como el de Messina en Italia.

También parecen existir errores graves de datación de todos esos registros, que no tienen en cuenta la diferencia de varias semanas entre el calendario gregoriano occidental y el usado entonces por los rusos.

Casi veinte años después, un misterioso explorador ruso con aspecto digno de un casting de Hollywood, Leonid Kulik, organiza en 1927 una expedición en busca del meteorito siberiano, cuyo lugar de impacto nadie había visto ni localizado hasta entonces.

1927 es también el año en que Stalin asume la totalidad del poder soviético

Es un mal año para hacer ciencia: tras una dura y larga guerra civil, nadie puede moverse libremente en la Unión Soviética, a riesgo de terminar pereciendo en algún lugar. Pero finalmente Kulik montado en su trineo y atravesando la impracticable y densa tundra boscosa siberiana (aun hoy solo es posible ir en helicóptero), encuentra milagrosamente un remoto valle arrasado por el efecto de una gigantesca explosión.

Y es el primer ser humano en ver aquel espectáculo. No hay cráter de meteorito, pero en un radio de varios kilómetros solo hay los restos de miles de árboles derribados por una fuerza brutal.

Posteriores expediciones en los años treinta y cuarenta realizan algunos reportajes fotográficos aéreos del evento, y en 1946 un científico ruso, Alexander Kazantsev, escribe un libro contando por primera vez la historia del explorador Kulik y atribuyendo la causa del fenómeno a «la explosión atómica de una nave extraterrestre«.

No existe documentación publicada anterior al año 1946 referente al fenómeno de Tunguska ni dentro ni fuera de Rusia. Solo algunas notas de los diarios de 1904 a 1910 reportando la visión de la caída de varios meteoritos perdidos en aquella remota y despoblada región de Siberia.

Hasta aquí la historia oficial, que durante las últimas cinco décadas ha traído en jaque a astrónomos, geólogos y un descomunal ejercito de ufólogos y parapsicólogos con la misión de explicar lo inexplicable.

Pero la realidad pudo fácilmente ser otra: En 1946 Stalin se encuentra en el máximo apogeo de su poder: ha ganado una guerra, ha eliminado a todos sus enemigos, como León Trotsky, borrando toda huella de su existencia, falsificando incluso las fotografías que construyen la historia soviética.

1945 – 1946 es también el año en que los americanos empiezan a enviar sus aviones espía sobre el territorio de su antiguo y ahora preocupante aliado comunista.

En 1945, a Stalin le apetece muy poco que los americanos descubran Tunguska, una enorme muestra de la vulnerabilidad de su imperio soviético: La huella del ataque con una bomba atómica realizado por los alemanes el 23 de Febrero de 1945.

 

La Hiroshima Siberiana

Hiroshima, 6 de agosto de 1945: a setecientos metros de altura (el llamado «ground zero point»), estalla un ingenio capaz de destruir toda una ciudad.

Con la luminosidad de mil soles, la deflagración arrasa y volatiliza todo en un radio de un kilómetro y medio. Su onda de choque destroza en segundos cualquier ser o cosa incluida en el interior de un círculo de ocho kilómetros de diámetro.

Bajo el epicentro de la explosión, los árboles permanecen milagrosamente de pie, al llegarles verticalmente la onda de choque. Igual que en Tunguska, donde los árboles del epicentro permanecen aún en pie a pesar de las décadas pasadas.

La explosión de Tunguska es también parecida a la de Hiroshima en la cota de explosión: la topología de la zona y el mapa del efecto muestran que la catástrofe es parada por un monte con una altura de apenas seiscientos metros sobre el fondo del valle: el hipotético «meteorito» o el «ovni» de Tunguska explotó a unos 600 metros de altitud. La de Hiroshima explotó a 565 metros.

El radio de destrucción total es de un kilómetro y medio, aunque aún es posible rastrear los efectos de la onda de choque a más de diez kilómetros de distancia.

El incendio posterior al fenómeno multiplicara por treinta el área destruida, lo que a la postre provocará que muchos especialistas imaginen una explosión miles de veces más fuerte que la de Hiroshima, similar a una bomba de Hidrogeno.

