{"id":2296719,"date":"2024-04-15T00:05:33","date_gmt":"2024-04-14T22:05:33","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2296719"},"modified":"2024-04-14T22:31:05","modified_gmt":"2024-04-14T20:31:05","slug":"el-alquimista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2024\/04\/15\/el-alquimista\/","title":{"rendered":"EL ALQUIMISTA, por Howard Phillips Lovecraft"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\">EL ALQUIMISTA<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/H._P._Lovecraft\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">H. P. Lovecraft<\/a> <\/span><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_alquimista_(relato)\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296723\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-300x203.jpg\" alt=\"\" width=\"440\" height=\"298\" data-id=\"2296723\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-300x203.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-1024x694.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-768x520.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-1536x1040.jpg 1536w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-2048x1387.jpg 2048w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-2-1320x894.jpg 1320w\" sizes=\"auto, (max-width: 440px) 100vw, 440px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">All\u00e1 en lo alto, coronando la herbosa cima un mont\u00edculo escarpado, de falda cubierta por los \u00e1rboles nudosos de la selva primordial, se levanta la vieja mansi\u00f3n de mis antepasados. Durante siglos sus almenas han contemplado ce\u00f1udas el salvaje y accidentado terreno circundante, sirviendo de hogar y fortaleza para la casa altanera cuyo honrado linaje es m\u00e1s viejo a\u00fan que los muros cubiertos de musgo del castillo. Sus antiguos torreones, castigados durante generaciones por las tormentas, demolidos por el lento pero implacable paso del tiempo, formaban en la \u00e9poca feudal una de las m\u00e1s temidas y formidables fortalezas de toda Francia. Desde las aspilleras de sus parapetos y desde sus escarpadas almenas, muchos barones, condes y aun reyes han sido desafiados, sin que nunca resonara en sus espaciosos salones el paso del invasor. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero todo ha cambiado desde aquellos gloriosos a\u00f1os. Una pobreza rayana en la indigencia, unida a la altaner\u00eda que impide aliviarla mediante el ejercicio del comercio, ha negado a los v\u00e1stagos del linaje la oportunidad de mantener sus posesiones en su primitivo esplendor; y las derruidas piedras de los muros, la maleza que invade los patios, el foso seco y polvoriento, as\u00ed como las baldosas sueltas, las tablazones comidas de gusanos y los deslucidos tapices del interior, todo narra un melanc\u00f3lico cuento de perdidas grandezas. Con el paso de las edades, primero una, luego otra, las cuatro torres fueron derrumb\u00e1ndose, hasta que tan s\u00f3lo una sirvi\u00f3 de cobijo a los tristemente menguados descendientes de los otrora poderosos se\u00f1ores del lugar. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fue en una de las vasta y l\u00f3bregas estancias de esa torre que a\u00fan segu\u00eda en pie donde yo, <strong>Antoine<\/strong>, el \u00faltimo de los desdichados y maldecidos <em>condes de C.<\/em>, vine al mundo, hace diecinueve a\u00f1os. Entre esos muros, y entre las oscuras y sombr\u00edas frondas, los salvajes barrancos y las grutas de la ladera, pasaron los primeros a\u00f1os de mi atormentada vida. Nunca conoc\u00ed a mis progenitores. Mi padre muri\u00f3 a la edad de treinta y dos, un mes despu\u00e9s de mi nacimiento, alcanzado por una piedra de uno de los abandonados parapetos del castillo; y, habiendo fallecido mi madre al darme a luz, mi cuidado y educaci\u00f3n corrieron a cargo del \u00fanico servidor que nos quedaba, un hombre anciano y fiel de notable inteligencia, que recuerdo que se llamaba <strong>Pierre<\/strong>. Yo no era m\u00e1s que un chiquillo, y la carencia de compa\u00f1\u00eda que eso acarreaba se ve\u00eda aumentada por el extra\u00f1o cuidado que mi a\u00f1oso