{"id":2296826,"date":"2024-11-03T00:05:09","date_gmt":"2024-11-02T23:05:09","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2296826"},"modified":"2024-11-10T09:17:57","modified_gmt":"2024-11-10T08:17:57","slug":"zadig-voltaire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2024\/11\/03\/zadig-voltaire\/","title":{"rendered":"\u00abZadig o el destino\u00bb, por Voltaire (Parte 1)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">Zadig o el destino<\/span><\/p>\n\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\">ZADIG O EL DESTINO<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><em><strong>Historia oriental<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Ofr\u00e9zcote la versi\u00f3n de un libro de un sabio de la antig\u00fcedad, que siendo tan feliz que nada tenia que hacer, goz\u00f3 la dicha mayor de divertirse con escribir la historia de Zadig, libro que dice m\u00e1s de lo que parece<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por <a href=\"https:\/\/ciudadseva.com\/texto\/zadig-o-el-destino\/\">Voltaire<\/a><\/span><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<blockquote>\n<h3 style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>\u00a0Dedicatoria de Zadig a la Sultana Cheraah, por Sadi<\/strong><\/span><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 14pt;\">A 18 del mes de Cheval, a\u00f1o 837 de la h\u00e9gira<\/span><\/em><\/h3>\n<\/blockquote>\n<\/div>\n<\/article>\n<blockquote><figure id=\"attachment_2298468\" aria-describedby=\"caption-attachment-2298468\" style=\"width: 240px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.eslocotidiano.com\/articulo\/tachas-245\/zadig-destino-voltaire\/20180218062702043558.html\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2298468\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-2-209x300.jpg\" alt=\"\" width=\"240\" height=\"344\" data-id=\"2298468\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-2-209x300.jpg 209w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-2-714x1024.jpg 714w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-2-768x1101.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-2.jpg 950w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-2298468\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Zadig o el destino es una novela breve de corte filos\u00f3fico con un pasaje que parafrasea el cuento de los pr\u00edncipes de Serendib, tomado del original veneciano del siglo XVI<\/span><\/figcaption><\/figure><\/blockquote>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Embeleso de las ni\u00f1as de los ojos, tormento del coraz\u00f3n, luz del \u00e1nimo, no beso yo el polvo de tus pies, porque o no andas a pi\u00e9, o si andas, pisas o rosas o tapetes de Ir\u00e1n. Ofr\u00e9zcote la versi\u00f3n de un libro de un sabio de la antig\u00fcedad, que siendo tan feliz que nada tenia que hacer, goz\u00f3 la dicha mayor de divertirse con escribir la historia de <strong>Zadig<\/strong>, libro que dice m\u00e1s de lo que parece. Ru\u00e9gote que le leas y le aprecies en lo que valiere; pues aunque todav\u00eda est\u00e1 tu vida en su primavera, aunque te embisten de rond\u00f3n los pasatiempos todos, aunque eres hermosa, y tu talento da a tu hermosura mayor realce, aunque te elogian de d\u00eda y de noche, motivos concomitantes que son mas que suficientes para que no tengas pizca de sentido com\u00fan, con todo eso tienes agudeza, discreci\u00f3n, y fin\u00edsimo gusto, y te he o\u00eddo discurrir con mas tino que ciertos derviches viejos de luenga barba, y gorra piramidal. Eres prudente sin ser desconfiada, piadosa sin flaqueza, ben\u00e9fica con acierto, amiga de tus amigos, sin cobrar enemigos. Nunca cifras en decir pullas el chiste de tus agudezas, ni dices mal de nadie, ni a nadie se le haces, puesto que tan f\u00e1cil cosa te seria lo uno y lo otro. Tu alma siempre me ha parecido tan perfecta como tu hermosura. Ni te falta cierto caudalejo de filosof\u00eda, que me ha persuadido a que te agradar\u00eda m\u00e1s que a otra este escrito de un sabio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Escribi\u00f3se primero en el <em>antiguo caldeo<\/em>, que ni t\u00fa ni yo sabemos, y fue traducido en <em>\u00e1rabe<\/em> para recreaci\u00f3n del nombrado <em>sult\u00e1n Ulugbeg<\/em>, en los tiempos que <em>\u00c1rabes<\/em> y <em>Persianos<\/em> se daban a escribir las <em>Mil y una Noches<\/em>, <em>los Mil y un D\u00edas<\/em>, etc. <strong><em>Ulug<\/em><\/strong> m\u00e1s gustaba de leer a <strong>Zadig<\/strong>, pero las sultanas se divert\u00edan m\u00e1s con <em>los Mil y uno<\/em>. Dec\u00edales el <strong><em>sabio Ulug<\/em><\/strong>, que como pod\u00edan llevar en paciencia unos cuentos sin pies ni cabeza, que nada quer\u00edan decir. Pues por eso mismo son de nuestro gusto, respondieron las sultanas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Espero que t\u00fa no te parezcas a ellas, y que seas un verdadero <strong><em>Ulug<\/em><\/strong>; y no desconf\u00edo de que cuando te halles fatigada de conversaciones tan instructivas como <em>los Mil y uno<\/em>, aunque mucho menos recreativas, podr\u00e9 yo tener la honra de que te ocupes algunos minutos de vagar en o\u00edrme cosas dichas en raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Si en tiempo de <strong>Scander<\/strong>, hijo de <strong>Filipo<\/strong>, hubieras sido <strong><em>Talestris<\/em><\/strong>, o la <em>reina de <strong>Sabea<\/strong><\/em> en tiempo de <strong>Solim\u00e1n<\/strong>, estos reyes hubieran sido los que hubieran peregrinado por verte.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ruego a las virtudes celestiales que tus deleites no lleven ac\u00edbar, que sea duradera tu hermosura, y tu ventura perpetua.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">SADI<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2298469 size-medium\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-1-200x300.webp\" alt=\"ZADIG Voltaire\" width=\"200\" height=\"300\" data-id=\"2298469\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-1-200x300.webp 200w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/05\/ZADIG-O-EL-DESTINO-1.webp 240w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/p>\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">I.\u2013 El tuerto.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinando el <em>rey <\/em><strong>Moabdar<\/strong>, viv\u00eda en <em>Babilonia<\/em> un mozo llamado <strong>Zadig<\/strong>, de buena \u00edndole, que con la educaci\u00f3n se hab\u00eda mejorado. Sabia enfrenar sus pasiones, aunque mozo y rico; ni gastaba afectaci\u00f3n, ni se empe\u00f1aba en que le dieran siempre la raz\u00f3n, y respetaba la flaqueza humana. Pasm\u00e1banse todos viendo que puesto que le sobraba agudeza, nunca se mofaba con chufletas de los desconciertos mal hilados, de las murmuraciones sin fundamento, de los disparatados fallos, de las burlas de juglares, que llamaban conversaci\u00f3n los <em>Babilonios<\/em>. En el libro primero de <strong><em>Zoroastro<\/em><\/strong> hab\u00eda visto que es el amor propio una pelota llena de viento, y que salen de ella borrascas as\u00ed, que la pican. No se alababa <strong>Zadig<\/strong> de que no hacia aprecio de las mujeres, y de que las dominaba. Era liberal, sin que le arredrase el temor de hacer bien a desagradecidos, cumpliendo con aquel gran mandamiento de <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em>, que dice: \u201c<em>Da de comer a los perros<\/em>\u201d cuando t\u00fa comieres, aunque te muerdan \u201c<em>luego<\/em>\u201d. Era sabio cuanto puede serlo el hombre, pues procuraba vivir en compa\u00f1\u00eda de los sabios: hab\u00eda aprendido las ciencias de los <em>Caldeos<\/em>, y estaba instruido en cuanto acerca de los principios f\u00edsicos de la naturaleza en su tiempo se conoc\u00eda; y de metaf\u00edsica sabia todo cuanto en todos tiempos se ha sabido, que es decir muy poca cosa. Cre\u00eda firm\u00edsimamente que un a\u00f1o tiene trescientos sesenta y cinco d\u00edas y un cuarto, contra lo que ense\u00f1aba la moderna filosof\u00eda de su tiempo, y que estaba el sol en el centro del mundo; y cuando los principales magos le dec\u00edan en tono de improperio, y mir\u00e1ndole de reojo, que sustentaba principios sapientes <em>haeresim<\/em>, y que solo un enemigo de Dios y del estado pod\u00eda decir que giraba el sol sobre su eje, y que era el a\u00f1o de doce meses, se callaba <strong>Zadig<\/strong>, sin fruncir las cejas ni encogerse de hombros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Opulento, y por tanto no falt\u00e1ndole amigos, disfrutando salud, siendo buen mozo, prudente y moderado, con pecho ingenuo, y elevado \u00e1nimo, crey\u00f3 que pod\u00eda aspirar a ser feliz. Estaba apalabrado su matrimonio con <strong>Semira<\/strong>, que por su hermosura, su dote, y su cuna, era el mejor casamiento de <em>Babilonia<\/em>. Profes\u00e1bale <strong>Zadig<\/strong> un sincero y virtuoso cari\u00f1o, y <strong>Semira<\/strong> le amaba con pasi\u00f3n. Rayaba ya el venturoso d\u00eda que a enlazarlos iba, cuando pase\u00e1ndose ambos amantes fuera de las puertas de <em>Babilonia<\/em>, bajo unas palmas que daban sombra a las riberas del <em><strong>E\u00fafrates<\/strong><\/em>, vieron acercarse unos hombres armados con alfanjes y flechas. Eran estos unos sayones del mancebo <strong>Orcan<\/strong>, sobrino de un ministro, y en calidad de tal los aduladores de su t\u00edo le hab\u00edan persuadido a que pod\u00eda hacer cuanto se le antojase. Ninguna de las prendas y virtudes de <strong>Zadig<\/strong> pose\u00eda; pero cre\u00eddo que se le aventajaba mucho, estaba desesperado por no ser el preferido. Estos celos, meros hijos de su vanidad, le hicieron creer que estaba enamorado de <strong>Semira<\/strong>, y quiso robarla. Hab\u00edanla cogido los robadores, y con el arrebato de su violencia la hab\u00edan herido, vertiendo la sangre de una persona que con su presencia los tigres del <em>monte Imao<\/em> habr\u00eda amansado. Traspasaba <strong>Semira<\/strong> el cielo con sus lamentos, gritando: <em>\u00a1Querido esposo, que me llevan de aquel a quien adoro!<\/em> No la mov\u00eda el peligro en que se ve\u00eda, que solo en su caro <strong>Zadig<\/strong> pensaba. Defend\u00edala este con todo el denuedo del amor y la valent\u00eda, y con ayuda de solos dos esclavos ahuyent\u00f3 a los robadores, y se trajo a <strong>Semira<\/strong> ensangrentada y desmayada, que al abrir los ojos conoci\u00f3 \u00e0 su libertador. <em>\u00a1O <strong>Zadig<\/strong>!