{"id":26591,"date":"2020-02-09T00:05:00","date_gmt":"2020-02-08T23:05:00","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=26591"},"modified":"2020-02-09T12:25:18","modified_gmt":"2020-02-09T11:25:18","slug":"cuentos-de-julio-cortazar-1914-1984","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/02\/09\/cuentos-de-julio-cortazar-1914-1984\/","title":{"rendered":"CUENTOS DE JULIO CORT\u00c1ZAR (1914-1984)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 14pt; background-color: #ccffcc;\"><strong>SUMARIO:<\/strong><\/span><\/p>\n<p><a id=\"ref1a\"><\/a><a href=\"#ref1\">[1] El beso, por Julio Cort\u00e1zar<\/a><\/p>\n<p><a id=\"ref2a\"><\/a><a href=\"#ref2\">[2] Instrucciones para John Howell, por Julio Cort\u00e1zar\u00a0<\/a><\/p>\n<p><a id=\"ref3a\"><\/a><a href=\"#ref3\">[3] El hijo del vampiro, por Julio Cort\u00e1zar<\/a><\/p>\n<p><a id=\"ref4a\"><\/a><a href=\"#ref4\">[4] Las lineas de la mano, por Julio Cort\u00e1zar<\/a><\/p>\n<p><a id=\"ref5a\"><\/a><a href=\"#ref5\">[5]\u00a0 Las autopistas del sur, por Julio Cort\u00e1zar\u00a0<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26595\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Rayuela_2019_WEB-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"320\" data-id=\"26595\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Rayuela_2019_WEB-300x200.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Rayuela_2019_WEB.jpg 750w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El cap\u00edtulo 7, gustos aparte, es una de las hojas m\u00e1s perfectas de la literatura universal. Pertenece a\u00a0<strong><em>Rayuela<\/em><\/strong>, pero tiene identidad propia y el placer de su lectura no depende del resto de la obra. Es un poema en prosa con la narraci\u00f3n m\u00e1s original y musical de un beso que se haya escrito jam\u00e1s. Su efecto en el lector primerizo es inmediato, sucumbe p\u00fablica o secretamente al recuerdo de su propio beso anhelado o de su boca amante imaginada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/narrativabreve.com\/2016\/04\/cuento-cortazar-el-beso.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ulises Argandona<\/a><\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong><a id=\"ref1\"><\/a><a href=\"#ref1a\">[1]<\/a> EL BESO<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\"><strong>Julio Cort\u00e1zar\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"text-align: center;\">(Cuento dentro de una novela)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibuj\u00e1ndola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por m\u00ed para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonr\u00ede por debajo de la que mi mano te dibuja.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Me miras, de cerca me miras, cada vez m\u00e1s de cerca y entonces jugamos al c\u00edclope, nos miramos cada vez m\u00e1s de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre s\u00ed, se superponen y los c\u00edclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordi\u00e9ndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuvi\u00e9ramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simult\u00e1neo del aliento, esa instant\u00e1nea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra m\u00ed como una luna en el agua.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26596\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/INSTRUCCIONES-PARA-JOHN-HOWELL-CORTAZAR-206x300.jpg\" alt=\"\" width=\"420\" height=\"610\" data-id=\"26596\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/INSTRUCCIONES-PARA-JOHN-HOWELL-CORTAZAR-206x300.jpg 206w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/INSTRUCCIONES-PARA-JOHN-HOWELL-CORTAZAR.jpg 563w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong><span style=\"font-size: 24pt;\"><a id=\"ref2\"><\/a><a href=\"#ref2a\">[2]<\/a> INSTRUCCIONES PARA JOHN HOWELL<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">(<em>Todos los fuegos el fuego<\/em>, 1966)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\">Julio Cort\u00e1zar<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">A Peter Brook<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Pens\u00e1ndolo despu\u00e9s \u2013en la calle, en un tren, cruzando campos\u2013 todo eso hubiera parecido absurdo, pero un teatro no es m\u00e1s que un pacto con el absurdo, su ejercicio eficaz y lujoso. A Rice, que se aburr\u00eda en un Londres oto\u00f1al de fin de semana y que hab\u00eda entrado al Aldwych sin mirar demasiado el programa, el primer acto de la pieza le pareci\u00f3 sobre todo mediocre; el absurdo empez\u00f3 en el intervalo cuando el hombre de gris se acerc\u00f3 a su butaca y lo invit\u00f3 cort\u00e9smente, con una voz casi inaudible, a que lo acompa\u00f1ara entre bastidores. Sin demasiada sorpresa pens\u00f3 que la direcci\u00f3n del teatro deb\u00eda estar haciendo una encuesta, alguna vaga investigaci\u00f3n con fines publicitarios. \u201cSi se trata de una opini\u00f3n\u201d, dijo Rice, \u201cel primer acto me parece flojo, y la iluminaci\u00f3n, por ejemplo&#8230;\u201d. El hombre de gris asinti\u00f3 amablemente pero su mano segu\u00eda indicando una salida lateral, y Rice entendi\u00f3 que deb\u00eda levantarse y acompa\u00f1arlo sin hacerse rogar. \u201cHubiera preferido una taza de t\u00e9\u201d, pens\u00f3 mientras bajaba unos pelda\u00f1os que daban a un pasillo lateral y se dejaba conducir entre distra\u00eddo y molesto. Casi de golpe se encontr\u00f3 frente a un bastidor que representaba una biblioteca burguesa; dos hombres que parec\u00edan aburrirse lo saludaron como si su visita hubiera estado prevista e incluso descontada. \u201cDesde luego usted se presta admirablemente\u201d, dijo el m\u00e1s alto de los dos. El otro hombre inclin\u00f3 la cabeza, con un aire de mudo. \u201cNo tenemos mucho tiempo\u201d, dijo el hombre alto, \u201cpero tratar\u00e9 de explicarle su papel en dos palabras\u201d. Hablaba mec\u00e1nicamente, casi como si prescindiera de la presencia real de Rice y se limitara a cumplir una mon\u00f3tona consigna. \u201cNo entiendo\u201d, dijo Rice dando un paso atr\u00e1s. \u201cCasi es mejor\u201d, dijo el hombre alto. \u201cEn estos casos el an\u00e1lisis es m\u00e1s bien una desventaja; ver\u00e1 que apenas se acostumbre a los reflectores empezar\u00e1 a divertirse. Usted ya conoce el primer acto; ya s\u00e9, no le gust\u00f3. A nadie le gusta. Es a partir de ahora que la pieza puede ponerse mejor. Depende, claro.\u201d \u201cOjal\u00e1 mejore\u201d, dijo Rice que cre\u00eda haber entendido mal, \u201cpero en todo caso ya es tiempo de que me vuelva a la sala\u201d. Como hab\u00eda dado otro paso atr\u00e1s no lo sorprendi\u00f3 demasiado la blanda resistencia del hombre de gris, que murmuraba una excusa sin apartarse. \u201cParecer\u00eda que no nos entendemos\u201d, dijo el hombre alto, \u201cy es una l\u00e1stima porque faltan apenas cuatro minutos para el segundo acto. Le ruego que me escuche atentamente. Usted es Howell, el marido de Eva. Ya ha visto que Eva enga\u00f1a a Howell con Michael, y que probablemente Howell se ha dado cuenta aunque prefiere callar por razones que no est\u00e1n todav\u00eda claras. No se mueva por favor, es simplemente una peluca\u201d. Pero la admonici\u00f3n parec\u00eda casi in\u00fatil porque el hombre de gris y el hombre mudo lo hab\u00edan tomado de los brazos, y una muchacha alta y flaca que hab\u00eda aparecido bruscamente le estaba calzando algo tibio en la cabeza. \u201cUstedes no querr\u00e1n que yo me ponga a gritar y arme un esc\u00e1ndalo en el teatro\u201d, dijo Rice tratando de dominar el temblor de su voz. El hombre alto se encogi\u00f3 de hombros. \u201cUsted no har\u00eda eso\u201d, dijo cansadamente. \u201cSer\u00eda tan poco elegante&#8230;No, estoy seguro de que no har\u00eda eso. Adem\u00e1s la peluca le queda perfectamente, usted tiene tipo de pelirrojo.\u201d Sabiendo que no deb\u00eda decir eso, Rice dijo: \u201cPero yo no soy un actor\u201d. Todos, hasta la muchacha, sonrieron alent\u00e1ndolo. \u201cPrecisamente\u201d, dijo el hombre alto. \u201cUsted se da muy bien cuenta de la diferencia. Usted no es un actor, usted es Howell. Cuando salga a escena, Eva estar\u00e1 en el sal\u00f3n escribiendo una carta a Michael. Usted fingir\u00e1 no darse cuenta de que ella esconde el papel y disimula su turbaci\u00f3n. A partir de ese momento haga lo que quiera. Los anteojos, Ruth.\u201d \u201c\u00bfLo que quiera?\u201d, dijo Rice, tratando sordamente de liberar sus brazos, mientras Ruth le ajustaba unos anteojos con montura de carey. \u201cS\u00ed, de eso se trata\u201d, dijo desganadamente el hombre alto, y Rice tuvo como una sospecha de que estaba harto de repetir las mismas cosas cada noche. Se o\u00eda la campanilla llamando al p\u00fablico, y Rice alcanz\u00f3 a distinguir los movimientos de los tramoyistas en el escenario, unos cambios de luces; Ruth hab\u00eda desaparecido de golpe. Lo invadi\u00f3 una indignaci\u00f3n m\u00e1s amarga que violenta, que de alguna manera parec\u00eda fuera de lugar. \u201cEsto es una farsa est\u00fapida\u201d, dijo tratando de zafarse, \u201cy les prevengo que&#8230;\u201d. \u201cLo lamento\u201d, murmur\u00f3 el hombre alto. \u201cFrancamente hubiera pensado otra cosa de usted. Pero ya que lo toma as\u00ed&#8230;\u201d No era exactamente una amenaza, aunque los tres hombres lo rodeaban de una manera que exig\u00eda la obediencia o la lucha abierta: a Rice le pareci\u00f3 que una cosa hubiera sido tan absurda o quiz\u00e1 tan falsa como la otra. \u201cHowell entra ahora\u201d, dijo el hombre alto, mostrando el estrecho pasaje entre los bastidores. \u201cUna vez all\u00ed haga lo que quiera, pero nosotros lamentar\u00edamos que&#8230;\u201d Lo dec\u00eda amablemente, sin turbar el repentino silencio de la sala; el tel\u00f3n se alz\u00f3 con un frotar de terciopelo, y los envolvi\u00f3 una r\u00e1faga de aire tibio. \u201cYo que usted lo pensar\u00eda, sin embargo\u201d, agreg\u00f3 cansadamente el hombre alto. \u201cVaya, ahora.\u201d Empuj\u00e1ndole sin empujarlo, los tres lo acompa\u00f1aron hasta la mitad de los bastidores. Una luz violeta encegueci\u00f3 a Rice; delante hab\u00eda una extensi\u00f3n que le pareci\u00f3 infinita, y a la izquierda adivin\u00f3 la gran caverna, algo como una gigantesca respiraci\u00f3n contenida, eso que despu\u00e9s de todo era el verdadero mundo donde poco a poco empezaban a recortarse pecheras blancas y quiz\u00e1 sombreros o altos peinados. Dio un paso o dos, sintiendo que las piernas no le respond\u00edan y estaba a punto de volverse y retroceder a la carrera cuando Eva, levant\u00e1ndose precipitadamente, se adelant\u00f3 y le tendi\u00f3 una mano que parec\u00eda flotar en la luz violeta al t\u00e9rmino de un brazo muy blanco y largo. La mano estaba helada, y Rice tuvo la impresi\u00f3n de que se crispaba un poco en la suya. Dej\u00e1ndose llevar hasta el centro de la escena, escuch\u00f3 confusamente las explicaciones de Eva sobre su dolor de cabeza, la preferencia por la penumbra y la tranquilidad de la biblioteca, esperando que callara para adelantarse al proscenio y decir, en dos palabras, que los estaban estafando. Pero Eva parec\u00eda esperar que \u00e9l se sentara en el sof\u00e1 de gusto tan dudoso como el argumento de la pieza y los decorados, y Rice comprendi\u00f3 que era imposible, casi grotesco, seguir de pie mientras ella, tendi\u00e9ndole otra vez la mano, reiteraba la invitaci\u00f3n con sonrisa cansada. Desde el sof\u00e1 distingui\u00f3 mejor las primeras filas de platea, apenas separadas de la escena por la luz que hab\u00eda ido virando del violeta a un naranja amarillento, pero curiosamente a Rice le fue m\u00e1s f\u00e1cil volverse hacia Eva y sostener su mirada que de alguna manera lo ligaba todav\u00eda a esa insensatez, aplazando un instante m\u00e1s la \u00fanica decisi\u00f3n posible a menos de acatar la locura y entregarse al simulacro. \u201cLas tardes de este oto\u00f1o son interminables\u201d, hab\u00eda dicho Eva buscando una caja de metal blanco perdida entre los libros y los papeles de la mesita baja, y ofreci\u00e9ndole un cigarrillo. Mec\u00e1nicamente Rice sac\u00f3 su encendedor, sinti\u00e9ndose cada vez m\u00e1s rid\u00edculo con la peluca y los anteojos; pero el menudo ritual de encender los cigarrillos y aspirar las primeras bocanadas era como una tregua, le permit\u00eda sentarse m\u00e1s c\u00f3modamente, aflojando la insoportable tensi\u00f3n del cuerpo que se sab\u00eda mirado por fr\u00edas constelaciones invisibles. O\u00eda sus respuestas a las frases de Eva, las palabras parec\u00edan suscitarse unas a otras con un m\u00ednimo esfuerzo, sin que se estuviera hablando de nada en concreto; un di\u00e1logo de castillo de naipes en el que Eva iba poniendo los muros del fr\u00e1gil edificio, y Rice sin esfuerzo intercalaba sus propias cartas y el castillo se alzaba bajo la luz anaranjada hasta que al terminar una prolija explicaci\u00f3n que inclu\u00eda el nombre de Michael (\u201cYa ha visto que Eva enga\u00f1a a Howell con Michael\u201d) y otros nombres y otros lugares, un t\u00e9 al que hab\u00eda asistido la madre de Michael (\u00bfo era la madre de Eva?) y una justificaci\u00f3n ansiosa y casi al borde de las l\u00e1grimas, con un movimiento de ansiosa esperanza Eva se inclin\u00f3 hacia Rice como si quisiera abrazarlo o esperar a que \u00e9l la tomase en los bozos, y exactamente despu\u00e9s de la \u00faltima palabra dicha con una voz clar\u00edsima, junto a la oreja de Rice murmur\u00f3: \u201cNo dejes que me maten\u201d, y sin transici\u00f3n volvi\u00f3 a su voz profesional para quejarse de la soledad y del abandono. Golpeaban en la puerta del fondo y Eva se mordi\u00f3 los labios como si hubiera querido agregar algo m\u00e1s (pero eso se le ocurri\u00f3 a Rice, demasiado confundido para reaccionar a tiempo), y se puso de pie para dar la bienvenida a Michael que llegaba con la fatua sonrisa que ya hab\u00eda enarbolado insoportablemente en el primer acto. Una dama vestida de rojo, un anciano; de pronto la escena se poblaba de gente que cambiaba saludos, flores y noticias. Rice estrech\u00f3 las manos que le tend\u00edan y volvi\u00f3 a sentarse lo antes posible en el sof\u00e1, escud\u00e1ndose tras de otro cigarrillo; ahora la acci\u00f3n parec\u00eda prescindir de \u00e9l y el p\u00fablico recib\u00eda con murmullos satisfechos una serie de brillantes juegos de palabras de Michael y de los actores de car\u00e1cter, mientras Eva se ocupaba del t\u00e9 y daba instrucciones al criado. Quiz\u00e1 fuera el momento de acercarse a la boca del escenario, dejar caer el cigarrillo y aplastarlo con el pie, a tiempo para anunciar: \u201cRespetable p\u00fablico&#8230;\u201d. Pero acaso fuera m\u00e1s elegante (No dejes que me maten) esperar la ca\u00edda del tel\u00f3n y entonces, adelant\u00e1ndose r\u00e1pidamente, revelar la supercher\u00eda. En todo eso hab\u00eda como un lado ceremonial que no era penoso acatar; a la espera de su hora, Rice entr\u00f3 en el di\u00e1logo que le propon\u00eda el anciano caballero, acept\u00f3 la taza de t\u00e9 que Eva le ofrec\u00eda sin mirarlo de frente, como si se supiese observada por Michael y la dama de rojo. Todo estaba en resistir, en hacer frente a un tiempo interminablemente tenso, ser m\u00e1s fuerte que la torpe coalici\u00f3n que pretend\u00eda convertirlo en un pelele. Ya le resultaba f\u00e1cil advertir c\u00f3mo las frases que le dirig\u00edan (a veces Michael, a veces la dama de rojo, casi nunca Eva, ahora) llevaban impl\u00edcita la respuesta; que el pelele contestara lo previsible, la pieza pod\u00eda continuar. Rice pens\u00f3 que de haber tenido un poco m\u00e1s de tiempo para dominar la situaci\u00f3n, hubiera sido divertido contestar a contrapelo y poner en dificultades a los actores; pero no se lo consentir\u00edan, su falsa libertad de acci\u00f3n no permit\u00eda m\u00e1s que la rebeli\u00f3n desaforada, el esc\u00e1ndalo. No dejes que me maten, hab\u00eda dicho Eva; de alguna manera, tan absurda como todo el resto, Rice segu\u00eda sintiendo que era mejor esperar. El tel\u00f3n cay\u00f3 sobre una r\u00e9plica sentenciosa y amarga de la dama de rojo, y los actores le parecieron a Rice como figuras que s\u00fabitamente bajaran un pelda\u00f1o invisible: disminuidos, indiferentes (Michael se encog\u00eda de hombros, dando la espalda y y\u00e9ndose por el foro), abandonaban la escena sin mirarse entre ellos, pero Rice not\u00f3 que Eva giraba la cabeza hacia \u00e9l mientras la dama de rojo y el anciano se la llevaban amablemente del brazo hacia los bastidores de la derecha. Pens\u00f3 en seguirla, tuvo una vaga esperanza de camar\u00edn y conversaci\u00f3n privada. \u201cMagn\u00edfico\u201d, dijo el hombre alto, palme\u00e1ndole el hombro. \u201cMuy bien, realmente lo ha hecho usted muy bien.