{"id":2265047,"date":"2023-02-02T00:05:11","date_gmt":"2023-02-01T23:05:11","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2265047"},"modified":"2023-02-01T11:57:30","modified_gmt":"2023-02-01T10:57:30","slug":"la-apuesta-1889-anton-chejov","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/02\/02\/la-apuesta-1889-anton-chejov\/","title":{"rendered":"La apuesta (1889), por Ant\u00f3n Ch\u00e9jov"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h2 style=\"font-weight: 400; text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>La apuesta<\/strong>\u00a0(1889)<\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Originalmente publicado, con el t\u00edtulo \u201cUn cuento de hadas\u201d, en la revista\u00a0Tiempo nuevo, (n\u00famero 4613, 1 de enero de 1889); Obras completas\u00a0(1903)<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ant\u00f3n Ch\u00e9jov<\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\">(<em>Ucrania, 1860 &#8211; Alemania, 1904)<\/em><\/span><br \/>\n<em><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/www.literatura.us\/idiomas\/ac\/ac_laa.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">La apuesta (1889), Ant\u00f3n Ch\u00e9jov<\/a><\/span><\/em><br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2266133\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/La-apuesta-Chejov.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"360\" data-id=\"2266133\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/La-apuesta-Chejov.jpg 225w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/La-apuesta-Chejov-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>I<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Una noche sombr\u00eda de oto\u00f1o. El viejo banquero recorr\u00eda su despacho de un extremo al otro, recordando una velada que hab\u00eda dado quince a\u00f1os antes, tambi\u00e9n en oto\u00f1o. Hab\u00edan acudido a ella muchos hombres inteligentes y se hab\u00edan entablado interesantes conversaciones. Entre otras cosas se habl\u00f3 de la pena de muerte. La mayor\u00eda de los invitados, entre los que se contaban no pocos sabios y periodistas, se manifest\u00f3 en contra. La consideraban una forma de castigo anticuada, inmoral e impropia de un Estado cristiano. En opini\u00f3n de algunos de los presentes, deber\u00eda sustituirse en todas partes por la cadena perpetua. <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014No estoy de acuerdo con ustedes \u2014dijo el anfitri\u00f3n\u2014. No he probado la pena de muerte ni la cadena perpetua, pero, si se puede juzgar a priori, la pena de muerte me parece m\u00e1s moral y m\u00e1s humana que el confinamiento. La ejecuci\u00f3n mata de golpe, mientras la reclusi\u00f3n perpetua lo hace poco a poco. \u00bfQu\u00e9 verdugo es m\u00e1s humano, el que acaba con vosotros en unos minutos o el que os va arrancando la vida en el transcurso de varios a\u00f1os?<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a0\u2014Uno y otro supuesto son igualmente inmorales \u2014apunt\u00f3 uno de los invitados\u2014, puesto que persiguen un \u00fanico y mismo fin: privar de la vida. El Estado no es Dios. No tiene derecho a quitar lo que, en caso de quererlo, no podr\u00eda restituir. <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Entre los presentes se encontraba un joven de unos veinticinco a\u00f1os, abogado. Cuando le requirieron su opini\u00f3n, dijo: <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014Tan inmoral es la pena de muerte como la cadena perpetua, pero si me dieran a elegir entre una y otra, me decantar\u00eda, sin duda, por la segunda. Cualquier forma de vida es mejor que la muerte. <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se produjo una animada discusi\u00f3n. El banquero, que entonces era m\u00e1s joven e impulsivo, perdi\u00f3 de pronto la compostura, dio un pu\u00f1etazo en la mesa y grit\u00f3, dirigi\u00e9ndose al joven abogado: <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014\u00a1Mentira! Me apuesto dos millones a que no ser\u00eda usted capaz de pasar cinco a\u00f1os recluido. <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014Si habla usted en serio \u2014respondi\u00f3 el abogado\u2014, apuesto a que aguantar\u00eda no solo cinco, sino quince. <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014\u00bfQuince? \u00a1Est\u00e1 bien! \u2014grit\u00f3 el banquero\u2014. \u00a1Se\u00f1ores, pongo dos millones! <\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014\u00a1De acuerdo! \u00a1Usted pone dos millones y yo mi libertad! \u2014dijo el abogado.