{"id":22644,"date":"2019-10-18T00:05:29","date_gmt":"2019-10-17T22:05:29","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=22644"},"modified":"2023-06-18T12:21:10","modified_gmt":"2023-06-18T10:21:10","slug":"la-recta-conducta-en-la-vida-ii-por-baruch-de-spinoza-republicado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/10\/18\/la-recta-conducta-en-la-vida-ii-por-baruch-de-spinoza-republicado\/","title":{"rendered":"LA RECTA CONDUCTA EN LA VIDA (II), por Baruch de Spinoza"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>\u201cAunque los hombres se rigen en todo, por lo general, seg\u00fan su capricho, de la vida en sociedad con ellos se siguen, sin embargo, muchas m\u00e1s ventajas que inconvenientes. Por ello, vale m\u00e1s sobrellevar sus ofensas con \u00e1nimo sereno, y aplicar nuestro celo a todo aquello que sirva para establecer la concordia y la amistad. La potencia humana es sumamente limitada, y la potencia de las causas exteriores la supera infinitamente. Por ello, no tenemos la potestad absoluta de amoldar seg\u00fan nuestra conveniencia las cosas exteriores a nosotros. Sin embargo, sobrellevaremos con serenidad los acontecimientos contrarios a las exigencias de la regla de nuestra utilidad, si somos conscientes de haber cumplido con nuestro deber, y de que nuestra potencia no ha sido lo bastante fuerte como para evitarlos, y de que somos una parte de la naturaleza total, cuyo orden seguimos.\u00a0Pues en la medida en que conocemos, no podemos apetecer sino lo que es necesario, ni, en t\u00e9rminos absolutos, podemos sentir contento si no es ante la verdad. De esta suerte, en la medida en que entendemos eso rectamente, el esfuerzo de lo que es en nosotros la mejor parte concuerda con el orden de la naturaleza entera\u201d.<\/em><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/serenidad.jpg\" rel=\"lightbox[22644]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-7052\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/serenidad.jpg\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"308\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/serenidad.jpg 350w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2017\/11\/serenidad-300x264.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XIV<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed pues, aunque los hombres se rigen en todo, por lo general, seg\u00fan su capricho, de la vida en sociedad con ellos se siguen, sin embargo, muchas m\u00e1s ventajas que inconvenientes. Por ello, vale m\u00e1s sobrellevar sus ofensas con \u00e1nimo sereno, y aplicar nuestro celo a todo aquello que sirva para establecer la concordia y la amistad.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XV<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Lo que engendra la concordia tiene que ver con la justicia, la equidad y la honestidad. Pues los hombres, aparte de la injusticia y la iniquidad, tambi\u00e9n soportan mal lo que se tiene por deshonroso, o que alguien rechace lo que es costumbre establecida en el Estado. Para que el amor se establezca es, ante todo, necesario lo que tiene que ver con la religi\u00f3n y la moralidad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XVI<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Suele tambi\u00e9n engendrarse la concordia, generalmente, a partir del miedo, pero en ese caso no es sincera. A\u00f1\u00e1dase que el miedo surge de la impotencia del \u00e1nimo, y, por ello, no es propio de la raz\u00f3n en su ejercicio, como tampoco lo es la conmiseraci\u00f3n, aunque parezca ofrecer una apariencia de moralidad.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XVII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tambi\u00e9n la liberalidad conquista a los hombres, y principalmente\u00a0 a aquellos que no tienen medios de procurarse lo necesario para subsistir. Sin embargo, procurar ayuda a cada indigente es algo que supera con mucho las posibilidades y el inter\u00e9s de un particular. Pues las riquezas de un particular quedan muy por debajo de lo que ser\u00eda una ayuda suficiente. Por otra parte, un solo hombre no tiene bastante capacidad para hacerse amigo de todos; por ello, el cuidado de los pobres compete a la sociedad entera y ata\u00f1e s\u00f3lo al inter\u00e9s com\u00fan.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"color: #339966;\">CAP\u00cdTULO XVIII<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Es necesaria otra clase de precauciones completamente distinta a la hora de aceptar beneficios, y de mostrarse agradecidos, retribuy\u00e9ndolos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XIX<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por otra parte, el amor lascivo, esto es, el deseo de engendrar suscitado por la belleza y, en general, toda clase de amor que no reconozca como causa la libertad del alma, se convierte f\u00e1cilmente en odio, salvo que sea -lo que es peor a\u00fan- una especie de delirio, en cuyo caso favorece la discordia m\u00e1s bien que la concordia.