\u201d Se\u00f1alaba hacia el tel\u00f3n que dejaba pasar los \u00faltimos aplausos. \u201cLes ha gustado de veras. Vamos a tomar un trago.\u201d Los otros dos hombres estaban algo m\u00e1s lejos, sonriendo amablemente, y Rice desisti\u00f3 de seguir a Eva. El hombre alto abri\u00f3 una puerta al final del primer pasillo y entraron en una sala peque\u00f1a donde hab\u00eda sillones desvencijados, un armario, una botella de whisky ya empezada y hermos\u00edsimos vasos de cristal tallado. \u201cLo ha hecho usted muy bien\u201d, insisti\u00f3 el hombre alto mientras se sentaban en torno a Rice. \u201cCon un poco de hielo, \u00bfverdad? Desde luego, cualquiera tendr\u00eda la garganta seca.\u201d El hombre de gris se adelant\u00f3 a la negativa de Rice y le alcanz\u00f3 un vaso casi lleno. \u201cEl tercer acto es m\u00e1s dif\u00edcil pero a la vez m\u00e1s entretenido para Howell\u201d, dijo el hombre alto. \u201cYa ha visto c\u00f3mo se van descubriendo los juegos.\u201d Empez\u00f3 a explicar la trama, \u00e1gilmente y sin vacilar. \u201cEn cierto modo usted ha complicado las cosas\u201d, dijo. \u201cNunca me imagin\u00e9 que proceder\u00eda tan pasivamente con su mujer; yo hubiera reaccionado de otra manera.\u201d \u201c\u00bfC\u00f3mo?\u201d, pregunt\u00f3 secamente Rice. \u201cAh, querido amigo, no es justo preguntar eso. Mi opini\u00f3n podr\u00eda alterar sus propias decisiones, puesto que usted ha de tener ya un plan preconcebido. \u00bfo no?\u201d Como Rice callaba, agreg\u00f3: \u201cSi le digo eso es precisamente porque no se trata de tener planes preconcebidos. Estamos todos demasiado satisfechos para arriesgarnos a malograr el resto\u201d. Rice bebi\u00f3 un largo trago de whisky. \u201cSin embargo, en el segundo acto usted me dijo que pod\u00eda hacer lo que quisiera\u201d, observ\u00f3. El hombre de gris se ech\u00f3 a re\u00edr, pero el hombre alto lo mir\u00f3 y el otro hizo un r\u00e1pido gesto de excusa. \u201cHay un margen para la aventura o el azar, como usted quiera\u201d, dijo el hombre alto. \u201cA partir de ahora le ruego que se atenga a lo que voy a indicarle, se entiende que dentro de la m\u00e1xima libertad en los detalles.\u201d Abriendo la mano derecha con la palma hacia arriba, la mir\u00f3 fijamente mientras el \u00edndice de la otra mano iba a apoyarse en ella una y otra vez. Entre dos tragos (le hab\u00edan llenado otra vez el vaso) Rice escuch\u00f3 las instrucciones para John Howell. Sostenido por el alcohol y por algo que era como un lento volver hacia s\u00ed mismo que lo iba llenando de una fr\u00eda c\u00f3lera, descubri\u00f3 sin esfuerzo el sentido de las instrucciones, la preparaci\u00f3n de la trama que deb\u00eda hacer crisis en el \u00faltimo acto. \u201cEspero que est\u00e9 claro\u201d, dijo el hombre alto, con un movimiento circular del dedo en la palma de la mano. \u201cEst\u00e1 muy claro\u201d, dijo Rice levant\u00e1ndose, \u201cpero adem\u00e1s me gustar\u00eda saber si en el cuarto acto&#8230;\u201d. \u201cEvitemos las confusiones, querido amigo\u201d, dijo el hombre alto. \u201cEn el pr\u00f3ximo intervalo volveremos sobre el tema, pero ahora le sugiero que se concentre exclusivamente en el tercer acto. Ah, el traje de calle, por favor.\u201d Rice sinti\u00f3 que el hombre mudo le desabotonaba la chaqueta; el hombre de gris hab\u00eda sacado del armario un traje de tweed y unos guantes; mec\u00e1nicamente Rice se cambi\u00f3 de ropa bajo las miradas aprobadoras de los tres. El hombre alto hab\u00eda abierto la puerta y esperaba; a lo lejos se o\u00eda la campanilla. \u201cEsta maldita peluca me da calor\u201d, pens\u00f3 Rice acabando el whisky de un solo trago. Casi en seguida se encontr\u00f3 entre nuevos bastidores, sin oponerse a la amable presi\u00f3n de una mano en el codo. \u201cTodav\u00eda no\u201d, dijo el hombre alto, m\u00e1s atr\u00e1s. \u201cRecuerde que hace fresco en el parque. Quiz\u00e1, si se subiera el cuello de la chaqueta&#8230; Vamos, es su entrada.\u201d Desde un banco al borde del sendero Michael se adelant\u00f3 hacia \u00e9l, salud\u00e1ndolo con una broma. Le tocaba responder pasivamente y discutir los m\u00e9ritos del oto\u00f1o en Regent\u2019s Park, hasta la llegada de Eva y la dama de rojo que estar\u00edan dando de comer a los cisnes. Por primera vez \u2013y a \u00e9l lo sorprendi\u00f3 casi tanto como a los dem\u00e1s\u2013 Rice carg\u00f3 el acento en una alusi\u00f3n que el p\u00fablico pareci\u00f3 apreciar y que oblig\u00f3 a Michael a ponerse a la defensiva, forz\u00e1ndolo a emplear los recursos m\u00e1s visibles del oficio para encontrar una salida; d\u00e1ndole bruscamente la espalda mientras encend\u00eda un cigarrillo, como si quisiera protegerse del viento, Rice mir\u00f3 por encima de los anteojos y vio a los tres hombres entre los bastidores, el brazo del hombre alto que le hac\u00eda un gesto conminatorio. Ri\u00f3 entre dientes (deb\u00eda estar un poco borracho y adem\u00e1s se divert\u00eda, el brazo agit\u00e1ndose le hac\u00eda una gracia extraordinaria) antes de volverse y apoyar una mano en el hombro de Michael. \u201cSe ven cosas regocijantes en los parques\u201d, dijo Rice. \u201cRealmente no entiendo que se pueda perder el tiempo con cisnes o amantes cuando se est\u00e1 en un parque londinense.\u201d El p\u00fablico ri\u00f3 m\u00e1s que Michael, excesivamente interesado por la llegada de Eva y la dama de rojo. Sin vacilar Rice sigui\u00f3 marchando contra la corriente, violando poco a poco las instrucciones en una esgrima feroz y absurda contra los actores habil\u00edsimos que se esforzaban por hacerlo volver a su papel y a veces lo consegu\u00edan, pero \u00e9l se les escapaba de nuevo para ayudar de alguna manera a Eva, sin saber bien por qu\u00e9 pero dici\u00e9ndose (y le daba risa, y deb\u00eda ser el whisky) que todo lo que cambiara en ese momento alterar\u00eda inevitablemente el \u00faltimo acto (No dejes que me maten). Y los otros se hab\u00edan dado cuenta de su prop\u00f3sito porque bastaba mirar por sobre los anteojos hacia los bastidores de la izquierda para ver los gestos iracundos del hombre alto, fuera y dentro de la escena estaban luchando contra \u00e9l y Eva, se interpon\u00edan para que no pudieran comunicarse, para que ella no alcanzara a decirle nada, y ahora llegaba el caballero anciano seguido de un l\u00fagubre chofer, hab\u00eda como un momento de calma (Rice recordaba las instrucciones: una pausa, luego la conversaci\u00f3n sobre la compra de acciones, entonces la frase reveladora de la dama de rojo, y tel\u00f3n), y en ese intervalo en que obligadamente Michael y la dama de rojo deb\u00edan apartarse para que el caballero hablara con Eva y Howell de la maniobra burs\u00e1til (realmente no faltaba nada en esa pieza), el placer de estropear un poco m\u00e1s la acci\u00f3n llen\u00f3 a Rice de algo que se parec\u00eda a la felicidad. Con un gesto que dejaba bien claro el profundo desprecio que le inspiraban las especulaciones arriesgadas, tom\u00f3 del brazo a Eva, sorte\u00f3 la maniobra envolvente del enfurecido y sonriente caballero, y camin\u00f3 con ella oyendo a sus espaldas un muro de palabras ingeniosas que no le concern\u00edan, exclusivamente inventadas para el p\u00fablico, y en cambio s\u00ed Eva, en cambio un aliento tibio apenas un segundo contra su mejilla, el leve murmullo de su voz verdadera diciendo: \u201cQu\u00e9date conmigo hasta el final\u201d, quebrado por un movimiento instintivo, el h\u00e1bito que la hac\u00eda responder a la interpelaci\u00f3n de la dama de rojo, arrastrando a Howell para que recibiera en plena cara las palabras reveladoras. Sin pausa, sin el m\u00ednimo hueco que hubiera necesitado para poder cambiar el rumbo que esas palabras daban definitivamente a lo que habr\u00eda de venir m\u00e1s tarde, Rice vio caer el tel\u00f3n. \u201cImb\u00e9cil\u201d, dijo la dama de rojo. \u201cSalga, Flora\u201d, orden\u00f3 el hombre alto, pegado a Rice que sonre\u00eda satisfecho. \u201cImb\u00e9cil\u201d, repiti\u00f3 la dama de rojo, tomando del brazo a Eva que hab\u00eda agachado la cabeza y parec\u00eda como ausente. Un empuj\u00f3n mostr\u00f3 el camino a Rice que se sent\u00eda perfectamente feliz. \u201cImb\u00e9cil\u201d, dijo a su vez el hombre alto. El tir\u00f3n en la cabeza fue casi brutal, pero Rice se quit\u00f3 \u00e9l mismo los anteojos y los tendi\u00f3 al hombre alto. \u201cEl whisky no era malo\u201d, dijo. \u201cSi quiere\u00a0 darme las instrucciones para el \u00faltimo acto&#8230;\u201d Otro empell\u00f3n estuvo a punto de tirarlo al suelo y cuando consigui\u00f3 enderezarse, con una ligera n\u00e1usea, ya estaba andando a tropezones por una galer\u00eda mal iluminada; el hombre alto hab\u00eda desaparecido y los otros dos se estrechaban contra \u00e9l, oblig\u00e1ndolo a avanzar con la mera presi\u00f3n de los cuerpos. Hab\u00eda una puerta con una lamparilla naranja en lo alto. \u201cC\u00e1mbiese\u201d, dijo el hombre de gris alcanz\u00e1ndole su traje. Casi sin darle tiempo de ponerse la chaqueta, abrieron la puerta de un puntapi\u00e9; el empuj\u00f3n lo sac\u00f3 trastabillando a la acera, al fr\u00edo de un callej\u00f3n que ol\u00eda a basura. \u201cHijos de perra, me voy a pescar una pulmon\u00eda\u201d, pens\u00f3 Rice, metiendo las manos en los bolsillos. Hab\u00eda luces en el extremo m\u00e1s alejado del callej\u00f3n desde donde ven\u00eda el rumor del tr\u00e1fico. En la primera esquina (no le hab\u00edan quitado el dinero ni los papeles) Rice reconoci\u00f3 la entrada del teatro. Como nada imped\u00eda que asistiera desde su butaca al \u00faltimo acto, entr\u00f3 al calor del foyer, al humo y las charlas de la gente en el bar; le qued\u00f3 tiempo para beber otro whisky, pero se sent\u00eda incapaz de pensar en nada. Un poco antes de que se alzara el tel\u00f3n alcanz\u00f3 a preguntarse qui\u00e9n har\u00eda el papel de Howell en el \u00faltimo acto, y si alg\u00fan otro pobre infeliz estar\u00eda pasando por amabilidades y amenazas y anteojos; pero la broma deb\u00eda terminar cada noche de la misma manera porque en seguida reconoci\u00f3 al actor del primer acto, que le\u00eda una carta en su estudio y la alcanzaba en silencio a una Eva p\u00e1lida y vestida de gris. \u201cEs escandaloso\u201d, coment\u00f3 Rice volvi\u00e9ndose hacia el espectador de la izquierda. \u201c\u00bfC\u00f3mo se tolera que cambien de actor en mitad de una pieza?\u201d El espectador suspir\u00f3, fatigado. \u201cYa no se sabe con estos autores j\u00f3venes\u201d, dijo. \u201cTodo es s\u00edmbolo, supongo.\u201d Rice se acomod\u00f3 en la platea saboreando malignamente el murmullo de los espectadores que no parec\u00edan aceptar tan pasivamente como su vecino los cambios f\u00edsicos de Howell; y sin embargo la ilusi\u00f3n teatral los domin\u00f3 casi en seguida, el actor era excelente y la acci\u00f3n se precipitaba de una manera que sorprendi\u00f3 incluso a Rice, perdido en una agradable indiferencia. La carta era de Michael, que anunciaba su partida de Inglaterra; Eva la ley\u00f3 y la devolvi\u00f3 en silencio; se sent\u00eda que estaba llorando contenidamente. Qu\u00e9date conmigo hasta el final, hab\u00eda dicho Eva. No dejes que me maten, hab\u00eda dicho absurdamente Eva. Desde la seguridad de la platea era inconcebible que pudiera sucederle algo en ese escenario de pacotilla; todo hab\u00eda sido una continua estafa, una larga hora de pelucas y de \u00e1rboles pintados. Desde luego la infaltable dama de rojo invad\u00eda la melanc\u00f3lica paz del estudio donde el perd\u00f3n y quiz\u00e1 el amor de Howell se percib\u00edan en sus silencios, en su manera casi distra\u00edda de romper la carta y echarla al fuego. Parec\u00eda inevitable que la dama de rojo insinuara que la partida de Michael era una estratagema, y tambi\u00e9n que Howell le diera a entender un desprecio que no impedir\u00eda una cort\u00e9s invitaci\u00f3n a tomar el t\u00e9. A Rice lo divirti\u00f3 vagamente la llegada del criado con la bandeja; el t\u00e9 parec\u00eda uno de los recursos mayores del comedi\u00f3grafo, sobre todo ahora que la dama de rojo maniobraba en alg\u00fan momento con una botellita de melodrama rom\u00e1ntico mientras las luces iban bajando de una manera por completo inexplicable en el estudio de un abogado londinense. Hubo una llamada telef\u00f3nica que Howell atendi\u00f3 con perfecta compostura (era previsible la ca\u00edda de las acciones o cualquier otra crisis necesaria para el desenlace); las tazas pasaron de mano en mano con las sonrisas pertinentes, el buen tono previo a las cat\u00e1strofes. A Rice le pareci\u00f3 casi inconveniente el gesto de Howell en el momento en que Eva acercaba los labios a la taza, su brusco movimiento y el t\u00e9 derram\u00e1ndose sobre el vestido gris. Eva estaba inm\u00f3vil, casi rid\u00edcula; en esa detenci\u00f3n instant\u00e1nea de las actitudes (Rice se hab\u00eda enderezado sin saber por qu\u00e9, y alguien chistaba impaciente a sus espaldas), la exclamaci\u00f3n escandalizada de la dama de rojo se superpuso al leve chasquido, a la mano de Howell que se alzaba para anunciar algo, a Eva que torc\u00eda la cabeza mirando al p\u00fablico como si no quisiera creer y despu\u00e9s se deslizaba de lado hasta quedar casi tendida en el sof\u00e1, en una lenta reanudaci\u00f3n del movimiento que Howell pareci\u00f3 recibir y continuar con su brusca carrera hacia los bastidores de la derecha, su fuga que Rice no vio porque \u00e9l corr\u00eda ya