Es una exageración: una explosión así habría volatilizado los árboles del epicentro, no habría quedado rastro alguno de ellos. Se trataba pues de una explosión de unos 20 kilotones, como en Hiroshima.

Todas las investigaciones realizadas en los últimos cincuenta años apuntan a una hipótesis imposible en 1908: Una explosión nuclear.

Pero todos sabemos que en 1908 no había bombas atómicas, aunque si hubo una notable actividad de meteoritos y cometas en la zona, acribillada durante siglos por cráteres de impactos reconocibles, distintos a Tunguska en todos los aspectos. De ahí que haya que recurrir a estrambóticas explicaciones sobre naves extraterrestres o desintegración de cometas.

Todos los especialistas discuten el origen de la explosión, pero nadie pone en duda el hecho de que la explosión de Tunguska ocurriera realmente en 1908.

Es muy probable que el poco fiable pero inteligente Stalin nos haya engañado una vez más con la fecha de nacimiento del fenómeno Tunguska, falsificándolo en más de 40 años. No hay documento alguno publicado, anterior a 1945, que hable o se refiera a dicha explosión, en ningún idioma, incluido el ruso.

Los supuestos estudios de 1930 atribuidos a FJW Whipple, de la Royal Meteorological Society de Londres, hacen referencia a grandes meteoritos caídos en Siberia a principios de siglo, que nada tienen que ver con Tunguska.

 

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Parte IV

PARTE IV: Stalin y la fabricación del mito de Tunguska. ¿Porqué atacar Tunguska? Hitler promete la victoria final. Hitler no usa la bomba.

 

Leonid Alekseyevich Kulik, experto en mineralogia, principal investigador del bòlido de Tunguska.

Stalin y la fabricación del mito de Tunguska

Todas las fotografías existentes de Tunguska muestran un espectáculo idéntico: la devastación sin precedentes de una gigantesca masa forestal.

Dichas fotografías son al menos de 1927, según las propias fuentes soviéticas , año en el que según se dice Leonid Kulik descubrió el sitio tras realizar su prosaica y afortunada expedición en trineo, atravesando miles de kilómetros de bosque impenetrable.

Las fotografías aéreas son, según las fuentes, algo más tardías, de finales de los años treinta. Sin embargo ofrecen el mismo espectáculo: desolación total, ninguna recuperación forestal a pesar de haber transcurrido más de treinta años del suceso.

A partir de 1946, la recuperación del bosque de Tunguska parece casi instantánea, al igual que ocurrió en los años siguientes al bombardeo de Hiroshima, por efecto de la radiación. Una milagrosa respuesta retardada de la naturaleza?

Pero tenemos un buen ejemplo cercano: En 1980 se produce la explosión volcánica del monte St. Helen, situado en el estado de Washington, en el extremo noroeste de los estados unidos. Una fuerza un millón de veces mayor que la del fenómeno de Tunguska hace desaparecer media montaña, y destruye y derriba millones de árboles en un radio de decenas de kilómetros.

Pero la secuencia de fotografías realizadas con posterioridad nos revelan la casi total y espectacular recuperación de los bosques vecinos al volcán en solo quince años.

Sin embargo, casi cuarenta años después de la misteriosa explosión de Tunguska, en 1946, el aspecto del devastado panorama forestal es aún idéntico al de los bosques de St. Helen en 1981, solo un año después de la catástrofe americana.

Algo parecido ocurre en Hiroshima: pero por efecto de la radiación, se produce un crecimiento vegetal acelerado en el área previamente destruida por la bomba atómica.

De ser cierta la hipótesis soviética de la historia de Kulik, en 1927 la recuperación del bosque de Tunguska tendría que haber sido casi completa.

Todo parece indicar que la explosión de Tunguska no pudo ocurrir en 1908: Se trata de una sofisticada falsificación de los servicios secretos de Stalin, que ocultaron las huellas de la misteriosa deflagración tras la cortina de humo de la caída de varios meteoritos ocurrida a principios de siglo en un área indeterminada de Siberia, y tras una fantástica historia 

de una supuesta expedición de búsqueda que parte justamente al comenzar el estalinismo, y que termina en 1942, al morir Leonid A. Kulik a los sesenta años de edad, en el frente del este luchando contra los alemanes… y al ser detenido, exterminado por el tifus y desintegrado en un campo de concentración alemán !!