<\/em> le dijo, <em>os quer\u00eda como a mi esposo, y ahora os quiero como aquel a quien de vida y honra soy deudora<\/em>. Nunca rebos\u00f3 un pecho en m\u00e1s tiernos afectos que el de <strong>Semira<\/strong>, nunca tan linda boca pronunci\u00f3 con tanta viveza de aquellas inflamadas expresiones que de la gratitud del m\u00e1s alto beneficio y de los mas tiernos raptos del cari\u00f1o mas legitimo son hijas. Era leve su herida, y san\u00f3 en breve. <strong>Zadig<\/strong> estaba herido de m\u00e1s peligro, porque una flecha le hab\u00eda hecho una honda llaga junto al ojo. <strong>Semira<\/strong> importunaba a los Dioses por la cura de su amante: d\u00eda y noche ba\u00f1ados los ojos en llanto, aguardaba con impaciencia el instante que los de <strong>Zadig<\/strong> se pudieran gozar en mirarla; pero una apostema que se form\u00f3 en el ojo herido caus\u00f3 el mayor temor. Enviaron a llamar a <em>Menfis<\/em> al c\u00e9lebre m\u00e9dico <strong><em>Hermes<\/em><\/strong>, que vino con una crecida comitiva; y habiendo visitado al enfermo declar\u00f3 que irremediablemente perd\u00eda el ojo, pronosticando hasta el d\u00eda y la hora que hab\u00eda de suceder tan fatal desm\u00e1n. <em>Si hubiera sido, dijo, el ojo derecho, yo le curar\u00eda; pero las heridas del izquierdo no tienen cura<\/em>. Toda <em>Babilonia<\/em> se doli\u00f3 de la suerte de <strong>Zadig<\/strong>, al paso que qued\u00f3 asombrada con la profunda ciencia de <strong><em>Hermes<\/em><\/strong>. Dos d\u00edas despu\u00e9s revent\u00f3 naturalmente la apostema, y san\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>. <em><strong>Hermes<\/strong><\/em> escribi\u00f3 un libro, prob\u00e1ndole que no deb\u00eda haber sanado, el cual <strong>Zadig<\/strong> no ley\u00f3; pero luego que pudo salir, fue a ver a aquella de quien esperaba su felicidad, y por quien \u00fanicamente quer\u00eda tener ojos, Hall\u00e1base <strong>Semira<\/strong> en su quinta, tres d\u00edas hacia, y supo <strong>Zadig<\/strong> en el camino, que despu\u00e9s de declarar resueltamente que tenia una invencible antipat\u00eda a los tuertos, la hermosa dama se hab\u00eda casado con <strong>Orcan<\/strong> aquella misma noche. Desmay\u00f3se al o\u00edr esta nueva, y estuvo en poco que su dolor le condujera al sepulcro; mas despu\u00e9s de una larga enfermedad pudo mas la raz\u00f3n que el sentimiento, y fue no poca parte de su consuelo la misma atrocidad del agravio. <em>Pues he sido v\u00edctima, dijo, de tan cruel antojo de una mujer criada en palacio, me casar\u00e9 con una hija de un honrado vecino<\/em>. Escogi\u00f3 pues por mujer a <strong>Azora<\/strong>, doncella muy cuerda y de la mejor \u00edndole, en quien no not\u00f3 mas defecto que alguna insustancialidad, y no poca inclinaci\u00f3n a creer que los mozos mas lindos eran siempre los mas cuerdos y virtuosos.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302864\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-300x169.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-768x432.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-678x381.jpg 678w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12-1320x743.jpg 1320w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-12.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">II.\u2013 Las narices.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Un d\u00eda que volv\u00eda del paseo <strong>Azora<\/strong> toda inmutada, y haciendo descompuestos ademanes: <em>\u00bfQu\u00e9 tienes, querida?<\/em> le dijo <strong>Zadig<\/strong>; <em>\u00bfqu\u00e9 es lo que tan fuera de ti te ha puesto? \u00a1Ay!<\/em> le respondi\u00f3 <strong>Azora<\/strong>, lo mismo hicieras t\u00fa, si hubieses visto la escena que acabo yo de presenciar, hab\u00eda ido a consolar a <strong>Cosr\u00faa<\/strong>, la viuda joven que ha erigido, dos d\u00edas ha, un mausoleo al difunto mancebo, marido suyo, cabe el arroyo que ba\u00f1a esta pradera, jurando a los Dioses, en su dolor, que no se apartar\u00eda de las inmediaciones de este sepulcro, mientras el arroyo no mudara su corriente.<em> Bien est\u00e1<\/em>, dijo <strong>Zadig<\/strong>; <em>eso es se\u00f1al de que es una mujer de bien, que amaba de veras a su marido<\/em>. <em>Ha<\/em>, replico <strong>Azora<\/strong>, <em>si t\u00fa supieras cual era su ocupaci\u00f3n cuando entr\u00e9 a verla<\/em>.<em> \u00bfCu\u00e1l era, hermosa <strong>Azora<\/strong><\/em>? Dar otro cauce al arroyo. A\u00f1adi\u00f3 luego <strong>Azora<\/strong> tantas invectivas, prorumpi\u00f3 en tan agrias acusaciones contra la viuda moza, que disgust\u00f3 mucho a <strong>Zadig<\/strong> virtud tan jactanciosa. Un amigo suyo, llamado <strong>Cador<\/strong>, era uno de los mozos que reputaba <strong>Azora<\/strong> por de mayor m\u00e9rito y probidad que otros; <strong>Zadig<\/strong> le fi\u00f3 su secreto, afianzando, en cuanto le fue posible, su fidelidad con cuantiosas d\u00e1divas. Despu\u00e9s de haber pasado <strong>Azora<\/strong> dos d\u00edas en una quinta de una amiga suya, se volvi\u00f3 a su casa al tercero. Los criados le anunciaron llorando que aquella misma noche se hab\u00eda ca\u00eddo muerto de repente su marido, que no se hab\u00edan atrevido a llevarle tan mala noticia, y que acababan de enterrar a <strong>Zadig<\/strong> en el sepulcro de sus padres al cabo del jard\u00edn. Lloraba <strong>Azora<\/strong>, mes\u00e1base los cabellos, y juraba que no quer\u00eda vivir. Aquella noche pidi\u00f3 <strong>Cador<\/strong> licencia para hablar con ella, y lloraron, ambos. El siguiente d\u00eda lloraron menos, y comieron juntos. Fi\u00f3le <strong>Cador<\/strong> que le hab\u00eda dejado su amigo la mayor parte de su caudal, y le dio a entender que su mayor dicha seria poder partirle con ella. Llor\u00f3 con esto la dama, enoj\u00f3se, y se apacigu\u00f3 luego; y como la cena fue mas larga que la comida, hablaron ambos con mas confianza. Hizo <strong>Azora<\/strong> el paneg\u00edrico del difunto, confesando empero que adolec\u00eda de ciertos defectillos que en <strong>Cador<\/strong> no se hallaban.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En mitad de la cena se quej\u00f3 <strong>Cador<\/strong> de un vehemente dolor en el bazo, y la dama inquieta y asustada mand\u00f3 le trajeran todas las esencias con que se sahumaba, para probar si alguna era un remedio contra los dolores de bazo; sintiendo mucho que se hubiera ido ya de <em>Babilonia<\/em> el sapient\u00edsimo <em><strong>Hermes<\/strong><\/em>, y dign\u00e1ndose hasta de tocar el lado donde sent\u00eda <strong>Cador<\/strong> tan fuertes dolores. <em>\u00bfSuele daros este dolor tan cruel?<\/em> le dijo compasiva. <em>A dos dedos de la sepultura me pone a veces<\/em>, le respondi\u00f3 <strong>Cador<\/strong>, <em>y no hay m\u00e1s que un remedio para aliviarme, que es aplicarme al costado las narices de un hombre que haya muerto el d\u00eda antes. \u00a1Raro remedio!<\/em> dijo <strong>Azora<\/strong>. <em>No es mas raro<\/em>, respondi\u00f3 <strong>Cador<\/strong>, <em>que los cuernos de ciervo que ponen a los ni\u00f1os para preservarlos del mal de ojos<\/em>. Esta \u00faltima raz\u00f3n con el mucho m\u00e9rito del mozo determinaron al cabo a la Se\u00f1ora. <em>Por fin<\/em>, dijo, <em>si las narices de mi marido son un poco mas cortas en la segunda vida que en la primera, no por eso le ha de impedir el paso el \u00e1ngel Asrael, cuando atraviese el puente Sebinavar, para transitar del mundo de ayer al de ma\u00f1ana<\/em>. Diciendo esto, cogi\u00f3 una navaja, lleg\u00f3se al sepulcro de su esposo ba\u00f1\u00e1ndole en llanto, y se baj\u00f3 para cortarle las narices; pero <strong>Zadig<\/strong> que estaba tendido en el sepulcro, agarrando con una mano sus narices, y desviando la navaja con la otra, se alz\u00f3 de repente exclamando; Otra vez no digas tanto mal de <em>Cosr\u00faa<\/em>, que la idea de cortarme las narices bien se las puede apostar a la de mudar la corriente de un arroyo.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302871\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/frases_de_voltaire_291_600-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"270\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/frases_de_voltaire_291_600-300x225.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/frases_de_voltaire_291_600-326x245.jpg 326w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/frases_de_voltaire_291_600-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/frases_de_voltaire_291_600.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">III.\u2013 El perro y el caballo.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En breve experiment\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> que, como dice el <em>libro de Zenda <\/em><em>Vesta<\/em>, si el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de ac\u00edbar. Vi\u00f3se muy presto precisado a repudiar a <strong>Azora<\/strong>, que se hab\u00eda tornado inaguantable, y procur\u00f3 ser feliz estudiando la naturaleza. No hay ser mas venturoso, dec\u00eda, que el fil\u00f3sofo que estudia el gran libro abierto por Dios a los ojos de los hombres. Las verdades que descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su \u00e1nimo, y vive con sosiego, sin temor de los dem\u00e1s, y sin que venga su tierna esposa a cortarle las narices.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Empapado en estas ideas, se retir\u00f3 a una quinta a orillas del <em>E\u00fafrates<\/em>, donde no se ocupaba en calcular cuantas pulgadas de agua pasan cada segundo bajo los arcos de un puente, ni si el mes del rat\u00f3n llueve una l\u00ednea c\u00fabica de agua mas que el del carnero; ni ideaba hacer seda con telara\u00f1as, o porcelana con botellas quebradas; estudiaba, s\u00ed, las propiedades de los animales y las plantas, y en poco tiempo granje\u00f3 una sagacidad que le hacia tocar millares de diferencias donde los otros solo uniformidad ve\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pase\u00e1ndose un d\u00eda junto a un bosquecillo, vio venir corriendo un <em>eunuco<\/em> de la reina, acompa\u00f1ado de varios empleados de palacio: todos parec\u00edan llenos de zozobra, y corr\u00edan a todas partes como locos que andan buscando lo m\u00e1s precioso que han perdido. <em>Mancebo<\/em>, le dijo el principal <em>eunuco<\/em>, <em>\u00bfvisteis al perro de la reina?<\/em> Respondi\u00f3le <strong><em>Zadig<\/em><\/strong> con modestia: <em>Es perra que no perro<\/em>.<em> Ten\u00e9is raz\u00f3n<\/em>, replic\u00f3 el primer <em>eunuco<\/em>. <em>Es una perra fina muy chiquita<\/em>, continu\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>, <em>que ha parido poco ha, coja del pi\u00e9 izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy largas<\/em>.<em> \u00bfCon que la hab\u00e9is visto?<\/em> dijo el primer <em>eunuco<\/em> fuera de s\u00ed. <em>No por cierto<\/em>, respondi\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>; <em>ni la he visto, ni sabia que la reina tuviese perra ninguna<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aconteci\u00f3 que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo tiempo de manos de un <em>palafrenero<\/em> del rey el mejor caballo de las caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de <em>Babilonia<\/em>. Iban tras de \u00e9l el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no menos premura que el primer <em>eunuco<\/em> tras de la perra, Dirigi\u00f3se el caballerizo a <strong>Zadig<\/strong>, pregunt\u00e1ndole si hab\u00eda visto el caballo del rey. <em>Ese es un caballo<\/em>, dijo <strong>Zadig<\/strong>,<em> que tiene el mejor galope, dos varas de alto, la pezu\u00f1a muy peque\u00f1a, la cola de vara y cuarta de largo; el bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras de plata de once dineros<\/em>.<em> \u00bfY por donde ha ido? \u00bfd\u00f3nde est\u00e1?<\/em> pregunt\u00f3 el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso <strong>Zadig<\/strong>, ni he o\u00eddo nunca hablar de \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les qued\u00f3 duda de que hab\u00eda robado <strong>Zadig<\/strong> el caballo del rey y la perra de la reina; condujeronle pues a la <em>asamblea <\/em><em>del <\/em><em>gran Desterham<\/em>, que le conden\u00f3 a doscientos azotes y seis a\u00f1os de presidio. No bien hubieron dado la sentencia, cuando parecieron el caballo y la perra, de suerte que se vieron los jueces en la dolorosa precisi\u00f3n de anular su sentencia; condenaron empero a <strong>Zadig<\/strong> a una multa de cuatrocientas onzas de oro, porque hab\u00eda dicho que no hab\u00eda visto habiendo visto. Primero pag\u00f3 la multa, y luego se le permiti\u00f3 defender su pleito ante el <em>consejo del gran Desterliam<\/em>, donde dijo as\u00ed:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la gravedad del plomo un\u00eds la dureza del hierro, el brillo del diamante, y no poca afinidad con el oro, si\u00e9ndome permitido hablar ante esta augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca vi ni la respetable perra de la reina, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso ha sido como voy a contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde luego encontr\u00e9 al venerable eunuco, y al ilustr\u00edsimo caballerizo mayor. Observ\u00e9 en la arena las huellas de un animal, y f\u00e1cilmente conoc\u00ed que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me dieron a conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde coleg\u00ed que hab\u00eda parido pocos d\u00edas hacia. Otros vestigios en otra direcci\u00f3n, que se dejaban ver siempre al ras de la arena al lado de los pies delanteros, me demostraron que tenia las orejas largas; y como las pisadas del un pi\u00e9 eran menos hondas en la arena que las de los otros tres, saqu\u00e9 por consecuencia que era, si soy osado a decirlo, algo coja la perra de nuestra augusta reina.