{"id":2264740,"date":"2023-01-13T00:05:13","date_gmt":"2023-01-12T23:05:13","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2264740"},"modified":"2025-04-03T15:52:05","modified_gmt":"2025-04-03T13:52:05","slug":"sobre-la-libertad-y-el-apluso-aristoteles-hobbes-bernstein-y-spinoza-en-perspectiva-parte-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/01\/13\/sobre-la-libertad-y-el-apluso-aristoteles-hobbes-bernstein-y-spinoza-en-perspectiva-parte-1\/","title":{"rendered":"SOBRE LA LIBERTAD Y EL APLUSO: ARIST\u00d3TELES, HOBBES, BERNSTEIN Y SPINOZA EN PERSPECTIVA (Parte 1)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">SOBRE LA LIBERTAD Y EL APLUSO<\/span><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>SOBRE LA LIBERTAD Y EL APL(A)USO: ARIST\u00d3TELES, HOBBES, BERNSTEIN Y SPINOZA EN PERSPECTIVA<\/strong><\/span><\/h1>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt; color: #008000;\"><strong> (Parte 1)<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por\u00a0<strong>Maximiliano<\/strong><strong> E. Korstanje<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Universidad de Palermo, Argentina<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-25050\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-1-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"225\" data-id=\"25050\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-1-OK.jpg 225w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-1-OK-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong>El presente ensayo filos\u00f3fico versa sobre una cuesti\u00f3n que ha preocupado durante mucho tiempo a los fil\u00f3sofos pol\u00edticos, el rol del miedo como mecanismo que atenta contra la libertad ciudadana. En efecto, esto ha sido un problema de gran parte de las civilizaciones y un tema actual de debate que se ha despertado luego del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York y las reacciones de los Estados Unidos ante el mundo isl\u00e1mico. En este escenario, la discusi\u00f3n versa sobre las contribuciones que han hecho en la materia tanto Arist\u00f3teles de Estagira, como Thomas Hobbes y Baruch de Spinoza.<\/strong><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25052\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-Principal-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"352\" height=\"279\" data-id=\"25052\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Unas de las pel\u00edculas m\u00e1s taquilleras del cine estadounidense, Star-Wars en su episodio n\u00famero III resalta la expl\u00edcita preocupaci\u00f3n por parte de su director por poder distinguir la fina l\u00ednea entre \u201c<em>la libertad aparente y la real dictadura de los reg\u00edmenes pol\u00edticos<\/em>\u201d, incluyendo a la democracia misma. Ya al final del film, Padme (una de las protagonistas) se cuestiona: <em>\u201das\u00ed es como muere la libertad\u201d\u2026\u201ccon un aplauso estruendoso\u201d <\/em>ante los ojos del senador Bail Organa\u00a0\u2013a quien luego de la voluntaria muerte de Padme se le entregar\u00e1 a una de sus hijas llamada Leia-, observando precisamente el destierro final de los Jedis y la investidura del senador Palpatine como Emperador supremo. Al margen de esta\u00a0 observaci\u00f3n\u00a0 que\u00a0 puede\u00a0 emparentarse tranquilamente\u00a0 con\u00a0 una tragedia\u00a0esquiliana, lo interesante del relato no est\u00e1 en los efectos de sonido o visuales sino en su argumentaci\u00f3n. Existe una relaci\u00f3n de base entre la fundaci\u00f3n pol\u00edtica del Estado, el temor y la dictadura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En efecto, luego del 11 de Septiembre de 2001, como evento fue para Estados Unidos uno de los m\u00e1s en\u00e9rgicos ataques de su historia, incluyendo el bombardeo japon\u00e9s a Pearl Harbor. Desde ese entonces, algunos sugieren que las condiciones pol\u00edticas del mundo comenzaron a cambiar. A este hecho le siguieron la primera consensuada invasi\u00f3n a Afganist\u00e1n, dos atentados m\u00e1s a los aliados de Estados Unidos como Espa\u00f1a y Reino Unido, la tan cuestionada unilateral invasi\u00f3n a Irak y la deposici\u00f3n del r\u00e9gimen de S. Hussein, sin mencionar las escaramuzas pol\u00edticas de la Administraci\u00f3n Bush con Venezuela, Ir\u00e1n, Corea del norte y Rusia. No caben dudas que vivimos en una \u00e9poca potencialmente conflictiva en la cual el temor y el h\u00edper-consumo se han transformado en las m\u00e1s eficaces armas de dominio sobre las mentes de todo el planeta. Dentro de ese contexto, el presente trabajo indaga en las contribuciones filos\u00f3ficas de <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2018\/04\/13\/spinoza-y-hobbes-la-escalera-de-libertades\/\">Hobbes<\/a>, <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/tag\/spinoza\/\">Spinoza<\/a>, <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/05\/28\/el-hombre-segun-aristoteles-y-democrito\/\">Arist\u00f3teles<\/a> y <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/12\/27\/sobre-la-libertad-y-el-apluso-aristoteles-hobbesspinoza-y-hobbes-bernstein-y-spinoza-en-perspectiva-y-parte-2\/\">Bernstein<\/a> para explicar la relaci\u00f3n existente entre el miedo (o p\u00e1nico) que experimenta actualmente la ciudadan\u00eda y la manipulaci\u00f3n pol\u00edtica de la cual es v\u00edctima. Este tema ha desvelado a gran parte de los fil\u00f3sofos pol\u00edticos de todos los siglos, pero es precisamente en \u00e9stos cuatro donde mejor tratado se encuentra el tema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25063\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/arist\u00f3teles-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"340\" data-id=\"25063\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Arist\u00f3teles de Estagira y el temor<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De toda su extensa obra, es en el libro segundo y tercero de \u00c9tica Nicomaquea que Arist\u00f3teles esboza, en la teor\u00eda de las virtudes, su idea de miedo. Partiendo de la idea que de los actos nacen los h\u00e1bitos, el padre de la escuela peripat\u00e9tica sugiere que los actos humanos son plausibles de malograrse tanto por defecto como por exceso. Un exceso de temor convierte a un hombre en cobarde, \u201c<em>y si de todo huye<\/em>\u201d nada soportar\u00e1 mientras que por defecto el valiente puede terminar convirti\u00e9ndose en un insensato y perder la vida. S\u00f3lo la medida justa (virtud) puede conservar la compostura del hombre y llevarlo a la felicidad (Arist\u00f3teles, \u00c9tica, II, v. II, p. 19). Existen tres cosas en cuanto a lo que los seres humanos prefieren, lo bueno, lo \u00fatil y lo placentero. En consecuencia, otras tres ubicadas en oposici\u00f3n a las primeras, lo malo, lo nocivo y lo desagradable. Desde su ni\u00f1ez y a lo largo de su vida, los hombres intentar\u00e1n acercarse al placer separ\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s del dolor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Dentro de este contexto, el temor es clasificado como una pasi\u00f3n junto con el deseo, la envidia, la audacia, el odio, la a\u00f1oranza y la piedad entre otros. A todos estos estados, en otros t\u00e9rminos, les corresponden el placer o la pena. \u201c<em><strong>Las potencias<\/strong><\/em>\u201d por el contrario son las facultades mentales que hacen posible los estados anteriormente mencionados mientras que los h\u00e1bitos predisponen a conducirse por el camino del bien o del mal. En este sentido, Arist\u00f3teles aclara \u201c<em>allende de esto, no depende de nuestra elecci\u00f3n airarnos o temer, mientras las virtudes s\u00ed son elecciones o por lo menos no se dan sin elecci\u00f3n.