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Y esa brutal e insensata apuesta qued\u00f3 sellada! El banquero, hombre mimado por el destino y de esp\u00edritu ligero, que en aquella \u00e9poca no habr\u00eda podido contar todos sus millones, estaba encantado con la apuesta. Durante la cena brome\u00f3 con el abogado y dijo:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014Reflexione, joven, antes de que sea demasiado tarde. Para m\u00ed dos millones no son nada, mientras usted se arriesga a perder tres o cuatro de los mejores a\u00f1os de su vida. Digo tres o cuatro porque no aguantar\u00e1 usted m\u00e1s. No olvide tampoco, desdichado, que la reclusi\u00f3n voluntaria es mucho m\u00e1s penosa que la forzosa. La idea de que en todo momento tiene usted derecho a recobrar la libertad le envenenar\u00e1 la vida en su celda. \u00a1Me da usted l\u00e1stima!\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora el banquero, mientras recoma la habitaci\u00f3n de un extremo al otro, recordaba esos acontecimientos y se preguntaba:<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>\u00bfQu\u00e9 sentido tiene esa apuesta? \u00bfQu\u00e9 utilidad puede derivarse del hecho de que el abogado pierda quince a\u00f1os de vida y yo derroche dos millones? \u00bfVa a demostrarle eso a la gente que la pena de muerte es peor o mejor que la cadena perpetua? No y no. Es una tonter\u00eda y un sinsentido. Por mi parte solo fue un capricho de hombre acaudalado y por la suya simple ansia de dinero\u00bb<\/em>.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Luego rememor\u00f3 lo que hab\u00eda sucedido despu\u00e9s de aquella velada. Se decidi\u00f3 que el abogado cumpliera su plazo de reclusi\u00f3n bajo la m\u00e1s estricta vigilancia en uno de los pabellones construidos en el jard\u00edn del banquero. Se estipul\u00f3 que durante quince a\u00f1os no tendr\u00eda derecho a atravesar el umbral, ni a ver a nadie, ni a escuchar voces humanas, ni a recibir cartas y peri\u00f3dicos. Se le permit\u00eda tener un instrumento musical, leer libros, escribir cartas, beber vino y fumar. Seg\u00fan las condiciones del acuerdo, solo pod\u00eda relacionarse con el mundo exterior en silencio, a trav\u00e9s de un ventanuco practicado ex profeso para cumplir ese cometido. Cualquier cosa que necesitara, libros, partituras, vino y dem\u00e1s, le ser\u00eda procurada mediante petici\u00f3n escrita, en las cantidades que solicitara, pero solo a trav\u00e9s del ventanuco. El pacto preve\u00eda todos los detalles y minucias que aseguraban el rigor de la reclusi\u00f3n y establec\u00eda que el abogado deb\u00eda permanecer encerrado <em>exactamente\u00a0<\/em>quince a\u00f1os, desde las doce del 14 de noviembre de 1870 hasta las doce del catorce de noviembre de 1885. La menor tentativa de adelantar ese plazo, aunque solo fuera un par de minutos, liberaba al banquero de la obligaci\u00f3n de pagarle los dos millones.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante el primer a\u00f1o, el abogado, por lo que sus breves notas dejaban traslucir, hab\u00eda sufrido los fuertes embates de la soledad y el tedio. A todas horas, tanto de d\u00eda como de noche, sal\u00edan del pabell\u00f3n acordes de piano. Rechazaba el vino y el tabaco. El vino, escrib\u00eda, despierta los deseos, y los deseos son los principales enemigos del preso; adem\u00e1s, no hay nada m\u00e1s aburrido que beber un buen vino en soledad. En cuanto al tabaco, enrarecer\u00eda el aire de la habitaci\u00f3n. Durante el primer a\u00f1o requiri\u00f3 ante todo libros