el pasillo central sin que ning\u00fan otro espectador se hubiera movido todav\u00eda. Bajando a saltos la escalera, tuvo el tino de entregar su tal\u00f3n en el guardarropa y recobrar el abrigo; cuando llegaba a la puerta oy\u00f3 los primeros rumores del final de la pieza, aplausos y voces en la sala; alguien del teatro corr\u00eda escaleras arriba. Huy\u00f3 hacia Kean Street y al pasar junto al callej\u00f3n lateral le pareci\u00f3 ver un bulto que avanzaba pegado a la pared; la puerta por donde lo hab\u00edan expulsado estaba entornada, pero Rice no hab\u00eda terminado de registrar esas im\u00e1genes cuando ya corr\u00eda por la calle iluminada y en vez de alejarse de la zona del teatro bajaba otra vez por Kingsway, previendo que a nadie se le ocurrir\u00eda buscarlo cerca del teatro. Entr\u00f3 en el Strand (se hab\u00eda subido el cuello del abrigo y andaba r\u00e1pidamente, con las manos en los bolsillos) hasta perderse con un alivio que \u00e9l mismo no se explicaba en la vaga regi\u00f3n de callejuelas internas que nac\u00edan en Chancery Lane. Apoy\u00e1ndose contra una pared (jadeaba un poco y sent\u00eda que el sudor le pegaba la camisa a la piel) encendi\u00f3 un cigarrillo, y por primera vez se pregunt\u00f3 expl\u00edcitamente, empleando todas las palabras necesarias, por qu\u00e9 estaba huyendo. Los pasos que se acercaban se interpusieron entre \u00e9l y la respuesta que buscaba; mientras corr\u00eda pens\u00f3 que si lograba cruzar el r\u00edo (ya estaba cerca del puente de Blackfriars) se sentir\u00eda a salvo. Se refugi\u00f3 en un portal, lejos del farol que alumbraba la salida hacia Watergate. Algo le quem\u00f3 la boca; se arranc\u00f3 de un tir\u00f3n la colilla que hab\u00eda olvidado, y sinti\u00f3 que le desgarraba los labios. En el silencio que lo envolv\u00eda trat\u00f3 de repetirse las preguntas no contestadas, pero ir\u00f3nicamente se le interpon\u00eda la idea de que s\u00f3lo estar\u00eda a salvo si alcanzaba a cruzar el r\u00edo. Era il\u00f3gico, los pasos tambi\u00e9n podr\u00edan seguirlo por el puente, por cualquier callejuela de la otra orilla; y sin embargo eligi\u00f3 el puente, corri\u00f3 a favor de un viento que lo ayud\u00f3 a dejar atr\u00e1s el r\u00edo y perderse en un laberinto que no conoc\u00eda hasta llegar a una zona mal alumbrada; el tercer alto de la noche en un profundo y angosto callej\u00f3n sin salida lo puso por fin frente a la \u00fanica pregunta importante, y Rice comprendi\u00f3 que era incapaz de encontrar la respuesta. No dejes que me maten, hab\u00eda dicho Eva, y \u00e9l hab\u00eda hecho lo posible, torpe y miserablemente, pero lo mismo la hab\u00edan matado, por lo menos en la pieza la hab\u00edan matado y \u00e9l ten\u00eda que huir porque no pod\u00eda ser que la pieza terminara as\u00ed, que la taza de t\u00e9 se volcara inofensivamente sobre el vestido de Eva y sin embargo Eva resbalara hasta quedar tendida en el sof\u00e1; hab\u00eda ocurrido otra cosa sin que \u00e9l estuviera all\u00ed para impedirlo, qu\u00e9date conmigo hasta el final, le hab\u00eda suplicado Eva, pero lo hab\u00edan echado del teatro, lo hab\u00edan apartado de eso que ten\u00eda que suceder y que \u00e9l, est\u00fapidamente instalado en su platea, hab\u00eda contemplado sin comprender o comprendi\u00e9ndolo desde otra regi\u00f3n de s\u00ed mismo donde hab\u00eda miedo y fuga y ahora, pegajoso como el sudor que le corr\u00eda por el vientre, el asco de s\u00ed mismo. \u201cPero yo no tengo nada que ver\u201d, pens\u00f3. \u201cY no ha ocurrido nada; no es posible que cosas as\u00ed ocurran.\u201d Se lo repiti\u00f3 aplicadamente: no pod\u00eda ser que hubieran venido a buscarlo, a proponerle esa insensatez, a amenazarlo amablemente; los pasos que se acercaban ten\u00edan que ser los de cualquier vagabundo, unos pasos sin huellas. El hombre pelirrojo que se detuvo junto a \u00e9l casi sin mirarlo, y que se quit\u00f3 los anteojos con un gesto convulsivo para volver a pon\u00e9rselos despu\u00e9s de frotarlos contra la solapa de la chaqueta, era sencillamente alguien que se parec\u00eda a Howell y hab\u00eda volcado la taza de t\u00e9 sobre el vestido de Eva. \u201cTire esa peluca\u201d, dijo Rice, \u201clo reconocer\u00e1n en cualquier parte\u201d. \u201cNo es una peluca\u201d, dijo Howell (se llamar\u00eda Smith o Rogers, ya ni recordaba el nombre en el programa). \u201cQu\u00e9 tonto soy\u201d, dijo Rice. Era de imaginar que hab\u00edan tenido preparada una copia exacta de los cabellos de Howell, as\u00ed como los anteojos hab\u00edan sido una r\u00e9plica de los de Howell. \u201cUsted hizo lo que pudo\u201d, dijo Rice, \u201cyo estaba en la platea y lo vi; todo el mundo podr\u00e1 declarar a su favor\u201d. Howell temblaba, apoyado en la pared. \u201cNo es eso\u201d, dijo. \u201cQu\u00e9 importa, si lo mismo se salieron con la suya.\u201d Rice agach\u00f3 la cabeza; un cansancio invencible lo agobiaba. \u201cYo tambi\u00e9n trat\u00e9 de salvarla\u201d, dijo, \u201cpero no me dejaron seguir\u201d, Howell lo mir\u00f3 rencorosamente. \u201cSiempre ocurre lo mismo\u201d, dijo habl\u00e1ndose a s\u00ed mismo. \u201cEs t\u00edpico de los aficionados, creen que pueden hacerlo mejor que los otros, y al final no sirve de nada.\u201d Se subi\u00f3 el cuello de la chaqueta, meti\u00f3 las manos en los bolsillos. Rice hubiera querido preguntarle: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 ocurre siempre lo mismo? Y si es as\u00ed, \u00bfpor qu\u00e9 estamos huyendo?\u201d. El silbato pareci\u00f3 engolfarse en el callej\u00f3n, busc\u00e1ndolos. Corrieron largo rato a la par, hasta detenerse en alg\u00fan rinc\u00f3n que ol\u00eda a petr\u00f3leo, a r\u00edo estancado. Detr\u00e1s de una pila de fardos descansaron un momento; Howell jadeaba como un perro y a Rice se le acalambraba una pantorrilla. Se la frot\u00f3, apoy\u00e1ndose en los fardos, manteni\u00e9ndose con dificultad sobre un solo pie. \u201cPero quiz\u00e1 no sea tan grave\u201d, murmur\u00f3. \u201cUsted dijo que siempre ocurr\u00eda lo mismo.\u201d Howell le puso una mano en la boca; se o\u00edan alternadamente dos silbatos. \u201cCada uno por su lado\u201d, dijo Howell. \u201cTal vez uno de los dos pueda escapar.\u201d Rice comprendi\u00f3 que ten\u00eda raz\u00f3n pero hubiera querido que Howell le contestara primero. Lo tom\u00f3 de un brazo, atray\u00e9ndolo con toda su fuerza. \u201cNo me deje ir as\u00ed\u201d, suplic\u00f3. \u201cNo puedo seguir huyendo siempre, sin saber.\u201d Sinti\u00f3 el olor alquitranado de los fardos, su mano como hueca en el aire. Unos pasos corr\u00edan alej\u00e1ndose; Rice se agach\u00f3, tomando impulso, y parti\u00f3 en la direcci\u00f3n contraria. A la luz de un farol vio un nombre cualquier: Rose Alley. M\u00e1s all\u00e1 estaba el r\u00edo, alg\u00fan puente. No faltaban puentes ni calles por donde correr.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26602\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/todos-los-fuegos-el-fuego-cortazar-185x300.jpg\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"518\" data-id=\"26602\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/todos-los-fuegos-el-fuego-cortazar-185x300.jpg 185w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/todos-los-fuegos-el-fuego-cortazar.jpg 226w\" sizes=\"auto, (max-width: 320px) 100vw, 320px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26597\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-3-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"520\" height=\"390\" data-id=\"26597\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-3-300x225.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-3-326x245.jpg 326w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-3-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-3.jpg 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 520px) 100vw, 520px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em><span style=\"font-size: 24pt;\"><a id=\"ref3\"><\/a><a href=\"#ref3a\">[3]<\/a> EL HIJO DEL VAMPIRO<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">(<em>La otra orilla<\/em>, 1937)<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\">Julio Cort\u00e1zar<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u00abProbablemente todos los fantasmas sab\u00edan que Duggu Van era un vampiro. No le ten\u00edan miedo pero le dejaban paso cuando \u00e9l sal\u00eda de su tumba a la hora precisa de medianoche y entraba al antiguo castillo en procura de su alimento favorito. El rostro de Duggu Van no era agradable. La mucha sangre bebida desde su muerte aparente \u2014en el a\u00f1o 1060, a manos de un ni\u00f1o, nuevo David armado de una honda-pu\u00f1al\u2014 hab\u00eda infiltrado en su opaca piel la coloraci\u00f3n blanda de las maderas que han estado mucho tiempo debajo del agua. Lo \u00fanico vivo, en esa cara, eran los ojos. ojos fijos en la figura de Lady Vanda, dormida como un beb\u00e9 en el lecho que no conoc\u00eda m\u00e1s que su liviano cuerpo. Duggu Van caminaba sin hacer ruido. La mezcla de vida y muerte que informaba su coraz\u00f3n se resolv\u00eda en cualidades inhumanas. Vestido de azul oscuro, acompa\u00f1ado siempre por un silencioso s\u00e9quito de perfumes rancios, el vampiro paseaba por las galer\u00edas del castillo buscando vivos dep\u00f3sitos de sangre. La industria frigor\u00edfica lo hubiera indignado. Lady Vanda, dormida, con una mano ante los ojos como en una premonici\u00f3n de peligro, semejaba un bibelot repentinamente tibio. y tambi\u00e9n un c\u00e9sped propicio, o una cari\u00e1tide.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Loable costumbre en Duggu Van era la de no pensar nunca antes de la acci\u00f3n. En la estancia y junto al lecho, desnudando con lev\u00edsima carcomida mano el cuerpo de la r\u00edtmica escultura, la sed de sangre principi\u00f3 a ceder.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Que los vampiros se enamoren es cosa que en la leyenda permanece oculta. Si \u00e9l lo hubiese meditado, su condici\u00f3n tradicional lo habr\u00eda detenido quiz\u00e1 al borde del amor, limit\u00e1ndolo a la sangre higi\u00e9nica y vital. Mas Lady Vanda no era para \u00e9l una mera v\u00edctima destinada a una serie de colaciones. La belleza irrump\u00eda de su figura ausente, batallando, en el justo medio del espacio que separaba ambos cuerpos, con el hambre. Sin tiempo de sentirse perplejo ingres\u00f3 Duggu Van al amor con voracidad estrepitosa. El atroz despertar de Lady Vanda se retras\u00f3 en un segundo a sus posibilidades de defensa. y el falso sue\u00f1o del desmayo hubo de entregarla, blanca luz en la noche, al amante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Cierto que, de madrugada y antes de marcharse, el vampiro no pudo con su vocaci\u00f3n e hizo una peque\u00f1a sangr\u00eda en el hombro de la desvanecida castellana. M\u00e1s tarde, al pensar en aquello, Duggu Van sostuvo para s\u00ed que las sangr\u00edas resultaban muy recomendables para los desmayados. Como en todos los seres, su pensamiento era menos noble que el acto simple.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">En el castillo hubo congreso de m\u00e9dicos y peritajes poco agradables y sesiones conjuratorias y anatemas, y adem\u00e1s una enfermera inglesa que se llamaba Miss Wilkinson y beb\u00eda ginebra con una naturalidad emocionante. Lady Vanda estuvo largo tiempo entre la vida y la muerte (sic). La hip\u00f3tesis de una pesadilla demasiado erista qued\u00f3 abatida ante determinadas comprobaciones oculares; y, adem\u00e1s, cuando transcurri\u00f3 un lapso razonable, la dama tuvo la certeza de que estaba encinta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Puertas cerradas con yale hab\u00edan detenido las tentativas de Duggu Van. El vampiro ten\u00eda que alimentarse de ni\u00f1os, de ovejas, hasta de \u2014\u00a1horror!\u2014 cerdos. Pero toda la sangre le parec\u00eda agua al lado de aquella de Lady Vanda. una simple asociaci\u00f3n, de la cual no lo libraba su car\u00e1cter de vampiro, exaltaba en su recuerdo el sabor de la sangre donde hab\u00eda nadado, goloso, el pez de su lengua. Inflexible su tumba en el pasaje diurno, \u00e9rale preciso aguardar el canto del gallo para botar, desencajado, loco de hambre. No hab\u00eda vuelto a ver a Lady Vanda, pero sus pasos lo llevaban una y otra vez a la galer\u00eda terminada en la redonda burla amarilla de la yale. Duggu Van estaba sensiblemente desmejorado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Pensaba a veces \u2014horizontal y h\u00famedo en su nicho de piedra\u2014 que quiz\u00e1 Lady Vanda fuera a tener un hijo de \u00e9l. El amor recrudec\u00eda entonces m\u00e1s que el hambre. So\u00f1aba su fiebre con violaciones de cerrojos, secuestros, con la erecci\u00f3n de una nueva tumba matrimonial de amplia capacidad. El paludismo se ensa\u00f1aba en \u00e9l ahora.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">El hijo crec\u00eda, pausado, en Lady Vanda. una tarde oy\u00f3 Miss Wilkinson gritar a su se\u00f1ora. La encontr\u00f3 p\u00e1lida, desolada. Se tocaba el vientre cubierto de raso, dec\u00eda:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u2014Es como su padre, como su padre. Duggu Van, a punto de morir la muerte de los vampiros (cosa que lo aterraba con razones comprensibles), ten\u00eda a\u00fan la d\u00e9bil esperanza de que su hijo, poseedor acaso de sus mismas cualidades de sagacidad y destreza, se ingeniara para traerle alg\u00fan d\u00eda a su madre.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Lady Vanda estaba d\u00eda a d\u00eda m\u00e1s blanca, m\u00e1s a\u00e9rea. Los m\u00e9dicos maldec\u00edan, los t\u00f3nicos cejaban. y ella, repitiendo siempre:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u2014Es como su padre, como su padre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Miss Wilkinson lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el peque\u00f1o vampiro estaba desangrando a la madre con la m\u00e1s refinada de las crueldades. Cuando los m\u00e9dicos se enteraron hablose de un aborto harto justificable; pero Lady Vanda se neg\u00f3, volviendo la cabeza como un osito de felpa, acariciando con la diestra su vientre de raso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u2014Es como su padre \u2014dijo\u2014. Como su padre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">El hijo de Duggu Van crec\u00eda r\u00e1pidamente. No s\u00f3lo ocupaba la cavidad que la naturaleza le concediera sino que invad\u00eda el resto del cuerpo de Lady Vanda. Lady Vanda apenas pod\u00eda hablar ya, no le quedaba sangre; si alguna ten\u00eda estaba en el cuerpo de su hijo. <\/span><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Y cuando vino el d\u00eda fijado por los recuerdos para el alumbramiento, los m\u00e9dicos se dijeron que aqu\u00e9l iba a ser un alumbramiento extra\u00f1o. En n\u00famero de cuatro rodearon el lecho de la parturienta, aguardando que fuese la medianoche del trig\u00e9simo d\u00eda del noveno mes del atentado de Duggu Van.