\u00a0<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Finalmente, d\u00edcese que somos movidos por las pasiones mientras que por las virtudes no somos movidos\u201d <\/em>(Arist\u00f3teles, II, v. III, p. 22).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La huida del cobarde, aquel apoderado por el temor, que decide resguardarse ante una amenaza es movida por una significaci\u00f3n previa del dolor; \u201c<em>en <\/em><em>s\u00ed misma la cobard\u00eda es sin dolor; pero las circunstancias concretas ponen al hombre fuera de s\u00ed por la representaci\u00f3n del dolor al punto de hacerle arrojar las armas e incurrir en otras descomposturas por todo lo cual la cobard\u00eda de la apariencia debe ser forzada. En el desenfrenado, al contrario, los actos son voluntarios, como quiera que son por \u00e9l deseados y apetecidos<\/em>. (Arist\u00f3teles, III, XII, p. 42-43). El desenfreno obedece a una causa que sigue la propia voluntad del sujeto mientras que no sucede lo mismo con la cobard\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Siguiendo el lineamiento de la raz\u00f3n antigua, el autor se remite al proceso de ense\u00f1anza del ni\u00f1o como ejemplo para sortear los obst\u00e1culos de su propia contradicci\u00f3n; los ni\u00f1os cuyo desenfreno les hacen inmanejables, tendr\u00e1n un apetito de placer el cual no podr\u00e1 ser saciado. Si no se puede disciplinar -\u201c<em>hacer obediente<\/em>\u201d- al apetito, el sujeto se transformar\u00e1 una vez adulto, en un ser irracional y err\u00e1tico o temeroso. En la voluntad del desenfrenado el hombre se acostumbra a los placeres, pero al quererlos todos, inevitablemente se \u201c<em>entristece<\/em>\u201d por no poder alcanzarlos; por lo que aquel deseo que se torna desmedido se encuentra sujeto a la tristeza. En la medida en que mayor sea la apetencia por evitar el placer mayor ser\u00e1 la posibilidad de experimentar temor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De este tratamiento, tomar\u00e1 <strong>S. Freud<\/strong> su idea inicial de fobia (t\u00e9rmino compuesto por ph\u00f3bos y phemobai). De <em><strong>ph\u00f3bos<\/strong> <\/em>derivan dos sentidos diferentes: terror y miedo. En su tratamiento sobre el caso Hans, Freud explica que la fobia es una respuesta que tiende a la unidad ps\u00edquica cuando la estructura se encuentra frente a sentimientos ambivalentes y encontrados por medio de un proceso de escisi\u00f3n \/ proyecci\u00f3n \/ desplazamiento (Freud, 1998: 11) <a id=\"ref1a\"><\/a><a href=\"#ref1\">(1)<span style=\"color: #000000;\">.<\/span> <\/a>Un sugerente rastreo historiogr\u00e1fico en <strong>Vicente Dom\u00ednguez<\/strong> (2003) sugiere la idea que el miedo tiene en la literatura hom\u00e9rica un tratamiento diferente al dado por <strong>Arist\u00f3teles<\/strong> en su <em>\u00c9tica Nicomaquea<\/em>. En <strong>Homero<\/strong>, para ser m\u00e1s exactos <em>ph\u00f3bos <\/em>deriva de <em>phemobai <\/em>que significa huir. En este contexto, su aplicaci\u00f3n a fines b\u00e9licos puede verse plasmado en la figura de <em>Ph\u00f3bos <\/em>hijo del dios de la Guerra <strong>Ares<\/strong>, \u201c<em>terrible y temido<\/em>\u201d por todos los mortales. Luego de Homero, dice el autor, el sentido de <em>Ph\u00f3bos <\/em>adquiere un matiz m\u00e1s vinculado al miedo que al terror anterior (Dom\u00ednguez, 2003: 662). Una\u00a0 de\u00a0 las contribuciones de Arist\u00f3teles al estudio del temor, es la idea de virtud como\u00a0forma intermedia entre la cobard\u00eda y la temeridad, a la vez que considera al miedo como una forma de evitar el dolor. aumentando el placer. Sin embargo, Arist\u00f3teles no contin\u00faa explicando como es que la valent\u00eda se transforma en un estado permanente de \u201c<em>orgullo<\/em>\u201d, tema que ser\u00e1 retomado por la filosof\u00eda pol\u00edtica del brit\u00e1nico. <strong>T. Hobbes<\/strong>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25053\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-2-OK.jpg\" alt=\"SOBRE LA LIBERTAD Y EL APLUSO: ARIST\u00d3TELES, HOBBES, BERNSTEIN Y SPINOZA EN PERSPECTIVA (Parte 1)\" width=\"459\" height=\"344\" data-id=\"25053\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-2-OK.jpg 259w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-2-OK-80x60.jpg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 459px) 100vw, 459px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>El Leviat\u00e1n de Thomas Hobbes<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El fil\u00f3sofo brit\u00e1nico considera que la naturaleza ha hecho a los hombres iguales en sus facultades f\u00edsicas y esp\u00edritu; as\u00ed \u201c<em>de esta igualdad en cuanto a la capacidad se deriva la igualdad de esperanza respecto a la consecuci\u00f3n de nuestros fines. Esta es la causa de que si dos hombres desean la misma cosa, y en modo alguno pueden disfrutarla ambos, se vuelven enemigos \u2026 y en el camino que conduce al fin (que es principalmente, su propia conservaci\u00f3n y a veces su delectaci\u00f3n tan s\u00f3lo) tratan de aniquilarse o sojuzgarse uno a otro. De ah\u00ed que un agresor no teme otra cosa que el poder singular de otro hombre\u201d <\/em>(Hobbes, I, Del Hombre, XVIII, p. 101).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Inicialmente, Hobbes plantea un tema de debate que no hab\u00eda sido tratado hasta antes de su intervenci\u00f3n; el sujeto posee una naturaleza dual ya que por un lado, desea los bienes del pr\u00f3ximo (que no necesariamente es pr\u00f3jimo) a la vez que teme ser despojado de los propios por un tercero. Para ello, b\u00e1sicamente los hombres confieren por medio de un pacto de com\u00fan acuerdo el uso de la fuerza a un tercero: el <strong>Leviat\u00e1n<\/strong>. El motivo parece ser claro a grandes rasgos, evitar la \u201c<em>guerra de todos contra todos<\/em>\u201d y establecer un estadio civil que garantice cierta estabilidad. De esta misma forma, dice el autor \u201c<em>de esta ley de naturaleza, seg\u00fan la cual estamos obligados a transferir a otros aquellos derechos que, retenidos, perturbaban la paz de la humanidad, se deduce una tercera ley, a saber: que los hombres cumplan los pactos que han celebrado. Sin ello, los pactos son vanos, y no contienen sino palabras vac\u00edas, y subsistiendo el derecho de todos los hombres a todas las cosas, seguimos hall\u00e1ndonos en situaci\u00f3n de guerra\u201d. <\/em>(Hobbes, I, Del Hombre, XV, p.118).