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">En cuanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que pase\u00e1ndome por las veredas de dicho bosque, not\u00e9 las se\u00f1ales de las herraduras de un caballo, que estaban todas a igual distancia. Este caballo, dije, tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene m\u00e1s de dos varas y media de ancho, estaba a izquierda y a derecha barrido el polvo en algunos parajes. El caballo, conjetur\u00e9 yo, tiene una cola de vara y cuarta, que con sus movimientos a derecha y a izquierda ha barrido este polvo. Debajo de los \u00e1rboles que formaban una enramada de dos varas de alto, estaban reci\u00e9n ca\u00eddas las hojas de las ramas, y conoc\u00ed que las hab\u00eda dejado caer el caballo, que por tanto ten\u00eda dos varas. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dejado las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de plata de once dineros.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Qued\u00e1ronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de <strong>Zadig<\/strong>, y lleg\u00f3 la noticia al rey y la reina. En antesalas, salas, y gabinetes no se hablaba m\u00e1s que de <strong>Zadig<\/strong>, y el rey mand\u00f3 que se le restituyese la multa de cuatrocientas onzas de oro a que hab\u00eda sido sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictamen de quemarle como hechicero. Fu\u00e9ron con mucho aparato a su casa el escribano de la causa, los alguaciles y los procuradores, a llevarle sus cuatrocientas onzas, sin guardar por las costas m\u00e1s que trescientas noventa y ocho; verdad es que los escribientes pidieron una gratificaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Viendo <strong>Zadig<\/strong> que era cosa muy peligrosa el saber en demas\u00eda, hizo prop\u00f3sito firme de no decir en otra ocasi\u00f3n lo que hubiese visto, y la ocasi\u00f3n no tard\u00f3 en presentarse. Un reo de estado se escap\u00f3, y pas\u00f3 por debajo de los balcones de <strong>Zadig<\/strong>. Tom\u00e1ronle declaraci\u00f3n a este, no declar\u00f3 nada; y habi\u00e9ndole probado que se hab\u00eda asomado al balc\u00f3n, por tama\u00f1o delito fue condenado a pagar quinientas onzas do oro, y dio las gracias a los jueces por su mucha benignidad, que as\u00ed era costumbre en <em>Babilonia<\/em>, <em>\u00a1Gran Dios<\/em>, dec\u00eda <em>Zadig<\/em> entre s\u00ed, <em>qu\u00e9 desgraciado es quien se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, o la perrita de la reina! \u00a1Qu\u00e9 de peligros corre quien a su balc\u00f3n se asoma! \u00a1Qu\u00e9 cosa tan dif\u00edcil es ser dichoso en esta vida!<\/em><\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302872\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-lo-bueno-300x171.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"228\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-lo-bueno-300x171.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-lo-bueno.jpg 717w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">IV.\u2013 El envidioso.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Apel\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> a la amistad y a la filosof\u00eda para consolarse de los males que le hab\u00eda hecho la fortuna. En un arrabal de <em>Babilonia<\/em> tenia una casa alhajada con mucho gusto, y all\u00ed reun\u00eda las artes y las recreaciones dignas de un hombre fino. Por la ma\u00f1ana estaba su biblioteca abierta para todos los sabios, y por la tarde su mesa a personas de buena educaci\u00f3n. Pero muy presto ech\u00f3 de ver que era muy peligroso tratar con sabios. Suscit\u00f3se una fuerte disputa acerca de una ley de <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em>, que proh\u00edbe comer <em>grifo<\/em>. \u00bfComo est\u00e1 prohibido el grifo, dec\u00edan unos, si no hay tal animal? Fuerza es que le haya, dec\u00edan otros, cuando no quiere <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em> que le comamos. <strong>Zadig<\/strong>, por ponerlos conformes, les dijo: Pues no comamos <em>grifo<\/em>, si <em>grifos<\/em> hay; y si no los hay, menos los comeremos, y as\u00ed obedeceremos a <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hab\u00eda un sabio escritor que hab\u00eda compuesto una obra en trece tomos en folio acerca de las propiedades de los <em>grifos<\/em>, gran <em>teurgista<\/em>, que a toda prisa se fue a presentar ante el <em>archimago <\/em><strong>Drastan\u00e9s<\/strong>, el m\u00e1s necio, y a consecuencia el m\u00e1s fan\u00e1tico de los <em>Caldeos<\/em> de aquellos remotos tiempos. En honra y gloria del <em>Sol<\/em>, habr\u00eda este mandado empalar a <strong>Zadig<\/strong>, y rezado luego el breviario de <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em> con mas devota compunci\u00f3n. Su amigo <strong>Cador<\/strong> (<em>que un amigo vale mas que un ciento de cl\u00e9rigos<\/em>) fue a ver al viejo <strong>Drastan\u00e9s<\/strong>, y le dijo as\u00ed: <em>Gloria al Sol y a los grifos; nadie toque al pelo a <strong>Zadig<\/strong>, que es un santo, y mantiene grifos en su corral, sin com\u00e9rselos: su acusador s\u00ed, que es hereje. \u00bfPues no ha sustentado que no son ni sol\u00edpedos ni inmundos los conejos? <\/em><em>Bien, bien<\/em>, dijo <strong>Drastan\u00e9s<\/strong>, meneando la temblona cabeza:<em> a <strong>Zadig<\/strong> se le ha de empalar, porque tiene ideas err\u00f3neas sobre los glifos; y al otro, porque ha hablado sin miramiento de los conejos<\/em>. Apacigu\u00f3lo <strong>Cador<\/strong> todo por medio de una moza de retrete de palacio, a quien hab\u00eda hecho un chiquillo, la cual tenia mucho influjo con el colegio de los magos, y no empalaron a nadie; cosa que la murmuraron muchos doctores, y por ello pronosticaron la pr\u00f3xima decadencia de <em>Babilonia<\/em>. Dec\u00eda <strong>Zadig<\/strong>: <em>\u00bfEn qu\u00e9 se cifra la felicidad? Todo me persigue en la tierra, hasta los seres imaginarios<\/em>; y maldiciendo de los sabios, resolvi\u00f3 ce\u00f1irse a vivir con la gente fina.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Reun\u00edanse en su casa los sujetos de mas fino trato de <em>Babilonia<\/em>, y las mas amables damas; serv\u00edanse exquisitas cenas, precedidas las mas veces de academias, y que animaban conversaciones amables, en que nadie aspiraba a echarlo de agudo, que es medio cert\u00edsimo de ser un majadero, y deslustrar la mas brillante tertulia. Los platos y los amigos no eran los que escog\u00eda la vanagloria, que en todo prefer\u00eda a la apariencia la realidad, y as\u00ed se granjeaba una estimaci\u00f3n s\u00f3lida, por eso mismo que menos a ella aspiraba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Viv\u00eda en frente de su casa un tal <strong>Arimazo<\/strong>, sujeto que llevaba la perversidad de su \u00e1nimo en la fisonom\u00eda grabada: corro\u00edale la envidia, y reventaba de vanidad, desando aparte que era un presumido de saber fastidioso. Como las personas finas se burlaban de \u00e9l, \u00e9l se vengaba hablando mal de ellas. Con dificultad reun\u00eda en su casa aduladores, puesto que era rico. Importun\u00e1bale el ruido de los coches que entraban de noche en casa de <strong>Zadig<\/strong>, pero mas le enfadaba el de las alabanzas que de \u00e9l o\u00eda. Iba algunas veces a su casa, y se sentaba a la mesa sin que le convidaran, corrompiendo el j\u00fabilo de la compa\u00f1\u00eda entera, como dicen que inficionan las arp\u00edas los manjares que tocan. Sucedi\u00f3le un d\u00eda que quiso dar un banquete a una dama, que, en vez de admitirle, se fue a cenar con <strong>Zadig<\/strong>; y otra vez, estando ambos hablando en palacio, se lleg\u00f3 un <em>ministro<\/em> que convid\u00f3 a <strong>Zadig<\/strong> a cenar, y no le dijo nada a <strong>Arimazo<\/strong>. En tan flacos cimientos estriban a veces las m\u00e1s crueles enemigas. Este hombre, que apellidaba <em>Babilonia<\/em> el envidioso, quiso dar al traste con <strong>Zadig<\/strong>, porque le llamaban <em>el dichoso<\/em>. Cien veces al d\u00eda, dice <em><strong>Zoroastro<\/strong><\/em>, se halla ocasi\u00f3n para hacer da\u00f1o, y para hacer bien apenas una vez al a\u00f1o.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fu\u00e9se el envidioso a casa de <strong>Zadig<\/strong>, el cual se estaba paseando por sus jardines con dos amigos, y una se\u00f1ora a quien dec\u00eda algunas flores, sin otro \u00e1nimo que decirlas. Trat\u00e1base de una guerra que acababa de concluir con felicidad el <strong><em>rey<\/em><\/strong> contra el <em>pr\u00edncipe de <\/em><strong><em>Hircania<\/em><\/strong>, feudatario suyo. <strong>Zadig<\/strong> que en esta corta guerra hab\u00eda dado repetidas pruebas de valor, hacia muchos elogios del rey, y m\u00e1s todav\u00eda de la dama. Cogi\u00f3 su libro de memoria, y escribi\u00f3 en \u00e9l cuatro versos de repente, que dio a leer a su hermosa hu\u00e9sped; pero aunque sus amigos le suplicaron que se los leyese, por modestia, o acaso por un amor propio muy discreto, no quiso hacerlo: que bien sabia que los versos de repente hechos solo son buenos para aquella para quien se hacen. Rasg\u00f3 pues en dos la hoja del librillo de memoria en que los hab\u00eda escrito, y tir\u00f3 los dos pedazos a una enramada de rosales, donde fue en balde buscarlos. Empez\u00f3 en breve a lloviznar, y se volvieron todos a los salones; pero el envidioso que se hab\u00eda quedado en el jard\u00edn, tanto registr\u00f3 que dio con una mitad de la hoja, la cual de tal manera estaba rasgada, que la mitad de cada verso que llenaba un rengl\u00f3n formaba sentido, y aun un verso corto; y lo mas extra\u00f1o es que, por un acaso todav\u00eda mas extraordinario, el sentido que formaban los tales versos cortos era una atroz infectiva contra el <em>rey<\/em>. Le\u00edase en ellos:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">Un monstruo detestable Hoy rige la Caldea; Su trono incontrastable El poder mismo afea.