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XX<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por lo que ata\u00f1e al matrimonio, es cierto que concuerda con la raz\u00f3n, si el deseo de unir \u00edntimamente los cuerpos no es engendrado por la sola belleza, sino tambi\u00e9n por un amor de procrear hijos y educarlos sabiamente; y si, adem\u00e1s, el amor de ambos -es decir, del var\u00f3n y de la hembra- tiene por causa no la sola belleza, sino, sobre todo, la libertad del \u00e1nimo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXI<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La adulaci\u00f3n engendra tambi\u00e9n la concordia, pero a trav\u00e9s del repugnante vicio del servilismo, o de la perfidia; y los soberbios que quieren ser los primeros, no si\u00e9ndolo, son los que m\u00e1s f\u00e1cilmente caen en las redes de la adulaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La abyecci\u00f3n lleva impl\u00edcita una\u00a0falsa apariencia de moralidad y religi\u00f3n. Y aunque la abyecci\u00f3n sea contraria a la soberbia, est\u00e1, con todo, el abyecto muy pr\u00f3ximo del soberbio.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXIII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La verg\u00fcenza tambi\u00e9n contribuye a la concordia, pero s\u00f3lo en aquellas cosas que no pueden ocultarse. Adem\u00e1s, puesto que la verg\u00fcenza es una especie de tristeza, no concierne al ejercicio de la raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXIV<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los restantes afectos de la tristeza que se experimentan contra los hombres se oponen directamente a la justicia, la equidad, la honradez, la moralidad y la religi\u00f3n, y, aunque la indignaci\u00f3n parezca ofrecer la apariencia de equidad, lo cierto es que se vive sin ley all\u00ed donde cada cual le es l\u00edcito enjuiciar los actos de otro y tomarse la justicia por su mano.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXV<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La modestia, es decir, el deseo de agradar a los hombres, cuando es determinada por la raz\u00f3n, tiene que ver con la moralidad. Pero si brota de un afecto es una forma de la ambici\u00f3n, o sea, un deseo por el que los hombres, bajo la falsa apariencia de moralidad, suscitan por lo general discordias y sediciones. Pues quien desea ayudar a los dem\u00e1s, con su consejo o sus acciones, con vistas al disfrute conjunto del supremo bien, ante todo procurar\u00e1 ganarse su amor, y no tendr\u00e1 la intenci\u00f3n primordial de que le admiren -para que la doctrina que ense\u00f1a lleve su nombre-, ni les dar\u00e1, en absoluto, motivo alguno de envidia. Adem\u00e1s, en los coloquios ordinarios se guardar\u00e1 de referirse a los vicios de los hombres, y tendr\u00e1 cuidado de no hablar de la impotencia humana sino con parquedad, y, en cambio, hablar\u00e1 ampliamente acerca de la virtud o de la potencia humana, y de la v\u00eda por la que puede perfeccionarse, para que, de esta suerte, los hombres se esfuercen cuanto est\u00e9 en su mano, no movidos por el miedo o el aborrecimiento, sino por el solo afecto de la alegr\u00eda, en vivir conforme a los preceptos de la raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXVI<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fuera de los hombres no conocemos en la naturaleza ninguna cosa singular de cuya alma podamos gozar, uni\u00e9ndola a nosotros por la amistad o por alg\u00fan otro g\u00e9nero de asociaci\u00f3n. Por ello, no exige la regla de nuestra utilidad propia que conservemos todo lo que hay en la naturaleza, a parte de los hombres, pues tal regla nos ense\u00f1a, bien a conservarlo para usos diversos, bien a destruirlo o adaptarlo a nuestras conveniencias de cualquier manera.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXVII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La utilidad principal que nos reportan las cosas que est\u00e1n fuera de nosotros, adem\u00e1s de la experiencia y el conocimiento que adquirimos por el hecho de observarlas y de transformar unas en otras, es la conservaci\u00f3n de nuestro cuerpo; y por esta raz\u00f3n son \u00fatiles, sobre todo, aquellas cosas que pueden alimentar y nutrir el cuerpo de manera que todas sus partes puedan cumplir correctamente su funci\u00f3n: pues cuanto m\u00e1s apto es el cuerpo para ser afectado de muchas maneras, y para afectar de muchas maneras a los cuerpos exteriores, tanto m\u00e1s apta es el alma para pensar. Ahora bien, parece que en la naturaleza hay muy pocas cosas de esta clase, por lo cual, para nutrir el cuerpo como es debido, resulta necesario servirse de muchos alimentos distintos de naturaleza diversa. Pues el cuerpo humano est\u00e1 compuesto de much\u00edsimas partes de diversa naturaleza que precisan de un alimento continuo y variado, a fin de que el cuerpo \u00edntegro sea igualmente apto para hacer todo lo que pueda seguirse de su naturaleza y, por consiguiente, pata que el alma sea tambi\u00e9n igualmente apta para concebir muchas cosas distintas.