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Esta transferencia de derechos presupone que los hombres \u2013a diferencia del estado de naturaleza- no puedan acceder todos a lo mismo. Por otro lado, el temor a que el otro rompa con su parte del tratado, se basa en el origen de la justicia por el cual el poder coercitivo del estado interviene. Sin \u00e9ste, los hombres retornar\u00edan todo el tiempo a su estado inicial de naturaleza. Asimismo en \u00e9pocas de paz, el miedo contin\u00faa por otros canales, al ser en este aspecto utilizado para la obediencia del hombre y puesto al servicio del Estado. Es decir, la obediencia se funda en el temor a ser castigado en mayor cuant\u00eda que en el beneficio esperado por esa acci\u00f3n. Hobbes resuelve as\u00ed el dilema propiedad \u2013 Estado \u2013 Justicia por la cual deduce que no existe Estado sin propiedad que proteger, a la vez que no existe la propiedad donde no hay justicia. Impl\u00edcitamente, por lo tanto donde no existe el Estado nada es injusto. \u201c<em>Adem\u00e1s, los hombres no experimentan placer ninguno (sino, por el contrario, un gran desagrado) reuni\u00e9ndose, cuando no existe un poder capaz de imponerse a todos ellos. En efecto, cada hombre considera que su compa\u00f1ero\u00a0<\/em><em>debe valorarlo del modo que \u00e9l se valora a s\u00ed mismo. Y en presencia de todos los signos de desprecio o subestimaci\u00f3n, procura naturalmente, en la medida en que puede atreverse a ello \u2026arrancar una mayor estimaci\u00f3n de sus contendientes, infligi\u00e9ndoles alg\u00fan da\u00f1o, y de los dem\u00e1s por ejemplo\u201d. <\/em>(Hobbes, I, Del Hombre, XIII, p. 102).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">no existe Estado sin propiedad que proteger, a la vez que no existe la propiedad donde no hay justicia. Impl\u00edcitamente, por lo tanto donde no existe el Estado nada es injusto<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En esta lectura precedente, obtenemos tres causas que explican la naturaleza discordante y conflictiva del hombre en estado natural: En primer t\u00e9rmino, la competencia en donde los hombres se impulsan a atacarse para obtener alg\u00fan beneficio; en segundo lugar, la desconfianza cuya funci\u00f3n se encuentra vinculada a lograr una seguridad interna, y por \u00faltimo la gloria cuya din\u00e1mica estima reputaci\u00f3n y honor (ser reconocido frente a los dem\u00e1s). Pero en condiciones de constante conflicto, los hombres corren grandes riesgos de perder la vida y con ella la posibilidad de ser estimados; de ello resulta la necesidad de convenir la paz y gozar de sus beneficios. El Estado tiene como causa final, el cuidado de sus miembros y el \u201c<em>logro de una vida m\u00e1s arm\u00f3nica<\/em>\u201d promoviendo el deseo de abandonar la condici\u00f3n de guerra constante por medio de la imposici\u00f3n del- <strong>temor-al-castigo<\/strong>. En efecto, si un poder superior a todos los hombres en fuerza no se fijara por encima de todos ellos, \u00e9stos se vincular\u00edan s\u00f3lo por la voluntad de poseer lo que tiene el vecino. La confianza es proporcional al temor que tenemos de ser expropiados, expoliados, asesinados por nuestros semejantes. Pero ese temor, no es un horror generalizado ni un estado de p\u00e1nico sino s\u00f3lo un temor regulante y regulado que genera obediencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este mismo an\u00e1lisis se puede observar en <strong>John Locke<\/strong> para quien los hombres deben renunciar al estado de naturaleza por la inseguridad que implica ser invadidos, o despojados de sus propiedades. Al efecto que, dice el autor \u201c<em>si <\/em><em>el hombre en estado de naturaleza fuera tan libre como se ha dicho, si fuera amo absoluto de su propia persona y posesiones, igual al m\u00e1s grande y s\u00fabdito de nadie, \u00bfPor qu\u00e9 renunciar\u00eda a su libertad y su imperio, y se someter\u00eda al dominio y el control del otro poder?. A esto la respuesta es obvia, aunque en el estado naturaleza un hombre tiene semejante derecho, su posibilidad de disfrutarlo es muy incierta y est\u00e1 constantemente expuesta a la invasi\u00f3n de otros, pues al ser todos los hombres tan reyes como \u00e9l, todo individuo su igual,\u00a0<\/em><em>\u2026 lleva a querer dejar una condici\u00f3n que, por libre que sea, est\u00e1 llena de temores y peligros continuos\u201d. <\/em>(Locke, IX, v. 123, p. 92). El pasaje del estado natural al civil se explica por medio de la noci\u00f3n de propiedad. Seg\u00fan el fil\u00f3sofo esto se debe a las propias limitaciones de la ley natural por cuanto que:<\/span><\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">No puede establecer un criterio com\u00fan para dirimir todos los problemas entre los hombres por tanto que su obligatoriedad puede ser cuestionada.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">El estado natural no puede proveer un juez que haga respetar la ley establecida.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando la sentencia es justa, no existe poder alguno que la haga respetar.<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y entonces, la humanidad a pesar de todos los beneficios que implica un estado de libertad tal como lo es el natural, sacrifica esa libertad por una posici\u00f3n que otorgue mayor seguridad y estabilidad para desarrollar el trabajo y\u00a0el apego a la propiedad. Por otro lado para <strong>Locke<\/strong> -al igual que para <strong>Hobbes<\/strong>&#8211; los hombres no s\u00f3lo garantizan su protecci\u00f3n uni\u00e9ndose a otros hombres, sino tambi\u00e9n someti\u00e9ndose a la autoridad de un poder civil. En resumidas, cuentas hemos intentado brevemente sumariar la postura de Hobbes con respecto al miedo en su obra p\u00f3stuma el <em>Leviat\u00e1n, o la materia, forma y poder de una Rep\u00fablica Eclesi\u00e1stica y Civil<\/em>; y como por medio de la manipulaci\u00f3n de este sentimiento los hombres convienen coexistir en paz y armon\u00eda, sujetos a la autoridad de un Estado administrador. En este sentido, la tesis hobbessiana no s\u00f3lo ha sido sometida al m\u00e1s detallado escrutinio por los pensadores modernos, sino que adem\u00e1s se ha oscurecido el sentido de las contribuciones originales del autor seg\u00fan la perspectiva de cada uno de los intelectuales intervinientes. Por ese motivo, adem\u00e1s de un an\u00e1lisis al texto de referencia, es conveniente discutir los aportes de otros autores (manteniendo la mayor claridad posible).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25054\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-3-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"269\" data-id=\"25054\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Thomas Hobbes y su Sombra<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En concordancia con lo expuesto, seg\u00fan <strong>L. Luckac de Stier<\/strong> (1999: 212), <strong>Hobbes<\/strong> aclara que su noci\u00f3n de temor, por la cual se funda el orden societario no se relaciona m\u00e1s que con el estado de naturaleza o guerra de todos contra todos; de esta manera, los hombres en su estadio de naturaleza no obtienen ning\u00fan tipo de seguridad ya que atenta contra su propia supervivencia. La tranquilidad en esta fase de la convivencia se considera precaria en cuanto a que la paz s\u00f3lo se hace posible por el uso de una continua hip\u00f3tesis de conflicto. Ante la incertidumbre, los hombres recurren al acuerdo mutuo o a la conquista para conformar una sociedad que les permita resolver esa angustia en forma satisfactoria. Las pasiones que inclinan a la paz son el miedo a morir y la recompensa por el trabajo. Parad\u00f3jicamente, los mismos sentimientos que los mueven a querer poseer los bienes \u201cdel otro\u201d son aquellos que mediante la imposici\u00f3n del temor garantizan la convivencia por cuanto intentan evitar el conflicto. Por \u00faltimo, a diferencia de Arist\u00f3teles, Hobbes no considera al ser humano como un animal pol\u00edtico por naturaleza; en principio por los siguientes criterios:<\/span><\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Las criaturas irracionales carecen de pasi\u00f3n por la competencia y la guerra.