{"id":2273371,"date":"2023-05-16T00:05:39","date_gmt":"2023-05-15T22:05:39","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2273371"},"modified":"2025-05-30T12:33:32","modified_gmt":"2025-05-30T10:33:32","slug":"la-codicia-montaigne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/05\/16\/la-codicia-montaigne\/","title":{"rendered":"LA CODICIA: \u00abComo el sentimiento de los bienes y los males depende en gran parte de la idea que de ellos nos formamos\u00bb, por Michel de Montaigne"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">LA CODICIA<\/span><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<h2 style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><span style=\"font-size: 24pt;\">De la codicia de la gloria<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Michael de Montaigne (<a href=\"https:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra-visor\/ensayos-de-montaigne--0\/html\/fefb17e2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_160.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ensayo XLI<\/a>)<\/span><\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2022\/04\/20\/cobardia-madre-de-crueldad\/\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-27113\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-principal-300x199.jpg\" alt=\"LA CODICIA - Montaigne\" width=\"440\" height=\"292\" data-id=\"27113\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-principal-300x199.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-principal-678x452.jpg 678w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-principal.jpg 680w\" sizes=\"auto, (max-width: 440px) 100vw, 440px\" \/><\/span><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De todos los ensue\u00f1os de este mundo ninguno hay m\u00e1s universalmente aceptado y extendido que la ceguedad del renombre y de la gloria, la cual nos domina con tal imperio, que a ella sacrificamos las riquezas, el sosiego, la vida y la salud, que son bienes efectivos y tangibles, para ir en pos de aquella vana imagen enga\u00f1adora, que es voz sin cuerpo ni figura:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"it\" style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\" xml:lang=\"it\">La fama, che invaghisce a un dolce suono<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"it\" style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\" xml:lang=\"it\">voi superbi mortali, e par si bella,<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"it\" style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\" xml:lang=\"it\">e un eco, un sogno, anzi del sogno un&#8217;ombra<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"it\" style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\" xml:lang=\"it\">ch&#8217;ad ogni vento si dilegua o agombra.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<em><strong><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">La fama, cuya dulce voz trastorna a los soberbios mortales y que les parece tan encantadora, no es sino un eco, un sue\u00f1o, o m\u00e1s bien la sombra de un sue\u00f1o que se desvanece y disipa en un momento. TASSO, Jerusal\u00e9n, canto XVI, estancia 63. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De cuantos sentimientos irrazonables el hombre alimenta, dir\u00edase que hasta los mismos fil\u00f3sofos se libran m\u00e1s tarde y con mayor dificultad de esta quimera que de ninguna otra, por ser la m\u00e1s tenaz y persistente: <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">quia etiam bene proficientes animos tentare non cessat<\/span><\/em>. Ninguna ilusi\u00f3n existe de que la raz\u00f3n acuse tan claramente la vanidad, pero \u00e9sta reside en nosotros de manera tan viva y arraigada, que ignoro si jam\u00e1s hombre alguno ha sido capaz de desembarazarse de ella por completo. Despu\u00e9s de haberlo dicho todo; despu\u00e9s de haberlo todo imaginado para combatirla, todav\u00eda produce en nuestra alma una inclinaci\u00f3n tan intensa y avasalladora, que deja pocas probabilidades de vencerla; pues como Cicer\u00f3n afirma, hasta los mismos que la combaten quieren que los libros que componen con tal designio lleven su nombre, pretenden conquistarla por haberla desde\u00f1ado. Todas las dem\u00e1s cosas de la vida se comunican de buen grado, mas de la gloria nos encontramos avaros; prestamos nuestros bienes, sacrificamos nuestra vida a las necesidades de nuestros amigos; pero hacer jam\u00e1s a otro presente del propio honor y gloria, es caso peregrino e inaudito.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la guerra contra los cimbrios\u00a0hizo Catulo Luctacio cuantos esfuerzos estuvieron en su mano por detener a sus soldados que hu\u00edan ante el enemigo, y se coloc\u00f3 entre ellos, simulando la cobard\u00eda y el miedo, a fin de que su ej\u00e9rcito pareciese m\u00e1s bien seguirle, que escapar ante los adversarios. Por ocultar la deshonra ajena perd\u00eda la propia reputaci\u00f3n. Citando Carlos V pas\u00f3 a Provenza, en el a\u00f1o 1537, aseg\u00farase que Antonio de Leyva, viendo al emperador decidido a emprender la expedici\u00f3n, que consideraba de sumo provecho para su gloria, fue de parecer, sin embargo, aparentemente que el monarca no la hiciera, y trat\u00f3 de disuadirle con objeto de que todo el honor y la gloria del proyecto fuesen atribuidos a Carlos V, y que se encarecieran luego su perspicacia y previsi\u00f3n, puesto que contra la opini\u00f3n de todos se opon\u00eda al viaje. Habiendo los embajadores de Tracia dado el p\u00e9same a Arquileonide, madre de Br\u00e1sidas, por la muerte de su hijo, cuya memoria ensalzaron hasta asegurar que en el mundo no exist\u00eda quien se le asemejara, aqu\u00e9lla rechaz\u00f3 la alabanza privada para comunicarla al pueblo, reponiendo: \u00ab<em>No me habl\u00e9is de tal suerte; bien s\u00e9 que en la ciudad de Esparta hay muchos ciudadanos m\u00e1s grandes y m\u00e1s valientes que mi hijo<\/em>.\u00bb En la batalla de Crecy se encomend\u00f3 al pr\u00edncipe de Gales, joven a\u00fan, el mando le la vanguardia; la resistencia principal del encuentro tuvo lugar precisamente merced al arrojo de dichas fuerzas; hall\u00e1ndose en situaci\u00f3n comprometida, los se\u00f1ores que le acompa\u00f1aban rogaron al rey Eduardo que se acercara para socorrerle. Informado \u00e9ste de la situaci\u00f3n de su hijo, tuvo conocimiento de que a\u00fan se manten\u00eda vivo sobre su caballo, y exclam\u00f3: \u00ab<em>Le perjudicar\u00eda si fuese a despojarle del honor de la victoria de este combate, a que hasta ahora con solas sus fuerzas ha hecho frente; la gloria debe pertenecerle por entero<\/em>.\u00bb No queriendo verle ni enviar a nadie en su ayuda, y conociendo que de obrar diferentemente hubi\u00e9rase dicho que habr\u00eda perdido sin su concurso, y que se le atribuir\u00eda la gloria del combate.\u00a0<span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Semper enim quod postremum adjectum est, id rem totam videlur traxisse<\/span>. Algunos cre\u00edan en Roma, y era frecuente o\u00edrlo, que las principales haza\u00f1as de Escipi\u00f3n eran en parte debidas a Lelio, el cual sin embargo proclamaba y secundaba por todas partes la grandeza y gloria de aqu\u00e9l, sin preocuparse para nada de las suyas. Teopompo, rey de Esparta, contestaba a los que le dec\u00edan que la rep\u00fablica se manten\u00eda bajo su mando porque era un excelente gobernante, que no era aqu\u00e9lla la causa, sino que el pueblo sab\u00eda obedecer las leyes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Como la mujeres que suced\u00edan a los pares, no obstante su sexo, ten\u00edan el derecho de asistir y emitir su opini\u00f3n en las causas pertenecientes a la jurisdicci\u00f3n de aqu\u00e9llos, as\u00ed los eclesi\u00e1sticos, a pesar de su profesi\u00f3n, estaban obligados a prestar su concurso a los reyes en las guerras, no s\u00f3lo con sus amigos y servidores, sino con sus personas mismas. Encontr\u00e1ndose el obispo de Beauvais con Felipe Augusto en la batalla de Bouvines, tom\u00f3 una parte ardorosa en el combate, mas pareciole que no deb\u00eda sacar ning\u00fan provecho de la gloria de una batalla que hab\u00eda sido tan sangrienta el prelado se hab\u00eda hecho due\u00f1o de algunos enemigos aquel d\u00eda, entreg\u00e1balos al primer caballero que encontraba para que los ahorcase o hiciese prisioneros, creyendo resignar con ello toda responsabilidad; as\u00ed puso en manos a Guillermo, conde de Salsberi, del se\u00f1or Juan de Nesle. Por un caso singular de sutileza de conciencia, semejante al de que antes habl\u00e9, estaba conforme con matar, pero no con herir, por lo cual combat\u00eda con una gruesa maza. Alguien en mi tiempo, a quien el rey censur\u00f3 por haber puesto las manos en un eclesi\u00e1stico, lo negaba en redondo con toda frescura, y alegaba que no hab\u00eda hecho m\u00e1s que echarle por tierra y pisotearle.