{"id":25874,"date":"2020-01-19T00:05:06","date_gmt":"2020-01-18T23:05:06","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=25874"},"modified":"2025-08-31T20:12:59","modified_gmt":"2025-08-31T18:12:59","slug":"esbozos-de-una-moral-sin-sancion-ni-obligacion-de-jean-marie-guyau-parte-16-final","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/01\/19\/esbozos-de-una-moral-sin-sancion-ni-obligacion-de-jean-marie-guyau-parte-16-final\/","title":{"rendered":"Esbozos de una moral sin sanci\u00f3n ni obligaci\u00f3n, de Jean-Marie Guyau \u2013 PARTE 16 (final)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/10\/13\/indice-posts-libro-esbozos-de-una-moral-sin-sancion-ni-obligacion-de-jean-marie-guyau\/\">INDICE de CAPITULOS\u00a0 \u00abESBOZOS DE UNA MORAL SIN SANCI\u00f3N NI OBLIGACI\u00f3N\u00bb, J. M. Guyau<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>*<span style=\"color: #008000;\">*<\/span>*<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26067\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"435\" data-id=\"26067\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-300x225.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-768x576.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-678x509.jpg 678w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-326x245.jpg 326w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL.jpg 992w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/p>\n<h1>\u00a0<\/h1>\n<h1 class=\"entry-title\" style=\"text-align: center;\">Esbozos de una moral sin sanci\u00f3n ni obligaci\u00f3n<\/h1>\n<h1 class=\"entry-title\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 18pt;\"><strong>Jean-Marie Guyau\u00a0<\/strong><\/span><\/h1>\n<h1 class=\"entry-title\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">PARTE 16<\/span><\/h1>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\">Conclusi\u00f3n<\/span><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al concluir, no ser\u00e1 in\u00fatil que resumamos las principales ideas que hemos desarrollado en el presente trabajo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Nuestro objeto consist\u00eda en investigar lo que ser\u00eda una moral sin ninguna sanci\u00f3n ni obligaci\u00f3n absoluta; hasta donde puede llegar la ciencia positiva por este camino y donde comienza el dominio de las especulaciones metaf\u00edsicas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Evitando met\u00f3dicamente toda ley anterior y superior a los hechos, por consecuencia <em>a priori <\/em>y categ\u00f3rica, hemos debido partir de los hechos mismos para extraer de ellos una ley, de la realidad para obtener un ideal, de la naturaleza para deducir una moralidad. Ahora bien, el hecho esencial y constitutivo de nuestra naturaleza, es que somos seres vivos, sensibles y pensantes; a la vida en su aspecto a la vez f\u00edsico y moral, hemos debido pedir el principio de la conducta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Es indispensable que ese principio ofrezca un doble car\u00e1cter, porque en el hombre, la vida misma se desdobla, por as\u00ed decirlo, en inconsciente y consciente. La mayor\u00eda de los moralistas no ve casi m\u00e1s que el dominio de la conciencia; no obstante, el verdadero fondo de la actividad es el inconsciente o el subconsciente. Es cierto que la conciencia puede reaccionar a la larga y destruir gradualmente, mediante la claridad del an\u00e1lisis, lo que la s\u00edntesis obscura de la herencia hab\u00eda acumulado en los individuos o en los pueblos. La conciencia tiene una fuerza disolvente con la que no ha contado bastante la escuela utilitaria, ni a\u00fan la evolucionista. De ah\u00ed la necesidad de restablecer la armon\u00eda entre la reflexi\u00f3n de la conciencia y la espontaneidad del instinto inconsciente; es preciso hallar un principio de acci\u00f3n que sea com\u00fan a ambas esferas y que, en consecuencia, al tomar conciencia de s\u00ed, llegue antes a fortificarse que a destruirse.