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Las criaturas irracionales no tienen una noci\u00f3n acabada del bien com\u00fan. <\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Su falta de raz\u00f3n no los impulsa a superarse y a competir con otros.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">No se confunden por el arte de la ret\u00f3rica.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">No distinguen entre injuria y da\u00f1o, por consecuente no se ofenden.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-size: 14pt;\">Los hombres se unen no por tendencia natural sino por el terror que provoca la p\u00e9rdida de lo propio. Por tal motivo, si la sociabilidad es natural entre los animales, entre los hombres s\u00f3lo se logra por medio de un convenio previo en respuesta al temor mutuo. (ibid: 217)<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por \u00faltimo, explica <strong>Lukac de Stier<\/strong>, el temor \u201c<em>de todos contra todos<\/em>\u201d es transformado en el temor de \u201c<em>todos contra uno<\/em>\u201d; el Leviat\u00e1n se posiciona como el \u00fanico ente capaz de ejercer el uso de la fuerza y regular la conducta\u00a0humana (por medio de la obediencia civil). En s\u00ed, es err\u00f3neo suponer que en dicha uni\u00f3n el miedo desaparece mas porque contin\u00faa presente y es a la vez que factor principal por el cual los s\u00fabditos obedecen al soberano, sin temor no s\u00f3lo el Leviat\u00e1n perder\u00eda su raz\u00f3n de ser sino adem\u00e1s la misma sociedad (ibid: 220-221). Es cierto, existe sobre Hobbes cierto consenso por el cual los hombres se unen por temor a la \u201cguerra\u201d o al conflicto derivado por la incompatibilidad de ciertos deseos. Como todos los hombres tienen derecho a todo, en resumen ninguno tiene un derecho pr\u00e1ctico a nada. En su propia igualdad, desean y anhelan las mismas cosas convirti\u00e9ndose en enemigos. As\u00ed, mientras no exista un poder que los atemorice seguir\u00e1n en su proceso de guerra contin\u00faa. Ahora bien, si construimos una casa por medio del temor, pues entonces \u00e9ste mismo estar\u00e1 presente en todas sus esferas y facetas. En el estado civil, a\u00fan cuando los hombres logran cierta estabilidad, el temor a la p\u00e9rdida y a\u00fan la muerte violenta contin\u00faa presente aunque por otros medios (Pousadela, 2000: 370-371).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Asimismo, una de las lecturas sobre Hobbes, realizadas por <strong>Renato J. Ribeiro<\/strong> indicar\u00edan en el Leviat\u00e1n una suerte de cr\u00edtica indirecta y directa hacia el poder clerical, temidos precisamente por ser los guardianes de las llaves del cielo e infierno; en otros t\u00e9rminos, los \u00fanicos capaces de infligir el perd\u00f3n y la absoluci\u00f3n para disfrutar de una vida \u201ceterna\u201d. En esta articulaci\u00f3n del miedo, seg\u00fan Ribeiro, los medievales no tem\u00edan tanto a que no existiera la vida luego de muertos como a la idea de una condenaci\u00f3n eterna (castigo). En este sentido, la tesis hobbesiana (por antonomasia anti-aristot\u00e9lica) acerca del\u00a0 poder estatal se apoya en nuestra propia insociabilidad. El impacto de semejante afirmaci\u00f3n, sugiere Ribeiro, implica una invitaci\u00f3n al lector a imaginar el texto, pero a la vez que en el cap\u00edtulo IV lo excluye diplom\u00e1ticamente. Algo similar a la neurosis freudiana, por la cual el paciente ve en cierta manera los hilos de su conducta, pero de ninguna manera es consciente de cuales son sus causas; as\u00ed tambi\u00e9n, Hobbes sugiere una paradoja que luego le cuesta resolver en torno al binomio sociabilidad \/ insociabilidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En otras palabras, si el hombre recurre el poder civil (la sociabilidad) s\u00f3lo por temor, se deduce que entonces el estado natural del hombre es la insociabilidad (Ribeiro, 2000:15-22); en este punto el poder m\u00e1s efectivo no es el filo de la espada sino el poder de la religi\u00f3n; \u201c<em>si <\/em><em>el gobernante que juzga de manera visible y a los ojos de todos puede infligir la muerte f\u00edsica, el clero blande la amenaza de la muerte eterna al mismo tiempo que nos hace ver anticipadamente una eternidad en el para\u00edso. Esta mezcla de promesa y amedrentamiento puede ser m\u00e1s eficaz que el instrumental desencantado con el que el poder lego intenta controlar las conductas\u201d <\/em>(ibid: 28)<em>.<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">si el hombre recurre el poder civil (la sociabilidad) s\u00f3lo por temor, se deduce que entonces el estado natural del hombre es la insociabilidad (Ribeiro, 2000:15-22); en este punto el poder m\u00e1s efectivo no es el filo de la espada sino el poder de la religi\u00f3n<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La tesis central en el Hobbes de Ribeiro, es que no se accede a la paz por la introducci\u00f3n de un elemento externo como el poder del Estado, sino por la propia disuasi\u00f3n (miedo) de perder lo que se tiene. En efecto, \u201c<em>lo <\/em><em>que pretend\u00ed mostrar es que a fin de comprender tal procedimiento no es necesario introducir un elemento externo al orden jur\u00eddico, que ser\u00eda la espada del Estado como garante del contrato que precisamente da nacimiento al mismo. Sin duda\u00a0<\/em><\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>en el orden de las cosas, en la pr\u00e1ctica o en el mundo de facto, es el afilado poder de la justicia y de la guerra el que conserva la paz. Pero en la fundamentaci\u00f3n jur\u00eddica \u00e9l no es posible, porque el Estado no existe, ni es tampoco necesario\u201d <\/em>(ibid: 26). No obstante en <strong>Pousadelas<\/strong>, la funci\u00f3n del Leviat\u00e1n implica una paradoja de dif\u00edcil soluci\u00f3n. A saber, si el Estado se impone por medio del temor, \u00bfqui\u00e9n juzga al Estado?. En su arquitectura, Hobbes pens\u00f3 al Leviat\u00e1n sin ninguna obligaci\u00f3n hacia sus s\u00fabditos, ni a las leyes civiles. Pero el problema de esta postura, resalta Pousadela, es en la posici\u00f3n donde se sit\u00faan las leyes. Si se colocan las leyes sobre un Estado, ello implica tambi\u00e9n poner sobre \u00e9l a un juez y as\u00ed sucesivamente bajo el riesgo de disolver el poder del mismo en otro. En consecuencia, el poder el Estado estar\u00eda -en s\u00ed mismo- destinado a fracasar (Pousadelas, 2000: 375).