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Miss Wilkinson, en la galer\u00eda, vio acercarse una sombra. No grit\u00f3 porque estaba segura de que con ello no ganar\u00eda nada. Cierto que el rostro de Duggu Van no era para provocar sonrisas. El color terroso de su cara se hab\u00eda transformado en un relieve uniforme y c\u00e1rdeno. En vez de ojos, dos grandes interrogaciones llorosas se balanceaban debajo del cabello apelmazado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">\u2014Es absolutamente m\u00edo \u2014dijo el vampiro con el lenguaje caprichoso de su secta\u2014<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">y nadie puede interpolarse entre su esencia <\/span><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">y mi cari\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Hablaba del hijo; Miss Wilkinson se calm\u00f3.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Los m\u00e9dicos, reunidos en un \u00e1ngulo del lecho, trataban de demostrarse unos a otros que no ten\u00edan miedo. Empezaban a admitir cambios en el cuerpo de Lady Vanda. Su piel se hab\u00eda puesto repentinamente oscura, sus piernas se llenaban de relieves musculares, el vientre se aplanaba suavemente y, con una naturalidad que parec\u00eda casi familiar, su sexo se transformaba en el contrario. El rostro no era ya el de Lady Vanda. Las manos no eran ya las de Lady Vanda. Los m\u00e9dicos ten\u00edan un miedo atroz. Entonces, cuando dieron las doce, el cuerpo de quien hab\u00eda sido Lady Vanda y era ahora su hijo se enderez\u00f3 dulcemente en el lecho y tendi\u00f3 los brazos hacia la puerta abierta. Duggu Van entr\u00f3 en el sal\u00f3n, pas\u00f3 ante los m\u00e9dicos sin verlos, y ci\u00f1\u00f3 las manos de su hijo. Los dos, mir\u00e1ndose como si se conocieran desde siempre, salieron por la ventana. El lecho ligeramente arrugado, y los m\u00e9dicos balbuceando cosas en torno a \u00e9l, contemplando sobre las mesas los instrumentos del oficio, la balanza para pesar al reci\u00e9n nacido, y Miss wilkinson en la puerta, retorci\u00e9ndose las manos y preguntando, preguntando, preguntando\u00bb.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26601 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-6.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"380\" data-id=\"26601\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-6.jpg 750w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-6-300x152.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<table style=\"border-collapse: collapse; width: 100%; height: 1222px;\">\n<tbody>\n<tr style=\"height: 1222px;\">\n<td style=\"width: 100%; border-color: #000000; background-color: #fbfcf0; height: 1222px;\">\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"left\"><strong><em><span style=\"font-size: 18pt;\"><a id=\"ref4\"><\/a><a href=\"#ref4a\">[4]<\/a> LAS L\u00cdNEAS DE LA MANO<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"left\"><em>(Historias de cronopios y de famas<\/em>, 1962)<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"left\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Julio Cort\u00e1zar\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\" aBigClassNameToAvoidCollisionInText\" style=\"text-align: justify;\" align=\"left\"><span style=\"font-size: 12pt; font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">De una carta tirada sobre la mesa sale una l\u00ednea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la l\u00ednea contin\u00faa por el piso de parqu\u00e9, remonta el muro, entra en una l\u00e1mina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un div\u00e1n y por fin escapa de la habitaci\u00f3n por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ah\u00ed es dif\u00edcil seguirla a causa del tr\u00e1nsito, pero con atenci\u00f3n se la ver\u00e1 subir por la rueda del autob\u00fas estacionado en la esquina y que lleva al puerto. All\u00ed baja por la media de nil\u00f3n cristal de la pasajera m\u00e1s rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y all\u00ed (pero es dif\u00edcil verla, s\u00f3lo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina, donde un hombre triste bebe co\u00f1ac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantal\u00f3n, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un \u00faltimo esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.<\/span><\/p>\n<p align=\"left\">\u00a0<\/p>\n<p><figure id=\"attachment_26610\" aria-describedby=\"caption-attachment-26610\" style=\"width: 530px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26610\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/lineas-de-la-mano-cortazar-216x300.jpg\" alt=\"\" width=\"530\" height=\"737\" data-id=\"26610\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/lineas-de-la-mano-cortazar-216x300.jpg 216w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/lineas-de-la-mano-cortazar.jpg 736w\" sizes=\"auto, (max-width: 530px) 100vw, 530px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-26610\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Pablo Muscillo<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_26598\" aria-describedby=\"caption-attachment-26598\" style=\"width: 700px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26598 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/La-autopista-del-sur-.jpg\" alt=\"\" width=\"700\" height=\"420\" data-id=\"26598\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/La-autopista-del-sur-.jpg 700w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/La-autopista-del-sur--300x180.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-26598\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">mxpxche<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: center;\">\n<span style=\"font-size: 24pt;\"><strong><a id=\"ref5\"><\/a><a href=\"#ref5a\">[5]<\/a> La autopista del sur<\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">(<em>Todos los fuegos el fuego<\/em>, 1966)<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\"><strong>Julio Cort\u00e1zar<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Gli automobilisti accaldati sembrano nom avere<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">sotiria&#8230; Come realt\u00e0, un ingorgo automobilistico<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">impressiona ma nom ci dice gran che.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">ARRIGO BENEDETTI, \u201cL&#8217;Espresso\u201d,<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Roma, 21\/6\/1964<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Al principio la muchacha del Dauphine hab\u00eda insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera pod\u00eda mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la mu\u00f1eca derecha o el\u00a0<em>bip bip<\/em>\u00a0de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a Par\u00eds por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista est\u00e1 \u00edntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros; detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por el retrovisor al hombre p\u00e1lido que conduce un Caravelle, envidiar ir\u00f3nicamente la felicidad av\u00edcola del matrimonio del Peugeot 203 (detr\u00e1s del Dauphine de la muchacha) que juega con su ni\u00f1ita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qu\u00e9 momento los autos de m\u00e1s adelante reanudar\u00e1n la marcha y habr\u00e1 que correr para que los de atr\u00e1s no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y as\u00ed llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los dos hombres que viajan con el ni\u00f1o rubio cuya inmensa diversi\u00f3n en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todav\u00eda un poco m\u00e1s, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna l\u00e1stima al matrimonio de ancianos en el ID Citro\u00ebn que parece una gigantesca ba\u00f1adera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, \u00e9l descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con m\u00e1s aplicaci\u00f3n que ganas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A la cuarta vez de encontrarse con todo eso, de hacer todo eso, el ingeniero hab\u00eda decidido no salir m\u00e1s de su coche, a la espera de que la polic\u00eda disolviese de alguna manera el embotellamiento. El calor de agosto se sumaba a ese tiempo a ras de neum\u00e1ticos para que la inmovilidad fuese cada vez m\u00e1s enervante. Todo era olor a gasolina, gritos destemplados de los jovencitos del Simca, brillo del sol rebotando en los cristales y en los bordes cromados, y para colmo la sensaci\u00f3n contradictoria del encierro en plena selva de m\u00e1quinas pensadas para correr. El 404 del ingeniero ocupaba el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual ten\u00eda otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho s\u00f3lo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes que ya hab\u00eda detallado hasta cansarse. Hab\u00eda charlado con todos, salvo con los muchachos del Simca que le ca\u00edan antip\u00e1ticos; entre trecho y trecho se hab\u00eda discutido la situaci\u00f3n en sus menores detalles, y la impresi\u00f3n general era que hasta Corbeil\u2014Essonnes se avanzar\u00eda al paso o poco menos, pero que entre Corbeil y Juvisy el ritmo ir\u00eda aceler\u00e1ndose una vez que los helic\u00f3pteros y los motociclistas lograran quebrar lo peor del embotellamiento. A nadie le cab\u00eda duda de que alg\u00fan accidente muy grave deb\u00eda haberse producido en la zona, \u00fanica explicaci\u00f3n de una lentitud tan incre\u00edble. Y con eso el gobierno, el calor, los impuestos, la vialidad, un t\u00f3pico tras otro, tres metros, otro lugar com\u00fan, cinco metros, una frase sentenciosa o una maldici\u00f3n contenida.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A las dos monjitas del 2HP les hubiera convenido tanto llegar a Milly-la-F\u00f4ret antes de las ocho, pues llevaban una cesta de hortalizas para la cocinera. Al matrimonio del Peugeot 203 le importaba sobre todo no perder los juegos televisados de las nueve y media; la muchacha del Dauphine le hab\u00eda dicho al ingeniero que le daba lo mismo llegar m\u00e1s tarde a Par\u00eds pero que se quejaba por principio, porque le parec\u00eda un atropello someter a millares de personas a un r\u00e9gimen de caravana de camellos. En esas \u00faltimas horas (deb\u00edan ser casi las cinco pero el calor los hostigaba insoportablemente) hab\u00edan avanzado unos cincuenta metros a juicio del ingeniero, aunque uno de los hombres del Taunus que se hab\u00eda acercado a charlar llevando de la mano al ni\u00f1o con su autito, mostr\u00f3 ir\u00f3nicamente la copa de un pl\u00e1tano solitario y la muchacha del Dauphine record\u00f3 que ese pl\u00e1tano (si no era un casta\u00f1o) hab\u00eda estado en la misma l\u00ednea que su auto durante tanto tiempo que ya ni val\u00eda la pena mirar el reloj pulsera para perderse en c\u00e1lculos in\u00fatiles.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">No atardec\u00eda nunca, la vibraci\u00f3n del sol sobre la pista y las carrocer\u00edas dilataban el v\u00e9rtigo hasta la n\u00e1usea. Los anteojos negros, los pa\u00f1uelos con agua de colonia en la cabeza, los recursos improvisados para protegerse, para evitar un reflejo chirriante o las bocanadas de los ca\u00f1os de escape a cada avance, se organizaban y perfeccionaban, eran objeto de comunicaci\u00f3n y comentario. El ingeniero baj\u00f3 otra vez para estirar las piernas, cambi\u00f3 unas palabras con la pareja de aire campesino del Ariane que preced\u00eda al 2HP de las monjas. Detr\u00e1s del 2HP hab\u00eda un Volkswagen con un soldado y una muchacha que parec\u00edan reci\u00e9n casados. La tercera fila hacia el exterior dejaba de interesarle porque hubiera tenido que alejarse peligrosamente del 404; ve\u00eda colores, formas, Mercedes Benz, ID, 4R, Lancia, Skoda, Morris Minor, el cat\u00e1logo completo. A la izquierda, sobre la pista opuesta, se tend\u00eda otra maleza inalcanzable de Renault, Anglia, Peugeot, Porsche, Volvo; era tan mon\u00f3tono que al final, despu\u00e9s de charlar con los dos hombres del Taunus y de intentar sin \u00e9xito un cambio de impresiones con el solitario conductor del Caravelle, no quedaba nada mejor que volver al 404 y reanudar la misma conversaci\u00f3n sobre la hora, las distancias y el cine con la muchacha del Dauphine.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A veces llegaba un extranjero, alguien que se deslizaba entre los autos viniendo desde el otro lado de la pista o desde la filas exteriores de la derecha, y que tra\u00eda alguna noticia probablemente falsa repetida de auto en auto a lo largo de calientes kil\u00f3metros. El extranjero saboreaba el \u00e9xito de sus novedades, los golpes de las portezuelas cuando los pasajeros se precipitaban para comentar lo sucedido, pero al cabo de un rato se o\u00eda alguna bocina o el arranque de un motor, y el extranjero sal\u00eda corriendo sal\u00eda corriendo, se lo ve\u00eda zigzaguear entre los autos para reintegrase al suyo y no quedar expuesto a la justa c\u00f3lera de los dem\u00e1s. A lo largo de la tarde se hab\u00eda sabido as\u00ed del choque de un Floride contra un 2HP cerca de Corbeil, tres muertos y un ni\u00f1o herido, el doble choque de un Fiat 1500 contra un furg\u00f3n Renault que hab\u00eda aplastado un Austin lleno de turistas ingleses, el vuelco de un autocar de Orly colmado de pasajeros procedentes del avi\u00f3n de Copenhague. El ingeniero estaba seguro de que todo o caso todo era falso, aunque algo grave deb\u00eda haber ocurrido cerca de Corbeil e incluso en las proximidades de Par\u00eds para que la circulaci\u00f3n se hubiera paralizado hasta ese punto. Los campesinos del Ariane, que ten\u00edan una granja del lado de Montereau y conoc\u00edan bien la regi\u00f3n, contaban de otro domingo en que el tr\u00e1nsito hab\u00eda estado detenido durante cinco horas, pero ese tiempo empezaba a parecer casi nimio ahora que el sol, acost\u00e1ndose hacia la izquierda de la ruta, volcaba en cada auto una \u00faltima avalancha de jalea anaranjada que hac\u00eda hervir los metales y ofuscaba la vista, sin que jam\u00e1s una copa de \u00e1rbol desapareciera del todo a la espalda, sin que otra sombra apenas entrevista a la distancia se acercara como para poder sentir de verdad que la columna se estaba moviendo aunque fuera apenas, aunque hubiera que detenerse y arrancar y bruscamente clavar el freno y no salir nunca de la primera velocidad, del desencanto insultante de pasar una vez m\u00e1s de la primera al punto muerto, freno de pie, freno de mano, stop, y as\u00ed otra vez y otra vez y otra.