de car\u00e1cter ligero: novelas con complicadas intrigas amorosas, relatos polic\u00edacos y fant\u00e1sticos, comedias, etc\u00e9tera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante el segundo a\u00f1o la m\u00fasica enmudeci\u00f3 en el pabell\u00f3n y el abogado solo ped\u00eda en sus billetes obras de autores cl\u00e1sicos. En el quinto volvieron a o\u00edrse acordes musicales y el preso solicit\u00f3 vino. Los que lo observaban a trav\u00e9s del ventanuco dijeron que se hab\u00eda pasado todo el a\u00f1o tumbado en la cama, comiendo, bebiendo, bostezando y conversando consigo mismo con aire irritado. Ya no le\u00eda libros. A veces, por la noche, cog\u00eda la pluma y pasaba largo rato escribiendo, pero por la ma\u00f1ana lo romp\u00eda todo en pedazos. M\u00e1s de una vez se le oy\u00f3 llorar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la segunda mitad del sexto a\u00f1o el prisionero empez\u00f3 a ocuparse con asiduidad del estudio de idiomas, de la filosof\u00eda y de la historia. Se consagr\u00f3 con tanto af\u00e1n a esas disciplinas que el banquero apenas ten\u00eda tiempo de encargarle los libros. En el transcurso de cuatro a\u00f1os se solicitaron, por petici\u00f3n suya, cerca de seiscientos vol\u00famenes. En ese per\u00edodo de entusiasmo el banquero recibi\u00f3 de su prisionero, entre otras cosas, la siguiente carta: \u00ab<em>\u00a1Mi querido carcelero! Le escribo estas l\u00edneas en seis idiomas. Ens\u00e9\u00f1eselas a personas entendidas. Que las lean. Si no encuentran ni un solo error, le ruego que haga disparar una escopeta en el jard\u00edn. Ese disparo me dir\u00e1 que mis esfuerzos no han sido infructuosos. Los genios de todos los siglos y pa\u00edses hablan en distintas lenguas, pero en todos ellos arde la misma llama. \u00a1Ah, si supiera usted la celestial felicidad que embarga ahora mi alma al poder comprenderlos!<\/em>\u00bb. El deseo del prisionero fue satisfecho. El banquero orden\u00f3 efectuar dos disparos de fusil en el jard\u00edn.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Luego, despu\u00e9s del d\u00e9cimo a\u00f1o, el abogado se sentaba inm\u00f3vil ante el escritorio y solo le\u00eda los Evangelios. Al banquero le pareci\u00f3 extra\u00f1o que un hombre que hab\u00eda devorado en cuatro a\u00f1os seiscientos sesudos ejemplares, empleara cerca de un a\u00f1o en la lectura de un libro no muy grueso y de f\u00e1cil comprensi\u00f3n. A los Evangelios los sustituyeron la historia de las religiones y la teolog\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante los dos \u00faltimos a\u00f1os de confinamiento el prisionero ley\u00f3 una enorme cantidad de libros, sin discriminaci\u00f3n alguna. Tan pronto se ocupaba de las ciencias naturales, como ped\u00eda obras de Byron o Shakespeare. A veces enviaba notas en las que solicitaba que le proporcionaran al mismo tiempo manuales de qu\u00edmica y de medicina, una novela y alg\u00fan tratado filos\u00f3fico o teol\u00f3gico. Sus lecturas evocaban la imagen de un n\u00e1ufrago que nadara entre distintos pecios y, deseando salvar la vida, se agarrara con avidez tan pronto a uno como a otro.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2266003\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/la-apuesta-relato-chejov.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"360\" data-id=\"2266003\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/la-apuesta-relato-chejov.jpg 640w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/la-apuesta-relato-chejov-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/la-apuesta-relato-chejov-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/la-apuesta-relato-chejov-610x610.jpg 610w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>II<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El viejo banquero, al evocar esos recuerdos, pensaba:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>Ma\u00f1ana a las doce recobrar\u00e1 la libertad. Seg\u00fan el acuerdo, tendr\u00e9 que pagarle dos millones. Si lo hago, todo estar\u00e1 perdido: me