 

(Conviene señalar que los rusos nunca enviaron al frente a nadie que supiera algo más que leer y escribir. Todos los hombres y mujeres de formación superior quedaron desde el primer día exentos del combate y eran usados en las industrias soviéticas de retaguardia. Mucho menos eran enviados al frente científicos de sesenta años de edad).

 

Localización de Tunguska, en Siberia

 

¿Porque atacar Tunguska?

Cuando en 1943 le fue mostrado a Adolf Hitler el funcionamiento del nuevo y revolucionario caza a reacción Me262, reaccionó de una forma aparentemente ilógica: decidió convertir el nuevo caza en un bombardero táctico, ante la sorpresa y consternación de los militares presentes.

Hitler veía en aquel caza la posibilidad de mostrar a sus enemigos que aún podía atacarles y bombardearles con total impunidad, al igual que hacían los aliados usando los gigantescos raids de bombarderos que azotaban Alemania.

Otro tanto ocurrió con el misil V-2. Aun siendo una maravilla técnica, militarmente la V-2 fue un fracaso absoluto. Provocó más muertos entre las tropas encargadas de su manejo y construcción que como resultado de su impacto en territorio enemigo.

Muchos, entre ellos el propio ministro de armamentos Albert Speer, sabían que en aquellos momentos el programa de cohetes era un inmenso gasto superfluo para el Reich, pero Hitler lo veía de otra manera.

La V-2 era para él un «arma diplomática«, un instrumento que podía forzar a los aliados a una tregua o a firmar una paz provocada por el miedo. Hitler nunca envió las V-2 contra los soviéticos, ya que simplemente no consideraba que esa fuera una medida de presión contra Stalin y su ejército, disperso y casi indiferente a la destrucción y las perdidas humanas.

El Führer era un obseso de la geopolítica. Para él, cualquier acción podía tener consecuencias políticas indirectas, tan barrocas e imprevisibles que pocos en su entorno eran capaces de detectar o adivinar.

Este mismo criterio le empujó a firmar el pacto de no agresión con Rusia en 1939, a declarar la guerra a los americanos en 1941 para así presionar a los japoneses a un ataque contra la retaguardia Rusa, o a retirar las mejores tropas SS de la batalla de Kursk en su punto álgido y enviarlas a Italia, con objeto de reforzar la moral de los italianos aun leales a Mussolini tras su derrocamiento de 1943.

Así era Hitler.

Para Hitler la bomba atómica era en esencia otra «arma diplomática» para cambiar de raíz el curso de los acontecimientos y descubriendo por primera vez una forma de hacer política que más adelante todo el mundo llamaría «política de disuasión nuclear«.

Bombardear una remota y deshabitada región de Siberia ofrecía varias ventajas, seguramente inexplicables para cualquiera que no estuviese familiarizado con la psicología del jefe del Reich.

No había forma de dañar seriamente a los soviéticos con una sola bomba atómica, ya que su industria y su ejército estaban dispersos por la inmensidad soviética.

Otra cosa habría sido que Hitler hubiera dispuesto de varios cientos de bombas como la de Hiroshima, que, bien empleadas en el frente del este podían haber desintegrado buena parte del ejército Ruso.

El riesgo que corrían los alemanes era mínimo, en caso de que la bomba no explotara al ser lanzada sobre Tunguska. El artefacto atómico quedaría perdido en el denso y desierto bosque siberiano, sin posibilidad de ser recuperado y reutilizado de forma inmediata por los soviéticos.

Bombardeando intencionadamente una zona desértica de Siberia, Hitler evitaba incrementar el odio y la represalia que las tropas rusas, ya en territorio alemán, estaban mostrando contra la población y el ejército germano conquistados. Con la explosión en Tunguska advertían a Stalin y sus aliados de la existencia del arma atómica.