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">En alg\u00fan momento, harto de inacci\u00f3n, el ingeniero se hab\u00eda decidido a aprovechar un alto especialmente interminable para recorrer las filas de la izquierda, y dejando a su espalda el Dauphine hab\u00eda encontrado un DKW, otro 2HP, un Fiat 600, y se hab\u00eda detenido junto a un De Soto para cambiar impresiones con el azorado turista de Washington que no entend\u00eda casi el franc\u00e9s pero que ten\u00eda que estar a las ocho en la Place de l&#8217;Op\u00e9ra sin falta you understand, my wife will be awfully anxious, damn it, y se hablaba un poco de todo cuando un hombre con aire de viajante de comercio sali\u00f3 del DKW para contarles que alguien hab\u00eda llegado un rato antes con la noticia de que un Piper Cub se hab\u00eda estrellado en plena autopista, varios muertos. Al americano el Piper Cub lo ten\u00eda profundamente sin cuidado, y tambi\u00e9n al ingeniero que oy\u00f3 un coro de bocinas y se apresur\u00f3 a regresar al 404, trasmitiendo de paso las novedades a los dos hombres del Taunus y al matrimonio del 203. Reserv\u00f3 una explicaci\u00f3n m\u00e1s detallada para la muchacha del Dauphine mientras los coches avanzaban lentamente unos pocos metros (ahora el Dauphine estaba ligeramente retrasado con relaci\u00f3n al 404, y m\u00e1s tarde ser\u00eda al rev\u00e9s, pero de hecho las doce filas se mov\u00edan pr\u00e1cticamente en bloque, como si un gendarme invisible en el fondo de la autopista ordenara el avance simult\u00e1neo sin que nadie pudiese obtener ventajas). Piper Cub, se\u00f1orita, es un peque\u00f1o avi\u00f3n de paseo. Ah. Y la mala idea de estrellarse en plena autopista un domingo de tarde. Esas cosas. Si por lo menos hiciera menos calor en los condenados autos, si esos \u00e1rboles de la derecha quedaran por fin a la espalda, si la \u00faltima cifra del cuentakil\u00f3metros acabara de caer en su agujerito negro en vez de seguir suspendida por la cola, interminablemente.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26599 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-5.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"567\" data-id=\"26599\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-5.jpg 750w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-5-300x227.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-5-326x245.jpg 326w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-5-80x60.jpg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 750px) 100vw, 750px\" \/><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">En alg\u00fan momento (suavemente empezaba a anochecer, el horizonte de techos de autom\u00f3viles se te\u00f1\u00eda de lila) una gran mariposa blanca se pos\u00f3 en el parabrisas del Dauphine, y la muchacha y el ingeniero admiraron sus alas en la breve y perfecta suspensi\u00f3n de su reposo; la vieron alejarse con una exasperada nostalgia, sobrevolar el Taunus, el ID violeta de los ancianos, ir hacia el Fiat 600 ya invisible desde el 404, regresar hacia el Simca donde una mano cazadora trat\u00f3 in\u00fatilmente de atraparla, aletear amablemente sobre el Ariane de los campesinos que parec\u00edan estar comiendo alguna cosa, y perderse despu\u00e9s hacia la derecha. Al anochecer la columna hizo un primer avance importante, de casi cuarenta metros; cuando el ingeniero mir\u00f3 distra\u00eddamente el cuentakil\u00f3metros, la mitad del 6 hab\u00eda desaparecido y un asomo del 7 empezaba a descolgarse de lo alto. Casi todo el mundo escuchaba sus radios, los del Simca la hab\u00edan puesto a todo trapo y coreaban un twist con sacudidas que hac\u00edan vibrar la carrocer\u00eda; las monjas pasaban las cuentas de sus rosarios, el ni\u00f1o del Taunus se hab\u00eda dormido con la cara pegada a un cristal, sin soltar el auto de juguete. En alg\u00fan momento (ya era noche cerrada) llegaron extranjeros con m\u00e1s noticias, tan contradictorias como las otras ya olvidadas, No hab\u00eda sido un Piper Cub sino un planeador piloteado por la hija de un general. Era exacto que un furg\u00f3n Renault hab\u00eda aplastado un Austin, pero no en Juvisy sino casi en las puertas de Par\u00eds; uno de los extranjeros explic\u00f3 el matrimonio del 203 que el macadam de la autopista hab\u00eda cedido a la altura de Igny y que cinco autos hab\u00edan volcado al meter las ruedas delanteras en la grieta. La idea de una cat\u00e1strofe natural se propag\u00f3 hasta el ingeniero, que se encogi\u00f3 de hombros sin hacer comentarios. M\u00e1s tarde, pensando en esas primeras horas de oscuridad en que hab\u00edan respirado un poco m\u00e1s libremente, record\u00f3 que en alg\u00fan momento hab\u00eda sacado el brazo por la ventanilla para tamborilear en la carrocer\u00eda del Dauphine y despertar a la muchacha que se hab\u00eda dormido reclinada sobre el volante, sin preocuparse de un nuevo avance. Quiz\u00e1 ya era medianoche cuando una de las monjas le ofreci\u00f3 t\u00edmidamente un s\u00e1ndwich de jam\u00f3n, suponiendo que tendr\u00eda hambre. El ingeniero lo acept\u00f3 por cortes\u00eda (en realidad sent\u00eda n\u00e1useas) y pidi\u00f3 permiso para dividirlo con la muchacha del Dauphine, que acept\u00f3 y comi\u00f3 golosamente el s\u00e1ndwich y la tableta de chocolate que le hab\u00eda pasado el viajante del DKW, su vecino de la izquierda. Mucha gente hab\u00eda salido de los autos recalentados, porque otra vez llevaban horas sin avanzar; se empezaba a sentir sed, ya agotadas las botellas de limonada, la coca-cola y hasta los vinos de a bordo. La primera en quejarse fue la ni\u00f1a del 203, y el soldado y el ingeniero abandonaron los autos junto con el padre de la ni\u00f1a para buscar agua. Delante del Simca, donde la radio parec\u00eda suficiente alimento, el ingeniero encontr\u00f3 un Beaulieu ocupado por una mujer madura de ojos inquietos. No, no ten\u00eda agua pero pod\u00eda darle unos caramelos para la ni\u00f1a. El matrimonio del ID se consult\u00f3 un momento antes de que la anciana metiera las manos en un bolso y sacara una peque\u00f1a lata de jugo de frutas. El ingeniero agradeci\u00f3 y quiso saber si ten\u00edan hambre y si pod\u00eda serles \u00fatil; el viejo movi\u00f3 negativamente la cabeza, pero la mujer pareci\u00f3 asentir sin palabras. M\u00e1s tarde la muchacha del Dauphine y el ingeniero exploraron juntos las filas de la izquierda, sin alejarse demasiado; volvieron con algunos bizcochos y los llevaron a la anciana del ID, con el tiempo justo para regresar corriendo a sus autos bajo una lluvia de bocinas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Aparte de esas m\u00ednimas salidas, era tan poco lo que pod\u00eda hacerse que las horas acababan por superponerse, por ser siempre la misma en el recuerdo; en alg\u00fan momento el ingeniero pens\u00f3 en tachar ese d\u00eda en su agenda y contuvo una risotada, pero m\u00e1s adelante, cuando empezaron los c\u00e1lculos contradictorios de las monjas, los hombres del Taunus y la muchacha del Dauphine, se vio que hubiera convenido llevar mejor la cuenta. Las diarios locales hab\u00edan suspendido las emisiones, y s\u00f3lo el viajante del DKW ten\u00eda un aparato de ondas cortas que se empe\u00f1aba en transmitir noticias burs\u00e1tiles. Hacia las tres de la madrugada pareci\u00f3 llegarse a un acuerdo t\u00e1cito para descansar, y hasta el amanecer la columna no se movi\u00f3. Los muchachos del Simca sacaron unas camas neum\u00e1ticas y se tendieron al lado del auto; el ingeniero baj\u00f3 el respaldo de los asientos delanteros del 404 y ofreci\u00f3 las cuchetas a las monjas, que rehusaron; antes de acostarse un rato, el ingeniero pens\u00f3 en la muchacha del Dauphine, muy quieta contra el volante, y como sin darle importancia le propuso que cambiaran de autos hasta el amanecer; ella se neg\u00f3, alegando que pod\u00eda dormir muy bien de cualquier manera. Durante un rato se oy\u00f3 llorar al ni\u00f1o del Taunus, acostado en el asiento trasero donde deb\u00eda tener demasiado calor. Las monjas rezaban todav\u00eda cuando el ingeniero se dej\u00f3 caer en la cucheta y se fue quedando dormido, pero su sue\u00f1o segu\u00eda demasiado cerca de la vigilia y acab\u00f3 por despertarse sudoroso e inquieto; sin comprender en un primer momento d\u00f3nde estaba; enderez\u00e1ndose, empez\u00f3 a percibir los confusos movimientos del exterior, un deslizarse de sombras entre los autos, y vio un bulto que se alejaba hacia el borde de la autopista; adivin\u00f3 las razones, y m\u00e1s tarde tambi\u00e9n \u00e9l sali\u00f3 del auto sin hacer ruido y fue a aliviarse al borde de la ruta; no hab\u00eda setos ni \u00e1rboles, solamente el campo negro y sin estrellas, algo que parec\u00eda un muro abstracto limitando la cinta blanca del macadam con su r\u00edo inm\u00f3vil de veh\u00edculos. Casi tropez\u00f3 con el campesino del Ariane, que balbuce\u00f3 una frase ininteligible; al olor de la gasolina, persistente en la autopista recalentada, se sumaba ahora la presencia m\u00e1s \u00e1cida del hombre, y el ingeniero volvi\u00f3 lo antes posible a su auto. La chica del Dauphine dorm\u00eda apoyada sobre el volante, un mech\u00f3n de pelo contra los ojos; antes de subir al 404, el ingeniero se divirti\u00f3 explorando en la sombra su perfil, adivinando la curva de los labios que soplaban suavemente. Del otro lado, el hombre del DKW miraba tambi\u00e9n dormir a la muchacha, fumando en silencio.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Por la ma\u00f1ana se avanz\u00f3 muy poco pero lo bastante como para darles la esperanza de que esa tarde se abrir\u00eda la ruta hacia Par\u00eds. A las nueve lleg\u00f3 un extranjero con buenas noticias: hab\u00edan rellenado las grietas y pronto se podr\u00eda circular normalmente. Los muchachos del Simca encendieron la radio y uno de ellos trep\u00f3 al techo del auto y grit\u00f3 y cant\u00f3. El ingeniero se dijo que la noticia era tan dudosa como las de la v\u00edspera, y que el extranjero hab\u00eda aprovechado la alegr\u00eda del grupo para pedir y obtener una naranja que le dio el matrimonio del Ariane. M\u00e1s tarde lleg\u00f3 otro extranjero con la misma treta, pero nadie quiso darle nada. El calor empezaba a subir y la gente prefer\u00eda quedarse en los autos a la espera de que se concretaran las buenas noticias. A mediod\u00eda la ni\u00f1a del 203 empez\u00f3 a llorar otra vez, y la muchacha del Dauphine fue a jugar con ella y se hizo amiga del matrimonio. Los del 203 no ten\u00edan suerte: a su derecha estaba el hombre silencioso del Caravelle, ajeno a todo lo que ocurr\u00eda en torno, y a su izquierda ten\u00edan que aguantar la verbosa indignaci\u00f3n del conductor de un Floride, para quien el embotellamiento era una afrenta exclusivamente personal. Cuando la ni\u00f1a volvi\u00f3 a quejarse de sed, al ingeniero se le ocurri\u00f3 ir a hablar con los campesinos del Ariane, seguro de que en ese auto hab\u00eda cantidad de provisiones. Para su sorpresa los campesinos se mostraron muy amables; comprend\u00edan que en una situaci\u00f3n semejante era necesario ayudarse, y pensaban que si alguien se encargaba de dirigir el grupo (la mujer hac\u00eda un gesto circular con la mano, abarcando la docena de autos que los rodeaba) no se pasar\u00edan apreturas hasta llegar a Par\u00eda. Al ingeniero lo molestaba la idea de erigirse en organizador, y prefiri\u00f3 llamar a los hombres del Taunus para conferenciar con ellos y con el matrimonio del Ariane. Un rato despu\u00e9s consultaron sucesivamente a todos los del grupo. El joven soldado del Volkswagen estuvo inmediatamente de acuerdo, y el matrimonio del 203 ofreci\u00f3 las pocas provisiones que les quedaban (la muchacha del Dauphine hab\u00eda conseguido un vaso de granadina con agua para la ni\u00f1a, que re\u00eda y jugaba). Uno de los hombres del Taunus, que hab\u00eda ido a consultar a los muchachos del Simca, obtuvo un asentimiento burl\u00f3n; el hombre p\u00e1lido del Caravelle se encogi\u00f3 de hombros y dijo que le daba lo mismo, que hicieran lo que les pareciese mejor. Los ancianos del ID y la se\u00f1ora del Beaulieu se mostraron visiblemente contentos, como si se sintieran m\u00e1s protegidos. Los pilotos del Floride y del DKW no hicieron observaciones, y el americano del De Soto los mir\u00f3 asombrado y dijo algo sobre la voluntad de Dios. Al ingeniero le result\u00f3 f\u00e1cil proponer que uno de los ocupantes del Taunus, en que ten\u00eda una confianza instintiva, se encargar\u00e1 de coordinar las actividades. A nadie le faltar\u00eda de comer por el momento, pero era necesario conseguir agua; el jefe, al que los muchachos del Simca llamaban Taunus a secas para divertirse, pidi\u00f3 al ingeniero, al soldado y a uno de los muchachos que exploraran la zona circundante de la autopista y ofrecieran alimentos a cambio de bebidas. Taunus, que evidentemente sab\u00eda mandar, hab\u00eda calculado que deber\u00edan cubrirse las necesidades de un d\u00eda y medio como m\u00e1ximo, poni\u00e9ndose en la posici\u00f3n menos optimista. En el 2HP de las monjas y en el Ariane de los campesinos hab\u00eda provisiones suficientes para ese tiempo, y si los exploradores volv\u00edan con agua el problema quedar\u00eda resuelto. Pero solamente el soldado regres\u00f3 con una cantimplora llena, cuyo due\u00f1o exig\u00eda en cambio comida para dos personas. El ingeniero no encontr\u00f3 a nadie que pudiera ofrecer agua, pero el viaje le sirvi\u00f3 para advertir que m\u00e1s all\u00e1 de su grupo se estaban constituyendo otras c\u00e9lulas con problemas semejantes; en un momento dado el ocupante de un Alfa Romeo se neg\u00f3 a hablar con \u00e9l del asunto, y le dijo que se dirigiera al representante de su grupo, cinco autos atr\u00e1s en la misma fila. M\u00e1s tarde vieron volver al muchacho del Simca que no hab\u00eda podido conseguir agua, pero Taunus calcul\u00f3 que ya ten\u00edan bastante para los dos ni\u00f1os, la anciana del ID y el resto de las mujeres. El ingeniero le estaba contando a la muchacha del Dauphine su circuito por la periferia (era la una de la tarde, y el sol los acorralaba en los autos) cuando ella lo interrumpi\u00f3 con un gesto y le se\u00f1al\u00f3 el Simca. En dos saltos el ingeniero lleg\u00f3 hasta el auto y sujet\u00f3 por el codo a uno de los muchachos, que se repantigaba en su asiento para beber a grandes tragos de la cantimplora que hab\u00eda tra\u00eddo escondida en la chaqueta. A su gesto iracundo, el ingeniero respondi\u00f3 aumentando la presi\u00f3n en el brazo; el otro muchacho baj\u00f3 del auto y se tir\u00f3 sobre el ingeniero, que dio dos pasos atr\u00e1s y lo esper\u00f3 casi con l\u00e1stima. El soldado ya ven\u00eda corriendo, y los gritos de las monjas alertaron a Taunus y a su compa\u00f1ero; Taunus escuch\u00f3 lo sucedido, se acerc\u00f3 al muchacho de la botella y le dio un par de bofetadas. El muchacho grit\u00f3 y protest\u00f3, lloriqueando, mientras el otro rezongaba sin atreverse a intervenir. El ingeniero le quit\u00f3 la botella y se la alcanz\u00f3 a Taunus. Empezaban a sonar bocinas y cada cual regres\u00f3 a su auto, por lo dem\u00e1s in\u00fatilmente puesto que la columna avanz\u00f3 apenas cinco metros.