guardi\u00e1n se tomaba para privarme del trato de los muchachos campesinos, aquellos cuyas moradas se desperdigaban por los llanos circundantes en la base de la colina. Por entonces, <strong>Pierre<\/strong> me hab\u00eda dicho que tal restricci\u00f3n era debida a que mi nacimiento noble me colocaba por encima del trato con aquellos plebeyos compa\u00f1eros. Ahora s\u00e9 que su verdadera intenci\u00f3n era ahorrarme los vagos rumores que corr\u00edan acerca de la espantosa maldici\u00f3n que aflig\u00eda a mi linaje, cosas que se contaban en la noche y eran magnificadas por los sencillos aldeanos seg\u00fan hablaban en voz baja al resplandor del hogar en sus chozas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296734\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Alquimia-torreon-300x204.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"272\" data-id=\"2296734\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Alquimia-torreon-300x204.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/Alquimia-torreon.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aislado de esa manera, librado a mis propios recursos, ocupaba mis horas de infancia en hojear los viejos tomos que llenaban la biblioteca del castillo, colmada de sombras, y en vagar sin ton ni son por el perpetuo crep\u00fasculo del espectral bosque que cubr\u00eda la falda de la colina. Fue quiz\u00e1s merced a tales contornos el que mi mente adquiriera pronto tintes de melancol\u00eda. Esos estudios y temas que tocaban lo oscuro y lo oculto de la naturaleza eran lo que m\u00e1s llamaban mi atenci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Poco fue lo que me permitieron saber de mi propia ascendencia, y lo poco que supe me sum\u00eda en hondas depresiones. Quiz\u00e1s, al principio, fue s\u00f3lo la clara renuencia mostrada por mi viejo preceptor a la hora de hablarme de mi l\u00ednea paterna lo que provoc\u00f3 la aparici\u00f3n de ese terror que yo sent\u00eda cada vez que se mentaba a mi gran linaje, aunque al abandonar la infancia consegu\u00ed fragmentos inconexos de conversaci\u00f3n, dejados escapar involuntariamente por una lengua que ya iba traicion\u00e1ndolo con la llegada de la senilidad, y que ten\u00edan alguna relaci\u00f3n con un particular acontecimiento que yo siempre hab\u00eda considerado extra\u00f1o, y que ahora empezaba a volverse turbiamente terrible. A lo que me refiero es a la temprana edad en la que los condes de mi linaje encontraban la muerte. Aunque hasta ese momento hab\u00eda considerado un atributo de familia el que los hombres fueran de corta vida, m\u00e1s tarde reflexion\u00e9 en profundidad sobre aquellas muertes prematuras, y comenc\u00e9 a relacionarlas con los desvar\u00edos del anciano, que a menudo mencionaba una maldici\u00f3n que durante siglos hab\u00eda impedido que las vidas de los portadores del t\u00edtulo sobrepasasen la barrera de los treinta y dos a\u00f1os. En mi vig\u00e9simo segundo cumplea\u00f1os, el a\u00f1oso <strong>Pierre<\/strong> me entreg\u00f3 un documento familiar que, seg\u00fan dec\u00eda, hab\u00eda pasado de padre a hijo durante muchas generaciones y hab\u00eda sido continuado por cada poseedor. Su contenido era de lo m\u00e1s inquietante, y una lectura pormenorizada confirm\u00f3 la gravedad de mis temores. En ese tiempo, mi creencia en lo sobrenatural era firme y arraigada, de lo contrario hubiera hecho a un lado con desprecio el incre\u00edble relato que ten\u00eda ante los ojos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El papel me hizo retroceder a los tiempos del <em>siglo XIII<\/em>, cuando el viejo castillo en el que me hallaba era una fortaleza temida e inexpugnable. En \u00e9l se hablaba de cierto anciano que una vez vivi\u00f3 en nuestras posesiones, alguien de no pocos talentos, aunque su rango apenas rebasaba el de campesino; era de nombre <strong>Michel<\/strong>, de usual sobrenombre <strong>Mauvais<\/strong>, el malhadado, debido a su siniestra reputaci\u00f3n. A pesar de su clase, hab\u00eda estudiado, buscando cosas tales como la piedra filosofal y el elixir de la eterna juventud, y ten\u00eda fama de ducho