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hemos cre\u00eddo haber hallado ese principio en la vida m\u00e1s intensiva y m\u00e1s extensiva posible, en el aspecto f\u00edsico y mental. <strong>La vida, al tomar conciencia de s\u00ed, de su intensidad y de su extensi\u00f3n, no tiende a destruirse: no hace m\u00e1s que acrecentar su propia fuerza<\/strong>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En el dominio de la vida <strong>hay tambi\u00e9n, sin embargo, antinomias que se producen debido a la lucha de las individualidades y a la competici\u00f3n de todos los seres por la felicidad\u00a0 y, a veces, por la existencia<\/strong>. En la naturaleza la antinomia del <em>struggle for life<\/em>, no ha sido resuelta en ninguna parte; el sue\u00f1o del moralista es resolverla o, por lo menos, reducirla lo m\u00e1s posible. Para ello, el moralista se ve tentado a invocar una ley superior a la vida misma, una ley inteligible, eterna, supranatural. Nosotros hemos renunciado a invocar esta ley, por lo menos como ley; hemos vuelto a colocar el mundo inteligible en el mundo de las hip\u00f3tesis, y no es de una hip\u00f3tesis que puede deducirse una ley. Por consiguiente, hemos estado de nuevo obligados a recurrir a la vida para que se rigiera a s\u00ed misma. Pero entonces es una vida m\u00e1s completa y m\u00e1s amplia la que puede regir a una vida menos completa y menos amplia. Tal es, en efecto, la \u00fanica regla posible para una moral exclusivamente cient\u00edfica.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26074\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/diferencia-etica-moral-large-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"555\" height=\"370\" data-id=\"26074\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/diferencia-etica-moral-large-300x200.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/diferencia-etica-moral-large-768x512.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/diferencia-etica-moral-large.jpg 990w\" sizes=\"auto, (max-width: 555px) 100vw, 555px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>El car\u00e1cter de la vida que en cierta medida nos ha permitido unir al ego\u00edsmo y al altru\u00edsmo -uni\u00f3n que es la piedra filosofal de los moralistas- es lo que hemos llamado <em>la fecundidad moral<\/em>.<\/strong> Es preciso que la vida individual se prodigue para los dem\u00e1s, en los dem\u00e1s, y, en caso de necesidad, se d\u00e9; pues bien, esta expansi\u00f3n no es contra su naturaleza, por el contrario, est\u00e1 de acuerdo con ella; mucho m\u00e1s: es la condici\u00f3n misma de la verdadera vida. La escuela utilitaria se ha visto forzada a detenerse, con alg\u00fan titubeo, frente a esta ant\u00edtesis perpetua del yo y del t\u00fa, de lo m\u00edo y de lo tuyo, del inter\u00e9s personal y de nuestro inter\u00e9s general; pero la naturaleza viviente no se detiene ante esta divisi\u00f3n abierta y l\u00f3gicamente inflexible: la vida individual es pr\u00f3diga para los dem\u00e1s porque es fecunda, y es fecunda por lo mismo que es vida. Hemos visto que desde el punto de vista f\u00edsico, es una necesidad individual engendrar otro individuo; de tal manera que este otro resulta ser como una condici\u00f3n de nosotros mismos. La vida,\u00a0 como el fuego, s\u00f3lo se conserva al comunicarse. Y esto es tan verdadero para la inteligencia como para el cuerpo; es tan imposible encerrar en si a la inteligencia como\u00a0 a la llama: Est\u00e1 hecha para resplandecer. Igual fuerza de expansi\u00f3n en la sensibilidad: es necesario que compartamos nuestra alegr\u00eda, es necesario que compartamos nuestro dolor. Todo nuestro ser es sociable: la vida desconoce las clasificaciones y las divisiones absolutas de los l\u00f3gicos y los metaf\u00edsicos; no puede ser completamente ego\u00edsta, aun cuando lo quisiese. Estamos abiertos por todas partes, y por todas somos invasores e invadidos. Esto se debe a la ley fundamental que la biolog\u00eda nos ha proporcionado: La vida no es s\u00f3lo nutrici\u00f3n, es producci\u00f3n y fecundidad. Vivir es tanto gastar como adquirir.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><em><strong>\u00ab&#8230;Todo nuestro ser es sociable: la vida desconoce las clasificaciones y las divisiones absolutas de los l\u00f3gicos y los metaf\u00edsicos; no puede ser completamente ego\u00edsta, aun cuando lo quisiese. Estamos abiertos por todas partes, y por todas somos invasores e invadidos. Esto se debe a la ley fundamental que la biolog\u00eda nos ha proporcionado: La vida no es s\u00f3lo nutrici\u00f3n, es producci\u00f3n y fecundidad. Vivir es tanto gastar como adquirir&#8230;\u00bb<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Despu\u00e9s de haber planteado esta ley general de la vida f\u00edsica y ps\u00edquica, hemos investigado c\u00f3mo se pod\u00eda extraer de ella una especie de equivalente de la obligaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00bfQu\u00e9 es, en suma, la obligaci\u00f3n para quien no admite imperativo absoluto, ni ley trascendente?