<\/span><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por la vez primera de su vida se crey\u00f3 feliz el envidioso, teniendo con que perder a un hombre de bien y amable. Embriagado en tan horrible j\u00fabilo, dirigi\u00f3 al mismo <em>rey<\/em> esta s\u00e1tira escrita de pluma de <strong>Zadig<\/strong>, el cual, con sus dos amigos y la dama, fue llevado a la <em>c\u00e1rcel<\/em>, y se le form\u00f3 causa, sin que se dignaran de o\u00edrle. <em>P\u00fasose el envidioso, cuando le hubieron sentenciado, en el camino por donde hab\u00eda de pasar, y le dijo que no val\u00edan nada sus versos<\/em>. No lo echaba <strong>Zadig<\/strong> de poeta; sent\u00eda empero en el alma verse condenado como reo de lesa majestad, y dejar dos amigos y una hermosa dama en la c\u00e1rcel por un delito que no hab\u00eda cometido. No lo permitieron alegar nada en su defensa, porque <em>el libro de memoria<\/em> estaba claro, y que as\u00ed era estilo en <em>Babilonia<\/em>. Caminaba pues al <em>cadalso<\/em>, atravesando inmensas filas de gentes curiosas; ninguno se atrev\u00eda a condolerse de \u00e9l, pero s\u00ed se agolpaban para examinar qu\u00e9 cara pon\u00eda, y si iba a morir con aliento. Sus parientes eran los \u00fanicos afligidos, porque no heredaban, habi\u00e9ndose confiscado las tres cuartas partes de su caudal a beneficio del <em>erario<\/em>, y la restante al del envidioso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mientras que se estaba disponiendo a morir, se vol\u00f3 del balc\u00f3n <em>el loro del <\/em><em>rey<\/em>, y fue a posarse en los rosales del jard\u00edn de <strong>Zadig<\/strong>. Hab\u00eda derribado el viento un melocot\u00f3n de un \u00e1rbol inmediato, que hab\u00eda ca\u00eddo sobre un pedazo de un librillo de memoria escrito, y se le hab\u00eda pegado. Agarr\u00f3 el <em>loro<\/em> el melocot\u00f3n con lo escrito, y se lo llev\u00f3 todo a las rodillas del <em>rey<\/em>. Curioso esta ley\u00f3 unas palabras que no significaban nada, y parec\u00edan fines de verso. Como era aficionado a la poes\u00eda, y que siempre se puede sacar algo con los pr\u00edncipes que gustan de coplas, le dio en que pensar la aventura del papagayo. Acord\u00e1ndose entonces la <em>reina<\/em> de lo que hab\u00eda en el trozo del libro de memoria de <strong>Zadig<\/strong>, mand\u00f3 que se le trajesen, y confrontando ambos trozos se vio que venia uno con otro; y los versos de <strong>Zadig<\/strong>, le\u00eddos como \u00e9l los hab\u00eda escrito, eran los siguientes:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">Un monstruo detestable es la sangrienta guerra; Hoy rige la Caldea en paz el rey sin sustos: Su trono incontrastable amor tiene en la tierra; El poder mismo afea quien no goza sus gustos.<\/span><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al punto mand\u00f3 el <em>rey<\/em> que trajeran a <strong>Zadig<\/strong> a su presencia, y que sacaran de la c\u00e1rcel a sus dos amigos y la hermosa dama. Postr\u00f3se el rostro por el suelo <strong>Zadig<\/strong> a las plantas del rey y la reina; pidi\u00f3les rendidamente perd\u00f3n por los malos versos que hab\u00eda compuesto, y habl\u00f3 con tal donaire, tino y agudeza, que los monarcas quisieron volver a verle: volvi\u00f3, y gust\u00f3 m\u00e1s. Le adjudicaron los bienes del envidioso que injustamente le hab\u00eda acusado: <strong>Zadig<\/strong> se los restituy\u00f3 todos, y el \u00fanico afecto del coraz\u00f3n de su acusador fue el gozo de no perder lo que tenia. De d\u00eda en d\u00eda se aumentaba el aprecio que el <em>rey<\/em> de <strong>Zadig<\/strong> hacia: convid\u00e1bale a todas sus recreaciones, y le consultaba en todos asuntos. <em>Desde entonces la reina empez\u00f3 a mirarle con una complacencia que pod\u00eda acarrear graves peligros a ella, a su augusto esposo, a <strong>Zadig<\/strong> y al reino entero, y <strong>Zadig<\/strong> a creer que no es cosa tan dificultosa vivir feliz<\/em>.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302873\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-llamar-atencion-300x252.jpg\" alt=\"\" width=\"330\" height=\"277\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-llamar-atencion-300x252.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-llamar-atencion.jpg 720w\" sizes=\"auto, (max-width: 330px) 100vw, 330px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">V.\u2013 El generoso.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Vino la \u00e9poca de la celebridad de una solemne fiesta que se hacia cada cinco a\u00f1os, porque era estilo en <em>Babilonia<\/em> declarar con solemnidad, al cabo de cinco a\u00f1os, cual de los ciudadanos hab\u00eda hecho la mas generosa acci\u00f3n. <strong>Los jueces eran los grandes y los magos<\/strong>. Expon\u00eda el <em>primer s\u00e1trapa<\/em> encargado del gobierno de la ciudad, las acciones mas ilustres hechas en el tiempo de su gobierno; los jueces votaban, y el <em>rey<\/em> pronunciaba la decisi\u00f3n. De los extremos de la tierra acud\u00edan espectadores a esta solemnidad. Recib\u00eda el vencedor de mano del monarca una copa de oro guarnecida de piedras preciosas, y le dec\u00eda el <em>rey<\/em> estas palabras: \u201c<em>Recibid este premio de la generosidad, y ojal\u00e1 me concedan los Dioses muchos vasallos que a vos se parezcan<\/em>.\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Llegado este memorable d\u00eda, se dej\u00f3 ver el <em>rey<\/em> en su trono, rodeado de grandes, magos y diputados de todas las naciones, que ven\u00edan, a unos juegos donde no con la ligereza de los caballos, ni con la fuerza corporal, sino con la virtud se granjeaba la gloria. Recit\u00f3 en voz alta el <em>s\u00e1trapa<\/em> las acciones por las cuales pod\u00edan sus autores merecer el inestimable premio, y no habl\u00f3 siquiera de la magnanimidad con que hab\u00eda restituido <strong>Zadig<\/strong> todo su caudal al envidioso: que no era esta acci\u00f3n que mereciera disputar el premio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Primero present\u00f3 a un juez que habiendo, en virtud de una equivocaci\u00f3n de que no era responsable, fallado un pleito importante contra un ciudadano, le hab\u00eda dado todo su caudal, que era lo equivalente de la perdida del litigante.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Luego produjo un mancebo que perdido de amor por una doncella con quien se iba a casar, se la cedi\u00f3 no obstante a un amigo suyo, que estaba a la muerte por amores de la misma, y adem\u00e1s dot\u00f3 la doncella.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hizo luego comparecer a un militar que en la guerra de <em>Hircania<\/em> hab\u00eda dado ejemplo todav\u00eda de mayor generosidad. Llev\u00e1banse a su amada unos soldados enemigos, y mientras la estaba defendiendo contra ellos, le vinieron a decir que otros Hircanos se llevaban de all\u00ed cerca a su madre; y abandon\u00f3 llorando a su querida, por libertar a la madre. Cuando volvi\u00f3 a tomar la defensa de su dama, la encontr\u00f3 expirando, y se quiso dar la muerte; pero le represent\u00f3 su madre que no ten\u00eda m\u00e1s apoyo que \u00e9l, y tuvo \u00e1nimo para sufrir la vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Inclin\u00e1banse los jueces por este soldado; pero el rey tomando la palabra, dijo: acci\u00f3n es noble la suya, y tambi\u00e9n lo son las de los otros, pero no me pasman; y ayer hizo <strong>Zadig<\/strong> una que me ha pasmado. Pocos d\u00edas ha que ha ca\u00eddo de mi gracia <strong>Coreb<\/strong>, mi ministro y valido. Quej\u00e1bame de \u00e9l con vehemencia, y todos los palaciegos me dec\u00edan que era yo demasiadamente misericordioso; todos dec\u00edan a porf\u00eda mal de <strong>Coreb<\/strong>. Pregunt\u00e9 su dictamen a <strong>Zadig<\/strong>, y se atrevi\u00f3 a alaharle. Confieso que en nuestras historias he visto ejemplos de haber pagado un yerro con su caudal, cedido su dama, o antepuesto su madre al objeto de su amor; pero nunca he le\u00eddo que un palaciego haya dicho bien de un ministro ca\u00eddo con quien estaba enojado su soberano. A cada uno de aquellos cuyas acciones se han recitado le doy veinte mil monedas de oro; pero la copa se la doy a <strong>Zadig<\/strong>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se\u00f1or, replic\u00f3 este, vuestra majestad es el \u00fanico que la merece, y quien ha hecho la mas inaudita acci\u00f3n, pues siendo rey no se ha indignado contra su esclavo que contradec\u00eda su pasi\u00f3n. Todos celebraron admirados al <em>rey<\/em> y a <strong>Zadig<\/strong>. Recibieron las d\u00e1divas del monarca el juez que hab\u00eda dado su caudal, el amante que hab\u00eda casado a su amada con su amigo, y el soldado que antes quiso librar a su madre que a su dama; y <strong>Zadig<\/strong> obtuvo la copa. Granje\u00f3se el <em>rey<\/em> la reputaci\u00f3n de buen pr\u00edncipe, que no conserv\u00f3 mucho tiempo; y se consagr\u00f3 el d\u00eda con fiestas que duraron mas de lo que prescrib\u00eda la ley, conserv\u00e1ndose aun su memoria en el <em>Asia<\/em>. Dec\u00eda <strong>Zadig<\/strong>: <em>\u00a1con que en fin soy feliz!<\/em> pero <strong>Zadig<\/strong> se enga\u00f1aba.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302875\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/el_que_tiene_miedo_de_la_pobreza_no_es_digno_de_ser_rico_291_110_600-300x210.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"280\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/el_que_tiene_miedo_de_la_pobreza_no_es_digno_de_ser_rico_291_110_600-300x210.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/el_que_tiene_miedo_de_la_pobreza_no_es_digno_de_ser_rico_291_110_600.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">VI.\u2013 El ministro.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Habiendo perdido el <em>rey<\/em> a su <em>primer ministro<\/em>, escogi\u00f3 a <strong>Zadig<\/strong> para desempe\u00f1ar este cargo. Todas las hermosas damas de <em>Babilonia<\/em> aplaudieron esta elecci\u00f3n, porque nunca hab\u00eda habido ministro tan mozo desde la fundaci\u00f3n del imperio: todos los palaciegos la sintieron; al envidioso le dio un v\u00f3mito de sangre, y se le hincharon extraordinariamente las narices. Dio <strong>Zadig<\/strong> las gracias al <em>rey<\/em> y a la <em>reina<\/em>, y fue luego a d\u00e1rselas al <em>loro<\/em>. <em>Precioso p\u00e1jaro<\/em>, le dijo, <em>t\u00fa has sido quien me has librado la vida, y quien me has hecho primer ministro. Mucho mal me hab\u00edan hecho la perra y el caballo de sus majestades, pero t\u00fa me has hecho mucho bien. \u00a1En qu\u00e9 cosas estriba la suerte de los humanos! Pero puede ser que mi dicha se desvanezca dentro de pocos instantes<\/em>. El <em>loro<\/em> respondi\u00f3: <em>antes<\/em>. Dio golpe a <strong>Zadig<\/strong> esta palabra; puesto que a fuer de buen f\u00edsico que no cre\u00eda que fuesen los <em>loros<\/em> profetas, se soseg\u00f3 luego, y empez\u00f3 a servir su cargo lo mejor que supo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hizo que a todo el mundo alcanzara el sagrado poder de las leyes, y que a ninguno abrumara el peso de su dignidad. No impidi\u00f3 la libertad de votos en el div\u00e1n, y cada visir pod\u00eda, sin disgustarle, exponer su dictamen. Cuando fallaba de un asunto, la ley, no \u00e9l, era quien fallaba; pero cuando esta era muy severa, la suavizaba; y cuando faltaba ley, la hacia su equidad tal, que se hubiera podido atribuir a <strong><em>Zoroastro<\/em><\/strong>. El fue quien dej\u00f3 vinculado en las naciones el gran principio de que vale mas libertar un reo, que condenar un inocente. Pensaba que era destino de las leyes no menos socorrer a los ciudadanos que amedrentarlos. Cifr\u00e1base su principal habilidad en desenmara\u00f1ar la verdad que procuran todos obscurecer. Sirvi\u00f3se de esta habilidad desde los primeros d\u00edas de su administraci\u00f3n. Hab\u00eda muerto en las <em>Indias<\/em> un comerciante muy nombrado de <em>Babilonia<\/em>: y habiendo dejado su caudal por iguales partes a sus dos hijos, despu\u00e9s de dotar a su hija, dejaba adem\u00e1s un legado de treinta mil monedas de oro a aquel de sus hijos que se decidiese que le hab\u00eda querido m\u00e1s. El mayor le erigi\u00f3 un sepulcro, y el menor dio a su hermana parte de su herencia en aumento de su dote. La gente dec\u00eda: El mayor quer\u00eda m\u00e1s a su padre, y el menor quiere m\u00e1s a su hermana: las treinta mil monedas se deben dar al mayor. Llam\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> sucesivamente a los dos, y le dijo al mayor:<em> No ha muerto vuestro padre, que ha sanado de su \u00faltima enfermedad, y vuelve a Babilonia<\/em>.