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-27099\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/CARICATURA-_montaigne-210x300.jpg\" alt=\"\" width=\"210\" height=\"300\" data-id=\"27099\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/CARICATURA-_montaigne-210x300.jpg 210w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/CARICATURA-_montaigne.jpg 318w\" sizes=\"auto, (max-width: 210px) 100vw, 210px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong><span style=\"color: #008000;\">******<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\">Como el sentimiento de los bienes y los males depende en gran parte de la idea que de ellos nos formamos<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Michel de Montaigne (<a href=\"https:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra-visor\/ensayos-de-montaigne--0\/html\/fefb17e2-82b1-11df-acc7-002185ce6064_159.html#I_51_\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ensayo XL<\/a>)<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-27095\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-1-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"280\" height=\"386\" data-id=\"27095\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-1-218x300.jpg 218w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/montaigne-1.jpg 646w\" sizes=\"auto, (max-width: 280px) 100vw, 280px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los hombres, dice una antigua sentencia griega, se atormentan por las opiniones que se forman de las cosas, no por las cosas mismas. Mucho se ganar\u00eda para alivio de nuestra miserable condici\u00f3n humana si pudiera demostrarse la veracidad absoluta de esta proposici\u00f3n, pues si los males no penetran en nosotros sino por nuestro juicio, estar\u00eda en nuestra mano desde\u00f1arlos o convertirlos en bienes. Si las cosas se nos doblegan, \u00bfpor qu\u00e9 inquietarnos y no acomodarlas a nuestro provecho? Si lo que llamamos mal y tormentos no son tales cosas por s\u00ed mismos sino en tanto que nuestro ser los considera de ese modo, es indudable que reside en nosotros el poder de modificarlos; y residiendo en nuestro albedr\u00edo esa ventaja, somos locos de remate afligi\u00e9ndonos, interpret\u00e1ndolos por el lado desventajoso, y considerando las enfermedades, la indigencia y los otros tormentos con amargura, pudiendo tomarlos dulcemente; hacer que lo que llamamos mal no lo sea por s\u00ed mismo, o por lo menos, tal cual es. Veamos hasta qu\u00e9 punto puede nuestra naturaleza modificar su alcance.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Si la esencia original de las cosas que tememos tuviera fuerza suficiente para dominarnos por su propia autoridad, es indudable que producir\u00eda en todos un efecto an\u00e1logo, pues los hombres son todos de naturaleza id\u00e9ntica, y con escasas diferencias se encuentran dotados de parecidos \u00f3rganos e instrumentos, as\u00ed para concebir como para juzgar; pero la diversidad de opiniones que encontramos al tratar del bien y del mal, muestran claramente que los males y los bienes no ejercen influencia en nosotros sino transform\u00e1ndose; unos los reciben, como por acaso, en su propia forma; mil otros les imprimen otra nueva y contraria. Consideramos la muerte, la pobreza y el dolor como nuestros principales enemigos, y sin embargo la primera, que algunos llaman la cosa m\u00e1s horrible entre las horribles, \u00bfqui\u00e9n no sabe que otros la nombran el \u00fanico puerto de salvaci\u00f3n en las miserias de esta vida, el soberano bien de la naturaleza, el solo apoyo de nuestra libertad, com\u00fan y pronto remedio a todos los males? Y as\u00ed como unos la aguardan\u00a0 \u00a0temblando y con horror, otros la soportan con mayor gusto que la existencia. <strong>Lucano<\/strong> se queja de su facilidad y liberalidad para acabar con los humanos:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Mors, utinam pavidos vitae subdecere nolles<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">sed virtus te sola daret.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><span style=\"color: #008000;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Oh muerte!, \u00a1pluguiera a los dioses que desde\u00f1aras visitar a los cobardes y que la virtud sola pudiera alcanzarte! <\/span><\/strong><\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><span style=\"color: #008000;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">LUCANO. IV, 580. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/span><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dejemos a un lado este valor heroico. <strong>Teodoro<\/strong> respondi\u00f3 a <strong>Lis\u00edmaco<\/strong>, que le amenazaba con darle la muerte: \u00ab<em>Har\u00e1s una cosa notable, equiparando tu haza\u00f1a con la de una cant\u00e1rida<\/em>.\u00bb La mayor parte de los fil\u00f3sofos anticiparon voluntariamente la hora de su fin. Y vemos muchas gentes del pueblo, camino de \u00e9l, y no de una muerte sencilla, sino llena de deshonra y a veces acompa\u00f1ada de crueles tormentos, que marchan sin inmutarse, unos por preconcebido designio, otros por temperamento natural; de tal suerte que nada se advierte en ellos, ning\u00fan cambio en su manera de ser ordinaria; unos ponen orden en sus negocios dom\u00e9sticos, se encomiendan a sus amigos, cantan, predican, hablan con el p\u00fablico y a veces mezclan alg\u00fan chiste, y beben a la salud de sus conocidos. En una palabra, acaban sus d\u00edas con la misma serenidad que <strong>S\u00f3crates<\/strong>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Un hombre a quien conduc\u00edan al pat\u00edbulo dec\u00eda que le guardasen de pasar por cierta calle, porque tem\u00eda ser atrapado por un comerciante a quien deb\u00eda cierta cantidad. Otro dec\u00eda al verdugo que no le tocase en la garganta, porque lo har\u00eda desternillar de risa a causa de ser muy sensible a las cosquillas. Otro respondi\u00f3 a su confesor, que le promet\u00eda que aquel mismo d\u00eda cenar\u00eda con nuestro Se\u00f1or: \u00ab<em>Mejor ser\u00eda que le acompa\u00f1ara usted, porque yo ayuno<\/em>.\u00bb Otro que pidi\u00f3 de beber, como el verdugo lo hiciera primero, dijo que ya no quer\u00eda de miedo de atrapar el mal ven\u00e9reo. De todos es conocido el cuento del picardo a quien, encontr\u00e1ndose en las gradas del pat\u00edbulo, presentaron una joven para que se desposara, libert\u00e1ndole as\u00ed, como nuestra justicia consiente a veces, el picardo dijo al verdugo, luego de haberla contemplado ligeramente, y de haber advertido que cojeaba: \u00ab<em>\u00a1Ah\u00f3rcame! \u00a1ah\u00f3rcame! que se tambalea<\/em>.\u00bb Refiere que en Dinamarca, un hombre que hab\u00eda sido condenado a muerte, estando ya en el pat\u00edbulo, como le hicieren la misma proposici\u00f3n que al picardo, dijo que la joven que le ofrec\u00edan ten\u00eda las mejillas ca\u00eddas y la nariz demasiado puntiaguda. Un sirviente de <em>Tolosa<\/em>, acusado de herej\u00eda, dio por toda raz\u00f3n de su creencia que profesaba las mismas ideas de su se\u00f1or, joven escolar que estaba preso en su compa\u00f1\u00eda, y consinti\u00f3 mejor morir con \u00e9l que declarar que su amo pudiera equivocarse. Muchos habitantes de la ciudad de <em>Arr\u00e1s<\/em>, cuando \u00e9sta fue conquistada por <strong>Luis XI<\/strong>, prefirieron ser ahorcados antes que gritar \u00a1Viva\u00a0 \u00a0el rey! Entre las almas de los bufones ha habido algunos que no abandonaron su c\u00ednica licencia ni aun en la hora de la muerte. Uno a quien el verdugo iba a rematar, exclam\u00f3: \u00ab<em>\u00a1Vogue la galera!<\/em>\u00bb, tal era su expresi\u00f3n favorita. Otro a qui\u00e9n hab\u00edan acostado, pr\u00f3ximo ya a morir, en un jerg\u00f3n tendido a lo largo de un banco de la cocina, como el m\u00e9dico le preguntase d\u00f3nde sent\u00eda el mal: \u00ab<em>Entre el banco y el hogar<\/em>\u00bb, contest\u00f3; y al sacerdote que buscaba los pies del enfermo para darle la extremaunci\u00f3n (<em>el buf\u00f3n los ten\u00eda contra\u00eddos por el mal<\/em>), le dijo: \u00ab<em>Los encontrar\u00e1 en el extremo de mis piernas<\/em>.\u00bb Como le exhortaran a que se encomendase a Dios: \u00ab<em>\u00bfQui\u00e9n va a verle?<\/em>\u00bb, pregunt\u00f3, y como le contestaran: \u00ab<em>T\u00fa mismo, si al Se\u00f1or le place<\/em>\u00bb, replic\u00f3: \u00ab<em>\u00bfIr\u00e9 ma\u00f1ana por la noche? -Encomi\u00e9ndate a \u00e9l, porque pronto estar\u00e1s en su compa\u00f1\u00eda. -Entonces, concluy\u00f3, mejor ser\u00e1 que me recomiende yo misma en persona<\/em>.