{"id":27558,"date":"2020-03-29T00:03:17","date_gmt":"2020-03-28T23:03:17","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=27558"},"modified":"2024-03-06T14:03:55","modified_gmt":"2024-03-06T13:03:55","slug":"de-la-ira-por-seneca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/03\/29\/de-la-ira-por-seneca\/","title":{"rendered":"\u00abDE LA IRA\u00bb, por S\u00e9neca"},"content":{"rendered":"<p><a id=\"refnote1a\"><\/a><a href=\"#refnote1\">DE LA IRA, por S\u00e9neca<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>*<span style=\"color: #008000;\">*<\/span>*<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 100%; border-color: #000000; background-color: #f4fcf0;\">\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Madrid es una ciudad de m\u00e1s de un mill\u00f3n de cad\u00e1veres (seg\u00fan las \u00faltimas estad\u00edsticas).<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 a\u00f1os que me pudro,<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">y paso largas horas oyendo gemir al hurac\u00e1n, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Y paso largas horas gimiendo como el hurac\u00e1n, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Y paso largas horas pregunt\u00e1ndole a Dios, pregunt\u00e1ndole por qu\u00e9 se pudre lentamente mi alma,<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">por qu\u00e9 se pudren m\u00e1s de un mill\u00f3n de cad\u00e1veres en esta ciudad de Madrid,<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">por qu\u00e9 mil millones de cad\u00e1veres se pudren lentamente en el mundo.<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Dime, \u00bfqu\u00e9 huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\"><em><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u00bfTemes que se te sequen los grandes rosales del d\u00eda, las tristes azucenas letales de tus noches?<\/span><\/em><\/p>\n<p data-adtags-visited=\"true\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" data-adtags-visited=\"true\"><strong>D\u00e1maso Alonso, \u00abINSOMNIO\u00bb &#8211; Hijos de la Ira (1944)<\/strong>.<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"post-body-7588386847414286844\" class=\"post-body entry-content\">\n<div dir=\"ltr\">\n<div>\n<figure id=\"attachment_27562\" aria-describedby=\"caption-attachment-27562\" style=\"width: 468px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-27562\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Seneca-la-ira.jpg\" alt=\"\" width=\"468\" height=\"640\" data-id=\"27562\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Seneca-la-ira.jpg 468w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Seneca-la-ira-219x300.jpg 219w\" sizes=\"auto, (max-width: 468px) 100vw, 468px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-27562\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">S\u00e9neca: LA IRA<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 36pt;\">De la ira <a id=\"refnote1\"><\/a><a href=\"#refnote1a\">*<\/a><\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\"><strong>Lucio Anneo S\u00e9neca<\/strong><\/span><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>Libro primero<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>I.<\/strong> <\/span>Me exigiste, caro Novato, que te escribiese acerca de la manera de dominar la ira, y creo que, no sin causa, temes muy principalmente a esta pasi\u00f3n, que es la m\u00e1s sombr\u00eda y desenfrenada de todas. Las otras tienen sin duda algo de quietas y pl\u00e1cidas; pero esta es toda agitaci\u00f3n, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furores sobrehumanos, olvid\u00e1ndose de s\u00ed misma con tal de da\u00f1ar a los dem\u00e1s, lanz\u00e1ndose en medio de las espadas, y \u00e1vida de venganzas que a su vez traen un vengador. Por esta raz\u00f3n algunos varones sabios definieron la ira llam\u00e1ndola locura breve; porque, impotente como aqu\u00e9lla para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca en lo que se propone, sorda a los consejos de la raz\u00f3n, agit\u00e1ndose por causas vanas, inh\u00e1bil para distinguir lo justo y verdadero, pareci\u00e9ndose a esas ruinas que se rompen sobra aquello mismo que aplastan. Para que te convenzas de que no existe raz\u00f3n en aquellos a quienes domina la ira, observa sus actitudes. Porque as\u00ed como la locura tiene sus se\u00f1ales ciertas, frente triste, andar precipitado, manos convulsas, tez cambiante, respiraci\u00f3n anhelosa y entrecortada, as\u00ed tambi\u00e9n presenta estas se\u00f1ales el hombre iracundo. Infl\u00e1manse sus ojos y centellean; intenso color rojo cubre su semblante, hierve la sangre en las cavidades de su coraz\u00f3n, ti\u00e9mblanle los labios, aprieta los dientes, el cabello se levanta y eriza, su respiraci\u00f3n es corta y ruidosa, sus coyunturas crujen y se retuercen, gime y ruge; su palabra es torpe y entrecortada, chocan frecuentemente sus manos, sus pies golpean el suelo, ag\u00edtase todo su cuerpo, y cada gesto es una amenaza: as\u00ed se nos presente aquel a quien hincha y descompone la ira. Imposible saber si este vicio es m\u00e1s detestable que deforme. Pueden ocultarse los dem\u00e1s, alimentarles en secreto; pero la ira se revela en el semblante, y cuanto mayor es, mejor se manifiesta. \u00bfNo ves en todos los animales se\u00f1ales precursoras cuando se aprestan al combate, abandonando todos los miembros la calma de su actitud ordinaria, y exalt\u00e1ndose su ferocidad? El jabal\u00ed lanza espuma y aguza contra los troncos sus colmillos; el toro da cornadas al aire, y levanta arena con los pies; ruge el le\u00f3n; h\u00ednchase el cuello de la serpiente irritada, y el perro atacado de rabia tiene siniestro aspecto. No hay animal, por terrible y da\u00f1ino que sea, que no muestre, cuando le domina la ira, mayor ferocidad. No ignoro que existen otras pasiones dif\u00edciles de ocultar: la incontinencia, el miedo, la audacia tienen sus se\u00f1ales propias y pueden conocerse de antemano; porque no existe ning\u00fan pensamiento interior algo violento que no altere de alg\u00fan modo el semblante.\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfEn qu\u00e9 se diferencia, pues, la ira de estas otras pasiones? En que \u00e9stas se muestran y aqu\u00e9lla centellea.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>II.<\/strong><\/span> Si quieres considerar ahora sus efectos y estragos, ver\u00e1s que ninguna calamidad cost\u00f3 m\u00e1s al g\u00e9nero humano. Ver\u00e1s los asesinatos, envenenamientos, las mutuas acusaciones de c\u00f3mplices, la desolaci\u00f3n de ciudades, las ruinas de naciones enteras, las cabezas de sus jefes vendidas al mejor postor, las antorchas incendiarias aplicadas a las casas, las llamas franqueando los recintos amurallados y en vastas extensiones de pa\u00eds brillando las hogueras enemigas. Considera aquellas insignes ciudades cuyo asiento apenas se reconoce hoy: la ira las destruy\u00f3; contempla esas inmensas soledades deshabitadas; la ira form\u00f3 esos desiertos. Considera tantos varones eminentes trasmitidos a nuestra memoria \u00abcomo ejemplos del hado fatal\u00bb: la ira hiere a uno en su lecho, a otro en el sagrado del banquete; inmola a \u00e9ste delante de las leyes en medio del espect\u00e1culo del foro, obliga a aqu\u00e9l a dar su sangre a un hijo parricida; a un rey a presentar la garganta al pu\u00f1al de un esclavo, a aquel otro a extender los brazos en una cruz. Y hasta ahora solamente he hablado de v\u00edctimas aisladas; <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 ser\u00e1 si omitiendo aquellos contra quienes se ha desencadenado particularmente la ira, fijas la vista en asambleas destruidas por el hierro, en todo un pueblo entregado en conjunto a la espada del soldado, en naciones enteras confundidas en la misma ruina, entregadas a la misma muerte&#8230; como habiendo abandonado todo cuidado propio o despreciado la autoridad? \u00bfPor qu\u00e9 se irrita tan injustamente el pueblo contra los gladiadores si no mueren en graciosa actitud? consid\u00e9rase despreciado, y por sus gestos y violencias, de espectador se trueca en enemigo. Este sentimiento, sea el que quiera, no es ciertamente ira, sino cuasi ira; es el de los ni\u00f1os que, cuando caen, quieren que se azote al suelo, y frecuentemente no saben contra qui\u00e9n se irritan: irr\u00edtanse sin raz\u00f3n ni ofensa, pero no sin apariencia de ella ni sin deseo de castigar. Eng\u00e1\u00f1anles golpes fingidos, ruegos y l\u00e1grimas simuladas les calman, y la falsa ofensa desaparece ante falsa venganza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>III.<\/strong><\/span> \u00abNos irritamos con frecuencia, dicen algunos, no contra los que ofenden, sino contra los que han de ofender, lo cual demuestra que la ira no brota solamente de la ofensa\u00bb. Verdad es que nos irritamos contra los que han de ofendernos; pero nos ofenden con sus mismos pensamientos, y el que medita una ofensa, ya la ha comenzado. \u00abPara que te convenzas, dicen, de que la ira no consiste en el deseo de castigar, considera cu\u00e1ntas veces se irritan los m\u00e1s d\u00e9biles contra los m\u00e1s poderosos: ahora bien, \u00e9stos no desean un castigo que no pueden esperar\u00bb. En primer lugar, hemos dicho que la ira es el deseo y no la facultad de castigar, y los hombres desean tambi\u00e9n aquello que no pueden conseguir. Adem\u00e1s, nadie es tan humilde que no pueda esperar vengarse hasta del m\u00e1s encumbrado: para hacer da\u00f1o somos muy poderosos. La definici\u00f3n de Arist\u00f3teles no se separa mucho de la nuestra, porque dice que la ira es el deseo de devolver el da\u00f1o. Largo ser\u00eda examinar detalladamente en qu\u00e9 se diferencia esta definici\u00f3n de la nuestra. Obj\u00e9tase contra las dos que los animales sienten la ira y esto sin recibir da\u00f1o, sin idea de castigar o de causarlo, porque aunque lo causen, no lo meditan. Pero debemos contestar que los animales carecen de ira, como todo aquello que no es hombre; porque, si bien enemiga de la raz\u00f3n, solamente se desarrolla en el ser capaz de raz\u00f3n. Los animales sienten violencia, rabia, ferocidad, arrebato, pero no conocen m\u00e1s la ira que la lujuria, aunque para algunas voluptuosidades sean m\u00e1s intemperantes que nosotros. No debes creer aquel que dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Non aper irasci meminit, non fidere cursu\u00a0<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Cerva, nec armentis incurrere fortibus ursi;<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">porque cuando dice encolerizarse, entiende excitarse, lanzarse, pues no saben mejor encolerizarse que perdonar. Los animales son extra\u00f1os a las pasiones humanas, experimentando solamente impulsos que se les parecen No siendo as\u00ed, si comprendiesen el amor, sentir\u00edan odios; si conociesen la amistad, tendr\u00edan enemistad; si entre ellos hubiese discusi\u00f3n, habr\u00eda concordia; de todo esto presentan algunas se\u00f1ales, pero el bien y el mal son propios del coraz\u00f3n humano. A nadie m\u00e1s que al hombre se concedieron la previsi\u00f3n, observaci\u00f3n, pensamiento; y no solamente sus virtudes, sino que tambi\u00e9n sus vicios est\u00e1n prohibidos a los animales. Su interior, como su conformaci\u00f3n exterior, se diferencia del hombre. Verdad es que tienen esta facultad soberana, este principio motor, llamado de otra manera, como tienen una voz, pero inarticulada, confusa e impropia para formar palabras; como tienen una lengua, pero encadenada y no libre para moverse en todos sentidos: as\u00ed tambi\u00e9n el principio motor tiene poca delicadeza y desarrollo. Percibe, pues, la imagen y forma de las cosas que le llevan al movimiento, pero la percepci\u00f3n es oscura y confusa. De aqu\u00ed la violencia de sus arrebatos y trasportes; pero no existe en ellos temor ni solicitud, tristeza ni ira, sino algo parecido a tales pasiones. Por esta raz\u00f3n sus impresiones desaparecen muy pronto dejando lugar a las contrarias, y despu\u00e9s de los furores m\u00e1s violentos y de los terrores m\u00e1s profundos, pastan tranquilamente, y a los estremecimientos y arrebatos m\u00e1s desordenados suceden en el acto la quietud y el sue\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>IV. <\/strong><\/span>Suficientemente explicado est\u00e1 qu\u00e9 es la ira; claramente se ve en qu\u00e9 se diferencia de la irritabilidad; en lo mismo que la embriaguez se diferencia de la borrachez y el miedo de la timidez. El encolerizado puede no ser iracundo, y el iracundo puede algunas veces no estar encolerizado. Omitir\u00e9 los t\u00e9rminos con que designan los Griegos varias especies de ira, porque no tienen equivalencia entre nosotros; a pesar de que decirnos car\u00e1cter agrio, acerbo, como tambi\u00e9n inflamable, arrebatado, grit\u00f3n, \u00e1spero, dif\u00edcil; pero todos ellos solamente son diferencias de la ira. Entre todos \u00e9stos puedes colocar el moroso, refinado g\u00e9nero de ira. Iras hay que se disipan con gritos; otras tan tenaces como frecuentes; algunas prontas a la violencia y avaras de palabras; \u00e9stas prorrumpen en injurias y amargas invectivas; aqu\u00e9llas no pasan de la queja y aversi\u00f3n; otras son graves y reconcentradas, existiendo mil formas distintas de este m\u00f3vil vicio.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>V.<\/strong><\/span> Hemos investigado qu\u00e9 sea la ira, si es propia de alg\u00fan animal adem\u00e1s del hombre, en qu\u00e9 se diferencia de la irascibilidad y cu\u00e1les sean sus formas: averig\u00fcemos ahora si est\u00e1 conforme con la naturaleza, si es \u00fatil, si bajo alg\u00fan aspecto deba mantenerse. Claramente se ve si est\u00e1 conforme con la naturaleza, considerando al hombre. \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s dulce que \u00e9l mientras persevera en el h\u00e1bito ordinario de su esp\u00edritu? <strong>\u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s cruel que la ira?\u00a0<\/strong><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQu\u00e9 ser m\u00e1s amante que el hombre? \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s repugnante que la ira? El hombre ha nacido para ayudar al hombre; la ira para la destrucci\u00f3n com\u00fan. El hombre busca la sociedad, la ira el aislamiento; el hombre quiere ser \u00fatil, la ira quiere da\u00f1ar; el hombre socorre hasta a los desconocidos, la ira hiere hasta a los amigos m\u00e1s \u00edntimos; el hombre est\u00e1 dispuesto a sacrificarse por los intereses ajenos, la ira se precipita en el peligro con tal de arrastrar consigo a otro. Ahora bien: \u00bfpodr\u00e1 desconocerse m\u00e1s la naturaleza que atribuyendo a su obra mejor, a la m\u00e1s perfecta, este vicio tan feroz y funesto? La ira, como hemos dicho, es \u00e1vida de venganza, y no est\u00e1 conforme con la naturaleza del hombre que tal deseo penetre en su tranquilo pecho. La vida humana descansa en los beneficios y la concordia; y no el terror, sino el amor mutuo estrecha la alianza de los comunes auxilios.-\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1C\u00f3mo! \u00bfel castigo no es a veces una necesidad? -Ciertamente, pero debe ser justo y razonado; porque no da\u00f1a, sino que cura aparentando da\u00f1ar. De la misma manera que pasamos por el fuego, para enderezar los, ciertos maderos torcidos, y los comprimimos por medio de cu\u00f1as, no para romperlos, sino para estirarlos; as\u00ed tambi\u00e9n corregimos por medio <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de las penas del cuerpo y del esp\u00edritu los caracteres viciados. En las enfermedades del esp\u00edritu leves, el m\u00e9dico ensaya ante todo ligeras variaciones en el r\u00e9gimen ordinario, regula el orden de comidas, de bebidas, de ejercicios, y procura robustecer la salud cambiando solamente la manera de vivir; en seguida observa la eficacia del r\u00e9gimen, y si no responde suprime o cercena algo; si tampoco produce esto resultados, proh\u00edbe toda comida y alivia al cuerpo con la dieta; si todos estos cuidados son in\u00fatiles, hiere la vena y pone mano en los miembros que podr\u00edan corromper las partes inmediatas y propagar el contagio: ning\u00fan tratamiento parece duro si el resultado es saludable. As\u00ed tambi\u00e9n, el depositario de las leyes, el jefe de una ciudad, deber\u00e1, por cuanto tiempo pueda, no emplear en el tratamiento de los esp\u00edritus otra cosa que palabras, y \u00e9stas blandas, que les persuadan de sus deberes, ganen los corazones al amor de lo justo y de lo honesto, y les hagan comprender el horror al vicio y el valor de la virtud; en seguida emplear\u00e1 lenguaje m\u00e1s severo, que sea advertencia y reprensi\u00f3n; despu\u00e9s acudir\u00e1 a los castigos, pero \u00e9stos leves y revocables, no aplicando los \u00faltimos suplicios m\u00e1s que a los cr\u00edmenes enormes, con objeto de que nadie muera sino aquel que, muriendo, tiene inter\u00e9s en morir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VI.<\/strong><\/span> La \u00fanica diferencia que media entre el magistrado y el m\u00e9dico consiste en que \u00e9ste, cuando no puede dar la vida, procura dulcificar la muerte, y aqu\u00e9l a\u00f1ade a la muerte del criminal la infamia y la publicidad; y no es que se complazca en el castigo (el sabio est\u00e1 muy lejos de tan inhumana crueldad), sino que su objeto es ofrecer ense\u00f1anza a todos, para que aquellos que en vida rehusaron ser \u00fatiles a la rep\u00fablica, lo sean al menos con su muerte. <strong>El hombre no es, pues, \u00e1vido de venganza por naturaleza, y, por consiguiente, si la ira es \u00e1vida de venganza, ded\u00facese que no est\u00e1 conforme con la naturaleza del hombre. Aducir\u00e9 el argumento de Plat\u00f3n, porque \u00bfqui\u00e9n puede prohibirnos que tomemos de los ajenos aquello que est\u00e1 conforme con lo nuestro? \u00abEl var\u00f3n bueno, dice, no da\u00f1a a nadie: es as\u00ed que la venganza da\u00f1a; luego la venganza no conviene al var\u00f3n bueno, como tampoco la ira, porque la venganza conviene con ella\u00bb. Si el var\u00f3n bueno no goza en la venganza, tampoco se complacer\u00e1 en un sentimiento cuyo goce es la venganza; luego la c\u00f3lera no es natural.<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">VII<\/span>.<\/strong> Aunque la ira no sea natural, \u00bfse deber\u00e1 acoger en raz\u00f3n a que muchas veces ha sido \u00fatil? Exalta y levanta el \u00e1nimo, y en la guerra nada grande hace sin ella el valor, si no toma algo de su fuego, si no le arrastra ese impulso que lanza al audaz en medio de los peligros. Por esta raz\u00f3n creen algunos que es bueno moderar la ira, pero no extinguirla por completo; cercenar lo que tiene de excesivo, para encerrarla en proporci\u00f3n saludable; retener especialmente la energ\u00eda, sin la cual toda acci\u00f3n ser\u00eda l\u00e1nguida, extingui\u00e9ndose todo vigor y toda fuerza de \u00e1nimo. En primer lugar, m\u00e1s f\u00e1cil es excluir lo pernicioso que gobernarlo, no admitirlo que ordenarlo despu\u00e9s de admitido. En cuanto toma posesi\u00f3n, es m\u00e1s fuerte que la templanza y no soporta freno ni restricciones. Adem\u00e1s, la raz\u00f3n misma, a la que se conf\u00edan las riendas, no tiene fuerza sino mientras permanece separada de las pasiones; si se mezcla a ellas, si se contamina con su contacto, no puede reprimir ya lo que hubiese podido arrojar. Conmovida una vez el alma y fuera de su asiento, obedece a la mano que la impulsa. Existen ciertas cosas que en su principio dependen de nosotros; cuando avanzan, nos arrastran por sus propias fuerzas y no permiten retroceso. El que se lanza a un precipicio no es due\u00f1o de s\u00ed mismo, no puede impedir ni detener su ca\u00edda, irrevocable impulso destruye toda voluntad y arrepentimiento, y no puede dejar de llegar all\u00ed donde hubiese podido no ir; de la misma manera el \u00e1nimo que se ha abandonado a la <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ira, al amor y a las dem\u00e1s pasiones, no puede contener ya su impulso, necesario es que se vea arrastrado hasta el fin y precipitado con todo su peso por la r\u00e1pida pendiente del vicio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VIII.<\/strong><\/span> Lo mejor es rechazar desde luego los primeros impulsos de la ira, sofocarla en su ra\u00edz y procurar no caer en su dominio. Porque si le presentamos el lado d\u00e9bil, es dif\u00edcil librarse de ella por la retirada, porque es cierto que no queda ya raz\u00f3n cuando damos entrada a la pasi\u00f3n permiti\u00e9ndole alg\u00fan derecho por nuestra propia voluntad. La pasi\u00f3n har\u00e1 en seguida cuanto quiera, no limit\u00e1ndose a aquello que se le permita. Ante todo, repito, debe arrojarse al enemigo desde la plaza; cuando ha penetrado, cuando ha forzado las puertas, no recibe ya la ley del vencido. Porque el \u00e1nimo no permanece ahora apartado ni vigila desde fuera las pasiones para impedirlas llegar m\u00e1s all\u00e1 de lo conveniente, sino que se identifica con ellas, y por esta raz\u00f3n no puede ya recoger en s\u00ed mismo esta fuerza \u00fatil y saludable que \u00e9l mismo ha vendido y paralizado. Porque, como ya he dicho, cada cosa de estas no tiene sitio distinto y separado, sino que la raz\u00f3n y la pasi\u00f3n no son m\u00e1s que modificaciones del alma en bien o en mal.-Pero, dicen, hombres hay que se contienen en la ira.-\u00bfAcaso no haciendo nada de lo que la ira les aconseja o escuch\u00e1ndola en algo? Si nada hacen, claro es que no es necesaria la ira para impulsarnos a obrar, mientras que vosotros la invoc\u00e1is como si tuviese algo m\u00e1s poderoso que la raz\u00f3n. Adem\u00e1s, yo pregunto: \u00bfes m\u00e1s fuerte que la raz\u00f3n o m\u00e1s d\u00e9bil? Si es m\u00e1s fuerte, \u00bfc\u00f3mo puede se\u00f1alarle l\u00edmites la raz\u00f3n, cuando solamente la impotencia acostumbra obedecer? Si es m\u00e1s d\u00e9bil, la raz\u00f3n puede bastarse sin ella para alcanzar sus fines y para nada necesita auxilios de lo que es d\u00e9bil.- Pero existen iracundos que se dominan y contienen.-\u00bfDe qu\u00e9 manera? Cuando la ira se ha extinguido ya y disipado por s\u00ed misma; no cuando est\u00e1 en su efervescencia, porque entonces es soberana.-\u00bfC\u00f3mo? \u00bfno se despide inc\u00f3lumes algunas veces a aquellos a quienes se odia, absteni\u00e9ndonos de causarles da\u00f1o?-Sin duda; pero \u00bfcu\u00e1ndo? Cuando una pasi\u00f3n combate a otra y el miedo o la avidez consiguen alguna ventaja: esta templanza no es beneficio de la raz\u00f3n, sino tregua p\u00e9rfida e inconstante de las pasiones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>IX.<\/strong><\/span> La ira, en fin, nada \u00fatil tiene en s\u00ed, nada que impulse al \u00e1nimo a las cosas b\u00e9licas; porque nunca se apoy\u00f3 la virtud en el vicio, bast\u00e1ndose a s\u00ed misma. Cuantas veces necesita realizar esfuerzos, no se irrita; irguese, y, seg\u00fan lo considera necesario, se anima o se calma; as\u00ed, pues, cuando las m\u00e1quinas lanzan los dardos, su alcance depende del que los dirige. \u00abLa ira, dice Arist\u00f3teles, es necesaria; de nada se triunfa sin ella, si no llena al alma, si no calienta al coraz\u00f3n; debe, pues, servirnos, no como jefe, sino como soldado\u00bb. Esto es falso. Porque si escucha a la raz\u00f3n y se deja conducir a donde la llevan, ya no es ira, cuyo car\u00e1cter propio es la rebeli\u00f3n. Si resiste, si arrastrada por sus caprichos y presunci\u00f3n no se detiene cuando se la manda, es para el alma un instrumento tan in\u00fatil como el soldado que no obedece a la se\u00f1al de retirada. Si pues soporta que se le imponga freno, necesario es darla otro nombre, porque deja de ser ira, que solamente comprendo como violenta e indomable; si no lo soporta, es perniciosa y no puede contarse entre los auxiliares. Luego o no es ira o es in\u00fatil. Porque si alguno castiga, no por sed de castigar, sino porque debe hacerlo, no debe cont\u00e1rsele entre los iracundos. Soldado \u00fatil es el que sabe obedecer la orden; pero las pasiones son instrumentos tan malos como malos gu\u00edas. As\u00ed, pues, la raz\u00f3n nunca tomar\u00e1 por auxiliares impulsos tan imprevisores como desordenados, sobre los cuales no tendr\u00eda autoridad alguna y que solamente podr\u00e1 reprimir oponi\u00e9ndoles impulsos semejantes, como el miedo a la ira, la ira a la inercia, la avidez al temor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>X.<\/strong><\/span> L\u00edbrese la virtud de la desgracia de ver alguna vez a la raz\u00f3n recurrir a los vicios. Con ellos no puede conseguir el \u00e1nimo reposo duradero; necesariamente le agitar\u00e1n y atormentar\u00e1n: si no tiene otro impulso que estos males, si solamente a la ira debe su valor, a la avidez su actividad, su reposo al temor, vivir\u00e1 en la tiran\u00eda y ser\u00e1 esclavo de cada pasi\u00f3n.\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfNo averg\u00fcenza poner las virtudes bajo el patronato de los vicios? La fuerza de la raz\u00f3n cesa desde el momento en que nada puede sin las pasiones y se hace igual a ellas. Porque <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 diferencia media entre la una y las otras, si la pasi\u00f3n es ciega sin la raz\u00f3n y la raz\u00f3n impotente sin la pasi\u00f3n? Igualdad hay en cuanto la una no puede existir sin la otra. Ahora bien: \u00bfc\u00f3mo consentir que la pasi\u00f3n se coloque en el mismo rango que la raz\u00f3n? \u00abLa ira, dices, es \u00fatil si es moderada\u00bb. Antes debes decir si por su propia naturaleza es \u00fatil, pero si es rebelde a la autoridad y a la raz\u00f3n, lo \u00fanico que se consigue moder\u00e1ndola es que cuanto menos poderosa sea, perjudique menos. Luego una pasi\u00f3n moderada no es otra cosa que un mal moderado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XI.<\/strong><\/span> \u00ab<em><strong>Pero contra los enemigos, dicen, la ira es necesaria<\/strong><\/em>\u00bb. Nunca lo es menos: en la guerra no deben ser los movimientos desordenados, sino arreglados y d\u00f3ciles. \u00bfQu\u00e9 otra cosa hizo a los B\u00e1rbaros inferiores a nosotros, cuando tienen cuerpos m\u00e1s robustos, m\u00e1s fuertes y endurecidos en los trabajos, sino es la ira, perjudicial siempre por s\u00ed misma? Al gladiador tambi\u00e9n lo protege el arte, y le expone la ira. Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo necesitar la ira cuando la raz\u00f3n consigue el mismo objeto? \u00bfCrees, acaso, que el cazador monta en ira contra las fieras? Esp\u00e9ralas cuando le acometen, las persigue en su fuga, y la raz\u00f3n hace todo esto en calma. \u00bfA qu\u00e9 se debe que tantos millares de Cimbrios y de Teutones desparramados por los Alpes, fuesen destruidos por tal matanza que, no quedando mensajero, la fama sola llev\u00f3 a su pa\u00eds la nueva de tan inmensa derrota, sino a que la ira reemplazaba en ellos al valor? Si algunas veces derriba y destruye todos los obst\u00e1culos, frecuentemente tambi\u00e9n se pierde a s\u00ed misma. \u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s animosos que los Germanos? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s impetuosos en el ataque? \u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s apasionados por las armas, en medio de las que nacen y crecen, formando su principal cuidado, mostr\u00e1ndose indiferentes para todo lo dem\u00e1s? \u00bfQui\u00e9nes m\u00e1s endurecidos en los sufrimientos, cuando la mayor parte de ellos ni siquiera piensan en cubrir sus cuerpos ni abrigarlos contra los perpetuos rigores de su clima? Y sin embargo, tales hombres quedan derrotados por los Espa\u00f1oles, por los Galos, por las endebles tropas del Asia y de la Siberia antes de que se presente una legi\u00f3n romana; porque nada hay como la ira para favorecer las derrotas. La raz\u00f3n da disciplina a esos cuerpos, a esas almas que ignoran las delicias, el lujo y las riquezas: para no decir nada excesivo, necesario ser\u00e1 que nos fijemos en las antiguas costumbres romanas. \u00bfPor qu\u00e9 medio reanim\u00f3 Fabiano las extenuadas fuerzas del Imperio? Supo contemporizar, esperar, tener paciencia, cosas todas que no puede hacer el iracundo. El Imperio perec\u00eda, encontr\u00e1ndose ya en la pendiente del abismo, si Fabiano hubiese intentado lo que le aconsejaba la ira. Pero atendi\u00f3 al bien p\u00fablico, y calculando sus recursos, de los que ni uno solo pod\u00eda arriesgar sin arriesgarlo todo, prescindi\u00f3 de resentimientos y venganzas. Atento solamente a aprovechar las ocasiones, venci\u00f3 la ira antes de vencer a An\u00edbal. \u00bfQu\u00e9 hizo Scipi\u00f3n? Alej\u00e1ndose de An\u00edbal, del ej\u00e9rcito p\u00fanico y de todo aquello que deb\u00eda irritarle, llev\u00f3 la guerra al \u00c1frica con lentitud tan calculada, que la envidia puede acusarle de molicie e indolencia. \u00bfQu\u00e9 hizo el otro Scipi\u00f3n? \u00bfNo se mantuvo con perseverante obstinaci\u00f3n alrededor de Numancia, soportando con firmeza aquel dolor tan personal como p\u00fablico de ver a Numancia m\u00e1s lenta para caer que Cartago? Y entre tanto estrecha y encierra al enemigo hasta reducirlo a sucumbir ajo su propia espada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XII.<\/strong><\/span> No es, por consiguiente, \u00fatil la ira en los combates ni en la guerra, porque es pronta para la temeridad y no sabe evitar los peligros en que se compromete. El verdadero valor es siempre circunspecto, se previene y avanza con reflexi\u00f3n.-\u00a1C\u00f3mo! El var\u00f3n honrado, \u00bfno se irritar\u00e1 si ve maltratar a su padre o arrebatar a su madre? -No se irritar\u00e1, pero correr\u00e1 a libertarles y defenderles \u00bfCrees acaso que la piedad filial no sea m\u00f3vil bastante poderoso hasta sin ira? De la misma manera puedes decir:-\u00a1C\u00f3mo! El hombre honrado, si ve a su padre o a su hijo bajo el hierro del operador, \u00bfno llorar\u00e1, no caer\u00e1 desmayado? -Esto es lo que vemos acontecer a las mujeres siempre que les asalta la sospecha de leve peligro. El var\u00f3n honrado cumple, sus deberes sin turbaci\u00f3n ni temor, y no har\u00e1 nada que sea indigno del hombre. \u00bfQuieren matar a mi padre? le defender\u00e9. \u00bfLe han dado muerte? le vengar\u00e9, por deber, no por resentimiento. Cuando nos opones estos argumentos, oh Te\u00f3frato quieres hacer odiosos preceptos en\u00e9rgicos, y abandonando al juez te diriges a la multitud: porque todos se irritan cuando los suyos corren riesgos de este g\u00e9nero, crees que todos los hombres decidir\u00e1n que debe hacerse lo que ellos hacen, porque casi siempre se justifica aquel sentimiento que reconocemos en nosotros mismos. Los varones honrados se irritar\u00e1n si se ultraja a los suyos; pero no har\u00e1n lo mismo si no se les sirve bastante caliente una bebida, si rompen una copa o les salpican de lodo el calzado. Estas iras no las provoca el cari\u00f1o, sino la debilidad, y por esta raz\u00f3n lloran los ni\u00f1os la p\u00e9rdida de sus padres como la de un juguete. Irritarse por los propios no es de \u00e1nimo piadoso, sino enfermo. Lo bello, lo digno es mostrarse defensor de los padres, de los hijos, de los amigos, de los conciudadanos, ante la voz del deber; defensor voluntario, reflexivo, previsor, y no ciego y furioso. No hay pasi\u00f3n tan \u00e1vida de venganza como la ira, y por lo tanto, en su loca precipitaci\u00f3n, menos a prop\u00f3sito para vengarse; siendo semejante a las dem\u00e1s pasiones que se entorpecen a s\u00ed mismas para conseguir aquello que pretenden. As\u00ed, pues, nunca es buena la ira ni en paz ni en guerra, porque hace la paz semejante a la guerra, y en las armas olvida que Marte ofrece, probabilidades comunes, y cae en poder de otro porque no tiene poder sobre s\u00ed mismo. Adem\u00e1s, el que los vicios hayan producido a las veces alg\u00fan bien, no se sigue que haya de adoptarse su uso; porque la fiebre cura algunas enfermedades, pero no por ello deja de ser preferible no haberla tenido jam\u00e1s. Detestable remedio es deber la salud a la enfermedad. De la misma manera, porque la ira haya sido provechosa alguna vez por casualidad, como puede acontecer con el veneno, una ca\u00edda, un naufragio, no debe, sin embargo, creerse como absolutamente saludable, porque tambi\u00e9n ha salvado alguna vez la peste.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIII.<\/strong><\/span> Adem\u00e1s, todo aquello que se cuenta entre los bienes es tanto mejor y tanto m\u00e1s deseable cuanto se encuentra m\u00e1s desarrollado. Si la justicia es un bien, nadie dir\u00e1 que es mejor si se la cercena una parte: si el valor es un bien, nadie desear\u00e1 que se le suprima algo: luego de la misma manera cuanto mayor sea la ira, mejor ser\u00e1. \u00bfQui\u00e9n rehusar\u00e1 el aumento de un bien? Es as\u00ed que su aumento es in\u00fatil, luego tambi\u00e9n su existencia. No es bien aquello que al desarrollarse es un mal. -La ira es \u00fatil, dicen, porque da atrevimiento en los combates. -Lo mismo debe decirse de la embriaguez, porque hace insolentes y audaces, debi\u00e9ndole muchos su valor. Tambi\u00e9n habr\u00e1 de decirse que el frenes\u00ed y el delirio son necesarios a la fuerza, porque la locura las aumenta. \u00a1C\u00f3mo! el miedo mismo, \u00bfno ha inspirado algunas veces audacia por sentimiento contrario? Y el temor de la muerte, \u00bfno ha lanzado a los m\u00e1s cobardes al combate? Pero la ira, la embriaguez, el miedo y todo sentimiento de igual naturaleza, son m\u00f3viles vergonzosos y precarios; no robustecen la virtud, que no necesita de los vicios, y solamente algunas veces levantan algo un \u00e1nimo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">cobarde y d\u00e9bil. Ninguno es animoso antes sin ella. As\u00ed, pues, no viene en auxilio del valor, sino a reemplazarle. \u00a1C\u00f3mo! si la ira fuese un bien, \u00bfno la ver\u00edamos en los m\u00e1s perfectos? pero los m\u00e1s irascibles son los enfermos, los ancianos y los ni\u00f1os, y todo ser d\u00e9bil es por naturaleza batallador.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIV.<\/strong><\/span> \u00abImposible es, dice Teofrasto, que el var\u00f3n bueno no se irrite contra los malvados\u00bb. Seg\u00fan esto, cuanto mejor sea el hombre, m\u00e1s irascible ser\u00e1. Considera, por el contrario, si no es m\u00e1s dulce y se encuentra m\u00e1s libre de toda pasi\u00f3n y de todo odio. \u00bfPor qu\u00e9 ha de odiarse a los que obran mal si le arrastra el error? No es propio del sabio odiar a los que se extrav\u00edan: de otra manera, se odiar\u00e1 a s\u00ed mismo. Recuerde cu\u00e1ntas cosas ha hecho contra la ley del deber, cu\u00e1ntas acciones suyas necesitan indulgencia, y tendr\u00e1 que irritarse contra s\u00ed mismo, porque el juez equitativo de la misma manera sentencia en su propia causa que en la ajena. No se encuentra ninguno que pueda ser completamente absuelto, y todo aquel que se proclama inocente, acuda al testimonio de los dem\u00e1s y no a su conciencia. \u00bfNo es m\u00e1s humanitario mostrar a los que pecan sentimientos dulces y paternales, atraerlos antes que perseguirlos? Si se extrav\u00eda uno por los campos porque ignora el camino, mejor es llevarle al buen sendero que expulsarle. Necesario es corregir al que delinque, por la reprensi\u00f3n, y por la fuerza, y por la severidad; y necesario es hacerle mejor, tanto para \u00e9l como para los dem\u00e1s, no sin castigo, pero s\u00ed sin c\u00f3lera. \u00bfQu\u00e9 m\u00e9dico se irrita contra su enfermo?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XV.<\/strong><\/span> \u00abPero son incorregibles; nada hay en ellos suave, ni que deje lugar a la esperanza\u00bb. Pues bien: suprimid de entre los vivos a los que cometen cr\u00edmenes enormes y deen de ser malos de la manera que es posible, pero sin ira. Porque \u00bfc\u00f3mo odiar a aquel a quien se prest\u00f3 el mayor servicio libr\u00e1ndole de s\u00ed mismo? \u00bfAcaso odia alguno a sus propios miembros cuando los hace cortar? Esto no es ira, sino lamentable curaci\u00f3n. Exterminamos a los perros hidr\u00f3fobos; matamos a los toros salvajes e indomables; degollamos las ovejas enfermas, por temor de que infesten el reba\u00f1o; asfixiamos los fetos monstruosos, y hasta ahogamos los ni\u00f1os si son d\u00e9biles y deformes. No es ira, sino raz\u00f3n, separar las partes sanas de las que pueden corromperlas. Nada sienta peor al que castiga que la ira, porque el castigo no es eficaz para corregir sino en cuanto se le ordena con juicio. Por esta raz\u00f3n dice S\u00f3crates a su esclavo: \u00abTe azotar\u00eda si no estuviese encolerizado\u00bb. Dejaba para momento m\u00e1s tranquilo la correcci\u00f3n del esclavo y al mismo tiempo se correg\u00eda a s\u00ed mismo. \u00bfEn qui\u00e9n ser\u00e1 moderada la pasi\u00f3n, cuando S\u00f3crates no se atreve a entregarse a su ira? Luego para corregir el error y el crimen no se necesita juez irritado, porque siendo la ira delito del alma, no conviene que el delincuente castigue al delicuente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVI.<\/strong><\/span> \u00ab<em><strong>\u00a1C\u00f3mo! \u00bfno me irritar\u00e9 contra el ladr\u00f3n? \u00bfno me irritar\u00e9 contra el envenenador?<\/strong><\/em>\u00bb. No. No me irrito contra m\u00ed mismo cuando me extraigo sangre. Aplico todo castigo como un remedio. T\u00fa no has dado m\u00e1s que los primeros pasos en el camino del error; tus ca\u00eddas no son graves, pero s\u00ed frecuentes. Procurar\u00e9 corregirte con reprensiones, primero privadamente, despu\u00e9s en p\u00fablico. T\u00fa has avanzado demasiado para que puedan curarte las palabras; te retendr\u00e1 la ignominia. T\u00fa necesitas algo m\u00e1s para sentir la impresi\u00f3n; se te mandar\u00e1 desterrado a regiones desconocidas. Tu maldad es enorme y necesitas remedios m\u00e1s violentos. Las cadenas p\u00fablicas y la prisi\u00f3n te esperan. Tu alma es incurable y tu vida un tejido de cr\u00edmenes; t\u00fa no necesitas ya que te solicite la ocasi\u00f3n, que nunca falta a los malvados, sino que para hacer el mal no necesitas otra ocasi\u00f3n que el mal. T\u00fa has agotado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la iniquidad, y de tal manera ha penetrado en tus entra\u00f1as, que solamente puede desaparecer con ellas. Desgraciado, hace mucho tiempo que buscas la muerte: vamos a merecer tu agradecimiento; te arrancaremos al v\u00e9rtigo que te domina y despu\u00e9s de una vida desastrosa para el bien ajeno y para el tuyo, te mostraremos el \u00fanico bien que te queda, la muerte. \u00bfPor qu\u00e9 he de irritarme contra aquel a quien tan provechoso soy? En algunos casos, la mayor prueba de compasi\u00f3n es matar. Si, como m\u00e9dico experimentado y h\u00e1bil, entrase en una enfermer\u00eda o en la casa de un rico, no ordenar\u00eda el mismo tratamiento a todos los enfermos atacados de diferentes dolencias. Me llaman para la curaci\u00f3n de un pueblo, y en tantos \u00e1nimos diferentes veo diferentes vicios; a cada enfermedad debo buscar su remedio. A \u00e9ste le curar\u00e9 con la verg\u00fcenza, a aqu\u00e9l con el destierro, al uno con el dolor, al otro con la pobreza y al de m\u00e1s all\u00e1 con la espada. Si tengo que vestir la siniestra toga del juez, si la f\u00fanebre trompeta ha de convocar a la multitud, subir\u00e9 al tribunal, no como iracundo a enemigo, sino con la serena frente de la ley; pronunciar\u00e9 la solemne sentencia con voz antes grave y tranquila que arrebatada, y ordenar\u00e9 la ejecuci\u00f3n con severidad, pero sin ira. Y cuando mande cortar la cabeza al culpable, y cuando haga coser el saco del parricida, y cuando remita al suplicio militar, y cuando llevar a la roca Tarpeya al traidor o al enemigo p\u00fablico, no experimentar\u00e9 ira, tendr\u00e9 tanta tranquilidad en el rostro y en el \u00e1nimo como cuando aplasto un reptil o animal venenoso. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em><strong>Neces\u00edtase la ira para castigar<\/strong><\/em>\u00bb. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfte parece irritada la ley contra aquellos que no conoce, que no ha visto, que no espera que existan? Necesario es apropiarse su esp\u00edritu, no se irrita, sino que establece principios. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Porque si conviene al var\u00f3n bueno irritarse contra las malas acciones, tambi\u00e9n le convendr\u00e1 evitar el triunfo de los malvados. \u00bfQu\u00e9 mayor repugnancia que la de ver prosperar y abusar de los favores de la fortuna a hombres para quienes la fortuna no podr\u00eda inventar bastantes males? Sin embargo, contempla sus riquezas sin envidia, como sin ira sus cr\u00edmenes. El buen juez condena lo que la ley reprueba; no odia. \u00ab\u00a1C\u00f3mo! cuando el sabio encuentre a su alcance alg\u00fan vicio, \u00bfno se conmover\u00e1 su \u00e1nimo, no se agitar\u00e1 m\u00e1s que de ordinario?\u00bb. Lo confieso; experimentar\u00e1 alguna conmoci\u00f3n d\u00e9bil y ligera. Porque, como dice Zen\u00f3n, en el \u00e1nimo del sabio, hasta cuando est\u00e1 curada la herida queda la cicatriz. Experimentar\u00e1 sombras y sospechas de pasi\u00f3n, pero se encontrar\u00e1 exento de las pasiones mismas. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Arist\u00f3teles pretende que ciertas pasiones se convierten en armas para el que sabe manejarlas. Verdadero ser\u00eda esto, si, como las armas de la guerra, pudieran cogerse y dejarse a voluntad del que las usa. Pero esas armas, que Arist\u00f3teles da a la virtud, hieren por s\u00ed mismas, sin esperar el impulso de la mano; gobiernan y no son gobernadas. No necesitamos otros instrumentos; la naturaleza nos ha robustecido bastante con la raz\u00f3n. En \u00e9sta nos ha dado un arma fuerte, duradera, d\u00f3cil, que no tiene dos filos y no puede volverse contra su due\u00f1o. La raz\u00f3n basta por s\u00ed misma, no solamente para aconsejar, sino que tambi\u00e9n para obrar. \u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s insensata que querer que invoque el auxilio de la ira, subordinar lo inmutable a lo incierto, la fidelidad a la traici\u00f3n, la salud a la enfermedad? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfC\u00f3mo, si hasta en aquellos actos para los que parece necesario el auxilio de la ira, la raz\u00f3n por s\u00ed misma es mucho m\u00e1s fuerte? Cuando la raz\u00f3n ha juzgado que tal cosa debe hacerse, persiste en ello, no pudiendo encontrar nada mejor que ella misma que la impulse a cambiar; as\u00ed es que se fija en lo que una vez ha decidido. La ira, por el contrario, ha retrocedido muchas veces ante la piedad, porque su fuerza no es estable; es una hinchaz\u00f3n vana; rev\u00e9lase primeramente con violencia, como esos vientos que se alzan de la tierra y que, salidos de los r\u00edos y pantanos, tienen impetuosidad pasajera. Comienza con extraordinario br\u00edo, y en seguida se detiene fatigada antes de tiempo: esa ira que solamente respira crueldad, nuevos g\u00e9neros de suplicios, se debilita y ablanda cuando llega el <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">momento de obrar. La pasi\u00f3n cae pronto; la raz\u00f3n permanece siempre igual. En \u00faltimo caso, aunque la ira tenga cierta duraci\u00f3n, si encuentra muchos culpables que hayan merecido la muerte, despu\u00e9s del suplicio de dos o tres cesa de matar. Sus primeros golpes son terribles, lo mismo que es peligroso el veneno de las serpientes cuando salen de su nido; pero sus dientes son inofensivos cuando frecuentes mordeduras les han dejado exhaustos. As\u00ed tambi\u00e9n los que han perpetrado iguales cr\u00edmenes, no sufren las mismas penas; y con frecuencia, el que ha cometido menos sufre m\u00e1s, porque se encuentra expuesto a ira m\u00e1s reciente. En todo es desigual la ira; en tanto avanza m\u00e1s de lo necesaria, en tanto se detiene m\u00e1s pronto de lo que debiera. Porque se complace en s\u00ed misma, juzga seg\u00fan su capricho, no quiere escuchar nada, no deja tiempo a la defensa, se adhiere a la idea de que se ha apoderado, y no sufre que se altere su juicio, por malo que sea. La raz\u00f3n da a las dos partes tiempo y lugar, y a s\u00ed misma se concede plazo para discutir la verdad; la ira obra precipitadamente. <strong>La raz\u00f3n quiere decidir lo que es justo; la ira quiere que se tome por justo lo que ella decide.<\/strong> <strong>La raz\u00f3n solamente considera el objeto en litigio; circunstancias ligeras y ajenas a la causa arrastran a la ira. Aspecto tranquilo, palabra firme, discurso algo libre, traje pulcro, imponente cortejo, favor popular, todo la exaspera. Frecuentemente, en odio al defensor, condena al acusado; hasta cuando se le pone la verdad en los ojos, ama y acaricia la mentira; no quiere que se la convenza, y comprometida en mal camino, la obstinaci\u00f3n te parece m\u00e1s honrosa que el arrepentimiento<\/strong>. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cn. Pis\u00f3n fue en estos \u00faltimos tiempos var\u00f3n exento de muchos vicios, pero con esp\u00edritu perverso que tomaba rigor por firmeza. En un momento de ira habla ordenado que se llevase al suplicio a un soldado que hab\u00eda vuelto de forrajear sin su compa\u00f1ero, acus\u00e1ndole de haber dado muerte al que no pod\u00eda presentar. El soldado le suplic\u00f3 le concediese alg\u00fan tiempo para buscarlo, y se lo neg\u00f3. Sacaron, pues, al condenado fuera del recinto, y ya tend\u00eda el cuello, cuando de pronto se present\u00f3 el que supon\u00edan muerto. El centuri\u00f3n encargado del suplicio mand\u00f3 entonces al que iba a descargar el golpe que envainase la espada; lleva el condenado a Pis\u00f3n, para devolver al juez la inocencia, puesto que la fortuna se la hab\u00eda devuelto ya al acusado. Inmensa multitud segu\u00eda a los dos compa\u00f1eros, que marchaban abrazados con grande regocijo de todo el campamento. Pis\u00f3n se lanz\u00f3 furioso a su tribunal, y mand\u00f3 llevarles al suplicio a los dos, el que no hab\u00eda matado y el que no hab\u00eda sido muerto. \u00bfHay algo m\u00e1s indigno que esto? porque uno era inocente, perecieron los dos. Pis\u00f3n a\u00f1adi\u00f3 otra v\u00edctima: el centuri\u00f3n que trajo a los soldados fue condenado a muerte. Decidido qued\u00f3 que perecieran tres hombres en el mismo punto a causa de la inocencia de uno de ellos. \u00a1Oh, cu\u00e1n ingeniosa es la ira para inventar pretextos a su furor! \u00abA ti, dijo, te mando a la muerte porque has sido condenado; a ti, porque has sido causa de la condenaci\u00f3n de tu compa\u00f1ero; a ti, porque habiendo recibido orden de matar, no has obedecido a tu General\u00bb. De esta manera imagin\u00f3 tres delitos porque no encontr\u00f3 uno. Ya he dicho que la ira lleva consigo el mal de rechazar toda direcci\u00f3n. Irr\u00edtase contra la misma verdad, si \u00e9sta se manifiesta contra su voluntad; con gritos, vociferaciones e impetuosos movimientos de todo el cuerpo se ceba en aquellos a quienes hiere, a\u00f1adiendo ultrajes y maldiciones. No obra as\u00ed la raz\u00f3n; sino que, tranquila y silenciosa, derribar\u00e1, si es necesario, casas enteras; destruir\u00e1 familias perjudiciales a la rep\u00fablica, sin perdonar ni\u00f1os ni mujeres; destruir\u00e1 su morada, la arrasar\u00e1 hasta los cimientos, para borrar nombres enemigos de la libertad; y esto sin rechinar los dientes, sin agitar la cabeza, sin hacer nada impropio de un juez, cuyo semblante debe ser tranquilo e impasible, sobre todo cuando pronuncia alguna sentencia importante. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab\u00bfPara qu\u00e9, dice Jer\u00f3nimo, te muerdes primeramente los labios cuando quieres herir a alguno?\u00bb \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda dicho si hubiese visto a un proc\u00f3nsul lanzarse de su tribunal, arrancar los haces al lictor y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">rasgar sus ropas, porque tardaban en rasgar las del condenado? \u00bfQu\u00e9 necesidad hay de derribar la mesa, romper los vasos, darse cabezadas contra las columnas, arrancarse los cabellos, golpearse los muslos o el pecho? Considera cu\u00e1nta es la violencia de esta ira, que no pudiendo desfogar sobre otro tan pronto como quisiera, se revuelve contra s\u00ed misma. Por esta raz\u00f3n se ve retenida por aquellos que rodean al iracundo y le conjuran a que se compadezca de s\u00ed mismo; nada de esto acontece al hombre exento de toda ira, sino que a cada cual impone el castigo que merece. Con frecuencia perdona al delincuente, si el arrepentimiento permite esperar enmienda, si descubre que el mal no viene de lo profundo, sino que se detiene, como suele decirse, en la superficie. Otorgar\u00e1 la impunidad cuando no haya de perjudicar ni a los que la reciben ni a los que la conceden. Algunas veces castigar\u00e1 los grandes cr\u00edmenes con menos rigor que faltas m\u00e1s ligeras, si en aqu\u00e9llos hay m\u00e1s descuido que malicia; si en \u00e9stas hay perversidad oculta, encubierta e inveterada. Tampoco aplicar\u00e1 igual pena a dos cr\u00edmenes, cometido el uno por inadvertencia, y el otro con deseo premeditado de da\u00f1ar. En todo castigo obrar\u00e1 con el convencimiento de que tiene doble objeto que perseguir: corregir los malvados o destruirlos. En uno y otro caso, no atiende a lo pasado, sino a lo venidero. Porque, como dice Plat\u00f3n, \u00abel sabio castiga, no porque se ha delinquido, sino para que no se delinca; el pasado es irrevocable, el porvenir se previene; a aquellos que quiera presentar como ejemplos de maldad que alcanza desastroso fin, les har\u00e1 morir p\u00fablicamente, no tanto para que perezcan, corno para impedir que perezcan otros\u00bb. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Ya ves cu\u00e1n libre debe estar de toda pasi\u00f3n aquel a quien toca apreciar y pesar todas estas circunstancias para ejercer un poder que exige la mayor diligencia: el derecho de vida y muerte. Mal colocada est\u00e1 la espada en la mano de un iracundo. Ni tampoco imagines que la ira contribuye en nada a la grandeza del alma. Porque no produce grandeza, sino hinchaz\u00f3n; de la misma manera que en los cuerpos hinchados por viciado humor, la enfermedad no es la hinchaz\u00f3n, sino exuberancia perniciosa. Todos aquellos a quienes \u00e1nimo depravado lleva m\u00e1s all\u00e1 de los pensamientos humanos, imaginan que respiran algo grande y sublime; pero en el fondo de esto no hay nada s\u00f3lido, y todo edificio sin cimiento amenaza constantemente caer. La ira no descansa en nada, ni se alza sobre cosa firme y duradera; solamente es humo y viento, y tanto dista de la grandeza de \u00e1nimo corno la temeridad del valor, la presunci\u00f3n de la confianza, la tristeza de la austeridad, la crueldad de la severidad. Media mucha distancia, repito, entre el \u00e1nimo elevado y el \u00e1nimo orgulloso. Nada generoso emprende la ira, nada noble. Veo, por el contrario, en la irascibilidad habitual se\u00f1ales de \u00e1nimo gastado y est\u00e9ril, convencido de su laxitud. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Semejante a esos enfermos cubiertos de llagas, que gimen al contacto m\u00e1s ligero, la ira es principalmente vicio de mujeres y ni\u00f1os. Pero tambi\u00e9n invade a los hombres, porque los hay con esp\u00edritu de mujer y de ni\u00f1o. -Pero, \u00a1c\u00f3mo! \u00bfno profieren palabras los iracundos que parecen arrancar de \u00e1nimo levantado a aquellos que ignoran la verdadera grandeza? como, por ejemplo, aquellas tan odiosas corno execrables: \u00abQue me odien, con tal de que me teman\u00bb. -Conviene que sepas que pertenecen al tiempo de Sila. No s\u00e9 cu\u00e1l de los dos deseos es peor, si el del odio o el del temor. \u00a1Que me odien! Ves en el porvenir maldiciones, asechanzas, asechanzas, asesinato. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s deseas? Que los dioses te castiguen por haber encontrado al odio remedio tan digno. \u00a1Qu\u00e9 me odien! \u00bfC\u00f3mo? \u00bfcon tal de que te obedezcan? no; \u00bfcon tal de que te estimen? no; \u00bfpues para qu\u00e9? con tal de que te teman. Ni siquiera querr\u00eda que me amasen a ese precio. \u00bfCrees que estas palabras son de alma grande? Te enga\u00f1as; no hay grandeza en ellas, sino crueldad. No debes fiar en las palabras de los iracundos, que hacen, mucho ruido y amenazan, pero en el fondo son cobardes. Ni tampoco debe creerse lo que se lee en Tito Livio, escritor por otra parte muy <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">elocuente: \u00abHombre grande antes que hombre honrado\u00bb. Imposible es separar estas dos cualidades, porque el var\u00f3n ser\u00e1 bueno o no ser\u00e1 grande, porque no comprendo otra grandeza de \u00e1nimo m\u00e1s que la inquebrantable, s\u00f3lida en el interior, igualmente, firme en su conjunto, tal, en fin, como no puede encontrarse en los malvados. Porque \u00e9stos pueden muy bien ser amenazadores, impetuosos, destructores, pero no poseer\u00e1n jam\u00e1s la grandeza cuyo fundamento y fuerza forma la bondad: su lenguaje, sus esfuerzos, todo su aparato exterior reviste algunas veces falso aspecto de grandeza; algo elocuente dir\u00e1n que tomar\u00e1s por grande como cuando Cayo C\u00e9sar, irritado porque el ciclo tronaba sobre sus m\u00edmicos, de los que antes era \u00e9mulo que espectador, y porque el rayo, mal dirigido aquel d\u00eda, perturbase la representaci\u00f3n, provoc\u00f3 a J\u00fapiter a mortal combate, repitiendo a gritos aquel verso de Homero: \u00b5 (Hi\u00e9reme o te hiero). \u00a1Qu\u00e9 locura! \u00a1Imaginar que J\u00fapiter no pod\u00eda da\u00f1arle, o que \u00e9l pod\u00eda hacer da\u00f1o a J\u00fapiter! Creo que estas palabras no contribuyeron poco a excitar los \u00e1nimos de los conjurados; porque debi\u00f3 parecerles el colmo de la paciencia soportar al que no pod\u00eda soportar a J\u00fapiter. As\u00ed, pues, en la ira, hasta cuando se muestra m\u00e1s violenta, desafiando a los dioses y a los hombres, no existe nada grande ni noble; y si algunos se empe\u00f1an en ver en ella cierta grandeza, que la vean tambi\u00e9n en el lujo. El lujo quiere marchar sobre marfil, vestir p\u00farpura, habitar bajo dorados techos, trasladar las tierras, aprisionar los mares, precipitar los r\u00edos en cascadas, suspender bosques en el aire. Que vean grandeza en la avaricia: \u00e9sta descansa sobre montones de oro y plata, cultiva campos que podr\u00edan llamarse provincias, y da a cada arrendatario suyo territorios m\u00e1s extensos de los que asignaba la suerte a los c\u00f3nsules. Que encuentren grandeza en la lujuria: \u00e9sta cruza los mares, forma reba\u00f1os de eunucos, y arrostrando la muerte, prostituye a la esposa bajo la espada del esposo. Que vean grandeza en la ambici\u00f3n, que no satisfecha con los honores anuales, querr\u00eda, si fuese posible, cubrir con su solo nombre todos los fastos y ostentar sus t\u00edtulos por todo el orbe. Poco importa hasta d\u00f3nde se exalten y ex tiendan todas estas pasiones; no por ello son menos estrechas, miserables y bajas. Solamente la virtud es elevada, sublime, y nada hay grande sino aquello que al mismo tiempo es sereno.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-28128\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/ira-Seneca.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"391\" data-id=\"28128\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>Libro segundo<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>I.