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A la hora de la siesta, bajo un sol todav\u00eda m\u00e1s duro que la v\u00edspera, una de las monjas se quit\u00f3 la toca y su compa\u00f1era le moj\u00f3 las sienes con agua de colonia. Las mujeres improvisaban de a poco sus actividades samaritanas, yendo de un auto a otro, ocup\u00e1ndose de los ni\u00f1os para que los hombres estuvieran m\u00e1s libres; nadie se quejaba pero el buen humor era forzado, se basaba siempre en los mismos juegos de palabras, en un escepticismo de buen tono. Para el ingeniero y la muchacha del Dauphine, sentirse sudorosos y sucios era la vejaci\u00f3n m\u00e1s grande; lo enternec\u00eda casi la rotunda indiferencia del matrimonio de campesinos al olor que les brotaba de las axilas cada vez que ven\u00edan a charlar con ellos o a repetir alguna noticia de \u00faltimo momento. Hacia el atardecer el ingeniero mir\u00f3 casualmente por el retrovisor y encontr\u00f3 como siempre la cara p\u00e1lida y de rasgos tensos del hombre del Caravelle, que al igual que el gordo piloto del Floride se hab\u00eda mantenido ajeno a todas las actividades. Le pareci\u00f3 que sus facciones se hab\u00edan afilado todav\u00eda m\u00e1s, y se pregunt\u00f3 si no estar\u00eda enfermo. Pero despu\u00e9s, cuando al ir a charlar con el soldado y su mujer tuvo ocasi\u00f3n de mirarlo desde m\u00e1s cerca, se dijo que ese hombre no estaba enfermo; era otra cosa, una separaci\u00f3n, por darle alg\u00fan nombre. El soldado del Volkswagen le cont\u00f3 m\u00e1s tarde que a su mujer le daba miedo ese hombre silencioso que no se apartaba jam\u00e1s del volante y que parec\u00eda dormir despierto. Nac\u00edan hip\u00f3tesis, se creaba un folklore para luchar contra la inacci\u00f3n. Los ni\u00f1os del Taunus y el 203 se hab\u00edan hecho amigos y se hab\u00edan peleado y luego se hab\u00edan reconciliado; sus padres se visitaban, y la muchacha del Dauphine iba cada tanto a ver c\u00f3mo se sent\u00edan la anciana del ID y la se\u00f1ora del Beaulieu. Cuando al atardecer soplaron bruscamente una r\u00e1fagas tormentosas y el sol se perdi\u00f3 entre las nubes que se alzaban al oeste, la gente se alegr\u00f3 pensando que iba a refrescar. Cayeron algunas gotas, coincidiendo con un avance extraordinario de casi cien metros; a lo lejos brill\u00f3 un rel\u00e1mpago y el calor subi\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s. Hab\u00eda tanta electricidad en la atm\u00f3sfera que Taunus, con un instinto que el ingeniero admir\u00f3 sin comentarios, dej\u00f3 al grupo en paz hasta la noche, como si temiera los efectos del cansancio y el calor. A las ocho las mujeres se encargaron de distribuir las provisiones; se hab\u00eda decidido que el Ariane de los campesinos ser\u00eda el almac\u00e9n general, y que el 2HP de las monjas servir\u00eda de dep\u00f3sito suplementario. Taunus hab\u00eda ido en persona a hablar con los jefes de los cuatro o cinco grupos vecinos; despu\u00e9s, con ayuda del soldado y el hombre del 203, llev\u00f3 una cantidad de alimentos a los otros grupos, regresando con m\u00e1s agua y un poco de vino. Se decidi\u00f3 que los muchachos del Simca ceder\u00edan sus colchones neum\u00e1ticos a la anciana del ID y a la se\u00f1ora del Beaulieu; la muchacha del Dauphine les llev\u00f3 dos mantas escocesas y el ingeniero ofreci\u00f3 su coche, que llamaba burlonamente el wagon\u2014lit, a quienes lo necesitaran. Para su sorpresa, la muchacha del Dauphine acept\u00f3 el ofrecimiento y esa noche comparti\u00f3 las cuchetas del 404 con una de las monjas; la otra fue a dormir al 203 junto a la ni\u00f1a y su madre, mientras el marido pasaba la noche sobre el macadam, envuelto en una frazada. El ingeniero no ten\u00eda sue\u00f1o y jug\u00f3 a los dados con Taunus y su amigo; en alg\u00fan momento se les agreg\u00f3 el campesino del Ariane y hablaron de pol\u00edtica bebiendo unos tragos del aguardiente que el campesino hab\u00eda entregado a Taunus esa ma\u00f1ana. La noche no fue mala; hab\u00eda refrescado y brillaban algunas estrellas entre las nubes.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Hacia el amanecer los gan\u00f3 el sue\u00f1o, esa necesidad de estar a cubierto que nac\u00eda con la grisalla del alba. Mientras Taunus dorm\u00eda junto al ni\u00f1o en el asiento trasero, su amigo y el ingeniero descansaron un rato en la delantera. Entre dos im\u00e1genes de sue\u00f1o, el ingeniero crey\u00f3 o\u00edr gritos a la distancia y vio un resplandor indistinto; el jefe de otro grupo vino a decirles que treinta autos m\u00e1s adelante hab\u00eda habido un principio de incendio en un Estafette, provocado por alguien que hab\u00eda querido hervir clandestinamente unas legumbres. Taunus brome\u00f3 sobre lo sucedido mientras iba de auto en auto para ver c\u00f3mo hab\u00edan pasado todos la noche, pero a nadie se le escap\u00f3 lo que quer\u00eda decir. Esa ma\u00f1ana la columna empez\u00f3 a moverse muy temprano y hubo que correr y agitarse para recuperar los colchones y las mantas, pero como en todas partes deb\u00eda estar sucediendo lo mismo nadie se impacientaba ni hac\u00eda sonar las bocinas. A mediod\u00eda hab\u00edan avanzado m\u00e1s de cincuenta metros, y empezaba a divisarse la sombra de un bosque a la derecha de la ruta. Se envidiaba la suerte de los que en ese momento pod\u00edan ir hasta la banquina y aprovechar la frescura de la sombra; quiz\u00e1 hab\u00eda un arroyo, o un grifo de agua potable. La muchacha del Dauphine cerr\u00f3 los ojos y pens\u00f3 en una ducha cay\u00e9ndole por el cuello y la espalda, corri\u00e9ndole por las piernas; el ingeniero, que la miraba de reojo, vio dos l\u00e1grimas que le resbalaban por las mejillas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Taunus, que acababa de adelantarse hasta el ID, vino a buscar a las mujeres m\u00e1s j\u00f3venes para que atendieran a la anciana que no se sent\u00eda bien. El jefe del tercer grupo a retaguardia contaba con un m\u00e9dico entre sus hombres, y el soldado corri\u00f3 a buscarlo. Al ingeniero, que hab\u00eda seguido con ir\u00f3nica benevolencia los esfuerzos de los muchachitos del Simca para hacerse perdonar su travesura, entendi\u00f3 que era el momento de darles su oportunidad. Con los elementos de una tienda de campa\u00f1a los muchachos cubrieron la ventanilla del 404, y el wagon\u2014lit se transform\u00f3 en ambulancia para que la anciana descansara en una oscuridad relativa. Su marido se tendi\u00f3 a su lado, teni\u00e9ndole la mano, y los dejaron solos con el m\u00e9dico. Despu\u00e9s las monjas se ocuparon de la anciana, que se sent\u00eda mejor, y el ingeniero pas\u00f3 la tarde como pudo, visitando otros autos y descansando en el de Taunus cuando el sol castigaba demasiado; s\u00f3lo tres veces le toc\u00f3 correr hasta su auto, donde los viejitos parec\u00edan dormir, para hacerlo avanzar junto con la columna hasta el alto siguiente. Los gan\u00f3 la noche sin que hubiesen llegado a la altura del bosque.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Hacia las dos de la madrugada baj\u00f3 la temperatura, y los que ten\u00edan mantas se alegraron de poder envolverse en ellas. Como la columna no se mover\u00eda hasta el alba (era algo que se sent\u00eda en el aire, que ven\u00eda desde el horizonte de autos inm\u00f3viles en la noche) el ingeniero y Taunus se sentaron a fumar y a charlar con el campesino del Ariane y el soldado. Los c\u00e1lculos de Taunus no correspond\u00edan ya a la realidad, y lo dijo francamente; por la ma\u00f1ana habr\u00eda que hacer algo para conseguir m\u00e1s provisiones y bebidas. El soldado fue a buscar a los jefes de los grupos vecinos, que tampoco dorm\u00edan, y se discuti\u00f3 el problema en voz baja para no despertar a las mujeres. Los jefes hab\u00edan hablado con los responsables de los grupos m\u00e1s alejados, en un radio de ochenta o cien autom\u00f3viles, y ten\u00edan la seguridad de que la situaci\u00f3n era an\u00e1loga en todas partes. El campesino conoc\u00eda bien la regi\u00f3n y propuso que dos o tres hombres de cada grupo saliera al alba para comprar provisiones en las granjas cercanas, mientras Taunus se ocupaba de designar pilotos para los autos que quedaran sin due\u00f1o durante la expedici\u00f3n. La idea era buena y no result\u00f3 dif\u00edcil reunir dinero entre los asistentes; se decidi\u00f3 que el campesino, el soldado y el amigo de Taunus ir\u00edan juntos y llevar\u00edan todas las bolsas, redes y cantimploras disponibles. Los jefes de los otros grupos, volvieron a sus unidades para organizar expediciones similares, y al amanecer se explic\u00f3 la situaci\u00f3n a las mujeres y se hizo lo necesario para que la columna pudiera seguir avanzando. La muchacha del Dauphine le dijo al ingeniero que la anciana ya estaba mejor y que insist\u00eda en volver a su ID; a las ocho lleg\u00f3 el m\u00e9dico, que no vio inconveniente en que el matrimonio regresara a su auto. De todos modos, Taunus decidi\u00f3 que el 404 quedar\u00eda habilitado permanentemente como ambulancia; los muchachos, para divertirse, fabricaron un bander\u00edn con una cruz roja y lo fijaron en la antena del auto. Hac\u00eda ya rato que la gente prefer\u00eda salir lo menos posible de sus coches; la temperatura segu\u00eda bajando y a mediod\u00eda empezaron los chaparrones y se vieron rel\u00e1mpagos a la distancia. La mujer del campesino se apresur\u00f3 a recoger agua con un embudo y una jarra de pl\u00e1stico, para especial regocijo de los muchachos del Simca. Mirando todo eso, inclinado sobre el volante donde hab\u00eda un libro abierto que no le interesaba demasiado, el ingeniero se pregunt\u00f3 por qu\u00e9 los expedicionarios tardaban tanto en regresar, m\u00e1s tarde Taunus lo llam\u00f3 discretamente a su auto y cuando estuvieron dentro le dijo que hab\u00edan fracasado. El amigo de Taunus dio detalles; las granjas estaban abandonadas o la gente se negaba a venderles nada, aduciendo las reglamentaciones sobre ventas a particulares y sospechando que pod\u00edan ser inspectores que se val\u00edan de las circunstancias para ponerlos a prueba. A pesar de todo hab\u00edan podido traer una peque\u00f1a cantidad de agua y algunas provisiones, quiz\u00e1 robadas por el soldado que sonre\u00eda sin entrar en detalles. Desde luego ya no pod\u00eda pasar mucho tiempo sin que cesara el embotellamiento, pero los alimentos de que se dispon\u00eda no eran los m\u00e1s adecuados para los dos ni\u00f1os y la anciana. El m\u00e9dico, que vino hacia las cuatro y media para ver a la enferma, hizo un gesto de exasperaci\u00f3n y cansancio y dijo a Taunus que en su grupo y en todos los grupos vecinos pasaba lo mismo. Por la radio se hab\u00eda hablado de una operaci\u00f3n de emergencia para despejar la autopista, pero aparte de un helic\u00f3ptero que apareci\u00f3 brevemente al anochecer no se vieron otros aprestos. De todas maneras hac\u00eda cada vez menos calor, y la gente parec\u00eda esperar la llegada de la noche para taparse con las mantas y abolir en el sue\u00f1o algunas horas m\u00e1s de espera. Desde su auto el ingeniero escuchaba la charla de la muchacha del Dauphine con el viajante del DKW, que le contaba cuentos y la hac\u00eda re\u00edr sin ganas. Lo sorprendi\u00f3 ver a la se\u00f1ora del Beaulieu que casi nunca abandonaba su auto, y baj\u00f3 para saber si necesitaba alguna cosa, pero la se\u00f1ora buscaba solamente las \u00faltimas noticias y se puso hablar con las monjas. Un hast\u00edo sin nombre pesaba sobre ellos al anochecer; se esperaba m\u00e1s del sue\u00f1o que de las noticias siempre contradictorias o desmentidas. El amigo de Taunus lleg\u00f3 discretamente a buscar al ingeniero, al soldado y al hombre del 203. Taunus les anunci\u00f3 que el tripulante del Floride acababa de desertar; uno de los muchachos del Simca hab\u00eda visto el coche vac\u00edo, y despu\u00e9s de un rato se hab\u00eda puesto a buscar a su due\u00f1o para matar el tedio. Nadie conoc\u00eda mucho al hombre gordo del Floride, que tanto hab\u00eda protestado el primer d\u00eda aunque despu\u00e9s acabara de quedarse tan callado como el piloto del Caravelle. Cuando a las cinco de la ma\u00f1ana no qued\u00f3 la menor duda de que Floride, como se divert\u00edan en llamarlo los chicos del Simca, hab\u00eda desertado llev\u00e1ndose un valija de mano y abandonando otra llena de camisas y ropa interior, Taunus decidi\u00f3 que uno de los muchachos se har\u00eda cargo del auto abandonado para no inmovilizar la columna. A todos los hab\u00eda fastidiado vagamente esa deserci\u00f3n en la oscuridad, y se preguntaban hasta d\u00f3nde habr\u00eda podido llegar Floride en su fuga a trav\u00e9s de los campos. Por lo dem\u00e1s parec\u00eda ser la noche de las grandes decisiones: tendido en su cucheta del 404, al ingeniero le pareci\u00f3 o\u00edr un quejido, pero pens\u00f3 que el soldado y su mujer ser\u00edan responsables de algo que, despu\u00e9s de todo, resultaba comprensible en plena noche y en esas circunstancias. Despu\u00e9s lo pens\u00f3 mejor y levant\u00f3 la lona que cubr\u00eda la ventanilla trasera; a la luz de unas pocas estrellas vio a un metro y medio el eterno parabrisas del Caravelle y detr\u00e1s, como pegada al vidrio y un poco ladeada, la cara convulsa del hombre. Sin hacer ruido sali\u00f3 por el lado izquierdo para no despertar a la monjas, y se acerc\u00f3 al Caravelle. Despu\u00e9s busc\u00f3 a Taunus, y el soldado corri\u00f3 a prevenir al m\u00e9dico. Desde luego el hombre se hab\u00eda suicidado tomando alg\u00fan veneno; las l\u00edneas a l\u00e1piz en la agenda bastaban, y la carta dirigida a una tal Ivette, alguien que lo hab\u00eda abandonado en Vierzon. Por suerte la costumbre de dormir en los autos estaba bien establecida (las noches eran ya tan fr\u00edas que a nadie se le hubiera ocurrido quedarse fuera) y a pocos les preocupaba que otros anduvieran entre los coches y se deslizaran hacia los bordes de la autopista para aliviarse. Taunus llam\u00f3 a un consejo de guerra, y el m\u00e9dico estuvo de acuerdo con su propuesta. Dejar el cad\u00e1ver al borde de la autopista significaba someter a los que ven\u00edan m\u00e1s atr\u00e1s a una sorpresa por lo menos penosa; llevarlo m\u00e1s lejos, en pleno campo, pod\u00eda provocar la violenta repulsa de los lugare\u00f1os, que la noche anterior hab\u00edan amenazado y golpeado a un muchacho de otro grupo que buscaba de comer. El campesino del Ariane y el viajante del DKW ten\u00edan lo necesario para cerrar herm\u00e9ticamente el portaequipajes del Caravelle. Cuando empezaban su trabajo se les agreg\u00f3 la muchacha del Dauphine, que se colg\u00f3 temblando del brazo del ingeniero. El le explic\u00f3 en voz baja lo que acababa de ocurrir y la devolvi\u00f3 a su auto, ya m\u00e1s tranquila. Taunus y sus hombres hab\u00edan metido el cuerpo en el portaequipajes, y el viajante trabaj\u00f3 con scotch tape y tubos de cola l\u00edquida a la luz de la linterna del soldado. Como la mujer del 203 sab\u00eda conducir, Taunus resolvi\u00f3 que su marido se har\u00eda cargo del Caravelle que quedaba a la derecha del 203; as\u00ed, por la ma\u00f1ana, la ni\u00f1a del 203 descubri\u00f3 que su pap\u00e1 ten\u00eda otro auto, y jug\u00f3 horas y horas a pasar de uno a otro y a instalar parte de sus juguetes en el Caravelle.