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aun en el d\u00eda, en el reino de <em>Narsinga<\/em>, las mujeres de las sacerdotes son enterradas vivas con los cuerpos de sus maridos; todas las dem\u00e1s son quemadas en los funerales de los suyos respectivos, consintiendo en ello con firmeza y alegr\u00eda. A la muerte del rey, sus esposas, concubinas y favoritas, lo mismo que sus oficiales y servidores, que entre todos forman casi un pueblo, se presentan tan alegremente ante la hoguera donde sus cuerpos van a arder, que dir\u00edase que tienen a grande honor el acompa\u00f1ar a su amo. Durante nuestras \u00faltimas guerras de Mil\u00e1n, en las que tuvieron lugar peripicias de todas suertes, el pueblo, impaciente con tan variados cambios de fortuna, lleg\u00f3 a considerar la muerte con tal indiferencia, que seg\u00fan o\u00ed referir a mi padre, se suicidaron hasta veinticinco ricos propietarios en una semana, accidente que recuerda el de los <em>xantianos<\/em>, quienes sitiados por <strong>Bruto<\/strong>, se precipitaron en tropel, hombres, mujeres y ni\u00f1os, con un apetito tan furioso de la muerte, que nada hicieron por escaparla, de tal suerte que apenas si <strong>Bruto<\/strong> logr\u00f3 salvar a unos cuantos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Toda opini\u00f3n es suficientemente fuerte para abrazarla y defenderla aun a costa de la vida. El primer art\u00edculo del valeroso juramento que Grecia mantuvo en las guerras m\u00e9dicas, consisti\u00f3 en que cada ciudadano prefiriese la muerte a la vida, mejor que cambiar las leyes griegas por las persas. \u00a1Cu\u00e1ntos se ven en la guerra de los turcos y griegos que aceptan con placer una muerte dura antes que descircuncidarse para recibir el bautismo! Ejemplo es \u00e9ste que todas las religiones imitar\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Habiendo los <em>reyes de Castilla<\/em> arrojado a los <em>jud\u00edos<\/em> de sus dominios, el<em> rey<\/em> <strong>Juan de Portugal<\/strong> vendioles por ocho escudos por cabeza el derecho de recogerse en sus Estados durante cierto tiempo, con la condici\u00f3n de que transcurrido este ten\u00edan que marcharse, y el propio rey les promet\u00eda\u00a0 \u00a0facilitarles barcos para que se trasladasen al \u00c1frica. Llegado el d\u00eda de la partida, pasado el cual los que se quedaran deb\u00edan ser considerados como esclavos, los barcos les fueron concedidos con harta econom\u00eda; los que se embarcaron recibieron perverso trato de los marineros, quienes, aparte de otras var\u00edas indignidades, los llevaron por el mar de un lado a otro, unas veces hacia adelante y otras hacia atr\u00e1s, hasta que hubieron consumido sus vituallas, y se vieron obligados a compr\u00e1rselas a ellos a tan elevado precio, que cuando tocaron tierra, no les quedaba m\u00e1s que al camisa. La nueva de esta inhumanidad, cuando fue sabida por los que no se hab\u00edan embarcado, dio por resultado que la mayor parte de ellos se resignaran a la servidumbre; algunos cambiaron aparentemente de religi\u00f3n. <strong>Manuel<\/strong>, sucesor de <strong>Juan<\/strong>, cuando lleg\u00f3 al trono les concedi\u00f3 primero la libertad, y cambiando luego de parecer, les orden\u00f3 que abandonaran el pa\u00eds consign\u00e1ndoles tres puertos para el pasaje. Esperaba, dice el <em>obispo<\/em> <strong>Osorio<\/strong>, el mejor historiador latino de nuestra \u00e9poca, que el favor de la libertad que les hab\u00eda devuelto no habi\u00e9ndoles convertido al cristianismo, el peligro de ser v\u00edctimas del saqueo de los marineros, junto con el abandonar un pa\u00eds a que estaban habituados y en el que eran due\u00f1os de grandes riquezas, para arrojarse en regiones extranjeras y desconocidas, los retendr\u00eda. Mas vi\u00e9ndose enga\u00f1ado en su designio, porque los jud\u00edos deliberaron alejarse, les suprimi\u00f3 dos de los puertos que les hab\u00eda prometido para embarcarse, a fin de que la distancia, y molestias del trayecto retuviera algunos, o para que hubiese medio de amontonar a todos en un lugar determinado para poner en pr\u00e1ctica un proyecto, que hab\u00eda ideado, que fue el de ordenar que arrancasen de entre los brazos de los padres y de las madres todas las criaturas que tuvieran menos de catorce a\u00f1os, para trasladarlas lejos de la vista y direcci\u00f3n de las que los hab\u00edan engendrado, en lugar donde fuesen adoctrinadas en la <em>religi\u00f3n cat\u00f3lica<\/em>. Cuentan que tal medida fue origen de espect\u00e1culos terribles; la natural afecci\u00f3n de padres e hijos, junto con el celo que sujetaba a \u00e9stos a sus creencias religiosas, combat\u00edan al par tan violenta orden, y se vio a padres y madres darse la muerte y arrojar a sus criaturas en los pozos. A cometer actos tan horribles mov\u00edanles la compasi\u00f3n y la piedad, para que as\u00ed escaparan al cumplimiento de la ley. En conclusi\u00f3n, expirado el plazo que el <em>rey<\/em> les hab\u00eda fijado, como tuvieran falta de medios para marcharse, entreg\u00e1ronse a la servidumbre. Algunos se hicieron cristianos; mas en su fe, aun hoy, que han transcurrido cien a\u00f1os, pocos portugueses tienen seguridad, aun cuando la costumbre y el transcurso del tiempo sean consejeros mejores para tales cambios que cualesquiera otras causas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la ciudad de <em>Castelnaudary<\/em>, cincuenta herejes <strong>albigenses <\/strong>sufrieron a la vez con valor indomable el ser quemados vivos antes que renegar de sus creencias. <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Quoties non modo ductores nostri<\/span><\/em>, dice <strong>Cicer\u00f3n<\/strong>,\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">sed universi etiam exercitus, ad non dubiam mortem concurrerunt (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>\u00a1Cu\u00e1ntas veces corren hacia una muerte segura no ya s\u00f3lo los generales, sino ej\u00e9rcitos enteros! CICER\u00d3N,\u00a0Tusc. quaest., I, 37. &#8211; N. del T.)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. He visto a uno de mis m\u00e1s \u00edntimos amigos correr a la muerte con verdadera rabia; con afecci\u00f3n tan intensa y tan arraigada en su coraz\u00f3n por causas diversas, que me fue imposible arranc\u00e1rselas; y a la primera que a su imaginaci\u00f3n se present\u00f3, so pretexto de ideas de honor, se dio la muerte sin que pudieran conocerse los verdaderos motivos, con hambre tremenda y deseo ardient\u00edsimo. En nuestro tiempo mismo hemos visto muchas personas, hasta criaturas, que por temor de alguna leve incomodidad han corrido hacia la muerte. Y a prop\u00f3sito de hechos an\u00e1logos, dice un escritor antiguo: \u00ab<em>\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que no temamos, si hasta nos asusta aquello que la misma cobard\u00eda elige para su retiro?<\/em>\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De trasladar aqu\u00ed el registro de los individuos, hombres y mujeres de todas condiciones de sectas diversas que aun en los siglos m\u00e1s pr\u00f3speros que el nuestro han guardado la muerte sin miedo o busc\u00e1ndola de intento, e ido a su encuentro, no s\u00f3lo para huir los males de esta vida, sino tambi\u00e9n por escapar simplemente al cansancio de la existencia, y otros por la esperanza de encontrar una vida mejor, no acabar\u00eda nunca. El n\u00famero es tan grande, tan infinito, que ser\u00e1 mejor citar s\u00f3lo algunos de los que la han temido. Un d\u00eda de fuerte tormenta se encontraba Pirro el fil\u00f3sofo en un barco, y mostr\u00f3 a los que ve\u00eda m\u00e1s dominados por el miedo un cerdo que se manten\u00eda tranquilamente, sin temor alguno, sin inquietarse nada por la tempestad. \u00bfNos atrevemos, pues, a sostener que la raz\u00f3n humana, que tanto enaltecemos y por la cual somos due\u00f1os y emperadores del resto de las criaturas, haya sido puesta en el hombre s\u00f3lo para servirle de tormento? \u00bfPara qu\u00e9 nos sirve entonces el conocimiento de las cosas si nos hace ser m\u00e1s cobardes? \u00bfSi con el conocimiento perdemos tranquilidad y reposo, ad\u00f3nde ir\u00edamos a parar sin \u00e9l? \u00bfY si nos hace inferiores al cerdo, cuyo ejemplo mostraba <strong>Pirro<\/strong> a los miedosos? La inteligencia de que hemos sido dotados para nuestro mayor bien, \u00bfla emplearemos para nuestra ruina, yendo en oposici\u00f3n del designio de la naturaleza y del orden universal de las cosas, las cuales ordenan que cada uno use de sus facultades y medios para su comodidad y en ventaja propia?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Concedo, se me dir\u00e1, que estos razonamientos sirvan para no atemorizarse ante la muerte. \u00bfPero cu\u00e1les oponer a la indigencia y al dolor, que Aristipo, Jer\u00f3nimo y la mayor\u00a0 \u00a0parte de los sabios consideraron como el peor de los males? Y los que niegan la existencia del mal lo manifiestan por sus acciones. Encontr\u00e1ndose atormentado <strong>Posidonio<\/strong> por una enfermedad aguda, en extremo dolorosa, recibi\u00f3 la visita de Pompeyo, quien se excus\u00f3 de haber escogido hora tan inoportuna para o\u00edr hablar al enfermo de filosof\u00eda. \u00ab<em>No quiera Dios, respondi\u00f3 Posidinio, que el dolor tenga sobre m\u00ed fuerza bastante que me impida discurrir<\/em>\u00bb, y comenz\u00f3 a disertar sobre el menosprecio del mismo; mas, sin embargo, el sufrimiento le oprim\u00eda, haci\u00e9ndole exclamar: \u00ab<em>\u00a1Oh dolor, por m\u00e1s que me pruebes, no dir\u00e9 que seas un mal!<\/em>\u00bb Este hecho, a que los estoicos dan importancia tan grande, \u00bfes por ventura un argumento contra el menosprecio con que debemos experimentar el dolor? Posidonio s\u00f3lo niega la palabra. Si el aguijoneo del mal f\u00edsico no la da\u00f1a, \u00bfpor qu\u00e9 interrumpe su discurso? \u00bfPor qu\u00e9 da importancia tanta al hecho simple de no llamarle un mal? Cuando nos encontramos bajo la influencia de la tortura f\u00edsica los razonamientos est\u00e1n de m\u00e1s. En nuestro poder s\u00f3lo reside opinar del resto. La realidad verdadera desempe\u00f1a aqu\u00ed su papel. Nuestros propios sentidos son los jueces de \u00e9l:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Qui nisi sunt veri, ratio quoque falsa sit omnis.