El objetivo de Hitler era esencialmente otro: persuadir a los anglo-americanos de que era mejor firmar un acuerdo, o de lo contrario podía bombardear Nueva York o Washington, objetivos aéreos equidistantes a la lejana Tunguska, si tomamos como punto de referencia el centro de Europa.

Hitler confiaba en que los rusos hablaran inmediatamente a los americanos de la explosión de Tunguska, y que después ellos sacaran conclusiones al medir las distancias, y descubrieran que podían ser susceptibles a un ataque atómico nazi.

En la mente de Hitler, Tunguska era por tanto el sitio ideal para dejar caer la primera bomba atómica operativa de la historia, una bomba idéntica a la de Hiroshima.

Pero una vez más, sus sofisticadas expectativas geopolíticas chocarían con el pragmatismo elemental de sus enemigos angloamericanos y rusos, que rara vez cedieron o entendieron las complejas maquinaciones políticas hitlerianas.

El Jefe del Reich de los mil años aun tendría fuerzas para organizar su ultima «gran jugada geopolítica«, quizá la más exitosa, a la vista de las fuertes polémicas, la represión y censura que aun suscita lo «nazi«, y los millones de admiradores del nacional-socialismo que hay en el mundo casi sesenta años después:

la creación del mito histórico de la resistencia del régimen nazi en Berlín hasta la aniquilación total.

 

Hitler promete la victoria final

En su ultima alocución radiada del día 23 de Febrero de 1945, el propio Adolf Hitler promete la victoria final, mientras declara, en boca de un dramático Joseph Goebbels, que pide a Dios que le perdone por hacer uso de un arma demoledora y definitiva.

Esa misma mañana ha tenido conocimiento de la misión exitosa del Heinkel He 177 que había despegado doce horas antes desde un aeropuerto en Checoslovaquia. Optimista por la prueba atómica, se atreve incluso a visitar personalmente a sus tropas, que se baten en el frente del Oder.

El ambicioso plan pretende mostrar a los aliados el poder de la nueva arma, así como el radio de bombardeo aun posible de la aviación nazi, con objeto de forzar una tregua en ambos frentes del conflicto.

Hitler pensaba que la a practica equidistancia de Tunguska a Turingia y de Nueva York a Kristiansand (el punto de Europa bajo control alemán más cercano a la costa este americana) forzaría a los americanos a pensar en la posibilidad de una ataque alemán contra alguna superpoblada ciudad de la costa este estadounidense.

Simultáneamente se comunica al neutral gobierno español del peligro colateral y no intencionado que pueden sufrir algunas ciudades fronterizas españolas con Francia, a consecuencia del uso de las nuevas armas.

En aquellas fechas los puertos franceses de Burdeos, Niza, Tolon y Marsella, próximos todos ellos a España, estaban siendo usados masivamente por la flota angloamericana, y por tanto se convertían en objetivos prioritarios de un posible bombardeo atómico alemán.

Pero Stalin calla, y no comunica el ataque nuclear sufrido en Tunguska a sus aliados angloamericanos.

Sus tropas se encuentran ya muy cerca de Berlín, y sabe que incluso un ataque generalizado alemán contra Rusia tendrá poco efecto sobre la maquinaria bélica soviética: sus principales ciudades están ya destruidas, ha perdido veinte millones de rusos a manos alemanas y su industria esta dispersa por las inmensidades de Siberia.

No hay posibilidad de un ataque concentrado contra los rusos para ese tipo de armas, a no ser que la Alemania nazi disponga de cientos de bombas como la de Tunguska.

A los pocos días Stalin comprueba que no hay ataque atómico masivo alemán, y ordena al ejército rojo el asalto definitivo a la capital del Reich.

 

Hitler no usa la bomba

Tras el fracaso de las posibles negociaciones con Stalin, y ante la inexistencia de una respuesta angloamericana, Hitler se encuentra en la peor de las situaciones posibles. Su ejército se bate en retirada en el oeste, retrocede sangrientamente en el este y su sistema industrial, que permanece intacto en un 80% en el subsuelo alemán, se ahoga por la falta de suministros.