<\/strong> Una determinada forma de impulso. En efecto, anal\u00edcese <em>la obligaci\u00f3n moral<\/em>, <em>el deber<\/em>, <em>la ley moral<\/em>; lo que les da el car\u00e1cter activo es el impulso inseparable de ellos, la fuerza que exige ser utilizada. Pues bien, esta fuerza impulsiva nos ha parecido el primer equivalente natural del deber supranatural. Los utilitarios est\u00e1n demasiado absorbidos todav\u00eda por consideraciones de finalidad; no miran m\u00e1s que el fin que es para ellos la utilidad, a su vez reductible al placer. Son hedonistas, es decir, hacen de los placeres, bajo una forma ego\u00edsta o simp\u00e1tica el gran resorte de la vida mental. Nosotros, por el contrario, nos. colocamos en el punto de vista de la causalidad eficiente y no de la finalidad; comprobamos en nosotros la existencia de una causa que obra a\u00fan antes que el atractivo del placer como fin: esta causa es la vida, que por ser naturaleza misma tiende a crecer y a prodigarse, hallando as\u00ed, como consecuencia, al placer, pero sin tomarlo como fin. El ser vivo, no es pura y simplemente un calculador, como quiere Bentham, un financiero que hace en su libro mayor el balance de los beneficios y las p\u00e9rdidas: vivir no es calcular, es obrar. Hay en el ser vivo una acumulaci\u00f3n de fuerza, una reserva de actividad que se utiliza no por el placer de gastarla, sino porque es preciso gastarla: una causa no puede dejar de producir sus efectos, a\u00fan sin consideraci\u00f3n de fin.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hemos llegado as\u00ed a nuestra f\u00f3rmula fundamental: <strong>el deber es s\u00f3lo una expresi\u00f3n derivada del poder que tiende a pasar necesariamente al acto.<\/strong> No llamamos deber m\u00e1s que al poder que supera a la realidad, que llega a ser en relaci\u00f3n a ella un ideal, convirti\u00e9ndose en lo que debe ser, porque es lo que puede ser, porque es el germen del porvenir que desborda ya del presente. Ning\u00fan principio sobrenatural en nuestra moral; todo se deriva de la vida misma y de la fuerza inherente a la vida: la vida se dicta su\u00a0misma ley por su aspiraci\u00f3n a desarrollarse incesantemente; por su poder de acci\u00f3n se dicta su obligaci\u00f3n a obrar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hemos demostrado que, en lugar de decir: <strong><em>debo, luego puedo<\/em>, es m\u00e1s cierto decir: <em>puedo, luego debo<\/em><\/strong>. De ah\u00ed la existencia de un determinado deber impersonal creado por el poder mismo para obrar. Tal es el primer equivalente natural del deber m\u00edstico y trascendente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hemos hallado el segundo equivalente en la teor\u00eda de las ideas-fuerzas sostenida por un fil\u00f3sofo contempor\u00e1neo: la idea misma de la acci\u00f3n superior, como la de toda acci\u00f3n, es una fuerza que tiende a realizarla. Ya la idea misma es el comienzo de la realizaci\u00f3n de la acci\u00f3n superior; desde ese punto de vista, la obligaci\u00f3n no es m\u00e1s que el sentimiento de la profunda identidad que existe entre el pensamiento y la acci\u00f3n; es por esto mismo el sentimiento de la unidad del ser, de la unidad de la vida. El que no adecua su acci\u00f3n a su m\u00e1s alto pensamiento, est\u00e1 en lucha consigo mismo, dividido interiormente. Tambi\u00e9n en ese punto es sobrepasado el hedonismo; no se trata de calcular los placeres, de llevar una contabilidad y perseguir una finalidad; se trata de ser y de vivir, de sentirse existir y vivir, de obrar como se es y como se vive, de no ser una especie de mentira en acci\u00f3n, sino una verdad en acci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Un tercer equivalente del deber est\u00e1 tomado de la sensibilidad, no ya, como los precedentes, de la inteligencia y la actividad. De la fusi\u00f3n creciente de las sensibilidades y el car\u00e1cter cada vez m\u00e1s sociable de los placeres elevados, surge una especie de deber o necesidad superior, que nos impulsa tambi\u00e9n natural y racionalmente hacia los dem\u00e1s. En virtud de la evoluci\u00f3n nuestros placeres se ampl\u00edan y llegan a ser cada vez m\u00e1s impersonales; no podemos gozar en nuestro yo como en una isla cerrada;\u00a0 nuestro medio, al que mejor nos adaptamos cada d\u00eda, es la sociedad humana, y ya no podemos ser dichosos fuera de ella, como no podemos respirar fuera del aire. La felicidad puramente ego\u00edsta de ciertos epic\u00fareos, es una quimera, una abstracci\u00f3n, una imposibilidad; los verdaderos placeres humanos son todos m\u00e1s o menos sociales. El ego\u00edsmo puro, como lo hemos dicho, en lugar de ser una real afirmaci\u00f3n del yo, es una mutilaci\u00f3n del yo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De esta forma, hay en nuestra actividad, en nuestra inteligencia, en nuestra sensibilidad, una presi\u00f3n que se ejerce en el sentido altru\u00edsta, hay una fuerza de expansi\u00f3n tan potente, como la que obra en los astros; y es esta fuerza de expansi\u00f3n, la que, al tomar conciencia de su poder, se designa a s\u00ed misma con el nombre de <em>deber<\/em>.