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">Si la impresi\u00f3n de nuestros sentidos no es verdadera, la raz\u00f3n tampoco lo es. <\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">LUCRECIO, IV, 486. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfPor ventura podemos persuadir a nuestra piel de que los latigazos la hacen cosquillas, ni a nuestro paladar de que el \u00e1loe sea vino generoso? El cerdo de Pirro puede servir aqu\u00ed de ejemplo adecuado; el animal estaba imp\u00e1vido ante la muerte, pero si lo hubieran sacudido, se habr\u00eda quejado. \u00bfAcaso reside en nuestra mano el poder de ir contra la ley general de la naturaleza, que domina en todo cuanto existe bajo el firmamento, dejando de estremecernos bajo el peso del dolor? Hasta los \u00e1rboles parece que gimen cuando se les hiere. La muerte no se siente m\u00e1s que por raciocinio, por ser un hecho que se realiza en un instante.<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Aut fuit, aut veniet; nihil est praesentis in illa:<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">morsque minus paenae, quam mora mortis, habet.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">Lo ha sido o lo ser\u00e1; nada de presente hay en ella. Menos cruel es estar ya muerto que hallarse esperando el fin de la vida. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mil hombres, mil animales, mueren antes que se hagan cargo de encontrarse amenazados por la muerte. Lo que tememos en ella es el dolor que siempre la precede. Sin embargo, si damos cr\u00e9dito a un padre de la Iglesia,\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">malam mortem non facit, nisi quod sequitur mortem (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>La muerte no es un mal sino por lo que la sigue. SAN AGUST\u00cdN,\u00a0de Civit. Dei, I, 11. -N. del T.)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">: yo me atrever\u00eda a suponer que ni lo que precede a la muerte, ni lo que las sigue guarda relaci\u00f3n con ella para nuestro esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Buscamos para excusarnos pretextos que no tienen fundamento alguno; por experiencia creo que la idea de la muerte es lo que nos hace impacientes al dolor, y que la sentimos doblemente cruel porque nos amenaza con su golpe. Mas la raz\u00f3n acusa nuestra cobard\u00eda, que nos hace temer cosa tan repentina, tan inevitable, tan insensible. Los males que no tienen gran trascendencia no los consideramos como tales: el dolor de muelas o la enfermedad de gota, por crueles que sean, como no matan, no los miramos como enfermedades.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora bien; supongamos que en la muerte consideramos s\u00f3lo el dolor; como tambi\u00e9n la pobreza nada que temer ofrece sino el mismo dolor, al cual nos empuja por la sed, el hambre, el fr\u00edo, el calor y todos los otros males que forman su s\u00e9quito; limit\u00e9monos, pues, a hablar del dolor. Concedo de buen grado que sea la desgracia mayor de nuestra vida, pues soy de los que m\u00e1s la detestan y de los que m\u00e1s le huyen, por no haber tenido hasta el presente, gracias Dios, gran comercio con \u00e9l; yo creo que en nosotros reside, si no el poder de reducirlo a la nada, al menos el de debilitarlo por la paciencia, y el de alcanzar, a pesar de los sufrimientos corporales, que el alma y la raz\u00f3n se mantengan resistentes y bien templadas. Si tal poder no estuviera en nuestra mano, \u00bfa qu\u00e9 servir\u00eda enaltecer el vigor, el valor, la fuerza, la magnanimidad y la resoluci\u00f3n? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda el empleo que dar\u00edamos a esas virtudes excelsas, si no hubiera sufrimiento que desafiar?\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Avida est periculi virtus (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>La virtud ans\u00eda el peligro. S\u00c9NECA,\u00a0de Providentia, c. 4. -N. del T.)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">: Si no hubiera duras penalidades que sufrir; si no se pudiera resistir a pie firme el calor abrasador del mediod\u00eda, alimentarse de carne de burro o de caballo, verse cortar en pedazos y extraer una bala de los huesos, sufrir el cauterio y la sonda, \u00bfd\u00f3nde estar\u00eda la superioridad que pretendemos tener sobre el vulgo? Dif\u00edcil es escapar al influjo del dolor y al mal, por eso sientan los fil\u00f3sofos que entre los actos igualmente laudables debe preferirse la pr\u00e1ctica del que mayor pena ocasione.\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Non enim hilaritate, nec lascivia, nec risu, aut joco, comite levitatis, sed saepe etiam tristes firmitate et constantia sunt beati (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>No es con la alegr\u00eda y los placeres, con los juegos y las carcajadas, ordinario s\u00e9quito de la frivolidad, como se es dichoso; las almas austeras encuentran la felicidad en la constancia y en la firmeza. CICER\u00d3N,\u00a0de Finibus, I, 10.\u00a0<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>\u00a0-N. del T.)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. Por esta raz\u00f3n tambi\u00e9n creyeron nuestros padres que las conquistas realizadas a viva fuerza, por el azar de guerra, eran superiores y m\u00e1s valederas que las que se llevan a cabo mediante la seguridad completa y las negociaciones diplom\u00e1ticas.<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Laetius est, quoties magno sibi constat hosestum.<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong><em>La virtud es tanto m\u00e1s dulce cuanto mayores esfuerzos nos cuesta.<\/em> <\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong>LUCANO, IX, 404. (N. del T.)<\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<span style=\"font-size: 14pt;\">Es una raz\u00f3n que recae en ayuda de nuestro consuelo el considerar que cuando el dolor es violento suele ser corto, y que si es de larga duraci\u00f3n suele ser ligero;\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">si gravis, brevis; si longus, levis<\/span><\/em>. Experiment\u00e1ndolo con vigor no se siente mucho tiempo, pues al fin, o acabar\u00e1 el mal o la persona ser\u00e1 la que concluya: uno y otro vienen a ser lo mismo; cuando el dolor no se soporta, \u00e9l se encarga de ser el vencedor.\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Memineris maximos morte finiri; parvos multa habere intervalla requietis; mediocrium nos esse dominos: ut, si tolerabiles sint, feramus; sin minus, e vita, quum ea non placeat, tanquam e theatro, exeamus (Recuerda que los grandes dolores acaban con la muerte; que los sufrimientos morales dejan intervalos tranquilos, y que somos capaces de dominar los medianos. Cuando \u00e9stos sean tolerables los soportaremos pacientemente; si se asemejan a un lugar que nos enoja, saldremos de \u00e9l como se sale de un teatro. CICER\u00d3N. -N. del T.)<\/span><\/em>. La causa de que seamos d\u00e9biles para soportar el mal reside en que no estamos habituados a buscar en el alma nuestro principal contento; en que en ella no nos fundamentamos en tanto grado como debi\u00e9ramos. El alma es due\u00f1a soberana de nuestra condici\u00f3n. El cuerpo no tiene, con escasa diferencia, mas que un solo modo, un solo medio; el alma es variable en toda suerte de formas y dirige hacia ella y a su estado, cualesquiera que \u00e9stos sean, los accidentes e impresiones del cuerpo; por tanto, precisa estudiarla y despertar en ella sus resortes, que son todopoderosos. No hay raz\u00f3n, prescripci\u00f3n ni fuerza que resistan a su inclinaci\u00f3n y voluntad. De tantos y tantos medios como tiene a su disposici\u00f3n, d\u00e9mosla uno adecuado a nuestra conservaci\u00f3n y reposo, y con ello nos veremos no s\u00f3lo a cubierto de todo da\u00f1o, sino hasta mejorados con su concurso de las ofensas y de los males. Todo puede el alma convertirlo en su provecho: el error, los sue\u00f1os, pueden servirla \u00fatilmente como materia propicia a resguardarnos, y a proporcionarnos contento. F\u00e1cilmente puede reconocerse que lo que en nosotros aguza el dolor o hace m\u00e1s intensos los placeres es el aguij\u00f3n de nuestro esp\u00edritu. Los animales, en quienes no reside tal fuerza, dejan al cuerpo sus sentimientos libres e ingenuos, que son, por consiguiente, iguales en cada especie, con escasas diferencias, como muestran por la semejante aplicaci\u00f3n de sus movimientos. Si nosotros no alter\u00e1semos en nuestros \u00f3rganos la funci\u00f3n que les es inherente, es muy probable que estar\u00edamos mejor, pues la naturaleza los ha dado un temple justo y moderado, lo mismo hacia el placer que hacia el dolor, el cual temple no puede menos de ser equitativo siendo uno mismo para uno y otro. Pero puesto que nos hemos emancipado de sus reglas para abandonarnos a la vagabunda libertad de nuestras fantas\u00edas, ayud\u00e9monos al menos a plegarlas del lado m\u00e1s agradable. Teme <strong>Plat\u00f3n<\/strong> que el dolor y el placer nos atraigan de una manera demasiado viva, lo cual se explica considerando que, seg\u00fan este fil\u00f3sofo, existe una perfecta uni\u00f3n entre el alma y el cuerpo; yo no participo de tal creencia. As\u00ed como el enemigo se encarniza m\u00e1s cuando huimos, as\u00ed el dolor se enorgullece cuando nos tiene bajo su dominio. M\u00e1s soportable ser\u00e1 para, quien le haga frente; es preciso que opongamos contra \u00e9l toda suerte de resistencias. Si nos echamos atr\u00e1s, si nos acobardamos, no hacemos m\u00e1s que llamarlo y atraer la ruina que nos amenaza. Del propio modo que el cuerpo soporta y se hace m\u00e1s resistente la fatiga someti\u00e9ndolo a duras pruebas, el alma adquiere tambi\u00e9n con los trabajos la fortaleza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero vengamos a los ejemplos, que constituyen la materia m\u00e1s adecuada para las gentes que como yo no tienen grandes fuerzas, y encontraremos en ellos que con el dolor acontece lo mismo que con las piedras preciosas, las cuales muestran un brillo m\u00e1s o menos intenso, seg\u00fan el lugar donde se las coloca; as\u00ed el dolor en el hombre no ocupa mayor espacio que el que se le consiente.