en los terribles arcanos de la magia negra y la alquimia. <strong>Michel Mauvais<\/strong> ten\u00eda un hijo llamado <strong>Charles<\/strong>, un mozo tan avezado como \u00e9l mismo en las artes ocultas, habiendo sido por ello apodado <em><strong>Le Sorcier<\/strong><\/em>, <em>el brujo<\/em>. Ambos, evitados por las gentes de bien, eran sospechosos de las pr\u00e1cticas m\u00e1s odiosas. El viejo <strong>Michel<\/strong> era acusado de haber quemado viva a su esposa, a modo de sacrificio al diablo, y, en lo tocante a las incontables desapariciones de hijos peque\u00f1os de campesinos, se tend\u00eda a se\u00f1alar su puerta. Pero, a trav\u00e9s de las oscuras naturalezas de padre e hijo brillaba un rayo de humanidad y redenci\u00f3n; el malvado viejo quer\u00eda a su reto\u00f1o con fiera intensidad, mientras que el mozo sent\u00eda por su padre una devoci\u00f3n m\u00e1s que filial.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296731\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" data-id=\"2296731\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-1024x1024.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-768x768.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3-1320x1320.jpg 1320w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-3.jpg 1400w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Una noche el castillo de la colina se encontr\u00f3 sumido en la m\u00e1s tremenda de las confusiones por la desaparici\u00f3n del joven <strong>Godfrey<\/strong>, hijo del conde <strong>Henri<\/strong>. Un grupo de b\u00fasqueda, encabezado por el fren\u00e9tico padre, invadi\u00f3 la <em>choza de los brujos<\/em>, hallando al viejo <strong>Michel Mauvais<\/strong> mientras trasteaba en un inmenso caldero que bull\u00eda violentamente. Sin m\u00e1s demora, llevado de furia y desesperaci\u00f3n desbocadas, el conde puso sus manos sobre el anciano mago y, al aflojar su abrazo mortal, la v\u00edctima ya hab\u00eda expirado. Entretanto, los alegres criados proclamaban el descubrimiento del joven Godfrey en una estancia lejana y abandonada del edificio, anunci\u00e1ndolo muy tarde, ya que el pobre Michel hab\u00eda sido muerto en vano. Al dejar el conde y sus amigos la m\u00edsera caba\u00f1a del <strong><em>alquimista<\/em><\/strong>, la figura de <strong>Charles Le Sorcier<\/strong> hizo acto de presencia bajo los \u00e1rboles. La charla excitada de los dom\u00e9sticos m\u00e1s pr\u00f3ximos le revel\u00f3 lo sucedido, aunque pareci\u00f3 indiferente en un principio al destino de su padre. Luego, yendo lentamente al encuentro del conde, pronunci\u00f3 con voz apagada pero terrible la maldici\u00f3n que, en adelante, afligir\u00eda a la <em>casa de C<\/em>. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>Nunca sea que un noble de tu estirpe homicida <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Viva para alcanzar mayor edad de la que ahora posees<\/em>\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">proclam\u00f3 cuando, repentinamente, saltando hacia atr\u00e1s al negro bosque, sac\u00f3 de su t\u00fanica una redoma de l\u00edquido incoloro que arroj\u00f3 al rostro del asesino de su padre, desapareciendo al amparo de la negra cortina de la noche. El <em>conde<\/em> muri\u00f3 sin decir palabra y fue sepultado al d\u00eda siguiente, con apenas treinta y dos a\u00f1os. Nunca descubrieron rastro del asesino, aunque implacables bandas de campesinos batieron las frondas cercanas y las praderas que rodeaban la colina. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El tiempo y la falta de recordatorios aminoraron la idea de la maldici\u00f3n de la mente de la familia del <em>conde<\/em> muerto; as\u00ed que cuando <strong>Godfrey<\/strong>, causante inocente de toda la tragedia y ahora portador de un t\u00edtulo, muri\u00f3 traspasado por una flecha en el transcurso de una cacer\u00eda, a la edad de treinta y dos a\u00f1os, no hubo otro pensamiento que el de pesar por su deceso. Pero cuando, a\u00f1os despu\u00e9s, el nuevo joven conde, de nombre <strong>Robert<\/strong>, fue encontrado muerto en un campo cercano y sin mediar causa aparente, los campesinos dieron en murmurar acerca de que su amo apenas sobrepasaba los treinta y dos cumplea\u00f1os cuando fue sorprendido por su temprana muerte. <strong>Louis<\/strong>, hijo de <strong>Robert<\/strong>, fue descubierto ahogado en el foso a la misma fat\u00eddica edad, y, desde ah\u00ed, la cr\u00f3nica ominosa recorr\u00eda los siglos: <strong>Henris<\/strong>, <strong>Roberts<\/strong>, <strong>Antoines<\/strong> y <strong>Armands<\/strong> privados de vidas felices y virtuosas cuando apenas rebasaban la edad que tuviera su infortunado antepasado al morir. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Seg\u00fan lo le\u00eddo, parec\u00eda cierto que no me quedaban sino once a\u00f1os. Mi vida, tenida hasta entonces en tan poco, se me hizo ahora m\u00e1s preciosa a cada d\u00eda que pasaba, y me fui progresivamente sumergiendo en los misterios del oculto mundo de la magia negra. Solitario como era, la ciencia moderna no me hab\u00eda perturbado y trabajaba como en la <em>Edad Media<\/em>, tan empe\u00f1ado como estuvieran el viejo <strong>Michel<\/strong> y el joven <strong>Charles<\/strong> en la adquisici\u00f3n de saber demonol\u00f3gico y alqu\u00edmico. Aunque le\u00eda cuanto ca\u00eda en mis manos, no encontraba explicaci\u00f3n para la extra\u00f1a maldici\u00f3n que aflig\u00eda a mi familia. En los pocos momentos de pensamiento racional, pod\u00eda llegar tan lejos como para buscar alguna explicaci\u00f3n natural, atribuyendo las tempranas muertes de mis antepasados al siniestro <strong>Charles Le Sorcier<\/strong> y sus herederos; pero descubriendo tras minuciosas investigaciones que no hab\u00eda descendientes conocidos del alquimista, me volv\u00ed nuevamente a los estudios ocultos y de nuevo me esforc\u00e9 en encontrar un hechizo capaz de liberar a mi estirpe de esa terrible carga. En algo estaba plenamente resuelto. No me casar\u00eda jam\u00e1s, y, ya que las ramas restantes de la familia se hab\u00edan extinguido, pondr\u00eda fin conmigo a la maldici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296733\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-lovecraft-eli-carmona-300x204.jpg\" alt=\"\" width=\"440\" height=\"299\" data-id=\"2296733\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-lovecraft-eli-carmona-300x204.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-lovecraft-eli-carmona.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 440px) 100vw, 440px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando yo frisaba los treinta, el viejo <strong>Pierre<\/strong> fue reclamado por el otro mundo. Lo enterr\u00e9 sin ayuda bajo las piedras del patio por el que tanto gustara de deambular en vida. As\u00ed qued\u00e9 para meditar en soledad, siendo el \u00fanico ser humano de la gran fortaleza, y en el total aislamiento mi mente fue dejando de rebelarse contra la maldici\u00f3n que se avecinaba para casi llegar a acariciar ese destino con el que se hab\u00edan encontrado tantos de mis antepasados. Pasaba mucho tiempo explorando las torres y los salones ruinosos y abandonados del viejo castillo, que el temor juvenil me hab\u00eda llevado a rehuir y que, al decir del viejo <strong>Pierre<\/strong>, no hab\u00edan sido hollados por ser humano durante casi cuatro siglos. Muchos de los objetos hallados resultaban extra\u00f1os y espantosos. Mis ojos descubrieron muebles cubiertos por polvo de siglos, desmoron\u00e1ndose en la putridez de largas exposiciones a la humedad. Telara\u00f1as en una profusi\u00f3n nunca antes vista brotaban por doquier, e inmensos murci\u00e9lagos agitaban sus alas huesudas e inmensas por todos lados en las, por otra parte, vac\u00edas tinieblas. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Guardaba el c\u00e1lculo m\u00e1s cuidadoso de mi edad exacta, aun de los d\u00edas y horas, ya que cada oscilaci\u00f3n del p\u00e9ndulo del gran reloj de la biblioteca desgranaba una pizca m\u00e1s de mi condenada existencia. Al final estuve cerca del momento tanto tiempo contemplado con aprensi\u00f3n. Dado que la mayor\u00eda de mis antepasados fueron abatidos poco despu\u00e9s de llegar a la edad exacta que ten\u00eda el <em>conde<\/em> <strong>Henri<\/strong> al morir, yo aguardaba en cualquier instante la llegada de una muerte desconocida. En qu\u00e9 extra\u00f1a forma me alcanzar\u00eda la maldici\u00f3n, eso no sab\u00eda decirlo; pero estaba decidido a que, al menos, no me encontrara atemorizado o pasivo. Con renovado vigor, me apliqu\u00e9 al examen del viejo castillo y cuanto conten\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296732\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-dibujo-alquimia-300x233.jpg\" alt=\"\" width=\"330\" height=\"257\" data-id=\"2296732\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-dibujo-alquimia-300x233.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-dibujo-alquimia.jpg 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 330px) 100vw, 330px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El suceso culminante de mi vida tuvo lugar durante una de mis exploraciones m\u00e1s largas en la parte abandonada del castillo, a menos de una semana de la fat\u00eddica hora que yo sab\u00eda hab\u00eda de marcar el l\u00edmite final a mi estancia en la tierra, m\u00e1s all\u00e1 de la cual yo no ten\u00eda siquiera atisbos de esperanza de conservar el h\u00e1lito. Hab\u00eda empleado la mejor parte de la ma\u00f1ana yendo arriba y abajo por las escaleras medio en ruinas, en uno de los m\u00e1s castigados de los antiguos torreones. En el transcurso de la tarde me dediqu\u00e9 a los niveles inferiores, bajando a lo que parec\u00eda ser un calabozo medieval o quiz\u00e1s un polvor\u00edn subterr\u00e1neo, m\u00e1s bajo. Mientras deambulaba lentamente por los pasadizos llenos de incrustaciones al pie de la \u00faltima escalera, el suelo se torn\u00f3 sumamente h\u00famedo y pronto, a la luz de mi tr\u00e9mula antorcha, descubr\u00ed que un muro s\u00f3lido, manchado por el agua, imped\u00eda mi avance. Gir\u00e1ndome para volver sobre mis pasos, fui a poner los ojos sobre una peque\u00f1a trampilla con anillo, directamente bajo mis pies. Deteni\u00e9ndome, logr\u00e9 alzarla con dificultad, descubriendo una negra abertura de la que brotaban t\u00f3xicas humaredas que hicieron chisporrotear mi antorcha, a cuyo titubeante resplandor vislumbr\u00e9 una escalera de piedra. Tan pronto como la antorcha, que yo hab\u00eda abatido hacia las repelentes profundidades, ardi\u00f3 libre y firmemente, emprend\u00ed el descenso. Los pelda\u00f1os eran muchos y llevaban a un angosto pasadizo de piedra que supuse muy por debajo del nivel del suelo. Este t\u00fanel result\u00f3 de gran longitud y finalizaba en una masiva puerta de roble, rezumante con la humedad del lugar, que resisti\u00f3 firmemente cualquier intento m\u00edo de abrirla. Cesando tras un tiempo en mis esfuerzos, me hab\u00eda vuelto un trecho hacia la escalera, cuando sufr\u00ed de repente una de las impresiones m\u00e1s profundas y enloquecedoras que pueda concebir la mente humana. Sin previo aviso, escuch\u00e9 crujir la pesada puerta a mis espaldas, girando lentamente sobre sus oxidados goznes. Mis inmediatas sensaciones no son susceptibles de an\u00e1lisis. Encontrarme en un lugar tan completamente abandonado como yo cre\u00eda que era el viejo castillo, ante la prueba de la existencia de un hombre o un esp\u00edritu, provoc\u00f3 a mi mente un horror de lo m\u00e1s agudo que pueda imaginarse. Cuando al fin me volv\u00ed y encar\u00e9 la fuente del sonido, mis ojos debieron desorbitarse ante lo que ve\u00edan. En un antiguo marco g\u00f3tico se encontraba una figura humana. Era un hombre vestido con un casquete y una larga t\u00fanica medieval de color oscuro. Sus largos cabellos y frondosa barba eran de un negro intenso y terrible, de incre\u00edble profusi\u00f3n. Su frente, m\u00e1s alta de lo normal; sus mejillas, consumidas, llenas de arrugas; y sus manos largas, semejantes a garras y nudosas, eran de una mortal y marm\u00f3rea blancura como nunca antes viera en un hombre. Su figura, enjuta hasta asemejarla a un esqueleto, estaba extra\u00f1amente cargada de hombros y casi perdida dentro de los voluminosos pliegues de su peculiar vestimenta. Pero lo m\u00e1s extra\u00f1o de