quedar\u00e9 completamente arruinado<\/em>\u2026\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Quince a\u00f1os antes no llevaba la cuenta de sus millones; ahora no se atrev\u00eda a preguntarse en qu\u00e9 era m\u00e1s pr\u00f3digo, si en dinero o en deudas. Fren\u00e9ticas inversiones en bolsa, especulaciones arriesgadas y una impetuosidad de la que no hab\u00eda podido desembarazarse ni siquiera en la vejez fueron llevando poco a poco la ruina a sus negocios, y el ricach\u00f3n imp\u00e1vido, seguro de s\u00ed mismo y orgulloso acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en un banquero de segunda fila, que temblaba ante cada alza o baja de los valores.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014\u00a1Maldita apuesta! \u2014farfull\u00f3 el anciano, llev\u00e1ndose las manos a la cabeza con desesperaci\u00f3n\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 no ha muerto ese hombre? Solo tiene cuarenta a\u00f1os. Va a llevarse mis \u00faltimos ahorros, se casar\u00e1, disfrutar\u00e1 de la vida, invertir\u00e1 en bolsa, mientras yo, como un pordiosero, lo contemplar\u00e9 con envidia cada d\u00eda y escuchar\u00e9 de sus labios la misma frase: \u00abLe debo la felicidad de mi vida, d\u00e9jeme que le ayude\u00bb. \u00a1No, es demasiado! \u00a1Lo \u00fanico que puede salvarme de la bancarrota y la deshonra es la muerte de ese hombre!<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dieron las tres. El banquero aguz\u00f3 el o\u00eddo: en la casa todos dorm\u00edan y solo se o\u00eda el rumor de los ateridos \u00e1rboles m\u00e1s all\u00e1 de las ventanas. Tratando de no hacer ruido, sac\u00f3 de la caja fuerte la llave de la puerta que hab\u00eda permanecido cerrada durante quince a\u00f1os, se puso el abrigo y sali\u00f3 de la casa.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En el jard\u00edn reinaban el fr\u00edo y la oscuridad. Llov\u00eda. Un viento destemplado y h\u00famedo aullaba por todo el jard\u00edn y no daba tregua a las ramas. Por mucho que forz\u00f3 la vista, el banquero no ve\u00eda el suelo, ni las blancas estatuas, ni el pabell\u00f3n, ni los \u00e1rboles. Al aproximarse al lugar donde se levantaba el pabell\u00f3n, llam\u00f3 dos veces al vigilante. No obtuvo respuesta. Era evidente que se hab\u00eda resguardado del mal tiempo y que en esos momentos dorm\u00eda en alg\u00fan rinc\u00f3n de la cocina o del invernadero.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>Si tengo \u00e1nimo suficiente para llevar a cabo mi plan<\/em> \u2014pensaba el anciano\u2014, <em>las sospechas recaer\u00e1n ante todo en el guardi\u00e1n<\/em>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En medio de la oscuridad, busc\u00f3 a tientas los pelda\u00f1os y la puerta, entr\u00f3 en el vest\u00edbulo del pabell\u00f3n; luego, tambi\u00e9n a tientas, gan\u00f3 un peque\u00f1o pasillo y encendi\u00f3 una cerilla. En el lugar no hab\u00eda ni un alma. Vio un lecho sin s\u00e1banas y la sombra negra de una estufa de hierro fundido en un rinc\u00f3n. Los sellos en la puerta que conduc\u00eda a la habitaci\u00f3n del prisionero estaban intactos.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando la cerilla se apag\u00f3, el anciano, temblando de emoci\u00f3n, mir\u00f3 por el ventanuco.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Una vela derramaba una luz incierta en la habitaci\u00f3n del prisionero, que estaba sentado ante la mesa. Solo se ve\u00edan su espalda, sus cabellos y sus brazos. La mesa, los dos sillones y la alfombra que hab\u00eda junto a la mesa estaban cubiertos de libros abiertos.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pasaron cinco minutos sin que el prisionero cambiara de postura. Quince a\u00f1os de reclusi\u00f3n le hab\u00edan ense\u00f1ado a mantenerse inm\u00f3vil. El banquero golpe\u00f3 con un dedo en el ventanuco, pero el prisionero no respondi\u00f3 con ning\u00fan gesto. Entonces el banquero retir\u00f3 con cuidado los sellos e introdujo la llave en la herrumbrosa cerradura, que emiti\u00f3 un gemido; luego la puerta rechin\u00f3. El banquero cre\u00eda que no tardar\u00eda en o\u00edr un grito de asombro y un rumor de pasos, pero pasaron dos o tres minutos sin que el silencio de la pieza sufriera la menor alteraci\u00f3n. El anciano decidi\u00f3 entrar.