\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Tantum doluerunt, quantum doloribus se inseruerunt (<\/span><\/em><\/span><em style=\"font-size: 14pt;\">Cuanto m\u00e1s el hombre se deja dominar por el dolor, m\u00e1s \u00e9ste lo atormenta. SAN AGUST\u00cdN, de Civil. Dei, I, c. 10. -N. del T.)<\/em><span style=\"font-size: 14pt;\">. Mayor mal nos ocasiona un lancetazo del cirujano que diez pinchazos recibidos en el calor del combate. Los dolores de parto, considerados por los m\u00e9dicos y por Dios mismo como de tanta gravedad, y que nosotros soportamos con mil alaridos, hay pueblos enteros que los resisten como si tal cosa. Y no hablemos de las mujeres de <em><strong>Lacedemonia <\/strong>(Esparta)<\/em>. Entre las suizas, esposas de nuestros soldados, \u00bfqu\u00e9 alteraci\u00f3n se encuentra cuando dan a luz? Marchando en pos de sus maridos se las ve que llevan hoy cargado en las espaldas el muchacho que ayer aun ten\u00edan en el vientre. \u00bfY qu\u00e9 decir de esas gitanas que vemos en nuestros lugares, que por s\u00ed mismas lavan los hijuelos que acaban de nacerles, y toman sus ba\u00f1os en los r\u00edos m\u00e1s pr\u00f3ximos? Dejando a un lado tantas y tantas mujeres que destruyen sus criaturas en la generaci\u00f3n lo mismo que en la concepci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 decir de aquella noble esposa de <strong>Sabino<\/strong>, patricio romano, que por cuidado del inter\u00e9s ajeno, soport\u00f3 sola, sin auxilios, voces ni gemidos, el parto de dos gemelos? Un muchachuelo de <strong>Lacedemonia<\/strong> que hab\u00eda robado un zorro y ocult\u00e1dolo bajo sus vestiduras, sufri\u00f3 mejor que le destrozara el vientre que el ser descubierto. Hay que advertir que en <strong><em>Lacedemonia<\/em> <\/strong>se tem\u00eda m\u00e1s la verg\u00fcenza de pasar por desma\u00f1ado de lo que nosotros tememos el castigo de nuestra maldad. Otro que incensaba el ara de un sacrificio, consinti\u00f3 en dejarse abrasar hasta los huesos por un carb\u00f3n que le cay\u00f3 en la bocamanga de su t\u00fanica antes que perturbar la ceremonia. Otros hubo, en gran numero, que por poner a prueba su virtud, conforme a las costumbres de su pa\u00eds, sufrieron a la edad de siete a\u00f1os el ser azotados hasta la muerte, sin que por ello ni siquiera se alterase su mirada. Cuenta <strong>Cicer\u00f3n<\/strong> que los vio atacarse en tropel con fiereza y rabia tales, haciendo uso de pies, manos y dientes para la lucha, que perd\u00edan el sentido antes que darse por vencidos. <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Nunquam naturam mos vinceret; est enim ea semper invicta: sed nos umbris, deliciis, otio, languore, desidia, aninum infecimus; opinionibus maloque more delinitum mollivimus (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Jam\u00e1s la naturaleza podr\u00e1 ser vencida por la costumbre, porque aqu\u00e9lla es invencible; mas entre nosotros se halla corrompida por la molicie, los deleites, la ociosidad y la indolencia. La idea de la naturaleza ha sido falseada por opiniones err\u00f3neas y por h\u00e1bitos detestables. CICER\u00d3N,\u00a0Tusc. quest., V, 72. -N. del T.)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. De todos es conocida la acci\u00f3n de <strong>Mucio Sc\u00e9vola<\/strong>, el cual habi\u00e9ndose internado en el campo enemigo para matar al jefe, no pudo lograr su intento; y vi\u00e9ndose obligado a declarar a <em>Porsena<\/em>, para dejar ileso el honor de su patria, no ya s\u00f3lo su designio, sino adem\u00e1s que hab\u00eda en el campo gran n\u00famero de romanos c\u00f3mplices de su empresa, todos de su mismo temple, dijo que no los descubrir\u00eda; luego, para dar una muestra del vigor de su alma hizo que le llevaran un brasero en el cual puso su brazo hasta achicharr\u00e1rselo, y all\u00ed lo dej\u00f3 hasta que el enemigo mismo horrorizado orden\u00f3 retirar el fuego. \u00bfQu\u00e9 decir del que sufri\u00f3 la amputaci\u00f3n de un miembro sin interrumpir la lectura de un libro que ten\u00eda en la mano? \u00bfY tambi\u00e9n ese otro que se obstin\u00f3 en re\u00edrse y burlarse a saciedad de los tomentos que le infer\u00edan hasta el punto de que irritada la crueldad de sus verdugos le dejaron libre? Este hombre era un fil\u00f3sofo. Pero hasta un <em>gladiador de <strong>C\u00e9sar<\/strong><\/em> sufri\u00f3 riendo los suplicios m\u00e1s horribles: <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Quis mediocris gladiator ingemuit?, quis vultum mutavit unquam? Quis non modo stetit, verum etiam decubuit turpiter? Quis, quum decubuisset, ferrum recipere jussus, collum contraxit? (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>El \u00faltimo de los gladiadores \u00bfgimi\u00f3 alguna vez o cambi\u00f3 de fisonom\u00eda? \u00a1Qu\u00e9 arte en su ca\u00edda misma para ocultar la verg\u00fcenza a los ojos del circo! Derribado ya, a los pies de su adversario, \u00bfvuelve siquiera la cabeza al orden\u00e1rsele recibir el golpe mortal? CICER\u00d3N,\u00a0Tusc. quaest., II, 17. -N. del T.).<\/em><\/span><\/p>\n<footer id=\"pie\" role=\"contentinfo\"><\/footer>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hablemos ahora de las mujeres. \u00bfQui\u00e9n no ha o\u00eddo el caso, en Par\u00eds, de una que se hizo arrancar la piel s\u00f3lo porque su cutis adquiriera mayor frescura? Hay quien se ha hecho arrancar los dientes teni\u00e9ndolos sanos, con objeto de poseer una voz m\u00e1s blanda y pastosa, o tambi\u00e9n para colocarlos de modo m\u00e1s conveniente. \u00a1Cuant\u00edsimos ejemplos de menospreciar el dolor podemos contar parecidos! \u00bfQu\u00e9 no hacen, ad\u00f3nde no llega el poder de las mujeres por poco que se trate de mejorar, o de hacerlas esperar prosperidad en su belleza?<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Vellera queis cura est albos a stirpe capillos,<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">et faciem, dempta pelle, referre novam,<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Hay quien tiene el valor de arrancarse los cabellos grises y de sacarse tiras de la cara para que le salga un cutis nuevo.<\/em> <\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">TIBULO I, 8, 45. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">He visto algunas que com\u00edan arena o ceniza con objeto de estropearse el est\u00f3mago y adquirir as\u00ed palidez. Para formarse un talle esbelto, \u00bfqu\u00e9 suplicios no sufren apret\u00e1ndose y ci\u00f1\u00e9ndose los costados con cinturones crueles hasta que las sale la carne viva, y algunas veces hasta encontrar la muerte?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Vese con frecuencia en muchos pa\u00edses de nuestro tiempo que algunos se infieren heridas para dar fe a su palabra. Nuestro rey cuenta ejemplos notables de los que vio en Polonia, y tuvo ocasi\u00f3n de examinar de cerca. Aparte de lo que hab\u00eda sido imitado en Francia por algunos, cuando regres\u00e9 de los famosos <em>Estados de Blois<\/em>, poco antes hab\u00eda yo visto una muchacha en <em>Picard\u00eda<\/em>, quien, para testimoniar la sinceridad de sus promesas, al par que su constancia, se hiri\u00f3 con la aguja que llevaba en la cabeza, infiri\u00e9ndose en el brazo cuatro o cinco hendiduras profundas que la hicieron casta\u00f1etear la piel y manaban abundante sangre. Los turcos se hieren profundamente por sus damas, y con el fin de que las huellas de las cortaduras permanezcan, se aplican en ellas hierro candente, que dejan sobre las heridas un tiempo incre\u00edble para detener la sangre que la cicatriz se forme; personas que lo han visto me lo han contado y me han jurado ser verdad: por la cantidad de diez <em>maravedises<\/em> encu\u00e9ntrase todos los d\u00edas entre ellos quien est\u00e9 dispuesto a darse una profunda cuchillada en el brazo o en los muslos. Me congratula encontrar m\u00e1s a la mano testimonios que nos conciernen m\u00e1s; la cristiandad nos los procura en grado suficiente, y despu\u00e9s del ejemplo de <em>Jesucristo Nuestro Se\u00f1or<\/em>, hubo muchas personas que por devoci\u00f3n quisieron llevar la cruz a cuestas. Por testimonio muy digno de cr\u00e9dito sabemos que el <em>rey<\/em> <strong>san<\/strong> <strong>Luis<\/strong> no dej\u00f3 los <em>cilicios<\/em> hasta que en su vejez su confesor le dispens\u00f3 de ellos, y que todos los viernes se hac\u00eda flagelar las espaldas por su limosnero con cinco cadenillas de hierro que para este uso llevaba siempre consigo en una caja.