<em> Loado sea Dios<\/em>, respondi\u00f3 el mancebo; <em>pero su sepulcro me hab\u00eda costado harto caro<\/em>. Lo mismo dijo luego <strong>Zadig<\/strong> al menor. <em>Loado sea Dios<\/em>, respondi\u00f3, <em>voy a restituir a mi padre todo cuanto tengo, pero quisiera que desase a mi hermana lo que le he dado<\/em>.<em> No restituir\u00e9is nada<\/em>, dijo <strong>Zadig<\/strong>, <em>y se os dar\u00e1n las treinta mil monedas, que vos sois el que mas a vuestro padre quer\u00edais<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hab\u00eda dado una doncella muy rica palabra de matrimonio a dos magos, y despu\u00e9s de haber recibido algunos meses instrucciones de ambos, se encontr\u00f3 en cinta. Ambos quer\u00edan casarse con ella. La doncella dijo que seria su marido el que la hab\u00eda puesto en estado de dar un ciudadano al imperio. Uno dec\u00eda: Yo he sido quien he hecho esta buena obra; el otro: No, que soy yo quien he tenido tanta dicha. Est\u00e1 bien, respondi\u00f3 la doncella, reconozco por padre de la criatura el que le pueda dar mejor educaci\u00f3n. Pari\u00f3 un chico, y quiso educarle uno y otro mago. Llevada la instancia ante <strong>Zadig<\/strong>, los llam\u00f3 a entrambos, y dijo al primero: <em>\u00bfQu\u00e9 has de ense\u00f1ar a tu alumno? Ense\u00f1ar\u00e9le, respondi\u00f3 el doctor, las ocho partes de la oraci\u00f3n, la dial\u00e9ctica, la astrolog\u00eda, la demonolog\u00eda, qu\u00e9 cosa es la sustancia y el accidente, lo abstracto y lo concreto, las monadas y la armon\u00eda preestablecida<\/em>. <em>Pues yo<\/em>, dijo el segundo, <em>procurar\u00e9 hacerle justo y digno de tener amigos<\/em>. <strong>Zadig<\/strong> fall\u00f3: <em>Ora seas o no su padre, t\u00fa te casar\u00e1s con su madre<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Todos los d\u00edas ven\u00edan quejas a la corte contra el <em>Itimadulet de Media<\/em>, llamado <strong>Iras<\/strong>, gran potentado, que no era de perversa \u00edndole, pero que la vanidad y el deleite le hab\u00edan estragado. Raras veces permit\u00eda que le hablasen, y nunca que se atreviesen a contradecirle. No son tan vanos los pavones, ni mas voluptuosas las palomas, ni menos perezosos los gal\u00e1pagos; solo respiraba vanagloria y deleites vanos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Prob\u00f3se <strong>Zadig<\/strong> a corregirle, y le envi\u00f3 de parte del rey un maestro de m\u00fasica, con doce cantores y veinte y cuatro violines, un mayordomo con seis cocineros y cuatro gentiles hombres, que no le dejaban nunca. Dec\u00eda la orden del <em>rey<\/em> que se siguiese puntual\u00edsimamente el siguiente ceremonial, como aqu\u00ed se pone.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El d\u00eda primero, as\u00ed que se despert\u00f3 el voluptuoso <strong>Iras<\/strong>, entr\u00f3 el maestro de m\u00fasica acompa\u00f1ado de los cantores y violines, y cantaron una cantata que dur\u00f3 dos horas, y de tres en tres minutos era el estribillo:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u00a1Cuanto merecimiento! \u00a1Qu\u00e9 gracia, qu\u00e9 nobleza! \u00a1Que ufano, que contento Debe estar de s\u00ed propio su grandeza!<\/span><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Concluida la <em>cantata<\/em>, le recit\u00f3 un gentil hombre una arenga que dur\u00f3 tres cuartos de hora, pint\u00e1ndole como un dechado perfecto de cuantas prendas le faltaban; y acabada, le llevaron a la mesa al toque de los instrumentos. Dur\u00f3 tres horas la comida; y as\u00ed que abr\u00eda la boca para decir algo, exclamaba el gentil hombre: <em>Su Excelencia tendr\u00e1 raz\u00f3n<\/em>. Apenas dec\u00eda cuatro palabras; interrump\u00eda el segundo gentil hombre, diciendo: <em>Su Excelencia tiene raz\u00f3n<\/em>. Los otros dos soltaban la carcajada en aplauso de los chistes que hab\u00eda dicho o debido decir <strong>Iras<\/strong>. Servidos que fueron los postres, se repiti\u00f3 la <em>cantata<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pareci\u00f3le delicioso el primer d\u00eda, y qued\u00f3 persuadido de que le honraba el <em>rey de reyes<\/em> conforme a su m\u00e9rito. El segundo le fue algo menos grato; el tercero estuvo incomodado; el cuarto no le pudo aguantar; el quinto fue un tormento; finalmente, aburrido de o\u00edr cantar sin cesar: <em>\u00a1qu\u00e9 ufano, qu\u00e9 contento d\u00e9le estar de s\u00ed propio su grandeza!<\/em> de que siempre le dijeran que tenia raz\u00f3n, y de que le repitieran la misma arenga todos los d\u00edas a la propia hora, escribi\u00f3 a la corte suplicando al <em>rey<\/em> que fuese dignado de llamar a sus gentiles hombres, sus m\u00fasicos y su mayordomo, prometiendo tener mas aplicaci\u00f3n y menos vanidad. <strong>Luego gust\u00f3 menos de aduladores, dio menos fiestas, y fue m\u00e1s feliz; porque, como dice el Sader, sin cesar placeres no son placeres<\/strong>.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302876\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-fanatismo-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"267\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-fanatismo-300x200.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-fanatismo.jpg 474w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">VII.\u2013 Disputas y audiencias.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De este modo acreditaba <strong>Zadig<\/strong> cada d\u00eda su agudo ingenio y su buen coraz\u00f3n; todos le miraban con admiraci\u00f3n, y le amaban empero. Era reputado el mas venturoso de los hombres; lleno estaba todo el imperio de su nombre; gui\u00f1\u00e1banle a hurtadillas todas las mujeres; ensalzaban su justificaci\u00f3n los ciudadanos todos; los sabios le miraban como un <em>or\u00e1culo<\/em>, y hasta los mismos magos confesaban que sabia punto mas que el viejo <em>archimago <\/em><strong>Siara<\/strong>, tan lejos entonces de formarle cansa acerca de los <em>grifos<\/em>, que solo se cre\u00eda lo que a \u00e9l le parec\u00eda cre\u00edble.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinaba de mil y quinientos a\u00f1os atr\u00e1s una gran contienda en <em>Babilonia<\/em>, que tenia dividido el imperio en dos irreconciliables sectas: la una sustentaba que siempre se deb\u00eda entrar en el templo de Mitras el pi\u00e9 izquierdo por delante; y la otra miraba con abominaci\u00f3n semejante estilo, y llevaba siempre el pi\u00e9 derecho delantero. Todo el mundo aguardaba con ansia el d\u00eda de la fiesta solemne del fuego sagrado, para saber qu\u00e9 secta favorec\u00eda <strong>Zadig<\/strong>: todos ten\u00edan clavados los ojos en sus dos pies; toda la ciudad estaba suspensa y agitada. Entr\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> en el templo saltando a pie juntillas, y luego en un elocuente discurso hizo ver que el Dios del cielo y la tierra, que no mira con privilegio a nadie, el mismo caso hace del pi\u00e9 izquierdo que del derecho. Dijo el envidioso y su mujer que no hab\u00eda suficientes figuras en su arenga, donde no se ve\u00edan bailar las monta\u00f1as ni las colinas. Dec\u00edan que no hab\u00eda en ella ni jugo ni talento, que no se v\u00eda la mar ahuyentada, las estrellas por tierra, y el sol derretido como cera virgen; por fin, que no estaba en buen estilo oriental. <strong>Zadig<\/strong> no aspiraba m\u00e1s que a que fuese su estilo el de la raz\u00f3n. Todo el mundo se declar\u00f3 en su favor, no porque estaba en el camino de la verdad, ni porque era discreto, ni porque era amable, sino porque era primer visir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No dio menos feliz cima a otro intrincad\u00edsimo pleito de los magos blancos con los negros. Los blancos dec\u00edan que era impiedad dirigirse al oriente del invierno, cuando los fieles oraban a Dios; y los negros afirmaban que miraba Dios con horror a los hombres que se dirig\u00edan al poniente del verano. <strong>Zadig<\/strong> mand\u00f3 que se volviera cada uno hacia donde quisiese.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Encontr\u00f3 medio para despachar por la ma\u00f1ana los asuntos particulares y generales, y lo dem\u00e1s del d\u00eda se ocupaba en hermosear a <em>Babilonia<\/em>. Hacia representar tragedias para llorar, y comedias para re\u00edr; cosa que hab\u00eda dejado de estilarse mucho tiempo hacia, y que \u00e9l restableci\u00f3, porque era sujeto de gusto fino. No tenia la man\u00eda de querer entender m\u00e1s que los <em>pentos<\/em> en las artes, los cuales los remuneraba con d\u00e1divas y condecoraciones, sin envidiar en secreto su habilidad. Por la noche divert\u00eda mucho al rey, y m\u00e1s a la reina. Dec\u00eda el <em>rey<\/em>: <em>\u00a1Qu\u00e9 gran ministro!<\/em> y la <em>reina<\/em>: <em>\u00a1Qu\u00e9 amable ministro!<\/em> y ambos a\u00f1ad\u00edan: <em>L\u00e1stima fuera que le hubieran ahorcado<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Nunca otro en tan alto cargo se vio precisado a dar tantas audiencias a las damas: las m\u00e1s ven\u00edan a hablarle de alg\u00fan negocio que no les importaba, para probarse a hacerle con \u00e9l. Una de las primeras que se present\u00f3 fue la mujer del envidioso, jur\u00e1ndole por <em><strong>Mitras<\/strong><\/em>, por <strong>Zenda Vesta<\/strong>, y por el fuego sagrado, que siempre hab\u00eda mirado con detectaci\u00f3n la conducta de su marido. Luego le fi\u00f3 que era el tal marida celoso y mal criado, y le dio a entender que le castigaban los Dioses priv\u00e1ndole de los preciosos efectos de aquel sacro fuego, el \u00fanico que hace a los hombres semejantes a los inmortales; por fin dej\u00f3 caer una liga. Cogi\u00f3la <strong>Zadig<\/strong> con su acostumbrada cortesan\u00eda, pero no se la at\u00f3 a la dama a la pierna; y este leve yerro, si por tal puede tenerse, fue origen de las desventuras mas horrendas. <strong>Zadig<\/strong> no pens\u00f3 en ello, pero la mujer del envidioso pens\u00f3 m\u00e1s de lo que decirse puede.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cada d\u00eda se le presentaban nuevas damas. Aseguran los anales secretos de <em>Babilonia<\/em>, que cay\u00f3 una vez en la tentaci\u00f3n, pero que qued\u00f3 pasmado de gozar sin deleite, y de tener su dama en sus brazos distra\u00eddo. Era aquella a quien sin pensar dio pruebas de su protecci\u00f3n, una camarista de la <em>reina <\/em><strong>Astarte<\/strong>. Por consolarse dec\u00eda para s\u00ed esta enamorada <em>Babilonia<\/em>: Menester es que tenga este hombre atestada la cabeza de negocios, pues aun en el lance de gozar de su amor piensa en ellos. Escap\u00f3sele a <strong>Zadig<\/strong> en aquellos instantes en que los mas no dicen palabra, o solo dicen palabras sagradas, clamar de repente: <em>LA REYNA<\/em>; y crey\u00f3 la <em>Babilonia<\/em>, que vuelto en s\u00ed en un instante delicioso le hab\u00eda dicho <em>REYNA MIA<\/em>. Mas <strong>Zadig<\/strong>, distra\u00eddo siempre, pronunci\u00f3 el nombre de <strong>Astarte<\/strong>; y la dama, que en tan feliz situaci\u00f3n todo lo interpretaba a su favor, se figur\u00f3 que quer\u00eda decir que era m\u00e1s hermosa que la <em>reina <\/em><strong>Astarte<\/strong>. Sali\u00f3 del <em>serrallo<\/em> de <strong>Zadig<\/strong> habiendo recibido espl\u00e9ndidos regalos, y fue a contar esta aventura a la envidiosa, que era su \u00edntima amiga, la cual qued\u00f3 penetrada de dolor por la preferencia. <em>Ni siquiera se ha dignado<\/em>, dec\u00eda,<em> de atarme esta malhadada liga, que no quiero que me vuelva a servir, \u00a1Ha, ha!