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Por primera vez el fr\u00edo se hac\u00eda sentir en pleno d\u00eda, y nadie pensaba en quitarse las chaquetas. La muchacha del Dauphine y las monjas hicieron el inventario de los abrigos disponibles en el grupo. Hab\u00eda unos pocos pul\u00f3veres que aparec\u00edan por casualidad en los autos o en alguna valija, mantas, alguna gabardina o abrigo ligero. Se estableci\u00f3 una lista de prioridades, se distribuyeron los abrigos. Otra vez volv\u00eda a faltar el agua, y Taunus envi\u00f3 a tres de sus hombres, entre ellos el ingeniero, para que trataran de establecer contacto con los lugare\u00f1os. Sin que pudiera saberse por qu\u00e9, la resistencia exterior era total; bastaba salir del l\u00edmite de la autopista para que desde cualquier sitio llovieran piedras. En plena noche alguien tir\u00f3 una guada\u00f1a que golpe\u00f3 el techo del DKW y cay\u00f3 al lado del Dauphine. El viajante se puso muy p\u00e1lido y no se movi\u00f3 de su auto, pero el americano del De Soto (que no formaba parte del grupo de Taunus pero que todos apreciaban por su buen humor y sus risotadas) vino a la carrera y despu\u00e9s de revolear la guada\u00f1a la devolvi\u00f3 campo afuera con todas sus fuerzas, maldiciendo a gritos. Sin embargo, Taunus no cre\u00eda que conviniera ahondar la hostilidad; quiz\u00e1s fuese todav\u00eda posible hacer una salida en busca de agua.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Ya nadie llevaba la cuenta de lo que se hab\u00eda avanzado ese d\u00eda o esos d\u00edas; la muchacha del Dauphine cre\u00eda que entre ochenta y doscientos metros; el ingeniero era menos optimista pero se divert\u00eda en prolongar y complicar los c\u00e1lculos con su vecina, interesado de a ratos en quitarle la compa\u00f1\u00eda del viajante del DKW que le hac\u00eda la corte a su manera profesional. Esa misma tarde el muchacho encargado del Floride corri\u00f3 a avisar a Taunus que un Ford Mercury ofrec\u00eda agua a buen precio. Taunus se neg\u00f3, pero al anochecer una de las monjas le pidi\u00f3 al ingeniero un sorbo de agua para la anciana del ID que sufr\u00eda sin quejarse, siempre tomada de la mano de su marido y atendida alternativamente por las monjas y la muchacha del Dauphine. Quedaba medio litro de agua, y las mujeres lo destinaron a la anciana y a la se\u00f1ora del Beaulieu. Esa misma noche Taunus pag\u00f3 de su bolsillo dos litros de agua; el Ford Mercury prometi\u00f3 conseguir m\u00e1s para el d\u00eda siguiente, al doble del precio.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Era dif\u00edcil reunirse para discutir, porque hac\u00eda tanto fr\u00edo que nadie abandonaba los autos como no fuera por un motivo imperioso. Las bater\u00edas empezaban a descargarse y no se pod\u00eda hacer funcionar todo el tiempo la calefacci\u00f3n; Taunus decidi\u00f3 que los dos coches mejor equipados se reservar\u00edan llegado el caso para los enfermos. Envueltos en mantas (los muchachos del Simca hab\u00edan arrancado el tapizado de su auto para fabricarse chalecos y gorros, y otros empezaban a imitarlos), cada uno trataba de abrir lo menos posible las portezuelas para conservar el calor. En alguna de esas noches heladas el ingeniero oy\u00f3 llorar ahogadamente a la muchacha del Dauphine. Sin hacer ruido, abri\u00f3 poco a poco la portezuela y tante\u00f3 en la sombra hasta rozar una mejilla mojada. Casi sin resonancia la chica se dej\u00f3 atraer al 404; el ingeniero la ayud\u00f3 a tenderse en la cucheta, la abrig\u00f3 con la \u00fanica manta y le ech\u00f3 encima su gabardina. La oscuridad era m\u00e1s densa en el coche ambulancia, con sus ventanillas tapadas por las lonas de la rienda. En alg\u00fan momento el ingeniero baj\u00f3 los dos parasoles y colg\u00f3 de ellos su camisa y un pul\u00f3ver para aislar completamente el auto. Hacia el amanecer ella le dijo al o\u00eddo que antes de empezar a llorar hab\u00eda cre\u00eddo ver a lo lejos, sobre la derecha, las luces de una ciudad.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Quiz\u00e1 fuera una ciudad pero las nieblas de la ma\u00f1ana no dejaban ver ni a veinte metros. Curiosamente ese d\u00eda la columna avanz\u00f3 bastante m\u00e1s, quiz\u00e1s doscientos o trescientos metros. Coincidi\u00f3 con nuevos anuncios de la radio (que casi nadie escuchaba, salvo Taunus que se sent\u00eda obligado a mantenerse al corriente); los locutores hablaban enf\u00e1ticamente de medidas de excepci\u00f3n que liberar\u00edan la autopista, y se hac\u00edan referencias al agotador trabajo de las cuadrillas camineras y de las fuerzas policiales. Bruscamente, una de las monjas delir\u00f3. Mientras su compa\u00f1era la contemplaba aterrada y la muchacha del Dauphine le humedec\u00eda las sienes con un resto de perfume, la monja hablo de Armaged\u00f3n, del noveno d\u00eda, de la cadena de cinabrio. El m\u00e9dico vino mucho despu\u00e9s, abri\u00e9ndose paso entre la nieve que ca\u00eda desde el mediod\u00eda y amurallaba poco a poco los autos. Deplor\u00f3 la carencia de una inyecci\u00f3n calmante y aconsej\u00f3 que llevaran a la monja a un auto con buena calefacci\u00f3n. Taunus la instal\u00f3 en su coche, y el ni\u00f1o pas\u00f3 al Caravelle donde tambi\u00e9n estaba su amiguita del 203; jugaban con sus autos y se divert\u00edan mucho porque eran los \u00fanicos que no pasaban hambre. Todo ese d\u00eda y los siguientes nev\u00f3 casi de continuo, y cuando la columna avanzaba unos metros hab\u00eda que despejar con medios improvisados las masas de nieve amontonadas entre los autos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26600\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-4-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"410\" height=\"566\" data-id=\"26600\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-4-218x300.jpg 218w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/cortazar-4.jpg 232w\" sizes=\"auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">A nadie se le hubiera ocurrido asombrarse por la forma en que se obten\u00edan las provisiones y el agua. Lo \u00fanico que pod\u00eda hacer Taunus era administrar los fondos comunes y tratar de sacar el mejor partido posible de algunos trueques. El Ford Mercury y un Porsche ven\u00edan cada noche a traficar con las vituallas; Taunus y el ingeniero se encargaban de distribuirlas de acuerdo con el estado f\u00edsico de cada uno. Incre\u00edblemente la anciana del ID sobreviv\u00eda, perdida en un sopor que las mujeres se cuidaban de disipar. La se\u00f1ora del Beaulieu que unos d\u00edas antes hab\u00eda sufrido de n\u00e1useas y vahidos, se hab\u00eda repuesto con el fr\u00edo y era de las que m\u00e1s ayudaba a la monja a cuidar a su compa\u00f1era, siempre d\u00e9bil y un poco extraviada. La mujer del soldado y la del 203 se encargaban de los dos ni\u00f1os; el viajante del DKW, quiz\u00e1 para consolarse de que la ocupante del Dauphine hubiera preferido al ingeniero, pasaba horas cont\u00e1ndoles cuentos a los ni\u00f1os. En la noche los grupos ingresaban en otra vida sigilosa y privada; las portezuelas se abr\u00edan silenciosamente para dejar entrar o salir alguna silueta aterida; nadie miraba a los dem\u00e1s, los ojos estaban tan ciegos como la sombra misma. Bajo mantas sucias, con manos de u\u00f1as crecidas, oliendo a encierro y a ropa sin cambiar, algo de felicidad duraba aqu\u00ed y all\u00e1. La muchacha del Dauphine no se hab\u00eda equivocado: a lo lejos brillaba una ciudad, y poco y a poco se ir\u00edan acercando. Por las tardes el chico del Simca se trepaba al techo de su coche, vig\u00eda incorregible envuelto en pedazos de tapizado y estopa verde. Cansado de explorar el horizonte in\u00fatil, miraba por mil\u00e9sima vez los autos que lo rodeaban; con alguna envidia descubr\u00eda a Dauphine en el auto del 404, una mano acariciando un cuello, el final de un beso. Por pura broma, ahora que hab\u00eda reconquistado la amistad del 404, les gritaba que la columna iba a moverse; entonces Dauphine ten\u00eda que abandonar al 404 y entrar en su auto, pero al rato volv\u00eda a pasarse en buscar de calor, y al muchacho del Simca le hubiera gustado tanto poder traer a su coche a alguna chica de otro grupo, pero no era ni para pensarlo con ese fr\u00edo y esa hambre, sin contar que el grupo de m\u00e1s adelante estaba en franco tren de hostilidad con el de Taunus por una historia de un tubo de leche condensada, y salvo las transacciones oficiales con Ford Mercury y con Porsche no hab\u00eda relaci\u00f3n posible con los otros grupos. Entonces el muchacho del Simca suspiraba descontento y volv\u00eda a hacer de vig\u00eda hasta que la nieve y el fr\u00edo lo obligaban a meterse tiritando en su auto.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'times new roman', times, serif;\">Pero el fr\u00edo empez\u00f3 a ceder, y despu\u00e9s de un per\u00edodo de lluvias y vientos que enervaron los \u00e1nimos y aumentaron las dificultades de aprovisionamiento, siguieron d\u00edas frescos y soleados en que ya era posible salir de los autos, visitarse, reanudar relaciones con los grupos de vecinos. Los jefes hab\u00edan discutido la situaci\u00f3n, y finalmente se logr\u00f3 hacer la paz con el grupo de m\u00e1s adelante. De la brusca desaparici\u00f3n de Ford Mercury se habl\u00f3 mucho tiempo sin que nadie supiera lo que hab\u00eda podido ocurrirle, pero Porsche sigui\u00f3 viniendo y controlando el mercado negro. Nunca faltaban del todo el agua o las conservas, aunque los fondos del grupo disminu\u00edan y Taunus y el ingeniero se preguntaban qu\u00e9 ocurrir\u00eda el d\u00eda en que no hubiera m\u00e1s dinero para Porsche. Se habl\u00f3 de un golpe de mano, de hacerlo prisionero y exigirle que revelara la fuente de los suministros, pero en esos d\u00edas la columna hab\u00eda avanzado un buen trecho y los jefes prefirieron seguir esperando y evitar el riesgo de echarlo todo a perder por una decisi\u00f3n violenta. Al ingeniero, que hab\u00eda acabado por ceder a una indiferencia casi agradable, lo sobresalt\u00f3 por un momento el t\u00edmido anuncio de la muchacha del Dauphine, pero despu\u00e9s comprendi\u00f3 que no se pod\u00eda hacer nada para evitarlo y la idea de tener un hijo de ella acab\u00f3 por parecerle tan natural como el reparto nocturno de la provisiones o los viajes furtivos hasta el borde de la autopista. Tampoco la muerte de la anciana del ID pod\u00eda sorprender a nadie. Hubo que trabajar otra vez en plena noche, acompa\u00f1ar y consolar al marido que no se resignaba a entender. Entre dos de los grupos de vanguardia estall\u00f3 una pelea y Taunus tuvo que oficiar de \u00e1rbitro y resolver precariamente la diferencia. Todo suced\u00eda en cualquier momento, sin horarios previsibles; lo m\u00e1s importante empez\u00f3 cuando ya nadie lo esperaba, y al menos responsable le toc\u00f3 darse cuenta el primero. Trepado en el techo del Simca, el alegre vig\u00eda tuvo la impresi\u00f3n de que el horizonte hab\u00eda cambiado (era el atardecer, un sol amarillento deslizaba su luz rasante y mezquina) y que algo inconcebible estaba ocurriendo a quinientos metros, a trescientos, a doscientos cincuenta. Se lo grit\u00f3 al 404 y el 404 le dijo algo Dauphine que se pas\u00f3 r\u00e1pidamente a su auto cuando ya Taunus, el soldado y el campesino ven\u00edan corriendo y desde el techo del Simca el muchacho se\u00f1alaba hacia adelante y repet\u00eda interminablemente el anuncio como si quisiera convencerse de que lo que estaba viendo era verdad; entonces oyeron la conmoci\u00f3n, algo como un pesado pero incontenible movimiento migratorio que despertaba de un interminable sopor y ensayaba sus fuerzas. Taunus les orden\u00f3 a gritos que volvieran a sus coches; el Beaulieu, el ID, el Fiat 600 y el De Soto arrancaron con un mismo impulso. Ahora el 2HP, el Taunus, el Simca y el Ariane empezaba a moverse, y el muchacho del Simca, orgulloso de algo que era como si triunfo, se volv\u00eda hacia el 404 y agitaba el brazo mientras el 404, el Dauphine, el 2HP de las monjas y el DKW se pon\u00edan a su vez en marcha. Pero todo estaba en saber cu\u00e1nto iba a durar eso; el 404 se lo pregunt\u00f3 casi por rutina mientras se manten\u00eda a la par de Dauphine y le sonre\u00eda para darle \u00e1nimo. Detr\u00e1s, el Volkswagen, el Caravelle, el 203 y el Floride arrancaban, a su vez lentamente, un trecho en primera velocidad, despu\u00e9s la segunda, interminablemente la segunda pero ya sin desembragar como tantas veces, con el pie firme en el acelerador, esperando poder pasar a tercera. Estirando el brazo izquierdo el 404 busc\u00f3 la mano de Dauphine, roz\u00f3 apenas la punta de sus dedos, vio en su cara una sonrisa de incr\u00e9dula esperanza y pens\u00f3 que iban a llegar a Par\u00eds y que se ba\u00f1ar\u00edan, que ir\u00edan juntos a cualquier lado, a su casa o a la de ella a ba\u00f1arse, a comer, a ba\u00f1arse interminablemente y a comer y beber, y que despu\u00e9s habr\u00eda muebles, habr\u00eda un dormitorio con muebles y un cuarto de ba\u00f1o con espuma de jab\u00f3n para afeitarse de verdad, y retretes, comida y retretes y s\u00e1banas, Par\u00eds era un retrete y dos s\u00e1banas y el agua caliente por el pecho y las piernas, y una tijera de u\u00f1as, y vino blanco, beber\u00edan vino blanco antes de besarse y sentirse oler a lavanda y a colonia, antes de conocerse de verdad a plena luz, entre s\u00e1banas limpias, y volver a ba\u00f1arse por juego, amarse y ba\u00f1arse y beber y entrar en la peluquer\u00eda, entrar en el ba\u00f1o, acariciar las s\u00e1banas y acariciarse entre las s\u00e1banas y amarse entre la espuma y la lavanda y los cepillos antes de empezar a pensar en lo que iban a hacer, en el hijo y los problemas y el futuro, y todo eso siempre que no se detuvieran, que la columna continuara aunque todav\u00eda no se pudiese subir a la tercera velocidad, seguir as\u00ed en segunda, pero seguir. Con los paragolpes rozando el Simca, el 404 se ech\u00f3 atr\u00e1s en el asiento, sinti\u00f3 aumentar la velocidad, sinti\u00f3 que pod\u00eda acelerar sin peligro de irse contra el Simca, y que el Simca aceleraba sin peligro de chocar contra el Beaulieu, y que detr\u00e1s ven\u00eda el Caravelle y que todos aceleraban m\u00e1s y m\u00e1s, y que ya se pod\u00eda pasar a tercera sin que el motor penara, y la palanca calz\u00f3 incre\u00edblemente en la tercera y la marcha se hizo suave y se aceler\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s, y el 404 mir\u00f3 enternecido y deslumbrado a su izquierda buscando los ojos de Dauphine. Era natural que con tanta aceleraci\u00f3n las filas ya no se mantuvieran paralelas, Dauphine se hab\u00eda adelantado casi un metro y el 404 le ve\u00eda la nuca y apenas el perfil, justamente cuando ella se volv\u00eda para mirarlo y hac\u00eda un gesto de sorpresa al ver que el 404 se retrasaba todav\u00eda m\u00e1s. Tranquiliz\u00e1ndola con una sonrisa el 404 aceler\u00f3 bruscamente, pero casi en seguida tuvo que frenar porque estaba a punto de rozar el Simca; le toc\u00f3 secamente la bocina y el muchacho del Simca lo mir\u00f3 por el retrovisor y le hizo un gesto de impotencia, mostr\u00e1ndole con la mano izquierda el Beaulieu pegado a su auto. El Dauphine iba tres metros m\u00e1s adelante, a la altura del Simca, y la ni\u00f1a del 203, al nivel del 404, agitaba los brazos y le mostraba su mu\u00f1eca. Una mancha roja a la derecha desconcert\u00f3 al 404; en vez del 2HP de las monjas o del Volkswagen del