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<figure id=\"attachment_25055\" aria-describedby=\"caption-attachment-25055\" style=\"width: 360px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-25055\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/ETICA-Manuscrito-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"275\" data-id=\"25055\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/ETICA-Manuscrito-OK.jpg 257w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/ETICA-Manuscrito-OK-80x60.jpg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-25055\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">\u00c9TICA &#8211; Manuscrito<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con respecto a nuestro tema de estudio en s\u00ed, es m\u00e1s que interesante el an\u00e1lisis que hacen de Hobbes,<strong> Claudia Hilb y Mat\u00edas Sirczuk<\/strong> en cuanto a la relaci\u00f3n entre la gloria como elemento de las acciones pasadas, la vanagloria comprendida como la escapatoria ante el peligro ante la inminente p\u00e9rdida del honor, y el miedo propiamente dicho. \u201c<em>Si la gloria es la pasi\u00f3n que procede de nuestra imaginaci\u00f3n \u2013conforme con la experiencia- de nuestra superioridad sobre el pr\u00f3jimo, que da fundamento a nuestra aspiraci\u00f3n de procurar mayor poder, la vanagloria es la imaginaci\u00f3n sin fundamento, basada en enso\u00f1aciones, de esta misma superioridad\u201d <\/em>(Hilb y Sirczuk, 2007:16). No obstante, en su igualdad natural la mayor\u00eda de los hombres se creen superiores a sus semejantes y consideran deben ser valorados en igual grado en que ellos se valoran. Por tanto, obsesionados por legitimar un constructo anclado en la imaginaci\u00f3n individual, toda gloria es por s\u00ed misma tambi\u00e9n vanagloria. Los autores sostienen, la vida humana es como una carrera donde todos los participantes se esmeran por ser los primeros en llegar; para cumplimentar con tales objetivos, los participantes buscan acumular poder y supremac\u00eda. Pero \u00e9sta \u00faltima raras veces puede ser asegurada, hecho por el cual se incrementa la competencia entre todos ellos. En efecto, de hecho <strong>Leviat\u00e1n<\/strong> significar\u00eda \u201c<em>El rey de los Orgullosos<\/em>\u201d. Influidos notablemente por<strong> L. Strauss<\/strong>, para estos autores el principio que garantiza y mueve a la civilidad no es el temor sino el orgullo. Sin embargo, no todos los hombres persiguen los mismos fines en sus vidas; hay quienes se entregan a los placeres sensuales y aquellos que buscan la gloria por otros canales como la formaci\u00f3n o satisfacci\u00f3n intelectual. La desmedida necesidad de placeres hedonistas lleva al hombre hacia la estupidez a la vez que la gloria lo conduce hacia la curiosidad. La tesis central en Hilb y Sirczuk, de la lectura de los textos hobbesianos se orientan a demostrar que los hombres \u201ch\u00e1biles, e inteligentes\u201d tienden a la competencia y por lo tanto a la guerra mientras los \u201cest\u00fapidos\u201d prefieren la paz. En este sentido, se introduce el tercer elemento en cuesti\u00f3n, el miedo (Hilb y Sirczuk, 2007:23-24).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">si el Estado se impone por medio del temor, \u00bfqui\u00e9n juzga al Estado?<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Para Hilb y Sirczuk (2007:38) la tipolog\u00eda del hombre hobbesiano se distingue de la siguiente forma: a) <em>hombres temerosos<\/em>, interesados \u00fanicamente en su propia preservaci\u00f3n, en ocasiones obligados a atacar para defenderse; b) <em>hombres vanagloriosos, <\/em>quienes sacrifican la gloria ante momentos en que peligra la propia vida; c1) <em>hombres vanagloriosos <\/em>basados en el conocimiento,\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">generalmente impulsados por el reconocimiento de otros que buscan el origen de las causas y la explicaci\u00f3n de los hechos. En estos hombres la necesidad de paz los obliga a subsumirse bajo el poder del Leviat\u00e1n; en cambio c2) obedece a <em>hombres sabios <\/em>preocupados en la b\u00fasqueda de gloria por medio del desarrollo del talento o el conocimiento; d) <em>hombres honrosos <\/em>que desean la muerte antes que el deshonor y por \u00faltimo e) <em>hombres irreductiblemente vanagloriosos <\/em>imposibles de ser sometidos al orden del Leviat\u00e1n. De los tipos puros descritos, nos interesan de sobremanera los as\u00ed llamados intelectuales o sabios en c1 y c2 respectivamente. En consecuencia, la curiosidad como pasi\u00f3n predominante en esta clase de hombres, los gu\u00eda hacia el inter\u00e9s por el futuro, por la ciencia, y tambi\u00e9n por la religi\u00f3n. La necesidad de protecci\u00f3n lleva a los intelectuales a dejarse someter por el poder civil (ibid: 50).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El miedo, en Hobbes, no es otra cosa que el temor hacia la muerte (pero no cualquier muerte sino a la violenta). B\u00e1sicamente, el miedo se comprende como la aversi\u00f3n a ser da\u00f1ado o la anticipaci\u00f3n a un displacer. La constante posibilidad de hacerse da\u00f1o y darse muerte unos a otros, lleva a una situaci\u00f3n de mucha angustia. Por ese motivo, los hombres no s\u00f3lo entran en sociedad sino que anhelan la paz y la prosperidad. Como ya se ha se\u00f1alado en varias ocasiones, la misma sociedad se constituye como tal en base al miedo o el sentimiento de p\u00e9rdida; es el propio instinto de preservaci\u00f3n. En este sentido, dos pulsiones entran en conflicto: vanidad y miedo. El primero \u2013finalmente- triunfa sobre la vanagloria y los hombres se ven inclinados por el uso de su raz\u00f3n a convenir la paz entre ellos. M\u00e1s espec\u00edficamente, \u201c<em>para que el miedo\u00a0 se imponga sobre la vanidad debe hacerse manifiesta la desigualdad de poder. O dicho a la inversa, s\u00f3lo la desigualdad manifiesta de poder puede hacer triunfar el miedo sobre la vanagloria; y \u00e9sta desigualdad manifiesta no puede presentarse, en estado de naturaleza, sino en el momento mismo del combate\u201d <\/em>(ibid: 30). Por el contrario, la situaci\u00f3n del hombre en Hobbes es puramente paradojal; ya que la misma muerte llega de la mano del deseo de poder y vanagloria que nos lleva a desear lo que el pr\u00f3jimo posee; en parte, es ese mismo miedo a perder lo propio, el hecho que fundamenta la renuncia del uso violento de la fuerza en un tercero que asegure la convivencia de todos. Pues, si el deseo trae consigo la idea de p\u00e9rdida, es el miedo una reacci\u00f3n conservadora que reduce la tensi\u00f3n entre ambos elementos deseo\/p\u00e9rdida. Este dilema lleva a los autores a cuestionarse si es que realmente los hombres buscan poder para huir de la muerte, o mueren por su b\u00fasqueda de poder. En el primer caso primar\u00eda el deseo de auto-preservaci\u00f3n (miedo), en los\u00a0 segundos el reconocimiento de superioridad frente a los dem\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25056\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-5-OK-300x201.jpg\" alt=\"\" width=\"440\" height=\"295\" data-id=\"25056\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-5-OK-300x201.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-5-OK-768x514.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-5-OK-1024x686.