<\/em> dijo la afortunada a la envidiosa, las mismas ligas llev\u00e1is que la <em>reina<\/em>: <em>\u00bflas tom\u00e1is en la misma tienda?<\/em> Sumi\u00f3se en sus ideas la envidiosa, no respondi\u00f3, y se fue a consultar con el envidioso su marido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Entretanto <strong>Zadig<\/strong> conoc\u00eda que estaba distra\u00eddo cuando daba audiencia, y cuando juzgaba; y no sab\u00eda a qu\u00e9 atribuirlo: esta era su \u00fanica pesadumbre. So\u00f1\u00f3 una noche que estaba acostado primero encima de unas yerbas secas, entre las cuales hab\u00eda algunas punzantes que le incomodaban; que luego reposaba blandamente sobre un lecho de rosas, del cual sal\u00eda una <em>sierpe<\/em> que con su venenosa y acerada lengua le her\u00eda el coraz\u00f3n. <em>\u00a1Ay!<\/em> dec\u00eda, <em>mucho tiempo he estado acostado encima de las secas y punzantes yerbas; ahora lo estoy en el lecho de rosas: \u00bfmas cual ser\u00e1 la serpiente?<\/em><\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302878\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/no_siempre_depende_de_nosotros_ser_pobres_pero_siempre_depende_de_nosotros_hacer_respetar_nuestra_291_100_600-300x210.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"280\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/no_siempre_depende_de_nosotros_ser_pobres_pero_siempre_depende_de_nosotros_hacer_respetar_nuestra_291_100_600-300x210.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/no_siempre_depende_de_nosotros_ser_pobres_pero_siempre_depende_de_nosotros_hacer_respetar_nuestra_291_100_600.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">VIII.\u2013 Los celos.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De su misma dicha vino la desgracia de <strong>Zadig<\/strong>, pero m\u00e1s aun de su m\u00e9rito. Todos los d\u00edas conversaba con el <em>rey<\/em>, y con su augusta esposa <strong>Astarte<\/strong>, y aumentaba el embeleso de su conversaci\u00f3n aquel deseo de gustar, que, con respecto al entendimiento, es como el arreo a la hermosura; y poco a poco hicieron su mocedad y sus gracias una impresi\u00f3n en <strong>Astarte<\/strong>, que a los principios no conoci\u00f3 ella propia. Crec\u00eda esta pasi\u00f3n en el regazo de la inocencia, abandon\u00e1ndose <strong>Astarte<\/strong> sin escr\u00fapulo ni recelo al gusto de ver y de o\u00edr a un hombre amado de su esposo y del reino entero. Alabab\u00e1sele sin cesar al rey, hablaba de \u00e9l con sus damas, que ponderaban m\u00e1s aun sus prendas, y todo as\u00ed ahondaba en su pecho la flecha que no sent\u00eda. Hacia regalos a <strong>Zadig<\/strong>, en que tenia mas parte el amor de lo que ella se pensaba; y muchas veces, cuando se figuraba que le hablaba como <em>reina<\/em>, satisfecha se expresaba como mujer enamorada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mucho m\u00e1s hermosa era <strong>Astarte<\/strong> que la <strong>Semira<\/strong> que tanta ojeriza tenia con los tuertos, y que la otra que hab\u00eda querido cortar a su esposo las narices. Con la llaneza de <strong>Astarte<\/strong>, con sus tiernas razones de que empezaba a sonrojarse, con sus miradas que procuraba apartar de \u00e9l, y que en las suyas se clavaban, se encendi\u00f3 en el pecho de <strong>Zadig<\/strong> un fuego que a \u00e9l propio le pasmaba. Combati\u00f3, llamo a su auxilio la filosof\u00eda que siempre le hab\u00eda socorrido; pero esta ni alumbr\u00f3 su entendimiento, ni alivi\u00f3 su \u00e1nimo. Ofrec\u00edanse ante \u00e9l, como otros tantos dioses vengadores, la obligaci\u00f3n, la gratitud, la majestad suprema violadas: combat\u00eda y venc\u00eda; pero una victoria a cada instante disputada, le costaba l\u00e1grimas y suspiros. Ya no se atrev\u00eda a conversar con la reina con aquella serena libertad que tanto a entrambos hab\u00eda embelesado; c\u00fabranse de una nube sus ojos; eran sus razones confusas y mal hiladas; bajaba los ojos; y cuando involuntariamente en <strong>Astarte<\/strong> los pon\u00eda, encontraba los suyos ba\u00f1ados en l\u00e1grimas, de donde sal\u00edan inflamados rayos. Parece que se dec\u00edan uno a otro: Nos adoramos, y tememos amarnos; ambos ardemos en un fuego que condenamos. De la conversaci\u00f3n de la reina sal\u00eda <strong>Zadig<\/strong> fuera de s\u00ed, desatentado, y como abrumado con una caiga con la cual no pod\u00eda. En medio de la violencia de su agitaci\u00f3n, dej\u00f3 que su amigo <strong>Cador<\/strong> columbrara su secreto, como uno que habiendo largo tiempo aguantado las punzadas de un vehemente dolor, descubre al fin su dolencia por un grito lastimero que vencido de sus tormentos levanta, y por el sudor fr\u00edo que por su semblante corre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">D\u00edjole <strong>Cador<\/strong>: <em>Ya hab\u00eda yo distinguido los afectos que de vos mismo os esforzabais a ocultar: que tienen las pasiones se\u00f1ales infalibles; y si yo he le\u00eddo en vuestro coraz\u00f3n, contemplad, amado <strong>Zadig<\/strong>, si descubrir\u00e1 el rey un amor que le agravia; \u00e9l que no tiene otro defecto que ser el mas celoso de los mortales. Vos resist\u00eds a vuestra pasi\u00f3n con m\u00e1s vigor que combate <strong>Astarte<\/strong> la suya, porque sois fil\u00f3sofo y sois <strong>Zadig<\/strong>. <strong>Astarte<\/strong> es mujer, y eso m\u00e1s deja que se expliquen sus ojos con imprudencia que no piensa ser culpada: satisfecha por desgracia con su inocencia, no se cura de las apariencias necesarias. Mientras que no le remuerda en nada la conciencia, tendr\u00e9 miedo de que se pierda. Si ambos estuvieseis acordes, frustrar\u00edais los ojos m\u00e1s linces: una pasi\u00f3n en su cuna y contrarestada rompe afuera; el amor satisfecho se sabe ocultar<\/em>. Estremeci\u00f3se <strong>Zadig<\/strong> con la propuesta de enga\u00f1ar al <em>monarca<\/em> su bienhechor, y nunca fue mas fiel a su <em>pr\u00edncipe<\/em> que cuando culpado de un involuntario delito. En tanto la <em>reina<\/em> repet\u00eda con tal frecuencia el nombre de <strong>Zadig<\/strong>; color\u00e1banse de manera sus mejillas al pronunciarle; cuando le hablaba delante del <em>rey<\/em>, estaba unas veces tan animada y otras tan confusa; par\u00e1base tan pensativa cuando se iba, que turbado el <em>rey<\/em> crey\u00f3 todo cuanto v\u00eda, y se figur\u00f3 lo que no v\u00eda. Observ\u00f3 sobre todo que las babuchas de su mujer eran azules, y azules las de <strong>Zadig<\/strong>; que los lazos de su mujer eran pajizos, y pajizo el turbante de <strong>Zadig<\/strong>: tremendos indicios para un <em>pr\u00edncipe<\/em> delicado. En breve se tornaron en su \u00e1nimo exasperado en certeza las sospechas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los esclavos de los <em>reyes<\/em> y las <em>reinas<\/em> son otras tantas esp\u00edas de sus m\u00e1s escondidos afectos, y en breve descubrieron que estaba <strong>Astarte<\/strong> enamorada, y <strong>Moabdar<\/strong> celoso. Persuadi\u00f3 el envidioso a la envidiosa a que enviara al <em>rey<\/em> su liga que se parec\u00eda a la de la <em>reina<\/em>; y para mayor desgracia, era azul dicha liga. El <em>monarca<\/em> solo pens\u00f3 entonces en el modo de vengarse. Una noche se resolvi\u00f3 a dar un veneno a la <em>reina<\/em>, y a enviar un lazo a <strong>Zadig<\/strong> al rayar del alba, y dio esta orden a un despiadado <em>eunuco<\/em>, ejecutor de sus venganzas. Hall\u00e1base a la saz\u00f3n en el aposento del <em>rey<\/em> un enanillo mudo, pero no sordo, que dejaban all\u00ed como un animalejo dom\u00e9stico, y era testigo de los mas rec\u00f3nditos secretos. Era el tal mudo muy afecto a la <em>reina<\/em> y a <strong>Zadig<\/strong>, y escuch\u00f3 con no menos asombro que horror dar la orden de matarlos ambos. \u00bfMas c\u00f3mo har\u00eda para precaver la ejecuci\u00f3n de tan espantosa orden, que se iba a cumplir dentro de pocas horas? No sabia escribir, pero s\u00ed pintar, y especialmente retratar al vivo los objetos. Una parte de la noche la pas\u00f3 dibujando lo que quer\u00eda que supiera la reina: representaba su dibujo, en un rinc\u00f3n del cuadro, al <em>rey<\/em> enfurecido dando \u00f3rdenes a su eunuco; en otro rinc\u00f3n una cuerda azul y un vaso sobre una mesa, con unas ligas azules, y unas cintas pajizas; y en medio del cuadro la reina moribunda en brazos de sus damas, y a sus plantas <strong>Zadig<\/strong> ahorcado. Figuraba el horizonte el nacimiento del sol, como para denotar que esta horrenda cat\u00e1strofe deb\u00eda ejecutarse al rayar de la aurora. Luego que hubo acabado, se fue corriendo al aposento de una dama de <strong>Astarte<\/strong>, la despert\u00f3, y le dijo por se\u00f1as que era menester que llevara al instante aquel cuadro a la <em>reina<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hete pues que a media noche llaman a la puerta de <strong>Zadig<\/strong>, le despiertan, y le entregan una esquela de la <em>reina<\/em>: dudando <strong>Zadig<\/strong> si es sue\u00f1o, rompe el nema con tr\u00e9mula mano. \u00a1Qu\u00e9 pasmo no fue el suyo, ni quien puede pintar la consternaci\u00f3n y el horror que le sobrecogieron, cuando ley\u00f3 las siguientes palabras! \u201c<em>Huid sin tardanza, o van a quitaros la vida. Huid, <strong>Zadig<\/strong>, que yo os lo mando en nombre de nuestro amor, y de mis cintas pajizas. No era culpada, pero veo que voy a morir delincuente<\/em>.\u201d<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Apenas tuyo <strong>Zadig<\/strong> fuerza para articular una palabra. Mand\u00f3 llamar a <strong>Cador<\/strong>, y sin decirle nada le dio la esquela; y <strong>Cador<\/strong> le forz\u00f3 a que obedeciese, y a que tomase sin detenerse el camino de <em>Menfis<\/em>. Si os aventur\u00e1is a ir a ver a la <em>reina<\/em>, le dijo, aceler\u00e1is su muerte; y si habl\u00e1is con el <em>rey<\/em>, tambi\u00e9n es perdida. Yo me encargo de su suerte, seguid vos la vuestra: esparcir\u00e9 la voz de que os hab\u00e9is encaminado hacia la <em>India<\/em>, ir\u00e9 pronto a buscaros, y os dir\u00e9 lo que hubiere sucedido en <em>Babilonia<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Sin perder un minuto, hizo <strong>Cador<\/strong> llevar a una salida excusada de palacio dos dromedarios ensillados de los m\u00e1s andariegos; en uno mont\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>, que no se pod\u00eda tener, y estaba a punto de muerte, y en otro el \u00fanico criado que le acompa\u00f1aba. A poco rato <strong>Cador<\/strong> sumido en dolor y asombro hubo perdido a su amigo de vista.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Lleg\u00f3 el ilustre pr\u00f3fugo a la cima de un collado de donde se descubr\u00eda a <em>Babilonia<\/em>, y clavando los ojos en el <em>palacio de la reina<\/em> se cay\u00f3 desmayado. Cuando recobr\u00f3 el sentido, verti\u00f3 abundante llanto, invocando la muerte. Al fin despu\u00e9s de haber lamentado la deplorable estrella de la m\u00e1s amable de las mujeres, y la primera <em>reina<\/em> del mundo, reflexionando un instante en su propia suerte, dijo: <em>\u00a1V\u00e1lgame Dios; y lo que es la vida humana! \u00a1O virtud, para que me has valido! Indignamente me han enga\u00f1ado dos mujeres; y la tercera, que no es culpada, y es m\u00e1s hermosa que las otras, va a morir. Todo cuanto bien he hecho ha sido un manantial de maldiciones para m\u00ed; y si me he visto exaltado al \u00e1pice de la grandeza, ha sido para despe\u00f1arme en la m\u00e1s honda sima de la desventura. Si como tantos hubiera sido malo, seria, como ellos, dichoso<\/em>. Abrumado con tan fatales ideas, cubiertos los ojos de un velo de dolor, p\u00e1lido de color de muerte el semblante, y sumido el \u00e1nimo en el abismo de una tenebrosa desesperaci\u00f3n, sigui\u00f3 su viaje hacia el <em>Egipto<\/em>.