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ante la mesa estaba sentado un hombre que guardaba pocas semejanzas con las personas normales. Era un esqueleto recubierto de pellejo, con largos rizos femeninos y una barba desgre\u00f1ada. Ten\u00eda la tez amarillenta, con un matiz terroso, mejillas hundidas, una espalda larga y estrecha, y la mano que sosten\u00eda la hirsuta cabeza era tan fina y delgada que hasta daba miedo mirarla. En sus cabellos plateaban ya las canas; al ver su rostro avejentado y demacrado, nadie habr\u00eda cre\u00eddo que solo ten\u00eda cuarenta a\u00f1os. Dorm\u00eda\u2026 Sobre la mesa, ante la cabeza inclinada, hab\u00eda una hoja de papel cubierta de una letra menuda.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>\u00a1Pobre hombre!<\/em> \u2014pens\u00f3 el banquero\u2014. <em>\u00a1Duerme y probablemente sue\u00f1a con los millones! Si cojo a este semicad\u00e1ver, lo arrojo sobre el lecho y le aprieto un poco la boca con la almohada, ni siquiera el peritaje m\u00e1s concienzudo encontrar\u00e1 se\u00f1al alguna de muerte violenta. Pero veamos primero lo que ha escrito<\/em>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El banquero cogi\u00f3 la hoja de la mesa y ley\u00f3 lo siguiente:<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ma\u00f1ana a las doce recobrar\u00e9 la libertad y el derecho a relacionarme con los hombres. Pero antes de abandonar esta habitaci\u00f3n y volver a contemplar la luz de sol, considero indispensable decirle algunas palabras. Con la conciencia tranquila y ante Dios, que me est\u00e1 viendo, declaro que desprecio la libertad, la vida, la salud y todo lo que en vuestros libros se denomina \u00ab<em>bienes de este mundo<\/em>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante quince a\u00f1os he estudiado con atenci\u00f3n la vida terrenal. Es verdad que no he visto el mundo ni a los hombres, pero en vuestros libros beb\u00eda vinos arom\u00e1ticos, entonaba canciones, vagaba por los bosques en pos de ciervos y jabal\u00edes, amaba a las mujeres\u2026 Beldades et\u00e9reas como nubes, creadas por la magia de vuestros m\u00e1s geniales poetas, me visitaban por la noche y me susurraban cuentos maravillosos que me embriagaban. En vuestros libros escalaba las cimas del Elbruz y del Mont Blanc, y desde ellas ve\u00eda c\u00f3mo sal\u00eda el sol por la ma\u00f1ana y por la tarde inundaba de purp\u00fareo oro el cielo, el oc\u00e9ano y las cumbres de las monta\u00f1as; desde esas alturas ve\u00eda c\u00f3mo brillaba el rel\u00e1mpago sobre mi cabeza, desgarrando las nubes; ve\u00eda verdes bosques, campos, r\u00edos, lagos, ciudades; escuchaba el canto de las sirenas, el ta\u00f1ido del caramillo de los pastores, palpaba las alas de hermosos demonios que volaban hacia m\u00ed para hablarme de Dios\u2026 En vuestros libros me arrojaba a precipicios insondables, hac\u00eda milagros, mataba, incendiaba ciudades, predicaba religiones nuevas, conquistaba reinos enteros\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Vuestros libros me concedieron la sabidur\u00eda. Todo lo que el infatigable genio humano ha creado en el transcurso de los siglos se halla comprimido dentro de mi cerebro como una peque\u00f1a bola. S\u00e9 que soy m\u00e1s inteligente que todos vosotros.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y desprecio vuestros libros, desprecio todos los bienes del mundo y la sabidur\u00eda. Todo es insignificante, perecedero, ilusorio y enga\u00f1oso como un espejismo. Por muy orgullosos, sabios y apuestos que se\u00e1is, la muerte os borrar\u00e1 de la faz de la tierra como si fuerais topos y vuestra descendencia, vuestra historia y la inmortalidad de vuestros genios se congelar\u00e1n o se carbonizar\u00e1n con el globo terrestre.