todo eran sus ojos, cavernas gemelas de negrura abisal, profundas en saber, pero inhumanas en su maldad. Ahora se clavaban en m\u00ed, lacerando mi alma con su odio, manteni\u00e9ndome sujeto al sitio. Pon fin, la figura habl\u00f3 con una voz retumbante que me hizo estremecer debido a su honda impiedad e impl\u00edcita malevolencia. El lenguaje empleado en su discurso era el decadente lat\u00edn usado por los menos eruditos durante la <em>Edad Media<\/em>, y pude entenderlo gracias a mis prolongadas investigaciones en los tratados de los viejos <em>alquimistas<\/em> y <em>demon\u00f3logos<\/em>. Esa aparici\u00f3n hablaba de la maldici\u00f3n suspendida sobre mi casa, anunciando mi pr\u00f3ximo fin, e hizo hincapi\u00e9 en el crimen cometido por mi antepasado contra el viejo <strong>Michel Mauvais<\/strong>, recre\u00e1ndose en la venganza de <strong>Charles le Sorcier<\/strong>. Relat\u00f3 c\u00f3mo el joven <strong>Charles<\/strong> hab\u00eda escapado al amparo de la noche, volviendo al cabo de los a\u00f1os para matar al heredero <strong>Godfrey<\/strong> con una flecha, en la \u00e9poca en que \u00e9ste alcanz\u00f3 la edad que tuviera su padre al ser asesinado; c\u00f3mo hab\u00eda vuelto en secreto al lugar, estableci\u00e9ndose ignorado en la abandonada estancia subterr\u00e1nea, la misma en cuyo umbral se recortaba ahora el odioso narrador. C\u00f3mo hab\u00eda apresado a <strong>Robert<\/strong>, hijo de <strong>Godfrey<\/strong>, en un campo, forz\u00e1ndolo a ingerir veneno y dej\u00e1ndolo morir a la edad de treinta y dos, manteniendo as\u00ed la loca profec\u00eda de su vengativa maldici\u00f3n. Entonces me dej\u00f3 imaginar cu\u00e1l era la soluci\u00f3n de la mayor de las inc\u00f3gnitas: c\u00f3mo la maldici\u00f3n hab\u00eda continuado desde el momento en que, seg\u00fan las leyes de la naturaleza, <strong>Charles le Sorcier<\/strong> hubiera debido morir, ya que el hombre se perdi\u00f3 en digresiones, habl\u00e1ndome sobre los profundos estudios de alquimia de los dos magos, padre e hijo, y explay\u00e1ndose sobre la b\u00fasqueda de <strong>Charles le Sorcier<\/strong> del <strong><em>elixir<\/em><\/strong> que podr\u00eda garantizarle el goce de vida y juventud eternas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2296735\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-Alquimista-de-lovecraft-7.png\" alt=\"\" width=\"261\" height=\"301\" data-id=\"2296735\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por un instante su entusiasmo pareci\u00f3 desplazar de aquellos ojos terribles el odio mostrado en un principio, pero bruscamente volvi\u00f3 el diab\u00f3lico resplandor y, con un estremecedor sonido que recordaba el siseo de una serpiente, alz\u00f3 una redoma de cristal con evidente intenci\u00f3n de acabar con mi vida, tal como hiciera <strong>Charles le Sorcier<\/strong> seiscientos a\u00f1os antes con mi antepasado. Llevado por alg\u00fan protector instinto de autodefensa, luch\u00e9 contra el encanto que me hab\u00eda tenido inm\u00f3vil hasta ese momento, y arroj\u00e9 mi antorcha, ahora moribunda, contra el ser que amenazaba mi vida. Escuch\u00e9 c\u00f3mo la ampolla se romp\u00eda de forma inocua contra las piedras del pasadizo mientras la t\u00fanica del extra\u00f1o personaje se incendiaba, alumbrando la horrible escena con un resplandor fantasmal. El grito de espanto y de maldad impotente que lanz\u00f3 el frustrado asesino result\u00f3 demasiado para mis nervios, ya estremecidos, y ca\u00ed desmayado al suelo fangoso. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando por fin recobr\u00e9 el conocimiento, todo estaba espantosamente a oscuras y, recordando lo ocurrido, tembl\u00e9 ante la idea de tener que soportar a\u00fan m\u00e1s; pero fue la curiosidad lo que acab\u00f3 imponi\u00e9ndose. \u00bfQui\u00e9n, me preguntaba, era este malvado personaje, y c\u00f3mo hab\u00eda llegado al interior del castillo? \u00bfPor qu\u00e9 pod\u00eda querer vengar la muerte del pobre <strong>Michel Mauvais<\/strong> y c\u00f3mo se hab\u00eda transmitido la maldici\u00f3n durante el gran n\u00famero de siglos pasados desde la \u00e9poca de <strong>Charles le Sorcier<\/strong>? El peso del espanto, sufrido durante a\u00f1os, desapareci\u00f3 de mis hombros, ya que sab\u00eda que aquel a quien hab\u00eda abatido era lo que hac\u00eda peligrosa la maldici\u00f3n, y, vi\u00e9ndome ahora libre, ard\u00eda en deseos de saber m\u00e1s del ser siniestro que hab\u00eda perseguido durante siglos a mi linaje, y que hab\u00eda convertido mi propia juventud en una interminable pesadilla. Dispuesto a seguir explorando, me tante\u00e9 los bolsillos en busca de eslab\u00f3n y pedernal, y encend\u00ed la antorcha de repuesto. Enseguida, la luz renacida revel\u00f3 el cuerpo retorcido y achicharrado del misterioso extra\u00f1o. Esos ojos espantosos estaban ahora cerrados. Desasosegado por la visi\u00f3n, me gir\u00e9 y acced\u00ed a la estancia que hab\u00eda al otro lado de la puerta g\u00f3tica. All\u00ed encontr\u00e9 lo que parec\u00eda ser el <em>laboratorio de un alquimista<\/em>. En una esquina se encontraba una inmensa pila de reluciente metal amarillo que centelleaba de forma portentosa a la luz de la antorcha. Deb\u00eda de tratarse de oro, pero no me detuve a cerciorarme, ya que estaba afectado de forma extra\u00f1a por la experiencia sufrida. Al fondo de la estancia hab\u00eda una abertura que conduc\u00eda a uno de los muchos barrancos abiertos en la oscura ladera boscosa. Lleno de asombro, aunque sabedor ahora de c\u00f3mo hab\u00eda logrado ese hombre llegar al castillo, me volv\u00ed. Intent\u00e9 pasar con el rostro vuelto junto a los restos de aquel extra\u00f1o, pero, al acercarme, cre\u00ed o\u00edrle exhalar d\u00e9biles sonidos, como si la vida no hubiera escapado por completo de \u00e9l. Horrorizado, me inclin\u00e9 para examinar la figura acurrucada y abrasada del suelo. Entonces esos horribles ojos, mas oscuros que la cara quemada donde se albergaban, se abrieron para mostrar una expresi\u00f3n imposible de identificar. Los labios agrietados intentaron articular palabras que yo no acababa de entender. Una vez capt\u00e9 el nombre de <strong>Charles le Sorcier<\/strong> y en otra ocasi\u00f3n pens\u00e9 que las palabras \u00ab<em>a\u00f1os<\/em>\u00bb y \u00ab<em>maldici\u00f3n<\/em>\u00bb brotaban de esa boca retorcida. A pesar de todo, no fui capaz de encontrar un significado a su habla entrecortada. Ante mi evidente ignorancia, los ojos como pozos relampaguearon una vez m\u00e1s mal\u00e9volamente en mi contra, hasta el punto de que, inerme como ve\u00eda a mi enemigo, me sent\u00ed estremecer al observarlo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">S\u00fabitamente, aquel miserable, animado por un \u00faltimo rescoldo de energ\u00eda, alz\u00f3 su espantosa cabeza del suelo h\u00famedo y hundido. Entonces, recuerdo que, estando yo paralizado por el miedo, recuper\u00f3 la voz y con aliento agonizante vocifer\u00f3 las palabras que en adelante habr\u00edan de perseguirme durante todos los d\u00edas y las noches de mi vida. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8211; <em>\u00a1Necio!<\/em> -gritaba-.<em> \u00bfNo puedes adivinar mi secreto? \u00bfNo tienes bastante cerebro como para reconocer la voluntad que durante seis largos siglos ha perpetuado la espantosa maldici\u00f3n sobre los tuyos? \u00bfNo te he hablado del gran <strong>elixir de la eterna juventud<\/strong>? \u00bfNo sabes qui\u00e9n desvel\u00f3 el secreto de la alquimia? \u00a1Pues fui yo! \u00a1Yo! \u00a1Yo! \u00a1Yo que he vivido durante seiscientos a\u00f1os para perpetuar mi venganza, PORQUE YO SOY <strong>CHARLES LE SORCIER<\/strong>!\u00a0<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2296722 size-medium\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-300x300.jpg\" alt=\"El alquimista\" width=\"300\" height=\"300\" data-id=\"2296722\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2024\/04\/El-alquimista-de-lovecraft.jpg 403w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528 smush-detected-img smush-image-2\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr%C3%ADtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>&nbsp; EL ALQUIMISTA H. 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