<\/strong><\/span> Fecunda materia tuve en el primer libro, oh Novato, porque es cosa f\u00e1cil seguir al vicio en su r\u00e1pida pendiente: ahora debemos tratar cuestiones m\u00e1s delicadas. Hemos de investigar si la ira es producto del juicio o del \u00edmpetu; es decir, si se mueve espont\u00e1neamente, o si, como casi todos nuestros impulsos, brota del interior sin consentimiento nuestro. En esto debernos fijar primeramente la discusi\u00f3n, para elevarse en seguida a mayor altura. En nuestro cuerpo, los huesos, los nervios, las articulaciones que forman la base del conjunto, y los \u00f3rganos vitales tan poco gratos a la vista, se coordinan primeramente; en seguida viene lo que forma el encanto del semblante y aspecto, y cuando la obra est\u00e1 completa, aparece en \u00faltimo lugar la coloraci\u00f3n, tan agradable a los ojos. No hay duda de que la apariencia sola de la injuria subleve la ira; pero \u00bfsigue en el acto a esta apariencia, y se lanza sin intervenci\u00f3n del \u00e1nimo? Esto es lo que investigamos. Por nuestra parte sostenemos que nada intenta por s\u00ed misma y sin aprobaci\u00f3n del alma. Porque apreciar la aparici\u00f3n de la injuria, desear la venganza y reunir estas dos ideas, que no debemos ser ofendidos y que debe castigarse la ofensa, no es propio del impulso que obra en nosotros sin intervenci\u00f3n de la voluntad. El movimiento f\u00edsico es sencillo; el del alma es complejo y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">consta de muchos elementos. Comprendi\u00f3 algo, se indign\u00f3, conden\u00f3, se veng\u00f3, y nada de esto puede hacerse si el \u00e1nimo no se asocia a la impresi\u00f3n de los sentidos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>II.<\/strong><\/span> \u00bfQu\u00e9 objeto tiene esta cuesti\u00f3n? dir\u00e1s. -El de averiguar qu\u00e9 sea la ira. Porque si brota a pesar nuestro, nunca obedecer\u00e1 a la raz\u00f3n. Todas las impresiones que no dependen de nuestra voluntad son invencibles e inevitables, como el estremecimiento que produce la aspersi\u00f3n con agua fr\u00eda, o el contacto de ciertos cuerpos: los cabellos se erizan cuando recibimos malas noticias, el rubor cubre nuestra frente ante palabras malsonantes, y el v\u00e9rtigo nos domina si miramos al precipicio. No dependiendo de nosotros estas impresiones, no pueden contenerlas las persuasiones de la raz\u00f3n. Pero los consejos triunfan de la ira. Luego es voluntario vicio del alma, y no una de esas disposiciones que dependen de las condiciones de la naturaleza humana, y se encuentran, por tanto, hasta en los m\u00e1s sabios, entre las cuales debemos colocar esas primeras emociones del alma que nos agitan a la idea de una injuria. Estas emociones despiertan hasta en el espect\u00e1culo de las f\u00e1bulas de la escena y en la lectura de las historias de la antig\u00fcedad. Algunas veces experimentamos manera de c\u00f3lera contra Clodio, que desterr\u00f3 a Cicer\u00f3n, contra Antonio, que le mat\u00f3. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9n no se subleva contra las victorias de Mario, contra las proscripciones de Sila? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9n no se irrita contra Theodoto y Achillas, y hasta contra aquel ni\u00f1o que por medio del crimen se hace superior a la infancia? Algunas veces nos excitan los c\u00e1nticos y animados acentos. Conmu\u00e9vese nuestro \u00e1nimo al sonido de las trompas b\u00e9licas, ante sangrienta descripci\u00f3n y al triste aparato de los suplicios m\u00e1s merecidos. Por esta raz\u00f3n re\u00edmos con los que r\u00eden, nos entristecemos con la multitud que llora, y nos exaltarnos ante ajeno comb\u00e1te: todas estas emociones son ficticias, y estas iras no son m\u00e1s reales que nuestro dolor cuando fruncimos el ce\u00f1o en la representaci\u00f3n teatral de un naufragio, o el miedo que invade el \u00e1nimo del lector cuando sigue a An\u00edbal bajo nuestras murallas despu\u00e9s de la batalla de Cannas. Estas impresiones conmueven el alma a pesar suyo, pero no son pasiones, sino principios y preludios de pasiones. Por esto el var\u00f3n militar, en medio de la paz y bajo la toga, se estremece al sonido de la trompeta, y el caballo de batalla se alza al ruido de las armas. D\u00edcese que Alejandro, al escuchar el canto de Xenofonte, puso mano a la espada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>III.<\/strong><\/span> No debe llamarse pasi\u00f3n a ninguna de estas impresiones fortuitas que conmueven el \u00e1nimo, porque \u00e9ste antes las soporta que las agita. La pasi\u00f3n consiste no en ser conmovido por la apariencia de los objetos exteriores, sino en abandonarse a ella y continuar la sensaci\u00f3n accidental. Eng\u00e1\u00f1ase quien crea que la palidez, las l\u00e1grimas, la excitaci\u00f3n de deseos impuros, un suspiro profundo, el repentino brillo de los ojos u otra cualquiera emoci\u00f3n parecida, son indicios de pasi\u00f3n o manifestaci\u00f3n del \u00e1nimo, no comprendiendo que no pasan de impulsos corporales. As\u00ed es que muchas veces el hombre m\u00e1s valeroso palidece al empu\u00f1ar las armas, y ante la se\u00f1al del combate el soldado m\u00e1s audaz ha experimentado temblor en las rodillas: al general m\u00e1s grande puede palpitar el coraz\u00f3n antes del choque de dos ej\u00e9rcitos; y el orador m\u00e1s elocuente, cuando se dispone a hablar siente eriz\u00e1rsele el cabello. Pero la ira no debe conmoverse solamente, sino lanzarse adelante, porque es un impulso. Ahora bien: no existe impulso sin el consentimiento del \u00e1nimo, y no es posible que se trate de venganza y de castigo sin conocimiento del alma. J\u00fazgase alguno ofendido, quiere vengarse; una causa cualquiera le disuade, y en el acto se detiene. A esto no lo llamo ira, sino movimiento del \u00e1nimo que obedece a la raz\u00f3n. Ira es lo que sobrepuja a la raz\u00f3n y la arrastra con ella. Luego esa primera turbaci\u00f3n del \u00e1nimo que produce la apariencia de la injuria, no es m\u00e1s ira que la misma apariencia de la injuria; pero <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el arrebato ulterior, que no solamente recibi\u00f3 la apariencia que la admiti\u00f3, este es la ira, la sublevaci\u00f3n del \u00e1nimo, que, con voluntad y reflexi\u00f3n, se encamina a la venganza. \u00bfPuede dudarse que el miedo impulsa a huir y la ira a avanzar? No creas, pues, que pueda buscarse o evitarse algo sin consentimiento de la mente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>IV.<\/strong> Para que sepas c\u00f3mo nacen las pasiones, crecen y se desarrollan, te dir\u00e9 que el primer impulso es involuntario, siendo como preparaci\u00f3n de la pasi\u00f3n y a manera de empuje: el segundo se realiza con voluntad f\u00e1cil de corregir, como cuando pienso que necesito vengarme porque he sido ofendido, o que debe castigarse a alguno porque ha cometido un crimen: el tercero es tir\u00e1nico ya; quiere vengarse, no porque sea necesario, sino aunque no lo sea, y \u00e9ste vence a la raz\u00f3n. No podemos evitar por medio de la raz\u00f3n la primera impresi\u00f3n del \u00e1nimo, ni m\u00e1s ni menos que esas impresiones del cuerpo de que ya hemos hablado, como bostezar cuando se ve bostezar a los dem\u00e1s, y cerrar los ojos cuando bruscamente nos acercan a ellos la mano. Estos movimientos no puede impedirlos la raz\u00f3n; tal vez el h\u00e1bito y constante vigilancia atenuar\u00e1n los efectos. El segundo movimiento, que nace de la reflexi\u00f3n, por la reflexi\u00f3n se ..<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>V.<\/strong><\/span> Ahora hemos de examinar si los que tienen h\u00e1bito de crueldad, que se complacen en derramar sangre, se encuentran dominados por la ira cuando matan a aquellos de quienes no han recibido injurias ni creen haberlas recibido: como fue Apollodoro, como fue Phalaris. Esto no es ira, es ferocidad: no dada por haber recibido injuria, y hasta se encuentra dispuesta a recibirla con tal de da\u00f1ar, y hiere y desgarra, no por venganza, sino por placer. Pues bien, el origen de estos cr\u00edmenes es la ira: a fuerza de ejercerse y abrevarse, llega al olvido de la clemencia, borra del \u00e1nimo todo pacto humano, y al fin se trasforma en crueldad. As\u00ed es que los crueles por pasatiempo r\u00eden y se complacen, se embriagan en profunda delicia y su semblante est\u00e1 muy lejos de expresar ira. D\u00edcese que An\u00edbal, al ver un foro lleno de sangre humana, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Hermoso espect\u00e1culo!\u00bb \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s hermoso le pareciera si la sangre hubiese llenado un r\u00edo o un lago! \u00bfC\u00f3mo extra\u00f1ar que tal espect\u00e1culo te agrade, cuando naciste en la sangre y desde la infancia te educaron en la matanza? Durante veinte a\u00f1os la fortuna de tu crueldad te acompa\u00f1ar\u00e1 con sus favores, y por todas partes ofrecer\u00e1 a tus ojos tan dulce espect\u00e1culo; contemplarasle alrededor del Trasimeno y de Cannas, y despu\u00e9s en torno de tu Cartago. En otro tiempo, bajo el divino Augusto, Voleso, proc\u00f3nsul del Asia, despu\u00e9s de hacer perecer bajo el hacha en un solo d\u00eda trescientas personas, paseando regocijado en medio de los cad\u00e1veres, como si hubiese realizado algo grande y notable, exclam\u00f3 en griego: \u00ab\u00a1Oh regia acci\u00f3n!\u00bb \u00bfQu\u00e9 hubiese hecho siendo rey? No fue aquello ira, sino un mal mayor y m\u00e1s .<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VI.<\/strong><\/span> \u00abD\u00edcese que as\u00ed como la virtud es propicia a las acciones honestas, as\u00ed tambi\u00e9n debe irritarse contra las vergonzosas\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 no a\u00f1aden que la virtud debe ser a la vez baja y sublime? Esto es precisamente lo que dice el que quiere ensalzarla y rebajarla al mismo tiempo; porque el placer de contemplar una buena acci\u00f3n tiene algo de grande y levantado, y la ira por delito ajeno arranca de coraz\u00f3n bajo y estrecho. Nunca descender\u00e1 la virtud hasta imitar los vicios que combate: esforz\u00e1rase principalmente en reprimir la ira, que nunca es mejor, y con frecuencia es peor, que los vicios que la irritan. Propias y naturales son de la virtud la alegr\u00eda y satisfacci\u00f3n; la ira es inferior a su dignidad, de la misma manera que la tristeza, y la tristeza es compa\u00f1era de la ira, y en ella cae, sea despu\u00e9s del arrepentimiento sea despu\u00e9s del fracaso. Si es propio del sabio irritarse contra las faltas, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">tanto m\u00e1s se irritar\u00e1 cuanto mayores sean, y se irritar\u00e1 con frecuencia; de lo que se sigue que el sabio ser\u00e1 no solamente un hombre irritado, sino irascible. Y si no creemos que en el \u00e1nimo del sabio deba encontrar acceso ira profunda ni ira frecuente, \u00bfpor qu\u00e9 no librarle completamente de esta pasi\u00f3n? porque, lo repito, no puede tener l\u00edmite alguno si ha de irritarse por los actos de cada cual. El sabio habr\u00e1 de ser injusto si se irrita igualmente con delitos desiguales, o muy irascible s\u00ed se irrita cada que un crimen merezca su ira. Ahora bien: \u00bfqu\u00e9 cosa m\u00e1s indigna que hacer depender de la malicia ajena los sentimientos del sabio? Ni S\u00f3crates podr\u00e1 volver a casa con el mismo semblante que sali\u00f3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VII.<\/strong><\/span> Adem\u00e1s, si el sabio debiera irritarse contra las acciones vergonzosas, si debiera conmoverse y entristecerse por todas las maldades, nada habr\u00eda m\u00e1s amargo que la sabidur\u00eda: toda su vida pasar\u00eda entre la ira y la tristeza. \u00bfHabr\u00e1 alg\u00fan momento en que el sabio no vea cosas censurables? Siempre que salga de su casa tendr\u00e1 que atravesar entre multitud de malvados, avaros, pr\u00f3digo libertinos, contentos todos con sus vicios: en ning\u00fan parte fijar\u00e1 los ojos sin encontrar algo que les indigne. No podr\u00e1 bastar \u00e9l solo si ha de ejercitar su ira siempre que las circunstancias lo exijan. Esos millares de litigantes que desde el amanecer corren al Foro, \u00bfqu\u00e9 infames procesos promueven, y por medio de qu\u00e9 abogados m\u00e1s infames a\u00fan? Uno acusa los rigores paternales como si no fuese bastante haberlos merecido; otro pleitea contra su madre; \u00e9ste se hace delator de un crimen de que p\u00fablicamente le acusan; aqu\u00e9l, elegido por juez, condena los delitos que acaba de cometer, y simpatiza la multitud con la mala causa, merced a las bellas palabras de un orador. Pero <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfa qu\u00e9 descender a detalles? Cuando hayas visto el Foro ocupado por la multitud, inundado el recinto del Campo de Marte por muchedumbre de ciudadanos, y el Circo donde se aglomera la mayor parte del pueblo, ten presente que all\u00ed hay tantos vicios como hombres. No hay paz en medio de aquellas togas, y por m\u00ednimo inter\u00e9s uno est\u00e1 dispuesto a sacrificar al otro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VIII.<\/strong><\/span> Nadie gana sino con da\u00f1o de otro: se detesta a los felices y se desprecia a los desgraciados; los humillados por los grandes humillan a los peque\u00f1os; a todos animan diferentes pasiones, y todo lo destruir\u00edan por leve placer o ligero provecho. Esta es vida de gladiadores que habitan en com\u00fan para pelear unos con otros. Esta es sociedad de fieras, exceptuando que las fieras son mansas entre s\u00ed y se abstienen de desgarrar a sus semejantes, mientras el hombre quiere la sangre del hombre. En una cosa sola se distingue de los animales: en que estos deponen su furor ante el que les lleva el pasto, mientras que la rabia del hombre devora a los que le alimentan. Nunca cesar\u00e1 de irritarse el sabio si una vez comienza. Lleno est\u00e1 todo de cr\u00edmenes y vicios, y se cometen muchos m\u00e1s de los que pueden corregirse con la coerci\u00f3n. Trabada esta empe\u00f1ada lucha de maldad, diariamente aumenta el apetito del mal y va siendo menor la verg\u00fcenza. Desterrando todo respeto de lo honesto y lo justo, la pasi\u00f3n se precipita a su capricho, y ya no se ocultan los cr\u00edmenes en la sombra, sino que caminan a la vista: la depravaci\u00f3n se ha hecho tan com\u00fan, y de tal manera domina en los corazones, que la inocencia no es escasa ya sino nula. \u00bfAcaso son pocos y raros los que violan la ley? Por todas partes, y como a se\u00f1al dada, precip\u00edtanse todos para confundir el bien y el mal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;..Non hospes ab hospite tutus,<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Non socer a genero; fratrum quoque gratia rara est. Imminet exitio vir conjugis, illa mariti.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Lurida terribiles miscent aconita noverc\u00e6. <\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 80px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Filius ante diem patrios inquirit in annos.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Esta es peque\u00f1a parte de los cr\u00edmenes, porque no describe un Pueblo dividido en dos campos enemigos, los padres y los hijos ligados por juramentos diferentes, la patria entregada a las llamas por la mano de un ciudadano, y la caballer\u00eda registrando con rabia por todas partes para descubrir el refugio de los proscritos, y las fuentes p\u00fablicas emponzo\u00f1adas, y la peste propagada con la mano, y los fosos abiertos por nosotros mismos en derredor de nuestros padres sitiados, llenas las c\u00e1rceles, y el incendio devorando ciudades enteras y dominaciones funestas, y las ruinas de los estados y de los reinos tramadas en secretos consejos, y la gloria atribuida a acciones que son cr\u00edmenes cuando se las puede reprimir; los raptos y violaciones, y el libertinaje que ni siquiera except\u00faa la boca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>IX.<\/strong> <\/span>A\u00f1ade ahora los perjurios p\u00fablicos de las naciones, las violaciones de tratados, la fuerza haciendo presa de todo lo que no puede resistirla, las captaciones, robos, fraudes, negaciones de dep\u00f3sitos, para cuyos delitos no bastan nuestros tres Foros. Si pretendes que el sabio se encolerice en proporci\u00f3n de la enormidad de los cr\u00edmenes, no habr\u00e1 de experimentar ira, sino demencia. Pero mejor es que creas que no deben irritar los errores:\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 dir\u00edas si se encolerizaren contra aquellos que marchan con paso vacilante en las tinieblas, contra los sordos que no oyen una orden, contra el esclavo que descuida el cumplimiento de sus deberes para contemplar los juegos y necios divertimientos de sus iguales? \u00bfqu\u00e9 dir\u00edas si se irritasen contra los enfermos viejos o extenuados? Debe colocarse entre las dem\u00e1s enfermedades de los mortales la oscuridad de la mente, y no solo existe necesidad de errar, sino tambi\u00e9n amor al error. Para no irritarte contra algunos, has de perdonarlos a todos; necesario es conceder indulgencia al g\u00e9nero humano. Si te irritas contra los j\u00f3venes y los ancianos porque delinquen, debes irritarte contra los ni\u00f1os porque han de delinquir. \u00bfY existe alguien que se irrite contra los ni\u00f1os cuya edad no puede discernir nada a\u00fan? pues la excusa es m\u00e1s fuerte y m\u00e1s justa para el hombre que para el ni\u00f1o. Condici\u00f3n de nuestro nacimiento es estar expuestos a tantas enfermedades de alma como de cuerpo, no por debilidad o lentitud de inteligencia, sino por el mal uso de su penetraci\u00f3n, viniendo a ser unos para otros ejemplos de vicio. Cada cual sigue al que le precede en el mal sendero; \u00bfc\u00f3mo no excusar al que se extrav\u00eda en camino p\u00fablico?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>X.<\/strong><\/span> La severidad del General se ejerce en los individuos; pero es necesaria la indulgencia cuando ha desertado todo el ej\u00e9rcito. \u00bfQui\u00e9n disipa la ira del sabio? la multitud de culpables, porque comprende cu\u00e1n injusto y peligroso es irritarse contra el vicio p\u00fablico. Cuantas veces sal\u00eda Her\u00e1clito y ve\u00eda en derredor suyo tantos que viv\u00edan mal, o mejor dicho, que mor\u00edan mal, lloraba y se compadec\u00eda de todos aquellos que encontraba felices y contentos; acci\u00f3n propia de esp\u00edritu sensible, pero demasiado d\u00e9bil, encontr\u00e1ndose \u00e9l mismo en el n\u00famero de los que merec\u00edan compasi\u00f3n. Dem\u00f3crito, por el contrario, nunca se encontraba en p\u00fablico, seg\u00fan dicen, sin re\u00edr; tan lejos estaba de considerar grave lo que se trataba gravemente. \u00bfQu\u00e9 objeto de ira existe aqu\u00ed abajo? Necesario es re\u00edr o llorar por todo. No, el sabio no se irritar\u00e1 contra los delitos. \u00bfPor qu\u00e9? porque sabe que nadie nace sabio, sino que se llega a serlo, y que un siglo entero produce muy pocos; porque tiene delante de los ojos la condici\u00f3n de la naturaleza humana, y ninguna mente sana se irrita contra la naturaleza. \u00bfSe asombrar\u00e1 de que no produzcan sabrosos frutos los matorrales silvestres? \u00bfExtra\u00f1ar\u00e1 que no den productos \u00fatiles las espinas y abrojos? Nadie se irrita <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">contra una imperfecci\u00f3n que excusa la naturaleza. El sabio, pues, sereno y justo ante los errores, no es enemigo, sino corrector de los que delinquen; y diariamente se dice: <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abEncontrar\u00e9 muchos ebrios, muchos libertinos, muchos ingratos, muchos avaros y otros muchos agitados por las furias de la ambici\u00f3n\u00bb; y a todos los considerar\u00e1 con igual benevolencia que el m\u00e9dico considera a los enfermos. \u00bfEl due\u00f1o de la nave cuya trabaz\u00f3n desunida hace agua por todas partes, se irrita contra los marineros o contra la nave? No, antes corre al encuentro del peligro, cerrando el paso al agua, arrojando la que ha penetrado, obstruyendo las aberturas visibles, combatiendo con trabajo continuo las filtraciones ocultas que insensiblemente van llenando la sentina, y no cesa porque el agua se renueva a medida que se la expulsa. Necesaria es perseverante asistencia contra los males continuos y fecundos, no para que desaparezcan, sino para que no triunfen.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XI.<\/strong><\/span> <strong>\u00abLa ira es \u00fatil, dicen, porque libra del desprecio, porque asusta a los malvados\u00bb.<\/strong> En primer lugar, si la ira es tan potente como sus amenazas, por lo mismo que es terrible, es odiosa. M\u00e1s peligroso es ser temido que ser despreciado. Pero si no es fuerte, se expone mucho m\u00e1s al desprecio y no evita la irrisi\u00f3n: \u00bfqu\u00e9 cosa m\u00e1s fr\u00eda que la ira agit\u00e1ndose en el vac\u00edo? En segundo lugar, de que una cosa sea terrible, no se sigue que sea poderosa: y no quisiera que se diese al sabio un arma que pertenece tambi\u00e9n a la fiera, el terror. \u00a1C\u00f3mo! <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfno se teme la fiebre, la gota o una llaga cancerosa? \u00bfencu\u00e9ntrase por esto algo bueno en estos males? Al contrario, \u00bfno inspiran repugnancia y horror precisamente porque se les teme? La ira por s\u00ed misma es deforme y poco temible, pero muchos la temen como teme el ni\u00f1o a las personas deformes. Y adem\u00e1s \u00bfel temor no recae sobre aquel que lo inspira, no pudiendo nadie hacerse temer y quedar tranquilo? Recuerda aquel verso de Laberio, recitado en el teatro en plena guerra civil y que todo el pueblo recibi\u00f3 como expresi\u00f3n del sentimiento p\u00fablico:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Necesse est multos timeat, quem multi timent.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La naturaleza ha establecido que aquel que es grande por el temor de los dem\u00e1s no escape a sus propios temores. El coraz\u00f3n del le\u00f3n se estremece al ruido m\u00e1s ligero: una sombra, un sonido, un olor extra\u00f1o turba a los animales m\u00e1s feroces. Todo lo que asusta tiembla a su vez. No existe, pues, raz\u00f3n para que el sabio desee que le teman.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XII.<\/strong> <\/span>No ha de creerse que la ira sea algo grande porque infunda temor; pues tambi\u00e9n se teme a las cosas m\u00e1s viles, los venenos, las tortas mort\u00edferas y la mordedura del reptil. No debe admirar que manadas de fieras queden detenidas y sean rechazadas hacia las trampas por un cord\u00f3n de plumas de diferentes colores, llamado por el efecto que producen formido (espanto). Los seres irracionales se asustan irracionalmente. El movimiento de un carro, el cambiante aspecto de una rueda hace entrar al le\u00f3n en su jaula; el gru\u00f1ido del cerdo asusta al elefante. As\u00ed tambi\u00e9n se teme la ira como el ni\u00f1o a las tinieblas, y las fieras a las plumas rojas: la ira no tiene en s\u00ed misma ninguna firmeza, ning\u00fan valor; pero intimida a los \u00e1nimos d\u00e9biles. \u00abHabr\u00e1s de suprimir de la naturaleza la maldad, dicen, si quieres suprimir la ira; pero no puedes hacer lo uno ni lo otro\u00bb. En primer lugar, podemos preservarnos del fr\u00edo, aunque el invierno sea propio de la naturaleza, y del calor, aunque existen meses de verano; bien sea porque las condiciones del paraje pongan a cubierto de las inclemencias de la estaci\u00f3n, bien sea que las costumbres del cuerpo triunfen de ambas sensaciones. En segundo lugar, invierte el argumento: necesario es suprimir la virtud del alma antes de dar <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">entrada a la ira, porque los vicios no coexisten con las virtudes; tan imposible es que el mismo hombre sea a la vez iracundo y sabio, como enfermo y robusto. \u00abImposible es, dicen, suprimir completamente del alma la ira, no permiti\u00e9ndolo la naturaleza del hombre\u00bb. Nada hay tan dif\u00edcil y penoso que la mente humana no pueda vencer, con lo que no pueda familiarizarla constante ejercicio; no hay pasi\u00f3n tan desenfrenada e indomable que no pueda doblegarse al peso de la disciplina. El \u00e1nimo obtiene todo lo que a s\u00ed mismo se manda. Algunos han conseguido no re\u00edr jam\u00e1s; otros se han prohibido el vino; \u00e9stos las mujeres; aqu\u00e9llos, en fin, todas las bebidas. Cont\u00e9ntase uno con breve sue\u00f1o, y prolonga infatigables vigilias; otros han aprendido a subir corriendo por cuerdas estiradas, a elevar pesos enormes, casi superiores a las fuerzas humanas, a sumergirse a profundidades inmensas y a permanecer debajo del agua sin respirar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">XIII<\/span>.<\/strong> Otras mil cosas existen en las que la perseverancia ha vencido todos los obst\u00e1culos, y prueban que nada es dif\u00edcil cuando el alma se ha impuesto a s\u00ed misma la paciencia. En los hechos que acabo de mencionar, el premio era nulo o muy inferior a trabajo tan obstinado. En efecto, \u00bfqu\u00e9 cosa magn\u00edfica gana el que ha aprendido a correr por la cuerda tirante, a cargar sus hombros con enormes pesos, a no someter sus ojos al sue\u00f1o, a penetrar en el fondo del mar? Y sin embargo, por escaso provecho, la perseverencia ha conseguido su objeto. \u00bfY nosotros no invocaremos en nuestro auxilio la paciencia que tan hermosa recompensa nos reserva, la inalterable tranquilidad del alma feliz? \u00bfNo es gran victoria libertarse de ese mal tan temible, la ira, y al mismo tiempo de la rabia, la violencia, la crueldad, el furor y dem\u00e1s pasiones que le acompa\u00f1an? No debemos buscar patrocinio para nosotros mismos, ni derecho a excusarnos diciendo: o es \u00fatil o es inevitable; porque <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 vicio ha carecido nunca de abogado? No debe decirse que la ira no puede curarse: los males que nos afligen no son incurables, y la naturaleza misma que nos cre\u00f3 para el bien, nos ayuda, si queremos enmendarnos. Adem\u00e1s, el camino de la virtud no es, como algunos han cre\u00eddo, \u00e1spero y dif\u00edcil, sino que se marcha por \u00e9l con planta segura. No vengo a referiros cosas vanas: f\u00e1cil es el camino hacia la vida feliz; emprendedlo solamente bajo buenos auspicios y con favorable asistencia de los dioses. Mucho m\u00e1s dif\u00edcil es hacer lo que hac\u00e9is: \u00bfqu\u00e9 hay m\u00e1s grato que la tranquilidad del \u00e1nimo? \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s laborioso que la ira? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 m\u00e1s tranquilo que la clemencia? \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s atareado que crueldad? La castidad siempre est\u00e1 en calma, el libertinaje siempre ocupado, y todas las virtudes, en fin, se conservan f\u00e1cilmente, manteni\u00e9ndose los vicios con grandes trabajos. \u00bfDebe contrarrestarse la ira? As\u00ed lo confiesan en parte los que dicen que debe moderarse. Proscrib\u00e1mosla por completo, puesto que para nada puede servir. Sin ella, con m\u00e1s facilidad y seguridad se suprimir\u00e1n los delitos, se castigar\u00e1 a los malvados y se les atraer\u00e1 al bien.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIV.<\/strong> <\/span>Todo lo que el sabio debe hacer, lo har\u00e1 sin el auxilio de cosa mala, y no apelar\u00e1 al uso de una pasi\u00f3n cuyos extrav\u00edos tendr\u00e1 que vigilar con inquietud. Nunca, por lo tanto, debe admitirse la ira; podr\u00e1 fingirse algunas veces cuando sea necesario despertar la atenci\u00f3n de esp\u00edritus cansados, como se excita con el l\u00e1tigo o la antorcha a los caballos tardos para emprender la carrera. Necesario es a las veces que el temor obre en aquellos con quienes nada puede la raz\u00f3n. Pero irritarse no es m\u00e1s \u00fatil que afligirse o asustarse. \u00ab\u00a1C\u00f3mo! <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfno sobrevienen ocasiones que provocan la ira?