Un bombardeo de aviso como el de Tunguska contra los americanos era extremadamente difícil para los nazis: Toda la Europa ocupada por los aliados, así como toda la costa este americana, única zona al alcance de un bombardeo alemán, estaba densamente poblada y podría entenderse el bombardeo como un ataque directo contra la población.

Un impacto en el atlántico podría provocar efectos imprevisibles, quizás un maremoto, al no haber sido probada la bomba en el mar. Adicionalmente podía ser mal interpretado como un error técnico alemán o deberse a un fenómeno natural, como la caída de un meteorito.

Una demostración en el desierto del norte de África o en Groenlandia podría dar una imagen equivocada de la potencia destructiva de la bomba, como ocurriera en el test de Trinity de Alamogordo: la explosión tan solo destruyó la torre que sostenía la bomba y vitrificó una delgada capa del suelo, dando lugar a un nuevo mineral, la trinitina.

Solo le quedaba a Hitler la posibilidad de un ataque directo contra Nueva York u otra gran ciudad de la costa este americana, para forzar una posible paz con occidente, aun cuando las V-2 que ya se lanzaban sobre Londres no conseguían obligar a los ingleses a una negociación.

Hitler se muestra inseguro: la muerte repentina de quizás millones de personas a consecuencia de un ataque nuclear puede provocar una respuesta indeseada por parte americana.

Ante la aplastante superioridad aérea aliada, Hitler teme que los aliados se atrevan por fin a un bombardeo masivo con gases o con armas bacteriológicas, mucho más letal que los bombardeos convencionales que ya sufrían los alemanes en toda su intensidad.

Además persiste el temor fundado de que los americanos dispongan ya de un arma atómica de características similares, que no haya sido usada aún, por las mismas razones que no se usaban los agentes químicos o bacteriológicos.

Los norteamericanos no tendrían tantas consideraciones a la hora del bombardeo atómico de ciudades japonesas.

Sabían, gracias a la captura del submarino U-234, que los japoneses no disponían ni de bombas atómicas, ni de cohetes, ni de capacidad para una posible respuesta de represalia contra los Estados Unidos, así que podían efectuar el ataque nuclear con total impunidad.

Sin embargo ese miedo a la represalia asegurada si funcionó durante los cincuenta años de guerra fría posteriores, en los que se evitó el uso de armamento atómico gracias a la estrategia mutua de «disuasión nuclear«.

Si Alemania hubiera conseguido terminar la producción de los misiles intercontinentales A-9/A-10 o los bombarderos a reacción de largo alcance Horten XVIII o Junkers E-555, o el bombardero antipodal Sänger, Hitler hubiera podido atacar con alguna garantía a los aliados desde sus bases subterráneas en Turingia, mientras él permanecía atrincherado en su reducto alpino, hasta forzar la deseada tregua.

También hubiera necesitado el dictador alemán que la producción en serie de bombas atómicas fuera al menos diez veces superior a lo conseguido hasta entonces, apenas dos bombas operativas de plutonio y una de uranio, y material fisionable para otras veinte bombas más

El 20 de Marzo cae definitivamente Budapest, y con Hungría caen también las gigantescas factorías Manfred-Weiss, pertenecientes al emporio económico de las SS y lugar donde se ensamblaban las bombas atómicas alemanas.

Era tal la importancia de dicha factoría que las cinco mejores divisiones de las SS, más de 70.000 hombres, fueron desplazados desde el sur de Alemania y desde Austria, provocando un rápido avance enemigo en ambos frentes.

A pesar de que solo 1.000 hombres de las Waffen sobrevivieron a la terrible lucha en defensa de la Manfred-Weiss, Hitler, en un arrebato de ira, ordena que los soldados de las SS se arranquen las bandas-insignia de los brazos con el nombre del Führer, y desautoriza de su poder a Heinrich Himmler. A partir de entonces, será también el General Kammler el jefe «de facto» de las Waffen SS.