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302877\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Cita-voltaire-necesidad.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"281\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">IX.\u2013 La mujer aporreada.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Encaminabase <strong>Zadig<\/strong> en la direcci\u00f3n de las estrellas, y le guiaban la <em>constelaci\u00f3n de Ori\u00f3n<\/em> y el luciente astro de <em>Sirio<\/em> hacia el polo de <em>Canopo<\/em>. Contemplaba admirado estos vastos globos de luz que parecen imperceptibles chispas a nuestra vista, al paso que la tierra que realmente es un punto infinitamente peque\u00f1o en la naturaleza, la mira nuestra codicia como tan grande y tan noble. <strong>Represent\u00e1base entonces a los hombres como realmente son, unos insectos que unos a otros se devoran sobre un mezquino \u00e1tomo de cieno<\/strong>; imagen verdadera que acallaba al parecer sus cuitas, retrat\u00e1ndole la nada de su ser y de <em>Babilonia<\/em> misma. Lanz\u00e1base su \u00e1nimo en lo infinito, y desprendido de sus sentidos contemplaba el inmutable orden, del universo. Mas cuando luego tornando en s\u00ed, y entrando dentro de su coraz\u00f3n, pensaba en <strong>Astarte<\/strong>, muerta acaso a causa de \u00e9l, todo el universo desaparec\u00eda, y no v\u00eda mas que a la moribunda <strong>Astarte<\/strong> y al malhadado <strong>Zadig<\/strong>. Agitado de este flujo y reflujo de sublime filosof\u00eda y de acerbo duelo, caminaba hacia las fronteras de <em>Egipto<\/em>, y ya hab\u00eda llegado su fiel criado al primer pueblo, y le buscaba alojamiento. Pase\u00e1base en tanto <strong>Zadig<\/strong> por los jardines que ornaban las inmediaciones del lugar, cuando a corta distancia del camino real vio una mujer llorando, que invocaba cielos y tierra en su auxilio, y un hombre enfurecido en seguimiento suyo. Alcanz\u00e1bala ya; abrazaba ella sus rodillas, y el hombre la cargaba de golpes y denuestos. Por la sa\u00f1a del <em>Egipcio<\/em>, y los reiterados perdones que le ped\u00eda la dama, coligi\u00f3 que \u00e9l era celoso y ella infiel; pero habiendo contemplado a la mujer, que era una beldad peregrina, y que adem\u00e1s se parec\u00eda algo a la desventurada <strong>Astarte<\/strong>, se sinti\u00f3 movido de compasi\u00f3n en favor de ella, y de horror contra el <em>Egipcio<\/em>. Socorredme, exclam\u00f3 la dama a <strong>Zadig<\/strong> entre sollozos, y sacadme de poder del m\u00e1s inhumano de los mortales; libradme la vida. Oyendo estas voces, fue <strong>Zadig<\/strong> a interponerse entre ella y este cruel. Entend\u00eda algo la lengua <em>egipcia<\/em>, y le dijo en este idioma: <em>Si ten\u00e9is humanidad, ru\u00e9goos que respet\u00e9is la flaqueza y la hermosura. \u00bfC\u00f3mo agravi\u00e1is un dechado de perfecciones de la naturaleza, postrado a vuestras plantas, sin m\u00e1s defensa que sus l\u00e1grimas? Ha, ha, le dijo el hombre col\u00e9rico: \u00bfcon que tambi\u00e9n t\u00fa la quieres? pues en ti me voy a vengar<\/em>. Dichas estas razones, deja a la dama que tenia asida por los cabellos, y cogiendo la lanza va a pas\u00e1rsela por el pecho al extranjero. Este que estaba sosegado par\u00f3 con facilidad el encuentro de aquel fren\u00e9tico, agarrando la lanza por junto al hierro de que estaba armada. Forcejando uno por retirarla, y otro por quit\u00e1rsela, se hizo pedazos. Saca entonces el <em>Egipcio<\/em> su espada, \u00e1rmase <strong>Zadig<\/strong> con la suya, y se embisten uno y otro. Da aquel mil precipitados golpes; p\u00e1ralos este con ma\u00f1a: y la dama sentada sobre el c\u00e9sped los mira, y compone su vestido y su tocado. Era el <em>Egipcio<\/em> m\u00e1s forzudo que su contrario, <strong>Zadig<\/strong> era m\u00e1s ma\u00f1oso: este peleaba como un hombre que guiaba el brazo por su inteligencia, y aquel como un loco que ciego con los arrebatos de su sa\u00f1a le mov\u00eda a la aventura. Va <strong>Zadig<\/strong> a \u00e9l, le desarma; y cuando m\u00e1s enfurecido el <em>Egipcio<\/em> se quiere tirar a \u00e9l, le agarra, le aprieta entre sus brazos, le derriba por tierra, y poni\u00e9ndole la espada al pecho, le quiere dejar la vida. Desatinado el <em>Egipcio<\/em> saca un pu\u00f1al, y hiere a <strong>Zadig<\/strong>, cuando vencedor este le perdonaba; y <strong>Zadig<\/strong> indignado le pasa con su espada el coraz\u00f3n. Lanza el <em>Egipcio<\/em> un horrendo grito, y muere convulso y desesperado, Volvi\u00f3se entonces <strong>Zadig<\/strong> a la dama, y con voz rendida le dijo: <em>Me ha forzado a que le mate; ya est\u00e1is vengada, y libre del hombre mas furibundo que he visto: \u00bfqu\u00e9 quer\u00e9is, Se\u00f1ora, que haga? <\/em><em>Que mueras, infame<\/em>, replic\u00f3 ella, <em>que has quitado la vida a mi amante: \u00a1ojal\u00e1 pudiera yo despedazarte el coraz\u00f3n! <\/em><em>Por cierto, Se\u00f1ora<\/em>, respondi\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>, <em>que era raro sujeto vuestro amante; os aporreaba con todas sus fuerzas, y me quer\u00eda dar la muerte, porque me hab\u00edais suplicado que os socorriese. \u00a1Pluguiera al cielo, repuso la dama en descompasados gritos, que me estuviera aporreando todav\u00eda, que bien me lo tenia merecido, por haberle dado celos! \u00a1Pluguiera al cielo, repito, que \u00e9l me aporreara, y que estuvieras t\u00fa como \u00e9l!<\/em> M\u00e1s pasmado y m\u00e1s enojado <strong>Zadig<\/strong> que nunca en toda, su vida, le dijo: <em>Bien merecierais, puesto que sois linda, que os aporreara yo como \u00e9l hacia, tanta es vuestra locura; pero no me tomar\u00e9 ese trabajo<\/em>. Subi\u00f3 luego en su camello, y se encamin\u00f3 al pueblo. Pocos pasos hab\u00eda andado, cuando volvi\u00f3 la cara al ruido que met\u00edan cuatro correos de <em>Babilonia<\/em>, que a carrera tendida ven\u00edan. Dijo uno de ellos al ver a la mujer: <em>Esta misma es, que se parece a las se\u00f1as que nos han dado<\/em>; y sin curarse del muerto, echaron mano de la dama. Daba esta gritos a <strong>Zadig<\/strong> diciendo: <em>Socorredme, generoso extranjero; perdonadme si os he agraviado: socorredme, y soy vuestra hasta el sepulcro<\/em>. Pero a <strong>Zadig<\/strong> se le hab\u00eda pasado la man\u00eda de pelear otra vez por favorecerla. Para el tonto, respondi\u00f3, que se descare enga\u00f1ar. Adem\u00e1s estaba herido, iba perdiendo la sangre, necesitaba que le diesen socorro; y le asustaba la vista de los cuatro <em>Babilonios<\/em> despachados, seg\u00fan toda apariencia, por el <em>rey <\/em><strong>Moabdar<\/strong>. Aguij\u00f3 pues el paso hacia el lugar, no pudiendo al mar porque ven\u00edan cuatro <em>coricos<\/em> de <em>Babilonia<\/em> a prender a esta <em>Egipcia<\/em>, pero mas pasmado todav\u00eda de la condici\u00f3n de la tal dama.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302880 size-medium\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-7-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-7-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-7-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-7.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">X.\u2013 La esclavitud.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Entrando en la aldea egipcia, se vio cercado de gente que dec\u00eda a gritos: <em>Este es el robador de la hermosa <strong>Misuf<\/strong>, y el que acaba de asesinar a <strong>Cletofis<\/strong><\/em>. <em>Se\u00f1ores<\/em>, les respondi\u00f3, <em>l\u00edbreme Dios de robar en mi vida a vuestra hermosa <strong>Misuf<\/strong>, que es antojadiza en demas\u00eda; y a ese <strong>Cletofis<\/strong> no le he asesinado, sino que me he defendido de \u00e9l, porque me quer\u00eda matar, por haberle rendidamente suplicado que perdonase a la hermosa <strong>Misuf<\/strong>, a quien daba desaforados golpes. Yo soy extranjero, vengo a refugiarme en Egipto; y no es presumible que uno que viene a pedir vuestro amparo, empiece robando a una mujer y asesinando a un hombre<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Eran en aquel tiempo los <em>Egipcios<\/em> justos y humanos. Condujo la gente a <strong>Zadig<\/strong> a la casa de cabildo, donde primero le curaron la herida, y luego tomaron separadamente declaraci\u00f3n a \u00e9l y a su criado para averiguar la verdad, de la cual result\u00f3 notorio que no era asesino; pero habiendo derramado la sangre de un hombre, le condenaba la ley a ser esclavo. Vendi\u00e9ronse en beneficio del pueblo los dos camellos, y se reparti\u00f3 entre los vecinos todo el oro que tra\u00eda; \u00e9l mismo fue puesto a p\u00fablica subasta en la plaza del mercado, junto con su compa\u00f1ero de viaje, y se remat\u00f3 la venta en un mercader \u00e1rabe, llamado <strong>Setoc<\/strong>; pero como el criado era mas apto para la faena que el amo, fue vendido mucho mas caro, porque no hab\u00eda comparaci\u00f3n entre uno y otro. Fue pues esclavo <strong>Zadig<\/strong>, y subordinado a su propio criado: at\u00e1ronlos juntos con un grillete, y en este estado siguieron a su casa al mercader \u00e1rabe. En el camino consolaba <strong>Zadig<\/strong> a su criado exhort\u00e1ndole a tener paciencia, y haciendo, seg\u00fan acostumbraba, reflexiones sobre las humanas vicisitudes. <em>Bien veo que la fatalidad de mi estrella se ha comunicado a la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro giro: me han condenado a una multa por haber visto pasar una perra; ha estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado a muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he huido a u\u00f1a de caballo de la horca, porque gastaba la reina cintas amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado a su dama. Vamos, no perdamos \u00e1nimo, que acaso todo esto tendr\u00e1 fin: fuerza es que los mercaderes \u00e1rabes tengan esclavos; \u00bfy por qu\u00e9 no lo he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha de ser ning\u00fan inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien<\/em>. As\u00ed dec\u00eda, y en lo interior de su coraz\u00f3n no pensaba m\u00e1s que en el destino de la <em>reina de Babilonia<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dos d\u00edas despu\u00e9s se parti\u00f3 el mercader <strong>Setoc<\/strong> con sus esclavos y sus camellos a la <em>Arabia<\/em> desierta. Resid\u00eda su tribu en el <em>desierto de Oreb<\/em>, y era arduo y largo el camino. Durante la marcha hacia <strong>Setoc<\/strong> mucho mas aprecio del criado que del amo, y le daba mucho mejor trato porque sabia cargar mas bien los camellos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dos jornadas de <em>Oreb<\/em> muri\u00f3 un camello, y la carga se reparti\u00f3 sobre los hombros de los esclavos, cabi\u00e9ndole su parte a <strong>Zadig<\/strong>. Ech\u00f3se a re\u00edr <strong>Setoc<\/strong>, al ver que todos iban encorvados; y se tom\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> la libertad de explicarle la raz\u00f3n, ense\u00f1\u00e1ndole las leyes del equilibrio. Pasmado el mercader le empoz\u00f3 a tratar con mas miramiento; y viendo <strong>Zadig<\/strong> que hab\u00eda despertado su curiosidad, se la aument\u00f3 instruy\u00e9ndole de varias cosas que no eran ajenas de su comercio; de la gravedad espec\u00edfica de los metales y otras materias en igual volumen, de las propiedades de muchos animales \u00fatiles, y de los medios de sacar fruto de los que no lo eran: por fin, le pareci\u00f3 un sabio, y en adelante le apreci\u00f3 en mas que a su camarada que tanto hab\u00eda estimado, le dio buen trato, y le sali\u00f3 bien la cuenta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed que lleg\u00f3 <strong>Setoc<\/strong> a su tribu, reclam\u00f3 de un hebreo quinientas onzas de plata que le hab\u00eda prestado a presencia de dos testigos; pero hab\u00edan muerto ambos, y el hebreo que no pod\u00eda ser convencido, se guardaba la plata del mercader, dando gracias a Dios porque le hab\u00eda proporcionado modo de enga\u00f1ar a un \u00e1rabe. Comunic\u00f3 <strong>Setoc<\/strong> el negocio con <strong>Zadig<\/strong> de quien hab\u00eda hecho su consejero. <em>\u00bfQu\u00e9 condici\u00f3n tiene vuestro deudor?