\u00bb Pues en estos casos principalmente se debe luchar contra ella: y no es dif\u00edcil vencer el \u00e1nimo, cuando se ve al atleta, que solamente se ocupa de la parte m\u00e1s vil de s\u00ed mismo, soportar, sin embargo, los golpes y el dolor para agotar las fuerzas de su contrario, y no hiere cuando a ello le impulsa la ira, sino <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">cuando encuentra ocasi\u00f3n propicia. Aseg\u00farase que Pirro, aquel gran maestro de ejercicios g\u00edmnicos, acostumbraba encargar a sus disc\u00edpulos que no se irritasen; porque la ira perjudica al arte y ve donde debe herir, pero no donde debe precaverse. As\u00ed es que muchas veces aconseja paciencia la raz\u00f3n, venganza la ira, y de un mal, que al principio pod\u00edamos evitar, caemos en otro mayor. Personas hay que, por no haber sabido soportar tranquilamente una palabra ultrajante, fueron desterradas; las hay que no queriendo pasar en silencio una injuria leve, tuvieron que soportar grav\u00edsimos males, y quienes, indign\u00e1ndose porque cercenaban peque\u00f1\u00edsima parte a su plena libertad, se atrajeron el yugo servil.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XV.<\/strong> <\/span>\u00abPara que te convenzas, dicen, de que la ira tiene en s\u00ed algo de generoso, ver\u00e1s libres los pueblos m\u00e1s irascibles, como los Germanos y los Scitas\u00bb. Esto sucede porque las almas fuertes y naturalmente en\u00e9rgicas, antes de ablandarlas la civilizaci\u00f3n, son propensas a la ira. Ciertos sentimientos solamente brotan en los esp\u00edritus mejores, como en terrenos fecundos, aunque incultos, crecen \u00e1rboles robustos; pero son muy diferentes los productos de las tierras cultivadas. As\u00ed, pues, esos \u00e1nimos, naturalmente en\u00e9rgicos, son iracundos; fogosos y viriles, nada mezquino y d\u00e9bil encierran; m\u00e1s esta energ\u00eda es imperfecta, como todo lo que se desarrolla sin arte, por la fuerza sola de la naturaleza; y si no se les doma desde el principio, estos g\u00e9rmenes del verdadero valor degeneran en audacia y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1C\u00f3mo! \u00bfno vemos unirse a la dulzura de car\u00e1cter debilidades an\u00e1logas, como la piedad, el amor, el pudor? Por esto te mostrar\u00e9 el buen car\u00e1cter por sus mismas imperfecciones; pero no dejan por ello de ser defectos, aunque sean indicios de buen natural. Adem\u00e1s, todos esos pueblos en su salvaje independencia, se parecen a los leones y a los lobos, que no pueden obedecer ni mandar. No existe en ellos la fuerza del car\u00e1cter humano, sino la irritabilidad de las fieras, y nadie puede gobernar si no sabe gobernarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVI.<\/strong><\/span> Por esta raz\u00f3n, casi siempre ha pertenecido el mando a los pueblos de las regiones templadas: el car\u00e1cter de los que habitan los hielos del Septentri\u00f3n, es salvaje, como dice el poeta:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8230;.Suoque simillima c\u0153lo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abConsid\u00e9ranse, dicen, como m\u00e1s generosos los animales m\u00e1s iracundos\u00bb. Es grave error presentar los animales como ejemplo del hombre, cuando en vez de raz\u00f3n, solamente tienen impulso; y el hombre, en vez de impulso, tiene raz\u00f3n. Y tampoco les mueve a todos el mismo impulso. Al le\u00f3n le ayuda la ira; al ciervo, el temor; al buitre, la impetuosidad; a la paloma, la fuga. \u00bfY es cierto, por otra parte, que sean mejores los animales m\u00e1s iracundos? Conceder\u00e9 que las fieras, que viven de su presa, sean tanto m\u00e1s fuertes, cuanto m\u00e1s furiosas; pero alabar\u00e9 en el buey la paciencia; en el caballo, la docilidad al freno. \u00bfMas por qu\u00e9 rebajar al hombre a tan infelices ejemplos, cuando tienes delante de ti al universo y Dios, que siendo el \u00fanico entre todos los animales que puede imitarlo, es el \u00fanico que lo comprende? \u00abA los iracundos, dicen, se les tiene por los m\u00e1s francos\u00bb. Porque se les compara con los astutos y sutiles, y parecen francos porque se descubren: yo no les llamar\u00eda francos, sino incautos. Este es el nombre que damos a los necios, a. los libertinos, a los pr\u00f3digos y dem\u00e1s viciosos poco reservados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVII.<\/strong><\/span> \u00abAlgunas veces, dicen, el orador que se arrebata es m\u00e1s elocuente\u00bb. Di m\u00e1s bien que finge arrebato, porque los histriones, con su energ\u00eda, conmueven al pueblo, no porque est\u00e1n irritados, sino porque imitan bien la ira. As\u00ed es que delante de los jueces, ante las asambleas populares y donde quiera que intentemos mover los \u00e1nimos a nuestro impulso, fingiremos en tanto ira, en tanto temor, en tanto compasi\u00f3n, para inspirarla a los dem\u00e1s; y frecuentemente, lo que no hubiera conseguido una emoci\u00f3n verdadera, lo conseguir\u00e1 otra fingida. \u00abEl alma es d\u00e9bil, dicen, si carece de ira\u00bb. Verdad es, si no hay nada m\u00e1s poderoso que la ira. No conviene ser ladr\u00f3n, ni robado, ni compasivo, ni cruel; lo uno ser\u00eda demasiada debilidad de \u00e1nimo, lo otro demasiada dureza. El sabio debe guardar el t\u00e9rmino medio; y si es necesario obrar con vigor, emplee la energ\u00eda y no la ira.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVIII.<\/strong> <\/span>Habiendo tratado lo concerniente a la ira, pasemos a sus remedios. En mi opini\u00f3n, son de dos clases: unos para no caer en ella, otros para preservarnos de sus faltas. As\u00ed como en la medicina del cuerpo hay remedios para conservar la salud y otros para restablecerla, as\u00ed tambi\u00e9n no son iguales los medios para repeler la ira y para triunfar de ella. Algunos preceptos abrazar\u00e1n la vida entera, y se dividir\u00e1n entre la educaci\u00f3n y las edades sucesivas. La educaci\u00f3n exige especial cuidado, y sus frutos se recogen en lo porvenir; porque es cosa f\u00e1cil amoldar los esp\u00edritus tiernos a\u00fan, y dif\u00edcil extirpar los vicios que han crecido con nosotros. La naturaleza de los esp\u00edritus, vehementes es harto ocasionada a la ira; porque as\u00ed como hay cuatro elementos, fuego, agua, aire y tierra, existen cuatro potencias correspondientes, fr\u00edo, calor, humedad y sequ\u00eda. De la mezcla de los elementos resulta la variedad de parajes, animales, cuerpos y costumbres, arrastrando a los esp\u00edritus diferentes inclinaciones, seg\u00fan la fuerza del elemento que en \u00e9l domina. por esta raz\u00f3n decimos que tales regiones son h\u00famedas o secas, fr\u00edas o c\u00e1lidas. Las mismas diferencias se encuentran entre los animales y entre los hombres.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIX.<\/strong><\/span> Lo importante es en qu\u00e9 medida contiene cada cual el calor y la humedad; la proporci\u00f3n dominante de cada elemento determinar\u00e1 las inclinaciones. El elemento c\u00e1lido producir\u00e1 iracundos, porque el fuego es activo y persistente. El elemento fr\u00edo har\u00e1 t\u00edmidos, porque el fr\u00edo embota y comprime. Por esta raz\u00f3n, algunos fil\u00f3sofos de los nuestros pretenden que la ira brota del pecho cuando la sangre hierve en derredor del coraz\u00f3n; y no hay otra raz\u00f3n para asignar con preferencia este asiento a la ira, sino que el pecho es la parte m\u00e1s caliente de todo el cuerpo. En los que domina el principio h\u00famedo, la ira crece poco a poco, porque no est\u00e1 preparado en ellos el calor, sino que lo adquieren por el movimiento. As\u00ed es que la ira de las mujeres y de los ni\u00f1os antes es viva que profunda, siendo d\u00e9bil en su principio. en las edades secas, la ira es violenta y sostenida, pero sin aumento, progresando poco porque al calor, que ya declina, le reemplaza pronto el fr\u00edo. Los ancianos son susceptibles y quisquillosos, como los enfermos y convalecientes y aquellos a quienes el cansancio o p\u00e9rdida de sangre han agotado el calor. En igual condici\u00f3n se encuentran los atormentados por el hambre y la sed, los que tienen sangre pobre y los debilitados por mala alimentaci\u00f3n. El vino inflama la ira, porque aumenta el calor, seg\u00fan el temperamento de cada cual.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XX.<\/strong><\/span> Algunos se enfurecen en la embriaguez, otros&#8230; heridos. Tampoco existe otra causa para que los iracundos tengan el cabello rojo y la tez encendida, poseyendo naturalmente el color que la ira da de ordinario a los dem\u00e1s, porque su sangre es muy movible y agitada. Pero de la misma manera que la naturaleza produce temperamentos dispuestos a la ira, as\u00ed <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">tambi\u00e9n muchas causas accidentales tienen el mismo poder que la naturaleza. Las enfermedades o padecimientos del cuerpo producen estos efectos; en otros el trabajo, continuas vigilias, noches inquietas, la ambici\u00f3n, el amor, en fin, toda causa que afecta al cuerpo y al alma, prepara la mente enferma a la irascibilidad. Pero estas cosas solamente son principios y causas, estribando todo en el h\u00e1bito, que si es profundo, alimenta al vicio. Dif\u00edcil es, sin duda, cambiar el car\u00e1cter, y no es posible transformar los elementos una vez combinados en el que nace; pero conveniente es saber que a los esp\u00edritus fogosos se debe prohibir el vino. Plat\u00f3n cree que debe negarse a los ni\u00f1os, y proh\u00edbe alimentar el fuego con el fuego. Tampoco se los debe sobrecargar de alimentos que dilatan el cuerpo, porque los esp\u00edritus se entumecen con ellos. El trabajo debe ejercitarles sin fatigarles, de manera que disminuya su calor sin extinguirse y su excesivo ardor arroje la espuma. Tambi\u00e9n son \u00fatiles los juegos, porque moderados placeres aflojan y dulcifican los \u00e1nimos. Los temperamentos h\u00famedos, secos y fr\u00edos no est\u00e1n expuestos a la ira, pero han de temer defectos m\u00e1s grandes, la cobard\u00eda, irresoluci\u00f3n, abatimiento y desconfianza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXI.<\/strong> <\/span>Estos caracteres necesitan blandura y dulzura, que les lleven a la alegr\u00eda. Y como han de emplearse contra la ira diferentes remedios que contra la tristeza, y estos defectos exigen tratamientos no solamente diversos sino contrarios, combatiremos siempre al m\u00e1s saliente. Mucho importa, repito, que los ni\u00f1os reciban desde muy temprano saludable educaci\u00f3n. Tarea dif\u00edcil es esta, porque debemos atender a no alimentar en ellos la ira y a no embotar su \u00e1nimo. Este asunto reclama diligente observaci\u00f3n. Tanto lo que conviene cultivar como lo que se necesita extinguir, se nutre de los mismos alimentos, y lo semejante con facilidad enga\u00f1a hasta al m\u00e1s atento. El esp\u00edritu abusa de la licencia; se deprime en la servidumbre; los elogios le exaltan inspir\u00e1ndole noble confianza en s\u00ed mismo, pero al mismo tiempo engendran la insolencia y la irascibilidad. Necesario es, pues, mantener al ni\u00f1o igualmente alejado de ambos extremos, a fin de poder emplear unas veces el freno y otras el aguij\u00f3n, y no se le imponga nada humillante ni servil. Que nunca necesite pedir suplicando, ni le aproveche la s\u00faplica; que nada se le d\u00e9 sino por consideraci\u00f3n de \u00e9l mismo, de su conducta pasada o buenas promesas para el porvenir. En sus luchas con los compa\u00f1eros, no se consienta que sea vencido ni que se encolerice; procuremos que sea amigo de aquellos con quienes acostumbra rivalizar, con objeto de que en los cert\u00e1menes se acostumbre, no a herir, sino a vencer. Cuantas veces triunfe o haya realizado algo laudable, dej\u00e9mosle que se glor\u00ede, pero que no se aplauda con exceso, porque la alegr\u00eda lleva a la embriaguez, la embriaguez al orgullo y a elevada idea de s\u00ed mismo. Conceder\u00e9mosle alg\u00fan descanso, pero no le dejaremos ablandarse en la ociosidad y la pereza, y le mantendremos alejado del contacto de las voluptuosidades. Nada hace tan irritable como educaci\u00f3n blanda y complaciente, y por esta raz\u00f3n cuanta m\u00e1s indulgencia se tiene con un hijo \u00fanico, cuanto m\u00e1s se concede a un pupilo, m\u00e1s se corrompe su \u00e1nimo. No soportar\u00e1 una ofensa aquel a quien nunca se neg\u00f3 nada, aquel cuyas l\u00e1grimas enjug\u00f3 siempre tierna madre, que constantemente tuvo raz\u00f3n contra su pedagogo. \u00bfNo ves que las riquezas m\u00e1s grandes van acompa\u00f1adas siempre de las iras mayores? Este vicio se muestra principalmente en los ricos, en los nobles, en los magistrados cuando la fortuna hincha y levanta todo lo que hay de vano y fr\u00edvolo en el coraz\u00f3n. La prosperidad alimenta la c\u00f3lera, cuando la muchedumbre de aduladores asalta los o\u00eddos del soberbio y le dice: No te mides por tu altura, voluntariamente te rebajas; y otras lisonjas a las que dif\u00edcilmente resistir\u00eda un esp\u00edritu sano y s\u00f3lidamente fundado desde antiguo. Necesario es, pues, alejar la infancia de toda adulaci\u00f3n; que oiga la verdad; que algunas veces conozca el temor y siempre el respeto;\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">que rinda homenaje a la ancianidad; que nada consiga por la ira. Ofr\u00e9zcasele cuando est\u00e9 tranquilo, aquello que se le neg\u00f3 cuando lloraba; que tenga en perspectiva y no en uso las riquezas paternas, y que se le repruebe toda mala acci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXII.<\/strong> <\/span>Importante es para esto elegir preceptores y pedagogos de pl\u00e1cido car\u00e1cter. Todo lo tierno se adhiere a lo inmediato y crece conform\u00e1ndose con ello: el adolescente reproduce muy pronto las costumbres de las nodrizas y pedagogos. Un ni\u00f1o educado en casa de Plat\u00f3n y llevado a la casa paterna, viendo irritarse a su padre gritando, dijo: \u00abNunca vi eso en casa de Plat\u00f3n\u00bb. Pero no dudo que m\u00e1s bien imitar\u00eda a su padre que a Plat\u00f3n. Sea ante todo frugal la alimentaci\u00f3n del ni\u00f1o, sin lujo sus trajes y semejantes a los de sus compa\u00f1eros. No se irritar\u00e1 al verse comparado a los dem\u00e1s, si desde el principio le haces igual al mayor n\u00famero. Pero todo esto se refiere solamente a nuestros hijos. En cuanto a nosotros, si la suerte del nacimiento y de la educaci\u00f3n no deja lugar al vicio ni a los preceptos, habremos de ordenar los d\u00edas que nos quedan. Debernos, pues, combatir contra las causas primeras. Causa de la ira es la idea de que se ha recibido una injuria; necesario es no creer en ello f\u00e1cilmente, ni ceder ni aun a aquellas cosas que nos parecen evidentes, porque con frecuencia lo falso tiene las mismas apariencias que lo verdadero. Indispensable es conceder siempre un plazo; el tiempo descubre la verdad. No prestemos complaciente o\u00eddo a los que acriminan: conozcamos bien y desconfiemos de este vicio de la naturaleza humana, por el cual creemos de buen grado lo que nos disgusta saber, y nos irritamos antes de juzgar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIII.<\/strong><\/span> \u00bfQu\u00e9 suceder\u00e1 si dej\u00e1ndonos arrastrar n solamente por falsos relatos, sino que tambi\u00e9n por sospechas, si interpretando en mal sentido el gesto, la sonrisa, nos irritamos contra inocentes? Necesario es, pues, que defendamos contra nosotros mismos la causa del ausente, y dejemos en suspenso nuestra ira. El castigo diferido puede cumplirse, pero, cumplido no puedo suspenderse ya. Conocido es aquel tiranicida que, sorprendido antes de haber consumado su obra, y atormentado por Hipias para que delatase a sus c\u00f3mplices, nombr\u00f3 los amigos del tirano que estaban en derredor suyo, y que sab\u00eda apreciaban m\u00e1s su vida: cuando los hubo mandado a la muerte uno a uno, pregunt\u00e1ndole si quedaba alguno m\u00e1s por nombrar: \u00abA ti solo, contest\u00f3, porque no he dejado a nadie que te quiera\u00bb. La ira hizo que el tirano ayudase al tiranicida e hiriese a sus defensores con su propia espada.\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s animoso fue Alejandro! Habiendo recibido una carta de su madre, en la que le preven\u00eda que se precaviese del veneno del m\u00e9dico Filipo, bebi\u00f3 descuidadamente la poci\u00f3n que le propinaba. Confiando en s\u00ed mismo en cuanto a su amigo, digno fue de encontrarlo, y digno de hacerle inocente. Esto lo admiro tanto m\u00e1s en Alejandro, cuanto que nadie, fue m\u00e1s pronto a la ira, siendo m\u00e1s de aplaudir la moderaci\u00f3n en los reyes cuanto m\u00e1s rara es. Tambi\u00e9n lo hizo as\u00ed C. C\u00e9sar usando con suma clemencia de la victoria civil. Habiendo sorprendido carpetas que conten\u00edan cartas escritas a Pompeyo por aquellos que al parecer hab\u00edan seguido el partido contrario o permanecido neutrales, las quem\u00f3, y aunque de ordinario era muy moderado en su ira, prefiri\u00f3 no tener ocasi\u00f3n para irritarse. Consider\u00f3 que la manera m\u00e1s noble de perdonar es ignorar las ofensas de todos. Muchos males causa la credulidad, con frecuencia ni siquiera se le debe escuchar, porque en ciertas cosas mejor es ser enga\u00f1ado que desconfiado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIV.<\/strong><\/span> Indispensable es desterrar del alma toda sospecha y conjetura ocasionada a injustas iras. Aqu\u00e9l me ha saludado con poca cortes\u00eda, aquel otro no correspondi\u00f3 <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">cari\u00f1osamente a mi \u00f3sculo; \u00e9ste ha interrumpido bruscamente una frase comenzada; aqu\u00e9l no me ha invitado a su banquete, y el semblante del otro no me ha parecido muy risue\u00f1o. Nunca faltar\u00e1 pretexto a la sospecha: contemplemos con mayor sencillez las cosas, y juzgu\u00e9moslas con m\u00e1s benignidad. Creamos solamente lo que hiera nuestros ojos, lo que sea evidente, y siempre que descubramos la falta de fundamento de nuestras sospechas, reprendamos nuestra credulidad. Este castigo nos acostumbrar\u00e1 a no creer f\u00e1cilmente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXV.<\/strong> <\/span>S\u00edguese de esto que no debemos encolerizarnos por causas fr\u00edvolas y despreciables. Mi esclavo es torpe, el agua est\u00e1 tibia, el lecho poco mullido, la mesa descuidadamente servida: locura es irritarse por esto; de enfermos es o de pobre salud el estremecerse al viento m\u00e1s ligero; de vista muy delicada deslumbrarse por la blancura de una toga; de enervado por la molicie sentir dolor de costado por el trabajo ajeno. Cu\u00e9ntase que Mindyrides, de la ciudad de los Sibaritas, viendo un hombre que cavaba la tierra y alzaba bastante el azad\u00f3n, se quej\u00f3 de fatiga, y le prohibi\u00f3 continuar su trabajo en presencia suya. El mismo se lamentaba de tener una contusi\u00f3n por haberse acostado sobre hojas de rosa plegadas. Cuando las voluptuosidades han corrompido a la vez el cuerpo y el alma, todo parece insoportable, no por su dureza, sino por nuestra molicie. \u00bfDe qu\u00e9 proceden en verdad esos accesos de ira por una tos o estornudo, por una mosca que no han espantado bastante pronto, por encontrar en nuestro camino un perro, por caer inadvertida mente una llave de la mano del esclavo? \u00bfSoportar\u00e1 con tranquilidad los gritos populares, los sarcasmos del Foro y de la curia, aquel cuyos o\u00eddos ofenden el ruido de una silla arrastrada? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfSoportar\u00e1 el hambre y la sed en una guerra de est\u00edo el que se irrita contra el esclavo que ha disuelto mal la nieve en el vino?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXVI.<\/strong><\/span> As\u00ed, pues, nada alimenta tanto la ira como las intemperancias e impaciencias de la molicie. Debemos tratar nuestra alma con dureza, para que no sienta los golpes si no son muy graves. Nos irritamos contra objetos de que no hemos podido recibir injuria, o contra aquellos de que hemos podido recibirla. Entre los primeros los hay inanimados, como el libro, que algunas veces arrojamos porque est\u00e1 escrito en caracteres muy peque\u00f1os o rasgamos porque le encontramos faltas; como los vestidos, que hacernos pedazos porque nos desagradan: \u00bfno es demencia irritarse contra cosas que no pueden merecer ni sentir nuestra c\u00f3lera? \u00abPero nos ofenden los que las hicieron\u00bb. En primer lugar, frecuentemente nos irritamos antes de hacer esta distinci\u00f3n, y adem\u00e1s, tal vez los mismos art\u00edfices podr\u00edan alegar buenas excusas. Uno no pudo hacerlo mejor que lo hizo, y no es injurioso para ti si no sabe m\u00e1s; el otro no lo hizo por ofenderte. En \u00faltimo caso, \u00bfqu\u00e9 locura mayor que derramar sobre cosas la bilis excitada por hombres? Pero si es insensato irritarse contra objetos privados de sentimiento, no lo es menos irritarse contra animales que no pueden injuriarnos porque no pueden quererlo, porque no hay injuria si no parte de la intenci\u00f3n. De la misma manera pueden perjudicarnos que un arma, una piedra, pero no pueden causarnos injuria. Sin embargo, personas hay que se creen ultrajadas si un caballo d\u00f3cil con otro jinete no lo es con ellas; como si la reflexi\u00f3n y no la costumbre y ejercicios del arte fuese la que hiciese ciertas cosas m\u00e1s manejables a ciertos hombres.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXVII.<\/strong> <\/span>Ahora bien, si la ira en estos casos es rid\u00edcula, lo es tambi\u00e9n en cuanto a los ni\u00f1os y aquellos que no les superan mucho en prudencia. Ante juez equitativo, en todas las faltas, la imprevisi\u00f3n se considera inocencia. Otros seres existen que no pueden da\u00f1ar, sino que tienen propiedad ben\u00e9fica y saludable, como los dioses inmortales que no quieren ni <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">pueden perjudicar, Dulce y tranquila es su naturaleza, y tan lejana de da\u00f1ar a los otros como a s\u00ed misma. Solamente los insensatos y los que desconocen la verdad pueden imputarles los furores del mar, las lluvias excesivas, los rigores del invierno, cuando no se dirige especialmente a nosotros nada de lo que nos favorece o perjudica. A los ojos de la naturaleza, no somos nosotros causa de los peri\u00f3dicos regresos del invierno y del verano; esto depende de leyes con las que gobierna lo divino. Nos estimamos con exceso al creernos dignos de ser principio de tan maravillosos movimientos. Nada de esto se ha hecho en perjuicio nuestro; todo lo contrario, nada hay que no se haya hecho en nuestro favor. Hemos dicho que existen seres que no pueden da\u00f1ar: otros hay que no quieren. Entre \u00e9stos se encuentran los magistrados buenos, los padres, preceptores y jueces, cuyos castigos han de considerarse como el escalpelo, la dieta y dem\u00e1s cosas que nos hacen da\u00f1o para nuestro bien. \u00bfSufrimos una pena? recordemos, no lo que sufrimos, sino lo que hemos hecho: examinemos nuestra conducta. Si queremos confesarnos la verdad, apreciaremos con mayor severidad nuestro delito. Si queremos ser jueces equitativos, convendremos ante todo en que ninguno de nosotros est\u00e1 exento de faltas. Nuestra mayor indignaci\u00f3n nace de decirnos: Nada tengo que reprenderme; no he hecho nada; es decir, que no te confiesas nada. Nos sublevamos al vernos sometidos a alguna reprensi\u00f3n, a alg\u00fan castigo; mientras que en el momento mismo delinquimos a\u00f1adiendo a nuestras faltas la arrogancia y rebeli\u00f3n. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 llamarse inocente ante todas las leyes? Y aun siendo as\u00ed, \u00a1qu\u00e9 pobre inocencia no ser bueno m\u00e1s que seg\u00fan la ley! La regla de nuestros deberes es mucho m\u00e1s extensa que la de nuestro derecho. \u00bfCu\u00e1ntas cosas nos mandan la piedad, la humanidad, la liberalidad, la justicia y la buena fe, que no est\u00e1n escritas en las tablas de la ley?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXVIII.<\/strong> <\/span>Pero ni siquiera podemos seguir esta estrech\u00edsima f\u00f3rmula de inocencia. Hemos hecho unas cosas, otras las hemos meditado, deseado \u00e9stas y ayudado a aqu\u00e9llas; en algunas somos inocentes porque no han tenido resultados. Pensando esto, seremos m\u00e1s indulgentes para con los que delinquen y m\u00e1s d\u00f3ciles a las reprensiones: sobre todo no nos irritemos contra nosotros mismos (\u00bfa qui\u00e9n perdonaremos si no nos perdonarnos?), y menos a\u00fan contra los dioses. Los disgustos que nos sobrevienen no los soportamos por su ley, sino por la de la humanidad. Nos asaltan enfermedades y dolores. De alguna manera hemos de salir de este domicilio de s\u00f3rdido barro. Te dir\u00e1n que alguno ha hablado mal de ti; medita si no has comenzado primero; investiga de cu\u00e1ntos has hablado t\u00fa. Consideremos, en fin, que unos no infieren injuria, sino que la devuelven; que otros la infieren inducidos a ellos, \u00e9stos obligados, aqu\u00e9llos por ignorancia: hasta el que la infiere voluntariamente y con conocimiento, al ofendernos, no trata de hacerlo as\u00ed. O cede al atractivo de un chiste, o hace algo, no por causarnos da\u00f1o, sino porque no pod\u00eda prosperar sin rechazarnos. Frecuentemente hiere la adulaci\u00f3n al acariciar. Quien recuerde cu\u00e1ntas veces ha estado expuesto a falsas sospechas, cu\u00e1ntos favores le ha otorgado la fortuna bajo apariencias de da\u00f1o, a cu\u00e1ntas personas ha amado despu\u00e9s de haberlas odiado, no se irritar\u00e1 con tanta prontitud, sobre todo si a cada cosa que le ofende se dice secretamente: Yo tambi\u00e9n he hecho lo mismo. Pero \u00bfd\u00f3nde encontrar\u00e1s un juez tan equitativo? \u00bfAcaso en el que nunca ve la mujer ajena sin desearla, bast\u00e1ndole para justificar su amor que sea de otro, al mismo tiempo que no quiere que miren la suya? \u00bfAcaso en el hombre sin fe que exige inflexiblemente el cumplimiento de la promesa, en el perjuro que persigue la mentira, en el calumniador que est\u00e1 impaciente porque se le llame a juicio? No quiere que se atente al pudor de sus esclavos j\u00f3venes el mismo que entrega el suyo. Tenemos delante de los ojos los vicios ajenos, y a la espalda los nuestros. Por esta raz\u00f3n reprende el padre los <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">prolongados festines de un hijo menos desarreglado que \u00e9l. El que nada niega a sus pasiones, no concede nada a las de los dem\u00e1s; el tirano se irrita contra el homicida, y el sacr\u00edlego castiga los robos. La mayor\u00eda de los hombres se irrita no contra el delito, sino contra el delincuente. El examen de nosotros mismos nos har\u00e1 m\u00e1s indulgentes, si nos preguntamos: \u00bfNo hemos hecho algo parecido? \u00bfNo hemos errado de la misma manera? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfGanamos algo con condenar? El mejor remedio para la ira es el tiempo. No le pidas al principio que perdone, sino que juzgue; si espera, se disipa. No trates de comprimirla de un solo golpe; su primer arrebato es demasiado en\u00e9rgico; pero se la vence por completo si se le ataca por partes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIX.<\/strong> <\/span>De las cosas que nos ofenden, unas nos las refieren, otras las o\u00edmos o vemos nosotros mismos. En cuanto a las que nos refieren, no debemos apresurarnos a creerlas. Muchos mienten para enga\u00f1ar, otros porque est\u00e1n enga\u00f1ados. Este acrimina para captarse benevolencia. y supone la injuria para mostrarnos inter\u00e9s; aqu\u00e9l, por desconfianza, intenta romper \u00edntimas amistades, y no falta quien, por malicia, goza en contemplar desde lejos y sin peligro la lucha de los que llev\u00f3 a la discordia. Si tuvieses que juzgar en un litigio sobre cantidades peque\u00f1as, sin testigo, nada se te probar\u00eda; sin juramento el testigo no valdr\u00eda; a las dos partes otorgar\u00edas dilaci\u00f3n, conceder\u00edas tiempo, oir\u00edaslas m\u00e1s de una vez, porque la verdad brilla tanto m\u00e1s cuantas m\u00e1s veces nos ha pasado por las manos. \u00bfY al amigo le condenas en el acto, sin o\u00edrle, sin interrogarle? \u00bfAntes de que pueda conocer su acusador o su delito, te irritas contra \u00e9l? \u00bfConoces en el acto la verdad? \u00bfHas o\u00eddo lo que dir\u00e1n el uno y el otro? El mismo que te lo refiri\u00f3 desistir\u00e1 de ello si tiene que probarlo. -No me descubras, te dir\u00e1; si me nombras, lo negar\u00e9 todo: nunca te dir\u00e9 ya nada. -Al mismo tiempo que te excita, se sustrae de la lucha y el combate. Quien solamente en secreto quiere hablarte, casi no habla. \u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s inicua que creer en secreto e irritarse en p\u00fablico?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXX.<\/strong> <\/span>De algunas cosas somos testigos nosotros mismos. En este caso, examinemos el car\u00e1cter e intenci\u00f3n de los que las hacen. \u00bfEs un ni\u00f1o? se perdona a la edad; ignora, si hace da\u00f1o. \u00bfEs un padre? o nos ha hecha bastante bien para adquirir derecho a una ofensa, o tal vez es un favor m\u00e1s el que tomamos por injuria. \u00bfEs una mujer? se enga\u00f1a. \u00bfEs por mandato? \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda, sin injusticia irritarse contra la necesidad? \u00bfEs por represalia? no se te injuria si sufres lo que t\u00fa has hecho sufrir antes. \u00bfEs un juez? respeta m\u00e1s su sentencia que la tuya. \u00bfEs un rey? si te castiga culpable, cede a la justicia; si inocente, cede a la fortuna. \u00bfEs un animal irracional u otro ser parecido? te haces semejante a \u00e9l irrit\u00e1ndote.\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfEs una enfermedad, una calamidad? m\u00e1s pronto pasar\u00e1 si la soportas. \u00bfEs un dios? pierdes el trabajo irrit\u00e1ndote contra \u00e9l, lo mismo que al invocar su c\u00f3lera contra otro. \u00bfEs un var\u00f3n justo el que le ha injuriado? no lo creas. \u00bfEs un malvado? no te asombres; otro le castigar\u00e1 por lo que te ha hecho; y ya lo est\u00e1 por la falta misma que ha cometido. Dos circunstancias, como dije, excitan la ira: primera, si creemos que se nos ha injuriado: sobre \u00e9sta ya hemos dicho bastante; segunda, cuando nos parece que ha sido injustamente: de \u00e9sta vamos a ocuparnos. Los hombres consideran como injustas ciertas cosas que no merecen sufrir u otras que no esperaban. Consideramos inicuo lo improvisto; as\u00ed es que lo que ocurre contra lo que esper\u00e1bamos es lo que m\u00e1s subleva. No por otra raz\u00f3n nos ofenden en nuestra casa hasta las cosas m\u00e1s peque\u00f1as, y consideramos injuria la negligencia del amigo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXI.<\/strong><\/span> \u00ab\u00bfPor qu\u00e9, dicen, somos tan sensibles a los ultrajes de un enemigo?\u00bb Porque no los esper\u00e1bamos, o porque exceden a lo que esperamos. Esto es efecto de excesivo amor <\/span>propio: consideramos que debemos ser inviolables hasta para nuestros enemigos. Cada cual tiene en su interior pretensiones de rey, y quiere tener sobre los dem\u00e1s autoridad absoluta, sin conceder ninguna sobre \u00e9l. As\u00ed, pues, la ignorancia de las cosas o la presunci\u00f3n es lo que nos hace irascibles. La ignorancia \u00bfpuede extra\u00f1arse que los malvados realicen el mal? <span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQu\u00e9 de particular tiene que un enemigo perjudique, que un amigo ofenda, que un hijo se extrav\u00ede, que un esclavo delinca? Fabio dec\u00eda que era deplorable excusa para un general decir: No pens\u00e9 en ello: por mi parte creo que es deplorable para todo hombre. Piensa en todo; prevelo todo: hasta en los caracteres mejores existen asperezas. La naturaleza humana produce amigos insidiosos, produce ingratos, produce codiciosos, produce imp\u00edos. En tus juicios acerca de las costumbres de uno solo, piensa en las costumbres p\u00fablicas: cuando te felicitas m\u00e1s, debes temer m\u00e1s; cuando todo te parece tranquilo, no han desaparecido las tempestades, sino que est\u00e1n adormecidas: piensa que siempre existe algo que puede perjudicarte. El piloto no despliega nunca todas sus velas con seguridad tan completa, que no est\u00e9n preparadas las jarcias para replegarlas. Recuerda sobre todo que la pasi\u00f3n de da\u00f1ar es infame y odiosa, y completamente extra\u00f1a a la \u00edndole del hombre, cuya bondad dulcifica hasta las naturalezas m\u00e1s agrestes. Contempla al elefante doblando la cabeza bajo el yugo, al toro dejando que impunemente monten en su lomo mujeres y ni\u00f1os, a las serpientes desliz\u00e1ndose entre nuestras copas y rodeando nuestros pechos con inocentes pliegues, y, en nuestras casas, leones y osos abriendo ante nuestras manos bocas pac\u00edficas y prodigando caricias a sus amos: verg\u00fcenza ser\u00eda haber cambiado con los animales las costumbres. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Crimen es da\u00f1ar la patria, por consecuencia tambi\u00e9n a un ciudadano, que es parte de la patria. Cuando el todo es sagrado, la parte tiene derecho al respeto; luego el hombre es sagrado, porque es tu conciudadano en la gran ciudad. \u00bfQu\u00e9 suceder\u00eda si las manos quisiesen da\u00f1ar a los pies y los ojos a las manos? As\u00ed como todos los miembros deben estar de acuerdo, porque a todos interesa la conservaci\u00f3n de cada uno, as\u00ed tambi\u00e9n los hombres deben socorrerse rec\u00edprocamente, porque han, nacido para vivir en com\u00fan: y no puede salvarse la sociedad sin el amor y mutuo apoyo de cada una de sus partes. No aplastar\u00edamos ni a las v\u00edboras y serpientes de agua, funestas por sus golpes y mordeduras, si pudi\u00e9semos domesticarlas como a los otros animales, e impedirles que fuesen da\u00f1osas para nosotros y para los dem\u00e1s. As\u00ed tambi\u00e9n no castigaremos al hombre porque pec\u00f3, sino para que no peque m\u00e1s; y en sus penas, la ley no atiende a lo pasado, sino a lo porvenir; porque no se irrita sino que prev\u00e9. Si se hubiese de castigar toda \u00edndole depravada y dispuesta al mal, la pena no exceptuar\u00eda a nadie.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXII.<\/strong> <\/span>\u00abPero la c\u00f3lera encierra cierto placer, y es dulce devolver el mal\u00bb. De ninguna manera; porque si es bella cosa en los favores recompensar el bien con el bien, no lo es devolver injuria por injuria, en aquello es vergonzoso ser vencido; en esto, vencer. La venganza no es palabra humana (por lo que se la confunde con la justicia), y el tali\u00f3n solamente se diferencia de ella en que es ordenado. El que devuelve la injuria peca aunque con alguna excusa. Un hombre golpe\u00f3 por equivocaci\u00f3n en los ba\u00f1os p\u00fablicos a M. Cat\u00f3n, a quien no conoc\u00eda, \u00bfqui\u00e9n la, hubiese ofendido conoci\u00e9ndole? y excus\u00e1ndose en seguida, dijo Cat\u00f3n: \u00abNo recuerdo haber recibido golpes\u00bb. Consider\u00f3 mejor olvidar la injuria que castigarla. -\u00bfNo result\u00f3 alg\u00fan mal, dices, de tanto exceso de insolencia? -Al contrario, mucho bien; aquel hombre aprendi\u00f3 a conocer a Cat\u00f3n. De grandes almas es despreciar las injurias: la venganza m\u00e1s humillante para el agresor es no parecer digno de provocar venganza. Muchos, al pedir reparaci\u00f3n por injurias peque\u00f1as, no han hecho m\u00e1s que agravarlas: grande y generoso es aquel que, imitando a las fieras nobles, oye sin <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">conmoverse los impotentes ladridos de los gosquecillos. -Se nos despreciar\u00e1 menos si nos vengamos, dices. -Si llegarnos a la venganza como remedio, lleguemos a ella sin ira, y no porque la venganza sea dulce, sino porque sea \u00fatil. Pero frecuentemente mejor es disimular que vengarse.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXIII.<\/strong> <\/span>Las injurias de los poderosos deben soportarse no solamente con paciencia, sino que tambi\u00e9n con risue\u00f1o rostro, porque humillar\u00e1n de nuevo si se persuaden de que han humillado. Lo m\u00e1s repugnante en la insolencia de los afortunados es odiar a aquellos a quienes ofendieron. Conocid\u00edsima es la frase de aquel que hab\u00eda envejecido sirviendo a reyes, cuando le preguntaban c\u00f3mo hab\u00eda llegado a cosa tan rara en la corte, a la vejez: <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00abRecibiendo injurias, contest\u00f3, y dando las gracias\u00bb. Frecuentemente no es provechoso vengar las injurias, si\u00e9ndolo por el contrario no reconocerlas. Disgustado C. C\u00e9sar por la minuciosidad que afectaba en traje y peinado el hijo de Pastor, ilustre caballero romano, le hizo reducir a prisi\u00f3n, y rog\u00e1ndole el padre que perdonase a su hijo, cual si la s\u00faplica fuese sentencia de muerte, orden\u00f3 en el acto que le llevaran al suplicio. Mas para que no fuese todo inhumano en sus relaciones con el padre, le invit\u00f3 a cenar aquella misma noche. Pastor acudi\u00f3 sin mostrar el menor disgusto en el semblante. Despu\u00e9s de encargar que le vigilasen, C\u00e9sar le brind\u00f3 con una copa grande, y el desgraciado la vaci\u00f3 completamente, aunque haci\u00e9ndolo como si bebiese la sangre de su hijo. Mandole perfumes y coronas, con orden de observar si los aceptaba; los acept\u00f3. El mismo d\u00eda en que hab\u00eda enterrado al hijo, o mejor dicho, que no pudo enterrarlo, \u00e9l, centenario, estaba reclinado en el lecho en el banquete de C\u00e9sar, y el anciano gotoso hacia libaciones que apenas se permit\u00edan el d\u00eda del nacimiento de un hijo. Durante todo el tiempo no derram\u00f3 ni una l\u00e1grima, ni se\u00f1al alguna revel\u00f3 su dolor. Cen\u00f3 como si hubiese obtenido el perd\u00f3n de su hijo. \u00bfMe preguntas por qu\u00e9? Porque ten\u00eda otro. \u00bfQu\u00e9 hizo Pr\u00edamo? \u00bfno disimul\u00f3 su ira y abraz\u00f3 las rodillas del Rey? A sus labios llev\u00f3 aquella mano funesta, te\u00f1ida con la sangre de su hijo, y ocup\u00f3 su lugar en el banquete, pero sin perfumes, sin coronas; su cruel enemigo le instaba, a fuerza de consuelos tomar alg\u00fan alimento, y a vaciar anchas copas bajo la vista de un vigilante escondido. Aquiles hubiese despreciado al padre troyano si hubiese temido por s\u00ed mismo, pero el amor paternal triunf\u00f3 de la ira. Digno fue Pr\u00edamo de que se le permitiese, al salir del fest\u00edn, recoger los restos de su hijo. No permiti\u00f3 esto el joven tirano con su afable y ben\u00e9volo aspecto; provocando al anciano con frecuentes brindis, le invitaba a desterrar sus penas, y \u00e9ste, en recompensa, se mostraba regocijado e indiferente a lo que hab\u00eda pasado aquel d\u00eda. El segundo hijo hubiese perecido, de no quedar el verdugo contento del convidado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXIV.<\/strong><\/span> Necesario es abstenerse de la ira, sea contra el igual, sea contra el superior, sea contra el inferior. El resultado de la lucha con el igual es problem\u00e1tico; luchar con el superior es insensato, y vil con el inferior. Despreciable e infeliz es el que devuelve el mordisco: el rat\u00f3n y la hormiga amenazan la mano que les coge: los seres d\u00e9biles se creen ofendidos en cuanto se les toca. Nos calmar\u00e1 el recuerdo de los favores recibidos en otro tiempo de aquel contra quien nos irritamos, y el beneficio rescatar\u00e1 la ofensa. Recordemos tambi\u00e9n la reputaci\u00f3n que nos formar\u00e1 nuestra fama de dulzura, y cu\u00e1ntos amigos \u00fatiles proporciona la clemencia. No tengamos ira contra los hijos de nuestros enemigos p\u00fablicos y privados. Uno de los ejemplos de la crueldad de Sila fue haber expulsado de los cargos p\u00fablicos a los hijos de los proscritos. Nada m\u00e1s injusto que hacer pasar a los hijos el odio que se tuvo a los padres. Pregunt\u00e9monos, cuando nos cueste trabajo perdonar, si nos convendr\u00eda que fuesen todos inexorables con nosotros. \u00a1Cu\u00e1ntas veces implora perd\u00f3n el <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">que lo neg\u00f3! \u00a1Cu\u00e1ntas veces cae a los pies del que rechaz\u00f3 con los suyos! \u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s noble que transformar la ira en amistad? \u00bfQu\u00e9 aliados m\u00e1s fieles tuvo el pueblo romano que aquellos que por mucho tiempo fueron sus enemigos m\u00e1s encarnizados? \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda hoy del Imperio si afortunada previsi\u00f3n no hubiese confundido vencidos y vencedores? \u00bfSe irrita alguno? atr\u00e1ele t\u00fa con beneficios. La lucha cesa en cuanto uno de los dos abandona el puesto: para combatir se necesitan dos. Si se traba pelea, m\u00e9zclase la ira; triunfa aquel que retrocede primero; el vencedor es vencido. Te ha golpeado, ret\u00edrate. Al devolverle los golpes, le proporcionar\u00e1s ocasi\u00f3n de darte m\u00e1s y con excusa; ni podr\u00e1s desembarazarte de \u00e9l cuando quieras. \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda herir con tal fuerza al enemigo que dejase la mano en la llaga sin poder retirarla? Arma de esta clase es la ira; dif\u00edcilmente se retira.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXV.<\/strong><\/span> Elegimos armas convenientes, espada c\u00f3moda y f\u00e1cil de manejar: \u00bfy no evitaremos las pasiones del alma, mucho m\u00e1s pesadas y que descargan golpes m\u00e1s furiosos e irrevocables? Aquella rapidez agrada en un caballo que se detiene a la voz, que no traspasa el t\u00e9rmino, que puede regirse a voluntad y reducirse de la carrera al paso. Sabemos que los nervios est\u00e1n enfermos cuando se agitan a pesar nuestro. Solamente los ancianos y los enfermos corren cuando quieren andar. Sanos y vigorosos son aquellos movimientos del alma que siguen nuestro impulso, no los arrastrados por el suyo. Nada, sin embargo, ser\u00e1 tan \u00fatil como considerar primeramente la deformidad de la ira, y despu\u00e9s sus peligros. Ninguna pasi\u00f3n tiene aspecto tan desordenado; afea los semblantes m\u00e1s bellos y descompone los rostros m\u00e1s tranquilos. El hombre irritado pierde toda dignidad, si su toga est\u00e1 plegada, seg\u00fan la costumbre, la dejar\u00e1 arrastrar y olvidar\u00e1 todo cuidada de su persona; si el arte y la naturaleza han dispuesto sus cabellos de manera conveniente, con la ira se erizar\u00e1n; hincharanse sus venas; oprimida respiraci\u00f3n agita su pecho; los furiosos esfuerzos de su voz le dilatan el cuello; estrem\u00e9cense sus miembros, tiemblan sus manos y ag\u00edtase todo su cuerpo. \u00bfQu\u00e9 piensas del estado interior de un alma cuya representaci\u00f3n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">es tan repugnante? \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s terrible deben ser sus rasgos secretos, m\u00e1s ardiente su fermentaci\u00f3n, y m\u00e1s vehementes sus arrebatos, fuego terrible que se devorar\u00eda a s\u00ed mismo si no estallase? Como los enemigos, como las bestias feroces corriendo a la matanza, o por la matanza repugnante, como los monstruos infernales que han imaginado los poetas, con su cintur\u00f3n de serpientes y su aliento de fuego, las negras Furias del averno lanz\u00e1ndose para enardecer a los combatientes, para sembrar la discordia entre los pueblos y destruir la paz, as\u00ed podemos representarnos la ira, centelleantes los ojos, aullado, silbando, rechinando y rugiendo, reproduciendo en el hurac\u00e1n los sonidos m\u00e1s siniestros, blandiendo pu\u00f1ales con ambas manos; porque no cuida de cubrirse; torva, ensangrentada, cubierta de cicatrices y l\u00edvida con sus propios golpes, con vacilante paso y la raz\u00f3n ofuscada bajo densas nubes, corre de un lado para otro; destruye y se encarniza en su v\u00edctima; encu\u00e9ntrase abrumada con el odio de todos y principalmente con el suyo, y si no puede da\u00f1ar de otra manera, invoca la destrucci\u00f3n de la tierra, de los mares y del cielo, maldiciendo ala vez que maldita:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Sanguineum quatiens dextra Bellena llagellum, <\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Aut seissa gaudens vadit iscordia palla;<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">o si es posible, imag\u00ednense rasgos m\u00e1s espantosos para esta repugnante pasi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXVI.<\/strong>\u00a0<\/span>Algunos hay, dice Sextio, a quienes aprovech\u00f3 mirarse al espejo estando irritados: asustados por aquella transformaci\u00f3n, creyeron tener delante una realidad, y no se reconocieron. \u00a1Y cu\u00e1n lejos est\u00e1 a\u00fan esta imagen reflejada por el espejo de su verdadera deformidad! Si el alma pudiera mostrarse a los ojos y reflejarse en cualquier superficie, nos confundir\u00edamos al verla l\u00edvida y manchada, espumosa, convulsa e hinchada. Si actualmente vemos aparecer su deformidad a trav\u00e9s de los huesos, de las carnes y de multitud de obst\u00e1culos, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda si la contempl\u00e1semos desnuda? \u00abCrees que nadie ha desistido de la ira ante un espejo\u00bb. \u00bfC\u00f3mo no? correr al espejo para mirarse, es haber desistido ya. Nunca se encuentra m\u00e1s bella la ira que en su m\u00e1s espantosa fealdad, y tal como es quiere parecer. Pero mejor es considerar cu\u00e1ntas veces ha da\u00f1ado por s\u00ed misma. Unos, en ciego arrebato, se cortaron las venas; otros vomitaron sangre por haber esforzado los gritos, y refluyendo con violencia el humor a los ojos, oscureci\u00f3 su limpidez, y los enfermos experimentaron aumento de dolores: nada lleva con m\u00e1s rapidez a la locura. As\u00ed, pues, en muchos la demencia no fue otra cosa que continuaci\u00f3n de la ira, y una vez perdida la raz\u00f3n no la recuperaron jam\u00e1s. La demencia impuls\u00f3 a Ayax a la muerte, y la ira a la demencia. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Invocan la muerte sobre sus hijos, sobre ellos la indigencia, la ruina sobre su casa; y estos furiosos niegan su ira, como niegan su locura. Enemigos de sus mejores amigos, peligrosos para aquellos a quienes m\u00e1s quieren, no conociendo de la ley m\u00e1s que los castigos, girando al soplo m\u00e1s ligero, son inaccesibles a las palabras como a los favores. Su \u00fanico gu\u00eda es la violencia, y tan dispuestos est\u00e1n a clavaros la espada como a arrojarse sobre ella. Les domina el mayor de todos los males, superior a todos los vicios. Los otros penetran en el alma poco a ; \u00e9ste la invade desde el primer momento y por completo; domina, en fin, todas las dem\u00e1s <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">pasiones, y vence al amor m\u00e1s ardiente. As\u00ed es que hay amantes que traspasan el pecho de la amada y abrazan locos a su v\u00edctima. La avaricia, ese mal inveterado, ese mal tan rebelde, resulta vencido tambi\u00e9n por la ira; arr\u00e1strala a disipar sus riquezas y a entregar a las llamas su casa y sus amontonados tesoros. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfno ha rechazado el ambicioso las insignias que en tanto estima ba y repudiado los honores que le ofrec\u00edan? No existe pasi\u00f3n alguna a la que no se sobreponga la ira.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>Libro tercero<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>I.<\/strong> <\/span>Intentaremos hacer ahora, querido Novato, lo que m\u00e1s deseabas, es decir, arrancar la ira, o al menos refrenarla y moderar sus \u00edmpetus. Algunas veces es necesario atacarla de frente y al descubierto, cuando lo permite la debilidad del mal otras por modo indirecto, cuando su excesivo ardimiento se exaspera y recrudece ante los obst\u00e1culos. Importa mucho saber si goza de grandes fuerzas y si est\u00e1 en su plenitud; si es necesario azotarla y rechazarla, o ceder al primer \u00edmpetu de la tempestad que arrastrar\u00eda el dique con ella. Consultar debemos la \u00edndole de cada cual; porque algunos se dejan vencer por s\u00faplicas, otros contestan a la sumisi\u00f3n con insultos y violencias. Unos se calman ante el terror, otros con reconvenciones; aqu\u00e9llos con una concesi\u00f3n, \u00e9stos con la verg\u00fcenza; algunos con el aplazamiento, remedio muy lento para mal tan activo, y al que no debemos resignarnos sino en \u00faltimo caso. Las otras pasiones admiten dilaci\u00f3n y su curaci\u00f3n puede diferirse; pero \u00e9sta, violenta, impetuosa y excit\u00e1ndose a s\u00ed misma, no crece insensiblemente, sino que nace <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">completa. No emplea, como los otros vicios, la seducci\u00f3n; arrastra y empuja al hombre fuera de s\u00ed, apasionado por el mal al mismo tiempo que lo sufre. Su furor no cae solamente sobre aquel a quien persigue, sino sobre todo lo que encuentra al paso. Los otros vicios impulsan al \u00e1nimo, la ira lo precipita; y aunque no sea posible resistir a sus impulsos, al menos las mismas pasiones pueden detenerse; \u00e9sta, parecida al rayo, a las tempestades y dem\u00e1s azotes, no puede detenerse, porque avanza cayendo, y la ca\u00edda aumenta incesantemente sus fuerzas. Los otros vicios alteran la raz\u00f3n; \u00e9ste la salud; los otros presentan agradable pendiente, que nos oculta sus progresos; la ira es el precipicio del alma. Nada nos persigue como esta pasi\u00f3n, aturdida en sus fuerzas, soberbia despu\u00e9s del triunfo, loca despu\u00e9s del enga\u00f1o; el fracaso no la desalienta; si la fortuna le sustrae su adversario, revuelve contra s\u00ed misma su furiosa mordedura; no importa cu\u00e1l sea su origen; nacida de poca cosa, desenvu\u00e9lvese de un modo inmenso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>II.<\/strong><\/span> Ninguna edad perdona; a ning\u00fan hombre except\u00faa. Pueblos hay que, por su extremada pobreza, no conocen el lujo; otros que, gracias a su vida n\u00f3mada y activa, se libran de la ociosidad; los que tienen costumbres campestres y vida sencilla no conocen el amojonamiento de los campos, el fraude y los males que nacen del foro. Pero no hay pueblo al que no atormente la ira, tan poderosa entre los Griegos como entre los B\u00e1rbaros, tan funesta a los que temen la ley como a los que miden el derecho por la fuerza. Adem\u00e1s, las otras pasiones corrompen a los individuos; \u00e9sta es la \u00fanica que a las veces se apodera de toda una naci\u00f3n. Nunca ardi\u00f3 en amor un pueblo entero por una mujer; jam\u00e1s una ciudad entera cifr\u00f3 su esperanza en el dinero y la ganancia; la ambici\u00f3n domina en pechos aislados; el orgullo no es enfermedad p\u00fablica. Pero frecuentemente produce la ira levantamientos en masa. Hombres, mujeres, ancianos, ni\u00f1os, jefes y pueblos se encuentran un\u00e1nimes, y la multitud, agitada por algunas palabras, va m\u00e1s lejos que el agitador. C\u00f3rrese en el acto al hierro y al fuego; decl\u00e1rase la guerra a los pueblos vecinos; se hace a los conciudadanos; qu\u00e9manse casas con toda una familia; y el orador querido, colmado de honores en otro tiempo, cae bajo la ira del tumulto que ha producido; legiones vuelven sus armas contra su General; el pueblo entero se separa del Senado; el Senado, ese or\u00e1culo de los pueblos, sin esperar las elecciones, sin nombrar un General, improvisa los ministros de su ira, y persiguiendo en las casas nobles j\u00f3venes, \u00e9l mismo se hace ejecutor de suplicios. Ultr\u00e1jase a los embajadores, con menosprecio del derecho de gentes, y rabia criminal enardece a la ciudad; no se da tiempo a la ira p\u00fablica para que se calme, sino que en el acto se lanzan flotas al mar cargadas de soldados que se amontonan apresuradamente en ellas. Nada de formalidades, nada de auspicios: el pueblo se precipita sin otro gu\u00eda que su ira, sin otras armas que las que le proporciona la casualidad y el pillaje, para expiar despu\u00e9s con sangrienta derrota la temeraria audacia de su rabia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>III.<\/strong> <\/span>Esto es lo que acontece a los B\u00e1rbaros que se lanzan ciegamente a la pelea. Cuando la injuria m\u00e1s ligera hiere a estos esp\u00edritus m\u00f3viles, se irritan en seguida, y hacia donde la ira les impulsa caen sobre los pueblos como el hurac\u00e1n, sin orden, sin temor, sin previsi\u00f3n; \u00e1vidos de peligros, glor\u00edanse de los golpes recibidos, de arrojarse sobre las espadas, de chocar contra los dardos y de abrirse paso a pesar de las heridas. \u00abIndudable es, dices, que la ira es una fuerza poderosa y destructora; mu\u00e9strame, pues, c\u00f3mo debe curarse\u00bb. Sin embargo, como dije en libros anteriores, Arist\u00f3teles se muestra defensor de la ira, y no proh\u00edbe extirparla. Dice que ella es el aguij\u00f3n de la virtud; arrancada, queda desarmada el alma, embotada e impotente para las cosas grandes. Necesario es, pues, presentarla en toda <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">su deformidad, en toda su ferocidad, y hacer patente a los ojos qu\u00e9 clase de monstruo es el hombre enfurecido contra el hombre, con cu\u00e1nta ceguedad se lanza tan funesto para s\u00ed mismo como para los dem\u00e1s, y sumergiendo aquello que no puede sumergirse sino con el mismo que lo sumerge. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfpodemos llamar sensato al que, arrebatado por un torbellino, antes es empujado que no caminante, se hace esclavo de furioso delirio, y temiendo encargar a otros su venganza, la realiza por s\u00ed mismo; es cruel a la vez con la mano y el coraz\u00f3n, verdugo de los que m\u00e1s quiere, de aquellos cuya p\u00e9rdida ha de llorar muy pronto? \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda dar por auxiliar y compa\u00f1era a la virtud esta pasi\u00f3n que destruye todo consejo, sin el cual nada hace la virtud? Las fuerzas que la fiebre despierta en el enfermo son falaces y pasajeras, y solamente sirven para aumentar el mal. No debes creer que pierdo el tiempo en discusiones in\u00fatiles, cuando repruebo la ira como si las opiniones de los hombres estuviesen divididas acerca de ella; puesto que hay un fil\u00f3sofo, y de los m\u00e1s ilustres, que le se\u00f1ala sus funciones, consider\u00e1ndola como \u00fatil auxiliar del valor en los combates, de la actividad en los negocios y de todo lo que reclama cierta energ\u00eda en la ejecuci\u00f3n. Para que nadie se enga\u00f1e suponiendo que puede servir en alg\u00fan momento, en alg\u00fan punto, necesario es presentar desnuda esta rabia, loca y desenfrenada; necesario es devolverle todo su aparato, sus potros, sus cuerdas, sus calabozos, sus cruces, las hogueras que enciende alrededor de los cuerpos enterrados vivos, los ganchos para arrastrar los cad\u00e1veres, las cadenas de toda forma, los suplicios de toda especie, l\u00e1tigos para desgarrar, estigmas candentes, jaulas de rieras. En medio de estos instrumentos coloca la ira, lanzando roncos y siniestros rugidos y m\u00e1s espantosa a\u00fan que todos los elementos de sus torturas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>IV.