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-y-Hobbes-5-OK.jpg 1047w\" sizes=\"auto, (max-width: 440px) 100vw, 440px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">El Hobbes de Leo Strauss<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora bien, deteng\u00e1monos un segundo en el an\u00e1lisis del problema que hace el profesor <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Leo_Strauss\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><strong>Leo Strauss<\/strong><\/a>. Existen diferentes contradicciones en la obra de Thomas Hobbes, hecho por el cual su estudio, puede dividirse en dos etapas: la primera se encuentra vinculado al an\u00e1lisis del joven Hobbes antes de sus incursiones en las Ciencias Exactas; la segunda, busca examinar la marcha hacia la emancipaci\u00f3n de lo tradicional. Como es de com\u00fan conocimiento, la filosof\u00eda\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">pol\u00edtica de Hobbes no s\u00f3lo intento reflejar la civilizaci\u00f3n moderna sino adem\u00e1s fue impulsor de otros intelectuales como <strong>Kant<\/strong>, <strong>Hegel<\/strong> y <strong>Rousseau<\/strong> entre otros. Sin embargo, a diferencia del resto de los autores cr\u00edticos que han rele\u00eddo al fil\u00f3sofo brit\u00e1nico, Leo Strauss sugiere que el principal motor de los deseos humanos no es el temor (aunque le reconoce gran impacto en la psicolog\u00eda mecanicista de Hobbes) sino la vanidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El apetito natural en relaci\u00f3n a la naturaleza humana se explica en dos dimensiones: animal y humana. Como parte animal, el hombre posee un apetito que una vez saciado es satisfecho, pero adem\u00e1s es el \u00fanico que puede disponer de la raz\u00f3n y contraer insatisfacciones en forma premeditada anticip\u00e1ndose al suceso. Estos deseos y aversiones se articulan por medio del poder de la raz\u00f3n. En este sentido, <strong>L. Strauss<\/strong> advierte \u201c<em>ahora bien, el af\u00e1n irracional de poder, apetito natural humano, tiene su fundamento en el placer que el hombre encuentra en la consideraci\u00f3n de su propio poder, es decir, en la vanidad. El origen del apetito natural del hombre no es, por consiguiente, la percepci\u00f3n sino la vanidad\u201d <\/em>(Strauss, 2006:34)<em>. <\/em>De ella incluso, se desprende el nombre de Leviat\u00e1n (rey de los orgullosos). En la guerra de todos contra todos, no existe ning\u00fan deseo del aniquilamiento total sino la b\u00fasqueda de ser reconocido en su propia superioridad. En efecto, \u201c<em>el Hobbes de Strauss<\/em>\u201d considera que el Estado es el \u00fanico capaz (por sobre todos) de imponer orden y contener el orgullo de todos sus miembros. Esta interpretaci\u00f3n sigue el lineamiento cl\u00e1sico de los otros cr\u00edticos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Desde esta perspectiva, entonces, evitar la muerte (auto-preservaci\u00f3n) es tomado como la tendencia a evitar ese estadio de placer que genera estar vivo y ser admirado. Si entendemos a la vida como bien \u201cprimordial\u201d, entonces su contralor, la muerte se convertir\u00e1 en un mal primordial. El disfrute del esp\u00edritu humano es ilimitado de no ser por las fronteras de la propia vida; es decir la presencia de la muerte (mal) es la \u00fanica norma absoluta que los hombres obedecen naturalmente. El sentido de vivir, los objetivos del hombre y su deseo de felicidad se encuentran ligados a la propia muerte, sin ellas todas estas ilusiones perder\u00edan su raz\u00f3n de ser sobre todo si es violenta y anticipada. Es cierto, como se\u00f1ala, Strauss que uno puede elegir una muerte r\u00e1pida ante un tormento lo cual evidentemente resulta la mejor opci\u00f3n; pero la muerte como mal supremo se refiere al deceso violento. Pues, \u201c<em>no es el conocimiento racional, y por tanto siempre incierto, de que la muerte es el mal m\u00e1ximo y supremo, sino el miedo a la muerte, esto es, la aversi\u00f3n emocional e inevitable, y por tanto necesaria y cierta, a la muerte, lo que constituye el origen de la ley y el Estado. Este miedo es un miedo rec\u00edproco, es decir, es el miedo que cada hombre tiene respecto de cada uno de los dem\u00e1s como posible asesino suyo. Seg\u00fan Hobbes, es este miedo a una muerte violenta, pre-racional en su origen pero racional en sus efectos, y no el principio racional de la autoconservaci\u00f3n, el que constituye la ra\u00edz de todo el derecho\u201d <\/em>(Strauss, 2006: 41-42).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En este sentido, Strauss est\u00e1 convencido que Hobbes reduce el apetito humano a la vanidad, sentimiento por el cual el hombre se esmera por superar a sus compa\u00f1eros y experimentar en los otros esa superioridad; por esta v\u00eda se genera una especie de placer en s\u00ed mismo <strong>ante-el-poder<\/strong> de subyugar y\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">dominar al pr\u00f3ximo. Este deseo de dominaci\u00f3n (de un hombre constantemente insatisfecho) es el principio de la felicidad. Es en parte cierto que existe en la vida de los profesionales la tendencia a superar a sus contendientes, y que en parte como la vida misma, ese proceso puede muy bien llamarse \u201ccarrera\u201d. El punto central en la tesis que aqu\u00ed se discute, es hasta que punto el miedo o la vanidad infieren en la necesidad de ser feliz; entonces, Strauss hace menci\u00f3n a la intervenci\u00f3n del <strong>principio de realidad<\/strong>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los hombres y sus vanidades pueden vivir internamente en la mente sin molestar a nadie; su superioridad es percibida por ellos en su mundo de ensue\u00f1o pero tarde o temprano sienten la herida o la \u201c<em>resistencia del mundo real<\/em>\u201d. Esta experiencia basada en el uso de la raz\u00f3n da origen al miedo, como forma anticipada de repetir esa nueva experiencia. Esta bater\u00eda de desgracias previstas, pueden derivar en un ataque preventivo. En el fondo, el argumento hobbesiano se esmera en demostrar que el temor (a la muerte violenta) es una derivada del \u201c<em>desaire a ser rechazado<\/em>\u201d y con ese rechazo terminar bruscamente con el mundo imaginario \u201c<em>en donde todo lo puedo<\/em>\u201d. Esta herida exige su venganza sin necesidad de preocuparse por la autoconservaci\u00f3n. \u201c<em>Desde el comienzo del conflicto, los dos contendientes, sin darse cuenta de ello ni preverlo, han abandonado completamente el mundo imaginario. En alg\u00fan momento del conflicto, una herida real o m\u00e1s, precisamente, un dolor f\u00edsico, hace surgir un miedo por la vida. El miedo modera la ira, coloca el sentimiento de ser desairado en el trasfondo, y transforma el deseo de venganza de odio. El objetivo del que odia ya no es m\u00e1s el triunfo sobre el enemigo, sino su muerte\u201d <\/em>(ibid: 45).