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Guillermo<\/strong>, nuestro \u00faltimo <em>duque de Guiena<\/em>, padre de <strong>Leonor<\/strong>, que cedi\u00f3 el ducado a las casas reales de Francia e Inglaterra, llev\u00f3 por penitencia los diez o doce \u00faltimos a\u00f1os de su vida una coraza bajo el h\u00e1bito de religioso. <strong>Foulques<\/strong>, <em>conde de Anjou<\/em>, fue a Jerusal\u00e9n, y cuando se encontraba en los santos lugares hizo que dos criados le azotasen, con la cuerda al cuello, ante el <em>sepulcro de Nuestro Se\u00f1or<\/em>. Pero, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s? \u00bfno vemos hoy mismo el d\u00eda de <em>viernes<\/em> <em>santo<\/em>, en diversos pueblos, un gran n\u00famero de hombres y mujeres que se atormentan hasta desgarrarse la carne y\u00a0 dejar los huesos al descubierto? Yo lo he visto muchas veces sin placer. Y he o\u00eddo asegurar que hay quien, mediante cierta cantidad, garantiza la religi\u00f3n de otro, desde\u00f1ando as\u00ed el dolor con tal valor, que m\u00e1s les aguijonea la devoci\u00f3n que la codicia. <strong>Quinto M\u00e1ximo<\/strong> enterr\u00f3 a su hijo, que era ya c\u00f3nsul; <strong>Marco Cat\u00f3n<\/strong> al suyo, a quien hab\u00edan elegido pretor, y <strong>Lucio Paulo<\/strong> a dos de los suyos en pocos d\u00edas, todos con continente sosegado, sin que nada en ellos acusara quebranto ni duelo. Yo dije anta\u00f1o, bromeando, de una persona, que hab\u00eda dado un chasco a la divina justicia, pues habiendo perdido de muerte violenta, el mismo d\u00eda, tres hijos ya crecidos, poco falt\u00f3, sin embargo, para que quien tal prueba experiment\u00f3 no la considerase como especial favor y singular gratificaci\u00f3n del cielo. No tengo yo tanta fuerza de alma, pero he perdido, estando todav\u00eda en nodriza, dos o tres criaturas, si no sin sentirlo, al menos sin contrariedad mayor. Y, sin embargo, pocas desgracias hay que lleguen a los hombres m\u00e1s a lo vivo que la p\u00e9rdida de los hijos. Veo en el mundo otras frecuentes ocasiones de aflicci\u00f3n, que apenas lamentar\u00eda si sobre m\u00ed pesaran, y aun aquellas que los hombres m\u00e1s lamentan. Por ello no osar\u00eda alabarme sin que sintiera rubor. La opini\u00f3n de las gentes ejerce un imperio tir\u00e1nico y sin medida. <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Ex quo intelligitur, non in natura, sed in opinione, esse aegritudinem<span style=\"font-size: 14pt;\"> (<\/span><\/span>Por donde puede verse que la aflicci\u00f3n no es un efecto de la naturaleza, sino de nosotros mismos. CICER\u00d3N<\/em>,\u00a0<em>Tusc. quaest.<\/em>, III, 28. -N. del T).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9n busc\u00f3 jam\u00e1s la seguridad y el reposo con el ah\u00ednco que <strong>C\u00e9sar<\/strong> y <strong>Alejandro<\/strong> fueron en pos de la inquietud y las dificultades? <strong>T\u00e9rez<\/strong>, padre de <strong>Sitalcez<\/strong>, sol\u00eda decir que cuando no hac\u00eda la guerra le parec\u00eda que no hab\u00eda diferencia alguna entre \u00e9l y su palafranero. Ejerciendo <strong>Cat\u00f3n<\/strong> las funciones de c\u00f3nsul, para asegurarse el dominio de algunas ciudades de Espa\u00f1a, prohibi\u00f3 a los habitantes de las mismas que llevaran armas consigo; esto bast\u00f3 para que un gran n\u00famero de espa\u00f1oles se dieran la muerte:\u00a0<span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\"><em>ferox gens, nullam vitam rati sine arm\u00eds esse<\/em> (P<em>ueblo feroz, no juzgaba posible la vida sin los combates. TITO LIVIO, XXXV, 17. -N. del T<\/em>)<\/span>. De muchos sabemos que abandonaron la tranquilidad de una vida dulce y sosegada entre sus amigos para marcharse a los desiertos inhabitables, donde se complacieron en hacer vida vil, baja y abyecta, y donde encontraron goces y delicias inefables. El <em>cardenal<\/em> <strong>Borromeo<\/strong>, que muri\u00f3 poco ha en Mil\u00e1n, prefiri\u00f3 a la regalada existencia a que le convidaban su nobleza grandes riquezas, la atm\u00f3sfera de Italia y su juventud, una vida de austeridad tal, que llevaba en invierno id\u00e9ntica vestidura que en est\u00edo; dorm\u00eda sobre unas pajas, y las horas que las ocupaciones de su cargo lo dejaban libre, consagr\u00e1balas al estudio continuo, arrodillado, tomando por todo alimento un poco de pan y agua que ten\u00eda al lado del libro que le\u00eda: tales eran sus banquetes y el tiempo que a ellos dedicaba.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Yo s\u00e9 de alguien que a sabiendas ha sacado provecho y ventaja para su mejoramiento y prosperidad de que su mujer le coronara, cosa cuya sola idea horroriza a tantas gentes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Si la vista no es el m\u00e1s necesario de nuestros sentidos, es por lo menos el m\u00e1s deleitoso; los m\u00e1s voluptuosos y \u00fatiles de nuestros \u00f3rganos son quiz\u00e1s los que sirven para engendrarnos, sin embargo de lo cual, muchas gentes ha habido que los tomaron odio mortal, por la raz\u00f3n misma de contribuir al placer, y se los amputaron a causa de su valer. Lo mismo pensaba de los ojos el que se los salt\u00f3. La mayor parte de los hombres y la m\u00e1s sana tienen a dicha grande la abundancia de hijos; yo y algunos otros opinamos de opuesto modo. Preguntado <strong>Thales<\/strong> por qu\u00e9 no se casaba, respondi\u00f3 que no quer\u00eda dejar descendientes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Que nuestra opini\u00f3n d\u00e9 precio a las cosas, vese teniendo en cuenta las muchas que no nos interesan sino en cuanto tienen relaci\u00f3n con nuestras personas; nosotros no consideramos ni los m\u00e9ritos ni la utilidad de aqu\u00e9llas; s\u00f3lo vemos el trabajo que nos cuesta el alcanzarlas, cual si esto fuera una parte de su sustancia. Llamamos valor en ellas, no precisamente a las ventajas que nos proporcionan, sino s\u00f3lo a las que nosotros las concedemos. En vista de lo cual, entiendo que somos econ\u00f3micos en el gasto de nuestras fuerzas: tanto la cosa pesa, tanto sirve, por lo mismo que nuestra apreciaci\u00f3n la concede valor. Queremos que el inter\u00e9s que tenemos por ellas las avalore: el precio da valor al diamante; la dificultad a la virtud; el dolor a la devoci\u00f3n, y el amargor al medicamento. Tal, por llegara a la pobreza, arroja sus escudos en el mismo mar que tantos otros sondean por todas partes para encontrar riquezas. Epicuro dice que el ser rico no es alivio, sino simplemente cambio de cuidados. <strong>Y esa verdad que no es la escasez, sino la abundancia lo que da margen a la codicia<\/strong>. Dir\u00e9 aqu\u00ed lo que yo mismo he experimentado en este particular.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Despu\u00e9s de salir de la infancia he vivido en tres condiciones de fortuna diferentes. La primera, que ha durado cerca de veinte a\u00f1os, la pas\u00e9 sin otros medios que los fortuitos, dependiendo de las \u00f3rdenes y ayuda de otro, sin rentas ni recursos seguros. Mis gastos los hac\u00eda tanto m\u00e1s alegremente y con norma tanto menor cuanto que el fundamento de los mismos era el azar de la fortuna. No recuerdo haber estado nunca mejor. Jam\u00e1s me sucedi\u00f3 encontrar cerrada la bolsa de mis amigos, prometi\u00e9ndome yo siempre, por encima de cualquiera otra necesidad, no dejar de pasar el plazo que me hab\u00eda impuesto para pagar la deuda. De suerte que la lealtad oblig\u00e1bame a ser econ\u00f3mico. Experimento cierto gozo cuando pago, como si descargara mis hombros de un peso enojoso, y de una imagen de la servidumbre, de la propia suerte que me cosquillea el contento cuando realizo una acci\u00f3n justa o contribuyo a la alegr\u00eda ajena. Y no hablo de aquellos pagos en que precisa contar y regatear, los cuales, cuando no encuentro una persona a quien encomendarlos, los aplazo vergonzosamente cuanto puedo por temor del altercado a que ni mi car\u00e1cter ni mi modo de hablarse prestan en modo alguno. No hay nada que yo odie tanto como el regateo, que considero como un puro comercio de gitaner\u00eda y desverg\u00fcenza; despu\u00e9s de una hora de debate y de palabras in\u00fatiles, comerciante y comprador abandonan su palabra y juramentos por la m\u00f3dica suma de cinco cuartos de m\u00e1s o de menos. As\u00ed es que siempre ped\u00eda yo dinero prestado con desventaja, pues no osando solicitarlo en persona lo hac\u00eda por escrito, o que me parec\u00eda menos penoso, pero en cambio hac\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil rechazar el servicio solicitado. El \u00e9xito de mi petici\u00f3n encomend\u00e1balo a los <em>astros<\/em>, con alegr\u00eda y libertad mayores que andando el tiempo no he puesto en la previsi\u00f3n ni en el buen sentido. La mayor parte de las personas ordenadas, juzgan horrible vivir as\u00ed en la incertidumbre, mas no advierten que casi todo el mundo vive de este modo; <em><strong>\u00a1cu\u00e1ntos hombres honrados han dejado lo cierto por lo dudoso y siguen dej\u00e1ndolo todos los d\u00edas por buscar el favor de los monarcas y el de la fortuna!