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008000;\"><em><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab&#8230;hay en nuestra actividad, en nuestra inteligencia, en nuestra sensibilidad, una presi\u00f3n que se ejerce en el sentido altru\u00edsta, hay una fuerza de expansi\u00f3n tan potente, como la que obra en los astros; y es esta fuerza de expansi\u00f3n, la que, al tomar conciencia de su poder, se designa a s\u00ed misma con el nombre de deber&#8230;\u00bb<\/span><\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">He aqu\u00ed el tesoro de espontaneidad natural que es la vida, y que crea al mismo tiempo la riqueza moral. Pero, como lo hemos visto, la reflexi\u00f3n puede hallarse en oposici\u00f3n a la espontaneidad natural, puede trabajar para restringir en conjunto el poder y el deber de sociabilidad, cuando la fuerza de expansi\u00f3n hacia los dem\u00e1s se halla, por azar, en oposici\u00f3n con la fuerza de gravitaci\u00f3n sobre s\u00ed. A pesar de que la lucha por la vida ha disminu\u00eddo con el progreso de la evoluci\u00f3n, reaparece en ciertas circunstancias que son todav\u00eda frecuentes en nuestros d\u00edas. \u00bfC\u00f3mo llevar entonces al individuo, sin ley imperativa, a un desinter\u00e9s definitivo y, a veces, al sacrificio de s\u00ed mismo?<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26070 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-2.png\" alt=\"\" width=\"450\" height=\"444\" data-id=\"26070\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-2.png 450w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/GUYUAU-FINAL-2-300x296.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Adem\u00e1s de esos m\u00f3viles que hemos examinado con anterioridad y que, en circunstancias normales, obran constantemente, hallamos otros que hemos llamado <em>amor al riesgo f\u00eds\u00edco y amor al r\u00edesgo moral<\/em>. El hombre es un ser inclinado a la\u00a0especulaci\u00f3n, no s\u00f3lo en teor\u00eda, sino en la pr\u00e1ctica. Su pensamiento y su acci\u00f3n no desaparecen porque acabe la certidumbre. La ley categ\u00f3rica puede ser substitu\u00edda por una pura hip\u00f3tesis especulativa; de la misma forma, la fe dogm\u00e1tica es substitu\u00edda por una pura esperanza, y la afirmaci\u00f3n, por la acci\u00f3n. La hip\u00f3tesis especulativa es un\u00a0 riesgo para el pensamiento, la acci\u00f3n ejecutada de acuerdo a esa hip\u00f3tesis es un riesgo para la voluntad; el ser superior es quien m\u00e1s emprende y m\u00e1s arriesga, ya sea con su pensamiento, ya con sus actos. Esta superioridad es producto de un mayor tesoro de fuerza interior. del mayor poder que el individuo posee; por eso mismo, tiene un deber superior.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hasta el mismo sacrificio de la vida puede ser tambi\u00e9n, en ciertos casos, una expansi\u00f3n de \u00e9sta, que ha llegado a ser lo suficientemente intensa como para preferir un impulso\u00a0 de sublime exaltaci\u00f3n, a a\u00f1os a ras de tierra. Como hemos visto, hay momentos en que es posible decir a la vez: <em>vivo, he vivido<\/em>. Si algunas agon\u00edas f\u00edsicas y morales duran a\u00f1os, y si se puede, por as\u00ed decirlo, morir por s\u00ed mismo durante toda una existencia, lo inverso es tambi\u00e9n verdadero, y se puede concentrar una vida en un momento de amor y de sacrificio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Finalmente, de la misma forma que la vida se dicta su obligaci\u00f3n de obrar debido a su poder mismo para obrar, se dicta tambi\u00e9n su sanci\u00f3n por su acci\u00f3n misma, porque al obrar goza, al obrar menos goza menos y al obrar m\u00e1s, goza m\u00e1s. Aun al darse, la vida se recupera, hasta al morir tiene conciencia de su plenitud que, por lo dem\u00e1s, reaparecer\u00e1 como indestructible bajo otras formas, porque en el mundo nada se pierde.