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">el miedo surge del hombre en soledad mientras la vanidad adquiere una naturaleza social<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por \u00faltimo, considera <strong>Strauss<\/strong>, los intelectuales (hombres de Ciencia) temen al prejuicio como los \u201ccaballeros\u201d temen a una muerte brusca e injusta. La\u00a0 vanidad act\u00faa en esta dimensi\u00f3n como la incapacidad \u00faltima de aprender llevando al hombre hacia la superstici\u00f3n y la injusticia. La supremac\u00eda mental por la cual se proclama la inteligencia de uno sobre otro no es otra cosa que la propia vanidad o sentimiento de orgullo dando por sentado que ninguno ha alcanzado un grado tal de entendimiento que \u00e9l ha alcanzado. Influenciado filos\u00f3ficamente por el aristotelismo, la ret\u00f3rica, la concepci\u00f3n del honor aristocr\u00e1tico en <strong>B. Castiglione<\/strong> y la historia de <strong>Tuc\u00eddides<\/strong> que el mismo Hobbes tradujo al ingl\u00e9s, es claro para nosotros como se relaciona el honor con la virtud heroica de la vieja aristocracia, empero a la vez se asume que la honestidad es propia de las clases plebeyas. En consecuencia, en <strong>Hobbes<\/strong> la guerra y el honor se encuentran err\u00f3neamente unidos. No obstante, en el curso de sus meditaciones el autor parece distanciarse de esta clase de ideas, y acercarse a una sublimaci\u00f3n burguesa del honor aristocr\u00e1tico. En consecuencia, escribe <strong>L. Strauss<\/strong> \u201c<em>el honor de un hombre es, de acuerdo con la definici\u00f3n de Hobbes, el reconocimiento por parte de los dem\u00e1s de su superioridad con respecto a ellos. Por lo tanto, aquellos signos en virtud de los cuales un hombre reconoce a otro un poder o exceso sobre su competidor son honorables. En particular, todas las emociones o acciones que surgen de la conciencia de la superioridad son honorables. Esta conciencia es llamada gloria u orgullo\u201d <\/em>(ibid: 83)<em>.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Desde lo pol\u00edtico, si los hombres se esmeran por superarse, entonces la mejor forma de gobierno del Estado es una Monarqu\u00eda Absoluta, ya que por hereditaria es ajena (o pretende serlo) a la contin\u00faa idea de usurpaci\u00f3n de los grupos que pugnen por el poder. Asimismo, Hobbes introduce la interpretaci\u00f3n de la historia (historiograf\u00eda) como una herramienta indispensable para alcanzar la verdad; si la filosof\u00eda se encarga de los hechos universales, la historia hace lo propio en el mundo de lo concreto. Por otro lado e influido por la tradici\u00f3n ret\u00f3rica, si la aristocracia mon\u00e1rquica piensa su estar en este mundo por medio de la \u201cgloria y el honor\u201d que m\u00e1s cerca de la historia y la memoria se encuentra Hobbes para explicar el comportamiento humano. En efecto, los hombres apelan a la historia para vanagloriarse y recordar sus triunfos, para ser ensalzados y alabados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En perspectiva, la interpretaci\u00f3n straussiana de Hobbes presenta a un hombre cuya conducta es movida por los hilos de la vanidad y el orgullo en vez del miedo a ser castigado. Si bien, el fil\u00f3sofo alem\u00e1n coincide en que el miedo es un aspecto regulador en la vida de los hombres en sociedad, no es el criterio fundante o mejor dicho fundador. Los hombres, en este punto, desean ser admirados y al hacerlo sienten un placer inconfesable. El miedo a la muerte brusca, es en realidad la amenaza que sugiere un corte brusco con el deseo de ser admirado. Por consiguiente, la filosof\u00eda pol\u00edtica de Hobbes se asienta sobre las bases del orgullo y la vanidad y sobre ellos se construye; para ser m\u00e1s exactos, el proceso por el cual se construye su modelo va desde \u201c<em>el <\/em><em>movimiento desde el honor como principio hacia el miedo a la muerte violenta como principio\u201d <\/em>(ibid: 179).\u00a0 Por \u00faltimo, si admitimos que la vanidad es el\u00a0 origen propio de todo mal que ciega y encandila el alma de los hombres, entonces el miedo trabaja como principio rector de toda conducta por el cual los hombres limitan esas pasiones y se entregan a la obediencia. Sin embargo, Hobbes introduce un elemento hasta antes desconocido en este an\u00e1lisis, el miedo surge del hombre en soledad mientras la vanidad adquiere una naturaleza social. En este sentido, la vanidad se vincula a lo p\u00fablico (reconocimiento) mientras el miedo se asienta en el seno de su debilidad individual y personal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25058\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-benedicto-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"330\" height=\"394\" data-id=\"25058\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Limitaciones o problemas del Leviat\u00e1n y la obediencia civil<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En resumen, el brillante an\u00e1lisis hobbesiano echa luz sobre nuestro problema aun cuando existen dos puntos teor\u00e9ticos que ameritan ser debatidos a\u00fan. El primero de ellos es el centro (foco) en el cual se aloja el temor; el segundo la relaci\u00f3n entre el miedo y la p\u00e9rdida. Aun cuando <strong>Hobbes<\/strong> no se equivoc\u00f3 en establecer que el principio de la sociedad es la relaci\u00f3n entre miedo y vanagloria, su argumento se debilita por las siguientes razones. Principalmente, los hombres no convienen un pacto por temor a ser asesinados o da\u00f1ados como ha propuesto el fil\u00f3sofo ingl\u00e9s sino al propio sufrimiento de ver morir a sus \u201c<em>seres queridos<\/em>\u201d, \u201c<em>a su genealog\u00eda<\/em>\u201d o \u201c<em>linaje<\/em>\u201d, lo cual obviamente no es lo mismo. En efecto, la propia muerte no implica otra cosa m\u00e1s que el mismo principio de realidad como fundament\u00f3 el pragmatismo. Sin embargo, no hay peor tormento para el \u201c<em>alma<\/em>\u201d que ver sufrir o morir a quienes \u201c<em>amamos<\/em>\u201d. En la <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">b\u00fasqueda de poder se basa el deseo de bienestar de nuestros propios cong\u00e9neres, los cuales no son otros que nuestro propio grupo de pertenencia tales como la familia, ciudad, comunidad o naci\u00f3n dependiendo la percepci\u00f3n de cada uno. Claro que, a Hobbes se le dificulta much\u00edsimo explicar como por temor personal los hombres se lanzan a la batalla en busca de reconocimiento, y mucho m\u00e1s como es que otros dan su vida por intereses que le son ajenos. La concepci\u00f3n antropol\u00f3gica de Hobbes no permite resolver este dilema en forma satisfactoria. <em>\u00bfQuien entierra a sus semejantes sufre en mayor grado\u00a0 que quien muere?, <\/em>por tanto no ser\u00eda extra\u00f1o afirmar que las pasiones humanas no s\u00f3lo se encuentren orientadas a preservar la vida sino tambi\u00e9n las de aquellos que nos generar\u00edan mayor dolor (as\u00ed como lo observ\u00f3 <strong>Malinowski<\/strong>). Para el antrop\u00f3logo anglo-polaco la religi\u00f3n surge de la presencia de la muerte, pero no de la propia sino de los integrantes de la comunidad. As\u00ed, su acci\u00f3n disgregadora y nefasta se regula por medio del culto a los antepasados (Malinowski, 1993).