soldado vio un Crevrolet desconocido, y casi en seguida el Chevrolet se adelant\u00f3 seguido por un Lancia y por un Renault 8. A su izquierda se le apareaba un ID que empezaba a sacarle ventaja metro a metro, pero antes de que fuera sustituido por un 403, el 404 alcanz\u00f3 a distinguir todav\u00eda en la delantera el 203 que ocultaba ya a Dauphine. El grupo se dislocaba, ya no exist\u00eda, Taunus deb\u00eda de estar a m\u00e1s de veinte metros adelante, seguido de Dauphine; al mismo tiempo la tercera fila de la izquierda se atrasaba porque en vez del DKW del viajante, el 404 alcanzaba a ver la parte trasera de un viejo furg\u00f3n negro, quiz\u00e1 un Citro\u00ebn o un Peugeot. Los autos corr\u00edan en tercera, adelant\u00e1ndose o perdiendo terreno seg\u00fan el ritmo de su fila, y a los lados de la autopista se ve\u00edan huir los \u00e1rboles, algunas casas entre las masas de niebla y el anochecer. Despu\u00e9s fueron las luces rojas que todos encend\u00edan siguiendo el ejemplo de los que iban adelante, la noche que se cerraba bruscamente. De cuando en cuando sonaban bocinas, las agujas de los veloc\u00edmetros sub\u00edan cada vez m\u00e1s, algunas filas corr\u00edan a setenta kil\u00f3metros, otras a sesenta y cinco, algunas a sesenta. El 404 hab\u00eda esperado todav\u00eda que el avance y el retroceso de las filas le permitiera alcanzar otra vez a Dauphine, pero cada minuto lo iba convenciendo de que era in\u00fatil, que el grupo se hab\u00eda disuelto irrevocablemente, que ya no volver\u00edan a repetirse los encuentros rutinarios, los m\u00ednimos rituales, los consejos de guerra en el auto de Taunus, las caricias de Dauphine en la paz de la madrugada, las risas de los ni\u00f1os jugando con sus autos, la imagen de la monja pasando las cuentas del rosario. Cuando se encendieron las luces de los frenos del Simca, el 404 redujo la marcha con un absurdo sentimiento de esperanza, y apenas puesto el freno de mano salt\u00f3 el auto y corri\u00f3 hacia adelante. Fuera del Simca y el Beaulieu (m\u00e1s atr\u00e1s estar\u00eda el Caravelle, pero poco le importaba) no reconoci\u00f3 ning\u00fan auto; a trav\u00e9s de cristales diferentes lo miraban con sorpresa y quiz\u00e1 esc\u00e1ndalo otros rostros que no hab\u00eda visto nunca. Sonaban las bocinas, y el 404 tuvo que volver a su auto; el chico del Simca le hizo un gesto amistoso, como si comprendiera, y se\u00f1al\u00f3 alentadoramente en direcci\u00f3n de Par\u00eds. La columna volv\u00eda a ponerse en marcha, lentamente durante unos minutos y luego como si la autopista estuviera definitivamente libre. A la izquierda del 404 corr\u00eda un Taunus, y por un segundo al 404 le pareci\u00f3 que el grupo se recompon\u00eda, que todo entraba en el orden, que se podr\u00eda seguir adelante sin destruir nada. Pero era un Taunus verde, y en el volante hab\u00eda una mujer con anteojos ahumados que miraba fijamente hacia adelante. No se pod\u00eda hacer otra cosa que abandonarse a la marcha, adaptarse mec\u00e1nicamente a la velocidad de los autos que lo rodeaban, no pensar. En el Volkswagen del soldado deb\u00eda de estar su chaqueta de cuero. Taunus ten\u00eda la novela que \u00e9l hab\u00eda le\u00eddo en los primeros d\u00edas. Un frasco de lavanda casi vac\u00edo en el 2HP de las monjas. Y \u00e9l ten\u00eda ah\u00ed, toc\u00e1ndolo a veces con la mano derecha, el osito de felpa que Dauphine le hab\u00eda regalado como mascota. Absurdamente se aferr\u00f3 a la idea de que a las nueve y media se distribuir\u00edan los alimentos, habr\u00eda que visitar a los enfermos, examinar la situaci\u00f3n con Taunus y el campesino del Ariane; despu\u00e9s ser\u00eda la noche, ser\u00eda Dauphine subiendo sigilosamente a su auto, las estrellas o las nubes, la vida. S\u00ed, ten\u00eda que ser as\u00ed, no era posible que eso hubiera terminado para siempre. Tal vez el soldado consiguiera una raci\u00f3n de agua, que hab\u00eda escaseado en las \u00faltimas horas; de todos modos se pod\u00eda contar con Porsche, siempre que se le pagara el precio que ped\u00eda. Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corr\u00eda a ochenta kil\u00f3metros por hora hacia las luces que crec\u00edan poco a poco, sin que ya se supiera bien por qu\u00e9 tanto apuro, por qu\u00e9 esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sab\u00eda nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_26641\" aria-describedby=\"caption-attachment-26641\" style=\"width: 520px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26641\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Juliocortazar-tumba-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"520\" height=\"694\" data-id=\"26641\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Juliocortazar-tumba-225x300.jpg 225w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Juliocortazar-tumba-768x1024.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/Juliocortazar-tumba.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 520px) 100vw, 520px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-26641\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Tumba de Cort\u00e1zar en Montparnasse, Par\u00eds. Sobre la l\u00e1pida se yergue la imagen de un cronopio, personaje creado por el escritor, y las rayuelas dibujadas por los visitantes<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<figure id=\"attachment_26640\" aria-describedby=\"caption-attachment-26640\" style=\"width: 302px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-26640\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/375px-Cort\u00e1zar-224x300.jpg\" alt=\"\" width=\"302\" height=\"405\" data-id=\"26640\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/375px-Cort\u00e1zar-224x300.jpg 224w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/375px-Cort\u00e1zar.jpg 375w\" sizes=\"auto, (max-width: 302px) 100vw, 302px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-26640\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Julio Cort\u00e1zar en 1967. Fotograf\u00eda de Sara Facio.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Julio_Cort%C3%A1zar\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><b>Julio Florencio Cort\u00e1zar <\/b><\/span><\/a>(Ixelles, 26 de agosto de 1914-Par\u00eds, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual argentino. Sin renunciar a su nacionalidad argentina, opt\u00f3 por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el r\u00e9gimen militar argentino.\u200b<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es considerado uno de los autores m\u00e1s innovadores y originales de su tiempo, maestro del\u00a0cuento, la\u00a0prosa po\u00e9tica\u00a0y la narraci\u00f3n breve en general, y creador de importantes\u00a0novelas\u00a0que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo\u00a0hispano, rompiendo los moldes cl\u00e1sicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fant\u00e1stico, suele ser puesto en relaci\u00f3n con el\u00a0realismo m\u00e1gico\u00a0e incluso con el\u00a0surrealismo.\u200b<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vivi\u00f3 tanto la infancia como la adolescencia e incipiente madurez en\u00a0Argentina\u00a0y, desde la d\u00e9cada de 1950, en\u00a0Europa. Residi\u00f3 en\u00a0Italia,\u00a0Espa\u00f1a,\u00a0Suiza\u00a0y\u00a0Francia, pa\u00eds donde se estableci\u00f3 en 1951 y en el que ambient\u00f3 algunas de sus obras.\u200b<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de escritor, fue tambi\u00e9n un reconocido\u00a0traductor, oficio que desempe\u00f1\u00f3, entre otros, para la\u00a0Unesco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Rayuela<\/i>\u00a0es su obra m\u00e1s reconocida, escrita en 1963. La historia del protagonista, Horacio Oliveira, y su relaci\u00f3n con \u00abLa Maga\u00bb, es narrada de un modo tal que juega con la subjetividad del lector. A esta obra suele llam\u00e1rsela \u00abantinovela\u00bb, aunque Cort\u00e1zar prefer\u00eda denominarla \u00abcontranovela\u00bb. La obra ofrece diferentes lecturas, de modo que es \u00abun libro que es muchos libros\u00bb, pero sobre todo dos. El primero se lee desde el principio y termina en el cap\u00edtulo 56. El segundo se comienza a leer en el cap\u00edtulo 73 y al final de cada cap\u00edtulo se indica d\u00f3nde continuar la lectura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien el estilo que mantiene es muy variado, se la considera una de las primeras obras surrealistas de la literatura argentina. \u00abDe alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura\u00bb, dijo Cort\u00e1zar de Rayuela cuando se le pregunt\u00f3 qu\u00e9 significaba para \u00e9l. En\u00a0<i>Rayuela<\/i>\u00a0Cort\u00e1zar crea incluso un nuevo lenguaje, el\u00a0gl\u00edglico, un lenguaje musical que se interpreta como un juego exclusivo, compartido por los enamorados, que los a\u00edsla del resto del mundo. El cap\u00edtulo 68 est\u00e1 completamente escrito en gl\u00edglico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>Alguien anda por ah\u00ed<\/i>, selecci\u00f3n de cuentos publicada en 1977. Su publicaci\u00f3n fue censurada en Argentina por el\u00a0r\u00e9gimen militar (1976-1983). En estos relatos, Cort\u00e1zar abarca diversos g\u00e9neros, morfolog\u00edas literarias y tem\u00e1ticas. El primer cuento\u00a0<i>Cambio de luces<\/i>, es una narraci\u00f3n t\u00edpica de su escritura donde hilvana una historia de una Buenos Aires melanc\u00f3lica con un final inesperado. Cierra el libro con una historia de violencia policial\u00a0<i>La noche de Mantequilla<\/i>, que recuerda al esp\u00edritu de la novela\u00a0<i>Libro de Manuel<\/i>.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Novelas\" class=\"mw-headline\">Novelas<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>1960:\u00a0<i>Los premios<\/i><\/li>\n<li>1963:\u00a0<i>Rayuela<\/i><\/li>\n<li>1968:\u00a0<i>62 Modelo para armar<\/i><\/li>\n<li>1973:\u00a0<i>Libro de Manuel<\/i><\/li>\n<li>1986:\u00a0<i>Divertimento<\/i>\u00a0(escrita en 1949)<\/li>\n<li>1986:\u00a0<i>El examen<\/i>\u00a0(escrita en 1950)<\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Cuentos\" class=\"mw-headline\">Cuentos<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>1951:\u00a0<i>Bestiario<\/i><\/li>\n<li>1956:\u00a0<i>Final del juego<\/i><\/li>\n<li>1959:\u00a0<i>Las armas secretas<\/i><\/li>\n<li>1966:\u00a0<i>Todos los fuegos el fuego<\/i><\/li>\n<li>1974:\u00a0<i>Octaedro<\/i><\/li>\n<li>1977:\u00a0<i>Alguien que anda por ah\u00ed<\/i><\/li>\n<li>1980:\u00a0<i>Queremos tanto a Glenda<\/i><\/li>\n<li>1982:\u00a0<i>Deshoras<\/i><\/li>\n<li>1994:\u00a0<i>La otra orilla<\/i>\u00a0(escrito entre 1937 y 1945).<\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Prosas_breves.5Bn._2.5D.E2.80.8B\"><\/span><span id=\"Prosas_breves[n._2]\u200b\" class=\"mw-headline\">Prosas breves<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>1962:\u00a0<i>Historias de cronopios y de famas<\/i><\/li>\n<li>1979:\u00a0<i>Un tal Lucas<\/i><\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Miscel.C3.A1neas\"><\/span><span id=\"Miscel\u00e1neas\" class=\"mw-headline\">Miscel\u00e1neas<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>1966:\u00a0<i>Les discours du Pince-Gueule<\/i>\u00a0(<i>Los discursos del Pinchajeta<\/i>) (texto en franc\u00e9s de Cort\u00e1zar y dibujos de Julio Silva; una versi\u00f3n en espa\u00f1ol se incluy\u00f3 en\u00a0<i>El \u00faltimo combate<\/i>)<\/li>\n<li>1967:\u00a0<i>La vuelta al d\u00eda en ochenta mundos<\/i><\/li>\n<li>1968:\u00a0<i>Buenos Aires, Buenos Aires<\/i>\u00a0(fotos de Sara Facio y Alicia D&#8217;Amico, textos de Cort\u00e1zar)<\/li>\n<li>1969:\u00a0<i>\u00daltimo round<\/i><\/li>\n<li>1972:\u00a0<i>Prosa del observatorio<\/i>\u00a0(texto y fotograf\u00edas de Cort\u00e1zar)<\/li>\n<li>1975:\u00a0<i>Silvalandia<\/i>\u00a0(im\u00e1genes de Julio Silva y textos de Cort\u00e1zar; incluido en\u00a0<i>El \u00faltimo combate<\/i>)<\/li>\n<li>1976:\u00a0<i>Humanario<\/i>, C\u00edrculo de Lectores, Madrid (fotos de Sara Facio y Alicia D&#8217;Amico\u200b con un texto de Cort\u00e1zar, \u00abEstrictamente no profesional\u00bb, que fue incluido despu\u00e9s en\u00a0<i>Territorios<\/i>, 1978)<\/li>\n<li>1978:\u00a0<i>Territorios<\/i>\u00a0(textos de Julio Cort\u00e1zar y cuadros de 17 pintores)<\/li>\n<li>1983:\u00a0<i>Los autonautas de la cosmopista<\/i>\u00a0(con\u00a0Carol Dunlop)<\/li>\n<li>1984:\u00a0<i>Alto el Per\u00fa<\/i>\u00a0(fotos de Manja Offerhaus y textos de Cort\u00e1zar)<\/li>\n<li>2009:\u00a0<i>Papeles inesperados<\/i>\u00a0(1940-1984; recopilaci\u00f3n de\u00a0Aurora Bern\u00e1rdez\u00a0y\u00a0Carles \u00c1lvarez Garriga)<\/li>\n<li>2014:\u00a0<i>Cort\u00e1zar de la A a la Z<\/i>\u00a0(recopilaci\u00f3n de\u00a0Aurora Bern\u00e1rdez\u00a0y\u00a0Carles \u00c1lvarez Garriga)<\/li>\n<li>2014:\u00a0<i>El \u00faltimo combate<\/i>\u00a0(recopilaci\u00f3n de algunos trabajos realizados con Julio Silva y de cartas de Cort\u00e1zar a Silva)<\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Teatro\" class=\"mw-headline\">Teatro<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>1949:\u00a0<i>Los reyes<\/i><\/li>\n<li>1984:\u00a0<i>Nada a Pehuaj\u00f3 y Adi\u00f3s, Robinson<\/i>\u00a0(obra p\u00f3stuma).<\/li>\n<li>1991:\u00a0<i>Dos juegos de palabras. Nada a Pehuaj\u00f3. Adi\u00f3s, Robinson<\/i>\u00a0(obra p\u00f3stuma)<\/li>\n<li>1995:\u00a0<i>Adi\u00f3s, Robinson y otras piezas breves<\/i>\u00a0(obra p\u00f3stuma).<\/li>\n<\/ul>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span id=\"Poes.C3.ADa\"><\/span><span id=\"Poes\u00eda\" class=\"mw-headline\">Poes\u00eda<\/span><\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">1938:\u00a0<i>Presencia<\/i>\u00a0(sonetos, con el seud\u00f3nimo de Julio Denis).<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">1971:\u00a0<i>Pameos y meopas<\/i><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">1984:\u00a0<i>Salvo el crep\u00fasculo<\/i><\/li>\n<\/ul>\n<h3>\n<span id=\"Cr.C3.ADtica\"><\/span><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"48\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>SUMARIO: [1] El beso, por Julio Cort\u00e1zar [2] Instrucciones para John Howell, por Julio Cort\u00e1zar\u00a0 [3] El hijo del vampiro, por Julio Cort\u00e1zar [4] Las lineas de la mano, por Julio Cort\u00e1zar [5]\u00a0 Las autopistas <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/02\/09\/cuentos-de-julio-cortazar-1914-1984\/\" title=\"CUENTOS DE JULIO CORT\u00c1ZAR (1914-1984)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":26594,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-26591","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-miscelanea"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26591","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26591"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26591\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26594"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26591"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26591"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26591"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}