<\/strong> <\/span>Aunque se dudase de sus otros caracteres, es muy cierto que ninguna pasi\u00f3n tiene aspecto m\u00e1s horrible, como lo describimos en libros anteriores: \u00e1spero, acre; en tanto p\u00e1lido por la repentina retirada de la sangre; en tanto rojo y como ensangrentado; acudiendo a la superficie todo calor y vida; hinchadas las venas; los ojos ora extraviados y convulsos, ora fijos y concentrados en una sola mirada. A\u00f1ado a esto los dientes rechinando y buscando presa, no siendo otro su ruido que el que produce el jabal\u00ed al aguzarse los colmillos. A\u00f1ade tambi\u00e9n los crujidos de las articulaciones cuando se retuerce las manos, las redobladas palpitaciones del coraz\u00f3n, la respiraci\u00f3n anhelosa, los suspiros que brotan del fondo del pecho, la desordenada agitaci\u00f3n del cuerpo; palabras entrecortadas, bruscas exclamaciones, los labios temblorosos y por momentos comprimidos, de los que brota como un silbido. A fe m\u00eda, que la fiera irritada por el hambre o por el dardo que queda clavado en cuerpo, tiene aspecto menos repugnante hasta cuando, en su agon\u00eda, alcanza al cazador con el \u00faltimo mordisco, que el hombre ardiendo en ira. \u00bfTe agradar\u00e1 ahora escuchar sus vociferaciones, sus amenazas, los acentos del alma torturada por ella? \u00bfNo querr\u00e1 cada cual huir de esta pasi\u00f3n cuando sepa que comienza por su propio suplicio? \u00bfNo quieres que amoneste a aquellos que desde la cumbre del poder ejercitan la ira, viendo en ella una prueba de fuerza, que cuentan entre los mayores bienes de gran fortuna tener la venganza a sus \u00f3rdenes, dici\u00e9ndoles que no puede llamarse poderoso, ni siquiera libre, al hombre dominado por la ira? \u00bfNo quieres que se lo diga a fin de que todos sean m\u00e1s vigilantes y observadores de s\u00ed mismos, cuando si los otros vicios son propios de las almas perversas, la ira se desliza hasta en el coraz\u00f3n de hombres ilustrados y en los m\u00e1s puros, hasta el punto de que algunos fil\u00f3sofos pretenden que la ira es indicio de sencillez, crey\u00e9ndose vulgarmente mejores a los que est\u00e1n sujetos a ella?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>V.<\/strong> <\/span>\u00abPero \u00bfa d\u00f3nde, dir\u00e1s, nos lleva todo esto?\u00bb. A que nadie se crea seguro de este vicio, que lleva a la violencia y crueldad, hasta a los caracteres tranquilos y ap\u00e1ticos. De la misma manera que el vigor del cuerpo y las precauciones mejor observadas no preservan de la peste, que indistintamente ataca a los d\u00e9biles y a los fuertes, as\u00ed tambi\u00e9n han de temer la ira los caracteres activos, como los fr\u00edos y moderados, a los que prepara tanta m\u00e1s verg\u00fcenza y peligro cuanto m\u00e1s los modifica. Pero como nuestro primer deber es evitar la ira, el segundo reprimirla y el tercero curarla en los dem\u00e1s, dir\u00e9 ante todo qu\u00e9 debemos hacer para no caer en ella; en seguida, c\u00f3mo nos libraremos de su dominio, y \u00faltimamente c\u00f3mo contendremos, c\u00f3mo calmaremos al iracundo, c\u00f3mo le devolveremos la tranquilidad. Conseguiremos no encolerizarnos si nos representamos m\u00e1s de una vez todos los vicios de la ira, si la apreciamos en su justo valor. Necesario es que la acusemos y condenemos; necesario es escudri\u00f1ar todas sus deformidades y presentarlas a la luz, y para que aparezca tal como es, debemos compararla con las pasiones peores. La avaricia adquiere y amontona para que lo aproveche otra mejor que ella; la ira destruye, siendo muy pocos los que no han perdido algo por ella. Un amo violento obliga al esclavo a la fuga; otro a la muerte: \u00bfno pierde por la ira mucho m\u00e1s que vale lo que la provoc\u00f3? La ira trae el luto a los padres, el divorcio a los esposos, el odio a los magistrados, a los candidatos el fracaso. Es mucho peor que la lujuria, porque \u00e9sta goza con sus propios placeres, aqu\u00e9lla con los sufrimientos ajenos. Sobrepuja a la envidia y a la malevolencia, porque \u00e9sta desea el mal, aqu\u00e9lla lo realiza; las primeras se complacen con las desgracias fortuitas, la segunda no espera los reveses de la fortuna; no se contenta con ver padecer al que odia, quiere hacerlo sufrir por s\u00ed misma. Nada hay m\u00e1s triste que las enemistades; la ira las provoca. Nada hay m\u00e1s funesto que la guerra; la ira de los grandes la origina; y hasta esas iras individuales y plebeyas no son otra cosa que guerras sin armas ni soldados. Adem\u00e1s, aunque prescindamos de los da\u00f1os que deben seguirla, de las asechanzas y perpetuas inquietudes que dan origen a mutuas luchas, la ira se castiga a s\u00ed misma al castigar, porque abdica la naturaleza humana. Esta nos invita al amor, aqu\u00e9lla al odio; la una ordena hacer el bien, la otra el mal. A\u00f1ade que la ira, aunque pretenda proceder de muy alto y tenga cierto aspecto de grandeza, es sin embargo baja y peque\u00f1a; porque no hay nadie que no se crea superior a aquel por quien se cree despreciado. Pero el \u00e1nimo levantado que se aprecia en lo que vale, no venga la injuria porque no la siente. As\u00ed como las saetas rebotan sobre el cuerpo duro y los golpes descargados sobre masa s\u00f3lida producen dolor en la mano que hiere, as\u00ed tambi\u00e9n ninguna injuria causa impresi\u00f3n en el \u00e1nimo noble, sino que se rompe sobre aquello a que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Cu\u00e1n hermoso es mostrarse impenetrable a todos los dardos, despreciando toda injuria, toda ofensa! Confesarla, es conceder que nos ha herido, y no es alma fuerte la que cede ante el ultraje. El que te ofende es m\u00e1s fuerte o m\u00e1s d\u00e9bil que t\u00fa: si es m\u00e1s d\u00e9bil, perd\u00f3nale; si es m\u00e1s fuerte, perd\u00f3nate.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VI.<\/strong> <\/span>No hay se\u00f1al m\u00e1s cierta de verdadera grandeza que la imparcialidad ante todo lo que pueda acontecer. La regi\u00f3n del universo m\u00e1s elevada y mejor ordenada, la vecina a los astros, no amontona nubes, no estalla en tempestades, no rueda en torbellinos; est\u00e1 libre de todo hurac\u00e1n, siendo m\u00e1s abajo donde se forma el rayo. De la misma manera, el \u00e1nimo levantado, sereno siempre, colocado en esfera tranquila, sofoca en \u00e9l todos los g\u00e9rmenes de la ira, siendo ejemplo de moderaci\u00f3n, de orden y majestad: nada de esto encontrar\u00e1s en el iracundo. \u00bfQui\u00e9n es el que entregado a su ofensa y furor no prescinde desde luego de todo comedimiento? \u00bfQui\u00e9n en el \u00edmpetu de su rabia y al caer sobre alguno no abandona todo pudor? \u00bfQui\u00e9n, una vez irritado, recuerda el n\u00famero y orden de sus deberes?\u00bfQui\u00e9n sabe <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">moderar su lengua, contener alguna parte de su cuerpo y dirigirse una vez suelta la rienda? Mucho nos aprovechar\u00e1 aquel saludable precepto de Dem\u00f3crito: \u00abNos aseguraremos la tranquilidad si no emprendemos en particular ni en p\u00fablico negocios m\u00faltiples o superiores a nuestras fuerzas\u00bb. El que reparte el d\u00eda entre multitud de ocupaciones, nunca lo pasar\u00e1 tan felizmente que no encuentre una ofensa por parte de los hombres o de las cosas y que no lo impulse a la ira. El que circula por los barrios m\u00e1s populosos de la ciudad, necesariamente habr\u00e1 de chocar con muchas personas, siendo arrojado al suelo aqu\u00ed, detenido all\u00e1, salpicado de barro m\u00e1s lejos; y as\u00ed tambi\u00e9n en la m\u00f3vil actividad de agitada vida, encu\u00e9ntranse muchos obst\u00e1culos y muchos contratiempos. Uno defrauda nuestras esperanzas, otro las aplaza, el tercero interrumpe sus frutos; los proyectos no siguen la direcci\u00f3n que se les da, porque a nadie le es tan favorable la fortuna que le complazca en todo lo que intenta. S\u00edguese de esto que el que fracasa en alguna empresa, se impacienta contra los hombres y las cosas; por ligeras causas se irrita con las personas, con los negocios, acusa a los lugares, a la fortuna y a s\u00ed mismo. As\u00ed, pues, para que el alma est\u00e9 tranquila, necesario es no agitarla ni fatigarla, lo repito, en el desempe\u00f1o de m\u00faltiples negocios, importunos y superiores a nuestras fuerzas. F\u00e1cil es llevar al hombro carga ligera, y pasarla sin peligro de uno a otro; pero nos cuesta mucho trabajo soportar la que nos imponen manos extra\u00f1as: agobiados en seguida, la echamos sobre el primero que llega, y mientras permanecemos bajo la carga, su peso nos hace vacilar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VII.<\/strong> <\/span>Conviene que sepas que lo mismo sucede en los negocios civiles y dom\u00e9sticos. Los sencillos y expeditos marchan por s\u00ed mismos; los graves y superiores a nuestro alcance no se dejan alcanzar f\u00e1cilmente; y si se llega a ellos, sobrecargan y arrastran al que los maneja, que creyendo haberles dominado, cae bajo ellos. Muchas veces se agota de esta manera la energ\u00eda, cuando en vez de emprender cosas f\u00e1ciles, se quiere encontrar f\u00e1cil lo que se ha emprendido. Siempre que intentes algo, examina tus fuerzas, la naturaleza de tu proyecto y la de tus medios, porque el disgusto del fracaso te producir\u00e1 despecho. El esp\u00edritu ardiente y el fr\u00edo y sin elevaci\u00f3n se diferencian en que el fracaso despierta la ira en el altivo, y la tristeza en el blando e inerte. Deben, pues, ser nuestras acciones ni mezquinas, ni temerarias, ni culpables; que nuestras esperanzas no vayan m\u00e1s all\u00e1 de nuestro alcance: nada intentemos que, hasta despu\u00e9s del triunfo, pueda asombrarnos haberlo<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>VIII.<\/strong> <\/span>Cuidemos mucho de no exponernos a una injuria que no podr\u00edamos soportar, Rode\u00e9monos de personas amables y complacientes, y todo lo menos posible de \u00e1speros y morosos. Adqui\u00e9rense las costumbres de los que con frecuencia se trata, y as\u00ed como se trasmiten por el contacto ciertas enfermedades del cuerpo, as\u00ed tambi\u00e9n el alma comunica sus pasiones a los que est\u00e1n pr\u00f3ximos. El beodo arrastra a sus comensales al amor del vino; la compa\u00f1\u00eda de los libertinos blandea al fuerte y, si puede, al h\u00e9roe; la avaricia infecta con su veneno a los que se le acercan. Por raz\u00f3n contraria, igual es la acci\u00f3n de las virtudes; dulcifican todo lo que tocan, y favorable clima, saludable aire no hicieron jam\u00e1s tanto por la salud como el comercio con amigos mejores hizo por un alma vacilante. Comprender\u00e1s cu\u00e1nto puede esta influencia si observas que las mismas fieras se domestican viviendo en nuestra compa\u00f1\u00eda, y que el monstruo m\u00e1s agreste pierde todo su cruel instinto si por largo tiempo habita bajo el techo del hombre. Las asperezas se embotan y desaparecen poco a poco al rozamiento de las almas tranquilas. Adem\u00e1s, no solo el ejemplo mejora al que vive entre los varones pac\u00edficos, sino que no encuentra ocasi\u00f3n ninguna de ira, y no cede a su viciosa inclinaci\u00f3n. As\u00ed, pues, deber\u00e1 huir de todos aquellos que sabe han de irritar su <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">irascibilidad. \u00abPero \u00bfqui\u00e9nes son? preguntas\u00bb. En todas partes se encuentran, y por causas distintas, producen igual efecto. El orgulloso te ofender\u00e1 con sus desprecios, el rico con sus altiveces, el impertinente con sus injurias, el envidioso con su malignidad, el disputador con sus contradicciones, el vanidoso con sus mentiras e hinchaz\u00f3n. No podr\u00e1s soportar que te tema el suspicaz, que te venza el obstinado, que te deprima el fatuo. Elige personas sencillas, afables, morigeradas, que no irriten tu ira y la soporten; y mejor a\u00fan debes preferir \u00edndoles flexibles, humanitarias y suaves que no lleguen, sin embargo, a la adulaci\u00f3n; porque la ira se ofende con excesivas lisonjas. Nuestro amigo era ciertamente var\u00f3n bueno, pero demasiado propenso a la ira, recibiendo tan mal la adulaci\u00f3n como la ofensa. Sabido es que el orador Celio era muy irascible. D\u00edcese que una noche cenaba con un cliente suyo, hombre de rara paciencia; pero era muy dif\u00edcil a \u00e9ste, estando solo con el orador, evitar una discusi\u00f3n con \u00e9l. Consider\u00f3, por tanto, que lo mejor ser\u00eda aplaudir cuanto dijese, y desempe\u00f1ar el papel de lisonjero. No pudiendo Celio soportar la aprobaci\u00f3n, exclam\u00f3: \u00abHazme la contra, para que seamos dos\u00bb. Pero aquel hombre que se encolerizaba porque no se irritaba el otro, se calm\u00f3 en seguida careciendo de adversario. Si, pues, tenemos conciencia de nuestra irascibilidad, elijamos con preferencia amigos que se acomoden con nuestro car\u00e1cter y conversaci\u00f3n: verdad es que nos har\u00e1n susceptibles, que nos har\u00e1n adquirir la mala costumbre de no escuchar nada que contrar\u00ede nuestros caprichos, pero en cambio gozaremos la ventaja de otorgar a la pasi\u00f3n aplazamientos y descanso. El m\u00e1s \u00e1spero e indominable se dejar\u00e1 acariciar, y nada es rudo e intratable para la mano ligera. Cuantas veces se prolonga y agria una discusi\u00f3n, es necesario cortarla antes de que llegue a ser violenta. La disputa se alimenta de s\u00ed misma; una vez lanzada, nos empuja hacia adelante. Mas f\u00e1cil es abstenerse de combatir que separarse de la lucha.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>IX.<\/strong> <\/span>El iracundo debe abstenerse tambi\u00e9n de estudios demasiado serios, o al menos no entregarse a ellos hasta la fatiga; no repartir el esp\u00edritu entra muchas cosas, sino dedicarle a las artes amenas. Del\u00e9itese con los versos y los fabulosos relatos de la historia; tr\u00e1tese con dulzura y cuidados. Pit\u00e1goras calmaba a los acordes de la lira las turbulencias de su alma. Nadie, por el contrario, ignora que el clar\u00edn y la trompeta excitan, mientras que ciertos c\u00e1nticos llevan tranquilidad al esp\u00edritu. El color verde conviene a los ojos d\u00e9biles, y existen matices que dan descanso a la vista fatigada, en tanto que otros deslumbran con su brillo; as\u00ed tambi\u00e9n los estudios agradables deleitan la mente enferma. Evitemos el foro, los pleitos, los tribunales y todo lo que puede enconar nuestro mal; huyamos tambi\u00e9n de la fatiga corporal, porque destruye todo lo que en nosotros hay de tranquilo y quieto, sublevando los humores acres. As\u00ed, pues, aquellos que no tienen seguridad de su est\u00f3mago, antes de tratar alg\u00fan negocio importante, templen con alg\u00fan alimento su bilis, que el cansancio hace fermentar en seguida, sea porque la dieta reconcentre el calor, altere la sangre y detenga su curso en las venas debilitadas, sea porque la extenuaci\u00f3n y debilidad del cuerpo embote el \u00e1nimo. Sin duda por esta raz\u00f3n los muy trabajados por los a\u00f1os o las enfermedades son m\u00e1s irascibles. Por las mismas causas conviene evitar el hambre y la sed, que exasperan y enardecen los \u00e1nimos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>X.<\/strong> <\/span>Viejo es el refr\u00e1n \u00abel cansado busca pendencia\u00bb: y puede aplicarse a todos los que se encuentran atormentados por el hambre, la sed o cualquier otro padecimiento. Porque as\u00ed como se experimenta dolor al contacto m\u00e1s leve de la llaga, y hasta a la idea sola del contacto, as\u00ed tambi\u00e9n se ofende de las cosas m\u00e1s peque\u00f1as el esp\u00edritu enfermo: un saludo, una carta, una pregunta, a ser algunas veces motivo de porf\u00eda. No se toca una herida sin <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">producir gemidos. Lo m\u00e1s conveniente es curarse desde los primeros s\u00edntomas del mal; para esto es necesario dejar a nuestras palabras la menor libertad posible, y contener los \u00edmpetus. F\u00e1cil es sin duda dominar la pasi\u00f3n en el momento en que nace: la enfermedad tiene se\u00f1ales precursoras. As\u00ed como existen presagios que anuncia de antemano la tempestad y la lluvia, existen tambi\u00e9n ciertas se\u00f1ales para la ira, el amor y todas esas tempestades que agitan el alma. Los que padecen accesos de epilepsia sienten la proximidad del mal cuando el calor abandona las extremidades, cuando se extrav\u00eda la vista, cuando se contraen los nervios, cuando se turba la memoria, cuando gira la cabeza. As\u00ed es que atacan al mal en su origen por medio de los preservativos ordinarios; oponen perfumes y medicinas a la misteriosa causa que les impulsa al v\u00e9rtigo; combaten con fomentos el fr\u00edo y la rigidez; o bien, si la medicina es impotente, evitan la multitud y caen sin testigos. Conveniente es conocer la enfermedad que se padece y sofocarla antes de que se desarrolle su fuerza: investiguemos cu\u00e1les sean las causas que nos irritan m\u00e1s. Aqu\u00e9l se irrita por una palabra ultrajante, el otro por acci\u00f3n; uno quiere que se respete su nobleza, otro su hermosura; \u00e9ste desea pasar por elegante, aqu\u00e9l por sabio; uno se subleva contra el orgullo, otro contra la resistencia; qui\u00e9n no cree digno de su ira al esclavo, qui\u00e9n cruel en su casa, es sumamente afable fuera de ella; solicitar, lo considera uno envidia; no solicitar, lo considera otro desprecio. No son todos vulnerables por el mi lado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XI.<\/strong> <\/span>Conveniente es pues que conozcas tu punto d\u00e9bil para protegerlo m\u00e1s que los otros. No es bueno verlo todo, o\u00edrlo todo; que pasen inadvertidas muchas injurias: ignorarlas equivale a no recibirlas. \u00bfNo quieres ser iracundo? no seas curioso. El que averigua todo lo que se dice de \u00e9l, el que va a desenterrar las palabras mal\u00e9volas, hasta las m\u00e1s secretas, se persigue a s\u00ed mismo. Frecuentemente lleva la interpretaci\u00f3n a ver injurias imaginarias. Cosas hay que conviene aplazar, otras que deben despreciarse, y muchas que hay que perdonar. Por todos los medios debe restringirse la ira, y las m\u00e1s veces pueden convertirse las cosas en risa y broma. Refi\u00e9rese de S\u00f3crates que habiendo recibido un bofet\u00f3n se limit\u00f3 a decir: \u00abQue era cosa molesta ignorar cu\u00e1ndo deb\u00eda salirse con casco\u00bb. No importa c\u00f3mo se ha hecho la injuria, lo importante es la manera con que se ha recibido. Ahora bien; no veo por qu\u00e9 ha de ser dif\u00edcil la moderaci\u00f3n cuando veo tiranos envanecidos con su fortuna y su poder, reprimir su violencia habitual. He aqu\u00ed lo que se refiere de Pisistrato, tirano de Atenas: Un comensal suyo, dominado por la embriaguez, prorrumpi\u00f3 en denuestos contra su crueldad; no carec\u00eda el tirano de amigos complacientes dispuestos a ayudarlo, y qui\u00e9nes por un lado, qui\u00e9nes por otro, le excitaban a la venganza; pero \u00e9l, soportando la injuria con tranquilidad, contest\u00f3 a los provocadores: \u00abQue no estaba m\u00e1s conmovido que si alguien hubiese tropezado con \u00e9l llevando los ojos vendados\u00bb. La mayor parte se forman por s\u00ed mismos ofensas, por falsas sospechas o exagerando cosas<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XII.<\/strong> <\/span>Algunas veces nos asalta la ira; con m\u00e1s frecuencia salimos nosotros a su encuentro; pero lejos de, provocarla nunca, debemos rechazarla cuando se presenta. Nadie se dice: Esto por que me irrito lo he hecho o he podido hacerlo. Nadie juzga la intenci\u00f3n, sino el acto solo y, sin embargo, es necesario tenerla en cuenta y apreciar si ha mediado voluntariedad o accidente, coacci\u00f3n o error, odio o inter\u00e9s: \u00bfsiguieron el propio impulso o ayudaron la pasi\u00f3n de otro? Debe tenerse consideraci\u00f3n a la edad y posici\u00f3n del delincuente, con objeto de aprender a tolerar por humanidad y a sufrir por humildad. Pong\u00e1monos en el lugar de aquel contra quien nos irritamos; algunas veces nos hace iracundos falsa apreciaci\u00f3n de nosotros mismos, y no podemos soportar lo que quisi\u00e9ramos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">hacer. Nadie quiere imponerse aplazamientos; y, sin embargo, el remedio m\u00e1s eficaz de la ira es el tiempo, que enfr\u00eda su primer ardor y disipa o al menos esclarece la nube que oscurece el \u00e1nimo. No dir\u00e9 que basta un d\u00eda, sino una hora, para dulcificar esos arrebatos que arrastran, o para dominarlos por completo. Si nada se consigue con el aplazamiento, al menos se aprender\u00e1 a ceder a la reflexi\u00f3n y no a la ira. Deja al tiempo todo aquello que quieras apreciar bien, porque nada se ve con claridad en la primera agitaci\u00f3n. Irritado Plat\u00f3n contra su esclavo, no puede aplazar la ira; m\u00e1ndale despojarse en el acto de la t\u00fanica y presentar la espalda a las varas, disponi\u00e9ndose a golpearlo con su propia mano. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Observando, sin embargo, que estaba encolerizado, permanec\u00eda con el brazo alzado en la actitud del que va a descargar el golpe. Un amigo que casualmente lleg\u00f3, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 hac\u00eda. \u00abCastigo, contest\u00f3, a un hombre iracundo\u00bb. Como estupefacto, permanec\u00eda en la actitud del hombre que va a castigar, actitud tan impropia del sabio, habiendo olvidado ya al esclavo porque hab\u00eda encontrado otro a quien deb\u00eda castigar antes. Renunci\u00f3, pues, a sus derechos de amo, y sinti\u00e9ndose muy conmovido por falta tan ligera: \u00abRu\u00e9gote, oh Speusippo, dijo, que castigues a ese mal esclavo, porque yo estoy encolerizado\u00bb, absteni\u00e9ndose de azotar por la raz\u00f3n misma que otro hubiese azotado. \u00abEstoy irritado, dijo; har\u00eda m\u00e1s de lo necesario, lo har\u00eda con pasi\u00f3n: que este esclavo no caiga bajo las manos de un amo que no es due\u00f1o de s\u00ed mismo\u00bb. \u00bfQui\u00e9n querr\u00eda confiar su venganza a la ira cuando Plat\u00f3n se proh\u00edbe este derecho? No te permitas nada mientras est\u00e9s irritado: \u00bfpor qu\u00e9? porque querr\u00edas permit\u00edrtelo todo. Combate contigo mismo. Si no puedes vencer la ira, ella comienza a vencerte. Si permanece encerrada, si no se le da salida, deben ocultarse todas sus se\u00f1ales, y mantenerla, en cuanto sea posible, oculta y secreta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIII.<\/strong><\/span> Grandes esfuerzos nos costar\u00e1 esto. La ira pugna por brotar al exterior, inflamar los ojos y trastornar el semblante, haciendose superior a nosotros desde el momento en que se la permite salir de nuestro interior. Sep\u00faltesela en las profundidades del pecho; dom\u00ednesela y no domine, o, mejor a\u00fan, inclinemos en sentido contrario todas sus se\u00f1ales exteriores. Que se dulcifique nuestro rostro, suav\u00edcese la voz y sea tranquilo nuestro paso; el interior se conformar\u00e1 poco a poco con el exterior. En S\u00f3crates era se\u00f1al de ira bajar la voz, encontrarse sobrio de palabras: conoc\u00edase entonces que se violentaba. Sus familiares lo conoc\u00edan y se lo reprend\u00edan, no ofendi\u00e9ndole aquellas censuras por una ira que estaba oculta. \u00bfNo deb\u00eda alegrarse de que todos conociesen una pasi\u00f3n, sin que nadie experimentase sus efectos? y los hubiesen experimentado de no conceder a sus amigos el derecho de censura que \u00e9l tomaba sobre ellos. \u00bfNo debemos hacer nosotros lo mismo con mayor raz\u00f3n? Roguemos a nuestros mejores amigos que usen de toda libertad, especialmente cuando menos dispuestos estamos a soportarla; que no tengan tolerancias con nuestra ira, y, contra un mal poderoso que tiene siempre deleite para nosotros, invoquemos su auxilio mientras vemos a\u00fan y somos due\u00f1os do nosotros<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIV.<\/strong> <\/span>Los que llevan mal el vino y temen las imprudencias y arrebatos de la embriaguez, encargan a sus criados que los retiren del banquete; los que han padecido por su intemperancia en las enfermedades, proh\u00edben que se les obedezca cuando tienen alterada la salud. Lo mejor es oponer de antemano obst\u00e1culos a los vicios conocidos ,y, ante todo, disponer el \u00e1nimo de manera que, hasta en las conmociones m\u00e1s repentinas y violentas, no experimente ira, o que si recibe de improviso grave injuria, encierre en lo m\u00e1s profundo la pasi\u00f3n sublevada y la impida estallar. Ver\u00e1s que puede hacerse esto, si, entre considerable n\u00famero de ejemplos, te cito alguno que te servir\u00e1 para aprender dos cosas: primero, cu\u00e1ntos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">males encierra la ira cuando tiene por instrumento toda la fuerza de un poder ilimitado; segunda, cu\u00e1nto puede dominarse cuando la comprime temor mayor. El rey Cambises era muy aficionado al vino: uno de sus favoritos, Pr\u0153xapes, le aconsejaba beber con moderaci\u00f3n, haci\u00e9ndole ver que la embriaguez era vergonzosa en un rey, que atra\u00eda la atenci\u00f3n de todos los ojos y o\u00eddos. A esto contest\u00f3: \u00abPara convencerte de que nunca pierdo la raz\u00f3n, y de que, hasta despu\u00e9s de beber, mis ojos y mis manos desempe\u00f1an bien sus funciones, voy a darte una prueba\u00bb. En seguida bebi\u00f3 m\u00e1s copiosamente y en copas m\u00e1s grandes que de ordinario; y cuando se encontraba ya repleto y vacilante, mand\u00f3 al hijo de su censor que se colocase en la puerta de la sala, de pie y con la mano izquierda sobre la cabeza. En seguida prepar\u00f3 el arco y atraves\u00f3 (como hab\u00eda anunciado de antemano) el pecho del joven; abri\u00e9ndole despu\u00e9s el pecho, mostr\u00f3 el dardo clavado en medio del coraz\u00f3n, y mirando al padre: \u00ab\u00bfHe tenido nunca m\u00e1s segura la mano?\u00bb pregunt\u00f3. Este asegur\u00f3 que Apolo no hubiese apuntado mejor. \u00a1Maldigan los Dioses a aquel hombre, m\u00e1s esclavo por el alma que por la condici\u00f3n! Alab\u00f3 lo que ya era demasiado haber presenciado: encontr\u00f3 ocasi\u00f3n de adulaciones en aquel pecho partido de un hijo, en aquel coraz\u00f3n palpitando bajo el hierro. Deb\u00eda haberle disputado la gloria y comenzado de nuevo la prueba, para que el Rey hubiese podido mostrar mano m\u00e1s segura a\u00fan sobre el padre. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Oh, Rey cruel, verdaderamente digno de que las flechas de todos sus s\u00fabditos se tornasen contra \u00e9l! Pero excusando al que terminaba sus org\u00edas con suplicios y asesinatos, convengamos en que mayor crimen fue alabar aquel dardo que lanzarlo. No investigaremos cu\u00e1l debi\u00f3 ser la conducta del padre ante el cad\u00e1ver de su hijo, en presencia de aquel asesinato del que fue testigo y causa: demostrado queda lo que tratamos ahora, esto es, que pude sofocarse la ira. Aquel padre no profiri\u00f3 ni una injuria contra el Rey, ni una palabra de las que arranca la desgracia, cuando ten\u00eda el coraz\u00f3n traspasado por la misma flecha que el de su hijo. Podr\u00e1 sostenerse que tuvo raz\u00f3n para devorar sus palabras; porque de decir algo como hombre ultrajado, nada hubiera podido hacer despu\u00e9s como padre. Podr\u00e1 parecer, repito, que obr\u00f3 con m\u00e1s prudencia en este caso que cuando hablaba en contra de la embriaguez; porque mejor era dejar beber a aquel Rey vino que sangre: mientras ten\u00eda en la mano la copa daba tregua al crimen. As\u00ed es que Proexapes aumentar\u00e1 el n\u00famero de aquellos que atestiguan con terribles desgracias cu\u00e1nto cuestan los buenos consejos los amigos de los reyes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XV.<\/strong> <\/span>No dudo que tal ser\u00eda el consejo que dio Harpago a su se\u00f1or y rey de los Persas. Ofendido \u00e9ste, le hizo servir a la mesa la carne de sus hijos, pregunt\u00e1ndole m\u00e1s de una vez si le agradaba el condimento. Despu\u00e9s, cuando le vio saciado de aquella vianda de dolor, hizo presentarle las cabezas, y le pregunt\u00f3 si estaba contento del agasajo. El desgraciado no perdi\u00f3 la palabra, no cerr\u00f3 la boca: \u00abEn la mesa de un re, dijo, too manjar es agradable\u00bb.