<\/em> le dijo <strong>Zadig<\/strong>. <em>La condici\u00f3n de un brib\u00f3n<\/em>, replic\u00f3 <strong>Setoc<\/strong>. <em>Lo que yo pregunto es si es vivo o flem\u00e1tico, imprudente o discreto<\/em>.<em> De cuantos malos pagadores conozco<\/em>, dijo <strong>Setoc<\/strong>, <em>es el m\u00e1s vivo<\/em>. <em>Est\u00e1 bien<\/em>, repuso <strong>Zadig<\/strong>, <em>permitidme que abogue yo en vuestra demanda ante el juez<\/em>. Con efecto cit\u00f3 al tribunal al <em>hebreo<\/em>, y habl\u00f3 al <em>juez<\/em> en estos t\u00e9rminos: <em>Almohada del trono de equidad, yo soy venido para reclamar, en nombre de mi amo, quinientas onzas de plata que prest\u00f3 a este hombre, y que no le quiere pagar<\/em>.<em> \u00bfTen\u00e9is testigos?<\/em> dijo el juez<em>. No, porque se han muerto; mas queda una ancha piedra sobre la cual se cont\u00f3 el dinero; y si gusta vuestra grandeza mandar que vayan a buscar la piedra, espero que ella dar\u00e1 testimonio de la verdad. Aqu\u00ed nos quedaremos el hebreo y yo, hasta que llegue la piedra, que enviar\u00e9 a buscar a costa de mi amo <strong>Setoc<\/strong><\/em>. <em>Me place<\/em>, dijo el <em>juez<\/em>; y pas\u00f3 a despachar otros asuntos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al fin de la audiencia dijo a <strong>Zadig<\/strong>: <em>\u00bfCon que no ha llegado esa piedra todav\u00eda?<\/em> Respondi\u00f3 el <em>hebreo<\/em> soltando la risa: <em>Aqu\u00ed se estar\u00eda vuestra grandeza hasta ma\u00f1ana, esperando la piedra, porque est\u00e1 m\u00e1s de seis millas de aqu\u00ed, y son necesarios quince hombres para menearla<\/em>. <em>Bueno<\/em><em>est\u00e1<\/em>, exclam\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>, <em>\u00bfno hab\u00eda dicho yo que la piedra dar\u00eda testimonio? una vez que sabe ese hombre donde est\u00e1, confiesa que se cont\u00f3 el dinero sobre ella<\/em>. Confuso el <em>hebreo<\/em> se vio precisado a declarar la verdad, y el <em>juez<\/em> mand\u00f3 que le pusiesen atado a la piedra, sin comer ni beber, hasta que restituyese las quinientas onzas de plata que pag\u00f3 al instante; y el esclavo <strong>Zadig<\/strong> y la piedra se granjearon mucha reputaci\u00f3n en toda la <em>Arabia<\/em>.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302881 size-medium\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-cadenas-y-necios-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-cadenas-y-necios-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-cadenas-y-necios-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Frases-de-Voltaire-cadenas-y-necios.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<article class=\"post-3308 texto type-texto status-publish hentry category-cuentos\">\n<div class=\"text-justify\">\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\">XI.\u2013 La hoguera.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Embelesado <strong>Setoc<\/strong> hizo de su esclavo su m\u00e1s \u00edntimo amigo, y no pod\u00eda vivir sin \u00e9l, como hab\u00eda sucedido al <em>rey de Babilonia<\/em>: fue la fortuna de <strong>Zadig<\/strong> que <strong>Setoc<\/strong> no era casado. Descubri\u00f3 este en su amo excelente \u00edndole, mucha rectitud y una sana raz\u00f3n, y sent\u00eda ver que adorase el <em>ej\u00e9rcito celestial<\/em>, quiero decir el sol, la luna y las estrellas, como era costumbre antigua en la <em>Arabia<\/em>; y le hablaba a veces de este culto, aunque con mucha reserva. Un d\u00eda por fin le dijo que eran unos cuerpos como los dem\u00e1s, y no m\u00e1s acreedores a su veneraci\u00f3n que un \u00e1rbol o un pe\u00f1asco. <em>S\u00ed tal<\/em>, replic\u00f3 <strong>Setoc<\/strong>, <em>que son seres eternos que nos hacen mil bienes, animan la naturaleza, arreglan las estaciones; aparte de que distan tanto de nosotros que no es posible menos de reverenciarlos<\/em>.<em> Mas provecho sac\u00e1is<\/em>, respondi\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>, <em>de las ondas del mar Rojo, que conduce vuestros g\u00e9neros a la India: \u00bfy por qu\u00e9 no ha de ser tan antiguo como las estrellas? Si ador\u00e1is lo que dista de vos, tambi\u00e9n hab\u00e9is de adorar la tierra de los Gangaridas, que est\u00e1 al cabo del mundo<\/em>. <em>No<\/em>, dec\u00eda <strong>Setoc<\/strong>; <em>mas el brillo de las estrellas es tanto, que es menester adorarlas<\/em>. Aquella noche encendi\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> muchas hachas en la tienda donde cenaba con <strong>Setoc<\/strong>; y luego que se present\u00f3 su amo, se hinc\u00f3 de rodillas ante los cirios que ard\u00edan, dici\u00e9ndoles:<em> Eternas y brillantes lumbreras, sedme propicias<\/em>. Pronunciadas estas palabras, se sent\u00f3 a la mesa sin mirar a <strong>Setoc<\/strong>. <em>\u00bfQu\u00e9 hac\u00e9is? le dijo este admirado<\/em>.<em> Lo que vos<\/em>, respondi\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>;<em> adoro esas luces, y no hago caso de su amo y m\u00edo<\/em>. <strong>Setoc<\/strong> entendi\u00f3 lo profundo del ap\u00f3logo, alberg\u00f3 en su alma la sabidur\u00eda de su esclavo, dej\u00f3 de tributar homenaje a las criaturas, y ador\u00f3 el <em>Ser eterno<\/em> que las ha formado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Reinaba entonces en la <em>Arabia<\/em> un horroroso estilo, cuyo origen venia de la <em>Escitia<\/em>, y establecido luego en las <em>Indias<\/em> a influjo de los <em>bracmanes<\/em>, amenazaba todo el Oriente. Cuando mor\u00eda un casado, y quer\u00eda ser santa su cara esposa, se quemaba p\u00fablicamente sobre el cad\u00e1ver de su marido, en una solemne fiesta, que llamaban la hoguera de la viudez; y la tribu m\u00e1s estimada era aquella en que m\u00e1s mujeres se quemaban. Muri\u00f3 un \u00e1rabe de la tribu de <strong>Setoc<\/strong>, y la viuda, por nombre <strong>Almona<\/strong>, persona muy devota, anunci\u00f3 el d\u00eda y la hora que se hab\u00eda do tirar al fuego, al son da tambores y trompetas. Represent\u00f3 <strong>Zadig<\/strong> a <strong>Setoc<\/strong> cuan opuesto era tan horrible estilo al bien del humano linaje; que cada d\u00eda dejaban quemar a viudas mozas que pod\u00edan dar hijos al estado, o criar a lo menos los que ten\u00edan; y convino <strong>Setoc<\/strong> en que era preciso hacer cuanto para abolir tan inhumano estilo fuese posible. Pero a\u00f1adi\u00f3 luego: <em>Mas de mil a\u00f1os ha que est\u00e1n las mujeres en posesi\u00f3n de quemarse vivas. \u00bfQui\u00e9n se ha de atrever a mudar una ley consagrada por el tiempo? \u00bfNi qu\u00e9 cosa hay m\u00e1s respetable que un abuso antiguo? Mas antigua es todav\u00eda la raz\u00f3n<\/em>, replic\u00f3 <strong>Zadig<\/strong>; <em>hablad vos con los caudillos de las tribus, mientras yo voy a verme con la viuda moza<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Present\u00f3se a ella; y despu\u00e9s de hacerse buen lugar encareciendo su hermosura, y de haberle dicho cuan lastimosa cosa era que tantas perfecciones fuesen pasto de las llamas, tambi\u00e9n exalt\u00f3 su constancia y su esfuerzo. <em>\u00bfTanto quer\u00edais a vuestro marido? <\/em>le dijo. <em>\u00bfQuererle? no por cierto<\/em>, respondi\u00f3 la <em>dama \u00e1rabe<\/em>: <em>si era un zafio, un celoso, hombre inaguantable; pero tongo hecho prop\u00f3sito firme de tirarme a su hoguera<\/em>.<em> Sin duda<\/em>, dijo <strong>Zadig<\/strong>, <em>que debe ser un gusto exquisito esto de quemarse viva<\/em>.<em> Ha, la naturaleza se estremece<\/em>, dijo la dama, <em>pero no tiene remedio. Soy devota, y perder\u00eda la reputaci\u00f3n que por tal he granjeado, y todos se reir\u00edan de m\u00ed si no me quemara<\/em>. Habi\u00e9ndola hecho confesar <strong>Zadig<\/strong> que se quemaba por el que dir\u00e1n y por mera vanidad, convers\u00f3 largo rato con ella, de modo que le inspir\u00f3 alg\u00fan apego a la vida, y cierta buena voluntad a quien con ella razonaba, <em>\u00bfQu\u00e9 hicierais, le dijo en fin, si no estuvierais pose\u00edda de la vanidad de quemaros? Ha,<\/em> dijo la dama, <em>creo que os brindar\u00eda con mi mano<\/em>. Lleno <strong>Zadig<\/strong> de la idea de <strong>Astarte<\/strong>, no respondi\u00f3 a esta declaraci\u00f3n, pero fue al punto a ver a los caudillos de las tribus, y les cont\u00f3 lo sucedido, aconsej\u00e1ndoles que promulgaran una ley por la cual no seria permitido a ninguna viuda quemarse antes de haber hablado a solas con un mancebo por espacio de una hora entera; y desde entonces ninguna dama se quem\u00f3 en toda <em>Arabia<\/em>, debi\u00e9ndose as\u00ed a <strong>Zadig<\/strong> la obligaci\u00f3n de ver abolido en solo un d\u00eda estilo tan cruel, que reinaba tantos siglos hab\u00eda: por donde merece ser nombrado <em>el bienhechor de la<\/em> <em>Arabia<\/em>.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302865\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Voltaire-2-300x135.jpg\" alt=\"\" width=\"555\" height=\"250\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Voltaire-2-300x135.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Voltaire-2-768x346.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/Voltaire-2.jpg 1000w\" sizes=\"auto, (max-width: 555px) 100vw, 555px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">FIN DE LA PRIMERA PARTE<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2024\/11\/10\/zadig-o-el-destino-por-voltaire-parte-2\/\"><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">\u00abZadig o el destino\u00bb, por Voltaire (y Parte 2)<\/span><\/strong><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2024\/11\/10\/zadig-o-el-destino-por-voltaire-parte-2\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2302874\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-triple-1-1-300x169.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"270\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-triple-1-1-300x169.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/voltaire-triple-1-1.jpg 678w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"9528\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Zadig o el destino \u00a0 ZADIG O EL DESTINO Historia oriental Ofr\u00e9zcote la versi\u00f3n de un libro de un sabio de la antig\u00fcedad, que siendo tan feliz que nada tenia que hacer, goz\u00f3 la dicha <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2024\/11\/03\/zadig-voltaire\/\" title=\"\u00abZadig o el destino\u00bb, por Voltaire (Parte 1)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":2298474,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[106],"class_list":{"0":"post-2296826","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-filosofia","8":"tag-voltaire"},"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2296826","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2296826"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2296826\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2298474"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2296826"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2296826"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2296826"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}