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El segundo problema que se suscita es el an\u00e1lisis del tercer caso planteado por <strong>Hilb y Sirczuk<\/strong>; a saber que existe un grupo que no se alinea ni con el deseo de poder ni con el miedo a morir, como por ejemplo: algunos delincuentes, suicidas o depresivos extremos, etc. En estos casos, la muerte llega por opci\u00f3n voluntaria y contradice de lleno las pulsiones naturales de preservaci\u00f3n en <strong>Hobbes<\/strong>. Luego del argumento expuesto, consideramos que el temor no s\u00f3lo se encuentra relacionado con la posibilidad de ser da\u00f1ado uno mismo, sino tambi\u00e9n con la idea que otros sean atacados o lastimados; \u201c<em>un otro<\/em>\u201d cercano a mi como un familiar, amigo, padre, hermano o hijo etc. Por \u00faltimo, los hombres a diferencia de lo que pensaba Hobbes no parecen tan ego\u00edstas ni egoc\u00e9ntricos; en parte su desempe\u00f1o en la vida diaria est\u00e1 orientado en buscar la gloria y el reconocimiento social de terceros quienes pueden darles ese benepl\u00e1cito o no. Por otro lado, no queda claro como es que el miedo contiene a la obediencia. Para tal caso la relaci\u00f3n causal parece inversa al centro del conflicto mismo. En otras palabras, si invertimos la tesis hobbesiana observaremos m\u00e1s claramente el planteo: las conductas humanas entran en disputa debido a la escasez y el temor a la p\u00e9rdida, pero sugieren la paz s\u00f3lo si logran imponerse.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A diferencia de Hobbes quien sosten\u00eda que el conflicto es el resultado de un supuesto estado de escasez y la paz una derivante del miedo a la muerte violenta, consideramos que el pacto social surge como respuesta a la necesidad de distinci\u00f3n; la tendencia que experimentamos todos a sentirnos superiores que nuestros semejantes el hecho que consolida una paz duradera. Por el contrario, cuando ese estadio se ve amenazado por cualquier evento sucedido externa o internamente el hombre incurre en una respuesta agresiva con un notable efecto de conservaci\u00f3n. As\u00ed, no es el miedo -in factum esse- el aspecto fundamental que explica la obediencia civil, como bien lo\u00a0 argumentaron <strong>Oakeshott<\/strong> (1975) y <strong>Strauss<\/strong> (2006), sino la vanidad y la vanagloria de quienes proclaman su superioridad. El apetito de conquista es tan humano como la tendencia a regocijarse en sus frutos; quien es alabado no necesita ser violento. Por ese motivo, los animales que no se encuentran en estado civilizatorio sienten miedo pero carecen de vanidad. En el fondo, lo que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">subyace en el fen\u00f3meno estudiado no es el temor en s\u00ed mismo, sino la angustia generada por la p\u00e9rdida de control.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Es cierto, que Hobbes en su desarrollo ha reparado en esta diferencia ya marcada por la filosof\u00eda aristot\u00e9lica entre los animales y los hombres, a saber que \u201c<em>entre esas criaturas, el bien com\u00fan no difiere del individual, y aunque por naturaleza propenden a su beneficio privado, procuran, a la vez, por el beneficio com\u00fan. En cambio, el hombre, cuyo goce consiste en compararse a\u00a0 s\u00ed mismo con los dem\u00e1s hombres, no puede disfrutar otra cosa que lo que es inminente\u201d <\/em>(Hobbes, II, Del Estado, XVII, p.139). Seg\u00fan lo expuesto, \u00e9ste considera que el principio de la vanidad no se funda mas que en la necesidad de distinguirse de los otros, cosa que no sucede entre los animales. La \u00faltima cuesti\u00f3n, en concordancia con las afirmaciones de <strong>M. Jenkins<\/strong> versan en la bipolaridad de concebir al hombre como un ser mec\u00e1nicamente explicable en el sentido de su naturaleza. As\u00ed, es desde cierta perspectiva, pol\u00e9mico y cuestionable el hecho de afirmar que las minor\u00edas llevan a las mayor\u00edas a la paz o a la guerra seg\u00fan sus conveniencias; en efecto la historia ha sido testigo de casos inversos (Jenkins, 2008). Sin embargo, como bien lo ha se\u00f1alado <strong>Robert Castel<\/strong>, Thomas Hobbes (a pesar de sus limitaciones) fue uno de los intelectuales m\u00e1s profundos en temas vinculados a la seguridad interna de las sociedades modernas; <em>el-estar-protegido<\/em> no es un estado natural sino una construcci\u00f3n social adquirida en una dimensi\u00f3n consustancial de la coexistencia humana en sociedad; una mano invisible que atemoriza a los individuos estableciendo las normas de convivencia o la aplicaci\u00f3n cruel del poder (Castel, 2006:21). Inicialmente el autor establece en su cap\u00edtulo introductorio una clasificaci\u00f3n de los derechos a la protecci\u00f3n en civiles y sociales. Los primeros est\u00e1n vinculados a las libertades fundamentales como as\u00ed tambi\u00e9n a la garant\u00eda de los bienes mientras que en el caso de los segundos corren criterios de seguridad relacionados a la enfermedad, la pobreza, los accidentes y la vejez entre otros tantos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25057\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Spinoza-magic-OK.jpg\" alt=\"\" width=\"410\" height=\"584\" data-id=\"25057\" \/><\/p>\n<hr \/>\n<blockquote>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>NOTAS:<\/strong><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a id=\"ref1\"><\/a><a href=\"#ref1a\">1<\/a> El caso Hans (Juanito) seg\u00fan Freud es el sustento sobre su teor\u00eda de la vida sexual infantil. El gran acontecimiento en la vida del ni\u00f1o es el nacimiento de su hermana Hanna, hecho observado y documentado inmediatamente por su padre. Particularmente, explica Freud el miedo en Hans versa sobre la posibilidad de que un caballo lo muerda, ese mismo temor se intensifica con el transcurso del tiempo. Seg\u00fan el psiquiatra austriaco, la fobia se inicia por el principio de castraci\u00f3n y la posible p\u00e9rdida del amor materno. La angustia y la ambivalencia de sentimientos que genera la competencia con su padre y con su hermana por el amor de su madre, despierta en el peque\u00f1o Hans una predisposici\u00f3n hostil y de apego a la vez (Edipo). Esta predisposici\u00f3n en el ni\u00f1o hacia el padre sigue un proceso de fragmentaci\u00f3n (aunque Freud no le pone ese nombre), producido por la ambivalencia de amor y odio, una posterior proyecci\u00f3n y un desplazamiento hacia un objeto externo.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/01\/20\/sobre-la-libertad-y-el-aplauso-aristoteles-hobbes-bernstein-y-spinoza-en-perspectiva-y-parte-2\/<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"9528\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>SOBRE LA LIBERTAD Y EL APLUSO &nbsp; SOBRE LA LIBERTAD Y EL APL(A)USO: ARIST\u00d3TELES, HOBBES, BERNSTEIN Y SPINOZA EN PERSPECTIVA (Parte 1) Por\u00a0Maximiliano E. Korstanje Universidad de Palermo, Argentina &nbsp; El presente ensayo filos\u00f3fico versa <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2023\/01\/13\/sobre-la-libertad-y-el-apluso-aristoteles-hobbes-bernstein-y-spinoza-en-perspectiva-parte-1\/\" title=\"SOBRE LA LIBERTAD Y EL APLUSO: ARIST\u00d3TELES, HOBBES, BERNSTEIN Y SPINOZA EN PERSPECTIVA (Parte 1)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":25078,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[168,113,43],"class_list":{"0":"post-2264740","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-filosofia","8":"tag-aristoteles","9":"tag-hobbes","10":"tag-spinoza"},"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2264740","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2264740"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2264740\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/25078"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2264740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2264740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2264740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}