<\/strong><\/em> <strong>C\u00e9sar<\/strong> contrajo deudas por valor de un mill\u00f3n de oro, adem\u00e1s de haber gastado su caudal personal, por llegar a ser emperador; \u00a1y cu\u00e1ntos comerciantes hay que comienzan su tr\u00e1fico vendiendo su <em>alquer\u00eda<\/em>, cuyo importe env\u00edan a las <em>Indias<\/em>!<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Tot per impotentia freta!<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\"><em>Al trav\u00e9s de tantos mares tempestuosos. CATULO, IV, 18. (N. del T.)<\/em><\/span><\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Vemos, en una \u00e9poca tan poco devota como la nuestra, mil y mil congregaciones que pasan gratamente su existencia esperando todos los d\u00edas de la liberalidad celeste lo m\u00e1s indispensable para la vida. En segundo lugar, no echan de ver aquellas personas que la certidumbre en que se fundan no es menos incierta que el mismo acaso. Yo veo tan cerca la miseria m\u00e1s all\u00e1 de los dos mil escudos de renta, como si la carencia de recursos me alcanzara; pues aparte de que la suerte puede abrir cien huecos a la pobreza, al trav\u00e9s de nuestras riquezas no existe a las veces diferencia alguna entre la suprema y la \u00ednfima fortuna:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span class=\"foreign\" lang=\"la\" style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\" xml:lang=\"la\">Fortuna vitrea est: tum, quum splendet, frangitur<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"color: #008000;\">Y de la propia suerte que tiene el brillo del cristal con igual facilidad se quiebra.\u00a0<em>Ex Mimis Publii Syri<\/em>. (N. del T.)<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La casualidad puede deshacer de un soplo todas nuestras fortificaciones y medios de defensa; tan ordinariamente se ve la indigencia entre los que poseen bienes, como entre los que no los poseen; la indigencia no es m\u00e1s soportable cuando est\u00e1 sola, que cuando va acompa\u00f1ada de riquezas, las cuales m\u00e1s dependen del orden que de la abundancia de bienes: <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">faber est suae quisque fortunae (<\/span><\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Cada cual es el art\u00edfice de su propia fortuna. SALUSTIO<\/em>, de\u00a0<em>Rep. ordin.<\/em>, I, 1. -N. del T)<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. Me parece m\u00e1s miserable un rico disgustado, necesitado, ocupado constantemente en sus negocios, que quien es pobre solamente.\u00a0<span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\"><em>In divitiis inopes, quod genus egestatis gravissimum est<\/em> (<\/span><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Nada hay m\u00e1s digno de compasi\u00f3n que la indigencia en el seno de las riquezas. S\u00c9NECA,\u00a0Ep\u00edst. 74. -N. del T)<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. Los pr\u00edncipes m\u00e1s poderosos y ricos suelen verse empujados por la pobreza y la escasez a la necesidad m\u00e1s extrema. \u00bfHay necesidad mayor que la de convertirse en injustos y usurpadores tiranos de los bienes de sus s\u00fabditos?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mi segunda manera de vida fue la detener dinero, en la posesi\u00f3n del cual tom\u00e9 empe\u00f1o e hice pronto provisiones importantes, dadas mi fortuna y condici\u00f3n. Estimando que no pod\u00eda llamarse tener sino cuando se posee mucho m\u00e1s de lo que se gasta de ordinario, y que no puede uno fiarse en los intereses que est\u00e1n por venir, aun cuando su recepci\u00f3n sea poco dudosa, porque, dec\u00eda yo para mis adentros, que es necesario, por si cualquier accidente imprevisto me sorprende. De acuerdo con precauciones tan vanas y absurdas iba yo economizando para proveer con la reserva superflua a todos los acontecimientos venideros, y sab\u00eda responder a quien me argumentaba contra mi conducta, que en la vida es infinito el n\u00famero de dificultades que surgen imprevistas y que si el dinero no serv\u00eda para hacer frente a todas, aliviaba al menos la mayor parte. Adem\u00e1s, yo no hac\u00eda tales declaraciones sin ser forzado a ello previamente; convert\u00eda en secreto mi riqueza, y yo que gusto tanto hablar de todo cuanto conmigo se relaciona, no dec\u00eda palabra de mi dinero sino para mentir, como hacen los que quieren pasar por pobres siendo ricos, o viceversa, los que quieren aparentar riqueza siendo pobres, dispensando su conciencia de testimoniar sinceramente lo que poseen. \u00a1Prudencia rid\u00edcula y vergonzosa, en verdad! \u00bfIba a emprender un viaje? Nunca me parec\u00eda llevar recursos y cuanto m\u00e1s cargaba mi gaveta, m\u00e1s aumentaba mi intranquilidad; unas veces por la poca seguridad de los caminos, otras por no tener confianza en los que conduelan mi bagaje, del cual, como acontece a otras personas que conozco, no estaba seguro sino cuando lo ten\u00eda delante de mis ojos. \u00bfDejaba mi bolsa en casa? \u00a1Qu\u00e9 n\u00famero de sospechas y malos pensamientos! y lo que es peor todav\u00eda, sin osar comunic\u00e1rselos a nadie. Mi mente iba por doquiera unida a mi tesoro; jam\u00e1s se apartaba de \u00e9l. Todo considerado, cuesta m\u00e1s trabajo guardar el dinero que adquirirlo. Si mis cuidados no eran tan grandes como llevo dicho, por lo menos me era bien dif\u00edcil desposeerme de ellos. Ventajas ni provechos procur\u00e1bame pocos o ninguno; por haber m\u00e1s recursos de que echar mano, la riqueza no me pesaba menos; pues como dec\u00eda <strong>Bion<\/strong>, el cabelludo como el calvo se enfadan lo mismo cuando les arrancan el pelo; y luego de estar acostumbrados a tener la idea fija sobre cierto tesoro, el oro ya no est\u00e1 a vuestro servicio; ni siquiera osar\u00e9is tocarlo; se convierte en un edificio que se vendr\u00e1 abajo con s\u00f3lo llegarle con las manos. Preciso es que la necesidad os ahogue para decidiros a empezarlo. En mi primera manera de vivir empe\u00f1aba yo mi ropa, o vend\u00eda un caballo con mucha mayor facilidad y contrariedad menor que no hubiera sacado un <em>maraved\u00ed<\/em> de aquella bolsa querida que ten\u00eda de reserva. Pero el mal estaba en la dificultad de poner un l\u00edmite determinado al deseo constante del guardar (<em>\u00a1es tan dif\u00edcil el se\u00f1alar los confines de las cosas que se creen buenas!<\/em>) y el detenerse en la econom\u00eda razonable&#8230; Constantemente vase engruesando el mont\u00f3n y aument\u00e1ndolo hasta el punto de privarse villanamente del disfrute de sus propios bienes, y se hace consistir todo el goce supremo en el guardar y en no gastar nada. Seg\u00fan esta cuenta, las entes de mayores recursos son las que cobran los impuestos de puertas en las grandes ciudades. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Todo hombre adinerado es <em>avaricioso<\/em>, a mi manera de ver. <strong>Plat\u00f3n<\/strong> coloca, en el orden siguiente los bienes corporales o humanos: <em>salud, belleza, fuerza y riqueza<\/em>; y la riqueza, a\u00f1ade, no es ciega sino muy <em>clarividente<\/em> citando la prudencia la ilumina. <strong>Dionisio<\/strong>, el hijo, tuvo un rasgo ingenioso: advertido de que uno de sus <em>siracusanos<\/em> hab\u00eda ocultado en la tierra un tesoro, dijo al <em>avaro<\/em> que se lo llevase, lo cual hizo \u00e9ste; pero sin que <strong>Dionisio<\/strong> lo echara de ver, pudo reservarse una parte, con la que se fue a vivir a otra ciudad, en la cual, como hubiera perdido el h\u00e1bito de atesorar, vivi\u00f3 liberalmente. Enterado <strong>Dionisio<\/strong> de su conducta, mand\u00f3 que se le devolviera el resto del tesoro, alegando que, puesto que ya sab\u00eda usar de su riqueza, entreg\u00e1basela de buen grado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Llev\u00e9 algunos a\u00f1os ese g\u00e9nero de vida, y no s\u00e9 qu\u00e9 buen esp\u00edritu me arranc\u00f3 de ella, como al <em>siracusano<\/em>, con mucha ventaja y provecho, arrojando al viento aquella bolsa memorable. Merced al placer de cierto viaje que exig\u00eda grandes gastos, mi imaginaci\u00f3n abandon\u00f3 por completo la idea constante de atesorar, por donde entr\u00e9 en un tercer modo de vivir mucho m\u00e1s agradable, en verdad y tambi\u00e9n mucho mejor ordenado, pues al presente mis gastos, van, sobre poco m\u00e1s o menos, a la par de mis ingresos: de todas suertes, la diferencia es escasa entre los unas y los otros. Vivo al d\u00eda, y me conformo con disponer de lo necesario para hacer frente a mis necesidades ordinarias; cuanto a las extraordinarias, todas las econom\u00edas del mundo no bastar\u00edan a satisfacerlas. Tengo por loco al que cree que la fortuna es un arma poderosa contra todos los peligros; debemos combatir con las nuestras propias los reveses de la desdicha. El dinero nada puede contra lo extraordinario y lo imprevisto. Si al presente pongo a un lado alg\u00fan dinero, lo hago s\u00f3lo para emplearlo en la adquisici\u00f3n de alg\u00fan objeto; no precisamente para comprar tierras, que no me faltan, sino para procurarme alguna cosa de mi agrado. <em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Non esse cupidum, pecunia est; non esse emacen, vestigal est (<\/span><\/em><\/span><em><span style=\"font-size: 14pt;\">La riqueza consiste en no estar \u00e1vido de tesoros; constituye una renta no hallarse dominado por la pasi\u00f3n de comprar. CICER\u00d3N,\u00a0Paradox, VI, 3. -N. del T<\/span><\/em><span style=\"font-size: 14pt;\">)<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">. Y no me aqueja el temor de que el bienestar me falte, ni deseo tampoco que sea mayor que el que disfruto:\u00a0<span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\"><em>divitiarum fructus est in copia; copiam declarat satietas<\/em> (<\/span><\/span><em><span style=\"font-size: 14pt;\">La abundancia es el fruto de las riquezas, y la prueba de la abundancias el contentamiento con lo que se osee. CICER\u00d3N,\u00a0Paradox., VI. -N. del T<\/span><\/em><span style=\"font-size: 14pt;\">)<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">: me congratulo singularmente de haber llegado a este estado de esp\u00edritu habiendo partido de una idea naturalmente inclinada a la <em>avaricia<\/em>; me satisface el verme desligado de esa locura tan frecuente en los viejos, y que es el m\u00e1s rid\u00edculo entre todos los humanos extrav\u00edos.