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXVIII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pues bien, para procurarse dichas cosas, dif\u00edcilmente ser\u00edan suficientes las fuerzas de cada cual, si los hombres no se prestaran servicios mutuos. Pero el dinero ha llegado a ser un compendio de todas las cosas, de donde resulta que su imagen suele ocupar el alma del vulgo con la mayor intensidad; pues dif\u00edcilmente pueden imaginar forma alguna de alegr\u00eda que no vaya acompa\u00f1ada como causa por la idea\u00a0 de la moneda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXIX<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero este vicio s\u00f3lo lo tienen aquellos que buscan el dinero, no por indigencia ni para subvenir a sus necesidades, sino porque han aprendido las artes del lucro, de las que est\u00e1n enormemente orgullosos. Por lo dem\u00e1s, los tales dan al cuerpo su raci\u00f3n por simple rutina, pero con parquedad, pues creen perder de sus bienes cuanto gastan en la conservaci\u00f3n de su cuerpo. Ahora bien, quienes conocen la verdadera utilidad del dinero, y acomodan sus riquezas solo a sus necesidades, viven contentos con poco.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"color: #339966;\">CAP\u00cdTULO XXX<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Siendo buenas las cosas que ayudan a que las partes del cuerpo cumplan su funci\u00f3n, y consistiendo la alegr\u00eda en el hecho de que la potencia del hombre -en cuanto que \u00e9ste consta de alma y cuerpo- se ve favorecida o aumentada, son, entonces, buenas todas las cosas que proporcionan alegr\u00eda. Sin embargo, puesto que las cosas no ocurren con el fin de afectarnos de alegr\u00eda, ni su potencia de obrar se atempera a nuestra utilidad, y, en fin, dado que la alegr\u00eda, por lo general, se refiere a una sola parte del cuerpo, resulta que la mayor parte de los afectos de la alegr\u00eda, y, por consiguiente, tambi\u00e9n los deseos que a partir de ellos se engendran, tienen exceso (a no ser que medien la raz\u00f3n y la atenci\u00f3n). Se a\u00f1ade a ello que, por obra de un afecto, consideremos como primordial lo que es actualmente agradable, y no podamos valorar las cosas futuras con serenidad.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXXI<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La superstici\u00f3n, por el contrario, parece admitir que es bueno lo que reporta tristeza y malo lo que proporciona alegr\u00eda. Pero, como ya hemos dicho, nadie sino un envidioso puede deleitarse con mi impotencia y\u00a0mis penas. Pues cuanto mayor es la alegr\u00eda que nos afecta, tanto mayor es la perfecci\u00f3n a la que pasamos y, por consiguiente, tanto m\u00e1s participamos de la naturaleza divina, y no puede ser mala ninguna alegr\u00eda que se rija por la verdadera norma de nuestra utilidad. Pero quien, por contra, es guiado por el miedo, y hace el bien para evitar el mal, no es conducido por la raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO XXXII<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De todas maneras, la potencia humana es sumamente limitada, y la potencia de las causas exteriores la supera infinitamente. Por ello, no tenemos la potestad absoluta de amoldar seg\u00fan nuestra conveniencia las cosas exteriores a nosotros. Sin embargo, sobrellevaremos con serenidad los acontecimientos contrarios a las exigencias de la regla de nuestra utilidad, si somos conscientes de haber cumplido con nuestro deber, y de que nuestra potencia no ha sido lo bastante fuerte como para evitarlos, y de que somos una parte de la naturaleza total, cuyo orden seguimos. Si entendemos eso con claridad y distinci\u00f3n, aquella parte nuestra que se define por el conocimiento, es decir, nuestra mejor parte, se contentar\u00e1 por completo con ello, esforz\u00e1ndose por perseverar en ese contento. Pues en la medida en que conocemos, no podemos apetecer sino lo que es necesario, ni, en t\u00e9rminos absolutos, podemos sentir contento si no es ante la verdad. De esta suerte, en la medida en que entendemos eso rectamente, el esfuerzo de lo que es en nosotros la mejor parte concuerda con el orden de la naturaleza entera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #339966; font-size: 14pt;\">\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><span style=\"color: #339966;\"><strong>BARUCH DE SPINOZA (1632-1677)<\/strong><\/span>,\u00a0<em>\u00c9tica<\/em>, Parte cuarta,\u00a0Ap\u00e9ndice (cap\u00edtulos XIV al XXXII). Orbis, 1984. Traducci\u00f3n de Vidal Pe\u00f1a. FD, 17\/04\/2012.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-22868 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/Platon-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"70\" height=\"70\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>\u201cAunque los hombres se rigen en todo, por lo general, seg\u00fan su capricho, de la vida en sociedad con ellos se siguen, sin embargo, muchas m\u00e1s ventajas que inconvenientes. 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