\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQu\u00e9 gan\u00f3 con esta adulaci\u00f3n? Que no lo invitase a comer los restos. No niego a un padre que condene la acci\u00f3n de su rey, no te niego que busque la venganza que merece tan atroz monstruosidad; pero entre tanto deduzco que puede dominarse una ira que nace de espantosa desgracia y obligarla a tener lenguaje contrario a su naturaleza. Si es necesario dominar el resentimiento, lo es especialmente a los cortesanos y a aquellos que se sientan a la mesa de los reyes. As\u00ed es como se come con ellos, as\u00ed es como se bebe, as\u00ed es como se responde: necesario es re\u00edr en los propios funerales. \u00bfDebe pagarse tan cara la vida? Lo veremos; esta es otra cuesti\u00f3n. No llevaremos consuelos a calabozo tan triste: no les exhortaremos a soportar los mandatos de sus verdugos: mostrar\u00e9mosles, en toda servidumbre, un camino abierto a la libertad. Si el alma est\u00e1 enferma y padece por sus <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">propios vicios, por s\u00ed misma puede terminar sus miserias. Dir\u00e9 al que cae en manos de un tirano, cuyas saetas apuntan al coraz\u00f3n de sus amigos; a aquel, cuyo se\u00f1or alimenta a los padres con las entra\u00f1as de sus hijos: \u00bfpor qu\u00e9 gimes, insensato, por qu\u00e9 esperas a que un enemigo acuda a vengarte con la ruina de tu pa\u00eds, o a que llegue poderoso rey de lejanas comarcas? A cualquier parte que mires encontrar\u00e1s fin a tus males. \u00bfVes aquel precipicio? por all\u00ed se baja a la libertad. \u00bfVes esa mar, ese r\u00edo, ese pozo? en el fondo de sus aguas tiene asiento la libertad. \u00bfVes aquel \u00e1rbol peque\u00f1o, retorcido, siniestro? en \u00e9l est\u00e1 suspendida la libertad. \u00bfVes tu cuello, tu garganta, tu coraz\u00f3n? salidas son para huir de la esclavitud. Pero te mostramos caminos demasiado penosos, y que exigen mucho valor y fuerza. \u00bfBuscas f\u00e1cil v\u00eda a la libertad? en cada vena de tu cuerpo la tienes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVI.<\/strong> <\/span>Aunque no encontramos nada tan intolerable que nos haga repudiar la existencia, en cualquier estado en que nos encontremos, rechacemos la ira. Perniciosa es para los que obedecen, porque la indignaci\u00f3n aumenta los tormentos, y los mandatos son tanto m\u00e1s pesados, cuanto con mayor impaciencia se les soporta. As\u00ed es que la fiera que lucha, aprieta el lazo, el p\u00e1jaro que se remueve y agita, se extiende el visco por las plumas. No hay yugo tan estrecho que no hiera menos al que lo arrastra que al que lo rechaza. El \u00fanico alivio para los grandes males, es la paciencia y sumisi\u00f3n a las necesidades. Pero si es \u00fatil a los que obedecen contener sus pasiones, y especialmente, esta tan furiosa y desenfrenada, m\u00e1s \u00fatil es todav\u00eda a los reyes. Todo est\u00e1 perdido cuando la fortuna permite realizar lo que aconseja la ira; y el poder que se ejerce en detrimento de considerable n\u00famero, no puede durar mucho, y peligra en cuanto el terror com\u00fan re\u00fane a aquellos que separadamente sufr\u00edan. Muchos tiranos han perecido, ora a manos de un hombre solo, ora a las de un pueblo entero, al que el dolor p\u00fablico obligaba a hacerse un arma de todas las iras. \u00a1Y cu\u00e1ntos, sin embargo, han usado la ira, como privilegio de su poder! Testigo es Dar\u00edo, que una vez derribado Mago, fue el primer llamado al trono de Persia y de mucha parte del Oriente. Como hubiese declarado la guerra a los Scitas, que lo estrechaban por el lado oriental, el noble anciano OEbazo le suplic\u00f3 le dejase uno de sus tres hilos para consuelo de su paternidad, y se quedase con los otros dos a su servicio. Prometiendo el Rey m\u00e1s de lo que se le ped\u00eda, contest\u00f3 que se los enviar\u00eda, y haci\u00e9ndoles matar delante de su padre, se los entreg\u00f3: \u00a1muy cruel habr\u00eda sido si se los hubiese llevado!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVII.<\/strong><\/span> \u00bfFue m\u00e1s clemente Xerxes? Pythio, padre de cinco hijos, le pidi\u00f3 la exenci\u00f3n de uno de ellos, y le permiti\u00f3 elegir el que quisiese; despu\u00e9s hizo partir por medio al elegido, colocando cada mitad en un lado del camino, siendo esta la v\u00edctima lustral del ej\u00e9rcito. Por esto tuvo la suerte que merec\u00eda: vencido y agobiado por todos lados, vio desaparecer los restos de su poder, y volvi\u00f3 por en medio de los cad\u00e1veres de los suyos. Esta ferocidad en la ira es propia de los reyes b\u00e1rbaros, en quienes no ha penetrado instrucci\u00f3n ni cultura literaria. Pero te presentar\u00e9, saliendo de las manos de Arist\u00f3teles, a Alejandro, que mata con su propia mano, en medio del fest\u00edn, a su querido Clito, compa\u00f1ero suyo de la infancia, que se mostraba poco dispuesto a adularle y a pasar de la libertad macedoniana a la esclavitud persa. Lysimaco, que le era igualmente querido, fue expuesto a la ferocidad de un le\u00f3n. \u00bfY acaso este Lysimaco, que por tan rara fortuna escap\u00f3 de las mand\u00edbulas del le\u00f3n, fue m\u00e1s benigno cuando lleg\u00f3 a reinar? Mutil\u00f3 a su amigo Telesforo de Rodas, haci\u00e9ndole cortar la nariz y las orejas, guard\u00e1ndole por mucho tiempo en una jaula como a animal nuevo y extraordinario: aquel rostro destruido, deforme, nada ten\u00eda del aspecto humano. A\u00f1ade a esto los tormentos del hambre y la repugnante suciedad de aquel cuerpo, que se arrastraba <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">sobre su propio excremento, con las rodillas y las callosas manos que lo estrecho de la prisi\u00f3n convert\u00eda en pies; los costados llenos de llagas por el roce; espect\u00e1culo espantoso y terrible a la vista. El suplicio hab\u00eda hecho de aquel hombre un monstruo que repel\u00eda hasta la compasi\u00f3n; sin embargo, por desemejante que fuese del hombre el que tales penas padec\u00eda, m\u00e1s desemejante a\u00fan era el que las mandaba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XVIII.<\/strong><\/span> \u00a1Ojal\u00e1 que tales ejemplos solamente se encontrasen entre extranjeros, y que su crueldad no hubiese trascendido a las costumbres romanas, con la barbarie de los suplicios y de las venganzas! A M. Mario, a quien el pueblo hab\u00eda alzado en todas las encrucijadas estatuas a las que se dirig\u00edan plegarias con libaciones e incienso, L. Sila mand\u00f3 romperle las piernas, sacarle los ojos, cortarle las manos, y, como si hubiese de sufrir tantas muertes como heridas, fue desgarrado lentamente por todas las articulaciones. \u00bfQui\u00e9n era el ejecutor de estas \u00f3rdenes? \u00bfqui\u00e9n sino Catilina, que ejercitaba ya la mano en todos los cr\u00edmenes? Este mismo despedazaba a Mario ante la tumba de Q. Catulo, ultrajando as\u00ed en sus cenizas al hombre m\u00e1s afable, y sobre aquellas cenizas cay\u00f3 gota a gota la sangre de un hombre de funesto ejemplo, pero popular, y que antes fue demasiado querido que indigno de serlo. Sin duda merec\u00eda Mario aquel suplicio, Sila mandarlo y Catilina ejecutarlo; pero la Rep\u00fablica no merec\u00eda que le clavasen la espada en el pecho sus enemigos y sus vengadores a la vez. Mas \u00bfpor qu\u00e9 buscar ejemplos antiguos? En otro tiempo mand\u00f3 C. C\u00e9sar, en el mismo d\u00eda, azotar a Sexto Papino, hijo de var\u00f3n consular, a Betil\u00edeno Basso, cuestor suyo e hijo de su intendente, y a otros muchos, caballeros romanos o senadores, someti\u00e9ndoles despu\u00e9s a la tortura, no para interrogarles, sino para divertirse. En seguida, impaciente por todo lo que aplazaba sus placeres, que las exigencias de su crueldad ped\u00edan sin tregua, paseando entre las alamedas del jard\u00edn de su madre, que se extiende entre el p\u00f3rtico y la ribera, hizo llevar algunas v\u00edctimas de aquellas con matronas y otros senadores, para decapitarles a la luz de las antorchas. \u00bfQui\u00e9n le instaba? \u00bfde qu\u00e9 peligro p\u00fablico o privado lo amenazaba una sola noche? \u00bfqu\u00e9 le importaba, en fin, esperar la luz para no matar con sandalias a los senadores del pueblo romano?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XIX.<\/strong><\/span> Conveniente es a nuestro prop\u00f3sito dar a conocer cu\u00e1nta fue la insolencia de su crueldad, aunque parezca tal vez que nos extraviamos y separarnos en digresiones; pero estas locuras de la soberbia dependen de la ira cuando se desencadena desenfrenadamente. Al verlo entregar al l\u00e1tigo los senadores, pod\u00eda decirse con \u00e9l: Suele hacerse: hab\u00eda agotado para los suplicios todos los tremendos recursos de la tortura, cuerdas, borcegu\u00edes, fuego, su propia cara. Y en este punto se me contestar\u00e1: \u00a1Qu\u00e9 cosa tan grande hacer pasar bajo el l\u00e1tigo y entre las llamas, como malvados esclavos, a tres senadores, cuando meditaba degollar a todo el Senado, cuando deseaba que el pueblo romano no tuviese m\u00e1s que una cabeza, para poder consumar en un solo d\u00eda y de un solo golpe todos los cr\u00edmenes que hab\u00eda multiplicado en tantas veces y en tantos parajes! \u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s inaudita que un suplicio nocturno? el ladr\u00f3n se oculta en las tinieblas para cometer su delito; pero el castigo legal, cuanto m\u00e1s p\u00fablico sea, mejor sirve para ejemplo y represi\u00f3n. Tambi\u00e9n se me contestar\u00e1 aqu\u00ed: Esos excesos que tanto te sorprenden son la ocupaci\u00f3n diaria de ese monstruo: para eso vive, para eso despierta, para eso medita durante la noche. Verdad es que no se encontrar\u00e1 ning\u00fan otro que haga tapar con una esponja la boca de aquellos a quienes hac\u00eda ejecutar, para que no pudiesen emitir la voz. \u00bfA qui\u00e9n se prohibi\u00f3 gemir al acercarse a la muerte? Tem\u00eda sin duela que los supremos dolores arrancasen alguna palabra demasiado libre; tem\u00eda escuchar lo que no quer\u00eda; no ignoraba que exist\u00edan muchas cosas que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">solamente un moribundo se hubiese atrevido a censurarle. Cuando no se encontraba esponja, mandaba rasgar las ropas de aquellos desgraciados y taparles la boca con los jirones. \u00bfA qu\u00e9 este refinamiento de crueldad? que al menos sea permitido lanzar el \u00faltimo suspiro: da salida al alma; que pueda escapar por otro camino que las heridas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XX.<\/strong><\/span> Demasiado largo ser\u00eda a\u00f1adir que aquella misma noche fueron muertos los padres de las v\u00edctimas por mano de centuriones mandados a las casas: indudablemente aquel hombre tan compasivo quer\u00eda librarles del dolor. Pero no me he propuesto descubrir la crueldad de Cayo, sino los males de la ira, que no se desencadena solamente contra los individuos, sino que desgarra naciones enteras y cae sobre las ciudades, los r\u00edos; y los objetos destituidos de todo sentimiento de dolor. As\u00ed, pues, un rey de Persia hace cortar la nariz a todo un pueblo de la Siria; de aqu\u00ed el nombre de Rhinocolura que se dio a aquella comarca. \u00bfCrees que fue indulgente por no haber cortado otras tantas cabezas? deleitose con nuevo g\u00e9nero de suplicio. Cosa parecida amenazaba a los Etiopes, por cuya longevidad se les llam\u00f3 Macrebios. Porque no presentaron humildemente la cerviz a la esclavitud; porque contestaron a sus legados con libertad que los reyes llaman insolencia, Cambises avanzaba enfurecido contra ellos; pero sin provisiones, sin haber hecho reconocer los caminos, arrastraba consigo, por \u00e1speras soledades, todo el material de guerra: desde la primera jornada careci\u00f3 de lo necesario, sin encontrar recurso alguno en aquella regi\u00f3n est\u00e9ril, inculta y jam\u00e1s hollada por la humana planta: primeramente combatieron el hambre con las hojas tiernas y reto\u00f1os de los \u00e1rboles; en seguida con cuero blandeado al fuego y todo aquello que la necesidad convert\u00eda en alimento; m\u00e1s adelante, cuando en medio de las arenas faltaban tambi\u00e9n las hierbas y ra\u00edces y se descubri\u00f3 inmensa soledad desprovista hasta de animales, los soldados se diezmaron para obtener alimentaci\u00f3n m\u00e1s horrible que el hambre. La ira, sin embargo, impulsaba hacia adelante al Rey, hasta que, perdida una parte del ej\u00e9rcito, comida otra, temi\u00f3 se le llamase tambi\u00e9n al sorteo: entonces dio al fin la se\u00f1al de retirada. Durante este tiempo reservaban para \u00e9l aves delicadas, y camellos llevaban todo el material de sus cocinas, mientras los soldados preguntaban a la suerte qui\u00e9n hab\u00eda de morir miserablemente y qui\u00e9n hab\u00eda de vivir peor a\u00fan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXI.<\/strong><\/span> Cambises se irrit\u00f3 contra un pueblo desconocido e inocente, pero digno; Ciro, contra un r\u00edo. Cuando corr\u00eda apresuradamente al cerco de Babilonia, porque en la guerra la oportunidad da el triunfo, quiso vadear el Gynden, desbordado entonces, cosa peligrosa hasta cuando el r\u00edo, merced a los ardores del verano, se encuentra en su nivel m\u00e1s bajo. Arrastrado por la corriente uno de los blancos caballos que tiraban de la carroza real, indiguose profundamente Ciro, y jur\u00f3 que aquel r\u00edo que arrastraba sus caballos quedar\u00eda reducido al punto de que las mujeres pudiesen atravesarlo y pasear en \u00e9l. Trajo a aquel punto, en efecto, todo su material de guerra y puso a la obra a sus soldados, hasta que cada orilla qued\u00f3 cortada por ciento ochenta canales, y desparramadas las aguas se dividieron por trescientos sesenta arroyos, dejando en seco el lecho del r\u00edo. Perdi\u00f3, pues, el tiempo, cosa muy grave en las grandes empresas; el ardor de los soldados, agotado con in\u00fatiles trabajos, y la ocasi\u00f3n de sorprender a gente desprevenida, mientras hac\u00eda al r\u00edo la guerra declarada al enemigo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXII.<\/strong> <\/span>Esta locura (\u00bfc\u00f3mo llamarla de otra manera?) se apoder\u00f3 tambi\u00e9n de los Romanos. C. C\u00e9sar destruy\u00f3 cerca, de Herculano una quinta bell\u00edsima porque su madre estuvo presa en ella alg\u00fan tiempo, eternizando por este medio aquel suceso; porque,\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">mientras estuvo en pie, se pasaba junto a ella, y ahora se pregunta la causa de su ruina. Necesario es meditar en estos ejemplos para huir de ellos; y por el contrario, deben seguirse los de templanza Y moderaci\u00f3n que dieron aquellos que no carecieron de motivos de ira ni de medios para vengarse. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda, en efecto, m\u00e1s f\u00e1cil para Ant\u00edgono que mandar al suplicio dos soldados que, apoyados en la tienda real, hac\u00edan lo que los hombres hacen con mucho gusto, aunque con mucho peligro, murmurar de su rey? Ant\u00edgono lo hab\u00eda o\u00eddo todo, porque solamente le separaba de los murmuradores un lienzo, y movi\u00e9ndolo ligeramente, les dijo: \u00abRetiraos m\u00e1s lejos, no sea que os oiga el Rey\u00bb. De la misma manera, durante una marcha nocturna, habiendo o\u00eddo a algunos soldados maldecir al Rey porque les hab\u00eda hecho entrar en un camino cenageso y dif\u00edcil, acercose a los m\u00e1s apurados, y despu\u00e9s do ayudarles a salir, sin darse a conocer: \u00abAhora, les dijo, maldecid a Ant\u00edgono, que os ha tra\u00eddo a este mal paso; pero desead el bien para el que os ha sacado del lodazal\u00bb. Con igual mansedumbre soport\u00f3 las imprecaciones de sus enemigos que las de sus s\u00fabditos. En el sitio de no s\u00e9 qu\u00e9 castillejo, confiando los Griegos que lo defend\u00edan en la resistencia de la fortaleza, insultaban a los sitiadores, burl\u00e1ndose de la fealdad de Ant\u00edgono, de su corta estatura y de su aplastada nariz: \u00abMe alegro, dijo; y algo bueno espero, teniendo a Sileno en mi campamento\u00bb. Habiendo reducido a aquellos burlones por el hambre, he aqu\u00ed c\u00f3mo obr\u00f3 con los prisioneros: reparti\u00f3 entre las, cohortes a los que eran \u00fatiles para el servicio y a los dem\u00e1s los vendi\u00f3 en subasta; lo que dijo no hubiera hecho a no ser \u00fatil dar amo a gentes que ten\u00edan mala lengua. Nieto de este Rey fue Alejandro, que arrojaba su lanza contra sus convidados; que de los dos amigos que antes cit\u00e9, entreg\u00f3 uno al furor de un le\u00f3n y el otro al suyo. De ellos, sin embargo, vivi\u00f3 el arrojado al le\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIII.<\/strong> <\/span>No hab\u00eda heredado este vicio de su abuelo ni de su padre. Porque si existi\u00f3 en Philipo otra virtud, tambi\u00e9n tuvo la paciencia para soportar las injurias, poderoso medio para proteger un reino. Demochares, llamado Parrhesiastes a causa de la excesiva intemperancia de su lengua, vino a \u00e9l con otros legados atenienses. Philipo, despu\u00e9s de escucharles con benevolencia: \u00abDecidme, a\u00f1adi\u00f3, qu\u00e9 puedo hacer que sea grato a los Atenienses. -Ahorcarte\u00bb. contest\u00f3 Demochares. Estall\u00f3 la indignaci\u00f3n de los presentes al escuchar tan brutal contestaci\u00f3n, y calm\u00e1ndoles Philipo, mand\u00f3 que se dejase marchar a. aquel Thersita sano y salvo. \u00abEn cuanto a vosotros, dijo a los dem\u00e1s legados, decid a los Atenienses que son mucho m\u00e1s soberbios los que tales cosas dicen que los que las oyen sin castigarlas\u00bb. Muchas cosas dijo e hizo el divino Augusto que merecen ser referidas, y que demuestran que la ira no imperaba en \u00e9l. El historiador Timogenes habla dicho del Emperador, de su esposa y de su familia cosas que no quedaron perdidas, porque el chiste las hace circular m\u00e1s y las pone en todas las bocas. Frecuentemente le amonest\u00f3 el C\u00e9sar para que fuese m\u00e1s moderado en su lenguaje, y como persistiera, le neg\u00f3 la entrada en palacio. Desde entonces pas\u00f3 Timogenes su vejez en casa de Asinio Poli\u00f3n, y toda la ciudad se lo disputaba. La expulsi\u00f3n del palacio del C\u00e9sar no le cerr\u00f3 ninguna puerta. M\u00e1s adelante recit\u00f3 y quem\u00f3 las historias que hab\u00eda escrito, y entreg\u00f3 al fuego los libros que conten\u00edan los anales de C\u00e9sar Augusto. Enemigo era del C\u00e9sar y nadie temi\u00f3 su amistad; nadie de alej\u00f3 de \u00e9l como de hombre herido por el rayo, encontrando, quien le abriese los brazos cuando ca\u00eda de tan alto. C\u00e9sar, como he dicho, lo soportaba con paciencia, y no se conmovi\u00f3 porque hubiese destruido los anales de su gloria y de sus bellas acciones. Jam\u00e1s censur\u00f3 al que hospedaba a su enemigo, y solamente dijo una vez a Asinio Poli\u00f3n: \u00ab\u00bb. Como \u00e9ste se preparaba a excusarse, se le adelant\u00f3 dici\u00e9ndole: \u00abGoza, querido Poli\u00f3n, goza de tu hospitalidad\u00bb. Y cuando Poli\u00f3n replic\u00f3: \u00abSi lo mandas, C\u00e9sar, lo expulsar\u00e9 de mi <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">casa. -\u00bfCrees que har\u00e9 eso, dijo, cuando soy yo quien os ha reconciliado?\u00bb Poli\u00f3n hab\u00eda estado alg\u00fan tiempo disgustado con Timogenes y no tuvo otra causa para desistir de su resentimiento que el haber comenzado el de C\u00e9sar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIV.<\/strong><\/span> D\u00edgase cada cual siempre que se le ofende:\u00bfSoy yo m\u00e1s poderoso que Philipo? Sin embargo, se le ultraj\u00f3 impunemente. \u00bfPuedo yo m\u00e1s en mi casa que el divino Augusto en el mundo entero? Se content\u00f3, sin embargo, con separarse de su detractor. \u00a1C\u00f3mo! <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfcastigar\u00e9 con el l\u00e1tigo y el hierro la respuesta demasiado atrevida de un esclavo, su aspecto hosco o su murmullo que no llega hasta m\u00ed?\u00bfQui\u00e9n soy yo para que sea delito ofender mis o\u00eddos? Muchos han perdonado a sus enemigos, \u00bfy yo no perdonar\u00e9 a un esclavo perezoso, negligente o hablador? Exc\u00fasese el ni\u00f1o con su edad, con su sexo la mujer, con su libertad el extranjero y el criado con la familiaridad. \u00bfAcaso es la primera vez que nos desagrada? recordemos cu\u00e1ntas nos ha complacido. \u00bfNos ha ofendido muchas veces? soportemos lo que hemos soportado tanto tiempo. \u00bfEs un amigo quien nos ofende? ha hecho lo que no quer\u00eda. \u00bfEs un enemigo? ha hecho lo que deb\u00eda. Cedamos al prudente, perdonemos al insensato, y dig\u00e1monos en cuanto a todos: hasta los varones m\u00e1s sabios caen en multitud de faltas; que no hay nadie tan circunspecto que no olvide alguna vez su cuidado, nadie tan sensato que no abandone alguna vez su gravedad en la viveza de alg\u00fan arrebato, nadie tan precavido contra el ultraje que no incurra en el defecto que quiere evitar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXV.<\/strong><\/span> As\u00ed como el hombre vulgar encuentra en el derrumbamiento de la fortuna de los grandes consuelo a sus males, y llora con menos amargura en un rinc\u00f3n la muerte de su hijo al ver dolorosos funerales que salen de un palacio, as\u00ed tambi\u00e9n cada cual soportar\u00e1 con m\u00e1s resignaci\u00f3n algunas ofensas, algunos desprecios al pensar que no hay poder, por grande que sea, que se encuentre al abrigo de injurias. Y si los m\u00e1s prudentes delinquen, \u00bfqu\u00e9 error carece de legitima excusa? Recordemos cu\u00e1ntas veces se mostr\u00f3 nuestra juventud poco celosa de sus deberes, poco cauta en sus palabras, poco sobria en el vino. Se ha irritado uno: d\u00e9mosle tiempo para reconocer lo que ha hecho, \u00e9l mismo se corregir\u00e1. Impondrase castigo; no hay raz\u00f3n para que nosotros hagamos la mismo que \u00e9l. Es indudable que el que desprecia los ataques que arrancan de la multitud se coloca m\u00e1s alto que ella: propio es de la verdadera grandeza no sentirse herida. As\u00ed es que la fiera poderosa se vuelve lentamente al ladrido de los perros; as\u00ed tambi\u00e9n el fuerte pe\u00f1asco desaf\u00eda el asalto de la impotente ola. El que no se irrita, queda inaccesible a la injuria, el que se irrita se quebranta. Pero el que acabo de presentar como superior a todos los ataques tiene como abrazado el soberano bien, y responde no solamente al hombre, sino que tambi\u00e9n a la fortuna. Por mucho que hagas, eres demasiado d\u00e9bil para turbar mi serenidad. La raz\u00f3n, a la que he entregado la direcci\u00f3n de mi -vida, me lo proh\u00edbe: la ira me perjudicar\u00eda m\u00e1s que la injuria. Conozco los l\u00edmites de la una, pero ignoro hasta d\u00f3nde me arrastrarla la otra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">XXVI<\/span>. <\/strong>\u00abNo puedo sufrirla, dices; es muy dif\u00edcil soportar la injuria\u00bb. Mientes, porque <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfqu\u00e9 hombre no puede soportar la injuria si puede soportar la ira? A\u00f1ade tambi\u00e9n que al obrar de esa manera soportas la ira y la injuria. \u00bfPor qu\u00e9 soportas los arrebatos del enfermo y las palabras del demente? \u00bfPor qu\u00e9 los golpes del ni\u00f1o? Porque te parece que no saben lo que hacen. \u00bfQu\u00e9 importa cu\u00e1l sea la enfermedad que hace desvariar? La demencia es excusa igual para todos. \u00ab\u00a1C\u00f3mo! dices, \u00bfquedar\u00e1 impune el que injuria?\u00bb Considera que as\u00ed lo quieres, y, sin embargo, no suceder\u00e1 as\u00ed. El mayor castigo del mal es haberlo cometido; y la pena m\u00e1s rigurosa es quedar entregado al arrepentimiento. Finalmente, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">necesario es considerar la condici\u00f3n de las cosas humanas para que seamos jueces equitativos en todos los accidentes. No se tiene en cuenta el color negro entre los Etiopes, ni entre los Germanos roja cabellera atada en nudo. Cada cual es seg\u00fan su propia naturaleza. Nunca encontrar\u00e1s extra\u00f1o o repugnante en un hombre lo que es com\u00fan a toda su naci\u00f3n. Ahora bien, cada ejemplo de estos solamente significa la costumbre de una regi\u00f3n o de un \u00e1ngulo de la tierra: considera ahora si la indulgencia ser\u00e1 m\u00e1s justa trat\u00e1ndose de vicios extendidos por todo el g\u00e9nero humano. Todos somos inconsiderados e imprevisores, irresolutos, susceptibles, ambiciosos: \u00bfa qu\u00e9 ocultar con palabras suaves la llaga p\u00fablica? Todos somos malos. As\u00ed, pues, cada cual encuentra en su propio coraz\u00f3n aquello mismo que reprende en otro. \u00bfPor qu\u00e9 notas la palidez de \u00e9ste, el enflaquecimiento de aqu\u00e9l? La epidemia est\u00e1 en todos. Seamos, pues, m\u00e1s tolerantes rec\u00edprocamente: malos, vivimos entre malos. Una sola cosa puede devolvernos la tranquilidad: el convenio de nuestra tolerancia. Aquel me ha ofendido; no le he devuelto la ofensa; pero tal vez habr\u00e1s ofendido ya a otro o le ofender\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXVII.<\/strong><\/span> No te juzgues por una hora o un d\u00eda; considera la disposici\u00f3n habitual de tu \u00e1nimo: aunque no hayas hecho ning\u00fan mal, puedes hacerlo. \u00bfNo es mejor curar la injuria que vengarla? La venganza absorbe mucho tiempo y nos expone a multitud de ofensas por una sola que nos molesta. En todos dura m\u00e1s la ira que la injuria: \u00bfno es mejor seguir otro camino y no oponer vicios a vicios? \u00bfTe parecer\u00eda en sano juicio el que devolviese la coz al mulo o el mordisco al perro? \u00abPero esos animales, dices, no saben que obran mal\u00bb. En primer lugar, es muy injusto aquel para quien el nombre de hombre excluye la indulgencia: adem\u00e1s, si los otros animales escapan de tu ira porque son irracionales, debes colocar en la misma l\u00ednea a todo aquel que carece de raz\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 importa que se diferencie en todo lo dem\u00e1s de los animales irracionales, si se les parece en aquello que hace excusemos sus faltas, en la ceguedad de la mente? Ha ofendido: \u00bfes la primera vez? \u00bfes la \u00faltima? No debes creerle aunque diga: No lo har\u00e9 m\u00e1s. Ofender\u00e1 otra vez y otro le ofender\u00e1 a \u00e9l, y toda la vida girar\u00e1 entre errores. Hemos de tratar mansamente a lo que es intratable. Lo que se acostumbra decir en medio del dolor, puede decirse con mucha eficacia en la ira: \u00bfCesar\u00e1 alguna vez o nunca? Si ha de cesar, \u00bfno es mejor abandonar la ira que ser abandonado por ella? Si ha de durar siempre, \u00a1contempla qu\u00e9 vida tan borrascosa te preparas! \u00a1qu\u00e9 henchido de hiel habr\u00e1s de estar!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXVIII.<\/strong><\/span> A\u00f1ade tambi\u00e9n que, si t\u00fa mismo no enciendes tu ira y renuevas sin cesar los est\u00edmulos que deben alimentarla, se extinguir\u00e1 por s\u00ed misma y diariamente perder\u00e1 fuerzas: \u00bfy no ser\u00e1 mucho mejor que caiga vencida por ti, que vencida por s\u00ed misma? Te irritas contra \u00e9ste, despu\u00e9s contra aqu\u00e9l, contra tus esclavos, contra tus libertos, contra tus padres, contra tus hijos, contra conocidos, contra desconocidos; y por todas partes abundan motivos si el buen juicio no interviene. El furor te arrastrar\u00e1 de aqu\u00ed para all\u00e1, y m\u00e1s lejos a\u00fan, y como a cada paso surgir\u00e1n nuevos est\u00edmulos, la rabia no te abandonar\u00e1. \u00a1Vamos, desgraciado! \u00bfcu\u00e1ndo amar\u00e1s? \u00a1Oh, qu\u00e9 hermoso tiempo pierdes en cosas malas! \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s dulce ser\u00eda hacerse amigos desde luego, calmar enemigos, servir a la rep\u00fablica, dedicar los cuidados a los asuntos dom\u00e9sticos, antes que ir buscando por todas partes el da\u00f1o que puedes hacer a alguno para ofenderle en su dignidad, en su patrimonio o en su persona, cuando no puedes conseguirlo sin combate ni peligro, aunque luchases con un inferior? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Sup\u00f3n que te lo presentan atado y entregado a tu arbitrio para que le atormentes; con frecuencia el que descarga violentos golpes se desarticula el brazo, o se rasga la mano con <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">los dientes que rompe. La ira ha hecho muchos mancos, muchos enfermos, hasta cuando ha encontrado materia pasiva. Adem\u00e1s, no hay ser tan d\u00e9bil al que pueda destruirse sin peligro: el dolor o la casualidad hace a las veces al m\u00e1s d\u00e9bil igual al m\u00e1s fuerte. Y tambi\u00e9n la mayor parte de las cosas porque nos irritamos, antes nos contrar\u00edan que nos ofenden; y media mucha diferencia entre oponerse a nuestra voluntad y no servirla, entre arrancarnos algo y no d\u00e1rnoslo: sin embargo, colocamos en la misma l\u00ednea al que toma y al que reh\u00fasa, al que destruye nuestras esperanzas y al que las aplaza, al que obra contra nosotros o en provecho propio, al que ama a otro y al que nos odia. Y muchos, en verdad, tienen motivos, no solamente justos, sino que tambi\u00e9n honestos, para opon\u00e9rsenos. Uno defiende a su padre, otro a su hermano, \u00e9ste a su t\u00edo, aqu\u00e9l a su amigo; y, sin embargo, no les perdonamos que lo hagan; les censurar\u00edamos que no lo hicieran; o m\u00e1s bien, lo que es incre\u00edble, alabamos el hecho y censuramos al que lo realiza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXIX.<\/strong> <\/span>Y \u00a1a fe m\u00eda! el var\u00f3n grande y justo admira hasta entre sus enemigos a aquel cuyo valor se obstina en defender la salvaci\u00f3n y libertad de la patria: querr\u00eda tenerle como conciudadano, como soldado. Cosa torpe es odiar al que se estima; \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s torpe es odiarlo por lo mismo que merece nuestra indulgencia; si prisionero y reducido repentinamente a la esclavitud, conserva todav\u00eda algunos restos de su libertad, y no acude como presuroso a los oficios m\u00e1s s\u00f3rdidos y viles; si debilitado por la ociosidad no puede seguir la carrera del caballo o la carroza de su se\u00f1or; si fatigado por continuas vigilias cede al sue\u00f1o; si reh\u00fasa los trabajos r\u00fasticos o los desempe\u00f1a con languidez, obligado a cambiar la suave servidumbre urbana por tareas tan rudas! Distingamos la impotencia de la mala voluntad, y perdonaremos con mucha frecuencia si examinamos antes de irritarnos, Pero cedemos al primer impulso; en seguida, a pesar de la puerilidad de nuestros arrebatos, insistimos en ellos para que no parezca que nos irritamos sin raz\u00f3n, y lo m\u00e1s injusto de todo es que la injusticia de la ira la hace m\u00e1s obstinada. Reten\u00e9mosla y la aumentamos como si su exceso fuese prueba de su justicia. \u00a1Cu\u00e1nto mejor ser\u00eda considerar las primeras causas en toda su ligereza e insignificancia! Lo que observas en los animales ves que acontece en el hombre: pert\u00farbale una frivolidad, una sombra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXX.<\/strong> <\/span>El color rojo excita al toro; el \u00e1spid se levanta delante de una sombra; un lienzo blanco alarma a los osos y leones. Todo lo que es naturalmente cruel e irritable se espanta por cosas vanas. Lo mismo acontece con los esp\u00edritus inquietos y d\u00e9biles: al\u00e1rmanse por sospecha de las cosas, y hasta tal punto, que muchas veces consideran injurias favores ligeros, que vienen a ser fecunda y amarga fuente de su ira. Irrit\u00e1monos contra nuestros mejores amigos porque han hecho por nosotros menos de lo que hab\u00edamos imaginado, menos que recibieron otros; cuando en ambos casos es otro el remedio. \u00bfConcedi\u00f3 m\u00e1s a otro? gocemos de lo que tenemos sin hacer comparaciones: nunca ser\u00e1 feliz el que desea felicidad mayor. Tengo menos de lo que esperaba, pero tal vez esperaba m\u00e1s de lo que deb\u00eda. Mucho debe temerse esto: de aqu\u00ed nacen las iras m\u00e1s peligrosas, que atacan a lo m\u00e1s santo. Para matar al divino Julio concurrieron menos enemigos que amigos, cuyas insaciables esperanzas no hab\u00eda satisfecho. As\u00ed lo quiso, sin duda, porque nadie us\u00f3 jam\u00e1s tan generosamente de la victoria, de la que no se reserv\u00f3 otra cosa que el derecho de repartir sus frutos: \u00bfy c\u00f3mo atender a tantas pretensiones inmoderadas, cuando cada uno ped\u00eda para si todo lo que uno solo pod\u00eda dar? Por esto vio brillar en derredor de su silla las espadas de sus compa\u00f1eros de armas, y a su frente Tulio Cimber, ac\u00e9rrimo partidario suyo poco antes, y otros muchos que se hicieron Pompeyanos despu\u00e9s de la muerte de Pompeyo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXI.<\/strong><\/span> Esto mismo es lo que ha vuelto las armas de los s\u00fabditos contra los reyes, lo que ha impulsado a los m\u00e1s fieles a tramar la muerte de aquellos por los cuales y ante los cuales hab\u00edan jurado morir. Nadie est\u00e1 contento de su fortuna cuando contempla la de los otros. De aqu\u00ed que nos irritemos hasta contra los dioses, porque otro nos adelanta, olvidando cuantos quedan a nuestra espalda y envidiando a unos pocos la envidia que llevan detr\u00e1s. Tal es, sin embargo, la exigencia de los hombres; aunque hayan recibido mucho, tienen por injuria haber podido recibir m\u00e1s. \u00bfMe dio la pretura? esperaba el consulado. \u00bfMe dio los doce haces? pero no me hizo c\u00f3nsul ordinario. \u00bfQuiso que el a\u00f1o llevase mi nombre? pero me falt\u00f3 para el sacerdocio. \u00bfSe me admiti\u00f3 en un colegio de pont\u00edfices? \u00bfy por qu\u00e9 en uno solo? \u00bfMe llev\u00f3 a la cumbre de la grandeza? pero no aument\u00f3 mi patrimonio. Me dio lo que hab\u00eda de dar a alguno; de lo suyo no me dio nada. Pero m\u00e1s bien has de darle gracias por lo recibido; espera lo dem\u00e1s, y regocijate por no encontrarte repleto a\u00fan. Felicidad es que todav\u00eda queda algo que esperar. \u00bfLos has vencido a todos? al\u00e9grate de ocupar el primer puesto en el coraz\u00f3n de tu amigo. \u00bfTe vencen muchos? considera cuanto m\u00e1s numerosos son los que te siguen que los que te preceden.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXII.<\/strong><\/span> \u00bfPreguntas cu\u00e1l es tu error m\u00e1s grande? formas malos c\u00e1lculos: estimas en mucho lo que das y en poco lo que recibes. Procuremos no obrar con el uno como con el otro: contengamos la ira delante de \u00e9ste por temor, delante de aqu\u00e9l por reserva, delante del otro por desd\u00e9n. \u00a1Gran, cosa har\u00edamos sin duda arrojando a un calabozo a un desgraciado esclavo! \u00bfPor qu\u00e9 hemos de apresurarnos a azotarle en el acto, a romperle desde luego las piernas? No perder\u00e1s tu derecho por aplazar su ejercicio. Deja que llegue la hora en que mandar\u00e1s por ti mismo, porque ahora hablas bajo el imperio de la ira; cuando haya pasado veremos en cu\u00e1nto estimas el delito: en esto nos enga\u00f1amos principalmente: venimos al hierro, a las penas capitales; castigamos con las cadenas, la prisi\u00f3n, el hambre, una falta que apenas merec\u00eda ligero castigo. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9, dices, nos mandas considerar cu\u00e1n pueriles son, fr\u00edvolas y miserables las cosas que tomamos por injurias?\u00bb Por mi parte, no puedo aconsejarte cosa mejor sino que te eleves a nobles sentimientos, y consideres en toda su humildad y abyecci\u00f3n esas peque\u00f1eces por las que nos quejamos, corremos, nos sofocamos y no merecen una mirada del alma elevada y generosa. El tumulto m\u00e1s grande se encuentra alrededor del dinero: \u00e9ste es el que fatiga los foros, pone en lucha a los padres con los hijos, confecciona los venenos, entrega la espada tanto a los asesinos como a las legiones, y se encuentra siempre regado con sangre: por el dinero se convierten en ruidosos litigios las noches de los maridos y de las esposas, acude la multitud a los tribunales de los magistrados, los reyes se hacen crueles y rapaces, y destruyen ciudades levantadas por el largo trabajo de los siglos, para registrar sus cenizas en busca de oro y de plata.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXIII<\/strong>.<\/span> Contempla esos cestos colocados en un rinc\u00f3n. Por eso se grita hasta hacer salir los ojos de la cabeza, resuenan en nuestras bas\u00edlicas los estremecimientos del litigio, y nuestros jueces, llamados de lejanas regiones, se sientan para decidir por qu\u00e9 lado tiene m\u00e1s derechos la avaricia. \u00bfQu\u00e9 dir\u00e9, si no ya por un cesto de dinero, sino por un pu\u00f1ado de cobre, por un cuadrante que falte en la cuenta de un esclavo, un anciano moribundo y sin herederos enloquece de ira? \u00bfsi por menos de una mil\u00e9sima parte de inter\u00e9s un usurero enfermo, cuyos pies y manos retorcidos por la gota le impiden comparecer, lanza clamores, y en medio de los accesos de la enfermedad, acelera por medio de sus agentes la cobranza de sus ases? Si reunieras todo el dinero, todos los metales que tan cuidadosamente <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">guardamos; si sacases a la luz todos los tesoros que esconde la avaricia, cuando devuelve a la tierra lo que malamente sac\u00f3 de ella, no creer\u00eda que todo el mont\u00f3n mereciera un pliego en la frente del hombre de bien. \u00a1Con cu\u00e1nta risa deber\u00edamos recibir todo lo que nos arranca l\u00e1grimas!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXIV.<\/strong><\/span> D\u00e9jote ahora examinar las otras causas de la ira, la comida, la bebida, las rivalidades de ambici\u00f3n, trajes, palabras, censuras, los gestos pocos mesurados, las sospechas, las obstinaciones de una bestia de carga, la pereza de un esclavo, las interpretaciones maliciosas de las frases de otro que liar\u00edan considerar el don de la palabra entre las injurias de la naturaleza. Cr\u00e9eme, cosas tan ligeras son las que excitan graves arrebatos, como los que producen ri\u00f1as y pendencias entre los ni\u00f1os. Entre todo lo que hacemos con tanta solemnidad, nada hay serio y grande. Por esta raz\u00f3n, repito que vuestra ira, vuestra locura nace de dar demasiada importancia a cosas muy peque\u00f1as. Aquel quiso arrebatarme una herencia; aquel otro me acusa despu\u00e9s de haberme adulado mucho tiempo esperando mi muerte; \u00e9ste ha deseado mi concubina. Lo que deb\u00eda ser lazo de amor, la identidad de voluntades es causa de discordias y de odios.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXV.<\/strong> <\/span>Una v\u00eda estrecha produce ri\u00f1as entra los transe\u00fantes; en camino ancho y espacioso ni los pueblos se molestan. Esas cosas peque\u00f1as que deseas no pudiendo pasar a uno sin que se le quiten a otro, vienen a ser fuente de disputas y de combates entre los que a la vez las pretenden. Te indigna que tu esclavo, tu liberto, tu esposa, tu cliente te contesten, y despu\u00e9s te quejas de que la libertad est\u00e9 desterrada de la rep\u00fablica, cuando la has desterrado de tu casa. Adem\u00e1s, si callan cuando les preguntas, les tratar\u00e1s de rebeldes. D\u00e9jales, pues, hablar, callar, re\u00edr. \u00bfDelante del se\u00f1or? preguntas; m\u00e1s a\u00fan, delante del padre de familia \u00bfPor qu\u00e9 gritas? \u00bfpor qu\u00e9 llamas? \u00bfpor qu\u00e9 pides l\u00e1tigos en medio de la comida? porque tus esclavos han hablado, porque en el mismo sitio no reina el tumulto de la asamblea y el silencio del desierto. \u00bfNo tienes o\u00eddos m\u00e1s que para escuchar cantos dulcemente modulados, sonidos que brotan en suave armon\u00eda? Debes acostumbrarte a las risas y a las l\u00e1grimas, a los halagos y a las contradicciones, a las noticias agradables y a las tristes, a la voz de los hombres y a los rugidos y ladridos de los animales. \u00bfPor qu\u00e9, m\u00edsero, te estremeces al grito de un esclavo, al sonido de una campana, al crujido de una puerta? por delicado que seas, has de escuchar el fragor del trueno. Lo que digo de los o\u00eddos, puedes aplicarlo a los ojos, que no son menos caprichosos, si est\u00e1n mal educados. Of\u00e9ndeles una mancha, una suciedad, una pieza de plata que no est\u00e1 muy luciente, un vaso que no brilla al sol. Esos ojos que s\u00f3lo pueden soportar m\u00e1rmoles de colores recientemente pulidos, mesas con chispeantes vinos; que en la casa no quieren reposar sino sobre tapices bordados de oro, se resignan sin embargo a ver fuera callejuelas mal pavimentadas y fangosas: transe\u00fantes en su mayor parte suciamente vestidos, paredes de casas pobres, cuarteadas, desplomadas y cayendo en ruinas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXVI.<\/strong> <\/span>\u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n hay para que lo que no ofende en p\u00fablico, hiera en la casa, sino que all\u00ed llevamos costumbres suaves y tolerantes, y aqu\u00ed desapacibles y quisquillosas? Necesario es educar y fortalecer todos nuestros sentidos que por naturaleza son pacientes: si el \u00e1nimo trata de corromperlos, debe llam\u00e1rsele todos los d\u00edas a cuentas. As\u00ed lo hac\u00eda Sextio: cuando terminaba el d\u00eda; en el momento de entregarse al descanso de la noche, examinaba su conciencia: \u00bfDe qu\u00e9 defecto te has curado hoy? \u00bfqu\u00e9 vicio has combatido? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfen qu\u00e9 has mejorado? La ira se calmar\u00e1 y har\u00e1 mas moderada cuando sepa que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">diariamente ha de comparecer ante un juez. \u00bfQu\u00e9 cosa m\u00e1s bella que examinar de esta manera cada d\u00eda? \u00a1qu\u00e9 sue\u00f1o el que sigue a este examen de las acciones! \u00a1cu\u00e1n tranquilo, profundo y libre, cuando el alma ha recibido su alabanza o reconvenci\u00f3n, y, sometida a su propio examen, a su propia censura, ha hecho secretamente el proceso de su conducta! De esta autoridad uso, y diariamente me cito ante m\u00ed mismo: en cuanto desaparece la luz de mi vista, y mi esposa, enterada ya de esta costumbre, guarda silencio, examino conmigo mismo todo el d\u00eda y repaso de nuevo todas mis acciones y palabras. Nada me oculto, nada me dispenso: en efecto, \u00bfpor qu\u00e9 hab\u00eda de temer considerar ni una sola de mis faltas, cuando puedo decirme: Cuida de no hacer eso otra vez; por esta te perdono: en tal debate has hablado con excesiva acritud: en adelante no te comprometas con ignorantes: los que nada han aprendido no quieren aprender: reprendiste a aquel con demasiada libertad, por cuya raz\u00f3n has ofendido m\u00e1s que corregido: considera en lo sucesivo no solamente si es verdadero lo que dices, sino tambi\u00e9n si puede soportar lo verdadero aquel a quien lo dices.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">XXXVII<\/span>.<\/strong> Al var\u00f3n bueno agrada la reprensi\u00f3n: el malvado soporta con impaciencia al censor. \u00bfTe desagradan en el convite las agudezas de los chistosos dichas para atormentarle? cuida de evitar las mesas demasiado numerosas: despu\u00e9s del vino es m\u00e1s desenfrenada la licencia, porque hasta los mismos sobrios pierden el comedimiento. Has visto a tu amigo irritado contra el portero de alg\u00fan abogado, de alg\u00fan rico, porque no le han recibido, y t\u00fa mismo te irritaste por \u00e9l contra el esclavo m\u00e1s despreciable. \u00bfTe irritar\u00edas contra un perro encadenado? \u00e9ste, despu\u00e9s de ladrar mucho, se amansa con el bocado que se le arroja: al\u00e9jale y r\u00ede. El portero se cree importante porque guarda una puerta asediada por los litigantes; y su amo, que descansa dentro, dichoso y afortunado, considera como muestra de grandeza y poder una puerta bien guardada: no piensa que es m\u00e1s dif\u00edcil de pasar el dintel de una c\u00e1rcel. Reflexiona que necesitas paciencia para muchas cosas. \u00bfQui\u00e9n extra\u00f1a tener fr\u00edo en invierno, mareo en el mar, sacudidas en camino? El \u00e1nimo es fuerte contra las desgracias cuando se encuentra preparado. Te se\u00f1alan en la mesa un puesto inferior, y te irritas contra el que te convid\u00f3, contra el nomencl\u00e1tor y contra el que te prefirieron. \u00bfQu\u00e9 te importa, insensato, la parte del lecho que hundes? \u00bfAcaso un coj\u00edn puede honrarte o rebajarte? Has mirado de mal ojo a quien murmur\u00f3 de tu ingenio. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfAceptas esa ley? En ese caso podr\u00eda odiarte Ennio porque no te deleita; Hortensio buscarte pendencia, y Cicer\u00f3n declararse enemigo tuyo si te burlas de sus versos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXVIII.<\/strong><\/span> Siendo candidato \u00bfpuedes soportar con calma el resultado de los sufragios? Alguno te ha injuriado, pero \u00bfm\u00e1s que Di\u00f3genes, fil\u00f3sofo estoico? En medio de larga disertaci\u00f3n sobre la ira, un ni\u00f1o insolente le escupi\u00f3, y el fil\u00f3sofo soport\u00f3 el ultraje con dulzura y prudencia. \u00abNo me irrito, dijo, pero dudo si convendr\u00eda que me irritase\u00bb. Nuestro Cat\u00f3n habl\u00f3 mejor a\u00fan: un d\u00eda en que estaba defendiendo una causa, L\u00e9ntulo, aquel hombre funesto y de facciosa memoria, le arroj\u00f3 al rostro cuanto pudo arrancar de espesa saliva; y aqu\u00e9l, limpi\u00e1ndose el semblante, le dijo: \u00abAsegurar\u00e9 a todos, oh L\u00e9ntulo, que se enga\u00f1an los que niegan que tengas boca\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XXXIX.<\/strong> <\/span>Hasta ahora, querido Novato, hemos ense\u00f1ado al \u00e1nimo a moderarse, a no sentir la ira o a dominarla. Veamos c\u00f3mo podremos calmarla en los dem\u00e1s: porque no queremos solamente curarnos, sino curar. Cuidaremos mucho de no intentar calmarla con palabras en sus primeros \u00edmpetus, porque entonces est\u00e1 ciega y loca: le dejaremos tiempo; los remedios son m\u00e1s eficaces cuando declina el mal: no irritaremos los ojos en lo m\u00e1s <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">fuerte de la fluxi\u00f3n para no inflamarlos m\u00e1s; ni los otros malos en el momento de la crisis. El reposo cura las enfermedades incipientes. \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 sirve tu remedio, dir\u00e1s, si cura la ira cuando por s\u00ed misma se ha calmado?\u00bb. En primer lugar para que desaparezca m\u00e1s pronto; adem\u00e1s evita las reca\u00eddas, y en \u00faltimo lugar, enga\u00f1a a esos primeros arrebatos que no nos atrever\u00edamos a calmar. Ret\u00edranse todos los instrumentos de venganza; f\u00edngese ira, a fin de que, mostr\u00e1ndose auxiliar, part\u00edcipe en el resentimiento, los consejos tengan m\u00e1s autoridad; g\u00e1nase tiempo, y so pretexto de buscar castigo m\u00e1s en\u00e9rgico, susp\u00e9ndese la pena presente; a fuerza de destreza, se da descanso al furor. Si la ira es demasiado violenta, se le atacar\u00e1 por razones de pudor, a las que no resistir\u00e1, o por el miedo. Si es m\u00e1s d\u00e9bil, se la distraer\u00e1 con pl\u00e1ticas agradables, con relatos de cosas nuevas, excitando el deseo de aprender. D\u00edcese que teniendo que curar un m\u00e9dico a la hija de un rey, y no pudiendo conseguirlo sin emplear el hierro, mientras ba\u00f1aba ligeramente un tumor en un pecho, introdujo un escalpelo que llevaba oculto en la esponja. La joven hubiese rechazado la operaci\u00f3n, si abiertamente se la hubiesen propuesto, y soport\u00f3 el dolor porque no lo esperaba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">XL.<\/span> <\/strong>\u00a0Algunos no se curan sino con enga\u00f1os. Al uno se dir\u00e1: \u00abCuida de que tu furor no regocije a tus enemigos\u00bb. Al otro: \u00abAtiende a no perder la reputaci\u00f3n de firmeza y elevaci\u00f3n de \u00e1nimo que todos te reconocen. Me indigno, a fe m\u00eda, y no encuentro l\u00edmites a la venganza; pero es necesario esperar la oportunidad: el castigo llegar\u00e1. Encierra tu indignaci\u00f3n en tu pecho, y cuando puedas vengarte, nada habr\u00e1s perdido con esperar\u00bb. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Contrariar al iracundo, chocar con \u00e9l de frente, es irritarle. Necesario es atacarla en diferentes puntos y con precauciones; como por acaso no seas t\u00fa persona de tal manera importante, que puedas imponer tu autoridad, como hizo el divino Augusto la noche en que cenaba en casa de Vedio Poli\u00f3n. Rompi\u00f3 un esclavo un vaso de cristal; Vedio mand\u00f3 que lo cogiesen y le diesen una muerte poco com\u00fan en verdad; quer\u00eda que lo arrojasen a las enormes lampreas que llenaban su vivero. \u00bfQui\u00e9n no hubiese cre\u00eddo que las alimentaba por lujo? era por crueldad. El esclavo se escap\u00f3, refugiose a los pies de C\u00e9sar y pidi\u00f3 por toda gracia morir de otra muerte y no convertirse en pasto de peces. Conmoviose C\u00e9sar ante aquella cruel novedad, y mand\u00f3 dar libertad al esclavo, romper ante sus ojos toda la cristaler\u00eda y rellenar el vivero. De esta manera deb\u00eda C\u00e9sar castigar a su amigo; esto era usar bien de su autoridad. \u00bfMandas sacar hombres del convite para desgarrarlos con nuevo g\u00e9nero de tormentos? \u00bfquieres por una copa rota dislacerar las entra\u00f1as de un hombre? \u00bfen tanto te estimas que impones pena de muerte delante de C\u00e9sar?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XLI.<\/strong> <\/span>Si alguien es tan poderoso que puede contrarrestar la ira desde su elevada posici\u00f3n, tr\u00e1tela con dureza, pero solamente cuando es, como acabo de demostrar, feroz, cruel, sanguinaria, porque en estos casos es incurable si no teme algo superior a ella. Demos paz a nuestro \u00e1nimo, y la obtendremos por la constante meditaci\u00f3n de ense\u00f1anzas saludables, por la pr\u00e1ctica de buenas acciones, por la direcci\u00f3n del alma hacia el \u00fanico deseo de lo honesto. Debernos satisfacer a la conciencia, sin trabajar para conseguir buena fama. Acept\u00e9mosla, aunque sea mala, con tal de que la merezcamos buena. \u00abPero el vulgo admira las pasiones en\u00e9rgicas, honra a los audaces y toma por d\u00e9biles a los pl\u00e1cidos\u00bb. Tal vez en el primer momento; pero cuando una vida constantemente igual atestigua que la placidez no es indolencia, sino paz del alma, ese mismo pueblo les ama y reverencia. As\u00ed, pues, esta pasi\u00f3n cruel y enemiga nada tiene de \u00fatil en s\u00ed misma, sino que, por el contrario, arrastra consigo todos los males, el hierro y el fuego; pisotea el pudor, se mancha las manos de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">sangre y dispersa los miembros de sus hijos. Nada deja al abrigo de sus cr\u00edmenes; sin recuerdo de la gloria, sin temor de la infamia, h\u00e1cese incorregible, cuando la ira se endurece hasta el odio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XLII.<\/strong> <\/span>Huyamos de este mal, purguemos nuestra mente, extirpemos este vicio hasta en sus ra\u00edces, que, por d\u00e9biles que sean, donde nacieron vuelven a brotar: no procuremos calmar la ira, sino desterrarla por completo; porque, \u00bfqu\u00e9 temperamento ha de guardarse con una cosa mala? y as\u00ed lo conseguiremos, si nos empe\u00f1amos en ello. Nada nos aprovechar\u00e1 tanto como el pensamiento de la muerte: d\u00edgase cada cual como si hablase a otro: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 sirve dar rienda suelta a la ira, corno si hubiese nacido para la eternidad y disipar esta corta existencia? \u00bfde qu\u00e9 sirve trocar en dolor y tormentos de otros, d\u00edas que pueden pasarse en honestas complacencias?\u00bb Estos bienes no permiten prodigalidad, ni tenemos tiempo que perder. \u00bfPor qu\u00e9 precipitarnos al combate? \u00bfpor qu\u00e9 provocar el peligro? \u00bfpor qu\u00e9, olvidando nuestra debilidad, cargarnos con pesadas enemistades, y siendo tan fr\u00e1giles, alzarnos para quebrantar a los otros? La fiebre, o cualquiera otra enfermedad del cuerpo, impedir\u00e1 muy pronto las violencias de estos odios que llevamos en implacable pecho: muy pronto se interpondr\u00e1 la muerte entre los que luchan con m\u00e1s obstinaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 sublevarnos y perturbar nuestra vida con discordias? El hado se cierne sobre nuestra cabeza, registra los d\u00edas perdidos y se va acercando de hora en hora. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Ese momento que destinas a la muerte de otro, se encuentra tal vez muy cercano de la tuya.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>XLIII.<\/strong> <\/span>\u00bfPor qu\u00e9 no has de recoger m\u00e1s bien tu corta vida, y hacerla tranquila para ti y para los dem\u00e1s? \u00bfpor qu\u00e9 no has de procurar m\u00e1s bien hacerte amar durante tu existencia y lamentar despu\u00e9s de tu muerte? \u00bfpor qu\u00e9 has de trabajar en la ca\u00edda del que te trat\u00f3 con altivez? \u00bfpor qu\u00e9 has de empe\u00f1arte en asustar con tus fuerzas a ese otro que ladra detr\u00e1s de ti, y que, vil y despreciable, es molesto para sus superiores? \u00bfpor qu\u00e9 irritarte contra tu esclavo, contra tu se\u00f1or, contra tu patrono, contra tu cliente? Ten paciencia por un momento: he aqu\u00ed la muerto que viene, y a todos nos hace iguales. Con frecuencia nos divertimos en los espect\u00e1culos matinales de la arena, al ver la lucha de leones y toros encadenados juntos: desg\u00e1rranse mutuamente, y all\u00ed est\u00e1 esperando el que ha de rematarles. Lo mismo hacemos nosotros; atormentamos al que comparte nuestra cadena, mientras que igual fin amenaza a vencidos y vencedores, y tal vez en la primera ma\u00f1ana. Mejor es que pasemos en reposo y en paz los pocos d\u00edas que nos quedan, y que nadie mire con odio nuestro cad\u00e1ver. M\u00e1s de una pendencia ha terminado a los gritos de los incendiados en las cercan\u00edas, y la presencia de una fiera ha separado al ladr\u00f3n y al viajero. Imposible es luchar con un mal peque\u00f1o, cuando domina miedo mayor. \u00bfQu\u00e9 tenemos que ver con los combates y emboscadas? \u00bfPuede tu ira desear al enemigo algo m\u00e1s grande que la muerte? permanece tranquilo, que morir\u00e1: pierdes el trabajo al querer hacer lo que ha de suceder. \u00abNo quiero precisamente matarlo, dices, sino condenarlo al destierro, a la deshonra, a la ruina\u00bb. Antes perdono al que desea la muerte al enemigo que el destierro, porque esto es propio de \u00e1nimo no solamente malo, sino vil. Ora pienses en penas graves, ora en leves, considera cu\u00e1n corto tiempo soportar\u00e1 \u00e9l su dolor, y experimentar\u00e1s t\u00fa culpable placer en el padecimiento ajeno. Exhalamos vida a la vez que respiramos. Mientras permanezcamos entre los hombres, respetemos la humanidad: no seamos para nadie causa de temor o de peligro: despreciemos las p\u00e9rdidas, las injurias, las ofensas, las murmuraciones, y soportemos con magnanimidad pasajeros contratiempos. Al volver la cabeza, como suele decirse, encontramos la muerte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/www.biblioteca.org.ar\/libros\/89740.pdf\">https:\/\/www.biblioteca.org.ar\/libros\/89740.pdf<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"48\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>DE LA IRA, por S\u00e9neca *** &nbsp; Madrid es una ciudad de m\u00e1s de un mill\u00f3n de cad\u00e1veres (seg\u00fan las \u00faltimas estad\u00edsticas). 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