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hab\u00e9is perdido la raz\u00f3n y no segu\u00eds el buen camino. Tom\u00e1is la mentira por verdad y la fealdad por belleza. C\u00f3mo os sorprender\u00edais si, por un concurso de circunstancias, los manzanos y los naranjos, en lugar de rendir sus frutos, produjeran de pronto ranas y lagartos, o las rosas dieran a sudor de caballo; del mismo modo me sorprendo yo de que hay\u00e1is trocado el cielo por la tierra. No quiero comprenderos.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Para demostraros con un hecho el desprecio que siento por vuestra vida, renuncio a los dos millones, con los que anta\u00f1o so\u00f1\u00e9 como si fueran el para\u00edso y que ahora desde\u00f1o. Para privarme de todo derecho a ellos, saldr\u00e9 de aqu\u00ed cinco horas antes del plazo establecido, rompiendo de ese modo nuestro convenio\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tras leer esas l\u00edneas, el banquero dej\u00f3 la hoja en la mesa, bes\u00f3 la cabeza de ese hombre estrafalario, se ech\u00f3 a llorar y sali\u00f3 del pabell\u00f3n. Nunca en su vida, ni siquiera despu\u00e9s de haber perdido fuertes sumas en la bolsa, hab\u00eda sentido tanto desprecio de s\u00ed mismo como en aquel instante. De vuelta en su habitaci\u00f3n, se tumb\u00f3 en la cama, pero durante largo rato la emoci\u00f3n y las l\u00e1grimas le impidieron dormir\u2026<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A la ma\u00f1ana siguiente los vigilantes, con rostros demudados, llegaron corriendo para informarle de que hab\u00edan visto c\u00f3mo el hombre del pabell\u00f3n se descolgaba por la ventana al jard\u00edn, se dirig\u00eda a la cancela y desaparec\u00eda. Sin p\u00e9rdida de tiempo, el banquero se encamin\u00f3 al pabell\u00f3n en compa\u00f1\u00eda de los criados y constat\u00f3 la huida del prisionero. Para no despertar rumores innecesarios, cogi\u00f3 la declaraci\u00f3n de renuncia de la mesa y, al regresar a la casa, la guard\u00f3 en la caja fuerte.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_2158631\" aria-describedby=\"caption-attachment-2158631\" style=\"width: 480px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2158631\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1900_yalta-gorky_and_chekhov-678x381.jpg\" alt=\"La apuesta\" width=\"480\" height=\"335\" data-id=\"2158631\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1900_yalta-gorky_and_chekhov-300x210.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1900_yalta-gorky_and_chekhov-768x537.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1900_yalta-gorky_and_chekhov-610x426.jpg 610w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/1900_yalta-gorky_and_chekhov.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-2158631\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Gorki junto a Ant\u00f3n Ch\u00e9jov (izquierda) en Yalta (1900).<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"9528\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>&nbsp; La apuesta\u00a0(1889) Originalmente publicado, con el t\u00edtulo \u201cUn cuento de hadas\u201d, en la revista\u00a0Tiempo nuevo, (n\u00famero 4613, 1 de enero de 1889); Obras completas\u00a0(1903) Ant\u00f3n Ch\u00e9jov (Ucrania, 1860 &#8211; Alemania, 1904) La apuesta (1889), <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/02\/02\/la-apuesta-1889-anton-chejov\/\" title=\"La apuesta (1889), por Ant\u00f3n Ch\u00e9jov\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":2266002,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-2265047","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-miscelanea"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2265047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2265047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2265047\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2266002"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2265047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2265047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2265047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}