El 3 de Abril los americanos y los rusos invaden Turingia ocupando las bases y fabricas secretas alemanas. Hitler se reúne urgentemente con Kammler y le hace llegar nuevas órdenes: Aún quedaba una posibilidad de un ataque aéreo contra una ciudad americana desde la base de Kristiansand, en Noruega, enviando un bombardero de largo alcance He177 a recoger un ingenio nuclear llevado allí por el submarino U-234.

A raíz de la muerte de Roosevelt, Hitler volverá a creer en un cambio radical de la situación, esperando como Federico el Grande el milagro de un posible enfrentamiento inminente entre los aliados occidentales y sus cada vez menos fiables compañeros de armas soviéticos.

El enfrentamiento deseado por Hitler solo llegaría tras la melodramática muerte del Führer, y se extendería durante los 50 años siguientes, los años de la «guerra fría«.

El día 15 de Abril, tras comprobar que el nuevo presidente americano Truman continuará las hostilidades, y temiendo una brutal represalia angloamericana, Hitler decide no ejecutar el ataque aéreo contra Nueva York desde Kristiansand.

Ese mismo día el submarino U-234 parte del puerto noruego con rumbo a Japón, pero su destino final es incierto, dado el desarrollo que estaban tomando los acontecimientos.

La decisión de Hitler de no emplear la bomba atómica provoca una desbandada general entre los altos mandos de las SS y de la Luftwaffe, partidarios ambos del uso del arma nuclear como única alternativa para forzar un pacto a la desesperada con los aliados.

Herman Goering anunciará su deseo de negociar con los americanos el día 23 de Abril, lo que provocará su detención por orden de Hitler. Al mismo tiempo Heinrich Himmler se pondrá en contacto con el Conde Bernardotte para negociar una rendición por separado, sin contar con el Führer.

Hitler centra sus últimos recursos en un final «heroico» para su régimen, con la idea de marcar en la historia universal una resistencia épica sin precedentes, sacrificando hasta el último hombre en la capital del Reich.

Pocos días después del suicidio de Hitler, el conde Schwerin von Krosigk, recién nombrado ministro de asuntos exteriores del efímero gobierno del almirante Doenitz, comunica a la agencia de noticias Reuters que

«..Hitler no había echado mano de la última arma terrible que el Reich tenía a su disposición...».

 

 

El día 10 de Mayo el Almirante Doenitz firma la rendición incondicional de Alemania. La guerra en Europa había terminado.

Aún le quedaba a Hitler, ya muerto, una ultima baza que jugar contra sus enemigos, en la lejana guerra del Pacifico. Siempre preocupado por sus complejas maquinaciones de estética política, el Führer prefirió pasar a la Historia sin quedar como el Padre del primer ataque atómico, dejando la responsabilidad de ese crimen final en manos de los japoneses. P

oco imaginaba Hitler que el seis de Agosto de 1945 los norteamericanos, en nombre de la democracia y la libertad, se mancharían finalmente las manos con WuWa, la bomba nazi, provocando el asesinato instantáneo de 150.000 personas en un segundo. Un récord de velocidad aún no igualado en la eliminación de seres humanos.

 

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IMAGEN PRINCIPAL

Topi Tunguski, en los alrededores de la zona donde ocurrió la explosión. 
Esta foto es de la revista Vokrug sveta, 1931. 
La foto original se tomó entre 1927 y 1930 (presumiblemente el 14 de septiembre de 1930).

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EL PROYECTO ATÓMICO NAZI («Wunder Waffen», arma maravillosa): Partes 1 y 2

EL PROYECTO ATÓMICO NAZI («Wunder Waffen», arma maravillosa): Partes 5 y 6 (final)

 

EL PROYECTO ATÓMICO NAZI («Wunder Waffen», arma maravillosa): Partes 1 y 2

El Proyecto Atómico Nazi («WunderWaffen», arma maravillosa): Partes 5 y 6 (final)

ARMAMENTO NUCLEAR (y 2): «Mininukes» y nuevas armas nucleares de bajo rendimiento. CONSIDERACIONES EN TORNO AL “TRATADO DE NO PROLIFERACION DE ARMAS NUCLEARES” (TNP).

LA BOMBA: Oliver Stone («La historia no contada de Estados Unidos», 03)