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En suma, la potencia de la vida y la acci\u00f3n son los \u00fanicos que pueden resolver, sino enteramente, por lo menos en parte, los problemas que se plantea el pensamiento abstracto. El esc\u00e9ptico, tanto en moral como en metaf\u00edsica, cree que se equivoca, y, con \u00e9l, todos los dem\u00e1s, que la humanidad se equivocar\u00e1 siempre, que el pretendido progreso es un pataleo sobre el mismo sitio; est\u00e1 equivocado. No ve que nuestros padres nos han ahorrado los mismos errores en que ellos cayeron y que nosotros ahorraremos los nuestros a nuestros descendientes; no ve que, por otra parte, en todos los errores hay algo de verdad y que esa peque\u00f1a parte de verdad va creciendo poco a poco y afirm\u00e1ndose. Por otro lado, el que tiene la fe dogm\u00e1tica cree poseer, con exclusi\u00f3n de todos, la verdad completa, definida e imperativa; no tiene raz\u00f3n. No ve que con toda verdad hay errores mezclados, que en el pensamiento del hombre no hay todav\u00eda nada suficientemente perfecto como para ser definitivo. El primero cree que la humanidad no avanza, el segundo que ha llegado a su destino; hay un t\u00e9rmino medio entre ambas hip\u00f3tesis: es preciso decirse que la humanidad est\u00e1 en marcha y marchar uno mismo. El trabajo, como se ha dicho, vale por la oraci\u00f3n; vale m\u00e1s que la oraci\u00f3n, o, mejor a\u00fan, es la verdadera oraci\u00f3n, la verdadera providencia humana: obremos en lugar de orar. No confiemos m\u00e1s que en nosotros mismos y en los otros hombres; contemos con nosotros. La esperanza, como la Providencia, ve a veces m\u00e1s adelante (<em>providere<\/em>). <strong>La diferencia entre la providencia sobrenatural y la esperanza natural, consiste en que la una pretende modificar inmediatamente a la naturaleza mediante medios sobrenaturales como ella, y la otra, en principio, s\u00f3lo nos modifica a nosotros; es una fuerza que no es superior a nosotros, una fuerza interior: es a nosotros a quienes lleva hacia adelante. Queda por saber si vamos solos, si el mundo nos sigue, si el pensamiento podr\u00e1 alg\u00fan d\u00eda arrastrar a la naturaleza; avancemos siempre. Estamos como sobre el <em>Leviat\u00e1n <\/em>al que una ola hab\u00eda arrancado el tim\u00f3n y un golpe de viento roto el m\u00e1stil. Estaba perdido en el oc\u00e9ano, lo mismo que nuestra Tierra en el espacio. Anduvo as\u00ed, al azar, empujado por la\u00a0tempestad, como un gran madero, resto de un naufragio, portador de los hombres; sin embargo lleg\u00f3. Quiz\u00e1s nuestra Tierra y la humanidad llegar\u00e1n tambi\u00e9n a un fin ignorado que se habr\u00e1n creado a si mismas. Ninguna mano nos dirige, ning\u00fan ojo vela por nosotros; el tim\u00f3n est\u00e1 roto hace mucho tiempo, o, m\u00e1s bien, no lo ha habido nunca,\u00a0 est\u00e1 por hacer: es una gran tarea, y es nuestra tarea.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-26068\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Arbol-de-la-Vida-300x156.jpg\" alt=\"\" width=\"690\" height=\"360\" data-id=\"26068\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Arbol-de-la-Vida-300x156.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Arbol-de-la-Vida-768x400.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/Arbol-de-la-Vida.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"48\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>INDICE de CAPITULOS\u00a0 \u00abESBOZOS DE UNA MORAL SIN SANCI\u00f3N NI OBLIGACI\u00f3N\u00bb, J. M. Guyau *** &nbsp; \u00a0 Esbozos de una moral sin sanci\u00f3n ni obligaci\u00f3n Jean-Marie Guyau\u00a0 PARTE 16 Conclusi\u00f3n \u00a0 Al concluir, no ser\u00e1 <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/01\/19\/esbozos-de-una-moral-sin-sancion-ni-obligacion-de-jean-marie-guyau-parte-16-final\/\" title=\"Esbozos de una moral sin sanci\u00f3n ni obligaci\u00f3n, de Jean-Marie Guyau \u2013 PARTE 16 (final)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":26073,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[180],"class_list":["post-25874","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-sabiduria_perenne","tag-guyau"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25874","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25874"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25874\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26073"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25874"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25874"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25874"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}