<\/span><\/p>\n<footer id=\"pie\" role=\"contentinfo\"><\/footer>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Feraulas,<\/strong> que hab\u00eda vivido en la escasez y en la abundancia, vio bien que el aumento de los bienes no est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con el crecimiento de los deseos en el beber, comer, dormir y gozar los placeres del amor. Sinti\u00f3, adem\u00e1s, que pesaba excesivamente sobre sus hombros la importunidad de la econom\u00eda como a mi me aconteci\u00f3, y decidi\u00f3 hacer feliz a un joven pobre, amigo suyo, a quien la idea de ser rico enloquec\u00eda: H\u00edzole el presente de todos sus bienes superfluos y de todos los que a diario adquir\u00eda merced a la liberalidad de <strong>Ciro<\/strong>, su buen se\u00f1or, y tambi\u00e9n de los que la guerra le proporcionaban, con la sola condici\u00f3n de que en lo sucesivo <strong>Feraulas<\/strong> hab\u00eda de ser el pupilo del joven, manteni\u00e9ndole y suministr\u00e1ndole lo necesario, como a su hu\u00e9sped y amigo. As\u00ed vivieron dichosamente, ambos igualmente contentos con el cambio de situaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">He ah\u00ed un ejemplo que yo imitar\u00eda de buena gana. Igualmente enaltezco la conducta de un prelado anciano a quien he visto encomendar su bolsa, los ingresos que le procuraba el ejercicio de su cargo, sus rentas y sus gastos, unas veces a un servidor preferido, otras a otro, de suerte que pas\u00e9 buen n\u00famero de a\u00f1os tan ignorante como un extra\u00f1o de los negocios de su palacio. La confianza en la bondad ajena es testimonio casi irrecusable de la propia hombr\u00eda de bien, por lo cual el se\u00f1or la favorece de buen grado. Y por lo que al prelado toca, jam\u00e1s vi casa mejor gobernada ni m\u00e1s dignamente administrada que la suya. Feliz quien ordena sus necesidades conforme a determinaci\u00f3n tan justa, y logra que sus recursos las satifagan, sin ocasionarse desvelos ni cuidados, y sin que sus dispendios o econom\u00edas interrumpan las ocupaciones des su cargo, m\u00e1s adecuadas,\u00a0 m\u00e1s tranquilas y m\u00e1s en armon\u00eda con la peculiar inclinaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed, pues, <strong>el bienestar o la indigencia dependen de la opini\u00f3n personal<\/strong>. La riqueza, la gloria, la salud, tienen solamente el alcance y ocasionan s\u00f3lo el placer que las presta quien las posee. La situaci\u00f3n de cada uno es buena o mala seg\u00fan su parecer individual, no est\u00e1 precisamente satisfecho del vivir aqu\u00e9l a quien los dem\u00e1s creen feliz, sino el que se cree tal, y en este punto solamente la creencia es esencialmente cierta. La fortuna no nos procura ni el bien ni el mal, mu\u00e9stranos \u00fanicamente la materia y la semilla, las cuales nuestra alma, m\u00e1s poderosa que ellas, transforma y elabora como le place, siendo la causa exclusiva de su condici\u00f3n feliz o desdichada. Los acontecimientos exteriores adquieren color y sabor merced a la interna constituci\u00f3n de cada uno, de igual suerte que los vestidos nos abrigan, no por su calor intr\u00ednseco, sino por el que nosotros les comunicamos, el cual guardan y alimentan; quien abrigara un cuerpo fr\u00edo alcanzar\u00eda id\u00e9ntico efecto por medio del fr\u00edo: as\u00ed se conservan la nieve y el hielo. En conclusi\u00f3n, del propio modo que el estudio atormenta a los haraganes, a los borrachos la abstinencia del vino, la continencia al lujurioso y el ejercicio al hombre muelle, delicado u ocioso, as\u00ed acontece con todo lo dem\u00e1s. Las cosas no son dif\u00edciles ni dolorosas por s\u00ed mismas; nuestra debilidad y cobard\u00eda las hace tales. Para juzgar de las que son grandes y elevadas precisa tener un alma elevada y grande, de otro modo atribuir\u00e9mosles el vicio que reside en nosotros; un remo derecho parece quebrado dentro del agua. No basta s\u00f3lo ver la cosa, importa grandemente reparar de qu\u00e9 modo se la considera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora bien, \u00bfpor qu\u00e9 entre tantos razonamientos como ejercen influencia var\u00eda sobre los hombres, en punto a ver tranquilos la muerte y soportar el dolor con calma, no encontramos alguno que nos sirva de provecho? Y de tantas suertes de convicciones como nos impelen a realizar las ideas ajenas, \u00bfpor qu\u00e9 cada cual no practica las que mejor se avienen con su car\u00e1cter? Si tal medicamento no puede aceptarse en toda su rudeza bienhechora a fin de desarraigar el mal, apl\u00edquese al menos dulcificado, para aliviarlo\u00a0<em><span class=\"foreign\" lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Opinio est quaedam effeminata ac levis, nec in dolors maqis, quam eadem in voluptate: qua quum liquescim in fluimusque mollitia, apis aculeum sine clamore ferre nou possumus&#8230; Totum in eo est, ut tibi imperes (<\/span><\/em><em>Nuestras almas se debilitan lo mismo con el dolor que con el placer; nada tienen de vigoroso ni de s\u00f3lido, y nos arranca gritos hasta la picadura de una avispa&#8230; El toque est\u00e1 en saber tener imperio sobre s\u00ed mismo. CICER\u00d3N,\u00a0Tusc. quaest., II, 22. <\/em>-N. del T). Por lo dem\u00e1s, no se rehuyen los dolores exagerando su dureza ni aumentando las flaquezas humanas; el buen sentido nos pone de manifiesto estos incontrovertibles argumentos: \u00ab<em>Si es malo vivir en la necesidad, al menos de necesidad alguna<\/em>.\u00bb \u00ab<em>Nadie vive mal durante largo tiempo sino por su propia culpa<\/em>.\u00bb <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A quien carece de fuerzas para soporatar la muerte; a quien no quiere ni resistir ni huir, \u00bfqu\u00e9 remedio puede recomend\u00e1rsele?<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/02\/25\/ensayos-de-michel-de-montaigne-la-amistad-filosofica-que-anticipo-la-tirania-digital-en-el-siglo-xvi\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2256089\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/boetie_montaigne-235x300.webp\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"460\" data-id=\"2256089\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/boetie_montaigne-235x300.webp 235w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/boetie_montaigne.webp 550w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">*******<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>RELACIONADOS:<\/strong><\/span><\/h2>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"WhzvY1RUp7\"><p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/02\/25\/ensayos-de-michel-de-montaigne-la-amistad-filosofica-que-anticipo-la-tirania-digital-en-el-siglo-xvi\/\">ENSAYOS DE MICHAEL DE MONTAIGNE<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"\u00abENSAYOS DE MICHAEL DE MONTAIGNE\u00bb \u2014 Punto Cr\u00edtico Derechos Humanos\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2020\/02\/25\/ensayos-de-michel-de-montaigne-la-amistad-filosofica-que-anticipo-la-tirania-digital-en-el-siglo-xvi\/embed\/#?secret=deoq8EgCAF#?secret=WhzvY1RUp7\" data-secret=\"WhzvY1RUp7\" width=\"500\" height=\"282\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"EDKYkv2XfH\"><p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2022\/04\/20\/cobardia-madre-de-crueldad\/\">\u00abCOBARD\u00cdA, MADRE DE CRUELDAD\u00bb, por Montaigne<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"\u00ab\u00abCOBARD\u00cdA, MADRE DE CRUELDAD\u00bb, por Montaigne\u00bb \u2014 Punto Cr\u00edtico Derechos Humanos\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2022\/04\/20\/cobardia-madre-de-crueldad\/embed\/#?secret=DJYuRKqEO8#?secret=EDKYkv2XfH\" data-secret=\"EDKYkv2XfH\" width=\"500\" height=\"282\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"2dsUmqgZV0\"><p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2017\/02\/25\/la-servidumbre-voluntaria-por-esteban-de-la-boetie\/\">LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA, por Esteban de La Bo\u00e9tie<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; 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